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martes, 9 de diciembre de 2025

Hanna Nordenhök, escritora y traductora sueca

El pasado 1er. de diciembre, Darío Alemán publicó en El País, de Madrid, una extensa entrevista con la escritora y traductora sueca Hanna Nordenhök. De esa entrevista, se reproduce a continuación la parte más pertinente para los lectores de este blog.

"No puedo escribir y traducir a la vez"

Además de narradora y poeta, Hanna Nordenhök es traductora del castellano al sueco (nada menos que la lengua del Nobel). Entre los autores que ha traducido están Fernanda Melchor, Emiliano Monge (ambos de México), Andrea Abreu (España), Alia Trabucco (Chile) y Samanta Schweblin (Argentina). Para ella, la traducción es una suerte de procedimiento alquímico, sobre todo cuando se enfrenta a obras cargadas de localismos, como podrían ser Temporada de huracanes de Melchor, o Panza de Burro de Abreu.

“En cuanto a la traducción, pienso ahora en la palabrota”, dice Nordenhök. “En sueco hay jerga y palabrotas, pero no son tan comunes en el habla cotidiano como pueden serlo, por ejemplo, en Veracruz. Entonces, el reto está en lograr que el lector sueco sienta el ambiente de la obra. Hay que inventar palabras y recrear un equivalente al espíritu del libro original. Por supuesto, se investiga mucho para eso. Sin embargo, hay matices del lenguaje que inevitablemente se pierden un poco, y esto es algo que debe aceptarse cuando se traduce. Pero también se ganan cosas. Se trata, al final, de una negociación con el lenguaje”.

–¿Y cómo llevas tu oficio de poeta y narradora con tu trabajo de traductora?
–Me pasa que no puedo escribir y traducir a la vez. Cuando entro en el universo de un libro, ya sea mío o de otra persona, necesito hacerlo totalmente y dejarme llevar. Tengo amigos y colegas que llevan ambas cosas al mismo tiempo, pero yo no podría.

–¿Crees que ambos trabajos se relacionan? ¿Influye la traducción en tu escritura?
–Traducir te permite explorar tu propio idioma. Cuando traduzco, exploro rincones de mi idioma que tal vez no visitaría por mí misma. Esa es una herramienta que me sirve como autora, por supuesto.

–Tanto la traducción como la escritura de ficción te permiten conocer el panorama de la literatura hispanoamericana y la sueca. ¿Cuáles dirías que son los elementos que los distinguen hoy en día?
–No hay dudas sobre el hecho de que existe un componente más social y político en la literatura en castellano, sobre todo en América Latina, donde hay sociedades cargadas de conflictos. En Suecia, sin embargo, abundan los escritores que escriben sobre la vida de la clase media desde la clase media, y ese tema a mí no me interesa mucho. Literariamente, me atrae lo real, lo complejo del ser humano y los problemas del mundo actual, a los que, por cierto, mi país no escapa. En Suecia, hoy tenemos a la extrema derecha en el gobierno y es enorme el poder que ha alcanzado el crimen organizado. El mundo sigue teniendo la idea de una Suecia que es un modelo idílico, un paradigma de la socialdemocracia, pero ahora esa es una imagen rota.

miércoles, 19 de abril de 2023

La española Carmen Montes Cano y un premio de la Academia Sueca

La noticia fue publicada en el periódico digital Granda Hoy, de España y se refiere a un premio otorgado por la Academia Sueca a la traductora Carmen Montes Cano.




Carmen Montes gana el premio de traducción literaria de la Academia Sueca 2023

La granadina Carmen Montes Cano ha sido galardonada, junto a la polaca Justyna Czechowska, con el premio internacional de traducción literaria de la Academia Sueca de 2023 "por su valiosa interpretación de la poesía sueca en lengua extranjera". Dicho galardón nació en 1965, con la concesión del mismo a la poeta alemana Nelly Sachs, y constituye el más alto reconocimiento que otorga la institución escandinava –la misma que concede todos los años el Premio Nobel de Literatura -a la labor de los traductores extranjeros de la lengua sueca-. El galardón está dotado con 60.000 coronas suecas para cada una de las premiadas.

Carmen Montes es profesora del Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada y miembro numerario de la Academia de Buenas Letras de Granada. Entre sus méritos destacados en la página de la Academia Sueca figuran sus traducciones al español de obras de Ingmar Bergman, Karin Boye, Fredrika Bremer, Stig Dagerm, Tove Jansson, Theodor Kallifatides, Pija Lindenbaum, Camilla Läckberg y Henning Mankell, entre otros muchos autores. En 2007 Montes Cano fue becada por la fundación Artur Lundkvist y Maria Wine, y en 2013 recibió el Premio Nacional a la Mejor Traducción del Estado Español por su versión de la obra Kallocaína, de Karin Boye.

En los casi sesenta años de existencia de este premio, solo lo han recibido tres traductores del sueco al español: Justo Jorge Padrón en 1972, Francisco Uriz en 1975 y Marina Torres de Uriz en 2007.

martes, 7 de febrero de 2023

En la muerte de Francisco J. Uriz Echeverría


El pasado 14 de enero, Fernando Valls, publicó en infolibre, de España, el obituario del escritor y traductor español Francisco J. Uriz. Lo reproducimos a continuación.

Francisco J. Uriz, puente entre la literatura nórdica y la española

Ha muerto en Zaragoza, ciudad donde nació en 1932, quien quizás haya sido el mayor traductor de las lenguas nórdicas, sobre todo del sueco, al castellano. Sus versiones poéticas fueron tantas que sería más sencillo decir qué autores importantes no tradujo, bien en libros concretos, en recopilaciones de su poesía, bien en antologías de esas literaturas, de las que sería buena prueba su Antología de la poesía sueca contemporánea (Los libros de la frontera, 1986); antes, en 1983, la revista Litoral le dedicó un número a la poesía sueca; Veintidós poetas finlandeses (Los libros de la frontera, 2014) o Algunos de los nuestros. Un siglo y más de poesía nórdica (2021), parte de ellos tuvieron versiones anteriores que fue retocando y ampliando.

Entre los poetas o narradores más destacados, ya sean suecos, finlandeses o daneses, de quienes nos dio libros o antologías, se encuentran los premios Nobel Harry Martinson (Antología poética, Plaza & Janés, 1975) y Tomas Tranströmer (Bálticos y otros poemas, Visor, 2012), Jan Erick Vold (El poema nos recuerda el mundo, 2000), Lars Forssell (Antología poética, Bolchiro, 2017), Henrik Norbrandt (3 x Norbrandt y La ciudad de los constructores de violines, Visor y Vaso roto, en el 2012), Klaus Rifbjerg (Fuego en la piedra. Antología poética, Lumen, 2011), Torgny Lindgren (Betsabé y Agua y otros cuentos, este con Marina Torres, ambos en Nórdica, en el 2005 y 2008), Per Olov Enquist (De la vida de las lombrices, 2015), Gunnar Ekelöf (su poeta preferido, de quien tradujo para Alianza el libro Diwan), Kjell Spmark (Traducir el alma, 2022, probablemente el último que llegó a ver publicado) o Claes Anderson (Los estragos del tiempo, Cosmopoética, 2008). O diversas obras teatrales de Lars Norén o Alguien va a venir (Titirilibros, 2002), de Jon Fosse. También ha traducido al sueco, obras teatrales de Valle-Inclán, Lorca, Alfonso Sastre y Jorge Díaz.

Capítulo aparte merecen las versiones de August Strinberg, tanto de su teatro como de la prosa, de quien tradujo y prologó su obra para Alianza, en la época en que la dirigía Javier Pradera: El viaje de Pedro el Afortunado, La señorita Julia, Acreedores y La más fuerte, La sonata de espectros, El pelícano y el Teatro de cámara. Y en otras editoriales: Pequeño catecismo para la clase baja (Capitán Swing, 2009), Cuentos y Casarse. Historias de matrimonios, ambos en Nórdica, en el 2012 y 2013.

También tiene en su haber las versiones de varios libros de Ingmar Bergman, como Linterna mágica (1987), con Marina Torres; o Imágenes. Diarios de un cineasta (1992), en colaboración con su hijo Juan, ambos en Tusquets. Con respecto a la prosa y el teatro de Per Olov Enquist, varias de estas versiones las hizo con su mujer, la gallega Marina Torres. Por todo este importante trabajo se le concedió en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción, en 1996, por su Antología de la poesía nórdica, y por el conjunto de sus traducciones en el 2012. Trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores sueco, acompañó a Olof Palme, en calidad de intérprete, en un viaje que realizó por Hispanoamérica en 1984, donde hizo de intermediario en la conversación que mantuvo con Fidel Castro.

Entabló una estrecha relación con Artur Lundkvist, una persona clave en la historia reciente del Nobel de literatura. No sólo tradujo su poesía al castellano (por ejemplo, su Elegía a Pablo Neruda, 1981, publicada en una versión bilingüe), y la de Maria Wine La incierta nave del quizá (2001), esposa del académico, sino que juntos vertieron al sueco a numerosos poetas hispanoamericanos y españoles, tales como Huidobro, César Vallejo, Borges, Neruda, Nicolás Guillén, Cortázar, Lorca, Alberti, Dámaso Alonso, Nora, Celaya, Blas de Otero y Gil de Biedma. Detrás del tándem que formaron Lundkvist y Uriz, podría decirse que se hallan los Nobel de Neruda, García Márquez (Uriz conservaba el manuscrito de Crónica de una muerte anunciada), Cela, Octavio Paz y Vargas Llosa. Y como a él le gustaba contar, varios autores del mundo hispánico (por ejemplo, Cortázar, García Márquez y Cela, ellos mismos o por persona interpuesta), en un momento u otro, le preguntaron por lo cerca o lejos que estaban del Nobel. En los sesenta, cuando sus principales interlocutores en el interior eran Alfonso Sastre, Jesús López Pacheco y Carlos Barral, hizo muchos informes para Seix Barral. Pero, como él mismo ha confesado, quien le abrió las puertas de las editoriales españolas fue el también poeta y traductor Ángel Crespo, doctorado en Upsala durante aquellos años. Otro de sus primeros interlocutores en España fue Enrique Badosa, también poeta y traductor, que dirigía las Selecciones de poesía de Plaza & Janés.

Las antologías de divulgación, sobre cuentos, poemas, teatro, e incluso textos recopilatorios sobre fútbol, muy útiles para la enseñanza del español: España cuenta (1990), Cosas que pasan (Relatos breves) (1990), Ventana abierta sobre América Latina (1991), ¡A escena! (1991), Ventana abierta sobre España (1992), América Latina (1998), todas en Edelsa.

En 1989 fundó y dirigió la Casa del Traductor en Tarazona, siguiendo la idea de Elmar Tophoven en Alemania, donde cultivó la traducción a varias manos, con los visitantes de distintas lenguas que residían en la casa, que se fueron publicando en plaquettes.

Su generación fue la de José Luis Borau, Alfredo Castellón o los hermanos Pérez Gállego. Yo lo conocí en Santander, en los cursos de profesores extranjeros de la UIMP, donde él era el responsable de un grupo de profesores nórdicos. Luego coincidí con él en diversas ocasiones, en la Casa del Traductor de Tarazona. La última vez que lo vi fue en Zaragoza, durante un curso organizado por José Luis Calvo Carilla, donde él habló la literatura nórdica policiaca, en pleno auge en ese momento, y al día siguiente quedamos para charlar tranquilamente mientras paseábamos por el centro de la ciudad. Entre sus traducciones en este género se cuentan también las de Henning Mankell, como El perro que corría hacia una estrella (Siruela, 2000).

Cultivó la poesía (Mi palacio de invierno, 1997 y 2005) y nos ha dejado un interesante libro de memorias, titulado Pasó lo que recuerdas (Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2006), en el que relata su papel de puente entre Suecia y España, su militancia antifranquista, sus relaciones de amistad con Olof Palme, Pablo Neruda, Peter Weiss, el general Juan Modesto, Adolfo Marsillach, Camilo José Cela, Gabriel García Márquez, Artur Lundkvist o Julio Cortázar. El club de los cronopios que fundó en la capital sueca impresionó mucho a Cortázar, tal y como cuenta en su epistolario. Al que habría que añadir el titulado Accesorios y complementos. Un aragonés en el reino de los Bernardottes (2008).

Paco Uriz era un hombre alto, grande, miope, con un aspecto y unas maneras que se alejaban de las del español típico, si tal cosa existe. Su cultura era universal y variopinta, amable en el trato y suave en las formas, pero no por ello menos sincero en sus opiniones, que en el caso de su ideología comunista seguían casi invariables. Sus ideas políticas se sustentaban en tres principios básicos: lucha contra el franquismo, la solidaridad y la defensa de los desfavorecidos. Recuérdese, al respecto, su Viaje a la España de Franco (Erial, 2016), escrito en colaboración con Peter Weiss, en busca de los hospitales de las Brigadas Internacionales.

El caso es que, aunque se había licenciado en Derecho en 1955, en la Universidad de su ciudad natal, nunca ejerció como abogado. Tras salir de España, cuando se licenció, vivió en Inglaterra y Finlandia, allí leyó por primera vez a Neruda y Brecht, y conoció el cine de Bergman, estamos en 1956, antes de instalarse definitivamente en Suecia. En cambio, había dado clases de español en Suecia, además de cultivar la poesía y el teatro (Decidme cómo es un árbol, 2016), quizá su otra gran pasión, junto con la traducción y el fútbol. Buena prueba de esto último son sus antologías, destinadas a las escuelas: El gol nuestro de cada día. Poemas sobre nuestro fútbol (Vaso Roto, 2010), por solo citar una de las muchas que les dedicó; o sus recuerdos de los cinco magníficos, la mítica delantera de los mejores años del Zaragoza, compuesta por Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra, que cuenta en Un rectángulo de hierba (2002).

Por toda esta ingente labor se le concedieron numerosos premios, dos de ellos a su teatro, a su obra Mear contra el viento, como el Casa de las Américas y la Arqueta de plata, que le dieron en Bulgaria, la medalla Illis Quorum, concedida por el gobierno sueco, así como el reconocimiento de la Academia sueca. En Tarazona le otorgaron la llamada Cabeza del judío; en Zaragoza la medalla de Santa Isabel, mientras que el gobierno español le entregó en el 2008 la Encomienda de la Orden del Mérito Civil. Trabajó para numerosas editoriales, pero creo que si hubiera que destacar alguna sería Los libros de innombrable, de Raúl Herrero, donde aparecieron muchos de los libros que hemos citado sin dar la referencia.

Nos quedó pendiente un encuentro en Estocolmo, durante la primavera, como él me recomendaba, y echaré de menos los libros que traducía, que solía mandarme, generoso, al ritmo que iban apareciendo. A quienes lo apreciamos, nos consuela pensar que trabajó mucho y bien, y que la suya fue una vida cumplida.

martes, 5 de marzo de 2019

Becas para editores y traductores del sueco para asistir a la Feria de Gotemburgo


Publicada en el sitio Publishnews, el pasado 27 de febrero, con las firmas de Carlos Carrenho y Lorenzo Herrero, la siguiente convocatoria tal vez tiente a alguien.


La feria de Gotemburgo abre su programa
de becas para editores y traductores

El Consejo Sueco de las Artes, y la Feria del Libro de Gotemburgo ofrecen un programa de becas para traductores del sueco a otros idiomas, así como para editores y subagentes interesados en trabajar con la literatura sueca en traducción. Este programa busca reforzar el intercambio internacional de literatura y dar a conocer la literatura sueca de alta calidad en el sector editorial internacional y aumentar las posibilidades de que los autores suecos lleguen a los lectores en otros idiomas a través de la traducción. 

El programa de las becas se llevará a cabo del 25 al 28 de septiembre de 2019, coincidiendo con la propia feria que se desarrollará del 26 al 29 de septiembre de 2019. Pueden postularse a las becas traductores, editores y subagentes no nórdicos interesados en la literatura sueca. La organización dará prioridad a aquellos que no hayan asistido con anterioridad a la feria. Las becas cubrirán una parte de los gastos de viaje, alojamiento durante 3 noches y la entrada a todos los seminarios de la feria. El programa está parcialmente reservado, con reuniones, conferencias y actividades nocturnas, y parcialmente abierto a programas individuales. Habrá actividades separadas para traductores y editores, así como actividades conjuntas.

Los solicitantes se comprometen a participar en el programa completo. Para aquellos que viajen desde Europa, la suma de la beca de viaje es de 2.500 coronas suecas (235 euros), y para los solicitantes que viajan desde fuera de Europa, la suma es de 7.000 coronas suecas (665 euros). El hotel corre a cargo de la organización

El plazo para solicitar las becas finaliza el próximo 4 de abril. Si desea postularse puede acceder al formulario de inscripción a través de este enlace. Además puede consultar las bases completas de la convocatoria aquí

jueves, 7 de junio de 2018

Emilio Quintana Pareja lleva un blog dedicado a la poesía escandinava traducida al castellano

Emilio Quintana Pareja (Granada, 1964) es profesor en el Instituto Cervantes de Estocolmo, Suecia. Entre otras cosas, tradujo por primera vez directamente del polaco al aforista Stanislaw Jerzy Lec (sus Pensamientos despeinados fueron publicados en Barcelona, por Península, en 1997).  

En este momento se dedica a la traducción de poesía de la primera vanguardia europea, en diferentes lenguas, así como a la traducción del sueco al castellano. Ha publicado las siguientes traducciones de libros de la primera vanguardia europea:

Henry Parland. Liquidación de ideales, Granada, El Genio Maligno, 2014

Pierre Albert.-Biror. Poemas cotidianos, Sevilla, Renacimiento, 2014 (con prólogo de Juan Manuel Bonet).

Próximamente aparecerán sus traducciones de poetas vanguardistas daneses, letones, polacos y flamencos.

Su actividad en relación con la poesía sueca puede seguirse en su blog El cuaderno nórdico: http://www.emilioquintana.com/cuadernonordico

martes, 8 de mayo de 2012

Roberto Mascaró habla de sus traducciones de Tomas Tranströmer


Hace más de veinte años, el poeta y traductor uruguayo Roberto Mascaró comenzó a difundir en castellano la obra del poeta sueco Tomas Tranströmer, último Premio Nobel de Literatura. Lo que sigue es una conferencia dictada en el "Homenaje a Tomas Tranströmer" realizado  por iniciativa de la Cátedra Vargas Llosa, en el Instituto Cervantes (Madrid), el 17 de abril pasado, y en la Fundación Caballero Bonald (Jerez de la Frontera), el 20 de abril.

Traducir Tranströmer, un largo viaje

Desde joven, mi empeño y mi trabajo se dirigieron todo el tiempo hacia la poesía, ese género tan prestigioso y al mismo tiempo tan combatido por los déspotas. Me tocó formarme en aquel país del silencio, de la censura sistemática, de la prolongada y cruel dictadura que fue Uruguay en los años setenta y ochenta. En aquella oscuridad no se podía escribir, y tampoco se podían pronunciar ciertas palabras. Leíamos, casi a escondidas, La ciudad y los perros, que reflejaba de algún modo aquella realidad despótica, y que para mí sigue siendo la mejor novela de Mario Vargas Llosa, cuyo nombre lleva esta Cátedra. Experiencia singular para el escritor inédito que era yo en ese tiempo. Tuve que esperar a cumplir los treinta años para publicar mi primer libro.

Luego vino el exilio, y con éste el conocimiento de una nueva cultura, la escandinava, con sus lenguas tan emparentadas entre sí.

La traducción llegó como un ejercicio placentero y solidario con textos suecos, noruegos y daneses que yo sentía que estaban del otro lado de la cerca, fuera de alcance, injustamente. Mi urgencia por leerlos me llevó a traducirlos.

El poeta que traduce poesía, tiene el privilegio de elegir los textos a los que pretende dar vida en otra lengua. Es decir, tiene que oficiar también de crítico y decidirse por un autor. Aquí hay riesgo pero también una inmensa libertad.

Hace más de cuarenta años que escribo poesía, y hace más de treinta que practico esta manera de leer tratando de comprender profundamente -que en eso consiste para mí el Arte de la Traducción, que se parece mucho a un vicio, a una obsesión. La obsesión de poder reescribir en mi lengua lo que alguien ha escrito en otra.

Un vicio y un oficio en el que se acierta a veces, y se fracasa mil veces también.

Con la poesía de Tomas Tranströmer, me inicié en el arte de traducir. Lo conocí y recibí su aprobación sin pretenderlo apenas. Su generosidad y sencillez me asombraron, sobre todo cuando, a principio de los 80, él era un poeta ya traducido a 30 lenguas. Después, cultivamos una amistad a la distancia que dura hasta hoy...

Para mí, la obra literaria que se convierte en actual e imprescindible, es la que expresa de la mejor manera el momento y el lugar desde el cual se percibe la Historia. Por esta claridad frente a la Historia es que elegí la obra de Tranströmer. La historia de la segunda mitad del siglo XX ha sido asumida por Tranströmer de la manera más lúcida, con la potencia del humanismo más amplio e internacional. Comprometida con el mundo actual es esta obra, que llega a su consagración mundial con el Premio Nóbel de Literatura  2011. Los poetas no son héroes por ser poetas, pero sí son testigos de su época. La poesía emite mensajes concentrados sobre el mundo. Y todo esto lo hace Tranströmer en un verso absolutamente libre.

Panteísmo, animismo, monólogo interior, misticismo sin un dios visible; estas son para mí las claves de la poesía de Tranströmer, que juega todo el tiempo con dos aspectos de la realidad: la naturaleza, con sus transformaciones, tan dramáticas en el clima del Norte, y la cultura, que nos deja sus testimonios, sus monumentos mudos por todas partes. (Hay que recordar aquí que Tomas ha sido siempre, y lo sigue siendo, un apasionado viajero).

En sus imágenes encontraremos a menudo la cita entre las fuerzas naturales del planeta con las corrientes de la cultura, en asombrosas y a menudo cómicas combinaciones. El verdor, el mar, la poesía y la música son sus favoritos.

Como nos dice en el poema “Epílogo” de su primer libro:

Y el viento rasga todo el tiempo su carpa
de nuevo. Un día de verano el viento toma
la jarcia de la barca y arroja la Tierra hacia adelante.
Rema el nenúfar con su pata de rana oculta
en el vientre oscuro de la laguna que huye.

Siempre me impresionó mucho su modo de la solidaridad, que nunca se expresa en el panfleto o el manifiesto, sino en el uso de la metáfora y del misterio. Sus imágenes, herederas de la gran poesía europea del siglo XX, se despliegan en un mundo que se ha vuelto comprensible en muchas lenguas. Su acción es la acción poética, lejos de toda ceremonia. Y además, mantiene el humor y la ironía, como resguardo contra la solemnidad. La brevedad de su obra es asombrosa. En un volumen de 500 páginas caben todos sus títulos.

Hay que saber leer entre líneas para recibir este humanismo y esta defensa de la naturaleza que nos llega sin manifiestos y sin ideologías. Hay que saber también leer allí su más grande rechazo a todo despotismo.

Lo divino roza a una persona y enciende una llama
pero luego se retira.
¿Por qué?
La llama atrae las sombras, éstas vuelan crepitando y se funden
            con la llama
que sube y se ennegrece. Y el humo se extiende negro y
            estrangulador.
Al final, tan solo el humo negro; al final, tan solo el devoto
            verdugo.

El devoto verdugo se inclina hacia adelante
sobre la plaza y la multitud, que forman un espejo rugoso
donde puede mirarse.

El mayor fanático es el mayor escéptico. Él no lo sabe.
Él es un pacto entre dos
según el cual el uno tiene que ser visible al cien por ciento y el
            otro invisible.
¡Cómo odio la expresión "cien por ciento"!

En el caso de un contemporáneo como Tranströmer, y de su traducción al castellano, el traductor podrá a primera vista creer, por la cercanía histórica, que tendrá una tarea fácil, deslizando su malla de sentidos y equivalencias sobre el texto del poeta. Un mundo contemporáneo debería ser más comprensible que un mundo antiguo y remoto. Pero no es así, sin embargo. Se trata de un viaje en lo contemporáneo, pero un largo viaje al fin. En mi caso, el viaje de un latinoamericano hispanohablante inmerso en una cultura totalmente diferente, como la escandinava.

El caso de Tomas Tranströmer es el de un poeta proveniente de un pequeño país de herencia monárquica pero al mismo tiempo abanderado, durante el siglo XX, con las consignas de la igualdad y la solidaridad. Un país que ha evitado durante siglos la guerra a toda costa.

El poeta advierte, anuncia, intuye:

Una escultura expuesta en el espacio:
solo, en medio de la estancia, un caballo.
Mas al principio no lo percibimos
atrapados por todo aquel vacío.

Más tenues que el susurro de un molusco
en la ciudad se oían ruidos y voces,
iban girando en la sala desierta,
murmurando, en busca de un poder.

Esto fue escrito en el legendario país de los vikingos, y también el país de la vanguardia literaria encabezada por el gran Augusto (que ya tiene nombre español) Strindberg. Al menos eso parecía ser Suecia, a partir de la mitad del siglo pasado, a los ojos de un recién llegado. La Suecia neutral. Un socialismo con rostro humano, un capitalismo humanista... Un mundo de herencias y valores muy diferentes a los de un refugiado político de una dictadura sudamericana en un país monoproductivo, elitista y auroritario como Uruguay, que llega a esta zona del Norte de una manera súbita y compulsiva.

Tranströmer, a partir de los años 80, reacciona contra la deshumanización de la sociedad sueca, y contra el imperio del capitalismo, que derriba monumentos históricos y destruye la naturaleza sin otra motivación que la acumulación de capital. Y así sigue siendo hasta el presente. Sería interesante que Tomas pudiese escribir hoy y opinar sobre la evolución de Suecia; de país neutral y abanderado del “socialismo” hasta transformarse en país participante en ocupaciones y bombardeos de la OTAN, con la que colabora sin siquiera ser miembro. De ser el país ejempo de paz pasó a ser uno de los mayores de exportadores de armas a dictaduras como Arabia Saudita...

Pero, ¿cómo lograría traducir y publicar Tranströmer este joven poeta sudamericano? Aquí citaré una anécdota que publiqué a fines del año pasado en el suplemento El País Cultural de Montevideo:

A principios de los años 80, recién llegado a Suecia, hablando con mi compañera sueca de entonces, le dije:

–Hay un poeta sueco que me gusta mucho: se llama Tomas Tranströmer.
Ella, que era muy joven y no era gran lectora de poesía, me dijo:
–Ah, Tranströmer. Es un poeta muy conocido. Fijate que hasta lo han citado en los noticiarios de televisión... A cada rato se gana un premio. Para mí es un poco denso.

Ella prefería a los poetas trovadores (Dan Andersson, Mikael Wiehe, Cornelis Wreeswijk), a los que había conocido bien cuando era okupa en Estocolmo.
–¿Sabés? Hay un poema de Trasntrömer que quisiera traducir. Podríamos publicarlo en Saltomortal (que era una revista bilingüe que editábamos por ese tiempo)... Pero creo que sería más serio pedirle autorización. No sé cómo funciona el asunto de los derechos en Suecia.
–¿Cómo funciona? Llamalo por teléfono y preguntale...

Y así, en un contacto directo, fue que recibí la cálida respuesta junto a la visita de Tranströmer que me autorizaba a traducir sus poemas. Y el poeta me dijo: “Siempre he deseado conocer Montevideo, ese “otro monte” donde nació el Conde de Lautréamont”.

Y así comenzó este largo viaje que no ha sido solamente entre lenguas lejanas entre sí, sino también a través de los años y de las culturas.

Dejando de lado los poemas que publiqué en revistas y periódicos, primero fue un volumen en Montevideo, Ediciones de Uno, que prologó Louise von Bergen, y que titulé El bosque en otoño, en 1989. Luego se publicó un volumen que se llamó Para vivos y muertos, en Madrid. En 1998 le hicimos un homenaje en la ciudad de Malmö, en el que leímos el poema Abril y silencio en 7 idiomas... y publicamos un cuaderno bilingüe, en español en en persa, en versión del poeta Mohammed Hezareh Nia. Luego, publicamos un librito bilingüe con jaicús (aún inéditos en sueco) en Montevideo, en Ediciones Imaginarias. Para culminar en 2010 y 2011 con la obra completa, totalmente corregida y que es la única versión autorizada: se trata de los volúmenes El cielo a medio hacer y Deshielo a mediodía, de Nórdica Libros.

En la obra de Tranströmer, la diferencia cultural y geográfica resulta un abismo a transitar; exige un desplazamiento por los contextos culturales, las geografías y los climas: un viaje tan complicado como los viajes en el tiempo.

Alguna vez, un colega me advirtió sobre el supuesto riesgo de traducir, que consistiría en la posibilidad de dejar de lado u opacar la producción propia. Pero ¿hay mejor traductor de poesía que un poeta? Si no lo hacemos nosotros, ¿en manos de quién quedaría esta delicada tarea? La traducción ha sido para mí un largo  viaje enriquecedor, un viaje de aprendizaje, un diálogo con otros poetas.

Si cuando empecé a traducir tenía alguna experiencia que pudiese ayudarme en la tarea, era el oficio de poeta. Mi trabajo como traductor ha sido siempre autodidacta, sin textos teóricos de por medio ni educación universitaria en el campo de la traducción; esto si dejo de lado mis estudios de lingüística en el Instituto de Profesores Artigas de Montevideo y los cursos de Literaturas Nórdicas en la Universidad de Estocolmo. Esos estudios me ayudaron a tener conciencia del carácter técnico de la traducción y de la importancia que ella tiene en la tarea de transmisión y conocimiento entre diferentes contextos culturales.

Entré a la selva de la traducción casi por casualidad y casi por terapia de un exilio prolongado en Suecia, una tierra que sentía al comienzo fría y remota. Traducir fue una manera de descifrar sus claves, sus tradiciones y sus costumbres. Para un poeta, traducir en los ratos libres, es un excelente ejercicio. Siempre que de esta tarea no se ponga uno a hacer literatura propia, porque entonces lo estropea todo. Hay que tener la capacidad de prestar el propio intelecto y la propia creatividad al texto original y ponerse a disposición de un texto ajeno, que al final también se hace propio. Como escribiese Ingmar Bergman sobre el trabajo artístico: "Hay que aprender a matar los amores". La traducción se constituye así en género literario.

Fue mi propia curiosidad de poeta la que me llevó a asomarme a este mundo de la traducción, que es un mundo de escritura de otros. De no estar elaborando una obra poética propia, no me hubierse interesado traducir. Traducir es como leer, pero con cuatro ojos.

Y si el poeta intenta buscar la manera de decir algo sobre lo que sucede en el mundo, de dar un sentido a sus percepciones, también el traductor de poesía (que también es un escritor, aunque escritor paralelo al fin) intentará, de la misma manera apasionada, producir esa versión, esa transcreación (como la llamase el poeta y semiótico brasileño Haroldo de Campos) que esté centrada en una esencial fidelidad al texto, una fidelidad lograda a fuerza de paralelismo del sentido y de la forma. El traductor trabajará en crear un nuevo modelo que pueda ser puente entre el autor de la lengua original y el lector de la lengua de llegada.

Quiero recordar que Tranströmer también es traductor y publicó un volumen con sus traducciones en 1999.

En ese callejón que corre entre los dos textos –entre lengua original y lengua de llegada–, en esa zona confusa donde el decir algo puede convertirse fácilmente en el no decir nada o en decir lo que no dice el texto original, allí se ubica el traductor.

Aquí me gustaría recordar el tema del desplazamiento hermenéutico, formulado por George Steiner, según el cual existen las siguientes etapas: la confianza preliminar, es decir la lectura desprevenida del texto que se va a traducir; la agresión, que es incursiva y extractiva, el lector deja de ser desprevenido y se vuelve selectivo; la incorporativa en la que se realizan importaciones de significado y forma, el lector se va transformando en traductor; y la restitutiva, que implica la creatividad y juicio del traductor inmerso ya en la aventura de la transferencia.  De esta manera, Steiner nos propone una manera de abordar la reflexión sobre la traducción que es diferente de las  repetitivas oposiciones traducción literal / traducción libre.

Pienso que así, paso a paso, se llega a la traducción, que es un sustituto del texto original, y por eso se constiuye en un dominio similar al del género literario. La traducción literaria es un modo de creación, un territorio independiente. El traductor es un escritor que trabaja en base a la transferencia cultural. Es decir, ejerce una manera más de la escritura creativa, fictiva, literaria. Las traducciones son una especie de escritura fantasma, una escritura en negativo que, inevitablemente, conservarán la manera, las marcas de estilo, las opciones del traductor, que de este modo se convierte en un escritor peculiar.

He aprendido que no hay traducciones de poesía satisfactorias, pero tampoco privilegiadas: si somos honestos, habrá tantas traducciones posibles de un poema, como lectores atentos del original pueda haber.

Si el texto poético es equivoco por naturaleza, la traducción debe mantener la equivocidad también. Las variantes de un texto a las que llegamos con participantes de mis talleres, todas son dignas y fidedignas, aunque todas podrían discutirse, por alguna razón. Porque toda traducción es una máscara, una versión que nos acerca al original, nos pasea por las cercanías, pero tan solo esto.

Así me sonó a mí la introspección de la esperanza de Tranströmer en mi castellano rioplatense:

HEREDÉ un bosque oscuro al cual rara vez voy. Pero llegará el día en que muertos y vivos cambien de sitio. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. Aún nos queda esperanza. A pesar del trabajo de numerosos policías, el crimen más grave queda sin resolver. Del mismo modo, hay en algún lugar de nuestras vidas un gran amor sin resolver. Heredé un bosque oscuro, pero hoy camino por otro bosque, el claro. ¡Todo lo viviente que canta serpea se sacude y repta! Es primavera y el aire es muy intenso. Me he graduado en la universidad del olvido y tengo las manos tan vacías como la camisa que cuelga en la cuerda.

También he aprendido que no hay mejor lectura que la que se enfrenta al verdadero original, hábito corriente en el lector sueco, que normalmente lee en inglés, y cada vez más en español, que ya es la tercera lengua de Suecia. Lamentablemente, esta lectura directa de otras lenguas es muy poco frecuente en América Latina, porque los recursos para educación son siempre insuficientes. Los pocos privilegiados que allí pueden estudiar en una escuela bilingüe, ellos tienen la chance de lectura directa de inglés, francés, alemán... Por todo esto, la enseñanza de lenguas y la formación de traductores en América Latina debería ocupar un lugar muy importante en todos los niveles de la educación. Desgraciadamente no es así, por razones de desigualdad mundial.

Agregaré con todo respeto que en España, después de aquella famosa traducción de Cortázar que llevaba la leyenda: “traducción al argentino”, las puertas han estado bastante cerradas para los traductores latinoamericanos. Los procesos de producción del libro en castellano han llevado a una situación de total dependencia de las traducciones peninsulares.

Las multinacionales del libro españolas han adquirido, en las últimas décadas, muchas casas editoriales de América Latina. Los libros se imprimen y distribuyen en América, pero las decisiones editoriales sobre qué libros han de publicarse o traducirse, se toman en Madrid o Barcelona. Situación injusta, por no decir anómala, para no hablar directamente de colonialismo cultural...

Los traductores latinoamericanos, con todo el derecho de traducir a las variantes del castellano que han heredado, están a la espera de que España sea más receptiva a su trabajo, así como los Centros de Cultura de España del continente realizan la excelente labor de aceptar y estimular estas variantes de una lengua madre común.

Por esto ha sido un honor y un privilegio, pero ante todo un placer, dar a conocer mis versiones de Tomas Tranströmer en Ediciones Nórdicas de Madrid 1), en esta editorial dirigida por su audaz director, Diego Moreno. Aunque yo no le perdone que me haya obligado a escribir los puntos cardinales con mayúscula, como es costumbre en España, y que no me haya permitido escribir la palabra jaicú como suena en español, con jota y con ce...

Y así pudimos leer, en todo el gran ámbito de la lengua castellana, la declaración de amor de Tranströmer:

EL lución, lagartija sin patas, fluye a ras de la escalera del zaguán
calmo y mejestuoso como una anaconda; la diferencia es
            solamente el tamaño.
El cielo está cubierto pero el sol irrumpe. Así es el día.

Esta mañana, mi amada ahuyentó a los malos espíritus.
Como cuando uno abre la puerta de un oscuro cobertizo del Sur
y la luz lo invade
y las cucarachas salen como flechas rápido rápido hacia los
            rincones y suben por las paredes
y ya no están —uno las vio y a la vez no las vio— :
así la desnudez de mi amada hizo huir a los demonios.

Agradezco a la Cátedra Vargas Llosa, al Instituto Cervantes y a la Fundación Caballero Bonald, la invitación a participar en este Homenaje a Tomas Tranströmer, Premio Nóbel de Literatura 2011, el poeta y el amigo entrañable. También tengo que presentar aquí mi agradecimiento, un tanto tardío, a Louise von Bergen, profesora de Literaturas Nórdicas en la ciudad de Montevideo y a Francisco Uriz, pionero de la traducción al castellano de las letras escandinavas.

Gracias a todos por alentarme en mi trabajo.
                             

                                                                                                Malmö, abril de 2012


1)El cielo a medio hacer, Nórdica Libros, Madrid, 2010;
Deshielo a mediodía, Nórdica Libros, Madrid, 2011

lunes, 23 de agosto de 2010

Habla la traductora de Henning Mankell


La semana pasada Héctor Pavón entrevisto para Ñ Digital a la filóloga española Carmen Montes, quien tradujo al castellano casi todos los libros de la serie Wallander, del escritor sueco Henning Mankell. Allí, entre otras cosas, ella dijo: ""El mundo de la traducción literaria es muy escabroso y cuesta mucho entrar bien".

"Mankell sugiere las preguntas adecuadas
para acercarse al conocimiento"

Las obras de Henning Mankell han merecido una traducción a la altura de sus significativos relatos, tanto los policiales como los llamados humanistas. Muchos de sus libros, en el momento de ser trasladados al español cayeron en las manos inteligentes de la traductora Carmen Montes.

En esta entrevista Montes nos cuenta detalles de su formación y de la forma en que afrontó cada texto de Mankell. Ha traducido casi todos los libros de la serie Wallander (incluyendo El hombre inquieto), algunas de las serie africana y también otras novelas que el escritor sueco ha publicado en editorial Tusquets. Filóloga y traductora, también explica en esta entrevista las peculiaridades de traducir del sueco al español.

–¿Cómo aprendió sueco, cómo se vinculó con la cultura escandinava?
–Lo aprendí en Suecia y lo aprendí traduciendo. Estuve viviendo en Estocolmo. Cuando llegué no conocía el idioma y no podía matricularme en ningún curso. Entré en una librería y vi una novela que se llamaba Ifigenia , y pensé que bueno, que Ifigenia sí sabía quien era, así que la llevé, me compré un diccionario y una gramática y empecé a traducir, y así aprendí sueco. Traduciendo.

–¿Y qué dificultades en particular le puede provocar llevar el sueco al español?
–Las dificultades casi nunca son de lengua. Es decir, la tarea del traductor y la pelea del traductor es siempre con la lengua, pero curiosamente todas las lenguas tienen formas de decirlo todo, de expresarlo todo. Sin embargo, cuando se trata de traducir cultura, de traducir referentes culturales, traducir una mentalidad, de manera que el lector hispanohablante la perciba, aunque le sea ajena, y la perciba además como ajena, esa sí era una gran dificultad. La sociedad sueca es una sociedad que se compone de silencios... Suecia es un país muy silencioso en todos los órdenes. Sin embargo aquí, en España, somos más ruidosos. ¿Qué ocurre?, que no prestamos atención a los sonidos con la misma intensidad con que lo hacen ellos. Y por ejemplo, ése es un campo semántico, el campo semántico de los sonidos, en todas sus manifestaciones, que es muy difícil de traducir, porque ellos tienen una precisión matemática, quirúrgica de la expresión de los sonidos. Otro ejemplo, los paisajes: la atmósfera de los paisajes en las distintas estaciones del año a las cuales ellos son más sensibles, están más atentos a los cambios estacionales. Esto ocurre sencillamente porque lo ven, lo viven mucho más, con mucha más intensidad, son más conscientes de la naturaleza que los que estamos aquí; y da igual que vivan en la ciudad, que sean urbanitas, ¿no? Viven muy unidos a la naturaleza. Y ése es otro ejemplo, otro campo semántico complejo de traducir; los términos de la naturaleza, de los animales, las plantas, los sonidos de los animales, los cantos de los pájaros, el sonido del agua cuando está medio congelada, o congelada entera en la superficie, pero fluye líquida por debajo. En fin, son unos matices tan precisos que cuesta trabajo reproducirlos.

–¿Cómo llegó al mundo de Henning Mankell?
–Pues fue la diosa Fortuna porque yo no había traducido nada más que un cuento de un gran autor sueco, clásico, de los años 40, Stig Dagerman, que se había publicado en la revista Quimera, y no contaba con una trayectoria de la que hablar ni la de que presumir como traductora literaria, pero una profesora de sueco de la universidad de Barcelona me recomendó a la editorial, y la editorial se puso en contacto conmigo, me pidieron una prueba, les gustó, y así empecé.

–¿Cuál fue el primer libro que tradujo de Mankell?
–El primer libro que traduje fue Comedia infantil . Un libro de la serie africana, un libro entrañable, tierno, muy triste pero también muy irónico, con esa mezcla de la que Mankell es maestro en realidad, de dosificar muy bien la ironía, el desespero, la desesperanza profunda y la risa y... a veces, a veces la felicidad, pero sólo a veces, es bastante pesimista pese a todo. Y ésa fue la primera; un libro de la serie africana.

–Y desde entonces, ¿cuál ha sido el libro que le ha causado mayores dificultades?
–Quizá el que más dificultades traductológicas me causó fue Profundidades, porque tenía una cantidad considerable de vocabulario técnico. Cuando se está traduciendo literatura y uno se topa con un submarino nuclear, la traducción deja de ser literaria para ser técnica. Y ahí me ocurrió esto. Los grados militares son problemáticos y esta novela versaba precisamente sobre la vida y las vicisitudes de un capitán de la marina sueca del siglo XlX. Es decir, no eran solamente rangos militares, que casi nunca son equivalentes, o que con mucha frecuencia no lo son, sino que encima eran históricos; con lo cual algunos habían desaparecido, y bueno, fue difícil encontrar las equivalencias.

–¿Qué ha representado para usted traducir otro tipo de libros como Profundidades o Zapatos italianos, más allá de estas dificultades técnicas que ha señalado?
–Bueno, es otra dimensión de Mankell, son como otras interpretaciones de la misma partitura. Mankell tiene en mente unos temas muy concretos, inquietudes y cuestiones que le interesan siempre. Pues casi como al ser humano en general, ¿no?, que llevamos 3.000, 4.000 ó 5.000 años dándole vuelta a las mismas cuestiones, que son tres o cuatro en definitiva. Eso mismo le ocurre a Mankell. Esas novelas son otra manera de aproximarse, de adentrarse en la naturaleza humana y en lo que la inquieta, lo que la amarga, y lo que la corroe, y lo que le procura felicidad también. Pero para mí fue muy interesante. Comedia infantil, que es una novela de la serie africana, también es exponente de su compromiso solidario y social tan conocido y encomiable.

Usted siempre menciona, en las primeras páginas de los libros traducidos, que el tuteo entre desconocidos es algo común en Suecia a diferencia de otros países, ¿verdad?
–En realidad no es una nota mía, es una nota de la editorial, porque cuando yo empecé a traducir a Mankell, me habían precedido otras colegas en esa tarea, y ellas advirtieron el hecho de que en Suecia lo que prima, lo que se utiliza entre desconocidos es el tuteo; y la editorial decidió mantener ese rasgo sociológico que lo es; pero no sólo es un rasgo sociológico, es también un rasgo lingüístico. Es decir, el sueco actual carece de una forma para el trato de cortesía como la del español. Hasta el siglo XIX coexistieron de modo residual dos formas, el trato en tercera persona, que expresaba distancia y respeto, y el trato con la segunda persona del plural, el equivalente a nuestro «vosotros» (erróneo, como señalaba ya en el siglo XIX la Real Academia Sueca de la Lengua), que indicaba distancia y superioridad social por parte de quien lo usaba. Es decir, es despectivo, y en una sociedad socialdemócrata como la sueca eso era insostenible y llegó un momento en que casi por decreto, no fue exactamente por decreto pero casi, fue una decisión política que se adoptó, se suprimió el uso del ni («vosotros») como trato supuestamente de cortesía. Esto sucedió en los años 50 y 60. Al mismo tiempo se eliminó el trato de cortesía en tercera persona porque complicaba terriblemente la comprensión. Es decir, cuando el interlocutor es un inspector y el hablante le pregunta «¿Cree el inspector que el inspector llegará a tiempo?» en una lengua en la que, además, hay que expresar el sujeto siempre, necesariamente, llega un momento en que se entorpece la comprensión. De modo que se eliminó, sencillamente, y, salvo a los reyes de Suecia, se tutea a todo el mundo.

–¿Cómo vivió usted los cambios de la serie Wallander, desde la aparición de Linda Wallender hasta la despedida del inspector?
–Pues en lo profesional fue un poco caótico, porque en España no se publicaron los libros por orden cronológico y a veces se remitía a sucesos, a personajes que habían fallecido incluso. Pero al final, cuando has traducido tanto a Mankell y en concreto a Wallander, a veces todas las novelas se funden en una, es un continuum de peripecias del personaje y la mente las ordena según una sucesión armónica. Pero en lo personal fue curioso, porque llega un momento en que te sientes amiga del personaje, te sientes cercana; sus reacciones a veces te irritan, te sorprendes reaccionando precisamente a sus salidas de tono, a su desidia, a su pereza, a su tozudez. Aunque en realidad no eres muy consciente de este hecho hasta que, de repente, te dicen que ya no hay más, que se acabó Wallander. ¿Cómo que se acabó Wallander? Y no te lo puedes creer, porque para ti es un ser tan vivo, tiene tanto peso específico, es tan humano, demasiado humano, es un personaje con el que el lector puede dialogar, un socialdemócrata recalcitrante, un policía que se asusta, que agarra temeroso la pistola, ¿no? Claro que sentí pena cuando me dieron la noticia: "Bueno, ya no hay más Wallander". Y después, cuando llegó El hombre inquieto , me sorprendí... pues casi dando un salto de alegría; dije "¡Hombre!, Wallander otra vez". Claro, me alegró reencontrarme con él. Y fue verdaderamente un reencuentro muy entrañable, como reencontrar a un amigo al que creía perdido. Y sinceramente, me entristeció mucho la despedida de Wallander. Pero Mankell es siempre fiel a sí mismo y es muy consecuente, y ahí también lo fue, claro.

–¿Qué ha significado para usted, y también en lo personal y en lo profesional, traducir a Mankell?
–Pues en lo profesional, yo casi diría que ha significado todo. El mundo de la traducción literaria es un tanto escabroso y proceloso y cuesta mucho entrar y cuesta mucho entrar bien. Mankell y Tusquets me abrieron la puerta al mundo de la traducción literaria, pero la puerta grande. Y en lo personal... Bueno, lo que siempre aporta el conocimiento de un autor, o el contacto, aunque no sea tan profundo como en mi caso con Mankell, pero el contacto con un autor que tiene tanto que decir o tanto que cuestionarse sobre la verdad. Cuando uno lee, o por lo menos yo, cuando leo, busco verdades, busco respuestas y también preguntas, me busco a mí misma –supongo que le ocurre a muchos lectores– en las similitudes y en las diferencias, y yo creo que Mankell lo consigue. Mankell consigue sugerir, siempre con la mayor humildad, las preguntas adecuadas para acercarse al conocimiento. De modo que en lo personal creo que he crecido mucho también con él y con Wallander.