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martes, 10 de marzo de 2026

Un informe de hábitos de lectura en España

En su edición del 12 de febrero, del eldiario.es, hay un artículo firmado por Carlos Rey sobre los datos del último Informe de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España. 

Sin las mujeres y los jóvenes, apenas se leería en España

Es el mayor termómetro que tenemos para saber cuánto y cómo se lee en nuestro país, y también sirve para desmontar algunos mitos y confirmar unas cuantas certezas. El Informe de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, preparado por la Federación de Gremios de Editores, nos acerca cada año sus resultados. En el curso pasado ya hablamos de uno de los datos más llamativos, y que nos habla de las ideas preconcebidas de muchos de los que superan ya la treintena: los jóvenes no sólo leen, sino que leen mucho más que otras franjas de edad. En 2025, el informe muestra además un aumento: el 76,9% de los encuestados lee por ocio, un 1,6% más que en el año anterior. La diferencia con la siguiente franja de edad, la de 25 a 65 años, es casi de diez puntos.

Otro de los datos significativos del informe no debería ser ya ninguna sorpresa: las mujeres leen más que los hombres, y además con diferencia: un 72,3% frente a un 59,8%. Pero casi tan revelador como esa cifra es las razones elegidas mayoritariamente por cada sexo para explicar por qué no se lee con más frecuencia: entre ellas, la principal es la falta de tiempo. Entre ellos, la preferencia por otros entretenimientos y la falta de interés.

Ambos datos juntos, lo que simiente la creencia popular y lo que confirma algo siempre sospechado, nos dan también una imagen que no siempre concuerda con lo que nos encontramos en las librerías. Si es cierto que en los últimos años el fenómeno young adult ha crecido enormemente, con las editoriales buscando explotar el filón de esos jóvenes que muchos pensaban que solo miraban TikTok, pero a los que nadie parecía prestarles atención cuando sostenían un libro en la mano, la oferta que llega a las librerías cada vez es eminentemente adulta. Esto es, escrita por adultos y pensada en un público que ya peina canas.

Por otro lado, si bien cada vez se publican más autoras, los autores siguen siendo mucho más numerosos, y las figuras literarias más respetadas siguen siendo en su mayoría hombres. Por supuesto, los jóvenes y las mujeres no solo leen a jóvenes o mujeres, pero hay una desconexión entre lo que se publica y quienes lo leen. Cada vez menor, podemos argumentar, pero la sigue habiendo.

martes, 10 de febrero de 2026

"¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito?"

El pasado 10 de enero, en La Jornada Semanal, de México, el poeta, ensayista y editor José María Espinasa publicó este comentario a propósito de Abdelfattah Kilito, escritor de origen árabe que escribió La lengua de Adán, un libro que trata sobre cómo se lee y cómo se escogen hoy las lecturas.


El mejor método para escoger una lectura

Se suele decir que lo mejor es el encuentro fortuito, al capricho del azar, pero sabemos que no es del todo cierto. Los caminos cambian según la época. En un tiempo lo fueron las reseñas en revistas y suplementos, en otro las mesas de novedades y ahora, según me comentan mis alumnos nativos digitales, las recomendaciones de amigos en las redes, equivalente del ancestral y siempre efectivo boca a boca. ¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito? Supongo que no. Yo tampoco hasta hace algunas semanas que Francisco Segovia me preguntó si lo había leído. A la sonrisa que disimulaba mi ignorancia, él agrego sonriendo, “como kilo, pero chiquito” y me prestó La lengua de Adán.

Para mi una revelación y una sorpresa: toca temas muy abstrusos con enorme gracia y sencillez sin perder profundidad, aunque a veces parezcan bizantinos: el mito, la lengua, la traducción. Son tópicos muy presentes en otros autores con un alto grado de abstracción, presentados aquí con la sencillez de un relato. Por ejemplo, ¿qué lengua hablaba Adán en el paraíso? No es novedoso escribir ensayos como cuentos ni a la inversa, pero lo hace con tanta gracia que rápidamente quise leer otros libros del autor y en la red vi que Turner le publicó La curiosidad prohibida (Leyendo Las mil y una noches).

Como se ve, su nombre y sus temas no ocultan su origen árabe: nació en Rabat, Marruecos, en 1945, y es una de las figuras de la actual literatura de esa zona cultural. En Francia es bastante conocido, lo es menos en inglés y muy poco en español. No me voy a ocupar sino tangencialmente de él y lo tomo de pretexto para un asunto que aparece y reaparece en mis colaboraciones en este suplemento: ¿Cómo se lee? ¿Cómo se escogen hoy las lecturas? No, desde luego, en función de la publicidad apoyada en algoritmos. Y eso es, también, de manera más profunda tema para Kilito. En esta época en que la revistas en papel son pocas y ya no cumplen la función que tuvieron hace cincuenta años, y las mesas de novedades en las librerías están marcadas por la moda y los intereses económicos, autores como éste tienen algo de secreto. Pero el boca a boca, el bit a bit, sigue funcionado. Eso fue lo que hizo Segovia recomendándome leer a Kilito. No creo que hubiera llegado a él por otros caminos.

Leo a pocos escritores árabes, recientemente lo he hecho con Adonis, sé que es una limitación. Aunque el poeta libanés se ha puesto en cierta manera de moda, su lectura sigue siendo, como dice Rosa Chacel de toda lectura, un secreto, no un secreto a voces, pero sí uno que queremos compartir, o más aún provocar, como un contagio, crear una cadena de trasmisión del secreto, un rio subterráneo, una paradoja, una moda secreta. Los lectores digitales podrán buscar los libros de Kilito en la red, yo sigo prefiriendo el papel y fui a buscar La curiosidad prohibida. No estaba en ninguna de las librerías que visité ‒Gandhi, Sótano, Péndulo‒ pero en esta última había otro, El caballo de Nietzsche (Losada). Desde luego no en la mesa de novedades y más bien al fondo del almacén porque tardaron en traerlo, delgado volumen que no llega a las 150 páginas y que cuesta casi 500 pesos. Lo dudé, pero acabé comprándolo. Esta vez el título sí habría despertado interés por si mismo sin saber más cosas sobre el autor, pero de ser estricto tiene poco que ver con su contenido, el autor de La gaya ciencia apenas aparece en un par de páginas. Se trata de un curioso ejercicio de memoria ficcionalizada y de ficción memoriosa. Cuenta los orígenes de su/una vocación de escritura a partir de la importancia de la copia de textos como aprendizaje, equivalente físico de memorizar. Pero si el libro no menciona casi a Nietzsche no me sentí decepcionado. Lo personal aquí sirve para crear una extraña incertidumbre en lo que ocurre, lo que se relata tiene una condición ‒o diríamos, con la física‒, un principio de incertidumbre en el cual quiero ver un antídoto contra las religiones teocráticas, proclives al dogmatismo.

Con esto quiero señalar que Kilito es un escritor de su tiempo, ese marcado por el regreso del fascismo en Estados Unidos, Argentina y, desde luego y en primer lugar Israel, que ha sumido a Palestina en un infierno. Pero es de su tiempo porque sutilmente se sitúa contra él. A la vez su ritmo de lectura no tiene para nada la aceleración característica de nuestra época, sino una actitud de serenidad casi ascética. Eso vuelve su literatura algo familiar, como si conversara con el lector y esperara a escuchar sus respuestas. Así, preguntarnos qué lengua hablaba Adán en el paraíso es asomarnos a un abismo. Supongo que Trump diría que hablaba inglés, porque no puede concebir nada sino desde sí mismo y su autosatisfacción. ¿Cuál es el matiz que aporta el escritor a Occidente? Bueno, yo pienso que el preguntarse sobre la lengua concreta de ese paraíso y no preguntarse de manera más abstracta ‒más occidental‒ si en el paraíso Adán hablaba. Si ciertas reflexiones transforman la maldición de Babel en una bendición, es tal vez porque en el paraíso no se necesitaba el habla, el silencio lo decía todo y la hacía innecesaria. ¿Cómo escoges, lector, lo que lees? Ojalá le hicieras caso, como yo, al consejo de Francisco Segovia y busques textos de Kilito. No te será fácil encontrarlos, pero eso lo vuelve más emocionante l

jueves, 28 de agosto de 2025

Quiénes, cuándo y cómo


El pasado 26 de agosto, Daniel Gigena publicó un artículo en el diario La Nación, de Buenos Aires, donde da cuenta de la conferencia de prensa donde las autoridades de la Fundación El Libro comentaron los resultados de la encuesta realizada en la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Como señala la bajada, "Presentaron una radiografía de la 'economía' de la Feria del Libro en base a una encuesta de la edición de 2025".

Resultados satisfactorios

Esta mañana, en el microcine de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Puerto Madero, autoridades de la Fundación El Libro (FEL) presentaron los resultados de las encuestas hechas al público visitante, profesionales del libro y expositores de la 49ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que tuvo lugar entre el 24 de abril y el 12 de mayo. Según informó el director general de la FEL, Ezequiel Martínez, los datos permitirán mejorar las ediciones futuras del evento. Este año se vendieron en la Feria 1.405.493 libros, por un total de $ 21.353 millones.

La responsable del proyecto, la profesora Paula Marzulli, de la UCA, dijo que el relevamiento era un “hito” en la trayectoria de la Feria del Libro porteña. Indicó que se había trabajado en cuatro ejes: público asistente (sobre un total de 2024 casos), jornadas profesionales (1728 casos), expositores comerciales e institucionales (236 casos) y satisfacción de los expositores (225 casos). Rainone contó que había debido insistir a los expositores para que respondieran la encuesta con la que se intenta abarcar la “economía” de la Feria; el informe no incluye cuestiones vinculadas con los trabajadores (no fueron encuestados).

El 80% de los visitantes encuestados había concurrido a otras ediciones de la Feria, y el perfil del público reúne algunas características. Con un nivel educacional alto, provino en su mayoría de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires (lo que permitió que varios pudieran visitar la Feria más de una vez), y elogió la nutrida programación cultural del evento, que incluyó presentaciones y firmas de libros.

No obstante, solo un 50% de los visitantes encuestados compró libros. Las compras, bajas durante la primera semana (a finales del mes de abril), repuntaron en la segunda y la tercera semanas. Rainone expresó preocupación acerca de que la mitad de los asistentes no hubiera podido comprar libros y dijo que era misión de la FEL sumar a nuevos públicos. “Tenemos que trabajar mucho en el sector que no puede comprar libros”, sostuvo.

El 55% de quienes compraron libros fueron mujeres, “que a veces compran para otros”, agregó Marzulli. Las temáticas más vendidas fueron ficción, literatura infantil y juvenil y biografía y estudios literarios y la permanencia estándar fue dos a cuatro horas. La gente, dijo la encargada del proyecto, suele concurrir acompañada a La Rural.

El 61% de los compradores (los “light users”, según la terminología aplicada) compró uno o dos libros. Los “heavy users” compraron más de seis. El 58,3% de los asistentes conoce el uso del “chequelibro” que se entrega a aquellos que pagan entrada. Del millón de personas que fueron a la Feria este año, pagaron entrada 624.000.

Tipos de lector

Habría tres públicos en la Feria: “lector profundo y conocedor”, “lector pragmático y ocasional” y “lector social y mixto”. El primer perfil tendría un vínculo “emocional” con la lectura y el segundo, uno “funcional”.

Al ser consultados por el significado de la lectura, los encuestados refirieron que esta era fuente de placer, entretenimiento, aprendizaje, conocimiento, imaginación, distracción, cultura y educación.

La encuesta de las jornadas profesionales arrojó resultados satisfactorios. Más del 80% se sintió satisfecho y demandó que en las próximas ediciones se intensificara la capacitación en inteligencia artificial.

Respecto de las ventas, los expositores, a diferencia de lo que declararon a la prensa, se manifestaron bastante conformes. El 83% dijo que había aumentado respecto de 2024, un año muy malo en términos comerciales, según recordó el presidente de la FEL, Christian Rainone. El índice de satisfacción de los expositores se midió en el informe con cuatro estrellitas (de cinco).

Con cierta ingenuidad, Rainone confió en que la colaboración con la Secretaría de Educación de la Nación, a cargo del licenciado Carlos Torrendell, que va por el segundo año de gestión, podría impulsar el interés por el libro entre niños y jóvenes. “Es un despropósito que los chicos que visitan la Feria con las escuelas no puedan llevarse un libro”, concluyó.




viernes, 22 de agosto de 2025

Nada nuevo, pero con algunos datos

"Investigaciones recientes indican que, cada vez, más personas destinan menos tiempo a los libros. Cómo se manifiesta este fenómeno en distintos países y por qué los más jóvenes son los más afectados." Esto dice la bajada de la nota publicada por Celeste Sawczuk, en el diario InfoBAE del pasado 21 de agosto.

¿Leer por placer es cosa del pasado?: cayó un 40% la lectura recreativa, en los últimos 20 años

La tendencia mundial indica un descenso persistente en la cantidad de personas que leen por placer. De acuerdo con un estudio realizado por equipos de investigación del University College de Londres y la Universidad de Florida —publicado en agosto de este año— la proporción de estadounidenses que practican la lectura recreativa se redujo un 40 % en dos décadas. Una cifra que, aunque parezca un mero ejemplo, es un indicio de un fenómeno que se replica en distintas naciones.

El informe reunió datos de la Encuesta sobre el Uso del Tiempo en Estados Unidos, que desde 2003 hasta 2023 consultó a más de 236.000 participantes. En 2004, el 28 % de las personas afirmó haber leído por placer en un día determinado; en 2023 esa cifra descendió al 16 %, consolidando un proceso de baja anual del 3 %.

Como se dijo, este fenómeno no es exclusivamente estadounidense. Los hábitos de lectura se modifican a escala global, aunque las cifras y tendencias varían entre países. En España, el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2024 indica que el 65 % de la población lee libros en su tiempo libre, situando al país entre los de mayor índice lector. El 75,3 % de los jóvenes españoles de 14 a 24 años leen por placer, lo que refleja un entorno favorable.

En contraste, Argentina muestra un panorama más desafiante: la Encuesta Nacional de Consumos Culturales señala que en 2022 solo el 51 % de la población leyó al menos un libro en el año, y el consumo lector se encuentra fuertemente concentrado en adolescentes, especialmente por motivos escolares.

A nivel mundial, la plataforma World Population Review posiciona a Argentina entre los 15 países con menor promedio de libros leídos por persona cada año, con una cifra que no supera los dos ejemplares anuales. Esto contrasta no solo con su tradición literaria, sino con eventos culturales masivos como la Feria del Libro de Buenos Aires.

De esta manera, el descenso registrado en Estados Unidos se enmarca en una tendencia más amplia, aunque en algunos países —como España— los índices aún se mantienen elevados, gracias al fomento estatal y social del hábito lector.

La caída no se limita a una forma específica de lectura. El estudio del University College de Londres amplió el concepto tradicional para contemplar libros, revistas y periódicos en papel, digital o incluso formato audio.

A pesar de esto, la baja resulta relevante y preocupante, porque incluye a lectores de plataformas electrónicas y audiolibros, descartando como explicación única la migración hacia soportes digitales.

Factores posibles detrás del descenso en la lectura recreativa
Las razones detrás de la baja en la lectura por diversión son múltiples y aún no existe una explicación definitiva. Los propios autores del estudio estadounidense señalan que su investigación no identifica causas directas, aunque proponen varias hipótesis para futuras líneas de análisis.

Uno de los elementos recurrentes es el uso intensivo de redes sociales y el acceso constante a nuevas tecnologías. El tiempo de ocio tiende a desplazarse hacia actividades en línea, plataformas de video o consumo rápido de contenido digital, reemplazando a la lectura prolongada y reflexiva.

La presión económica y el aumento de horas dedicadas al trabajo también surgen como factores que reducen el tiempo disponible para actividades recreativas como leer.

Las diferencias demográficas agravan la situación. De acuerdo con los resultados de la encuesta estadounidense, en 2023 las personas con mayor nivel educativo tenían el doble de probabilidades de leer por placer que quienes contaban con menor formación.

El nivel de ingreso representa otra variable decisiva: las personas con ingresos altos tenían 1,5 veces más probabilidades de leer que aquellas en situaciones de bajo ingreso.

Estas brechas muestran una tendencia creciente, sugiriendo que el acceso a los beneficios de la lectura se concentra en las franjas más favorecidas, lo cual puede reproducir desigualdades sociales a largo plazo.

El estudio estadounidense remarca un dato especialmente relevante para el futuro de la lectura: aunque más del 20 % de las personas encuestadas conviven con niños pequeños, solo el 2 % manifestó leer con ellos de manera regular.

Esta cifra se mantuvo estable en dos décadas, lo que alerta sobre la potencial profundización de la caída lectoral, ya que la lectura compartida en la infancia suele ser el pilar de la formación de lectores adultos.

En países como Argentina, el consumo de lectura también se encuentra sesgado por la edad y los contextos educativos. La mayoría de los adolescentes leen por exigencia escolar, pero la continuidad del hábito lector en la adultez se diluye. Sumado a esto, la centralidad del libro en formato papel —a diferencia de lo que ocurre en sociedades con más digitalización— puede limitar la expansión de nuevos públicos lectores.

miércoles, 16 de abril de 2025

La reflexión sobre un libro del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein (foto), traducido por la mexicana Elsa Cecilia Frost, llevó a Damián Tabarovsky a publicar la siguiente columna, en el diario Perfil, de Buenos Aires. Lo hizo el pasado 13 de abril.

Último en la meta 

Como no podía ser de otra manera, Aforismos, cultura y valor, de Wittgenstein (Espasa Calpe, colección Austral, Madrid, 1995, traducción de Elsa Cecilia Frost, con agregados y prólogo de Javier Sábada) es un libro extraordinario. En un aforismo de 1931, Wittgenstein escribe: “Con frecuencia, los filósofos son como niños pequeños, que empiezan por hacer rayas caprichosas con su lápiz sobre un papel y después preguntan a los adultos: ‘¿Qué es?’. Lo que sucedió fue esto: el adulto le había dibujado muchas veces algo al niño y le había dicho: ‘Esto es un hombre’, ‘esto es una casa’, etc. Y ahora el niño pinta también a rayas y pregunta: ‘¿Qué es esto?’”. Creo que podríamos reemplazar perfectamente “filósofos” por “escritores”, y estaríamos en el mismo horizonte. La literatura, o al menos la literatura que me interesa, se parece a eso: a hacer rayitas y luego preguntar: “¿Qué es?”. Hay algo en esa literatura del orden de la incerteza, del juego, de lo abierto, del sentido que se amplía. Pero no se trata de pensar a la literatura como un infantilismo, como un juego de niños; ni tampoco de fetichizar la infancia, como si la niñez fuera una forma acabada de pensamiento complejo. No, no es eso. Se trata de la literatura cuando no se deja atrapar. Buena parte de la narrativa contemporánea se ha vuelto temática. El texto (pero también el contexto: las declaraciones de las escritoras y escritores, sus intervenciones en redes sociales, el marketing editorial, etc.) funciona al revés: primero, y sobre todo, dice: “Esta novela se ocupa de estos temas”, y luego el resto no tiene la menor importancia. La literatura ya no es el arte de hacer rayitas caprichosas, sino que se vuelve cuadrados perfectamente delimitados.

Wittgenstein se mete luego con la lectura: “El libro debe llevar a cabo automáticamente la separación entre los que lo entienden y los que no lo entienden”. Y en otro aforismo, continúa: “Cuando digo que mi libro está destinado solo a un reducido círculo de personas (…) no quiero decir con ello que, según mi opinión, dicho círculo es la elite de la humanidad. Se trata, más bien, de las personas a las que me dirijo (no porque sean mejores o peores que las otras sino) porque son mi medio cultural, la gente de mi pueblo, por así decirlo, en contraposición a los otros, que me son extraños”. No conozco una definición mejor de lo que se entiende por recepción e incluso circulación de un libro, de la escritura, de la literatura. La idea de salirme de mi pueblo (pueblo como metáfora de tantas cosas) me es absolutamente ajena. Pocas cosas me parecen más tristes que los escritores, que la literatura que se sale de su pueblo. Podría decir que el éxito (entendido como suceso de ventas) me produce una inmensa tristeza. Y todo lo que lo rodea (nuevamente redes, marketing, premios, la figura del escritor o la escritora exitosos) no hace más que profundizar esa tristeza. Mi pueblo, además, está habitado por nadie. Escribo entonces para un pueblo desierto, para un pueblo vacío. O para el pueblo por venir, para el pueblo que todavía no existe. Escribo para inventar un pueblo, o una esquina, un barcito con tres parroquianos apoyados en la barra.

Finalmente, Wittgenstein da en la tecla sobre la filosofía, o sobre la literatura: “En la carrera de la filosofía gana el que puede correr más despacio. O aquel que alcanza último la meta”.

viernes, 8 de noviembre de 2024

"Algo terriblemente aburrido"

Se esté o no de acuerdo con las columnas del escritor y traductor Guillermo Piro en el diario Perfil, de Buenos Aires, resultan por lo menos amenas y, en ocasiones, como ésta, ayudan a pensar (o repensar) cuestiones que se nos presentan en más de una oportunidad. Ésta fue publicada el pasado 3 de noviembre.

La relectura como regresión  

El australiano Oscar Schwartz publica en The Paris Review un extenso artículo titulado “Contra la relectura”. Usos y abusos de los lugares comunes llevan a considerar la relectura como un estadio superior de la lectura, como la materialización del perfeccionamiento letrado, como si quien relee obtuviera el certificado de lector avanzado. Schwartz no está tan seguro, y desde que lo leí yo tampoco.

Veamos primero los lugares comunes y sus campeones: “La forma correcta y virtuosa de leer es releer”. Lo dicen Nabokov, Roland Barthes, William Hazlitt, Harold Bloom... la lista es larga. Al releer se “observa y acaricia” ese mundo que el autor plasmó en palabras, y que en la primera lectura habíamos sobrevolado mirando hacia abajo, como un pájaro en busca de alimento. Para Barthes, la relectura es necesaria si queremos alcanzar el verdadero objetivo de la literatura, o sea, hacer que el lector “ya no sea un consumidor, sino un productor del texto”. La relectura, dice Schwartz, es eminentemente conservadora, y lo prueba, entre otras cosas, el hecho de que sus grandes defensores fueron también grandes conservadores.

Pero imaginemos una comunidad literaria en la que todos leen el mismo libro, y una comunidad de lectores que recurren a él una y otra vez. Un poco como en Fahrenheit 451 de Bradbury: si hay algo que siempre me molestó de aquella novela es que lo que mueve a los valientes memorizadores de libros no es más que el ansia por reafirmar la tradición y salvaguardar la comunidad. Algo terriblemente aburrido. La relectura como el bálsamo para la decadencia cultural de la humanidad. Italo Calvino recomendaba, como herramienta para la salvación, aprender poemas de memoria. Me parece una estupidez verdaderamente histórica. No hay mayor placer que toparse con un poema genial por primera vez y sentir algo que nunca volverá a repetirse, esto es, que algo acaba de cambiar. En nuestras vidas, en nuestro modo de ver el mundo, de relacionarnos, de etiquetar los umbrales que hasta hoy eran el paradigma del dolor o del amor o de lo que fuera. Y eso solo puede ocurrir una vez.

Me río cuando alguien dice que se enamoró “a primera vista”: solo existe el amor a primera vista. Si ocurre otra cosa le estamos poniendo el nombre del enamoramiento al hábito, a la costumbre, a la resignación o al sufrimiento, no sé. Releer es academizar el placer, algo que suena tan ridículo como los que tratan de enseñar posiciones amatorias y técnicas sexuales desde un escritorio. Está bien que lo hagan, pero no saben lo ridículos que se ven.

Schwartz cree que debe de ser esa la razón por la que los grandes apólogos de la relectura son, por lo general, ancianos, aquellos para quienes la juventud quedó no atrás, sino demasiado atrás. “Como el narrador sin amor del cuento "Noches blancas", de Dostoyevski, busca regresar a lugares donde alguna vez fue feliz, para tratar de dar forma al presente a imagen del pasado irrecuperable. Es inútil. No puede recuperar ese primer placer y, de hecho, al repetirlo, termina arruinando la lectura en general. ‘Los libros han perdido en gran medida su poder sobre mí; tampoco puedo revivir el mismo interés por ellos que antes’, admite. Tal vez hubiera sido mejor que leyera algo nuevo, para variar, que lo ayudara a salir de sus ensoñaciones depresivas. Enamorarse de un libro nuevo puede ser una de las aventuras que nos quedan por delante cuando la carne se debilita y el espíritu, con suerte, sigue dispuesto”.

Schwartz cita a Freud: “En el adulto, la novedad siempre constituye la condición del orgasmo”. Perfecto, la repetición es el camino más directo a la pérdida, al fracaso, a la abulia. La compulsión de releer como una regresión al estado infantil. Margaret Atwood compara el acto de releer con chuparse el dedo y usar bolsas de agua caliente: consuelo, familiaridad y recurrencia de lo esperado. Conservadurismo, en suma.

martes, 26 de marzo de 2024

Aproximación parcial al lector independiente




El pasado 21 de marzo, sin firma, InfoBAE publicó un artículo a propósito de quienes visitan la Feria de Editores de Buenos Aires. En su bajada se lee: "La Feria de Editores presentó su habitual Encuesta al Público. Según los datos recogidos de la edición 2023, el 53% fue la primera vez que la visitó", Con todo, convendría ser muy prudente a la hora de sacar conclusiones porque no todos los lectores de las editoriales independientes visitan la FED ni responden al perfil que se presenta en esta encuesta. 

Lectores de editoriales independientes: quiénes son, qué leen y cómo eligen los libros

Se trata de la Encuesta al Público realizada a los asistentes a la Feria de Editores del año pasado: los días 3, 4, 5 y 6 de agosto de 2023, la quinta edición del ciclo, en el Complejo C Art Media de la Ciudad de Buenos Aires. Estuvo a cargo del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro (LM–IDAES/UNSAM) y coordinada por Alejandro Dujovne y Ezequiel Saferstein. Trabajaron sobre 367 casos (el total de asistentes fue 22 mil) y encontraron resultados novedosos.

En cuanto a género, el 58% de la muestra está representado por mujeres, 39% por hombres y 3% por personas autoidentificadas bajo una identidad de género no binaria. En cuanto a edades, la franja que va de los 26 a los 35 años representó el 31%, seguido por la franja que va de los 36 a los 45 años, con 24%. El 62% proviene de la Ciudad de Buenos Aires, más de la mitad trabaja en relación de dependencia (52%) y el 77% no tiene hijos.

Algo llamativo es el nivel de estudios, ya que es muy elevado en contraste con el público de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la media nacional. El 95% tiene estudios superiores: terciario (15%), universitario de grado (59%), diplomatura (2%), máster (10%) y doctorado (9%). “En línea con el nivel socioeducativo y las disciplinas de formación e inserción profesional, este público está compuesto por compradorxs de libros y lectorxs ‘intensxs’ en el sentido del número de libros que compra y lee al año y del conocimiento que tiene de autorxs, títulos y editoriales”, se lee en el informe.

Además, un 34% de los asistentes lee libros entre 2 y 5 horas a la semana, mientras que un 32% lo hace entre 6 y 10 horas. El tercer tercio lo componen los lectores intensos que leen desde 11 horas o más (28%). “La práctica de lectura de libros es intensiva y supera lo relevado en las Encuestas Nacionales de Consumos Culturales”, explican los investigadores.

Respecto del acceso al libro, las librerías, tanto de nuevos como de usados, “siguen siendo los lugares preferidos para la compra”. En ese sentido, un 79% manifiesta comprar libros nuevos, mientras que un 46% también compra en librerías de usados (en relación con la encuesta de 2022, la compra de usados creció un 20%). Además, el 41% de los encuestados compra libros en ferias y presentaciones. ¿Cómo los lectores se enteran de los libros que finalmente compran? Predomina esta respuesta: redes sociales de editoriales. En segundo lugar, el boca en boca. Luego, redes sociales de los autores. Sigue librerías, influencers, newsletters y radio.

“La ficción lidera los géneros preferidos, principalmente la narrativa latinoamericana, seguida por la narrativa traducida. El ensayo y la no ficción se encuentran en tercer lugar, seguidos por la poesía y las ciencias sociales y humanas”, se lee el informe respecto a los géneros. Otro dato importante es la afinidad que hay con las editoriales. Los encuestados hacen alusión al catálogo, el “criterio de selección”, la “curaduría” y los “libros por fuera de los cánones” de las editoriales independientes, que son las que exponen en la Feria de Editores porque, cabe aclarar, los dos grandes grupos (Planeta y Penguin Random House) no participan.

Las editoriales que más mencionaron los encuestados son Eterna Cadencia, Caja Negra, Siglo XXI, Godot y Blatt & Rios, en ese orden. En cuanto a autores, Mariana Enriquez, Samanta Schweblin, Camila Sosa Villada, Jorge Luis Borges y Martin Kohan, en ese orden. El detalle es que estos autores suelen publicar en sellos grandes. El crecimiento de la Feria de Editores se consolida con este dato: el 53% fue la primera vez que la visitó.

viernes, 25 de agosto de 2023

"Una nueva estudiantina alrededor del libro"



Curiosamente, de pronto, todo el mundo vuelve a poner la atención en la existencia de los libros y decide promocionarlos. Así, con bombos y platillos, a las ya muchas ferias del libro existentes, a las conferencias sempiternas, los mundiales de escritura, los múltiples aniversarios y los juegos florales en general, se suma la recurrente iniciativa de incentivar la lectura. No lo hace, como en otras ocasiones, el Ministerio de Educación, sino la Fundación El Libro, a través de una campaña en la que intervienen "músicos, artistas, humoristas gráficos, escritores, periodistas, empresarios". La lista de los intervinientes es, cuanto menos, curiosa. Todo indica que no son los escritores, responsables de esas cosas que después se convierten en libros, los encargados de convencer a los hipotéticos lectores, sino quienes los anteceden en en la lista que pone a quienes escriben en cuarto lugar, apenas precediendo a los periodistas y, en el colmo de la extravagancia, a los empresarios, cuya inclusión admite suspicacias. 

Otro tanto ocurre con "la lectura", que en abstracto no significa nada. Se supone entonces que, detrás de la lectura, están los libros, que es el lugar donde parece centrarse buena parte de la iniciativa. Ahora bien, el libro es un objeto que transporta un contenido. Y lo que importa cuando se lee es fundamentalmente ese contenido que, por otra parte, ya no es privativo de los libros porque existen además otras plataformas. Entonces, poner tanto énfasis en el objeto permite albergar sospechas ya que aquí no se habla de lo que escriben los escritores, sino de su expresión material. Y tratándose de cosas materiales, uno bien puede imaginar que alguien produce esos objetos para luego venderlos por mayor y por menor, con lo que llegamos a la fiesta de la industria antes que a la de la lectura y las palabras. 

Aquí corresponde señalar que la industria, por ahora, no tiene más remedio que invitar a sus fiestas a los escritores. En este mismo blog, ya hemos hablado en varias ocasiones de lo injusta que es la repartición de beneficios: primero están las librerías, después las distribuidoras, siguen las editoriales y se termina en los escritores (que reciben entre el 8 y el 10% del valor del precio de tapa) y en los traductores (que reciben entre el 4 y el 1% de ese mismo valor), a razón de dos liquidaciones semestrales que se suelen pagar noventa días después de realizado el informe de las ventas. Considérese aquí lo que significan estos números en un país con una inflación como la argentina. ¿Constituye esa operación una manera de honrar a quienes escriben los libros cuya lectura se busca promocionar? 

Vuelvo en este punto a algo que ya he manifestado en repetidas ocasiones: sin escritores y sin traductores, no hay libros. Por eso, a las ferias del libro y a las de los editores habría que sumar las de los escritores, pensando una lógica distinta que la del mero negocio disfrazado de otra cosa.

Concluyo refiríendome al leit motiv de esta nueva campaña "para poner al libro de moda". Sus inventores han recurrido a Borges y a esa frase suya que dice: "La lectura debe ser una de las formas de la felicidad". Entiendo que ésa frase está sesgada, porque Borges solía decir que uno de sus vicios era no leer a Enrique Rodríguez Larreta, autor de La gloria de Don Ramiro, para no hablar de los cientos de libros que criticó por no considerarlos valiosos. Así, teniendo en cuenta esas contradicciones, uno podría concluir que no siempre leer tiene que ver con la felicidad. De hecho, ni los libros de autoayuda de Pilar Sordo, ni las simplificaciones de la filosofía de Darío Sztanjszrajber, ni las ficciones o poemas de María Negroni son formas de la felicidad. Con todo, podría matizarse la cuestión señalando que el "debe" podría imaginarse como un "debería", lo que serviría para mitigar el carácter obligatorio que parece deducirse de la convocatoria a esta nueva estudiantina de los empresarios y los burócratas del libro.

Jorge Fondebrider





jueves, 14 de octubre de 2021

Un breve inventario de las maneras de leer

Como ya fue comentado oportunamente, Miguel Wald, traductor de larga trayectoria, tiene un blog que, precisamente, se llama algundiavuatenerunblo . Sus entradas están muy espaciadas unas de otras, pero cuando sube algo, vale la pena leerlo. Es el caso de esta reflexión sobre la lectura.

Para leer un libro

Hay innumerables formas de leer un libro. Tantas, quizá, como lectores.

Están, por ejemplo, los que se zambullen sin preámbulo en la primera página del relato, de la novela, del poema, del ensayo o de lo que sea. Empiezan a leer directamente, casi sin reparar siquiera en el título, en la tapa, en las páginas iniciales, en nada. Se meten en el bloque de texto como quien mete una cuchara en lo profundo del dulce de leche.

Están, además, quienes van apilando libros como ladrillos para una torre en la mesa de luz, en el escritorio, debajo de la mesa ratona, en el rincón del pasillo por el que pasan para ir al baño.

Y están esos otros que lo primero que hacen es sostener los libros entre las dos manos, como si los estuvieran pesando, y de inmediato pasan un dedo por el borde de las hojas a toda velocidad, con efecto ventilador.

Y están quienes van directo al índice, esté al principio o al final del libro, para ver cuántos capítulos tiene, cómo se titulan. Y luego cuentan las hojas que tiene cada capítulo, y el primer capítulo tiene siete páginas, y el segundo tiene cuarenta y dos, qué desproporción, che, como si significara algo.

Y también están aquellos que se detienen a mirar la tapa como si fuera un cuadro. Y quienes parecen querer poner el libro bajo el microscopio y diseccionarlo con el bisturí de la mirada y lo primero que hacen es leer la contratapa, y después miran quién lo editó por primera vez, y cuándo, y quién lo tradujo, y cuántos ejemplares tiene esa edición, y luego el índice, y después los agradecimientos, y la dedicatoria, y los prólogos y los prefacios y las introducciones, y, finalmente, finalmente, se sientan con la satisfacción del deber cumplido. Y recién entonces meten la cuchara en el dulce de leche.

Hay en esta sombrerería sombreros de todos los colores y tamaños, pero no creo que haya unos sombreros mejores que otros, unos más perfectos que otros. No creo, digo, que haya una forma ideal de enfrentar, o abrazar, un libro, de leer un libro. O quizá sí, quizá haya una forma ideal, pero seguramente esa forma ideal será cada vez con cada libro, con cada persona en cada instante, y cada vez será distinta, o igual, pero esa forma de ser igual también será distinta, única, porque la relación con un libro es eso, algo único, siempre único, cada vez único. Y cada persona que enfrenta, que abraza un libro, no sabe que está repitiendo un ritual antiguo y universal, y no lo sabe porque ese ritual es sólo suyo, sólo de ese momento, sólo de la eternidad, porque la eternidad dura lo que ese instante. Nada. Todo.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Estadísticas y cifras para ver quién lee y qué se lee en España

La Federación de Gremios de Editores de España ha dado a conocer un Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en 2019. Los resultados aparecen primero resumidos y luego desglosados. Faltan los gráficos, que por incompatibilidad con el programa que emplea este blog no pueden verse, aunque están expresados en las estadísticas contenidas en el estudio. Que cada cual saque sus propias conclusiones y que Dolores Redondo, Ildefonso Falcones y Ken Follet se alegren de ser más leídos que los buenos escritores.

Mujer, universitaria, de área urbana
y con 55 años o más,
perfil del lector frecuente en España

• Los índices de lectura en España siguen mejorando, el porcentaje de lectores de libros alcanza el 68,5 por ciento de la población. Desde 2010 se ha producido una mejora de 8,2 puntos en los índices de lectura.

• El 62,2 por ciento de los españoles mayores de catorce años lee libros en su tiempo libre, cifra que ha mejorado un 5,2% desde 2010. Un 50 por ciento es lector frecuente, lee al menos una o dos veces por semana. Aunque mejoran las cifras, sigue habiendo un alto porcentaje de población que no lee libros nunca o casi nunca (37,8 por ciento).

• Mientras el principal motivo para la lectura sigue siendo el entretenimiento, la falta de tiempo sigue siendo la principal excusa de los no lectores para explicar su falta de hábito (49,1 por ciento).

• Seis comunidades autónomas se encuentran por encima de la media española. Madrid sigue siendo la comunidad con mayor número de lectores en tiempo libre.

• Crece el porcentaje de lectores de libros en soporte digital hasta el 29,1 por ciento.

• La descarga gratuita sigue siendo la principal forma de obtención de los libros digitales. Más de la mitad de los entrevistados que se descargan libros electrónicos gratuitamente (59,6 por ciento) aseguran que saben distinguir cuándo una descarga no es legal.

• El 3 por ciento de la población escucha audiolibros, un 1,3 por ciento lo hace de manera frecuente.

• La lectura en niños es generalizada. A partir de los 15 años se observa una caída del número de lectores frecuentes hasta el 49,8 por ciento, si bien mejoran las cifras respecto a 2018.

• Jóvenes y mayores perciben la lectura como una actividad que “contribuye a tener una actitud más abierta y tolerante”, que “es una actividad emocionante y estimulante” y que “ayuda a comprender el mundo que nos rodea”.

• Aumenta ligeramente la proporción de compradores de libros (62,6% frente al 62,4% anterior) y algo más el número de libros comprados (11,5 frente a 10,3 libros)

• El servicio bibliotecario público mantiene su excelente valoración entre los españoles.

Mujer, mayor de 55 años, con estudios universitarios y que vive en un área urbana.

Este es el perfil del lector frecuente en España. El 83% de estas mujeres leen libros al menos una vez a la semana. Así se desprende del Barómetro de Hábito de Lectura y Compra de Libros 2019 elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), que cuenta con el patrocinio de la Dirección General del Libro y Fomento de la lectura del Ministerio de Cultura y Deporte y de CEDRO.

En cuanto a los hombres, el perfil del lector frecuente sería el de un hombre de 55 años o más con estudios universitarios y que vive en área urbana. El 76,7% de los hombres con estas características sería lector frecuente de libros en su tiempo libre.

El Barómetro, que analiza la evolución de los hábitos de lectura en España, muestra que el número de lectores de libros en España sigue creciendo. El 68,5 por ciento de los españoles mayores de catorce años lee libros. Esta cifra supone un incremento de 1,3 puntos porcentuales más que en 2018. Si echamos la vista un poco más atrás, el incremento sería de 8,2 puntos porcentuales desde 2010.

También ha crecido el número de aquellos que leen en su tiempo libre, que alcanzan el 62,2 por ciento, frente al 61,8 por ciento de 2018 o frente al 57% que se registró en 2010. El porcentaje de lectores frecuentes, aquellos que leen al menos semanalmente, se ha incrementado un 0,7 por ciento con respecto a 2018 y en 6,3 puntos desde 2010, y ya supone el 50 por ciento de la población.

Si bien se está produciendo una mejora significativa de las cifras de lectores, aún sigue habiendo un alto porcentaje de población que no lee libros (31,5 por ciento), que se incrementa entre quienes no tienen la lectura como un hábito en su tiempo libre 37,8 por ciento). El porcentaje de lectores de libros que leen todos los días en su tiempo libre se estabiliza en el 32 por ciento tras el aumento del año anterior, si bien, desde 2010 esta cifra se ha incrementado en 5,1 puntos. La media de libros leídos al año se sitúa en 10,9

Mujeres más lectoras que los hombres

El 68,3 por ciento de las mujeres lee libros en su tiempo libre, frente al 56 por ciento de hombres. La diferencia entre ambos sexos ha aumentado en un punto porcentual respecto a 2018. No obstante, la mayor diferencia por género se produce en el tramo de edad entre 55 y 64 años donde llega a los 29,1 puntos porcentuales. Por el contrario, la menor diferencia se encuentra entre mujeres y hombres de más de 65 años, no existen diferencias entre ellos, si bien el hábito lector en tiempo libre se reduce hasta el 48 por ciento. También entre los lectores de entre 25 y 34 años la diferencia de género, a favor de las mujeres es reducida, concretamente de 5,8 puntos porcentuales. Los jóvenes entre 14 y 24 años se mantienen como el grupo de población adulta con mayor hábito lector. Si bien es significativa la caída que se produce a partir de los 24 años. El hábito lector se recupera entre las mujeres mayores de 35 años, algo que no se produce entre los hombres. El porcentaje de lectores masculino en tiempo libre a partir de los 25 años se mantiene por debajo del 60 por ciento.

El nivel formativo también es un elemento capital en el hábito lector. El 83,3% de los universitarios son lectores de libros en tiempo libre. Se observa un crecimiento de la lectura de libros en tiempo libre tanto entre los que tienen estudios secundarios y universitarios como aquellos que tienen sólo hasta estudios primarios.

Evolución desigual de la lectura en las CCAA

Seis comunidades autónomas se encuentran por encima de la media de lectores en tiempo libre de España. Son Madrid, País Vasco, Navarra, Cataluña, La Rioja y Aragón. No obstante, si analizamos lo ocurrido en los últimos años, todas las comunidades autónomas han mejorado sus índices de lectura.

Mayoritariamente, leer se percibe como una actividad que “ayuda a comprender el mundo que nos rodea”, es “una actividad emocionante y estimulante”, “contribuye a tener una actitud más abierta y tolerante” y que “hace más felices” a los lectores.

Excusas para no leer

La falta de tiempo es para el 49,1 por ciento de los no lectores el motivo principal que explica su falta de hábito lector. Este porcentaje alcanza el 67,8 por ciento entre los adultos de 35 a 44 años. Llama, no obstante, la atención, que existe un alto porcentaje, 29,4 por ciento, que afirma no leer porque no les gusta o no les interesa, el 38,3 por ciento entre los adultos entre 14 y 24 años. Precisamente en este tramo de edad, existe un porcentaje de no lectores (34,8 por ciento) que señala que prefiere dedicar su tiempo libre a otros entretenimientos. Entre los mayores de 65 años, también argumentan motivos de vista y salud para no tener mayor hábito lector (30,3 por ciento). Los no lectores que afirman que no leen más porque prefieren emplear su tiempo libre en otros entretenimientos, declaran que prefieren realizar actividades deportivas (31,3 por ciento), ver la televisión (24,8 por ciento) o pasear (24,3 por ciento) a leer.

Lectura en soporte digital

Un año más, el Barómetro analiza la lectura en soporte digital, así como el perfil de los lectores que utilizan los dispositivos electrónicos para leer.

La descarga gratuita es el método más habitual para la obtención de los libros digitales (54,7 por ciento). Entre estos lectores se encuentran aquellos que acuden a las bibliotecas para el préstamo de libros digitales, un 0,8% de los lectores de libros digitales. Un 35% por ciento (6,3 por ciento del total de lectores) de los lectores digitales entrevistados señaló que pagó por su descarga.

Hay que destacar que un 0,8% de los lectores de libros digitales afirman obtenerlos a través de una biblioteca como las plataformas E-biblio o BNElab.

El Barómetro ha preguntado si saben distinguir las páginas de descargas ilegales de las que no lo son y un 56,9% reconoció que saben perfectamente distinguir cuándo las páginas de descarga no son legales.

Audiolibros

Como ya hiciera el año pasado, el Barómetro de Hábitos de Lectura también ha analizado el fenómeno del audiolibro. El 3% de la población mayor de 14 años escucha audiolibros con una frecuencia al menos trimestral. Un 1,3% lo hace frecuentemente, al menos una vez a la semana. Paulatinamente se va registrando un incremento del uso de estos contenidos.

Compra de Libros

El Barómetro de 2019 refleja un ligero incremento de la población que compró algún libro en el año. Un 62,6 por ciento de los españoles compró algún libro (incluidos los de texto) durante 2019 (62,4 por ciento en 2018). El 50,4% de los españoles compraron libros no de texto. La media de libros comprados fue de 11,5 libros frente a los 10,3 del año anterior.

El principal canal de compra de libros sigue siendo la librería tradicional, seguido de Internet que continúa creciendo como canal hasta situarse como la segunda opción para la adquisición de libros.

Madrid, País Vasco y La Rioja fueron las comunidades autónomas con mayor porcentaje de compradores de libros no de texto. Navarra y Comunidad Valenciana fueron las Comunidades con mayor media de libros comprados, 9,6 y 9,5 respectivamente. Canarias y Extremadura se situaron en el lado contrario y muestran un menor porcentaje de compradores. Murcia es la comunidad donde se compraron menos libros de media (5,5 libros de media).

Seis de cada diez libros comprados fueron de literatura, mayoritariamente novelas y cuentos. Le siguen los libros de humanidades (10,9 por ciento) y los libros de literatura infantil y juvenil (10,3 por ciento).

La lectura y los menores

En ocho de cada diez hogares (83,6 por ciento) con menores de seis años se les lee a estos niños, un porcentaje que se incrementa con respecto al año anterior (75,4 por ciento). En el 86,8 por ciento de los niños y niñas de 6 a 9 años leen libros no de texto y dedican una media de tres horas a la semana a la lectura. Porcentaje y tiempo muy similar al registrado el año anterior.

El 100% de los niños y niñas entre 10 y 14 años y el 93,4 por ciento de los jóvenes entre 15 y 18 años lee libros. Además de libros, estos jóvenes son el segmento de población con mayor número de lectores de páginas web o de artículos o textos largos en redes sociales. En su tiempo libre, el 86,2 por ciento de los niños y niñas entre 10 y 14 años lee, y el 77,1 por ciento lo hace frecuentemente. Estas cifras descienden a partir de los 15 años hasta el 74,7 por ciento en lectores en tiempo libre y hasta el 49,8 por ciento en lectores frecuentes. Hay que destacar, no obstante, que los porcentajes de lectores frecuentes mejoran comparados con el Barómetro de 2018 (70,8 por ciento y 44,7 por ciento, respectivamente).

Prácticamente todos los adolescentes leen algún tipo de contenido en soporte digital, especialmente webs y redes sociales. Por el contrario, un 19,7 por ciento son lectores de libros por ocio en formato digital (frente a un 32,1 por ciento de la población adulta). El 86,2 por ciento de los niños y niñas de entre 10 y 14 años leen por estudios y en su tiempo libre. La cifra desciende entre los jóvenes entre 15 y 18 años hasta el 79,9%. En ambos casos, su lugar de lectura preferido es el hogar.

Los menores perciben la lectura como una actividad que “contribuye a tener una actitud más abierta y tolerante”, que es “una actividad emocionante y estimulante”, que “ayuda a comprender el mundo que nos rodea”. Además, consideran que “hay un montón de cosas” que les gustaría leer en el futuro y que “leer me ayudará a conseguir un mejor trabajo en el futuro”.

Bibliotecas

El Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2019 refleja un incremento de la asistencia a bibliotecas. El 32 por ciento de los entrevistados ha acudido a una biblioteca o bibliobús durante el último año, si bien la mayoría (60 por ciento) lo hizo de manera ocasional. Desciende el usuario frecuente de bibliotecas al 26 por ciento frente al 27,4 por ciento registrado en 2018. El 36,6 por ciento de los entrevistados afirman ser socio de alguna biblioteca. El 41 por ciento de las mujeres entrevistadas y el 44 por ciento de los niños y jóvenes con edades entre 14 y 24 años son socios de una biblioteca.

Los usuarios de las bibliotecas acuden a ellas fundamentalmente para tomar o devolver libros en préstamo (56,6 por ciento), usar su sala de estudio (28,3 por ciento) y consultar libros (23 por ciento). El préstamo/devolución de libros es menos frecuente entre los asistentes de 14 a 24 años que entre los demás grupos de edad.

Ranking de Libros más leídos y comprados

Por último, el Barómetro ha preguntado por los últimos libros leídos, comprados y preferidos por los entrevistados en 2019. Patria, de Fernando Aramburu; se mantiene como el libro más leído, seguido de la Trilogía de la Ciudad Blanca, de Eva García Sáenz de Urturi y la saga de Los pilares de la tierra de Ken Follet.

En cuanto a los autores más leídos, aparecen Dolores Redondo, Ildefonso Falcones y Ken Follet. Entre los más comprados, aparecen, Patria, de Fernando Aramburu, la saga Canción de Hielo y Fuego y la serie “Harry Potter”. El autor más comprado es Fernando Aramburu, seguido de George R.R. Martin y Dolores Redondo.

En cuanto a los libros preferidos de los leídos en su vida, los lectores señalan entre sus favoritos a Los pilares de la tierra, La Catedral del Mar, la saga de “Harry Potter” y Don Quijote de la Mancha. Ken Follet, Ildefonso Falcones y Gabriel García Márquez aparecen como autores preferidos.

La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) recuperó en 2017 la publicación del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros que quedó suspendido en 2012. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte colabora en este estudio que pretende obtener información continua sobre los aspectos relacionados con los hábitos de lectura de la población española.

El estudio también considera otros aspectos como los hábitos de compra de libros, el número de libros en el hogar, la lectura de otros medios, la asistencia a bibliotecas, el uso de Internet, la preferencia por otros hábitos de ocio y la lectura en menores.

El estudio ha sido elaborado por la empresa Conecta Research & Consulting. Los resultados anuales se obtienen a partir de encuestas realizadas a una muestra de 5.000 individuos.