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lunes, 14 de octubre de 2024

También los traductores literarios belgas juzgan oportuno aclarar los tantos

Creada en 1955, la Chambre belge des traducteurs et interprètes (CBTI)es una asociación real sin fines de lucro. Esta organización profesional reúne a traductores e intérpretes de toda Bélgica y los representa en el Consejo Superior de los Independientes y de las PYME. Su finalidad es reunir a personas físicas que ejerzan una profesión directamente vinculada a la traducción o la interpretación con vistas a su interés mutuo, perfeccionar los conocimientos profesionales mediante la formación continua, desarrollar el prestigio de las profesiones reguladas por los estatutos y defender el colectivo profesional. intereses de sus miembros. 

El pasado 18 de septiembre, en su página web, ha lanzado el siguiente comunicado.

No, la IA no va a hacer desaparecer la traducción humana

Bruselas, 11 de septiembre de 2024 – Ante el meteórico ascenso de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la traducción, se multiplican los artículos de prensa que anuncian la inminente desaparición de las profesiones de traducción. Sin embargo, el futuro no es tan sombrío. La IA no es una amenaza, sino una herramienta complementaria. Los traductores de carne y hueso conservan un valor añadido esencial cuando los textos están destinados a un uso profesional.

IA, una revolución para poner en perspectiva
Desde la aparición del primer software de traducción automática, hace unos veinte años, muchos observadores han pronosticado la desaparición de los traductores humanos. Con la llegada de la IA y los modelos de aprendizaje profundo, estas predicciones están resurgiendo.

Ciertamente, la IA tiene ventajas innegables: costo, velocidad, accesibilidad y capacidad de procesar grandes volúmenes de texto en unos pocos segundos. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas actuaciones no cumplen con los requisitos de una alta calidad profesional. Tan pronto como el texto a traducir presenta complejidades, sutilezas o imperfecciones editoriales, los errores se multiplican.

Alucinaciones
Uno de los principales peligros reside en las alucinaciones de la inteligencia artificial: cuando la IA no entiende algo, inventa su propia interpretación sin pedir aclaraciones al autor del original, que es lo que haría el traductor humano. Estos errores a menudo graves, generados aleatoriamente, pueden tener graves consecuencias, especialmente en el ámbito jurídico o médico.

Esta es la razón por la que los textos generados por IA, siempre que estén destinados a un uso profesional, requieren al menos una revisión cuidadosa por parte de un experto humano antes de poder utilizarlos. Sólo profesionales bien formados son capaces de hacer las correcciones necesarias, afinar matices y garantizar una buena adaptación cultural. Además, lejos de señalar el fin de esta profesión, la IA se está integrando, como otras herramientas, en la paleta de los traductores profesionales.

Confidencialidad
La privacidad de los datos es otra área de preocupación. A diferencia de los traductores humanos, que están sujetos a estrictos códigos éticos, los sistemas de IA no ofrecen las mismas garantías en términos de seguridad de la información sensible. Utilizar una plataforma automatizada gratuita para documentos confidenciales representa un riesgo que las empresas o instituciones no pueden ignorar. Aquí, los traductores humanos mantienen un papel central, asesorando a los clientes sobre las soluciones adecuadas y asegurando el uso de herramientas profesionales que ofrecen todas las garantías necesarias de seguridad y confidencialidad.

El futuro de la inteligencia artificial en el sector de la traducción
Por lo tanto, la IA no debe verse como una amenaza, sino como una herramienta. Al igual que el software de asistencia a la traducción, que se generalizó hace veinte años y que mejoró la productividad sin reemplazar a los traductores, la IA permite a los profesionales concentrarse en tareas de mayor valor agregado.

Hoy vemos que el mercado se está desarrollando en varios segmentos. Un segmento de calidad generado por IA, gratuito y no verificado; un segmento de calidad media, donde las traducciones automáticas son revisadas por un revisor humano para eliminar malas interpretaciones y errores flagrantes (lo que en la jerga se llama postedición); y un segmento de calidad óptima, donde las traducciones son textos con un alto nivel de calidad, adaptación cultural, creatividad, precisión y confidencialidad. En esta última categoría entran los profesionales formados en nuestras universidades y su experiencia sigue siendo muy demandada en el mercado. Su desaparición no tendrá lugar mañana.

Se podría pensar que la calidad de la traducción realizada por la inteligencia artificial mejorará y, en consecuencia, hará retroceder la traducción humana. Parecería que es todo lo contrario. De hecho, la IA aprende cada vez más del contenido que ella misma ha generado, lo que conduciría a una concentración cada vez mayor de errores y sesgos. Este fenómeno de “endogamia” puede conducir con el tiempo a un deterioro de la calidad del contenido, según el investigador Jathan Sadowski, algo que de facto se aplica también al contenido traducido.

En consecuencia, la IA sin duda está cambiando el panorama de la traducción, pero no significa la muerte de la profesión. Si bien es cierto que cada vez más traducciones no esenciales se confían a máquinas, los traductores humanos siguen siendo esenciales para textos que requieren precisión lingüística, experiencia cultural, matices y pensamiento crítico.

jueves, 21 de octubre de 2021

El SPET en octubre lee a Juan Rulfo


En el próximo encuentro, que tendrá lugar el miércoles 27 de octubre a las 17 (hora argentina), nuestra invitada Clémence Belleflamme expondrá sobre “La retraducción entre texto, paratexto y extratexto: el ejemplo de El llano en llamas


Clémence Belleflamme es romanista y traductora por la Universidad de Lieja (Bélgica); es investigadora del Centre Interdisciplinaire de Recherche en Traduction et Interprétation (CIRTI) de esa universidad. Actualmente se encuentra en la fase final de una tesis doctoral dedicada a la retraducción al francés de obras narrativas hispanoamericanas ligadas al boom, en el caso específico en que primera traducción y retraducción fueron publicadas por la misma editorial. Fue becaria de la UNAM para realizar una estadía de investigación en México DF en torno a la obra de Juan Rulfo y la Fundación Juan Rulfo. Presentó el fruto de sus investigaciones en varios congresos internacionales y en artículos científicos, publicados por las revistas Meta y Mutatis Mutandis. Tradujo al francés el último capítulo, inédito en esta lengua, del volumen de Christiane Nord La traduction: une activité ciblée, que co-editó para la colección “Truchements” de Presses Universitaires de Liège.

Lecturas sugeridas:

--Gustavo Guerrero: “La Croix du Sud (1945-1970): génesis y contextos de la primera colección francesa de literatura latinoamericana”, en Müller, Gesine, Locane, Jorge J. y Loy, Benjamin (eds.): Re-mapping world literature. Writing, book markets and epistemologies between Latin America and the Global South, Berlín/Boston: De Gruyter, 2018, pp. 199-208.

--Outi Paloposki y Kaisa Koskinen: “Reprocessing texts: the fine line between retranslating and revising”, en Across languages and cultures, 11,1 (2010), pp. 29-49.

Aviso

La sesión se realizará como videoconferencia. Quienes quieran participar pueden enviarnos un mail con el asunto SPET 142 hasta el 27/10 a las 13.00. La dirección de mail será utilizada para hacerles llegar el código que servirá como entrada a la videoconferencia y las lecturas sugeridas. Por favor, revisen el micrófono y la cámara de sus dispositivos antes de la sesión. Si quieren desinscribirse, les pedimos que nos manden un mail con el asunto SPET 142 DESINSCRIPCIÓN.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Dante censurado por su traductora neerlandesa

 

A la censura retrospectiva de Agatha Christie, la frustrada traducción de la acaso prescindible Amanda Gorman, a las recomendaciones de cancelar a Shakespeare, se suma ahora el recorte de la traductora belga Lies Lavrijsen a la aparición de Mahoma en la Divina Comedia, para no ofender a los musulmanes.

La escritora argentina Adriana Harcwiz, residente en Francia, fue quien nos envió la noticia publicada en Le Courrier International. En paralelo, escribió en su Twitter: "Le llegó el turno a La Divina Comedia!! Traducida al holandés en "un estilo más accesible" y sin el profeta Mahoma en el Infierno, como corrección preventiva. ¿Para cuándo la retraducción de Céline prosionista? ¿Para cuándo un Marqués de Sade deconstruido y militante feminista?" Con todo, ya en 2012 existía un antecedente, cuando la organización Gherush 92 pedía que ésa y otras obras clásicas fueran censuradas. Para más datos, puede consultarse: 

https://www.levante-emv.com/cultura/2012/04/01/censurar-dante-locura-correccion-politica-12993776.html


En la nueva traducción neerlandesa de Dante, el nombre de Mahoma desapareció

El Infierno, de Dante, acaba de aparecer en neerlandés en una nueva traducción. El estilo fue adaptado para ser más accesible, principalmente a los jóvenes, y se llevaron a cabo algunos cortes. Así, el pasaje en el que figura el profeta Mahoma fue levemente modificado "para no herir inútilmente". Esa decisión suscita polémica, tanto más porque no se llevó a cabo a partir de ningún medido por parte de los musulmanes.

El punto de partida fue un programa difundido el sábado 20 de marzo en la estación belga Radio 1. Entre los invitados estaba Lies Lavrijsen, traductora literaria que había ido a presentar De Hel (El Infierno), una nueva traducción de la obra de Dante para la casa editorial neerlandesa Blossom Books.

Ese texto poética que data del siglo XIV (el primero en ser escrito en italiano vulgar) fue adaptado para hacerlo más agradable y accesible, principalmente para los jóvenes. La traductora belga hizo "una magnífica traducción de la primera parte de la Divina Comedia, como si Dante fuera un slamer de los siglos XIII (y XIV), indica Radio 1 sobre su sitio.

Como les describió Lies Lavrijsen a los oyentes, en ese relato, Dante penetra en el Infierno, allí explora los nueve círculos concéntricos y conoce a numerosas personas, ente las cuales hay figuras históricas, allí asignadas y sometidas a suplicios en razón de sus pecados más o menos graves. En el octavo círculo, el poeta conoce al profeta Mahoma, castigado "porque al difundir su religión, habría sembrado la discordia en la Tierra", reporta De Standaard, pero ese pasaje fue parcialmente cortado en el texto.

viernes, 27 de julio de 2012

La crisis española y la traducción en España

“La crisis editorial incide todavía más en un trabajo tan decisivo como mal remunerado. ABC recaba las opiniones de seis grandes profesionales de la traducción”, dice la bajada del artículo que firma Sergi Doria en el diario español, del 21 de julio pasado.

Traductores: mal pagados y poco reconocidos

Pongamos los mejores frutos del mar en manos del un mal cocinero que arrasa sabores y texturas. Confiemos el canon literario a traductores de aluvión, a tanto la línea y sentenciaremos aquello de traduttore–traditore. Nuestra mente rebosa de libros que creíamos haber leído pero que en su versión original no decían lo que nosotros creímos entender. Nunca como hoy las editoriales disponen de tan buenos profesionales de la traducción, aunque esa función decisiva y determinante para la comprensión lectora, siga siendo la cenicienta en un proceso editorial que improvisa novedades y acorta plazos con el consiguiente deterioro de la calidad.

Así lo subraya Olivia de Miguel, premio Nacional de Traducción 2011 por su versión de la poesía completa de Marianne Moore: “Las prisas son el denominador común… Todo se necesita para anteayer. Da igual que sea un clásico o la última novedad. Una buena traducción exige tiempo, dejar reposar el texto antes de revisarlo, distanciarse del original, y eso rara vez puede hacerse”. Elogia la lentitud en una industria editorial obnubilada por la novedad y el mimetismo cortoplacista que vomita cien mil títulos anuales: “¿Dónde vamos con tanta prisa? ¿Para qué tantos libros totalmente prescindibles que rápidamente desaparecen de los estantes de las librerías?” Y como quien pregunta ya responde: “Hay que primar la calidad sobre la cantidad y valorar el trabajo del traductor de acuerdo a su importancia en la producción editorial”.

Tiempo, dinero… y reconocimiento. Algunas editoriales, añade la belga Goedele de Sterck, “encargan sus traducciones al mejor postor”. A Lluís M. Todó, traductor de clásicos como Balzac, Maupassant y de Yo, Claudio de Robert Graves, incide en la necesidad de que las editoriales sean menos mercantilistas: “Que al elegir a un traductor, se guiaran más por la calidad que cabe esperar del texto traducido y menos por la tarifa con la que se conformará el candidato a traductor”.

En este aspecto, la relación con los autores acostumbra a ser cordial: “Siempre consulto las dudas y los escritores que traduzco colaboran de buena gana” apunta Peter Schwaar, traductor al alemán de Ruiz Zafón y Mendoza. Somacarrera también considera satisfactoria su relación con Atwood y Highway: “Se han prestado generosamente a resolver dudas y a proporcionarme información sobre aspectos del libro que no es fácil descubrir mediante la investigación”. De Stercke, que acaba de ver publicada en Acantilado su traducción de Cuando los dioses duermen de Edwin Mortier, subraya que a los autores “casi siempre les agrada colaborar y prestarse a resolver cualquier dudas. A veces, hasta se ofrecen a mejorar las condiciones del traductor ante la editorial española”.

Anonimato
Aunque parezca mentira, un trabajo tan profesional y decisivo para la comprensión de una obra literaria, permanece en muchos casos en el anonimato. De Sterck sigue pidiendo que los editores “mencionen por sistema el nombre del traductor en la cubierta y que no abandonen el libro a su suerte cuando sale al mercado. Sin el traductor, la obra no existiría”. Con un centenar de títulos al francés y el italiano en su haber, Teresa Clavel afirma que la clave es que el mundo editorial “reconozca de verdad que el traductor es un autor. Si lo hace, todo lo demás sería más fácil”.

–¿Cómo afecta la crisis a la traducción?
–Olivia de Miguel: “Es cierto que muchas editoriales, como otras industrias, pasan momentos difíciles, pero no es menos cierto que sin la traducción no hay libro, ni transmisión de la cultura. Las tarifas no suben desde hace muchos años, desde antes de que empezara la crisis, e incluso bajan.”

–Teresa Clavel: “Las editoriales han congelado tarifas o las han bajado. Han reducido el número de títulos y muchos traductores se han quedado sin trabajo”.

–Lluís M. Todó: “Editores, fundaciones y administraciones han bajado las tarifas unilateralmente amparándose en la crisis”.

–Goedele De Sterck: “Las tarifas tienden a bajar, lo cual obliga a trabajar más deprisa para obtener unos ingresos medianamente aceptables. La crisis afecta a la revisión de las traducciones y su promoción, en muchos casos inexistente”.

–Pilar Somacarrera: “Se han interrumpido colecciones literarias o de ciertos géneros literarios más o menos minoritarios (poesía, teatro), que pese a su calidad, se considera que no tienen ‘éxito comercial’ y se ha despedido a editores literarios que se encargaban de dichas colecciones.

–Peter Schwaar: “Las editoriales no quieren correr ningún riesgo, es decir, se publican títulos de los que puedan estar seguros de que se venderán bien. Lo primordial ya no es el valor literario de una novela sino su vendibilidad (hay excepciones, claro, pero pocas)”

–¿Editores, periodistas y lectores tienen conciencia del valor de la traducción?
–Olivia de Miguel: “La mayoría no. La ficción de estar leyendo un original sin intermediarios es muy poderosa y está alimentada por editores y periodistas culturales cuando obvian la figura del traductor de las portadas de sus libros y en sus reseñas. No pretendemos una crítica filológica, pero ¿cómo es posible alabar la precisión léxica, la fina ironía, la compleja sintaxis de una obra sin reparar en que ahí está la lengua del traductor? Ni Henry James, ni Dickens, ni Balzac, ni Rilke, escribieron en español. Si el lector puede conocerlos es a través de la lengua de sus traductores que puede ser hábil, creativa, rica de registros o torpe y tópica”.

–Teresa Clavel: “Salvo excepciones, no. Si tuvieran esa conciencia, los editores mimarían más a los traductores que consideran buenos; los periodistas los mencionarían cuando hacen referencia a un libro traducido, en sus reseñas o críticas; y los lectores, se fijarían en quién es el autor de la traducción y lo tendrían en cuenta, para bien o para mal, cuando compren otros libros traducidos, cosa que desde luego no pasa”.

–Lluís M. Todó: “Se supone que los editores, por su oficio, deberían tener tal conciencia y usarla; en la realidad, pocos guían su gestión en función de esta conciencia, suelen inclinarse más por criterios económicos. A los periodistas les queda mucho por aprender: por ejemplo, citar siempre el nombre del traductor cuando mencionan un libro traducido. En cuanto a los lectores, la gran mayoría siguen pensando que una buena traducción es una traducción que no se percibe como tal, una traducción transparente, por así decir. Dudo mucho que entre los criterios que guían la elección de un libro cuente la excelencia de la traducción o el prestigio del traductor”.

–Peter Schwaar: “Editores y periodistas tienen más conciencia que los lectores que muchas veces no se dan cuenta de que hay un traductor o traductora de por medio. Generalmente, los periodistas no saben muy bien en qué consiste realmente la tarea de traducir y por eso la valoran poco o basándose en aspectos superficiales que les llaman la atención”.

–Pilar Somacarrera: “Aunque va apreciando más la difícil y poco reconocida labor del traductor, en la crítica periodística nos encontramos con una escala que va desde no hacer absolutamente ningún comentario sobre la traducción y su estilo pasando por comentarios anecdóticos o irrelevantes, hasta atacar con saña al traductor injustamente”.

–Goedele De Sterck: “Depende de cada caso. Mientras unas editoriales venden libros como si fueran zapatos o teléfonos móviles, otras sienten pasión por la buena literatura y el trabajo bien hecho. En cuanto a los periodistas, no pueden abarcar todo lo que se publica. Se agradecen las alusiones al traductor, ya sea por el mero hecho de incluir su nombre en las fichas de las reseñas o a través de algún comentario, Por último hay que concienciar a los lectores: Fred Vargas, Herta Müller, Orhan Pamuk no escriben en español…”.