Mostrando entradas con la etiqueta La enseñanza de la lengua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La enseñanza de la lengua. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de noviembre de 2024

Che, parece que los españoles nos van a observar desde México

Nova Ciencia
es una publicación mensual sobre universidad, ciencia y empresa que se edita en España,
 en dos versiones: papel y digital. El siguiente artículo publicado el pasado 11 de noviembre, sin firma, trata sobre la creación, en México, de un Observatorio del Español, cuyos intereses abarcan toda Hispanoamérica. Se sugiere entonces la lectura con una ceja levantada.

El Cervantes creará en México, el primer país en hispanohablantes del planeta, un
Observatorio del Español para Hispanoamérica

El Instituto Cervantes y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) firmarán en diciembre un convenio en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) para la creación de un Observatorio del Español en México que abarcará a toda Hispanoamérica.

El director del Cervantes, Luis García Montero, ha avanzado este proyecto durante la presentación institucional del Observatorio Global del Español (OGE), el cual será el «coordinador» de una red que ya cuenta con el Observatorio de la Lengua Española y Culturas Hispánicas en Harvard y el de la difusión del español en Japón, que verá la luz próximamente.

Además, la institución continúa trabajando también para la puesta en marcha del Observatorio del Español en África, en Guinea Ecuatorial.

«Los vínculos de la cultura española y mexicana son muy sólidos, ahora más que nunca y al margen de cualquier coyuntura caprichosa», ha remarcado García Montero, quien además ha incidido en la importancia de crear una red de observatorios para «dar un paso largo y colectivo» en la situación del español en el mundo.

Este ha sido uno de los puntos abordados durante la reunión del pleno del Consejo del Observatorio Global del Español, que ha contado con la presencia de Luis García Montero, además de José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y Gonzalo Capellán de Miguel, presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja, además del resto de representantes de las instituciones que forman parte de este centro.

Además de la función coordinadora del Observatorio, en el pleno se ha avanzado la publicación de nuevos análisis de la situación del español en Marruecos y Brasil (donde no existen estudios actualizados desde 2014) y la importancia de prestar especial atención a Estados Unidos, donde la enseñanza de lenguas extranjeras está «decreciendo de manera alarmante», entre otros asuntos.

Dentro del plan de actuación trienal del OGE, se contempla que este centro consolide sus fines estratégicos y priorice la colaboración con la red mundial del Instituto Cervantes, la Dirección General del Español en el Mundo, la RAE y ASALE. Además, continuará con los estudios de demolingüística del español en Europa y, en cuanto a la Inteligencia Artificial, se creará un corpus de las industrias del español. También se celebrará el próximo año un Congreso de Lengua y Pensamiento, así como se buscará una colaboración más estrecha con los diversos centros de investigación sobre el español en el mundo.

«El Cervantes no solo ha puesto esfuerzo en este Observatorio, sino también mucha ilusión y es una fecha para recordar», ha explicado el director de la institución, resaltando asimismo la «cooperación institucional» que ha habido en este proyecto, algo «poco frecuente y que no es costumbre, pero aquí ha funcionado».

García Montero ha destacado algunos de los fines de este Observatorio, dirigido por Francisco Moreno y que cuenta con una sede institucional en La Rioja y otra operativa en la sede del Cervantes en Alcalá de Henares, como por ejemplo el análisis del español en el mundo, el fomento del conocimiento y prestigio de la lengua, el refuerzo de la entidad hispanohablante, asi como la dimensión económica de la lengua.

«Unidad» entre distintas instituciones
José Manuel Albares ha remarcado también la importancia de la actuación conjunta para la creación del OGE. «El que aquí participen distintas instituciones y niveles del Estado demuestra que, cuando actuamos unidos, conseguimos cosas muy bellas», ha apuntado el ministro, quien también ha defendido la importancia del español.

«La lengua y la cultura española son un instrumento fundamental para nuestra proyección en el mundo y cómo nos perciben los demás países. Es importante que las palabras se oigan en español con fuerza en todos los países, plataformas e instrumentos: entre todos tenemos que cuidar ese patrimonio», ha indicado Albares.

El presidente de La Rioja, Gonzalo Capellán, ha avanzado que su comunidad autónoma «seguirá apostando por el interés de este proyecto» en el que las administraciones han sabido «desde el primer momento aunar esfuerzos y trabajar por el valor» de la lengua, «un valioso tesoro, vivo, dinámico y con el que existe la obligación de seguir estudiando y analizando»

jueves, 16 de diciembre de 2021

Sobre las particularidades lingüísticas chilenas

El pasado 30 de noviembre, en El Mundo, de España, Luis Alemany publicó el siguiente artículo. En su bajada se lee: “Los conflictos de clase, generacionales y políticos, el aislamiento geográfico, el activismo feminista y LGTBI y hasta la música urbana cambian la lengua del país andino a una velocidad nunca vista”.

El español de Chile: la gran olla a presión del idioma

Las redes sociales, los intercambios académicos transatlánticos, el éxito del pop latino, La casa de papel y la serie de Luis Miguel, los tutoriales de Youtube... El mundo globalizado ha logrado que los hablantes del idioma español convivan más estrechamente que nunca, que se familiaricen con los matices de cada idioma español. Un andaluz o un catalán medianamente conectados saben hoy diferenciar el habla de un colombiano del de un venezolano y a la inversa probablemente pase igual. En medio de ese redescubrimiento, un caso llama la atención: el del español que se habla en Chile, el más difícil de clasificar, el más reconocible por su melodía, por sus modismos y por lo que tiene de disruptivo. “Muchos lingüistas concordamos en que el español de Chile y el de Honduras son los que están variando más rápido en el mundo hispano”, dice Ricardo Martínez, lingüista y profesor de la Universidad de Chile. “Llevo cinco años viviendo fuera de mi país y pienso en eso a diario, sobre todo porque mi hijo me pregunta”, añade el novelista santiaguino Alejandro Zambra.

¿Qué quiere decir “lo que tiene de disruptivo el español de Chile”? Son criterios difíciles de medir con datos objetivos pero fáciles de percibir: la velocidad con la que cambian el lenguaje oral y escrito, el léxico y también la morfología y la fonética, la manera en que los códigos sociolingüísticos caen y son sustituidos por otras claves, la relación cada vez más laxa que los hablantes tienen con la norma... “No existe ningún estudio que mida eso. Por ahora es solo una intuición, una impresión que podría no ir mal encaminada si se tiene en cuenta que la velocidad de los cambios lingüísticos se relaciona con los tipos de estructuración social”, explica Darío Rojas, profesor en la Universidad de Chile y miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

Algunos ejemplos: “Para mí, la gran novedad es que los nacidos de mediados de los 70 en adelante han empezado a usar el espectro coloquial dentro del espectro formal. Se da en la política, se da en la vida académica... Ojo, es la población formada, la que pasa por la universidad, la que ha llevado la coloquialidad a la formalidad”, cuenta Soledad Chávez Fajardo, profesora de la Universidad de Chile, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua. “Hay muchísima informalidad en el lenguaje actual”.

“Un ejemplo concreto muy interesante es la modificación de la pronunciación”, añade Ricardo Martínez. “Hay rasgos como la forma de pronunciar la ch, que estaba muy estratificada por grupos sociales. El habla de prestigio pronunciaba Chile; el habla de las clases bajas decía Shile. Esa diferencia se ha aplanado porque los grupos sociales han empezado a interactuar mucho más de lo que hacían antes, sobre todo en la educación superior. Ya no hay tanto aislamiento y, por eso, el habla es más homogéneo, al margen de que haya grupos radicalizados en su búsqueda de la identidad. El español chileno estaba dividido por estratos sociales más que por territorios; era muy fácil identificar de qué clase venía otra persona por su habla. Ahora no lo es tanto”.

¿Y lo de la morfología? El uso del sufijo -e como marca del género neutro se dio a conocer al mundo hispano en las protestas de Santiago de Chile de 2019. Ese año, los carteles, los discursos y las pintadas apelaban a los chilenos, las chilenas y les chilenes. Hoy, Martínez y Fajardo coinciden en que su uso está perfectamente normalizado en las aulas. “Yo doy clase en la Universidad de Chile, que es pública, y en la Diego Portales, que es una privada más o menos asimilada a la pública. En las dos está muy presente esa -e. Si empiezo una clase en Zoom, saludo 'Hola a todos, todas y todes'. Y los alumnos, las alumnas y les alumnes responden igual”, explica Martínez.

Darío Rojas matiza esa idea: “La -e es una forma de acción política contestataria frente a la ideología dominante y al patriarcado. Si se normalizara, dejaría de ser disruptiva. No creo que lo que las activistas deseen sea alcanzar una hegemonía para le -e”. En su correo, Rojas emplea sistemática y conscientemente el género femenino (“las antropólogas”, “las jóvenes”, “las activistas”) como la forma que engloba a hombres, mujeres y personas no binarias.

En el fondo, los tres ejemplos parecen dar vueltas sobre una misma idea: la aceleración del español de Chile es el reflejo de las grietas sociales de un país que era considerado un caso de éxito económico, político y social pero que escondía desequilibrios, agravios y descontentos crónicos. ¿Cómo no relacionar los cambios del lenguaje de Chile con las protestas de 2019?

Algunos datos previos: el español de Chile siempre fue diferente, desde la época de la colonia. “En el siglo XVI, cuando empezó la koinización del idioma, el proceso estandarizador del español, llegaron a América la imprenta, las universidades y muchos españoles que venían de la corte y traían la variedad centro-norteña del idioma en España, que ha sido siempre la prestigiosa, a diferencia del habla de Andalucía predominante en la conquista. Pero llegaron a las zonas de virreinato: a México, Perú, Colombia y, más tarde, a la zona de La Plata. A Chile no porque Chile sólo era una capitanía, una zona alejada y aislada por la cordillera y el desierto”, explica Chávez Fajardo. “En dialectología, siempre se pone un mapa del español de América que diferencia la zona andina, la guaranítica, la mesoamericana, la rioplatense... Y la de Chile, como un país solitario”.

¿Significa eso que el español de Chile se parece más al español andaluz de hace 500 años que otras variantes americanas del idioma, igual que el hispano-judío remite al castellano del año 1492? “Esa es la antigua postura. Digamos, mejor, que la base del español de Chile tiene muchos elementos del español andaluz unidos a muchas otras innovaciones posteriores”, explica Chávez Fajardo. Otras particularidades: en Chile no se dio nunca la resistencia a los anglicismos que se ha dado en otros países latinoamericanos, según Ricardo Martínez, que habla de los “anglochilenismos” de las ciudades portuarias. Y, por supuesto, está la influencia de las lenguas indígenas de la zona y de los otros idiomas de la inmigración europea: alemán, croata, italiano...

Pero ni el aislamiento geográfico ni el histórico ni el contacto con el idioma mapuche explican el cambio que vive el español de Chile. “Chile es una sociedad fuertemente marcada por conflictos de clase, y eso se manifiesta en la identidad lingüística y en la ideologías lingüísticas de las hablantes de castellano chileno”, explica Darío Rojas. Su teoría es que todo lo que ha pasado en Chile estos años con el idioma empieza a ocurrir en los demás países de habla hispana en los que las clases sociales condicionan la convivencia. Y eso hace el caso chileno aún más interesante.

Hablemos de España por un segundo. ¿Alguien se ha fijado en que españoles de la clase media universitaria como C. Tangana o Íñigo Errejón hacen suyo y estetizan el viejo habla de la clase trabajadora urbana, eso que en Madrid se llamaba cheli? ¿En que ese uso tiene un matiz político e identitario, que es una manera de simbolizar su inconformismo...? ¿Les suena familiar ese uso del lenguaje a los chilenos?

“En los últimos años estamos viendo variedades muy ideologizadas del habla. Lo que ustedes llaman cheli aquí se llama flaite. Y hay muchos grupos de personas en la universidad que no pertenecen por origen a esa cultura pero que están validando su lenguaje. Creo que el reguetón y el trap también influyen en ese fenómeno y por eso creo que está pasando lo mismo en otros países de América Latina”, explica Ricardo Martínez.

“En realidad, los cambios en el discurso político empezaron por la derecha”, continúa Chávez Fajardo. “La nueva derecha que se consolidó cuando llegó la democracia tuvo líderes jóvenes, políticos de clase media alta que adoptaban un lenguaje coloquial para generar cercanía”. En esos años de reinvención, ese español chileno informal era un gesto de optimismo liberal. Luego, cuando llegó el desencanto, se volvió todo lo contrario.

“Es la esencia de cualquier protesta, también la del estallido social de 2019. La protesta siempre significa inmediatez comunicativa: hay que comunicar corto, con ira, comunicar igualándose en vez de distinguiéndose... En 2019 ocurrió algo más: afloró el español de Chile. Los hablantes suelen tener una visión negativa de su habla, piensan que hablan mal, por más que en la Academia les intentemos persuadir de que no es así. No sólo ocurre en Chile”, dice Fajardo. “En 2019 hubo un cambio: palabras que pasaban por incorrectas y no ejemplares entraron en la discusión pública”.

Entonces, ¿queda espacio para el lenguaje normativo en Chile? “Pese a todo, pese al vértigo de las transformaciones sociales, ideológicas, valóricas, y la identidad de las personas, Chile sigue siendo un país muy institucionalizado, muy dirigido desde el Derecho. La Justicia, los medios tradicionales y el Gobierno, mantienen la norma llamada culta. No es lo mismo que ocurre en la universidad”, termina González.

Sólo nos queda hablar de la literatura. Así, de memoria: los libros de Jorge Edwards y José Donoso no sonaban muy chilenos, ¿verdad? ”No, pero porque el Boom adoptó un lenguaje casi neutro, un latinoaméricano sin marca. Fuentes y Vargas Llosa usaban ese mismo lenguaje. García Márquez fue la excepción”, explica Ricardo Martínez. 50 años después, los lectores no chilenos de Sudor, de Alberto Fuguet, tenían que armarse de paciencia para aprender decenas de formas del argot santiaguino. “A veces puede ser un agobio vivir en Chile (en estos días inciertos y angustiosos, donde se asoman las fauces de lo que el poeta Enrique Lihn tildó como “el horroroso Chile”), pero hablar en Chile siempre fascina, incluso tenemos una palabra propia para generar enredos en una conversación: el cahuín, y un verbo, cahuinear, para el chisme. A veces da risa. No es casual que digan que es un país de poetas. Todos, en rigor, usan el lenguaje a su manera. Oral, por escrito, y ahora de manera digital. Más que una suma de dialectos, Chile posee jergas sociales-etarias que lo hacen muy vivo. Usar el chileno te permite ser libre en un país que, en ocasiones, se torna autoritario”, responde Fuguet en unas líneas escritas para explicar a EL MUNDO su visión del hiperchileno.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

De cómo la estupidez parece que enseña, pero no

En de la revista mexicana Letras Libres, correspondiente a diciembre de 2021, Jane C. Hu (foto), periodista científica que trabaja en Seattle, publicó el siguiente artículo en cuya bajada se lee: “Las frases absurdas que Duolingo utiliza son un fenómeno en Internet. Pero más allá de su gracia, tienen utilidad en la enseñanza de idiomas”.

¿Por qué las oraciones raras te ayudan a aprender idiomas?

En noviembre de 2020, la humedad del otoño se había instalado en Seattle. Con la pandemia en su pico más alto y las reuniones al aire libre que resultaban menos atractivas, mi vida social cayó en picada. Para llenar mis tardes, decidí dedicarme a esas cosas que siempre dije que haría si tuviera más tiempo, como practicar chino. Aunque crecí hablando mandarín, nunca había dominado la lectura o la escritura de caracteres, así que abrí mi cuenta de Duolingo, que llevaba mucho tiempo olvidada, y me comprometí a tomar al menos una lección al día.

 Ya sea que domines un idioma o seas un completo principiante, Duolingo no te enseña el lenguaje de la misma forma a como lo aprendiste en la escuela, con listas de vocabulario y conjugaciones verbales. En lugar de eso, te hace entrar de lleno y empezar a relacionar palabras con sus significados o traducir frases. Mis lecciones empezaron de forma sencilla, con nuevo vocabulario y frases para practicar la gramática. De vez en cuando había alguna que me hacía reír, como “Es guapo pero no es buena persona” o “Hay demasiada gente aquí”. Otras, en el contexto de la pandemia, me resultaron inesperadamente conmovedoras: “Este año no puedo celebrar el Año Nuevo chino con mi familia” y la simple pero aterradora pregunta: “¿Eres feliz?”. Pronto mis lecciones se desviaron hacia lo absurdo. Podía imaginarme escenarios muy concretos en los que necesitaría saber decir “Se bebió tres botellas de Baijiu y ahora está durmiendo” o “Tengo 1,500 fotos de gatos en mi teléfono”, pero no parecían el tipo de frases que necesitaría saber escribir.

 Una rápida búsqueda en Google me mostró que yo no era la única que sentía curiosidad por estas extrañas frases. Ningún fenómeno de Internet está completo si no hay cuentas de Tumblr y Twitter dedicadas a documentarlo. Los usuarios compartían frases sin sentido como “La novia es una mujer y el novio un erizo” o “El hombre come helado con mostaza“. Había otras llenas de angustia existencial, como “Estoy comiendo pan y llorando en el suelo” y “Hoy miraré a lo lejos y también lloraré”, ambas  nominadas por los usuarios de Duolingo como “las frases de 2020″. Era claro que esas frases tontas eran una especie de estrategia, pero ¿exactamente qué intenta Duolingo conseguir con ellas?

Para averiguarlo, fui directamente a la fuente. Cindy Blanco, científica del aprendizaje en Duolingo, me explicó que el contenido de la empresa es generado por equipos de idiomas específicos, cada uno de los cuales tiene sus propias peculiaridades. Las lecciones de noruego y sueco, por ejemplo, suelen incluir referencias a la música grunge de los 90. A algunos equipos siempre les ha gustado agregar frases raras o divertidas, y con el paso del tiempo los creadores de los cursos tomaron la decisión explícita de incluirlas, bajo la teoría de que las frases raras tienen el potencial de impulsar el aprendizaje. Pregunté cómo funciona eso, y Blanco me explicó que la gente suele aprender mejor cuando hay diferencia entre lo que espera y lo que realmente encuentra. “Cuando hay un conflicto entre las expectativas y la realidad, se desencadenan respuestas en el cerebro”, dijo Blanco. “Te obliga a prestar más atención a lo que estás viendo”. Por ejemplo, cuando ves una frase como “La novia es una mujer y el novio es un…”, es probable que tu cerebro la rellene con la palabra “hombre”, por lo que la palabra “erizo” que utiliza Duolingo resulta una sorpresa. Y así, voilà, te has visto obligada a prestar más atención.

 Sam Dalsimer, jefe global de comunicaciones de Duolingo, me dijo que este enfoque en parte se basa en la investigación de un equipo de psicólogos de la Universidad de Gante en Bélgica, publicado en PLOS en 2018. De modo que me puse en contacto con los autores del artículo. Tom Verguts, un profesor de psicología que dirige el laboratorio donde se llevó a cabo la investigación, me dijo que nunca había oído hablar de Duolingo y que no estaba al tanto de que los investigadores de allí estuvieran familiarizados con su trabajo. Sin embargo, pareció satisfecho de que su investigación hubiera servido de algo, y estuvo de acuerdo en que la “extrapolación” que Blanco y su equipo asumían podía ser válida.

El artículo de Verguts estudió lo que los investigadores llaman “errores de predicción de recompensa”, es decir, el concepto de que el aprendizaje se produce cuando te encuentras con un resultado inesperado. (Una vez más, piensa en erizo en lugar de novio). Hay muchas evidencias de que la sorpresa ayuda a las ratas o a los primates a aprender de forma pasiva cosas como obtener una golosina, pero Verguts y sus colegas querían ver si los errores de predicción de recompensa podían mejorar la capacidad de los humanos para aprender algo de manera intencional, como nuevo vocabulario. Para ello, los investigadores le enseñaron vocabulario en suajili a un grupo de hablantes de neerlandés, con un método que los usuarios de Duolingo podrían reconocer: un programa informático mostraba una palabra en neerlandés y luego proporcionaba una, dos o cuatro palabras en suajili para que el usuario las seleccionara como traducción correcta. Como estos hablantes de neerlandés no sabían suajili, cada selección era esencialmente una suposición, y después de cada suposición el participante recibía retroalimentación sobre si había adivinado correctamente. Una vez que los participantes habían pasado por el programa, se les evaluaba para ver si recordaban las palabras correctas.

Resultó que las personas a las que se les habían dado cuatro opciones obtuvieron mejores resultados en la prueba final. Verguts llegó a la conclusión de que esto se debía a que cuando esas personas adivinaban la respuesta correcta entre cuatro opciones, se sorprendían más que las que elegían entre dos opciones. (Los participantes que tenían nada más una opción no se sorprendían en lo absoluto.) “Solo se puede aprender haciendo una predicción”, dice Verguts, y cuando se dan cuatro opciones, es más inesperado elegir la correcta. Ese resultado inesperado –es decir, un error de predicción de recompensa– es más sorprendente, y podría servir como un tipo de recompensa que impulsa un mayor aprendizaje.

Las frases tontas o divertidas son igual de inesperadas, y podrían desempeñar un papel similar en el aprendizaje de idiomas. “Mi interpretación es que el humor es un tipo de ‘error de predicción’”, dice Verguts. Las frases predecibles –por ejemplo, “La novia era una mujer y el novio era un hombre”– son habituales y poco llamativas. Las oraciones erráticas (lo que los lingüistas llamarían “oraciones semánticamente impredecibles”) suelen ser simplemente absurdas, como “La mesa atravesó la verdad azul”. Pero hay algo en medio, que es donde reside el humor, especula Vergut. “La novia es una mujer y el novio es un erizo” es un ejemplo perfecto de ese punto medio entre lo rutinario y lo disparatado.

Vergut no sabe de ningún estudio que analice directamente si el juego o el humor pueden impulsar el aprendizaje. La bibliografía que encontré eran informes –no estudios– de profesores de idiomas que trabajan en un aula, no en una aplicación. Le pregunté a Nicole Holliday, profesora asociada de lingüística en la Universidad de Pensilvania y presentadora del podcast de lingüística Spectacular Vernacular,de Slate, por qué los investigadores no han profundizado en la relación entre el aprendizaje y el humor. ¿Una razón? “Las cosas chistosas no son chistosas para todos”, comenta. Yo puedo reír a carcajadas si me encuentro la frase “Vendo refrigeradores, ¿entiendes?” en una clase, pero otros pueden no estar de acuerdo. Es muy difícil cuantificar el humor, y aun más difícil sería descifrar el papel que nuestra apreciación subjetiva del humor tiene en el aprendizaje, además de los muchos otros factores que intervienen en el aprendizaje de idiomas. “Los adultos no son pizarras en blanco”, dice Holliday. “Hay mucha variación en la capacidad natural de adquirir el lenguaje y en la motivación de las personas”.

Pese a la falta de estudios puntuales al respecto, Holliday afirma que el humor podría impulsar el aprendizaje simplemente porque aumenta la motivación de las personas para aprender. Es muy sencillo: si ves algo divertido en Duolingo, es más probable que disfrutes de la experiencia y que vuelvas a utilizar la aplicación. También es posible que vuelvas a una frase especialmente interesante más tarde; por ejemplo, Holliday dice que hace capturas de pantalla de frases divertidas o cuenta historias interesantes sobre los personajes de la aplicación. Eso refuerza su aprendizaje y hace que quiera seguir con sus lecciones. Esto es especialmente importante para una aplicación como Duolingo, que compite con la gran cantidad de otras aplicaciones adictivas de tu teléfono. “Nuestros usuarios pueden abrir TikTok”, dice Dalsimer. (Por cierto, si aún no has visto los videos y comentarios casi desquiciados de Duolingo en TikTok, vale la pena verlos).

Holliday también señala que las frases extrañas forman parte del aprendizaje del lenguaje. La belleza de los idiomas es su infinita capacidad para transmitir cualquier cosa que podamos experimentar o imaginar. La gente acaba utilizando combinaciones novedosas de palabras todo el tiempo; yo guardo una lista de frases en inglés con las que me encuentro y que sospecho que nunca antes se habían pronunciado en la historia del idioma. (Mis dos favoritas del último año son “Hot Pockets heiress” y “regime-occupied Safeway“). Y seamos realistas: dado el estado del planeta, podría valer la pena saber decir “estoy comiendo pan y llorando en el suelo” en varios idiomas.


Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de SlateNew America, y Arizona State University.

 

martes, 7 de septiembre de 2021

¡Ojo al piojo con las palabras tritónicas!


El polígrafo y traductor Alberto Miyara, de larga trayectoria en el campo de las letras y la educación, publicó el siguiente artículo, el pasado 5 de septiembre, en el diario La Capital de la ciudad de Rosario, Argentina. Se ocupa de una particularidad del castellano que, seguramente, hará las delicias de los traductores procedentes de otras lenguas.

Palabras tritónicas: el acento en el acento

Para los castellanohablantes la existencia del acento tónico, oral o prosódico es algo natural y hasta innegociable. No concebimos un sustantivo, adjetivo o forma verbal sin su correspondiente acento, y cuando por algún motivo este está mal colocado (por ejemplo, cuando un cantante fuerza un acento donde no corresponde por necesidades de la melodía) se nos genera una confusión mayúscula. También tenemos clara la característica fundamental de una sílaba tónica o acentuada, a saber que la emitimos con una mayor intensidad de voz, aunque existen otros atributos que las distinguen de las sílabas átonas, débiles o no acentuadas (como una mayor duración de la vocal, o un timbre de voz ligeramente más agudo) de los cuales no siempre somos tan conscientes.

Así las cosas, nos puede resultar sorprendente enterarnos de que muchas y muy importantes lenguas del mundo prescinden del acento tónico. Es el caso, por ejemplo, del francés. Aunque estamos acostumbrados a pensar que en la lengua gala las palabras se acentúan en la última sílaba, esto no es exactamente así: en francés, lo que se enfatiza es la sílaba final de toda la frase. En una construcción como deux garçons intelligents, lo único que se pronuncia con mayor intensidad es la sílaba -gents, con lo cual puede afirmarse que ninguno de los demás vocablos de la frase contiene realmente un acento.

Dentro de los idiomas en que sí existe el acento tónico, no todos lo utilizan como recurso para distinguir significados, dado que en algunos está situado en una posición fija dentro de la palabra; así, en húngaro, checo o finés el acento cae siempre en la primera sílaba, mientras que en polaco se lo coloca invariablemente en la penúltima. Pero aun dentro de los idiomas que admiten la libre ubicación del acento, su uso como recurso léxico (es decir, para distinguir sentidos o funciones gramaticales) suele ser limitado. Por ejemplo, en inglés la palabra import significa “importación” cuando el acento cae en la primera sílaba, e “importar” cuando cae en la segunda, mientras que en italiano ancora significa “ancla” como vocablo esdrújulo, y “aún” como voz grave; pero el hecho de que estos pares de términos no sean distinguidos en la lengua escrita sugiere que en dichos idiomas la posibilidad de confusión a partir de las diferentes acentuaciones es mínima, por lo cual no vale la pena establecer un sistema inequívoco de señalización gráfica de la sílaba tónica.

De los idiomas europeos que utilizan el alfabeto latino y conocen un uso amplio como lenguas de cultura, solamente tres disponen de métodos precisos para indicar el acento en una palabra: el catalán, el portugués y el castellano. En los dos primeros existen ciertamente pares de palabras que hacen imprescindible el acento gráfico para distiguirlas, como parles “hablas” y parlés “hablase” en catalán, o bien olhara “había mirado” y olhará “mirará” en la lengua lusa.

Pero en castellano se verifica una necesidad aún más extrema del acento gráfico, debido a la existencia de una categoría de palabras que ha recibido una creciente atención por parte de los estudiosos del idioma, al punto de que se ha creado un neologismo para designarla.

Se conoce como palabras tritónicas a aquellas que, dada una misma configuración de letras y sonidos, admiten tres posibles acentuaciones, lo que da origen a otros tantos vocablos diferentes: uno agudo, uno grave y uno esdrújulo. Es el caso, por ejemplo, de la serie término/ termino/ terminó.

La categoría más extensa de palabras tritónicas está integrada por tríos en que la palabra esdrújula es un sustantivo o adjetivo (como círculo), la palabra grave es la primera persona singular del presente del indicativo de un verbo (en este caso, circulo) y la palabra aguda es la tercera persona singular del pretérito simple del mismo verbo (en nuestro ejemplo, circuló). En general, el significado de las tres palabras está estrechamente relacionado (como en depósito/ deposito/ depositó). En otros casos, se trata de términos etimológicamente emparentados, pero cuyos significados son bastante divergentes, como en la terna líquido/ liquido/ liquidó. Solamente en unos pocos casos el sustantivo o adjetivo carece de cualquier vinculación etimológica con las formas verbales, y la coincidencia de letras y sonidos es puramente fortuita: ápodo/ apodo/ apodó. Otros ejemplos de esta primera categoría: cómputo/ computo/ computó, júbilo/ jubilo/ jubiló, náufrago/ naufrago/ naufragó, artículo/ articulo/ articuló.

Una segunda categoría abarca series en que las formas verbales involucradas son la primera persona singular del presente del subjuntivo y la primera persona singular del pretérito simple del indicativo: límite/ limite/ limité. También en este grupo hay algún caso en que el parentesco gráfico y fonético se debe estrictamente al azar: álabe/ alabe/ alabé. Otros ejemplos de este grupo: célebre/ celebre/ celebré, intérprete/ interprete/ interpreté, partícipe/ participe/ participé.

La tercera categoría de palabras tritónicas comprende ternas que, estas sí, están en todos los casos vinculadas por la casualidad. En ellas, las dos formas verbales implicadas son la primera persona singular del pretérito imperfecto del subjuntivo y la tercera persona singular del futuro del indicativo: pícara/ picara/ picará. En esta categoría también se puede formar un conjunto tritónico con el plural de la palabra esdrújula; en este caso, las formas verbales que la acompañan en la tríada corresponderán a la segunda persona: pícaras/ picaras/ picarás. Otros ejemplos de este grupo: cítara/ citara/ citará, cáscara/ cascara/ cascará, máscara/ mascara/ mascará.

Finalmente, un pequeño grupo de palabras tritónicas incluye formas verbales con pronombres enclíticos que, una vez más debido a los caprichos de la morfología, constituyen un conjunto tritónico con otras dos formas verbales como las de las categorías anteriores. Tenemos así casos como ínstalo (“ínstalo a que cumpla con su deber”) /instalo/ instaló, o apúntale/ apuntale/ apuntalé. Se puede incluir aquí algún caso en que la forma con pronombre enclítico es inusitada, pero técnicamente posible, como en ámase (“en el cielo ámase al justo y recházase al injusto”)/ amase/ amasé; o en que alguno de los verbos involucrados pertenece a un registro culto o literario de la lengua, como en ábrase (“ábrase la camisa”) /abrase (“consuma en llamas”) /abrasé.

Si se incluyen las conjugaciones voseantes propias de la Argentina y otros países de Latinoamérica, se puede añadir todavía otra categoría, en que las ternas están compuestas por sustantivo o adjetivo, tercera persona del presente de indicativo y segunda persona singular del imperativo: pátina/ patina/ patiná, o médica/ medica/ medicá.

Esta flexibilidad en las acentuaciones es probablemente única entre los idiomas del mundo. El castellano, mucho más que otras lenguas, asigna un rol fundamental a la posición de la sílaba tónica a la hora de diferenciar significados. La presencia de un nutrido repertorio de palabras tritónicas es quizá el mejor testimonio de este acento que el idioma pone en, precisamente, el acento.

lunes, 24 de mayo de 2021

Enseñar entre lenguas: academia y literaturas extranjeras

Magdalena Cámpora
nos hace llegar  el anunció del ciclo “Enseñar entre lenguas: academia y literaturas extranjeras”. Se trata de tres encuentros (uno en mayo, uno en junio y otro en julio) en los que distintos especialistas van a debatir sobre la cuestión. Éste es el programa:

Viernes 28 de mayo, 18hs: 
La institucionalización de la literatura comparada en la Argentina: historia y actualidad”.
Con Diego Bentivegna, Lila Esteves, Lucía Puppo y Graciela Wamba. 
Coordina: Magdalena Cámpora

Viernes 25 de junio, 18hs: 
“Enseñar literaturas extranjeras desde la Argentina: preguntas, ventajas, problemas”. 
Con María Calviño, David Fiel, Cristian Molina y Miguel Vedda. 
Coordina: Magdalena Cámpora

Viernes 30 de julio, 18hs: 
“Institucionalización y dinámicas de una disciplina: perspectivas del latinoamericanismo en Estados Unidos”.
Con  Fernando De Giovanni, Rosario Hubert y Mariano Siskind. 
Coordina: Juan Torbidoni

Organizan el Centro de Estudios de Literatura Comparada Maiorana (CELC Maiorana) y la Facultad de Filosfía y Letras de la U.C.A. 

Actividad abierta. 

Por favor, escribir a centromaiorana@uca.edu.ar para obtener el link del encuentro por zoom.

viernes, 29 de junio de 2018

Acerca del posible cierre de los traductorados de idiomas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires


Continuando con las Columnas del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, hoy es el turno de la traductora argentina Julia Benseñor, quien escribe a propósito del posible cierre de los 29 institutos terciarios no universitarios, entre los que se cuentan los institutos Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y el Lenguas Vivas “Sofía de Spangenberg”, donde están los traductorados literarios y técnico-científicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A., por sus siglas).

¿Qué pasará con los traductorados de idiomas?

Como muchos de los lectores de este blog no viven en la ciudad de Buenos Aires y, de hecho, un alto porcentaje de ellos vive en otros países, quiero hacer una breve referencia a lo que viene sucediendo en el ámbito de la ciudad para luego abrir el espacio de este blog a quienes quieran escribir sobre el tema.

En diciembre del año pasado, el ministerio de educación de la ciudad de Buenos Aires presentó ante la legislatura un proyecto para crear una universidad que reemplace los 29 institutos terciarios no universitarios dedicados a la formación docente que existen actualmente en el ámbito de CABA. Abarca a las Escuelas Normales Superiores, las Escuelas Superiores de Educación Artística, los Institutos de Educación Superior de Formación Docente y la Escuela de Maestros.

Y con este proyecto, bautizado UniCABA, se desató un conflicto que por ahora no tiene miras de resolverse.

Para poner en autos sobre todo a los extranjeros que leen el blog, quisiera explicar por qué a los traductores literarios nos interesa un asunto que, en principio, parecería privativo de pedagogos, profesores y estudiantes de profesorados de los niveles primario y secundario. El tema nos afecta primero porque la educación nos interesa siempre. Segundo, y ya de manera mucho más específica, porque entre estos institutos que enseñan todas las disciplinas docentes, y que serían reemplazados por la UniCABA, se encuentran los especializados en idiomas, como el Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y el Lenguas Vivas “Sofía de Spangenberg”. Y tercero, ya metidos de lleno en nuestro campo, porque en estos dos institutos no sólo funcionan los profesorados de idiomas extranjeros, sino precisamente los traductorados literarios y técnico-científicos, carreras que en la ciudad y en el ámbito de la educación de gestión pública no existen a nivel universitario.

Volvamos al proyecto. El oficialismo porteño argumenta que se registra una caída en la matrícula de alumnos en los profesorados, que los resultados de las evaluaciones de los alumnos de nivel primario y secundario son cada vez más pobres y que existe la necesidad de jerarquizar la formación docente dándole nivel universitario, en parte para hacer más atractivas las carrerasy aumentar la matrícula de alumnos.

Ahora bien, las autoridades, los docentes y los alumnos de todos los institutos vienen rechazando este proyecto y así lo manifiestan en las calles y en todas las oportunidades que tienen para visibilizarlo. Siendo un proyecto que cambiará radicalmente la organización existente, los directivos de los institutos no fueron consultados y se enteraron, como el público general, a través de los medios, en vez de que el proyecto fuese el resultado de una construcción basada en el diálogo, la experiencia y los conocimientos técnicos de quienes vienen realizando esta tarea. Quisiera destacar que hay institutos que llevan más de cien años formando docentes y, sin embargo, fueron excluidos del debate antes de que se presentara el proyecto. Además, dada la escasa información que acompaña el proyecto, la comunidad educativa está inmersa en la incertidumbre.

Actualmente, el proyecto se está debatiendo en la Comisión de Educación de la Legislatura, donde distintos actores exponen sus posiciones a favor y en contra del proyecto.

En lo personal, una de mis principales preocupaciones es saber qué pasará con los traductorados de idiomas que funcionan dentro de estos institutos pero que, por no estar dedicados a la formación de profesores, parecen haber caído en una suerte de limbo.

Sin duda, esta es una síntesis más que breve para la envergadura de lo que está en juego, pero la idea era dar por inaugurado el partido e invitar a los jugadores que tienen mejor manejo de esta pelota a salir a la cancha.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Sacrebleu! Estas cosas con De Gaulle no pasaban

El 19 de noviembre pasado, Guillermo Piro publicó en el diario Perfil la siguiente columna a propósito de la concordancia de sustantivos y adjetivos, que hará las delicias de todos y todas, o de todas y todos, lo que no es lo mismo, pero es igual.

Manteles y sillas blancas

Desde hace semanas se está discutiendo en Francia sobre la “escritura inclusiva” y una regla gramatical que muchas personas proponen superar y otras defienden. La regla, válida también en español, está resumida en la frase le masculin l’emporte sur le féminin, es decir, “el masculino prevalece sobre el femenino”. En nuestra lengua, la gramática también prevé que cuando en una frase un adjetivo se aplica a dos o más sustantivos se deben seguir dos reglas: si los sustantivos son todos masculinos o todos femeninos, el adjetivo mantiene el mismo género y se declina al plural, y si los sustantivos son de distinto género, el adjetivo se declina al masculino plural.

La edición francesa de Slate publicó un divertido artículo de Titiou Lecoq en el que cuenta que cuando cursaba la escuela primaria y le fue explicada la regla de la prevalencia del masculino, todas las niñas protestaron, mientras que los niños aplaudían: “Habían entendido perfectamente lo que estaba en juego y que la ilustración del libro decía claramente. Las chicas habíamos perdido”. La ilustración a la que se refiere Lecoq era, efectivamente, elocuente: un niño tirando de la soga con la sola ayuda de un perrito vencía a tres niñas que tiraban del extremo opuesto. El maestro trató de calmarlos diciendo que se trataba de una mera regla gramatical, pero los chicos comenzaron a canturrear algo así como “nosotros somos más fuertes”. “Pero nosotras –sigue Lecoq– veíamos que la regla nos estaba diciendo otra cosa: que los chicos habían ganado. Y los chicos habían entendido exactamente lo mismo”.

Se trata de una regla que no siempre existió en la lengua francesa. Hasta el siglo XVII prevalecía la concordancia por proximidad: el adjetivo asume el género del sustantivo más cercano. Fue después que se la reemplazó por la regla de la superioridad del masculino.

Algunos días atrás, más de trescientos docentes apoyados por un centenar de intelectuales firmaron un manifiesto en el que declaran que de ahora en adelante enseñarán ignorando la regla de la prevalencia del masculino. Los motivos son tres: 1) la regla de prevalencia es reciente en la historia de la lengua y no tiene utilidad alguna; 2) el objetivo de los promotores de la regla de prevalencia no era lingüístico sino político: la nueva fórmula fue usada para afirmar el orden de los valores que debían fundar la República francesa, un orden que “les negó a las mujeres los derechos políticos hasta 1944”; 3) la repetición de esta fórmula a niños y niñas induce a que ambos realicen representaciones mentales que llevan a aceptar el dominio de un sexo sobre otro.

La Academia Francesa –fundada en 1635 por el cardenal Richelieu, que dicta las reglas sobre cuestiones lingüísticas y que admitió por primera vez a una mujer entre sus miembros en 1980– reaccionó enfáticamente con una declaración firmada unánimemente por sus cuarenta miembros: la propuesta inclusiva de la lengua francesa es una “aberración” y pone “en peligro de muerte a la lengua francesa”.

Muchas personas hacen notar que la regla de proximidad es mucho más simple, más lógica y más fácil de enseñar. La ventaja de esta regla es además que quien la entiende como un duro golpe a la identidad nacional siempre podrá escribir, en vez de “los manteles y las sillas son blancas”, “las sillas y los manteles son blancos”.

Nota bene: esta columna fue escrita según las reglas de la escritura inclusiva. Si nadie se dio cuenta, tanto mejor. Significa que es posible no excluir a nadie sin provocar por eso un desbaratamiento lingüístico que ponga en peligro de muerte a la lengua española.

martes, 11 de octubre de 2016

Da náuseas: tanto el pelotudo que se le ocurrió como el idiota que aprobó el cartel muy probablemente ganan más que cualquier traductor

El  pasado 7 de octubre, Patricia Kolesnicov publicó la siguiente columna en Ñ, en la que se refiere a una serie de avisos que los genios del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, colgaron en toda la ciudad, siguiendo con su costumbre de tutear a los ciudadanos y, ahora, empezando a hablar en lunfardo. En síntesis, una nueva grosería

Gracias, yo a morfar no voy

El profesor era polaco, traía un castellano de escuela y biblioteca, trabajaba en una multinacional cerca del Obelisco y lo contaba así: “Yo escuchaba ‘pendejo’ de aquí, ‘pendejo’ de allá. No entendía hasta que pregunté y me tradujeron: quería decir ‘chicos’. Perfecto, perfecto. Feliz con mi nueva palabra entre los dientes bajé con mis dos secretarias en el ascensor. Me despedí de ellas en voz alta en el hall de la corporación: ‘¡Chau, pendejas!’”.

Los alumnos, todos hispanoparlantes, nos reímos. No estaba mal, pero estaba mal. Porque no alcanza el diccionario para hablar. Un error de registro de lengua –es el caso– te deja en offside . Y hablar es hablar en contexto: con alguien determinado, con las relaciones que nos unen con ese alguien, en un lugar, en un momento. No es igual “pendejas” que “chicas”, no quiere decir lo mismo: el registro también tiene significado, da cuenta de quién es quién y dónde estamos. Las secretarias se podían haber ofendido: ¿quién es el jefe para hablarles ASI?

Algo de eso se me ocurre cuando en la calle me corta el paso un cartel del gobierno porteño. “Vamos a morfar”, me dice. ¿Cómo?

Lo primero que pienso es “¿Por quién me ha tomado”. ¿Por quién me ha tomado ese aparato del Estado? ¿Por qué habla –me habla– así ese cartel amarillo? ¿Será que algún publicista ha concluido que si dice “morfar” estamos más cerca? ¿Será que nadie le explicó que una patinada en el registro de lengua puede ser considerada una agresión?
Me gusta pensar en la alumna de una escuela que se acomoda los cordones y el nivel de lengua para entrar a la Dirección. Cuando no lo hace –si dice “morfar”, por ejemplo– está probando los límites.

Las palabras –aunque hagamos fuerza– no crean la realidad, no crean vínculos. El gobierno porteño no está más cerca y no es mi amigo porque me hable como si estuviéramos saltando abrazados en el tablón.

Se ve que no me conoce el gobierno porteño, que me habla así. Se ve –en lo inapropiado del nivel de lengua– que no somos amigos.

Quiero ser clara: no me molesta ninguna palabra, pero la elección de un registro que no se corresponde con el vínculo real es forzada, es intencionada, alguien miente.

Porque el gobierno tiene maneras muy efectivas de estar cerca: podría, por ejemplo, garantizar vacantes para todos los chicos de jardín; eso nos haría muy amigos.

Y más allá de las palabras: según el mismo gobierno porteño, en Buenos Aires cuatro de cada diez chicos es obeso. Morfan, ¿ viste?, morfan porquerías como el sándwich que se está zampando el modelo del cartel. En ese contexto –otra vez el bendito contexto, la desgrañada realidad– no es amigo, no es cercano, el gobierno que elige ese sándwich como ícono de la felicidad, por más que me hable usando el registro coloquial. Y se puede parecer bastante a lo contrario.

martes, 27 de septiembre de 2016

Algunas de las razones por las que es importante no dejarle a España la posibilidad de imponer la norma madrileña en el extranjero: el caso francés

Con firma de Gabriela Cañas, El País, de Madrid, publicó el siguiente artículo sobre el interés de los franceses por el castellano. Fue el 23 de septiembre pasado. “Se dispara la demanda tras la reforma educativa, que ha adelantado el aprendizaje de una segunda lengua extranjera”, dice la bajada y es para pensar.

Francia necesita con urgencia 1.000 profesores de español

Los colegiales franceses suelen optar por el inglés como lengua extranjera, pero a la hora de elegir un segundo idioma se decantan por el español. Esta situación, que viene de lejos, es más patente durante este curso que acaba de comenzar. La reforma de la secundaria en Francia, que se ha empezado a aplicar este mes, ha adelantado la enseñanza de una segunda lengua extranjera viva a primero de secundaria (Cinquième en Francia) y ello ha disparado la demanda. Los expertos calculan que Francia necesita con cierta urgencia mil profesores suplementarios, a añadir a los 20.000 existentes, y, de hecho, ya se están produciendo contrataciones por decenas.

La reforma del colegio acometida por la ministra de Educación Najat Vallaud-Belkacem, fue muy contestada por algunos sectores educativos porque tiene por objetivo reducir el aprendizaje de lenguas muertas para elevar el de las vivas. Menos horas lectivas de latín y griego en favor del inglés o el español. Desde este año, los alumnos del equivalente al español primero de secundaria tienen ya 2,5 horas semanales de una segunda lengua extranjera. La reforma pretende aumentar en 54 horas la enseñanza de una segunda lengua durante los tres años de la secundaria a partir del Cinquième, es decir, a partir de los once años habitualmente.

En Francia, el número de alumnos que eligen el español se ha triplicado en la última década hasta alcanzar los 2,7 millones de estudiantes. Es la segunda lengua más estudiada después del inglés (5 millones). Muy de lejos le sigue el alemán (800.000), a pesar de las ayudas de Berlín. “Nosotros no tenemos ese apoyo”, dice Ahmed Haderbache, presidente de la Asociación Francesa de Profesores de Español. Dicho apoyo tiene una razón política. La reforma de la ministra generó incluso un pequeño problema diplomático porque suponía cuestionar los acuerdos de 1963 por los cuales se estableció un mínimo de alumnos franceses que debían aprender el alemán y viceversa. El conocimiento mutuo del idioma es una forma de reforzar la amistad franco-alemana. El Gobierno de Berlín llegó incluso el año pasado a pedir la retirada de dicha reforma.

España, por el contrario, no fomenta con fondos oficiales la enseñanza del español en Francia, se queja Haberbache y confirma una fuente oficial. En principio, lograr un puesto de profesor no parece complicado. Basta con ser licenciado (ahora es haber acabado un master) y enviar el currículo al rectorado del departamento en el que el candidato quiera desarrollar su labor. De esa manera, se puede lograr un puesto interino que solo se consolidará cuando tres años después se supere una oposición en la que se demuestre conocer los fundamentos de la enseñanza de la lengua.

Los sueldos no son altos. Según Haderbache, un profesor gana una media de 1.500 euros netos al mes, mientras que el salario mínimo en Francia está en los 1.466 euros brutos. Con varios años de docencia se pueden superar los 2.000 euros. La demanda actual de profesores ha disparado el número de personas que se dedican a la enseñanza tras haber tenido que dejar otros empleos y que no están por tanto suficientemente formados.

Según algunos análisis realizados en el mundo educativo francés, los alumnos franceses optan por la lengua de Cervantes porque tienen una buena imagen de los españoles y porque la consideran la puerta para América Latina.


martes, 28 de abril de 2015

Animales poéticos

Silvina Friera publicó la siguiente crónica en el diario Página 12 del domingo 26 de abril pasado. En la bajada se lee: “La socióloga y antropóloga francesa Michèle Petit analizó la importancia de las palabras, más allá de su significado, en una formación humana que encuentre mejores vínculos con el mundo circundante. ‘Necesitamos el arte, no somos sólo variables económicas’, señaló”.

“La realidad necesita de la fantasía”


 “Somos animales poéticos; desde la más temprana edad necesitamos del arte y la literatura para habitar el mundo que nos rodea”, afirmó la socióloga y antropóloga francesa Michèle Petit en la memorable conferencia “Las palabras habitables (y las que no lo son)”, en el marco del Encuentro Internacional ¿Qué leemos? ¿Cómo hablamos?, en la 41ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. “Necesitamos el arte porque no somos solamente variables económicas más o menos ajustadas a un universo productivista. Más que ver en los libros y en la lectura una inversión para futuros más rentables, veámolos como espacios en los que vivir, de tanto en tanto, un presente más vasto, más intenso, donde conciliarnos con el mundo y con los otros”, agregó la autora de Leer el mundo (FCE), que presentó ayer en el predio de La Rural, donde la literatura oral y escrita y las prácticas artísticas se revelan como componente esencial del arte de habitar.

Petit se siente como en casa en Buenos Aires. Vino por primera vez en 2000. Luego cerró el II Encuentro Nacional de Bibliotecas Populares, organizado por la Conabip en la Feria del Libro, en 2009. Desde 1992 investiga sobre la lectura y el papel de las bibliotecas públicas en la lucha contra la exclusión. Aboga por la puesta en marcha de una educación artística y cultural que contribuya a “una presentación poética del mundo” y a la construcción de un sentimiento de pertenencia. “El desafío no es sólo formar lectores en un momento en que su número iría disminuyendo. A nadie se le ocurre que se les canta a los niños para que se conviertan en grandes músicos. Se trata más bien de vivir experiencias esenciales para el desarrollo psíquico, emocional, intelectual, estético; experiencias que abren espacios propicios al juego, al sueño, a la exploración de sí mismo, de los otros, del mundo, al compartir, al diálogo, al pensamiento, y que hacen que el mundo se vuelva un poco más habitable”, planteó.

Escuchar a Petit es un placer que conjuga la pasión con la inteligencia. Empezó hablando de la adquisición del lenguaje en los bebés, cuando la palabra vale por sus modulaciones, su ritmo, su canto. “En todas las culturas se aprende primero la música de la lengua, su prosodia, que no se enseña pero que se transmite”, subrayó. “De la primera infancia a la vejez, nuestras vidas están tejidas por relatos que ligan entre sí elementos discontinuos. No dejamos nunca de contar, a los que nos rodean o en el secreto de nuestra vida interior.” Un bellísimo ejemplo le permitió ilustrar la importancia de la oralidad, el de Fátima Sissani, cuyos padres habían partido de la Kabylia –en el norte de Argelia– para ir a trabajar a Francia. Sissani decidió hacer un film, El idioma de Zahra, cuando se dio cuenta de que la lengua que hablaba su madre no era un mero instrumento de comunicación. Durante unas vacaciones a su tierra, Zahra recita poemas con sus hermanas y amigas. “Zahra y sus amigas interpelan a la montaña, al halcón, a la perdiz, a los ancestros. Esta lengua las relaciona con el universo que las circunda; las palabras conforman un mundo muy habitable”, reflexionó Petit.

Aunque está convencida de que los libros “son un tesoro al cual acudir para llenar los bolsillos de los niños de conocimientos”, Petit es consciente de que ese tesoro todavía se encuentra en el blanco de los fanáticos. La antropóloga francesa enumeró una lista de víctimas: el escritor y bloger Avijit Roy, asesinado este año en Dacca, Bangladesh; hace poco más de un mes, ISIS bombardeó la Biblioteca de Mosul, en Irak, y destruyó 8000 libros raros y manuscritos del siglo XVIII. En Africa, la secta Boko Haram inscribe en su nombre el horror a los libros –Boko es por “book”; haram, “lo que está prohibido”–; sus miembros secuestran colegialas para someterlas a esclavitud sexual. Diseñadores, humoristas gráficos y periodistas franceses fueron asesinados en el atentado terrorista a Charlie Hebdo. En México, 43 normalistas, futuros maestros, fueron masacrados. En Kenia, asesinaron a 148 estudiantes.

“No se habitan los números, como no se habitan las palabras estigmatizantes de los medios o de los políticos que hablan de personas como de tantos problemas sociales”, advirtió la autora de Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, Una infancia en el país de los libros y El arte de la lectura en tiempos de crisis, entre otros títulos. “Uno habita en medio de objetos que proyectan un poco de belleza sobre la cotidianidad. Uno habita una lengua cercana al cuerpo, a las sensaciones, una lengua atenta a los detalles de la realidad que evoca, pero que da lugar también a otro sitio, un más allá de lo inmediato, un pasado o un futuro imaginado, una parte soñada. La realidad necesita de la fantasía para ser deseable. Esa parte imaginada, invisible, es vital.”


jueves, 7 de junio de 2012

Comunicación lacónica y sin ambigüedades, che

El 22 de mayo pasado, Joe Sharkey firmó un artículo en el New York Times a propósito de las consecuencias del mal manejo del inglés en la aviación internacional. El texto, traducido al castellano, pero sin mención del traductor, apareció el sábado 2 de junio en la edición en castellano de ese diario, incluida a modo de suplemento en el diario Clarín.

El idioma eleva los riesgos
de accidentes en la aviación

A veces simplemente son divertidos, como una grabación de 2006 de un intercambio entre un piloto de Air China y un controlador de tráfico aèreo en el Aeropuerto Kennedy, en Nueva York. El controlador se exaspera cada vez más por el desafortunado inglés del piloto, al grado en que uno puede percibir el enojo en su voz. Por otra parte, la lista de catástrofes de aviación alrededor del mundo que fueron ocasionadas principalmente por malentendidos del lenguaje entre aire y tierra es larga y trágica.

En 1997, por ejemplo, dos Boeing 747 chocaron en una pista en Tenerife, en las Islas Canarias. El desastre en el que 583 personas perdieron la vida, ocurrió en medio de una densa niebla. Pero lo que complicó la situación fueron los malentendidos de órdenes y contestaciones entre las aeronaves en la pista y los controladores de tráfico aéreo.

Las autoridades internacionales de aviación redactaron después requerimientos más rigurosos para el uso de frases en inglés estándares, claras y comunes en las operaciones aéreas.

A medida que crece la aviación global, aumentan las preocupaciones sobre el dominio del idioma inglés entre pilotos y controladores de tráfico aéreo. En octubre la Organización de Aviación Civil Internacional, una agencia de las Naciones Unidas que promueve la seguridad aérea y su desarrolo, emitió recomendaciones para mejorar la capacitación en el idioma inglés.

Un idioma tan rico en matices como el inglés presenta algunos retos en las operaciones aéreas, donde se supone que la comunicación debe ser lacónica y sin ambigüedades.

No obstante, la aviación está ahora inextricablemente vinculada al inglés, y la necesidad de mejores habilidades de comunicación en ese idioma resulta clara a medida que más países se vuelven importantes participantes en la aviación comercial.

Paul Musselman es el director ejecutivo de Carnegie Speech, una compañía de educación de idiomas que ofrece capacitación sobre cómo comunicarse más claramente en inglés a personas que no son hablantes nativos, pero que necesitan usar el inglés en el t rabajo. La empresa de Musselman ofrece clases en un programa llamado Sube al Nivel 4 para llevar a pilotos internacionales hasta el llamado estándar del Nivel 4 establecido para el inglés por la Organización de Aviación Civil Internacional.

Esto se define como un nivel en el que el vocabulario y la gramática son buenos, pero en el que también "la pronunciación, el acento, el ritmo y la entoncación" son adecuados para comunicarse clara y rápidamente en inglés. Carnegie Speech mantiene una sociedad con la escuela de aviación Pan Am International Flight Academy para ofrecer sus cursos de dominio del idioma a pilotos internacionales. "Estamos en el negocio de enseñarle a alguien cómo hablar inglés de manera que le puedan entender", dijo Musselman.

lunes, 27 de junio de 2011

Che, lo húnico ke pedimos es...

Aparecida el domingo 26 de junio pasado en Clarín, con firma de Leyla Mesyngier, la siguiente noticia señala que el lenguaje de chats y las diferencias socio-económicas afectan el aprendizaje. Estas conclusiones se vinculan con un estudio sobre escritura –relizado por la UNESCO para estudiantes de América latina y el Caribe–, que abarcó normas ortográficas y caligráficas. Allí, la Argentina quedó ubicada detrás de Cuba, Uruguay y Chile. De cada 10 alumnos argentinos, entre 7 y 9 presentaron "escritos que dificultaban su desciframiento", según los datos que provienen del informe presentado hace dos semanas.   

Debaten por qué a los chicos les cueta tanto
esciribir sin faltas

La dificultad para aplicar las reglas aprendidas a los textos, la colocación de tildes en las palabras, el uso de celulares y chats y las diferencias socioeconómicas son algunos de los problemas que enfrentan los alumnos de escuela primaria en el proceso de aprendizaje de la escritura.

En una evaluación sobre caligrafía y ortografía realizada por la Unesco, la Argentina obtuvo una de las peores notas en relación a los desempeños de alumnos de tercer y sexto grado de América Latina: los estudiantes cometieron un error cada 10 palabras y presentaron dificultades a la hora de mostrar su caligrafía manual en un texto.

“En los últimos tiempos nos hemos vuelto muy pragmáticos, utilizando diversas estrategias. Sabemos que los chicos aprenden de distinta manera: mientras algunos al leer registran y se acuerdan por haber leído, otros necesitan escribir la palabra para retener su ortografía”, explica Cristina Carriego, doctora en Educación de la Universidad de San Andrés y vicedirectora del colegio Pestalozzi.

Otra de las cuestiones clave es “trabajar la conciencia de la posibilidad de error. Lo importante es que los chicos al llegar a escribir un sonido parecido –como la c, la s o la z–, se pregunten y tengan conciencia de que hay más de un camino a seguir y no todos son correctos”, argumenta Cecilia Cancio, licenciada en Ciencias Pedagógicas.

Si se piensa la alfabetización como construcción, los alumnos pasan por diversas etapas en las que la manera de escribir va transformándose de lo auditivo a la aplicación de las reglas. Los estudiantes de primer grado, por ejemplo, escriben “moscito” en lugar de mosquito. “En segundo grado ya no se ve” el mismo error, apunta Carriego.

El uso del lenguaje de los mensajes de texto y del chat también influye en las dificultades de aprendizaje. A los alumnos de quinto o sexto grado muchas veces “les cuesta diferenciar que en un texto académico, en una carta o un cuento no pueden poner la q con apóstrofe para reemplazar la palabra que”, explica la docente Cristina Ashardjian. Lo mismo ocurre con el uso del procesador de texto. “Influye mucho la utilización de la tecnología porque los chicos argumentan que lo que escriben se entiende igual”, agrega la docente.

Los mismos que pueden escribir muy bien en un espacio formal, se descuidan en espacios más informales: no usan tildes ni mayúsculas y abrevian palabras. “Entienden las diferencias pero no las aplican”, sostiene Cancio.

Por último, las especialistas reconocen que las diferencias de recursos socioeconómicos también se presentan como dificultades a la hora de aprender a escribir. “Inicialmente el aprendizaje de la escritura ortográfica tiene una fuerte relación con el nivel socioeconómico y el capital cultural de las familias”, asegura Carriego, quien como tesis doctoral analizó cuatro escuelas primarias de la Ciudad de Buenos Aires a través de una evaluación escrita a los alumnos de segundo grado.

Sin embargo, instituciones con un estatus similar “pueden generar mayor o menor valor agregado en el aprendizaje”, especialmente considerando que el conocimiento de la ortografía “requiere de procesos de enseñanza explícitos”, continuó Carriego. “Esto marca la importancia de la escuela, de lo que pasa en el aula y de las condiciones institucionales que deben compensar las diferencias de capital social y cultural”.

“En las escuelas públicas con poblaciones de menos recursos hay mucho para trabajar, mucho por hacer y se pueden lograr grandes cosas. Los chicos tienen capacidad de aprendizaje, a algunos les costará más pero se puede”, concluye Ashardjian.