Oscar Conde es poeta, ensayista, filólogo y educador nacido hasce 65 años en la Ciudad de Buenos Aires. Como docente, enseña Literatura y culturas populares en la Universidad Pedagógica Nacional y Lunfardo en la Universidad Nacional de las Artes, y también en el doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. La siguiente entrevista, realizada por Maxi Kronenberg, fue publicada por el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 13 de julio.
domingo, 19 de julio de 2026
"No vale lo mismo decir 'boludo' que 'pelotudo'. Si le decís 'pelotudo' a un amigo ya te va a mirar de otra manera"
martes, 8 de octubre de 2024
Manualidades que no son tales
viernes, 11 de marzo de 2022
Es posible que, de aquí a poco, hablemos en polilingua, como en "Blade Runner"
Cada generación tiene su propia manera de influir en el lenguaje y crear una jerga que sólo sus contemporáneos pueden entender.
La brecha lingüística entre las generaciones no es novedad. Si hubiera un diccionario al que recurrir para comprender las expresiones de moda, por ejemplo, entre los adolescentes, seguramente serían varios los adultos que accederían a él.
Los tiempos cambian y el lenguaje con ellos, porque se trata de un ente vivo que se va enriqueciendo.
Cada generación tiene su propia manera de influir en el lenguaje y crear una jerga que sólo sus contemporáneos pueden entender. Esto sugiere que la forma de expresarse, con puntos de referencia y fuentes culturales divergentes, dice mucho de la identidad de quienes hablan.
Según una encuesta elaborada por Babbel, plataforma de aprendizaje de idiomas enfocada en conversaciones cotidianas, reveló que el 60,5% de los mayores de 40 años pertenecientes a la Generación X –de 40 a 54 años– tiene dificultades para entender la jerga de generaciones más jóvenes.
Esto se debe a que, el 88% de los centennials –de 18 a 24 años– utilizan habitualmente palabras, expresiones o acrónimos procedentes del inglés.
Por esta razón, gran parte de los encuestados de la Generación X piensa que las generaciones más jóvenes no utilizan un lenguaje adecuado: según un 56% la Generación Z está “perdiendo” el castellano y, además, el 82% cree que se habla peor por el uso de anglicismos.
“La jerga cambia mucho más rápido que el lenguaje formal”
Según
explicó Héctor Hernández, lingüista y
curriculum development lead de Babbel
Live, “el lenguaje es un hermoso y complejo sistema de comunicación que a veces
puede hacernos sentir como extraños los unos a los otros cuando se
malinterpreta. La jerga cambia mucho más rápido que el lenguaje formal, por lo
que es difícil mantenerse al día”.
Y añadió: “Aunque al principio pueda parecer difícil relacionarse con las expresiones de nuestros padres o con los crípticos acrónimos de los adolescentes, dedicar tiempo a entender lo que significan no sólo puede favorecer la comprensión mutua, sino que también proporciona una visión considerable de la cultura en la que estamos inmersos. De hecho, nuestras expresiones pueden ser divertidos indicadores de dónde estamos temporalmente hablando”.
Estas diferencias pueden parecer insalvables, pero si se analizan más de cerca, se pueden reconocer experiencias comunes y si se comparan las expresiones de las diferentes épocas no son tan abismales como parecen.
Expresiones boomers vs. centennials
Los
miembros de la generación Z –centennials–
suelen denominar a las personas mayores –Generación X– con el término boomer de una forma un tanto peyorativa,
debido a que no están tan al día como ellos sobre las tendencias actuales. Un
ejemplo de esto es que el 36% de los encuestados de la Generación X dice tener
dificultades para pronunciar palabras de uso cotidiano en inglés, como es el
caso de WhatsApp, influencer o hashtag.
La chica o el chico que “me gusta” vs. crush: o lo que es lo mismo, esa persona que te robó el corazón y con la que coqueteás.
Chusmear vs. stalkear: husmear, fisgar, curiosear. La mayor diferencia entre estos términos es que en el caso del segundo se hace a través de las redes sociales.
Es un “quemo” vs. cringe: del inglés “morir de vergüenza”, esta expresión en la actualidad es muy utilizada por las generaciones más jóvenes para decir que alguien da vergüenza ajena, “me da cringe esa persona”.
“Estar a full” vs. hype: elogio exagerado y ruidoso con que se ensalza a una persona o se anuncia o publica algo. El término “hype” surgió del ámbito de los videojuegos y cuando alguien dice que “se está hypeando” se refiere a que se está emocionando. El término hype también se utiliza para referirse a un artista–famoso que está en tendencia o se hizo viral por una campaña de promoción. Por ejemplo, los tiktokers más conocidos de Estados Unidos en diciembre de 2019 se mudaron todos juntos a una casa y la denominaron la “Hypehouse”.
Es malísimo o fracasó vs. flop: es la expresión contraria a “hype”, se refiere cuando un artista está “en baja” o fracaso en un lanzamiento.
Aleatorio o cualquiera vs. random: se utiliza cuando nos referimos a algo que depende del azar, por ejemplo, ya no se dice una persona cualquiera sino una persona random.
Ok o sí vs. seeee –en inglés, yasss: siempre fue habitual usar la expresión “ok” para celebrar algo, pero ahora lo moderno es decir “seee” o “yasss”, que es como decir “sí”, en plan exagerando y celebrando.
Igual vs. same o x1: los centennials tienden a abreviar bastante y ahora cuando en WhatsApp estás de acuerdo con algo, citan la frase y le ponen same o x1, x2, x3 (en función de cuántas personas esté de acuerdo).
Demasiado vs. too much: esta expresión, utilizada para decir cuando algo es “demasiado” es usada por varias generaciones.
“Se tildo” vs. bugeado: esta expresión es muy usada por los más jóvenes en el ámbito de los videojuegos online, significa que se trabó o tildo el juego.
La influencia de la comunicación online
Ahora es
común hablar a través de aplicaciones y no tanto cara a cara. El 40% de los
encuestados de la Generación Z indicó que prefiere comunicarse de esta forma,
lo que también ocasionó cambios en la manera de expresarse.
“Pasame tu msn o tu ICQ” vs “te agrego a Facebook o seguime en Instagram o Twitter”: los adolescentes Millennials –de 25 a 39 años– en la primera década del siglo XXI aún utilizaban la plataforma Messenger en la computadora y en el celular se comunicaban por SMS. En aquel momento se usaban abreviaturas como “Tkm” –te quiero mucho–; “xa” –para–; “tb” –también–; “xq” –porque–; “xfa” –por favor–.
Actualmente, la comunicación es a través de redes sociales – Facebook, Instagram, Twitter y Tiktok– y el servicio de mensajería es gratuito (WhatsApp). Algunas expresiones modernas que se utilizan hoy en día son:
LOL – Laughing Out Loud (reírse a carcajadas).
tgif: thank God it’s Friday (gracias a Dios es viernes).
btw: by the way (por cierto).
F: fail (fallar).
idk: I don´t know (no lo sé).
tbt: throwback Thursday (otra vez jueves).
Pero también hay muchos otros términos procedentes de Internet y las redes sociales que hace unos años ni siquiera existían como: influencer, hashtag, post, story, DM (mensaje directo), engagement, feed, followers, gif, selfie, phising (intento fraudulento de obtener informaciones particulares de las redes), yassificación (aplicar varios filtros de belleza en Instagram) y un largo etcétera.
miércoles, 15 de abril de 2020
Para disfrutar mientras se acaba el mundo
Antonio Banderas enseña slang
español:
https://www.youtube.com/watch?v=eZ0vxQ3uJCU
Salma Hayek enseña slang mexicano:
https://www.youtube.com/watch?v=T2BlqlR4a7A
Eva Longoria y Michael Peña
enseñan slang mexicano:
https://www.youtube.com/watch?v=4kc-mbe02tc
Gina Rodriguez e Ismael Cruz Córdova
enseñan slang portorriqueño:
https://www.youtube.com/watch?v=6c0wqATOCnE
Karol G enseña
slang colombiano:
https://www.youtube.com/watch?v=vQr62cuFacQ
Will
Arnett enseña slang canadiense:
https://www.youtube.com/watch?v=evvzG0Xz69Q
Henry Cavill y Simon Pegg
enseñan slang inglés:
Matthew
McConaughey, Hugh Grant, y Charlie Hunnam enseñan slang texano, ingles y
escocés:
Tom
Hardy y Riz Ahmed enseñan slang británico:
https://www.youtube.com/watch?v=7oeNELlEQjM
Jon Hamm y
Michael Sheen enseñan slang de St. Louis (Missouri) y de Gales :
Adam Sandler e Idina Menzel enseñan
slang de Nueva York:
Jennifer Lawrence y Joel Edgerton
enseñan slang de Kentucky y de Australia:
https://www.youtube.com/watch?v=mQ_KOvXIaE0
Charlize
Theron y David Oyelowo enseñan slang afrikan y yoruba:
https://www.youtube.com/watch?v=HlfM34DXbGw
Rose
Byrne y Chris O’Dowd enseñan slang australiano e
irlandés:
Kumail Nanjiani & Natalie
Morales enseñan slang urdu y de Miami:
https://www.youtube.com/watch?v=WxLZ_iYtEtI
miércoles, 11 de mayo de 2016
Para leer ranchando con los amigos
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| Aguirre tras las rejas |
Poeta y especialsita en temas vinculados a la mafia y el crimen, Osvaldo Aguirre publicó en el diario Clarín el siguiente artículo el 4 de mayo pasado. Ahora puede leérselo en el sitio digital de la revista Ñ.
El generoso lenguaje que
provee el crimen
jueves, 21 de mayo de 2015
La muerte del Pibe Oscar (célebre escrushiante)
jueves, 26 de marzo de 2015
La probable etimología de "pipí cucú"
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| Alberto Olmedo |
lunes, 4 de julio de 2011
El dolape que chamuya ajoba se la sabe lunga
"Cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo”, escribió una vez Charly García en una canción emblemática. Ese fragmento, recortado del cancionero argentino, está intervenido por dos lunfardismos que le confieren su singularidad: trip y bocho. De esas palabras, esquirlas clavadas en el tejido de nuestro idioma, que todos usamos con mayor o menor insistencia, se encarga Oscar Conde en Lunfardo. Un estudio sobre el habla popular de los argentinos, un volumen de casi 600 páginas que va a fondo en el tema.
-¿Cómo fue su acercamiento al lunfardo?
-Cuando yo me recibí en la Facultad, ya era profesor de Lenguas Clásicas, y me interesó mucho acercarme a la poesía del tango. Cuando hice eso, me di cuenta de que no había diccionarios de lunfardo muy actualizados ni muy científicamente hechos. Eso me empujó a ver si podía hacer un diccionario, cosa que logré en 1998. El interés por el lunfardo quedó ahí, y se fue reavivando. El germen está ahí hace mucho tiempo. Este libro puntual surgió a partir de una invitación que recibí de la Biblioteca Nacional, para dar una serie de conferencias sobre el tema. La preparación de esas charlas fue el origen de este proyecto.
-¿Hay mucho escrito y publicado sobre el lunfardo?
-Hay una vasta producción, sí. Algunas cosas muy poco serias, y otras muy buenas pero que no son de conocimiento masivo. En cuanto a libros, hay dos autores que son especialmente serios: José Gobello y Mario Teruggi. Cada uno de ellos intentó hacer un libro abarcador sobre el lunfardo. Teruggi hizo uno en 1974, Panorama del lunfardo, excelente para la época pero que ya se quedó muy viejo, y que además no tiene un tratamiento lingüístico a fondo, y Gobello escribió uno que se llama Aproximación al lunfardo, publicado en el 96. Pero a mí me parecía que había una cantidad de interrogantes y problemas que no habían sido trabajados a fondo.
-¿Por ejemplo?
-Bueno, siempre que se habla del lunfardo se hace referencia a otros argots del mundo. Está el argot francés, está el slang inglés, está la gíria brasileña. Pero no se había explicado qué es y cómo funciona ese argot. También me interesaba tomar otros argots para ver en qué cosas se parecen y en qué cosas se diferencian de nuestro lunfardo. Ahí entró el parlache de Medellín, el joual de Montreal, el cockney de Londres.
-Otro tema que usted trabaja es el de las definiciones sobre qué es el lunfardo...
-Esa es una cuestión que me parece crucial. Quería mostrar que el habla popular urbana de la Argentina, que nació en el último tercio del siglo XIX, sigue siendo algo que debemos llamar lunfardo. En ese sentido, me preocupaba mucho distinguir la noción de lunfardo que se maneja habitualmente, y refutar algunas de las ideas de los últimos cien años. Hay quien ha llegado a decir que el lunfardo es un idioma: claramente no. Se ha dicho que es un dialecto, pero no. En todo caso uno puede decir que el lunfardo está incluido dentro del dialecto rioplatense del español. Hay quienes dicen todavía que el lunfardo es el lenguaje de la cárcel o de los ladrones, cuando no lo es. En su origen, es cierto, la palabra lunfardo significaba ladrón, pero rápidamente se entendió que eso no es un tecnolecto, una jerga de los ladrones. La palabra catrera no tiene nada que ver con los ladrones, como no tiene nada que ver faso, o bardear.
-En el libro se ve que hay muchísimos lunfardismos que vienen de las camadas inmigratorias de principios del siglo XX.
-A diferencia de otras hablas populares del mundo, el lunfardo nace, justamente, en esa misma eclosión en la que nace el tango, con la llegada de la inmigración y la convivencia babélica en los conventillos. En los primeros 20 años de vida del lunfardo, el aporte de las letras itálicas es brutal. Hay palabras del napolitano como cucuza (cabeza); palabras del siciliano como furca, que es una toma del ladrón cuando agarra a la víctima de atrás; hay genovesismos como enchastrar o bacán; hay palabras del italiano estándar, y algunas del yergo o furbesco que es el habla de los ladrones italianos. Ese sería el aporte más crucial, pero hay aportes del francés general, como marote, que es una palabra que viene de marot, que es la cabeza en la que se coloca una peluca en una vidriera. O la palabra fifí, que viene del francés. Hay también palabras del argot de la prostitución francesa, como franelear o partuza. También hay algunos calcos, como la posición sexual 69, que es un calco de soixante neuf, que es una creación francesa.
-¿Palabras como chatear se consideran un lunfardismo?
-Yo creo que no. Las palabras que tienen que ver con neologismos que dan cuenta de avances tecnológicos son palabras compartidas por todos los hispanohablantes. No es que en argentino se usa chatear; se usa en todos lados. Eso no es un lunfardismo. Y tampoco es un americanismo, porque se usa en España también. Uno de los límites que tiene el lunfardo es el uso como americanismo. Si se usa en 4 o 5 países, no es un lunfardismo. Otro límite es el de los seudolunfardismos: palabras que mucha gente cree que son lunfardismos, pero son palabras españolas normales, como fiambre para muerto, o curdela como borracho, espichar por morir, son todas palabras españolas.
-¿Y las así llamadas “malas palabras”?
-Palabras como hijo de puta se usan en todos los países hispanohablantes. Pero una palabra como pelotudo yo diría que es lunfardo. Boludo, pelotudo, son creaciones muy argentinas. O una palabra como pajero no es un lunfardismo, pero jeropa, el vesre, sí lo es.
-¿Qué hace que algunas palabras sobrevivan y otras caigan en desuso?
-Es un misterio... Esto que me preguntás es lo mismo que si me preguntaras “en una cuadra de Palermo hay cinco bares, ¿por qué a uno va todo el mundo y a otro no va nadie?”. Y yo te diría, “y, son corrientes de consumo”. Con el lenguaje ocurre lo mismo. Hay palabras que a la gente le sientan bien, al hablante le parece una palabra divertida o le parece irónica. Lo que tienen los argots es esta cuestión del peso connotativo que tiene el uso de la palabra. No es lo mismo decir “fui a una discoteca, conocí a una señorita, la seduje y la llevé a un hotel para parejas” que decir “fui a un boliche, conocí una mina, me la levanté, y me la llevé al telo”. No es lo mismo. La cantidad de cosas que se transmiten en el segundo enunciado, en el primero, que es neutro, de tipo denotativo, no se transmiten. Lo segundo está cargado de sentido, de gracia, de picardía.
-Además de grupos generacionales, supongo que hay lunfardismos que están asociados a grupos sociales, económicos, culturales. ¿Cómo funciona eso?
-Todas las palabras, salvo que sean una creación de los medios de comunicación, surgen dentro de un grupo. Esto es inevitable. La mayor parte de los neologismos son creaciones de jóvenes, entre los 12 y los 20 años. Este es el mayor generador de palabras. Los jóvenes tienen otra libertad con la lengua, necesitan diferenciarse, necesitan crear una cohesión de grupo y eso en muchos casos se logra con un lenguaje compartido que los del otro grupo no comprenden, un lenguaje que los hace sentir distintos de sus padres, de sus profesores. Pero a veces, y esto ha ocurrido en el lunfardo del último medio siglo, la palabra lunfarda es simplemente una palabra que corresponde a un ambiente y se saca de contexto de esa jerga para usarse con otro sentido. Una cosa es estar jugando un partido de fútbol y quedar en orsai, y otra es decir una macana en público y quedar en orsai. Una cosa es decir que los caballos en el hipódromo están en las gateras, y otra cosa es decir que estás por proponerle noviazgo a una chica y decís “estoy en la gatera”. Hay usos que han hecho que el vocablo que es propio de la jerga se haya extendido. Dentro del hipódromo se varea a los caballos para que caminen a la madrugada, pero en la calle uno saca a varear a su novia, a su mujer. La palabra copar, que es típicamente de los grupos guerrilleros de los años setenta, derivó en el adjetivo copado. Como se copaban los cuarteles o las comisarias.
-Hay también algunas confusiones que orbitan alrededor del tema del lunfardo, como el lugar común de que los jóvenes no saben hablar.
-A mí me causa un poco de gracia el modo en el que se aborda el tema del lenguaje en los jóvenes. En general, se hace un gran paquete y se dice que los jóvenes no saben hablar porque no leen, porque el nivel de la escuela cayó, y que el chat les deforma el idioma. Estupideces por el estilo. El idioma es imparable. El pueblo agranda el idioma. El chat, además, no tiene nada que ver con el lunfardo: la chica que le escribe a su novio TKM cuando lo ve le dice “te quiero mucho”, no “tkm”. De manera que no veo una deformación. Probablemente haya una pérdida de vocabulario, eso sí. El problema que tiene la pérdida de vocabulario es que perdés espesor para definir las cosas, para clasificar las cosas. Si no conocés muchas variantes que designen estados de ánimos, te va a costar entender lo que te pasa. La lengua no es otra cosa que un sistema de categorías, que reproduce el modo de pensar, el modo en que entendemos el mundo.
-¿Para ir cerrando, cuáles son sus lunfardismos preferidos, si es que los tiene?
-No sé si tengo. En general me interesan aquellos que generan algún tipo de controversia en cuanto a la explicación. Porque mucha gente cree saber la explicación del origen de una palabra, y dice un disparate. La palabra colimba, por ejemplo. Decir que surge de un acrónimo de “corre, limpia, barre” es disparatado. Colimba es el vesre de milico. El verbo zarparse, ¿cómo lo escribís vos?
-Con z.
-Claro, pero no. Es el vesre de pasarse. Biorsi, para decir baño, es también un vesre, de la palabra servicio. Esas palabras me interesan. De atorrante se han dicho muchas cosas, como que viene de unos caños que tenían escrito “A. Torrant”, y como los linyeras dormían en los caños... nada que ver. Es simplemente el verbo atorrar, que quiere decir estar perezoso. Y de algunas se desconoce el origen, y esas me generan ya casi una obsesión. Por ejemplo, por qué al mal olor lo llamamos baranda. No se sabe todavía. O por qué a la mugre la llamamos grela. Me gustan esos misterios.



