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miércoles, 3 de julio de 2019

Carlos López Beltrán, en julio, visitó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires


Ayer nos visitó el poeta y científico mexicano Carlos López Beltrán para hablarnos de ciencia, poesía y traducción y despacharse contra la erudición light en la época de internet. Según señaló, la experiencia de la poesía no está limitada a lo que los poetas escriban, publiquen y a que sus lectores los lean. Asimismo, la experiencia de la ciencia no está limitada a lo que hacen y publican los científicos y los que sus lectores hacen con ello. En ambas disciplinas hay experiencias comunes y comunicables, coincidencias y espacios de contaminación y fecundación. Ambas experiencias se dan en territorios permeables. La contaminación entre el saber científico y la poesía pasa por muchas formas de la traducción. Traducción entre lenguajes y traducción entre lenguas. Los poetas, según señaló, son esas esponjas preñadas de todo lo que los afecta, que traducen (trasladan) todo lo que pueden a su escritura. La época actual permite que esas esponjas actúen mundialmente, llevando y trayendo saberes y vocabulario a los que acceden en segundos. Lo que en principio es una situación magnífica capaz de preñar la poesía de palabras e imágenes múltiples (por ejemplo procedentes de las ciencias) ha fomentado también un fenómeno que de “erudición wikipédica”, y que produce poesía predecible y aburrida.

Para los interesados, aquí está la filmación de la charla: https://www.youtube.com/watch?v=tMBnSzabYEc&feature=youtu.be


Carlos López Beltrán (Minatitlán Veracruz, México, 1957) es científico y poeta. Estudió biología experimental (UAM-Iztapalapa), Letras Hispánicas (FFyL UNAM), maestría en Filosofía e Historia de las Ciencias (UAM-Iztapalapa y Universidad de Cambridge) e hizo su doctorado en Historia y Filosofía de las Ciencias (King´s College, Londres). Se dedicó durante una década a la escritura científica en castellano con fines de divulgación. También ha sido traductor del inglés y del francés al castellano de libros científicos y literarios, y editor de colecciones de libros y otros textos de divulgación científica. Ha colaborado en esfuerzos de investigación internacional de amplio alcance como el de la Historia Cultural de la Herencia (Instituto Max Planck de Historia de las Ciencias, Berlín) y, Genómica Mestiza, Raza y genética en Latinoamérica (Universidad de Manchester). En la actualidad se desempeña como investigador titular del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Se especializa en los estudios filosóficos, históricos y sociales de las ciencias de la vida (biología, medicina y antropología), con especial atención en las representaciones y prácticas vinculadas a la transmisión hereditaria. Recientemente ha centrado su atención en los modos de racialización de las ciencias genómicas, sobre todo en los contextos del mestizaje americano. Como escritor, ha colaborado en varios proyectos editoriales y en revistas culturales; entre éstas NaturalezaCartapaciosSacbéFractal. También, ha publicado los libros de poemas: Hembras desarboladas (2014, Ediciones Sin Nombre/Universidad del Claustro de Sor Juana), Las Cosas No Naturales (Trilce, 1997), Ciudad Erial(Postales, SEP, 1987), Entre los Intersticios (La Máquina de Escribir, 1980), así como el libro de ensayos El material de los años (2014, Fractal, CONACULTA). Entre sus antologías, distinguen La Generación del Cordero. Antología de la Poesía Actual en las Islas Británicas (Trilce ediciones, 2000) y 359 Delicados (con filtro). Antología de la poesía actual en México (Lom Ediciones, 2012), en la cual ha participado como compilador junto al poeta Pedro Serrano.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Para traductores de textos académicos y científicos (y también para los otros traductores)


Hugo Salas visitó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires para hablar de “La tarea del traductor frente al texto académico y científico”. Lo hizo con una elocuencia ejemplar y se refirió, entre otras cosas, al curioso papel de los revisores técnicos académicos, que en su celo no se limitan a controlar la parte conceptual y muchas veces terminan interviniendo (y arruinando) la tarea del traductor. Asimismo, también habló del los muchos avatares que sufren las traducciones en manos de los editores cuando falla la planificación y el pobre papel que se le asigna a los traductores en toda la cadena de producción, etc.   

Hugo Salas es crítico de cine y periodista cultural. A lo largo de su carrera ha publicado en diversos medios nacionales e internacionales, entre los que se cuentan Ñ (Clarín) y Radar (Página/12). Como escritor, ha editado la novela Los restos mortales (Norma, 2010), el cuento “No podía abrirlo” (en Panorama Interzona; IZ, 2012) y el libro de relatos Cuando fuimos grandes (Alción, en prensa). En el ámbito de la traducción, se ha especializado en textos académicos y teóricos, entre los que se incluyen Nuevas minorías, nuevos derechos de Homi K. Bhabha, Utopía y reforma en la Ilustración de Franco Venturi, Teoría desde el sur de Jean y John Comaroff, ¿Qué es el arte contemporáneo? de Terry Smith y El desafío de las desigualdades: América Latina / Asia: una comparación económica de Pierre Salama.

martes, 19 de noviembre de 2013

Cierre del año en el CCEBA con Julia Benseñor

Ayer, luego de cinco años de insistentes pedidos, se logró que Julia Benseñor, co-fundadora del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, se decidiera subirse a la tarima y hablar de su experiencia como “Una traductora de dos mundos”. La espera valió la pena: lo hizo con talento e inteligencia como puede verse y oírse en http://www.ustream.tv/recorded/40895126 . El público y su socio, agradecidos.

Argentina, esposa y madre de familia, Julia Benseñor es traductora literaria y técnico-científica, recibida en el Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Además es traductora pública en inglés, por la Universidad del Museo Social Argentino. Por su trabajo, ha recibido el Tercer Premio a la Traducción Científico-Técnica del Conosur 2001-2002 organizado por Unión Latina. Ex docente del Traductorado Literario y Técnico Científico, INES Lenguas Vivas es co-fundadora del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires (2009). Se desempeña como traductora freelance para distintas organizaciones internacionales y nacionales. Entre los autores que ha traducido se menciona a Charles Chaplin, Ray Bradbury, Saul Bellow y Ring Lardner.

lunes, 29 de agosto de 2011

¿Qué editoriales argentinas recibieron subsidios de Francia en la última década?

Según lo que se lee en el apartado El libro y la edición en el portal del Servicio Cultural de la Embajada de Francia en la Argentina, " Creado en 1984, el Programa de Ayuda a la Publicación 'Victoria Ocampo'  ayuda a editores argentinos que desean abrir su catálogo a textos de autores francófonos. En 25 años de existencia, este programa permitió la edición de cerca de 640 obras, entre las cuales una mayoría de libros de humanidades y ciencias sociales. Este programa comprende dos aspectos: la ayuda local para la producción de las obras y la ayuda para la cesión de derechos a través del Institut Français. Para más datos, http://www.franceamsud.org/site/2010/08/1952/

De lo dicho se deduce que PAP "Victoria Ocampo" existe desde hace muchos años en la Argentina. También, que lo otorga el Servicio Cultural de la Embajada de Francia y su función es ayudar a los editores a publicar libros de autores franceses.

Ahora bien, ¿en qué consiste esa ayuda? En un principio, el dinero se empezó otorgando para la traducción del texto, pero los editores lograron convencer a los funcionarios franceses de que comprar derechos franceses desde la Argentina era muy oneroso. Por otra parte, los costos de edición, en razón de los constantes aumentos del papel, también son altos.

Así, con el tiempo, el dinero que en principio debía ir para los traductores quedó definitivamente en manos de los editores, quienes hicieron uso de él a voluntad.

De esto se desprende que las tarifas de traducción, que bien podrían haber mejorado gracias a la ayuda, quedaron tal cual estaban, lo que de algún modo contradice los ingentes esfuerzos de las distintas instituciones franceses interesadas en que se renueve y aumente el número de traductores y traducciones del francés al castellano.

Esta circunstancia fue comunicada a las autoridades correspondientes del Servicio Cultural francés, quienes le informaron al Administrador de este blog que, en la actualidad, dado el retiro de la persona que estaba a cargo de recibir los pedidos de subsidio, se está constituyendo una comisión, integrada básicamente por miembros del Servicio Cultural y la Alianza Francesa para analizar las futuras postulaciones.

Mientras se lleva a cabo ese trámite, tal vez valga la pena recordar quiénes se beneficiaron con el programa desde el año 2000 al 2010. Para ello, nada mejor que recurrir a los dos cuadernillos publicados por el Servicio Cultural donde se documentan las editoriales subsidiadas y los títulos publicados.

Los editores que recibieron dinero francés son 64. La mayoría, de Buenos Aires, pero hay también editoriales cordobesas y rosarinas. 

Los títulos publicados son 411, destacándose claramente las ciencias sociales, seguidos por la filosofía, la literatura, la psicología y el psicoanálisis, la educación, etc.

Por supuesto que no es posible saber de qué manera se invirtió el dinero de cada subsidio ya que, por lo general, los editores son remisos a dar a conocer sus cifras. De manera que no hay modo de saber cómo fueron pagadas las traducciones, salvo cuando los traductores lo hacen manifiesto. Se los invita entonces a que, de ser posible, proporcionen esas cifras como para poder tener una idea aproximada del porcentaje del dinero otorgado por Francia que fue a parar a manos de traductores.

A continuación, la lista de los editores beneficiados –que, como podrá comprobarse presenta algunas desproporciones– y el número de títulos publicados por cada uno de ellos:

Nueva Visión : 53
Libros del Zorzal : 28
Paidós : 26
Manantial : 23
Atuel: 21
Amorrortu : 20
El Cuenco de Plata : 17
La Marca / Asunto Impreso : 17
Adriana Hidalgo Editora : 16
Siglo XXI : 11
Artes del Sur : 10
Fondo de Cultura Económica : 9
Homo Sapiens : 8
Leviatán : 8
Del Signo : 7
Docencia : 7
El Copista : 7
EUDEBA : 7
Alción : 6
Biblos : 6
Katz : 6
Corregidor : 5
De la Flor : 5
Del Sol : 5
La Cebra : 5
Las Cuarenta : 5
Letra Viva : 5
Topía : 5
Colihue : 4
Losada : 4
Caja Negra : 3
Del Estante : 3
Editorial Literales : 3
Ferreyra Editor : 3
Prometeo : 3
Santiago Arcos : 3
Selecciones de Amadeo Mandarino : 3
Bajo la luna : 2
Beatriz Viterbo : 2
Dedalus : 2
Ex Abrupto : 2
Galerna : 2
Interzona : 2
UNSAM : 2
AEAC : 1
Aurelia Rivera : 1
Beatriz Curia : 1
Botella al Mar : 1
Ciudad Argentina : 1
Diva : 1
Documenta / Escénicas : 1
EDINAR (Ed. La Marca) : 1
Fundación Victoria Ocampo : 1
Letranómada : 1
LILMOD : 1
Nobuko : 1
Paradiso : 1
Perfil : 1
Planta : 1
Tinta Limón : 1
Tres Haces : 1

Esta información está disponible en el Servicio Cultural y se deduce de sumar los títulos que aparecen en sendos cuadernillos que se distribuyen gratuitamente.  En ninguno de ellos constan los traductores.

viernes, 8 de octubre de 2010

Un problema de lenguajes


"¿Cómo se explica la desproporción entre la gran rueda delantera y la pequeña rueda trasera en las primeras bicicletas? Cada nuevo objeto resuelve problemas concretos, pero ¿cuándo surge un cambio revolucionario?", es lo que se pregunta el  físico y museógrafo español Jorge Wagensberg (quien además de dirigir la colección Metatemas en Tusquets,  acaba de publicar Las raíces triviales de lo fundamental) , en la edición de El País, de España, del día de ayer.

Sin novedad desde el Renacimiento

Se puede hablar del lenguaje de la ciencia, de la tecnología, de la música, de la escultura, de la museografía... aunque ninguno de estos lenguajes es, por cierto, la particular jerga con la que se entienden científicos, músicos, escultores o museógrafos... Es la idea de Walter Benjamin. Hay lenguajes que viven dentro de otros: dentro del lenguaje de la música se puede hablar del lenguaje romántico o del barroco y, dentro del lenguaje barroco se puede hablar del lenguaje de Bach o del de Pergolesi... Un mirlo distingue otro mirlo de cualquier otro pájaro por su lenguaje, pero tampoco se le escapa que tal otro mirlo tiene un acento que "no es de por aquí"... Un museo que opta por la pieza original como la palabra museográfica emplea un lenguaje muy diferente a otro que se entrega a la réplica o al lenguaje propio de los multimedia.

Los lenguajes, con sus palabras y con sus reglas para combinar palabras, se usan para adquirir y transmitir conocimiento, es decir, sirven para contar historias.

Pero todo cambia con el uso, también el lenguaje. A veces, una historia requiere la invención de una palabra y así crece el diccionario y se mueve la gramática entera. Hablemos por ejemplo de dinosaurios. Una de sus grandes aportaciones a la evolución fue sin duda la pelvis. Los andares de un cocodrilo todavía se expresan en rancio lenguaje prepélvico. La locomoción del cocodrilo en tierra es imperfecta porque no puede mover una pata sin que se resienta el resto del cuerpo. La pelvis es una palabra nueva que refresca la gramática del concepto tetrápodo porque cada pata se independiza de las otras tres. Con pelvis se camina mejor y con más gracia. Es verdad que los dinosaurios hace tiempo que ya no existen, mientras que los cocodrilos perseveran muertos de risa con su lenguaje corporal retro para entrar y salir del agua. Sin embargo, la palabra pelvis no se extingue. Se inventa y reinventa. La pelvis revoluciona el lenguaje del movimiento en seco y alcanza cotas de pura poesía en el vuelo de las aves. ¿Hay algo que el ser humano haya envidiado más que el vuelo de, digamos, una gaviota? El último ancestro común entre los mamíferos y los dinosaurios no llegó a disfrutar de una pelvis, así que hubo que reinventarla por pura convergencia... ¿Qué hubiera sido de Elvis sin su pelvis?

Con el lenguaje cultural ocurre algo parecido. Diseñamos objetos, los objetos son palabras y cuando triunfa una palabra nueva, se renueva todo el lenguaje. Existe la selección natural de la selección cultural. La tecnología, por ejemplo, tiene su lenguaje y hay palabras en desuso (extinguidas) cuyo significado tendemos a olvidar. Hace pocas semanas, paseando por un museo de tecnología, me detuve frente a una de las primeras bicicletas de la historia. ¡Qué incómodo artefacto! No es extraño que la selección natural castigara el diseño sin contemplaciones, pero ¿cómo se explica la grotesca desproporción entre la gran rueda delantera y la pequeña rueda trasera? El guía se encogió de hombros: "Es una cuestión estética, sencillamente les dio por ahí". Me entretuve preguntando a los visitantes y, en efecto, eso es lo que casi todo el mundo cree, como si los antiguos fueran conscientes de su condición de tales y diseñaran en consecuencia. Inaceptable. La bicicleta fue en su día una palabra nueva del lenguaje de la locomoción, pero por aquel entonces faltaban aún ciertos menudillos ortográficos como la cadena de bicicleta o los piñones de distinto diámetro. Sin ellos, el nuevo lenguaje naufraga en su propio arcaísmo. En efecto, una vuelta completa de un pedal solidario al centro de la rueda significa un avance igual a pi veces el diámetro de aquella. Así que a mayor diámetro de la rueda motriz, mayor avance. La rueda trasera era pequeña solo para no cargar el artefacto con un peso excesivo... Ahora sí.

La revolución de un lenguaje liquida una era e inaugura otra nueva. ¿Qué tienen en común tales revoluciones? Pues que raramente lo parecen. El lenguaje digital jubila explosivamente al analógico, pero, en general, el lenguaje revolucionario arranca imitando al lenguaje obsoleto.

Los primeros automóviles eran carruajes sin caballos. Todavía se conservaba el pescante elevado para mirar por encima de los inexistentes animales, incluso se preveía un generoso espacio para engancharlos, usaban ruedas de carro con llantas metálicas... La palabra nueva, en este caso el motor de explosión, no cambia instantáneamente el lenguaje del rodar por esos caminos. La primera motocicleta fue una bicicleta con un motor adosado como quien adosa una maleta. El primer cine fue teatro filmado: la cámara a modo de un espectador clavado en una butaca contemplando actores que entran y salen de un escenario inmóvil. Al cine le tomó décadas encontrar su propio lenguaje.

Lo revolucionario no lo es solo por nuevo, por estridente o porque alguien insista en proclamar que lo es. La pintura rupestre nació con un problema original en su lenguaje: representar un volumen de tres dimensiones sobre una superficie de dos. Los artistas de Altamira ya eran conscientes de la cuestión. No en vano buscaban las protuberancias de las rocas para representar con ellas la tercera dimensión de los cuerpos. Pero atención, 10.000 años después, en Mesopotamia el problema seguía sin resolverse. Se dice pronto: ¡ningún progreso en 10 milenios! La Edad Media tampoco aportó nada significativo y muchos debieron obsesionarse como ocurre siempre que un problema adquiere el prestigio de no tener solución. (Así ocurrió durante milenios con el sueño de volar como un pájaro y así ocurre hoy con el control de la fusión termonuclear). Giotto intuyó la solución sin llegar a dar con ella (las líneas de fuga de sus composiciones aún no se cortan limpiamente en un punto).

Y, por fin, el Renacimiento. Genios como Brunelleschi, Mantegna y Massaccio resuelven el lenguaje de la proyección de 3-D sobre 2-D con la invención de la perspectiva geométrica, la perspectiva de la luz y la perspectiva del color.

En Las Meninas, Velázquez sublima este lenguaje tridimensional en dos dimensiones y se permite incluso insinuar un paso más: la introducción del tiempo como una cuarta dimensión, algo así como el espacio-tiempo de Minkowski en la física relativista. Michel Foucault lo sugiere en el inspirador prólogo de Les mots et les choses: cada personaje de esta celebérrima escena aparece en un tiempo de reacción diferente respecto de la irrupción del rey Felipe IV y de la reina Mariana en la estancia (se reflejan en el espejo del fondo de la sala): Velázquez ha bajado la paleta y mira hacia el espectador (¡cielos, el Rey!), la infanta Margarita aún tiene la cara girada hacia el perro, que acaba de recibir una patada del bufón Nicolasito, pero sus ojos ya miran hacia el espectador (¡cielos, mi padre!), la dama de compañía que ofrece agua a la infanta aún no se ha percatado de nada, pero la otra dama ya ha iniciado una reverencia hacia el espectador (¡madre mía, el Rey!), Mari Bárbola se ha quedado petrificada (¡Dios mío, mi Rey!)... Velázquez propone, sin proclamarlo, una revolución que apunta más bien hacia el lenguaje cinematográfico (tres dimensiones de espacio y una de tiempo). Las nuevas tecnologías del 3-D, la estereoscopia o las holografías, en cambio, proclaman a gritos una revolución del lenguaje, pero no superan las tres dimensiones en ningún sentido. Sin novedad desde el Renacimiento, ¿qué queda hoy de la euforia de las holografías? La próxima revolución acaso esté en el 4-D, pero donde las cuatro dimensiones son espaciales. La primera palabra ya está inventada. Salvador Dalí la pinta en su misterioso Corpus Hypercubicus (1951), mientras matemáticos como Thomas Banchoff reorientan su vida profesional. Pero para que culmine esta revolución quizá no baste con engañar al cerebro, igual hay que cambiarlo.

(foto: Vivian Scheinsohn)

martes, 3 de agosto de 2010

La traducción de la ciencia y sus problemas


Ayer, lunes 2 de agosto, desafiando el frío inclemente de este invierno, una nutrida concurrencia se reunió para escuchar al Dr. Alberto Kornblihtt, biólogo molecular, y a la Dra. Vivian Scheinsohn, arqueóloga, quienes participaron de una nueva reunión del Club de Traductores Litearios de Buenos Aires. Cada uno de ellos, desde el saber que les confieren las respectivas disciplinas que representan, comentaron cuáles son los problemas cuando se traduce ciencia. Para aquéllos interesados en la velada, puede consultarse en http://www.ustream.tv/recorded/8682865


Alberto Kornblihtt estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se recibió de biólogo en 1977 en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, luego hizo su doctorado en la Fundación Campomar (ligada a la Facultad de Ciencias Exactas) e hizo su postdoctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra, en donde estudió por tres años. Es investigador principal del Conicet, profesor titular plenario con dedicación exclusiva y miembro del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas.


Vivian Scheinsohn se licenció en Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires, donde luego se doctoró en el año 1998. Titular de la cátedra de Arqueología Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A., es asimismo investigadora adjunta por el Conicet, con sede en el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. Es miembro asociado de Sigma Xi, the Scientific Research Society desde 2004; miembro fundador de la Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina; miembro de la Society for American Archaeology desde 2005, y miembro de Internacional Council for (ICAZ) desde 2006. Actualmente trabaja en las provincias de Chubut y Río Negro, sobre temas relacionados con la arqueología y la ecología del paisaje.


fotos: Guido BonFiglio