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jueves, 21 de septiembre de 2023

"Siempre estamos viendo qué oportunidades hay en el mercado"

Consejera delegada del grupo editorial Penguin Random House, Nuria Cabutí habla en esta nota de Xavi Ayen, publicada por La Vanguardia, de Barcelona, el paado 20 de septiembre, sobre la manea en que la inteligencia artificial puede llegar a afectar el desarrollo editorial, sobre las tendencias que se registran desde su perspectiva y sobre las ganancias exponenciales que ha tenido el monstruoso grupo para el que trabaja. 

Núria Cabutí: “La IA copiará muy bien, pero las editoriales queremos creatividad humana”

Hace unos días, Núria Cabutí, la consejera delegada del grupo editorial Penguin Random House, se puso el casco para colocar la primera piedra del nuevo centro de distribución en Cerdanyola del Vallès, que supone una inversión de 36 millones de euros y estará en funcionamiento a principios del 2025. En su despacho de la Travessera de Gràcia, dirige las actividades del grupo en España, Portugal y Latinoamérica, que cuenta con 1.600 trabajadores en todo el mundo, 650 de ellos en España, el 80% en Catalunya. Cabutí recibe a este diario para comentar la actualidad del sector.

Cuando hayan acabado las obras, ¿el lector podrá conseguir los libros que encarga más rápidamente?

Sí. El objetivo de esta gran inversión es ofrecer aún mejor servicio al punto de venta. Ahora estamos en cinco puntos en el área de Barcelona, entre ellos las instalaciones de Pallejà que teníamos en 1988, cuando éramos Plaza y Janés. Hablamos de hace muchos años, han pasado muchas cosas.

Las editoriales usan cada vez más la inteligencia artificial, he leído que para la redacción de solapas, por ejemplo...

A nivel de procesos editoriales, se irá mejorando el uso de la IA, esto es, para una redacción en bruto, pero al final siempre tendrá que haber un ser humano corrigiéndolo todo y dándole forma.

Ustedes seguro que están investigando el tema, desde su central en Nueva York...

Estamos viendo cómo incorporar la inteligencia artificial en los procesos, pero sobre todo ahora mismo lo que estamos pidiendo es que se respete la propiedad intelectual en el uso de la IA. Nosotros apoyamos la propiedad intelectual y exigimos una transparencia total, que se sepa qué tipo de fuentes se están utilizando para nutrir de contenidos a la IA y que, si estos tienen copyright, se remuneren. Este es el gran tema ahora mismo. 

Esa pesadilla orwelliana de un libro escrito totalmente por una máquina...

Bueno, ya los hay. Pero nosotros pensamos que la creatividad humana no va a ser sustituida por la inteligencia artificial y lo que aporta valor en una editorial es esa creatividad. Copiar es algo que las máquinas seguramente harán bien, pero al final lo que queremos son cosas nuevas, y eso solo lo tiene el ser humano.

¿Cuántos libros tendrán en el nuevo almacén?

Estimamos que vamos a poder dar servicio de unos 130.000 libros al día, en total estamos hablando de 35 millones de libros al año. Serviremos desde allí a los 1.500 puntos de venta que atendemos directamente en España y también daremos servicio a las exportaciones.

Esas son cifras de movimiento de ejemplares, y además será almacén, ¿no?

Sí, de todo nuestro catálogo, ahora son 18,4 millones de ejemplares de nuestros 20.000 títulos, sumando todas las editoriales en catalán, castellano, todas las últimas adquisiciones y las que vengan

“Y las que vengan”...

Lo que pueda venir. 

¿Vendrán o no vendrán?

Bueno, a ver, nosotros siempre estamos viendo qué oportunidades hay en el mercado y, sobre todo, si realmente el encaje de esa editorial puede tener sentido dentro de nuestro grupo, si es un catálogo complementario, si llega a otro tipo de público. Ahora ya tenemos 60 sellos editoriales, hemos crecido muchísimo y encontrar catálogos complementarios se va complicando, pero si existe la posibilidad, ¿por qué no? Nuestro accionista, Bertelsmann, confía muchísimo en el mercado hispano, que es creciente, está toda América Latina, y está Estados Unidos. La población hispana en EE.UU. es un 20%, a pesar de que el mercado editorial en español es solo el 1%. Allí hay un futuro.

El otro día salió un estudio que decía que la facturación del libro seguía subiendo, pero que se vendía un poquito menos. Eso quiere decir que el precio del libro sube...

Es verdad que el precio del libro ha subido, pero los costes del papel se han incrementado de manera muy importante. En el 2022 crecieron entre el 20 y el 60 por ciento, dependiendo del tipo de papel. Este año están más estables. Hay un crecimiento de los costes de la producción, una pequeña parte de los cuales se ha trasladado al precio del libro, pero no en la misma proporción.

¿Qué tendencias se detectan?

El segmento que ha crecido más en estos últimos años ha sido la lectura infantil y juvenil, por varios factores. Uno ha sido la eclosión de toda la parte de novela gráfica y, entre ella, el manga; y también todos estos fenómenos de libros relacionados con las redes sociales, TikTok, Wattpad... Y otro segmento que está creciendo es el audiolibro, que en el mercado hispano de Estados Unidos funciona desde hace tiempo y que aquí está arrancando. 

¿Qué más detectan?

Estos últimos años, ha habido un dominio de los autores de lengua hispana. Ahora la mitad de todo lo que publicamos son autores en lengua original, sobre todo en castellano, de España, Argentina, México... y la otra mitad son traducciones de lenguas extranjeras. Antes había más traducciones.

Hubo una época en que se hablaba mucho de si PenguinRandom House llegaría a superar la facturación de su gran rival, el grupo líder del mercado, Planeta. ¿Están más cerca de eso?

Ya lo hemos conseguido. Nosotros somos líderes en todo el mercado hispano. Hemos crecido muchísimo entre los 600 millones de hispanohablantes, estamos en todos los mercados de América Latina.

¿Son el primer editor en español del mundo?

Sí, en lo que llamamos ediciones generales, el trade, la librería, no en libro de texto, por ejemplo, que no tocamos. Y en catalán estamos creciendo también muchísimo.

Ahí tienen más campo para crecer.

Sí, en lo que va de año hemos crecido un 36%.

¿Qué supone ser líder, cuánto venden?

Hemos tenido 351 millones de euros de venta neta en el 2022.

¿Y el año anterior?

242 millones, es mucho crecimiento. Me acuerdo que en el año 2000 estábamos vendiendo 10,5 millones.

 

 

viernes, 30 de octubre de 2020

Lo que muchos editores españoles quieren oír


Con el sombrío título “La pandemia y la crisis económica hunden la industria editorial en Argentina”,
Javier Castro Bugarín, corresponsal gallego de la agencia española EFE en Buenos Aires, el pasado 14 de octubre firmó un artículo, donde señala, entre otras cosas, que “los motivos que explican la ausencia de novedades en las librerías argentinas es una reciente normativa de la Secretaría de Comercio, que establece nuevos requisitos para la importación de libros y productos gráficos impresos en cantidades superiores a los 500 ejemplares. Sobre el papel, la disposición pretende controlar el uso de tintas ‘con alto contenido en plomo’, pero el presidente de la Cámara Argentina del Libro sugiere que la intención real es proteger el mercado local, después de que en 2018 se alcanzase una importación récord de libros de 175,2 millones de dólares”. “‘La idea –continúa Martín Gremmelspacher, presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL)– es tratar de que se produzca acá en la Argentina y no se produzca tanto en el exterior’, afirma Gremmelspacher sobre una norma que buscaría, además, evitar la fuga de divisas del país suramericano.

Lo que en ningún momento señala Castro Bugarín es que la ausencia de novedades a la que se alude es, fundamentalmente, la que constituyen los libros españoles. Y, a riesgo de ser repetitivos, vale la pena recordar que muchos de esos libros no pueden ser traducidos en Latinoamérica porque los derechos para toda la lengua fueron adquiridos por editoriales españolas. En consecuencia, las novedades a las que se alude son fundamentalmente las generadas en España ya que las editoriales argentinas, a pesar de haber disminuido la frecuencia de nuevos títulos, sigue publicando novedades. 

Luego, la medida mencionada afecta fundamentalmente a 1) las multinacionales, que ahora se ven obligadas a publicar localmente y lo hacen con cuentagotas, 2) las editoriales argentinas que, para abaratar costos, imprimen en China y 3) los importadores, cuyos volúmenes de importación nunca son significativos. Recordemos asimismo que tanto en España como en todo el resto de Hispanoamérica durante 2020 se ha publicado muchísimo menos que en años anteriores. Con todo, España cuenta con la ventaja de los subsidios europeos y estatales, sin hablar de las muchas argucias para lograr rebajas impositivas de las que se sirven los grandes grupos. 

Curiosamente, el corresponsal de la agencia española EFE tampoco dice que en España se lee menos que en la Argentina y que buena parte de la industria editorial está dedicada a la desgrabación impositiva de grandes grupos como Bertelsman, dueña de Penguin Random House, a la que usa, fundamentalmente, para pagar menos impuestos en Alemania. Y no hay tampoco mención de que para que las cuentas cierren en España el remanente de lo que se publica y no se vende llega a las filiales Latinoamericanas de las casas españolas con el correspondiente dumping, que es la forma desleal de competir con los libros que se editan en este continente.

Como el artículo está concentrado en el presente, dice muy poco de las ruinosas políticas aplicadas al libro durante los cuatro años del anterior gobierno argentino, del cese de compras por parte del Estado nacional, que es partícipe obligado de la actual crisis, y de otras cuestiones que la preceden, cuyos alcances, por si no quedó claro, son mundiales.

Dado que no faltará el medio que se haga eco de este artículo, quien desee abundar en más informaciones sobre estos temas, puede hacerlo remitiéndose a la entrada de este blog correspondiente al pasado 7 de octubre de este año. 


Para mayor información, la Cámara Argentina del Libro (CAL) cuenta con 546 usuarios registrados cuya lista puede consultarse acá: 

viernes, 17 de abril de 2020

¿Y si la crisis nos permitiera discutir seriamente?


A medida que avanza la pandemia, uno lee todo tipo de cosas referidas a los daños que, por el parate obligado, está sufriendo la industria editorial argentina. Sin embargo, por difícil que sea la situación, vale la pena sacar de ella algunas conclusiones:

1) En reiteradas oportunidades se ha hablado de las librerías como "el eslabón más débil de la cadena del libro". Digamos que, aun considerando que tengan que pagar alquiler (lo cual no es el caso de todas), empleados (con sus correspondientes cargas sociales) y servicios, generalmente ganan entre el 35% y el 40% sobre el precio del libro. O sea, más que las editoriales y, por supuesto, mucho más que un autor, que gana entre el 8% y 10% del precio de tapa del libro (que recordemos, no se escribe en un mes, sino en muchos y, a veces, incluso en años). Ese dato serviría ya para imaginar que las librerías no son las más perjudicadas. Pero si lo que gana un autor es poco, lo que gana un traductor es todavía menos, para no hablar de lo que ganan los correctores. No se trata aquí de ver quién es más miserable, sino de señalar el nivel de adscripción automática de la prensa a la idea del mercado que es lo que rige al mundo editorial, ya se trate de grandes grupos o de pequeñas editoriales artesanales. Que cuando las papas queman se pretenda imponer un discurso general y se nos invite a cantar "We are the world" tomados de la mano es apenas una de las tantas fealdades a las que nos somete el dinero o, como en este caso, su ausencia.

2) Hace unos años, un amigo que comenzaba con una pequeña editorial, decidió llamar a la suya XXX Grupo Editorial. Cuando le pregunté por qué había tomado esa decisión, me dijo que su editorial era, justamente, "un grupo" (expresión que antaño se empleaba en la Argentina para señalar "una mentira"). Mi amigo, convencido de ello, se había inspirado en el Grupo Editorial Planeta, una suerte de aspiradora que, como otros grupos editoriales, se dedicaba a comprar sellos medianos y pequeños y vaciarlos de sus contenidos específicos (cfr. Paidós, Ariel, etc.) con el afán de conquistar el famoso mercado. Hoy ese mercado (en este caso, el de la lengua castellana) está en manos de dos grupos editoriales que ostentan el 70% del total de libros vendidos. El 30% restante corresponde a medianas y pequeñas editoriales que, a su vez, suelen reproducir usos y costumbres comerciales de los grandes grupos, pero, claro, con mucho menos poder. La mayoría de esas editoriales medianas y pequeñas publican un mínimo de dos novedades mensuales. Si se suman las treinta que nos infligen cada uno de los grupos mayoritarios el resultado, incluso en un mercado modesto como el argentino, es inabarcable. La pregunta, en todo caso, es si esa cantidad de títulos es una necesidad de los lectores o simplemente lo que precisan las editoriales (grandes, medianas y chicas) para justificarse como empresas.

3) También hace muchos años, el editor José Luis Mangieri, quien tuvo en su haber La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme, editoriales que hicieron historia en el país, sostenía a quien deseara escucharlo que, cuando quien publicaba libros empezaba a ser una "empresa editorial”, invariablemente la parte empresaria se comía a la parte editorial. Y lo decía consciente de haber publicado, a lo largo de más de cuarenta años, algo más de 1.000 títulos. Su oficina estaba en cualquier bar de Buenos Aires, sus medios eran un portafolios rotoso siempre lleno de originales y una computadora (manejada por su esposa). El resto eran imprentas y encuadernadoras que establecían con Mangieri una relación donde se mezclaba la militancia, eventualmente la amistad y las cuestiones comerciales, en ese orden.

4) Mangieri nunca tuvo tarjeta, ni se asesoró con scouts, ni trató con agentes; tampoco fue reconocido en la Feria de Guadalajara, ni lo invitaron a la de Frankfurt. Hoy, prácticamente nadie publica como él en la Argentina. Su herencia sobrevive como puede en algunas editoriales de poesía porteñas y en mínimos sellos de provincia. Pero no todo está perdido. Hay otras instancias, como lo demuestra el poeta y traductor Juan Arabia, en la entrevista que ayer le hiciera Silvina Friera en el diario Página 12 (https://www.pagina12.com.ar/259625-buenos-aires-poetry-libera-parte-su-catalogo). Luego de liberar gratuitamente una parte sustantiva del catálogo de Buenos Aires Poetry, su editorial, Arabia comentaba que tuvo unas 50.000 descargas de libros, correspondientes a unos 40 países. Esos mismos libros muchas veces fueron mal recibidos y peor pagados por las librerías porteñas, y ahora los lectores, luego de leerlos digitalmente, se los compraban en papel. Y añadía: "La circunstancia actual de la pandemia del Covid-19 ha generado, según mi opinión, una contradicción fundamental entre la estructura económica del sistema capitalista y su superestructura cultural, ideológica (biopolítica, poder sobre la vida, etcétera)", Luego sumaba un punto de vista que ojalá se convierta en tema de polémicas: “En lo que respecta al campo cultural, la edición de libros en este caso, se ha visto que la opción de muchas grandes y pequeñas editoriales fue apostar por el formato digital, y de implementar ofertas y descuentos por diversas plataformas. Pero en última instancia, lo que rige, es el propio interés y beneficio económico, con el objetivo último (siempre invisible) de sostener una cadena armada y monopólica de la industria editorial: imprentas, distribuidoras, librerías, todos obstructores de la palabra”.

5) ¿En qué medida la lógica del mercado no es, como señala Arabia, obstructora de la palabra? Más allá del problema lógico (y por cierto penoso) que representa tener un negocio (una editorial, una librería, una verdulería, una ortopedia) está el público. ¿En qué medida éste debería ceñirse a los problemas de quienes deciden manejarse en términos comerciales? Llegados a este punto, convengamos que hay siempre un tufillo a chantaje al equiparar sin más un hecho comercial (la producción y venta de libros) con un hecho cultural. ¿Un libro de Pilar Sordo es equivalente a uno de Borges? Si no es así, ¿por qué la lógica comercial con que se comercializan uno y otro es la misma? 

6) Si se quisiera realmente debatir sobre algo más que sobre la famosa Ley del Libro, impulsada por las cámaras que reúnen a las editoriales (vale decir,  empresas comerciales de distinto porte), ¿no sería ésta la ocasión de discutir también otras cosas? Por ejemplo, ¿necesitamos los lectores tantas novedades mensuales? ¿Son infalibles los editores cuando eligen lo que van a publicar? Ante una situación de emergencia como la actual, ¿debe el Estado hacerse cargo de esas elecciones? Y en otros órdenes, ¿agotaron los lectores los catálogos completos de las editoriales para necesitar continuamente novedades, muchas veces inferiores a los libros publicados en otros momentos de la historia editorial? ¿La novedad es un valor en sí mismo? 

7) También, valdría la pena sincerarse sobre otras cuestiones. ¿El mundo editorial es homogéneo y, por lo tanto, merece una única respuesta a todas sus necesidades? ¿Las necesidades de una empresa editorial son las mismas que las de una pequeña editorial? ¿Por qué las grandes editoriales cobran mes a mes, de manera automática (tienen aparatos legales armados para eso), y las pequeñas editoriales deben esperar para recibir luego cheques a 60 o 90 días de las mismas librerías que hoy piden auxilio al Estado y al público? Si los títulos que distribuyen las multinacionales ya vienen traducidos desde España, ¿deberían esos libros. que además llegan con dumping, competir en igualdad de condiciones a la hora de una licitación con los libros traducidos en la Argentina y en otros países de la región? ¿Cuánto venden en realidad los autores argentinos (en Francia, por caso, es muy fácil saberlo), como para justificar que siempre sean los mismos los que rebotan en las páginas de los diarios? ¿Qué importancia tiene los suplementos culturales? Las tarifas que se pagan a los distintos participantes de la cadena, ¿son justas?  

Entiendo que se trata de muchos temas muy distintos, pero, ¿no tendría sentido que empezáramos a hablar de ellos más abiertamente y no dejarlos exclusivamente en manos de los especialistas a la violeta?


Jorge Fondebrider


lunes, 16 de diciembre de 2019

El Grupo Planeta, en una demostración más de su idea de la cultura, cierra el Círculo de Lectores


El pasado 30 de noviembre, Josep Playa Maset publicó la siguiente nota en el diario La Vanguardia, de Barcelona, señalando el posible destino de los archivos de la empresa Círculo de Lectores, desactivada por el grupo Planeta.

 

Planeta negocia con la Biblioteca Nacional

la cesión del archivo del Círculo de Lectores

 

La editorial Planeta está ultimando con la Biblioteca Nacional de España la donación del archivo del antiguo Círculo de Lectores, empresa creada en 1962 por el grupo Bertelsmann, que pasó a ser de su plena propiedad en el 2014. El archivo del Círculo consta de unos 25.000 libros, pero cuenta también una gran colección de vinilos, así como importante documentación, vinculada con su historia. El Círculo de Lectores llegó a tener 500.000 socios y a publicar hasta 300 titulos anuales.

Tras el cierre del Círculo de Lectores anunciado hace tres semanas por el grupo editorial Planeta, desde la Biblioteca Nacional se interesaron por el destino de los archivos y empezaron estas negociaciones, cuyo primer paso es conocer el inventario de todo el material. Planeta plantea la cesión de todo el archivo digital y físico del Círculo que se encuentra repartido entre Barcelona y Madrid.

Las conversaciones no habían trascendido hasta ahora, pero en paralelo desde la editorial se comunicó a los autores, o a sus herederos, de algunas obras la posibilidad de quedarse con los restos no vendidos, y en algún caso ya descatalogados, antes de su “destrucción parcial”. Entre los autores contactados están los de la colección de Obras Completas de grandes autores como Kafka, García Lorca, Neruda, Vargas Llosa o Vázquez Montalbán. En la carta enviada por el grupo editorial a los autores se les anunciaba la posibilidad de quedarse con cuantos ejemplares estuvieran interesados, siempre que se hiciesen cargo de los costes de transporte. Según ha publicado el diario El País, en el caso de Francisco Ayala, Mario Vargas Llosa, Carmen Martin Gaite y Juan Goytisolo, se ha podido confirmar que han recibido esta nota.

Un portavoz de la editorial Planeta ha confirmado que una vez que la editorial de Círculo de Lectores ha cerrado se han puesto los ejemplares de la colección “a disposición de los autores”, tal como se hace habitualmente. Cuando los autores hayan decidido cuantos ejemplares se quedan, “se verá que se hace con el resto, dependerá de su volumen, pero aún no se ha decidido”. La idea es facilitarlos a la Biblioteca Nacional y si esta no estuviese interesado en todos que puedan ir también a otras bibliotecas. Pero, aseguran que “no se ha planteado su destrucción”. Ese mismo portavoz reconoce que se ha enviado una carta tipo, como se ha hecho en otras ocasiones, pero que al tratarse de una colección especial tendrá otro destino.

Fuentes del sector editorial aseguran que la destrucción de libros descatalogados es una práctica habitual, debido al coste de mantenimiento en los almacenes. De hecho, en los contratos con los autores ya se concreta cual puede ser su destino final. Hay autores que rechazan la venta de ejemplares que han quedado en los almacenes a terceras empresas para evitar que reaparezcan en el mercado como libros de segunda mano a precios reventados. Prefieren su destrucción antes que ser vendidos a precios de saldo. “Se destruyen libros y con la pasta de papel resultantes se hacen nuevos libros” es una fase repetida por el sector editorial para justificar este proceso industrial.

La colección de Obras Completas que ha llegado a una treintena de autores fue iniciada por el Círculo de Lectores, creado por el Grupo Bertelsmann, y tuvo como director a Joan Tarrida. Planeta compró el 50% de Círculo de Lectores en 2010 y poco después Joan Tarrida se separó del proyecto y se quedó con el sello Galaxia Gutenberg. La separación significó también que más de la mitad de los autores de Obras completas quedaran bajo el control de Galaxia Gutenberg que ha seguido adelante con su proyecto.


jueves, 13 de julio de 2017

Otra noticia de mierda para promediar la semana

Thomas Rabe (al centro) y miembros de su banda. Nótese en la izquierda la
expresión satisfecha, como para enfrentar el futuro, de Markus Dohle


Ayer, 12 de julio, Silvia Friera publicó en Página 12 un suelto a propósito de lo que está ocurriendo en Penguin Random House. Los lectores que quieran corroborar cuánta gente se queda sin trabajo pueden leer esta nota, en sintonía con la publicada el lunes 10, donde se desmentía a Markus Dohle, consejero delegado de la empresa, quien afirmaba que, con la anexión de Ediciones B al grupo, no iba a haber despedidos.

Más cambios en la industria editorial

Los movimientos sísmicos se propagan concéntricamente. Hay terremoto cuando esas vibraciones llegan a la superficie. Los desplazamientos al interior de la principal empresa editorial del mundo, que vende anualmente unos 800 millones de libros, no afectarán la autonomía de las 250 casas editoriales, distribuidas en cinco continentes, que publican más de 15.000 títulos nuevos cada año y facturan 3.400 millones de dólares. Los números, a simple vista, impactan por su magnitud. Hace una semana, Penguin Random House (PRH) finalizó la adquisición de los sellos de Ediciones B, antes propiedad del Grupo Zeta, que compró por 40 millones de euros en marzo. El grupo de comunicación alemán Bertelsmann anunció ayer que aumentó su participación del 53 al 75 por ciento en el grupo editorial PRH. El grupo británico Pearson, que controlaba el 47 por ciento del grupo, ha reducido su participación al 25 por ciento. La sorpresa “en la escala de Richter” la constituye el hecho de que Pearson había declarado, a principio de este año, que analizaba ceder la totalidad de su participación en esta empresa creada el 1° de julio de 2013, tras la fusión de Random House (Bertelsmann) y Penguin (Pearson).

El valor total de Penguin Random House, para esta operación, se fijó en 3.550 millones de dólares. Pearson informó que la venta de su participación, combinada con una recapitalización de esta editora, le daría un ingreso medio de 968 millones de dólares. En abril de 2018 cobrará 66 millones adicionales. Pearson, que sigue a pie juntillas el libreto neoliberal, esgrimió que sus cuentas no cierran por las dificultades de su actividad educativa de alto valor agregado en Estados Unidos. “Ajustar” es el verbo que mejor conjugan en todos los modos y tiempos. En enero de 2016 suprimió 4.000 puestos de trabajo para hacer frente a la desaceleración de la demanda. La empresa británica había reorientado sus actividades hacia el sector educativo luego de la venta en 2015 del diario Financial Times y de su participación en The Economist.

“La de Penguin Random House es una historia exitosa. Hemos completado la integración en poco tiempo; el grupo es el número uno por excelencia en todo el mundo en el sector de las editoriales”, declaró Thomas Rabe, presidente de Bertelsmann. “El negocio de los libros forma parte de la identidad de Bertelsmann desde hace más de 180 años. La transacción es muy atractiva desde el punto de vista económico, dado que la participación en beneficios de los accionistas de Bertelsmann aumentará en más de 60 millones de euros”, agregó Rabe. El grupo alemán se asegura con la mayoría del 75 por ciento más derechos de gobierno en Penguin Random House, que tendrá que nombrar al presidente del consejo de administración próximamente. Markus Dohle, miembro del comité ejecutivo de Bertelsmann y consejero delegado de Penguin Random House desde la fusión, seguirá dirigiendo la empresa. “Todo lo que Bertelsmann y Pearson han negociado y decidido es el símbolo de continuidad y estabilidad para Penguin Random House; por eso es también la mejor solución posible para autores, socios, editores y todos los empleados”, planteó Dohle.

PRH, que publicará los libros de Michelle y Barack Obama, ha editado la saga Game of Thrones (Juego de tronos) de George R.R. Martin y muchos otros best sellers como Cincuenta sombras de Grey de E.L.James y El código Da Vinci de Dan Brown. En el plantel hay 70 premios Nobel de Literatura, entre los que se destacan Alice Munro, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, José Saramago, Doris Lessing, J.M.Coetzee, Orhan Pamuk, V.S.Naipaul, Gunter Grass, William Faulkner, Ernest Hemingway, Elfriede Jelinek, Herta Müller y Svetlana Alexiévich.

lunes, 10 de julio de 2017

Una noticia de mierda para empezar la semana

Publicado sin firma en Página 12 del pasado viernes 7 de julio, el suelto da cuenta del proceso de acumulación de sellos que viene efectuando Penguin Random House, que, junto con el Grupo Planeta, compone la dupla de claros villanos del mundo editorial de la lengua castellana. Luego, a pesar de lo que diga el sonriente Markus Dohle (foto), consejero delegado de PRH, el grupo, al menos en España, está despidiendo empleados, lo cual es curiosa forma de “dar la bienvenida” a alguien.

La era de las editoriales-mamushka

Todos los caminos del mundo de la edición conducen a la concentración de la concentración, como mamushkas que albergan hasta 40 sellos editoriales. ¿Habrá un límite a esta vertiginosa expansión o el “orden” editorial continuará en movimiento, respondiendo a una especie de “lógica darwinista” que consiste en fagocitar sellos pequeños, medianos y grandes? Penguin Random House (PRH) anunció que finalizó el proceso por la adquisición de los sellos de Ediciones B, antes propiedad del Grupo Zeta, que compró por 40 millones de euros en marzo. PRH, que alcanza una posición en el mercado similar a la del grupo Planeta, su principal competidor, publicará más de 1700 títulos al año y tendrá en sus catálogos a más de 8.500 autores en español y traducciones al español y catalán de obras de ficción y no ficción para público infantil, juvenil y adulto, en formato en tapa dura, rústica, de bolsillo y digital, tanto ebooks como audiolibros.

En el plantel de PRH hay varios premios Nobel de Literatura como Alice Munro, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, José Saramago, Doris Lessing, J. M. Coetzee, Orhan Pamuk, V. S. Naipaul, Günter Grass, William Faulkner, Ernest Hemingway, Elfriede Jelinek, Herta Müller y Svetlana Alexiévich; premios Cervantes como Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Carlos Fuentes, Juan Marsé y Rafael Sánchez Ferlosio; autores españoles como Javier Marías, Javier Cercas, José María Merino, Rosa Montero, Ray Loriga y Arturo Pérez–Reverte; el reciente ganador del Premio Man Booker, el israelí David Grossman; escritores en lengua inglesa como Joyce Carol Oates, Chuck Palahniuk, Stephen King, Salman Rushdie, David Foster Wallace y Philip Roth; y latinoamericanos como Julio Cortázar, Roberto Bolaño, Laura Restrepo, Jorge Volpi, Tomás Eloy Martínez, Juan Gabriel Vásquez, Santiago Roncagliolo, Rodrigo Fresán y Samanta Schweblin, entre otros de un listado que parece infinito. A estos nombres se unirán los que se incorporan de los sellos de Ediciones B como Sarah Lark, John Katzenbach, Patricia Cornwell, P.D.James, Anne Rice, David Baldacci, Deepak Chopra y Bernardo Stamateas.

“En Penguin Random House nos complace dar la bienvenida a los empleados y los autores de Ediciones B a nuestro grupo editorial para celebrar la creatividad y el éxito que siempre han acompañado a ambas empresas”, dijo Markus Dohle, consejero delegado de PRH. “Con esta adquisición, ampliaremos la proyección de Penguin Random House Grupo Editorial y consolidaremos nuestra posición como líderes mundiales en el sector de las publicaciones generales en lengua española”. Los sellos editoriales de Penguin Random House Grupo Editorial serán: Aguilar, Alamah, Alfaguara, Altea, Arena, Beascoa, Bruguera, Caballo de Troya, Cisne, Cliper, Collins, Companhia das letras, Conecta, Debate, Debolsillo, Ediciones B, B de Books, B de Bolsillo, EnClave, Flash, Grijalbo, Literatura Random House, Lumen, Montena, Nova, Nube de tinta, Objetiva, Penguin Clásicos, Plaza & Janés, RAE, Reservoir Books, Rosa dels vents, Sudamericana, Suma de Letras, Taurus y Vergara. La última gran adquisición de PRH fue la compra de los sellos de ediciones generales del grupo editorial Santillana, la empresa que pertenecía al grupo Prisa, por 72 millones de euros en marzo de 2014, que implicó la incorporación de los sellos Aguilar, Alfaguara, Punto de Lectura, Suma de Letras y Taurus.

viernes, 28 de abril de 2017

¿Se acuerdan de Ediciones B, que pagaba mal? Bueno, ya no existe. Es de Penguin Random House, que paga mal

La noticia no es nueva, pero tal vez no todo el mundo esté enterado de ella. La ofrecemos acá, sacada del diario mexicano Excelsior, que la publicó sin firma, con fecha del 4 de abril pasado. Por ella nos enteramos de que una serie de sellos españoles bastante malos fueron adquiridos por la omnívora Penguin Random House, que ya reúne una serie de sellos de lengua castellana, generalmente vaciados de todo atisbo de sentido, práctica que comparte con su competidora directa Planeta. A la distancia y con todo el debido respeto, nos compadecemos de los empleados de Ediciones B, quienes seguramente serán despedidos obedeciendo a las prácticas del grupo, y de los traductores que alguna vez trabajaron para la empresa y que, seguramente, ya no lo harán más. ¿Y la bibliodiversidad? Cada vez más es un chiste de gallegos.

Ediciones B es de Penguin; 
adquisición crece consorcio

El consorcio editorial Penguin Random House (PRH) firmó ayer en Barcelona, España, un acuerdo con el Grupo Zeta para la compra de Ediciones B, creada en esta ciudad catalana en 1986, se informó a través de un comunicado. El grupo Ediciones B reúne los sellos B, Bruguera, Vergara, Nova, B de Blook, B de Books, B de Bolsillo y B.cat. La sociedad adquirida se unirá a PRH en España y América Latina.

El director general de PeH, Markus Dohle, y el presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio Mosbah, anunciaron la compra y ésta se materializará “una vez se haya dado cumplimiento a los requisitos jurídicos y administrativos pertinentes”, apunta el documento.

Con la adquisición de los respetados sellos de Ediciones B ampliamos y crecemos aún más en los mercados de habla hispana, de importancia estratégica para nosotros, y seguimos construyendo nuestro compromiso de proporcionar a nuestros autores los mejores recursos editoriales y el mayor alcance para sus libros”, comentó Dohle.

Ediciones B queda en manos de una de las mejores editoriales del mundo, lo que supone una garantía total para continuar su exitosa proyección”, agregó Mosbah.

Se aclara que “el grupo editorial mantendrá la identidad y vocación editorial de cada uno de los sellos y seguirá publicando originales en español y traducciones al español y al catalán de obras de ficción y no ficción para público infantil y adulto”.

Núria Cabutí seguirá ocupando el cargo de directora general de la compañía, con el apoyo de Román de Vicente, director de Ediciones B. La nueva empresa editorial prevé publicar al menos dos mil títulos anuales.