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lunes, 23 de marzo de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (I)

Con alguna periodicidad, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires ha realizado diversas encuestas (una encuesta para traductores, otra para editores, otra para periodistas, otra para libreros, otra para escritores: todas pueden ser consultadas buscando "Una encuesta para..." en la columna de la derecha). En todos los casos, el objeto ha sido tratar de obtener algún tipo de conclusión sobre algún aspecto del mundo de la traducción. 

Acaso por la columna de Andrés Ehrenhaus publicada el viernes pasado, nos surgió la necesidad de querér investigar qué es lo que ocurre con los traductores de poesía, que son quienes lidian con la materia más compleja que ofrece la literatura artística y quienes la inmensa mayoría de las veces son los peores pagos de todo el mundo de la traducción.

Para ello, hemos planteado cinco preguntas a traductores de poesía de diversas latitudes. Sus respuestas es lo que se leerá en este blog a lo largo de las próximas dos semanas.

Julia Azaretto
Traductora de Joaquín O. Giannuzzi y Pedro Mairal, entre otros.


1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Por gusto. Y porque no creo en la existencia de lo intraducible.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted misma al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
En general, propongo proyectos a editoriales. También he tenido algunos (pocos) encargos. El más insólito fue el de un laboratorio farmacéutico belga que quería traducir unos versos de Marceline Desbordes para sus tarjetas navideñas. Cuando quiero traducir a un poeta, para empezar, suelo publicar en revistas algunos textos para que su nombre empiece a circular en Francia. Claro que en este caso el trabajo no es pago.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
El criterio lo propongo como yo. Y es de entre 1,50 a 2 euros el verso.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Sí, negociar una mejor tarifa.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Sí, las conozco. No, no los recibo muy a menudo. Solo una vez cobré un subsidio para participar en la residencia “La Fabrique des traducteurs”, que organizaba ATLAS en el Collège international des traducteurs littéraires en el 2011.


Kurt Folch
Traductor de William Shakespeare y de George Oppen, entre otros.

1)  ¿Por qué razón traduce poesía?
Me gusta la poesía. Mis escritores favoritos son poetas. Al traducir intento comprenderlos. Aprendo. Ocurren cosas inesperadas.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Por mi profesor Miguel Castillo Didier, traductor de Kavafis, Seferis, Elytis, Ritzos, Kazantzakis. Su bellísimo curso sobre Kavafis en la Universidad de Chile me hizo visualizar por primera vez el trabajo de un traductor, un traductor que ama la poesía que traduce. Fue un curso muy importante. Siempre he traducido autores que me interesan. Han sido publicadas por amigos, es decir la iniciativa es un poco mutua. De pronto tengo algo traducido que le muestro a un amigo y a veces sucede que me han propuesto publicarlo. 

3 ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Lo que sea posible pagar. Salvo excepciones he traducido para que se publique por editoriales pequeñas. A veces hay dinero para el traductor, a veces la idea es sacar el libro, compartir algo. 

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Si de mi depende intento que el trabajo de traducción se pague. Pero la verdad es que no pertenezco a ningúna asociación gremial o algo así. 

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?

Solo sé de la beca que da el gobierno chileno cada año. Se postula con un autor o autores y dependiendo de los evaluadores y sus criterios de lo que es no no es importante, algunos proyectos reciben algún tipo de financiamiento. 


Anna Crowe
Traductora de Joan Margarit, Josep-Lluís Aguiló y Pedro Serrano, entre otros,

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Traduzco poesía para entender mejor el poema y su lenguaje y, por supuesto, también para entender mejor al poeta. Me encantan los desafíos que propone la traducción y la negociación en la tierra de nadie entre idiomas, escuchar la música del poema original y encontrar, si puedo, equivalentes sonoros y rítmicos en el idioma de destino. La traducción es para mí, supongo, una especie de escucha intensa y música a través de las palabras. Ayuda, espero, que ame las palabras y que sea poeta.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
A menudo, la traducción me llega casi por accidente, a través de circunstancias que están fuera de mi control. Comencé a traducir a Joan Margarit porque la universidad lo había invitado a presentar un nuevo libro aquí en St. Andrews. Coincidió con el Scottish Poetry Festival, StAnza, y me pidieron que tradujera algunos poemas para la lectura que le invitamos a dar. El editor de Bloodaxe, Neil Astley, estuvo presente e inmediatamente nos pidió que hiciéramos un libro. Tugs in the fog se convirtió en una traducción recomendada por la Poetry Book Society, a la que siguieron dos libros más y hay un cuarto está en proceso. De manera similar, Arc quería publicar una antología de poesía catalana, así que se me acercó, y he traducido dos colecciones individuales de obras de poetas para esa antología, Lunarium, de Josep-Lluís Aguiló, y Maps of Desire, de Manuel Forcano, que también resultó traducción recomendada por la PBS. A veces la iniciativa es mía. Pedro Serrano fue el otro poeta que leyó esa tarde con Joan Margarit, y me enamoré de su trabajo, comencé a traducirlo y convencí a Arc para que publicara un libro, Peatlands. Pedro es un excelente traductor y antólogo, un gran favorito del público, y su trabajo ha sido ampliamente antologizado, musicalizado, inspirando asimismo a artistas en otras disciplinas. Tengo listo un segundo libro, pero Arc ya llenó su catálogo por los próximos tres años, por lo que estamos buscando un editor.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Los editores a menudo dependen de los organismos de financiación en el país del idioma de origen, y tienen que confiar que ellos les vayan a jugar limpio. Esto no siempre sucede. Creo que los editores también consideran los criterios establecidos por la Sociedad de Autores, criterios a los que me refiero cuando estoy de acuerdo en hacer trabajos de traducción de poemas individuales para ser utilizados en talleres internacionales, por ejemplo.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Vea mi respuesta a 3. Las pautas publicadas por SoA son generosas y justas, y no consideraría socavarlas.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Pedro Serrano me hizo conocer la organización cultural que en México brinda becas a traductores de poesía mexicana, y ese dato se le pasó a Arc, la cual recibió un generoso subsidio con el que me pagó. Desearía tener la misma suerte con alguna organización cultural catalana respecto de las subvenciones para traducir a Joan Margarit, pero lamentablemente no la tengo.

martes, 12 de diciembre de 2017

La traducción en Chile y sus traductores (II)

Segunda entrada del breve cuestionario respondido por varios traductores trasandinos. Hoy es el turno de Kurt Folch (1970). Como poeta ha publicado Viaje nocturno (Stratis, 1996), Thera (Libros la Calabaza del Diablo, 2002), Paisaje lunar (Libros la Calabaza del Diablo, 2010), Líquenes (Libros la Calabaza del Diablo, 2014). Como traductor ha publicado: Las alegres casadas de Windsor de William Shakespeare (Norma, 2002), Secciones eternas de Tom Raworth (Ediciones Tácitas), George Oppen, poesía ensayo y entrevistas (UDP, 2012), Chomei e Toyama de Basil Bunting (Lecturas Ediciones, 2017). Ejerce como profesor de literatura en la Universidad Diego Portales. 

Somos un país pequeño y los lectores no abundan

–¿Desde cuándo y por qué traducís?
En pregrado traduje algunas cosas de Graham Greene y Anthony Burgess, un par de poemas de Marianne Moore y un poema de Browning. Intenté hacer mi versión del “Prufrock”. No lo terminé, creo que fueron las tres primeras estrofas. comencé a traducir para ver si podía poner en castellano lo que creía entender. Le agarré gusto a encontrar de pronto formas que calzaban con lo que pensaba. Es decir, traduciendo uno puede apreciar la pequeña gran diferencia entre pensamiento y palabra. 

–¿Cómo elegís a los autores que vas a traducir?
Los que me gustan, tanto como para intentar una versión de alguno de sus poemas. Como para no olvidar alguna idea que surge leyendolos. Poco a poco se acumulan y de pronto algo se puede hacer con eso. La excepción fue Shakespeare, que me lo solicitó Marcelo Cohen. Esa obra (Las alegras casadas de Windsor) fue la última en tener traductor. Las importantes estaban todas asignadas. Lo tomé como trabajo, pagaban bien. Pero al final le tomé mucho cariño a esa comedia. Y fue lo que realmente me introdujo a Shakespeare. 

–¿Qué relación hay entre lo que traducís y tu propia tarea como poeta?
Como se trata de autores que me gustan son influencias directas. A partir de la traducción he sacado varios poemas. Casi siempre ayuda para destrabar algo, o comenzar. Pero lo que sale de ahí para mi propio uso no es más importante que mi vida cotidiana. El proceso particular de ir traduciendo a Oppen y Raworth, por ejemplo, concidieron con mi matrimonio, un hijo, etc. Es decir, una vida familiar en la que se transformaron en personajes familiares incluso para mi esposa e hijo. Y de esa poesía se desprende, por así decir, una óptica, una manera de traducirse (a uno) a su vez.

–¿Cuál es el panorama actual de la traducción literaria en Chile?
Hay varios poetas traduciendo. Desde hace algunos años que hay varias de las llamadas editoriales independientes que publican traducciones. No podría hacer una lista detallada de traductores y sus editoriales. Los poetas traductores que recuerdo ahora son Cristobal Romero (Tácitas), Leonardo Sanhueza (Tácitas), Alejandra del Río, Carlos Soto Román (Das Kapital, Libros del pez espiral), Carlos Almonte (Descontexto), Rodrigo Olavarria (UDP, Anagrama), Soledad Marambio (Cuadro de Tiza), Natalia Figueroa (Cuadro de Tiza), Cristobal Joannon (Tácitas, Ediciones Universidad de Valparaiso), Adán Mendez (UDP), Armando Roa (Ed. Universitaria), Enrique Winter (Alquimia, Ediciones Universidad de Valparaiso), Marcelo Pellegrini (Ed. Universitaria), Diego Maqueira (Ed. Universitaria), Braulio Fernandez Biggs (Ed. Universitaria), Verónica Zondek (Calabaza del Diablo, LOM), Andrés Claro (Tácitas), Andrés Anwandter, (Hueders), Sergo Coddou (UDP), Luz María Astudillo (Cuadro de Tiza) y se me deben olvidar unos cuantos… Traductores de prosa y ensayo/filosofía, puedo mencionar a Mauricio Electorat (para UDP), Carla Cordua y Roberto Torreti (filosofía para Tácitas y UDP). Ahora, si nos ponemos a ver quién traduce qué, Editorial Universitaria ha publicado las versiones de Armando Roa, Marcelo Pellegrini, Braulio Fernandez-Biggs (Pound, Browning, Shakespeare…), Tácitas ha publicado a Romero (Horacio), Sanhueza (Catulo), Joannon (Davenport y  mis versiones de Raworth). La UDP también ha publicado a Adán Méndez (Pessoa), a  Rodrigo Olavarría (Ginsberg), a Sergio Coddou (Lowell) y mi traducción de Oppen. Luego, Cuadro de Tiza ha publicado traducciones de teoría y filosofía hechas por Felipe Alarcón, Nicolas Trujillo, Soledad Marambio. Por su parte,  Ediciones Universidad de Valparaíso publicó una antología de Philip Larkin, de Enrique Winter, Cristobal, Joannon y Bruno Cuneo. Y la Editorial Alquimia publicó una antología de Charles Bernstein, de Enrique Winter. En caunto a Das Kapital y Pez Espiral, han publicado plaquettes de Carlos Soto Roman (Ron Silliman, Aram Saroyan, Derek Beaulieu). Anuncio que la Editorial Garceta publicará el próximo año una antología de Tom Raworth, que estoy preparando. 

–¿En qué medida la industria editorial chilena se hace cargo de los traductores chilenos?
No hay eso que uno podría imaginar como "industria editorial". Somos un país pequeño y los lectores no abundan.  Sí ha comenzado a funcionar una beca de traducción que ofrece el estado a través del Fondo del Libro. Sirve para pagar derechos y la publicación, y algo para el traductor. Debo añadir que, en general, la mayoría de los traductores mencionados se relacionan con las editoriales que nombré de manera para nada comercial y más bien desde el entusiasmo y la amistad.  

miércoles, 26 de junio de 2013

Despacito, se vienen los chilenos

La edición de Tajamar
Daniela Acosta firma el siguiente artículo publicado en La Tercera, de Chile, el 12 de junio pasado. En la bajada se lee: “El sello Tajamar publica El gran Gatsby en una nueva traducción chilena. Un grupo de escritores y editores apuesta por versiones locales de obras en lengua extranjera”.

El silencioso arte de los traductores en Chile

La gloria y fama de los años 20 se había esfumado. Francis Scott Fitzgerald vivía días poco felices a mediados de los 30. Entonces la Modern Library decidió relanzar El gran Gatsby y le pidió un prólogo: “Y ahora que este libro está por reeditarse, al autor le gustaría decir que nunca antes trató nadie de mantener su conciencia artística tan pura como durante los diez meses que empleó en escribirlo”, anotó.

El prólogo es de 1934 y acaba de publicarse por primera vez en castellano en una nueva edición del sello Tajamar. El texto y la novela son traducciones chilenas, realizadas por Oscar Luis Molina.

Aunque la traducción literaria no es una práctica sistemática en el país, algunas editoriales tienen colecciones propias o apuestan por hacer alguna en particular. Hay numerosos escritores traductores en ejercicio, como Leonardo Sanhueza, Armando Roa y Macarena Urzúa.

Oscar Luis Molina lleva 50 años en el oficio y ha traducido más de 100 obras de autores como Norman Mailer, Joseph Conrad, George Duby y J. C. Guillebaud. El año pasado publicó por Tajamar El niño perdido y otros relatos, de Thomas Wolfe.

“Para ser buen traductor no sólo hay que escribir muy bien, sino que también hay que ser un camaleón, ser capaz de escribir de muchas maneras distintas”, dice Molina. Y recalca que “no se puede traducir todo igual, que es lo que les pasa a los malos traductores”.

Ex editor de Andrés Bello y premiado por su trabajo, Molina dice que es necesario que al traducir “se mantenga cierta extrañeza. Ese es el juego, además de mantener la peculiaridad del autor. Ese es el efecto de cualquier traducción en serio, una ambigüedad que permita que no se reduzcan los sentidos”. Conseguir esa extrañeza es lo más difícil. “Todo el tiempo es intentar buscar el tono, estar ajustando el texto”.

Que se enganchó con el caballo, que no soporta a los modernillos, que fue a por unos bollos. No es difícil de entender los españolismos de las traducciones, pero generan distancia. Rodrigo Olavarría, formado en literatura inglesa de la Universidad de Chile, ha publicado versiones de Allen Ginsberg, Sylvia Plath, Sam Shepard y Alejandro Moreno, y piensa que traducir libros en Chile es “una necesidad enorme”.

Poeta también, Olavarría cuenta que no hay una fórmula concreta para aprender a traducir, sino que se hace “leyendo, escribiendo, estudiando traducciones de otros; en fin, en la práctica”. De todos modos, para él “la literatura es mucho más que una suma de significados, me interesa aún más recrear el tono y la prosodia original de un autor”.

Kurt Folch, poeta y máster de la Universidad de Melbourne, ha traducido a Shakespeare, George Oppen y Tom Raworth. Comenzó leyendo traducciones: “Quise probar si era posible lograr, por mi cuenta, decir en castellano lo que me parecía entender de un texto”.

La traducción es un proceso lento y bien lo saben quienes trabajan en ello. “Traducir, si uno está trabajando con algo que le gusta, demanda decidir algunas cosas sobre aquello que nos importa”, comenta Folch.

A su vez, Olavarría cuenta que traduce autores que siente próximos. “Autores cuya respiración, cuyo tono me son conocidos”. Pero también están aquellas obras que quiere dar a conocer, como fue el caso de Amor salvaje de Shepard y de Abejas de Sylvia Plath.

Oscar Luis Molina asegura que es necesario refrescar a los clásicos, pues las versiones que circulan están desactualizadas. “Así pasa con Balzac, por ejemplo, que lo siguen publicando en traducciones de hace 100 años y no funciona”, afirma. Próximamente, Tajamar editará su traducción de Vidas sujetas a escrutinio, de Sócrates a Nietzsche de James Miller. En tanto, Folch se ocupa de una parte de 100 poemas japoneses de Rexroth. Y Olavarría espera publicar con Das Kapital la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters.

jueves, 28 de marzo de 2013

George Oppen traducido en Chile

George Oppen
Mucho antes de que en la década de 1980, tanto en Francia como en la Argentina, diversas poéticas herederas del realismo se reivindicaran "objetivistas", en la década de 1930 existió en los Estados Unidos una escuela poética objetivista, integrada, entre otros, por George Oppen (1908-1984), Louis Zukofsky (1904-1978), Charles Reznikoff (1894-1976), Carl Rakosi (1903-2004) y, en menor medida, Lorine Niedecker (1903-1970). Todos ellos, influidos por Ezra Pound y William Carlos Williams, han sido paulatinamente recuperados y hoy en día comienzan a ser vistos, más allá de las fronteras de su propio país, como poetas importantes.

Mal representados en la lengua castellana –a pesar de las traducciones que circulan en unas pocas antologías y en los blogs de Internet–, poco a poco les va llegando la hora de un mayor reconocimiento e incluso del libro traducido. Es el caso de George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas, que, con selección y traducción de Kurt Folch, publicó en Chile la Universidad Diego Portales en noviembre de 2012.