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sábado, 15 de enero de 2011

Alan Pauls: "en una época, traductor"


En su edición del 10 de octubre de 2010, El Universal, de Caracas, publicó una entrevista anónima con el narrador argentino Alan Pauls, que giró alrededor de la traducción y donde se elogio el proyecto de ayuda a la traducción del gobierno argentino.

Los traductores son los contrabandistas de la cultura

La traducción literaria como "contrabando". El escritor argentino Alan Pauls aprovechó la Feria del Libro de Fráncfort para reivindicar con esta singular metáfora la labor del traductor, un oficio que no goza a menudo de gran atención en el mundo de los eventos culturales.

El proceso de difusión de las literaturas no pasa esencialmente por el "mundo social, la mundanidad, las ferias como la de Fráncfort", comentó el ganador del premio Herralde 2003. Este tipo de difusión opera en un proceso "muy lento, muy homeopático, casi como de contrabandismo", destacó.

"Por eso los traductores son tan importantes. Los traductores son contrabandistas del mundo contemporáneo en el mundo de la cultura. Son los únicos que pueden leer en otros idiomas. Los editores hoy ya no saben hacerlo, o sea que esto descansa necesariamente en el traductor", señaló el autor de El Pasado.

Coincidiendo con escritores, editores y agentes del mundo cultural de Argentina, invitada de honor en la edición 2010 de Fráncfort, Pauls recalcó que "lo más importante en relación con la difusión de la literatura argentina es el programa SUR de traducción". En la feria de Fráncfort, la principal del sector en el mundo, se busca impulsar la difusión de obras literarias regionales en el mercado internacional, precisó DPA.

Son "ese tipo de operaciones político-culturales las que tienen verdadera eficacia en la difusión de la literatura nacional. La eficacia que va a tener ese programa en el exterior es incomparable con cualquier otra cosa que uno pueda hacer", dijo refiriéndose al programa lanzado por el gobierno para fomentar la edición de obras argentinas en otros idiomas.

La producción del propio Pauls fue muy elogiada en los medios de Alemania tras la publicación de El Pasado e Historia del llanto en alemán.

Pauls fue "en una época" traductor. Su interés por esta tarea se ve reflejada en Rímini, protagonista de El Pasado que, recuperando "cierta experiencia personal" siente adicción por traducir.

"Escribir es algo que puedo suspender perfectamente y retomar al día siguiente. Pero si la traducción no está terminada hay algo que me está faltando", dice al comentar que a veces traduce como "una manera de entrar en intimidad con un texto que por alguna razón se (le) está resistiendo".

"Traducir es como leer muy pegado, es como una lectura de miope. Y muchas veces siento esa necesidad", dijo el autor.

Además, señaló que le interesa ver cómo se tradujeron sus textos cuando conoce la lengua, lo que sucede con "el francés, el inglés, un poco con el portugués, con el italiano". En el caso del alemán, lengua que no lee, el escritor mostró plena confianza en su traductor, Christian Hansen, premiado por su traducción de 2666 de Roberto Bolaño.

Pero más allá del idioma al que se traduce, a Pauls le gusta "ver que los libros se van reproduciendo como conejos en distintas lenguas. Para mí las traducciones son como buenas noticias, como si te llegaran buenas noticias desde la patria en la que viven los libros una vez que uno los publica, un lugar en cierto sentido muy lejano".

El programa SUR ya ha otorgado subsidios para más de 200 obras que fueron traducidas a distintos idiomas. Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, al francés; Zama, de Antonio Di Benedetto, al hebreo, o la obras de César Aira vertidas al alemán son algunos ejemplos.

Al referirse a la presentación de Argentina en la actual Feria de Fráncfort, Pauls señaló que fue "lo suficientemente rica y plural" como para dar en pocos días una impresión de la producción literaria nacional. Y destacó la elevada cantidad de escritores (60) presentes en la feria.

"Es una locura. Si hubiera un comando de escritores argentinos de 20 años 'Al Qaida' y quisieran renovar la literatura argentina del día a la mañana, pondrían una bomba en el (hotel) Continental y se acabó la literatura argentina, tendría que empezar todo de cero", dijo irónicamente.

sábado, 23 de octubre de 2010

Una perspectiva de Frankfurt más real


Publicado el domingo 17 Octubre pasado en el diario El Mercurio, de Santiago de Chile, por Macarena García, enviada especial a Frankfurt, el siguiente artículo permite una perspectiva distinta de la feria que acaba de terminar: "La principal feria del libro del mundo intentó predecir el futuro de la industria. Pensar cómo la digitalización cambiará la lectura y las formas de ganarse la vida editando o escribiendo libros".

Feria del Libro de Frankfurt:
El incierto futuro del libro

El tema de la Feria podría haber sido Latinoamérica. Por tercera vez en la historia, la invitación de honor recaía en un país del continente –Argentina, que mostró su literatura, a la vez que cine, tango y alfajores– y el Premio Nobel se lo llevaba contra los pronósticos un escritor de la región, Mario Vargas Llosa. Pero no. El tema no fue Argentina y poco se lo robó el escritor peruano. La discusión, acorde con los tiempos, fue sobre los libros que se leen en pantalla: la revolución del ebook.

Quizá haya que aclarar algo: la razón de la Feria del Libro de Frankfurt –la más importante en su género– no es la literatura, sino el libro o, más precisamente, el negocio editorial. Es como si fuera una feria del automóvil. A las nueve de la mañana, un tropel de hombres forma una masa bastante uniforme que entra con prisa. Hombres (y, en menor medida, mujeres) que llevan maletines o maletas con rueditas y apuran un café en un vaso desechable. Hacia las seis de la tarde, cuando la Feria cierra sus puertas, son esos mismos hombres los que salen de allí un poco más cargados, un poco más despeinados. La Feria no abre al público –un público que de todas maneras no puede comprar allí adentro– más que un fin de semana. Frankfurt es un lugar para hacer negocios, y el problema ahora es que el negocio está en crisis. El mayor temor para los que han estado en esta industria por años es que los libros digitales no dejarán tantos dividendos como los impresos. La respuesta –no siempre asumida– es tratar de demorar el cambio y, de ser imposible, de hacer que el futuro se parezca lo más posible al presente.

Mantener la cadena del libro
Eoin Purcell se gana la vida como analista de la industria editorial, y dice que le llama la atención que por primera vez es la feria misma la que se organiza para afrontar el tema de la digitalización. “Llevamos muchos años hablando de ebooks “, dice el especialista irlandés, “pero ahora la feria lo ha puesto al centro del debate con estos hotspots y el ciclo de conferencias”. Purcell está sentado en el espacio para reuniones de uno de los seis hotspots, espacios destinados a dar a conocer las últimas novedades tecnológicas. Este está destinado a mostrar dispositivos de lectura: una veintena de diferentes pantallas con más o menos botones busca la aprobación de los lectores. También se vende un ebook para niños, a prueba de golpes y chocolates derretidos, en el que los personajes se mueven y la música acompaña. Cabe preguntarse si los libros no terminarán siendo películas. El hotspot tiene también un pequeño auditorio con su necesaria pantalla para proyectar powerpoints en que los participantes del negocio exponen sus gracias. Un hombre se gana a la audiencia confesando que a él todo esto también le atemorizaba, antes de explicar cómo hay que diseñar un libro para que pueda ser leído en los distintos aparatos de lectura, que es el servicio que su compañía presta.

Purcell, quien no está del lado de los apocalípticos ni de los más entusiastas, cree que los modelos que hoy se plantean para desarrollar el libro digital no son más que soluciones de mediano plazo, resistencias del mercado, que no alcanza a dimensionar la transformación. “Se está tratando de replicar la cadena de valor del libro impreso: el autor, el agente, la editorial, el distribuidor y el vendedor. Pero también aparecen muchos otros modelos que son más conscientes de que el negocio mismo ha cambiado y pueden tomar ventaja de ello”, dice, y agrega: “No me extrañaría nada que para la próxima Navidad los dispositivos de lectura fueran gratis. O que se regalarán a cambio de la compra de un cierto número de títulos”.

¿Será sólo un complemento?
En Frankfurt se trata de prever el futuro. La ceremonia inaugural dio la nota cuando el director de la Feria dedicó buenos minutos a hablar de cómo la digitalización era el último paso de la revolución iniciada por Gutenberg. Su énfasis no coincidía con la realidad del mercado digital alemán –donde el ebook apenas llega al 1% de las ventas–, pero era una adecuada respuesta a los tiempos. Este año no sólo se lanzó el iPad, sino que personajes como Andrew Wylie, el más poderoso agente literario, lanzaron su ofensiva digital y las ventas en EE.UU. subieron hasta pronosticar que se llevarán un 20% del mercado total a fines de año. El discurso del germano fue seguido por uno del ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle, cuyas palabras develan esa idea de lo digital como una amenaza: “Me atrevo a predecir que el libro electrónico no reemplazará al libro impreso, pero lo complementará. El libro sobrevivirá a todos aquellos que hoy quieren cavar su tumba”.

De monopolio a oligopolio
En mesas redondas y conferencias se esbozaron posibles buenos futuros, si no para la industria tal como la conocemos, para la publicación y la lectura. Se habló hasta el hartazgo de cómo el escritor puede autopublicarse y por fin quedarse con una buena porción del precio de venta. “Los escritores hoy ganan tan poco que tienen todo que ganar”, dice Chris Meade, inglés que estudia el futuro del libro y que cree que estamos ad portas de un florecimiento creativo. También se dijo que las editoriales seguirán siendo importantes siempre que sepan usar las herramientas de la red para lograr posicionar a sus autores; de lo contrario, corren el peligro de ser eliminadas de la cadena, como cuando el agente negocia directamente con los vendedores. Y, cómo no, se debatió durante horas sobre el poder de las grandes plataformas de venta: la tienda de libros de Apple, la superpoderosa Amazon y la temida Google Editions, que anunció lanzamiento para fines de este año en EE.UU. y comienzos del próximo en el resto del mundo.

Jens Bammel, secretario general de la Asociación Internacional de Editores, dice que una de las buenas noticias que escuchó en Frankfurt fue que el futuro no iba a estar dominado por una de las tres grandes: Apple, Amazon o Google. “Se ve un paisaje muchísimo más colorido que el que imaginábamos hace algunos años”, dice Bammel, “no parece que vaya a haber un monopolio, sino cuando mucho un oligopolio”.

Ricardo Costa, columnista de la brasilera Publishnews, destaca a dos compañías que “están haciendo un gran trabajo” y le podrían dar la pelea a Amazon, que es hoy la mayor librería virtual: los canadienses Kobo, con un catálogo más nutrido que el de Apple, y Copia, que además de ser una plataforma de venta de ebooks se creó como una red social en que los usuarios recomiendan libros. Copia anunció también que sacará un lector de libros a color –hasta ahora, salvo excepciones como el iPad, son en blanco y negro– a sólo 99 dólares. “El gran beneficiario será el lector”, asegura Purcell, quien augura una gran oferta de lectura gratis o a muy bajo precio, y agrega: “Los autores también van a ser beneficiados, aunque es probable que en unos años más el autor medio –no ese que tiene grandes ventas, que siempre podrá sobrevivir bien– se plantee qué tan bueno fue el cambio. Hoy muchos autores pueden vivir de sus obras, y que lo puedan seguir haciendo en el futuro es algo que está por verse”.

Novedades tecnológicas: ¿Cómo se regala un ebook?
El despegue de los ebooks en Estados Unidos y el hecho de que la crisis financiera global ya parezca estar atrás pueden explicar el entusiasmo de los emprendedores digitales que mostraron sus gracias en Frankfurt. Se mostraron ebooks con lenguaje de señas para sordomudos –financiados por un programa de accesibilidad a medios de la Unión Europea–, cuentos para niños cuya historia y dibujos pueden ser modificados por ellos (de los holandeses Mijn naam is Haas), y disparates como una editorial especializada en personalizar las historias a gusto del comprador: él escoge nombres de protagonistas y sus características.

Para “salvar” a las librerías y también el concepto de regalar un libro en tiempos de digitalización, se presentaron tarjetas ebooks, un simple cartón que lleva un código con el que el libro se descarga en el lector digital. Los accesorios digitales no terminan allí: proliferan los vendedores de nuevas aplicaciones para maniobrar la biblioteca en el iPhone o los innumerables diccionarios para cargar en el e-reader . Es también tiempo de las utopías digitales, como la creación de comunidades de lectores, donde los usuarios suben sus textos que son leídos y valorados por el resto. “El mensaje es que somos la revolución de la lectura”, dice la joven promotora de un portal abierto a cualquiera que quiera “publicar” su libro. “Esto es como el myspace lo fue para la música”, agrega, convencida de que alguno de sus escritores se volverá famoso. Y es que ofertas para la autoedición  –que compiten por conseguir los dividendos del siempre dispuesto ego del escritor– hay muchas. Entre las más serias destaca Epubli (http://www.epubli.de/) que ofrece tanto la publicación de ebooks como de libros que se imprimen por demanda. El autor (o su agente o editorial si se quiere) pueden decidir las características de éste y calcular en línea cuando sube o baja el costo. El precio lo determina el autor y también cómo quiere venderlo;un ilustrativo gráfico explica quién se lleva qué porcentaje de la venta final.

El peligro de la banalización que ve Mario Vargas Llosa
El flamante Premio Nobel de Literatura se refirió al tema en unas de sus últimas conferencias de prensa. “Considero inevitable el retroceso de los libros en su forma tradicional. No sé si eso me hace feliz; mi idea del libro es el libro de papel, pero eso está cambiando y va aseguir cambiando. Mi esperanza es que la nueva tecnología no implique una banalización, una trivialización del contenido del libro. Eso depende de nosotros; si queremos que la literatura siga siendo lo que ha sido, está en nuestras manos”.

Los europeos frente al ebook
En temas de digitalización, algo más que un océano separa a Estados Unidos –el país donde el ebook es una realidad– de Europa, donde el libro digital apenas despega. Entre las razones se cuentan las diferentes y protectoras legislaciones europeas. La penetración del ebook en Estados Unidos estuvo impulsada por la práctica de Amazon de vender los libros más baratos del precio al que se los compraba a los editores, algo imposible en la mayoría de los países europeos, donde los libros tienen un precio fijo. Este año, y tras un tenso forcejeo con las editoriales, Amazon retrocedió y aceptó que las editoriales fijen el precio, el llamado agency model. Pero no pierde la fe con lograr establecer un nuevo modelo, que garantice ofertas de ebooks a bajo costo. Ahora en Gran Bretaña –donde no hay ley de precio fijo– Amazon ofrece el 70% de los beneficios para el autor (o para el autor y su editorial, en caso que la tenga) a cambio de un par de requerimientos, entre ellos que ofrezca el libro digital por menos de 7 libras. “Yo me pregunto qué pasará cuando Amazon llegué a España”, dice Eoin Purcell, “no sé si Libranda (la plataforma de venta digital organizada por las editoriales españolas) estará en condiciones de darle la batalla”. Amazon no ha anunciado planes para el mercado en español, pero que hayan comprado el dominio y el éxito de sus filiales en Alemania y Francia da para pensar que puede estar en sus planes.

martes, 12 de octubre de 2010

"Lo primero que veo son gigantografías de la Presidenta saludando en el Bicentenario y entregando computadoras en las escuelas."


Publicada hace dos días en Perfil,  la siguiente columna del escritor argentino Pedro Mairal funciona como crónica de lo que a él le tocó ver en la Feria de Frankfurt.

Y encima, con saco ajeno 

Llego tarde a Frankfurt el martes en el tren de alta velocidad, y me pierdo el discuso de inauguración de la Presidenta y de Griselda Gambaro en el Congress Center. En el lobby del hotel Intercontinental, otros argentinos llegan también tarde. Es de esos hoteles lujosos y clonados, para que el viajero calme su angustia por la extranjería y se sienta como en casa tanto en Dubai, en Singapur o en Alemania. Hotel de chocolatito arriba de la almohada, rosa flotante en la mesa del desayuno, wi-fi en la habitación a cinco euros la hora y dos canales porno que hay que pagar para ver. Dejo las cosas y bajo al lobby a la zona del wi-fi libre, donde uno puede por fin enchufarse la banda ancha a la vena. Me topo con escritores que vuelven de la inauguración. Dicen que estuvo muy bien Griselda Gambaro, que dijo que es importante que el escritor mantenga la disidencia como estado de alerta y que esté siempre en conflicto con la autoridad. Al parecer, la Presidenta malinterpretó sus palabras y le contestó en su discurso, recogiendo un guante que Gambaro no había tirado. Hablaban dos idiomas distintos, me dicen. A otros les parece que los alemanes quedaron fascinados con Cristina. 

Ahora hay que prepararse para ir a la gala de la Opera. La periodista Silvina Friera me ve con mi camisa blanca impecable y me dice que no me van a dejar entrar sin saco y corbata. No traje, le digo. No te van a dejar entrar. Me alarmo. Siempre la pifio con la ropa. Cuando voy de jeans era de saco, cuando voy de saco era de jeans. Hernán Brienza me presta su corbata. A los cinco minutos, ya estoy escrachado en su Twitter: “Mairal se olvidó el saco y corbata”. No me olvidé, pensé que no los iba a necesitar. Me pongo la corbata y mi campera gris. ¿Parezco un remisero? Sí, me dice Friera. A pesar de que en una época yo fui bautizado por Fabián Casas como “el remisero absoluto”, prefiero evitar el look. Subo a mi cuarto y esperando un milagro, abro el placard para ver si el viajero anterior se olvidó un saco para mí. Frente a las perchas vacías, se me ocurre preguntarle al concerje. Me dice que tienen sacos en la oficina de objetos perdidos. Me pregunta mi talla, y qué color. Medium, blue. Al rato, trae un saco azul que me queda perfecto. No conozco gente más eficiente que los alemanes. Firmo un voucher de 150 euros por si lo llego a perder, y al salir me miro de reojo en el espejo. Una facha bastante respetable. 

Por supuesto, en la Alte Oper la gente está elegante pero no frenan a ningún disidente de remera y zaptillas, que los hay. Toca el piano Barenboim y mi acelere no me permite escucharlo, pero después Mederos toca su bandoneón y siento que me vuelve el alma al cuerpo, que estoy ahí, con mi saco prestado, olvidado por algún turista global; estoy sentado en Frankfurt escuchando "Adiós Nonino" con un nudo en la garganta. Soy eso, pienso, esa melancolía ronca, las notas largas, el ritmo envalentonado. El bandoneón se creó para tocar música sacra en las iglesias alemanas, después pasó por los prostíbulos porteños y ahora está de vuelta en Alemania, transformado, sonando sexual y espiritual al mismo tiempo. 

Al día siguiente, al llegar al pabellón argentino, me cuesta descifrarlo. Lo primero que veo son gigantografías de la Presidenta saludando en el Bicentenario y entregando computadoras en las escuelas. Me pregunto si se puede concebir el peronismo sin un culto a la persona, sin paternalismo (o sin maternalismo en este caso). De todas formas, la foto de la Presidenta es más chica que la foto de Evita y la de Borges y la de Maradona que cuelgan en cortinas traslúcidas. Hay un laberinto con primeras ediciones bastante impresionante. La primera edición de Espantapájaros, de Adán Buenosayres, de El Aleph. Está la patente de Arlt cuando registró su invento: “Un nuevo procedimiento industrial para producir una media de mujer cuyo punto no se corre en la malla”. Lo veo a Rep terminando un mural hipnótico, con caricaturas de escritores argentinos. Sin duda, la parte más lograda del pabellón. Con ese fondo, nos sentamos ahí con mis compañeros de mesa y hablamos de Cortázar. 

Después me escapo para ver a mi editor alemán. La Feria del Libro de Frankfurt parece un aeropuerto. Hay pasillos aéreos interminables, señalización perfecta, cintas transportadoras, escaleras mecánicas, largas distancias que la gente atraviesa en combis que comunican los pabellones o caminando a las zancadas como temiendo perder una cita de su agenda saturada. Es más que nada una feria de editores y agentes literarios que hacen sus negocios y que, de vez en cuando, para bajarles los humos, invitan a algunos autores, así ven el océano de libros en el cual su obra es apenas una gota de agua. Mi editor me lleva a ver a mi agente. Los agentes literarios están en un pabellón cerrado al público, del tamaño de dos canchas de fútbol, cada uno en un miniescritorio donde van recibiendo a editores para ofrecerles autores. Es como un lugar gigante de citas rápidas o speed-dating. Es el gran mercado del libro funcionando a toda velocidad. Un hormiguero pateado. Los agentes, como Sherezade, les cuentan a los editores los libros que tienen, resumidos en pocas palabras.

A la noche, en el hotel Frankfurter Hof, un hotel de lujo, veo cómo agentes y editores se van emborrachando en una sucesión de cócteles y terminan de consolidar los negocios. Me piden mi tarjeta. No tengo tarjeta. Soy un impostor. Ni siquiera logro representar a mí país. Con copas de champagne en la mano, me vuelven a preguntar si mi novela es sobre los desaparecidos. No. Y no habla del tango tampoco. Ni de Evita, ni del Che, ni de Gardel. Un desastre. Y encima, el saco no es mío.

lunes, 11 de octubre de 2010

Pepé pe pe pe pe pé, pepé pe pe pe pe pé


Nuevamente Patricia Kolesnikov, pero esta vez para Ñ digital, informa el pasado 7 de octubre sobre cómo van desarrollándose los negocios en la Feria de Frankfurt.

Entre brindis y fiestas
se empiezan a cerrar tratos

Desde el pasillo, lo que se ve es a un hombre y una mujer charlando, rollitos de jamón crudo y cuadraditos de queso de por medio, por ahí hay también una botella de tinto. Pero el pasillo no está en cualquier lado, está en la Feria del Libro de Frankfurt, donde se negocian los derechos de publicación de libros para todo el mundo. Y los protagonistas –el hombre y la mujer—tampoco son cualquier hombre, cualquier mujer. Ella es Beatriz de Moura, la dueña de la prestigiosa editorial Tusquets. El es Juan Gelman, quizás el principal poeta argentino vivo cuyo nombre ayer, en esta feria del mundo editorial, sonaba fuerte para ganador del Premio Nobel de Literatura, que se anunciará hoy. Traduzcamos: De Moura más Gelman más jamoncito más stand en la Feria de Frankfurt ¿da nuevo libro de Gelman, en Tusquets? Esa podría ser una de las primeras novedades que produce este encuentro internacional de editores, en el que la Argentina este año es el Invitado de Honor. Otra novedad: Más liviano que el aire, de Federico Jeanmaire (la novela que ganó el Premio Clarín 2009) será traducida nada menos que por la editorial francesa Gallimard.

Buen debut para el primer día de trabajo en esta Feria frenética en la que la gente (son todos profesionales) anda con una agenda en la mano cumpliendo cita tras cita, una cada 15, 20 minutos, para ver qué compra, qué vende, qué libros saldrán en 2012 en todo el planeta. Olvídense de la Feria del Libro de Buenos Aires, esto es otra cosa: el público general, los lectores, sólo podrán entrar el sábado y el domingo. El resto son negocios.
Como invitado de honor, la Argentina tiene acá unos sesenta escritores, invitados por Cancillería y mucha gente del ramo y ha organizado una serie de charlas que van de lo político –“Memorias del pasado reciente”—a lo técnico: “La traducción al español. ¿A qué español?”. En todas, ayer, hubo un público interesado. Como lo hubo (estaba lleno) en la entrevista en alemán que le hicieron a Guillermo Martínez. Feria de negocios, es decir, cada cual atiende su juego. Así, anda por acá Guido Indij, editor de La Marca y de Interzona, quien hace unos días decía en su blog: “Es una feria de negocios. Sus clientes son editores y agentes que negocian contratos de traducción y publicación para beneficio propio y de sus autores locales e indirectamente de sus culturas nacionales y regionales. Sin embargo, la política estatal argentina ha sido, hasta donde es público, la de no apoyar económicamente el viaje o la estadía de agentes o editores argentinos”.

Pero no son pocos los editores que andan entusiasmados. Daniel Divinsky, de Ediciones De la Flor, cuenta que ya tiene dos interesados (una casa brasileña y otra, francesa) por la versión de Los dueños de la tierra, de David Viñas, como novela gráfica. Y Leonora Djament, de Eterna Cadencia, no puede ocultar su excitación: avanza su negociación para vender a Finlandia La Virgen Cabeza, de la escritora (y periodista de Clarín) Gabriela Cabezón Cámara.

Entusiasmo, sí, pero los editores argentinos vienen a vender pero, sobre todo, vienen a comprar. Es que no es sencillo vender desde el Sur y menos si lo que editan no es ficción sino teoría. “En ensayo –dice Alejandro Archain, de Fondo de Cultura Económica—los temas suelen ser locales. Y si son universales, cada país tiene sus autores. O buscan autores europeos y norteamericanos: allí están las grandes escuelas de pensamiento”.

Fabián Lebenglik, de Adriana Hidalgo, dice algo parecido: “El ensayo va de Norte a Sur, pero ahora tenemos una editorial alemana interesada en Estéticas de laboratorio, de Reinaldo Laddaga… “ya que es profesor en Estados Unidos…”, consideraron los alemanes.

Pablo Avelluto de Random House Mondadori, cuenta que “estamos vendiendo Horacio Verbitsky a Italia”, pero precisa: “y los libros de muchos de nuestros autores los negocian sus agentes”.

Corre la idea de que en realidad el año para que los extranjeros se interesaran por los autores argentinos fue el año pasado, porque éste ya están mirando a Islandia, el próximo invitado. Así que los que consiguieron editor en 2009 (muchos, con ayuda del programa de subsidio a la traducción de Cancillería), acá están con sus libros en muchos idiomas en la Feria, aunque no estén tan visibles en las librerías. Los demás, paciencia y más trabajo.

Negocio, fiesta, mucho brindis y pies cansados, acá se ven las caras los que hacen el mundo de los libros. Por todos lados la gente mira (y muestra) sus i-Pads y se habla de libro electrónico, de tecnología, del futuro que, como dijeron los Redondos, ya llegó.

domingo, 10 de octubre de 2010

Tanto va el cántaro a la fuente que Mario Vargas Llosa es el nuevo Nobel de Literatura


Publicado por La Jornada, de México, en su edición del viernes 8 de octubre, Pablo Espinosa, enviado especial a la Feria de Frankfurt, señala cuáles fueron las repercusiones por el flamante Premio Nobel de literatura concedido al escritor Mario Vargas Llosa, quien proximamente publicará su última novela, que tiene por protagonista al político irlandés Roger Casement. En la foto que ilustra esta noticia, Ulla Berkewics, directora del sello Suhrkamp, exhibiendo con gracia teutona uno de los libros del autor peruano, traducido al alemán.

En la Feria de Frankfurt,
euforia de los editores del galardonado.

Frankfurt, 7 de octubre. En los módulos de la Feria del Libro de Frankfurt, los editores de Mario Vargas Llosa en varios idiomas descorcharon la champaña, el vino blanco; sudaron abrazos y sonrisas; activaron sus teléfonos celulares para felicitarlo. En Manhattan, donde el escritor dicta un curso sobre Borges, era seis horas más temprano.

La euforia de las poderosas firmas, la alemana Suhrkamp y la española Alfaguara, contrastó con la expresión de la novelista Luisa Valenzuela en el módulo de honor, el argentino: ¡qué horror, con el viraje político que dio Mario, yo hubiera preferido a Carlos Fuentes, dijo a La Jornada.

A diferencia también de la isla Suhrkamp alemana y de los menos pero también abundantes metros cuadrados de la editorial española, donde cámaras de televisión y fotográficas, así como grabadoras de todo talante ponían todos los reflectores, en un modesto módulo del tamaño de un cubículo universitario, Pierre Emile Vandoorne, representante de la Alianza Peruana de Editores en Frankfurt, expresó su deseo de que la decisión del jurado sueco se traduzca en una mayor atención del gobierno del país sudamericano hacia la cultura y la publicación de libros, y sobre todo a los escritores peruanos.

La tercera jornada de la Feria de Frankfurt estuvo marcada por la noticia del día, del mes, del año. Mil 200 periodistas hormigueamos entre las montañas de módulos, libros, edecanes. Humo blanco. Decenas nos pusimos a correr kilómetros de módulo a módulo, en busca de la nota.

El pabellón de Alfaguara apostó por dos candidatos, si así entendemos la disposición que hicieron de sendas fotografías monumentales de dos de sus autores, en los lugares más visibles: una mujer, Joyce Carol Oates, y un hombre, Vargas Llosa, como para que no hubiera pierde.

Nos recibe jubilosa la directora de Alfaguara España, Pilar Reyes:

“Lo esperábamos desde hace mucho tiempo. Es un autor que a todas luces y desde hace muchos libros merece el Premio Nobel.

“Es muy leído, solemos hacer tirajes muy grandes de sus libros porque es un acontecimiento cultural siempre que salen. Ya para nosotros era un autor de envergadura grande. En este momento todos sus editores están aquí, en esta Feria de Frankfurt. Es el intelectual más importante de AméricalLatina.

–¿Tienen tiempo suficiente para que su inminente libro lleve en portada la leyenda Premio Nobel de Literatura 2010?

–El libro sale el 3 de noviembre en todos los países donde tenemos operación en el área del español. Se llama El sueño del celta, y por lo menos una fajilla con esa leyenda que usted dice le añadiremos, seguro. Es su libro más europeo. Habla sobre un personaje de finales del siglo XIX y principios del XX, pero es un libro absolutamente vigente. Será un acontecimiento en términos intelectuales.

“Lo escribió en cuatro años y es la historia de un irlandés que fue cónsul británico en el Congo y luego en la Amazonia colombo-peruana. Hizo dos informes que en su tiempo fueron revolucionarios, uno sobre el Congo y otro sobre la Casa Arana, que era una casa comercial de explotación de caucho en el Amazonas.
“Hizo como una memoria de agravios de lo que se hacía allí con los indígenas en ambos sitios, y eso terminó poniendo de manifiesto en Europa lo que sucedió. Vargas Llosa cuenta todo ese cambio de pensamiento en su personaje, apátrida y homosexual.

Hablé con Vargas Llosa hace dos semanas porque estábamos corrigiendo pruebas y terminando la edición del libro. Está en Manhattan, en Nueva York, dictando clases en Princeton, un curso sobre Jorge Luis Borges.

Lejos de los reflectores, Pierre Emile Vandoorne, también director de editorial Matalamanga, pondera: Es el primer Premio Nobel que un autor peruano gana. Es muy importante por el interés que pueda traer a la tradición literaria peruana y por la repercusión que pueda tener en las políticas públicas respecto de la edición de libros en Perú.

Agrega: “es un lugar común decir que no ganaba el Premio Nobel debido a sus opiniones políticas y a sus desaciertos políticos, según algunas personas.

“En Perú la noticia de naturalizarse español después de perder las elecciones causó confusión y sospecha. Sin embargo, es un autor peruano que empezó a escribir en Perú sobre temas peruanos y que participa en la vida cultural y política de Perú hasta el momento.

Recientemente renunció a presidir la comisión del Museo de la Memoria y la Reconciliación en Perú, debido a un desacuerdo que tenía con el presidente de la nación, y eso tuvo un efecto político grande en el escenario local y también demuestra que está activo en la política nacional y que tiene un impacto considerable.

sábado, 9 de octubre de 2010

¿A cuánto los 100 gramos de Borges?

La noticia ya fue anticipada en los comentarios correspondientes a la entrada de ayer, pero luego salió en las páginas culturales del diario Clarín, con firma de Patricia Kolesnikov.

El pase del año:
Borges cambia de editorial

Se sabe: antes que nada, lo de Frankfurt es una feria, un lugar de compra y venta y si de comprar y vender se trata, pocas cosas han pasado más impactantes, por lo menos en lengua española, que el pase de la obra de Jorge Luis Borges de Emecé a Random House Mondadori, tal como había adelantado Clarín en parte de su edición de ayer.

Entre charlas, música, empanadas, clases de tango en los pasillos y gente que habla de che por todos lados agitando la presencia de Argentina como invitado de honor en la Feria del Libro más relevante del mundo editorial, una silenciosa, amable, sonriente María Kodama –junto con el agente Andrew Wylie– firmaba el miércoles el contrato por el que la obra del autor deja la casa que lo publicó en vida. Se trata de cincuenta y cuatro libros del escritor: ficción, poesía, ensayo. Lo que firmó solo y lo que firmó en colaboración.

Ayer, la noticia del pase dejaba con la boca abierta a algunos editores y puso manos a la obra a otros. Enseguida corrieron los números “secretos”. Fuentes del grupo Planeta (al que pertenece Emecé) dejaron que se filtrara su oferta, con la que perdieron: un millón trescientos mil euros. La suma por la que Random House se quedó con los derechos del más relevante autor argentino rondaría los dos millones de euros . Tener a Borges, decían distintas fuentes del mundo editorial, es una cuestión de calidad, de prestigio, pero no de plata. Incluso con el millón trescientos mil euros, comentaba una de las cabezas de esta industria, Emecé iba a pérdida.

¿Perder plata? No es la idea. “Entiendo que Borges es muy rentable”, dice a Clarín Pablo Avelluto, director editorial de Random House Mondadori en la Argentina. “Hay títulos suyos que se reeditan constantemente, que se leen en los colegios”. Borges es Borges: “Es el típico regalo a un estudiante de Letras, por ejemplo, toda la gente que conozco ha leído a Borges de Obras Completas ”.

Pero no todo es dinero cash en el mundo editorial. La casa compradora habría ofrecido, además, renovar la presencia del autor en España, en México y en otros países de América. Lo que viene, comentaban los editores, es un trabajo enorme para rehacer toda la obra; empezando por las tapas y con mucho cuidado sobre los textos. Hermoso trabajo, decían, que necesitará excelentes editores.

¿Dónde se hará ese trabajo? La edición se hará en la Argentina. Vamos a formar un equipo que trabaje los criterios que usaremos, poniéndonos de acuerdo con María Kodama– cuenta Avelluto.

Esta vez, las Obras Completas se presentarán por género y no por cronología: cuentos, ensayos, poesías, misceláneas. “La idea es salir lo más rápido posible”, dice Avelluto. “Marzo o abril de 2011”.

La de Borges es la más impactante, pero no la única venta. La Feria ya está en marcha: el agente Willie Schavelzon, por ejemplo, vendió los derechos de Las teorías salvajes , de Pola Oloixarac, a Suecia y Finlandia, cuenta en una de las mesitas que tiene en el enorme centro de agentes de la Feria, corazón del evento.

En la mesita de al lado, una de las colaboradoras de Schavelzon conversa con Gianluca Catalano, de la editorial E/O. Entre ambos hay un libro: Lisboa, un melodrama , de Leopoldo Brizuela, Premio Clarín 1999 . Brizuela es la gran apuesta de Schavelzon –“yo aposté a él desde antes de que ganara el Premio Clarín”—en esta edición de la Feria: hace tres semanas la editorial alemana Suhrkamp publicó la novela, y ya vendió 8.800 ejemplares. Los alemanes agregaron a la edición un señalador que recuerda al lector quién es quién entre los muchos personajes que tiene la novela. Un elemento extraliterario para facilitar la lectura.
Ayer, también tuvo novedades Federico Jeanmaire, Premio Clarín 2009 . Su novela Más liviano que el aire, ya contratada para Francia, ahora lo fue también para Alemania. “Es cierto que Argentina ya no es el tema para la venta de derechos –dice Schavelzon– porque lo fue en 2008, pero hay países chicos que con toda la movida conocieron a autores argentinos y ahora vienen a pedirlos”.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Ilija Trojanow no está solo

Publicada en la edición del domingo 3 de octubre del diario Página 12, la siguiente opinión del escritor argentino Ariel Magnus, invitado a Frankfurt, limita la exaltación mediática a propósito de la feria alemana y pone en su justo medio el nivel de expectativa que corresponde tener.

El show de los argentinos

“La verdad es que ya estoy harto de los argentinos”, me dijo hace unos días Ilija Trojanow, el autor de El coleccionista de mundos, y la verdad es que lo entiendo: como miembro de Litprom, una sociedad que incentiva la literatura de Asia, Africa y Latinoamérica, y jurado del Weltempfänger, una lista de los mejores libros recientemente publicados de aquellos continentes, recibió (y leyó en gran parte) a todos los argentinos que este año salieron traducidos al alemán. “Una pila así”, le acariciaba la cabeza a un imaginario chico de diez años. “Impresionante.” El hartazgo respecto a lo que parece ser el único tema de la feria –al menos domina claramente la previa– es también la sensación que mejor me supo transmitir otra gente acá en Suiza (somos siete en total los escritores invitados por el Goethe y Pro-Helvetia, a cambio de los seis que andan por allá). En todos los casos se trata sin embargo de un hartazgo bien, un cansancio lindo, digamos, pues refleja el interés que despertó la presencia de Argentina como invitada de honor.

Los suplementos literarios comentan las novedades, las librerías tienen su mesa temática, decenas de “noches argentinas” en todo el país ofrecen el espectáculo de auténticos aborígenes leyendo sus obras, aunque nadie las entienda (para decir que algo suena a chino, en alemán se dice que suena a español; la diferencia es que el español está de moda, incluida su variante argentina). Al mismo tiempo, muchos periodistas alemanes aprovecharon la excusa para viajar a la Argentina, lo que se tradujo en innumerables notas y programas sobre el tema, que ahora llegan a su paroxismo.

Salvando las distancias, es un poco como los mundiales o las olimpíadas, que cuando al fin arrancan uno ya no quiere saber nada más sobre el país anfitrión. El otro denominador común, aunque limitado a los que están en la parte logística, es la crítica al Comité Organizador argentino, que tardó demasiado en dar la lista de escritores invitados, algo imperdonable en un país donde los eventos culturales se fijan (y los folletos respectivos se imprimen) con meses de antelación. Acá me ha pasado que los micrófonos fallen en el medio de una lectura, pero eso sí, había estado dos horas antes haciendo la prueba de sonido, como corresponde. Veremos si tal vez pese al caos vernáculo –casi una atracción cultural más– las cosas igual terminan saliendo bien, que es lo que cuenta.

Lo que también veremos es si la feria sirve para que los argentinos importen algunas ideas alemanas, como el premio al mejor libro del año que dan los libreros o las innumerables becas y premios no comerciales para escritores. Ya el programa Sur de traducción es un gran avance en ese sentido, porque facilita que los libros se traduzcan, y cuando pase el show son ellos los que quedan.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Un negoción


La siguiente nota fue publicado por ADN, el suplemento cultural del diario La Nación, del sábado 11 de septiembre pasado, con firma de la escritora Josefina Licitra.

"Mostremos nuestro yo"

 Imaginen la escena. Es abril de 2010. Diego Armando Maradona frente a un micrófono, contando en conferencia de prensa todo lo que piensa hacer en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica.

-El Mundial es nuestro -dice-. Vamos a hacer seis goles de caño, cuatro palomitas de cabeza al arco, tres bombazos de media cancha y un córner que les va a parar el pulso porque en Sudáfrica, ya van a ver, en Sudáfrica la pelota dobla para nuestro lado. Después vamos a hacer cinco penales y vamos a atajar seis tiros libres y vamos a insultar sólo a dos árbitros porque para qué pelearse si tenemos al mejor equipo de la tierra y además, shhh -baja la voz-, mejor no pelearse mucho porque en el último partido habrá una mano de Dios.

Imaginen.

Imaginen a Maradona en el pasado, contando el futuro.

Y finalmente imaginen al usual periodista inadaptado diciendo:

-Pero Diego, ¿y exactamente qué jugadores van?
-Bueh -imaginen que Maradona resopla-. Confirmados, lo que se dice confirmados, lo que se dice "la lista", todavía no la tenemos. Pero van a ir los mejores.

Imaginen.

Y si imaginan podrán entender, a grandes rasgos y simplificando bastante, de qué modo se está acercando la Argentina a la Feria de Fráncfort: el acontecimiento mundial más importante del universo editorial, el lugar al que irá nuestro país, cuatro meses después del certamen futbolístico.
La Feria del Libro de Fráncfort -del 6 al 10 de octubre- es un espacio fundamental para el mercadeo de derechos de autor. Allí no van familias en paseo dominguero -aunque los últimos dos días el predio se abre al público- sino agentes y editores dispuestos a cerrar tratos e iniciar conversaciones respecto de la compraventa de cualquier tipo de marca literaria. El detalle es que, todos los años desde 1988, la Feria nombra a un país en calidad de "invitado de honor"; una distinción que antes recibieron países como Turquía y China -también estuvo Cataluña, que ya no sabe cómo gritar su autonomía- y que permite que el elegido de turno despliegue del modo más completo su acervo cultural.

Este año la invitada de honor es la Argentina. Y, para estar a la altura de ese privilegio, se armó un Comité de Organización de la Feria de Fráncfort (Cofra) que tuvo y aún tiene como fin organizar y presentar un concentrado rioplatense en el que esté, a grandes rasgos, todo. Desde Juan Domingo Perón hasta Julio Cortázar y desde el Che Guevara hasta Sara Facio. La idea es armar un mapa nacional que a su vez acompañe y aloje -porque de eso se trata- una producción literaria que cuenta desde hace décadas con autores exquisitos.

En clave de fútbol, podría decirse que la liga argentina tiene varios cracks . Tantos que en marzo de 2009 el alemán Jürgen Boos, presidente de la Feria, le dijo a Magdalena Faillace, presidenta del Cofra, que hacía mucho que no veía "una programación así". Lo inquietante es que a mediados de agosto de 2010 -dos meses antes del comienzo del encuentro- aún no estaba la lista oficial de escritores invitados y hasta el momento del cierre de este número sólo había una lista confirmada parcialmente. Un vacío que no hace a la cuestión de fondo -los escritores, dicen agentes y editores, son como plantas de interior en una feria a la que se va a firmar contratos- pero que sí hace a las formas.

La poeta Diana Bellessi, invitada a la Feria, le da a este particular comienzo una interpretación posible: "En América latina, y en especial en la Argentina, hacemos muchas cosas a último momento, casi al borde del abismo, pero muchas de ellas las hacemos muy bien. Es una característica cultural de los países que han sido, o son aún, pobres y calientes".

El problema es que el país de los pobres y los calientes queda lejos, en el más amplio sentido, del país de los alemanes. Matthias Strobel, traductor alemán y agente de Pablo Ramos, Liliana Bodoc y Ricardo Coler -entre otros- lo dejó en claro en un e-mail . "A su entender, ¿la Argentina se está organizando bien con la Feria?", se le consultó. "Francamente: no -respondió Strobel-. Perdón por la crudeza alemana."

"¿Algo más para decir?", se le volvió a preguntar. "Sí: creo que, a pesar de los desencuentros organizativos, la Feria del Libro de Fráncfort va a ser un gran éxito para los autores argentinos y la Argentina en general. El mundo cultural de aquí, sobre todo en Alemania, quedará sorprendido y encantado con la producción literaria de allá."

Corinna Santacruz, ex editora de Suhrkamp -que publica a Sergio Olguín, Pablo Ramos y Laura Alcoba- y miembro de la Agencia Literaria Mertin (que representa a Sylvia Iparraguirre, Claudia Piñeiro, José Pablo Feinmann y Sergio Bizzio) comparte con Strobel esta suerte de "optimismo crítico". "Hasta mediados de agosto no supimos qué autores argentinos iban a estar presentes en Fráncfort -dijo por e-mail -. Hay que imaginarse: las librerías y cualquier institución cultural suelen hacer su programa con muchos meses de anticipación, y estuvimos mucho tiempo bloqueados. ¿Llegaría el autor? ¿Haría una lectura? ¿Quién lo presentaría? ¿Había que reservar una sala o no? ¿Había que anunciar a los periodistas o no? Pero bueno: tanto organizadores como editoriales se fueron acostumbrando... Así, los alemanes también aprenden a improvisar. ¡Veamos el lado positivo!"

Veamos, entonces, el lado positivo: allá vamos con Messi, con Verón, con Pipita y con toda la argentinidad a cuestas.

El resto es Fráncfort.

El otro yo
Todos los libros en todos los idiomas. Eso tenía la biblioteca de Babel: todas las palabras de la Tierra, que es lo mismo que decir la Tierra. Con esta idea como punto de partida, el arquitecto Atilio Pentimali diseñó el pabellón argentino en la Feria de Fráncfort: un espacio de 2500 m2 que funcionará al modo de los laberintos borgeanos y que intentará alumbrar el escenario complejo de la "cultura argentina".
La propuesta no se agota allí. Habrá un stand de 450 m2 para desplegar exclusivamente la producción literaria. Y por fuera del predio -incluso de la ciudad- también habrá movimiento. La cultura nacional tendrá espacio en Berlín, con paneles literarios y exposiciones de artes plásticas, y en infinidad de localidades alemanas a las que llegarán los autores argentinos para hacer lecturas públicas de sus textos. En síntesis, la Feria operará como una carte blanche para poder desplegar la idiosincrasia nacional por buena parte del territorio germano.

Lo que trae sus riegos.

Justamente pensando en esos riesgos, la embajadora Faillace prefiere hablar de nuestro país en términos de "yo": "Mostremos nuestro yo -dice-. Pero que sea nuestro mejor yo. Yo creo que quererse es verse: ver cuáles son tus potencias. Con el respeto por las diferencias que tenemos con los hermanos latinoamericanos, tenemos una cultura de una universalidad que les mueve el corazón y la retina a las personas de cualquier latitud. Por eso, creo que esta invitación es una buena oportunidad para ver nuestro yo y mostrarlo ante el resto. La Feria de Fráncfort va a ser un antes y un después para la cultura argentina".

¿Qué veremos? ¿Qué verán? ¿Quién es yo? Para empezar, habrá una apertura de la Feria a cargo de la novelista y dramaturga Griselda Gambaro, doce exposiciones de artes plásticas, una presentación de Daniel Barenboim y Rodolfo Mederos con su trío, la presencia de Miguel Rep haciendo un mural en vivo y -dentro del pabellón borgeano- seis áreas temáticas que incluyen desde relatos referidos a los desaparecidos hasta panoramas de la ciencia y la tecnología en la Argentina.

Pero también habrá literatura. Y estará, principalmente, fuera de los anaqueles.

En primer lugar, varios escritores serán invitados a distintas ciudades alemanas para hacer lecturas de sus obras. En segundo término, este mes de septiembre se pondrá en marcha el Programa Rayuela, un plan de intercambio entre escritores argentinos y alemanes que llevará a Alan Pauls, María Sonia Cristoff, Pablo De Santis, María Negroni y Ariel Magnus a vivir un mes en Berlín, Leipzig, Fráncfort, Stuttgart y Zúrich, respectivamente. Magnus sintetiza de este modo su futuro en Zúrich: "La idea es que escriba para un diario local y para un blog sobre cómo es vivir entre salchichas, quesos, relojes, Schumachers y Federers".

Y, en tercer lugar -aunque en realidad es el ítem prioritario en la lista-, el Programa Sur (Prosur) de subsidio a las traducciones, una medida que autores, agentes, funcionarios y editores -es decir: todo el mundo- ve con buenos ojos.

El Prosur consiste en el otorgamiento de una suma máxima de 3200 dólares por libro para financiar la traducción de un título, previa evaluación a cargo de un subcomité integrado por Faillace, Noé Jitrik, Horacio González, Mario Goloboff, Horacio García y Silvia Hopenhayn. El subsidio estimula la venta de un libro a la editorial de otro país, ya que en la transacción no hace falta sumar el costo de traducción al costo de venta. Esto permite que, ante la disyuntiva de un editor ("¿me llevo un autor argentino o un colombiano?"), el título argentino presente ventajas económicas frente al de otro país.

"La cultura es poder, y el poder no es un intangible de los ángeles: es una realidad concreta que se pone en libros y en plata -argumenta Faillace-. Y nosotros hemos conseguido que un programa que iba a consistir en la traducción de 50 títulos se ampliara hasta convertirse en política de Estado. Cuando termine la Feria y se apaguen las luces, este programa tiene que seguir."

En general, los protagonistas consultados para esta nota coinciden con Faillace (para disidencias, remitirse a la columna del agente Guillermo Schavelzon). Fráncfort es, para todos ellos, el territorio donde se define el carácter multicultural de cada obra. Y la aparición del Prosur permite que, en términos concretos, cientos de títulos logren cruzar la frontera del idioma. Los escritores y editores se muestran entusiastas:

"El programa es excelente, es lo que queda después de que pase el show y es mi único héroe en este lío". dice Ariel Magnus.

"Lo mejor de Fráncfort 2010 no es lo que se hará sino lo que ya se hizo: el Programa Sur de traducciones. Ojalá se convierta en una política de Estado. Exportar cultura es barato, es posible, y Fráncfort 2010 un poco abrió la cabeza a eso", opina el escritor Sergio Olguín, de quien -sólo este año- se publican tres libros en alemán.

"Que vayas siempre ayuda, pero si no tenés un libro traducido al alemán tu presencia no tiene demasiado sentido", asegura Claudia Piñeiro, miembro de la delegación que fue el año pasado para presentar a la Argentina como invitado de honor.

"No nos hemos caracterizado por sostener proyectos culturales de largo plazo, así que me conformo con que se sostenga el subsidio, porque venimos pidiéndolo hace años", ruega Valeria Añón, quien concurre a Fráncfort desde 2005 en representación del grupo de editoriales independientes Letras Argentinas (que hoy está formado por Adriana Hidalgo, Beatriz Viterbo y Eterna Cadencia).

"El Programa Sur es algo que sólo tienen los grandes países y que pone a la Argentina en la vanguardia en materia de apoyo a la cultura", señala Pablo De Santis.

"¡Gastamos más que los chinos!", dice la embajadora Faillace.

El entusiasmo es lógico si se piensa en números: somos 40 millones de argentinos y se invirtieron 720 mil dólares en el Prosur. Los chinos, en cambio, gastaron lo mismo pero son más.

Cómo ganarles a los chinos
Todas las naciones que pasaron por Fráncfort en calidad de "invitadas de honor" llegaron a la Feria respondiendo a circunstancias sociopolíticas concretas. Algunos ejemplos: Cataluña (año 2007) hizo de su presentación una declaración que no estaba tanto dirigida al mundo -todo lo presentado estaba en catalán-, sino más bien hacia España: querían decir en todos los idiomas posibles -o, en realidad, en uno solo- que se sentían un pueblo independiente.

Turquía (año 2008) se hizo presente para marcar el lugar de peso que tiene la comunidad turca en Alemania. Desde Cabeza de turco de Günter Wallraff -que narraba los maltratos a los que estaban sometidos los inmigrantes- hasta hoy pasaron tres décadas, y tanto ellos como Alemania querían mostrar un statu quo más optimista.

Y después llegaron los chinos (año 2009). Los chinos tienen estrategias para todo y además, aunque no la tuvieran, son muchos. Su paso por la Feria consistió en remarcar que esa megapotencia comercial tenía, también, una cultura milenaria -leída por Occidente en clave exótica- con inmensa influencia en Europa y América. El resultado fue un pabellón magnífico que mostraba desde arte conceptual hasta textos antiguos, pasando por artistas chinos que hacían grabados en vivo y en directo.

¿Por qué en 2010 llegó la Argentina? Para Faillace, esta elección responde a una serie de gestiones que la Cancillería viene haciendo desde el año 2006. Por su parte, Daniel Samoilovich -a cargo de una antología poética bilingüe que se presentará en la Feria- intuye que en Fráncfort se ha tenido en cuenta el Bicentenario de la Revolución de Mayo. "Ojalá tanto aquí como allá hubiera una conciencia de que el ciclo de las revoluciones de independencia latinoamericanas es no sólo un episodio importante para América latina, sino un hito crucial de la historia de Occidente -advierte-. No sé si éste es el caso, pero sería interesante que así fuera."

Y Daniel Divinsky, director de Ediciones de la Flor y el argentino más veterano que tiene la Feria, tiene un modo de verlo que podría ser complementario con los anteriores: hay espasmos, dice. Y esta vez nos tocó a nosotros. "Cuando cayó el comunismo en Europa del Este, empezaron a descubrir editores enterrados del socialismo real -recuerda-. Ahora está de moda el Tercer Mundo y entramos en la volteada, y entonces empiezan a llevarse autores hispanoamericanos. Son ráfagas. Lo bueno es que durante este lapso el mundo editorial va a hablar de la Argentina".

Ya lo está haciendo. A lo largo del último año, el traductor Matthias Strobel notó un incremento en la demanda de autores argentinos ("Todos los editores querían tener su autor, mientras que con otros países el efecto Fráncfort no es tan marcado"). Y desde el mes de febrero, Claudia Piñeiro, al igual que muchos otros escritores, se pasa los días recibiendo a periodistas europeos. Llegan a razón de cuatro por mes con el fin de entrevistar diversos protagonistas de cara a octubre. "Esto ya no va a pasar el año que viene, así que hay que aprovechar esta difusión", dice Piñeiro.

Ganarse el pan
"Tengo libros en cola esperando que se relancen los subsidios -dice Divinsky-. La Argentina juega en primera en materia editorial desde hace muchísimos años y esto no va a cambiar por el hecho de la presencia protagónica en este Fráncfort, pero sí va a oficializar este dato para una cantidad enorme de jugadores en el mundo editorial. Hace trescientos años que los editores estamos pidiendo al Gobierno argentino que apoye las traducciones, y si no se hubiera dado este protagonismo en Fráncfort, jamás se habría aprobado el Programa Sur. Así que lo celebro."

Divinsky concurre a la Feria desde 1973, cuando llegó pagándose el pasaje en treinta y seis cuotas y se alojó en una pensión "digna", lo que significa que era fea pero céntrica. En ese entonces, el trabajo de un editor consistía en recorrer sello por sello y ver qué se encontraba para comprar. Hoy, con Internet, esas recorridas no hacen falta y en realidad, dice Divinsky, casi no haría falta ir a Fráncfort.

¿Para qué se va, entonces? Para cerrar tratos comerciales y para hacer relaciones públicas, lo que le da a la Feria un carácter social tanto o más importante que el operativo. Dicho de otro modo, se va a brindar. Una figura que pasó por algunas ferias, y que pide anonimato lo dice así: "He visto a Tuco y Tico (mantengamos los nombres de estos editores también en reserva) más preocupados por mandarse mensajitos de texto con los lugares para salir a la noche que por arreglar algún contrato. Esto es como si estuviéramos hablando de la venta de carne sin que haya empresarios; la sensación con esta Feria es que todo debe ser hecho por el Estado, y no es así. También deben actuar las editoriales".

Antes, ir a comer acarreaba épicas mayores que la de los mensajitos. En los años 70 y los 80, muchos cócteles eran abiertos y los editores latinoamericanos -siempre de bolsillos flacos- se pasaban el dato de las comilonas a las que se podía ir sin invitación. Pero en los años 90 los controles se pusieron más estrictos y sólo se podía entrar -como se hace ahora- con tarjeta especial. "Yo entré a uno como esposo de Marita Gottheil, la directora de Paidós -recuerda Divinsky-. De todos modos, los cócteles ya no eran tan morrocotudos como antes."

No era lo único que había cambiado en Fráncfort, en ese entonces. A mediados de los años 90, con el auge del libro como negocio, los títulos más importantes -inaccesibles para un editor argentino- se ponían a remate en el Hotel Intercontinental. Así, a golpe de martillo, se vendían desde Islas en el golfo , la novela póstuma de Ernest Hemingway, hasta las memorias de Muhammad Alí, pasando por el libro de Ulrico Hell, un mentalista que movía tenedores con el pensamiento y que fue comprado en persona por el señor Grijalbo por motivos extraliterarios: su mujer había quedado impresionada con lo de los tenedores.

Quince años después, los cuerpos ya no tienen el mismo peso de antes. "Las listas no tienen importancia, incluso podrían no ir los autores. En esta feria son una especie de decoración", dice Divinsky. Sergio Olguín coincide y va más allá: "El escritor es un personaje absolutamente secundario, casi te diría que molesto -advierte-. Se les organizan charlas, presentaciones, discusiones, foros, debates, pero en realidad a los agentes y los editores les importa poco: ellos quieren comprar y vender derechos, no quieren que el escritor les cuente sus problemas".

Para comprar y vender, existe un engranaje aceitado en el que agentes y editores circulan muy al margen de las propuestas multiculturales del honorable país de turno (dicho de otro modo, más que perderse entre las transparencias del stand borgeano, usarán su tiempo para "abrochar" algún derecho que se traduzca en dinero). Por un lado, las editoriales contratan cubículos de 5 m2 (cuanto menos importante se considere la lengua de esa editorial, más abajo estará ubicada. Traducción: los anglosajones y los alemanes tienen dos edificios propios, las editoriales letonas o iraníes están en el subsuelo y la Argentina normalmente está en planta baja).

En cuanto a los agentes literarios, alquilan un escritorio con Internet y teléfono para recibir a los editores, previa cita de media hora realizada con meses de anticipación. Esta dinámica se mantiene de lunes a viernes, y da lugar también a una estética: durante esos días, los pasillos de la Feria, salvo en la zona de los libros alemanes, están vacíos. "La Feria de Fráncfort es mucho menos cálida que la de Buenos Aires -sintetiza Pablo De Santis-. Agentes y editores tienen agendas abigarradas, con entrevistas cada quince minutos."

Luego de ese round de encuentros, llega el fin de semana. Y ahí, sí, el predio se abre al público masivo. Olguín, que estuvo en Fráncfort el año pasado, rescata una escena entre tantas: "Cuando se abren las puertas, pasa algo muy loco -dice-. Entran muchísimos adolescentes disfrazados como si fueran dibujos del manga japonés. Como si fuera una reunión de floggers . Cientos de floggers alemanes".

Para el momento en que los floggers copan la feria, los agentes ya se fueron a sus países, los editores importantes se volvieron a sus casas, y en la feria sólo quedan los pelos de colores y las listas viejas. Y el eterno realismo alemán.

"Fráncfort 2010 significa menos de lo que se piensa en la Argentina -dice Matthias Strobel-. La experiencia de otros años muestra que hay un hype muy grande y que después la mayoría de los autores que surgieron desaparece. Aunque en el caso de la Argentina soy más optimista."

"Al ser la Feria del Libro más grande del mundo, Fráncfort promete tener magia, como si cualquier autor que llegara aquí automáticamente se convirtiera en un autor de éxito -agrega Corinna Santacruz-. Y sí: durante estos cinco días tocan el cielo. Pero hay que tener una actitud realista."

Una actitud realista.

Lo que Santacruz está diciendo es que el año que viene habrá otro invitado de honor y que él también querrá "tocar el cielo". De ahí que sea importante, pasado el 10 de octubre, dejar el cielo más o menos limpio y sin deudas.

martes, 17 de agosto de 2010

We are the world


En la entrada del día de ayer se anunciaban algunas de las actividades amorosamente preparadas por la COFRA para los escritores argentinos que viajan a Frankfurt por cuenta del Estado. A la espera del CV de cada uno –donde seguramente se podrá comprobar la pertinencia de la invitación en razón de los méritos–, se invita a los lectores a que revisen vía Internet los datos disponibles para comprender las razones de la comisión reunida ad hoc para la selección 
Por un error en el sitio digital del diario Clarín sólo hoy fue posible disponer de la lista anunciada. Se la detalla a continuación.

La famosa lista de Frankfurt

Jorge Accame - Laura Alcoba - María Teresa, Andruetto - Graciela, Aráoz, Graciela - Analía Argentto  - Adela Basch - Vicente Batista - Osvaldo Bayer - Diana Belessi - Marcelo Birmajer - Ivonne Bordelois - Leopoldo Brizuela - Félix Bruzzone - Fabián Casas - María Sonia Cristoff - Pablo De Santis - Griselda Gambaro - Elvio  Gandolfo - Juan Gelman - Mempo Giardineli - Mario Goloboff - Horacio González - Federico Jeanmaire - Tamara Kamenszain - Martín Kohan - María Rosa Lojo - Gustavo López - Ariel Magnus - Alberto Manguel - Guillermo Martínez - Jorge  Monteleone - María Moreno - Sergio Olguín - Elsa Osorio - Alan Pauls - Claudia Piñeiro - Sylvia Plager - Martín Prieto - Eduardo Sacheri - Daniel Samoilovich - Juan Sasturain - Samanta Schwablin  - Ana María Shúa - Rafael Spregelburd - Luisa Valenzuela.

Todavía no confirmaron

José Pablo Feinman - Ricardo Piglia - Héctor Tizón - Liliana Bodoc - Andrés Rivera - Felipe Pigna - Mario O'Donnell - Luis Gusmán -  Elsa Borneman - Roberto Cossa  

lunes, 16 de agosto de 2010

Un misterio con mucho de secreto a gritos

El artículo, firmado por Patricia Kolesnikov, corresponde a la edición de Clarín del día 13 de agosto. Según se dice allí, hay 45 escritores argentinos oficialmente confirmados por la COFRA para su participación en la Feria de Frankfurt 2010.

Terminó el misterio: los escritores
que irán a la Feria de Frankfurt

Terminó la cuenta regresiva, terminó el misterio: ya está la lista de los escritores que la Cancillería invitará en octubre a la Feria del Libro de Frankfurt para ponerle caras, llevar palabras, darle sentidos a la participación argentina como Invitado de Honor en ese evento, la feria del libro más relevante para el mundo editorial. Hay cuarenta y cinco nombres confirmados y diez por confirmar. También irán figuras como María Kodama y Estela de Carlotto.

Se supo algo más: el último día, cuando las mesas redondas hayan terminado, cuando los números –Frankfurt es una feria de negocios– estén cerrados, cuando Argentina tenga que pasar el testimonio de “Invitado de Honor” a Islandia, el encargado de hacerlo será el poeta Juan Gelman.

En la lista de confirmados figuran consagrados –como Osvaldo Bayer, Diana Bellessi, Alberto Manguel y Juan Sasturain–; escritores de la generación intermedia, como Guillermo Martínez, Marcelo Birmajer, Claudia Piñeiro, Eduardo Sacheri, Sergio Olguín y Federico Jeanmaire; jóvenes como Félix Bruzzone, Laura Alcoba y Samanta Schweblin.

La Feria se desarrollará entre el 6 y el 10 de octubre y la escritora encargada del discurso inaugural será Griselda Gambaro.

En los 5 días que dura la Feria, esa delegación hablará en mesas redondas y entrevistas. Magdalena Faillace, titular de COFRA –el comité para la participación en la feria– dice que el criterio con el que se diseñaron las actividades fue “marcar los temas centrales de nuestra presentación en Alemania”. A saber: “Que no terminamos en Buenos Aires; una visión política de la literatura y, finalmente, la memoria”. La memoria: “Estamos en el Bicententenario y es una oportunidad para mostrar conflictos y utopías que atraviesan la cultura argentina porque atravesaron nuestra Historia”.

Estas son algunas de las mesas planeadas, con los participantes sugeridos:

Poesía del tango : Juan Sasturain y Leopoldo Brizuela.

Diversidad regional : Mempo Giardinelli, Andrés Rivera, Jorge Accame.

La poesía de Borges : María Kodama, Ivonne Bordelois, Héctor Tizón, Federico Jeanmaire.

Nuevas tecnologías, nuevos paradigmas : Fabián Casas, Ariel Magnus, Félix Bruzzone.

Del romanticismo alemán al romanticismo argentino : Alberto Manguel, Martín Prieto.

Las escritoras en la literatura argentina actual : Claudia Piñeiro y María Teresa Andruetto

Mujer y poder en 200 años de literatura argentina: María Rosa Lojo, Silvia Plager, Ana María Shua.

También están previstos homenajes a Tomás Eloy Martínez y Arlt y charlas sobre “La cultura judía en la literatura”, “Memoria y presencia de la literatura gauchesca”, “La influencia de Brecht en el teatro argentino” y, para cerrar, “El valor político de la lengua entre los argentinos”.

Faillace también quiere hacer una mesa en la que se confronte a Borges y Cortázar: “El laberinto de Borges es un mundo sin salida. En el de Cortázar está en el centro el Minotauro, que salta hacia arriba y produce un quiebre en las instituciones burguesas”, analiza.

También prepara, para el sábado 9 de octubre –el día en que el público entra a la Feria, que hasta ese momento está reservada a los profesionales– una charla de Juan Gelman, en la que el poeta hablará con la gente.

COFRA trabaja ahora en detalles del diseño del pabellón, que, según Faillace, será “un laberinto muy luminoso”. Y en él, habrá cuatro rincones: “uno para la revolución, con el Che Guevara como ícono, otro para las luchas sociales, con Eva Perón, los otros dos para el tango y el fútbol, con Gardel y Maradona”.

¿De qué servirá todo esto, tanto trabajo, tantas actividades, en una feria en la que casi no hay público, sólo profesionales? Faillace expone sus objetivos: “El saldo va a ser un conocimiento mayor de la Argentina. Esto se da en Alemania, que es la primera economía europea. Y tenemos presencia en Berlín, que es el ombligo de las vanguardias”.

lunes, 2 de agosto de 2010

¿A cuánto el kilo de novelista argentino?


Publicado en el diario Clarín del 1 de agosto pasado, el siguiente artículo de Alejandra Rodríguez Ballester permite comprobar el entusiasmo despertado entre los agentes literarios por la promoción de autores argentinos que permite la próxima Feria de Frankfurt por lo mucho que les soluciona el trámite contar con subsidios estatales para poder hacer mejor sus negocios privados.

Cosecharás tu siembra:
hablan los agentes de los escritores argentinos


Algunos de ellos han forjado una leyenda. Como Andrew Wylie, en Gran Bretaña, que representa a escritores como Philip Roth, Martin Amis, Salman Rushdi, Borges y Nabokov. Su apodo, “el Chacal”, lo dice todo … Otros, como la española Carmen Balcells, quedaron ligados al hallazgo de una literatura, como la latinoamericana del boom. Los agentes literarios son ahora la mejor puerta de acceso al mercado internacional. Los que representan a los escritores argentinos tuvieron trabajo extra estos años ante la demanda por la Feria de Frankfurt, que en octubre tendrá a la Argentina como invitada de honor.
 
“En Alemania el impacto es enorme. Este año unas cien editoriales alemanas publican por lo menos un título argentino”, asegura Nicole Witt, agente de José Saramago y responsable de la venta de derechos de traducción al alemán, francés, portugués, holandés, italiano, ruso, serbio, turco e inglés de Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro; de Rabia , de Sergio Bizzio, a seis lenguas; El niño pez, de Lucía Puenzo, también a seis. Claudia Piñeiro ya tiene programada una gira europea ligada a su viaje a la Feria de Frankfurt.
 
Con su agenda ya cerrada, “una reunión cada media hora de 9 a 18 durante tres días”, para cuando le toque ocupar su escritorio en el Literary Agentes and Scout Center de Frankfurt, donde trabajan sin parar más de quinientos agentes, Guillermo Schávelzon hace balance. “En 2008 cerramos casi cien contratos de traducción para que los libros estén publicados este año. Los más interesados fueron los sellos de Alemania, Holanda, Francia, Italia y Portugal”. Considera que habrá que esperar unos tres años para saber “quiénes tuvieron lectores y quiénes no”.
 
“Hay escritores que vendemos desde siempre a varios idiomas: Ricardo Piglia, Martín Kohan, Elsa Osorio, Pablo de Santis ... Este año hay sorpresas: Lisboa, la nueva novela de Leopoldo Brizuela, será el lanzamiento de escritor argentino más importante de Alemania, con 30 mil ejemplares de primera edición. La editorial invitó al autor a una gira, los libreros –informados seis meses antes– están muy entusiasmados”, agrega Schávelzon, que lamenta que el Comité argentino (COFRA) todavía no haya decidido qué escritores llevará. “Los editores europeos suelen saberlo con un año de anticipación, para publicar y promover sus libros con tiempo. Ahora es tarde: sólo se hará ruido dirigido a la política argentina, no al mundo de la edición europeo”, lamenta Schávelzon.
 
Matías Strobel, agente de Florencia Bonelli, Ernesto Mallo y Ricardo Coler, dice que “Frankfurt es la cosecha: la mayoría de los títulos va a aparecer de ahora en adelante, y habrá una avalancha de reseñas y artículos”. Todos opinan, como Nicole Witt, que “será importante a partir de octubre trabajar con ímpetu para que el impacto no se pierda después de la Feria. Para lograr esta meta, será fundamental que el Programa SUR de apoyo a la traducción siga funcionando.”

jueves, 29 de julio de 2010

Dos mesas redondas sobre traducción en la Feria del Libro de Frankfurt 2010



La información puede ser ampliada, por el mismo precio, clickeando sobre la imagen

martes, 11 de mayo de 2010

56 obras, 18 autores argentinos, 9 países, 49 traductores


La noticia fue distribuida por la agencia española EFE el pasado 15 de abril: el hispanista Zidan Abdel-Halim Zidan presentó en El Cairo un catálogo de escritores argentinos traducidos al árabe, donde se revela que Jorge Luis Borges es el autor hasta ahora más traducido. Podría decirse chocolate por la noticia, pero seamos respetuosos y festejemos la sabiduría de los pueblos norafricanos y del Medio Oriente.

Borges, el preferido por los traductores árabes
entre los autores argentinos

El escritor argentino Jorge Luis Borges es el preferido por los traductores del español al árabe, según un estudio bibliográfico presentado hoy en el que se recogen las obras de autores argentinos que han sido pasadas a ese idioma.

Dos cuentos de Borges, "La busca de Averroes" y "El Libro de Arena" son, además, los únicos que han sido traducidos en tres ocasiones al árabe, de acuerdo con el catálogo, que incluye más de medio centenar de obras de dieciocho autores argentinos.

La bibliografía de autores argentinos traducidos al árabe fue elaborada por el hispanista Zidan Abdel-Halim Zidan, quien destacó la calidad de los traductores y los retos que han tenido que afrontar, "porque proliferan modismos y frases hechas".

El estudio ha podido rescatar la existencia de 56 obras distintas de 18 autores argentinos que se pueden leer en árabe en nueve países, gracias al trabajo de 49 traductores, 20 de ellos egipcios.

En ese catálogo, Borges domina, porque tiene veinte obras traducidas, la mayoría cuentos. Es seguido por Julio Cortázar, con ocho, Adolfo Bioy Casares, con tres, y Ernesto Sábato y José Hernández, con dos cada uno, entre otros autores.

En la presentación de la bibliografía, el embajador argentino, Luis Enrique Cappagli, destacó que el proyecto está inscrito en las actividades culturales con motivo del bicentenario del primer Gobierno argentino, formado el 25 de mayo del 1810.

"Este es un primer paso, y esperamos que en el futuro haya nuevos listados de escritores provenientes de otros países de lengua castellana", agregó el diplomático

La iniciativa forma parte de las gestiones previas a la participación de Argentina como invitada de honor en la próxima Feria Internacional del Libro de Fráncfort, que se celebrará en octubre.

Existe un programa argentino, anunciado el 3 de febrero del 2009, que busca promocionar la traducción de obras argentinas en distintos idiomas, pero no había información sobre las traducidas al árabe, razón por la cual se decidió encargar la bibliografía a Zidan.

El estudio fue presentado en la sede del Instituto Cervantes de El Cairo, cuyo director, Javier Ruiz, destacó que los libros árabes "no suelen viajar entre los países" de la región, por lo que destacó el esfuerzo que representa el catálogo presentado hoy.

viernes, 7 de mayo de 2010

Más de lo mismo, pero con autofelicitaciones

En un artículo publicado ayer, Silvina Friera, del diario Página 12, comenta que Magdalena Faillace, presidente (y no "presidenta") de la COFRA, presentó exultante los logros del Programa Sur de apoyo a las traducciones. Allí, entre el autobombo, la crónica de la alegría de los autores traducidos al tailandés y la infidencia del agradecimiento personal del último Premio Cervantes argentino, se lee que "grandes agentes literarios como Guillermo Schavelzon y Carmen Balcells ponderaron el efecto multiplicador del programa y han informado que vendieron más de 200 títulos de autores argentinos para ser publicados en distintos países desde que Argentina fue designada país invitado de honor en Frankfurt". Qué bueno para sus cuentas bancarias, ¿no?

Literatura argentina de exportación

El Programa Sur de apoyo a las traducciones (Prosur) es una política del Estado argentino. En la sala Julio Cortázar muchos escritores celebraron la noticia de esta excepcional inyección de literatura argentina en el mundo, que se extenderá más allá de la Feria del Libro de Frankfurt. “El Estado sirve mucho cuando se lo usa bien; sirve a la ciudadanía y a todos los escritores”, dijo la exultante Magdalena Faillace, presidenta del Cofra, el comité que organiza las actividades para la participación argentina como país invitado de honor en la gran feria de la industria editorial, acompañada por los escritores Claudia Piñeiro, Noé Jitrik y María Rosa Lojo. A un año y dos meses del lanzamiento de este programa destinado a promover en el mundo el pensamiento y la literatura argentina mediante subsidios a la traducción, las cifras alegran. Y asombran a autores, editores y agentes literarios. Ya se otorgaron 253 subsidios por un total de 720 mil dólares. Pero como en algunos casos se asignaron montos menores al máximo posible por libro (3200 dólares), se llegará a un número mayor a las 260 obras traducidas. Como el Prosur tiene larga vida y largo aliento, se espera que en los próximos días lleguen más solicitudes.

La proyección de las tapas de los libros ya traducidos –hay que ver la mezcla de emoción y orgullo que genera ver Rayuela en hebreo y El pasado, de Alan Pauls, en ruso– fue muy aplaudida por los escritores presentes: Guillermo Martínez, Mario Goloboff, Mariana Enriquez, Feliz Bruzzone, Tununa Mercado, Damian Tabarovsky, Pablo De Santis y Vlady Kociancich, entre otros. Las 253 obras aprobadas hasta el momento se publicarán en 33 países. Lógicamente, encabeza Alemania, con 57 títulos; seguida muy de cerca por Italia, con 28, y Francia, con 22. Hay clásicos de la literatura argentina como El Matadero, de Esteban Echeverría; el Facundo, de Sarmiento; Los gauchos judíos, de Alberto Gerchunoff; Los siete locos, de Roberto Arlt, y Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, además de obras de Borges, Adolfo Bioy Casares, Leopoldo Lugones, Juan José Saer, Ernesto Sabato, Antonio Di Benedetto, Macedonio Fernández, Rodolfo Walsh y, afortunadamente, también de poetas como Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik. Pero también una celebrada diversidad de obras traducidas de la literatura contemporánea con autores como Lojo, Piñeiro, Pauls, Ariel Magnus, Liliana Bodoc, Luisa Valenzuela, Aurora Venturini, Sergio Bizzio, Pablo De Santis, Mariana Enriquez, Ana María Shua, Andrés Neuman y Ricardo Piglia. Según comentó la presidenta del Cofra, Piglia le dijo en una charla telefónica que “nunca habíamos pensado que en la Argentina íbamos a tener algo así”.

“El programa sigue después de Frankfurt como una política del Estado argentino”, subrayó Faillace. La presidenta del Cofra comentó que recibió una carta de Juan Gelman (con libros traducidos gracias al programa) en la que le “agradecía” y “la felicitaba” por el Prosur. Y recordó también que grandes agentes literarios como Guillermo Schavelzon y Carmen Balcells ponderaron el efecto multiplicador del programa y han informado que vendieron más de 200 títulos de autores argentinos para ser publicados en distintos países desde que Argentina fue designada país invitado de honor en Frankfurt. “Esta es una inyección de nuestros grandes clásicos de la literatura argentina con los contemporáneos que se están vendiendo en este mismo momento en las librerías”, continuó Faillace.

Lojo habló sobre la traducción de su novela Finisterre al tailandés y subrayó el “efecto contagio” de cómo la editorial también eligió traducir un libro de Manuel Puig. “Un libro va llamando a otro libro”, dijo la escritora y crítica. Piñeiro, por su parte, destacó que “más allá de los enunciados, lo importante es la realidad. Hay 253 libros traducidos y esto es lo que vale”. Jitrik repasó el valor de la traducción en la cultura argentina y definió al Programa Sur como “un hito histórico”.

jueves, 6 de mayo de 2010

La saga continúa


En http://www.frankfurt2010.gov.ar/?q=es/node/32 se puede acceder a un resumen de lo actuado hasta ahora por el Comité Organizador para la Participación de la República Argentina como País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2010 (título nada pomposo, que curiosamente se resume en las siglas COFRA), pero faltan datos.

En primer lugar, falta la lista completa de los traducidos (con lo que se podría saber, por ejemplo, que no se cometieron despropósitos tales como subvencionar la publicación de Borges en el exterior –un escritor que no necesita subvenciones para ser publicado–, o ver que no se haya privilegiado a autores cercanos al actual gobierno en desmedro de otros, o saber que no median relaciones ni de parentesco ni afectivas entre los miembros de la COFRA y los autores elegidos, lo cual, aunque no ilegal, sería poco ético y arrojaría una fea sombra sobre el Subcomité de Traducciones).

Luego, sería interesante saber cuántos de los autores seleccionados tienen alguna relación con agencias de representación internacionales que los hayan propuesto para la traducción, llave en mano, a las diversas editoriales que, ahorrándose el pago de la traducción, comprarían alegremente los derechos a los agentes en cuestión. Ese dato permitiría comprobar que la COFRA no confió su responsabilidad a terceros que terminaran beneficiándose por ello.

En otro orden, sería un dato de buena fe contar con la información del número de funcionarios que hace viajar la COFRA cada vez que hay una participación argentina en el exterior ligada a las actividades previas a la Feria de Frankfurt. Por ejemplo, ya se podría informar sobre los casos de Leipzig y Berlín. Sería enojoso saber que su número es muy superior al de los escritores que se envían, como también que no tienen la preparación adecuada para cumplir con las funciones que se les asignan o, simplemente, para armar un stand donde los libros que se exhiban en lugar de ser españoles sean los de los escritores convocados al evento. Y un dato no menor: contar con la información sobre en qué hoteles se alojan y cuál es el viático pertinente, porque hay una diferencia palmaria entre el alojamiento cinco estrellas y el de tres, que, por cierto, en Europa no suele ser malo. Se trata de dinero público y no está mal saber qué se hace con él.

Abajo, el resumen tal como figura en la página de Internet.

Estado de avance para el Programa Sur
de apoyo las traducciones

En 2009, el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, a través del Comité Organizador para la Participación de la República Argentina como País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2010 (COFRA),en coincidencia con las celebraciones de nuestro Bicentenario, lanzó como una de sus principales iniciativas el “Programa SUR”, destinado a promover internacionalmente la difusión de las letras argentinas mediante subsidios a la traducción de obras de autores nacionales a cualquier idioma requerido.

Cumplido ya un año de aquel lanzamiento, el programa cumplió ampliamente las expectativas iniciales, fortaleciendo la política de promoción de la literatura argentina en el exterior, a través de sus más notables escritores, como también la de sus voces más jóvenes y emergentes, en el marco de la Feria del Libro de Frankfurt, plataforma de excelencia en el mundo editorial.

Previendo una primera etapa de veinte subsidios para el programa original, la fuerte demanda recibida de editores extranjeros, llevó a ampliar el mismo a ciento cincuenta títulos, que por su representatividad y presencia en el desarrollo de la literatura argentina, merecían de ser incorporados a este programa, ascendiendo el monto destinado a esta promoción a USD 480.000.

Por otra parte, el desarrollo del “Programa SUR” se ha visto prestigiado gracias a las destacadas personalidades del quehacer literario que integran el Subcomité de Traducciones encargado de evaluar las solicitudes: además de la Presidenta del COFRA, Embajadora Magdalena Faillace, Horacio González (sociólogo y Director de la Biblioteca Nacional), Noé Jitrik (crítico literario y escritor), Mario Goloboff (académico y escritor), Horacio García (docente universitario y Presidente de la “Fundación El Libro”), y Silvia Hopenhayn (periodista especializada en literatura).

Asimismo, la diversidad de países interesados, idiomas involucrados, edades, estilos y orígenes de los autores requeridos y géneros de las obras traducidas, reafirman la vasta repercusión de esta iniciativa.

En efecto, las 147 solicitudes de traducciones aprobadas incluyen a 123 autores argentinos –38 de los cuales aparecerán en 3 antologías, una de textos de literatura joven argentina, otra de poesía contemporánea y otra de escritores del Mercosur–, se publicarán en 24 países (Alemania 39 títulos, Italia 16, Francia 16, Israel 12, Brasil 11, EE.UU. 7, Rumania 5, Países Bajos 5, Suiza 4, República Checa 4, Reino Unido 3, Grecia 3, Bulgaria 4, Ucrania 3, Tailandia 2, Malasia 2, Canadá 2, Polonia 1, Austria 1, Japón 1, Georgia 1, Turquía 1, Federación Rusa 1 y Dinamarca 1), y en 21 idiomas (inglés, alemán, francés, hebreo, búlgaro, italiano, polaco, malayo, tailandés, rumano, griego, ucraniano, japonés, checo, holandés, portugués, turco, danés, ruso, sueco y georgiano).

En el proceso de difusión y promoción del Programa Sur, cabe destacar la colaboración de las Cámaras de editores argentinas, como así también de las representaciones diplomáticas y consulares de nuestro país en el exterior que han actuado de forma decisiva en la implementación del mismo.

Las obras aprobadas (algunos títulos son traducidos a varios idiomas) comprenden 90 novelas, 7 libros de cuentos, 3 novelas de no ficción, 14 libros de poesía, 9 ensayos, 5 de teatro (que contienen 14 obras), 3 crónicas periodísticas, 2 novelas infanto-juveniles, y 1 libro de cultura culinaria, historietas, relatos de viajes, conferencias, diario y ensayo periodístico, respectivamente.

Por otro lado, debe contabilizarse el efecto multiplicador del Programa “SUR”, pues varios agentes literarios han informado haber vendido más de 200 títulos de autores argentinos para ser publicados en distintos países del mundo desde que la Argentina fuera designada País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Fráncfort 2010. Casi la mitad de los escritores solicitados han nacido o residen en la Ciudad de Buenos Aires (53), en tanto que los demás se distribuyen entre las provincias de Buenos Aires (26), Santa Fe (6), Córdoba (4), Tucumán ( 3), Entre Ríos, Mendoza y Río Negro (2 cada una), Jujuy, Chaco, San Luis, San Juan y Neuquén (1 en cada caso). Otra característica es que algunos de esos escritores residen o residieron en el exterior. Un fenómeno similar ocurre con aquellos escritores nacidos en el interior del país y que luego se han trasladado a la Ciudad o la Provincia de Buenos Aires.

Resulta relevante mencionar también que, aproximadamente, la mitad de los escritores puede considerarse como jóvenes y de una generación intermedia, aún cuando muchos de los autores clásicos de la literatura argentina también han sido seleccionados por las editoriales extranjeras que se han acogido al Programa.

Una última observación significativa indica que 13 de estos escritores padecieron el exilio a lo largo de distintos momentos de la historia argentina: Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento, Aurora Martínez, Antonio Di Benedetto, Juan Gelman, Martín Caparrós, Vicente Battista, Héctor Tizón, Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Bayer, Manuel Puig, Pedro Orgambide y Mempo Giardinelli. Asimismo es destacable el interés creciente por la obra de Rodolfo Walsh, escritor desaparecido por la dictadura militar.

Para concluir, y en vista del notable interés que continúa suscitando el “Programa SUR” (recientemente se han recibido otras 30 solicitudes de diversas editoriales extranjeras y las consultas no cesan), las aspiraciones de las autoridades de la Cancillería y del COFRA se orientan no sólo a la posibilidad de ampliar una vez más el número de subsidios a otorgar durante 2010, sino, además, a convertir la iniciativa en una política permanente de difusión cultural.Así, la presente obra expresa un variado y rico panorama de la literatura argentina cuya edición ampliada, incluyendo todas las obras y autores traducidos, será presentada en el marco de la Feria del Libro de Frankfurt 2010 donde la Argentina será el País Invitado de Honor.