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viernes, 16 de octubre de 2026

¿Cómo puede saber un lector, sin acceso al original ni conocimientos de traducción, si el libro que tiene entre manos ha sido traducido por una máquina?

El pasado 15 de octubre, Cristina Cela Gutiérrez, profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, publicó en The Conversation una suerte de guía para detectar traducciones realizadas mediante Inteligencia artificial.


¡Lea con atención! Guía práctica para reconocer si un libro ha sido traducido con IA

Hace unos meses, un libro superventas estadounidense llegó a las librerías españolas tras un proceso de traducción y revisión asombrosamente rápido. Poco después se desató la polémica entre las comunidades de lectores. TikTok se llenó de vídeos de lectoras señalando frases raras, erratas y pasajes que simplemente no sonaban a español. El debate estaba claro: quién estaba detrás de la traducción, un algoritmo o una persona.

Aunque la editorial nunca llegó a confirmarlo oficialmente, este episodio deja una pregunta flotando en el aire: ¿cómo puede saber un lector, sin acceso al original ni conocimientos de traducción, si el libro que tiene entre manos ha sido traducido por una máquina?

La respuesta corta es que no siempre se puede saber con certeza. La respuesta larga es que hay señales bastante reconocibles, si se sabe dónde mirar.
El texto es 'correcto', pero no suena natural

Sería absurdo negar el inmenso avance de la traducción automática actual, ejemplo de ello es que ya no comete errores gramaticales evidentes. El problema es otro: genera frases que, palabra por palabra, tienen sentido, pero que ningún hablante nativo construiría así. Esto es el resultado de traducir literalmente el idioma original en lugar de reformular o sustituir por su equivalente en la lengua a la que se quiere llevar.

Un ejemplo típico: el inglés tiende a las oraciones cortas y con escasa puntuación, mientras que el español tiende a la subordinación. Cuando una traducción respeta demasiado la estructura corta del original, el texto suena entrecortado, como si le faltara el aire. Por el contrario, las frases recargadas, con información añadida que no está en el original, son señales de que el sistema "rellena" en lugar de reformular.

Las metáforas se traducen, pero no se entienden
Las metáforas, las expresiones idiomáticas o los modismos están estrechamente ligados a la cultura, al humor y a la historia de un país o comunidad, y aportan fluidez y naturalidad al texto. Son elementos retóricos con un significado figurado, su traducción palabra por palabra no es viable, porque el texto no tendría sentido, sonaría extraño y se perderían muchos detalles propios del idioma y la cultura.

Por ejemplo, si el inglés emplea una imagen, "her thoughts were way off track", y el español traduce literalmente –"sus pensamientos se salen del carril"– en lugar de buscar el equivalente natural –"estaba distraída", "tenía la cabeza en otro sitio"–, el resultado queda a medio camino entre lo comprensible y lo ridículo. Los traductores humanos reconocen estas expresiones y lo resuelven mediante estrategias de traducción; la IA tiende a traducir demasiado al pie de la letra, y como resultado el texto pierde la naturalidad del original.

Los personajes cambian de género sin explicación
El inglés no marca el género en los sustantivos. Cuando un texto en inglés se refiere a una profesión sin especificar quién la ejerce –un médico, un vecino, un juez– y la traducción alterna entre masculino y femenino para el mismo personaje, es una señal casi inequívoca de traducción automática.

No es un caso aislado: varios estudios académicos recientes han confirmado que los sistemas de traducción automática siguen recurriendo al masculino genérico por defecto o resuelven el género de forma inconsistente dentro del mismo texto. Un traductor humano resuelve esa ambigüedad leyendo la obra completa atentamente; un sistema automático traduce frase a frase aplicando un cálculo estadístico, y a veces se contradice.
Mismo objeto, distintos términos

Que la misma palabra del original aparezca traducida de formas distintas –por ejemplo, una tienda que unas veces es "comercio", otras es "puesto" y otras "bazar"– suele ser un indicio de que nadie ha revisado el texto en su totalidad con un enfoque editorial coherente. Mientras que el traductor profesional mantiene un vocabulario consistente en toda la obra, el sistema automático procesa el texto por fragmentos y a veces olvida sus propias decisiones anteriores.

Erratas que no son simples erratas
Los sistemas de IA generativa a veces se inventan palabras o modifican términos reales, especialmente en pasajes largos o complejos. Este fenómeno se conoce como "alucinación": con tal de preservar la coherencia del párrafo, el sistema inventa una palabra o frase completa que ni tan siquiera existe en el original. Si una edición reciente de una reconocida editorial contiene errores tipográficos, impensables si ha pasado por un proceso de corrección profesional, habrá que preguntarse qué fase del proceso editorial ha fallado.
No aparece el nombre del traductor

Si los créditos de un libro no registran el nombre del traductor, es la señal más evidente de que detrás de la traducción no hay una figura humana. Toda traducción profesional debe llevar el nombre de quien la firma, tanto de acuerdo con la ley de propiedad intelectual, que reconoce a los traductores como autores de una obra derivada, como por política editorial. Si no aparece ningún nombre o solo figura el de la editorial, es motivo suficiente para sospechar.

Por qué importa
Por separado, ninguna de estas señales demuestra nada con certeza. Un traductor cansado o con una fecha de entrega muy ajustada también puede colar una errata o calcar una metáfora. Pero cuando casualmente varias de estas señales confluyen en un mismo libro, no deja lugar a dudas.

En las redes sociales, el debate ha estallado con fuerza. Cada vez circulan más vídeos que preguntan abiertamente si la IA supone un peligro para la traducción literaria. Además, hay lectores que han escrito su propia guía movidos por la inquietud de no saber, al abrir un libro, quién lo escribió realmente en su idioma. Ambas son señales de que la preocupación ya no es solo cosa del gremio.

Esto importa más allá de la simple curiosidad del lector; detrás de cada uno de estos detalles hay una decisión editorial de peso: cuánto tiempo y cuánto presupuesto se invierte en que un libro suene bien en otro idioma. La traducción literaria no es un trámite técnico; un libro no es solo información, es ritmo, ironía, juego de palabras, matices culturales, es un guiño a la genialidad y sutileza narrativa del autor; y su lectura en otro idioma solo funciona si se traslada con criterio. Cuando ese proceso se acelera o abarata, y dejamos que la máquina lo haga todo, quien paga el precio, es, literalmente, quien compra el libro.

La traducción literaria no es pasar palabras de un idioma a otro, es un acto de expresión y creación humana. Por eso, aunque la IA ya forma parte de su presente, la pregunta es si las editoriales lo van a contar con la misma claridad con la que protegen sus derechos de autor.




domingo, 19 de julio de 2026

"No vale lo mismo decir 'boludo' que 'pelotudo'. Si le decís 'pelotudo' a un amigo ya te va a mirar de otra manera"

Oscar Conde es poeta, ensayista, filólogo y educador nacido hasce 65 años en la Ciudad de Buenos Aires. Como docente, enseña Literatura y culturas populares en la Universidad Pedagógica Nacional y Lunfardo en la Universidad Nacional de las Artes, y también en el doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. La siguiente entrevista, realizada por Maxi Kronenberg, fue publicada por el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 13 de julio.

¿Por qué decimos “che”, “boludo” o “buenardo”? Oscar Conde revela la historia del lenguaje argentino

“A las palabras se las lleva el viento”, según la creencia popular. Pero, ¿realmente sabemos lo que decimos cuando hablamos “en argentino, en criollo, o en lunfardo”? ¿De dónde nacen las palabras, nuestro lenguaje, nuestro ADN argento, una marca registrada en cualquier parte del mundo? Esas palabras, junto a una innumerable variedad de significados, vocablos y expresiones –algunas ya en desuso– podrán encontrarse en Lenguaje argento (Taurus), el flamante libro de Oscar Conde: docente universitario, ensayista y escritor, miembro de la Academia Argentina de Letras y la Academia Porteña del Lunfardo, entre múltiples facetas.

Su obra recorre la historia del español en la Argentina, desde las hablas del siglo XIX, el impacto que generó la llegada de inmigrantes al país desde 1870 hasta 1930 –principalmente por la llegada de inmigrantes italianos y españoles, también por influencias europeas, americanas, africanas y gauchescas–, en el que analiza los orígenes del lunfardo y también las más recientes creaciones del siglo XXI como “ATR”, “buenardo”, “fantasma” o “fingir demencia”, entre otras palabras surgidas entre los jóvenes.

En diálogo con Clarín, Conde cuenta los pormenores de este libro que dará que hablar –y mucho– en la vida y cotidianidad de los argentinos.

–¿Cómo define Lenguaje argento, su nueva obra?
–Es un libro para un lector culto interesado por conocer las raíces de la variedad de español que hablamos en Argentina. Trato de que sea un libro de divulgación, no es para lingüistas ni especialistas, sino que está destinado para que el lector común le interese la argentinidad y la relación que tiene el lenguaje con la identidad argentina. Intenté presentarlo en tres partes o capítulos para mostrar cómo se hablaba en el siglo XIX antes de la llegada de la inmigración. La primera parte se llama “Las palabras que estaban”. Luego viene “Las palabras que nos trajeron”: qué sucede cuando viene la inmigración y, finalmente, “Las palabras que inventamos”: aquellas que fueron creadas desde que terminó la inmigración hasta estos días.

–¿Qué es el lunfardo?
–Técnicamente, el lunfardo es el argot de la Argentina. ¿Qué quiere decir el argot? Es un vocabulario de registro popular que manejamos todos los argentinos. Su uso no es exclusivo de las personas provenientes de las clases populares, lo usamos y conocemos todos porque, incluso, quien no lo usa, también lo comprende. Es algo que nos compete a todos. También revela un poco, por la manera en que se fue formando el lunfardo a partir de 1870, las capas lingüísticas: los sustratos aborigen y africano que había en ese momento, naturalmente el sustrato español con la lengua de la colonia y luego el lenguaje rural, el gauchesco hasta que, de pronto llega, la inmigración. Su llegada generó el crecimiento brutal de este lenguaje, de este vocabulario.

–¿Cuándo comenzó a ser popular el lunfardo?
–A comienzos del siglo XX ya había una gran variedad de publicaciones, entre ellas, diarios, revistas, folletos que se vendían en los kioscos con poemas, cuentos y relatos que incluían palabras en lunfardo. El diario Crítica hizo del lunfardo una bandera en los primeros cinco años de existencia. Se fundó en 1913, era un diario vespertino y bien popular para el laburante que salía del laburo: compraban el diario, se subían al tranvía y viajaba leyendo durante una hora desde Flores hasta Núñez. La sección de policiales del diario Crítica contenía material del lunfardo. Además, la revista Caras y Caretas tenía columnas de los escritores Fray Mocho, Félix Lima y de otros autores que también usaban el lunfardo. Fue el primer grado trascendental en términos de popularidad. El segundo término se manifestó en las obras de teatro, por el sainete y por el teatro por horas, son obras cortas que por lo general llevaban una matriz o contenido cómico. En esos guiones, el lunfardo estaba a full. También se usaba el cocoliche, que es el habla de transición de los italianos. Luego llegó el tango: con la explosión del tango como canción antes de la época Contursi y Gardel, pero con la explosión de El Zorzal Criollo grabando tangos comenzó una era de 20 años de lunfardo a pleno respecto a las letras del tango. Todo eso confluye para popularizar el lunfardo, ya que la gente lo usaba con vergüenza en los conventillos, dentro de su barra o grupo de amigos o también en ámbitos familiares o cerrados.

–¿Cuándo comenzó el voceo?
–En mi libro están los países donde hablan de “vos”. Hay regiones donde hay fluctuación. En Argentina, prácticamente el cien por ciento de los hablantes hablamos de “vos”. En Uruguay también hay fluctuación: algunos dicen “vos tienes” en lugar de decir “tú tienes”. También dicen “Tú tenés”. Pero, en realidad, el voceo es muy anterior a todo esto: ya existía en el sur de España cuando los españoles llegaron a América. Luego, los conquistadores lo trajeron a América. Se dice que hubo muchos extremeños y andaluces que vinieron al sur de Sudamérica y que habrían traído estas formas del voceo. El voceo en España terminó por desaparecer. Cuando se usaba indicaba algunas diferencias: está el tuteo, el voceo y el ustedeo. Para nosotros, está la creencia de que el voceo es más de confianza y el ustedeo sería lo contrario. En Medellin es al revés: “vos” es de respeto y “usted” se le dice a la mujer o al hijo, es de total confianza. El voceo es muy antiguo, intentaron luchar denodadamente contra esta forma de expresión. El gramático Juan José Moner Sans no era español sino catalán, su lengua era el catalán y no el castellano pero quería imponer a toda costa el español en América. Lo mismo quería hacer Américo Castro: en 1941 escribió el libro “La peculiaridad lingüística rioplatense” y destruyó el modo en que hablan los argentinos diciendo “Qué mal que hablan. Qué horror”. Entonces, Borges le hizo una reseña de dos páginas de su libro y lo destruye. De todos modos, el voceo es algo se venía discutiendo: desde la aristocracia españolizante o hispanófila intentaban erradicarlo al considerarlo una señal de incultura.

–¿Por qué afirma que el lunfardo nos define como argentinos?
–Lo que yo noto es que, a partir del título del libro Lenguaje argento, cuyo título utilizo con total intención la palabra “argento” que es una palabra lunfarda, me parece que en ese modo lúdico, juguetón y pícaro de hablar se condensa mucho de lo que somos y cómo pensamos la vida, de qué manera entendemos que funciona el mundo y sentimos y pensamos qué es la vida. No quiero obligar a nadie, pero cada uno habla como habla. Estuve dando seminarios de maestría en la universidad y el trabajo final consistía en que cada estudiante tenía que entrevistar a 20 personas y preguntarles ciertas cosas. Había que mostrarles una lista de 20 palabras y preguntarles si usaban esa palabra, sabían lo que quiere decir. Algunas palabras las conoce todo el mundo pero otras solamente la sabían los jóvenes o los mayores, según la edad. La gracia del asunto era preguntarles al final: “¿Usted, utiliza el lunfardo”? ¿Conoce palabras lunfardas? “No las uso”, me decían, pero todas las palabras que les pregunté antes son palabras lunfardas. “Ah, no sabía”, respondían.

–Las palabras “che” o “boludo”, juntas o separadas, son términos muy argentino ¿Eso no nos define como argentinos en el mundo?
–A mí no me da alegría que nos reconocieran de esa manera, pero debo admitir que es así. No me alegra que nos reconozcan por la palabra “boludo”. Lo de “che” no es por el Che Guevara, sino porque usábamos antes la palabra “che”, una interjección del sur de España que trajeron los colonizadores. Decían que en mapuche quiere decir “gente” pero es todo mentira, es una interjección para llamar la atención a otro.

–¿Por qué dice en su libro que los argentinos somos todos boludos?
–Es llamativo que todos aceptemos pasivamente. Nuestros mejores amigos nos llaman “boludos”, también nuestras mujeres, maridos, y ese significado lo aguantamos tranquilos. Parece natural pero no podemos olvidarnos lo que quiere decir. En las redes aparecen inventos chinos: decían que la palabra “boludo” tenía que ver con unos soldados que tiraban bolas. Es la idea muy acendrada en Europa, especialmente en Italia. Hay dos ideas relacionadas con los testículos: una es que pueden inflarse y cuando se te inflan ya estás hinchado las pelotas, te enojás. La otra idea es que tipos de testículos grandes, pesados, es una fantasía, nadie lo comprobó nunca, pero el imaginario popular lo asocia a una persona lenta “¿Che, me traés una taza?”. Si, bueno, ahí, voy… y camino lento, despacito. ¿Pero, qué te pasa, te pesan los huevos?” Por eso el término “bolas tristes”, que son bolas caídas, es un insulto. De ahí viene el “boludo” y también el “pelotudo”, que es mucho más fuerte: tiene una potencia, como la hizo notar el gran Fontanarrosa, al punto que no vale lo mismo decir “boludo” que “pelotudo”. Si le decís “pelotudo” a un amigo ya te va a mirar de otra manera.

–¿Por qué hay frases o palabras que se van reinventando o reciclando a través del tiempo mientras otras quedan en desuso?
–Es un misterio, nadie lo sabe. De eso habla el poeta latino Horacio en su libro “Arte poética” cuando se refiera al lenguaje, dice: “las palabras que hoy todos conocemos caerán”. Habla de cómo hay palabras que dejan de usarse y aparecen otras nuevas en su lugar. Pudo percibirlo como poeta, pero normalmente la gente no lo percibe hasta llegar a ser adultos mayores. Por ejemplo, macanudo es una palabra argentina de 1900, pero hoy no se usa de ninguna manera. Mi hija tiene 21 años se me ríe en la cara si me escucha decir “macanudo”.

–¿Cómo nos ven afuera?
–Creo que seduce, tiene algo especial, y no es porque existan argots en todas las lenguas. En las grandes ciudades y capitales del mundo siempre hay argots, es una creación urbana. En Italia hay un argot de Génova, otro de Napoles, también de Sicilia.

–Hay palabras que, con el correr del tiempo, se fueron deformando su significado. Sin embargo, las empleamos diariamente sin saber bien de qué se tratan.
–Ahí está la gracia de la etimología, algo que me fascina. Por eso, termino dedicándome a esto: me fascina saber de dónde vienen las palabras ¿De qué raíz viene? ¿Qué quiere decir esa raíz? Esto comenzó cuando me dedicaba a enseñar griego y latín. Con el tiempo, descubrí que conocer a fondo el significado de las palabras es una manera de enseñar nuestra historia, que nuestra lengua está viva, cambia, se mezcla y se reinventa, y así construir nuestra argentinidad a través del habla.

lunes, 16 de marzo de 2026

Si usted es un pelotudo, esta noticia es para usted

La siguiente noticia forma parte del cúmulo de imbecilidades con que la RAE desinforma diariamente en cientos de diarios de Latinoamérica. También refiere el grado de estupidez de los responsables de esos diarios que se hacen eco de estas pavadas. En este caso, el suelto proviene de LM Neuquén, de Argentina, y fue publicado el 12 de marzo pasado. Con criterio netamente colonial, la bajada dice: "La frase que usamos para romper el hielo en el arranque de la jornada tal vez no sea la adecuada en el lenguaje español. Qué dice la RAE". ¡Hay que ser pelotudos!

¿Decir "buen día" es un error? La RAE aclaró la forma correcta de saludar por la mañana

Comenzar la mañana con un saludo es considerado un acto de educación. ¿Pero lo hacemos de forma adecuada? ¿Está bien decir un simple “buen día”? ¿Es correcto este término ya sea para interactuar en persona o a través de aplicaciones de mensajería? Ante esta duda, y como es habitual, la Real Academia Española (RAE) salió a aclarar la situación.

Ante las consultas, la institución cultural encargada de velar por la unidad, el buen uso y la evolución del idioma suele ofrecer explicaciones claras y precisas a través del Diccionario de la lengua española para el uso correcto del lenguaje. Esto se debe a que la riqueza del idioma genera diferencias, lo que lleva a muchas personas a preguntarse si hay una regla clara.

“Buen día” o “buenos días”: cuál es la forma correcta de saludar según la RAE
Ya sea en la calle, en la oficina o incluso con un mensaje virtual, es normal arrancar la mañana con un saludo como mecanismo para romper el hielo, además de cortesía. Algunos eligen decir “buen día” y otros optan por el “buenos días”. Pero, ¿cuál es la opción correcta? Según la RAE, ambas son válidas y aceptadas, aunque hay diferencias geográficas, sociales y culturales.

En España, la forma habitual más utilizada es "buenos días". El organismo precisa que el uso del plural es la opción más predominante dentro de la lengua española debido a la analogía con otras fórmulas de cortesía y salutaciones típicas, como “gracias”, “saludos” y “felicidades”. Así, “buenos días” suena más enfático y cálido.

Por el otro lado, la variante “buen día”, que como fórmula de saludo prácticamente no se usa en España, alterna con buenos días y es más popular en casi toda América, especialmente en países como Argentina y Uruguay. De acuerdo a la RAE, esto se origina por la influencia del italiano, ya que en esa lengua este tipo de fórmulas de saludos emplean siempre el singular, como por ejemplo “buongiorno” o el “bonjour” de Francia.

De esta manera, si bien ambas son correctas, si se quiere utilizar un saludo matutino formal y tradicional, "buenos días" es la forma que mejor lo expresa. Mientras que, a diferencia de la anterior, "buen día" también puede ser empleada para la despedida. Esto refleja una vez más la riqueza y diversidad del idioma español.


viernes, 21 de noviembre de 2025

Pobre Luis, tan español y tan bruto

Entre las cosas con la que tienen que lidiar los traductores de las lenguas más populosas están las variantes regionales. Éstas pueden estar presentes a nivel léxico (lo cual no es un problema especialmente grande) o a nivel morfológico (lo que puede molestar un poco más). Pero lo peor son las variaciones prosódicas. Éstas, ligadas a la función poética del lenguaje (cfr. Roman Jakobson) hacen que las palabras resulten incómodas en la factura de la frase y, de algún modo, nos sobresalten.

En mi experiencia, el castellano que se emplea en América no plantea este problema. Leemos a un traductor argentino, mexicano o chileno sin que eso altere nuestra comprensión. Sin embargo, la cosa se pone más complicada cuando los americanos leemos traducciones españolas y viceversa. Allí, por muchas razones de naturaleza histórica, todo se vuelve más borroso y, en cierto sentido, desagradable.

Hay que decir que el desagrado no pasa necesariamente por la prosodia, sino por la actitud española de condenar todo aquello que no sea la variante ibérica. Así, siendo traductor de este lado del Atlántico, uno está acostumbrado a leer en los diarios españoles sobre "las malas traducciones sudamericanas". La mayoría de las veces, la queja pasa por la independencia del castellano americano respecto del español, algo que, con cierto espíritu imperial, los peninsulares, en general, toleran mal. Es su problema, no el nuestro. 

Y tanto han insistido con esto y tan poco han reparado que nosotros nos sentimos igualmente incómodos cuando leemos "a por", "le" por "lo", etc., que, de a poco, en América también empezaron a cuestionarse las traducciones españolas. El ejemplo por excelencia es la editorial Anagrama, la mayoría de cuyas traducciones fueron criticadas una y otra vez por demasiado hispánicas, al punto que Jorge Herralde, su por entonces dueño y director, tuvo que salir a discutir por Facebook luego de un virulento y justo artículo publicado por la revista mexicana Letras libres sobre "las malas traducciones de Anagrama".

Lejos de subsanarse, la cuestión sigue presente de uno y otro lado del océano. Hoy, por casualidad, un alerta de Google me reveló el siguiente posteo de un tal Luis, lector español que se queja amargamente en el sitio de Amazon de mi traducción de Cosas pequeñas como esas, de Claire Keegan. Su posteo dice así: 

"la traducción está hecha en latino (español de América del Sur) lo que, para mi gusto, le resta mucho, ya que las expresiones son bastante diferentes al español de España y muchas palabras 'chirrían'. El libro es pequeñito, se lee de una sentada, pero aún así los personajes están muy bien construidos y la historia no pierde interés en ningún momento. Lástima de traducción".

Esto que me ocurrió a mí, también les ocurre a muchos colegas de Latinoamérica: su labor es despreciada por no atenerse al standard español y, por lo tanto, sus traducciones nunca son comentadas en "diarios importantes", como El País, ese pasquín madrileño al servicio de las multinacionales del libro.

No voy a abundar, pero detrás de ese tipo de comentarios y de la quejas, no hay referencias a errores, sino a la variedad de castellano en que se tradujeron los libros. Traducido (si se me permite ponerlo así), subyace la queja de que el castellano de América no sea español ibérico. En cierto sentido, es lo que también lamenta la Real Academia, el rey y toda la comparsa.

Concluyo invocando a una autoridad indiscutible: como dijo Maradona, "que la sigan chupando".

Jorge Fondebrider

viernes, 5 de septiembre de 2025

Libro ineludible de Luis Fernando Lara

Luis Fernando Lara es uno de los más destacados lingüistas mexicanos. Colabora en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México desde 1970.  Gran autoridad en lexicografía hispánica y un lúcido crítico de las academias de la lengua española, acaba de publicar El español de México, obra ofrece un panorama y una interpretación integral de la historia del castellano que se habla en su país, desde el siglo XVI hasta el XX: desde las condiciones previas a la Conquista y la conformación del Virreinato, que dieron lugar a la expansión del español por Nueva España, hasta la manera en la que la lengua fue evolucionando en el México independiente y su estado actual.

Explora el papel de las lenguas indígenas en todo ese proceso, valorando sus aportaciones, y también las varias maneras en las que los novohispanos y después los mexicanos han concebido su propia lengua. Hace una revisión somera de las principales aportaciones científicas que se han hecho en el estudio del español de México y, por último, esboza el papel del español mexicano como el polo de irradiación de la lengua, así como ante los principales efectos que puede tener en ella la globalización contemporánea. 

El volumen, de 295 páginas, fue recientemente publicado por El Colegio de México.

martes, 6 de mayo de 2025

Exceso de argentinidad e imposible traducción

 

La escena representa una partida de truco en la adaptación cinematográfica de El Eternauta, la historieta de Héctor Oesterheld y Solano López. 

Uno de los personajes dice: "Eh, ¿se largolla o está relampajeando?". Otro responde, "Sí, va a llovergar". E interviene un tecero y dice "Y yo sabía que dejé el paraguasca arriba de la repija".

No es un diálogo brillante, claro. De hecho, en la ficción, produce la indignación de Ricardo Darín, que trata a sus amigos de idiotas. 

Pero lo que sí es claro es que, dado el alcance de la producción de Netflix, seguramente va a traer problemas de comprensión en otras provincias de la lengua castellana, para no hablar de los inconvenientes que les va a suponer a los traductores a otros idiomas. 

De hecho, ésta es la versión lavada al inglés que propone Netflix:

Con todo, varios usuarios traductores de la cuenta de X, donde se reprodujeron estas imágenes, intentaron soluciones. El problema es que, más allá de la felicidad con que algunos lograron mimar el gesto, el resultado para los hablantes de otras lenguas resulta un galimatías. Se trata de un caso en que no se debe traducir palabras, sino, fundamentalmente, una cultura. Y a veces no se puede.

viernes, 21 de marzo de 2025

La FUNDEU proporciona algunas instrucciones la mar de majas pa' cuando llegue el Apocalipsis



Todos sabemos que, si un asteroide de proporcionas impacta sobre la tierra, las consecuencias pueden ser terribles. Por eso, la FUNDEU (Fundación del Español Urgente, brazo armado de la Real Academia, siempre dispuesta a corregir la falta de salero de los hablantes no peninsulares) consideró necesario que muramos expresándonos de la manera correcta. Es así que, el pasado 17 de febrero, en su sitio, publicaron estas indicaciones, muy oportunas para cuando estemos a punto de crepar.

Aproximación de un asteroide a la Tierra, las claves de redacción

A propósito de la profusión de noticias relacionadas con el asteroide 2024 YR4, que podría chocar contra la Tierra en 2032, se ofrecen algunas claves de redacción.

1. Asteroide, no meteorito
El término adecuado para aludir a este cuerpo celeste es asteroide, palabra que designa a un ‘cuerpo menor del sistema solar, de dimensiones inferiores a 1000 km de diámetro y que frecuentemente gira alrededor del Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter’. Si se desprendiera de él un fragmento y cayera sobre la Tierra u otro astro, se podría aludir a él como meteorito.

2. 2024 YR4, mejor con subíndice
Es este el nombre provisional del asteroide, que sigue la nomenclatura científica. Conviene respetar esta grafía oficial, que da indicaciones sobre su descubrimiento (tuvo lugar en 2024, en la segunda quincena de diciembre, a la que corresponde la primera letra, la Y) y el orden que ocupa entre otros hallazgos esa quincena (al primero le corresponde la A y, en caso de llegar a la Z, se vuelve a la A, pero añadiéndole un 2, 3, etc.). La Unión Astronómica Internacional recomienda dejar el último de los números, si lo permite la tipografía, como subíndice.

3. Tierra, Sol…, con mayúscula inicial
Si se hace referencia a los nombres propios de los objetos astronómicos, lo adecuado es la mayúscula inicial. Sería recomendable escribir, por ejemplo, «su órbita alrededor del Sol», no «… del sol».

4. Probabilidad en torno al 2 %, no posibilidad
La tercera acepción de probabilidad en el Diccionario de la lengua española señala la ‘razón entre el número de casos favorables y el número de casos posibles’ de que algo ocurra, y no es lo mismo que posibilidad. Por ello, cuando se dice «La ESA reduce la posibilidad de que choque contra la Tierra al 2 %», sería recomendable haber escrito «… reduce la probabilidad…».

5. Las siglas extranjeras, en redonda
El 2024 YR4 ha sido descrito como asteroide potencialmente peligroso, calificación descriptiva en la que lo recomendable es emplear minúsculas, y que a menudo se sustituye por su sigla en inglés, PHA (por potentially hazardous asteroid), escrita en redonda. Lo mismo ocurre con otras denominaciones, como la de asteroides próximos a la Tierra (NEA, sin s, por near-earth asteroids).

6. Escalas de Palermo y de Turín, mayúsculas y minúsculas
Para medir el riesgo y la peligrosidad de impacto de uno de estos cuerpos se utilizan las escalas de Palermo (o escala técnica de amenaza de impacto de Palermo) o Turín, con mayúscula inicial solo en el nombre propio y no en el sustantivo genérico.

lunes, 10 de febrero de 2025

"Donde se escucha la patria"

Mariano Martín Terdjman
es Licenciado en Letras por la UBA. Escritor y traductor, trabajó como guionista, docente y librero. En este breve artículo plantea una cuestión fundamental que, sin resolverse, ocupa a muchos traductores argentinos. 

La isla del voseo

1. En 1925 el nacionalista Borges dice ser el primer aventurero hispánico en desembarcar en las costas del Ulises, del nacionalista Joyce, comentándolo y traduciendo su última página para revista Proa. Traducción que llama “versión”, porque le interesa menos la trascripción literal de las palabras que la sonoridad y el uso extensivo del lenguaje coloquial. Allí aparece “el campo lindísimo” (the beatiful country), “soy loca de la flores” (I love flowers), “me importa un pito” (I would'nt give a snap of my two fingers), “a qué santos” (why why) y el resultado es una traducción localista ultimada con el uso del voseo rioplatense: “para vos brilla el sol” (the sun shines for you).

Ese joven nacionalista funda revistas y discute con España cuando se le atribuye a Madrid ser el meridiano y fundamento de la lengua que habla. Es el año 26, 27, con los nacionalismos en alza, y con Borges persiguiendo el habla de los argentinos. “Una incredulidá grandiosa,vehemente, puede ser nuestra hazaña”, así termina El tamaño de mi esperanza donde las palabras están recortadas así: ciudá, incredulidá, realidá. En El idioma de los argentinos, al notar las diferencias con España, dice: “un matiz de diferenciación sí hay; matiz que es lo bastante discreto para no entorpecer la circulación total del idioma y lo bastante nítido para que en él oigamos la patria”. El idioma de los argentinos y El tamaño de mi esperanza: libros jóvenes que después, cuando llega el momento de recopilar sus obras completas, decide no incluir.

2. “Traducir es un acto de elección continua, y elegir siempre supone sacrificar algo. Eso es incesante, la insatisfacción permanente del traductor es que está eligiendo algo a expensas de algo”. En un debate de los años ochenta sobre la versión de Borges del Ulises, Enrique Pezzoni, traductor, crítico y maestro de grandes maestros -leí por primera vez el final del monólogo de Molly con uno de sus discípulos, Daniel Link, en las aulas de la facultad de Filosofía y Letras- traduce la última página y reincorpora, en su propia versión, la que leímos en la cursada, las verdaderas palabras de Joyce: “la preciosa campiña”, “me encantan las flores”, “por qué por qué”, “no doy ni esto por toda su ciencia”, “el sol brilla para ti”. Y sobre el voseo dijo, aquella vez: “Cuando elegís el vos creás una inmediatez mucho mayor que el tú. Pero además, fatalmente estás trasladando un espacio a otro. En la situación de pacto de lectura traducción el tú funciona como una convención”. Y agregó: “Generalmente lo que hace el traductor es trabajar mucho con el registro de la lengua empleado, para que compense el tú y genere por otro lado la inmediatez”.

3. Entre los traductores argentinos no se usa el voseo o se usa poco. Borges nunca más lo utilizó. Siguió optando por la idea de “versión” para las traducciones y colando expresiones coloquiales, pero no necesitó el voseo. Incluso popularizó la idea de traducciones (versiones) que podían mejorar el texto original (versiones, también) y su traducción de Las palmeras salvajes, de Faulkner, significó para escritores hispanos algo más trascendente y revelador que The Wild Palms para sus colegas de habla inglesa.

En 2021 la editorial Godot publicó una nueva versión de Dublineses, el libro de cuentos de Joyce, traducido por Edgardo Scott. En el prólogo, Scott dice: “Pero la cuestión clave respecto de esta traducción fue afirmar una traducción plenamente del Río de la Plata”. “Era rubicundo y rollizo” en la traducción canónica de Cabrera Infante se convierte en: “Era macizo y rubión”. “Una noche, chico, que iba yo por Dame Street” se vuelve: “Una noche, amigo, yo iba por Dame Street”. “La gran vida, chico” es “Estuvo bien, amigo”. “Tú sabes que tú no me puedes andar con cuentos” es “Vos sabés que a mí no me engañás”. “¿A cómo la ración de chícharos?” es “¿Cuánto cuesta el plato de arvejas?” (todos ejemplos del cuento “Dos Galanes”, del libro)

Le escribí a Eduardo, que vive en París, con algunas preguntas, sobre el proceso y sobre su trabajo. “Fue una propuesta mía el libro”, me dijo. “Una traducción nunca podría ser demasiado argentina, siguió. Las traducciones de traductores argentinos -e incluso- de editoriales argentinas son argentinas”. Y también le pregunté por qué creía que casi por regla no usábamos el voseo. “La primera respuesta que se me ocurre es fácil, casi demagógica: un traductor -una traducción- que esté pensando en que ese texto sea recibido o mejor recibido más allá del Río de la Plata. Es divertido, casi ingenuo: como si en Hispanoamérica no supieran que voseamos…”.

4. Le consulté entonces a Laura Fólica, investigadora en estudios de traducción afincada en Barcelona sobre el problema de los localismos: “La creencia es que un español neutro, es decir libre de localismos, permitiría una circulación más rápida y extendida de los libros traducidos”, me dice. “Ahora bien, muchas veces no están tendidas las redes materiales de distribución de libros para que esto ocurra efectivamente”. “Incluso puede ocurrir, completa, lo contrario, que libros traducidos en una variedad específica, como es el caso de Anagrama -que privilegia la norma de Madrid- circulen por toda la región de latinoamericana, porque justamente la editorial sí que tiene establecidas redes locales”.

5. Borges nacionalista traduce todo, trae todo, incluso el nombre del escritor: JAIME Joyce, lo hace firmar. En el debate de la década del 80 sobre la traducción de la última página del Ulises se plantea la duda: “¿Uno quiere leer la literatura de otros países y leerla como distinta, o quiere encontrarse a sí mismo en el espejo hasta la eternidad?”.

6. La isla del voseo es chica en el amplio mar del idioma español. El español “neutro”, entidad inexistente que nadie respeta ni tiene reglas (o tiene dos reglas: que en las traducciones los españoles no traigan a Latinoamérica el vosotros y que los argentinos desistan del voseo) también es inevitable motivo de unión. Encontrar palabras que entiendan mexicanos, peruanos, chilenos, argentinos y españoles. Y después sorprenderse con los giros de cada lugar, con el idioma de cada pueblo. Que la marraqueta chilena sea el pan francés argentino, que el camote la batata y el bototo el borcego. Que salir de carrete sea irse de joda. Ese es el “matiz nítido” (¿el sonido limpio?) donde se escucha la patria

jueves, 21 de noviembre de 2024

¡Me cago en la leche! Éstas son las reflexiones de un tío cojonudo.

Traductor de fuste y cinéfilo empedernido, el poeta Jorge Aulicino reflexiona en el siguiente texto sobre el subtitulado de películas que se realiza en España y lo penoso que resulta padecerlo cuando se lo ve en Latinoamérica. 

"El problema sigue siendo un problema"

No sé si los españoles piensan que el español de España es el único que se habla en el mundo o si no se enteraron de que Carlos V ha muerto. Su imperio ya no es aquel en el que no se ponía nunca el sol. Ya no hay imperio. Los subtituleros de series y películas posiblemente oscilan entre estas dos formas de ignorancia. Y, lo que es peor, nunca se han planteado la cuestión acerca del modo de traducir un nivel de lengua familiar desde otra lengua a la lengua propia. Que implica la cuestión de las "marcas" locales.

Hay otra explicación a esta situación de ver a Bruce Willis diciendo "¡joder!", y es que quizá para los subtituleros –que me los imagino jóvenes y mal pagados– no "mola" mucho el trabajo agotador de poner en letras castellanas lo que unos personajes dicen en otro idioma durante hora y media, dos horas. También es posible que en un acto de revancha produzcan textos que no solo muestran la galanura de los personajes estadounidenses para hablar el castellano de España, sino en el castellano vulgar de España. O, para no ofender: nada de "vulgar": digamos popular y juvenil.

Ahora bien, el problema sigue siendo un problema, lo resuelvan ellos o nosotros a la manera de cada uno. Primero: a mexicanos, argentinos, peruanos o chilenos –por nombrar unos pocos países en los que seguramente el streaming propala series y películas subtituladas en España– les causa gracia ver a villanos y héroes de Nueva York o Tennessee diciendo ya no solo "gilipollas", la marca local más difundida de España, sino "capullo" (entiendo que por tonto o fastidioso), "tirar" por ir ("tira p'allá"), "venga" por vamos, "cutre" por vulgar o de mala calidad, "curro" por trabajo"; y "chulo", "follón", estar "de coña", "flipar", "me la suda", "cotillear", "cagarse en la puta", "a toda leche", estar "sin blanca", "tienes un morro que te lo pisas", no ver "tres en un burro", "tía" y "tío", "maja" y "majo", etc. Etc. Segundo, el problema se agudiza porque al parecer los subtituleros, y probablemente los españoles en general, piensan que su jerga es el único castellano. Es decir: que el español que usan es el español.

Bien, en la Argentina existe también cierta difuminación de los límites entre lenguajes, antiguamente llamados “niveles de lengua”. Se dice boludo cada cinco minutos así en la calle como en una reunión familiar o social. Hablan argentino vulgar diputados, senadores, presidentes, como si fuera ese el único lenguaje argentino. Sin embargo, si pusiéramos a personajes de películas estadounidenses a hablar en argentino, nos plantearíamos, con seguridad, el problema -teórico al menos- de si es creíble un neoyorquino diciendo "chupame un huevo" o "andate a la concha de tu hermana", o –más suavemente– "se colgó", "embole", "laburo", "morfar", "ni en pedo", "le faltan algunos jugadores", "pochoclo", "pancho", "se dio una piña", "atorrante", "bardear", "flashear", "me recabe", "¡joya!", "zarpado", "chorro", "al palo", estar"en el horno", etc.

Probablemente solo pueda plantearse este problema un país con un gran complejo de inferioridad, o para decirlo en otras palabras, un país relativamente joven que nunca supo qué es gobernar medio mundo. En la traducción literaria es una cuestión que nos planteamos a menudo. Y le damos solución paso a paso, manteniendo la temperatura media o popular de la lengua de partida pero sin entrar en el mundo de los infinitos e inverosímiles localismos. Esto quiere decir que un estadounidense hablando como un adolescente en una cervecería no nos acercaría el personaje: nos lo haría ridículo. Menos mal que en las películas se oye al menos el sonido de la lengua original. Cuando no están dobladas en España...

jueves, 14 de noviembre de 2024

"Otro dato importante: la población de países hispanohablantes: 488.215.319, mientras que España posee 48.692.804"

El pasado 9 de noviembre, Omar Genovese publicó en el diario Perfil, de Buenos Aires, la noticia que se copia a continuación. Su bajada dice: "La población de países hispanohablantes ascendió a 488.215.319, mientras que España posee 48.692.804. Los 600 millones de personas que hablan español convierten al idioma en la segunda lengua materna del planeta, por detrás del chino mandarín, y por encima del inglés, el hindi y el árabe. Sin embargo, el número de países en los que el español es oficial, vehicular o mayoritario, es menor que el de países hablantes de inglés, francés o árabe".

El español supera los 600 millones de hablantes y es la segunda lengua materna en el mundo

El 30 de octubre pasado trascendió el informe “El español en el mundo 2023”, del anuario que ha presentado el Instituto Cervantes en Madrid. Este indica que han superado por primera vez los 600 millones de personas en todo el mundo en 2024 (600.607.806 personas), con casi 500 millones de hablantes nativos, y continúa como segunda lengua materna en el mundo, tras el chino mandarín.

Para el director del Instituto, Luis García Montero: “Siguiendo las indicaciones de nuestros especialistas nos parece muy importante a la hora de evaluar unir la alta cultura con la cultura popular. Somos la lengua de Cervantes pero también la lengua de una parte muy notable de la oferta de música, series, películas y videojuegos”.

Otro dato importante: la población de países hispanohablantes: 488.215.319, mientras que España posee 48.692.804. Los 600 millones de personas que hablan español convierten al idioma en la segunda lengua materna del planeta, por detrás del chino mandarín, y por encima del inglés, el hindi y el árabe. Sin embargo, el número de países en los que el español es oficial, vehicular o mayoritario, es menor que el de países hablantes de inglés, francés o árabe. En este sentido, el índice de vehicularidad del español como segunda lengua es el más bajo de las lenguas oficiales de la ONU, mientras que el coeficiente de hablantes de español como primera lengua está entre los más altos.

El informe revela que los hablantes de español fuera de los países hispánicos se acercan a los 100 millones, principalmente por su trasfondo migratorio. En cuanto a los aprendices, el documento apunta que la mayoría de personas que aprenden español se concentran en Estados Unidos, la Unión Europea y Brasil, debido al peso de la lengua en los sistemas de enseñanza reglada. En 2024, ha habido más de 24 millones (24.208.813 personas) de personas que aprenden español.

Al respecto, el informe apunta que, durante los últimos diez años, el número de aprendices de español ha crecido a un ritmo medio del dos por ciento, impulsado por su dinamismo en países de la Unión Europea y África occidental y central.

En los países hispanohablantes, la proporción de hablantes con dominio nativo del español es del 93,63% de la población. Entre los países hispanohablantes, solamente Paraguay, Guatemala, Bolivia y Guinea Ecuatorial tienen una proporción de nativos de español inferior al 85%.

Ecuador, Venezuela y Guatemala son los países hispanohablantes con los registros más bajos en cuanto al dominio del español entre su población indígena, con más de un 20% de personas que no hablan esta lengua (en el caso de Ecuador, el porcentaje alcanza un 34,2% de población indígena).

Por otro lado, el informe destaca que el español se ha consolidado como una de las opciones principales para usuarios de plataformas, como Netflix o Spotify, y también para consumidores de videojuegos.

Así, España es el quinto productor de series entre las cien más vistas de Netflix en el mundo. Y es, junto con Reino Unido, el mayor productor de series de ficción en Europa. En 2024, La Sociedad de la nieve, de Juan Antonio Bayona, se sitúa en el segundo puesto de películas de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix, con 94,4 millones de visionados. El tercer puesto es para otra película española, Nowhere, de Albert Pintó, con 85,7 millones de visualizaciones.

Veremos cómo, en los próximos años, sus países ibéricos saldrán a competirle en este y otros rubros (cine, software, música, traducción, etc.). Teniendo en cuenta que los primeros 6 países de habla hispana casi triplican en tamaño demográfico, PBI y flujo de capitales propios.

Los 600 millones de personas que hablan español convierten al idioma en la segunda lengua materna del planeta, por detrás del chino mandarín, y por encima del inglés, el hindi y el árabe. Sin embargo, el número de países en los que el español es oficial, vehicular o mayoritario, es menor que el de países hablantes de inglés, francés o árabe. En este sentido, el índice de vehicularidad del español como segunda lengua es el más bajo de las lenguas oficiales de la ONU, mientras que el coeficiente de hablantes de español como primera lengua está entre los más altos.

El informe revela que los hablantes de español fuera de los países hispánicos se acerca a los 100 millones, principalmente por su trasfondo migratorio. En cuanto a los aprendices, el documento apunta que la mayoría de personas que aprenden español se concentran en Estados Unidos, la Unión Europea y Brasil, debido al peso de la lengua en los sistemas de enseñanza reglada. En 2024, ha habido más de 24 millones (24.208.813 personas) de personas que aprenden español.

Al respecto, el informe apunta que, durante los últimos diez años, el número de aprendices de español ha crecido a un ritmo medio del 2%, impulsado por su dinamismo en países de la Unión Europea y África occidental y central.

Precisamente, el profesor en la Universidad de Oviedo Eduardo Viñuela, encargado del informe “El español se canta más que nunca”, ha asegurado que el momento actual es “muy bueno” para la música en español, que va creciendo de forma “ininterrumpida”. Así, ha destacado el “boom latino” de los años 2000 con exponentes como Shakira, Luis Fonsi o Daddy Yankee.

Después, en la era de TikTok, la música en español ha continuado con gran presencia en redes sociales, generalizándose las creaciones amateur, que han disparado los datos de consumo con hitos como el caso del artista Bad Bunny o Karol G, que han llegado al primer puesto en la lista de Billboard con música en español, algo que no era lo “común”.

En el ámbito de la traducción, la lengua española se encuentra en el 6º lugar entre los idiomas traducidos, pero 

En el ámbito de la traducción, la lengua española se encuentra en el 6º lugar entre los idiomas traducidos, pero entre los cincuenta autores más traducidos a escala mundial tan solo aparece un escritor hispanohablante, Gabriel García Márquez, en el puesto 49 con 1.382 traducciones. La autora más traducida es Agatha Christie con 7.236 traducciones.

martes, 15 de octubre de 2024

Imaginemos que estamos para hablar idioteces y una intitución nos apaña

En HuffPost del pasado 13 de agosto, sin firma, se publicó el siguiente suelto a propósito de otras de las huevadas que ocupan a los pelotudos de la Real Academia Española. Si los periodistas tuvieran dos dedos de frente, no se ocuparían de reproducir tamañas estupideces.

Adiós a la 'i griega': la RAE decreta que esta letra no existe en el abecedario español

La Real Academia Española (RAE) ha aplicado numerosos cambios ortográficos a lo largo de la historia, pero en el año 2010 puso en marcha unas variaciones que todavía siguen provocando dudas 14 años después.

La edición de Ortografía del año 2010 de la RAE buscaba ser "razonada y exhaustiva, pero simple y legible" y aplicó varios cambios de importante calado. La organización cambió "quorum" por "cuórum", eliminó las tildes de "solo", "guion" y "o" entre números.

Pero también hizo algo más, dijo adiós a la pronunciación sobre la 'i griega' y pasó a llamarse 'ye'. Algo que replicó hace unos años en redes sociales tras la pregunta de una seguidora.

"Se recomienda el nombre 'ye' para la letra 'y', pero se acepta también el nombre tradicional 'i griega'. La letra 'i' se denomina 'i' o 'i latina' (si se quiere diferenciar de la 'y' cuando se utiliza para ella la denominación 'i griega'", aseguró en un tuit.

martes, 20 de agosto de 2024

Pelotudeces a troche y moche

No sabemos quién es María del Pilar Díaz, pero firma cosas como la que se leen abajo en El Confidencial, un medio español que, con salero, nos explica el universo. Ésta es la bajada pedorra que presenta el artículo: "Las expresiones populares en español han perdurado y evolucionado durante siglos, reflejando la riqueza cultural e histórica de los pueblos hispanohablantes"

¿Qué significa la expresión "a troche y moche"? Este es su origen

El idioma español, conocido por su riqueza y diversidad, cuenta con una amplia gama de expresiones populares que reflejan la historia y la cultura de los pueblos hispanohablantes. Una de estas expresiones es “a troche y moche”, cuya etimología y uso continúan generando interés entre los lingüistas y los amantes del idioma.

La Real Academia Española (RAE) define la expresión “a troche y moche” como una locución adverbial que se emplea de manera coloquial para describir acciones realizadas de forma disparatada e inconsiderada, o sin ningún tipo de orden ni medida. Esta expresión se utiliza, por ejemplo, en contextos donde se actúa de manera desorganizada o caótica, como en la frase: “Se ha liado a bastonazos a troche y moche”.

El origen de esta locución es incierto, pero existen varias teorías que intentan explicar su procedencia. Algunos estudiosos indican que la expresión “a troche y moche” tiene su origen en el siglo XV, cuando Isabel la Católica ordenaba cortar las torres de los castillos de nobles rebeldes, con “troche” derivado de “trocear” y “moche” de “mochar”, simbolizando una acción irracional y absurda.

Como abordan desde el Centro Virtual Cervantes, una de las hipótesis más aceptadas sugiere que podría derivar del verbo arcaico “mochar”, que significa cortar o dividir en partes. Esta palabra, junto con “trocha”, que podría hacer referencia a algo toscamente hecho o a un camino o vereda, formaría una expresión que describe una acción realizada sin ningún tipo de cuidado o precisión, como cuando se despeja de maleza un sendero.

Una posible relación con el ámbito rural
Otra interpretación interesante vincula “a troche y moche” con actividades agrícolas. En el pasado, el trabajo en el campo, especialmente durante la tala de árboles o el desbroce de terrenos, se hacía a menudo de manera apresurada y sin seguir un orden riguroso. Esta falta de organización habría dado lugar a la asociación de la expresión con cualquier actividad que se realiza sin planificación.

A pesar de su antigüedad, la expresión ha sobrevivido en el tiempo, manteniéndose viva en el habla cotidiana, especialmente en España, aunque también es comprendida en otros países de habla hispana. Su uso actual demuestra cómo el idioma español, a través de sus expresiones, sigue reflejando las costumbres y formas de vida de generaciones pasadas.

La expresión “a troche y moche” comparte similitudes con otra frase del español, “a destajo”. Mientras que “a troche y moche” se refiere a actuar de forma desordenada, sin planificación ni cuidado, “a destajo” implica trabajar con gran intensidad y rapidez, pero con un propósito claro, orientado a completar una tarea en el menor tiempo posible. Así, mientras que la primera sugiere caos y falta de criterio, la segunda se asocia con eficiencia y productividad, aunque ambas destacan la intensidad en la ejecución de una acción.

martes, 6 de agosto de 2024

Leer esto da cringe

“'Y la queso', 'funar' o 'iconic', son parte de un glosario que puede parecer encriptado a veces para los adultos. Por qué los adolescentes transforman el idioma para sentirse únicos y cómo conectar mejor con ellos, según los expertos." Tal es la bajada de un artículo publicado por Belén Marinone, en Infobae, el pasado 3 de agosto.

La fábrica de expresiones centennial: ¿lenguaje cifrado o búsqueda de pertenencia en cada palabra?

De parte de los adolescentes de hoy podemos escuchar expresiones como: “Y la queso”, “Stalkear”, “Hype”, “God”, “POV”, “Aesthetic” y “Funar”. La lista podría seguir con “Cringe”, “Random” e “Iconic”. Así, hasta el infinito.

La escena que viene a continuación, luego de este especie de “glosario” moderno, muestra a los adultos intentando ―sin éxito―entender a qué se refieren exactamente los más jóvenes cuando emplean estas palabras.

Casi como un acto de traducción, los padres y educadores hacen esfuerzos para descifrar ese lenguaje tan extraño como distante. A la dificultad de comunicación fluida, se suman frases como “das cringe” de parte de los hijos. Y todo se vuelve un mar de preguntas.

Desde términos populares en las redes sociales hasta modismos utilizados en su vida diaria, el vocabulario de los más jóvenes define su identidad y, en contrapartida, establece una barrera comunicativa entre ellos y los adultos. ¿Cuáles son las claves para entender este fenómeno? ¿Por qué lo hacen?, son algunas preguntas para reflexionar y no ser “funado”, algo así como repudiado o cancelado.

La independencia inentendible
“Los grupos generacionales tienen canales de comunicación diferentes”, explica Martín Wainstein, profesor consulto, investigador y director de la Carrera de Especialización en Psicologia Clínica Sistémica en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en diálogo con Infobae, y señala que la familia es una institución donde ocurre la socialización y la individualización.

Sin embargo, hay cuestiones que son generacionales. “Pero hay un fenómeno global que es de orden generacional que implica una diferenciación de generación en generación. Y una cuestión interesantísima es cómo se diferencian los lenguajes”, dice Wainstein.

Por su parte, Gabriela Pauer, lexicógrafa, doctora en Letras y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral dice a Infobae que, al implementar estas palabras, “el adolescente está construyendo su identidad, ya que se encuentra en una etapa sensible y creativa: el paso de la niñez a la adolescencia”.

Y sigue: “El adolescente crea un lenguaje particular –colectivo, no personal, ya que debe servirle para comunicarse con sus pares- pero que no pueda ser comprendido por sus padres, por el mundo adulto. De esta forma reivindica su autonomía e intenta vivir de forma vicaria la independencia”.

En esta misma línea, el psiquiatra y psicoanalista Harry Campos Cervera da cuenta de la misma cuestión cuando dice que estos modismos “son cambios en el habla producto a la necesidad de diferenciarse y a la vez de pertenecer a un grupo”. Y suma que “en todos los tiempos, las generaciones horizontales son más parecidas entre sí que las precedentes”. Es decir, que todas las generaciones tuvieron sus modismos.

Entonces, ¿está bien o mal que los adultos no entiendan? “En este punto, el adolescente ha descubierto –o está descubriendo, ya que se trata de un proceso- que su destino no es ser un mero repetidor de aquello que le enseñan sus padres, sino que puede crear, pensar y actuar distinto, modificar su entorno, aportar algo, empezar, de alguna forma, de cero”, apunta la lexicóloga y profesora.

¿Qué tiene al alcance de la mano para crear, que utiliza a diario y qué, además, es gratuito? Pauer da la respuesta: la lengua, “un terreno fértil a la hora de reflejar y de encabezar cambios”.

La experta define a estas nuevas palabras, tan especiales como desconcertantes para el mundo adulto, como una suerte de escudo entre él (y sus pares) y los mayores, los padres, tutores, profesores, autoridades. Surge, entonces, un terreno en el que el adolescente es rey y el adulto nada tiene que opinar.

En sintonía con Wainstein en cuanto a la diferenciación, Pauer sostiene que “desprenderse simbólicamente de los padres a través del léxico es como ganar una batalla al mundo adulto, que impone reglas e indica cómo actuar: una jerga incomprendida por los padres permite reírse, burlarse, en parte, del mundo adulto, hacerles saber, implícitamente, que no lo saben todo ni lo conocen todo ni han de tener la última palabra sobre el mundo”.

María Del Carmen Grillo, doctora en Comunicación y profesora de la Universidad Austral, aporta que “en otras edades también hay expresiones propias, pero las de los jóvenes suelen llamarnos la atención porque buscan romper, muchas veces, pero les permiten crear un sentido de pertenencia, algo compartido”.

Los motivos de la grieta
Un estudio realizado por la Universidad Sultan Ageng Tirtayasa, en Indonesia, se propuso analizar la jerga adolescente, sus variaciones y los las razones detrás de su uso.

Los resultados del estudio revelan que 37,93% de los adolescentes de la muestra utiliza el acrónimo (palabras formadas por iniciales) como tipo de jerga más común entre ellos. Le siguen el recorte de palabras, con el 28,75%, y las expresiones frescas y creativas, con un 18,39%.

Los investigadores también dieron cuenta de otros tipos de variaciones del habla, que incluían la composición con varias palabras y la jerga imitativa.

En cuanto a las razones para usar jerga, el estudio identificó siete motivos principales. ¿Cuáles? La razón más destacada es enriquecer el lenguaje con nuevas palabras, con un 17,85%. Otros motivos que aparecen en el estudio incluyen inducir amabilidad (16,70%), ser diferente y facilitar las relaciones sociales (ambas con 15,47%), reducir la seriedad de una conversación (13,09%), simplemente por diversión (11,90%) y deleitarse en el virtuosismo (9,52%).

Estos hallazgos, de acuerdo a las conclusiones de los científicos, subrayan cómo la jerga refleja la creatividad adolescente, como sus necesidades sociales y emocionales.

Sobre cómo impactan las redes sociales en la creación de palabras nuevas, Pauer aclara que “sirven para propagar expresiones adolescentes, para introducir otras, pero no es la tecnología ni son ‘las redes’ quienes las crean.

El léxico lo crean las personas y el léxico vinculado a la tecnología –de gran utilidad y necesario en la vida cotidiana- es empleado por todas las franjas etarias, no exclusivamente por los jóvenes”.

Grillo, sin embargo, dice que numerosas de las palabras están vinculadas a las tecnologías.

“Algunas vienen de plataformas en particular, como el uso de la palabra ‘filtro’ para los efectos que alteran la imagen en Instagram o TikTok, o “edit”, para indicar un video personal, creado a partir de otro. Los adultos y los jóvenes nos entendemos, hay contexto compartido. A lo sumo, puede haber algún malentendido que nos divierta un rato”.

Otra investigación pone el foco en adolescentes de habla alemana, que analiza cómo el argot de Internet se convirtió en un componente central del léxico juvenil, enfocándose en los neologismos de la red. Las autoras del estudio identificaron los modelos básicos de formación de estas nuevas palabras.

El argot juvenil, concluyen las investigadoras, es usado para ocultar significados (una especie de “contraseña” para todos los miembros del grupo de referencia). Además, “los jóvenes comienzan a usar palabras y frases de manera diferente a las reglas estándar del habla para parecer modernos y cool”, dicen.

En el estudio, Internet, como entorno especial, facilita la creación de neologismos que se utilizan en la comunicación online, a menudo mediante abreviaturas, combinaciones y derivaciones de palabras.

En este sentido, Wainstein advierte que “las redes sociales como TikTok, YouTube e Instagram proponen una segmentación generacional”.

¿Hay forma de acercar posiciones generacionales? ¿Podrán los adultos soñar con entender lo que dicen sus hijos? Sobre esto, Pauer dice que “los padres pueden, si lo desean, intentar comprender cómo hablan sus hijos, preguntar y ponerse al día”.

Sin embargo, aclara que “es esperable y lógico que los adultos no comprendan ni se sientan cómodos con esa jerga de sus hijos: hay voces extrañas, jocosas, expresiones agramaticales, incongruentes que, por ende, generarán rechazo en el mundo adulto”.

Grillo hace un aporte al que prestar atención: “Cuando la expresión llega a la escritura, y a un texto que puede leer un adulto, seguramente la expresión ya está llegando al fin de su uso, porque los jóvenes nos mueven hacia adelante”.