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miércoles, 5 de agosto de 2026

“Tenemos una relación de propiedad sobre el contenido generado por la IA, pero no derechos de autoría”

El 1 de agosto pasado, Elrinet Gómez publicó en La Jornada, de México, el resumen de una conferencia de Jesús Parets (foto), director jurídico de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). Allí habló de a quién le corresponde recibir derechos de autor y a qué no.

Crear contenidos con IA no otorga derechos de autor, sostiene experto

“El peligro de la inteligencia artificial (IA) para los escritores y los generadores de contenidos audiovisuales, cinematográficos, escultóricos, dramáticos, está en que el producto de la IA quiera ostentarse como una obra cuando no lo es, y se quiera vincular con un crédito que no existe”, dijo Jesús Parets, director jurídico de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem).

Durante la conferencia La creatividad literaria y la originalidad humana frente a los contenidos generados por inteligencia artificial, realizada en el contexto de los 50 años de la Sogem, se hizo énfasis en que no debe equipararse al ser humano con un ente ficticio, “el primero es un sujeto de derechos, el segundo –a través de medios computacionales– es un objeto”.

Parets hizo este planteamiento en un contexto de expansión de herramientas de IA generativa, que han abierto debates sobre la autoría de contenidos, el uso de obras protegidas para entrenar modelos de IA y el reconocimiento de los derechos de autor.

“No hay que mezclar ni confundir el sujeto con el objeto. No hay que darle un alcance mayor que no tiene y que no se reconoce”, puntualizó.

Explicó que el derecho al crédito está reconocido en instrumentos internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos del Autor. En el caso de México, es requisito de publicación, y sólo se autoriza no incluirlo en anuncios publicitarios y la propaganda.

“Tenemos una relación de propiedad sobre el contenido generado por la IA, pero no derechos de autoría”, reiteró.

Una de las características de estos procesos generativos, subrayó el abogado, es la incertidumbre sobre el origen del material con el que se generan, de qué está compuesto y si existe la posibilidad de violar derechos de autor. “No porque yo encargue la producción de un contenido me va a dar lugar de autor”.

Recordó que un caso sobre el registro de una imagen generada por IA llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y ésta confirmó que la autoría de la obra corresponde únicamente a personas físicas.

Jesús Parets estableció que en el proceso de creación de obra hay una trilogía indisoluble: la idea, el hombre y la creación.

Consideró que la inteligencia artificial no debe usarse para sustituir, minimizar o limitar la creatividad, por el contrario, la IA debe ser una herramienta auxiliar en el desarrollo de contenidos creativos. “La originalidad de la obra debe tener dos elementos: la creación independiente y la creación suficiente”.

En el caso de los escritores, destacó que en el proceso de creación, “nuestra mente no tiene un programa de cómputo; nuestro proceso cognitivo se retroalimenta de diversas fuentes de conocimiento. Por tanto, a la hora de escribir y lo que emitimos, los textos, los contenidos, están interrelacionados con una diversidad de interpretaciones”.

Frente al auge de la IA generativa, con plataformas cada vez más sofisticadas, el experto consideró que se deben defender los valores de la creatividad humana, sin que eso signifique que no se pueden utilizar contenidos sintéticos. Pero fue enfático en mencionar que es imprescindible limitar lo que es humano de lo que no.

“Puedes emplear contenidos sintéticos, claro, ese no es el problema. El problema es cuando en una producción, en un contenido está revuelto lo humano con lo artificial y no está delimitado. Ese es el gran peligro”, dijo. “No debe haber coautoría con la IA”, reiteró.

Para Parets la originalidad sigue siendo un atributo exclusivamente humano y la IA debe entenderse como una herramienta auxiliar, no creadora, y su uso debe ser transparente y estar acreditado.

miércoles, 3 de junio de 2026

Por el dinero que le pagan al hijo, Clarice Lispector ya no podrá ser leída en traducciones argentinas

"Editoriales argentinas perdieron los derechos sobre los títulos de la autora de Cerca del corazón salvaje, que ya empezaron a comercializarse por Siruela y DeBolsillo." Tal es la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 22 de mayo.


La obra de la “icónica y disruptiva” Clarice Lispector pasa a un sello de formato pequeño y precios accesibles del grupo Penguin Random House

Las ediciones en español De este modo, editoriales como Corregidor –donde se publicaron las grandes novelas de la autora en traducciones hechas en la Argentina desde la década de 1970, con La araña– perdieron los derechos. Antes, sus libros salían en El Cuenco de Plata. La noticia se puede leer como otra señal del debilitamiento del sistema editorial argentino en el mercado internacional de derechos de autor.de los libros de la escritora brasileña nacida en Ucrania Clarice Lispector (1920-1977) serán publicadas por el sello DeBolsillo, del megagrupo Penguin Random House (PRH). Tras el acuerdo firmado por el hijo de la autora, el economista y escritor brasileño Paulo Valente, las obras de la autora de Cerca del corazón salvaje -que administra la agencia literaria Carmen Ballcells- seguirán saliendo en el sello español Siruela en formato de tapas duras (trade) y, a partir de este año, en DeBolsillo (con las mismas traducciones de Siruela), de PRH, en un formato más económico de tapas blandas. Ambos tipos de ediciones se comercializarán en el mercado local.

Las ediciones en español de los libros de la escritora brasileña nacida en Ucrania Clarice Lispector (1920-1977) serán publicadas por el sello DeBolsillo, del megagrupo Penguin Random House (PRH). Tras el acuerdo firmado por el hijo de la autora, el economista y escritor brasileño Paulo Valente, las obras de la autora de Cerca del corazón salvaje -que administra la agencia literaria Carmen Ballcells- seguirán saliendo en el sello español Siruela en formato de tapas duras (trade) y, a partir de este año, en DeBolsillo (con las mismas traducciones de Siruela), de PRH, en un formato más económico de tapas blandas. Ambos tipos de ediciones se comercializarán en el mercado local.

De este modo, editoriales como Corregidor –donde se publicaron las grandes novelas de la autora en traducciones hechas en la Argentina desde la década de 1970, con La araña– perdieron los derechos. Antes, sus libros salían en El Cuenco de Plata. La noticia se puede leer como otra señal del debilitamiento del sistema editorial argentino en el mercado internacional de derechos de autor.

Como esto no impacta en los títulos de Lispector lanzados por la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica –entre ellos, el recomendable Todos los cuentos, con traducción de la mexicana de origen brasileño Paula Abramo y prefacio y organización del estadounidense Benjamin Moser (biógrafo de Lispector)– los lectores latinoamericanos podrán optar entre al menos dos versiones de un mismo título.

Desde PRH, confirmaron que la obra de Lispector se publica en colaboración con Siruela, “en un acuerdo para potenciar la circulación de su obra en América Latina en una edición bolsillo de precios accesibles, desde $ 19.999 a $ 39.999” [en Europa, un libro de bolsillo cuesta entre ocho y doce euros]. En las portadas se consignan ambos sellos. “Celebramos a la escritora brasileña más icónica, disruptiva, venerada y atrevida del siglo XX, con la publicación de sus obras completas –remarcan–. Los lectores que lean estos libros por primera vez se encontrarán con una literatura absolutamente moderna, audaz y extraordinariamente sugerente, conocerán a una autora pionera del modernismo y el feminismo en la literatura”. La biblioteca completa de Lispector terminará de publicarse en 2027.

Al tratarse de una coedición con Siruela, en DeBolsillo se usan las traducciones del portugués que circularon en España. El escritor español Basilio Losada tradujo Cerca del corazón salvaje, la profesora española Elena Losada hizo una cuestionada versión de Agua viva, además de Todas las cartas; Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo tradujeron Aprendizaje o El libro de los placeres; la argentina exiliada en España Ana Poljak tradujo La hora de la estrella; el argentino Mario Merlino, Un soplo de vida; la uruguaya y Premio Cervantes Cristina Peri Rossi, Elena Losada, García Gayo y los escritores argentinos Marcelo Cohen y Mario Morales colaboraron para la polifónica edición española de Todos los cuentos, y el español Alberto Villalba Rodríguez tradujo la genial novela La pasión según G. H.



martes, 2 de junio de 2026

Canadá, siempre a la vanguardia de lo ilegal

Marçal Font, en su depósito

"Una compañía canadiense ha irrumpido en librerías de todo el mundo comprando miles de ejemplares sin recorrido comercial. Los libreros denuncian que su objetivo es alimentar un algoritmo y deshacerse de los volúmenes." Con esta bajada, comienza el artículo de Pol Pareja, publicado en eldiario.ar, el pasado 23 de mayo.

La misteriosa empresa que compra libros viejos para entrenar a la IA y los destruye: “Es un expolio literario”

El primer pedido le pareció normal, el segundo ya le hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.

“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apunta este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.

No es el único al que le ha ocurrido. Hay una veintena de librerías de viejo en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso han recibido pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, EEUU, Nueva Zelanda, Australia…

Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años 70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil. 

“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apunta Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.

El sector está desconcertado. ¿Para quién está comprando esta empresa decenas de miles de libros y los hace mandar a un centro logístico de EEUU? ¿Para qué quiere estos ejemplares que llevan años pillando polvo?

Este viernes, otra compañía de Silicon Valley (EEUU) vinculada a la IA ha contactado con una librería de viejo española, que prefiere no revelar su nombre, y le ha planteado un pedido de más de 3.000 libros.

El objetivo, según apuntan diversas fuentes, es entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) antes de destruir estos volúmenes y reciclar su papel.

La apuesta no es nueva. Una investigación de The Washington Post desveló en enero un proyecto secreto de la startup Anthropic, que opera la herramienta de IA Claude, para “escanear y destruir todos los libros del mundo”, según señalaba un informe interno de la compañía.

 “No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, remachaba el documento. 

La estrategia se enmarca en la necesidad de seguir alimentando esta tecnología una vez ya se ha nutrido de toda la información disponible en Internet. 

“Cuando el conocimiento gratuito se agotó, las empresas corrieron a repositorios piratas de e-books para seguir alimentando sus modelos”, explica Xavier Vinaixa, experto en IA y una de las personas que han tirado del hilo de este caso. “El uso de estos recursos desencadenó demandas millonarias por violación de derechos de autor”, añade. 

Las tecnológicas se enfrentaron entonces, explica Vinaixa, a lo que se conoce como el “data wall”: sin textos nuevos, inéditos y largos para entrenar el algoritmo, la IA corría el riesgo de sufrir un estancamiento cognitivo y acabar incluso alimentándose de documentos creados por su propia tecnología. 

La solución que encontraron estas compañías fue comprar en librerías de segunda mano de todo el mundo, normalmente ejemplares totalmente marginales de no ficción.

Un juez federal de EEUU dictaminó que la práctica es legal porque el uso que se hace de los libros es “transformativo”. Es decir, que no sustituye a las obras originales, sino que las emplea para crear algo nuevo: en este caso, un modelo de inteligencia artificial.

El magistrado llegó a comparar el entrenamiento del algoritmo con “enseñar a escribir a estudiantes”.

La práctica, sin embargo, genera rechazo en parte del sector porque implica la destrucción física de los ejemplares para optimizar el proceso: cuando los libros llegan a la planta de procesamiento, se les corta el lomo, las páginas se escanean de forma automatizada y, posteriormente, los volúmenes se trituran para convertirlos en pasta de papel.

Contradicciones en el sector

Los libreros de viejo llevan semanas inmersos en una profunda contradicción: por un lado, nunca habían vendido tantos libros. Por otro, tienen serias dudas sobre el destino de estos ejemplares. Hasta el punto de que han alertado al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo.

“No somos sólo comerciantes sino que tenemos funciones de preservación, conservación y restauración del patrimonio bibliográfico”, apunta Miguel Ángel Ortega, librero y presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo.

“Resultaría muy contradictorio que estuviéramos vendiendo libros con la finalidad de destruirlos”.

“Estamos ante una forma de expolio literario”, opina Font, el librero de Badalona, que mientras habla con este periódico recibe otro pedido de la empresa canadiense.

“Estamos viendo el tsunami que viene, creo que las instituciones deben intervenir”.

Font explica que con estas prácticas no se perderá, por ejemplo, lo que publicó Mercè Rodoreda. “Lo que está en riesgo es el libro que explica qué hizo Rodoreda el día que fue a algún lugar”, precisa. “De lo que se alimenta esta IA es de esta literatura secundaria”.

En foros especializados de todo el mundo hay cientos de mensajes de libreros asustados ante un aumento inusual de los pedidos. Los mensajes en Reddit, de libreros americanos, empezaron en enero. Al principal foro de Alemania las dudas llegaron a finales de abril.

“Ayer recibí un pedido (un libro). Lo envié. Durante la noche, recibí diez pedidos distintos, cada uno de un libro, algunos de los cuales eran consecutivos y estaban relacionados temáticamente”, escribe un librero alemán en un foro especializado. 

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo, el pasado jueves en Barcelona. Kike Rincón

Las primeras publicaciones versaban sobre si las compras podían ser un timo. Pasadas unas semanas y tras constatar que el dinero llegaba a los vendedores, el debate se ha centrado en quién está comprando miles de volúmenes sin recorrido comercial y por qué lo hace de una manera tan extraña: de manera escalonada y con costes de envío que en ocasiones triplican el precio de un ejemplar. 

“Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre”, alerta Ortega, que define como “perversa” la situación a la que se enfrentan. “Te entran escalofríos si te hacen un gran pedido y no sabes qué ocurrirá con los libros”.

Carlos Hernández, propietario de la librería de viejo Mautalos en Madrid, ha vendido a esta empresa unos 200 libros en el último mes y no es tan pesimista. “Mucha parte de nuestro stock son libros que la gente quiere tirar”, explica por teléfono. “Incluso muchos de los que vendo los recoge gente en los contenedores”.

Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre

La compañía no responde a las preguntas La empresa que está adquiriendo de forma masiva estos libros, Zoom Books, tampoco explica abiertamente cuál es el destino final de estos ejemplares que, en muchos casos, carecen de salida comercial. Formalmente, Zoom Books se dedica al reciclaje y la compraventa de libros, pero la empresa tenía hasta cinco publicaciones en su web sobre comprar ejemplares de segunda mano para alimentar algoritmos de IA y después destruirlos. Los posts también recordaban que a través de su plataforma se cumplían los requisitos legales para hacerlo.

Ninguna de estas publicaciones está ya disponible en la web de Zoom Books, pero esta redacción ha podido acceder a su contenido tras introducir las direcciones en tres modelos de IA —Gemini, ChatGPT y Claude: todos coinciden a la hora de describir el contenido eliminado. 

“Zoom Books es una librería de segunda mano; compramos excedentes y existencias usadas y las revendemos”, explica la empresa en un comunicado remitido a elDiario.es, en el que niega colaborar directamente con Anthropic.

Este periódico preguntó a la compañía si podía confirmar que sus libros no se destruían o se utilizaban para entrenar modelos de IA. También preguntó por las publicaciones eliminadas de la web en las que defendían estas prácticas. 

Barcelona prende la revolución contra los “tiranos” digitales: “No hay que dejar que creen desconfianza entre nosotros”

“No hacemos comentarios sobre nuestros clientes ni sobre nuestros acuerdos comerciales, que están sujetos a acuerdos de confidencialidad”, se ha limitado a responder la compañía.

viernes, 3 de abril de 2026

Si las editoriales no se alían con los autores y los traductores, el robo, por parte de la IA, se instala para quedarse

"La editorial británico-estadounidense Penguin Random House pide a la justicia medidas firmes para proteger a los autores, tras alegar que el chatbot reprodujo contenido protegido y exigió mayor claridad en el uso de inteligencia artificial." Tal es la bajada de la nota publicada por InfoBAE, sin firma, el pasado 31 de marzo.

Una editorial multinacional demandó a OpenAI en Alemania por el uso de sus obras

La editorial británico-estadounidense Penguin Random House anunció el martes haber presentado una demanda en Alemania contra OpenAI, acusando a su herramienta de inteligencia artificial, ChatGPT, de haber infringido los derechos de autor de libros infantiles alemanes.

Se trata de la serie Der kleine Drache Kokosnuss, la historia de un dragón llamado Coco que no sabe volar, del ilustrador alemán Ingo Siegner.

La demanda fue presentada ante el tribunal regional de Múnich contra OpenAI Ireland Limited, proveedor de ChatGPT, según un comunicado de esta editorial, propiedad del gigante alemán de medios Bertelsmann.

Con “simples solicitudes”, el chatbot “reproduce de manera reconocible” contenidos protegidos por derechos de autor de Siegner y genera ilustraciones del dragón “que se parecen notablemente al original”, denuncia la empresa.

Además, existen “indicios claros” de que las obras de Ingo Siegner “fueron utilizadas ilegalmente para entrenar el sistema de IA” y están almacenadas por el chatbot.

Penguin Random House considera que los derechos de autor del ilustrador, así como los derechos exclusivos de uso y explotación que posee su filial, fueron vulnerados.

El gigante de Silicon Valley, pese a una solicitud de cese y de información, no reaccionó, asegura Penguin Random House.

Una responsable de OpenAI para Europa no respondió de inmediato.

En enero de 2025, Bertelsmann había alcanzado un acuerdo con OpenAI para generalizar el uso del chatbot en sus actividades, incluyendo también a Penguin Random House.

Para la editorial, el objetivo de esta colaboración era ofrecer recomendaciones de libros personalizadas en redes sociales.

“Estamos abiertos a las oportunidades que ofrece la IA, pero la protección de la propiedad intelectual sigue siendo para nosotros una prioridad absoluta”, afirmó Carina Mathern, directora editorial de su división juvenil.

Penguin Random House también exige “mayor transparencia para los lectores, con medidas de protección adecuadas”.

“La IA no debe desarrollarse en detrimento de quienes crean los contenidos”, declaró en un comunicado separado el sindicato de editores alemanes.

Este organismo insta a los tribunales a “definir claramente a partir de qué punto comienzan las apropiaciones ilícitas”.


lunes, 23 de marzo de 2026

Más sobre los autores y los ladrones de la IA

Publicada en el diario La Jornada, de México, la siguiente noticia habla de una iniciativa británica para denunciar el robo al que se ven sometidos los autores por las empresas de I.A.

No robes este libro, reúne a más de 10 mil escritores en protesta contra la IA

Unos 10 mil escritores, entre ellos el Premio Nobel de Literatura 2017 Kazuo Ishigurao, firmaron conjuntamente un libro en blanco para protestar contra el uso no autorizado de sus obras por empresas de inteligencia artificial, comunicó el diario británico The Guardian.

El único contenido de Don"t Steal This Book ('No Robes Este Libro') es una lista con los nombres de literatos que han contribuido a la iniciativa. Copias de este libro en blanco se han distribuido entre los asistentes a la Feria del Libro de Londres este martes, una semana antes de que el gobierno británico publique una evaluación del coste económico de los cambios propuestos en la ley de derechos de autor.

"El Gobierno del Reino Unido no debe legalizar el robo de libros para beneficiar a las empresas de inteligencia artificial", dice la contraportada del libro.

El promotor de esa edición insólita, el compositor y activista por los derechos de autor de los artistas Ed Newton-Rex, sostiene que la industria de la IA está "construida sobre trabajo robado... tomado sin permiso ni compensación".

"No es un crimen sin víctimas: la IA generativa compite con las personas en cuyo trabajo se entrena, robándoles su medio de vida. El gobierno debe proteger a los creativos del Reino Unido y negarse a legalizar el robo del trabajo creativo por parte de las empresas de IA", cita el diario a Newton-Rex.

miércoles, 11 de febrero de 2026

"No es la primera vez que Amazon instala una nueva función sin previo aviso a los titulares de derechos de autor"

Con firma de Daniel Gigena, La Nación, de Buenos Aires, publicó el siguiente artículo el pasado 15 de enero. En él se resumen las principales críticas que ha generado en los Estados Unidos un nuevo dispositivo de Inteligencia artificial empleado por kindle, que avanza sobre los derechos de los escritores.

Críticas de escritores y editores por la app “Ask This Book” creada por Amazon para Kindle

Por el lanzamiento en diciembre pasado de la aplicación “Ask This Book” [Pregunta a este libro], herramienta de inteligencia artificial (IA) para los usuarios de Kindle, Amazon enfrenta críticas de escritores y editores en Estados Unidos, donde por ahora está disponible la app que permite interactuar con un chatbot y solicitar resúmenes e interpretaciones sobre pasajes de libros.

Las críticas de los escritores, editores y agentes literarios se centran en dos cuestiones: la app no es optativa para los titulares de derechos y, además, utiliza IA generativa.

“Pregunta a este libro” permite resaltar cualquier pasaje de texto mientras se lee un libro y ofrece respuestas sobre temas como la motivación de los personajes, la importancia de una escena o el contexto histórico en que sucede la historia. La app estaría disponible para todos los dispositivos y el sistema operativo Android en 2026.

Amazon describe la función como “tu asistente experto en lectura, que responde al instante preguntas sobre detalles de la trama, relaciones entre personajes y elementos temáticos sin interrumpir tu ritmo de lectura”. Al resaltar una frase o una oración, se escribe una pregunta en un cuadro de búsqueda y la IA genera una respuesta directamente en la página.

Para los escritores, se trata de un chatbot que utiliza IA generativa. Hasta ahora, Amazon no informó detalles técnicos del servicio ni las protecciones utilizadas para prevenir “alucinaciones” (las típicas respuestas erróneas y “divagues” de la IA) o para proteger el texto del entrenamiento no consensuado con los titulares de derechos.

La empresa informó que para garantizar una experiencia de lectura consistente, la función siempre está activa y no hay ninguna opción para que los autores o editores excluyan títulos. Esto provocó el reclamo de escritores, agentes literarios y ejecutivos de editoriales estadounidenses, que directamente ignoraban la existencia de la app. Por estas reacciones, “Ask This Book” deberá someterse a una revisión legal y técnica “para comprender el proceso y las protecciones que Amazon está implementando, así como los derechos con los que cuentan para hacerlo”, según declaró un editor consultado por Publishers Weekly.

No es la primera vez que Amazon instala una nueva función sin previo aviso a los titulares de derechos de autor. En 2009, la compañía lanzó una función de texto a voz que leía libros digitales en voz alta, violando los derechos de audio. En esa ocasión, el portavoz de Amazon, Drew Herdener, sostuvo que no eran audiolibros sino “simplemente un software que se ejecuta en dispositivos y lee el contenido”. No obstante, Amazon debió disponer que la función fuera opcional, por lo cual tuvo que modificar el sistema para que los titulares puedan decidir, título por título, si desean activar o desactivar la función de texto a voz.

Escritores y agentes estiman que el uso de una IA generativa que analiza una obra protegida por derechos de autor es la materialización de una obra derivada y reafirman que todo aquello relacionado con la IA generativa es un derecho independiente reservado exclusivamente al autor.

El Gremio de Autores de Estados Unidos remarcó que la app “convierte los libros en productos interactivos y con capacidad de búsqueda similares a los libros electrónicos mejorados o las ediciones anotadas: un nuevo formato para el cual los derechos deberían negociarse específicamente”.

Por su parte, Amazon señaló que la función solo utiliza el contenido del libro como estímulo y que “no se retiene ni se utiliza para entrenar el modelo de IA subyacente”; según la empresa, no sería necesario el pago de una licencia. “Los lectores llevan años haciendo estas preguntas a través de búsquedas en internet y esta función es más nativa, sin spoilers y ayuda a los clientes a seguir leyendo en lugar de salir del libro, como ocurre actualmente con todas las demás formas de responder preguntas sobre el libro que se está leyendo”, argumentaron.

“Hemos compartido nuestras inquietudes con Amazon y agradecemos su disposición a compartir información y escucharnos, así como las mejoras que ha realizado desde su lanzamiento -comunicó el Gremio de Autores-. Sin embargo, consideramos que funciones como ‘Pregunta a este libro’ y otras mejoras de IA en libros deben estar licenciados y ser compensados. Se trata de usos completamente nuevos que quedan fuera de los derechos otorgados por la mayoría de los contratos editoriales, acuerdos minoristas y términos de servicio de la plataforma”. Los autores instaron a Amazon a adoptar un modelo de pago con permisos.

“Básicamente, la app usa IA generativa –explicó a La Nación el director de Proyecto451, Daniel Benchimol-. La herramienta es muy útil, porque se entra al libro y se puede conversar con una IA que te resume parte del contenido o explicar algún concepto que no se entiende. Pero para que la IA haga eso antes se tiene que haber leído el libro. Por eso existe, desde hace más de un año, la indicación de algunos autores de prohibir que sus libros sean usados para entrenamiento. Amazon estaría dando un servicio para el que no está autorizado. El problema es que haya usos derivados de la obra. La función está bien, pero es lógico que aparezcan reclamos”.

La empresa empezó a hacer algunos cambios. Antes, la app analizaba el texto completo y respondía preguntas sobre la totalidad de la obra. Tras las quejas de que el chatbot “espoileaba” detalles de la trama o el contenido, la aplicación se limita solo al texto seleccionado. De este modo, ahora “Pregunta a este libro” a menudo responde que “no contiene la información buscada”, eufemismo para el tan conocido como humano “no sé”.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Inteligencia Artificial y mercado editorial

Omar Genovese publicó la siguiente nota en el diario Perfil, el 28 de septiembre pasado. Según se indica en la bajada: "No caben dudas: la inteligencia artificial ocupa el debate del presente, la incertidumbre por el futuro y, al adquirir conocimiento con textos e imágenes de todo tipo, la digestión del pasado. Mientras asistimos a una colosal guerra fría entre las potencias que aspiran a ser líderes mundiales en el desarrollo de esta tecnología –lo que implicaría a la vez la dominación por el lenguaje–, nos preguntamos: ¿qué ocurre con los hispanohablantes de los países periféricos? Un reciente trabajo sociológico publicado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) da cuenta de la tensión que propicia un recurso capaz de generar, moldear, editar, corregir y traducir textos. La pregunta que florece: ¿qué efectos podría tener esta transformación en el campo editorial? Aquí la respuesta."

Están entre nosotros

En el Glosario de términos gramaticales de la RAE se considera al sujeto tácito como parte formal del paradigma con su opuesto: sujeto expreso. Acaso la consideración de la Inteligencia Artificial (IA) dentro de la cultura merezca un punto de partida lingüístico; ella es un sujeto tácito, también una extensa sinonimia expresada como elíptico, elidido, omitido, implícito, no expreso, nulo, sobrentendido, vacío y catalizado. De hecho, también es un sujeto fantasma: promete estar en todos los lugares y, a la vez, ser inaprensible, incluso como ente inmaterial, tal vez como deidad.

¿Y a quién sujeta este sujeto conocido como IA? De manera evidente, al tiempo humano. La IA ocupa el debate del presente, la incertidumbre por el futuro y la digestión del pasado (al “adquirir conocimiento” con textos e imágenes de todo tipo). Quienes la diseñan y promueven resaltan que mejorará la existencia humana. Mientras tanto se instaura en lo mediático como un futuro ineludible, así la IA adquiere relevancia para los estados que dominan la economía planetaria.

En fallo judicial de la segunda semana de septiembre, el juez federal de San Francisco, William Alsup, avaló un acuerdo en la demanda colectiva promovida por escritores norteamericanos contra la empresa Anthropic, acusada de entrenar al chatbot Claude con libros descargados de manera ilegal, involucrando al menos siete millones de títulos. La sanción implica US$ 3 mil por libro pirateado en al menos medio mi-llón de casos, que implica una cifra total de US$ 1.500 millones. La compensación por derechos de autor también conlleva la destrucción de los archivos digitales ilegales en poder de Anthropic. Pero a este caso lo podríamos denominar como parte de una problemática doméstica, la IA tiene más importancia, acaso como un bien global.

Ian Krietzberg investiga y publica una serie de notas sobre la IA en la publicación digital norteamericana Puck, a fines de julio –bajo el título La Guerra Fría de la IA– ilumina ese espacio distante entre las finanzas y la innovación tecnológica. Destaca el Plan de Acción de IA presentado por Donald Trump, donde critica las regulaciones y pide acelerar la adopción de la IA en gobierno, ejército, agencias federales, etc.; así como a la Unión Europea, proclive a regulaciones, elogiando a la industria de IA para la reducción de la burocracia. También, que Francia aspira a ser líder mundial en IA invirtiendo más de 109 mil millones de euros en infraestructura, mientras Gran Bretaña firmó un memorando de entendimiento (voluntario) con OpenAI.

En sí, la Guerra Fría con China tiene un objetivo claro: legisladores y tecnólogos estadounidenses quieren que la lengua vehicular de la IA sea el inglés, no el mandarín. Una guerra por el lenguaje para que los algoritmos futuros sean legibles (y controlables) para Occidente. Krietzberg va más allá y consulta al Dr. Matthew H. Hersch, profesor de historia de la ciencia en Harvard, quien sentencia: “¿Por qué tanta urgencia por implementar la IA? Porque es la estafa definitiva: la promesa de algo a cambio de nada, de trabajo sin remuneración y de un montón de dinero para quien sea capaz de monopolizar la tecnología, a sus inversores y a los candidatos políticos que apoyan”. El otro fin, concluye el artículo, es la aplicación bélica irrestricta de la IA, cuestión que –es de esperar– no nos tenga como testigos y víctimas.

Mientras tanto, ¿qué es la IA para los hispanohablantes de América y España? Y aquí aparece un trabajo sociológico titulado Navegando lo incierto: usos y percepciones de la IA Generativa en el sector editorial iberoamericano, publicado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) en junio de este año. Tiene por autores a Alejandro Dujovne –Director del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro (Sccyt-Eidaes, Unsam)–, Valentina Cúneo y José Diego González Mendoza. El trabajo contiene los resultados de una encuesta realizada (en el último trimestre de 2024), por la alianza entre el Cerlalc y el Centro de Estudios y Política Pública del Libro de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) de Argentina.

En la presentación de este trabajo queda claro el conflicto con el lenguaje al que referimos en párrafos anteriores: “¿Qué implica para el sector editorial la irrupción de una tecnología capaz de generar, moldear, editar, corregir y traducir texto, como ocurre con los modelos de lenguaje de gran escala? Cuando el Foro Económico Mundial advierte que cerca del 60% del tiempo de trabajo, en términos globales, se dedica a tareas relacionadas con el lenguaje, resulta inevitable preguntarse qué efectos podría tener esta transformación en un campo donde dichas tareas no son accesorias, sino sustantivas”.

Esto es un punto de partida para cotejar cuánto impacta la IA en la realidad, más cuando las mismas empresas que la desarrollan promueven un aumento de eficiencia laboral y reducción de costos. El mercado editorial hispanohablante es el espacio estudiado, del que iremos develando sus particularidades mientras exponemos los resultados.

La encuesta obtuvo 2.807 respuestas –de las cuales 2.012 fueron válidas para el análisis–, estructurada en dos partes: una sección general que involucra a todos los participantes y otra específica con particularidades de cada rol laboral. Implicó a los países con los mercados más grandes –Argentina, México y, en menor medida, Colombia– concentraron la mayor cantidad de respuestas, un 51,7%. Siguen el resto de los países de la región, con Chile y Perú a la cabeza. España es una excepción, ya que su participación fue menor en relación con su peso real en el mercado del libro en español. No obstante, los datos recogidos permiten formular conjeturas significativas.

Las tareas que implican al mercado editorial se dividieron en dos grandes grupos: polo creativo –generación de contenidos– y polo de producción / comercialización. En el polo creativo, los usos de la IA generativa acompaña la creación de contenidos originales, ya como herramienta de experimentación estética, de apoyo en la escritura, la traducción o la generación de imágenes. Mientras en el polo de producción / comercialización, se aplica en funciones operativas, técnicas y comunicacionales, vinculadas a los procesos de edición, corrección, gestión de metadatos, comercialización y promoción del libro.

El perfil sociodemográfico de los encuestados devela una participación significativa de las mujeres en el ecosistema editorial. Participan en traducción 70,7%, corrección 68,4% y prensa/comunicación 67,1%. En contraste, los porcentajes más bajos se encuentran en distribución 32,7% y escritura 43,7%. En ilustración, diseño, edición y librerías, las mujeres representan poco más del 50% y el 60% de las respuestas. El 85% de las respuestas procedieron de personas mayores de 36 años, con las franjas de 36 a 45 y 46 a 55 años registrando las tasas más altas. La mayoría tienen estudios universitarios finalizados o iniciados (90%), y de estos, más de la mitad detenta estudios superiores (especialización, maestría, doctorado o posdoctorado). Por último, el 55% del total de las respuestas corresponden a los roles edición y escritura.

¿Se está utilizando la IA generativa en el ecosistema editorial iberoamericano? Por apenas dos puntos porcentuales fueron más las personas que respondieron sí haberlas usado. Es importante indicar que se preguntó concretamente por su utilización para fines propios del oficio o tareas relacionadas con el trabajo. Así, el 67 % que respondió no haberla utilizado para su trabajo indicó que estaría dispuesto a hacerlo en el futuro.

En líneas generales, las respuestas implicaron los siguientes resultados: 50% de las personas encuestadas ha utilizado alguna vez herramientas de IA generativa en su trabajo; 54% no han recibido capacitación, pero estarían interesadas en tomarla; 35% de quienes trabajan en distribución indicaron que el uso de la IA les ha permitido reducir la cantidad de trabajo; 66% de quienes trabajan en librerías está interesado en capacitarse sobre IA generativa. Entre el 32% y el 34% de quienes trabajan en prensa y comunicación; corrección y edición de mesa, y distribución usan la IA generativa de forma diaria o semanal: son los roles que registran los niveles más altos de uso frecuente.

En cuanto a la percepción sobre el uso de la IA generativa: 86% de las personas que se dedican a la ilustración manifiestan estar preocupadas por la infracción de derechos de autor; 56% de quienes se dedican a la traducción considera que el uso de IA devalúa el trabajo creativo realizado por humanos; 87% del total encuestado considera que es necesaria una regulación para controlar de forma específica el uso de la IA en la industria editorial, manifestando además que el 74% está muy preocupada y un 12% bastante preocupada. El 50% opina que se precisa un marco regulatorio estricto, mientras el 37% piensa en una regulación moderada. Ante la pregunta por los mecanismos para promover un uso transparente y responsable de la IA generativa en el sector, el 74% señaló a la educación y capacitación, mientas el conocimiento de las herramientas de IA generativa aumentan de forma sostenida en las generaciones más jóvenes. Con menor nivel de uso aparecen El Salvador, Argentina, Uruguay y España. Y en el extremo opuesto, en el cual se observa un mayor uso, hallamos a Colombia, donde el 60% declara haber utilizado IA.

En cuanto a para qué se está utilizando la IA generativa, en diseño y diagramación el 58% seleccionó la opción Generación y edición de imágenes. Esto podría tener mucho que ver con la incorporación de herramientas de IA en los paquetes de software especializados, lo que haría su uso mucho más fluido, como una funcionalidad más de las aplicaciones con las que este sector ha trabajado por mucho tiempo. Respecto a los objetivos de uso de la IA, la opción más elegida fue Experimentar la herramienta con 58%. A esta le siguieron dos motivos vinculados a la mejora de la eficiencia: optimización de procesos y ahorro de tiempo. Esto indica que, aunque tímidamente, el sector editorial empieza a explorar el potencial de la IA como herramienta de trabajo.

En tanto cantidad de trabajo, la percepción predominante es que la IA no ha cambiado la misma, especialmente entre quienes se dedican a la corrección y edición de mesa (50%), al diseño y la diagramación (52%) y a la traducción (38%). También se observa una tendencia significativa al aumento moderado del trabajo, particularmente en los que se dedican ala escritura (37%), la ilustración (32%) y la prensa o comunicación (27%). La percepción de reducción del trabajo es más marcada, aunque minoritaria, entre quienes ilustran (10% de reducción significativa) y traducen (9%).

En cuanto a cómo las editoriales solicitan el uso de IA, los porcentajes más altos se encuentran entre quienes trabajan en edición, corrección y edición de mesa, y diseño y diagramación. Mientras poco más del 30% de estos indicó emplear estas herramientas en obras publicadas. Este dato reafirma lo observado previamente: la incorporación de IA generativa sigue siendo incipiente, pero comienza a consolidarse en funciones específicas de estos oficios. A las personas que se desempeñan como editoras o editores se les preguntó si habían participado en la publicación de libros en los que se hubiera utilizado IA generativa en una o varias etapas del proceso editorial. La mitad respondió que no la había empleado en ninguna fase, mientras que poco menos de la otra mitad indicó haberla utilizado en al menos una. Un porcentaje menor señaló que no lo sabe o prefirió no responder.

La principal preocupación del sector es la infracción al derecho de autor, incluso entre quienes no perciben regalías, señala el informe, pero además analiza con más detalle la influencia de esta tecnología en el campo laboral: “Las personas que integran el polo creativo son también las que se perciben –y se encuentran– más expuestas a los efectos negativos de la IA generativa en los planos económico, legal y ético. Por ello, su relación con estas tecnologías tiende a ser más ambigua e incierta: si bien la IA generativa puede representar una herramienta que facilite y potencie ciertos aspectos de su trabajo, también se presenta como una suerte de competencia desleal. Esta deslealtad opera en, al menos, dos niveles. En primer lugar, en el plano legal y ético, dado que los modelos de inteligencia artificial se han entrenado, en la mayoría de los casos, con materiales producidos por personas dedicadas a la escritura, las artes visuales y la traducción, sin su autorización, sin el pago de los derechos correspondientes y sin informar el origen de los datos. En segundo lugar, quienes se dedican a la ilustración y la traducción enfrentan una amenaza concreta sobre su fuente laboral: no solo está en riesgo la continuidad del trabajo, sino también las condiciones en que se realiza y la retribución económica que se recibe por este”.

Esto confirma lo expresado por el informe del World Economic Forum 2023, por el que los medios y la edición aparecen como el quinto sector o industria con mayor exposición al impacto de los modelos de lenguaje de gran escala, por detrás de los servicios financieros y los mercados de capitales; la gestión de pensiones y de seguros; los servicios de tecnología e información, y las telecomunicaciones.

Pero también la percepción del impacto de la IA se diferencia entre “quienes integran el polo creativo del libro: el peso del nombre propio en la obra –lo que Foucault denominó la función autoral– y el grado de relación o dependencia económica con el mercado editorial. Mientras que las personas que escriben suelen ser reconocidas como autores por excelencia, tanto por parte de las lectoras, los lectores y las editoriales, quienes se dedican a la ilustración y, en mayor medida, a la traducción, tienden a recibir un reconocimiento público menor, a pesar de su legítima aspiración a ser identificados como autores y ganar visibilidad. Esta desigualdad tiene consecuencias concretas: al ocupar un lugar más consolidado en el imaginario autoral, quienes escriben tienden a percibir con menos temor la posibilidad de ser reemplazadas por la inteligencia artificial generativa, una amenaza que recae con mayor fuerza sobre quienes ilustran y traducen”. Esta diferencia, con el avance de la tecnología IA, tiende a ser mínima: los resultados generados por ella durante este año, entre la imagen artificial y los textos generados, sugieren que nada humano está a resguardo de sus efectos.

De hecho, y a modo de corolario, en la columna adjunta rescatamos cuatro aspectos señalados en el informe estadístico que generan incertidumbre respecto al futuro del libro y su impacto en las sociedades de la región: pérdida de calidad, censura previa, monopolio discursivo y exclusión de la diversidad cultural. Y luego: ¿con qué herramientas legales y políticas cuentan nuestros países para enfrentar semejante amenaza? El debate resulta urgente e imprescindible, pero sin intervención de IA generativa alguna…

Impacto y preocupaciones ante la IA generativa

Uno de los principales peligros que plantea el uso expandido de modelos de IA generativa en el sector es la pérdida de la calidad y la estandarización de contenidos. La IA, a través del aprendizaje automático basado en grandes volúmenes de datos, funciona identificando y replicando patrones, lo que optimiza la producción bajo criterios de eficiencia algorítmica. Es decir, los contenidos generados por la IA son el resultado de procesos de recopilación, identificación, clasificación, síntesis y combinación de datos. Estos sistemas repiten los patrones estilísticos dominantes con estructuras narrativas, temáticas y estilos preexistentes. Se trata de reproducciones con nuevas variantes de lo ya existente en lugar de creaciones genuinas. Sin la curaduría, la intervención y la supervisión del criterio humano, los contenidos generados con la IA pueden operar en contra de la riqueza del discurso y del lenguaje, ya sea escrito o visual. (…)

Si bien los sesgos, la homogeneización de contenidos y la reducción de la calidad parecieran afectar de manera más evidente a los procesos de creación de contenido y a los roles que trabajan con la singularidad y la originalidad –como la escritura, la traducción y la ilustración–, es importante subrayar que estos problemas reconfiguran toda la cadena de valor, desde la creación hasta la distribución y venta. Por ejemplo, un sistema que prioriza o sugiere libros mediante algoritmos entrenados con sesgos podría limitar la visibilidad de ciertos autores o temáticas únicamente por eficiencia y lógica algorítmica. (…)

¿En qué medida esta evolución está vinculada con la tendencia a la hiperconcentración del mercado? ¿Cómo incide la irrupción y expansión de plataformas monopólicas de venta en línea como actores centrales en la cadena de valor? ¿Qué efectos tiene la algoritmización de las ventas y de la circulación de contenidos en la diversidad y sostenibilidad del ecosistema editorial? En este contexto, ¿la IA generativa podría estar acelerando y profundizando estas dinámicas ya en curso? (…)

Es importante señalar que la incorporación de la IA generativa no ocurre en el vacío. Es decir, se suma a una industria con dinámicas propias que condicionarán lo que ocurra con la IA generativa. En esa misma medida, no se puede perder de vista que es un sector en el que han venido operando ya dinámicas de concentración y precarización laboral que esta tecnología puede terminar por profundizar. Además, incorpora nuevos actores al ecosistema: plataformas de ventas, desarrolladores de tecnologías, etc., sujetos ajenos al sector cultural en general, cuyas lógicas de máximos beneficios económicos son difíciles de conciliar con la protección y promoción de la diversidad cultural.


jueves, 18 de septiembre de 2025

Derechos de autor e IA: un antecedente promisorio

"En un fallo histórico, la compañía estadounidense desembolsará un promedio de tres mil dólares por cada uno de los 500.000 libros utilizados sin permiso." Tal es la bajada del artículo publicado por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 13 de septiembre.

En Estados Unidos, la empresa de IA Anthropic deberá pagar 1500 millones de dólares por infringir derechos de autor

En lo que ya califica como un acuerdo histórico, la empresa de inteligencia artificial (IA) Anthropic deberá pagar 1500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva presentada por escritores en Estados Unidos por haber entrenado a su chatbot Claude con libros, sin permiso de los autores.

La compañía desembolsará tres mil dólares por cada uno de los aproximadamente 500.000 libros pirateados, lo que establece un precedente en los litigios entre las empresas de IA y escritores, artistas, traductores, fotógrafos y otros profesionales que las acusan de violar los derechos de autor. Perder el caso le hubiera costado aún más a la empresa fundada en 2021 por los hermanos Dario y Daniela Amodei (exmiembros de OpenAI).

“Este acuerdo envía un mensaje contundente a la industria de la IA: existen graves consecuencias cuando piratean las obras de los autores para entrenar su IA”, sostuvo Mary Rasenberger, directora ejecutiva del Gremio de Autores de Estados Unidos, en un comunicado.

“Hasta donde sabemos, es la mayor recuperación de derechos de autor jamás realizada”, afirmó Justin Nelson, abogado de los autores. “Es la primera de este tipo en la era de la IA”.

La demanda había sido iniciada en 2024 por los periodistas y escritores Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson, que acusaron a Anthropic de copiar ilegalmente sus libros para entrenar a Claude, el chatbot de IA de la compañía que compite con ChatGPT. Varios escritores se sumaron a la demanda al descubrir que sus libros habían sido descargados ilegalmente desde Book3 (como en el caso de Bartz) y Library Genesis con el objetivo de “educar” a Claude.

“Es curioso que Amazon, una de las empresas inversoras de Anthropic, les termine pagando a los autores por utilizar sus contenidos -dice el especialista en estrategias digitales Daniel Benchimol a La Nación-. A priori, podemos anticipar una cascada de demandas en otras partes del mundo, de distintas industrias y hacia muchas otras empresas, a pesar de que Donald Trump dijo hace poco que era absurdo que una editorial reclamara algún tipo de pago por derecho de autor. Pero las leyes, evidentemente, son fuertes en este sentido y terminan haciendo pagar a las empresas tecnológicas. La razón por la que tienen que pagar es que accedieron en forma ilegal a los contenidos, como se probó en la causa judicial que enfrenta Meta. Pero el mero entrenamiento de los modelos de lenguaje no violaría la ley”.

En junio, Anthropic había obtenido una victoria parcial cuando el juez federal de San Francisco, William Alsup, dictaminó que el entrenamiento de los modelos de IA de la compañía con libros (comprados o pirateados) había transformado las obras de tal manera que constituía un “uso legítimo”, según su interpretación de la ley de derechos de autor.

Sin embargo, el juez dictaminó que la práctica de Anthropic de descargar ilegalmente al menos siete millones de libros para crear una biblioteca digital infringía la ley. Los demandantes, con la colaboración de Anthropic, entregarán una lista actualizada de las obras copiadas sin permiso y la entregarán al tribunal antes del 10 de octubre.

El acuerdo cubre aproximadamente medio millón de títulos, lo que se traduce en unos tres mil dólares por obra, cuatro veces la indemnización mínima legal por daños y perjuicios según la ley de derechos de autor de Estados Unidos. Por otro lado, Anthropic deberá destruir los archivos pirateados originales y cualquier copia derivada de ellos, si bien conservará los derechos sobre los libros que compró y escaneó legalmente.

jueves, 17 de julio de 2025

Liquidación de existencias… A scary movie!

El lunes 16 de junio de 2025, en el nº73 de la revista Vasos comunicantes, editada por ACEtraductores, la excelente escritora y traductora española María José Furió publicó el siguiente artículo, cuya competencia no puede ser mayor.



Números imaginarios y liquidaciones de existencias

Allá por mis dieciséis años viví un breve idilio con las matemáticas, en concreto con los números imaginarios y el número e. Entreví entonces la fascinación de la gente de ciencias por esta materia y, para lo que aquí nos interesa, el potencial metafórico de los números. Sabía que no tendría continuidad porque en el viejo BUP elegir letras suponía que, al pasar a tercero, los números y las cantidades solo recuperarían importancia ―no sé si trascendencia― al tratar de la métrica y de las fechas de acontecimientos históricos. Por eso, y al contrario de lo que ocurre en los romances trágicos que nutren la narrativa del siglo XIX y primera mitad del XX, quedé convencida de que mi desenfadado amorío con el número infinito y los números imaginarios empezaba y terminaba allí y que nunca volvería a saber de uno y otros.

Pero, como dijo Baudelaire, Hélas, non ! Resulta que los he encontrado por doquier en los momentos y lugares más inesperados. Imaginarios me parecieron los números con que debía calificar los conocimientos de los alumnos de Lengua y Literatura, especialmente cuando un 3 se convertía, por orden superior, en un 5. Imaginarios son los de las tallas de ropa de cada marca en la franja que va de la 34 a la 40. Imaginarios son a menudo los números que figuran en el catastro de Barcelona, que recoge los datos relativos a propiedades inmuebles para de ellos deducir las contribuciones a pagar, el valor catastral y el índice que sugiere un rango de precios para el alquiler de las viviendas en las llamadas «zonas tensionadas». Como todas estas cantidades dependen de los metros cuadrados, a nadie se le escapa la ventaja para el propietario de que exista un desfase entre el número real ―la superficie comprobable de su viejo pisito más o menos remozado― y el imaginario que figura en el catastro, calculado a ojo de buen cubero en épocas muy pretéritas.

Por supuesto, es en el terreno de los derechos de autor donde básicamente solo vemos números imaginarios, ya sean los que nos proporcionan las editoriales en las liquidaciones o bien los organismos gestores de derechos. A leer los correos y avisos del reparto anual solemos exclamar: ¿Cómo es posible?

La respuesta estaría en la definición por la cual: «En matemáticas, un número imaginario es un número imaginario puro (número complejo con parte real igual a cero)». Que el término fuese acuñado con intenciones despectivas, tildándolo de «imaginario e inútil», por René Descartes, como chismorrea la Wikipedia, explica en parte que me divirtieran tanto. Sin embargo, esta parte de la matemática se ganó el respeto de los sabios a partir del siglo XVIII cuando ciertos cálculos permitieron vislumbrar el potencial que encerraban para el futuro, efectivamente concretado en este siglo en campos como la física cuántica y las nuevas tecnologías. Sus aplicaciones prácticas son hoy enormes, y además de la ciencia y la ingeniería, también el arte y la economía han sacado un provecho significativo. Esto último lo veremos aquí.

La definición dice: "Los números imaginarios pueden expresarse como el producto de un número real por la unidad imaginaria i, en donde i es un número tal que al elevarse al cuadrado da como resultado −1, es decir: i² = −1"

Como dijo Jacques Lacan: «¡Ajajá! Aquí está la madre del cordero». Porque en la interpretación tantas veces irónica a la que somos proclives los de letras ante las abstrusas definiciones matemáticas encontramos no un consuelo sino ese núcleo de verdad que nos esquiva en la lectura superficial de nuestra realidad profesional. Sí, porque en esta definición: «Los números imaginarios combinados con números reales forman los números complejos», y dicha unidad imaginaria «elevada al cuadrado resulta en una cifra negativa», se plasma de manera prístina el misterio del cálculo de los royalties para la mayoría de nosotros.

Explicación: estamos de acuerdo en que hay cierta diferencia entre convenir una cifra e inventarla. Por ejemplo, es posible convenir que a la traducción X, complejísima en terminología y/o en su redacción, le corresponda una tarifa X por un número también convenido de líneas o caracteres. También estamos de acuerdo en que, porque así lo establece la Ley de la Propiedad Intelectual, el contrato determina que se destine unos royalties al autor y otros al traductor, a ingresar en la cuenta bancaria tras descontar el llamado «anticipo», que en España suele pagarse al dar por buena la traducción mientras en otros países, como Francia, es costumbre hacerlo en tres partes, la primera a la firma del contrato, un modo de asegurarse que el traductor renuncie a su conocida promiscuidad y no abandone el trabajo si le surge una oferta mejor remunerada.

A menudo, el traductor habrá defendido a brazo partido que el porcentaje de royalties alcance un 2 % en lugar de aceptar ese 1 % que con característica esplendidez le ofrece la editorial. La batalla por rebasar el 1 %, cuando no el 0,5 %, es un mensaje cifrado a través del cual el traductor informa a la parte contratante que sabe, porque insistió el abogado francés que impartió el taller «jurídico» sobre LPI y contratos, que un 1 % equivale a «ganancia nula» y que carece de sentido conformarse con esa ganancia cero. Luego de una quisquillosa revisión de varias cláusulas por ambas partes, el traductor consiente en responder «ante el EDITOR de la autoría y originalidad de la traducción, y del ejercicio pacífico de los derechos que cede mediante el presente contrato, garantizando que no es copia ni arreglo, simple alteración o modificación de ninguna otra efectuada por terceros. Asimismo, el TRADUCTOR garantiza al EDITOR que su creación no es resultado de la utilización de sistemas, herramientas o técnicas derivadas o vinculadas con la Inteligencia Artificial». Cláusula que lee y acepta con una sonrisa porque en la década en que hizo la traducción objeto del nuevo contrato, traducir mediante «sistemas, herramientas o técnicas derivadas o vinculadas con la Inteligencia Artificial» era sólo hipótesis o fantasía, los prototipos no estaban al alcance de nuestros ordenadores y era por eso un delito imaginario. Es halagador que se atrevan a sospechar que un traductor al que se paga la mitad, o incluso un tercio de lo que recibe un colega francés por traducir a su idioma un libro de semejantes características, sea capaz de concebir el sistema, herramientas, etc., que no solo producirían en un parpadeo un texto legible, válido para los estándares de nuestro idioma y comercializable, sino que además puede llegar a cavar su tumba y la de la mayoría de sus colegas.

De las cifras concretas que deberían dar lugar a cifras reales de beneficios, así como la cantidad real a descontar sobre el avance cobrado por el traductor, resultan en la práctica cantidades que no cuesta llamar «imaginarias», tanto más al ver los números negativos en la columna del «total» de las liquidaciones. Aquí se verifica que un número real ―la cantidad pagada como avance― multiplicado por un número imaginario ―el de los ejemplares impresos y puestos a la venta―, elevado al cuadrado de las ediciones en sus diferentes formatos, da impepinablemente un número complejo.

Y no solo el Número Complejo de Tonto del Bote que nos abruma ante el desglose de las cantidades que editoriales y la entidad de gestión de derechos reprográficos nos envía. El quid de esa fórmula fantasma es que no tenemos acceso a los números reales, pese a que la LPI nos otorga ese derecho. Si no conocemos las cantidades reales de ejemplares impresos, destinados a la venta, a marketing y a relaciones públicas, prensa incluida, ya que nunca recibimos el certificado correspondiente, lo que tenemos ante nuestros ojos, más o menos incrédulos, es un documento que se quiere artículo de fe.

Liquidación de existencias… A scary movie!
Hace tiempo un francés llamó mi atención sobre esta expresión que utilizamos a menudo sin pensar en sus dobles significados, implícitos o metafóricos: «Liquidación de existencias» o, con signos de exclamación, «¡Liquidamos existencias!». Al leerlo, a menudo en cartelones durante la temporada final de rebajas y de «grandes oportunidades», entendemos que el comercio está saldando algún producto con un precio por debajo del último descuento. Pero «liquidar» en jerga de novela policiaca es matar, acabar con la vida de alguien, y en cuanto a la definición de «existencia», filósofos de todas las escuelas se han entretenido en el concepto, aunque, sin atacar tales honduras, hasta un pelanas entiende que no es lo mismo «existir» que «respirar» como sinónimo de vivir a full. Un extranjero puede suponer, temer o incluso anhelar que los sicarios ya no se esconden detrás de empresas fantasma o en la dark web, sino que ofertan sus servicios a pie de calle. Una vez más, conscientes del doble sentido de la expresión, traductores y gente de letras avanzamos como funambulistas sobre la cuerda tensa del sarcasmo.

Porque cuando, entre enero y marzo, desde el departamento de Derechos de Autor la editorial que nos encargó una o muchas traducciones nos comunica que tal edición del libro que tradujimos con sumo esmero hace cinco o dos años va a ser destruida por completo o en parte, la mayoría de veces el mensaje no adjunta el certificado de destrucción con la cantidad concreta de ejemplares que nos aseguran van a retirar del mercado. Previamente, como ya he dicho, tampoco recibimos el certificado por el número exacto de ejemplares impresos. Nos informan de que la destrucción de esos 200 o 500 ejemplares se hace en aras de la mejor explotación del stock. A veces sospechamos que esos ejemplares surcarán en perfecto estado los mares para su distribución y venta en el continente americano, a precios rebajados respecto a los de la Península a fin de atraer a compradores con un poder adquisitivo castigado por la inflación galopante y otros inconvenientes. Tenemos derecho a sospechar esta posibilidad y cualquier otra cuando, pese a nuestra insistencia, el certificado que la editorial está obligada a remitir no llega nunca. Lo único cierto es que esa cantidad de libros borrados no podrá descontarse como venta del dinero que cobramos y, por lo tanto, incluso cuando se nos dice que la totalidad de la edición ha dejado de comercializarse, pueden llegarnos en la fecha que la editorial decida los datos relativos al título en cuestión con un cero como resumen de la ausencia de movimiento comercial, y una cantidad en negativo correspondiente al montante que la editorial afirma no haber recuperado. Algunas editoriales pretenden que esa parte supuestamente no recuperada debe descontarse de las ediciones digitales, fechoría que no todas las empresas plantean.

Conozco a traductores que responden con cartas airadas a la editorial enviándola a tomar viento cuando les exponen en números este fracaso de ventas. Otros optan por responder que la explotación de la edición es cosa de la editorial, no del traductor, que es un proveedor de servicios, implicado en la promoción en concretas circunstancias que redunden también en su beneficio; que la empresa a estas alturas del si lo podría usar estrategias alternativas como vender desde el principio a precios menos elevados para predisponer a la compra a los «quiero y no puedo» habituales, esto es estudiantes y especies lectoras afines, lo cual ahorraría el gasto de destrucción, etc.

Hay que recordar que la cifra ingresada por la traducción corresponde a un trabajo efectivamente realizado, que requiere del traductor una formación especializada, unas herramientas sofisticadas y caras y un permiso para ejercer solicitado a las altas instancias fiscales, sin olvidar que, para protegerse ante eventuales problemas de salud que pudieran impedir realizar el trabajo, la mayoría paga una cuota mensual a la Seguridad Social y algunos también un seguro privado. En los contratos actuales se exige que el traductor esté habilitado «por las leyes para el ejercicio de su profesión y de las actividades objeto» del contrato, además de estar «al corriente de sus obligaciones fiscales, de Seguridad Social, administrativas y de cualquier otra índole que a tal fin deba observar». Estos requisitos, que le suponen unos gastos al traductor freelance por su mera disponibilidad a trabajar, me parecen argumento suficiente para reclamar que los royalties se contabilicen en positivo a partir del primer ejemplar vendido, descontado en todo caso el coste de producción.

Sigamos con las «liquidaciones». Casi siempre, tras pelear por ese 2 % de royalties en el contrato de edición digital de tal traducción de éxito, vemos que la cifra total, que forzosamente debe ser positiva, ya que el descuento sobre el anticipo se hace en la versión en papel que ha tenido más de una edición, es de un solo dígito, inferior a lo que la editorial ha determinado como mínimo para transferir los «cuartos» al traductor. En plata: menos de 8 euros en todo un año de explotación. Ahí es cuando unos interpretan por «liquidación de existencias» las de los propios traductores, que no pueden permitirse seguir en la brecha, mientras otros ―o quizá los mismos― empiezan a considerar la idea de una sociedad de sicarios puerta con puerta con la frutería y «el chino» o «el paki», igual de disparatada pero no imposible.