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viernes, 26 de septiembre de 2014

Más palos para el Fondo de Cultura Económica de parte de los intelectuales mexicanos

Jesús Silva-Herzog Márquez/ FOTO: Octavio Gómez
Todo indica que en México hay mar de fondo (sic) con el Fondo de Cultura Económica. El artículo de hoy da cuenta de la pelea entre el ensayista, catedrático y académico Jesús Silva-Herzog Márquez (1965) y el actual presidente del FCE, José Carreñó Carlón*, y fue publicado por Proceso.com.mx el 27 de agosto pasado. Aunque anterior al artículo subido ayer, si sumamos las acusaciones que hay en uno y otro, como se dice, el horno no está para bollos. 

Carreño atropelló la misión del FCE: Silva-Herzog

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- El investigador Jesús Silva-Herzog Márquez aseveró que el director del Fondo de Cultura Económica (FCE), José Carreño Carlón, atropelló la misión del organismo al organizar un programa a modo para promover al presidente Enrique Peña Nieto.

En respuesta a las críticas que expresó Carreño Carlón por su artículo publicado el lunes pasado en el periódico “Reforma”, el investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México escribió: “Dice José Carreño que no entrevistó al presidente de la República en su calidad de director del Fondo de Cultura Económica. ¿Qué puede agregarse a esto? El director de una institución pública participa en un evento público para celebrar el aniversario de la institución que dirige pero… ¡no actúa en ese evento en su carácter de director de la institución! Que el director del Fondo de Cultura Económica pretenda esconder su carácter de funcionario público en la entrevista colectiva en la que actúa como moderador y convocante es precisamente la raíz del problema de corrupción que denuncio: usar una institución pública para fines que le son evidentemente ajenos”.

Silva-Herzog Márquez acusó el lunes a Carreño Carlón, quien también fuera vocero de Carlos Salinas de Gortari, de convertir al FCE en “una plataforma publicitaria de la presidencia” en referencia al programa televisivo “Conversaciones a fondo”, transmitido la semana pasada.

“No veo, por tanto, cómo el gobierno ‘atropelle’ a una institución como el Fondo con el programa Conversaciones a fondo, ni cómo éste haya constituido, ‘estrictamente, una violación de su Estatuto Orgánico’, ni que se le haya dado a la casa editorial trato de órgano periodístico o de ‘plataforma publicitaria de la Presidencia’”, escribió Carreño Carlón en una carta enviada al periódico Reforma.

Hoy, el investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México reviró al director del FCE: “Pregunto: ¿la entrevista promovió la creación, edición o publicación de obras científicas, artísticas, educativas o literarias de algún escritor? ¿Sirvió para editar libros, revistas o folletos? ¿Facilitó la compra, la venta, la distribución de libros? ¿Ayudó a distribuir mejor sus ediciones? ¿Permitió la exportación o la importación de libros? ¿Difundió descubrimientos científicos? La entrevista, propia de una agencia de relaciones públicas o de una entidad periodística, fue por eso un claro atropello a la misión cultural del Fondo de Cultura Económica.

“Hay muchas críticas que hacer a la entrevista desde el punto de vista periodístico. La más importante es de orden jurídico y ético. Un funcionario público conduciendo la entrevista a su jefe en el momento en que emprende una campaña de promoción política. Se nos invitó a presenciar la penosa sumisión política de un órgano público de cultura. La entrevista constituyó un atropello al Fondo de Cultura por tres razones: 1) Puso a una editorial pública al servicio de la Presidencia; 2) acotó el intercambio a los temas políticamente convenientes a la Presidencia y 3) faltó al deber elemental de un editor: seleccionar las voces pertinentes a la conversación pública”.

*José Carreño Carlón es académico, profesor, periodista y escritor. Es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, cuenta con el Master of Public International Law por la Rijks Universiteit Leiden y un Doctorado en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra en España. Fue director del Departamento de Comunicación, Coordinador del Área de Periodismo y Director de la División de Estudios Profesionales de la Universidad Iberoamericana. Miembro desde 1998 del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC). Autor de los libros: “Para entender: los medios de comunicación”, “Temas fundamentales de Derecho de la Información en Iberoamérica”, “La opinión pública” en La Transformación del Estado Mexicano. Ha sido distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1987. Ha sido subdirector de los periódicos La Jornada y El Universal, y director de El Nacional. Actualmente es el Director del Fondo de Cultura Económica, escribe para el Universal y conduce Agenda Pública en Foro TV.

viernes, 13 de junio de 2014

En los ochenta primeros años del F.C.E.

Una breve entrevista de Julieta Roffo con José Carreño Carlón, actual director del Fondo de Cultura Económica de México, publicada en la revista Ñ el 3 de junio pasado.

Los libros van de la metrópoli a la periferia

Entre el 3 y el 7 de septiembre habrá fiesta en la Ciudad de México: será para celebrar el 80° aniversario del Fondo de Cultura Económica, esa editorial que Daniel Cosío Villegas fundó en 1934 para proveer de bibliografía a los estudiantes de Economía de la Universidad Nacional de México y que ocho décadas después tiene en su catálogo unos 10 mil títulos publicados, cuenta “entre los suyos” a 62 autores que han ganado el Nobel de Literatura y se convirtió en uno de los nudos centrales de la producción de libros en América latina. Se trata también del sello que reeditará en versiones “aniversario” clásicos de clásicos como El Capital, de Karl Marx, La democracia en América, de Alexis de Tocqueville, que festejará, de paso, el centenario de Octavio Paz, y que cuenta con Ricardo Piglia entre sus compiladores actuales. José Carreño Carlón, director de la editorial desde enero de 2013, dialogó con Clarín desde México sobre esa editorial a la que los amigos y los lectores le dicen, con cariño, “el Fondo”.

–¿Cómo se sostiene el prestigio editorial durante 80 años?
Una de las claves está en la congruencia con el correr del tiempo, en mantener la fidelidad con los orígenes. El Fondo de Cultura mantuvo una línea editorial constante: se ocupó de la provisión de libros de vanguardia para la vida académica, para alumnos y profesores. Y esa línea se mantiene hasta hoy. Siempre fue una referencia para la Economía y la Historia, luego para la Antropología, el Derecho y la Ciencia Política: fue ampliando su campo de acción. Ahí aparece otra clave de su prestigio y su duración: la editorial vino a resolver necesidades en el mundo universitario. Otro de los problemas que la editorial intenta resolver, y que creo que está en vías de satisfacerse, es la formación de un mercado latinoamericano del libro: que lo producido en Chile esté en México y en Argentina, que es donde el Fondo más ha trabajado. Está por abrirse una nueva filial en Ecuador; son pasos para asegurar la circulación regional.

–¿Qué otros pasos pueden darse para consolidar este mercado latinoamericano?
Creo que tiene que ser una idea colectiva, y no de una editorial sola. Desde el Fondo quisimos aprovechar el inicio de la novena década para lanzar una consulta por la región: recibimos muy buenos aportes. Desde Buenos Aires, por ejemplo, Gabriela Adamo –hoy ex directora ejecutiva de la Feria del Libro porteña– propuso armar una red de traductores. Esto tuvo que ver con las constantes críticas que reciben las traducciones españolas. Las grandes editoriales con sello aparentemente español, como Alfaguara o Planeta, o lo que hoy es Penguin Random House, llegaron a Latinoamérica pero no resolvieron el problema de circulación de libros: no la horizontalizaron. Se armó un sistema post-colonial en el que los libros iban y venían de metrópoli a colonia pero no se movían entre distintos países de la región: los gatos vinieron a comerse a los ratones.

–¿Cómo dan pelea los ratones en un mercado tan concentrado?
Creo que la concentración muy alta es un problema pero también una ventaja: en nuestro nivel no se da una competencia tan feroz como la que ocurre entre gigantes; aparecen alianzas estratégicas e intereses comunes, y eso nos da una ventaja competitiva. No jugamos a “suma cero” sino que apostamos a las fusiones.

–¿Cuánto influye el libro electrónico en el futuro de las editoriales, sobre todo en las que no tienen escala global?
En el Fondo todavía no hay un gran consumo de descargas. Ya hay unos mil títulos digitales de los cinco mil que tiene el catálogo actualmente en circulación, y al año se suben unas cien o doscientas novedades. Aspiramos a tener todo el catálogo en pocos años y a ir haciendo grandes campañas de promoción. Una de las cosas que más ayuda al crecimiento del libro digital son los sistemas educativos que proveen a los chicos de computadoras o tabletas: ese es el público que habrá que satisfacer con ebooks dentro de unos años.