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miércoles, 24 de julio de 2024

Toda la poesía de Eliot, traducida en México

El poeta y traductor mexicano José Luis Rivas (1950), en 1990, publicó Poesía completa de T. S. Eliot, trabajo que, en su momento, le valió el prestigioso Premio Xavier Villaurrutia. Pero, como suele suceder, no quedó satisfecho con su labor y treinta y cuatro años llevó a cabo una nueva traducción que, con el título T. S. Eliot. Poesía reunida / The Complete Poems (1909-1967), editó recientemente la Universidad Veracruzana y la Universidad Autónoma Metropolitana en versión bilingüe muy ambiciosa. El volumen se publicó con un excelente prólogo del poeta, traductor y científico Carlos López Beltrán. Por su extensión, y con la debida autorización, ofrecemos las partes referidas a la historia de la traducción de Eliot.

El shock del pasado. Un T. S. Eliot para el nuevo siglo.

Una topografía gruesa del tamaño y los alcances de la obra poética de T.S. Eliot no es difícil de imaginar. Podemos orientar la imaginación usando herramientas de búsqueda contemporáneas. El visor Ngram analiza la frecuencia de menciones de su nombre. Éstas crecen tímidamente entre 1915 y 1960, momento en el que se dispara una curva exponencial aceleradísima, casi vertical que llega a su cima en 1987. De ahí en adelante, la curva comienza descender despacio, con rebotes leves en 1998 y 2014. Actualmente esas menciones siguen altas, en los niveles de 1978, pero la tendencia sigue en descenso. Al parecer, los años entre 1960 y 1990 vieron el apogeo de la influencia mundial de Eliot. Una gran cantidad de ediciones y traducciones a decenas de idiomas se trajeron a la luz entonces. Y no se ha dejado de hacer, aunque con menos celeridad. El premio Nobel de 1948 otorgado a Eliot sin duda impulsó este fenómeno. Su principal dinamismo deriva sin embargo de la llegada a la madurez en todo el planeta de una generación de lectores y críticos de poesía ya completamente cultivada y adiestrada en la poética eliotiana. En ella se ubica José Luis Rivas, virtuoso traductor al español de este volumen. Además de a una industria académica eliotiana muy grande, que seguramente también tuvo su auge en las décadas mencionadas, la expansión de la influencia de Eliot surfeó sobre las olas de la actividad de poetas mismos. Y de los traductores. Muchas veces encarnados, como en este libro, poeta y traductor, en la misma persona. Eliot es con toda su potencia una nueva ortodoxia. Los lectores de Eliot hoy están en todas partes y, gracias a sus decenas de traductores, de varias generaciones ya, su obra y sus alcances sigue desdoblándose y consolidándose. Casi todas las lenguas de la Tierra han sentido el campo gravitatorio de Eliot. Podríamos explorar su presencia en la poesía de Rusia (donde influyó a Anna Akhmatova gracias a Boris Pasternak, y después notablemente a Joseph Brodsky). O en la poesía de la India. O la de Hungría. ¿Qué tal la de China?

A través de secuencias de traducciones, los lectores y los creadores de China, encuentran puentes bien construidos que conectan los dominios poéticos de ambas latitudes. ¿Porqué es Eliot tan importante para todos en el mundo actual? se pregunta -por ejemplo- Qiu Xiaolang, poeta, novelista y traductor. Y se contesta: “Mientras la lengua sea una barrera, la poesía en sí misma nos da una razón para superar esa barrera. Disfrutar de la poesía de otro idioma es disfrutar de la comprensión de los seres humanos que viven con esa lengua: se trata de un entendimiento que no se puede conseguir de ninguna otra manera. Pienso que con la poesía las personas de diferentes naciones e idiomas distintos consiguen un entendimiento mutuo que, no importa cuán parcial sea éste, será siempre esencial.” La no especificidad y la flexibilidad del lenguaje modernista, agrega Lioi T., otro traductor de Eliot, es altamente compatible con el idioma chino, y acerca la poesía Occidental al lenguaje y al pensamiento de China. Se ha dicho por otro lado que después de los aciertos y los equívocos de Pound, y de muchos otros traductores entre el chino y las lenguas europeas, influidos todos por las revoluciones estéticas modernistas, los poetas chinos posteriores a la revolución cultural, consiguieron abrir en China brechas de expresión poética inaccesibles a los censores que permitieron modernizar su expresión poética sin toparse con los muros o los golpes del Estado.

¿Y cómo le ha ido a T.S. Eliot en español? Algunas investigadoras han hecho el intento de llevar la cuenta de las traducciones de la obra de Eliot en el mundo hispanohablante. Nada más de La Tierra Baldía, Teresa Gibert cuenta hasta hace unos años cerca de 30 traductores, y como 50 ediciones. Con nombres diversos, como Yerma, Tierra yermaTierra desolada, Tierra inútil, y similares, esta obra destaca por el fuerte imán que ha sido para los traductores. Los dos primeros traductores al español de The Waste Land fueron un diplomático mexicano, Enrique Munguía, y un escritor puertorriqueño Ángel Flores. Ambos publicaron sus versiones en 1930 y tuvieron una ligera disputa de prioridad, ya que Flores le había pedido por correspondencia exclusividad a Eliot. Después de ellos, docenas de traductores, y unos cuantos poetas de primera línea (como Alberto Girri, León Felipe, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal, Jaime Gil de Biedma, José Emilio Pacheco, José Luis Rivas) han trasladado a nuestra lengua obras diversas de Eliot. Los esfuerzos recientes con La Tierra Baldía de Jordi Doce en España y de Gabriel Granados Bernal y Hernán Bravo Varela en México me han parecido notables. Menos que aquella obra pero también de modo abundante se han traducido los Cuatro Cuartetos. Tengo predilección por la traducción comentada del gran Esteban Pujals Gesalí (1988) aún por sobre la exacta y pulida versión mexicana de José Emilio Pacheco (1989).

jueves, 29 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (8)

Octava entrada de la encuesta sobre género y traducción

Timo Berger
(traductor alemán residente en Berlín, Alemania)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–Quizás noto un rasgo de masculinidad en algunos traductores renombrados acá, en Alemania. Por un lado, hacia las editoriales (suelen cobrar más por página, son más duros con los correctores de estilo, desarrollan estilos personales... no quiero nombrar a los traductores, pero se conocen algunos acá en Alemania) y quizás las traductoras tienden a poner más en el centro el texto en sí, la intención de la autora o del autor y no tanto su propia lectura del texto y su reelaboración. En fin, creo que se refleja ahí los todavía existentes (aunque va cambiando) roles de las mujeres y los hombres en la sociedad.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Como yo más que nada traduzco poesía, debo confesar que hay ciertas poéticas muy ligadas con el cuerpo femenino y/o con la homosexualidad que me costaría traducir. En el festival que yo coordino, junto a Rike Bolte, a veces tenemos como invitados a poetas que exploran esos campos. Con gusto encargo esas traducciones a una poeta-traductora queer que entiende mucho más del tema que yo. Pero son casos aislados. Creo todavía que un buen traductor/buena traductora crece con los textos que traduce, explora nuevas sensibilidades, nuevos modos de decir, y por eso, no creo que haya que decir que la poesía escrita por mujeres sólo la pueden traducir mujeres. Creo que incluso con el cruce de género que se da cuando un hombre traduce a una mujer o una mujer traduce a un hombre al texto se le agrega un capa más de complejidad.


Laura Fólica
(traductora argentina residente en Barcelona, España)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–Sí, claro, porque las marcas de género no tienen una correspondencia unívoca entre las lenguas. Justamente es uno de los problemas clásicos del estudio de las estructuras comparadas entre lenguas, ya planteado en textos fundamentales como el Ensayos de lingüística general de Roman Jakobson, cuando el autor señala que no hay que pensar el género gramatical como un rasgo puramente formal y que conviene situarlo en relación con las “actitudes mitológicas” y poéticas de las distintas comunidades lingüísticas. Así, un niño ruso leyendo cuentos alemanes traducidos se sorprenderá al ver que la Muerte, para él claramente mujer (smert’), es representada como un viejecito en alemán (der Tod); quizás ese asombro sea el modo más genuino de acercarse a la traducción. ¿Cómo resolver ese espacio de ambigüedad genérica que una forma neutra –obligada en una lengua pero inexistente en otra– nos plantea a la hora de tener que optar por la oposición masculino o femenino? Más allá de cómo lidiemos con esta ambigüedad, es interesante pensar que este es uno de los tantos lugares de decisión que tomamos como traductores en nuestros textos. Decisión que se vuelve, hoy más que nunca, una toma de posición, debido al debate que el lenguaje inclusivo ha introducido con las distintas variantes que propone, con la incomodidad (¿asombro?) que nos genera al tener que repensar ese sistema de género que creíamos bien establecido. A las restricciones y posibilidades estructurales de una lengua, ahora se añaden opciones que cuestionan la fetichización de esas estructuras y que nos recuerdan, como susurraba el buen Saussure, que la lengua es social y que necesita del habla nuestra de cada día para su evolución; por lo tanto, que sus estructuras por muy fijas que parezcan en instituciones que “limpian, fijan y dan esplendor” son flexibles, móviles, temporales y que nos están interpelando en nuestras convicciones lingüísticas.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Diría más bien que la imposibilidad es una condición de posibilidad para quienes traducen y una defensa de su condición humana, de su práctica como lectura siempre situada. Si pensamos la traducción como una búsqueda de la equivalencia, entonces, sí que la falta de similitud podría ser un problema que nos impida seguir traduciendo. Puede que una máquina se frene ahí o nos ofrezca opciones, una más decepcionante que otra. Pero justamente apuesto a tomar la imposibilidad como un lugar que nos muestra la diferencia lingüística, cultural, subjetiva y que nos desafía a levantar la cabeza de nuestros textos, dejar de teclear por unos momentos y pensar en una resolución que nos satisfaga, al menos por ahora, para seguir traduciendo.
Si esta pregunta apunta más bien a pensar en el lenguaje inclusivo, no me he encontrado con textos de partida que lo usaran; sí, en cambio acabo de traducir una obra ensayística para una editorial argentina que contempla y propone su uso en sus traducciones, pero en el diálogo con las editoras descartamos esta opción porque nos parecía forzar el original que no presentaba marcas textuales ni tampoco temáticas en ese sentido. En mi escritura al castellano, traté de buscar opciones léxicas naturalmente más inclusivas, por ejemplo, en lugar de “la historia del hombre”, “de la humanidad”, o cosas por el estilo, pero no avancé en la intervención explícita de las desinencias de género.

Carlos López Beltrán
(traductor mexicano residente en Ciudad de México, México)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Pocos hechos tan evidentes como que el que las diferencias de sexo y de género atraviesan no sólo las lenguas sino las estructuras culturales profundas en las que están ancladas. Si añadimos a eso la evidencia de los particularismos y arbitrariedades que adoptan las marcas de lo sexual o de lo genérico en cada entramado cultural y en cada época, podemos saber de inicio que la traducción deberá confrontarse con desajustes y falta de equivalencias todo el tiempo. El problema más simple deriva de que las lenguas muy generizadas colorean los sentidos de sus enunciados con las valoraciones que el género de las cosas esparcen continua e imperceptiblemente, lo cual a veces plantea un problema para el traductor que no tenga ese recurso ideológico en su lengua de llegada.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Una frase cursi en español como “la mirada sesgada de su sexo” está mucho más feminizada por el género del sustantivo que por el pronombre neutro. El traductor de Google capta eso y nos traduce “the slanted look of her sex”, pasando lo femenino al pronombre. Más espinoso es el problema de la existencia, y la importancia de sensibilidades diferenciadas según el sexo y/o el género. El que al traducir a una mujer sea necesario poder “sentir como tal” o “saber qué se siente ser…”, lo cual en principio le impondría un reto más alto a un traductor de sexo/ género diferente. Es claro que hay textos, sobre todo literarios, en los que el despliegue de la subjetividad autoril (estoy aquí eludiendo explicitar el género) está embebido de cierto modo de ser/estar/sentir/percibir en/desde la propia carne y que este determina no sólo el lenguaje empleado sino también la mejor manera de interpretarlo, el sitio mejor para entenderlo. Un poema de Sharon Olds sobre partos no será captado con igual eficacia emocional por quien no ha parido, se piensa. O las descripciones de Ted Hughes sobre la manipulación viril del ganado no se alcanzarán a comprender si no se tiene un cuerpo masculino y no se ha sido granjero. Yo francamente lo dejé de creer hace muchos años cuando encontré en la prosa de Yourcenar descripciones de la propiocepción corporal de Adriano que no pensaba que pudieran estar al alcance de una mujer. En suma, creo que es real la dificultad de traducir de modo fiel y perceptivo la literatura intimista de alguien del quien estamos separados por barreras de sexo o género, pero no es insuperable. Como no son insuperables otras barreras equivalentes de cultura, edad, época. De hecho, esa es la esencia de la traducción.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
No que yo recuerde. Pero recuerdo poco ya.



miércoles, 1 de abril de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (VIII)

Octavo día de la encuesta para traductores de poesía.


Roberto Mascaró
Traductor de Tomas Tranströmer, Jan Erik Vold y Ulf Eriksson, entre muchos otros poetas escandinavos.


1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Mi curiosidad por el texto escrito en otra lengua es fruto del deseo de acercarme más al texto original. En la traducción (que primero fue un ejercicio) descubrí que es posible dar vida a un texto escrito por otro, es decir “recrearlo”. Como no creo en el mito de la originalidad del escritor, me zambullí con alegría en ese proyecto. El resultado fue sentir que los textos que traduzco son en parte míos, y como enseña la tradición anglosajona, empecé a considerar la traducción como otro género literario. De manera que mi cosa es ser poeta pero también traductor de poesía. Son dos géneros que cultivo paralelamente. Practicando la traducción, surgen pronto preguntas en torno del género, sus dificultades y sus ventajas. Pronto, uno se enfrenta a una verdad indiscutible: sin traducción no sería posible la civilización. Basta con pensar en los textos fundamentales de Occidente y Oriente (la Biblia, el Corán, Las mil y una noches, etc. y toda la filosofía, desde los griegos y romanos hasta los autores contemporáneos), que no se hubiesen difundido de no haber existido la traducción y los traductores. Es un gigantesco cambio en la estructura cultural mundial. Toda poesía surge en principio enmarcada en una tradición cultural, pero la poesía moderna y contemporánea recibe el aporte de una enorme parte de la poesía universal. La globalización permite acceder a cada vez mayor cantidad de textos en sus versiones diversas, aunque las cuestiones y debates que implica esta actividad ha hecho posible una disciplina académica poco conocida: la traductología.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Al principio, la traducción fue un ejercicio, ya que no tenía editor ni conocía el mundo de este género. Luego aparecieron los editores, y así fue como empecé a dar a conocer las obras de Tranströmer y de Jan Erik Vold, en Uruguay. Luego fundé una editorial propia, encuentros imaginarios, en la que fui publicando autores suecos, noruegos, suecofinlandeses y daneses. Luego fueron apareciendo los editores de España, Venezuela, Chile, Uruguay...y en eso estoy ahora, publicando en la editorial Silabario de Guatemala. Sigo siendo yo el que elige los autores, ya que el editor no puede hacerlo por no conocer las obra originales. De manera que sin quererlo he tenido que estar haciendo el papel de crítico e investigador, escribiendo prólogos y comentarios. De las 90 traducciones que he publicado, yo diría que en el 90% de los casos, el autor lo he elegido yo.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Los editores tienen criterios diversos en cuanto a la remuneración. Muchos intentan no pagar nada, ya que el traductor no es el autor y por lo tanto “no merece” pago. Otros, los más serios, entienden que es un trabajo (casi siempre más fatigoso que escribir el texto propio) y tratan de hacer justicia. Por suerte existen las agencias estatales de los países nórdicos que remuneran al traductor para difundir sus literaturas. Pero hay editores piratas que dirigen sellos “respetables” y se dedican a estafar a los traductores. Insólito pero verdadero.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Creo que los que podrían hacer algo para mejorar las condiciones del traductor son las asociaciones de traductores o de autores. En Suecia, país en el que resido, la asociación de escritores ha trabajado muchas décadas para que los derechos del traductor sean respetados.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Conozco los subsidios que existen en los países nórdicos, que es mi campo de trabajo casi exclusivo.


Carlos López Beltrán
Traductor de Matthew Sweeney y de la gran antología de poesía británica La generación del cordero (en colaboración con Pedro Serrano).


1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Por placer personal. Por hacer lecturas más ceñidas, hondas y emocionadas de los poemas que me gustan en otra lengua. Por ejercitar mi propias capacidad expresiva en español, y explorar el espacio de posibilidades que un poema abre sin que el ego esté ahí enmedio obstruyendo la claridad. Por compartir mis entusiasmos con lectores en mi lengua. 

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Casi siempre yo propongo. Mucha poesía no la traduzco para publicar sino como ejercicio. Alguna vez acepto propuestas, pero no suelo tener mucho tiempo. Quizá ahora que me jubile de la universidad acepte más.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Tienen tabuladores vagos. Ejercen su juicio idiosincráticamente. No les gusta pagar mucho por la poesía pues no se vende. Algunos editores creen que los traductores deberíamos hacerlo gratis, por la gloria póstuma.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Ahora no mucho. Darles lata a los editores cuando los tengo a tiro. Reconocer siempre a los traductores de los poemas que uso o leo.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
México desde hace unos años subsidia la traducción. Alguna vez recibí subsidio mexicano (FONCA) para traducir británicos. También recibí subsidio británico. Generosos ambos. Sobre proyecto determinado. Creo que hoy en día hay muchos más traductores y traducciones buenas que subsidios, lo cual es una pena. 

Silvana Franzetti
Traductora de Hilde Domin, Reiner Kunze, Monika Rinck y Volker Braun, entre otros poetas alemanes contemporáneos


1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Son tres las razones que me llevaron a traducir poesía y se fueron sumando a través del tiempo: la traducción como necesidad de lectura de poesía en lengua alemana; la traducción como profundización en la propia práctica de escritura poética y la traducción como uno de los compromisos de difusión de poesía en el campo poético.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
La iniciativa de las traducciones que se publican corre por mi cuenta, nunca recibí un encargo de traducción de poesía por parte de una editorial. En cambio, recibo pedidos puntuales de traducción de poemas sueltos para festivales internacionales o encuentros binacionales de poesía, por ejemplo.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Hasta el momento, la única vez que publiqué un libro de poesía traducido mediante una editorial —la mayor parte de mis traducciones se publican en revistas, festivales y blogs— fue mediante un subsidio a la traducción.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Por lo expuesto en el punto anterior, no tuve ocasión de actuar en relación con los honorarios que proponen las editoriales.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Estoy atenta a la información que publica el Instituto Goethe de Buenos Aires acerca de subsidios a la traducción de poesía en lengua alemana en Argentina y recibo con cierta regularidad información sobre becas para realizar residencias de traducción.

miércoles, 3 de julio de 2019

Carlos López Beltrán, en julio, visitó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires


Ayer nos visitó el poeta y científico mexicano Carlos López Beltrán para hablarnos de ciencia, poesía y traducción y despacharse contra la erudición light en la época de internet. Según señaló, la experiencia de la poesía no está limitada a lo que los poetas escriban, publiquen y a que sus lectores los lean. Asimismo, la experiencia de la ciencia no está limitada a lo que hacen y publican los científicos y los que sus lectores hacen con ello. En ambas disciplinas hay experiencias comunes y comunicables, coincidencias y espacios de contaminación y fecundación. Ambas experiencias se dan en territorios permeables. La contaminación entre el saber científico y la poesía pasa por muchas formas de la traducción. Traducción entre lenguajes y traducción entre lenguas. Los poetas, según señaló, son esas esponjas preñadas de todo lo que los afecta, que traducen (trasladan) todo lo que pueden a su escritura. La época actual permite que esas esponjas actúen mundialmente, llevando y trayendo saberes y vocabulario a los que acceden en segundos. Lo que en principio es una situación magnífica capaz de preñar la poesía de palabras e imágenes múltiples (por ejemplo procedentes de las ciencias) ha fomentado también un fenómeno que de “erudición wikipédica”, y que produce poesía predecible y aburrida.

Para los interesados, aquí está la filmación de la charla: https://www.youtube.com/watch?v=tMBnSzabYEc&feature=youtu.be


Carlos López Beltrán (Minatitlán Veracruz, México, 1957) es científico y poeta. Estudió biología experimental (UAM-Iztapalapa), Letras Hispánicas (FFyL UNAM), maestría en Filosofía e Historia de las Ciencias (UAM-Iztapalapa y Universidad de Cambridge) e hizo su doctorado en Historia y Filosofía de las Ciencias (King´s College, Londres). Se dedicó durante una década a la escritura científica en castellano con fines de divulgación. También ha sido traductor del inglés y del francés al castellano de libros científicos y literarios, y editor de colecciones de libros y otros textos de divulgación científica. Ha colaborado en esfuerzos de investigación internacional de amplio alcance como el de la Historia Cultural de la Herencia (Instituto Max Planck de Historia de las Ciencias, Berlín) y, Genómica Mestiza, Raza y genética en Latinoamérica (Universidad de Manchester). En la actualidad se desempeña como investigador titular del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Se especializa en los estudios filosóficos, históricos y sociales de las ciencias de la vida (biología, medicina y antropología), con especial atención en las representaciones y prácticas vinculadas a la transmisión hereditaria. Recientemente ha centrado su atención en los modos de racialización de las ciencias genómicas, sobre todo en los contextos del mestizaje americano. Como escritor, ha colaborado en varios proyectos editoriales y en revistas culturales; entre éstas NaturalezaCartapaciosSacbéFractal. También, ha publicado los libros de poemas: Hembras desarboladas (2014, Ediciones Sin Nombre/Universidad del Claustro de Sor Juana), Las Cosas No Naturales (Trilce, 1997), Ciudad Erial(Postales, SEP, 1987), Entre los Intersticios (La Máquina de Escribir, 1980), así como el libro de ensayos El material de los años (2014, Fractal, CONACULTA). Entre sus antologías, distinguen La Generación del Cordero. Antología de la Poesía Actual en las Islas Británicas (Trilce ediciones, 2000) y 359 Delicados (con filtro). Antología de la poesía actual en México (Lom Ediciones, 2012), en la cual ha participado como compilador junto al poeta Pedro Serrano.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Pedro Serrano y su crónica sobre un encuentro de traducción que tuvo lugar en el sur de Chile

De izquierda a derecha, Carlos López Beltrán, Pedro Serrano, Marina Serrano
Jorge Fondebrider, Jorge Aulicino, Richard Gwyn y Andrés Ehrenhaus



El poeta y traductor mexicano Pedro Serrano tiene sus tiempos. Por eso, a dos meses y medio de terminado el coloquio sobre traducción que tuvo lugar el 6 y 7 de septiembre pasados en la ciudad de Valdivia (Chile), publicó su crónica de esas jornadas en las páginas del Periódico de Poesía n°103, correspondiente a octubre de este año, que, como se publica en México, salió en noviembre.

La troupe y los escolares: el Tercer Coloquio de Traducción
y Literatura en la Universidad Austral de Chile

Podría haber titulado esta crónica o acertijo “The academy & els comediants” y el efecto descriptivo sería el mismo, el de un tránsito virtuoso entre quienes se dedican a la práctica de la traducción, quienes la inquieren desde la trinchera de sus conocimientos de lenguas y aquellas avocadas a su reflexión teórica. Este enroque de posiciones entre la institución y los personajes está señalando una serie de dicotomías, de los agentes y su performancia por un lado, los troperos y el teatro por el otro, y el archivo y sus custodios por otro más, que está empezando a cambiar, saliendo todos de sus trincheras a participar en un carnaval festivo y rico.

Pero esto no ha sido siempre así, porque la traducción también produce sus descontentos. En un texto hilarante en el que desarrolla distintas viñetas de traductores fallidos, Mark Strand narra un diálogo con un profesor de portugués al que no le interesa la poesía en su propia lengua pero que se siente plenamente calificado para traducir al mejor poeta en portugués. “Ustedes los profesores de idiomas son todos iguales”, le contesta Strand personaje. “Conocen la lengua original y quizá un poco la suya, pero eso es todo. Lo más probable es que sus traducciones sean interpretaciones literales, palabra por palabra, sin el carácter ni el sentimiento de la poesía. Ustedes son los primeros que proclaman la imposibilidad de la traducción, pero no le dedican ni un pensamiento a como minimizar su dificultad.”

A pesar de parecer a la vez un balancín y un desbalance, un ajuste de cuentas y un estiramiento de posiciones y actitudes, en una aparentemente irreconciliable distancia entre aquellos que se empeñan por estudiar el fenómeno de la traducción y aquellos que se dedican a representarla, en realidad la traducción es algo en lo que todos los que la practican son a la vez creadores, críticos, teóricos y enseñantes. Y eso es algo que se vio en este coloquio. No todo, por supuesto, fue fluido y suave y comedido, porque si no qué chiste, pero sí estimulante y enriquecedor. 

Amalia Ortiz de Zárate
Y no solo eso, sino que, me parece, muestra por dónde no solo deben ir, sino que ya van enrumbados, los caminos de convergencia entre estas actividades antes exclusivas y excluyentes y ahora destinadas a conversar. Porque a diferencia de otros espacios en los que todo chirría y rechina, durante el tercer coloquio de traducción y literatura organizado por la traductora, escritora y directora de la carrera de lengua inglesa en la Universidad Austral de Chile Amalia Ortiz de Zárate, lo que aconteció allí fue la triple expansión y urdimbre de esas actividades. 

Jorge Fondebrider, Jorge Aulicino
y Verónica Zondek
Por supuesto, estas cosas no las logra una persona sola. Al estrambótico entusiasmo y capacidad organizativa de Amalia se aunó la mesurada puntuación de la poeta y traductora radicada en Valdivia Verónica Zondek, que vio bien cómo debían irse dando las cosas y a quién podían ir poniendo en qué lugar. Zondek, quien acaba de publicar su traducción de Red Doc de Anne Carson para la editorial Trilce de México, fue acompañada también por las recomendaciones e imposiciones de Jorge Fondebrider, el tropero mayor, quien fue responsable de congregar una troupe no solo variopinta sino también impresionante, casi una selección Resto del Mundo, diría yo, si no fuera porque al incluirme estaría pecando no tanto de inmodestia sino de presunción, que es cosa fea. 

Carlos López Beltrán durmiendo
durante el "tejido de actividades"
El tejido de actividades elaborado por estos tres organizadores mágicos logró que de verdad fuera, más que un coloquio, un encuentro. Su virtud radicó en la composición del encuentro, que no fue ni extenuante ni enciclopédico pero sí puntual e ilustrativo, en donde coincidieron académicos de la propia universidad, estudiantes de la universidad, traductores venidos de varios lados y escritores in situ, no todos dedicados a las tres disciplinas pero todos abiertos a las proposiciones de las otras. 

El Tercer Coloquio de Traducción y Literatura fue una joya, de la que no solo se beneficiaron los estudiantes de la Universidad Austral de Chile, sino también los que en él participamos, y no solo ellos y nosotros, sino todos los que se atrevieron a cruzar el continuo chipi chipi que caía en Valdivia para llegar a la Isla Teja, donde está el campus de la Universidad Austral, quienes tuvieron la oportunidad de escuchar conversaciones y exposiciones que casi fueron fuegos artificiales. 

Díganme si no es impresionante que en una sola reunión de tan solo dos días coincidieran los autores en español de La divina comedia, de Madame Bovary, y de los Sonetos de Shakespeare (y de paso de toda su poesía lírica), todo esto acompañado de una impresionante antología de poesía latinoamericana en inglés titulada The Other Tiger, con todo y poetas incluidos. Nada más con esto está servido un banquete de degustación ejemplar.

Amalia Ortiz de Zárate y
Andrés Ehrenhaus
Pero no solo eso, porque al pairo iban, para comentar y discutir, profesores de la Universidad Austral de Chile, tales como Roberto Matamala, investigador en teatro y profesor de letras clásicas, quien habló con Jorge Aulicino de los recovecos políticos de Dante, y Luis Bocaz, quien fuera diplomático en París durante el gobierno de Salvador Allende y posteriormente, allí mismo y durante el exilio, editor de la revista La Araucaria, quien instigó a Jorge Fondebrider, tropero mayor ya dije pero también palafranero de la Catedral de Reims, a explicar por qué había eliminado ciertos términos en su traducción, y a la anfitriona Amalia Ortiz de Zárate que hizo sacar astillas a Andrés Ehrenhaus de donde él solo se planteaba bailar un vals que le salió tango. 

Estas tres digamos conferencias magistrales, no por así tituladas sino porque en verdad fueron magistrales, pautaron las actividades de dos días intensos de trabajo, mañana y tarde, los días jueves y viernes, 7 y 8 de septiembre pasados. Pero para que tal festín resulte redondo se necesita un postre digno, y como la triple corona de los más importantes hándicaps del mundo, fue un acierto incorporar a este diálogo de traducciones la antología de Richard Gwyn.

Richard Gwyn y Marina Serrano presentando The Other Tiger
Ello hizo por un lado que los estudiantes de la Escuela de Pedagogía en Inglés participaran activamente en el Coloquio (además de ya estar activísimos en su organización) leyendo los poemas en inglés, en lo que podemos llamar un diálogo de ida y vuelta, y por el otro, que se invitara a participar a varios de los poetas incluidos en este Otro tigre, tales como los ya mencionados como traductores Jorge Aulicino y Jorge Fondebrider, pero también Carlos López Beltrán de México, Damaris Calderón de Cuba (que, bueno, no llegó, pero invitada estaba), Marina Serrano de Argentina y Damsi Figueroa y Jaime Pino de Chile.

Andrés Ehrenhaus, Pedro Serrano, Marina Serrano,
 J. Fondebrider, Damsi Figueroa, J. Aulicino
y, sentados, Verónica Zondek y Richard Gwyn
Reflexiono un poco sobre lo que sucedió en Valdivia y me digo que quizás más bien lo que está pasando ahora es que ese doble filo de traductores y académicos se está convirtiendo en una punta de lanza, en la que las acciones de traducir, investigar y hacer crítica convergen en una sola figura tripartita. La traducción es cada vez más central en las conversaciones literarias y en los debates sobre literatura en todo el mundo, debido a una convergencia de la idea del traductor como escritor (Amazon lo sabe: siempre que hay un libro en la traducción, que siempre el nombre de sus traductores como "autores" de los libros que venden), su creciente visibilidad y una mayor conciencia de su relevancia en la acción de un texto en una lengua distinta.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

III Coloquio de Traducción y Literatura en la Universidad Austral de Chile, Valdivia


Una vez más, la bellísima ciudad de Valdivia, esta vez hundida en la bruma del fin del invierno, fue el escenario de actividades académicas vinculadas a la traducción.

Organizado por Amalia Ortiz de Zárate Fernández, Directora de la Escuela de Pedagogía en Comunicación en Lengua Inglesa de la Universidad Austral de Chile, los días 7 y 8 de septiembre pasados, tuvo lugar un III Coloquio de Traducción y Literatura, en el ámbito de la Universidad Austral de Chile..

Las reuniones tuvieron lugar en el campus de la Isla Teja, los días 7 y 8 de septiembre pasados, centrándose en tres ejes: la traducción de la poesía de Shakespeare, la  traducción de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y la traducción de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. A todo ello se sumó la presentación de la antología The Other Tiger, compendio de poesía latinoamericana reciente, traducida al inglés por Richard Gwyn.

El programa completo se detalla a continuación.Se informa asimismo que las ponencias y participaciones estarán disponibles a la brevedad en youtube.

PROGRAMA


Jueves - 7 sept – Auditorio Edificio E. Huerta
9:50 -11:20
Presentación Coloquio (Amalia Ortiz de Zárate)
Conferencia –Andrés Ehrenhaus (traductor): "Traducir la poesía de Shakespeare".
Presenta y modera: Amalia Ortiz de Zárate

12:00 – 13:00
Mesa Redonda – "Traducir literatura desde y hacia la lengua madre",
Mesa: Richard Gwyn, Jorge Aulicino, Jorge Fondebrider, Pedro Araya
Presenta y modera: Carlos López Beltrán

15:50 – 16:50
Presentación y conversación: "Antología de poesía latinoamericana al inglés The Other Tiger de Richard Gwyn (traductor)"
Presenta y modera Marina Serrano

17:00-18:00
Lectura de poemas: poetas incluidos en la antología. 
Damsi Figueroa, Jorge Aulicino, Pedro Serrano
Lectura de los poemas en su traducción al inglés: alumnos de la Escuela de Pedagogía en Inglés:

18:00 Librería Q’Leo.
Lectura de poemas: otros poetas incluidos en la antología. 
Marina Serrano, Jorge Fondebrider, Carlos López Beltrán, Jaime Pino, Richard Gwyn.
Lectura de los poemas en su traducción al inglés: alumnos de la Escuela de Pedagogía en Inglés:
Conversación abierta entre el público y los escritores y participantes del Coloquio.

Viernes – 8 sept -Auditorio Edificio E. Huerta
9:50 -11:20
Exposición y diálogo: "Las anotaciones en la traducción de Madame Bovary", con Jorge Fondebrider (traductor) – Presenta y dialoga: Luis Bocaz.

12:00 – 13.:00
Exposición y diálogo: "La traducción de la Divina Comedia", con Jorge Aulicino (traductor) Presenta y dialoga: Roberto Matamala.



Algunos de los participantes del III Coloquio de Traducción y Literatura: de izquierda a derecha, Andrés Ehrenhaus, Pedro Serrano, Marina Serrano, Jorge Fondebrider, Damsi Figueroa, Jorge Aulicino, Verónica Zondek y Richard Gwyn. 

viernes, 24 de julio de 2009

¿En qué levantamiento se dejan pasar la noche las ranas?


Poeta, ensayista y docente universitario en la UNAM –cuyo Periódico de Poesía dirige (ver en los links de la columna de la derecha)–, el mexicano Pedro Serrano (1957) es, además, traductor al castellano de poesía en lengua inglesa. Junto con Carlos López Beltrán, es autor La generación del cordero. Antología de la poesía actual en las Islas Británicas (México D.F., Trilce Ediciones, 2000), una obra monumental que pone al día, como ninguna otra que se haya publicado últimamente, nuestro conocimiento de la poesía escrita en Gran Bretaña, a lo largo de los últimos veinte años. Corresponde aquí agregar que Serrano es un polemista apasionado, tal como lo demuestra el siguiente texto, especialmente escrito para este blog.

Descuidos y domesticaciones

El poeta mexicano Aurelio Asiain ha dedicando su página de Facebook a la recolección y publicación de textos o videos y portadas en los que aparezcan ranas. Leer su recolección no es sólo un placer sino una sabia instrucción. Asiain es una de las personas que mejor y más hábil uso ha hecho de la red para presentar temas que le importan. Su blog, http://aurelioasiain.blogspot.com es uno de los espacios donde mejor podemos internarnos en la elaborada red de callejuelas y esquinazos que es la cultura japonesa. Y aunque no le gusta que se lo agradezcan, el trenzado de fuentes y traducciones que ha estado armando en ambos espacios es, hay que decirlo, más que agradecible. Para quienes desdeñan de este medio, la creciente audiencia que sus espacios tienen, cada vez más participativa, es ejemplo de sus posibilidades y, ya, de sus logros. En una de sus entradas de facebook, el 30 de junio de 2009, tuvo la gentileza de incluir la traducción de “La rana”, de Paul Muldoon, que Carlos López Beltrán y yo hicimos para La generación del cordero. Como suele pasar en estas plazas tan públicas como los periódicos del siglo XIX, sólo que de manera acelerada, la publicación del poema tuvo respuestas inmediatas. Eduardo Hurtado, que se caracteriza por poner sobre la mesa y al primer impulso lo que piensa, rasgo que hay que valorar y apreciar en un medio tan taimado como el mexicano, calificó la traducción de “descuidada”, opinión que inmediatamente avaló otra poeta, Alicia García. Esto tuvo, por supuesto, reacciones súbitas. Por un lado, las mesuradas y sabias correcciones y reconvenciones hechas por Carlos López Beltrán, y por el otro las un poco menos templadas incriminaciones mías. Todo terminó, como suele pasar en las cantinas de las películas mexicanas, siempre y cuando no se hayan matado antes los agonistas, en abrazos, besos y mamelucos egipcios. Y aunque tampoco valía la pena seguir peleándose con los amigos, porque todos los nombrados lo somos, algunas cosas que salieron en la discusión son interesantes. El centro de la disputa era la traducción que hicimos de “upheaval”, que en el poema se refiere tanto a un montículo en el que está la rana como al inicio de la sublevación irlandesa, y que nosotros tradujimos, calibradamente, como “levantamiento”. Todos sabemos que en traducción hay miles de modos de encontrar el camino y cualquiera está en su derecho de opinar que una traducción no le gusta. Pero de ahí a discutir o a proponer hay un largo trecho, que es lo que vale la pena. Eduardo propuso “promontorio”. Por supuesto, “upheaval” no es promontorio, como Carlos se encargó cortés y científicamente de indicarle. Podrá no gustar, pero levantamiento en español es la palabra justa en este caso, pues sirve tanto para calificar una modificación del terreno como para hablar de un, digamos, desorden civil. Es decir, que en ambas acepciones esta palabra se traduce al ingles como upheaval en inglés. Tiene la falla de no coincidir en el número de sílabas, pero eso tratamos de solucionarlo por otro lado del verso. Así que con respecto a eso el comedimiento no sobraba. Lo que me exaltó sin embargo, para usar otra palabra levantisca, fue que Eduardo Hurtado calificara con palabra pecadora, como dice Borges de Gracián, nuestra traducción de “descuidada”. Era todo menos eso. Cada poema que tradujimos para ese libro pasó primero por las manos de uno de nosotros, luego por las del otro, hasta terminar en una versión final a cuatro manos, no siempre sin raspaduras. Es cierto que incluso así hay cosas que se pueden escapar, como nos pasó en algún caso de ese libro, pero no por descuido sino porque errar es parte de la naturaleza del traductor. Pero ver con displicencia un trabajo y llamarlo descuidado es otra cosa, que sin embargo se da mucho en la lectura de traducciones, porque carecen del valor añadido de autoridad que da el origen. Me acordé entonces de una vez en que, revisando rápidamente en Murcia una traducción hecha por Francisco Brines de un poema de Nick Drake para su lectura en público, puse un “ella” donde no lo había para que entrara mejor en ritmo del verso. Fue justo en el momento en que se leía la traducción, a la mitad de la lectura, cuando caí en la cuenta que el objeto del poema era masculino y no femenino. Por supuesto, me quería hundir en mi silla. Mi displicente lectura de la traducción no había seguido con suficiente atención el laborioso recorrido de Brines al traducir el poema, y se me hizo muy fácil meter una descuidada corrección donde había habido mucho prurito a la hora de escoger las palabras. Lo primero que hice al salir fue dirigirme a donde estaba Brines y pedirle disculpas. Y por supuesto también al autor. Estaban, justificadamente, furiosos con lo que yo había hecho. No sólo había tratado descuidadamente el trabajo de ambos, sino había llevado al poema a cauces por los que el original definitivamente no iba. Muchas veces lo que nos parece un descuido en la traducción de un poema es en realidad resultado de muchas vueltas y torsiones por parte del traductor, hasta que da con lo que cree que es la palabra justa. Nos puede sonar raro, pero eso es otra cosa.

Esto me lleva a la otra incomodidad que nuestra traducción provocó en los lectores de Asiain. El poema dice en su segunda estrofa: “The entire population of Ireland springs from a pair left to stand overnight in a pond”, que habla sabrosamente al mismo tiempo de una pareja de amantes y de una pareja de ancas de rana, y que nosotros tradujimos de la siguiente manera: “Toda la población de Irlanda viene de una pareja que se dejó a pasar la noche en un estanque”. Por supuesto que “dejarse a pasar” suena raro, pero cada vez me siento más a gusto con la expresión y, más bien, lo que ahora noto es que debimos quizás poner “surge” en lugar de “viene”, pero eso tendría que revisarlo, no vaya a saltar el descuido o la rana por otro lado. Sin embargo, a nuestros amigos les pareció que, como esa expresión no existía en español, era por lo tanto algo que simplemente no se podía hacer. Yo me pregunto por qué no. Siempre ha habido cosas que antes no se decían en una lengua y que, una vez que se empiezan a decir, son recogidas, y aceptadas hasta por los diccionarios. Pero de nuevo, una cosa es que lo diga un autor y otra un traductor, y aquí está de nuevo el síntoma de la reacción de mis amigos. Y lo que me llevó a preguntarme primero, y luego a afirmar entusiastamente, que un traductor en su traductoría tiene los mismos derechos que un autor en su autoría para permitirse todas aquellas libertades que el texto justifique. Pero en el desdoblamiento de una traducción, solemos pedir del traductor un poco más de conservadurismo, como lo saben todos los teóricos del tema. Por esa razón, mis amigos pasaron por alto que tampoco en el original la frase era una construcción usual, y se lanzaron en picada contra el cemento del prejuicio y afirmaron: “eso no se dice en español”. Es cierto que forzáramos un poco la lengua para que pudiera decir lo que en el poema se decía, e hicimos que la pareja “se dejara” a pasar la noche, como las ranas se dejan a desovar, en lugar de utilizar la más común expresión de que “se quedara” a pasar la noche en el estanque. Pero debido a que “quedarse” no es lo mismo que “dejarse”, el acto de intencionado abandono que el poema convoca se pierde en la traducción domesticada, y el juego de voluntad y descuido que hace que surja una población diferenciada se perdería. Y aunque si bien es cierto que no es usual, y que a las oxidadas ruedas metálicas de la gramática le saltan chispas con esos usos verbales, los espejos retóricos que aceitan nuestra lengua permiten perfectamente entender la construcción que hicimos, así que si la expresión no existía en español, podemos afirmar que ya lo hace, pues le dimos carta de entrada y naturalización, aunque sea temporal.

Los dos sobresaltos que nuestra traducción provocó son resultado de actitudes muy comunes cuando se lee en traducción, a las que por supuesto no soy inmune. Lo interesante es que esas reacciones nunca se darían si el texto fuera original, por lo menos ya no ahora, pues en este caso abrimos un espacio de legitimidad que, todavía, no le damos casi nunca a la traducción, y sobre cuya validez asumida por lo menos hay que empezar a preguntarse. A veces estos reparos son justos, por supuesto, pero muchas otras la reacción en contra de una traducción surge de una incomodidad propia, o de que se tiende a buscar la querencia, y antes de analizar emitimos el prejuicio y consideramos que lo que no nos calza es descuido. Hay que empezar a replantear la horma.