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jueves, 12 de febrero de 2026

Reflexiones al cabo de una polémica

Profesor del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, Adrián Granados Navarro publicó, el pasado 15 de enero, en The Conversation el siguiente artículo sobre las funciones que les caben a las academias de la lengua española en el mundo.

Academias de la lengua española: ¿descriptoras o prescriptoras del lenguaje?

¿Cuál es la función de una academia de la lengua? ¿Debe limitarse a registrar el uso que los hablantes hacen del idioma, o está ahí para distinguir lo correcto de lo incorrecto y establecer unas normas? Lo primero, el “descriptivismo”, y lo segundo, el “prescriptivismo”, son dos corrientes lingüísticas históricamente opuestas, que hoy vuelven a ponerse de manifiesto en el reciente artículo del académico y escritor español Arturo Pérez Reverte y las reacciones que ha suscitado.

Reverte denuncia en su artículo que la Real Academia Española (RAE) está abandonando su papel normativo, doblegándose a usos mayoritarios en prensa y redes sociales y perdiendo de vista la “autoridad superior de los grandes escritores”. Las respuestas apuntan al papel de la academia como “descriptora”, aunque fuentes internas de la RAE afirman que se analizarán las críticas de Pérez Reverte y se abordarán debates y propuestas.

Prescriptivismo: cómo debe usarse la lengua
Durante siglos, la lengua que interesaba en los entornos académicos y las universidades no era la cotidiana, sino la lengua escrita de prestigio, especialmente textos literarios canónicos u obras de grandes autores. El objetivo principal no era entender cómo hablaba la gente, sino cómo debía escribirse y hablarse correctamente, tomando como modelo a esos escritores. Esta tradición es la raíz del prescriptivismo.

El prescriptivismo lingüístico sostiene que existen formas correctas e incorrectas de usar la lengua, y que una de las tareas del lingüista es establecer normas, basadas en la lengua escrita, los autores prestigiosos, o el uso por parte de las élites culturales y educativas. En este enfoque, el cambio lingüístico suele verse como corrupción, y la variación, como error.

Durante la mayor parte de la historia de la RAE, desde su creación en 1713, esta ha sido su misión, tal y como atestigua su lema: “Limpia, fija y da esplendor”, que data de 1715. Y esta es la función que, según Pérez Reverte, está abandonando lamentablemente la RAE, en una visión que dice compartir con otros académicos literatos.

El giro descriptivista: la lengua como objeto científico
A finales del siglo XIX y sobre todo en el XX, la lingüística empieza a definirse como ciencia empírica. Aquí surge el descriptivismo, que propone que la lingüística no debe decir cómo se debe hablar, sino describir cómo hablan realmente los hablantes. Para esta corriente, todas las variedades (dialectales, coloquiales, no estándar) son sistemas completos, no versiones “defectuosas”. Este cambio implica un desplazamiento del interés académico: de los textos literarios a los hablantes reales y sus usos lingüísticos.

El descriptivismo lingüístico en la RAE no aparece de golpe, sino como un proceso gradual que se consolida a lo largo del siglo XX, especialmente cuando la Academia deja de concebir el español exclusivamente desde España y empieza a asumirlo como una lengua pluricéntrica.

El verdadero punto de inflexión llega con la incorporación activa de las academias fuera de España y la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951. Actualmente cuenta con 23 corporaciones, en América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial, e incluye países en los que el español nunca ha sido lengua oficial pero en los que hay una gran cantidad de hablantes. Por ejemplo, la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), que atiende a más de 60 millones de hispanohablantes en Estados Unidos.

El descriptivismo se consolida claramente en obras panhispánicas elaboradas conjuntamente por todas las academias, como la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), o el Diccionario de americanismos(2010). En estas obras, se describen usos reales antes de valorarlos, se reconoce la variación geográfica y social, y la norma se presenta como resultado del uso, no como imposición externa.

El conflicto de fondo
El debate no es solo técnico, sino ideológico y académico. El prescriptivismo está ligado a autoridad cultural, tradición literaria, estandarización y educación formal. El descriptivismo está ligado a método científico, observación empírica e igualdad entre variedades lingüísticas.

Lo que es innegable es que el lenguaje y los hablantes evolucionan. “Ca si no fuessen, errarían en las cosas que ouiessen de fazer” (“Porque, de no ser así, se equivocarían en lo que deben hacer”, dicho en castellano alfonsí, del siglo XIII) y los textos actuales se leerían con este estilo.

Es cierto que los nuevos usos pueden chirriar a oídos de numerosos hablantes (incluso de los que se consideran descriptivistas), pero muchos de dichos usos son pasajeros y, si perduran, es porque habrán pasado el filtro democrático del uso mayoritario sostenido.

Evolución y tensión histórica
Este conflicto no es exclusivo del español, sino que se da en todas las lenguas. El escritor británico Stephen Fry, en su contribución a la obra What makes us human? (“¿Qué nos hace humanos?), dedica estas líneas a los prescriptivistas del inglés, entre los que él mismo se incluía en el pasado (traducción propia):

"¿Pero sienten burbujas en el estómago y salivan de disfrute por el lenguaje? ¿Dejan que el deslizar de la punta de la lengua sobre el paladar los sumerja en un éxtasis eufórico y embriagador? ¿Emparejan palabras imposibles por puro sexo fonético? ¿Usan la lengua para seducir, encandilar, excitar, satisfacer, reafirmar y estimular a sus interlocutores? ¿Hacen algo de esto? Lo dudo. Están demasiado ocupados mirando con desdén al dependiente de la tienda por su errata en un cartel”.

En conclusión, el debate suscitado por las palabras de Pérez Reverte no es, en realidad, una disputa coyuntural ni un simple desacuerdo personal, sino la manifestación visible de una tensión histórica que atraviesa toda la reflexión sobre el lenguaje.

La RAE se encuentra hoy en un punto de equilibrio complejo entre dos misiones legítimas pero potencialmente contradictorias: orientar normativamente a los hablantes y describir con rigor científico una lengua viva, diversa y en permanente cambio.

Quizás un término medio sería la creación de una sección con palabras o usos en cuarentena, hasta que el paso del tiempo dicte sentencia. En cualquier caso, es en esa tensión permanente –incómoda, imperfecta, pero necesaria– donde reside la función real de una academia de la lengua hoy.

viernes, 23 de mayo de 2025

Otra pavada de la Academia Argentina de Letras

El pasado 21 de mayo, Daniel Gigena publicó en La Nación, de Buenos Aires, un artículo en el que señala que, por decisión de la Academia Argentina de Letras, el actual director de la Real Academia de España va a ser miembro correspondiente de la institución argentina. La decisión, además de ramplona es cuestionable, pero, considerando que lo que diga la AAL no le importa a casi nadie, la información es apenas una apostilla más a una larga cadena de dislates.

El director de la RAE ingresa como miembro correspondiente en la Academia Argentina de Letras

La Academia Argentina de Letras (AAL) designó miembro correspondiente de la institución al jurista, escritor e historiador español Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, 1949), actual director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) de la que la AAL forma parte.

Muñoz Machado es el trigésimo primer director de la RAE: fue elegido el 20 de diciembre de 2018 y reelegido el 1° de diciembre de 2022. Como tal, preside la Asale y es además vicepresidente de la Fundación pro Real Academia Española y consejero nato de Estado. En la RAE había sido elegido académico de número en diciembre de 2012; ingresó en mayo de 2013 con el discurso “Los itinerarios de la libertad de palabra” (que dio origen a su libro homónimo). También es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires. Es uno de los impulsores del “lenguaje claro” en la administración pública, la prensa y otras esferas sociales.

El flamante presidente de la AAL, el jurista y escritor Rafael Felipe Oteriño, contó a LA NACION que Muñoz Machado aceptó “gustoso” el nombramiento. De acuerdo con el estatuto de la AAL, la entidad tiene veinticuatro miembros de número, que ocupan un sillón con el nombre de un relevante escritor argentino (como Juan Bautista Alberdi, José Hernández y Domingo F. Sarmiento), y miembros correspondientes de las provincias y otros países.

“Todos son miembros por igual, la única diferencia es que los correspondientes son de las provincias o el extranjero y no necesariamente deben tener nacionalidad argentina”, explica Oteriño. Los correspondientes, que no votan en las elecciones de miembros de número, “colaboran en todo lo que hace al lenguaje, a la literatura, a las voces de sus regiones, para tener un escenario completo; esto se extiende al extranjero: tenemos representantes o extensiones de la Academia en todos los países con los cuales hemos establecido vínculos”, agrega.

Muñoz Machado se suma a un equipo de académicos españoles de la AAL, entre los que figuran Víctor García de la Concha, Darío Villanueva Prieto y Luis González Tosar. Hay miembros correspondientes de Estados Unidos, Bélgica, Francia, Australia y Alemania, entre otros países. “Todos se han interesado en las letras y la lengua de la Argentina”, dice el presidente de la AAL, y colaboran en la actualización del Diccionario de la lengua española (que ya no se llama Diccionario de la Real Academia Española).

“Muñoz Machado ha hecho un trabajo excepcional como director en la RAE -dice Oteriño-. Tengo una amistad personal con él, a partir de la colaboración en el Diccionario panhispánico del español jurídico, como académico y abogado. Ahí están todas las voces y lemas del mundo jurídico, analizados desde las academias de la lengua. Además, fuimos secretarios académicos, él de la RAE y yo de la AAL, lo que nos dio una proximidad de labor que luego se transformó en una amistad".

Oteriño revela que copió la idea de su amigo español respecto de ofrecer visitas guiadas al público por los “tesoros” de la Academia Argentina de Letras. “No solo bibliográficos, sino también objetos, documentos, cartas; quiero que el visitante vea la letra de Leopoldo Lugones, por ejemplo; las academias deben abrirse a la comunidad”, afirma. Hasta el 29 de junio, en la sede de la RAE, en Madrid, se puede visitar la muestra Los Machado. Retrato de familia.

Para el 16 de julio, a las 18, las academias de Letras, de Ciencias Morales y de Derecho y Ciencias Sociales invitan al acto de presentación, en la Facultad de Derecho, de De la democracia en Hispanoamérica, magno ensayo de Muñoz Machado (la editorial Taurus lo distribuirá en la Argentina próximamente), que dialogará con el doctor José Claudio Escribano, integrante del directorio de SA LA NACION. En su trabajo, el autor español se interroga sobre el destino de las democracias latinoamericanas.

Al día siguiente, el premiado autor de ensayos literarios y jurídicos, estudios políticos y sociales y de historia (como Hablamos la misma lengua, Sepúlveda, cronista del emperador y Cervantes) recibirá el diploma y los atributos de miembro correspondiente de la AAL.


jueves, 13 de febrero de 2025

"Ningún grupo puede 'decidir' modificaciones lingüísticas ni tratar de imponerlas a todos los demás por cuestiones ideológicas"

El pasado 16 de enero, la revista
Ñ, del diario Clarín, publicó una entrevista de Débora Campos con Alicia María Zorilla, presidente de lla Academia Argentina de Letras, a propósito de una denuncia judicial que le ordenaba a la RAE y a la AAL eliminar una acepción ofensiva de la palabra "judío" en sus diccionarios.


“¡Nadie ‘manda’ cómo se usan las palabras!”

Las preguntas de Ñ encontraron a Alicia María Zorrilla participando en Ecuador del XVII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), una red que ella conoce muy bien porque es presidenta de la Academia Argentina de Letras e integrante de otras.

Doctora en Letras por la Universidad del Salvador; licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid; académica correspondiente por las academias Chilena y Norteamericana de la Lengua Española, Zorrilla es autora de obras literarias y lingüísticas especializada, pero además de dos libros que no dejan de ganar fans: ¡¿Por las dudas…?! y Sueltos de lengua (ambos de Libros del Zorzal) en los que socializa una característica que le conocen bien sus alumnos: un sentido del humor punzante e inteligente.

–A fines de septiembre, la justicia argentina ordenó suprimir del diccionario de la Real Academia Española (RAE) un significado ofensivo de la palabra "judío", a pedido de la Fundación Congreso Judío Mundial y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA). Lleva usted décadas trabajando con, sobre y en el idioma: ¿sirve de algo prohibir palabras, usos, significados?
–Si el uso es real y se halla dentro del sistema gramatical, es decir, si no lo altera, no son válidas las prohibiciones. Respecto de la palabra “judío”, la quinta acepción que aparece en el Diccionario de la lengua española puede caberle a cualquier persona de cualquier etnia. El Diccionario aclara muy bien lo siguiente: “usado como ofensivo o discriminatorio”, es decir, acepta la realidad de su empleo, pero eso no significa que lo favorezca ni que lo considere correcto.

–La denuncia señala la existencia de un uso discriminatorio o incluso ofensivo del sentido de esa palabra y adjudica a la RAE y a la AAL la responsabilidad de "incitar al odio contra la colectividad judía a través de la acepción discriminatoria del término". ¿Qué opinión le merece este razonamiento?
–Ni la Real Academia Española ni la Academia Argentina de Letras incitan al odio contra la colectividad judía. ¿Quién nos juzga así con tanta ligereza? De hecho, tenemos académicos judíos, y todos nos respetamos mucho y nos ayudamos y nos enriquecemos mutuamente con el contenido de nuestras especialidades. Antes de hablar sin fundamento, debe saberse qué es una Academia. El uso antiético de la palabra “judío” como insulto es reprobado por todas las Academias de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Y somos 23.

–Las academias de la lengua, la AAL o la RAE por caso, son percibidas como la autoridad en materia del idioma, las que mandan cómo se usa. ¿Es correcta esta mirada, es eso lo que hacen estas instituciones?
–La labor de las Academias se centra en estudiar y analizar los usos lingüísticos de cada uno de los países de habla hispana y en contemplar circunstanciadamente las dudas lingüísticas que los hablantes les comunican. Esta es una rica fuente para entender las necesidades de los que hablan y escriben en español. Ante los requerimientos de los consultantes, las Academias brindan una orientación, una guía normativa, sin exigirles nada. Tienen la obligación de responder, por ejemplo, cómo se usa el gerundio en un texto; qué preposiciones deben acompañar al verbo vincular; cómo se construyen las oraciones condicionales; por qué hay que evitar la rima entre palabras en los textos en prosa. ¡Nadie “manda” cómo se usan las palabras! Si esto fuera cierto, habría muerto la libertad de expresión, pero ser libre no significa decir lo que uno quiere en detrimento de la buena comunicación, que implica entender y ser entendido.

–¿Qué actitud tomó la Academia Argentina de Letras ante este requerimiento judicial que también le fue enviado?
–La Academia Argentina de Letras no recibió ningún requerimiento judicial. Como Presidenta de la Corporación, puedo asegurarlo.

–Esta pregunta es de doble vía: ¿cambia el idioma porque un grupo decida modificar o prohibir alguna de sus manifestaciones? y en sentido contrario: ¿cambia una sociedad si se subvierten algunas de las normas del idioma?
–En primer lugar, ningún grupo puede “decidir” modificaciones lingüísticas ni tratar de imponerlas a todos los demás por cuestiones ideológicas. “Imponer” es, etimológicamente, ‘poner encima’, un acto de falta de altruismo y hasta de soberbia. En segundo lugar, si esto sucede, se altera el sistema gramatical del idioma y se opaca la transparencia de la comunicación, que significa ser visibles, claros y accesibles a través de las palabras. ¿Por qué decir Nosotres, Lucía, Javier, Manuela y Luis, les amigues de Paula, le daremes pronte una sorpresa, con errores gravísimos en la forma verbal (*daremes por daremos) y en el adverbio, que siempre es invariable (*pronte por pronto), en lugar de Nosotros, Lucía, Javier, Manuela y Luis, los amigos de Paula, le daremos pronto una sorpresa? Ante una oración como esta, ¿quién puede afirmar que nosotros o amigos se refieren solo al sexo masculino? El masculino genérico o gramatical contiene a todos los humanos cualquiera sea su sexo. El uso de la lengua requiere, pues, reflexión y estudio para que cualquier diálogo sea posible y enriquecedor. Leamos y digamos la vida con generosidad y nobleza. La sociedad no cambia si se transgreden algunas normas del idioma. Lo padecemos todos los días cuando escuchamos los errores lingüísticos que se cometen por amor a la ignorancia. La sociedad sigue viviendo como puede, pero debemos reconocer que es otra, cuando sus hablantes se entienden, comprenden las opiniones de los otros aunque no las compartan. Nuestra sociedad necesita preservar la lengua española como un valioso bien, pues expresa quiénes somos y qué valores poseemos y defendemos.

–Es hermosa la idea de una lengua que nos expresa, pero al mismo tiempo tal vez sea un poco compleja: ¿en qué sentido el idioma que usamos nos expresa?
–La lengua que hablamos nos expresa cuando elegimos cuidadosamente o no las palabras para transmitir nuestros pensamientos. Cada persona es lo que comunica y cómo lo comunica. A veces, los vocablos suenan como latigazos, ya que hieren y hasta desgarran el alma; otras, acarician, abrazan, no porque elogian, sino porque sentimos que, con ellos, nos llega el respeto de quienes los recibimos, la corrección fraterna, la felicidad del afecto tan necesario en estos tiempos en que cuesta tanto acercar a los demás la paz con una sonrisa.

martes, 13 de diciembre de 2022

Alicia Zorrilla entrevistada: agarren y lean

El pasado 11 de diciembre, con la excusa de la aparición de un nuevo libro con su firma, Alicia Zorrilla fue entrevistada por Mónica López Ocón, para el diario virtual Tiempo Argentino. A continuación, lo que dijo.

“Las academias dan guías, pero el hablante es libre”

¿Qué quiere decir “hablar bien”? ¿Cómo se establecen los criterios de corrección e incorrección? ¿Cuál es la función de las academias de la lengua? En esta nota, Alicia María Zorrilla contesta a estas y otras preguntas a propósito de la publicación de su último libro,¡¿Por las dudas…?! (Libros del Zorzal).

Zorrilla es miembro de número de la Academia Argentina de Letras y presidenta de esa institución; miembro correspondiente hispanoamericana de la Real Academia Española; doctora en Letras por la Universidad de El Salvador; licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, por enumerar solo algunos datos de su extenso currículum que consigna, además, numerosas distinciones y diversos libros publicados, tanto obras literarias como lingüísticas.

Aunque sus títulos y honores resulten intimidantes, Zorrilla quiebra la solemnidad de sus antecedentes académicos con un particular sentido del humor que ya había desplegado en su libro anterior destinado no al ámbito académico sino al gran público lector: Sueltos de lengua (Libros del Zorzal).

Ella atribuye su sentido del humor a la mezcla de sangre andaluza con sangre gallega, aunque –y esta es solo una opinión personal– quizá sea la única forma que encuentra para sobrellevar los martirios que los hablantes solemos infligirle a la lengua y que en ella producen la misma sensación desagradable que el chirrido de una tiza o de una uña sobre un pizarrón.

Sobre todo en el último tiempo, la corrección lingüística tiene mala prensa. Un cierto hipismo intelectual o una teoría supuestamente transgresora que se levanta contra toda norma proclama que se pueden inventar de la nada palabras por cuenta propia como si se tratara de un microemprendimiento, atropellar los verbos, repartir comas sin ningún criterio, usar y abusar del potencial, transpolar impunemente criterios de otras disciplinas a la lengua como si esta no constituyera un sistema autónomo y, lo que es aún peor, como si no fuera un bien común, quizá el repartido de manera más equitativo, porque para ser un hablante no se requiere tener un abultado depósito bancario, vivir en un country, ni rendir ningún tipo de examen de admisión.

En su último libro, Zorrilla vuelve a emprender la quijotesca empresa de “desfacer agravios y enderezar entuertos” lingüísticos para evitar que todos, pero fundamentalmente quienes nos arrogamos el pomposo título de comunicadores sociales, no perpetremos crímenes lingüísticos como el que la autora detecta en el Faro de Vigo: “Calcula el Instituto Nacional de Estadística (INE) que este año va a morir gente que no había muerto nunca, pero en mucha mayor cantidad”. La pandemia, según parece, también tuvo inesperadas consecuencias en la lengua.

–¿De qué modo se establece el criterio de corrección o incorrección en el campo de la lengua?
–Cuando una oración cumple con el sistema gramatical en cuanto al orden de las palabras, es gramatical. Por ejemplo: “La casa es de madera”. Cuando la sintaxis no respeta el orden que deben tener las palabras en la oración se da la agramaticalidad. Por ejemplo: “La mujer pone” es agramatical porque a esa oración le falta un elemento. Lo mismo sucede cuando surgen anacolutos que revolucionan la sintaxis.

–¿Podría explicar el concepto de anacoluto?
–Es la inconsistencia que se establece cuando no se relacionan bien las palabras en la oración.

–¿Cuáles son las instituciones encargadas de pronunciarse acerca de los errores en la lengua?
–En otros momentos de la historia la regla era monocéntrica. La Real Academia Española dixit. Ahora, desde hace varios años, la norma es policéntrica. Las 23 academias trabajamos conjuntamente. Formamos parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española y entre todas conformamos la normativa. La academia de cada país le entrega a la academia española las normas en uso. Me refiero a las palabras y expresiones más difundidas. Los periodistas suelen decir que la Academia Española hoy dice A y mañana dice B. Pero no es así. Lo que sucede es que como ahora se respeta el español de la Argentina, el de Bolivia, el de Uruguay, etcétera, cada país envía su léxico y sus normas.

–¿Podría dar un ejemplo?
–Sí. La Academia Española comenzó con “vídeo” que realmente es la pronunciación correcta. Pero en la Argentina todos dijimos video y ya se introdujo. ¿Por qué? Porque la Academia Española respeta lo que nosotros le enviamos desde la academia argentina.

–¿En función de qué criterio se establece que “vídeo" es la pronunciación correcta? ¿De su etimología?
–Sí, exactamente, de su etimología.

–¿Es decir que el criterio de corrección también está dado por el uso?
–Sí. Si se difunde un uso es porque hay una necesidad. Si esa necesidad está dentro del sistema gramatical, se aprueba. Se respeta lo que se usa en el país. Por ejemplo “agarrar”, que es algo que trato en el libro: “Yo agarré y fui al hospital con mi nene”. Antes esa oración era considerada incorrecta. Ahora no. Significa tomar una decisión y la Real Academia Española ya lo registró como una norma nuestra. A mí siempre esa expresión me llamaba la atención, no la entendía. Lo mismo sucede con “ciudadano de a pie”. Yo prefiero “ciudadano común”, pero no hay ningún error en esa expresión y se la utiliza mucho en la Argentina, aunque no está en el Diccionario de la Lengua de la Argentina que edita la Academia Argentina de Letras. Pero el año que viene, seguramente en marzo, vamos a tratar el tema para ver si se puede incluir, porque está bastante difundida. Algunos periodistas usan “republicanos de a pie”. Yo no le encuentro error, aunque no esté registrada. Otra palabra sobre la que me preguntaban siempre mis alumnos es “preocupante”. Lo que me preguntaban era por qué no está en el diccionario de la lengua. Pero está “preocupar” y “preocupante” es un participio de presente. Las academias no podemos registrar todo, porque serían tomos y tomos y no hay editorial que tolere eso.

–¿Cuál es el método por el que se establece la difusión de un vocablo o una expresión?
La Real Academia Española nos manda a cada academia listas de palabras de posible inclusión en la futura edición del diccionario académico o en el diccionario digital y nos pide que nos fijemos en las definiciones para ver si están de acuerdo, en nuestro caso, con el uso argentino. Si hay diferencias se aclaran. En la Argentina –se informa– esta palabra no se usa, o a veces decimos que no se usa con ese significado, pero sí con otro. Esas aclaraciones se envían indicando las fechas. De eso se encarga el Departamento de Investigaciones Linguísticas y Filológicas.

–En su último libro usted se refiere a los medios, al área judicial con su exageración de gerundios y a la publicidad. ¿Son estos los mayores transmisores de errores lingüísticos?
–Siempre digo que hacemos docencia desde todos los ámbitos. La televisión se ve mucho. La publicidad se oye y se escucha mucho, porque algunas personas le prestan mucha atención. Si no cumplen una labor docente como deberían hacerlo, van a seguir introduciendo errores porque, como dijo John Locke “No hay ningún error que no haya tenido sus seguidores”. Los errores se propagan.

–Uno de los mitos que circulan entre los periodistas gráficos es que no es bueno utilizar adverbios terminados en -mente. Creo que eso viene en parte de García Márquez, al que no le gustaban y no los usaba, pero entiendo que eso formaba parte de su ideolecto, pero de ninguna manera es una regla universal. ¿Qué piensa usted?
–El abuso de este tipo de adverbio viene del inglés. Lo que hay que evitar es su abuso. Se pueden utilizar uno o dos en una página, pero no veinte como conté en una oportunidad. Está mal el abuso, pero el uso de ese tipo de adverbio es perfecto. Una pregunta frecuente de los alumnos es por qué no están en el diccionario, pero sí está el adjetivo, se forma con el agregado del sufijo. No es necesario que esté registrado en el diccionario para ser correcto.

–Contrariamente a lo que podría creerse, muchas veces los errores provienen de gente culta. Por ejemplo, en los últimos tiempos se ha propagado la expresión “al interior de” y tengo la sensación de que eso proviene, sobre todo, de quienes pertenecen a las ciencias sociales. Se ha transformado en una especie de jerga como si “al interior de” fuera distinto de “en el interior de” o tuviera otro estatus.
–Puede ser que lo piensen, sí, pero “al interior de” es un italianismo y la gramática normativa lo corrige siempre. Es como “en base a” que también viene del italiano. Otro error frecuente es usar el verbo “detentar” cuando alguien tiene un cargo porque significa haberlo obtenido de una manera que no es la lícita. También suele usarse mal el verbo “suplantar” como sinónimo de reemplazar o suplir, aunque “suplantar” significa ocupar el lugar de otro con malas artes y también falsificar un documento.

–Pero estas expresiones están impuestas por el uso. ¿En ese caso las academias de la lengua deberían aceptarlas?
–No, porque tenemos los elementos para vetarlas. “Al interior de”, “en base a” y “detentar” en el sentido de poseer son italianismos. La expresión muy usada por los periodistas como “relacionado a” en lugar de “en relación con” viene del inglés. “Es por ello que” es francés puro. Todo eso lo vetamos porque son calcos de otra lengua y la nuestra tiene su propia estructura. Por lo tanto, defendamos la nuestra.

–Estamos en la era de la comunicación, de las redes sociales. ¿Esto hace que los errores se multipliquen?
–No, creo que siempre los hubo. Lo que pasa es que las redes sociales se descuidan, se manejan libremente sin tener en cuenta las normas, argumentan que la economía verbal es importante. A mí me preocupa más que no sepan escribir un informe en una empresa, que no sepan redactarlo porque el que redacta es quien tiene en cuenta las normas. Mal o bien, todos escribimos. Pero redactar es escribir bien, de acuerdo con las normas.

–¿Y qué pasa con el gerundio de los abogados? El ejemplo típico de mal uso del gerundio es usarlo como adjetivo, por ejemplo “una caja conteniendo” en lugar de “una caja que contiene”.
–Sí, pero los abogados lo utilizan mucho más como posterioridad.

-¿Por ejemplo?
–“El ladrón robó el banco huyendo hacia la avenida”. Lo correcto sería “robó el banco y huyó hacia la avenida”. Se lo llama también gerundio copulativo porque se corrige con la “y” más un verbo conjugado.

–Últimamente ya no se dice “bolitas”, sino “canicas”; no se dice “tiroteo”, sino “balacera”. ¿Estamos más en contacto con la virtualidad que con la realidad?
–Sí, le he escuchado decir a mis sobrinos nietos “mamá, bota ese papel”. Lo toman de las películas o de la publicidad de otros lugares.

–Hay gente que suele enojarse con la Real Academia de la Lengua Española porque no acepta, por ejemplo, el lenguaje inclusivo. Pero la Academia no le cobra multa a quien no lo usa, no lo sanciona. ¿Cuál es la función de una academia de la lengua?
–Cuidar el uso del idioma. Entonces damos orientaciones o guías a través de las normas para que no nos salgamos del sistema gramatical. Pero el hablante es libre. Lo importante es que use esa libertad para que lo entiendan, y para que lo entiendan tiene que hablar en español.

lunes, 13 de junio de 2022

El pelado, la catita y el "idioma español" (sic)



Todos los diarios hablan de la cuestión: Larreta y su impresentable ministra de educación (la catita que, luego de estudiar en Bariloche en la escuela de Priebke, democráticamente habló del bajo nivel de los docentes argentinos, a quienes oportunamente trató de vagos) disponen, mediante una resolución del Ministerio de Educación, eliminar todo rastro de lenguaje inclusivo en los ámbitos de enseñanza porteños. Hay así, páginas de opiniones en todos los diarios y toda suerte de especialistas a la violeta expresando sus puntos de vista por cuanto medio haya disponible. Considerando que la discusión debería ser otra (lo lícito o no de que nos obliguen a tener que usar o a no usar el lenguaje inclusivo, sin considerar ni por un momento que una u otra posición sean una opción), no vamos a detenernos en la cuestión, sino en la información que reproducimos, incluida en la página oficial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (https://www.buenosaires.gob.ar/educacion/noticias/la-ciudad-regula-el-uso-del-lenguaje-inclusivo-en-las-escuelas-para-facilitar-el), donde se habla todo el tiempo de “idioma español” y “lengua española” (con lo cual lo que hablan los catalanes, mallorquíes, gallegos y vascos, deja de ser lengua española), aceptando sin pestañear la denominación impuesta por la España de verdad –la de Franco y la butifarra y no la de segunda, y citando como autoridades indiscutibles a la Real Academia Española y a la Academia Argentina de Letras, que, está visto, es su filial local, al menos mientras España siga poniendo la plata que el Ministerio de Cultura argentino no aporta.

Las escuelas porteñas regulan el uso del lenguaje inclusivo para facilitar el aprendizaje de los alumnos

Mediante una nueva resolución del Ministerio de Educación, la Ciudad regula la utilización de la e, x, @, etc. por parte de los docentes en las escuelas. Además, brinda una guía de prácticas y recomendaciones para una comunicación inclusiva. El objetivo es ordenar el uso del lenguaje para facilitar el proceso de aprendizaje de los estudiantes, que se vio significativamente afectado como consecuencia de la pandemia por COVID-19.

La semana pasada, la Ciudad presentó los resultados de las evaluaciones FEPBA (Finalización de Estudios Primarios de la Ciudad de Buenos Aires) y TESBA (Tercer año de Estudios Secundarios de la Ciudad de Buenos Aires) que ponen en evidencia la realidad educativa de los alumnos. Lo más afectado fue la comprensión lectora en lo que se obtuvo un resultado promedio que demuestra un retroceso de casi 4 años.

En este contexto y con el fin de facilitar la forma en que los chicos aprenden y adquieren el lenguaje, los docentes deberán desarrollar las actividades de enseñanza y realizar las comunicaciones institucionales de conformidad con las reglas del idioma español, sus normas gramaticales y los lineamientos oficiales para su enseñanza.

La nueva norma se basa en la premisa de que la lengua española brinda diversas opciones para comunicarse de manera inclusiva sin necesidad de tergiversarla, ni de agregar mayor complejidad a la comprensión y fluidez lectora.

La medida aplica únicamente a los contenidos que dictan los docentes en clase, al material que se le entrega a los estudiantes y a documentos oficiales de los establecimientos educativos.

En paralelo, la Ciudad profundizará el Plan de Recuperación de Aprendizajes con nuevas iniciativas específicamente diseñadas para los alumnos de primaria y secundaria y se profundizarán las existentes.

La medida aplica únicamente a los contenidos que dictan los docentes en clase, al material que se le entrega a los estudiantes y a documentos oficiales de los establecimientos educativos.

Detalle de los fundamentos de la nueva medida
La Academia Argentina de Letras recomienda que "se preserve la enseñanza-aprendizaje de la lengua en todos los niveles educativos y laborales si deseamos que nuestros alumnos (...) escriban con cierta fluidez y corrección y, sobre todo, comprendan lo que lean y escriban".

La Real Academia Española en el informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas, ha sostenido que "el uso de la @ o de las letras «e» y «x>> como supuestas marcas de género inclusivo es ajeno a la morfología del español (...)".

Corresponde como tarea primordial del sistema educativo promover el desarrollo del lenguaje oral y proporcionar conocimientos y capacidades básicas de lectura y escritura (...), tomando los recursos que ofrece la lengua para expresar, comunicar y recrear expresiones culturales conforme las pautas promovidas por la UNESCO (CINE 2011).

Experiencia internacional
Francia: El Ministerio de Educación de Francia desaconsejó el uso de la llamada escritura "inclusiva", ya que modifica el respeto de las reglas habituales y constituye un obstáculo para la lectura y comprensión de la palabra escrita.

Uruguay: Dispuso en su Circular N.° 4/2022 que la utilización del lenguaje inclusivo deberá ajustarse a las reglas del idioma español, utilizándose las expresiones inclusivas siempre que se cumplan con aquellas, estableciendo en el marco del compromiso asumido con la equidad de género y el abordaje e implementación de prácticas que contribuyan a disminuir las brechas existentes en la sociedad, propiciando otros mecanismos inclusivos tendientes a evitar cualquier sesgo discriminatorio en la comunicación utilizando siempre un lenguaje que se ajuste a las reglas del idioma español.

jueves, 3 de febrero de 2022

" La ortografía en sí no es más que 'un código convencional'"

El pasado 17 de enero, Gabriela Mayer publicó una nota en InfoBAE cultura a propósito de la ortografía en tiempos digitales. Según se pregunta en la bajada, “¿Cómo inciden las nuevas tecnologías en la ortografía? ¿Cuáles son los errores ortográficos más frecuentes? En diálogo con InfoBAE Cultura, una serie de especialistas revelan cuáles son las consultas más usuales y las más desopilantes”.

Ortografía, errores y dudas, 
¿se escribe peor que antes?

Gabriel García Márquez pidió jubilar la ortografía, “terror del ser humano desde la cuna”, en su célebre discurso pronunciado en Zacatecas. “Enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver”, reclamó el premio Nobel de Literatura.

Unos años atrás, el periodista y escritor Álex Grijelmo opinaba en El País: “Quien tiene un problema de ortografía no sufre solamente ese problema. Los errores con la puntuación o las letras van siempre asociados a una deficiente expresión sintáctica y a un vocabulario pobre. La ortografía es el mercurio que sirve para señalar la fiebre. Se podrán abolir las haches y las tildes, como propuso García Márquez, pero no por romper el termómetro bajará la temperatura”.

Santiago Kalinowski puntualiza en entrevista con Infobae Cultura que la ortografía en sí no es más que “un código convencional”. Y cita el ejemplo de Roberto Arlt, “quien escribía de manera brillante con errores de ortografía”. Sin embargo, aclara que la buena ortografía “viene de la frecuentación de los textos, que hace que las personas sean más competentes en la lectura y la escritura. De modo que no suele darse el caso de una persona que escriba muy bien, con mucha claridad y capacidad de síntesis, y tenga muchos errores de ortografía”.

Entretanto, las normas ortográficas, lejos de disfrutar de su jubilación, interactúan en escenarios que presentan nuevas complejidades. Desde las redes sociales a las aplicaciones de mensajería instantánea, donde reina una profusión de emoticones y abreviaturas. Lejos de los tiempos de la imprenta, cuando la escritura debía superar muchos filtros antes de su circulación pública, las palabras escritas se multiplican a toda velocidad.

El director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas (DILyF) de la Academia Argentina de Letras señala que, “lo que los hablantes hicieron toda la vida oralmente, a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías lo están haciendo por escrito. Es decir, es necesario poder tener por escrito una conversación vulgar, una conversación coloquial, una conversación neutra y una conversación formal. No solo neutro-formal como era antes, cuando había que ir a la imprenta. Hoy la escritura que tiene circulación pública abarca todo el abanico y esa es la gran novedad que introducen las redes sociales”.

El lingüista y lexicógrafo especifica que no porque alguien utilice “una ortografía no canónica en el WhatsApp tiene mala ortografía. Va a ir variando su codificación ortográfica de acuerdo con el contexto en el que está escribiendo. La persona que es competente sabe que no puede usar la ortografía de WhatsApp en el examen de la universidad o en el currículum”.

“Cuando uno ve ‘casa’ escrito con ‘k’ en un chat, no es que esa persona no conoce la ortografía de ‘casa’, porque no hay palabra más fácil de escribir. No hay ningún conflicto ahí, no es que se equivocó. Lo que hizo fue alterar, intervenir la ortografía”, para adoptar un registro informal. Y agrega que el hablante tiene muchos recursos: el tono de voz, la expresión, la cara, las cejas. “Esa necesidad que antes estaba limitada cuando la escritura pública debía ir a la imprenta, ahora se volvió una necesidad comunicativa por escrito”.

Kalinowski explica que entonces “aparecen nuevos códigos ortográficos, aparece una codificación ortográfica”. “Todos sabemos lo que significa poner llorar con ‘sh’, tiene un valor expresivo. Hay un matiz comunicativo que aparece cuando uno interviene la ortografía. Entonces ese código intervenido empieza a ser compartido por los hablantes y resulta mucho más eficaz”.

Por lo tanto, “la misma persona que a la mañana da una conferencia, a la tarde habla con su jefe y a la noche se enoja con el árbitro es capaz de cambiar su registro en esas distintas situaciones comunicativas sin ningún problema. Consecuentemente, si una persona escribe un contrato a la mañana, una nota para el consorcio a la tarde y después escribe un tuit y chatea con los amigos, puede ir usando distintos códigos ortográficos que sean adecuados a esas distintas situaciones de enunciación”.

InfoBAE Cultura también dialogó con Laura Rajchman, de @policía.de.la.ortografia, y con Natalia Imperiali, de @lacorrectoraok, creadoras respectivamente de estas cuentas de Instagram que detectan errores ortográficos y brindan recomendaciones para evitarlos. “Me hacen mal los errores de gramática y de ortografía”, se presenta Rajchman en su cuenta con más de 45.000 seguidores; mientras que Imperiali alienta a sus casi 20.000 followers: “escribir bien es fácil”.

Respecto de las nuevas tecnologías, Rajchman –traductora e intérprete de inglés y correctora de español– considera: “Creo que la comunicación por WhatsApp muchas veces no ayuda, porque la gente tiende a abreviar mucho todas las palabras. Además, el corrector del celular también nos juega en contra muchas veces. Por ejemplo, cada vez que quiero escribir ´mi casa´, el corrector me cambia ese mi y le agrega una tilde. Y, a veces, estamos muy apurados y no llegamos a releer lo que escribimos antes de enviarlo”.

Imperiali, traductora de inglés, correctora y docente, matiza: “Por un lado, ahora leemos y escribimos más que nunca. Por el otro, es cierto que la inmediatez nos ‘obliga’ a descuidar un poco la lengua. Son las nuevas reglas del juego y no creo que haya que indignarse, esa es una guerra perdida. Sí me parece importante saber en qué contextos hay que prestar más atención a lo que escribimos (un trabajo para la facultad, un mail de trabajo), además de tener curiosidad y ganas de aprender siempre. Eso solo ya es un montón”.

Dudas frecuentes, dudas insólitas: Del Scrabble a la milanesa y el flan
La Academia Argentina de Letras (AAL) ofrece el Servicio de Consultas a cargo de los lexicógrafos que integran el DILyF, tanto por teléfono como a través de un formulario online, para colaborar en la resolución de dificultades con las que suelen tropezar los hablantes.

Antes de la pandemia se recibían unas 2.000 consultas telefónicas anuales, detalla Kalinowksi. “Las consultas por correo electrónico rondan las 600 anuales. A diferencia de lo que predomina en las telefónicas, las consultas por escrito suelen requerir la elaboración de un informe más largo y complejo”.

Y destaca que, “por razones históricas, la ortografía y la corrección lingüística en general tienen un rol social muy importante en la manera en que se evalúan las personas y sus aptitudes. Por eso hay tanto escándalo si algún político comete un error de ortografía”.

El público que recurre al servicio de consultas es diverso. “Hay gente que ayuda a los hijos a hacer la tarea, hay hijos haciendo la tarea, gente que llama porque tiene una disputa en el Scrabble. También sucede que hay gente que se interesa muchísimo en esos temas y quiere que básicamente trabajemos de contestar sus preguntas, lo cual tampoco es el espíritu del servicio”. Y el lingüista aclara: “No es un lugar donde uno manda un texto y se lo devuelven corregido. Para eso hay que pagar un corrector, que es un profesional que se dedica a eso y hay muchísimos excelentemente formados en la Argentina”.

Rajchman, de @policia.de.la.ortografia, cuenta que le envían todo tipo de consultas. “Desde cómo se conjugan ciertos verbos hasta gente que quiere que revise algunos textos que se están por tatuar y quieren asegurarse de que estén bien escritos. También me llegan preguntas sobre tildes”.

“A veces me escribe una seguidora y me dice que hizo una apuesta con su novio sobre cómo se escribe algo y que soy la única que los puede ayudar a ver quién tiene la razón”. Entre las preguntas graciosas que le formularon, cita la siguiente: “Si digo ‘me comí una milanesa seguido de un flan’, ¿qué comí primero? ¿La milanesa o el flan?” Una duda que resolvió respondiendo: “Me comí una milanesa seguida (la milanesa) de un flan. Primero la milanesa y después el flan”.

Inicialmente Rajchman utilizaba un blog y Facebook. “Ahora la única (red) que uso es Instagram porque encontré muy buena interacción con la gente. Me sorprendió que tanta gente estuviera interesada en mi contenido. Lo empecé como algo para mí porque me hacía mal ver tantos errores, pero nunca me imaginé que iba a tener la cantidad de seguidores que tengo”.

Imperiali también recibe todo tipo de consultas, aunque le llegan más dudas relacionadas con la gramática que con la ortografía. @lacorrectoraok –asimismo está en Facebook, Twitter y LinkedIn– comenta que, aunque desarrolla más actividad en Instagram, “en todas las redes tuvo buena recepción”.

“Me sorprendió mucho porque no sabía que había tanto interés en el estudio de la lengua. Jamás me imaginé que iba a llegar a casi veinte mil seguidores…” Y apunta: “No me gusta la exposición en general, me da nervios pensar que tantas personas van a leer mis publicaciones. Igualmente, recibo siempre tanta buena onda que me dan ganas de seguir”.

Tildes, mayúsculas, puntuación & cía.
Kalinowski destaca que el español es relativamente transparente y su ortografía es bastante cercana a la pronunciación. “De modo que al mismo tiempo que es una enorme ayuda, trae aparejadas algunas trampas, porque hay momentos donde la pronunciación no ayuda, por ejemplo, para poner la hache. Entonces, como no suena, por ahí la olvidamos, sobre todo si está en el medio de una palabra, como ‘rehusarse’, ‘trashumancia’”.

Y el lingüista agrega que más o menos el 95 por ciento de los hablantes de español no distingue en la pronunciación la zeta, la ese y la ce ante “e” o “i”, a partir de lo cual también se generan muchos errores.

Otras faltas muy frecuentes se relacionan con el uso de las comas. “Algunas requieren cierto conocimiento sintáctico para saber dónde van, para no separar el sujeto del predicado. Uno tiene que tener conciencia acerca de cuáles son las estructuras que forman la frase y eso trae muchas dudas y suele ser fuente de muchas consultas también”.

Asimismo percibe “bastante ansiedad” respecto de las mayúsculas. “Hay muchas que son protocolares o de respeto. En general las recomendaciones que hace la ortografía de la Real Academia Española tienden a bajar lo más posible las mayúsculas, tratar de hacer que seamos menos ‘mayusculeros’”, señala el director del DILyF.

Kalinowski recuerda que la Ortografía de la lengua española (2010) recomienda suprimir ciertas tildes, pero hay mucha gente que se resiste. Entre ellos el miembro de la RAE Arturo Pérez-Reverte, quien no dudó en tuitear: “Sólo opino que no estoy solo cuando escribo sólo con tilde, lo que hago sin complejos cada vez que lo necesito; algo que, como escritor profesional que soy, me ocurre a menudo. A mí me enterrarán con las tildes puestas, demostrativos pronominales incluidos, que ésa es otra”.

Entre los errores más comunes, detalla Rajchman, de @policia.de.la.ortografia, “la mayoría de la gente dice y escribe ‘hubieron’ y ‘habían’ en lugar de ‘hubo’ y ‘había’”. “Uno de los errores gramaticales que escucho más seguido es el condicional mal conjugado. Cuando dicen ‘Si sería más joven…’ en vez de ‘Si fuera o fuese más joven…’”.

“Otro es la conjugación del verbo apretar. Mucha gente no sabe que debe decirse ‘yo aprieto’ y dicen ‘yo apreto’. Ahora está muy de moda decir ‘la primer dosis’ y la forma correcta es ‘la primera dosis’. Siempre que el sustantivo sea femenino, debe decirse primera o tercera. También hay una gran tendencia a escribir algunos monosílabos con tilde, como vio, dio, vi, fue y ninguno de ellos debe escribirse con tilde”, agrega.

Desde @lacorrectoraok, Imperiali afirma que se cometen muchos errores, “pero tampoco todas las personas pueden ser expertas en ortografía. Si no, no existiría la profesión del corrector. Es habitual confundir símbolos y abreviaturas, por ejemplo, decir las 18 hs., cuando lo correcto es 18 h, sin plural ni punto. También es común pluralizar las siglas (las ONGs, lo correcto es las ONG). El uso de prefijos suele generar dudas. También es frecuente encontrar errores de acentuación, pero algunas reglas han cambiado en el último tiempo, así que es entendible. Y la puntuación es un tema aparte, pero, bueno, la realidad también es que es menos fácil de lo que parece”.

En Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia, que acaba de publicar Ediciones Godot, el académico noruego Bård Borch Michalsen propone que, en pos de una buena comunicación, “se deben aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen los signos de puntuación: el reflejo a partir de un punto y coma, la reorientación cuidadosa y momentánea de una coma, la maravilla de un signo de interrogación, la expectativa generada por los dos puntos, la emoción que provoca un signo de exclamación, y, por último, la conclusión del punto”.

¿Se cometen más errores de ortografía que antes?
Kalinowski se muestra cauto ante esta pregunta y cree que se trata más bien de una percepción. “Es un poco difícil hablar de evolución diacrónica en la ortografía y en la corrección por escrito en general. No son muchos los estudios longitudinales que se han hecho, es decir, a lo largo de mucho tiempo, que permitan establecer eso con algún grado de certeza”.

“Lo que circula generalmente es la idea de que siempre se habla y se escribe peor y es una percepción que suele no tener nada que ver con la realidad y las prácticas de escritura en general”, aclara el director del DILyF.

Y menciona un estudio que se hizo a lo largo de 100 años, “que está en un podcast de dos lingüistas, que se llama lingthusiasm. Ellas citan un estudio longitudinal de un siglo que analiza la escritura, la ortografía, de los ensayos de ingreso a la universidad de 1910 hasta 2010″. Según Kalinowksi, esos resultados no reflejan en absoluto que se cometan más errores de ortografía que antes. “De hecho, hacia 2010, los ensayos son diez veces más largos y por lo tanto muchísimos más complejos y exigentes que lo que se pedía a principios del siglo XX”.

El lingüista subraya que lo que sucede es que “se está codificando una ortografía diferente para que las cosas tengan el aire de ser coloquiales, que uno, al leer algo en un tuit o en un chat, ya sienta que es una conversación como podría tener en la calle con un amigo. Poner todos los puntos, las tildes y las comas en un chat lo hace ver como excesivamente formal para el contexto donde está, de modo que los hablantes crearon nuevos códigos, muchas veces violando las reglas tradicionales de la ortografía, para crear ese registro de informalidad por escrito”.

A la pregunta de si los argentinos incurrimos en más errores que otros hispanohablantes, Kalinowski observa: “La ortografía finalmente es una gimnasia, que se va perfeccionando en la medida que uno se ejercita en eso, es decir leyendo y escribiendo mucho. No hay ninguna razón por la cual a priori un país deba tener peor ortografía que otro, a menos que haya un gran abandono de la lectura y la escritura, un colapso de las instituciones educativas, lo cual es un análisis para que haga alguien que se dedica a temas de educación”.

Imperiali, de @lacorrectoraok, considera que “es posible que la enseñanza de la ortografía ahora sea menos ‘estricta’”. “Mi abuela, por ejemplo, tiene grabadas algunas reglas a fuego. Pero no por eso me animaría a afirmar que ahora se cometen más errores. No me dedico a la investigación, así que sería irresponsable de mi parte decir que en Argentina cometemos más o menos errores. Suele haber una tendencia a creer que acá todo es peor, pero a mí no me consta”.

“De todas maneras, con total sinceridad, los errores de ortografía no me preocupan tanto como los problemas de comprensión de textos y escritura. Cada vez recibo más consultas por estas cuestiones y me parecen mucho más graves que confundir un símbolo con una abreviatura, por ejemplo”, opina.

Y desde @policia.de.la.ortografia, Rajchman cree “que se cometen más errores que antes porque la gente lee menos”. Y agrega: “Uruguay y Argentina son los únicos países hispanohablantes en los que viví, así que no sabría decirte de otros países. Una diferencia que encontré entre esos dos países es que en la Argentina muchísima gente dice ‘Voy de mi abuela’, entiendo que viene del italiano, pero no es correcto en español. En Uruguay no es común ese error”.

Autocorrectores: ¿aliados… o enemigos?
¿Y en qué medida los autocorrectores pueden salir al rescate de nuestra ortografía o, al menos, convertirse en herramientas útiles?

Según explica Kalinowski, pese a que se trata de una herramienta fundamental, “muchas veces nosotros sabemos más que el corrector. Y muchas veces sabemos más que el Diccionario de la lengua española, que a veces pone palabras en el diccionario como si fuesen generales y las usan solo los españoles”, como por ejemplo el verbo “abroncar”.

Por eso, propone recurrir “a los instrumentos sabiendo que uno es un hablante perfectamente competente de la lengua y que muchas veces el instrumento puede saber más, pero muchas veces uno puede saber más que el instrumento”.

El director del DILyF menciona el autocorrector de Google, “pésimo para establecer la concordancia”. “Nunca sabe con qué está concordando el adjetivo y el verbo, entonces uno no le puede hacer caso. Muchas veces uno va al Diccionario de la lengua española pensando que todo el saber está del lado del diccionario y el diccionario se equivoca mucho. En principio, porque los que lo escriben son hablantes de una sola variedad del español”.

Para Kalinowski, el gran problema que suele enfrentar la lengua es que, como “todos somos hablantes perfectamente competentes, nos hace pensar que somos también especialistas en lingüística y eso es completamente diferente. Una cosa es saber manejar el auto y otra es saber dónde está el carburador. Una cosa es ser usuario de la lengua y otra es saber lingüística. Esa separación en los debates lingüísticos suele estar borrada. La gente piensa que, por ser hablante, ya sabe lingüística, lo cual no es así”.

jueves, 11 de noviembre de 2021

En la Academia Argentina de Letras ya no hay ni para los sandwichitos de miga de sus reuniones

Alicia María Zorrilla, directora de la AAL








La nota, sin firma, salió publicada en el diario La Nación, el pasado 10 de noviembre, y recogida por alertaurbana.com. En ella se habla de la ruinosa condición en la que se encuentra el edificio de la Academia Argentina de Letras, una institución tan vetusta como la mayoría de sus miembros en lo que a las letras se refiere, pero que guarda cierta importancia en lo que respecta a sus trabajos filológicos y lexicográficos. Por otra parte, como otras academias nacionales, acumula un enorme atraso en los salarios de sus empleados.

“Se cae a pedazos”. Denuncian desinversión en la Academia Argentina de Letras

Suenan las alarmas en la Academia Argentina de Letras (AAL) cuyas instalaciones, en Sánchez de Bustamante 2663 –el Palacio Errázuriz, declarado monumento histórico nacional–, “se caen a pedazos” por falta de inversión. Esas fueron las palabras del lingüista Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la AAL, institución que desde 2019 preside la profesora Alicia María Zorrilla. Por ley, las Academias Nacionales dependen del Ministerio de Educación.

Además, desde 2018 los empleados de la AAL y de las otras Academias Nacionales no reciben los aumentos correspondientes a la Administración Pública: hasta hoy percibieron un 77% versus el 121% otorgado en general (incluyendo un 5% ya estipulado para enero de 2022), al que se le agregan alrededor de siete sumas no remunerativas por importes que varían entre los dos mil y los cinco mil pesos. Es decir que los trabajadores de las Academias recibieron un 44% menos que el resto de la Administración Pública Nacional. En 2018, el presupuesto de la AAL fue de $ 1.110.562; en 2021, alcanza los $ 2.008.808. Un gran porcentaje se destina a sueldos.

“Hemos tenido reuniones con el ministro de Educación anterior, doctor Nicolás Trotta, pero no logramos que los aumentos otorgados se equipararan a los de cualquier empleado público –dice la presidenta de la AAL a La Nación–. El argumento es que no los reconocen como empleados públicos, como siempre se los consideró. Esta situación sigue perjudicando profundamente los sueldos, muy bajos, por supuesto y, por ende, el ánimo de los empleados, quienes, a pesar de todo, siguieron trabajando con la vocación de siempre. Esta conducta los enaltece y habla de su eticidad”.

En la AAL trabajan veinte personas, entre lingüistas, lexicógrafos, bibliotecarios y personal administrativo y de mantenimiento. “Hace poco, la Comisión de Asesoramiento Jurídico, constituida por cuatro académicos de número, redactó una carta que firmé y envié al nuevo ministro, licenciado Jaime Perczyk, pero aún no he recibido respuesta”, agrega Zorrilla. Luego del cambio de autoridades en Educación, la AAL volvió a pedir aumento en sus partidas pero no obtuvo respuesta. Este año, el dinero reservado a gastos apenas supera los 162.000 pesos.

Desde el Ministerio de Educación informaron que ignoraban lo que se había acordado con Trotta y que solamente sabían que se había otorgado un aumento del 40% en dos cuotas, luego de una nota publicada en febrero en este diario. Las fuentes ministeriales recordaron que estaban en la cartera de Educación hacía poco más de un mes. Tampoco hubo respuestas sobre la partida de gastos, insuficiente para compras de insumos y arreglos en el edificio.

 

En un informe preparado por Inés Bosch, jefa de Presidencia y Relaciones Institucionales de la AAL, se detalla la situación de sueldos y gastos. “Durante más de cuarenta años la AAL recibió los aumentos que se otorgaban a la Administración Pública Nacional –se lee en el documento dado a conocer a este diario y que está en manos de Perczyk–. En la misma situación están todas las Academias incluidas en la ley de Academias. A partir de 2018 quedaron afuera de esos aumentos, sin mediar ninguna explicación. El modo en que se actualizaban esas partidas ya es un derecho adquirido que se está vulnerando”. En 2018, los ministros de Educación fueron Esteban Bullrich y, a partir de septiembre, Alejandro Finocchiaro. Grieta mediante, la crisis continuó y se agrava.

jueves, 10 de junio de 2021

Gente que tiene tiempo libre y habla

El 9 de junio, Natalia Blanc publicó el siguiente artículo en La Nación, de Buenos Aires, donde se reflejan las opiniones de varias instituciones que se niegan a aceptar el lenguaje inclusivo. Según la bajada de la nota, “La Academia Nacional de Educación criticó su uso porque lo considera “innecesario”, al igual que la Academia Argentina de Letras y la Real Academia Española; a contramano, su uso se extiende”

Un nuevo round por la pelea del lenguaje inclusivo

La grieta que provoca el lenguaje inclusivo sumó otra voz crítica desde el terreno académicoLa condena de la Academia Nacional de Educación al uso del inclusivo, a través de un comunicado firmado por José María La Greca, académico secretario de la institución, recalentó el debate en el país días después de que un autor popular como Eduardo Sacheri criticara en un programa de televisión el intento de imponer una determinada manera de hablar.

Además de considerar que el lenguaje inclusivo es “innecesario”, la Academia Nacional de Educación respaldó la postura de la Academia Argentina de Letras, que se opone a la transformación del idioma por cuestiones de género. “Una lengua, un cuerpo lingüístico, no puede inventarse o reinventarse conscientemente de la noche a la mañana. No pueden reemplazarse las letras a y o, que diferencian el género, con la arroba, el asterisco, la e o la x porque se tiene la voluntad de hacerlo en contra del androcentrismo o de reflejar con ello una realidad sociopolítica. Esa sustitución es ajena a la morfología del español e innecesaria, pues el masculino genérico o masculino gramatical ya es inclusivo, ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género”, asegura Alicia María Zorrilla, presidenta de la AAL, en un artículo publicado en el sitio oficial con la posición institucional sobre el controvertido tema.

La declaración de la AAE, difundida ayer (puede leerse completa en la página web), busca “hacer público su apoyo a lo manifestado por la Academia Argentina de Letras cuando afirma, al cabo de una extensa fundamentación, que ‘no deben forzarse las estructuras lingüísticas del español para que se conviertan en espejo de una ideología, pues la gramática española que estudiamos no coarta la libertad de expresarnos o de interpretar lo que expresan los demás’”.

Ambas academias nacionales respaldan la postura hipercrítica de la Real Academia Española, que desde que se extendió el uso del inclusivo a nivel coloquial y en las redes sociales sale a corregir lo que considera errores gramaticales cada vez que un funcionario o una figura pública cambia las o finales de un adjetivo por una e, una @ o una x.

“Me parece muy importante que se haya pronunciado la Academia Nacional de Educación, porque es justamente en muchos ámbitos educativos en donde se ha impuesto lo que llaman ‘lenguaje inclusivo’, con sus equis impronunciables o sus ‘e’ absurdas. En lugar de incluir, separa a los hablantes entre iniciados y no iniciados y crea nuevos obstáculos en la enseñanza del idioma. El inclusivo es un modo de hablar sin vida, que ha impregnado algunas instituciones, pero no, por suerte, el habla de la gente. Es la lengua convertida en puro código, sin matices, sin historia. Y aunque no sea tan absurdo como la ‘e’, cuando veo algún funcionario duplicando cada sustantivo, pienso: ‘Pobre, qué sufrimiento debe ser hablar así, en vez de hablar como la gente normal’”, dijo a La Nación el escritor Pablo De Santis, académico de número de la AAL desde 2017.

La opinión de los académicos va a contramano del uso extendido del lenguaje no sexista en las publicaciones oficiales. Como publicó La Nación en marzo pasado, después de que el presidente Alberto Fernández usara la palabra “sujeta” en su largo discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional y se desatara una lluvia de burlas y de memes, en las gacetillas, los comunicados y las páginas web de la mayoría de los organismos estatales (tanto nacionales como provinciales y porteños) se incluye la e, la x y arrobas en reemplazo de la o en términos como “ciudadanos”, “trabajadores”, “empleados”, “niños” y “todos”.

Aunque para muchos esa decisión sea motivo de burla, el cambio en el lenguaje viene impulsado por organismos como las Naciones Unidades que recomienda a los Estados el uso del lenguaje no sexista en los comunicados oficiales.

Si bien es cierto que en nombre de la inclusión se han dicho (y escuchado) barbaridades (el error del presidente cuando usó “sujetas” como sustantivo en lugar de adjetivo o la vicegobernadora del Chaco Analía Rach Quiroga, en el Día del Periodista, cuando cambió la o de “equipo” y dijo “equipa”) también es cierto que los cambios en el lenguaje los impone el uso extendido. Por algo, la Real Academia Española incorpora cada año a su diccionario cantidad de vocablos “nuevos” provenientes del habla coloquial, como “mutear” y “encuarentenar”, entre los más recientes.

Aunque las palabras de Sacheri en la mesa de Juana Viale causaron revuelo mediático, el autor de La noche de la usina hizo foco en la arbitrariedad del lenguaje y en las imposiciones. Cuando la nieta de Mirtha Legrand le preguntó qué opinaba del uso de la e en ciertas palabras, Sacheri tomó aire y dijo: “Yo respeto toda iniciativa de visibilización. Si uno analiza un montón de conquistas, uno se hace la pregunta de ‘ah, yo pensé que esto era normal’. Ahora dicho eso, yo no siento que el lenguaje deba ser un campo de batalla, ni un campo de imposición”. Y agregó: “Respeto a quien usa el lenguaje inclusivo porque entiendo cuál es el sentido político. Creo que podemos evolucionar muy felizmente dentro del español que hablamos. Muchas de las reivindicaciones que pensamos, las generamos pensando en español. En otros países donde el universal no es masculino, sino femenino como en el alemán, tuvieron los mismos machismos y tuvieron las mismas felices evoluciones”.


Luego, miró fijo a la conductora y remató: “No me gusta cuando te dicen cómo tenés que hablar. Pero ojo, tampoco me gustaría decírselo a otro, por eso no me representan quienes se enojan con el inclusivo. ¿Sabés que es lo que no me gusta, Juanita? Que porque yo diga ‘hola, chicos’ se sospeche de mi criterio igualitario. Yo quiero que me juzguen por mis actitudes, no por los vocablos que elijo”.