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jueves, 31 de octubre de 2013

De controles y controladores

Editor de www.elcastellano.org y autor de La fascinante historia de las palabras, el uruguayo Ricardo Soca publicó en la edición de Ñ, del 18 de octubre pasado, el siguiente artículo sobre las academias de la lengua americanas y su vergonzosa dependencia de España.

Academias americanas: un inquilino en Madrid

La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) no es sino un departamento de la Real Academia Española, por cuya iniciativa y a cuya imagen y semejanza fue creada. Por la distribución notoriamente asimétrica del poder entre el socio mayor y el resto de sus miembros, determinada estatutariamente, ASALE es una entidad ficticia, que funciona al compás de los designios de su artífice y rectora.

La asociación actúa bajo un férreo control de Madrid, al servicio, pues, de los intereses comerciales y diplomáticos del reino de España, que no necesariamente habrán de coincidir con los de los otros veintiún países representados por las academias “hermanas”.

La idea de crear sucursales en América fue concebida en el siglo XIX en Madrid, con miras a rescatar algo del imperio colonial perdido que ya no se podía reconquistar por las armas. El académico Alfonso Zamora Vicente lo explicó con sorprendente transparencia en su libro La Real Academia Española (1999) al narrar hechos de la segunda mitad del siglo XIX: [...] la Academia acuerda crear Academias de la lengua castellana o española, como correspondientes suyas y a su imagen organizadas. Con tal relación, la Academia Española se propone realizar fácilmente lo que para las armas y la diplomacia ya es imposible hacer: reanudar los vínculos violentamente rotos [...].

En los años siguientes, por todas partes surgieron academias correspondientes, algunas de ellas llevadas de la mano por Madrid; otras, como la argentina y la uruguaya, por iniciativa de sus respectivos gobiernos y con carácter de “asociadas”, que no de “correspondientes”.

En 1951, se creó la ASALE, cuyo carácter subalterno se admitía sin ambages en los primeros estatutos: Art. 2. Las Academias correspondientes de la Real Academia Española reconocen que esta es, por derecho propio, la llamada a dirigir esta labor colectiva de defensa y promoción del idioma castellano.

No se explica cuál sería la fuente de ese “derecho propio” ni de qué molinos de viento debería ser “defendido” el idioma castellano; se pretende que tales afirmaciones sean aceptadas a priori, sin necesidad de discusión, tal como se aceptan las leyes naturales o las creencias religiosas.

Entre las metas de ASALE, figuraba en 1951 la muy subalterna de “colaborar con la Real Academia Española, según las instrucciones de esta, en la redacción de Gramática y Diccionario y especialmente en la recolección de los regionalismos de su respectiva área lingüística”.

Este esfuerzo por el control lingüístico de las antiguas colonias avanzó con lentitud hasta los años 90, cuando se presentó una nueva realidad: la globalización de la economía ofreció a España la posibilidad de explotar con sus empresas el suculento mercado de más de 400 millones de hispanohablantes. La vieja ideología nacionalista fue entonces reformulada con el discurso llamado “panhispánico”, que nació arropado con ideologemas apropiados a las nuevas circunstancias: el español como “lengua total”, “lengua de encuentro”, “activo estratégico” y “lengua mestiza”, como señaló José del Valle en La patria, ¿lengua común? (2007).

Hacia los años 90, una alicaída ASALE fue reflotada para servir como estandarte del panhispanismo, para reabrir el camino de las Indias a las empresas españolas y en 1997 se inauguró con fanfarria el I Congreso Internacional de la Lengua Española, como expresión del nuevo papel de la Academia y sus “hermanas”.

En 2007 se aprobaron nuevos estatutos de ASALE en los que se consolidó el poder omnímodo de la casa tricentenaria. En ellos se establece sin tapujos que el “presidente nato” de la Asociación de Academias será el director de la Real Academia Española (art. 15) y su tesorero, un miembro de la institución madrileña, nombrado por la Junta de Gobierno (art. 17).

El secretario general de la asociación, cuyas tareas son colaborar con el presidente, llevar las actas, cuidar los archivos y figurar como presentador de ASALE, puede ser un miembro de cualquier academia excepto la española (art. 16). Este cargo lo ejerce desde hace diecinueve años el lingüista cubano Humberto López Morales, radicado en Madrid.

El desbalance de poder en el seno de ASALE queda aun más claro en la composición de su órgano rector, la Comisión Permanente, que en la práctica funciona la mayor parte del tiempo en Madrid con su presidente, su secretario y su tesorero, es decir con tres miembros, dos de los cuales serán siempre de la RAE (art. 23), según muestra Silvia Senz en El dardo en la Academia (2011).

Además del férreo control establecido en los estatutos, la Academia Española impone la presencia del rey de España en todos sus Congresos como símbolo solemne de su poder incontestable. En un ritual que contradice la tradición republicana de las excolonias, el monarca es quien inaugura y preside cada Congreso, junto con el primer mandatario del país anfitrión. La intención de esta liturgia dieciochesca es la misma que dio lugar en el siglo XIX al hispanoamericanismo: fortalecer la noción de que “la cultura hispánica posee una jerarquía interna en la que España ocupa una posición hegemónica”, como demuestran José del Valle y Gabriel Stheeman en Nacionalismo, hispanismo y cultura monoglósica (2004).

El papel avasallante del socio español queda de manifiesto también en las obras académicas, cuya autoría es atribuida a la RAE y a la ASALE, como si la primera no formara parte de la segunda. El papel de primus –aunque no inter pares− de la corporación madrileña se hace evidente asimismo en los prólogos de las obras académicas, en los que son habituales menciones como “la Real Academia Española y las demás academias hermanas”.

Según datos públicos ofrecidos en Internet, la web de ASALE está albergada en el servidor rae.es y tiene como administradora la gerente de la Academia Española, Montserrat Sendagorta Gomendio.

La Asociación de Academias es una entidad de mentirillas; por la distribución de poder en su seno –fuertemente concentrado en académicos de la casa madrileña– por su historia, por su funcionamiento y por sus estatutos, ASALE tiene una existencia meramente ficcional: funciona como un departamento de la RAE, de cuyo vientre fue parida, y actúa de acuerdo con los intereses de esta que, en última instancia, son los del Estado español.


miércoles, 21 de agosto de 2013

Ricardo Soca entrevista a José Luis Moure

Moure con bufanda y frío, junto a Soca en Montevideo
El ayer entrevistado Ricardo Soca hace hoy de entrevistador de José Luis Moure, el presidente de la Academia Argentina de Letras. El diálogo entre ambos tuvo lugar hace un par de meses en Montevideo, y fue publicado por elcastellano.org (http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2013/julio/moure.html)

"Nos obligan a elegir los mejores hijos para el DRAE"

El nuevo presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), José Luis Moure, es un filólogo argentino que desarrolló su carrera docente superior en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde obtuvo su doctorado. Las áreas a las que ha consagrado sus mayores esfuerzos han sido la Dialectología Latinoamericana y la Historia de la Lengua, de la cual es profesor titular. En el portal de la UBA pudimos saber que es autor de numerosos artículos de su especialidad. Editó la Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco de Francisco de Jerez. Es coautor del estudio introductorio de la edición de la Crónica del Rey Don Pedro de Castilla realizada por Germán Orduna, de cuya versión abreviada prepara la edición crítica, así como la Crónica de Enrique III (en colaboración con Jorge Ferro). Es autor del estudio introductorio, edición crítica y anotación de El detalle de la acción de Maipú, sainete en lengua gauchesca de autor anónimo de 1818, publicado por la Biblioteca Nacional de la Argentina. 

Preside una academia que fue fundada en 1931 como «asociada», pero que desde el final del siglo pasado perdió esa nota de independencia para convertirse en «correspondiente» de la Real Academia Española, una decisión con la que parece no estar totalmente de acuerdo: Nunca tuve claro cuál era la diferencia específica que implicaba ser asociada pero, si en 1931 la Academia se crea y se dispone que sea asociada y no correspondiente, habrá tenido una significación simbólica de cierta independencia, siguiendo la actitud asumida tradicionalmente por la intelectualidad argentina de la generación de 1837 de distancia, de independencia frente a lo que la academia de Madrid pudiese disponer,expresó. 

Nosotros diremos que, por muchas razones, esa intelectualidad revolucionaria de 1837 y algunos de sus pensadores más importantes –pienso en Sarmiento, en Alberdi, en Juan María Gutiérrez– asumen una actitud de independencia, que quieren que no sea solamente política, como los hechos habían determinado, sino también cultural y lingüística. Esa creación en 1931, después de dos intentos previos de crear academias correspondientes de la española tiene que haber tenido un significado, simbólico al menos. Las razones por las cuales esto se interrumpe entre 1999 y 2000 –en el terreno simbólico– nunca las pude averiguar, a pesar de haber investigado en las actas. Solo sé que hubo una propuesta por parte de la RAE de que la Argentina pasase a ser correspondiente. Eso fue admitido por nuestra Academia; tengo que respetar esa decisión y suponer que respondió a algún tipo de explicaciones que se le hayan podido dar en ese momento, y que convencieron a los miembros. 

La pregunta de este reportero, tanto como la respuesta del filólogo, sugieren una asimetría en las relaciones de poder entre la tricentenaria casa madrileña y sus asociadas americanas. Le pregunté su opinión sobre el hecho de que el presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) tenga que ser siempre, por sus estatutos, el director de la Real Academia Española, y que su tesorero tenga que ser designado, también por disposición estatutaria, entre los miembros de número de la entidad fundada en 1713 por Fernando IV. 

Aun admitiendo la notoria asimetría, Moure identifica algunas razones que explican esta situación: En esto yo siempre me veo en dificultades, porque por un lado, no dejo de reconocer que la Real Academia Española tiene una tradición fortísima, se ha convertido de hecho en la anfitriona de la Asociación de Academias, y tiene, como digo, una tradición lexicográfica importantísima para el conjunto de los países de habla hispana.

Alguna vez se ha dicho que el peor obstáculo para la expansión del español como lengua internacional es la pobreza que aflige a muchos de los hablantes donde es hablado. Moure reconoce que la RAE  financia «buena parte» del funcionamiento de Asale, así como ofrece una sede para las reuniones y para la administración. Algunas academias no están en condiciones económicas ni cuentan con una tradición académica previa que permita convertirlas en centro de estas actividades. Por eso, es un hecho que tenemos que aceptar en cuanto no haya una propuesta mejor por parte de ese conjunto de academias que parecen haber admitido esto como natural. 

Insistiendo en el mismo tema, le comento que la sede oficial de Asale es en la calle Felipe IV, número 4 de Madrid, la misma de la Real Academia Española, que su página de internet está hospedada en el servidor de rae.net y el dominio (designación) en la red mundial –asale.org– no fue registrado en Bogotá, ni en Buenos Aires ni en México, sino en Madrid, a nombre de la gerente de la Real Academia. ¿Qué comentario le merece esta situación? 

Es que funciona allí. De hecho, el trabajo conjunto se hace en el mismo lugar, los fondos bibliográficos son compartidos, es decir esto ha surgido allí, no podemos negarlo ni podemos negar que el conjunto de las academias ha tenido siempre con la Real Academia Española una relación estrecha, yo diría quizás excesivamente estrecha, porque no parecen haber actuado con simetría, respondió. 

El académico argentino explicó que todas las asimetrías institucionales encuentran su explicación en la historia y en las representaciones que se construyen sobre los hechos: España sigue ocupando un rol preponderante en el pensamiento lingüístico de estas naciones que hablan un idioma y que, más allá de los discursos, parecerían no encontrar todavía una manera de manifestar su absoluta independencia. Como tantas otras cosas, esto es la consecuencia dilatada de un desacompasado desarrollo de la historia con respecto a la aceptación de nuestras particularidades lingüísticas. Hoy día la ciencia lingüística no puede admitir la preponderancia de una variedad sobre ninguna de las otras, el concepto de pureza afortunadamente ha sido hace largo tiempo eliminado, pero queda lo que llamo este imaginario colectivo, alimentado por los años de la colonia, alimentado por la observación hecha de la península con respecto a la calidad cultural de las colonias y a las variedades lingüísticas consideradas siempre como un poco bárbaras, un poco marginales. De modo que habiendo cambiado la mentalidad hispánica, hoy habiéndose dado cuenta todos, porque no cabía otra posibilidad, de que nos encontramos simplemente compartiendo variedades de distinta naturaleza, perdura esa idea que da pábulo a que esta visión asimétrica perdure también. 

Moure enfoca las tareas de la Asociación Argentina desde la perspectiva de un lingüista y, sobre todo, de un dialectólogo y de un estudioso de la historia de la lengua. 
Yo creo que la principal tarea de la Academia Argentina de Letras, que no debe delegar, es un estudio, un conocimiento tan completo como sea posible de la variedad argentina o bien de la variedad estandarizada de Buenos Aires. En ese sentido, la obra que yo creo que cumple más adecuadamente esto es el Diccionario del habla de los argentinos, un diccionario contrastivo, que se planteó desde el comienzo incluso desde algunos de los otros intentos de creación de academias previos, pero que se fue concretando y que cobró un renovadísimo ritmo en los últimos años. Seguimos trabajando en eso; existe para ello un material muy rico que se va incrementando a través de reuniones quincenales que hacemos los que integramos en este momento la comisión de argentinismos y que creo que es un muy buen diccionario contrastivo. 

No está conforme con el hecho de que la RAE sea la que decide qué argentinismos deben incorporarse al diccionario que se supone que es de todos, y se pregunta por qué no todas las palabras identificadas como pertenecientes a la variedad rioplatense son «admitidas» por la real casa madrileña:  No tengo la respuesta para eso; es decir, nos obligan a elegir los mejores hijos para ir allá. De todo ese corpus de palabras claramente argentinas, claramente estudiadas como propias de este territorio, solamente algunas son admitidas, posiblemente en función de su vitalidad o de su mayor extensión diatópica, como para integrar ese repertorio léxico que hoy llamamos Diccionario de la Lengua Española, que teóricamente representa al conjunto de los países que hablan español. Hay ciertamente en ese diccionario una desproporción, que yo creo que no obedece a mala voluntad sino a la propia historia de la obra, que fue inicialmente un diccionario de autoridades, de la lengua de España, que era la que mejor se conocía, y al que después se fueron incorporando las palabras, los elementos léxicos propios de las propias naciones de América.

Moure advierte que los hablantes de las variantes peninsulares no son más del diez por ciento del total de hispanohablantes, por lo que desde el punto de vista numérico, proporcional, ese léxico americano tendría que tener una presencia mucho mayor en ese diccionario, lo cual lo haría inmanejable, o prácticamente inmanejable. 

El académico argentino señaló que el DRAE contiene regionalismos peninsulares que en muchos casos representan a comunidades muy pequeñas, mientras que faltan palabras de México o de Colombia que son utilizadas por millones de hablantes. No se ha encontrado todavía la manera de que exista una justicia mayor, una proporción más adecuada que represente a las variedades americanas. Pero eso tiene que ver con la historia del diccionario, que es muy difícil de modificar. Es un poco, hoy, un diccionario histórico, es un poco un diccionario de uso, un poco un diccionario del español general, es un poco un diccionario de regionalismos, y estos están representados de una manera muy poco proporcional.  

Cuando le planteo que los diccionarios contrastivos, como el uruguayo o el argentino suponen de alguna manera una sujeción a la norma peninsular, me explica que se trata de una cuestión metodológica, puesto que el otro camino posible –la confección de un diccionario integral, con palabras patrimoniales como mesa, zapato– es por ahora económicamente inviable para las academias asociadas (o correspondientes). Comentó que esa tarea ya la cumplió en la Argentina una editorial privada, que publicó el Diccionario integral del español de los argentinos y, en México, el lingüista Luis Fernando Lara, con su  Diccionario del español usual en México.

Esto ya lo proclamaba el propio Borges en una de sus duras diatribas contra la Academia Argentina de Letras, que él naturalmente integraba. Y hoy se conoce porque aparece en la correspondencia que mantenía con Bioy. Y él reclamaba: ¿por qué tanto elevar palabras a la Real Academia para que allá se elijan cuáles quedan y no hacemos nosotros lo que nos corresponde, es decir, un buen diccionario del español culto que se habla en la Argentina, incluyendo después las particularidades? 


Aristóteles definía la política como «el arte de lo posible»; tal vez esto pudiera aplicarse también a la ciencia lexicográfica en los países americanos, donde el objeto y el método de estudio se enredan en un entramado de tradiciones históricas y de intereses políticos y económicos que poco tienen que ver con la ciencia. Moure intenta deslindar ambos campos: Nosotros somos países jóvenes y España es una nación secular, de modo que esa presencia y esa tradición lexicográfica y de estudio es muy antigua. Estos son realidades y hechos, digamos científicos y efectivos para hacer frente a los cuales no siempre los caminos son sencillos; otra cosa diferente son las políticas lingüísticas, que a veces pueden tener intereses de otro tipo, que no sean estrictamente los lingüísticos.

¿Cree que su llegada a la presidencia pueda imprimir un nuevo giro a la AAL?
En este punto soy un poco escéptico, prefiero serlo antes de mostrarme como revolucionario, eso ha sido una constante en toda mi vida y también es fruto de mi experiencia en los años que tengo. Una academia es siempre un cuerpo de pares, formado en el caso de la AAL por gente dedicada a la literatura, por gente dedicada a la lingüística, alguno dedicado a la ciencia exacta, por helenistas y no se puede pretender que todos piensen igual. Lo que me propongo hacer es llevar al terreno de la discusión dentro de la Academia algunos de los aspectos que hemos estado hablando acá, y tratar de dar mis razones, por las que yo creo que la AAL debería volver a poner el énfasis en su carácter de argentina. De otra manera, ¿qué sentido tendría que cada una de las academias tuviera en su nombre un adjetivo que hace referencia a un recorte geográfico o político si no puede mostrar lo que las caracteriza como nación? Todas estas academias fueron creadas como nacionales; se llaman nacionales, y eso significa que tienen que mirar hacia dentro en una proporción importante, sin perder de vista el hecho de que al menos todas decimos pertenecer a un universo cultural cuyo idioma es el castellano. Si es así, hay algo que nos une, y es el respeto por un estándar que consideramos común. Para que eso siga siendo así, y para que esas academias tengan sentido y no sean meras "repetidoras", como se dice en radiotelefonía, de una central, es imprescindible que tomen conciencia de su nación, que tomen conciencia de que tienen que dar respuesta a su propio país acerca de su función. Nosotros no tenemos otras [funciones] que no sean un estudio, una consideración particular de nuestra lengua y de la producción literaria escrita en esa lengua. Pero nos debemos entonces el respeto por esa lengua de cultura, esa lengua que nos aúna, que compartimos, que nos permite leernos los unos a los otros, y seguir diciendo que lo estamos haciendo en una lengua común. Pero para que siga siendo común no puede haber preeminencias de ningún tipo. Es importante, entonces, que si existen imaginarios que dicen lo contrario se vayan desmontando, sin guerras, sin hostilidades, con comprensión y con argumentos. De momento, la relación es asimétrica, el dinero, y mucho dinero, lo han puesto los españoles a través de estas empresas lingüísticas; lo siguen haciendo a través de la Real Academia, lo siguen haciendo a través de esta empresa de la Asociación de Academias con sede en Madrid, lo siguen haciendo a través del diccionario, con el cual nosotros trabajamos. Mientras esto no sea puesto al servicio de intereses menos cristalinos, bienvenido sea. Lo iremos modificando en la medida en que las naciones americanas tomen fuerza y piensen que pueden actuar exactamente en ese plano de igualdad. Hacia eso debemos caminar

Le comento el hecho de que en torno de la orientación de la RAE se mueven poderosos intereses económicos.
Ese es uno de los grandes temas que están planteados aquí y que sería bueno empezar a ventilar, empezar a debatir, para no convertirnos en clientes de ese proyecto sino en colaboradores reales de otras academias. Esos son los elementos que están por debajo de las políticas lingüísticas; cuando las políticas lingüísticas van más allá de los intereses lingüísticos que las lenguas mismas exigen, y tienen finalidades meramente económicas, estamos ante un hecho espurio, que no debe admitirse. Se debe explicar claramente, a la luz pública, para que se entienda que hay un proyecto económico y preguntarse a quién beneficia ese proyecto económico. España tiene pleno derecho de llevar adelante un proyecto económico y nosotros también tenemos derecho de tener los propios y, en algún caso, de tomar otros caminos si nos parece que ese proyecto económico entra en colisión con el nuestro.

Con frecuencia leemos o escuchamos llamados a la defensa de la lengua común contra la disgregación, contra el ingreso de vocablos de otras lenguas, en fin, contra fenómenos que han sido propios de todas las lenguas en todos los tiempos. Siempre les digo a mis alumnos de Dialectología o de Historia de la Lengua que sabemos que sabemos que las lenguas tienden inexorablemente a la diversificación, a la dialectalización. Eso siempre ha sido así. Los terrores con que a veces hoy se persigue a la opinión pública con respecto al peligro que hoy corre el idioma español, el peligro de la dialectalización o de las variedades es un miedo que no tiene fundamento. En la realidad, en el hoy, simplemente porque me parece un error conceptual o una medida estratégica el suponer que una lengua que tiene más de cuatrocientos millones de hablantes corre algún peligro. Para que ese peligro se advierta y para que sea necesario tomar medidas de defensa tiene que haber un ataque. Y esa situación no se da, por el contrario, lo que se está manifestando es un crecimiento casi exponencial de la presencia del español; no hay peligro alguno, ¿de qué nos estamos defendiendo? 

En el siglo XXI el lenguaje está enfrentando fenómenos que no tienen precedente en la historia humana: la alfabetización y la escolarización prácticamente universales, la revolución de las comunicaciones, que tenderían a frenar el cambio lingüístico, tal vez a hacerlo más lento, a hacer prevalecer la convergencia sobre la dialectalización. 
No hay ninguna duda de que va a haber dialectalización. En el pasado ella fue mucho más rápida por el aislamiento geográfica, por razones políticas. Hoy, en cambio, esa dialectalización se retrasa en la medida en que los medios de comunicación ponen en contacto toda estas variedades como nunca había sucedido antes, lo que nos permite acceder al conocimiento del vocabulario de naciones hermanas, lo que antes hubiera sido impensable. De modo que hoy tenemos razones para suponer que muchos de estos procesos de dialectalización van a retardarse. Lo que nos queda sí es defender el valor de esa variedad estándar, que es no ya geográfica sino que es de estilo, de registro, que implica una lengua de cultura, una lengua elaborada, que es la lengua que nuestro idioma ha venido desarrollando y que es lo que tenemos de absolutamente en común. Si hay algo en lo que nos hermanamos por completo es en ese español estándar, culto, que es el que se ve reflejado en las gramáticas, en la enseñanza, aquel en el que leemos, aquel a cuyo registro le prestamos una ortografía compartida. Ese es el único reaseguro que tenemos, por muchos años, probablemente por siglos, de la existencia de un idioma común. A las otras variedades, las variedades de la gente, las variedades de la calle, las variedades de los pueblos, las variedades regionales hay que dejarlas tranquilas. El pueblo sabe lo que hace con esas formas y también sabe que cuando necesita leer, cuando necesita escribir, cuando necesita dar clase o recibirla o transmitir información, lo va a hacer en esa variedad culta cuya supervivencia hará que la comunicación del mundo hispánico siga durando por mucho tiempo, concluyó. 




martes, 20 de agosto de 2013

La lengua no fue creada por las academias ni por los gramáticos

Tulio Castro (Culiacán, 1983) dirige la Revista Diez4 de periodismo narrativo contra toda circunstancia. Allí, el 28 de febrero de 2012, publicó la siguiente entrevista con Ricardo Socafundador de elcastellano.org  (http://www.elcastellano.org/)

El hombre que desafía al diccionario

Se llama Ricardo Soca, y es el hombre que desafía a la Real Academia Española. Empeñado durante años a analizar el castellano y a mostrar definiciones parciales del máximo diccionario, hoy acusa a España de querer colonizar Latinoamérica a través del lenguaje: «La Academia es una pequeña ruedita del engranaje geopolítico de España».

Soca dice que la RAE obedece a intereses económicos y no al cultivo de la lengua española. Y así comienza su diferencia con la Academia, que termina con lo que él llama, «mensajes amenazadores». El asunto no es sencillo. Debemos saber que Soca, editor de elcastellano.org, escribió el año pasado un artículo en el que publicó adelantos de la edición 23 del diccionario (que en aquel momento ya aparecían en el sitio de la RAE) donde comparaba prácticamente todo los cambios en las definiciones.

Cuando Soca hizo lo suyo, pensó que la definición de palabras castellanas que utilizan más de 450 millones de personas en el mundo debía ser compartida por sus hablantes.

Error. «Yo recibí mensajes amenazadores de la editorial Planeta, tal como está documentado mediante mensajes y grabaciones telefónicas, ‘en nombre de la Real Academia’, que nunca lo negó. Amigos vinculados con el director de la Academia, José María Blecua, me aseguraron que si yo pidiera autorización para usar los contenidos, sería concedida. El problema es que mi posición es, precisamente, que no debería ser necesario pedir autorización para usar, sin fines de lucro, los contenidos de la Academia».

—Usted ha dicho en entrevistas que si la Academia es financiada con el erario, debe poner sus contenidos con acceso para todos (al menos en su sitio de Internet), ¿a qué cree que obedezca este retaceo de contenidos? ¿Algo más allá de los intereses económicos de las editoriales con las que trabajan?
—No sé si habrá algo más que los intereses económicos de las editoriales. Basta recordar el tiempo que demoraron en poner en línea el Diccionario panhispánico de dudas, dando tiempo a que la versión en papel se vendiera. O el hecho vergonzoso de que una multinacional del ramo editorial (Grupo Planeta) pretenda dar órdenes a las colonias en nombre de la docta casa.

«Espero que no me acusen por difundir errores». Las ganas de España de dominar el lenguaje no son poca cosa cuando el periodista uruguayo señala que en «documentos del Estado español, que están disponibles en línea, según los cuales España debe promover la venta de sus productos apoyándose en el carácter globalizador de la lengua española. La Academia es una pequeña ruedita del engranaje geopolítico de España, para poner sus empresas en primera línea en el lucrativo mercado hispanoamericano». «Existe un mito cuidadosamente cultivado, según el cual las academias serían necesarias para preservar la unidad de la lengua».

—He notado en su cuenta de Twitter que hace observaciones muy puntuales sobre los yerros de la RAE. Recuerdo, por ejemplo, uno donde cuestiona la definición de franquismo y además pregunta «¿miedo de la palabra dictadura?». Eso es adentrarse en terrenos pantanosos con la academia y con el propio gobierno derechista español, (ya ve usted cómo sentaron en el banquillo al juez Garzón). ¿A dónde piensa que puede llegar con esto y, sobretodo, cual es su objetivo?
—Bueno, espero que no me sienten en ningún banquillo por difundir los errores de la RAE, sobre todo cuando en mi país (Uruguay) no rigen las leyes del Reino. Simplemente no entiendo cómo un diccionario que pretende ser un modelo de lexicografía, que es casi lo mismo que decir de imparcialidad, se abstenga de definir el franquismo como una dictadura. Hasta hace unos años, definía el marxismo como «la doctrina de Carlos Marx y sus secuaces». Hace poco tiempo publiqué un artículo en el que analizo el empleo de definiciones vergonzosamente parciales, como la que califica como «pérfido» «el que falta a la fe [católica] que debe» o se define el «temor de Dios» como el «miedo reverencial y respetuoso que se debe tener a Dios». No es que no puedan decirlo, puesto que mucha lo cree así, pero en Lexicografía se exige que en esos casos se diga algo como «según la Iglesia católica» para que el diccionario no se comprometa con una creencia que no es de todos. Al final, hay hablantes de español que son ateos, agnósticos, judíos, musulmanes; no hay por qué imponer el catolicismo como inherente a la lengua castellana (…) Lo único que pretendo es desenmascarar para la mayor cantidad de gente posible la farsa que representa el hecho de que la Academia se presente como «mero notario de los hablantes», cuando se prevén para el próximo diccionario vocablos inventados, que no aparecen siquiera en su propio corpus. La Academia inventa, manipula, distorsiona. Es una entidad formada por una pequeña minoría de lingüistas y una gran mayoría de españoles (escritores, actores, músicos, médicos, economistas) que están allí para dar brillo a sus nombres, sin poder contribuir con nada, porque nada saben de lingüística, como reconoció en su discurso de ingreso la académica escritora Soledad Puértolas.

No es la primera vez que alguien mete en aprietos a la Academia ni la llama falsa. Padres de niños con autismo sostienen un pleito lingüístico contra el diccionario, por la definición actual de autismo pues la consideran ofensiva y falsa: «Síndrome infantil caracterizado por la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas y por la necesidad de mantener absolutamente estable su entorno». La Academia ha salido a informar que se compromete a incluir una nueva definición del síntoma para el 2014, para quedar así: «trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social, caracterizado por patrones de comportamiento restringidos, repetitivos y estereotipados».

—Por último, ¿qué requiere la academia o cuál es su recomendación para la mejorar del lenguaje y su difusión?
—La lengua es un producto de una capacidad del cerebro humano que se llama «función del lenguaje». No la crearon las academias ni los gramáticos, que solo tratan de apropiarse de ella. El niño que a los tres o cuatro años ya domina la lengua no estudió ninguna gramática, pero ya conoce y aplica intuitivamente sus normas, sin necesidad de ninguna academia. Podemos decir que la lingüística es una ciencia natural, puesto que estudia un objeto que surge en la naturaleza, en la biología humana y en el hombre en sociedad. Existe un mito cuidadosamente cultivado, según el cual las academias serían necesarias para preservar la unidad de la lengua. Sin embargo, observemos la lengua inglesa, que jamás tuvo academias ni ningún instituto normativo y es la misma en Estados Unidos, el Reino Unido, la India, Sudáfrica o Australia, más allá de variantes que pueden compararse con las del castellano. La necesidad de una institución para mantener la unidad de la lengua es una mentira divulgada para ganar dinero. Lingüistas como José María Blecua o Víctor García de la Concha deberían avergonzarse de prestarse a esas patrañas. Marco

El original de este artículo y las grabaciones aludidas pueden verse y escucharse en
http://diez4.com/diez4/?p=6846

viernes, 10 de mayo de 2013

¿Qué tiene que ver el rey que caza elefantes con el castellano?


El uruguayo Ricardo Soca (foto), factotum de elcastellano.org –el blog que, en su momento, sufrió las amenazas de uno de los abogados de la editorial Planeta por revelar contenidos de la Real Academia que la editorial se arrogaba como propios (ver entradas del 29 y 30 de septiembre de 2011 y del 25 de noviembe de 2011)– acaba de publicar el siguiente texto, que puede leerse en sintonía con la entrada publicada en este blog el 30 de abril pasado.

La crisis europea y el español panhispánico

Las dificultades por las que atraviesa actualmente España afectan también al español, por lo menos al estándar creado en Madrid por la Real Academia Española y sus subsidiarias agrupadas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). En efecto, conviene al Estado español –que enfrenta apremiantes demandas sociales– que el diccionario excluya de sus definiciones las «deficiencias e injusticias de la economía de mercado», reconocidas en la vigésima segunda edición (2001):

"estado de bienestar 1. m. Sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos favorecidos" (subrayado mío).

En la 23ª edición, prevista para 2014, se excluye la mención a «las deficiencias e injusticias de la economía de mercado», que podría alentar a quienes buscan una justa compensación por el castigo que les imponen precisamente, esas «deficiencias» y esas «injusticias» que solo afectan a una parte de la sociedad. En efecto, la definición de estado de bienestar prevista para la vigésima tercera edición ha cambiado de la siguiente forma:

"estado de bienestar 1. m. Organización del Estado en la que este tiende a procurar una mejor redistribución de la renta y mayores prestaciones sociales para los más desfavorecidos."

Se pone así de manifiesto una vez más que el llamado «español panhispánico» es en realidad una lengua inexistente, no hablada en ninguna parte, creada en busca del mantenimiento del control de la lengua por parte de Madrid, de acuerdo con las conveniencias del reino de España. En cuanto a la participación de Asale en esta supuesta variedad del español, no es, en mi opinión, más que una tapadera para que se mantenga el control que la RAE ejerce desde hace trescientos años sobre la lengua y cuyas riendas no quiere soltar.

Si para muestra basta un botón, vale recordar que el titular del dominio web asale.org está registrado bajo el nombre Real Academia de la Lengua y que el DNS (domain name server) se hospeda en Madrid, en dos servidores de llamados crea.rae.es yns4.rae.es. Dado el hecho de que cualquier individuo o entidad puede registrar un dominio en la web, cabe preguntarse por qué la Asale, si es una entidad realmente existente y no un mero sello de la RAE, no puede registrar el suyo. Cabe preguntarse también por qué, si es una reunión de iguales, cada una de sus reuniones debe ser presidida por el rey de España.

Con esto queda claro que, si abrazamos la ideología panhispánica, los 430 millones de hablantes deberíamos ajustar nuestro idioma a las necesidades y conveniencias de un Estado que, en materia de lengua, no renuncia al antiguo poder colonial y no acepta, más que discursivamente, situarse en pie de igualdad ante sus excolonias. Tendremos que sujetarnos a una Asale hecha de súbditos del monarca que preside cada una de sus reuniones y que avala sin chistar cada una de las decisiones de la casa dieciochesca.

jueves, 5 de abril de 2012

"El mundo anglosajón no tiene academia y el inglés de diferentes países no sufre problemas de inteligibilidad"

Una entrevista telefonica, publicada en La Página del Idioma Español, entre Ricardo Soca y Violeta Demonte, Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, donde es catedrática de Lengua Española desde 1988. Dirigió, junto con Ignacio Bosque, la Gramática Descriptiva de la Lengua Española. .

"Las academias no hacen falta para la unidad de la lengua"

La profesora Violeta Demonte expresó su opinión de que el informe de la Academia sobre lenguaje sexista fue "extemporáneo", porque no había ningún hecho que hiciera oportuna una toma de posición al respecto, y manifestó que la Constitución venezolana —cuyo texto fue criticado en el informe de la RAE— "tiene que ser respetada", así como las guías para el uso de un lenguaje no sexista. Demonte, una española nacida en la ciudad de Paraná, en la provincia argentina de Entre Ríos, donde vivió "hasta los veintipocos años", no cree que las academias sean necesarias para mantener la unidad de la lengua.

¿Era necesario en este momento un informe académico sobre el tema de lenguaje sexista?
El informe resulta extemporáneo porque no han aparecido recientemente nuevas guías o manuales que en algún momento fueron frecuentes y, de hecho, las que se comentan en la academia son una de 2002 y la más reciente de 2009, alguna de 2011. En todo caso, el tema no estaba en la palestra ni había ninguna demanda social; y por ello es extraño que de pronto haya aparecido ese informe. Pienso que la Academia, si tenía una opinión, podría haber hecho sugerencias oportunamente ante informes específicos y no lo ha hecho.

¿Qué opinión le merece el manifiesto de apoyo al informe de la Academia? Yo creo que el manifiesto de los jóvenes lingüistas (jóvenes, sus promotores) está motivado sobre todo por la admiración que el trabajo de Ignacio Bosque suscita entre los especialistas, entre los que me incluyo. Casi lo veo como una reacción personal ante lo que algunos interpretaron como el informe de Ignacio Bosque, cuando yo creo que es un informe de la Real Academia y que tiene un valor institucional; al criticarlo no se ha ofendido a ninguna persona, sino que se han manifestado las opiniones de aquellos que se sintieron ofendidos o molestos por una visión tan excesiva y, en algún momento, ridiculizadora, por reducción al absurdo, de lo que se dice en esos manuales. Puede estar movido también por el espíritu corporativo que el informe exaltaba: «de esto solo pueden hablar los lingüistas», yo personalmente no lo veo así. El manifiesto está muy dentro del espíritu del informe de la Academia, que parece centrar todo el problema en cuestiones gramaticales, normativas, cuando creo que la cuestión trasciende bastante la gramática.

¿La RAE sería la institución más indicada para elaborar un informe como este?

Yo no conozco muy a fondo el reglamento de la RAE, pero creo que una de sus funciones es hacer política de la lengua, para propender o abocarnos a la unidad, a la corrección, etc. Pienso que si quiere hacer un informe lo puede hacer, pero quizás tendría que enfocarlo de otra manera y actuar oportunamente y no con el ánimo beligerante con que lo ha hecho en esta ocasión.

¿Qué opina usted sobre la posición de la Academia en el sentido de que la Gramática no tiene ideología y no es sexista? Moreno Cabrera cree que eso es correcto, pero que el tema no pasa por la Gramática... Estoy muy cerca de Moreno Cabrera en lo referente al informe y al manifiesto posterior. Creo que la distinción que establece Moreno, a quien conozco y ha sido alumno mío, es muy correcta; una cosa es la Gramática en el sentido de la competencia lingüística; el conocimiento lingüístico interiorizado, como dice Chomsky, y otra cosa es el uso de la lengua. Cuando se formulan sugerencias para una política de visibilización de las mujeres, a través del uso de las formas marcadas de género masculino y femenino, no se está intentando violentar la gramática ni forzar a que los hablantes hagamos todo el tiempo uso de esas distinciones, sino que se trata de una reivindicación ya de largo tiempo; la plantea en los años setenta el mundo anglosajón y luego trasciende a los lugares donde parece que la distinción de género podría no hacer más visibles a las mujeres. Y en eso no se trata de gramática, se trata del uso de la lengua, y en el uso de la lengua intervienen factores sociales, factores psicológicos e incluso puede actuar la voluntad política, como ocurre en este caso. Se trata de una acción de política lingüística y la Real Academia hace política lingüística, para la estandarización del español, la unidad, etc., por lo que puede formular precisiones sobre algunos temas, pero tiene que tener presente que no está hablando de la gramática normativa sino de cuestiones que la trascienden.

El inglés es otra lengua que se habla en muchos países y sus hablantes se entienden sin dificultades —en la India, en Sudáfrica, en Australia, en el Reino Unido o en los Estados Uniodos— a pesar de que no hay ninguna academia de la lengua inglesa. ¿Cree usted que se necesita una academia para mantener la unidad de la lengua?
Usted lo ha dicho, con ese ejemplo que es irrefutable. El mundo anglosajón no tiene academia y el inglés de diferentes países no sufre problemas de inteligibilidad. En el inglés británico hay un cierto espíritu social más normativo y se habla de un inglés 'distinguido' frenta a otras variedades. El inglés de los Estados Unidos es más laxo y más variado en su realización en muchos sitios, pero como hacer falta, [las academias] no hacen falta. Lo que pasa es que en Europa se trata de una institución tradicional de muchos países; ahora bien, no siempre vista como un club cuyos miembros se eligen por cooptación, hay otros modelos.

Esa extemporaneidad que usted atribuye a ese informe de la RAE ¿cree que pueda responder a que perciba esas guías de lenguaje no sexista como una amenaza o un menoscabo de su autoridad? No, no lo creo. Probablemente en la Academia Española hubiera un movimiento de algunos de sus miembros para reaccionar contra estos documentos, quizás desde hace tiempo; la Real Academia no ha dado muestras de gran interés por la igualdad hombre-mujer. Lo que a mí me parece más probable es que el actual aire revisionista, en muchos aspectos en cuestiones de medidas de avance social, como podría ser este de la igualdad hombres-mujeres, haya favorecido la oportunidad de que esto saliera a la luz, pero estaría latente. Habría voluntad de hacerlo, pero lo han sacado en un momento en que sienten que puede haber un ambiente general más favorable. Han encontrado, sin embargo, bastante reacción y su imagen de aparente neutralidad podría haber quedado dañada. Imagino que habría una voluntad de hacerlo y lo han sacado en un momento en que se sienten en mejores condiciones de hacerlo en un ambiente favorable, con un espíritu general favorable.

¿Cree Ud. que este informe ha abierto un debate franco entre las distintas posiciones?
Como dije, la Academia saca este asunto cuando hay bastante consenso sobre algunas cosas; da una cierta pereza volver a hablar de todas estas cuestiones. El problema de estos debates es que se realizan a través de los medios de comunicación, duran poco tiempo y, sí, ha habido reflexiones interesantes, pero no creo que todas las reflexiones y todo el debate se hayan podido reflejar, entre otras cosas, porque no ha sido pausado, porque documentos como el de la Academia que salen de pronto, sorpresivamente, suscitan reacciones, reciben atención durante unos días y el debate se lleva a los extremos, sin dar oportunidad a la reflexión lenta que haría falta.

En el informe hay una referencia a la Constitución venezolana. ¿Le parece correcto o cree que la Academia se extralimitó?
Me parece que tanto los manuales [de lenguaje no sexista] como la Constitución venezolana merecen respeto. Manifiestan una posición perfectamente razonable en favor de una política lingüística de explicitación de que las mujeres están en el mundo, sobre todo las distinciones en cuanto a situaciones de poder, de atribuciones, de derechos, de situaciones profesionales, etc. Ocurre que muchas veces estos textos son exagerados en sus ejemplos y formulaciones. Yo no digo que los manuales y la Constitución venezolana sean estilísticamente perfectos, son sin duda excesivos, pero tienen que ser respetados. En ese sentido, sí que es una extralimitación cuestionar un documento público que ha sido aprobado por un país, que es un documento nacional.

¿Diría usted que el informe trata con ecuanimidad las guías que comenta?

No lo sé, pero no todas las guías están en el informe. Una guía muy utilizada es la del Instituto Cervantes, muy aceptada. Me dicen algunas compañeras del Instituto de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid que la que más ellas utilizan es la del Cervantes. Quizá sea más equilibrada, más formal lingüísticamente hablando, pero las líneas de actuación que sugieren las guías son similares. En lo que pueden diferir algunas es en la exageración en la medida en que se deban aplicar esas normas y en qué textos...

...los desdoblamientos... ...si los desdoblamientos hay que hacerlos una vez o cuarenta veces a lo largo de un texto..., pero no creo que las guías se ocupen de cuestiones tan de detalle. Me parece que han seleccionado algunas guías, que probablemente sean las más débiles y las ponen en cuestión.

Usted ha pasado la mayor parte de su vida en España, pero admite que mantiene una sensibilidad especial con su tierra natal. Este tema no ha despertado la misma atención en América que en España... Me parece, pero no estoy lo suficientemente informada, que en Latinoamérica lo que hay es una menor actuación institucional en este asunto. Supongo que la sociedad tiene sí sensibilidad, puesto que aspectos como la distinción de género en los nombre de profesión en la Argentina está muy generalizada. Pero lo que no hay, quizá, es un debate ni, como en este caso, tensión social sobre este asunto.

¿Desearía añadir algo más para los lectores de La Página del Idioma Español? Quisiera insistir en que la política lingüística que subyace a todas estas sugerencias para el uso no sexista del lenguaje -contrariamente a lo que puede pensar una gran mayoría que se siente invitada a ironizar sobre estas propuestas de insistir en detalles como los desdoblamientos-, es razonable, es respetable y tiene sentido. Otra cosa es cómo eso se plantea; yo lo plantearía como una cuestión de estilo, de pertinencia, de saber oportunamente hacer las distinciones y no como una cuestión de si se violan o no las normas de la gramática. El lenguaje por definición es vago, es ambiguo, es impreciso, y hacer precisiones con el fin de tornar explícita la presencia de las mujeres a través de recursos lingüísticos me parece perfectamente defendible.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Los matones corporativos de la Academia Irreal

Exactamente como han hecho nuestros amigos del Círculo de Traductores de México, agradecemos a Silvia Senz Bueno el envío de las últimas noticas sobre el duelo entre la RAE y Ricardo Soca, administrador de elcastellano.org. La noticia viene en dos partes:

1. Las declaraciones de la RAE presentadas en la página de Fundéu-BBVA (nótese con mayor claridad que en otras ocasiones el vínculo empresarial).

2. La respuesta de Ricardo Soca, presentada en su página elcastellano.org junto con una petición que los invitamos a firmar: "La lengua es de todos, no de las corporaciones".

Acá el texto de Ricardo Soca, con sus respectivos enlaces:

 

"Nuevo ataque de la RAE a elcastellano.org"

por Ricardo Soca


 El secretario general de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva Prieto, atribuyó a este humilde escriba, en una reciente entrevista a la agencia EFE, el dudoso mérito de haber contribuido a que la «docta casa» haya llegado en octubre a los cincuenta millones de visitas. Tal milagro, que le puede hacer crecer la nariz como a Pinocho a este imaginativo académico, se habría debido, según él, al apoyo masivo que obtuvimos en la internet tras el ataque sufrido en septiembre por parte de la RAE. Como se sabe, la entidad financiada por los contribuyentes españoles y por multinacionales con sede en Madrid y Barcelona nos envió amenazas de procesos civiles y penales mediante un mensaje electrónico (y no una carta, como dice Villanueva) procedente del servicio jurídico de Grupo Planeta, por haber puesto material de la Academia a disposición de los hispanohablantes en nuestro portal elcastellano.org 


 El procedimiento de este filólogo galaico-asturiano resulta indigno de su ciencia y parece más propio de otras profesiones: primero mandar a los matones y después distorsionar la verdad ante la prensa. En efecto, Villanueva intenta vincular nuestra denuncia del ataque perpetrado por el consorcio RAE-Planeta, con las elecciones argentinas, algo que cree fundamentar en el fuerte apoyo que recibimos por parte de la prensa del Cono Sur, a la que su institución y las academias filiales se negaron reiteradamente a dar declaraciones. Nos parece un tanto delirante que el académico haga esa relación entre las candidaturas a las elecciones en la Argentina y el hecho de que se prestara atención a nuestro caso en los medios del Cono Sur. Al parecer, la RAE no entiende que los hablantes, sean de donde sean, puedan tener un criterio autónomo y una conciencia nítida de que la lengua es de todos, y no de las corporaciones, y de que intenten defender esa propiedad común de intentos de monopolización como el que la corporación española ha protagonizado a instancias de sus patrocinadores. Y quizá en la RAE estén tan habituados a que los medios españoles omitan todo lo que puede perjudicar a la «docta casa», que les resulta ahora extraño que el periodismo latinoamericano no tenga una actitud tan sumisa y reverencial, y se limite a cumplir con su deber, que es informar al ciudadano de lo que le incumbe. En una versión más digna de un guionista de teleteatro que de un académico que debería comportarse en forma de merecer respeto, Villanueva nos acusa de «haber manipulado el diccionario [...] cambiando algunas cuestiones en función de sus [nuestros] criterios».

Como todos saben, lo que hicimos no fue publicar un diccionario pirata, como el entrevistado sugiere, sino presentar en nuestra web información sobre los cambios previstos por la Academia para la edición de 2014 mostrándolos todos juntos, un servicio que la RAE siempre ha negado y sigue negando a sus visitantes. El respetado lingüista mexicano Luis Fernando Lara había afirmado el mes pasado que «el conflicto que ha creado el emisario de Planeta —otro vicario de la Academia— con Ricardo Soca más bien parece el intento de impedir algo que a la Academia le habría gustado hacer antes que Soca». En su papel de mandadero del Grupo Planeta, Villanueva afirmó que los portales que incluían material de la RAE hacían «uso fraudulento del diccionario» (?), aunque no explicó en qué consistiría el delito de fraude de que los acusa irresponsablemente. Por otra parte, mintió como un beduino al afirmar que todos esos sitios web retiraron los contenidos cuestionados, algo que hasta él sabe que no es verdad y esperamos que nunca llegue a serlo.

El lingüista español José del Valle, de la City University de Nueva York, calificó estos hechos como «un ataque obsceno de la RAE por medio de sus matones corporativos» en defensa de un mito ideológico y acientífico fomentado por la Academia y sus subsidiarias: la existencia de un supuesto español panhispánico, una lengua que nadie habla pero que sirve a los intereses de las corporaciones, según estudios económicos patrocinados por la Fundación Telefónica.

Decir una verdad para introducir subrepticiamente falsedades en un argumento es un método muy utilizado por políticos inescrupulosos para engañar a su electorado. Villanueva acude a este recurso al afirmar que las consultas al Diccionario Panhispánico de Dudas son «abiertas y gratuitas», lo que es verdadero, aunque no dice que la versión en línea de este diccionario no ofrece ni siquiera un lemario de todas sus entradas, lo que facilitaría mucho las búsquedas al usuario; y omite el hecho de que para acceder a algunas funciones del Diccionario de la Lengua Española es preciso comprar un DVD que no es barato, porque en la web de la Academia no se ofrecen. Y que para consultar todos los diccionarios incluidos en el Nuevo Tesoro Lexicográfico hay que comprar dos DVD muy caros vendidos por Espasa (Planeta), porque en la web solo se presentan algunos. Un procedimiento de mercadeo que tal vez sea apropiado para supermercados y centros comerciales pero que resulta inadecuado y poco digno para una academia que debería velar por sus casi tres siglos de historia.

Las filólogas catalanas Silvia Senz y Montse Alberte, coeditoras y coautoras del libro El dardo en la Academia, que se publica por estos días en España, destacaron en conversaciones con elcastellano.org que «la RAE no ofrece todos sus contenidos en abierto ni mucho menos, y los que ofrece no son nada amigables y se dan en malas condiciones de usabilidad. Para empezar —nos indicó Alberte—, la propia web no cumple siete recomendaciones de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 (WCAG 1.0), entre ellas proporcionar atajos de teclado e indicar el idioma principal del documento (resulta paradójico que justamente la RAE no indique el idioma). Las posibilidades de consulta de su principal diccionario, el DRAE, se reducen a una: buscar una entrada por el lema y visualizarla; no se ofrecen hiperenlaces a las distintas palabras que forman la entrada; no se permiten búsquedas por marcas técnicas, ni por uso lingüístico, ni por ámbito geográfico ni cronológico, ni por categorías gramaticales, etc. La web de la RAE no permite tampoco conocer el lemario que conforma el DRAE ni el del DPD, ni visualizar los avances de la próxima edición del DRAE en paralelo a la edición actual, lo cual dificulta mucho las consultas. Todas estas prestaciones, en cambio, podemos obtenerlas en la red gracias a otros portales, mantenidos por particulares que han desarrollado desinteresadamente aplicaciones y presentaciones que mejoran en mucho las académicas; portales que son precisamente los que ellos han decidido perseguir y quieren cerrar, porque ponen en evidencia las deficiencias de sus servicios y suponen un menoscabo de su imagen pública y su autoridad.

Especialmente lamentable es la interfaz de consulta del Nuevo Tesoro Lexicográfico, que en lugar de favorecer la navegación por sus contenidos digitalizados, la impide. Algo tan simple como pretender visualizar el prólogo de cualquiera de los diccionarios que lo componen se convierte en una aventura; ¡basta hacer la prueba! En cuanto a los corpus, otro de los recursos del portal de la RAE que son básicos para los profesionales de la lengua y los investigadores, cabe destacar que la versión en internet no está lematizada, por lo que solo pueden realizarse búsquedas por formas concretas, es decir, el modo más primitivo de consulta; además, su capacidad de procesamiento de búsquedas con comodines es ínfima, lo que se traduce en una respuesta de error. Y, por supuesto, los usuarios no pueden descargárselo, algo que sí permite, por ejemplo, el corpus del inglés (BNC)». Senz, que calificó como «vergonzosas» las declaraciones de Villanueva, observó además que el entrevistado «tampoco dice ni mu de las restrictivas condiciones de reproducción que la RAE impone en su 'Aviso legal' según las cuales no se permiten siquiera enlaces directos a páginas de su portal», algo que, obviamente, es inaceptable en una internet transparente, sinérgica y democrática.

Por nuestra parte, suscribimos la tesis de los estudiosos de las políticas de la lengua española y de sus dimensiones geoestratégica y en el sentido de que lo que está en juego en este lamentable episodio no es sólo el acceso a los recursos de la lengua a la que la Academia debería servir, ni la protección de lo que considera su propiedad intelectual, ni tampoco la atracción de usuarios a su sitio web. La razón que guía a la RAE en su forma de actuar responde sobre todo al guión geopolítico del Estado español y de las trasnacionales españolas, que apunta a asociar internacionalmente la lengua española a lo que llaman «marca España», una estrategia de imagen-país —recogida en documentos oficiales disponibles en la red— que favorece la explotación económica y geopolítica por parte de España del carácter globalizador de la lengua española y de sus puentes históricos y culturales con América Latina.

Una estrategia en la cual la RAE y sus paniaguados desempeñan un papel diplomático, al crear una norma «panhispánica» que dice —aunque no sea así— admitir la diversidad de las hablas cultas americanas, para lograr con ello que su posición de autoridad idiomática siga prevaleciendo en toda América; que se mantenga vivo un sentimiento de comunidad hispánica que haga admisible la presencia de empresas españolas en América Latina, y, finalmente, que las industrias de la lengua y la industria editorial —que sobre todo están desarrolladas en España— puedan operar en todos los países hispanohablantes sin atender realmente a la variedad del idioma de cada país ni contribuir a su crecimiento.

Comprendemos que el Grupo Planeta actúe como lo hace movido por el afán de lucro y la obtención de mayores beneficios, puesto que se trata de una empresa y ese es su papel en la sociedad, pero este proceder resulta indigno en una academia que debería estar dedicada a generar conocimiento y ponerlo a disposición de todos los hablantes. En efecto, para una entidad financiada en parte con el dinero de los contribuyentes españoles, se trata de métodos espurios que manchan su tradición y arrojan dudas sobre sus fines verdaderos.

Y nos referimos no solo al retaceo del uso de sus contenidos y a las amenazas a quienes trabajamos desinteresadamente por la lengua —las acusaciones de afán de lucro que nos hace Villanueva son falaces y calumniosas— sino también a su papel político al servicio de los intereses de España y su actitud de prepotencia hacia una América Latina que se independizó hace ya mucho de la metrópoli y que ni debería admitir controles exteriores de sus políticas del lenguaje, ni debería seguir los dictados culturales de la otrora Madre Patria.

Sería de desear que los miembros de la Academia cumplieran su función, actuando como generadores y portadores de conocimiento y no como mandaderos del gran capital y de quienes añoran las glorias imperiales.


viernes, 30 de septiembre de 2011

Planeta y la RAE: la perversión de la protección del copyright

A continuación, se presenta un enlace, correspondiente al 26 de septiembre pasado, con el sitio Libros y bitios –dedicado a bibliografía, noticias y enlaces sobre edición digital y tradicional, lectura, escritura, libros–, del español José Antonio Millán, donde se comenta el caso expuesto ayer, que involucra al uruguayo Ricardo Soca y a un abogado del grupo Planeta (que no debe ser confundido con Frank Booth, el personaje de la foto, interpretdo por Dennis Hooper en la película Blue Velvet ), que defiende los intereses de la Real Academia.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La RAE contra elcastellano.org, o la máquina de hacer dinero del Grupo Planeta

La información nos ha llegado hace tres días, vía Silvia Senz Bueno. Sirve para entender qué tipo de gente constituye la Real Academia y quiénes defienden sus intereses a la hora de facturar. Para decirlo con todas las letras, un pajarraco del grupo Planeta de España ha amenazado al uruguayo Ricardo Soca, responsable de La Página del Idioma Español (elcastellano.org), un sitio con más de diez años de existencia, conminánlo a retirar servicios de su página por considerar que viola derechos de su cliente, la Real Academia.

La información puede leerse con todo detalle aquí e incluye asimismo la respuesta de Soca y la grabación de su charla con un tal Álex Calvo, el pajarraco en cuestión, miembro del Departamento Jurídico de Planeta.

Para decirlo en el mejor castellano posible, son unos pelotudos.