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domingo, 19 de julio de 2026

"No vale lo mismo decir 'boludo' que 'pelotudo'. Si le decís 'pelotudo' a un amigo ya te va a mirar de otra manera"

Oscar Conde es poeta, ensayista, filólogo y educador nacido hasce 65 años en la Ciudad de Buenos Aires. Como docente, enseña Literatura y culturas populares en la Universidad Pedagógica Nacional y Lunfardo en la Universidad Nacional de las Artes, y también en el doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. La siguiente entrevista, realizada por Maxi Kronenberg, fue publicada por el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 13 de julio.

¿Por qué decimos “che”, “boludo” o “buenardo”? Oscar Conde revela la historia del lenguaje argentino

“A las palabras se las lleva el viento”, según la creencia popular. Pero, ¿realmente sabemos lo que decimos cuando hablamos “en argentino, en criollo, o en lunfardo”? ¿De dónde nacen las palabras, nuestro lenguaje, nuestro ADN argento, una marca registrada en cualquier parte del mundo? Esas palabras, junto a una innumerable variedad de significados, vocablos y expresiones –algunas ya en desuso– podrán encontrarse en Lenguaje argento (Taurus), el flamante libro de Oscar Conde: docente universitario, ensayista y escritor, miembro de la Academia Argentina de Letras y la Academia Porteña del Lunfardo, entre múltiples facetas.

Su obra recorre la historia del español en la Argentina, desde las hablas del siglo XIX, el impacto que generó la llegada de inmigrantes al país desde 1870 hasta 1930 –principalmente por la llegada de inmigrantes italianos y españoles, también por influencias europeas, americanas, africanas y gauchescas–, en el que analiza los orígenes del lunfardo y también las más recientes creaciones del siglo XXI como “ATR”, “buenardo”, “fantasma” o “fingir demencia”, entre otras palabras surgidas entre los jóvenes.

En diálogo con Clarín, Conde cuenta los pormenores de este libro que dará que hablar –y mucho– en la vida y cotidianidad de los argentinos.

–¿Cómo define Lenguaje argento, su nueva obra?
–Es un libro para un lector culto interesado por conocer las raíces de la variedad de español que hablamos en Argentina. Trato de que sea un libro de divulgación, no es para lingüistas ni especialistas, sino que está destinado para que el lector común le interese la argentinidad y la relación que tiene el lenguaje con la identidad argentina. Intenté presentarlo en tres partes o capítulos para mostrar cómo se hablaba en el siglo XIX antes de la llegada de la inmigración. La primera parte se llama “Las palabras que estaban”. Luego viene “Las palabras que nos trajeron”: qué sucede cuando viene la inmigración y, finalmente, “Las palabras que inventamos”: aquellas que fueron creadas desde que terminó la inmigración hasta estos días.

–¿Qué es el lunfardo?
–Técnicamente, el lunfardo es el argot de la Argentina. ¿Qué quiere decir el argot? Es un vocabulario de registro popular que manejamos todos los argentinos. Su uso no es exclusivo de las personas provenientes de las clases populares, lo usamos y conocemos todos porque, incluso, quien no lo usa, también lo comprende. Es algo que nos compete a todos. También revela un poco, por la manera en que se fue formando el lunfardo a partir de 1870, las capas lingüísticas: los sustratos aborigen y africano que había en ese momento, naturalmente el sustrato español con la lengua de la colonia y luego el lenguaje rural, el gauchesco hasta que, de pronto llega, la inmigración. Su llegada generó el crecimiento brutal de este lenguaje, de este vocabulario.

–¿Cuándo comenzó a ser popular el lunfardo?
–A comienzos del siglo XX ya había una gran variedad de publicaciones, entre ellas, diarios, revistas, folletos que se vendían en los kioscos con poemas, cuentos y relatos que incluían palabras en lunfardo. El diario Crítica hizo del lunfardo una bandera en los primeros cinco años de existencia. Se fundó en 1913, era un diario vespertino y bien popular para el laburante que salía del laburo: compraban el diario, se subían al tranvía y viajaba leyendo durante una hora desde Flores hasta Núñez. La sección de policiales del diario Crítica contenía material del lunfardo. Además, la revista Caras y Caretas tenía columnas de los escritores Fray Mocho, Félix Lima y de otros autores que también usaban el lunfardo. Fue el primer grado trascendental en términos de popularidad. El segundo término se manifestó en las obras de teatro, por el sainete y por el teatro por horas, son obras cortas que por lo general llevaban una matriz o contenido cómico. En esos guiones, el lunfardo estaba a full. También se usaba el cocoliche, que es el habla de transición de los italianos. Luego llegó el tango: con la explosión del tango como canción antes de la época Contursi y Gardel, pero con la explosión de El Zorzal Criollo grabando tangos comenzó una era de 20 años de lunfardo a pleno respecto a las letras del tango. Todo eso confluye para popularizar el lunfardo, ya que la gente lo usaba con vergüenza en los conventillos, dentro de su barra o grupo de amigos o también en ámbitos familiares o cerrados.

–¿Cuándo comenzó el voceo?
–En mi libro están los países donde hablan de “vos”. Hay regiones donde hay fluctuación. En Argentina, prácticamente el cien por ciento de los hablantes hablamos de “vos”. En Uruguay también hay fluctuación: algunos dicen “vos tienes” en lugar de decir “tú tienes”. También dicen “Tú tenés”. Pero, en realidad, el voceo es muy anterior a todo esto: ya existía en el sur de España cuando los españoles llegaron a América. Luego, los conquistadores lo trajeron a América. Se dice que hubo muchos extremeños y andaluces que vinieron al sur de Sudamérica y que habrían traído estas formas del voceo. El voceo en España terminó por desaparecer. Cuando se usaba indicaba algunas diferencias: está el tuteo, el voceo y el ustedeo. Para nosotros, está la creencia de que el voceo es más de confianza y el ustedeo sería lo contrario. En Medellin es al revés: “vos” es de respeto y “usted” se le dice a la mujer o al hijo, es de total confianza. El voceo es muy antiguo, intentaron luchar denodadamente contra esta forma de expresión. El gramático Juan José Moner Sans no era español sino catalán, su lengua era el catalán y no el castellano pero quería imponer a toda costa el español en América. Lo mismo quería hacer Américo Castro: en 1941 escribió el libro “La peculiaridad lingüística rioplatense” y destruyó el modo en que hablan los argentinos diciendo “Qué mal que hablan. Qué horror”. Entonces, Borges le hizo una reseña de dos páginas de su libro y lo destruye. De todos modos, el voceo es algo se venía discutiendo: desde la aristocracia españolizante o hispanófila intentaban erradicarlo al considerarlo una señal de incultura.

–¿Por qué afirma que el lunfardo nos define como argentinos?
–Lo que yo noto es que, a partir del título del libro Lenguaje argento, cuyo título utilizo con total intención la palabra “argento” que es una palabra lunfarda, me parece que en ese modo lúdico, juguetón y pícaro de hablar se condensa mucho de lo que somos y cómo pensamos la vida, de qué manera entendemos que funciona el mundo y sentimos y pensamos qué es la vida. No quiero obligar a nadie, pero cada uno habla como habla. Estuve dando seminarios de maestría en la universidad y el trabajo final consistía en que cada estudiante tenía que entrevistar a 20 personas y preguntarles ciertas cosas. Había que mostrarles una lista de 20 palabras y preguntarles si usaban esa palabra, sabían lo que quiere decir. Algunas palabras las conoce todo el mundo pero otras solamente la sabían los jóvenes o los mayores, según la edad. La gracia del asunto era preguntarles al final: “¿Usted, utiliza el lunfardo”? ¿Conoce palabras lunfardas? “No las uso”, me decían, pero todas las palabras que les pregunté antes son palabras lunfardas. “Ah, no sabía”, respondían.

–Las palabras “che” o “boludo”, juntas o separadas, son términos muy argentino ¿Eso no nos define como argentinos en el mundo?
–A mí no me da alegría que nos reconocieran de esa manera, pero debo admitir que es así. No me alegra que nos reconozcan por la palabra “boludo”. Lo de “che” no es por el Che Guevara, sino porque usábamos antes la palabra “che”, una interjección del sur de España que trajeron los colonizadores. Decían que en mapuche quiere decir “gente” pero es todo mentira, es una interjección para llamar la atención a otro.

–¿Por qué dice en su libro que los argentinos somos todos boludos?
–Es llamativo que todos aceptemos pasivamente. Nuestros mejores amigos nos llaman “boludos”, también nuestras mujeres, maridos, y ese significado lo aguantamos tranquilos. Parece natural pero no podemos olvidarnos lo que quiere decir. En las redes aparecen inventos chinos: decían que la palabra “boludo” tenía que ver con unos soldados que tiraban bolas. Es la idea muy acendrada en Europa, especialmente en Italia. Hay dos ideas relacionadas con los testículos: una es que pueden inflarse y cuando se te inflan ya estás hinchado las pelotas, te enojás. La otra idea es que tipos de testículos grandes, pesados, es una fantasía, nadie lo comprobó nunca, pero el imaginario popular lo asocia a una persona lenta “¿Che, me traés una taza?”. Si, bueno, ahí, voy… y camino lento, despacito. ¿Pero, qué te pasa, te pesan los huevos?” Por eso el término “bolas tristes”, que son bolas caídas, es un insulto. De ahí viene el “boludo” y también el “pelotudo”, que es mucho más fuerte: tiene una potencia, como la hizo notar el gran Fontanarrosa, al punto que no vale lo mismo decir “boludo” que “pelotudo”. Si le decís “pelotudo” a un amigo ya te va a mirar de otra manera.

–¿Por qué hay frases o palabras que se van reinventando o reciclando a través del tiempo mientras otras quedan en desuso?
–Es un misterio, nadie lo sabe. De eso habla el poeta latino Horacio en su libro “Arte poética” cuando se refiera al lenguaje, dice: “las palabras que hoy todos conocemos caerán”. Habla de cómo hay palabras que dejan de usarse y aparecen otras nuevas en su lugar. Pudo percibirlo como poeta, pero normalmente la gente no lo percibe hasta llegar a ser adultos mayores. Por ejemplo, macanudo es una palabra argentina de 1900, pero hoy no se usa de ninguna manera. Mi hija tiene 21 años se me ríe en la cara si me escucha decir “macanudo”.

–¿Cómo nos ven afuera?
–Creo que seduce, tiene algo especial, y no es porque existan argots en todas las lenguas. En las grandes ciudades y capitales del mundo siempre hay argots, es una creación urbana. En Italia hay un argot de Génova, otro de Napoles, también de Sicilia.

–Hay palabras que, con el correr del tiempo, se fueron deformando su significado. Sin embargo, las empleamos diariamente sin saber bien de qué se tratan.
–Ahí está la gracia de la etimología, algo que me fascina. Por eso, termino dedicándome a esto: me fascina saber de dónde vienen las palabras ¿De qué raíz viene? ¿Qué quiere decir esa raíz? Esto comenzó cuando me dedicaba a enseñar griego y latín. Con el tiempo, descubrí que conocer a fondo el significado de las palabras es una manera de enseñar nuestra historia, que nuestra lengua está viva, cambia, se mezcla y se reinventa, y así construir nuestra argentinidad a través del habla.

martes, 8 de octubre de 2024

Manualidades que no son tales

Martín Smud
es psicoanalista y escritor. El pasado 3 de octubre publicó una columna de opinión en el diario Página 12, que se reproduce a continuación. Su pertinencia, que, primera vista puede parecer minúscula, pero el término en cuestión plantea enormes problemas fuera de Argentina. Ni qué hablar para traductores de nuestro castellano a otras lenguas.

Alta Paja 

Cuán difícil es explicar el significado de la paja que tanto usan nuestros adolescentes y nuestros jóvenes hoy. ¡Qué paja!, ¡cuánta paja!, ¡alta paja!, ¡es una paja!, ¡tengo paja! Así, cada cinco palabras aparece la paja. En mi juventud, hacerse la paja sólo era un acto masturbatorio. Hoy los significados se multiplican, demostrando nuevamente el poder del lenguaje creativo y performático de estos tiempos tan “cisdisciplinares” y transdisciplinares. Necesitaríamos un libro entero para comprender los significados multívocos y posibles acepciones.

Sin embargo, podríamos intentar sintetizar esas múltiples significaciones en una relación complicada con los objetos, con determinados objetos del deseo. La paja parece acusarlos de las acciones requeridas, de la frustrante temporalidad, cantidades de acciones que anteceden o que están después de eso deseado que no hace más que frustrarlo, entonces la decisión es postergarlo frente a tanta cantidad de obstáculos.

La adolescencia y la juventud, quizás uno de los momentos donde se descubren tantas cuestiones, además del sexo, la filosofía y el peso del sí mismo, se enfrenta a la primera gran tautología, las ganas de no tener ganas: “Si no tengo ganas, no tengo ganas”. No hay vacunas, psicofármacos u obligaciones que puedan insuflar deseo. Pero en la adolescencia, que cada vez se alarga más, también se planta la vida. Si tengo paja, tengo paja. Y no es una paja chiquita, es una alta paja. La paja de irse de sí mismo, y contagiar el mundo, tiene esa actitud picante, parece saltar de un lado a otro y reaparecer en las extremidades. (Hace muchos años investigué este tema y vuelvo a él, en la Edad Media se ataban las manos de los chicos --no existía la adolescencia aún-- para que no se tocaran, pues se consideraba que tocarse a sí mismo además de pecaminoso quitaba vida para el futuro. Eso lo pensaba entonces siguiendo a autores que me influyeron, hoy agrego que ataban sus manos para que no se escaparan con sus ganas y vaya a saber dónde las encontrarían, a ellos y a sus ganas. La paja en ese tiempo era excluyente para los hombres, las mujeres tenían prohibido su propio cuerpo y los objetos del deseo, por tanto tenían clausurada el acceso a la paja, sólo los brujas con sus escobas voladoras y sus gritos cercanos a lo orgásmico y a lo dionisíaco lo pudieron vivenciar en las clandestinidades de la noche).

¡La paja es extremista! Los jóvenes buscando lo imposible se estrellan contra las paredes de lo posible, la dureza del ladrillo como llamaba Cortázar a la realidad. En definitiva, la paja es una protesta contra la realidad, contra los objetos, contra los que dicen qué hay que hacer.

Para diferenciar una falta de ganas de otras, en la fase didáctica, Freud separó repetición de vida y repetición de muerte. Y no es muy difícil darse cuenta, en su simplicidad, de su verdad. Pero luego lo complicó. Antes que Lacan, el mismo Freud sostiene que hay pajas masoquistas, autoeróticas, testarudas, incoherentes, autistas, idiotas pero, sobre todo, hay que separar las pajas colonizadoras de las emancipadoras, las pajas seductoras de las sinsentido, no hay que confundirlas con acciones y menos con actos sino que pueden llegar a ser la preparación para otra cosa. En una prescindencia de una acción que parece insignificante se encuentra la llave para entrar a una habitación que parecía inaccesible.

La paja actual es física. Los objetos los torturan, el estómago se tensa frente a ese saber que sólo para entrar en una habitación cualquiera es necesario tal cantidad de acciones antes de sentirse a gusto. Y se presenta también esa pregunta metafísica: ¿por qué para entrar a una habitación hay que abrir una puerta, encender una luz, ubicarse en ella, saber cuáles son sus rutinas, a qué clase social pertenece y cuáles son sus usos y costumbres? Si sólo quería entrar a una habitación.

Finalmente la paja descubre una verdad: los objetos se defienden entre ellos, tienen espíritu de cuerpo. Tocar a uno no es sino motivo de celos y disputas. Por eso, lo único que puede enfrentarlos es una solución radical, prescindir de todos ellos: vivir sin picaporte, sin puerta, sin luz, sin ascensores ni escaleras, sin calefón ni agua corriente, sin papeles, sin boletas, sin casa ni ropa, sin lapiceras, y sobre todo, sin palabras.

Argentina se ensombrece con millones de pobres. ¿Qué se puede hacer? Volver política la paja, un primer acto político. Negarse a aceptar lo que hay que hacer, mostrar la tiranía de los objetos, de las acciones, y las personas. Puede ser que después retornen otras ganas, negarse a atravesar alguna de las puertas de la dura realidad, quizás se descubran esos guardianes que nos acechan y se los pueda desinflar hasta dejarlos indefensos a pesar de que tengan la misión de reprimir y torturar. El primer acto de rebelión trascendente es negar la acción que el otro nos demanda. Volver en sí, responsabilizarnos de que no queremos hacer eso. La paja tiene esa posibilidad de cambios, de pasar de una frustración frente a las miles de acciones requeridas, a un acto. No se trata de no salir a la calle sino salir todos juntos como acto de protesta y reunirnos para reírnos de lo que vamos a lograr, que la esperanza derrita a esos chantas que nos quieren atar de pies y manos.

¿Qué se creen? ¡Qué haciendo ricos al 1 por ciento de la población más rica nos quedaremos sólo quejándonos de los objetos y las acciones requeridas para liberarnos! La paja puede ser servidumbre, pasividad, consuelo quejumbroso frente a la impotencia de no tener eso a mi lado, de no poder darte un lugar a mi lado pero también puede ser un primer acto que lleve a un segundo que ya no niega la acción sino que encuentra el punto de arranque.

En definitiva, es el comienzo de un camino que nos llevará por esta aventura que es un nosotros. Nos quieren hacer creer que la paja es una relación infinita e ilimitada con la culpa. Con un castigo del no poder hacer, de la detención del movimiento, de la inhibición y puede serlo, pero propongamos otra cosas, que la repetición de la falta de ganas no sea sólo repitencia sino algo que nos deja primero desnudos y a los gritos y, luego, una afirmación de un deseo: no queremos la repetición de la historia, frente a ella el acto de la paja es rebelión y no clausura.

viernes, 11 de marzo de 2022

Es posible que, de aquí a poco, hablemos en polilingua, como en "Blade Runner"

El 1 de marzo, sin firma, el diario Clarín, de Buenos Aires, publicó la siguiente nota que, en jerga periodística, podría definirse como “de color”; vale decir, es insustancial, pero, en una de ésas incluye alguna información que alguien puede desear tener.

De la generación X a los centennials
A qué generación pertenecés, según cómo hablás: qué es la brecha lingüística

Cada generación tiene su propia manera de influir en el lenguaje y crear una jerga que sólo sus contemporáneos pueden entender.

La brecha lingüística entre las generaciones no es novedad. Si hubiera un diccionario al que recurrir para comprender las expresiones de moda, por ejemplo, entre los adolescentes, seguramente serían varios los adultos que accederían a él.

Los tiempos cambian y el lenguaje con ellos, porque se trata de un ente vivo que se va enriqueciendo.

Cada generación tiene su propia manera de influir en el lenguaje y crear una jerga que sólo sus contemporáneos pueden entender. Esto sugiere que la forma de expresarse, con puntos de referencia y fuentes culturales divergentes, dice mucho de la identidad de quienes hablan.

Según una encuesta elaborada por Babbel, plataforma de aprendizaje de idiomas enfocada en conversaciones cotidianas, reveló que el 60,5% de los mayores de 40 años pertenecientes a la Generación X –de 40 a 54 años– tiene dificultades para entender la jerga de generaciones más jóvenes.

Esto se debe a que, el 88% de los centennials –de 18 a 24 años– utilizan habitualmente palabras, expresiones o acrónimos procedentes del inglés.

Por esta razón, gran parte de los encuestados de la Generación X piensa que las generaciones más jóvenes no utilizan un lenguaje adecuado: según un 56% la Generación Z está “perdiendo” el castellano y, además, el 82% cree que se habla peor por el uso de anglicismos.

“La jerga cambia mucho más rápido que el lenguaje formal”

Según explicó Héctor Hernández, lingüista y curriculum development lead de Babbel Live, “el lenguaje es un hermoso y complejo sistema de comunicación que a veces puede hacernos sentir como extraños los unos a los otros cuando se malinterpreta. La jerga cambia mucho más rápido que el lenguaje formal, por lo que es difícil mantenerse al día”.

Y añadió: “Aunque al principio pueda parecer difícil relacionarse con las expresiones de nuestros padres o con los crípticos acrónimos de los adolescentes, dedicar tiempo a entender lo que significan no sólo puede favorecer la comprensión mutua, sino que también proporciona una visión considerable de la cultura en la que estamos inmersos. De hecho, nuestras expresiones pueden ser divertidos indicadores de dónde estamos temporalmente hablando”.

Estas diferencias pueden parecer insalvables, pero si se analizan más de cerca, se pueden reconocer experiencias comunes y si se comparan las expresiones de las diferentes épocas no son tan abismales como parecen.

 Expresiones boomers vs. centennials

Los miembros de la generación Z –centennials– suelen denominar a las personas mayores –Generación X– con el término boomer de una forma un tanto peyorativa, debido a que no están tan al día como ellos sobre las tendencias actuales. Un ejemplo de esto es que el 36% de los encuestados de la Generación X dice tener dificultades para pronunciar palabras de uso cotidiano en inglés, como es el caso de WhatsApp, influencer o hashtag.

 La chica o el chico que “me gusta” vs. crush: o lo que es lo mismo, esa persona que te robó el corazón y con la que coqueteás.

 Chusmear vs. stalkear: husmear, fisgar, curiosear. La mayor diferencia entre estos términos es que en el caso del segundo se hace a través de las redes sociales.

Es un “quemo” vs. cringe: del inglés “morir de vergüenza”, esta expresión en la actualidad es muy utilizada por las generaciones más jóvenes para decir que alguien da vergüenza ajena, “me da cringe esa persona”.

“Estar a full” vs. hype: elogio exagerado y ruidoso con que se ensalza a una persona o se anuncia o publica algo. El término “hype” surgió del ámbito de los videojuegos y cuando alguien dice que “se está hypeando” se refiere a que se está emocionando. El término hype también se utiliza para referirse a un artista–famoso que está en tendencia o se hizo viral por una campaña de promoción. Por ejemplo, los tiktokers más conocidos de Estados Unidos en diciembre de 2019 se mudaron todos juntos a una casa y la denominaron la “Hypehouse”.

Es malísimo o fracasó vs. flop: es la expresión contraria a “hype”, se refiere cuando un artista está “en baja” o fracaso en un lanzamiento.

Aleatorio o cualquiera vs. random: se utiliza cuando nos referimos a algo que depende del azar, por ejemplo, ya no se dice una persona cualquiera sino una persona random.

 Ok o sí vs. seeee –en inglés, yasss: siempre fue habitual usar la expresión “ok” para celebrar algo, pero ahora lo moderno es decir “seee” o “yasss”, que es como decir “sí”, en plan exagerando y celebrando.

Igual vs. same o x1: los centennials tienden a abreviar bastante y ahora cuando en WhatsApp estás de acuerdo con algo, citan la frase y le ponen same o x1, x2, x3 (en función de cuántas personas esté de acuerdo).

Demasiado vs. too much: esta expresión, utilizada para decir cuando algo es “demasiado” es usada por varias generaciones.

“Se tildo” vs. bugeado: esta expresión es muy usada por los más jóvenes en el ámbito de los videojuegos online, significa que se trabó o tildo el juego.

La influencia de la comunicación online

Ahora es común hablar a través de aplicaciones y no tanto cara a cara. El 40% de los encuestados de la Generación Z indicó que prefiere comunicarse de esta forma, lo que también ocasionó cambios en la manera de expresarse.

“Pasame tu msn o tu ICQ” vs “te agrego a Facebook o seguime en Instagram o Twitter”: los adolescentes Millennials –de 25 a 39 años– en la primera década del siglo XXI aún utilizaban la plataforma Messenger en la computadora y en el celular se comunicaban por SMS. En aquel momento se usaban abreviaturas como “Tkm” –te quiero mucho–; “xa” –para–; “tb” –también–; “xq” –porque–; “xfa” –por favor–.

Actualmente, la comunicación es a través de redes sociales – Facebook, Instagram, Twitter y Tiktok– y el servicio de mensajería es gratuito (WhatsApp). Algunas expresiones modernas que se utilizan hoy en día son:

LOLLaughing Out Loud (reírse a carcajadas).

tgifthank God it’s Friday (gracias a Dios es viernes).

btwby the way (por cierto).

Ffail (fallar).

idkI don´t know (no lo sé).

tbtthrowback Thursday (otra vez jueves).

Pero también hay muchos otros términos procedentes de Internet y las redes sociales que hace unos años ni siquiera existían como: influencer, hashtag, post, story, DM (mensaje directo), engagement, feed, followers, gif, selfie, phising (intento fraudulento de obtener informaciones particulares de las redes), yassificación (aplicar varios filtros de belleza en Instagram) y un largo etcétera.

miércoles, 15 de abril de 2020

Para disfrutar mientras se acaba el mundo

Para aprovechar durante nuestras respectivas reclusiones y mientras esperamos el fin del mundo, una serie de videos de youtube realizados por Vanity Fair, con actores y actrices de Hollywood, a propósito de los distintos usos que hacen del argot en los países de donde proceden. Algunos son realmente interesantes y más de un traductor (fundamentalmente del inglés) va a poder solucionar gracias a ellos problemas que plantean los textos.


Antonio Banderas enseña slang español:

https://www.youtube.com/watch?v=eZ0vxQ3uJCU

 

Salma Hayek enseña slang mexicano:

https://www.youtube.com/watch?v=T2BlqlR4a7A

 

Eva Longoria y Michael Peña enseñan slang mexicano:

https://www.youtube.com/watch?v=4kc-mbe02tc

 

Gina Rodriguez e Ismael Cruz Córdova enseñan slang portorriqueño:

https://www.youtube.com/watch?v=6c0wqATOCnE

 

Karol G enseña slang colombiano:

https://www.youtube.com/watch?v=vQr62cuFacQ

 

Will Arnett enseña slang canadiense:

https://www.youtube.com/watch?v=evvzG0Xz69Q

 

Henry Cavill y Simon Pegg enseñan slang inglés:


Sophie Turner, James McAvoy y Michael Fassbender enseñan slang ingles, escocés e irlandés:

Matthew McConaughey, Hugh Grant, y Charlie Hunnam enseñan slang texano, ingles y escocés:


Tom Hardy y Riz Ahmed enseñan slang británico:

https://www.youtube.com/watch?v=7oeNELlEQjM


Gerard Butler enseña slang escocés:

Jon Hamm y Michael Sheen enseñan slang de St. Louis (Missouri) y de Gales :


Adam Sandler e Idina Menzel enseñan slang de Nueva York:


Mark Whalberg enseña slang de Boston:

Jennifer Lawrence y Joel Edgerton enseñan slang de Kentucky y de Australia:

https://www.youtube.com/watch?v=mQ_KOvXIaE0


Charlize Theron y David Oyelowo enseñan slang afrikan y yoruba:

https://www.youtube.com/watch?v=HlfM34DXbGw


Rose Byrne y Chris O’Dowd enseñan slang australiano e irlandés:

Kumail Nanjiani & Natalie Morales enseñan slang urdu y de Miami:

https://www.youtube.com/watch?v=WxLZ_iYtEtI 


miércoles, 11 de mayo de 2016

Para leer ranchando con los amigos

Aguirre tras las rejas


Poeta y especialsita en temas vinculados a la mafia y el crimen, Osvaldo Aguirre publicó en el diario Clarín el siguiente artículo el 4 de mayo pasado. Ahora puede leérselo en el sitio digital de la revista Ñ



El generoso lenguaje que provee el crimen


En una conversación telefónica interceptada por la policía de Santa Fe se escuchó que uno de los integrantes de la banda de Los Monos le pedía a otro una caja de confites y de novillos y aludía a dos personas de 22 y 38 años, mientras su interlocutor se comprometía a pasar por una casa de cotillón. Hablaban de comprar municiones, de las armas disponibles y del lugar donde proveerse, en el marco del enfrentamiento con un grupo rival. El diálogo revelaba no solo intenciones criminales sino también uno de los aspectos definitorios de la delincuencia: la creación de una jerga propia, un argot destinado a la comunicación entre pares y funcional para quienes saben, como pocos usuarios de la lengua, que las palabras comprometen a sus hablantes.

El vocabulario se actualiza periódicamente, aunque muchos de los términos y las acepciones acuñados por los delincuentes tienen una larga historia de usos y han sido admitidos en el diccionario de la lengua (DRAE), como punga y campana , palabras que empleaban los ladrones criollos a fines del siglo XIX para designar al carterista y al cómplice en un robo. Algunas voces significan también la inscripción de hitos en la historia criminal. En 1932 los secuestradores de Abel Ayerza intercambiaron un telegrama que decía: “Manden el chancho urgente”, para significar la orden de liberar a la víctima; desde entonces, por la repercusión del caso y el equívoco que rodeó a la interpretación (Ayerza resultó asesinado), “chancho” es la víctima de secuestros extorsivos.

En el ámbito de la delincuencia, dice el antropólogo Alejandro Isla, “el lenguaje permite reconocer quién está enfrente y denotar la experiencia o la trayectoria en la calle y su especialidad”. También manejar el negocio, en los grupos narcocriminales del presente. “La estructura, fraccionada en bocas de expendio, los obliga a manejarse con el teléfono celular, a través de la palabra –señala el periodista Germán de los Santos. Los jefes usan una jerga caótica, cuyos términos parecen elegidos al azar y cambian todo el tiempo, como los chips de los celulares. El trabuco (arma) se transforma en herramienta, en máquina, en aparato y finalmente en un simple coso”.

El lenguaje de los delincuentes constituyó un objeto temprano de interés para los criminólogos argentinos. En 1894 Antonio Dellepiane, miembro de la comisión de cárceles y casas de corrección de Buenos Aires, publicó El idioma del crimen , un estudio provisto de un diccionario español-lunfardo que surgió en el marco de las primeras investigaciones sobre el delito, el desarrollo de tecnologías para la identificación de los infractores de la ley y la creación de registros para sistematizar datos. Fue la base de textos posteriores, comoEl lenguaje del bajo fondo , de Luis C. Villamayor (1915), y El hampa y sus secretos , de Manuel Barrés (1934).

Los autores coincidían en la necesidad de que la policía estuviera al tanto del argot, código cifrado y abecé de “la profesión del delito”, como parte de las tareas de prevención. Barrés lo defenestró como “lengua nacida en el bajo fondo y mecida en la abyección y el presidio”, Babel que fusionaba términos del provenzal, el español, el italiano, el inglés, el alemán, el latín, el vasco y el celta y daba por resultado un idioma “opuesto a la moral y sus normas sociales”. Villamayor consideró que, así como los macrós y los apaches corrompían a la población honesta, el argot contaminaba la lengua común por el vaivén incesante de términos y significados: en boca de los criminales, las palabras eran “gramaticalmente asesinadas”.

Dellepiane dejó de lado las apreciaciones moralistas para focalizar en el modo en que los ladrones creaban sus palabras y para analizar el contexto y la función de sus empleos. Descartó la tesis de Cesare Lombroso, para quien el argot remitía a los idiomas de las tribus salvajes porque los delincuentes eran bárbaros extraviados en la civilización, y retomó las observaciones de Eugène Vidocq para comprenderlo como “el lenguaje de la intimidad, del compañerismo, de las afinidades electivas”. Incluso registró procedimientos y rasgos que le resultaban admirables, como los hallazgos en la creación de imágenes y el humor subyacente; solamente a los carteristas, por ejemplo, se les ocurriría dar un nombre especial a cada bolsillo del traje masculino, “en lo cual nuestro argot aventaja a la misma lengua ordinaria que no ha pensado jamás en establecer semejantes distinciones”. Cuando se publicó el libro, según estadísticas del entonces jefe de Investigaciones José G. Rossi, en la ciudad de Buenos Aires había un ladrón profesional cada quince adultos. Una comunidad de hablantes que encontraba en aquella jerga el santo y seña que los identificaba.

La incorporación de algunos términos modernos parece decantar de la práctica criminal. En sus memorias, el comisario Evaristo Meneses cuenta que la banda de Horacio Pardo utilizaba a fines de la década de 1950 el neologismo “salidera” para referirse a los robos en inmediaciones de oficinas comerciales o bancos. De allí proviene el actual “entradera”, como se conoce a los asaltos a personas en el momento de ingresar a sus domicilios.

Dellepiane observó que el lenguaje del crimen está sujeto a la variación constante porque una voz cae en desuso desde que es identificada. No se trata de una lengua de combate, dijo, sino más bien delatora, y por eso los ladrones la reservan para su comunicación privada y no para el contacto con la policía. Pero esas modificaciones se realizan sobre la base de un corpus inalterable que resulta del ámbito donde se preserva el argot: la cárcel.

El lenguaje propio sostiene “una identidad definida” que los delincuentes construyen en oposición al mundo de la ley, dice Alejandro Isla. Son las palabras y las inscripciones que se llevan en el cuerpo, ya que las marcas, tatuajes y cicatrices denotan una historia, y los trazos de la piel “pueden leerse como un papiro”.

Los presos viejos “cumplen el papel de reservorio de la tradición, enhebrando las generaciones y sus estilos delictivos”, y la continuidad del lenguaje. La centralidad de la cárcel en la transmisión de las jergas criminales se encuentra en la mayoría de los estudios sobre la cuestión: es el lugar donde un delincuente pasa la mayor parte de su existencia y donde, literalmente y entre otras experiencias formativas, aprende a hablar. Ser ladrón, destaca Isla, asume un sentido preciso en el mundillo de la delincuencia: “Tiene una trayectoria, sabe cómo conversar con otro aunque no lo conozca; sabe averiguar lo que llaman la tira, el currículum, sin preguntar directamente qué hizo, porque eso es de policías”. También supone una historia, cuyo quiebre más reciente remite a la década de 1990 y a la irrupción de una generación de delincuentes caracterizada por un incremento de la violencia. La nostalgia por un pasado menos peligroso donde la delincuencia se regía por valores codificados, usual en voceros policiales, alcanza también a los viejos ladrones, que critican a los nuevos por “pudrir la calle”.

El uso del argot no solo requiere el conocimiento del significado de las palabras sino también estar al tanto de los matices introducidos por las entonaciones, los acentos y los silencios, y de los sobreentendidos que imprime la gestualidad corporal. Un repertorio de palabras y guiños que se repliega en territorios extraños. “Cuando los miembros de las bandas narcocriminales son indagados por la justicia eligen palabras más prolijas, más formales –dice Germán de los Santos–. Hablan por medio de sus abogados. Ya no son ellos.”








jueves, 21 de mayo de 2015

La muerte del Pibe Oscar (célebre escrushiante)

El jueves 21 a las 19 horas, en la Academia Porteña del Lunfardo (Estados Unidos 1379), Unipe Editora Universitaria presenta la edición anotada por Oscar Conde de la primera novela lunfardesca: La muerte del Pibe Oscar (1926) de Luis C. Villamayor, perdida hasta hoy y completamente desconocida para estudiosos e investigadores de la literatura argentina. Están todos invitados.


Evento literario, lingüístico e historiográfico, esta edición de La muerte del Pibe Oscar pone en manos del lector las huellas del denso y agitado bajo fondo porteño del temprano siglo XX. Luis Contreras Villamayor, guardiacárcel y etnógrafo de las poblaciones que custodia, reconstruye la historia de uno de los más célebres «lunfardos» de su tiempo. Narra esa vida con familiaridad y sentido empático, explicando la deriva hacia el delito a partir de una brutal experiencia infantil en los pliegues más oscuros de las instituciones penales, esas que el autor conoce íntimamente. También hay mucho sobre los márgenes de la gran Babel que era la Buenos Aires de la época, allí donde lo ilegal o semilegal imprimía el ritmo inquieto de la vida cotidiana y donde las relaciones humanas exhibían inventiva, comicidad y nobleza.

La gran labor de Oscar Conde pone en valor esta obra extraordinaria mediante un aparato erudito que explicita su riqueza y la hace inteligible: un estudio contextual sobre la obra, el autor y la época, notas aclaratorias de términos lunfardos, un glosario y un valioso apéndice con escritos adicionales de Villamayor. Además de enriquecer la lectura, este marco confirma que tras la firma «Canero viejo» hay un observador –y un autor– que apuesta a la integración de las nuevas formas del habla de Buenos Aires en una narrativa. En otras palabras, confirma que La muerte del Pibe Oscar es una obra clave de la literatura lunfardesca.

Lila Caimari

jueves, 26 de marzo de 2015

La probable etimología de "pipí cucú"

Alberto Olmedo
Es probable que los lectores no argentinos de este blog jamás hayan oído la locución que motiva esta entrada, proveniente de la pluma de Susana Anaine y aparecida en la revista Ñ el 13 de marzo pasado. También es dable imaginar que no sepan quiénes fueron Carlos Monzón, Tito Lectoure, Ernesto Cherquis Bialo y Alberto Olmedo. De todos esos nombres, sin duda el último es el más importante. 


Un premio pipí cucú


El alcalde era Valery Giscard d´Estaing, luego presidente de Francia. El homenajeado, Carlos Monzón, campeón mundial de box que debía agradecer la plaqueta que se le entregaba por haber sido distinguido como mejor deportista del año. (El 17.06.1972 y el 29.09.1973 venció a Jean-Claude Bouttier). Tito Lectoure le había pedido que simplemente dijera merci beaucoup (mersi bocú). Cuenta el periodista Ernesto Cherquis Bialo que Monzón, aterrorizado por tener que hablar en francés, transformó la frase en pipí cucú. El galicismo acriollado a las trompadas no le pasó inadvertido al actor Alberto Olmedo, que comenzó a calificar de pipí cucú a personas, objetos o situaciones. 

lunes, 4 de julio de 2011

El dolape que chamuya ajoba se la sabe lunga

Una entrevista de Mauro Libertella con el especialista en lunfardo Oscar Conde (foto), publicada en Ñ, el sábado 25 de junio pasado.

"Cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo”, escribió una vez Charly García en una canción emblemática. Ese fragmento, recortado del cancionero argentino, está intervenido por dos lunfardismos que le confieren su singularidad: trip y bocho. De esas palabras, esquirlas clavadas en el tejido de nuestro idioma, que todos usamos con mayor o menor insistencia, se encarga Oscar Conde en Lunfardo. Un estudio sobre el habla popular de los argentinos, un volumen de casi 600 páginas que va a fondo en el tema.

-¿Cómo fue su acercamiento al lunfardo?
-Cuando yo me recibí en la Facultad, ya era profesor de Lenguas Clásicas, y me interesó mucho acercarme a la poesía del tango. Cuando hice eso, me di cuenta de que no había diccionarios de lunfardo muy actualizados ni muy científicamente hechos. Eso me empujó a ver si podía hacer un diccionario, cosa que logré en 1998. El interés por el lunfardo quedó ahí, y se fue reavivando. El germen está ahí hace mucho tiempo. Este libro puntual surgió a partir de una invitación que recibí de la Biblioteca Nacional, para dar una serie de conferencias sobre el tema. La preparación de esas charlas fue el origen de este proyecto.

-¿Hay mucho escrito y publicado sobre el lunfardo?
-Hay una vasta producción, sí. Algunas cosas muy poco serias, y otras muy buenas pero que no son de conocimiento masivo. En cuanto a libros, hay dos autores que son especialmente serios: José Gobello y Mario Teruggi. Cada uno de ellos intentó hacer un libro abarcador sobre el lunfardo. Teruggi hizo uno en 1974, Panorama del lunfardo, excelente para la época pero que ya se quedó muy viejo, y que además no tiene un tratamiento lingüístico a fondo, y Gobello escribió uno que se llama Aproximación al lunfardo, publicado en el 96. Pero a mí me parecía que había una cantidad de interrogantes y problemas que no habían sido trabajados a fondo.

-¿Por ejemplo?
-Bueno, siempre que se habla del lunfardo se hace referencia a otros argots del mundo. Está el argot francés, está el slang inglés, está la gíria brasileña. Pero no se había explicado qué es y cómo funciona ese argot. También me interesaba tomar otros argots para ver en qué cosas se parecen y en qué cosas se diferencian de nuestro lunfardo. Ahí entró el parlache de Medellín, el joual de Montreal, el cockney de Londres.

-Otro tema que usted trabaja es el de las definiciones sobre qué es el lunfardo...
-Esa es una cuestión que me parece crucial. Quería mostrar que el habla popular urbana de la Argentina, que nació en el último tercio del siglo XIX, sigue siendo algo que debemos llamar lunfardo. En ese sentido, me preocupaba mucho distinguir la noción de lunfardo que se maneja habitualmente, y refutar algunas de las ideas de los últimos cien años. Hay quien ha llegado a decir que el lunfardo es un idioma: claramente no. Se ha dicho que es un dialecto, pero no. En todo caso uno puede decir que el lunfardo está incluido dentro del dialecto rioplatense del español. Hay quienes dicen todavía que el lunfardo es el lenguaje de la cárcel o de los ladrones, cuando no lo es. En su origen, es cierto, la palabra lunfardo significaba ladrón, pero rápidamente se entendió que eso no es un tecnolecto, una jerga de los ladrones. La palabra catrera no tiene nada que ver con los ladrones, como no tiene nada que ver faso, o bardear.

-En el libro se ve que hay muchísimos lunfardismos que vienen de las camadas inmigratorias de principios del siglo XX.
-A diferencia de otras hablas populares del mundo, el lunfardo nace, justamente, en esa misma eclosión en la que nace el tango, con la llegada de la inmigración y la convivencia babélica en los conventillos. En los primeros 20 años de vida del lunfardo, el aporte de las letras itálicas es brutal. Hay palabras del napolitano como cucuza (cabeza); palabras del siciliano como furca, que es una toma del ladrón cuando agarra a la víctima de atrás; hay genovesismos como enchastrar o bacán; hay palabras del italiano estándar, y algunas del yergo o furbesco que es el habla de los ladrones italianos. Ese sería el aporte más crucial, pero hay aportes del francés general, como marote, que es una palabra que viene de marot, que es la cabeza en la que se coloca una peluca en una vidriera. O la palabra fifí, que viene del francés. Hay también palabras del argot de la prostitución francesa, como franelear o partuza. También hay algunos calcos, como la posición sexual 69, que es un calco de soixante neuf, que es una creación francesa.

-¿Palabras como chatear se consideran un lunfardismo?
-Yo creo que no. Las palabras que tienen que ver con neologismos que dan cuenta de avances tecnológicos son palabras compartidas por todos los hispanohablantes. No es que en argentino se usa chatear; se usa en todos lados. Eso no es un lunfardismo. Y tampoco es un americanismo, porque se usa en España también. Uno de los límites que tiene el lunfardo es el uso como americanismo. Si se usa en 4 o 5 países, no es un lunfardismo. Otro límite es el de los seudolunfardismos: palabras que mucha gente cree que son lunfardismos, pero son palabras españolas normales, como fiambre para muerto, o curdela como borracho, espichar por morir, son todas palabras españolas.

-¿Y las así llamadas “malas palabras”?
-Palabras como hijo de puta se usan en todos los países hispanohablantes. Pero una palabra como pelotudo yo diría que es lunfardo. Boludo, pelotudo, son creaciones muy argentinas. O una palabra como pajero no es un lunfardismo, pero jeropa, el vesre, sí lo es.

-¿Qué hace que algunas palabras sobrevivan y otras caigan en desuso?
-Es un misterio... Esto que me preguntás es lo mismo que si me preguntaras “en una cuadra de Palermo hay cinco bares, ¿por qué a uno va todo el mundo y a otro no va nadie?”. Y yo te diría, “y, son corrientes de consumo”. Con el lenguaje ocurre lo mismo. Hay palabras que a la gente le sientan bien, al hablante le parece una palabra divertida o le parece irónica. Lo que tienen los argots es esta cuestión del peso connotativo que tiene el uso de la palabra. No es lo mismo decir “fui a una discoteca, conocí a una señorita, la seduje y la llevé a un hotel para parejas” que decir “fui a un boliche, conocí una mina, me la levanté, y me la llevé al telo”. No es lo mismo. La cantidad de cosas que se transmiten en el segundo enunciado, en el primero, que es neutro, de tipo denotativo, no se transmiten. Lo segundo está cargado de sentido, de gracia, de picardía.

-Además de grupos generacionales, supongo que hay lunfardismos que están asociados a grupos sociales, económicos, culturales. ¿Cómo funciona eso?
-Todas las palabras, salvo que sean una creación de los medios de comunicación, surgen dentro de un grupo. Esto es inevitable. La mayor parte de los neologismos son creaciones de jóvenes, entre los 12 y los 20 años. Este es el mayor generador de palabras. Los jóvenes tienen otra libertad con la lengua, necesitan diferenciarse, necesitan crear una cohesión de grupo y eso en muchos casos se logra con un lenguaje compartido que los del otro grupo no comprenden, un lenguaje que los hace sentir distintos de sus padres, de sus profesores. Pero a veces, y esto ha ocurrido en el lunfardo del último medio siglo, la palabra lunfarda es simplemente una palabra que corresponde a un ambiente y se saca de contexto de esa jerga para usarse con otro sentido. Una cosa es estar jugando un partido de fútbol y quedar en orsai, y otra es decir una macana en público y quedar en orsai. Una cosa es decir que los caballos en el hipódromo están en las gateras, y otra cosa es decir que estás por proponerle noviazgo a una chica y decís “estoy en la gatera”. Hay usos que han hecho que el vocablo que es propio de la jerga se haya extendido. Dentro del hipódromo se varea a los caballos para que caminen a la madrugada, pero en la calle uno saca a varear a su novia, a su mujer. La palabra copar, que es típicamente de los grupos guerrilleros de los años setenta, derivó en el adjetivo copado. Como se copaban los cuarteles o las comisarias.

-Hay también algunas confusiones que orbitan alrededor del tema del lunfardo, como el lugar común de que los jóvenes no saben hablar.
-A mí me causa un poco de gracia el modo en el que se aborda el tema del lenguaje en los jóvenes. En general, se hace un gran paquete y se dice que los jóvenes no saben hablar porque no leen, porque el nivel de la escuela cayó, y que el chat les deforma el idioma. Estupideces por el estilo. El idioma es imparable. El pueblo agranda el idioma. El chat, además, no tiene nada que ver con el lunfardo: la chica que le escribe a su novio TKM cuando lo ve le dice “te quiero mucho”, no “tkm”. De manera que no veo una deformación. Probablemente haya una pérdida de vocabulario, eso sí. El problema que tiene la pérdida de vocabulario es que perdés espesor para definir las cosas, para clasificar las cosas. Si no conocés muchas variantes que designen estados de ánimos, te va a costar entender lo que te pasa. La lengua no es otra cosa que un sistema de categorías, que reproduce el modo de pensar, el modo en que entendemos el mundo.

-¿Para ir cerrando, cuáles son sus lunfardismos preferidos, si es que los tiene?
-No sé si tengo. En general me interesan aquellos que generan algún tipo de controversia en cuanto a la explicación. Porque mucha gente cree saber la explicación del origen de una palabra, y dice un disparate. La palabra colimba, por ejemplo. Decir que surge de un acrónimo de “corre, limpia, barre” es disparatado. Colimba es el vesre de milico. El verbo zarparse, ¿cómo lo escribís vos?
-Con z.
-Claro, pero no. Es el vesre de pasarse. Biorsi, para decir baño, es también un vesre, de la palabra servicio. Esas palabras me interesan. De atorrante se han dicho muchas cosas, como que viene de unos caños que tenían escrito “A. Torrant”, y como los linyeras dormían en los caños... nada que ver. Es simplemente el verbo atorrar, que quiere decir estar perezoso. Y de algunas se desconoce el origen, y esas me generan ya casi una obsesión. Por ejemplo, por qué al mal olor lo llamamos baranda. No se sabe todavía. O por qué a la mugre la llamamos grela. Me gustan esos misterios.