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lunes, 17 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (1)

A lo largo de los dos últimos años, el número de artículos en la prensa referidos a la Inteligencia Artificial ha tenido un crecimiento exponencial. Muchos de ellos se refieren a lo que va a pasar con la traducción en general; algunos, a los que va a ocurrir con la traducción literaria (cfr., el artículo de Ariel Magnus, correspondiente al 3 de febrero pasado, con el que este blog ha dado inicio a sus actividades de este año). 

En consecuencia, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires ha decidido reflejar lo que piensan los traductores de literatura sobre este nuevo factor que, de a poco, va ganando impulso en el trabajo diario.  

Para ello, ha convocado a un número considerable de traductores de ambos lados del Atlántico, lo que ya supone una oportunidad de reflexionar sobre las prácticas en España y Latinoamérica. Así, mientras que los traductores latinoamericanos se han explayado a gusto no sólo sobre las preguntas que se les formularon, sino también sobre otras cuestiones que hacen a la profesión, los traductores peninsulares imaginaron que no responder era una forma de preservar sus fuentes de trabajo, lo que habla de dos mundos completamente diferentes. 

Asimismo, en el caso de los latinoamericanos, los modos de funcionamiento de los distintos mercados editoriales (en razón de las procedencias de los traductores consultados, el de Argentina, Chile, México y Brasil), determina también el tipo de respuesta. 

Por último, aunque se trata en todos los casos de traductores literarios, debe considerarse que los hay "profesionales" (vale decir, los que hacen de la traducción un modo de vida y, por lo tanto, establecen con las editoriales vínculos de naturaleza económica, en los que intervienen variables como el número de palabras y el tiempo de traducción) y "vocacionales" (aquéllos que traducen por gusto y que hacen de la traducción una ampliación de su propia actividad creativa).

Considerando el número de traductores consultados, las respuestas se extenderán a lo largo de las próximas dos semanas.

Los traductores y la inteligencia artificial (1)

Gabriela Adamo (Argentina)

1) Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Más o menos. La uso (poco) y vengo leyendo sobre el tema, pero no soy ninguna experta

2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no? 

Sí para trabajos cortos y traducciones rápidas (traducir cuestiones del día a día que necesito en otro idioma y que puedo revisar/corregir/editar de un vistazo). No, por ahora, para trabajos de largo alcance como la traducción de un libro entero. Me sirve mucho el ya básico Google Translate para buscar opciones sencillas o destrabarme en algunas partes, pero no es más que una especie de puntapié, un diccionario básico más cómodo de usar (pero no tan bueno como) los tradicionales

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

Probablemente sí, porque traducen cada vez mejor y no tengo dudas de que las editoriales van a recurrir pronto a ellos para ahorrarse tiempo y plata. Tal vez –en el mejor de los casos– florezca el trabajo para los correctores y editores que tendrán que revisar y adaptar esas traducciones de máquina.


CLAUDIA CABRERA (México)

1) ¿Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

He traducido algunos textos no literarios (con una estructura gramatical sencilla) usando el simple programa de traducción automática de Word y obtenido resultados razonablemente buenos. Para literatura y teatro, no sirve. Entre más complejo el texto, peor resulta la traducción de la IA.

 2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Es una herramienta útil para traducir textos con una estructura gramatical sencilla. En este caso, la corrección sí implica menos trabajo que traducir el texto yo misma. 

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Me parece que es un riesgo real y absoluto. Hay editoriales que ya están traduciendo libros con IA y que luego pasan esas malas traducciones a un traductor humano para las corrija (en Alemania le dicen a eso post editing, no sé si en América Latina también se use ese término). Por supuesto, el pago es muy inferior al de una traducción, que de suyo no siempre es bueno. Esto está provocando una pauperización aún mayor de nuestro gremio. En resumen: la IA puede ser útil si es el propio traductor quien decida usarla como una herramienta más para realizar su trabajo. Pero no, si es la editorial la que decide usarla en reemplazo de un traductor humano, por las razones arriba mencionadas.


VÍCTOR GOLDSTEIN (Argentina)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

2)¿ Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no? 

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Me importa un pepino la IA, no la uso ni la usaré, con Google me las arreglo muy bien y no necesito más que eso.



miércoles, 1 de mayo de 2024

Claudia Cabrera, premiada en Alemania

Publicada sin firma  el pasado 29 de abril, en el diario mexicano El Universal, la siguiente entrevista se ocupa de dar cuenta del importante premio recibido por la traductora Claudia Cabrera, presidente y fundadora de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.

"Tradicionalmente, los traductores hemos sido invisibilizados"

"Le dedico este premio al gremio de los traductores, especialmente a la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli)", dice, en entrevista, Claudia Cabrera, ganadora de la Medalla Goethe 2024, la distinción más importante en materia de política cultural exterior que otorga Alemania. La presidenta y fundadora de la Ametli, y ganadora del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena en 2020 por "El Hacha de Wandsbek", de Arnold Zweig (Herder, 2017), fue nominada por el Goethe-Institut Mexiko; las otras ganadoras de esta edición fueron la historiadora y gestora de "Macedonia del Norte", Iskra Geshoska, y la chilena Carmen Romero Quero, directora del Festival Internacional Teatro a Mil.

"Esto le va a dar visibilidad al gremio de los traductores. Tradicionalmente, los traductores hemos sido invisibilizados; se considera que una buena traducción es la que no se nota y que una traducción se debe leer como si fuera una obra escrita en el idioma de llegada. Pero eso no quiere decir que el traductor no exista y que se le mencione en las reseñas sólo cuando se considera que hizo una mala traducción. Siempre me ha dado rabia que se reseñen los libros traducidos y ni siquiera se mencione al traductor; se alaba el gran estilo lingüístico de la obra en español sin dar cuenta de que no es el estilo del autor, sino del traductor. Si el traductor fuera malo no podría encontrar equivalencias en español para el estilo del autor en el idioma original", afirma Cabrera Luna, quien ha vertido al español, entre otros, a Franz Kafka, Robert Musil y Rainer Werner Fassbinder.

Según la Ley Federal del Derecho de Autor que rige al país -continúa-, los traductores son autores de obra derivada: "En ese sentido, la traducción es tan valiosa como lo es el primer original. Los traductores somos autores de nuestras traducciones y se nos debería tratar como tales. Le tenemos que ceder nuestros derechos patrimoniales a las editoriales y, por ello, no se nos pagan regalías, y tenemos derechos morales: el primero es la visibilidad, lo cual significa que se ponga el nombre en portadilla, cuarta de forros, portada, reseñas, archivos, noticias; el segundo, la decisión de dar el último visto bueno antes de que se publique la traducción. Esto no lo puede hacer la editorial porque, de ser así, se considera que se trata de una mutilación a la obra original".

Artistas, escritores e intelectuales como Claudio Magris, Pierre Bourdieu, György Ligeti, Imre Kertész y Jorge Semprún se cuentan entre los ganadores de la Medalla Goethe, la cual recibirá Cabrera en Weimar, el 28 de agosto, día en que se celebra el natalicio de Johann Wolfgang von Goethe. Antes de Cabrera, sólo un mexicano había recibido esta distinción: el escritor y periodista José María Pérez Gay.

Por último, recapitula, las traducciones que más trabajo le han costado y son, quizá, las mejores que ha hecho hasta la fecha: la monumental y ya citada, El Hacha de Wandsbek, de Zweig: "Una gloria de la literatura universal y, ahora, de la mexicana porque está al español de México"; Tamangur, de Leta Semadeni (La Cifra, 2018), nouvelle en prosa poética, "bellísima y dolorosa"; y La excursión de las niñas muertas, novela autobiográfica de Anna Seghers, que se publicará en el transcurso de este año.

miércoles, 12 de julio de 2023

Claudia Cabrera y la traducción de escritores alemanes exiliados en México

Publicado en Nexos, el pasado 2 de junio, este artículo de Carlos Rodríguez trata sobre la escritora alemana Anna Seghers (foto), su breve exilio mexicano y el rescate emprendido por la traductora Claudia Cabrera de la literatura generada por el exilio alemán en México.


Anna Seghers y la literatura del exilio alemán en México

Aunque no estaba planeado así, Anna Seghers llegó a México en 1941. Poco se podía prever en realidad porque siendo judía (aunque no practicante), comunista y escritora, huyó de la Alemania nazi. En una de sus novelas, Tránsito, publicada en 1944, Seghers ficcionaliza la espera angustiosa que vivió junto con miles de personas que en Marsella, punto neural de fuga, se quebraban los dedos, los nervios, por obtener los visados para huir de las garras de la persecución y la muerte.

El paso de la autora por México, que regresó a la República Alemana Democrática en 1947, es fantasmal. Poco se sabe a pesar de que Pablo Neruda, entonces cónsul de Chile en México, la recibió en la capital y de su relación con Diego Rivera (un libro de 2020 de Volker Weidermann, Brennendes Licht, aún no traducido al español, novela su periplo mexicano); de hecho se sabe poco del exilio alemán en México tanto en términos históricos como artísticos. Un proyecto literario de la traductora mexicana Claudia Cabrera rescata la literatura del exilio alemán en México, poco atendida en su tierra de origen.

Este esfuerzo editorial, cuyo primer movimiento es Tránsito, que ya se encuentra en librerías, tiene varias razones, algunas de ellas personales (for sentimental reasons, como cantaría Nat King Cole). En la tensa Marsella donde se encontraba Anna Seghers, que murió el 1º de junio de 1983, también estaban unos familiares de Cabrera, su tío abuelo y su esposa. Esta coincidencias, que le dieron un empujón definitivo al arte en México, no hubieran sido posibles sin la intervención de Gilberto Bosques, hombre de confianza de Lázaro Cárdenas y cónsul general de México en Francia. Al emitir cuarenta mil visas y practicar una política migratoria tan liberal, el diplomático poblano permitió, entre otras cosas, los fecundos exilios español y alemán en México. La traducción de Tránsito, que por primera vez se puede leer en el español de México, es un homenaje a Bosques.

Es notable cómo resuena ahora el conflicto migratorio personal y colectivo que planteó Seghers. También de qué forma la cultura de refugiados es motivo de orgullo y honores.

La enfermedad de marcharse (y del olvido)
En la pluma de Seghers, la evasión inevitable del conflicto de la Segunda Guerra, tiene un matiz sucinto, que ciñe lo visto y oído a una futura nostalgia, hipotética en caso de lograr la liberación. Se lee en Tránsito:

“Oí maldiciones en francés y despedidas en español, y al final todavía oí, a lo lejos pero más penetrante que todo lo demás, una cancioncita sencilla que había escuchado por última vez en mi patria, cuando nadie de nosotros sabía aún quién era Hitler, ni siquiera él mismo. Me dije que seguramente era sólo un sueño. Después me quedé dormido.”

Es la enfermedad de marcharse, como dice la autora alemana en su obra, la que tuvieron los exiliados, algunos de otras nacionalidades pero de lengua alemana.

De los exiliados en México, Cabrera destaca al fotógrafo y cineasta Walter Reuter, a la escritora Mariana Frenk, que tradujo al alemán a Rulfo, y a su segundo esposo, el crítico e historiador Paul Westheim, pionero en el estudio del arte mesoamericano. También a las actrices Steffie Spira y Brigitte Alexander y a las escritoras Alice Rühle-Gerstel y Lenka Reinerova, que llegaron por intermediación de Bosques.

“El exilio alemán no está tan anclado en la memoria de la gente en México, que fue una especie de pivote cultural, quizá por la barrera del idioma –reflexiona la traductora en entrevista–. Pocos saben quién fue Anna Seghers. Lenka Reinerova, que escribió ensayo autobiográfico, es absolutamente desconocida; pertenecía a la minoría germano parlante de Checoslovaquia, como Kafka, y tuvo muy mala suerte porque, ya con Stalin en el poder, la encarcelaron tres años y le prohibieron escribir prácticamente hasta la caída del Muro”. Cabrera recuerda que en 1994 Reinerova y el editor Walter Janka (que empleó a Seghers en la editorial El Libro Libre, que fundó en México) participaron en un simposio sobre el exilio alemán que organizó el Instituto Goethe. Eran las dos únicas figuras vivas de aquel momento.

“No es en balde el paso de la gente por ninguna parte, y es doloroso que quede silenciado por el olvido. Como soy traductora, lo que puedo hacer para aliviar la tristeza e irritación que me produce el desconocimiento de este exilio es traducir obras de esa época”, confiesa Cabrera. Su proyecto de traducción, coeditado por La Cifra y Elefanta, incluye las novelas Tránsito, La séptima cruz, que estará lista a finales de año y que coincidirá con el aniversario ochenta de su publicación, La excursión de las niñas muertas, y los relatos “Crisanta” y “El verdadero azul” (inédito en español), que Seghers escribió al volver a su país.

Hay una enorme riqueza en las circunstancias adversas del exilio. A Seghers le dio un abanico de temas y un tratamiento particular de los mismos. Aunque ella no hubiera deseado salir de Alemania, país al que siempre quiso volver por razones ideológicas y políticas para la construcción de un país antifascista, sin la huida –recuerda Cabrera– Tránsito probablemente no existiría.

Traducir es vivir
Una feliz coincidencia es que la película del alemán Christian Petzold En tránsito (2018) (que adapta a Seghers a partir de una mirada hitchcockiana à la Vértigo y sorpresivamente recoge la participación diplomática mexicana) también apoye el rescate de su obra del exilio.

Sin embargo, hay algo fundamental en las nuevas traducciones al español: que al estar íntimamente relacionadas con México, las novelas –la mayoría inconseguibles en sus traducciones publicadas en España– se lean aquí en mexicano. La labor de Cabrera, miembro fundador de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (AMETLI), ha sido atenta al estudiar el estilo de Seghers, parco y escueto, con muchas repeticiones, frases cortas, puntuales, con un dejo de ambigüedad, que crean un ritmo propio. “En mi experiencia, la práctica de la traducción es lo que me revela el estilo del autor. Para traducir hay que meterse a las costuras del texto, entender por qué esta coma, la razón de la extensión de esta frase, etc. Los traductores generamos derechos de autor, somos autores, pero debemos seguir el texto original; de este modo respeté la longitud de las frases, su construcción y las repeticiones”.

Además de la labor lectora puntillosa y personal, traducir siempre implica investigar. Gracias a su traducción de El hacha de Wandsbek, de Arnold Zweig, Cabrera ya contaba con elementos para adentrarse en la barbarie nazi que roza Tránsito y atañe directamente a La séptima cruz, novela sobre el poder del individuo contra un régimen político aplastante. Su próxima edición incluirá un anexo con la terminología nazi y militar que resultaba transparente para un lector de los años cuarenta, pero ahora no nos dice nada ni en alemán ni en español.

La traductora destaca la posibilidad de echar mano de todos los recursos posibles para hacer su trabajo. La amistad, por ejemplo. Para aclarar ciertos términos recurrió a la traductora Iliana Sánchez Roa, la autoridad en español del léxico nazi. No desestima otro tipo de traducción, la audiovisual. Cuando Hollywood compró los derechos de La séptima cruz, filme que dirigió Fred Zinnemann –otro germano parlante vinculado a México por la película Redes, de 1936, la suerte económica de Seghers cambió.

El proyecto de traducción de la literatura del exilio alemán en México abre nuevas vetas para traductores e investigadores. “Tanto hombres como mujeres han corrido con la misma suerte al ser olvidados. Aunque ahora me interesa traducir más mujeres, porque es cierto que ellas se olvidan más fácil”, apunta Cabrera, que planea continuar con la obra de Lenka Rainerova, otra figura olvidada en esta historia.

lunes, 26 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (5)

Segunda semana de la encuesta sobre género y taducción


Edgardo Scott
(traductor argentino residente en París, Francia)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción
–Justo escucho en mi deriva diaria de Spotify “It´s different for girls”, de Joe Jackson (1979), una canción que ya entonces planteaba el cambio de roles entre “lo femenino” y “lo masculino”. Hace poco tanto Javier Marías como Claudio Magris comentaron el caso de Amanda Gorman, más conocida –o lamentablemente conocida– como la joven poeta estadounidense que leyó en la asunción de Biden, y el affaire posterior, cuando al ser traducida al holandés su agencia literaria habría pedido que la tradujera una activista afrodescendiente, “Una artista joven, mujer e inapelablemente negra, ya que para captar todos los matices de lo que significan esos poemas se tiene que ser negra, como negra es la americana.” He leído el poema de la asunción y he leído otros poemas de Amanda Gorman y me creo capaz de traducirlo aceptablemente sin ser “una artista joven, mujer e inapelablemente negra”, sino un hombre de mediana edad, nacido en un suburbio al sur de Buenos Aires, heterosexual y descendiente de irlandeses, españoles, vascos y algún otro elemento mestizo; es más, creo que cualquier traductor o escritor que tenga un inglés razonable podría traducirlos también aceptablemente, sobre todo porque los poemas de Gorman son tan terriblemente oficiales –en el sentido de que sólo se pueden sostener gracias al poder ideológico de su cultura oficial– como pueriles y maniqueos a nivel literario. Lamentablemente para la poesía estadounidense, Gorman no es la nueva Wanda Coleman, Elizabeth Bishop o John Ashbery.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–El lenguaje es lo menos esencialista que existe. El lenguaje –y la poesía es el elemento nuclear, la operación fundante del lenguaje– es el que ha introducido los géneros, por ejemplo, pero como parte de un sistema de signos que, al menos desde Saussure para acá sabemos, es absolutamente arbitrario a los fines prácticos; es decir, la mesa se llama mesa solo porque todos la llamamos así. Si todos nos ponemos de acuerdo, puede llamarse silla. Y podemos empezar a decirle a la silla, mesa (si todos lo usamos de ese modo). Es un sistema a los fines de la comunicación más básica, más convencional o funcional. Por otro lado, no hay dudas de que la experiencia puede jugar un rol importante en la traducción, es decir, si hay un poeta que canta a las Highlands (un poeta escocés que me gustaría traducir, por ejemplo, que me gusta mucho, Thomas A. Clark, su libro Farme by the shore (Granja en la costa), y le da un lugar muy intenso a los elementos del paisaje, bueno, evidentemente, algo de poder recuperar ese paisaje de la realidad, ciertos detalles, puede ser importante a la hora de traducir. Pero no la identificación sexual de Thomas A. Clark o de qué modo ejerce su masculinidad o la ideología que a priori uno podría atribuirle.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No que yo recuerde. Hay numerosos textos que no me he sentido en condiciones de traducir, pero no por una cuestión de género. Hace poco terminé un libro de Annie Ernaux, por ejemplo, y mientras leía –y obviamente traducía para mí en la lectura, no soy bilingüe al francés– había pasajes de una dureza, de una parquedad áspera que me recordaban el lenguaje de Andrés Rivera. Me parece que el problema es justamente ése, es un problema, podría decirse, imaginario, la imposibilidad o dificultad para poder cruzar los géneros sexuales en la literatura, sobre todo a nivel crítico; siempre se asocia a un escritor hombre con otro escritor hombre y a una escritora mujer con una escritora mujer, y a un escritor o escritora homosexual con otro escritor o escritora homosexual; ahí nos comportamos como si fuera una clase de educación física en un colegio católico hace cuarenta años. Con semejante ingenuidad e ignorancia. Yo leo a Felisberto Hernández y pienso en Hebe Uhart; es más, me parece que Hebe ha sido lo más parecido a Felisberto después de Felisberto. O que Felisberto es un precursor natural de Hebe Uhart. Una vez le hicieron una entrevista a Gerard Depardieu con Catherine Deneuve. Y él dijo, “me gustaría ser un hombre como ella”. Porque claro, hay una virilidad –un control, un orden–, podría decirse, en Catherine Deneuve, que se entiende el chiste de Depardieu. Se trata de eso. La traducción es también un acto de travestismo, pero a todo nivel.


Verónica Zondek
(traductora chilena residente en Valdivia, Chile)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Supongo que lo que preguntas, es si acaso existe traza del género del traductor en lo traducido. Yo creo que lo que uno es naturalmente aparece de una u otra manera en lo que uno hace, y eso incluye también, a la traducción. No creo que sea posible traducir desde un lugar que omita las experiencias y la sustancia que nos hacen ser quienes somos. Entonces, el género, como otras tantas particularidades, no puede sino influir en el modo de percibir la realidad. Cuando hablamos de traducción literaria, son justamente esas particularidades, las que diferencian la contribución de uno u otro traductor.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Creo que de algún modo ya contesté esto, pero para agregar un punto más, me parece que esa es la razón principal del por qué se equivocan las editoriales cuando piensan que debe haber sólo una traducción hegemónica, la que ellos manejan. Creo que, con esa disposición, se le hace un flaco favor al libro en cuestión, ya que el género, el conocimiento, las lecturas, el territorio y otros asuntosque suelen ser parte de la identidad de una traductora o traductor, aportannuevas maneras de leer una misma obra. A fin de cuentas, para alguien que se aproxima a un autor o autorade otra lengua, estas traducciones, si son buenas, pueden resultar complementarias.

3)¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No, no creo que la circunstancia de ser mujer me signifique un impedimentoa la hora de traducir un texto. Cada uno traduce desde la honestidad de ser quien es.


Claudia Cabrera
(traductora mexicana residente en Ciudad de México, México)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?

–No sé si ha sido cuestión de suerte, pero a mí, en realidad, el género nunca me ha afectado. Resulta que la mayor parte de los libros que he traducido han sido de autores hombres, quizá el 90 por ciento. Y nadie, nunca, me ha dicho que no debería o que no podría hacerlo. Curiosamente, sí me dieron una vez esa respuesta cuando propuse retraducir (al español de México, por primera vez) las obras del exilio de Anna Seghers. Ahí la objeción fue que la primera traducción la hizo una pareja de refugiados españoles, es decir, gente de la generación de la autora que había padecido en carne propia la experiencia. Y yo no. Y bueno... A otra editorial, por suerte, sí le gustó el proyecto y me lo aceptó. El hecho de que haya traducido sobre todo a hombres se debe a que ésos eran los encargos que me hacían las editoriales. En los últimos tiempos he podido proponer yo algunos títulos, y estoy tratando de traducir a más mujeres.




jueves, 25 de marzo de 2021

Los rigores de la vida silvestre

El 12 de febrero pasado, Roberto Rueda Monreal, traductor literario, politólogo y escritor mexicano, publicó en El sol del México, la siguiente entrevista con Claudia Cabrera, traductora de Bambi, una vida en el bosque, del autor austríaco Felix Salten, libro para adultos sobre el que se inspiró Walt Disney para la película Bambi.


Bambi, entre el bosque y él

Aunque es considerada la película más oscura y seria de Disney, se queda corta en relación con lo que se plantea en el libro. De acuerdo con su traductora, Felix Salten describe de manera naturalista y sin romanticismo alguno la vida de los animales en el bosque.

El tema salió en un desayuno entre traductores literarios, en pleno trajín gremial, a propósito de las primeras películas que uno vio en la vida, por no decir la primera.

Se mencionaron varias que Disney habría sacado hace mil años. Y fue en ese momento cuando se me vino a la mente de manera muy natural. Estaba por completo en el olvido, pero lo recordé como si hubiese ocurrido un día antes de ese desayuno. Mi hermano Polo había juntado un dinerito y, sin más, se dispuso a llevarme por primera vez al cine, sorprendiéndome. ¿La película? ¡Bambi! (Disney, 1942).

La identificación con el personaje fue brutal. Para mi niño de entonces, de tan sólo seis años de edad, ver a un crío de venado, un cervatillo, siendo arrojado al mundo cruel y salvaje luego de que desalmados cazadores le han dado muerte a su protectora madre, fue de un impacto tremendo. Una identificación brutal, ya les decía.

Lo recuerdo muy bien. Por muchos y larguísimos días entendí el contexto crudo y violento en el que vivía a través de Bambi, la película, sólo que, en mi caso, ni en mi casa, ni en mi calle, ni en mi colonia hubo ningún venado Príncipe del Bosque que me hiciera más placentera la transición hacia la madurez. Pero esa es otra historia.

Regresando a la reunión en el mencionado desayuno, antes bien, me sorprendió agradablemente saber que la vicepresidenta de Ametli (Asociación Mexicana de Traductores Literarios), Claudia Cabrera, es la traductora literaria de Bambi, una vida en el bosque, la historia original, la del austriaco Felix Salten (que, a su vez, no es en absoluto la de la versión cinematográfica norteamericana, con cuya trama, que no se desarrolla en ningún bosque europeo sino en uno de Virginia, yo crecí).

Así las cosas, me entusiasmó de inmediato la idea de una entrevista, a la cual amablemente accede al Premio Bellas Artes de Traducción Literaria “Margarita Michelena”.

Le cuento una anécdota –introductoria sobre la película, y he ahí que comienzo con cuestiones.

–¿De verdad es muy diferente la historia de la película a la del libro de Felix Salten?
–De entrada, quiero decir que me entusiasmó la posibilidad de traducir un cuento que tan buena acogida tuvo como película en nuestro país, que era ya un clásico. Además, me abrió las puertas a la traducción de literatura infantil y juvenil, en la que nunca había incursionado. Sin embargo, conforme fui avanzando en la lectura, me di cuenta de que el libro, escrito en 1923 por el austriaco Felix Salten, poco tenía que ver con la película, y que no necesariamente podía considerársele como un libro infantil. Para empezar, es mucho más sanguinario y cruel que la filmación de Disney. También mucho más filosófico y reflexivo.

–¿A qué te refieres?
–A que Bambi, aunque es considerada la película más oscura y seria de Disney, se queda corta en relación con lo que se plantea en el libro. En su relato, Salten, cazador apasionado, nos describe de manera naturalista y sin romanticismo alguno la vida de los animales en el bosque. Aunque el libro empieza en verano, cuando la naturaleza está en plenitud y la vida y el alimento abundan, conforme va pasando el tiempo y llega el invierno, la comida escasea y los animales empiezan a pasar hambre y miseria: "La gran penuria, que parecía no tener fin, propagaba una gran amargura y brutalidad. Contravenía la práctica, socavaba la conciencia, aniquilaba las buenas costumbres y los buenos modales y destruía la confianza. Ya no había clemencia, ni paz ni consideración". Así se nos narra sin ambages cómo las cornejas matan "de la manera más cruel" al hijo del conejo, cómo la ardilla es herida de muerte por la marta y rematada por las urracas y cómo el zorro despedaza al faisán. También somos testigos de la destrucción propagada por Él, nombre genérico que los animales le dan al hombre.

–Sin embargo, hay algo peculiar con este Él en realidad, ¿cierto?
–Así es. Él rige como un dios todopoderoso por encima de los animales, los caza sin piedad –también a la madre de Bambi–, es dueño de su vida y de su muerte, y ellos sienten por Él un terror reverencial, puesto que no comprenden de dónde vienen su fuerza aniquiladora y su poder. En largas disquisiciones de talante casi religioso los animales tratan de explicárselo, sin obtener ninguna respuesta. El único que sabe que Él no es omnipotente es el Viejo, el padre de Bambi. Entre todas las enseñanzas que le deja a su hijo, ésta será la lección de vida más importante.

Para ser un cuento sobre "el bosque, los animalitos y las plantitas", Bambi, una vida en el bosque aborda pasajes harto filosóficos y profundos.
–¡Absolutamente! En otro pasaje, por ejemplo, el que anuncia la llegada del invierno, somos testigos del tristísimo diálogo entre dos hojas a punto de caer de un árbol. En una charla gentil y conmovedora las hojas se lamentan de su muerte inminente y se preguntan qué hay "allá abajo", la incierta dirección en la que han ido desapareciendo poco a poco todas sus hermanas. Sin mencionar ni una sola vez a la muerte, este pequeño capítulo constituye una hermosa metáfora sobre nuestro destino ineludible.

La muerte sin ser nunca pronunciada. ¡Qué duro y qué hermoso al mismo tiempo!

A pesar de la crudeza con que está escrito y de los duros temas que trata, Bambi, una vida en el bosque es uno de los textos más hermosos que he traducido. Está escrito en una bellísima prosa lírica, de una riqueza léxica enorme y gozosa, que produce un gran placer tanto al leerlo como al traducirlo.

–¿Preparaste un proyecto de traducción? Es decir, ¿cómo llega este reto literario a tus manos?
–Fue un encargo que me llegó por parte de Gimena Romero, artista textil mexicana, quien estuvo un tiempo viviendo en Barcelona y había estado trabajando con la editorial española Thule. El editor José Díaz le pidió que ilustrara la versión del libro en español y ella, quien sabe que yo soy traductora de alemán, sugirió que la traducción la hiciera yo.

Los proyectos de este tipo suelen implicar todo un reto, una serie de observaciones previas o de ciertas restricciones editoriales, a veces muy desligadas del trabajo profesional de la traducción. ¿Te sucedió algo así con este?

Como bien dices, fue todo un reto, sí. Esto representó un reto particular para la traducción puesto que, al ser un libro cuyo mercado principal iba a ser España, tenía que estar escrito en español castellano y no en la variante mexicana, que es la mía. Normalmente no accedo al pedido de las editoriales mexicanas que me solicitan que escriba mis traducciones en español "neutro", eufemismo usado para decir que el traductor debe prescindir de toda marca regional o que las escriba en el español de España, para que los libros se vendan mejor en ese país. Me niego porque me parece que, igual que todo autor hispanoparlante escribe por descontado en su propia variante, sea cual sea su país de origen, también todo traductor debe poder hacer lo mismo.