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jueves, 18 de junio de 2026

La gratitud humana más pura



Con firma de Xinhua, el pasado 1 de junio, el diario Los Tiempos, de Cochabamba (Bolivia), publicó el siguiente artículo sobre el creciente intercambio literario dentre China y Latinoamérica.

Lazos literarios entre China y América Latina: un vivo ejemplo del aprendizaje mutuo entre civilizaciones

En la histórica Casa Calise de Buenos Aires, la emblemática arquitectura se mezcla hoy con el aroma a tinta de miles de páginas en caracteres chinos. Hace apenas medio mes, este palacio vio nacer a Gran Muralla, la primera gran librería china en Argentina. Al otro lado del Pacífico, a principios de junio, el Instituto Cervantes de Beijing celebrará la reubicación de Mil Gotas, la librería pionera de obras en español en China.

A pesar de la vasta distancia geográfica, estas dos aperturas reflejan un fenómeno innegable: el interés mutuo por la literatura de la otra orilla es cada vez más vigoroso.

Tal sintonía cultural se nutre del puente invisible tendido por los traductores. Por estos días, uno de ellos, el reconocido Fan Ye, profesor adjunto del Departamento de Español de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Beijing y célebre por dar voz en chino a figuras como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, acaba de concluir una antología del mexicano Octavio Paz.

Para Fan, en este diálogo literario transoceánico opera un lazo casi mágico. Al traducir “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, de José Emilio Pacheco, descubrió que el título y el epígrafe provenían de un poema chino poco conocido de la dinastía Tang, traducido al español a comienzos del siglo XX. Y después, aquellos versos adoptados por el poeta mexicano regresan a su hogar original en China gracias a su labor.

Como un reflejo inverso de esa misma fascinación, las letras latinoamericanas sembraron sus propias semillas en el suelo del país asiático. Esta corriente, que irrumpió con fuerza en los años ochenta del siglo XX, marcó profundamente la trayectoria y la creación de grandes autores nacionales, como Mo Yan o Yu Hua. Pero este impacto no se limita a los escritores, sino que se extiende y se renueva en los lectores de las nuevas generaciones.

“Hoy hay jóvenes que devoran la obra completa de Roberto Bolaño y encuentran en sus páginas un refugio en momentos de crisis personal”, detalla Fan.

Y es que, en última instancia, el impacto más notable de este intercambio va más allá de las letras y reside en la gratitud humana más pura. Fan recuerda con emoción un viaje a Bogotá, donde dictó una conferencia sobre García Márquez. Al terminar, lectores locales totalmente desconocidos se le acercaron conmovidos: uno le regaló una moneda conmemorativa de “Macondo” y otra le llevó un dulce de guayaba casero, solo para agradecerle por traducir su cultura.

Para el académico, este entendimiento a través del universo literario es la base de cualquier lazo duradero, pues “si se conocen los clásicos culturales y la historia de un país, la comunicación se vuelve mucho más natural y profunda”. Por ello, subraya que, para comprender verdaderamente a la América Latina contemporánea, a su sociedad y su carácter nacional, “es imprescindible adentrarse en la literatura que ha marcado su tierra”.

Este viaje literario de ida y vuelta tiene su reflejo exacto en la experiencia de Guillermo Bravo, escritor argentino, profesor de literatura latinoamericana y fundador de Mil Gotas, quien reside en Beijing desde 2012. “China entrelaza el porvenir de la alta tecnología con el misticismo de su historia”, relata y añade una paradoja fascinante: “A medida que China representa más el futuro, su historia se revaloriza y vale mucho más”.

Si bien el país ya se ha hecho un espacio en el imaginario latinoamericano a través del comercio, Bravo busca que sean ahora los narradores chinos quienes echen raíces en esas tierras, emulando el hito de los grandes del tan recordado “Boom” de la región. Como parte de este esfuerzo, su editorial Mil Gotas ya ha publicado 50 títulos de literatura china contemporánea traducidos al español, con especial éxito en las novelas de autoría femenina.

Por otra parte, desde 2024, la Editorial de Escritores de China, junto con la sociedad de literatura española y portuguesa de la Asociación China de Literatura Extranjera, ha iniciado una ambiciosa “nueva colección de literatura latinoamericana”, cuyos propósitos son reeditar obras clásicas que llevan muchos años sin editarse, complementar otras descatalogadas y visibilizar a autores contemporáneos clave. Coordinada por académicos como Fan Ye, ya cuenta con 15 obras publicadas y unas 40 en edición.

Según Fan, el proyecto congrega prácticamente a la totalidad de los talentos más destacados de la traducción hispanohablante en el país, e incluye también, aunque en menor medida, a sobresalientes expertos del portugués.

En el plano institucional, en la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC de 2025 se pusieron en marcha cinco programas de cooperación orientados a fortalecer la comunidad de futuro compartido entre ambas regiones. Asimismo, el tercer “Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe”, publicado ese mismo año, detalla las propuestas para adoptar en una fase siguiente en más de 40 áreas y, en su capítulo dedicado al programa de civilizaciones, resalta precisamente el apoyo a la traducción recíproca de libros clásicos.

Paralelamente, en el ámbito práctico, el panorama de la traducción literaria también está mostrando una fisonomía renovada. Hoy en día, no se limita a docentes o investigadores, pues ha emergido una generación de jóvenes con diversos trasfondos laborales, entre ellos traductores autónomos o profesionales de sectores completamente ajenos a las letras.

Frente al auge de la inteligencia artificial, Fan considera que la literatura es la ciencia del ser humano, un territorio de subjetividad y emociones donde esta tecnología nunca sustituirá al latido de la vida.

“La inteligencia artificial puede ser un diccionario personalizado que te ofrece rimas o sinónimos inesperados, pero carece de esa ‘sensación de persona viva’ requerida por la traducción literaria”, opina el maestro chino.

Aunque los especialistas coinciden en que aún queda camino por recorrer para que el gran público latinoamericano conozca a fondo las letras chinas, esfuerzos como los mencionados representan, en palabras de Bravo, ese “granito de arena” necesario para estrechar los lazos.

Como prueba del alcance de estos vínculos, Fan evoca una experiencia del poeta argentino Juan Gelman, quien confesaba no sentir a veces como contemporáneos a los hombres con quienes se cruzaba en Buenos Aires o París. Sin embargo, al leer un remoto poema chino de hacía miles de años -sobre un pastor que, en la distancia, en una noche nevada, lograba escuchar el rumor del peine en el cabello de su amada-, descubría que ellos sí lo eran.

“Ese es el verdadero milagro de la literatura”, concluye Fan, “su capacidad única para disolver distancias, idiomas y culturas, y conectarnos en lo más humano”.

martes, 8 de abril de 2025

"Una ferretería de literaturas"



"Se trata de la persona que creó Mil Gotas, la primera librería en español en China. 'Vine por gusto, por curiosidad', cuenta sobre su llegada en 2008 al gigante asiático." Eso dice la nota publicada por Pablo Coppari, en el diario Tiempo Argentino, del pasado 3 de abril. Allí presenta y entrevista al escritor, editor y librero argentino Guillermo Bravo.

Guillermo Bravo: el cartógrafo de mundos entre Córdoba y Beijing

Desde las sierras de Córdoba hasta los hutongs de Beijing, Guillermo Bravo ha trazado un mapa invisible entre dos culturas que se miran con fascinación y distancia. Profesor, editor y gestor cultural, su vida es un tejido de libros, aulas y proyectos que desafían las fronteras. Esta es la historia de un argentino que, entre la curiosidad y el azar, decidió construir un proyecto llamado Mil Gotas, la primera librería en español de China.

Guillermo Bravo es un hombre de dos mundos. Nacido en Pilar, un pueblo cordobés donde las sierras se funden con el cielo, su vida ha sido un viaje constante entre lo familiar y lo desconocido. En 2008, casi como si obedeciera a un mandato invisible, partió hacia China. «Vine por gusto, por curiosidad», dice con esa voz tranquila de quien sabe que el destino a veces se disfraza de casualidad. Lo que comenzó como una aventura de cuatro meses se convirtió en una vida dedicada a tender puentes entre dos culturas que, aunque distantes, se miran con fascinación mutua.

Bravo recuerda sus raíces. «Soy de Pilar, Córdoba, un lugar pequeño pero lleno de esa energía que te empuja a querer más», cuenta. Esa energía lo llevó primero a Francia y después a China, donde en 2012 recibió una invitación para enseñar en la Universidad de Beijing. «Vine con la idea de quedarme un año y volverme a Francia, pero algo me atrapó y me quedé», confiesa. Así comenzó su doble vida como profesor y editor, uniendo su pasión por la literatura con el arte de producir libros.

Bravo describe su editorial como una «ferretería de la literatura». «Mi abuelo tenía un corralón en Córdoba, y yo crecí entre clavos y martillos. Me parece que la literatura y la ferretería, juntas, forman una editorial», dice, sonriendo. Su empresa, que publica literatura china traducida al español y argentina al chino, ópera en tres ciudades: Beijing, Shanghai y Chongqing. «Es un ejercicio constante de equilibrismo», admite, refiriéndose a los desafíos de gestionar proyectos culturales en un país tan complejo como China.

Uno de los descubrimientos más fascinantes de Bravo fue entender qué buscan los lectores chinos en la literatura latinoamericana. «Buscan lo extraordinario, lo fantasioso, un escape», explica. Aunque reconoce que no siempre se cumple esta expectativa, especialmente con la literatura argentina, que tiende a ser más reflexiva. «Si uno va a la literatura argentina, es muy francesa en ese sentido», comenta con ironía. Y ahí entra Córdoba, con su cuota de magia y tradición. «En China, el mate les llama la atención, pero no les termina de convencer», dice entre risas.

Uno de los proyectos más ambiciosos de Bravo es la residencia para artistas en un pueblo cerca de Beijing. «Al principio surgió como una idea para traer artistas latinoamericanos, pero luego se abrió a todo el mundo», cuenta. Este espacio no solo permite a los artistas trabajar en un contexto nuevo, sino que también enriquece la comunidad local. «Es un experimento», dice Bravo, «ver qué pasa cuando sacás a un artista de su contexto y lo ponés en otro». Y ahí, de nuevo, aparece Córdoba: «En el pueblo donde está la residencia, hay algo de esa tranquilidad que se respira en las sierras, pero con el ritmo frenético de China».

Bravo se imagina en China por lo menos cinco años más. Recientemente, la universidad le ofreció un contrato estable, lo que le permite planificar a largo plazo. «Ahora ya me podría jubilar en la universidad si quisiera», dice. Aunque su vida académica es estable, su pasión por la edición y la gestión cultural sigue siendo el motor de su día a día. «Me gusta esa parte más de agitador», confiesa.

Al ser consultado por el avance de la IA, Bravo respondió: «La inteligencia artificial es una herramienta, como un martillo para un carpintero», dice. Sin embargo, enfatiza que el arte y la literatura requieren una mirada única, algo que no puede ser reemplazado por máquinas. «Detrás de cada obra hay muchísimo trabajo», reflexiona. «No es lo mismo alguien que está pensando 24 horas en lo que significa una curva dentro de un cuadro que alguien que no».

Guillermo Bravo es un hombre que se perdió en la inmensidad de Beijing y decidió jugar con los tiempos y los espacios para crear algo nuevo. Su historia es un testimonio de que, con determinación y creatividad, es posible construir conexiones que trascienden fronteras. Como él mismo dice: «Cada uno pone su granito de arena, y nosotros ponemos el nuestro».
En la actualidad, Guillermo continúa trabajando en su próximo libro, que será publicado en Buenos Aires, mientras sigue enseñando, editando y gestionando proyectos culturales que unen a Argentina y China.

miércoles, 9 de agosto de 2023

"Libros chinos, libreros argentinos": charla de hoy, en el Centro Cultural Paco Urondo

"Una publicación especial de la revista DangDai presenta a varios autores de la provincia de Yunnan, la mayoría desconocidos para los lectores argentinos. Guillermo Bravo, creador de la primera librería sobre literatura latinoamericana en China, y Juan Manuel Grande, de la librería La Oriental, debatirán sobre libros y vinculos culturales entre ambos países." Eso dice la bajada de la nota publicada sin firma, el pasado 7 de agosto, por la agencia TELAM.

China y Argentina entrelazan sus literaturas en una publicación especial

La relación literaria entre China y Argentina tiene un nuevo capítulo con la presentación de un número especial que dedica la revista DangDai a escritores chinos, a partir de un conversatorio con especialistas sobre el tema que se realizará en el Centro Cultural Paco Urondo este miércoles con la presencia del escritor y editor Guillermo Bravo y Juan Manuel Grande, quienes serán entrevistados por Chenxi Luo, de la Universidad del Suroeste de China.

"Libros chinos, libreros argentinos" en el hombre de la mesa que se presentará el miércoles a las 18.30 en el Centro Cultural Paco Urondo (25 de Mayo 201, CABA), con entrada gratuita, como parte del trabajo de difusión que viene realizando la publicación de intercambio entre ambos países.

La propuesta se inscribe en el marco de la publicación especial que presenta una "antología exclusiva en español de la pujante literatura de la capital de la sureña provincia china de Yunnan", con cuentos de Cheng Peng, Ma Ke, Bao Zhuo y Ruan Wangchun y poemas de Yang Rui, Zhu Ligen, Ma Bingli y Hu Xingshang.

Es una selección de la nueva literatura china proveniente de una provincia que se caracteriza por su "diversidad étnica y paisajística" y que tiene eje en Kunming, "la ciudad de eterna primavera".

Además, la ciudad es la principal sede china de la traducción y publicación del boom literario latinoamericano en el siglo pasado.

En la presentación participarán el escritor y editor Guillermo Bravo, creador de la primera librería dedicada a la literatura latinoamericana en China, Mil Gotas (Beijing), y Juan Manuel Grande, dueño de la librería La Oriental de Buenos Aires especializada en libros de Asia.

Ambos editores serán entrevistados por la directora del Centro de Estudio de los Países Emergentes de América Latina de la Universidad del Suroeste de China, Chenxi Luo, y la actividad será introducida por el director periodístico de la revista, Gustavo Ng.

"Los escritores de la, para nosotros remota, antipódica, ciudad de Kunming, en la provincia de Yunnan, China, tuvieron la ocurrencia de compartir sus cuentos y poemas con los argentinos, la gente que tienen más lejos en el planeta Tierra", dice Ng, director periodístico de la revista DangDai que desde hace más de 10 años se dedica a difundir el intercambio cultural entre Argentina y China y es publicada por Ediciones Universidad de Congreso.
Es por ello, afirma el escritor y periodista galardonado recientemente con el premio Special Book Award que otorga la República Popular China y autor del libro "10.134 kilómetros a través de China" publicado en español y chino en el país asiático en 2021 por Blossom Press, entre otros, que la revista DangDai ofreció "su soporte y su público" para una edición especial.

Se trata de "un libro de poemas y cuentos inéditos en español, traducidos especialmente para esta publicación en un proyecto coordinado por ese gigante del intercambio cultural que es Sun Xintang", refiere Ng.

Guillermo Bravo hablará sobre las librerías en China, los hábitos de lectura de los chinos y el ecosistema editorial chino, y contará la experiencia de Mil Gotas como librería de libros en español, una agencia literaria dedicada al vínculo entre China y los países de habla hispana y editorial, informan desde el medio periodístico.

En cambio, Juan Manuel Grande anticipó que "pensaremos quiénes son los y las lectoras de China, y qué están buscando", además se referirá sobre "el rol de la librería como espacio de una visión del universo cultural chino".

Durante la presentación del número 39 de DangDai, se ofrecerá el acceso gratuito a la edición especial de la literatura de Kunming.

DangDai, la "primera revista de intercambio cultural argentino-china" es una publicación trimestral que fue fundada en 2011 por los periodistas Gustavo Ng, Néstor Restivo y Camilo Sánchez, este último editor de El Bien del Sauce.

miércoles, 22 de junio de 2022

La literatura argentina en China: breve historia

El cordobés Guillermo Bravo es un hombre orquesta: escritor, editor, librero y profesor argentino, vive desde hace años en China, donde es un agente activo para la circulación de la literatura argentina en ese país. El pasado 6 de junio, publicó en el blog de Eterna Cadencia el siguiente artículo

“Para los chinos, Argentina es un país conocido por su literatura”.

Dos casos recientes, la publicación de César Aira y de Roberto Arlt en chino, con suerte desigual, nos llevan a plantear el tema.

Hace un tiempo fui a comer con Fan Ye, traductor y decano de Beida, la universidad más importante del país. Llevaba una remera negra con la clásica tapa de Rayuela con letras amarillas. Esto me pareció un dato sobre la literatura argentina en China.

Otra anécdota: soy profesor en la Universidad Capital de Pekín. Una vez les dí el cuento "Continuidad de los parques" a los alumnos y luego estuvimos charlando al respecto. Para mi sorpresa, me di cuenta de que todos ellos imaginaban a los protagonistas con rasgos chinos. Esto desde ya fue una total renovación para mí del cuento. Para mí los personajes eran claramente argentinos, empezando por el estanciero que va a ser asesinado… ¿Qué tenía que hacer un chino en una estancia en las afueras de Buenos Aires?

El primer escritor latinoamericano en ser traducido al mandarín fue Pablo Neruda en el año 1951, con Que despierte el leñador, dos años después de la fundación de la República China. Esta traducción no se debió solamente a los valores literarios del poeta, sino también a su filiación política. En aquel año el chileno viajó a China para entregar el Premio Lenin de la Paz a Madame Sun Yat-sen, esposa del primer presidente de la República de China, quien tenía simpatías con el régimen sovietico. Anota la profesora Lou You, traductora de Piglia, especialista en China y una de las personas que más se ha ocupado de la recepción de la literatura latinoamericana (y de cuyos relevantes reportes bebe este artículo) en China que “a partir de la traducción de Neruda comenzó una etapa que se caracterizó por la profusión de traducciones indirectas -gran parte de los libros eran traducidos del ruso, del inglés o del francés-. Además, en consonancia con la situación de la época, las obras seleccionadas se limitaban a un estilo realista, con una aguda crítica a la sociedad capitalista”.

A partir de la publicación de Neruda hasta la fecha se han publicado unos 600 libros de unos 250 autores latinoamericanos. Lo cual, si se piensa en el enorme tamaño del mercado chino, en definitiva no es mucho.

En cuanto a la literatura argentina, el primer libro en China se publicó en 1958: una antología de cuentos de Álvaro Yunque titulada Martín no robó nada. Desde ese año hasta 1978 se publicaron diez obras de autores argentinos en China. Podemos mencionar algunos: El río oscuro, de Alfredo Varela (1959); El centroforward murió al amanecer, de Agustín Cuzzani (1961); Gran Chaco, de Raúl Larra (1961) y La peste viene de Melos, de Osvaldo Dragún (1964). Casi todos estos autores tenían relación con el partido comunista o el socialismo.

No hace falta decir que luego de esta etapa, ya en los años 70 hubo poca -o mejor dicho nula -publicación de literatura latinoamericana en China: eran los años de la Revolución Cultural y de las persecuciones a los intelectuales, a la influencia extranjera y a casi todo. Pero tras la muerte de Mao hubo un auge de publicaciones de autores latinoamericanos.

En 1979, se fundó la Asociación China de Estudios de la Literatura Española, Portuguesa y Latinoamericana. A partir de entonces se inició un intenso proceso de traducción de la literatura de nuestros países. Con respecto a los escritores argentinos se publicaron libros importantes, tales como el Martín Fierro en 1984, Don Segundo Sombra en el mismo año, Amalia, El túnel y Sobre héroes y tumbas al año siguiente, El beso de la mujer araña en 1988, Boquitas pintadas en 1991, La Invención de Morel en 1992, Los Premios en 1993, Rayuela en 1996.

A propósito hemos excluido de la lista, para analizar su caso con un poco más de detenimiento, al autor de lengua española más traducido en China y sin duda uno de los más influyentes: Jorge Luis Borges. En 1979 se publicaron cuatro cuentos (“El jardín de senderos que se bifurcan”, “El Sur”, “El Evangelio según Marcos” y “Tigres azules”) traducidos por el profesor Wang Yangle en la revista Literatura y Arte del extrajero (《外国文艺》). Dos años más tarde aparecieron en la revista Literatura Mundial (世界文学) varios poemas de Borges traducidos por Wang Yongnian. En el mismo número se publicaron además “Hombre de la esquina rosada”, “La forma de la espada” y “Emma Zunz”.

Pero el primer libro de Borges apareció recién en 1983. Se trataba de una antología de sus cuentos más famosos, seleccionados y traducidos por Wang Yangle bajo un título descriptivo: Colección de cuentos de Borges. Desde entonces y hasta la actualidad se han publicado unos 65 libros de Borges y autores como Mo Yan, Yan Lianke, A Yi, Sheng Keyi o Ge Fei lo mencionan permanentemente como una influencia capital en su obra, mientras que el escritor Li Er, declaró “mi ambición es ser el Borges chino”.

Si bien es cierto que cada vez se publican más autores de nuestro país, no es menos cierto que entrar al mercado chino es complejo. En China casi no hay editoriales pequeñas o independientes como en nuestro mercado. Cada libro que se publica requiere de una gran inversión y se toman menos riesgos por lo que los autores que se publican tienen una gran carrera por detrás con grandes ventas o premios que los validen.

Por el tamaño de su mercado y por su distancia misteriosa China llama la atención de los escritores argentinos pero hay que decir que no es fácil entrar a la industria local. Cada libro que se publica aquí requiere de una enorme inversión por diversos factores y se toman menos riesgos por lo que es difícil que se publiquen autores sin grandes validaciones para los editores locales que no conocen a fondo nuestra literatura.

En estos últimos años se han publicado entre los autores contemporáneos a Samanta Schweblin, Mariana Enriquez, Andrés Neuman, Ángela Pradelli, Guillermo Martínez, César Aira, Martín Caparrós, Mempo Giardinelli y pocos más. Queda por hacer más trabajo de los agentes, traductores, scouts literarios, lectores, para acercar dos mundos que se desconocen entre sí pero que se desean. También en Argentina gracias a traductores como Miguel Ángel Petrecca se está traduciendo cada vez más literatura china.

En el caso de Martín Caparrós vale la pena recordar una anécdota. El libro contratado es el monumental y genial El Hambre. En este libro hay una página donde se menciona las dificultades para trabajar en China y las hambrunas que se sufrieron durante la Revolución Cultural y El Gran Salto Adelante de Mao. La editora escribió un e-mail al autor argentino pidiendo si podía sacarse esa página en la versión en mandarín. Sin responder el e-mail, Caparrós publicó en El País un artículo titulado "¿Cómo se dice 'callarse' en chino?" (el 24 de febrero de 2015) en donde indagaba si debía aceptar o no publicara en chino bajo esas condiciones.

En el artículo, el autor de El Hambre reflexionaba: “Fui cobarde –u oportunista, o realista, que suelen ser sinónimos–: mi primera respuesta ante la oferta de publicación mediante módica censura fue aceptarla. Se ve que la idea de ese libro en ideogramas me atraía lo suficiente como para hacer “ese pequeño sacrificio”. Pero después pensé que sería inútil: que la ausencia de esa hambruna en un recuento de las grandes hambrunas del Siglo XX llevaría a cualquier lector chino a desconfiar de la verdad del resto. Así, todo el libro sería deslegitimado por esa omisión, pensé, y decidí no aceptarla. Hasta que un amigo me recordó que, cuando vivíamos bajo un régimen que ejercía la censura, lo sabíamos, y sabemos por qué razones ciertos libros –o periódicos, o películas, o personas– no decían ciertas cosas. Y que, por lo tanto, los lectores chinos entenderían que no había hablado de la hambruna para poder hablar del resto, y que… Parecía razonable, pero sigo dudando. Pronto tendré que resolver qué hacer, y no lo sé. Aunque quizá publicar estas líneas ya sea una respuesta. O no, quién sabe. Una de las grandes armas de los poderes consiste en ponerse a pelear con tus contradicciones, en una batalla donde no hay victoria”.

Finalmente Caparrós permitió la publicación del libro y miles de chinos los han leído con devoción, sin lugar a dudas entendiendo la omisión a cualquier realidad que tuviera que ver con su país. Vale decir además que el argentino fue invitado a presentar el libro en Shanghai y se cuenta que allí dijo todo lo que quería decir, dejando helada a la traductora.

Para cerrar, dos casos: César Aira y Roberto Arlt, dos autores con mucho en común, sin duda. Los siete locos fue publicado a instancias de la profesora Shi Wei, traductora y decana del departamento de español de la Universidad de Chengdu, en la editorial de literatura de Sichuan. Al principio se publicó con la idea de llenar un vacío: no podía ser que un escritor como Arlt no estuviera publicado en mandarín. Algunos editores chinos, incluso cuando hablan en chino, se refieren a estos casos con un término en inglés left over classics, clásicos dejados de lado. Se trata de esos clásicos que aún no han sido publicados en la lengua local simplemente porque aún no ha dado tiempo.

Habría que explicar aquí más sobre el mercado editorial chino. La gran mayoría o la totalidad de las editoriales son estatales y dependen del ministerio de propaganda. Pero al mismo tiempo tienen la obligación de no perder dinero, por lo que a las razones culturales para publicar un libro se le suman las comerciales (por eso hay editoriales estatales en China que publican a Harry Potter). Luego hay algunas empresas culturales que publican libros alquilando los ISBN de las editoriales estatales; éstas suelen ser un poco más parecidas a nuestras editoriales, pero en general son pocas y pequeñas comparadas con las estatales.

Bien, Arlt se publicó sin grandes pretensiones. Sin embargo a poco de haber llegado a librerías despertó un inesperado -inesperado para los editores- entusiasmo en los lectores: rápidamente se habló en Douban -el Twitter chino para libros y películas- del “Dostoyevsky argentino” y quien sea el anónimo que creó esta sentencia le hizo un gran favor al libro, porque empezó a venderse de a miles. Casi se agotó la primera tirada de 10.000 ejemplares y ya se piensa en una segunda impresión.

El caso de Aira es más complicado. Se publicó cuando su nombre resonó más que otros años para el Nobel. Salió un artículo en The Guardian que leyó un editor chino. Se produjeron unas tapas bellísimas y se publicaron cinco novelas. Pero el resultado no fue el mismo que con Arlt: “Muchos lectores dicen haber elegido el libro por la portada -dice su editora, Shahui Wang-. Y la primera palabra que aparece en las notas de Internet es 'imaginación'. Sin embargo, parece que muchos lectores se han quedado desconcertados ante este autor”. La editora es una de las mayores entusiastas lectoras de Aira en China y ha hecho todo por promoverlo, y se nota en el tono de su voz que seguirá, pero se ve que el camino del argentino para abrirse paso entre los lectores locales es duro.

Lu Nan, editora de Peoples Literature Publishing House, una de las mayores editoriales del país, dice: “Creo que los clásicos argentinos del Siglo XX están muy bien presentados al público chino, publicados muchas veces y promocionados. Borges se ha convertido en un ícono de la cultura y es una lectura obligada para todos los amantes de la literatura aquí. Los muy antiguos y los muy nuevos están menos publicados y son desconocidos para el público. Algunos, como Mariana Enriquez, se publican pero sólo se conocen en un determinado círculo, lectores de literatura española y lectores de literatura extranjera. Sin embargo creo que la literatura argentina como concepto ha impresionado a los chinos. Para los chinos, Argentina es un país conocido por su literatura”.

Hemos hablado mayormente de las publicaciones, del aspecto más práctico. Queda para otro momento el difícil tema de la recepción de nuestra literatura en China. El filósofo Gustavo Bueno una vez dijo que no podía leer a Confucio porque se le caía de las manos, “son puras estupideces banales que está muy bien, pero no se puede comparar con los griegos”. Otro filósofo, más refinado en su apreciación de la filosofía asiática, le respondió que él no podía leer a Confucio porque no tenía el contexto, que cuando leía a Platón lo entendía porque vivía entre gente que de una manera u otra había bebido de Platón, pero leer a Confucio sin el contexto y las circunstancias que completan la lectura era como leer las galletitas de la suerte de los restaurantes chinos. De la misma forma se puede decir que es muy difícil saber qué pueden entender los chinos cuando leen el Martín Fierro o el Facundo sin tener ningún atisbo del contexto en el que fueron creados.

Aira ha dicho que la literatura pasa del sobreentendido al malentendido, sin detenerse nunca en el entendido. A ese malentendido venturoso se le puede confiar al pensar en la literatura argentina en China.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Latinoamérica en China, libros mediante


Publicada el pasado 29 de septiembre, en la revista Viva, del diario Clarín, la siguiente nota de Ayelén Iñigo se ocupa de Guillermo Bravo, el editor, agente y librero argentino radicado en China desde 2012, al que, el año pasado, ya había entrevistado para La Voz del Interior. Bravo, quien en agosto de 2015 pasó por el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires (ver entrada correspondiente siguiendo el nombre en la columna de la derecha), es hoy un referente de la literatura latinoamericana en Beijing.

Guillermo Bravo, el "puente literario"
que une China con la Argentina

Es difícil ser una figurita conocida en China, pero Guillermo Bravo lo es. En la inmensidad de Pekín –con sus más de 20 millones de habitantes–, este argentino logró convertirse en un referente para casi todo latinoamericano que ponga un pie en esa ciudad. Guillermo llegó a la capital china en 2012, cuando todavía no eran tantos los extranjeros que se aventuraban a vivir allí. “Tené cuidado”, le decían sus familiares, asustados ante la inmensidad y lo desconocido de un país tan lejano. Pero cual Quijote, este cordobés amante de la literatura decidió quedarse. Comenzó dando clases de literatura latinoamericana en la universidad y en 2017 fundó Mil Gotas, la primera librería hispanoamericana en toda China.

Ubicada en el cuarto piso del Instituto Cervantes de Pekín, Mil Gotas se transformó rápidamente en un oasis donde los latinoamericanos pueden encontrar en China algo parecido a un hogar y donde los chinos se sienten más cerca de América Latina a pesar de los 19.000 kilómetros que nos separan. Entre sus estantes hay volúmenes –en mandarín y en español– de autores como César Aira, Jorge Luis Borges, García Márquez, Ricardo Piglia, Fogwill o Roberto Fontanarrosa.

“La idea de la librería empezó como una necesidad mía de conseguir libros en español. Al principio traía libros de mis viajes y los compartía con mis amigos. Después empecé a vender en Internet y como funcionó bien, abrí un espacio físico”, cuenta Bravo, que hoy en día ya tiene dos nuevas sucursales de Mil Gotas, una en la ciudad de Shanghai y otra en Chongqing, en el suroeste de China.

Guillermo nació en la localidad cordobesa de Pilar. Sus primeros años de juventud transcurrieron trabajando en el negocio de su abuelo, dedicado a la venta de materiales de construcción. Ahí, mientras atendía a los clientes o cargaba bolsas de ladrillo, tuvo sus primeras charlas de literatura con su padre, un psicólogo amante de los libros.

“La relación con mi padre era a través de la literatura. El me hablaba desde un lugar muy suyo, muy poco académico”, recuerda Guillermo. “Me acuerdo que hablaba a veces en broma con frases del Quijote como ‘No es menester’. Una vez le dolía una muela y me dijo ‘Me duele más de lo que es menester’. Y nos reíamos porque los dos pensábamos en el Quijote. Mis padres estaban separados y cada vez que él me visitaba, una o dos veces por semana, me traía un libro y yo tenía que dibujar lo que había leído.”

A sus 18 años se mudó a Córdoba capital para estudiar Letras, pero su padre le dijo que estudiara todo menos eso, porque si terminaba siendo profesor iba a odiar la literatura. Eligió entonces Arquitectura, aunque rápidamente se dio cuenta de que no era lo suyo y se anotó en Letras. Después de algunos años de estudio decidió que ya era momento de comenzar a conocer el mundo, y en 2004, con 23 años, se mudó a París. En la capital francesa vio nacer su carrera como profesor de Lengua, escribió sus primeros libros y se embarcó en diversos proyectos literarios, como la fundación de La Guepe, una editorial cartonera de lujo con la que introdujo distintos autores latinoamericanos al público francés.

“Al principio me gustaba mucho Francia, pero en un momento empecé a sentir que quería algo más. Junté plata y me fui cuatro meses a Pekín en 2008, donde estuve escribiendo. Me gustaba China y sentía que Francia no era lo suficientemente diferente. Me fui cuatro meses justo antes de las Olimpíadas y me encantó; no me quería volver y hasta pensé en quedarme”, rememora.

Su deseo se cumplió finalmente en 2012, cuando le ofrecieron ser profesor de Literatura en dos universidades de la capital china: Capital Normal University y Pekin University, donde actualmente sigue enseñando. “Ahí doy clases de Literatura, pero de una forma especial. Es un pantallazo general para que los chinos tengan una idea de quién es Jorge Luis Borges, por ejemplo. Un recorrido para empezar a comprender la literatura latinoamericana”, explica.

–¿Qué es lo que más les atrae a los chinos de nuestra literatura?
–Creo que encuentran otra manera de ver o de vivir la vida, un mundo nuevo y una cultura diferente que les parece apasionada y colorida. Me acuerdo de un lector chino que vino a la librería, acongojado, a contarme que había leído una escena de Vargas Llosa en la cual una pareja hacía el amor por varias horas, que luego estrujaban las sábanas y caían litros de sudor. Me contó este lector que desde entonces cada vez que se acostaba con una chica iba a estrujar la sábana y no salía ni una gota. Entonces decía: “Eso me pasa por no ser latinoamericano”.

–¿Cómo es el perfil del chino lector?
–Está el lector general, que lo que quiere es García Márquez o Isabel Allende. Y después está el lector sofisticado, que va a buscar un poco más, que ahora está leyendo mucho a Roberto Bolaño, que representa en China la nueva literatura. A Borges también lo leen mucho los chinos. A estos lectores yo los llamo “la nueva burguesía”. Jóvenes de unos 30 años ya sin apremios económicos, que estudiaron en el exterior, saben lenguas y tienen más tiempo para el ocio. Son los que yo veo en los Starbucks de Pekín, esos son nuestros lectores.

–Hace ya ocho años que vivís en China. ¿Qué cambios viste?
–Desde 2008 estoy en contacto con China y hubo cambios grandes, hasta en la manera de caminar, de comer, hasta de relacionarse entre ellos. Incluso hay muchísimos chinos que estudian español. Todo está cambiando y también cambió mucho la imagen de China en el extranjero. Antes el extranjero pensaba que en Pekín iban a estar comiendo perros en la calle y ahora piensan que hay computadoras volando por la ciudad. No es ninguna de las dos cosas. Yo creo que China todavía no está en esa liga que la gente imagina que está. Hay la misma desinformación pero al revés. Es cierto que hay partes de Pekín que te sorprenden por la tecnología, pero todavía falta mucho, sigue siendo un país subdesarrollado en varios aspectos.

–¿Hoy hay más latinoamericanos viviendo en China?
–Se están acercando mucho, pero veo que les falta la paciencia necesaria para hacer negocios en China. Una vez fui a una charla de emprendedores latinoamericanos y lo primero que dijeron fue: “Si quieren hacer algo en China ármense de paciencia, piensen en 10 o 20 años”. Hay muy pocos emprendedores latinoamericanos que estén dispuestos a pensar así. China ha tenido una experiencia muy traumática con Occidente, por lo cual se protegen mucho y además son el mercado más grande del mundo. Lo cuidan y no se lo van a dar a cualquiera.

Un puente literario
Aunque Guillermo Bravo no vive en Argentina hace más de diez años, siempre vuelve. En sus viajes, comenzó a notar que hacía falta aquí un acercamiento a escritores y autores chinos. Por eso, en 2019 fundó junto a tres socias la primera editorial argentina especializada en literatura china (llamada también Mil Gotas), con la que acaban de publicar en nuestro país su primer libro, Tándem Animales, una antología que reúne a cuentistas chinos y latinoamericanos, en los que se entrecruzan nombres como Samanta Schweblin, A Yi, Washington Cucurto o Lu Min.

–¿Cómo surgió la idea de la editorial?
–Los cuatro que hacemos la editorial vivimos alguna vez en China y vimos que era necesario mostrar una nueva China, lo que nosotros vivimos y lo que vimos. Veíamos en Argentina una veta para eso. Nos pareció que era necesaria una mirada independiente, fresca y nueva.

–¿Cuál es el perfil de los escritores chinos actuales?
–Hace poco un poeta chino de 25 años me dijo: “Somos los primeros poetas hombres chinos que cambiamos pañales, que cuidamos a nuestros hijos”. Eso queremos mostrar, los cambios de generaciones. Ahí hay una nueva China, una forma diferente de relacionarse con la pareja y la familia y eso se nota en la escritura, un nuevo modo de relacionarte con el mundo.

–Somos países muy distantes, ¿pero hay una cercanía en la literatura?
–Sí, acá también pasa lo mismo. Bioy Casares o García Márquez no cambiaron pañales. Acá también la generación de 20 o 30 años son los primeros que se ocupan de sus hijos y que tienen otra relación con su pareja. Argentina está un pasito adelante. En China la palabra feminista todavía no es positiva. Pero China siempre ha hecho otro camino. Nosotros pensamos que hay un solo camino y ellos llegan por otras vías. El aborto allá es legal hace mucho y sin embargo el machismo es más fuerte. En la editorial queremos publicar muchas mujeres porque las mujeres son las que están en la vanguardia del pensamiento en China. Ellas están viendo el mundo de una manera mucho más sutil.

–¿Pensás en vivir allá para siempre?
–Me imagino al menos dos o tres años más, por todo lo que estoy haciendo ahora. No sé si me quedaría para siempre porque es difícil sentirse parte de la sociedad. Yo creo que llegué a comprenderlos mucho, pero siempre hay cierta lejanía. Eso es doloroso: estar en un país, quererlo y siempre sentir que hay una capa que no vas a atravesar

martes, 16 de octubre de 2018

Una librería argentina en Beijing


El 11 de julio pasado, Aye Iñigo publicó en La Voz del Interior, de Córdoba, la siguiente entrevista con Guillermo Bravo, un escritor cordobés que abrió una librería de libros en castellano en Beijing.

Cumple un año la librería 
que abrió un cordobés en China

El escritor y editor Guillermo Bravo, oriundo de Pilar, celebra el primer aniversario de su librería Mil Gotas, que ofrece libros en español y traducciones de obras clásicas al chino, en la ciudad de Beijing.

En medio de la inmensidad de Beijing, entrar a Mil Gotas es como volver a Argentina por un rato. Esa pequeña librería en el cuarto piso del Instituto Cervantes de la capital china podría estar en cualquier calle de Córdoba, de Mendoza o de Buenos Aires. Entre sus estantes, los lectores chinos –o los hispanohablantes que viven o visitan Beijing– pueden encontrar autores como Fogwill, Antonio Di Benedetto o Roberto Fontanarrosa, entre muchos otros.

“Fundé Mil Gotas por una necesidad personal de conseguir libros en español. Entonces fui trayendo y de a poco compartiendo con amigos. Luego empecé en internet y, como funcionó bien, comenzamos en un espacio físico”, cuenta su fundador, el escritor y editor cordobés Guillermo Bravo.

Además de dirigir la librería, Bravo da clases de Literatura en la Universidad Capital de Beijing. Llegó hace ya cinco años, luego de vivir una larga temporada en París, donde escribió libros y realizó diversos proyectos literarios, entre ellos la fundación de la editorial La Guepe, con la que publicó el primer Martín Fierro en mandarín.

–¿Qué les atrae a los chinos de la literatura hispanoamericana?
–Me da la sensación de que encuentran un mundo nuevo. Otra manera de ver o de vivir la vida. Así que no sólo encuentran una literatura, sino toda otra cultura. Les parece colorida y dinámica y apasionada. Me acuerdo de un lector chino que me contó que había leído una escena de Vargas Llosa en la cual una pareja hacía el amor por varias horas. Luego estrujaban las sábanas y caían litros de sudor. Me contó este lector que desde entonces cada vez que se acostaba con una chica iba a estrujar la sábana y no salía ni una gota. Entonces decía “eso me pasa por no ser latinoamericano”. Me gusta mucho cuando los lectores me cuentan esas anécdotas, de cómo la literatura se mete en la vida cotidiana de la gente.

–¿Cuál es el autor más vendido?
–García Márquez. Los chinos tienen una fascinación total por García Márquez. Aún no me la explico, pero alguna vez me gustaría escribir un artículo sobre el tema. Luego siguen todos los autores del boom. Y luego César Aira, pero es porque por mi gusto personal hicimos una estantería para él solo y siempre lo estamos promoviendo.

–¿Hay un perfil promedio del chino que se interesa por la literatura hispanoamericana?
–Son estudiantes de español. Son parte de lo que yo llamo “la nueva burguesía” china. Gente de clase media y media alta a la que le sobra un poco de dinero y lo invierte en educación, que es fundamental en los chinos.

–¿Tenés libros en venta de algún autor cordobés?
–Tengo muchas editoriales cordobesas y a través de ellos a autores de Córdoba. Por ejemplo la editorial Caballo Negro, que me parece excelente, o la editorial Alción, entre otras.

De Pilar a Beijing
Guillermo nació en la localidad cordobesa de Pilar, donde vivió hasta sus 18 años. Con cuatro hermanos y padres psicólogos, lo que más recuerda de sus primeros años de juventud eran sus días trabajando en el negocio de su abuelo, dedicado a la venta de materiales de construcción. Allí, mientras ayudaba a cargar “al hombro” bolsas de ladrillo o atendía el mostrador, tuvo sus primeras charlas de literatura.
“Me encantaba trabajar ahí con mi abuelo. Además, creo que esa experiencia me sirvió para comenzar con la librería. Fue una infancia feliz, supongo... Además de mis padres, que se separaron cuando yo era muy chico, estaban mis abuelos, y esa empresa de mi abuelo que era como el personaje central de la familia porque todo giraba en torno a eso. Después, a mis 18, me fui a vivir a Córdoba capital, para estudiar Arquitectura”, recuerda.

–¿Y cómo fue tu primer acercamiento a la literatura?
–Mis padres son psicólogos. Luego mi padre se cansó de la psicología –cuando se separó de mi madre– y estudió literatura. Se recibió y trabajó como profesor hasta que se jubiló. La relación con él era sobre todo a través de la literatura y fue él quien me fue introduciendo en esta pasión. Desde chico me hablaba de eso. De una manera muy particular, muy suya. Muy poco académica. Me acuerdo de que hablaba a veces en broma con frases del Quijote como “no es menester”. Una vez le dolía una muela y me dijo “me duele más de lo que es menester”. Y nos reíamos porque los dos pensábamos en el Quijote. Cada vez que me visitaba, una o dos veces por semana, me traía un libro y yo tenía que dibujar lo que había leído. Luego volvió a vivir a Pilar y nos veíamos todos los días para hablar de esto.

–¿Qué otros autores te hizo conocer?
–También me contaba muchas anécdotas de escritores. De Roberto Arlt, Quiroga, Sarmiento, Dickens... De Dickens sabía hasta los platos que comía, y un día me dijo que le gustaba tanto que se iba a dejar su mismo peinado y barbita. También me acuerdo de que me contaba que cuando Arlt era chico y hacía algo que molestaba al padre, que era un loco, este le decía: “Te pegaré mañana”. El pobre niño se quedaba 24 horas esperando la paliza, que al final se realizaba de manera brutal. Mi papá muchas veces me decía en broma “te pegaré mañana”. En fin, creo que fue una buena manera de entrar a la literatura, muy poco académica, muy libre.

–Si tuvieras que elegir tus tres libros preferidos, ¿cuáles serían?
–A pesar de ser muy poco nacionalista y de que hace casi 15 años de que vivo afuera, mis escritores preferidos son casi todos argentinos. Borges, siempre. Ya de más grande descubrí a Aira y, a través de él, a Copi y a Osvaldo Lamborghini, dos escritores que adoro. Aira me cambió mi forma de ver la literatura. Para decir tres libros, diría Osvaldo Lamborghini, de Ricardo Strafacce; Congreso de literatura, de Aira, y Cosa de negros, de Washington Cucurto.

–Estás por publicar en Argentina una biografía de Copi. ¿Cómo surgió semejante proyecto?
–Empezó porque vivía en París y por casualidad conocí a varios amigos de Copi que me contaban anécdotas de él. Y de a poco me fui interesando en él como persona. Me gustaban su cara, sus gestos. Y su obra me volvió loco. Así que se fue dando naturalmente. La va a publicar la editorial argentina Mansalva, lo que es un gran honor porque para mí es única, quizás la mejor del país. Soy fanático de Mansalva y de su creador, Francisco Garamona. Un poeta genial que hemos traducido al chino.

–Si un chino te dice que quiere ir a conocer Córdoba, ¿qué lugares no puede dejar de visitar?
–Yo creo que lo mejor que tiene Córdoba es su vida estudiantil. Toda la parte del Centro y de lo que llaman el casco histórico creo que hay que visitarla. Y luego las Sierras, que son hermosas.


jueves, 24 de agosto de 2017

Mañana homenajean a Julio Cortázar en China

“Con sus principales títulos traducidos al mandarín, Rayuela, Todos los fuegos el fuego, Historias de cronopios y de famas y Los premios, la obra y la figura de Julio Cortázar será homenajeada el próximo viernes en Beijing, de la mano de especialistas chinos y argentinos”. La noticia, propalada por la agencia argentina TELAM fue recogida por el diario mexicano La Jornada, que la publicó el pasado 21 de agosto.

Un nuevo homenaje a Julio Cortázar, ahora en China

El reconocimiento llegará a través de una mesa redonda en la sede del Instituto Cervantes de la capital china, que contará con la presencia del traductor de la obra de Cortázar al mandarín, Fan Ye, quien analizará la ardua tarea de la traducción.

También participarán la especialista en letras argentinas y traductora de Ricardo Piglia, Lou Yu, quien abordará las claves de lectura del autor de “Final del juego”, y el escritor, editor y profesor de literatura de Normal Capital University de Beijing, el argentino Guillermo Bravo, quien se referirá a la enseñanza de las obras de Cortázar en China. 

"Es llamativa la influencia que tienen en China autores como Borges y Cortázar, cuyas obras han sido traducidas al mandarín. Seguir promoviendo sus libros y entender qué encuentran los lectores chinos en sus textos, con qué elementos de su entorno relacionan su literatura, es el desafío de la mesa redonda”, adelantó a Télam el Consejero cultural de la Embajada argentina, Juan Manuel Cortelletti, quien será el moderador de la actividad.

“Cortázar en China es otro Cortázar, ya apropiado por los ciudadanos chinos, incorporado a la realidad de los lectores de Beijing, Cantón, Chengdu, Tianjing, en fin, en todo el país”, explicó el diplomático.

Los oradores abordarán también “los pormenores de la traducción de Cortázar al chino, tarea de un altísimo nivel de complejidad, sobre la cual nos ilustrará Fang Ye, quien es un profundo conocedor y también un apasionado por la obra del argentino”, aseguró Cortelletti.

Los fragmentos de la entrevista que le hizo a Cortázar el periodista español Joaquín Soler en 1977, en su programa “A Fondo”, servirán como disparadores para ahondar en la figura de uno de los escritores “más reconocidos e influyentes en China”, según explicó el coordinador del evento.

La actividad se realizará en el marco del 45º Aniversario del Establecimiento de Relaciones Diplomáticas entre la República Argentina y la República Popular China y está organizada por la Embajada argentina en Beijing, el Instituto Cervantes y la librería hispanoamericana Mil Gotas. 

Esta es la segunda mesa redonda en torno a las letras argentinas, después de la realizada en 2015 sobre la obra de Jorge Luis Borges.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Aventuras de un editor en China

Ayer, Guillermo Bravo vino al Club de Traductores Literarios de Buenos Aires para contar su experiencia como editor y consejero editorial en China, donde reside desde hace tres años. Se refirió a la forma en que funcionan las editoriales chinas, sus distintos tipos, lo que publican y habló extensamente sobre la censura y otras dificultades que hay que sortear a la hora de emprender esa actividad. El suyo fue un informe ameno, que concluyó con una ronda de preguntas por parte del público.

Una parte de su exposición consistió en la lectura de un texto, que se reproduce más abajo.

Quien desee ver el video registrado, puede hacerlo acá:
http://www.ustream.tv/recorded/70055331

Guillermo Bravo es un escritor y editor argentino, co-fundador de la editorial la Guepe Cartonniere y de la revista de traducción Alba.Actualmente reside en Beijing desde dónde colabora con medios como La Nación, Ñ, Página 12. Trabaja como profesor en la Universidad Capital de Beijing y es editor en Cathay Publishers.


Algunos datos sobre la edición en China 

En 2014 se publicaron en China, de manera oficial, según un informe de la Academia China de Prensa y Publicaciones, 448,000 títulos diferentes. A eso hay que sumarle las publicaciones Minjian, que aunque de circulación restringida tamién se venden  en internet y pasan de mano en mano. 

Según otro informe del mismo organismo los chinos leen, sin contar las versiones digitales, un promedio de 4,39 libros al año, mientras que los surcoreanos leen 11 libros al año, los estadounidenses 7 y los japoneses y franceses unos 8,5,  México 2,9 libros al año, Colombia (2,2) , Brasil 4. 

Según  Open Book’s 2013 China Book Retail Market Report, publicado por la agencia Open Book, el volumen de venta de libros en papel en China alcanzó ese año los 50.000 millones de yuanes  (8.000 millones de dólares). La mayor parte de esas ventas, que supusieron un crecimiento de un 10% con respecto al año anterior vienen de librerías tradicionales, que es el sector que más ha crecido, con un 30%. 

Paralelo al crecimiento de las ventas en librerías tradicionales y sin excluirlo, más bien lo contrario, se da el crecimiento de las ventas online que se hacen mayormente desde el teléfono. Como anotación lateral puede señalarse que este tipo de ventas, no solamente de libros sino de todo tipo de productos y servicios ha convertido a China en el mayor mercado online del mundo. 

El 64% de los lectores chinos compran libros de papel online en donde suelen ofrecer un descuento  de un 30 o 40%   respecto a las librerías tradicionales.

Según el citado informe de la Academia China de Prensa y Publicaciones, el gusto de los lectores chinos en cuanto a literatura está, desde hace varios años, bien definido: la lista de los autores más vendidos la encabezan los autores locales y contemporáneos. 

A pesar de eso se realizan muchas traducciones, especialmente desde el inglés y el japonés. Los editores y los lectores acuerdan en que las traducciones son siempre un problema en China y que es difícil encontrar una de calidad: las traducciones suelen hacerse en tiempos acotados y con equipos de varios traductores para un sólo libro. 

Las editoriales extranjeras se encuentran frecuentemente enfrentadas al dilema de no encontrar traductor para su libro o de encontrarlo tener que esperarlo hasta que libere un espacio en su apretada agenda. 

Pero hay que decir que a pesar del crecimiento económico y del tamaño de su mercado, China sigue siendo relativamente inaccesible para las editoriales extranjeras. Problemas relacionados con la piratería, la estructura de la industria, el comportamiento particular del mercado local y la censura siguen impidiendo, para bien o para mal, que las editoriales extranjeras puedan implantarse en China. 

Como en otros sectores, el mercado está dominado principalmente por actores chinos mientras que las empresas extranjeras intentan incertarse colaborando con socios locales. 

Todos los editores, locales o extranjeros, coinciden en que la mayor oportunidad que ofrece el mercado chino es su volumen y las mayores dificultades son la distribución y la censura. 

Con respecto al primer punto la escala del mercado y el hecho de que la mayoría de las librerías respondan al estado o a grandes empresas de distribución ya establecidas no facilitan la tarea de las nuevas editoriales. Pero estas no son las únicas dificultades. Las librerías hacen un pedido cuando el libro está por ser publicado o acaba de ser publicado luego, una vez por año, cada octubre para ser más específico, se hace el balance y los editores pueden saber cuántos ejemplares se han vendido. Las librerías devuelven los libros que no se que les han quedado en stock y pagan el resto. 

Este sistema hace que cada año, cada octubre, miles de libros, toneladas de libros, inunden los locales de las editoriales para ser enviados rápidamente a centros de procesado para ser transformados en pasta de papel. 

Pasando al segundo punto, la censura, en muchos casos, en la mayoría de los casos, se ejerce por parte de los editores, conocedores de las reglas locales, una autocensura que hace que la condena directa sea menos visible. 

Por un lado sólo los editores oficiales tienen derecho a obtener un isbn y las editoras independientes deben publicar a través de ellas. Así, el libro nunca pertenece del todo al editor independiente por lo que le será más difícil por no decir imposible, defenderlo. El libro, antes de ser publicado debe ser leído por un censor local, a costo del editor independiente y si su libro no es aprobado no sabrá nunca los motivos o de quien ha dependido la decisión final. 

Hasta aquí los datos se han referido a la publicación en papel, algunas palabras ahora sobre el libro electrónico en China.  En esto también  la industria local tiene caracteristícas específicas. En 2013 -últimos datos que hemos encontrado sobre el tema- las ventas en formato digital alcanzaron los  338.000 millones de yuanes, lo que representa el  17.0%  de los ingresos totales del mercado,  y un crecimiento de 3,1 con respecto al año anterior. 

La mayor parte de los usuarios chinos leen desde su teléfono y no desde sus kindle o tablets. Además la mayoría lee los contenidos  en línea o a través de aplicaciones, sin descargar el libro es por ello que se dice que el presente y el futuro del libro digital en China es en HTML y no en otros formatos como en Estados Unidos o Europa. 

China es, además, el mayor mercado de telefonos inteligentes del mundo: y es justamente en estos dispositivos en donde hoy se leen los libros de formato digital en el país. 42%  de los chinos se conecta a internet todos los días a través de su teléfono, es decir, 1.400 millones de personas ( 1.4 billion)

Así ha surgido algo que podríamos llamar una “literatura de teléfono” para leer en el metro o mientras se suben las escaleras mecanicas de un centro comercial: se tratan de folletines con elementos de ciencia ficción con capitulos breves que se actualizan cada día o cada semana.

Sin embargo, los best sellers, suelen ser, a fin de cuentas, los mismos que en todos lados: Harry Potter, Pablo Cohelo, etc, a los que se le suman los actores locales. Además, los géneros de libros más vendidos son los mismos que en casi todos los países y renegan la literatura para privilegiar las biografías de personajes famosos, locales o extranjeros, como David Beckham o la reina de Holanda, los libros de autoayuda, y sobre todo los libros de autoayuda dirigidos a futuros empresarios, tipo “diez claves para el éxito”, “tenga su modelo de negocio en media hora”, etc. 

Para terminar algunas constataciones que pueden ser útiles. La primera es que los libros son muy baratos, los libros en papel y mucho más aún los libros electrónicos. El precio típico de un libro electrónico en China es de 8 yuanes  ($1.30), mientras que el precio en papel ronda los cuarenta yuanes  ($ 6.5)De hecho, nadie da un libro como regalo, como hacemos nosotros, dado que el libro es considerado algo demasiado barato y que cada uno compra por sí mismo. 

Es por ello, y como siempre en China, que el negocio de los editores está en la cantidad, en el volumen de venta. 

La segunda constatación es que a diferencia de lo que pasa aquí y a pesar del precio del libro los escritores viven de su trabajo e incluso muchos de ellos muy bien. 

Según el ranking publicado por el equivalente al Forbes chino en su novena edición de diciembre 2014 los cincuenta escritores más ricos de China ganaron ese año, cada uno, más de un millón de yuanes por sus derechos de autor para libros en papel solamente. 

La lista de los escritores más ricos está liderada por  Zhang Jiajia un escritor de 34 años que se hizo famoso por sus libros para adolescentes quien ganó en 2014 19.5 millones de  yuanes ($3.1 million).  

Zhang Jiajia comenzó colocando sus historias breves en weibo, el equivalente chino de twitter donde se hizo conocido hasta que un editor lo descubrió y lo convirtió en un negocio rentable. Zhang Jiajia vendió en 2014 4 millones de copias y según él mismo ha declarado en entrevistas 4 millones más en “canales no autorisados”, lease piratería. 

Han han uno de los escritores más conocidos ganó ese año  15 millones de yuanes, Guo Jingming,  13 millones. El premio nobel Mo Yan se encuentra en la lista en el puesto 13, con 6.5 millones de yuanes ganados en 2014. 

La lista de los escritores más ricos está dividida según esta publicación en tres categorias: Escritores establecidos, escritores de literatura online, y autores para niños y adolescentes.

Esta lista, que se toma solamente teniendo en cuenta los datos arrojados por las ventas de libros en papel muestran que el mayor negocio está del lado de esta última categoría. 

Es por ello que es posible que el ámbito más próspero para la traducción en China sea este, el de los libros para jóvenes y para niños. Es en este sector en donde más se traduce y muchos editores ya se han dado cuenta que los libros traducidos desde el inglés ocupan al menos el 85 por ciento de lo que se publica en China como literatura infantil extranjera por lo que ven una oportunidad en otras, principalmente el español y el francés.