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martes, 25 de mayo de 2021

"En otras cosas peores se podía ocupar el hombre"

Dos maneras de traducir, que son una

Hace muchos años, viendo que dos directores de revistas de poesía estaban celosos de un tercer director de una nueva revista que, a diferencia de las otras dos, recibía mucha atención tanto del público como de la prensa. Un
 editor amigo, consciente de la situación, se limitó a señalar que, en vez de criticarlo, los otros dos deberían estar contentos de que esa nueva revista de poesía se sumara a las anteriores, ya que el director en cuestión podría estar gastándose la plata con rubias platinadas y, sin embargo, la invertía para que más gente leyese poemas. La reflexión, sin duda fue excelente, y sigue siendo excelente que alguien piense así.

Hoy, accidentalmente, buscando materiales para este blog, el Administrador se topó con la siguiente frase: “Con todo esto, me parece que el traductor de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se ven con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada, ni el que copia un papel de otro papel: y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podía ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen”.

El editor era el muy porteño José Luis Mangieri (foto, 1924-2008), en diferentes épocas, director de La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme.

El autor de la frase del segundo párrafo es Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y la cita es de Don Quijote, II, cap. 62.

Sospechamos que, acaso, con varios siglos de diferencia, hablaban de lo mismo.

jueves, 11 de abril de 2019

Habla el actual director del Instituto Cervantes


El pasado 7 de abril, María Teresa Cárdenas M. firmó en la Revista de Libros del diario chileno El Mercurio, la siguiente entrevista con el poeta Luis García Montero, actual director del Instituto Cervantes. El hecho que sea él quien conduce esa institución es algo así como un soplo de aire fresco respecto de los directores del pasado, sin embargo, en el texto, señalados en rojo, hay algunos párrafos sobre los que, creemos, se equivoca y a los que el Administrador responde al final del artículo, proponiéndole amablemente a García Montero, una consideración más detallada.

"Las lenguas y los poderes no son inocentes

Estuvo en la reunión con la prensa; en la inauguración leyó su discurso antes del director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado, y del rey Felipe VI; habló de poesía con Joaquín Sabina; rindió homenajes; firmó acuerdos; presidió una mesa sobre el exilio; se le vio en primera fila en el público... El director del Instituto Cervantes –desde julio de 2018–, Luis García Montero (Granada, 1958), parecía estar en todas partes durante el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado entre el 27 y el 30 de marzo en Córdoba, Argentina. Con más de 20 poemarios publicados, así como ocho novelas y otros tantos ensayos, García Montero es, también, una de las voces más reconocidas de la generación española de los 80.

En el trayecto a pie desde el Teatro Real al del Libertador General San Martín, donde le correspondía presentar a la escritora cordobesa María Teresa Andruetto, antes de la clausura oficial, conversó con El Mercurio.

Literatura y lengua
–¿Qué valor le da a la presencia de escritores en este congreso?
–Creo que es fundamental. Somos la segunda lengua materna del mundo, después del chino mandarín, y la segunda en comunicación y cultura, después del inglés. El peligro está siempre en que la estandarización, la extensión de la comunicación, haga quebrar los vínculos con lo materno, con la intimidad de cada experiencia. Y yo creo que donde mejor se resuelve eso es en la literatura, que intenta alcanzar la expresividad más alta y más universal, pero vinculándolo siempre a la originalidad y a la experiencia de los seres humanos. Por eso me parece que la literatura siempre tiene que ocupar un lugar importante en estos congresos.

En el de Córdoba no faltaron las sospechas respecto de una supuesta hegemonía española. El argentino Jorge Fondebrider dijo, por ejemplo, que creería en la buena fe de la política panhispánica cuando el Instituto Cervantes estuviera dirigido por un latinoamericano. "Esta es una institución del Estado y en todos los países del mundo hace falta tener la nacionalidad del Estado para ocupar un cargo público –responde García Montero–. Por fortuna, contamos con la ayuda de mucha gente que tiene la doble nacionalidad. Y, por ejemplo, Juan Villoro, que es mexicano y español, sería un magnífico candidato para presidirlo, o para dirigir algunos de sus centros (1). En las normas del Instituto Cervantes se dice que debe defender y divulgar la cultura en español. El matiz es importante, porque nuestra tarea no es solo la cultura española, sino la cultura en español".

Y continúa: "Como todas las historias han sido de opresión y de violencia y, no nos engañemos, detrás de la palabra y la cultura hay mecanismos de poder, todo el mundo tiene razones para ser susceptible y sospechar. Tenemos que trabajar para que esas sospechas tengan la menor relación posible con la realidad. El Instituto Cervantes está decidido a participar en un proceso de iberoamericanización".

Y señala como ejemplo el SIELE, un sistema de acreditación de la lengua que han trabajado en conjunto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la U. de Buenos Aires (UBA) y la U. de Salamanca (2). Y el proyecto CANOA, para difundir la unidad cultural, "que hemos firmado acá con instituciones de México, Perú y Colombia, y al que queremos seguir agregando instituciones de otros países latinoamericanos", señala.

En varias mesas del congreso se discutió el uso de la palabra español. Algunos proponían decir castellano, o incluso hispanoamericano, aunque esto deja fuera a Guinea Ecuatorial y Filipinas, que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). García Montero reflexiona: "Yo viví como una torpeza tremenda que hace unos años se declarase al español marca España. Pero ¡qué disparate! Si nuestra lengua tiene 600 millones de hablantes y nosotros somos el 8 por ciento. Cuando uno critica eso, pues a veces en España te dicen que no quieres a tu país. La verdad es que yo quiero mucho a mi país, pero por eso mismo lo que quiero es dejarlo bien y que no haga el ridículo. ¿Qué sentido tiene querer apropiarse de un idioma del que uno solo forma parte? Lo que nos da la fuerza es esta comunidad que comparte memoria, que comparte idioma, y donde hay que estar en relaciones de igualdad".

Los congresos de la lengua española se realizan cada tres años y su organización está a cargo del Instituto Cervantes, la RAE y la Asale. "En la cuestión panhispánica, la Real Academia ha ido abriendo mucho camino –puntualiza–, y es heredera de todas las reflexiones sobre el idioma que ya desarrolló Andrés Bello. Son instituciones distintas, claro, porque las tareas del Instituto Cervantes son asegurar la enseñanza del español en países de lengua no española; acreditar y formar a los profesores; certificar el conocimiento del español de los alumnos. O sea, es una parte educativa que no tiene la Real Academia, como tampoco tiene la segunda cara del Instituto Cervantes, que es la diplomacia cultural, la defensa y extensión de la literatura y de la cultura, del arte en español. El Instituto Cervantes tiene 87 centros, repartidos en 44 países, y una plantilla que supera las 2.700 personas en el mundo. Y tiene relaciones muy estrechas con todas las embajadas de países latinoamericanos en todos los sitios donde estamos presentes".

–¿Hay diferencias entre ustedes a la hora de armar el programa de los congresos?
–Este es el primer congreso de la lengua en que yo soy el director. Hemos pretendido dejar clara la perspectiva panhispánica, llamar al respeto a las diferencias, a las singularidades; hacer un congreso paritario donde las mujeres participen en condiciones de igualdad con los hombres. Y hemos llegado a 50 por ciento de participación de las mujeres.

Sin embargo, no se incluyó ninguna mesa sobre lenguaje inclusivo o no sexista. "Cuando alguien plantea una mesa sobre periodismo –puntualiza–, y la encargada de hablar es Sol Gallego, que aparte de ser la directora de El País es una feminista histórica, o cuando alguien invita a Claudia Piñeiro a participar en una mesa sobre interculturalidad, siendo una de las escritoras más comprometidas con el mundo del feminismo, sabe que al hablar de periodismo, de interculturalidad, van a plantearse esos temas. A mí me parece que la irrupción del pensamiento feminista en todos los debates es más importante que provocar subgéneros" (3).

Una oferta de diálogo
Otro tema que despertó controversias fue el trato a las lenguas y pueblos originarios. "Las lenguas y los poderes no son inocentes –afirma García Montero–. Yo podría sacar pecho y decir 'bueno, cuando se produjeron los procesos de independencia solo hablaba español el 20 por ciento de la población'. Pero yo sé muy bien que eso no fue solo respeto inocente a la lengua del otro. Es que la conquista española tuvo un marcado carácter evangelizador; lo que quería la Iglesia era ganar almas para su dios y enseguida se dieron cuenta de que convencían más a los indígenas en su lengua materna que en un idioma extranjero. La imposición del idioma se extiende en los momentos en que las independencias hacen suyo el idioma español. Lo que quiero decir no es que los españoles sean peores o mejores; todas las civilizaciones son imposiciones de poder, y a partir de ahí tenemos que comprometernos con el presente y el futuro. Que una lengua sea oferta de diálogo y de conocimiento del otro. La democratización del presente me parece el mejor compromiso para que no haya sospechas ni hegemonías de ningún tipo".


Respuestas a lo afirmado por García Montero:
(   1)  No necesariamente en todos los países los directores de instituciones estatales tiene que ser de la misma nacionalidad que el Estado al que representan. Dos casos del pasado: Paul Groussac, un francés, que fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina, y Arnaldo Orfila Reynal, un argentino que fue director del Fondo de Cultura Económica de México, institución estatal mexicana. Hay más ejemplos, pero no es ésa la cuestión. En el caso de querer demostrar su vocación “panhispánica”, tal vez el Instituto Cervantes debería dejar de ser una institución del Estado español para pasar a ser una institución iberoamericana. Por último, lo de la doble nacionalidad no sirve: no propuse que el Cervantes tenga un director latinoamericano, sino que todos los centros del Cervantes alternen españoles y latinoamericanos en sus direcciones.


(   2) Con una serie de irregularidades (que incluyen el anunció de la firma del convenio de adopción del Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE) en el VII Congreso de la Lengua de Puerto Rico, antes de que fuera firmado por el Consejo Superior de la U.BA, así como la negativa a permitir la presencia de los creadores del CELU, el sistema de evaluación argentino) la U.B.A. entró en el consorcio formado por el Instituto Cervantes con la Universidad de Salamanca, la U.N.A.M y la U.B.A., además de Telefónica de España como recaudadora. A lo largo de más de un año desde este blog se ha repudiado ese convenio que le otorga valor universal al SIELE. La solicitada que así lo demuestra fue firmada por cientos de lingüistas, filólogos, lexicógrafos, escritores, traductores y otras personas cuyo campo de actividades gira alrededor de la lengua. Las adhesiones llegaron desde particulares a instituciones universitarias de diversos países del mundo, y se reprodujo todos los sábados de 2016 y 2017 a modo de protesta. Luego, el castellano empleado en los exámenes plantea apenas variaciones léxicas más bien ortopédicas como para dejar contentos a todos… siempre y cuando todos sean débiles mentales, claro. Toda la información puede leerse aquí: http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com/search/label/SIELE



(   3)  No estoy seguro de que poner feministas en diversas mesas no dedicadas a la lengua inclusiva dé como resultado una discusión clara y abierta sobre el tema. Que se haya incrementado el número de mujeres no es un mérito, sino una obligación. Queda pendiente la discusión del lenguaje inclusivo.

miércoles, 12 de julio de 2017

Algunas observaciones basadas en la experiencia y dos reflexiones antipáticas

1) Se traduce un texto difícil, se busca remedarlo de la mejor manera posible. Aparentemente, se logra. Todo el mundo dice que se lee bien, que no suena a traducido. Luego, alguien, en un diario o revista, habla sobre el estilo del autor en cuestión, como si no hubiese mediado nadie entre el original y el texto en castellano. El traductor fue borrado por completo. Su trabajo es del todo invisible. De hecho, su nombre ni siquiera está en la cubierta del libro.

2) El texto difícil viene precedido por un prólogo, especialmente encargado por el editor. El traductor, ahora devenido prologuista, encuentra una serie de datos que nunca antes habían sido difundidos. Son frutos de su propia investigación. Firma esos datos con su nombre, sin olvidar poner cuáles son las fuentes de las que los obtuvo. Luego, se hace la reseña del libro y ésta reproduce puntualmente todo lo que dice el prólogo, pero no menciona que esos datos fueron puestos al alcance de todos por el prologuista que, recuérdese, es el mismo traductor. A los que escriben la reseña no se les mueve un pelo. De hecho, buena parte de los lectores los considera "gente culta".

3) Se estrena un espectáculo en el cual el traductor ha trabajado durante muchos meses. El resultado es correcto, incluso digno, y para la mayoría de los espectadores, la única referencia posible de un original desconocido. Los críticos van a ver el espectáculo, elogian al director, elogian a los intérpretes. Hablan del texto como si éste hubiese sido escrito originalmente en castellano. Nadie menciona que la materia sobre la que ellos trabajaron es un texto traducido de un original en otro idioma. Mucho menos se menciona el nombre de quien tradujo.

Los traductores viven de su trabajo y la única herramienta con la que cuentan para seguir trabajando es el módico prestigio que puedan alcanzar gracias a su esfuerzo. Si los "críticos" –para llamar de algún modo a esa cáfila que comenta contratapas en los suplementos literarios– no se dan cuenta de que un texto traducido es el fruto del trabajo de alguien, tal vez valdría la pena hacer algo más para sensibilizarlos. Por caso, enseñarles a leer.  

Mientras tanto, hay colegas que padecen états d'âme y se rasgan las vestiduras discutiendo sobre la necesidad de la invisibilización del traductor. Es posible que vivan de otra cosa. O tal vez se casaron bien.    

jueves, 15 de diciembre de 2016

Mientras los lupines siguen pavonéandose

Trajinando no hace mucho una ruta patagónica, al Administrador de este blog se le ocurrió que entre las muchas, muchísimas fealdades que tienen que sufrir los traductores, está, pese a las disquisiciones filosóficas de algunos miembros del gremio, la invisibilidad. 

Ser visible, pensaba el Administrador mientras admiraba los lupines de la foto,  no es ni competir con el autor, ni arrogarse un derecho que no nos corresponde, ni dárselas de nada, sino existir a la hora de buscar trabajo. Porque así como la gente es perezosa y sólo recuerda lo más inmediato, los editores, que también son gente, no suelen detenerse a pensar un rato sobre quién podría hacer tal o cual traducción, sino que optan por lo primero que se les viene a la cabeza. Por eso, que el nombre de uno sea visible es una forma de resultar oportuno cuando se reclutan candidatos para tal o cual libro. 

No es lo único. Ciertos nombres han demostrado a lo largo del tiempo alguna probidad y, aunque no lo parezca, todavía existen lectores atentos a ese valor agregado que puede aportar el traductor. De ahí que ciertas traducciones, en el caso de las mejores editoriales, ostentan, junto con el nombre del autor, el del traductor.

Pero también están los catálogos, pensó el Administrador, a través de los cuales las editoriales anuncian sus bondades. Y si bien hay editores que tienen el cuidado de poner el nombre del traductor en la cubierta de los libros que editan y otros, en la portadilla o en la página de legales correspondientes, raramente la práctica llega a los catálogos. 

En consecuencia, con un sentido eminentemente práctico, se solicita a los lectores de este blog que hagan el pequeño esfuerzo de informarnos sobre qué editoriales no publican el nombre del traductor en el libro y sobre cuáles no lo ponen en sus catálogos. Suponemos que llamar la atención sobre estos detalles puede redundar en que la práctica cambie. También puede servir para dar cuenta de la antigüedad de ciertas traducciones presentadas como nuevas por editores poco escrupulosos, dispuestos a "fusilar" viejos textos con tal de no pagar lo que corresponde a quien alguna vez tradujo o evitarse el dinero de una nueva traducción.

Mientras los lupines siguen pavoneándose allá en la Patagonia, los lectores, entonces, tienen la palabra, 

martes, 19 de julio de 2016

¿A quién le sirve la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires?

El 1 de julio pasado, El Cultural, suplemento del diario El País, de Montevideo, publicó la siguiente nota del Administrador de este blog, donde se evalúa y considera la importación y justificación de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, comparándola con otras ferias del mundo y considerando el papel juegan las librerías porteñas respecto de ese evento anual.

Las razones de una feria

Se llama feria a toda instalación donde se exponen los productos de un solo ramo industrial o comercial para su promoción y venta, con el consiguiente beneficio para quienes administran y alquilan el espacio. Son mercados extraordinarios que pueden ser semanales, mensuales, semestrales y anuales. En esta última categoría están las llamadas Ferias del Libro, eventos casi siempre anuales que presentan la producción editorial de un país, ya sea en un sentido amplio como en uno temático. Esas presentaciones suelen ir acompañadas de actos de naturaleza cultural, término éste que queda sujeto a la interpretación del término "cultura" que tengan los organizadores. Así, existen las ferias del libro dedicadas a la compra y venta de derechos para publicar o traducir los libros. A esta última categoría corresponde la Feria del Libro de Frankfurt, acaso la más grande e importante del mundo. Allí se compran y se venden derechos, y abre al público sólo dos días. De naturaleza mixta es la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, abierta durante unos días sólo para los profesionales del libro, y otros para el público en general. Por último están las ferias que se ocupan sobre todo de mostrar y vender libros, todos los días. Es el caso de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), que acaba de concluir su 42ª edición, aunque quiere constituirse en un referente en cuanto a la compra y venta de derechos. A partir de ese deseo, se presenta a sí misma como el mayor evento de estas características en el mundo entero. Proclama que muchos uruguayos amantes de los libros compran, y viajan, a falta de un evento de escala similar en territorio oriental.

Un repaso de esta edición, puesta en el contexto mundial del libro, permite sacar algunas conclusiones.

LIBRERÍAS Y LECTORES.
No es sencillo encontrar datos oficiales o confiables sobre la cantidad de librerías que tiene cada país, que a su vez discriminen entre librerías en el sentido estricto y puntos de venta como supermercados, pero se pueden hacer estimaciones cruzando datos proporcionados por varias instituciones. La población de México, por ejemplo, alcanza los 119 millones. En todo el país hay unas 500 librerías, todas situadas en ciudades con más de un millón de habitantes. La población de Chile llega casi a 17.819.000. Se estima que hay 100 librerías, lo que implica una cada 178.190 personas. En Uruguay, según cifras oficiales (MEC), hay 170 librerías para una población total de 3.286.314, lo cual da una librería cada 19.331 habitantes.

En materia de ciudades, París, con 2.273.305 habitantes, tiene más puntos de venta de libros (el Atelier Parisien d'Urbanisme señala que en París, entre librerías, supermercados, kioscos de diarios y revistas y librerías-papelerías, hay 756), pero no necesariamente librerías en el sentido tradicional. Otro tanto puede decirse de Londres, donde, con 8.600.000 habitantes hay, según The Guardian, apenas 118 librerías independientes.

De acuerdo con el World Cities Culture Forum, Buenos Aires tiene 734 librerías, lo que significa una cada 3.937 habitantes. Hong Kong, con 1.540 librerías, tiene una cada 4.769 habitantes. En Madrid hay 497 librerías, una cada 6.342 habitantes.

Por lo tanto, si en Buenos Aires hay tantas librerías, cabe preguntarse qué sentido tiene hacer de su Feria del Libro una más para vender.

La importancia de las numerosas ferias del libro debe medirse por sus razones de ser y necesidades concretas. Con una librería cada 238.000 habitantes, las ferias del libro de México son, en muchos casos, la única oportunidad que tienen los mexicanos de comprar los libros que van a leer a lo largo de todo el año. De hecho, ferias como la de Guadalajara, el Palacio de Minería (en el D.F.) y el Zócalo (también en el D.F.), que reciben auténticas multitudes, se extienden a lo largo de casi diez días, lo que se juzga a veces excesivo, si, por ejemplo, se considera que las ferias de Londres (The London Book Fair) y París (Salon du Livre de Paris) duran tres y cuatro días. Otro tanto ocurre con la conflictiva Feria del Libro de Santiago de Chile —siempre al borde de la disolución por las peleas entre las beneficiadas multinacionales y los castigados editores independientes— que dura dieciocho días. La de Buenos Aires dura diecinueve.

¿Quién se beneficia con la existencia de la feria bonaerense? En primer lugar, la Fundación El Libro, que les alquila el espacio a los expositores. Luego, las multinacionales tienen ahí la oportunidad de exhibir todo lo malo de sus fondos (esos libros que no respetan a los lectores), buena parte de lo cual les es devuelto por los verdaderos libreros durante el resto del año. Y es probable que los beneficiarios terminen aquí porque, para una editorial mediana o chica, los onerosos precios de los stands significan un esfuerzo que, en el mejor de los casos —vale decir, vendiendo muy bien— no implica pérdidas, aunque casi nunca se traducirá en ganancias. Luego, para los lectores la FILBA ofrece muy poco ya que todo eso, y más, puede verse en las buenas librerías de la ciudad. Con la diferencia de que quienes los atienden no son personal administrativo o de depósito, sino verdaderos libreros, de esos que tienen mucho dato en la cabeza y no necesitan de computadoras para individualizar los libros de un autor. Luego, los descuentos en la Feria apenas se diferencian de los ofrecidos en las librerías.

A TODA CUMBIA.
Los organizadores se llenan la boca hablando de más de mil actos culturales por edición. A la hora de la verdad las únicas colas que se registran son para ver a las estrellas de la TV o, como ocurrió este año, para los subproductos como el libro #chupaelperro (Alfaguara) del youtuber chileno Germán Garmendia que, cobrando una entrada suplementaria, se constituyó en la estrella de la feria.

En cuanto a los escritores y participantes de los actos culturales, a diferencia de Guadalajara, donde se los atiende bien, quedan librados a su suerte. Nadie da la cara si, por ejemplo, hay una conferencia y, al lado, un curso de percusión que se superpone en el horario y no deja escuchar al conferencista. Sucedió, por ejemplo, cuando este año se presentó la biografía del escritor argentino Rodolfo Walsh, muy esperada por la comunidad literaria (Rodolfo Walsh. Periodista, escritor y revolucionario. 1927-1977, LOM, Santiago de Chile, 2015), con la presencia de su autor irlandés Michael McCaughan y el embajador de Irlanda Justin Harman. Desde un stand cercano se oyó cumbia a todo volumen, todo el tiempo. En síntesis, los mil actos culturales se parecen a esas propagandas de burlesque con cien chicas bonitas arriba del escenario: no importa si son realmente lindas, lo que importa es que son cien. Ese criterio acumulativo parece suficiente a la hora de juzgar la importancia cultural de la Feria y, claro, no lo es, porque se evita discutir por ejemplo lo poco que hay en edición en castellano sobre literatura de viajes, sobre historia de las mentalidades, edición de correspondencias de escritores, biografías rigurosas, libros de crónica que no se apoyen en realidades sociopolíticas, o nuevo periodismo no ajustado al chisme político o a la cumbia villera.

Tal vez sería hora de volver a pensar, en el caso de la FILBA, cuál es su sentido, para qué y a quién sirve. O sea, barajar y dar de nuevo.


jueves, 30 de junio de 2016

Delicias del panhispanismo

El Administrador está traduciendo un texto en el que aparece la frase “sucking sound”, referida al sonido que hace el musgo cuando uno camina sobre él. 

Piensa de inmediato en cómo definir ese sonido y, contento –porque además tiene sentido en el contexto de lo que está traduciendo– se dice “ruido a sopapa”.

Con todo, para no dejar una marca léxica demasiado argentina, decide comprobar en el diccionario si esa palabra funciona para todos los hablantes de la lengua. Pero la palabra no está.

Acude entonces a los diccionarios de Internet, empezando con el Word Reference. La palabra tampoco está. Sin embargo, hay una llamada que lleva a uno de los foros de Word Reference. Allí se encuentra con que otro argentino, que, para más datos, señala vivir en Israel escribe el siguiente párrafo, solicitando ayuda:

“Por ciertos motivos que no vienen al caso, quise buscar la palabra ‘sopapa’ en el DRAE, y ¡cuál fue mi sorpresa al descubrir que la palabra no existe! :eek: ¿Cuál es la palabra "legítima" para llamar a la sopapa? (O cómo llaman ustedes a ese coso para destapar las cañerías...).”

Un tal Namarne, que vive en Cataluña, responde:

“Si te refieres a esto, aquí se llama desatascador. (Quizá haya otras denominaciones, según países, regiones...).  (Je, pues acabo de mirar en el DRAE y no aparece ‘desatascador’. Qué cosas.)”

Por su parte, Tamakun, que dice ser español, suma este testimonio:

“A eso en mi país lo llamamos destupidor. A veces se le dice la bomba de destupir.  Con afecto.”

Si bien no queda claro si el afecto de Tamakun es para el  argentino o para la bomba de destupir, Rosangeles, de Venezuela, intervienete diciendo:

“La conozco como bomba destapadora o chupón.”

Toño Torreón, de México, añade:

“Acá es un destapador de cañerías. También he oído que le dicen pompa (de pump) o amigo (amigo del plomero, porque siempre está con él)”.

Por increíble que parezca, de ahí en más todos empiezan a discutir la etimología de “sopapa” y le asignan un origen en “sopapo”, palabra que a su vez empieza a ser analizada a la luz del tipo de golpe que es, con resultados distintos para cada país.

Al cabo de media hora de este tipo de lectura edificante, el Administrador se dirige ya vencido a Wikipedia. Allí lee que “se denomina sopapa, desatascador, destupidor, sopapo, chupón, destapacaños, chuclete o ventosa a un utensilio utilizado para desobstruir cañerías a través de un sistema de presión generado por fuerza manual aplicada sobre un mango de madera unido en su parte inferior a una goma”.

La definición cumple, probablemente, con las pretensiones panhispánicas de los sabios del DRAE, pero, a la hora de traducir, el Administrador sabe que no puede poner que, al caminar sobre el musgo, el personaje del texto que traduce hace un “ruido a destupidor” o un “ruido a chuclete”.

Luego, piensa en los pobres traductores de Julio Cortázar que alguna vez se tuvieron que enfrentar con el "blando sonido de tapioca".

Melancólico, entonces, después de haber pasado más de una hora reflexionando sobre estas cosas sin traducir las dos palabras que le habrían permitido avanzar con las otras doscientas cincuenta mil que le quedan por delante, decide que la jornada de trabajo ha concluido. 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Aquí se puede ver el comentario del papelón de la U.B.A con el SIELE. por la Tevé Pública

En la noche del sábado 14 de mayo pasado, se emitió por la Tevé Pública una nueva edición del programa Los Siete Locos, que hace 29 años conduce Cristina Mucci. Los invitados fueron Ezequiel Martínez, flamante director de cultura de la Biblioteca Nacional, la novelista y editora Paula Pérez Alonso y el Administrador de este blog.

El programa completo puede verse siguiendo este link: 
http://www.tvpublica.com.ar/articulo/los-libros-y-la-lengua/

Una vez que comienza el primer video, en el extremo superior izquierdo hay una indicación 1/5, referida a los distintos bloques. Luego de hacer clic sobre ésta, los bloques se despliegan. La entrevista está en el número 3.

En ese tercer bloque, se habló fundamentalmente de la adhesión al SIELE por parte de la U.B.A. y de la solicitada publicada en este blog, firmada por un gran número de escritores, traductores, editores, correctores, investigadores y docentes en general. Entre otras cosas, como puede verse, se comentó el abrumador silencio por parte de las autoridades de la U.B.A. --excepción hecha al veterinario que se ocupa de las Relaciones Internacionales--, quienes no sólo no se manifestaron, sino que tampoco explicaron las razones por las que decidieron participar en el acuerdo con el Instituto Cervantes y Telefónica de España.  

martes, 17 de mayo de 2016

Telefónica acompaña, financia y recauda, mientras la UBA se baja los lienzos

Lo que sigue es la columna de opinión que acompañó a la nota de Silvina Friera, publicada en el diario Página 12 del 15 de mayo pasado. La firma corresponde al Administrador de este blog.


Espejitos de colores

Hace ya algunos años, el gobierno español asoció la “Marca España” –política de Estado, cuyo objetivo es mejorar la imagen del país, tanto en el interior como en el exterior, a lo que, no sin cierta falta de elegancia, llaman “español” (como si lo que hablan vascos, catalanes, gallegos y andaluces no fueran lenguas españolas). Esa asociación vino acompañada de una serie de acciones que dejan bien en claro quién quiere mandar en esa lengua –a la que, para abreviar, llamaremos “castellano”–, hablada por 400 millones de personas, de las cuales sólo 46 millones son españoles. Así, la Real Academia Española, el Instituto Cervantes y la Fundéu BBVA (“fundación para el español urgente”, cuyos esfuerzos, financiados por un banco español, se dirigen a corregir los “errores” de los periodistas latinoamericanos) han sido hasta ahora las principales caras visibles de esta arremetida que tiene al menos dos vertientes. Una es política: el avance de la hegemonía española sobre la soberanía lingüística de los países latinoamericanos. La otra, comercial: sistemas de aprendizaje y evaluación de la lengua vendidos a través del Instituto Cervantes y diccionarios y gramáticas impuestos por la Real Academia Española. Otro tipo de instituciones ibéricas “acompañan”, financian y recaudan. Tal es el caso de Telefónica y, en los últimos años, la Editorial Planeta. A estas fealdades se ha opuesto sistemáticamente la Argentina, que, hace ya más de una década, con la participación de la UBA entre otras universidades nacionales, produjo su propio método de evaluación del castellano. Unas semanas atrás, los especialistas de planificación y políticas lingüísticas de esa casa de estudios se enteraron de que su universidad, la mayor de la Argentina, firmó un acuerdo con el Instituto Cervantes, la Universidad de Salamanca y la UNAM de México para privilegiar el sistema de evaluación español, dejando así de ser un obstáculo para los objetivos peninsulares. Todo esto se aprobó con el acuerdo de médicos, ingenieros, veterinarios, farmacéuticos y odontólogos, y el voto en contra de los representantes de las Facultades de Filosofía y Letras (especializada en la temática en cuestión), Exactas y Naturales, y Sociales en una sesión del Consejo Superior de la UBA, realizada en el Rectorado el 30 de marzo pasado, a la que ni siquiera se permitió el ingreso –no ya la consulta–, de los especialistas. De todos modos, el anuncio de la firma tuvo lugar en el VII Congreso Internacional de la Lengua, que se desarrolló en Puerto Rico entre el 15 y el 17 de marzo, días antes de que se aprobara en la UBA. Todo esto abre las puertas a un sinnúmero de opciones: por ejemplo, los filólogos y latinistas podrían crear un nuevo protocolo para los tratamientos de conducto; los lingüistas, en cambio, podrían intervenir en las decisiones sobre la inseminación artificial de vaquillonas, y así sucesivamente, mientras las instituciones españolas –severamente criticadas en origen por los propios españoles– nos siguen vendiendo espejitos de colores y avanzando sobre nuestros intereses y soberanía.

sábado, 10 de octubre de 2015

Para que reflexionen los amigos del CTPCBA

Según un reciente comunicado del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires (CTPCBA), su Consejo Directivo “ha tomado conocimiento de que durante el mes de septiembre del corriente año se presentó un proyecto de ley titulado DERECHOS DE LOS TRADUCTORES Y FOMENTO DE LA TRADUCCIÓN e impulsado por cinco legisladores, en cuya elaboración han participado algunas personas que se dedican a la traducción”.

Plantear las cosas así es de una absoluta mala fe ya que esas “personas que se dedican a la traducción” han traducido, por caso, la totalidad de la obra de Shakespeare, u obras de Walt Whitman, James Joyce, Scott Fitzgerald, Walter Benjamin, Theodor Adorno, etc. Algunas de ellas se formaron en instituciones dedicadas a la enseñanza de la  traducción; otras, en la práctica activa; y unas y otras se dedican a la enseñanza en instituciones del país y del exterior. Dicho de otro modo, o el CTPCBA se informó mal o está informando deliberadamente mal porque, aquí y en la China, “los que se dedican a la traducción” se llaman traductores.

Llama la atención que las autoridades de una institución que se aboca fundamentalmente a la traducción legal y pública se sienta molesta porque los traductores que se dedican a las letras, a la filosofía y a las ciencias sociales pretendan una ley que los ampare y defienda.

Y no deja de sorprender que una institución que, tal vez porque no da plata, sólo de manera cosmética recurre a la traducción literaria para mostrarse sexy ponga el grito en el cielo cuando los traductores literarios buscan un instrumento para reglamentar la profesión y defenderse de los excesos del mundo editorial. Cuanto más cuando el CTBCBA organiza congresos donde, por ejemplo, se analiza la labor de Jorge Luis Borges como traductor. 

Borges, como Victoria Ocampo, José Bianco, J. R. Wilcock, León Mirlas, Horacio Armani, Jaime Rest, Estela y Patricio Canto, José Aricó, Enrique Pezzoni y tantos otros traductores anónimos, jamás tuvieron diploma alguno que acreditara su condición de egresados de una escuela de traducción y sin embargo, se cuentan entre los mejores que dio la Argentina a la lengua castellana. Y para las estadísticas, ninguno de ellos fue parte del CTPCBA.  

Ese sólo argumento ya serviría para echar por tierra las pretensiones de una institución que se arroga un derecho que no le corresponde, intentando decidir quién es traductor en la Argentina y quién, por ausencia de títulos y colegiaturas, no lo es.

Según entiendo, hay un error de base: la traducción pública es un tipo de traducción y acaso requiera un estudio específico y una posterior colegiatura para su ejercicio. Ningún traductor literario se va a oponer a eso. Pero todo indica que las autoridades del CTPCBA, por el mero trámite de no querer nombrar como traductores a quienes ejercen la  traducción literaria sin poseer “título habilitante” se otorgan un derecho que no les corresponde. Dicho de otro modo, es algo así como pretender tapar el sol con la mano.

Seamos claros: la traducción literaria es otro tipo de traducción distinta de la legal. Así como la traducción científica y técnica, la de medios audiovisuales o la interpretación requieren saberes específicos no contemplados en la formación de los traductores públicos, la traducción literaria adquiere los suyos según su propia agenda.. Y aquí no se dice que una especie es mejor que otra, sino que cada una está sujeta a circunstancias propias y, por lo tanto exige distintos tipos de saberes. No todos se obtienen en una academia ni en un curso arancelado.

La única respuesta posible habrá que buscarla quizás en otro lado. ¿Una extraña idea de lo que es la democracia? ¿Cierta voluntad de poder? ¿El temor a perder prebendas? ¿Una disminución en la asistencia de las actividades pagas? ¿Algún otro negocio en ciernes?  Habrá que estar atentos.

Tal vez sea más lógico leer con detenimiento el proyecto de ley y decidir si se ajusta a nuestras necesidades o no. Nadie pretende que les guste a los muy respetables traductores de contratos, partidas de nacimiento y pasaportes quienes, por cierto, ganan mucho más dinero con diez páginas de un código que nosotros traduciendo a Homero, Virgilio, Dante y Flaubert. Acaso esta ley no les sirva a nuestros colegas, pero seguramente sí nos sirve a los traductores de libros.

El Administrador

martes, 23 de septiembre de 2014

Una sugerencia para los que hacen listas de blogs

Hace unos días, alguien me hizo llegar un listado español de blogs dedicados a la traducción. Allí, luego del nombre del blog, de su dirección en la web, del nombre del responsable o administrador, de la mención en twitter (cuando ésta existe), hay un ítem que, bajo la rúbrica, “cómo lo definirías” agrega cosas del tipo: “Blog sobre traducción audiovisual y cualquier cosa que se le ocurra a su autor. Siempre, siempre con un toque de humor”, o “Blog de traducción al gallego de poesía de dominio público”, o “Blog personal / profesional de una traductora metida a empresaria: traducción, empresa, toques de arte y compromiso social por los DDHH”, para citar unos pocos de los 105 blogs que se citan. En ningún caso parece necesario mencionar la procedencia de esos blogs, salvo en el del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, donde se lee la siguiente módica descripción: “Cuestiones de traducción literaria desde la perspectiva argentina”. Vale decir, en su rusticidad –acaso también un rasgo de procedencia–, estos colegas entienden que, en cuestiones de traducción, hay una “perspectiva argentina”, que merece mención, y que probablemente sea distinta de la “perspectiva española”, la cual, como en el caso de las definiciones de voces españolas del Diccionario de la R.A.E., se considera “la” perspectiva, reservándose la mención de “americanismo” a todo lo que no tenga el salero necesario y el sello de la marca-españa.

Decir que detrás de esa reducción tan pobre se esconde una manera de percibir el mundo, según la cual se adivina la creencia de que la norma está en la Península y que el resto –los trescientos cincuenta y tantos millones de hablantes de castellano de Latinoamérica– somos una mera comparsa dispuesta a acatar los grotescos dictámenes de la R.A.E,,  es decir poco. Por supuesto que no todos los españoles piensan así y afortunadamente hay quien entiende; por ejemplo, que al traducir uno tiene una responsabilidad para con los lectores de allende los mares, porque los libros viajan más allá de las propias parroquias, y para con los escritores, porque lo que estos escriben debe ser legible en todas partes sin sobresaltos inexistentes en el original.

Lo penoso, sin embargo, es que a muchos españoles ni siquiera se les ocurre pensar que ni siquiera España tiene una norma uniforme; que, por caso, lo que se habla y escribe en Andalucía (la cuna de la mejor poesía y de la más alta cultura de España) no debe ser motivo ni de burla, ni de escarnio; que, lejos de ser la medida de todas las cosas, y por supuesto también de la lengua, los españoles que hablan la variante castiza son apenas unos más, en pie de igualdad, en la gigantesca marea de la lengua y que por más telefónicas, bancos santader y bbva que tengan –y que en buena medida son responsables de su actual crisis– huelen tan bien (o tan mal) como cualquier otro hablante del castellano y van a ser comidos por los mismos gusanos (siempre y cuando los gusanos toleren el gusto de la butifarra). Entonces, desde una “perspectiva argentina” resulta oportuno decirles que las listas definidas y discriminadas se las pueden ir metiendo en el culo.


(La información consignada más arriba puede corroborarse en https://docs.google.com/spreadsheet/lv?key=0ApBTZvp3lBKEdGQyakpVOG85eEd0U09hRFdTaFhlSXc&usp=sharing&pli=1)

viernes, 14 de marzo de 2014

Para terminar una semana con Madame Bovary

En una encuesta realizada por la revista Time hace unos años, Madame Bovary fue considera la segunda novela más importante de la historia, sólo superada por el Quijote. Ésa podría ser una de las razones que explicarín el increíble número de versiones de la obra existentes en el mundo entero.

Con motivo de la realización de un trabajo de investigación, el Administrador de este blog pide entonces a sus lectores que lo ayuden a verificar y a completar la lista de traducciones de Madame Bovary que se ofrece a continuación. 

Éstas se indican, por lengua (en el caso del castellano se discrimina el origen), por orden de publicación y por número de ediciones (apuntándose solamente el nombre de la casa editorial responsable de la primera edición) de todas las versiones disponibles de la obra en castellano, inglés, italiano, alemán, noruego y danés, ruso, chino y japonés.

Además, en el caso de los lectores de origen brasileño o portugués, se les solicita enfáticamente el envío de información que posean sobre traductores de la obra y ediciones, con editorial y fecha, en sus respectivos países.

En todos los casos, se pide que las informaciones lleguen a esta entrada bajo la forma de comentarios. 

Desde ya, muchas gracias.

Versiones de Madame Bovary

9 versiones argentinas:
Sin mención de traductor, Buenos Aires, Bruguera, 1924. (Retomada por Madame Bovary Buenos Aires, Renovación, y por La Plata, Calomino, 1944; J. A. Gigena, Buenos Aires, Sopena Argentina, 1940; Juan Paredes, Buenos Aires, W. M. Jackson, 1943 (Reeditada por Selectasm 1963); Augusto Díaz Carvajal, Buenos Aires, Losada, 1947 (Retomada por C.E.A.L. 1969, 1979 y 1999, y por Página 12, 2005). Sigue muy de cerca la trad de Paredes de 1943; María Angélica Bosco, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1965; Sergio Albano, Buenos Aires, Gradifco, [s.d.]; Marian Rodríguez Felder y Elsa Fólder, Buenos Aires, Imaginador, 1999; Sin mención de traductor, Buenos Aires, Longseller, 2002; Patricia Willson y Bernardo Capdevielle, Buenos Aires, Colihue, 2008; Graciela Isnardi, Buenos Aires, El Hilo de Ariadna/MALBA, 2013.

1 versión colombiana:
Nicolás Suescún, Bogotá, Norma, 1993.

1 versión chilena:
Juan Ruiz Vila, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1993, 2000

42 versiones españolas:
Amancio Peratoner. ¡Adúltera! [=Madame Bovary],  traducida “libremente al castellano”, Barcelona: José Miret, 1875; Tomás de C. Durán. La señora Bovary,  Barcelona, Mancis, 1900; Miguel-Ángel Orts-Ramos. Barcelona: Alejandro Martínez, Barcelona; Tomás de M. Graells. Barcelona : Maucci, 1903; José Pablo Rivas. Madrid: Prensa Moderna, 1920, 1924; Pedro Vances. Madrid: Espasa Calpe, 1923, 1971, 1978, 1981, 1999; J. A. Gigena. Barcelona: Sopena, 1940, 1967, 1975; Joan Sales. Barcelona: Vergara/Círculo de Lectores, 1963, 1965, 1966, 1982, 1986, 1991, 1992, 1995, 1999, 2000, 2002, 2003, 2004, 2010; José Mª. Claramunda. Barcelona: Zeus, 1963, 1964; Carmen J. Ortinez. Barcelona: Delos-Aymá (Delos, nº 9), 1964; Miguel Torello, Barcelona, Editorial Ferma, 1964; Juan Rius Vila. Barcelona: Plaza & Janés, 1965, 1972, 1977, 1979, 1980, 1982, 2000; Ramón Ledesma Miranda. Madrid: Edaf, 1965, 1969, 1980, 1984, 1985, 1996, 2000, 2004, 2010; Julio C. Acerete. Barcelona, Bruguera, 1967, 1970, 1971, 1973, 1975, 1976, 1979; Mª. Dolores Gutiérrez Arroyo. Barcelona: Credsa, 1968, 1972, 1975; Salvador Clotas. Barcelona: Labor, 1970; J. Ribera. Barcelona: Producciones editoriales, 1971; Claudio Gancho. Bilbao: Moretón (Clásicos Asuri), 1973, 1981, 1982, 1983;  Juan Alarcón Benito (adaptador). Madrid: Alonsos, 1975; Consuelo Berges. Madrid: Alianza, 1975, 1976 1979, 1980, 1981, 1992, 1995, 1999, 2006; Juan Paredes. Barcelona: Océano, 1981, 1982, 1996; Carmen Martín Gaité. Barcelona: Orbis, 1982, 1983, 1986, 1987, 1988, 1993, 1994, 1997, 1999, 2005; Javier de Prado, Madrid: Sociedad General Española de Librería, 1982; Luisa Salomone. Barcelona: Alba, 1984, 1996, 1998; 2005; Germán Palacios Rico. Madrid: Cátedra, 1986, 1996, 2008; Juan Bravo Castillo.[1] Madrid: Espasa Calpe, 1993, 1998, 2000, 2001, 2002, 2007, 2010; Jorge Carrier Vélez. Barcelona: Edicomunicación, 1993, 1994, 1998, 1999, 2013; Mª. Isabel Barreno. Madrid: Saepa, 1994; Agustín Izquierdo. Barcelona: Óptima, 1997; Beatriz Vitar. Madrid: Edimat, 2001; José Cubero. Madrid: Algete, 2002; Luis Blanco Vila. Madrid: Torres de Goyanes (Biblioteca Leyes y letras, nº 27), 2003; Concepción Compte Masía. Madrid : Alba Libros, 2005; Ramón Sopena. Madrid: Edimat, 2005; Pilar Ruiz Ortega. Madrid: Akal, 2007; Marguerite Cleenwerck,. Madrid: Aldevara, 2009; Marie Mersoye. Barcelona: Plutón Ediciones, 2010; María Teresa Gallego Urrutia, Madrid, Alba, 2012; Mauro Armiño, Madrid, Siruela, 2014. Existen además las siguientes versiones, cuyos datos de traductor y publicación no están completos: Madame Bovary. Costumbres de provincia, Imprenta Popular, Madrid, s. d.; La mujer adúltera. Adaptación de la famosa novela de La Señora Bovary, Cooper, Barcelone, s. d.; La señora Bovary: Costumbres provincianas, Viuda de Luis Tasso, Barcelone, s. d., y Carmen Martínez Peña. Palencia: Simancas Ediciones, sin fecha de publicación.

2 versiones mexicanas:
José Arenas y Leonor Tejada, México D.F., Editorial Porrúa, 1981; Roberto Mares, México D.F., Grupo Editorial Tomo S.A. de C.V., 2011.

15 versiones en inglés (Gran Bretaña y Estados Unidos): 
Eleanor Marx-Aveling, Vizetelly & Co., Londres: 1886; y con una introducción de George Saintsbury. Londres: Dent; New York : E. P. Dutton, 1925, 1928, 1930, 1932, 1934, 1936, y Camden Publishing Co. y Nonesuch Press, 1941, 1952; y con un postfacio de Peter Harness, Londres: CRW Publishing, 2003; además, con una introducción de André Maurois e ilustrada con acuarelas de Gunter Böhmer. Zurich: Fretz Brothers for the members of the Limited Editions Club [New York], 1938; W. Blaydes, con un prólogo de Henry James, Londres: Heron, 1902; y P. F. Collier & Son, 1902; Henry Blanchamp, Londres: Greening, 1905, 1910, 1929; J. Lewis May, ilustrada por  John Austen. Londres : J. Lane ; Londres: Bodley Head ; New York: Dodd, Mead, 1928, y con una introducción de Jacques de Lacretelle ; ilustraciones de  Pierre Brissaud  grabadas en madera por Théo Schmied. New York : Heritage Press; Londres: Nonesuch Press, 1950; Gerard Hopkins,  con una introducción de Anita Brookner. Oxford: Oxford University Press, 1948 1959, 1999, 2000. Londres : D. Campbell, 1993, c1957. y con una introducción de Terence Cavey y notas de Mark Overstall. Oxford: Oxford University Press, 1981; Joan Charles, con ilustraciones de Ben Stahl, New York: Nelson Doubleday Inc., e International Collectors Library, y Holt, Rinehart, & Winston, 1949; y Philadelphia: J. C. Winston Co. 1949; Alan K. Russell, Harmondsworth: Penguin, 1950; y New York: Greenwich House, 1982, 1983, 1988; Paul de Man,  New York / Londres: W. W. Norton, 1951, 1965; Mildred Marmur, New York, New American Library, 1956, 1964, 2001; Francis Steegmuller, New York: Random House for the Book of the Month Club, 1957, 1981; Lowell Blair: con una introducción de Leo Bersani. Toronto / Londres: Bantam, 1959, 1982, 1987; Geoffrey Wall, prefacio de Michèle Roberts. Harmondsworth: Penguin, 1992, 1999, 2003, 2006; Margaret Mauldon, con una introducción de Malcolm Bowie y notas de Mark Overstall. Oxford: Oxford University Press, 2004; Lydia Davis, New York: Viking, 2010, y Londres: Penguin, 2010; Adam Thorpe, Londres: Vintage, 2011.

31 versiones italianas: 
Oreste Cenacchi, Treves 1881; Valerio Bandini, Modernissima, 1923; Ferdinando Bideri, Bideri, 1924; Decio Cinti, Sonzogno, 1926; Nina Zanghieri, Bietti, 1932; Bruno Ohmet, Società Editrice Lombarda, 1933; Gerolamo Lazzeri, Barion, 1934; Diego Valeri, Mondadori, 1936; Giuliano Belforte, Tirrena, 1946; Libero Bigiaretti, Einaudi, 1949; Giuseppe Achilli, Rizzoli, 1949; Hedy Revel, Utet; 1955; Domenico Campana, Rusconi, 1964; Oreste del Buono, Garzanti, 1965; Ottavio Cecchi, Editori Riuniti, 1966; Giovanni Battista Angioletti, Sansoni, 1967; Virginio Enrico, Casini, 1969; Bruno Oddera, Fabbri, 1973; Annita Biasi Conte, Ferni, 1974; Natalia Ginzburg, Einaudi; Gabriella Mezzanotte, Bignami1993; Roberto Carifi, Feltrinelli, 1994; Alessandro Castellari e Maria Teresa Cassini, Principato, 1994; Virginio Enrico, Di Giorgio, 1995; Isabella Ruggi, Guaraldi, 1995, Gabriella Pesca Collina, Demetra, 1995; Margherita Giacobino, Frassinelli, 1996; Marina Premoli, Opportunity Book, 1996; Gabriella Pesca Collina, Giunti, 1996, Maria Luisa Spaziani, Mondadori, 1997; Sandra Teroni, L'Espresso, 2004; Lella Ricci, Baldini Castoldi Dalai, 2009.

30 versiones en alemán (Alemania, Austria y Suiza): 
Dr. Legné, Pest, Wien und Leipzig: Hartlebens Verlags-Expedition, 1858; Josef Ettlinger, Dresden/Leipzig 1892; C. Feustel, Halle 1896; René Schickele, Minden in Westfalen 1907; Walter Heichen, Berlin 1911; Arthur Schurig, Leipzig 1911/12 + 1919; Hedda Eulenberg, Leipzig 1914; Margarete Miltschinsky, Leipzig 1923; Ella Bacharach-Friedmann, Berlin 1924; Wilhelm Cremer, Berlin 1924; Ernst Sander, Berlin 1924; A. Winterstein, Berlin um 1925; Karl Pfannkuch, Berlin 1925; Walter Heichen, Berlin 1928; Alfred Wolfenstein, Zürich 1939; Georg Carl Lehmann, Berlin 1948; Hans W. Hoff, Wien/Frankfurt am Main 1951; Hans Reisiger, Reinbek 1952; Gertrud Dahlmann-Stolzenbach, München 1952; Albert von Jantsch-Streerbach, Wien 1957; Walter Widmer, Hamburg 1959; Oswald Richter-Tersik, Berlin 1960; Ingrid Kollpacher, Wien 1965; Manfred Naumann, 1969; Wolfgang Techtmeier, Berlin 1970; Ilse Perker y Ernst Sander, Stuttgart 1972; René Schickele e Irene Riesen, Zürich 1979; Maria Dessauer, Frankfurt 1996 + 2007; Cornelia Hasting y Caroline Vollmann, Zürich 2001; Elisabeth Edl, Hanser, München 2012 y Wissenschaftliche Buchgesellschaft.

5 versiones noruegas y danesas : 
Johanne Vogt Lie, con una introducción de Carl Nærup, Kristiania, Cammermeyer, 1898; N. J. Berendsen (al danés), København, John Martin, 1909; Peter Rokseth, Oslo, Gyldendal, 1930: Peter Rokseth, con introducción de Anne-Lisa Amadou, Oslo: Gyldendal, 1973; Birger Huse, con postfacio de Juliette Frølich, Oslo, Aschehoug, 2001.

8 versiones rusas: 
Traductor desconocido, San Petersburgo: Imprimerie de L’état-major du corps détaché de la sécurité intérieure, 1858 ; Traductor desconocido, San Petersburgo: Imprimerie de E. Gartier, 1881; L. G. : San Petersburgo: Imprimerie de Alexandre Souvorine, 1895; Alexandra Tchebotarevskaya, Saint-Pétersbourg: Chipovnik, 1913, 1919, 1926, 2004; A. Gornfeld,  Moscú : « Polza », Vol. Antique et Compagnie, 1914, 1917; I. Zousmanovitche, Moscú: Éd. « Ogoniok », 1929 ; A. Morgoulis. Prefacio de I. Anisimov,  Moscú: Éd. « Ogoniok », 1930 ; Alexandre Romm, edición presentada y anotada por Marc Eikhengoltz y Boris Reizov. T. 1., Moscú: Édition des Belles-Lettres, 1933, 1935, 1936, 1944, 1947, 1952, 1956, 1990, 1999, 2000, 2002, 2004 ; Nikolaî Lubimov. Prefacio de Alexandre Ivachtchenko, ilustraciones de V. Milachevski, Moscú: Édition des Belles-Lettres, 1958, 1971, 1977, 1979, 1980, 1981, 1983, 1984, 1985, 1986, 1988, 1989, 1990, 1992, 1993, 1994, 2003, 2004, 2005, 2006.

27 versiones chinas: 
Li Jieren, diversas editoriales, 1925, 1928, 1933, 1944; Li Qingya, 1928, Li Jianwu, diversas editoriales, 1944, 1948, 1950, 1953, 1958, 1959, 1978-79, 1992, 1999, 2000 y 2003; Tan Yude, 1988; Zhang Daozhen, 1989 y 1990; Luo Guolin, 1991, 1993, 2000 y 2005; Xu Yuanchong, 1992 y 1994 ; Feng Shounong, 1992 y 2002; Guan Xiaoming, 1995, Jiang Siyu, 1995; Song Weizhou, 1996; Feng Shounong, 1997 y 2002; He Youqi, 1997; Zhou Kexi, 1998, 2002 y 2005; Zhang Fang, 1998; Tang Jing, 1998; Gao Deli, 1998; Xu Yuanchong, 1999 y 2002; Zhu Wenjun, 1999;  Qian Zhi’an , 2002; Qui Dan, 2000; Wu Weiye, 2000; Sun Wenzheng, 2002; Yang Chunhua, 2003; Zhang Meng, 2003; Xia Xiying, 2004; Zhou Guoqiang y Yang Fen, 2004.

16 versiones japonesas: 
Takéhiko Ibuki, Tokyo: Kaïzôsha, 1935, 1939, 1947, 1949, 1950, 1951, 1953, 1954, 1960, 1961, 1962, 1965, 1966, 1969, 1975, 1980; Jitsugyono Nihonsha, Tokyo:1948; Séiko Nakamura, Tokyo: Taisen Shoten, 1947, 1949; Takéhiko Nasu, Tokyo: New Topic Sha, 1948; Kikuichiro Murakami, Tokyo: Shisakusha, 1949, 1950, 1956, 1958, 1964, 1966; Kôkichi Kaji, Tokyo: Sékaïhyoronsha, coll. " Sékaï Shinsen Bunko", 1949; Reikichi Asashima, Aoyama Shoïn, coll. "Tôzai Mondai Shôsetsu Bunko", 1951; Kôzô Yodono, Mikasa Shobô, 1952, 1953, 1954; Toshiomi Yamaguchi, Tokyo: Mikasa Shobô, coll. "Mikasa Bunko", 1953; Rhôichi Ikushima, Tokyo: Shinchôsha, 1958, 1961, 1965, 1969, 1972, 1978, 1997; Toshio Sugi, Tokyo, Chikuma Shobô, 1962, 1966, 1971, 1977; Jaku Yamada, Toky:, Chûôkôronsha, 1965, 1994; Kôji Shirai, Tokyo: Ôbonsha, coll. "Ôbonsha Bunko", Mitsuo Nakamura, Tokyo: Kôdansha, coll. "Kôdansha Bunko", 1974; Akimasa Kanno, Tokyo: Shûeisha, 1976, 1979, 1990; Kôzô Kawamori, Tokyo: Sékaï Bunkasha, 1978, 1997. 




[1] Juan Bravo Castillo, en "Madame Bovary et ses versions à l'espagnol” (un artículo que puede leerse en La traducción: metodología, historia, literatura : ámbito hispanofrancés : [Actas del III Coloquio de la Asociación de Profesores de Francés de la Universidad Española (APFFUE) / coord. por Francisco Lafarga Maduell, Albert Ribas, Mercedes Tricás Preckler, 1995), estudia y critica duramente varias de las traducciones españolas que preceden a la suya.