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miércoles, 14 de junio de 2023

Como en su momento decía Juana Bignozzi: "¿Quién es ese Petrecca?"

Con cierta frecuencia, el nombre del poeta, ensayista y traductor Miguel Ángel Petrecca (Buenos Aires, 1979) aparece en la prensa, generalmente asociado a Cien Fuegos, su librería argentina de París, de la cual este blog se ha ocupado en repetidas ocasiones.

Pero hay bastante más: Petrecca es uno de los más importantes traductores del chino al castellano. Sin embargo, para quienes no tienen una idea clara del volumen de su trabajo,  ahí están Un país mental. 150 poemas chinos contemporáneos (2011, Gog & Magog, y 2013 LOM, y segunda edición ampliada de Gog & Magog, 2022), Después de Mao. Narrativa china actual (Adriana Hidalgo, 2015), El invisible (Adriana Hidalgo, 2016), de Ge Fei; Kong Yiji y otros cuentos (LOM, 2015), de Lu Xun, Murciélagos al atardecer (Bajo la luna, 2017), de Xi Chuan, a los que ahora se suma La habitación de hierro. Breve antología de la prosa china (1902-1944), novedad del mes de junio de la editorial chilena LOM, que lo anuncia en estos términos: “El libro reúne un total de veintidós textos de quince autores que abarcan casi toda la primera mitad del siglo XX chino. La diversidad de los textos incluidos es tal vez el rasgo más notorio de la selección, así como la incorporación de escritos emblemáticos y de gran importancia para el estudio de la cultura y las literaturas chinas modernas”.

Para quienes se pregunten, como en su momento se preguntó la poeta Juana Bignozzi, quién es Petrecca, se les puede añadir que entre 2008 y 2009 vivió y estudió en Pekín y actualmente vive en París, donde terminó un posgrado de estudios chinos en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales.

viernes, 2 de junio de 2023

"¿Es muy distinto como funciona una librería en París o Buenos Aires?"


El pasado 29 de mayo, la escritora y periodista Gabriela Mayer visitó Cien Fuegos, la librería argentina de París, propiedad del poeta y traductor Miguel Ángel Petrecca. Lo que sigue es la crónica de su conversación y algunos datos sobre la historia de las librerías de lengua castellana de la capital francesa.

Un paseo por Cien Fuegos, “la última librería latinoamericana en París”


Cien Fuegos es la única librería de París dedicada a la literatura hispanoamericana y a la venta de libros en español. Fundada en 2015 por el poeta y traductor argentino Miguel Ángel Petrecca, se encuentra en la rue Saint Blaise, apacible calle semi peatonal en el XX arrondissement, con el encanto de los antiguos suburbios parisinos.

 

La ciudad a orillas del Sena siempre fue una meca literaria para los autores latinoamericanos. Desde Rubén Darío hasta César Vallejo, pasando por escritores icónicos del boom como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

 

Este pintoresco espacio se constituye en heredero de ese fluido vínculo de las letras latinoamericanas con París, pero también de la larga tradición de librerías iberoamericanas que existieron en esta ciudad. Como la Librería Española de Antonio Soriano en la rue de Seine o la Librería Hispanoamericana de la rue Monsieur-le-Prince, que hace tiempo cerraron definitivamente sus puertas.

 

Cien Fuegos o la librería como mito persistente

En la vidriera de Cien Fuegos se destacan, entre otros títulos, la edición aniversario de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, Les morts sont de jour en jour plus indóciles (traducción de Los muertos están cada día más indóciles) de Roque Dalton y Los surcos del azar del historietista Paco Roca. Diversidad que convoca a hurgar en el selecto catálogo de esta librería.

 

Cien Fuegos atesora miles de volúmenes nuevos y usados en los anaqueles de madera clara y también apilados en cada recoveco. Después de hacer espacio a un par de sillas para la entrevista entre libros, Petrecca dice a Infobae Cultura que la librería como lugar es “un mito persistente”.

 

Antes de ocupar el local actual, a pasos de la plaza elevada de la iglesia Saint-Germain-de-Charonne y cerca del cementerio Père-Lachaise (donde descansan, entre muchas otras celebridades, Juan José Saer y Miguel Ángel Asturias), la librería estuvo primero en el distrito XI y luego en el XV, en la otra punta de París.

 

Una de las características distintivas de Cien Fuegos es que ofrece a sus clientes un modelo mixto, con títulos nuevos y usados, algo poco habitual en Francia. “Acá tenés librerías muy de nuevo o librerías de viejo, pero que trabajen con las dos cosas es bastante raro”, comenta Petrecca.

 

Las librerías francesas no especializadas suelen centrarse en las novedades. “A diferencia de la librería argentina, que también crea un fondo que se va construyendo a lo largo de los años”, afirma el autor de poemarios como La voluntad, El Maldonado y El gran furcio.

 

En el caso de Cien Fuegos, es mayor el flujo de libros usados, que proceden de la compra de bibliotecas, pero también de los libros que deja gente que parte de París o se muda a un lugar más chico.

 

De esta manera, terminan confluyendo muchas bibliotecas diferentes. Como “la biblioteca de un cubano que se vino escapando de la revolución, la de un peruano artista amante de la revolución… bibliotecas totalmente opuestas que se fueron acumulando acá a lo largo de décadas”.

 

Al librero, poeta y traductor nacido en Buenos Aires le encanta dedicarse a buscar libros, actividad para la cual París resulta buen lugar. “Justamente encontrás cosas que, como son en español, tal vez acá no se les da tanto valor”. Entonces, ejemplifica, aparecen ediciones de Rayuela firmadas o una primera edición de Cien años de soledad sin la tapa.

 

Más allá de los volúmenes que se apilan por Cien Fuegos, Petrecca -quien llegó a París para hacer un doctorado- tiene más libros en un sótano e incluso en su propia casa. Aunque ya perdió la cuenta, estima que deben ser unos diez mil.

 

Los títulos dentro del local se encuentran clasificados en diversos sectores. Un muro está dedicado a narrativa, aunque puede haber “infiltrados”, y otra área es la consagrada a poesía. También dispone de un sector donde conviven biografía, crítica literaria e historia, así como zonas que concentran respectivamente libros infantiles y de arte.

 

Por lo general, los títulos de narrativa y poesía son los más buscados, así como los de crítica literaria e historia.

 

Cien Fuegos suele abrir por las tardes, porque Petrecca combina su labor librera con la docencia y la traducción del chino y del francés. “Es el modelo al que llegué en este momento, que se hace compatible con mis dos trabajos. Por ahora así funciona”.

 

Desde la puerta, un pequeño cartel detalla en francés los horarios de Cien Fuegos: “Abrimos los jueves de 15 a 18. El resto de los días con cita previa. Si venís y no estoy, es probable que no esté lejos. No dudes en llamarme…”.


El legado de las librerías iberoamericanas en París

París cuenta con un extenso legado de librerías iberoamericanas, devenidas en destacados espacios culturales y puntos de encuentro. “Desde el siglo XIX hacia acá, siempre hubo incluso más de una librería en español. Algunas más conocidas, otras menos”, detalla Petrecca.

 

Este fenómeno se explica en el contexto de una ciudad “que se caracteriza por tener muchas librerías especializadas en lenguas. Que es el reflejo también de un cierto cosmopolitismo histórico, la presencia de muchas comunidades. En Argentina también hay algo de eso, me parece”, opina el librero, editor y poeta, que vive en París desde 2013.

 

Algunos de los clientes de Cien Fuegos aún recuerdan dos históricas librerías: la Librería Española y la Librería Hispanoamericana. La primera, del exiliado español Antonio Soriano, funcionó hasta la década del 2000. “Fue un centro muy importante de reunión de toda la cultura española de exiliados, un lugar de edición muy importante, una gran gran librería”, dice Petrecca.

 

Asimismo existieron otras menos conocidas o más efímeras. “Por ejemplo, el hijo de Antonio Berni tuvo una librería en París. También hubo otra librería argentina cerca del Panteón, El Salón del Libro, de un argentino que ya falleció, Alejandro de Núñez. La mujer de Buñuel también tuvo una librería española. Hay incluso librerías de las que no queda siquiera memoria”, apunta.

 

Petrecca comenta que obviamente el hecho de que la librería sea por estos tiempos un negocio más difícil que antes dificulta que alguien retome ese fondo. “Esa sería también una razón por la cual no tuvieron continuidad. Pero al mismo tiempo siempre va a haber alguien que tiene ganas de retomarlo. Es como un mito persistente la librería como lugar, más allá de que no sea tal vez tan fácil de sostener económicamente como hace algunas décadas”.

 

Desde el número 11 de la adoquinada rue Saint Blaise, el librero y poeta agrega que, aunque la librería de Soriano ocupó “un lugar histórico-cultural muy diferente, mucho más importante, en otro momento histórico, sí me ubico dentro de esa línea”.

 

“Compré un libro y lo perdí”

La diversidad asimismo es una marca distintiva entre los visitantes de Cien Fuegos. Algunos piden los clásicos del “boom” y otros, recomendaciones de libros más actuales. También llegan franceses que están aprendiendo castellano y buscan textos sencillos, así como latinoamericanos y españoles detrás de novedades editoriales. Por supuesto, tampoco falta la gente que entra a curiosear o llama pidiendo cosas absurdas.

 

El librero pone como ejemplo una vez que le dijeron algo así como: “Hace 40 años compré un libro en una librería y lo perdí, y me gustaría que me ayudes a encontrarlo de vuelta. Pero no me acuerdo del título, solo me acuerdo de la tapa. Necesito encontrar ese libro, porque tengo asociados muchos recuerdos”.

 

Petrecca cuenta que incluso llegan hasta la rue Saint Blaise clientes parisinos que no conocían esa calle que se destaca por sus característicos macetones y farolas, así como una variedad de restaurantes y cafés.

 

 “Es un descubrimiento y, por otro lado, la sensación que tienen que es casi como si fuera el suburbio”, indica. Porque “para el francés que vive del otro lado esto es lo que llaman el faubourg, algo medio lejano, ya no es el centro. Es una zona que hace diez, quince años, aparentemente era muy mal vista, bastante oscura, y que se fue renovando”, detalla el poeta y traductor.

 

¿Es muy distinto como funciona una librería en París o Buenos Aires? “Al ser en español, sí. Acá estás en un territorio extranjero, vendiendo algo que en realidad ya de por sí es muy específico. Siento que tengo una librería argentina y mi manera de pensar y funcionar es muy a la argentina, pero está acá”, reflexiona Petrecca.

 

Del Boom al miniboom

Fueron varias las obras insignia del boom de la literatura latinoamericana escritas en París. Más allá de la emblemática Rayuela de Cortázar, donde la ciudad se teje en la trama de la novela, García Márquez concibió La mala hora y El coronel no tiene quien le escriba y Carlos Fuentes se inspiró para Aura.

 

Décadas después, ¿qué presencia tiene la literatura latinoamericana en la capital francesa? Aunque el boom sigue teniendo mucho peso, analiza Petrecca, también surgió en el último tiempo un pequeño miniboom de autoras argentinas, como Mariana Enríquez y Selva Almada. “Hay una cierta renovación, cierta receptividad. No tienen el lugar que tenía el boom, pero tienen sus lectores. Lo veo mucho eso ligado a escritoras mujeres”.

 

En un comienzo este fenómeno puede haber tenido que ver con el Programa Sur de apoyo a las traducciones. “Y también que es un lugar donde se traduce mucho y la literatura argentina específicamente, aparte de la latinoamericana, es una literatura que genera interés”.

 

Cien Fuegos desarrolla además actividad editorial y agenda cultural propias, con presentaciones de libros y lecturas. Durante los primeros años, la librería daba mayor protagonismo a los eventos pero, entre otros motivos por la pandemia, su periodicidad fue disminuyendo.

 

En cuanto a la iniciativa editorial, apunta a sacar unos dos títulos por año e implica “una voluntad de publicar algunas cosas en francés, pero no es central al proyecto de la librería, es lo más periférico”, explica Petrecca.

 

En los próximos meses, editarán dos libros en francés del poeta  Horacio Castillo. “La idea es continuar con eso, guiados más que nada por el placer, sin ninguna obligación de regularidad”. La distribución se realiza a escala reducida, a través de Cien Fuegos y en un puñado más de librerías.

 

Petrecca adelanta que, probablemente, en algún momento se mudará de nuevo. “Si es posible, a un lugar un poquito más grande, por una cuestión también de la cantidad de libros que tengo, y que volvería a ampliar un poco, a hacer más actividades”.

 

Una vez finalizada la visita a Cien Fuegos, queda flotando una última pregunta antes de continuar callejeando cual flâneur por París. ¿A qué debe su nombre esta particular librería?

Petrecca responde que no lo sabe con exactitud. “Creo que en mi cabeza inconscientemente el nombre sintetizaba lo chino y lo latinoamericano: poniendo ‘Cien Fuegos’ pensaba a la vez en las ‘cien flores’ de Mao, entendidas, con deliberada ingenuidad, como imagen de la diversidad”.

 

lunes, 27 de marzo de 2023

Miguel Petrecca no es Matías Battistón

“Una conversación con Miguel Ángel Petrecca, traductor argentino que reside en París. Presenta la nueva edición ampliada de Un país mental, su gran recopilación de poesía china contemporánea.” Eso dice la nota de Mario Nosotti, publicada en la revista Ñ, del diario Clarín, el pasado 10 de marzo, ilustrada en la edición digital con una foto de Matías Battistón en la Martello Tower de Dublín porque, según parece, da lo mismo que Petrecca en la Muralla China.

¿Quién no entiende a un poeta chino?

Poeta, editor, traductor y ensayista que vive actualmente en París, donde lleva adelante la librería Cien fuegos, especializada en literatura hispanoamericana, Miguel Ángel Petrecca es además un estudioso de la literatura china. Desde su incipiente fascinación por los caracteres y la lectura de Ezra Pound hasta sus trabajos de traducción posteriores (Después de Mao. Narrativa China de hoy, la novela El invisible de Ge Fei, ambos publicados por Adriana Hidalgo, la traducción al chino de "La gran salina", de Ricardo Zelarayán, o su estudio sobre el Juan L. Ortiz traductor de poetas chinos, incluido en la reciente edición de En el aura del sauce, entre otros), su interés por dicha lengua lo llevó a vivir y estudiar en Pekín en 2008, y a recorrer parte del país conociendo personalmente a algunos de los poetas de un panorama tan diverso como inabarcable.

Un país mental es una edición ampliada de la publicada originalmente en Buenos Aires por Gog y Magog en 2011, que suma cincuenta poemas e incorpora a figuras representativas de las últimas décadas. En esta entrevista, Petrecca da cuenta de distintos aspectos de su trabajo en el libro que acaba de publicarse.

 

–¿Cómo se dio tu interés por la lengua y la cultura chinas, y cómo surgió la idea de este libro?

–El interés surgió a partir de la lectura de la poesía clásica, que incluso en un momento desembocó en un fallido experimento de traducción. Más tarde fue sobre todo el interés por la lengua y la escritura, y ahí apareció también una curiosidad hacia las escrituras contemporáneas. Después en 2008, tuve la posibilidad de vivir un año allá, viajé bastante, conocí a varios de los poetas y empecé a pensar en la antología que salió en 2011. Fue un viaje transformador para mí. Más tarde, tuve la posibilidad de volver varias veces.

 

–¿Qué implica el concepto de “poemas contemporáneos”, el recorte que rige la antología?

–“Poesía contemporánea” tiene acá un significado bastante específico, abarca el período que se abre en China a partir de la muerte de Mao y el comienzo del proceso de apertura y reforma, hasta la actualidad. Desde el punto de vista de la poesía está marcado por la aparición de un espacio de producción y distribución autónomos, es decir, alternativos con respecto a lo que sería el espacio oficial, aunque estos espacios no son siempre o no del todo excluyentes. La primera referencia en ese sentido son los llamados “Poetas oscuros”, que se nuclean a fines de la década del 70 en torno a la revista Jintian (Hoy) y que generan toda una revolución en China por la introducción de un lenguaje y estilos totalmente nuevos. En la historiografía china, en cambio, el concepto de “poesía contemporánea” está asociado a la fundación de la República Popular, es lo que viene después de 1949.

 

–Los lectores no iniciados de estas latitudes tenemos una visión un poco estereotipada de la poesía china, ligada sobre todo a la imaginería de los poetas de la dinastía Tang. ¿En qué medida pensás que el panorama que presenta tu libro se aleja o coincide con dicho estereotipo?

–Sin duda a primera vista, a primera lectura, para un lector acostumbrado a la poesía clásica, lo que resaltan son las diferencias. En China misma es así, la poesía clásica forma parte de la instrucción desde chicos, todos saben algunos poemas de la época Tang de memoria, y esto hace que mucho de la poesía moderna o contemporánea pueda resultar de difícil acceso, o que incluso haya cierto rechazo. No es algo tan diferente a lo que ocurriría con alguien que se enfrentara a la poesía latinoamericana contemporánea o de vanguardia a partir de un bagaje de lecturas más tradicional.

 

–Hay en tus traducciones una plasticidad que hace que el lector se sienta interpelado, cercano a la voz poética, y que logra a la vez conservar la diferencia, la opacidad de ese otro mundo. Trabajás una vertiente rioplatense lo suficientemente abierta como para sostener esa distancia.

–Un poeta chino del siglo XX que me gusta mucho tiene un poema llamado “La organización de la distancia”, que creo que responde en cierta forma a esto que planteás. La gradación de la distancia. Que también, en otro sentido, es un problemática que atraviesa la poesía china del siglo XX: cómo organizar la distancia, tanto con la propia tradición como respecto de las tradiciones de afuera. Dicho esto, y yendo a la cuestión del rioplatense, diría en todo caso que es un rioplatense imaginario.


–A pesar de los diferentes estilos y momentos escriturales por momentos tuve la sensación de estar leyendo el libro de un solo (y múltiple) poeta. Lo menciono como algo positivo. Una poesía abierta a lo exterior, coloquial, donde la interioridad se traduce a los objetos, los movimientos. También cierta morosidad, aún en el ajetreo de la vida de las grandes ciudades.

–Yo me formé con una idea de la traducción, con una tradición digamos, la de los poetas-traductores, dentro de la cual tiene un sentido positivo que te digan que el libro se lee como un solo libro múltiple. No reniego de esa tradición, aunque no me interesan algunos lugares a los que lleva o puede llevar, es decir, a una cierta saturación de la figura del traductor. No es a lo que apunto en todo caso, y creo que, en comparación con la edición anterior, se han incorporado muchos poetas, algunos de generaciones más jóvenes, que amplían mucho el abanico de voces. Por otro lado, en toda selección opera obviamente un gusto y una mirada. Además, a favor de lo que decís, es cierto que esos rasgos que mencionás están presentes en gran parte de la poesía china contemporánea.


–¿Por qué “un país mental”?

–Mantengo el nombre que le puse a esta antología en su momento, hace más de 10 años. Creo que en ese entonces, en mi fuero interno, hacía alusión a la idea de China como algo deseado, leído, imaginado. Imaginado desde mucho antes de viajar, pero también después, en el sentido de que ese imaginario seguía actuando y moldeando la experiencia.

lunes, 29 de agosto de 2022

La librería de Miguel Ángel Petrecca en París


En muchas oportunidades (ver, en este blog, entradas del 3 de julio de 2015, 14 de julio de 2016, 4 de diciembre de 2017, 7 de junio de 2021) nos hemos referido a Cien Fuegos, la librería latinoamericana de París, creada en 2015 por el poeta, ensayista y traductor Miguel Ángel Petrecca. Y como todo llega, con la tercera mudanza, ese lugar único atrajo la atención de Flavia Tomaello, quien, el pasado 25 de agosto, publicó en la revista del diario La Nación, de Argentina, el siguiente artículo.

La última librería en español que queda en París fue creada por un argentino

Las fuertes oleadas migratorias culturales acogidas por París a fines de los 60 y comienzo de los 70 expusieron a fuego máximo las ideas que ya bullían en una ciudad desbordada de utopías. Hurgar en las letras francesas era una forma de quedar inmersos en los debates que desbordaban las calles. Los latinoamericanos que migraron deslumbrados por los rayos del pensamiento amaban sumergirse en esas diatribas, para sacudir el polvo de las propias que llevaban en la única maleta de expatriados.

El centro del huracán eran los cafés y las librerías. Pero la lectura en francés tenía su límite. La tristeza de ese foráneo se vestía como una capa de cualquier estación.

Un adelantado fue Antonio Soriano y Mor, de la vecina España. Cruzó la frontera en 1939 y luego de un paso breve por el campo de concentración de Bram, se dedicó a la agricultura. Para mediados de 1947, la cuñada de Luis Buñuel, Georgette Rucar, le envió una carta convocándole para hacerse cargo de una diminuta y antigua librería de París en el número 48 de rue Mazarine. Luego de algunos traslados, tres años después se instaló definitivamente en rue de Seine, esquina con rue Clément. Un fanático de los libros, pero no librero, fue el fundador, junto con su esposa, Dulcinea Doménech, de una tendencia que hizo carne entre los vecinos de la Torre Eiffel: una librería en español. La Librería Española fue por más de medio siglo un faro para la cultura española en París.

Muchas otras personalidades del mundo editorial que escapaban del franquismo colaboraron en la creación de un espacio de cobijo para las almas errantes de exiliados en castizo. Sus anaqueles exhibían todo aquello que Pirineos mediante se consideraba prohibido. La tentación por leer aquello que entre tapas no se podía se sumaba a la curiosidad de intelectuales locales que se sentían atraídos por develar las causas de la prohibición.

Es allí donde las élites culturales francesas, los emigrados desorientados y los viajeros inquietos descubrían lo que vociferaban las páginas que, por sobre todo, se leían en español y, en poco tiempo, las que llegaban con su particular forma de contar historias y el realismo mágico a cuestas. Curiosamente es rue de Seine, la misma de la librería de Soriano, la primera calle que se menciona en Rayuela, la biblia de Julio Cortázar. El mismo que fue primero profeta en París que en cualquier otro púlpito.

Para 2004, el éxito inmobiliario del Barrio Latino de París obligó a mudar el proyecto de Soriano a Montparnasse, en 7 de rue Littré.

Llegarían otras librerías que se convirtieron en el patio del fondo de los inmigrantes. Abarrotada de españoles durante el franquismo, Francia, y en particular París, se convirtieron en la salida de la jaula. Era la chimenea de ideas que burbujeaban sin poder emerger. Librería Española fue para muchos de ellos una embajada de la España republicana del otro lado de la frontera. Pero La Hispanoamericana, más cosmopolita, situada en rue Monsieur-le-Prince, colgó en 2007 un cartel bilingüe que indicaba: La librería está cerrada permanentemente. Adiós. Adiós.

El tiempo convirtió a estos espacios en el patio de atrás de la vida cotidiana. El sitio donde usar el argot de casa. Donde reconocer los tintes de una misma lengua pintada diferente. Un sitio mucho más que de libros.

Con el alma de Camilo

Cuando los afanes culturales migratorios se adormecieron, cuando las cabezas preclaras que transitaron los cafés abandonaron las mesas, las librerías en español comenzaron a cerrar sus puertas. De a poquito. Como candelas a las que se les mengua la cera, un día la llama titila una única vez final. No quedó ninguna, salvo, la patriada de un argentino que decidió inspirarse en Camilo Cien Fuegos para iniciar su propia revolución.


Miguel Ángel Petrecca nació en tierras porteñas en 1979. Llega del riñón de las Letras. Es poeta (a él pertenecen La voluntad, El gran furcio y El maldonado), editor de Gog y Magog en Buenos Aires (sello de poesía y ensayo que intenta subirse al mundo narrativo con la novela Quema, de Ariadna Castellarnau, que obtuvo el Premio de las Américas) y se puso al hombro la idea de llevar a París la diversidad de editoriales que hay en la Argentina, Chile, Uruguay y España.


Petrecca llegó a París en 2013. “Llevaba conmigo la idea de darle vida a una librería –cuenta–. Mi trabajo de editor en Argentina ya me había convencido de que la apuesta librera era una consecuencia natural”. Fundó Cien Fuegos en 2015. Durante sus primeros tres años, estuvo ubicada en el Décimo distrito de París, también conocido como Arrondissement de l’Entrepôt o Enclos Saint-Laurent.


Más tarde, Petrecca se llevó el proyecto al distrito XV. En 2019 abrió allí, en la orilla izquierda del Sena, en el sitio reconocido como Arrondissement de Vaugirard. Es este el sitio desde donde vigila a los transeúntes el edificio más alto de la ciudad: la Torre Montparnasse. “Finalmente, al menos por ahora –afirma el librero–, nos afincamos en el Distrito XX, en rue Saint Blaise, en la orilla derecha del Sena”.


Una de las estrellas de la zona en el cementerio de Pere Lachaise, un espacio que los locales utilizan como parque y donde descansan figuras como Guillaume Apollinaire, Honoré de Balzac, Georges Bizet, María Callas, Marcel Camus, Claude Chabrol, Colette, Frédéric Chopin, Molière, Édith Piaf, Oscar Wilde, Marcel Marceau y los argentinos Juan Bautista Alberdi y Juan José Saer.


“Vinimos a ocupar el vacío que dejaron las últimas librerías en castellano: las dos históricas librerías de rue Monsieur Le Prince y de rue de Seine, que cerraron por distintos motivos en la década del 2000, y la efímera, pero importante, librería de Alejandro de Núñez, el Salón del libro argentino –relata Petrecca–. Habría que sumar la librería El cóndor pasa, dirigida por el hijo de Antonio Berni, José Antonio Berni, que representa el último tramo de una historia mucho más larga de las librerías hispanas de París”.


Los anaqueles parecen otros


“La idea de Cien Fuegos es la de propiciar un espacio de encrucijadas, de dotar de contenido a lo que había quedado libre –explica–. No había ninguna idea fresca para ofrecer en París de literatura latinoamericana. Solo una intención árida de las editoriales independientes”.


Hay algo entre cursi y exótico en eso de hurgar en los estantes lejos de casa. La historia de las librerías en otras lenguas se inscribe en otra más amplia. Aún hoy, en París, hay alrededor de 40 librerías extranjeras, entre ellas muchas inglesas, dos italianas, dos rusas, una polaca, varias árabes, dos chinas, una japonesa, una brasileña, una griega y contando. Es que el viajero, el que se queda por un tiempo o el que migra, siente que se mete en la biblioteca de su casa en medio de una ciudad anhelada. “Los clientes de la librería son variados –sostiene el propietario–, pero en primer lugar, obviamente, provienen de la amplia comunidad latinoamericana y española. Luego, en segundo lugar, son franceses interesados en la literatura, la lengua o la cultura latinoamericana o española”.


La afición por la literatura en castellano “es una tradición en la ciudad –continúa–. Las plumas latinoamericanas fueron un boom en el pasado. Muchas entraron por París para dispararse en el continente. El exotismo aún continúa. La casta cultural de la ciudad es de libro bajo el brazo y la experiencia se contagia”.


Cien Fuegos combina el libro nuevo y el usado, un modelo que no es común en esta ciudad. “En lo que hace al libro usado, trabajamos efectivamente con una lógica de reciclaje, comprando y recibiendo donaciones. Aunque siento que nuestro catálogo está siempre en plena expansión, nuestra oferta es trabajar con los nuevos valores, pero también con los del boom latinoamericano y los títulos clásicos”. En la recorrida por los cantos se percibe una buena composición que matiza curaduría de calidad y buen gusto literario, con una cuota certera de búsquedas habituales. Aun así, lo que siempre cuenta, es la sorpresa: esa pieza que te salta a los ojos sin que te des cuenta ni hayas ido a buscarla.


Petrecca tiene un camino de exilios entrenados. Su primer destino fuera de la Argentina fue Pekín. Allí no solo la estada fue larga y el idioma terminó entrando en su cotidianeidad, sino que, entre otras cosas, tradujo una antología de narrativa china contemporánea llamada Después de Mao El invisible, de Ge Fei. En estos meses, ha estado batallando con una nueva traducción, pero al revés: La gran salina, de Ricardo Zelarayán, al chino.


Luego de estos desafíos, uno de los temores de los libreros a él le pasa por al lado. “No le tengo miedo a la lectura electrónica –dice–, la verdad, no veo contradicción, yo mismo soy lector de libros en soporte físico y electrónico, son usos diferentes y perfectamente compatibles. El objeto libro, me parece, goza de buena salud”. Mientras descansan algunas obras de arte que funcionan como ilustración de la vidriera interior, el librero sueña con el espacio multicultural. “No creo que las librerías estén muriendo, más bien diría que mutan, se adaptan al contexto, se convierten a veces en espacio de resistencia, pero también de producción de imaginario. Mueren las librerías, pero la idea de la librería sigue vivita y coleando”.

lunes, 7 de junio de 2021

Librería Cienfuegos: ¿la tercera es la vencida?



Infatigable a pesar de tener un hijo bebé, el poeta y traductor especializado en literatura china contemporánea Miguel Ángel Petrecca (cuya pelada se refleja en el vidrio de la foto que él mismo tomó), abre por tercera vez  Cienfuegos, acaso la más importante librería de lengua castellana de París. Lo hace en una nueva sede. Abajo, la carta de invitación para que todo el mundo la conozca.

Cienfuegos tiene nueva sede

Estimados amigos de Cien Fuegos:

Tenemos la alegría de informarles que nuestra librería vuelve a abrir sus puertas luego del cierre del local del Village Suisse en enero de este año.

Nos mudamos al otro extremo de París, al barrio de Charonne en el distrito XXe. Concretamente, el número 11 de la Rue Saint Blaise.

Por el momento estaremos atendiendo los jueves a la tarde entre las 15 y las 18, a partir de este mismo jueves. El resto de los días sur rendez-vous, llamando como siempre al 0651749781 o escribiendo a info@cienfuegos.fr

¡No duden en comunicarse por esta o cualquier consulta!

¡Los esperamos pronto para conocer nuestra nueva casa!

Saludos a todos

martes, 24 de marzo de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (II)

Segundo día de la encuesta para traductores de poesía.


Lori Saint-Martin
Traductora de Kelly Norah Drukker, Jorge Fondebrider, Sandro Barella, entre otros.



1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Por amistad con ciertos poetas, porque admiro ciertas obras, o, sobre todo, porque me contrataron. Y no por la plata, que es poca y no refleja para nada el tiempo y el esfuerzo que requiere la traducción de poesía, la más exigente de todas las formas de traducción. 

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Me han propuesto traducir a dos poetas, encargos que acepté. He publicado extractos de varias otras obras en revistas, cosa que resulta bastante fácil. En cambio, cuesta mucho convencer a una editorial de publicar un libro completo de un poeta que no hayan elegido ellos.

3)  ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
En Canadá, si el poeta es canadiense, el Consejo de las artes otorga un subsidio determinado, más importante que si se tratara de traducir prosa. Si el poeta es extranjero, en general no aceptan.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Imposible.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Conozco el  programa Sur, de Argentina, y el del CNL francés. 

Miguel Ángel Petrecca
Traductor de un número significativo de poetas chinos contemporáneos.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Porque soy antes que nada lector de poesía, porque es el tipo de traducción que me da más satisfacciones.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
La propongo yo mismo.3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
La paga depende en general de que haya un subsidio.

4)  ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?

Conozco China, Francia, Suiza, Brasil, Gales y algunos más.

Enrique Winter
Traductor de Emily Dickinson y Susan Howe, entre otros.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Por placer individual y por deber colectivo.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
A veces porque un libro me encantó o lo encuentro necesario para determinadas discusiones, y otras porque un editor me lo ha pedido. Últimamenteme he concentrado más en mi propia escritura y los libros que he traducido han sido por encargo, ya sea porque vieron versiones parciales que había publicado en revistas, como con Susan Howe, o sencillamente por interés de ellos, como con los clásicos C.K. Chesterton y Emily Dickinson.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
En Chile depende sobre todo de si se ganaron un fondo público o cuentan con apoyo de la universidad, como fue el caso con los proyectos antedichos o con la traducción de Philip Larkin. Sin ellos uno termina trabajando casi gratuitamente.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Prefiero dejarme querer y, luego, quejarme.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Sí, hace relativamente poco tiempo. No los he recibido, pero este año he comenzado a tramitarlos como editor.