lunes, 14 de agosto de 2023
"Un equilibrio paradójico respira detrás de toda hoja en blanco"
lunes, 21 de diciembre de 2020
"Estamos a minutos de tener lista sobre la mesa la prepizza cultural globalizada"
En su habitual columna del diario Perfil, Rafael Spregelburd reflexiona sobre la globalización y sus efectos en la cultura. Lo hace con inteligencia, apoyándose en un texto del escritor japonés Yunichiro Tanizaki.
Alejo de los Reyes, el mejor guitarrista que conozco, postea una cita de Elogio de la sombra, de Yunichiro Tanizaki, quien ya en 1933 se preguntaba qué hubiera sucedido si la física y la química, en vez de ser universales, se hubiesen moldeado con los patrones culturales de cada pueblo. “Supongamos que el inventor de la estilográfica hubiera sido un japonés o un chino de otra época. No habría dotado a su punta de una plumilla metálica sino de un pincel. Y lo que habría intentado que bajara del depósito hasta las cerdas del pincel no sería tinta azul sino algún tipo de líquido parecido a la tinta china. Por lo tanto, como los papeles de tipo occidental no sirven para el uso del pincel, (…) se tendría que producir una cantidad industrial de papel análogo al papel japonés, una especie de hanshi mejorado, y si el papel, la tinta china y el pincel hubieran seguido este desarrollo, la pluma metálica y la tinta occidental nunca habrían conocido su auge actual, los partidarios de los caracteres latinos no habrían tenido ningún eco y los ideogramas o los kana habrían gozado de un unánime y poderoso favor. Pero esto no es todo: nuestro pensamiento y nuestra propia literatura no habrían imitado tan servilmente a Occidente y, ¿quién sabe?, probablemente nos habríamos encaminado hacia un mundo nuevo completamente original.” Tanizaki quiso mostrar que la forma de un instrumento insignificante puede tener repercusiones infinitas y encuentro esta idea poco menos que inquietante. Al no saber nada del Lejano Oriente (siempre he preferido dejar que el Japón cuajara como una cantera a la cual iban a parar criaturas fantásticas y atrocidades lingüísticas) me sorprende mucho constatar que ya en 1933 Oriente da por perdida su soberanía cultural, un término cada vez más en boga. De este lado de Greenwich solemos imaginar que el mundo se orientaliza; que el destino del capitalismo extraccionista yanqui sigue el camino de China postcomunista o que la explotación productiva autogestionada tienen al Japón de zanahoria, donde, según el mito, se protesta trabajando horas extra y no con huelgas. Será porque el excedente de mercancía es lo que más afecta al precio de la multinacional y no porque al nipón se le dé por trabajar de más. Como fuere: ellos creen que nosotros ganamos la batalla global, nosotros creemos que fueron ellos y que Suiza es un invento de Heidi dibujado en Japón pero que a su vez este triunfo se narra en inglés globalizado.
“Los propios principios de la física y de la química (…) habrían tenido aspectos muy diferentes a los que hoy en día se nos enseña en lo que respecta, por ejemplo, a la naturaleza y las propiedades de la luz, de la electricidad o del átomo. Y si hubiéramos inventado nosotros el fonógrafo o la radio es probable que hubieran sido concebidos para destacar las cualidades de nuestra voz y de nuestra música (…) caracterizada por cierta contención, por la importancia que concede al ambiente, de manera que grabada, y luego amplificada por los altavoces, pierde la mitad de su encanto. En el arte de la oratoria evitamos los gritos, cultivamos la elipsis y, sobre todo, damos una extrema importancia a las pausa (…). Por haber acogido esos aparatos hemos tenido que desnaturalizar nuestro arte”.
Hoy las grandes y pequeñas plataformas ofrecen películas (como las de Hayao Miyazaki) donde la lógica del bien y el mal explicada a los niños está muy lejos de la moral que conocemos y mucho más cerca –eso sí– de la naturaleza y el paisaje, que no son ni buenos ni malos, sino a lo sumo atroces y espontáneos. Los conflictos de Ponyo, Chihiro, Satsuki no se parecen a los de Pixar. No sólo el desarrollo tecnológico del mundo sería otro si voces japonesas, quechuas o maoríes susurraran lo suyo: habría otros relatos. Estamos a minutos de tener lista sobre la mesa la prepizza cultural globalizada y de darnos cuenta de que extrañaremos mucho las físicas, las químicas y las letras sepultadas bajo una norma que nadie parece haber elegido realmente. Es entropía dura: la cultura tiende también a un masacote gris, frío, estable y muerto.
¿Y qué fisicoquímica hubiera destilado la Argentina, si tal cosa comenzara a existir alguna vez?
lunes, 17 de agosto de 2020
"Un lenguaje para protegerse de las circunstancias adversas"
Nuevamente, un texto de Rafael Spregelburd que reflexiona sobre las funciones de la lengua. Se publicó el pasado 15 de agosto en el diario Perfil.
La lengua refugio
Una cosa que me obsesiona de la lengua es descubrir para qué otras cosas sirve, además de comunicar lo útil (esto es lo obvio) o de asegurar la poesía (esto es lo obtuso). Entre lo uno y lo otro, una gama de maniobras confirma lo precario de nuestro modo de existir en el mundo: a través del lenguaje.
El traductor Ian Barnett me recuerda la anécdota del polari, un viejo dialecto londinense hablado por los gays (más hombres que mujeres) como signo de pertenencia y modo práctico (pero esquivo) de evitar ser detenidos por delitos sexuales, ya que tal cosa constituía -para la policía y la legislación inglesa- el comportamiento de estas minorías.
Muchas palabras vienen del molly del siglo XVIII. Los mollies eran entonces los hombres afeminados y varios de sus vocablos barrocos provenían del parlyaree (así les sonaba el parlare del italiano, que luego escribieron palarie). Era la jerga en ese entonces de los artistas ambulantes, los circos, las ferias, los mendigos sin rumbo. Para todos ellos, lanzados por la borda del mundo, hombres y mujeres de puerto y en fuga, se hacía útil encontrar en ese sabir o lingua franca de los marineros un código que funcionara a un lado y otro del Canal de la Mancha, un puente tendido entre la marginalidad y los centros urbanos donde se concentraba la riqueza.
A comienzos del siglo XX, el viejo polari remozado permitía a los gays londinenses identificarse y segregarse de reuniones generales en grupos más específicos: en polari se puede hacer una proposición indecente (para la ley que los perseguía) sin riesgo, ya que el interlocutor sólo la comprendería si estaba informado del código, es decir, si estaba ya algo dispuesto a participar de alguna de las formas de esa propuesta. El polari –y no es de sorprender en un universo patriarcal– solía feminizar casi cualquier vocablo inicialmente masculino, e invariablemente –con un fondo de misoginia– estas cosas feminizadas eran peyorativas. La policía era Lily Law, por ejemplo. Zsa zsa es castigo, y suena bien parecido a “chas chas”. Y como también sucedió con el lunfardo criollo y carcelario, alrededor de los años 60 comenzó a usarse el polari para hablar también de droga, la única otra cosa tan prohibida como la homosexualidad.
Así
surge uno de los más formidables usos del lenguaje: como refugio. Un lenguaje
para protegerse de circunstancias adversas.
Siempre he desconfiado de esta explicación apropiadamente lógica pero que se me antoja bastante ingenua. ¿De verdad pensaban los reclusos que si decían cobani (abanico) en vez de policía el agente aludido no se iba a enterar? ¿O que hablar de merluza en vez de cocaína los iba a dejar a cubierto? ¿No serían los policías precisamente los primeros en recibir el nunca impreso diccionario del lunfardo? ¿Y no es casi cualquier palabra que se nos antoje sinónimo de cocaína cuando se trata de hablar de ella? “Vendeme seis gramos de Patricia”, “lo agarraron con toda la penicilina en el bolso”, cualquier cosa sirve y es un misterio. O no: la clave del éxito de toda lengua es la misma de siempre: no radica en si gramática, ni en su léxico, ni en su sencillez, sino en que el otro ya sepa lo que le vas a decir. Perdonen la falta de rigor de mi pesimismo, pero en mis peores días soy de los que creen que casi todo es ruido.
Me
gusta pensar sin pruebas que el espíritu de estas lenguas por fuera de la ley
es más bien lúdico y no práctico. Lo cual nos lleva a la razón fundamental del
lenguaje: la de oponerse a lo real. Son las mismas reglas de cualquier juego:
el juego no es ni mentira ni verdad. Es juego.
Y la ficción es exactamente igual que el juego. Y no es mentira. Ah, y es esencial. Un/a translatrix conocido/a como Sister Debbie Ann Linux of the Virtual Habit ofrece en internet la Biblia traducida al polari, donde “Steve” es “Eve” (y “Adam and Eve” es “Adam y Steve”) y donde “mano derecha” se dice sweet martini. Empieza así: In the beginning Gloria created the heaven and the earth. And the earth was nanti form, and void”, donde “Gloria” es “God” y donde “nanti” (probablemente de “niente”) es la partícula para indicar que el mundo aún no tenía ninguna forma.
Yo
creo que sigue sin tenerla.
miércoles, 12 de agosto de 2020
Rafael Spregelburd y la poesía como traducción
La sordera en la poesía
¿Qué es todo lo que realmente pasa en ausencia de lengua hablada? Escribiendo un espectáculo con traductores me topé con un hilo en Twitter de Verónica Sukaczer, escritora hipoacúsica devenida sorda, que cuenta por qué a los niños sordomudos les es más difícil el aprendizaje de la gramática: al no escuchar nada, su memoria no retiene las repeticiones circundantes y, por tanto, hay que proporcionarles un sistema equis para que armen las oraciones de su cabeza y las traduzcan a lenguaje de señas. El orden en la LSA es desquiciado, bah, tanto como cualquier lengua extranjera: tiempo, lugar, sujeto, pronombre posesivo, adjetivos, verbos y negación (si la hubiere). “Mi familia y yo no iremos mañana a casa de mi abuela” se armaría en su cabeza (en su realidad) como: “Mañana, casa abuela mía, familia mía, yo, vamos, no”.
¿Qué es entonces
la lectura (y la literatura) para ellos? ¿Es cosa de Satán, es de extranjeros?
¿Por qué aparece lo escrito en un orden distinto de aquel con el que el cerebro
ha aprendido a armonizar el mundo? Toda lectura ocurre en una lengua extranjera
aunque aprendible. Pero sin LSA, sin matriz, el sujeto carecería por completo
de lenguaje. No puede adquirir ninguna lengua natural y directamente de lo
escrito, ya que es obvio que para leer hay que ir voluntariamente a las letras,
jeroglíficos, mientras que en la escucha, las cosas vienen solitas a nosotros.
Oímos a padres, hermanos, verduleros, Anamá Ferreyra y repetimos, repetimos,
repetimos, nos acostumbramos hasta que toda esa improbable cacería de fonemas
se nos hace muy normal.
Y bien: quienes no somos sordomudos, ¿no traducimos también
cuando creemos que simplemente hablamos? Traducimos impulsos, miedos,
intuiciones, matices en palabras y estructuras que copiamos del entorno. Si ese
entorno fuera silencioso, entonces deberíamos –como los sordos– armarlo de modo
artificial.
Cada sordomudo habla en solitario un ideolecto. Y se expresa
en otra cosa. Así también cada poeta.
lunes, 1 de junio de 2020
"Un objeto para ser compartido por la polis"
jueves, 2 de mayo de 2019
¿Borra esta decisión gramatical la condición de dominación? La respuesta es: no, para nada.
lunes, 8 de abril de 2019
"Sólo la RAE diseñó los contenidos"
miércoles, 5 de septiembre de 2018
"¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora?"
lunes, 6 de agosto de 2018
Rafael Spregelburd escribe sobre la desidia del actual gobierno para con la educación estatal
martes, 29 de mayo de 2018
Según dice Rafael Spregelburd: "Parece que nos hemos deshecho felizmente de nuestra historia. La hemos cambiado por entusiasmo y alharaca"
jueves, 19 de abril de 2018
"Ha llegado la hora aciaga de un cambio de estilo"
–Se lo regalaron...
miércoles, 18 de octubre de 2017
¡Marche una fainá para Spregelburd!
Me enamoré de Génova desde el avión. Y no nos une el fainá, sino el espanto.
lunes, 9 de octubre de 2017
Ay, la grandísima cultura
jueves, 10 de agosto de 2017
Rafael Spregelburd en el Teatro de la Ribera
viernes, 7 de julio de 2017
Imperativos negativos que matan, o no
Tal vez no la mató el lenguaje, sino el deporte extremo. U otra cosa.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
El antisemitismo polaco y el Doktoro Esperanto
![]() |
| Ludwig Zamenhof, |
Mala suerte la de haber nacido en Bialystok. La ciudad hoy polaca pasó por manos bielorrusas, soviéticas, prusianas, alemanas. No en vano fue allí –y no en otro sitio– donde la lengua y su estructura siempre política urdieron la trama cuidadosa del Doktoro Esperanto, “el doctor que está esperanzado”.
El consejero municipal Zieleniecki no negó la importancia de Zamenhof pero dijo que la ciudad declaró 2017 el “Año Joz” aniversario del nacimiento del padre de la independencia. Parte de la oposición polaca denunció la “emergencia del nacionalismo católico” y el “ambiente desfavorable en el seno del PiS a todo lo que no es étnicamente polaco”. Zamenhof era judío, como casi toda la ciudad antes del exterminio de las dos guerras.
Y nótese que ese partido conservador se llama PiS.
En fin; será el año esperantista en el resto del globo.
Y nadie es profeta allí en su tierra.
lunes, 27 de junio de 2016
Cultura en la Argentina: la irregularidad es un negocio formidable
Pero una revisión de mis contratos pendientes de pago me lleva a solicitar atención sobre el asunto. ¿Seguimos teniendo un Ministerio de Cultura o ésta ya ha quedado directamente en las manos no remuneradas de sus hacedores? Es simplemente para saber cómo proceder.
Los jurados de los Premios Nacionales no cobramos. Nos habían prometido veinte días y ya pasaron siete meses. Borraron también a nuestros interlocutores. Los trabajos en el CCK no se pagan. Marilú Marini arengó en medio de su fugaz función de Copi para que recuerden pagar a los artistas de esa sala. Está parado el Programa Sur para la traducción de autores nacionales y su publicación en otras lenguas, tal vez el programa más sistemático y rendidor de exportación de cultura. Las editoriales extranjeras esperan los subsidios prometidos con la tinta aún fresca en estos libros. ¿Quién dará la cara por ello en la Feria de Frankfurt? Los pasajes de Cancillería para que los artistas argentinos asistan a encuentros internacionales se han reducido de 1.250 a sólo 250 al año, y además este año están directamente cancelados. El Instituto Nacional de Antropología ya no recibió más dinero. Está parado. Acabo de estrenar una obra en el Tacec de La Plata y no se sabe con qué demora cobraremos.
















