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lunes, 13 de abril de 2020

Virus y libros (1)

Omar Genovese publicó el siguiente artículo en el suplemento de cultura del diario Perfil, del domingo 22 de marzo. En su bajada, se lee: “El confinamiento afecta a todos los sectores, incluso los más impensados. Es atinente preguntarse en qué condiciones se encuentra la industria del libro en la argentina para anticipar si podrá sobrevivir a semejante prueba”.

El libro en tiempos de coronavirus

El libro en riesgo o el libro en crisis.
Crisis y riesgo son dos palabras grabadas a fuego en la cultura argentina de los últimos 20 años. En esta situación de posible confinamiento por cuarentena, la especulación respecto al tiempo libre incluye a la lectura. Pero es atinente preguntarse en qué condiciones se encuentra la cadena del libro argentino, para tener en cuenta si esos libros serán posibles en un futuro cercano.

El primer síntoma del coronavirus es la suspensión de la Feria del Libro de Buenos Aires (ver recuadro). El segundo, la cancelación de actividades vinculadas a la misma. Como la entrega del Premio Literario Fundación El Libro o el Festival Internacional de Poesía. Según el organizador de éste último, el poeta Samuel Bossini: “El esfuerzo que hace la Fundación El Libro para organizar el Festival Internacional de Poesía no es poco. No sólo en lo económico, sobre todo aportando hotelería y movilidad, o en la disposición de salas y en las personas asignadas para gestionar distintas necesidades de cada poeta invitado. También ocurre que la Fundación gestiona recursos del exterior, en lo que obtiene resultados por la seriedad de la Feria y del Festival. Por eso vienen poetas de Europa, Latinoamérica, Asia, del interior de nuestro país, sería imposible.” Y agrega: “La gran pérdida es que, por el momento, no se haga. El Festival tiene excelente asistencia de público. Las pérdidas son que los poetas invitados tenían los días reservados para el festival –aunque ahora todo el mundo está inmovilizado– y lo que el festival replica en otros poetas, en otros centros de encuentro poéticos, revistas, lectores.”

Pero existe un aspecto más crudo para el mercado del libro y es el económico. La importancia de la Feria bien la subraya Joaquín Gil Paricio de Cúspide Libros: “Con la Feria funcionando durante 3 de las 54 semanas del año se habla de libros en forma permanente. Está en boca de casi todos los programas radiales, y en tapa y lugares principales no solo de la prensa especializada sino también de la general. Muchos visitantes ven libros o temáticas que aunque sin comprar en el evento luego canalizan en días siguientes. Esta presencia mediática “derrama” sobre las restantes semanas sin feria. Es muy claro que un año sin exposición, en caso de no hacerse más adelante, será notoriamente un año más pobre para la industria editorial.”

Respecto a las cifras concretas, Gil Paricio nos explica: “Mi cálculo es que en la Feria se comercializan 860.000 ejemplares. De estos calculo que solo un 30% son ejemplares que, de alguna manera, se venden en librerias (de no haber feria), por tanto un 70% se comercializa solamente en el evento. Son más de 600.000 ejemplares que el mercado editorial perdería de vender.” En este sentido, Martín Gremmelspacher, presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL), amplía: “La Feria del Libro generaba un negocio entre 600 y 700 millones de pesos, eso incluye la venta a libreros y público. Será muy difícil recuperar esas ventas, además esta suspensión también detuvo los planes editoriales. Y con el contexto regional de paralización, también se pierden ventas al exterior. Todavía no hicimos la evaluación del impacto, pero será terrible ya que venimos de un 2019 con una caída en las ventas del 50%.”

Producir un libro lleva tiempo, planificación y un gran riesgo a futuro. La situación actual, profundiza Gremmelspacher, hace que “muchas editoriales frenen la producción, lo que repercute en el sector gráfico (imprentas). La cadena de pagos, que venía funcionando hasta la semana pasada, hay que ver cómo reacciona en estos días donde la menor circulación de personas restringe la venta. La importación de libros está frenada por que el dólar tiene un valor muy alto. Lo mismo que el comercio exterior, por ejemplo en Perú están en cuarentena total y no están trabajando. Ecuador, está en la misma situación, Colombia como Argentina. El vendedor de mi editorial recientemente estuvo en Paraguay y no pudo vender porque estaban en cuarentena.” Según Gil Paricio, la venta por los canales habituales “están en declive con más caída en AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires) que en el interior. Y dentro del AMBA con descensos más graves en el microcentro y centros comerciales. En librerías de barrio la caída no es tan acentuada. Mientras que las ventas de libros físicos por canales electrónicos registra interesantes aumentos en estos tres días que obviamente no compensan la disminución expresada.”

Desde Río Tercero, Córdoba, Martín Maigua de Editorial Nudista (nudista.com.ar), explica: “Suspendimos las presentaciones de marzo y abril. Los nuevos libros los hemos cancelado porque esta crisis más la pandemia es probable que rompa a los distintos miembros de la cadena del libro. Los que vamos a sufrir más son las librerías más débiles y las editoriales que funcionan con un capital pequeño.” Respecto a la venta y producción, agrega: “Funcionamos en España, México y Colombia, con el sistema on-demand, vemos ahí una disminución significativa en las ventas. Los libros que imprimimos en Buenos Aires, a pesar de estar en Córdoba, ante una cuarentena forzosa, quedan todos suspendidos por la imposibilidad de desplazamiento. Luego está la venta on line de libros en formato digital, e-books, que ya no es un objetivo económico sino una oportunidad de difusión de las obras de nuestro catálogo. Estamos pensando en ofrecer varios libros de nuestro catálogo de manera gratuita. Aunque con esta situación de enfermedad amenazante dudo que los lectores tengan el ánimo, la tranquilidad, como para disponerse a leer.” Además, coinciden los consultados en que los lectores digitales no están disponibles de manera masiva ya que la preferencia del público sigue siendo el libro físico, en papel. Tal vez por ello no pueden compensar por ese camino las pérdidas que se producen por el canal clásico.

Pero veamos el problema de las librerías, en el recuadro “IVA y Librerías”, tenemos uno de los aspectos que más preocupan, el impositivo. El otro, es el futuro en ciernes. Alejandro Bellotti, editor de este suplemento, se encuentra en España, Valencia, a la espera de poder volar de regreso al país: “Aquí la cuarentena es estricta y efectiva. Los únicos comercios abiertos son los supermercados, las farmacias, alguna que otra tabaquería y kioscos de diarios, que también venden libros comerciales, y no abundan como en Buenos Aires. Luego, todo lo demás, está cerrado. Nadie puede transitar si no es para concurrir a esos lugares. Como Argentina está replicando el tipo de medidas contra la pandemia que se toman en España, la cuarentena obligatoria tendrá dicho formato. Además de cerrar las librerías, a la larga también se paralizará el comercio electrónico, cuyo eslabón en lo real es la entrega a domicilio, porque la intención sanitaria final es que no exista el contacto físico para evitar el contagio. Respecto al libro en Argentina, es muy probable que la cuarentena paralice la actividad el tiempo que sea necesario para detener la propagación de la enfermedad”.

Si bien el presidente de la CAL destaca que “con las medidas económicas del gobierno tratamos que impacten en nuestro sector, principalmente con los créditos y las cargas patronales. Son medidas paliativas que ayudan pero que son insuficientes; una Pyme de 3 a 5 empleados tiene de cargas patronales entre $ 25.000 a $ 45.000, que es la venta de una librería, y desligarnos de dicha obligación ayuda en un panorama tan complejo, no es una queja, porque es mejor tener esto a no tener nada. Esperamos también que la inyección de dinero en el mercado interno llegue al con sumo de libros”. Lamentablemente este derrame, en pocos días, y por la urgencia sanitaria, parece que quedará como un efecto pendiente.

Ahora, ¿cómo sobrevivirá el libro argentino a esto? La respuesta encarna en un solo término: incertidumbre. Nadie puede dimensionar la secuela de una parálisis prolongada de la economía argentina. Pero es claro que los eslabones más débiles de ella (y el libro es un frágil elemento, varias veces prohibido y quemado en la historia humana), serán los que más sufran más allá de los enfermos. Porque la inquietud que se genera también tiene una raíz profunda en el abandono sistemático de la lectura, la educación, la salud y la alimentación que agudizó la crisis económica del gobierno de Macri. La pobreza no se erradicó, tampoco las conductas de la desesperación. Por caso, Bellotti explica que “en España existe una actitud cívica responsable por adoptar las normas sanitarias, los habitantes respetan distancias, conductas higiénicas. Pero en Argentina, si las fuerzas armadas y policiales toman el control de la cuarentena, con una historia de gatillo fácil y corrupción tan generalizada, ¿qué ocurrirá con ese 40% de personas sumidas en la economía informal? ¿Acatarán las directivas cuando la preocupación de ellos es la más elemental como el trueque para comer? Las áreas suburbanas pueden resultar un lugar apocalíptico, como una distopía literaria que nadie imaginó”. Nos preocupamos por el libro es cierto, pero este riesgo de darle el poder de control a fuerzas militarizadas sin formación profesional, desprestigiadas, no hace más que azuzar fantasmas de descontrol social. Y sabemos bien cuántas, siempre numerosas, y quiénes son las víctimas en esas circunstancias. Hace 19 años ocurría un estallido social, una única y pequeña guerra que vivió Argentina en su propio territorio durante este siglo, y tal experiencia dejó una marca hasta hoy tan indeleble como macabra. Sería más que inquietante que el próximo 24 de marzo amanezca bajo toque de queda.

El otro escenario, que pertenece al ámbito del libro y es más humano y que hasta aquí no se mencionó, es el que refiere a los escritores. Por caso, dos ejemplos. El poeta y traductor Jorge Aulicino anunció lo siguiente en Facebook: “Yo haría un taller literario virtual para pasar la cuarentena. Que va a durar quién sabe cuánto, porque véase que no harán la Feria del Libro en abril ni uno de los principales festivales de poesía, en junio... Ah el invierno, la soledad y las “hadas de los leños”... aunque leños, lo que se dice leños aquí no haya. Daría un taller, pero no soy muy sabio y, por lo demás, no tengo modo de cobrar, sin contar que el dinero es transmisor del virus. (…) Descartado el taller, que a lo sumo daría por resultado un Decamerón defectuoso, procederé a publicar una antología personal, totalmente gratuita, de los poemas que le inferí o intenté inferir al mundo desde mi más tierna edad…” En paralelo y por el mismo medio, Ariel Dilon, escritor y traductor, anuncia un cambio en su plan de enseñanza y lanza su Taller Virtual de Escritura ( HYPERLINK “mailto:arieldilon@gmail.com” arieldilon@gmail.com), bajo la siguientes consignas: “Más que nunca, en tiempos de desventura y de amenaza, importa hacer lo que nos gusta, lo que nos convoca, lo que nos provoca. Ayer, como quien pasa a la clandestinidad, nuestro taller literario se volvió taller online: guerra de guerrillas contra el derrotismo y el tedio. Hay vacantes y entusiasmo.”

Si los libros quedan paralizados en su circulación, existen muchos más talleres, ofertas on line, libros digitales gratis, y el lector sabrá utilizar su tiempo de cuarentena para explorar en la web. O puede iniciar la lectura de un libro de Thomas Pynchon, como Mason & Dixon, donde hacia la página noventa, creo no equivocarme, un perro comienza a hablar y los personajes lo incorporan a la ficción con la misma naturalidad con que aceptaremos el encierro.

Sin Feria y sin libros
Respecto a la Feria del Libro de este año, PERFIL dialogó con María Teresa Carbano, presidenta de la Fundación El Libro.

—Más allá del comunicado de suspendiendo la Feria del Libro, ¿cómo impacta esta decisión de fuerza mayor en el sector?

 —Es un fuerte golpe para un sector en estado crítico. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es el más importante acontecimiento cultural de América Latina y, a su vez, el más importante hecho comercial para el sector no solo por la presencia del público sino por lo que significan las Jornadas Profesionales, que se realizan previa inauguración de la Feria. En dichas Jornadas se contactan libreros nacionales e internacionales y significan oportunidades concretas de realizar exportaciones. Y no quiero dejar de señalar lo que significa para el público que siempre vive la Feria como una fiesta de la cultura, el encuentro con escritores, la asistencia a conferencias, charlas y debates. Nos perdemos la fiesta de la cultura en su realización temporal habitual.

—¿Existen posibilidades de realizarla antes de fin de año? ¿Qué dificultades enfrenta la Feria para eso? —Lo estamos evaluando. Las dificultades tienen que ver principalmente con lo incierto del momento actual, que no se puede proyectar con certezas y, desde ya, con la existencia de disponibilidad física en el predio.

 —¿Cuáles son las problemáticas que más impactan en los distintos sectores que participan de la Feria?

 —El factor económico es contundente. Nos afecta a todos los que participamos como expositores, a los diferentes proveedores que con su trabajo posibilitan la realización de la Feria, logística, gastronomía, y la lista sigue. Los autores también se ven afectados porque las editoriales estamos lanzando menos novedades, ergo, se publica menos.

Y resalto la pérdida de la oportunidad para los libreros de Argentina de comprar con el programa Librero Amigo, con el 50% de descuento en los tres días de Jornadas Profesionales y gozar del envío gratuito que realiza la Fundación a sus librerías en todo el país. Beneficio que también tienen los Profesionales del exterior que nos visitan, quienes también tienen el despacho gratuito a cualquier lugar del mundo. Son 200 kilos al interior y 50 al exterior, sin cargo. Esto estaba pautado para fines de abril. Se pierde.

—¿Cuál es su visión a mediano plazo sobre el mercado del libro en el país?
—En la realidad de hoy, sería una visionaria si respondiera con algún grado de certeza. Las ventas, que venían en caída desde 2016 y que aún ni siquiera habían llegado a una meseta, se están desplomando en estos días. Solamente la garra de autores, editores, gráficos y libreros para superar la situación actual y la imprescindible ayuda que se brinde desde el sector público, nos podrá poner en pie. Se sigue trabajando fuerte, no se bajan los brazos, pero el impacto económico es brutal.n

IVA y librerías
Como ya se señaló, la librería está en un lugar económico de alto riesgo, por caso quedaron fuera de un beneficio impositivo reciente que no hace más que asfixiar sus escasos recursos. Explica la situación Joaquín Gil Paricio: “Es muy importante hacer notar la enorme injusticia por el que se ve castigado el sector librero. En diciembre en 2018, en la ley del presupuesto, se permitió a imprentas de libros, editores y distribuidores poder desgravar el Iva-Costo contra otros impuestos. Por un error de redacción, de la ley, los libreros quedaron fuera del beneficio siendo el eslabón más débil de la cadena comercial. Las Cámaras realizaron enormes esfuerzos y gestiones para su reversión y esto aún no fue posible revertirlo.”

Hace unos tres o cuatro años, Francia destinó un plan de ayuda a las librerías: desde el Estado las consideran parte capital de la cultura. Recibieron ayuda en el pago de alquileres, líneas de crédito y beneficios promocionales. La noción de esta ayuda encierra algo muy sencillo: si se protegen a las bibliotecas, ¿por qué no a las librerías? Ellas forman el lugar de formación de lectores, el de difusión de los libros, el del debate intelectual y el intercambio de ideas. Y eso, eso mejora las condiciones de existencia

sábado, 28 de abril de 2018

El mal rato de los representantes de Macri en la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires

Avelluto y estudiantes
El 26 de abril pasado todos los diarios cubrieron el escandaloso comienzo de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. De todas las coberturas, ofrecemos la de Silvia Premat, para el diario La Nación.

Escándalo en la Feria del Libro:
impidieron hablar a funcionarios durante la apertura

Por primera vez en 44 años de historia, la Feria del Libro de Buenos Aires fue inaugurada entre protestas estudiantiles y con la ausencia en el momento del corte de cintas de representantes de los gobiernos nacional y porteño. Un grupo de unos cientos de estudiantes terciarios de la ciudad de Buenos Aires interrumpió el acto, que había comenzado con total normalidad, con fuertes cánticos y gritos en el momento que fue anunciado el ministro de Cultura de la ciudad, Enrique Avogadro, en el uso de la palabra. Expresaban así su rechazo al proyecto de creación de una universidad para docentes en la ciudad de Buenos Aires (Unicaba) y en especial reclamaban "que se retire el proyecto que propone cerrar 29 profesorados".

El pedido del personal de seguridad a los jóvenes de retirarse de la Sala Jorge Luis Borges , donde se desarrollaba el acto, generó unos breves pero firmes forcejeos; los llamados al orden del presidente de la Fundación El Libro, Martín Gremmelspacher, no fueron escuchados. Solo la voz de la escritora Claudia Piñeiro , parada en medio del escenario vestida de verde en favor de la despenalización del aborto y dispuesta a leer su discurso, logró silenciar a los jóvenes. "Yo estudié en un profesorado de la ciudad, el de matemáticas, y también pido que se retire el proyecto", dijo Piñeiro con evidente intención de buscar empatía con la audiencia en rebeldía. "Estamos todos en el mismo colectivo", les dijo al explicar por qué considera, como dijo Graham Greene, que "el lugar del escritor es el lugar del conflicto con la autoridad".

Con rostros tristes y enojo contenido cumplieron rápidamente con el ritual de la inauguración por los organizadores Gremmelspacher y el director de la Feria, Oche Califa, y por Montevideo, ciudad invitada de honor, el embajador de la República del Uruguay en la Argentina, Héctor Lescano, y el director de Artes y Letras de Montevideo, Juan Canessa.

El ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto , se había retirado instantes antes, después de haber cedido el micrófono a uno de los manifestantes y ante la imposibilidad de pronunciar algunas palabras. "A los fascistas que están en el fondo les pido que respeten el uso de la palabra", había gritado Avelluto apenas tomó el micrófono, luego del discurso de Piñeiro, cuando los silbidos y abucheos iban in crescendo. "No permitir que alguien haga uso de la palabra es un acto fascista", agregó. En la confusión un joven saltó sobre el escenario y, luego de hablar con el ministro, Avelluto le cedió el micrófono diciendo: "Les damos el uso de la palabra; el mismo uso de la palabra que de forma autoritaria ustedes están impidiendo hacer".

Con una remera blanca del instituto donde es consejero de graduados, el Lenguas Vivas, Juan Manuel Sánchez pidió comprensión y apoyo a su reclamo. "No es chiste. Se quiere cambiar el modelo educativo de los profesorados de la ciudad. Este proyecto miente". Luego, en diálogo con LA NACION, Sánchez dijo que frente a la interrupción de la inauguración de la Feria, considera que "es mucho más avasallador que la ministra [Soledad] Acuña no reciba a los rectores y no responda preguntas".

Sin dudas, la gran vidriera que significa la ocasión de apertura del mayor encuentro cultural del país sirvió para amplificar un reclamo fogoneado por la izquierda política.

Gremmelspacher, por su parte, dijo a La Nación: "Alguna vez hemos tenido algunas discusiones, pero nunca nos han cortado el acto. Es poco democrático. Hemos permitido que se expresen con sus gritos y cánticos y que alguien hable, pero no han permitido que las autoridades hablen. Me parece que no es correcto". ¿Por qué el personal de seguridad no sacó a los manifestantes de la sala? "Hubiese generado más violencia -dice el presidente de la Fundación El Libro-. Sacarlos es lo que buscan. Les dimos el espacio de que gritaran y ellos no nos dieron el espacio a nosotros. Una pena".

Como recordó el presidente de la FEL, no es la primera vez que el acto de apertura de la Feria se hace en medio de tensiones. Sacaron chispas varios años los tiroteos verbales entre el entonces ministro de Educación de la Nación del gobierno kirchnerista Alberto Sileoni y el entonces ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires Hernán Lombardi . También fue bochornosa la reacción de un grupo de intelectuales kirchneristas en contra del discurso de apertura del premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa .

En el discurso del presidente de la FEL también hubo reclamos al Gobierno y pedidos concretos. "Hoy, y en ocasión de la apertura de la Feria Internacional del Libro, me veo en la obligación de hacer una descripción del difícil momento que está atravesando toda la industria editorial. A la caída de las ventas de 2016 se suma la de 2017 del 5/10% dependiendo del tipo de editorial. La producción editorial, a su vez, con una caída del 20% según datos del registro del ISBN. Lo que acumulado implica una caída de no menos del 30% en los dos últimos años", dijo. Y continuó: "El aumento de las tarifas, que aún no han llegado a su techo, complica a muchos de los libreros y sobre todo a la industria gráfica. La boleta de luz pasó a ser uno de los principales costos, tornándose en algunos casos impagable".

Sí, la Feria tuvo una primera jornada atravesada por la polémica, pero puertas afuera la música ayudó para apaciguar los ánimos. Pasadas las 20, el cantautor uruguayo Jorge Drexler comenzó el concierto de Noche de la Ciudad.

Sobre la avenida Sarmiento estaba montado el escenario desde donde salían los primeros sonidos de "Al otro lado del río", tema que si bien no es una referencia directa a la Argentina y el Uruguay, se pudo tomar anoche como una licencia poética, ya que Montevideo es la ciudad invitada de honor de esta edición de la feria y Drexler es un músico muy querido de este lado del río, y con una audiencia que siempre aumenta.

***


Con la misma fecha y la firma de Luciano Sáliche, el suplemento cultural digital de InfoBAE, también realizó la cobertura de la inauguración.

Escándalo, reclamos y literatura:

cronología de la agitada inauguración de la Feria del Libro 2018


La tarde se planchaba sobria hasta que sucedió todo de golpe. La inauguración de la 44° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires comenzó cerca de las 18:30 de este jueves húmedo y nublado. En la Sala Jorge Luis Borges del predio de La Rural había políticos, editores, periodistas y lectores con las expectativas puestas en los discursos que, más allá de la creciente convocatoria a la Feria, se preguntarían sobre el presente del industria editorial, sobre todo en el del cierre, a cargo de la escritora Claudia Piñeiro. Sin embargo…

"Señor, señora, no sea indiferente…"
La cronología fue así: comenzó el presidente de la Fundación El Libro Martín Gremmelspacher, quien alertó sobre "los altos índices de piratería", destacó la importancia de "las políticas públicas para revertir la caída del consumo" —ya que sigue bajando la producción de libros— y concluyó en que la Feria es "el evento cultural más importante de Latinoamérica". Continuó el director de Artes y Letras de la Intendencia de Montevideo Juan Canessa ya que esa ciudad es la Invitada de Honor. Y cuando la locutada voz de la presentadora anunció que era el turno de que Enrique Avogadro, ministro de Cultura porteño, subiera al escenario, un silbido allá en el fondo de la sala hizo que todos giren la vista: gritos, papelitos al aire, cánticos y carteles en alto que decían "No a la UniCABA", "No al 29×1", "La educación no es un gasto, es un derecho", entre otras consignas.

Faltaban quince minutos para las siete de la tarde cuando de a poco esa masa de activistas tomó por asalto la atención de todo el lugar y duró más de media hora. El reclamo de docentes y estudiantes es contra eso que el macrismo llama la Secundaria del Futuro e incluye, entre otras cosas, la creación de la Universidad de Formación Docente (UniCABA). Tal como le anticipó a Infobae el año pasado la ministra de Educación porteña Soledad Acuña, se trata de "unificar los 29 institutos de formación en una sola oferta de grado universitario". Lo que los manifestantes que irrumpieron esta tarde sostienen es que con el cierre de esos 29 profesorados se pierden puestos de trabajo atentando contra la educación pública.

Ni bien disminuyó el barullo, la interpelación cantaba: "¡Señor, señora, no sea indiferente, nos cierran los terciarios en la cara de la gente!", y más tarde "¡Que retiren el proyecto!, ¡que retiren el proyecto!"

Claudia Piñeiro, discurso magistral
Estaba previsto que Claudia Piñeiro diera su discurso inaugural más adelante, cuando ya todos hayan hablado, sin embargo ella subió, tomó el micrófono del atril y se paró en el borde del escenario con su manojo de hojas envuelta en un saco de seda verde. Frente al público, dijo con firmeza: "Yo hice el profesorado. También estoy de acuerdo con que retiren el proyecto". Aplausos.

Luego leyó el título de su discurso: "¿Qué se espera de un escritor?" y, tras señalar a los activistas, dijo: "Acá está la respuesta". Para la autora de Las viudas de los jueves, Las grietas de Jara y —la última, publicada el año pasado— Las maldiciones, el lugar del escritor es el del "conflicto con la autoridad, entendiendo por autoridad, en nuestro caso, el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir"; también "del espíritu crítico" y "de la disidencia como estado de alerta".

"Los escritores somos parte de la industria editorial. Reivindico el ejercicio de la literatura como trabajo y nosotros como trabajadores de la palabra (…) Tenemos plena conciencia de la crisis que atraviesa el sector; somos parte de la cadena de valor tanto como lo son todos los otros eslabones: el accionista que invierte en el negocio, el editor, el imprentero, el librero, el distribuidor, los correctores, los traductores y cada uno de los que trabajan en la industria. Nos gusta lo que hacemos y tal vez, si tuviéramos de qué vivir, lo haríamos gratis. Pero el trabajo se paga. Se nos debe pagar en tiempo y forma lo que vale".

"Queremos ser escuchados", dijo y volvió a señalar a los activistas que escuchaban atentamente sus palabras: "Lo mismo pasa con esta gente, que es lo que está pidiendo".

De a poco Piñeiro fue tocando muchos temas, todos urgentes: "En estos días tuve la suerte y la amarga experiencia de escuchar numerosos ejemplos de discriminación e invisibilización de mujeres en el campo literario (…) Hoy los medios culturales a nivel mundial hablan de la literatura argentina nombrando entre otros pero con mucha mayor frecuencia a Samanta Schewblin, Ariana Harwicz y Mariana Enriquez. Schewblin y Harwicz viven en el exterior, pero a Enriquez la tenemos a pocas cuadras. Si quieren oírla no la busquen en el programa de la Feria porque acá no estará. Van a tener que ir al Malba cuando converse con Richard Ford. Un afortunado Richard Ford. Quiero marcar esto no como reproche sino para que se vea. Como el mingitorio de Duchamp cada invisibilización grosera de una mujer trabajadora de la literatura debe ser sacada de su lugar y expuesta para que se tome conciencia".

"Así como hoy creo que a nadie se le escapa lo políticamente incorrecto que resultaría preguntarle a Obama qué siente haber sido presidente de los Estados Unidos siendo negro, o a Johanna Sigundardottr qué se siente ser presidente de Islandia y lesbiana, llegará un día en que dará vergüenza preguntar qué se siente ser mujer y abrir la Feria del Libro", agregó.

También aseguró que "sin lectores no hay literatura", por eso "la promoción de la lectura debe ser una política de Estado" ya que "a democracia necesita ciudadanos y la lectura forma ciudadanos con pensamiento crítico y diverso". Y sobre el final, mencionó a Liliana Bodoc —recientemente fallecida— como "una ferviente trabajadora de la palabra", a la grieta política ("¿éramos una grieta o el lenguaje operó sobre nosotros y nuestras diferencias para que no haya diálogo posible?") y la sentencia de que "en la buena literatura no encontrarán verdad sino puntos de vista".

Tras el punto final, estallaron los aplausos de todos los presentes. Entonces, Claudia Piñeiro dejó las hojas ya leídas en el atril, volvió al borde escenario y levantó con las dos manos el pañuelo verde a favor del aborto seguro, legal y gratuito.

El escándalo continúa…
Cuando la locutada voz de la presentadora anunció que Pablo Avelluto subiría a hablar, los silbidos volvieron. Sin embargo el ministro puso sus dos manos en el atril y, cerca del micrófono, esperó a que bajen los abucheos. Al ver que eso no sucedía, instó: "A los fascistas… nos costó muchos años y mucho sufrimiento llegar a esta democracia", y agregó: "Desde una perspectiva autoritaria, están impidiendo hacer".

Finalmente y de forma consensuada en el momento, dos de los manifestantes subieron a hablar. Avelluto les dio el micrófono para que expusieran su reclamo, y pidieron "que respeten a los 29 profesorados" y "que retiren el proyecto". Pero cuando el ministro volvió a intentar dar su discurso, no pudo. Entonces, antes los gritos, éste los volvió a calificar de "fascistas e intolerantes". Ya sin demasiadas conciliaciones, espetó a uno de los jóvenes manifestantes que le señalaba en voz alta que la actitud del gobierno no era democrática: "Vos no me vas a enseñar a mí lo que es la democracia".

El reclamo docente
Los activistas, que seguían levantando sus carteles, hablaron con Infobae Cultura. "Nos están impidiendo emitir títulos, siguen sin reconocer a cientos de docentes y a cientos de estudiantes que no pueden tener su título. Nosotros tenemos que hacer este tipo de intervenciones porque es la única forma para poder revertir esta situación, que es la situación de toda la educación pública", comenta Maximiliano Mozota, de la CEIT y el Bachillerato popular Chilavert.

Otro de los manifestantes, Juan Manuel Santos —quien habló en el escenario— del Lengüitas, como se conoce popularmente a la Escuela Lenguas Vivas, comenta: "Ahora este acto termina y todos volvemos a nuestras casas y seguimos con nuestras vidas, en cambio con la UniCABA, una vez que se apruebe, no vamos a seguir tranquilos porque muchos de los docentes van a perder sus trabajos", y apunta en este breve diálogo contra la ministra de Educación porteña Soledad Acuña, el subsecretario de Planeamiento e Innovación Educativa Diego Meiriño —ex CEO de la editorial Norma, cuando todavía era de capitales colombianos, antes de la venta a Santillana—y la subsecretaria de Coordinación Pedagógica del Ministerio de Educación Andrea Bruzzo: "No reciben a los docentes ni a los estudiantes".

Por último, María Alegre, estudiante del nivel inicial del Normal N°10 en Belgrano, le dijo a Infobae Cultura: "Queríamos que aparezca Larreta y Larreta no apareció".

Las esquirlas de una tarde agitada
"Permitimos que cualquiera se puede expresar —le dice Oche Califa a Infobae Cultura tras la intervención y la palabra del Ministro— pero el acto debió haber tenido la palabra de los dos ministros". "Pensamos que en algún momento se iban a callar, pero no se detenían", agregó.

Ya fuera de La Rural, cuando regresaba a su casa a pie desde el concierto que dio al aire libre Jorge Drexler —evento gratuito de la inauguración de la feria—, Avogadro habló con Infobae Cultura: "Paradójicamente en un espacio en el que se celebra la palabra, no nos dejaron hablar. Ni siquiera cuando Pablo les cedió la palabra a ellos. Nosotros de todos modos estamos muy contentos y celebramos tener una feria que convoque alrededor del libro a más de un millón de personas y de hecho mi discurso tenía que ver con eso, con un espacio de encuentro". Y concluyó: "Pero lo ocurrido me deja un sabor agridulce, es la imposibilidad de mantener un espacio de diálogo basado en el respeto más allá de las diferencias".

Cerca del ministro Avelluto había mucho enojo, sobre todo con la organización de la Feria del Libro porque no se hicieron cargo de la situación. Se los veía tensos, incómodos y fastidiados. Por su parte Claudia Piñeiro, ante los pregunta de todos aquellos que se acercaron a hablarle después del discurso, fue concreta: "Yo hubiera querido que se escucharan los discursos, pero soy una escritora y, como dije en el texto que leí, un escritor siempre está en conflicto con la autoridad. A mí no me pueden pedir que no me ponga del lado de los reclamos".

lunes, 27 de noviembre de 2017

Reacciones unánimes contra una ley

“Fuerte rechazo de la comunidad editorial a la llamada ‘Ley Pinedo’”, dice la volanta del artículo publicado el pasado 23 de noviembre en Página 12 por la periodista Silvina Friera. Allí se da cuenta de las muchas reacciones despertadas por una ley a punto de ser sancionada en la Cámara de Diputados del Congreso nacional argentino. Según la bajada, “Distintas entidades denuncian que el proyecto está hecho a medida para las grandes plataformas de la red. ‘El sector del libro y la cultura toda esperan ser defendidos y no condenados por ustedes’, plantearon desde la Fundación El Libro, en una solicitada.

A continuación del artículo mencionado, puede leerse el texto de la carta enviada por CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos de Argentina) a la Cámara de Diputados de la Nación.

“Una violación al derecho de autor”

La cultura está unida contra un aspecto del proyecto de ley “Regulación a los proveedores de servicios de enlace y búsqueda de contenidos alojados en Internet”, hecha a medida para las grandes plataformas de la red, que podría sancionarse esta semana en la cámara de Diputados. “El Libro Argentino le dice No a la Ley Pinedo. ¿Sabés que si se aprueba esta Ley tu creación intelectual puede piratearse y venderse impunemente?”, plantean desde la Fundación El Libro, que ayer publicó una solicitada en este diario en la que se dirige a los diputados de la Nación: “El sector del libro y la cultura toda esperan ser defendidos y no condenados por ustedes”. El actor Luis Brandoni, presidente de Inter Artis Argentina, asociación de artistas audiovisuales argentinos –que incluye a actores, actores de rodaje y bailarines–, en una carta dirigida a Mario Negri, jefe del bloque de diputados de la UCR y jefe del Interbloque de Cambiemos, cuestionó que los titulares de derecho deban interponer una acción judicial por cada infracción que sufran. “Esto no solo equivale a poner a los artistas en el lugar de gendarmes de nuestros propios derechos, sino también a aumentar –de forma exorbitante– el costo y la litigiosidad para poder distribuir nuestras obras de forma lícita”. También CADRA, entidad que protege los derechos de autor, presidida por Federico Polak, manifestó su preocupación porque la acción judicial “impide garantizar una eficaz protección a los titulares del derecho”.

En la solicitada de la Fundación El libro se afirma que de aprobarse el proyecto se estará consagrando “la más flagrante” violación al derecho de autor. “Esta ley, hecha a medida para las más importantes plataformas de la red, impedirá que autores y editores defiendan sus derechos, por los que invirtieron creación, tiempo y esfuerzo”, señalan desde la fundación y agregan que es una “ley en favor de los más poderosos y en contra de uno de los sectores más importantes y necesarios de la cultura: el de la creación intelectual y artística”. Hay razones suficientes para encender las alarmas. “La edición y comercialización de contenidos piratas digitales que esta ley favorecería, además de pulverizar económicamente al sector del libro todo y a sus legítimos actores, vulnera el principio de completitud y confianza frente a contenidos genuinos, cuidados por autores y editores. Se recorta, se omite, se falsea y se impostan identidades. La ilegalidad como estrategia comercial de empresas de ‘primera línea’–se lee en esta parte de la solicitada donde el tono de preocupación deviene ironía-. Un negocio ilegal de venta de copias piratas no puede ser puesto a resguardo por una ley, que exime a las plataformas de toda responsabilidad”.

Martín Gremmelspacher, presidente de la Fundación El Libro, advierte que es una ley para las grandes plataformas. “(Federico) Pinedo dijo que Google no es el comisario del mundo de la cultura. Pero para proteger sus contenidos, nos exigen a nosotros, los poseedores de los derechos de autor, los editores, los autores, los músicos, los artistas y demás, iniciarles una demanda legal por cada uno de los artículos que veamos que están mal puestos en su plataforma. Esta es una ley hecha claramente a favor de Google, Facebook, Taringa, Twitter o cualquier otro portal. Es loco que por un libro de 300 pesos tenga que hacer un juicio que me sale 20.000 pesos. Nadie haría un juicio con lo cual ellos quedan libres de hacer lo que quieren”, explica Gremmelspacher a Página 12. “No estamos en contra de la libre circulación ni demás –aclara el presidente de la Fundación El Libro–. Ante una flagrancia, uno puede hacer una denuncia como está estipulado en Estados Unidos, en Brasil, en un montón de lugares. El mecanismo es muy simple: el titular del derecho comunica que tal libro en Mercado Libre no posee los derechos y no puede estar ahí. Y lo tienen que levantar. Hacer un juicio por cada libro pirata sería imposible”.

Ecequiel Leder Kremer, dueño de la librería Hernández, objeta el mismo asunto de la llamada “Ley Pinedo”. “En los últimos años la comercialización de contenidos piratas digitales ha aumentado exponencialmente al abono de las nuevas tecnologías. Redes sociales, plataformas y sitios de comercio electrónico constituyen el territorio virtual de la piratería. No se trata de espacios improvisados, contienen sofisticados mecanismos de pago, acciones de marketing y elaboradas construcciones de identidades digitales, para saber qué cosa ofrecer a quién”, describe el librero. “La edición pirata que en ese ámbito florece y se comercializa no reconoce un solo céntimo a toda la cadena del libro. Autor, traductor, corrector, diseñador, compositor, arte de tapa, en fin todo el proceso que organiza un editor se ignora tranquilamente al amparo de un pseudo anonimato digital. Sin embargo los sitios  donde esto pasa se llevan una parte de lo pagado. Plataformas legales, conocidas por todos, cobran una comisión por alojar y vender contenidos truchos, libros piratas.  Así las cosas los damnificados, a través de las cámaras del sector, han elaborado mecanismos para solicitar a las plataformas en su calidad de distribuidores y almacenadores  responsables, la baja de estos archivos ilegales. La plataforma debe entonces actuar inmediatamente en consecuencia, haciéndose cargo de esto”.

Leder Kremer, también vicepresidente de la Cámara Argentina de Librerías (Capla), critica que la llamada “ley Pinedo” intenta colocar a las plataformas más allá de toda responsabilidad y cita un fragmento de los fundamentos del proyecto: “Internet tendería a desaparecer, porque es imposible para cualquier prestador de servicios hacerse responsable por todas las cosas dañosas que se digan en la red y por sus eventuales consecuencias económicas”. El librero concluye con una reflexión. “La protección del trabajo generado por el universo de la ciencia, la literatura, en fin la cultura, debe ser concreta. El trabajo de miles de personas del sector de la cultura no puede ser ofrecido como prenda de sacrificio para el beneplácito de los grandes jugadores de Internet que facturan miles de millones en todo el mundo. Este proyecto de ley no es para la gente, no es para mejor educación, no es para mayor bienestar del pueblo argentino ni mayor libertad. Sus destinatarios tienen nombre y apellido y  es su poder de lobby el que ha marcado su letra y su espíritu”.

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El texto que sigue fue dirigido por CADRA a los integrantes de la Cámara de Diputados de la Nación.

CADRA pide a la Cámara de Diputados de la Nación
no aprobar una nueva forma de notificar 
a proveedores de Internet

Mediante una nota de nuestro presidente Federico Polak, CADRA hizo llegar su preocupación a cada uno de los integrantes de la Cámara de Diputados de la Nación, a raíz de un proyecto de ley que será tratado el próximo miércoles 29 de noviembre, en el que hay un artículo que beneficia a los grandes servidores, buscadores y plataformas de Internet, en detrimento del derecho de autor.

Dicho artículo plantea la necesidad de interponer una acción judicial, como forma de notificación, para que los proveedores de servicios de Internet tengan conocimiento efectivo al infringir la ley de Propiedad Intelectual.

CADRA, junto con otras cámaras, sociedades de gestión, investigadores y trabajadores de la cultura, advierte que la necesidad de interponer esta acción judicial, cada vez que -en forma ilegal- se suban contenidos o se pongan en circulación obras protegidas por el derecho de autor, impide amparar de manera eficaz a los titulares del derecho, ya que dificultará y encarecerá el procedimiento, imposibilitando eliminar los contenidos ilegales con la misma velocidad con la que se agregan.

La mayoría de los países exigen que los sitios web incluyan un mecanismo de notificación para la inmediata baja de contenidos en infracción, o bien establecen mecanismos administrativos rápidos, efectivos y económicos.

De aprobarse el mencionado proyecto, los autores y editores de libros argentinos,  se verán perjudicados por no contar con un sistema adecuado para evitar la piratería en Internet. Por esto, se solicita a los diputados de la Nación, que no aprueben esta norma en trámite “express” y consideren la eliminación de la notificación mediante orden judicial, a fin de garantizar una adecuada protección de los derechos de los creadores, y la conveniente subsistencia de la industria cultural argentina.

Se trata del Dictamen de Comisión Conjunto por el Proyecto de Ley “Regulación a los proveedores de servicios de enlace y búsqueda de contenidos alojados en Internet” (Número de Expediente 0112-S-2016).


lunes, 1 de mayo de 2017

Dos coberturas diferentes para el mismo hecho.

La primera corresponde a Ezequiel Viéitez, para el diario Clarín del 28 de abril pasado. La segunda, a Silvina Friera, para el diario Página 12 del mismo día. Ambas destacan el cruce de palabras entre el polémico Pablo Avelluto, Ministro de Cultura de la Nación y el presidente de la Fundación El Libro, Martín Gremmelspacher, así como las partes más sustantivas del discurso de la escritora Luisa Valenzuela.

I
Cruce de palabras fuerte
en la apertura de la Feria

Pablo Avelluto
La apertura de la 43a. Feria Internacional del Libro (FIL) estuvo marcada por las declaraciones fuertes. La situación de la industria editorial, después de un 2016 en que las ventas de libros cayeron "entre un 15 y un 20 por ciento", según dijo en su discurso el presidente de la Fundación El Libro, Martín Gremmelspacher, fue el eje. Luego de palabras que describieron sin atenuantes el presente del negocio editorial, a su turno, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, apeló a una salida irónica: "Conmigo no, Martín", parafraseó a Beatriz Sarlo, para luego enumerar las acciones de estímulo que lleva adelante la cartera que encabeza y hacer referencia a una situación económica que empieza a reactivarse.

El discurso central de la inauguración, a cargo de la escritora Luisa Valenzuela, también tuvo potencia. Se centró en el lugar de la mujer en la cultura y en el deber de combatir la era de la "posverdad". Entre personalidades y funcionarios también la escuchaba el ministro de Cultura porteño, Angel Mahler, que antes había subrayado la política de estímulo para las bibliotecas públicas porteñas.

En su presentación, titulada El poder de la Palabra, Valenzuela se declaró como "portavoz de las escritoras argentinas, pasadas y presentes, muchas de las cuales merecerían formar parte de los cánones que hasta hoy las ignoran". Y, en ese sentido, destacó la figura de Elvira Orphée y María Granata.

"Impera la posverdad, esa 'mentira emotiva' nacida para modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables, esa lengua de madera (a decir de los franceses) especial para construir discursos engañosos, que llegan a convencer porque resultan atractivos, tranquilizadores, o quizá ¿convenientes? La era de la posverdad. Qué tremenda definición para los tiempos actuales. Tiempos de un ubicuo Moloch, ese monstruo bíblico con panza de fuego que traga a los nuevos desamparados y los multiplica: trabajadores desplazados, estudiantes, docentes, investigadores, inmigrantes, hasta mujeres, porque nos están convirtiendo en una población de riesgo", interpeló.

En ese contexto, destacó a la Feria como una oportunidad para el debate y el pensamiento. Y, actualizando a Chéjov, propuso al intelectual no como alguien que resuelva los problemas sino que ayude a plantearlos correctamente. Los intelectuales "son quienes ponen un signo de pregunta ante las certidumbres de los poderosos", resaltó. Evocando palabras de Carlos Fuentes en cuanto a todos los significados del libro, también pidió por una educación "pública, laica, en paz y sin discriminaciones". Pareció aludir a una polémica de los últimos días

Habló de "discursos sin filtro que avalan femicidios" y remató: "La lucha por la defensa de nuestros legítimos derechos se entabla desde todos los frentes, y la fuerza de la palabra es un elemento crucial que atraviesa cada uno de ellos".

Antes había tenido lugar el contrapunto entre Gremmelspacher y Avelluto. El titular de la Fundación El Libro planteó que pese a que el ministro conoce la actualidad sectorial, por su pasado en la industria, hay problemas que continúan y "los que teníamos se han agravado y han surgido otros nuevos".

Gremmelspacher aludió a la baja en el consumo, pidió que se libere el pago del IVA en la compra de papel para las editoriales -beneficio perdido en los '90- y advirtió sobre el peligro de un impuesto que habría propuesto el Ministerio de Economía y que gravaría al libro nacional con un IVA del 19%. El editor también pidió recuperar el volumen de compras de libros que solía realizar el Ministerio de Educación y que se redujo el año pasado.

Por momentos a un paso de enojarse, Avelluto respondió. "Esta no es la peor crisis de la Industria editorial. No hay ningún tiro de gracia en ningún lugar sobre un sector que es enormemente pujante, que en muchas situaciones peores, dictaduras, hiperinflaciones, megadevaluaciones, logró salir adelante", enfatizó. Apeló a la innovación y la salida al mundo para volver a crecer. Y mencionó varios programas en marcha: desde la ayuda que Cultura les dio a 58 libreros de distintos puntos del país para que participen en las Jornadas Profesionales en la Feria, hasta los 12 millones de pesos que se canalizaron para la compra colectiva de libros en bibliotecas populares. Mencionó, también, más de 20 mil libros que llegarán a las casas con la entrega de viviendas sociales este año. Y, en un extenso repaso, sumó la compra de "casi medio millón de libros infantiles para el programa El Estado en tu barrio".

En ese eje adelantó que el Ministerio facilitará el traslado de editores y autores a ferias internacionales, como Liber, en España, que tendrá a Argentina como invitada en octubre, o la de Bogotá, el año próximo. “Con un criterio de selección que no sea el de la simpatía partidaria que se utilizó a lo largo de los últimos 12 años en nuestros país”, recalcó. Entre otros logros, como el crecimiento del acervo de la Biblioteca Nacional, centró entre los objetivos de su cartera "reducir prejuicios y generar mecanismos de transparencia", incluyendo una referencia a los cambios que se llevan adelante en el INCAA. Dos miradas anoche chocaron de frente.


II
Una apertura sin frases de ocasión

Luisa Valenzuela
La inauguración de la 43° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, con Los Ángeles como ciudad invitada, fue el escenario donde se desplegó el asunto de enfrentar la posverdad, “las falsas verdades que obnubilan el entendimiento”, como definió de manera ejemplar Luisa Valenzuela, en una apertura memorable. “Del duelo hacemos potencia”, suelen repetir las Madres de Plaza de Mayo, a quienes recordó al cumplirse los 40 años de su primera ronda. Pero antes de escuchar a la autora de Cambio de armas, habló Martín Gremmelspacher, presidente de la Fundación El Libro. “La industria editorial está atravesando uno de sus momentos más delicados, con caídas en las ventas del 25 por ciento, lo que afecta especialmente a las pequeñas y medianas editoriales. De un año al otro se han dejado de producir 20.000.000 millones de ejemplares, o sea casi 55.000 ejemplares por día”, ilustró Gremmelspacher y recordó que el año pasado, en el mismo lugar, el ministro de Cultura Pablo Avelluto hizo referencia al conocimiento que tenía por haber pertenecido al sector. “La verdad, señor Ministro, es que no sólo continuamos con esos mismos problemas, que arrastramos sin resolverlos, sino que los que teníamos se han agravado y han surgido otros nuevos. El otro brazo de la tenaza que asfixia al sector es la subida de los costos impulsados por los desmedidos aumentos de las tarifas de servicios”, explicó el presidente de la Fundación El libro.  

“La asimetría impositiva es de los problemas tradicionales que enfrenta el libro. A fines de la década del 90 el sector editorial dejó de compensar el Impuesto al Valor Agregado sobre el papel contra el Impuesto a las Ganancias. Necesitamos en estos momentos, como medida de emergencia, recuperar esa situación fiscal en forma urgente, camino a un tratamiento impositivo que nos permita recuperar todos los IVA pagados durante el proceso industrial y comercial, tanto editores como libreros. Nuestros principales competidores, México, Colombia y España, tienen políticas públicas activas de protección a la industria editorial y, aunque parezca mentira, Argentina no las tiene”, comparó el presidente de la Fundación y precisó que por la ausencia de protección el país quedó relegado al cuarto puesto dentro del mercado hispanohablante. El sector editorial está preocupado por un proyecto de reforma impositiva, aparentemente solicitado por el Ministerio de Economía a una conocida institución privada, que incluye como propuesta gravar al libro argentino con un IVA del 19 por ciento y que implicaría la derogación de la excepción sostenida por todos los gobiernos durante décadas. “De aplicarse esta medida, sería el tiro de gracia para el libro argentino”, sentenció Gremmelspacher. Avelluto reconoció que fue un año “muy difícil” para muchos argentinos. “Viví muchas crisis económicas y financieras, y vi en cada una de ellas cómo el sector editorial, a través de su talento, se las ingenió para salir adelante. Por lo tanto, parafraseando a una querida amiga escritora, Beatriz Sarlo: ‘Conmigo no, Martín’. Esta no es la peor crisis de la industria editorial, no hay ningún tiro de gracia. Que la situación es difícil, lo comparto. Que en el último trimestre del año pasado las cosas empezaron a mejorar es un hecho”.

Valenzuela definió la posverdad como “esa mentira emotiva nacida para  modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables, esa lengua de madera especial para construir discursos engañosos, que llegan a convencer porque resultan atractivos, tranquilizadores, o quizá convenientes” y destacó que estos son tiempos de un ubicuo Moloch, “ese monstruo bíblico con panza de fuego que traga a los nuevos desamparados: trabajadores desplazados, estudiantes, docentes, investigadores, inmigrantes, hasta mujeres porque nos están convirtiendo en una población de riesgo”. La presidenta del PEN Argentina afirmó que le cabe a la literatura “asumir su papel de superficie reflectante, útil para echar luz sobre aquellos espacios que se busca mantener a oscuras” y garantizó que “en la lectura encontraremos armas defensivas para enfrentar el horror del mundo, armas que pueden llegar a descolocar a quienes se sienten dueños incuestionados de la verdad”. La autora de Aquí pasan cosas raras señaló que “la lucha por la defensa de nuestros legítimos derechos se entabla desde todos los frentes, y la fuerza de la palabra es un elemento crucial”. “Cuando quienes detentan el poder parecerían vivir en la RA, la Realidad Aumentada en la cual los elementos físicos tangibles se combinan con elementos virtuales, noso- tros en este suelo, con o sin ciudadanía, atendiendo al preámbulo de nuestra Constitución, somos habitantes de otra RA, la República Argentina. Y alzamos la voz. Cada vez más fuerte se hace oír la palabra para enfrentar la gran ola de esta posmodernidad líquida que amenaza arrasarnos convertida en tsunami”.