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lunes, 12 de mayo de 2025

Una charla con Sunme Yoon en la Feria del Libro

"En una charla que contó con un breve video grabado por la autora coreana premio Nobel de Literatura, la traductora Sunme Yoon relató cómo descubrió La vegetariana y el impacto que le produjo para impulsar su edición en América latina." Tal es la bajada de la nota publicada por InfoBAE, el pasado 10 de mayo.

La mujer que llevó a Han Kang al español contó su inspiradora historia en la Feria del Libro

“Conecté con la protagonista de La vegetariana como si me hablara a mí”. Así recordó la traductora coreano-argentina Sunme Yoon el impacto que le produjo la (ahora) famosa obra de la escritora premio Nobel, durante la charla Han Kang, el viaje del coreano al español realizada el viernes por la tarde en la Sala Carlos Gorostiza de la Feria del Libro.

Ese fue el instante en que descubrió una novela que cambiaría su carrera y, quizás, la recepción de la literatura coreana en el mundo hispano. Era 2010. La obra todavía no estaba disponible en español y Sunme Yoon leyó una edición en japonés. Lo que siguió fue un proceso de inmersión, reconocimiento y traducción que acercó por primera vez la voz de Kang al lector latinoamericano.

Durante la charla, la mismísima premio Nobel se hizo presente en la conversación. Durante poco más de un minuto, Han Kang envió un saludo íntimo a sus lectores argentinos: recordó su visita a la Feria del Libro hace doce años, cuando presentó La vegetariana, en la primera traducción al español de su obra. En tono pausado, expresó la calidez con la que fue recibida entonces y la conexión duradera que mantiene con Argentina a través de sus libros. Según Sunme Yoon, la autora envió el video con la condición de que no fuera difundido por redes ni medios.

La vegetariana, un hallazgo

La novela La vegetariana le llegó en un momento inesperado, según contó la traductora. En sus palabras: “Conecté profundamente con la protagonista, cuya decisión de dejar de comer carne desata una espiral trágica”. La fuerza simbólica del relato, su estructura inusual y su lenguaje contenido, pero inquietante, la impulsaron a traducirla al español sin dudar. No se trataba solo de una traducción literaria; era un acto de mediación cultural.

En 2012, la editorial Bajo la luna publicó esa primera versión en español. En el mundo de habla hispana, Han Kang era una completa desconocida. Pero la edición tuvo una recepción entusiasta, sobre todo entre lectoras jóvenes y editoras sensibles a nuevas voces asiáticas. “Era una historia difícil de explicar, pero fácil de sentir”, comentó Yoon. La violencia contenida, el conflicto íntimo, el cuerpo como campo de batalla: elementos que resonaban más allá de Corea del Sur.

La Feria que lo cambió todo

Años después, Han Kang visitó Argentina para participar de la Feria del Libro de Buenos Aires. “El auditorio estaba lleno, con un público sorprendentemente informado y emocionado por preguntarle sobre su obra”, describió Sunme Yoon. Fue un momento revelador tanto para la autora como para la traductora. “Han Kang me buscó después para agradecerme. Me dijo que no esperaba semejante recepción. Estaba emocionada”.

Ese contacto marcó el inicio de una relación de respeto mutuo entre escritora y traductora. Sunme Yoon continuó traduciendo su obra con delicadeza y compromiso. A La vegetariana siguieron Actos humanos, Blanco y, más recientemente, La clase de griego. “Han Kang es muy coherente con lo que dice y escribe. Su ética y estética están profundamente conectadas”, afirmó. Esa integridad es, según ella, lo que la hace merecedora del Premio Nobel de Literatura.

La literatura coreana ante el mundo

Para Yoon, el Nobel no es solo un reconocimiento individual. Es también una oportunidad colectiva: “Es una gran puerta para que se conozcan más autores coreanos”. La literatura de su país de origen ha evolucionado enormemente desde los años ochenta. Ha dejado de estar dominada por la posguerra y los conflictos ideológicos, y ha dado paso a una multiplicidad de voces, géneros y miradas. Mujeres jóvenes, escritores queer, autores experimentales: todos conviven en un ecosistema cada vez más internacionalizado.

Sunme Yoon, que trabaja como profesora en el Instituto de Traducción Literaria de Corea, es testigo de este cambio. Forma traductores que llevan el coreano al español desde distintas partes del mundo, construyendo un puente entre culturas que ya no se define solo por la geografía. “Traducir literatura es estar yendo y viniendo entre dos mundos. Es ser exploradora y, al mismo tiempo, albañil de palabras”.

En este contexto, Han Kang representa una generación que no solo escribe desde Corea, sino que escribe para el mundo. Yoon lo supo desde aquel primer encuentro con La vegetariana. Hoy, más de una década después, su intuición se confirma en los estantes de librerías y las bibliotecas de lectores hispanohablantes que, gracias a su trabajo, descubren una literatura poderosa y transformadora.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

"Corea tiene muy claro que hay que invertir en cultura, en educación, en medicina. ¿O adonde se va a gastar esa plata?"


El pasado 19 de octubre, Patricia Kolesnicov publicó el siguiente artículo en Infobae. En él se refiere a Sunme Yoon, la traductora al castellano de la Premio Nobel coreana de Literatura. En la bajada de la nota se lee: "Su familia se mudó a Buenos Aires cuando era chica y en esta ciudad hizo primaria, secundaria y universidad. Ya de vuelta en Seúl, consiguió subsidios para llevar la obra de la escritora al castellano y publicarla. Aquí cuenta cómo es la Premio Nobel, por qué la eligió y cómo se sintió en sus años en la Argentina". 

Sunme Yoon, la primera traductora de la Premio Nobel Han Kang en Occidente: “Corea invierte en cultura porque es capitalista”

De un día para el otro, Sunme Yoon es una celebridad. La llaman desde muchos países, le piden entrevistas: que lo cuente todo. No es lo que suele ocurrir con la gente de su profesión, los traductores. Pero Sunme es más que eso o, mejor dicho, acaba de mostrarle al mundo todo lo que es un traductor. Esta mujer coreana pero criada en Buenos Aires, fue la responsable de que la literatura de la flamante premio Nobel de Literatura, Han Kang, se pudiera leer en Occidente. Por su insistencia, por el subsidio del Estado coreano que consiguió, por su trabajo de traducción. Se entiende por qué la llaman.

Así que, con 12 horas de diferencia, ahora atiende a la videollamada en Seúl con cara de cansada pero con una sonrisa que no cabe en la pantalla. En este tiempo, además, Han Kang se ha convertido en su amiga.

"La traduje porque vi un artículo de prensa que hablaba sobre los jóvenes escritores prometedores de Corea”, cuenta ahora, que su amiga es Premio Nobel. Era 2011 y Han Kang no era una autora consagrada.

-¿Cómo llegaste a ella, entonces?
-Buscando qué traducir y preguntando a los coreanos qué autor me recomendaban. Me presentaban a escritores canónicos, consagrados, pero la verdad es que lo que yo leía de esos escritores no me llamaba la atención. Así que decidí investigar por mi cuenta entre los escritores jóvenes. Y ahí fue como llegó. Empecé a leer La vegetariana y antes de terminar el primer capítulo ya había decidido traducirla.

-¿Ya vivías en Corea?
-Sí, después de terminar la Facultad (NdelaR: estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires) me fui a España a hacer el doctorado. Lo terminé en el 97 y vine a Corea.


-¿Cómo hiciste para solventar la traducción de una autora entonces desconocida?
-Esta traducción la hice con un subsidio que otorga un organismo público de Corea, el Literature Translation Institute of Corea, que también subsidió la publicación. En ese momento una editorial argentina muy chica -Bajo la luna- se ofreció a publicarla, junto con otras obras coreanas. Y al año siguiente, cuando llevaron a Kang a presentar la obra a Buenos Aires, en la Feria del Libro, el acto se hizo a sala llena. Ella se llevó una enorme sorpresa, ¡era primera vez que se traducía su novela a una lengua occidental! Y encontrar a tantas personas que ya la habían leído... Hasta ese momento no nos conocíamos, pero cuando ella volvió de la Feria buscó mi contacto y desde ahí que se inició nuestra amistad. Y hemos seguido, ¿no? Ella escribiendo y yo traduciendo sus obras.

-¿Cómo es Han Kang? Parece una persona de bajo perfil
-No te creas que de bajo perfil, porque una persona que es capaz de escribir algo como La vegetariana.. una novela tan lacerante, no es débil, no es frágil para nada, te lo puedo asegurar. Es una persona con mucha, mucha fuerza interior. Aunque pueda parecer otra cosa por la primera impresión que da esa vocecita... Ahora tiene más cancha, como decimos en Argentina.

-¿Y a vos te contó de dónde sale La vegetariana?
-Cuando le hacen esta pregunta ella siempre habla de un cuento que se llama "El fruto de mi mujer", que tiene una temática parecida: una mujer que se convierte en una planta. Es al revés de La vegetariana, no es que desee ser planta, pero por alguna razón se convierte en planta. En ese cuento ya aparece ese trasfondo de violencia marital. En ese caso le salen manchas en el cuerpo, manchas violáceas y va cambiando de color cada vez más, hasta ser verde. Convertirse y finalmente dar frutos... ¿No es fantástico?

-¿Tuviste barreras culturales en la traducción? A veces hay cosas que en otras culturas no existe.
-No, porque la literatura contemporánea coreana habla de Corea, con un trasfondo de la historia de la sociedad coreana, pero los temas son universales. No hay mayor problema para traducir las obras coreanas a otros idiomas. Pero la prosa de Kang muy poética, así que demanda un gran trabajo de revisión de estilo. No podés quedarte con la primera o segunda versión, hay que mirar tres, cuatro veces. Es una escritura muy profunda.

-Hace unos años el impacto de la cultura coreana en el mundo creció. Como si de alguna manera Corea expresara el presente.
-Sí, sí. En Corea se habla de eso. ¿Por qué estamos hablamos de nosotros, de cuestiones históricas, de cuestiones sociales de la sociedad coreana y tiene tal repercusión en el mundo? Bueno, las cosas que ocurren en Corea muestran las preocupaciones que tiene un ser humano en el resto del mundo. Es decir, Corea es un país moderno, industrializado e industrializado a través del capitalismo. Vive, además, una industrialización muy rápida, demasiado rápida. No tiene parangón en el mundo y eso tiene sus consecuencias. La gente vive dentro de este sistema capitalista competitivo en el que se premia a los mejores, lo que nos ha traído un bienestar económico, pero sabemos mejor que cualquier otra sociedad los problemas que hay detrás. Lo duro que es vivir en una sociedad tan frenética.

-¿Qué problemas, por ejemplo?
-Acá los cambios son impresionantemente rápidos, no es posible seguirles el ritmo. Una de las cosas que a mí me gustan de Buenos Aires es que voy diez años después y encuentro las calles igual, los negocios a los que yo iba siguen ahí. Básicamente, sigue siendo la ciudad que yo recuerdo. En cambio, en Seúl y en el resto de las ciudades de coreanas no es así: en tres meses te pueden cambiar el aspecto de una avenida por completo, por ejemplo. Se derriban edificios, aparecen nuevos, que se levantan enseguida. Eso es bueno porque significa que hay progreso, pero por otro lado es bastante agobiante.

-Literalmente, te mueven el piso. Te cambian el piso.
-Sí. Sin duda que todo queda más lindo, evidentemente. Pero todo eso también tiene historia y y vidas y recuerdos, y de pronto surge un rascacielos, por ejemplo, en un lugar donde antes había un viejo cine o donde la gente tomaba su café. Que las cosas cambien tan rápido es bastante enloquecedor. Y, por otro lado, es una sociedad muy competitiva, donde hay que dar examen para todo. Es mundialmente famoso el examen de ingreso a la universidad, en el que prácticamente se para el país y los chicos por querer entrar a una buena universidad repiten ese examen dos y hasta tres veces. Hay que entrar a una carrera que te dé una buena profesión, la competencia es dura y hay que estudiar mucho. Pero la recompensa es segura.

-¿Qué cosas extrañás de la Argentina?
-¿De la Argentina? Todo. Porque bueno, Seúl es el lugar donde vivo, donde tengo mi trabajo, donde tengo mi vida. Pero yo creo que los años importantes son los de formación, la infancia. Los primeros años de la adolescencia, de juventud. Y Argentina me dio todo eso. En esa etapa yo sólo tuve amigos argentinos. La formación intelectual pero también humana se la debo a la Argentina. La famosa educación pública en la primaria, el Nacional de Buenos Aires, la Universidad. Recibí una educación de altísimo nivel, y por lo menos la UBA lo sigue teniendo en Humanidades. Le debo mucho a la Argentina. Le debo mi formación. Le debo mis amistades, mis recuerdos, mi juventud.

-¿Sos un poco argentina en Corea?
-Sí, claro. En Argentina nunca me sentí muy extranjera. Era pasar al lado de un espejo y ahí recién darme cuenta. Algo así como “ah, claro, soy diferente”. En Corea es al revés: por mi aspecto exterior no me distingo del resto de los coreanos. Ahora ya estoy mucho más adaptada, pero los primeros años me costó una barbaridad. Aunque no se notara, yo era extranjera.

-¿Dónde trabajás ahora?
-En el Literature Translation Institute of Korea, este organismo público que promociona la traducción de la literatura coreana.

-O sea que Corea del Sur, que es uno de los estados más capitalistas del mundo, piensa que hay que subsidiar cosas como la traducción, la literatura, la cultura...
-¡Justamente porque es capitalista! Corea tiene muy claro que hay que invertir en cultura, en educación, en medicina. ¿O adonde se va a gastar esa plata? El LTI tiene un academia de traducción donde estamos formando traductores, pero no son traductores coreanos, son todos traductores extranjeros, estudiantes que entienden coreano y pueden traducir perfectamente a su idioma nativo. Y todos estos chicos -llegan al año alrededor de 50- reciben una beca completa, desde pasaje de avión y estadía, para estar en Seúl durante dos años. Y todo eso con dinero de los contribuyentes. Gracias a esa inversión es que la cultura coreana está tan floreciente. Y no sólo en Corea sino en el mundo.


martes, 9 de junio de 2020

Una entrevista con Sung Woong Choi, traductor coreano de Cortázar, en Buenos Aires

Sung Woong Choi por Diego Martínez

El 19 de febrero de este año, Mónica López Ocón publicó en el periódico Tiempo Argentino, de Buenos Aires, a siguiente entrevista con Sung Woong Choi, traductor coreano de Rayuela, de Julio Cortázar.

La historia de Sacha, el traductor coreano

que vivió un año y medio en Buenos Aires para traducir Rayuela


Su nombre en coreano es Sung Woong Choi, pero se hace llamar Sacha, un diminutivo de Alexander que aparece con frecuencia en la literatura rusa. Considera que la literatura es mucho más interesante que la vida y que es lo que le da sentido a la suya. Habla, además de su lengua materna, francés, alemán, inglés, japonés y un castellano que, luego de un año y medio de vivir en Buenos Aires, pronuncia de una forma aporteñada que le hace decir sho y shuvia, como si hubiera nacido aquí, a la vuelta.

Su gran proyecto en este momento es traducir al coreano Rayuela, de Julio Cortázar, lo que calcula que le llevará dos o tres años más de trabajo, porque luego de su regreso a Corea que concretará en unos pocos días, viajará a Japón donde permanecerá seis meses para perfeccionar el idioma. Se lleva de aquí una gata atigrada, un animal cortazariano si los hay, que lo acompañará silenciosamente mientras traduzca Rayuela y quizá lo acerque al autor argentino quien tenía, como Osvaldo Soriano, una manifiesta predilección por los gatos.

En un bar tradicional de San Telmo, un barrio que conoce muy bien porque ha vivido allí, Sacha habla de su ambicioso proyecto con Tiempo Argentino.

–¿Cómo aprendiste español?
–Tengo 35 años. Comencé a estudiar literatura en Corea a los 20, pero pronto dejé mis estudios en ese país para ir a Francia. Allí estudié literatura francesa y alemana. Luego fui también a Alemania. Comencé a traducir poesía francesa y alemana al coreano por puro gusto. En Francia aprendí latín y eso me facilitó entender las lenguas que provienen del indoeuropeo como el español.

–¿Y qué libros tradujiste del francés y del alemán?
–Una velada con el señor Teste de Paul Valéry, El pequeño libro de la subversión… de Edmond Jabès y las Elegías del Duino de Rainer María Rilke. Luego volví a Corea y fundé mi propia editorial para traducir literatura extranjera. Después  de seis años, decidí que no quería quedarme siempre en Corea. En tres horas tomé la decisión de irme a cualquier lugar, pero como siempre tuve pasión por la literatura, me interesaba aprender una lengua importante para la literatura como el español. Argentina es un país muy lejano para nosotros y yo casi no conocía nada de aquí. Lo que hice fue buscar cuál era el lugar más barato para aprender español porque no tenía mucho dinero. Entonces busqué en Internet y me fui a Ecuador, a Quito. Allí tomé un curso de español en la universidad y me quedé seis meses. Conocí a un chico muy brillante que me aconsejó viajar a la Argentina por la literatura de Borges. En esa época yo aún no conocía casi nada de Cortázar. Viajé a la Argentina, al tiempo comencé a leer a Borges, a Oliverio Girondo, a Juan José Saer. Yo pasé las pruebas de español en la universidad, pero para mí es básico estar por lo menos dos años en contacto con la lengua en el país donde se habla. De todos modos, me interesa más leer, entender la literatura de un lugar que perfeccionar mi pronunciación.

–Los que mencionás son autores difíciles de traducir.
–Sí, pero siempre me gustó lo complicado. Quería traducir algo del español al coreano, pero Borges está muy traducido. En cambio, de Cortázar sólo estaban traducidos algunos cuentos reunidos en una antología. Así comencé a leer Rayuela y ¡pum¡, me gustó mucho. Creo que el español de Cortázar es algo afrancesado y como yo me especialicé en literatura francesa, a mí me resulta más fácil que otros autores que escriben en español. Su español, por otro lado, no es estándar porque, al mismo tiempo, conserva algo muy porteño. Además, ya tengo la traducción alemana, la japonesa, la inglesa y la francesa para poder hacer la comparación. De modo que ya está casi listo el contrato para hacer la traducción en la editorial que yo fundé y luego traspasé a un amigo.  A mí no me gusta mucho la literatura latinoamericana como la de García Márquez, aprecio mucho más un autor como Cortázar que, como Mallarme y como Rilke, quiso superar la frontera del idioma.

–¿Y cómo ves las traducciones de Rayuela a lenguas que vos conocés?
–La francesa es muy literaria, pero no sé si es muy fiel. La alemana es, como los alemanes, muy minuciosa. La japonesa está traducida muy a la japonesa, es muy detallista.

–Cuándo decidiste aprender español, ¿por qué no se te ocurrió viajar a España?
–Nunca me interesó España. Francia, sobre todo París, en cambio, fue un centro cultural muy importante por la literatura, la filosofía y también por su economía. En los países extranjeros lo que más se conoce de España es Don Quijote. Creo que el centro de habla hispana más importante está en Latinoamérica, sobre todo, en Buenos Aires.

–¿Y cómo te sentiste en Buenos Aires?
–Bueno, no soy una persona muy difícil, me adapto. Tomé la decisión de venir a Buenos Aires en dos horas.

–¿De qué manera sostenés tus viajes?
–Me siento frente a mi compu y les doy clases a coreanos por Skype de las lenguas que conozco. En Buenos Aires también fui guía turístico de coreanos. Cortázar tampoco fue un afortunado, tuvo que trabajar mucho como traductor para sostenerse como escritor.

–¿Qué lugar crees que ocupa la literatura hoy en el mundo?
–Creo que ésta no es la época de la literatura, casi nadie lee literatura. Hoy la literatura y el arte son algo para consumir, no para profundizar. Yo no soy viejo, pero soy muy antiguo respecto de la literatura. Me gusta lo profundo.

–¿Y cuál crees que es la causa de que hoy la literatura no ocupe un lugar tan importante como en el pasado?
–El capitalismo. La literatura surge en la tensión de los idiomas, en la tensión de las ideologías. Hoy desapareció la tensión entre comunismo y capitalismo y creo que eso no es bueno para la literatura. Creo que hoy no se escriben cosas muy interesantes, lo que hay es una literatura del capitalismo.

–Pero vos conservás la pasión.
–Sí, es que la vida no es muy interesante sin literatura. Para vivir es preciso amar algo si no, no tiene mucho sentido. Pero para mí la literatura no es sólo un trabajo de traducción. Voy a estudiar chino y también griego. Creo que conocer varios idiomas es como regresar al tiempo anterior a la torre de Babel, cuando se hablaba una sola lengua. Creo que las identidades que nos atribuimos  son falsas. Por ejemplo, aquí como comida que viene de Italia, de Francia, de diversos países y todo eso se mezcla y termina por ser porteño. Creo que la lengua materna es algo imaginario sobre la identidad. Yo quiero superar esa frontera.