lunes, 25 de mayo de 2020

Borges en francés, para festejar el 25 de Mayo




En 1983, Jorge Luis Borges estuvo en París y, en el marco de ese viaje, dio una conferencia en francés sobre la poesía, en el College de France, invitado por el poeta Yves Bonnefoy.

La charla, a la que asistieron grandes personales de la cultura francesa (como Henri Michaux o Raymond Aron, entre muchos otros), finalizó con una ronda de preguntas del público, que Borges contestó con gracia y su característica velocidad, a pesar de que entonces tenía casi 84 años.

Todo fue filmado por Alain Jaubert y Francois Luxereau para la Videoteca del CNRS (el equivalente de nuestro CONICET).

Ese video de 48 minutos, estrenado en 1995, comenzó a circular por las redes y puede consultarse en 
https://videotheque.cnrs.fr/doc=619?fbclid=IwAR0WrsPAkNioLyFrAYmRNkTtympqapUcBIFOTloxuyM0nlC97Z9fc92SMIg

Lamentablemente está en francés y sin subtitular, de modo que no todo el mundo podrá disfrutarlo. Para aquéllos que sí, buen provecho.

viernes, 22 de mayo de 2020

Terminamos la semana con una buena noticia


Nos alegra poder comunicarles que el martes 19 de mayo se resolvió finalmente la situación conflictiva en la que se encontraba el Seminario junto con los demás proyectos institucionales y una parte de las cátedras de los traductorados y profesorados del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”.

Tras un mes y medio de gestiones de las autoridades del Lenguas Vivas y una semana de fuerte presión por parte de la comunidad académica, desde el GCBA se comunicó la autorización de las altas correspondientes a los proyectos institucionales y a las cátedras que habían quedado vacantes por renuncia, jubilación o licencia.

Queremos agradecer a todxs lxs que nos manifestaron su solidaridad de diversas maneras, con sus mensajes y sus firmas de apoyo al reclamo de docentes y estudiantes. Todo sumó para que los funcionarios del GCBA desistieran de sus medidas arbitrarias.

En breve recibirán la invitación a la sesión 130, la primera del año.
Un saludo cordial

Griselda Mársico y Uwe Schoor

jueves, 21 de mayo de 2020

Más especialistas y otras soluciones; o sea, etc.

El pasado 18 de mayo, Silvina Friera publicó, en el diario Página 12, una entrevista con la investigadora del CONICET Daniela Szpilbarg (foto), sobre lo que ocurre con la industria editorial argentina en la actualidad.

La industria editorial, entre la crisis y los desafíos

La covid-19 paralizó al mundo y la industria editorial argentina, golpeada por la caída del consumo en los últimos cuatro años, vive el impacto de la cuarentena como una “catástrofe para el sector”. El 71 por ciento de las editoriales confirmó que durante abril las ventas cayeron más del 60 por ciento. En el mundo previo a la pandemia solo un 23 por ciento comercializaba su catálogo o parte de él en ebook. El 14.9 por ciento tiene el 60 por ciento o más del catálogo en formato ebook, mientras que la mayoría, un 50.78 por ciento, no tiene ningún título disponible para venta en formato digital. Los editores señalan que entre las medidas que debería tomar el Estado las más importantes son los préstamos y créditos a tasa cero para editoriales (77,5 por ciento); campañas de lectura (70,5 por ciento); compras masivas a librerías por parte del Estado para instituciones sociales y educativas (60,5 por ciento) e impedir la suba de alquileres de librerías (56.6 por ciento). Como las editoriales pequeñas publican mayoritariamente en papel, consideran que es necesario controlar el precio del papel; que el Estado lo subsidie o bien crear un banco de papel estatal. Estos son algunos de los resultados que presentará Daniela Szpilbarg, investigadora del Conicet, sobre una encuesta que realizó entre el 30 de abril y el 12 de mayo. La presentación será en la Feria del Libro en Casa a las 18, a través de zoom, junto con el docente e investigador Daniel Badenes Schaposnik.

“Me sorprendió la verificación de la fuerte caída de las ventas (más del 60 por ciento) en el 70 por ciento de las editoriales al no haber librerías ni ferias abiertas; un dato compatible con el hecho de que el 75 por ciento de las editoriales no tenía disponible su catálogo digital previo a la cuarentena”, explica Szpilbarg a Página/12. “También me sorprendió la percepción de editores y editoras de encontrarse ‘desprevenidos’ ante esta situación excepcional e inédita. Finalmente, otro dato sorprendente es la rápida reacción de editores y editoras para agruparse en colectivos e idear proyectos y estrategias conjuntas para capear el temporal. Un buen ejemplo es la experiencia de las editoriales cordobesas, que realizaron una suerte de censo y una carta a las autoridades provinciales y municipales con el fin de reclamar soluciones”, agrega la investigadora del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Tres de Febrero, autora de Cartografía Argentina de la edición mundializada. Modos de hacer y pensar el libro en el siglo XXI, editado por Tren en movimiento.

“El bajo grado de digitalización existía previamente a la situación de cuarentena. En este mes y medio estamos en un proceso incipiente de transformación: se observa una motivación, interés y necesidad en adaptar los fondos y las novedades a formato electrónico con el fin no solo de comercializarlo sino de difundirlo; pero la historia del libro y la significación del libro en papel no se modificará por dos o tres meses”, advierte Szpilbarg y precisa que el dinamismo de la situación social y sanitaria genera constantes paradojas. “Aunque las librerías físicas se encuentran abiertas, los lectores en los grandes conglomerados siguen en sus casas en aislamiento preventivo. Lo que se transforma entonces es el tránsito por la librería y por ende el modo de acceder al libro ¿Cómo se reemplazará en el corto y mediano plazo la espontaneidad de la visita a la librería, la conversación con el librero o librera, mirar tapas y contratapas, leer algunas páginas, asistir a una presentación o amucharse y perderse en los pasillos de una feria? Es probable que (aunque irremplazables) algunas de esas prácticas sean virtualizadas en recorridos del ebook (la ‘muestra gratuita’ que uno puede experimentar en las plataformas de venta). Conocer y recorrer el libro ocurren (al menos en este tiempo) en la web”, reflexiona la investigadora del Conicet.

Szpilbarg subraya que este es “un momento bisagra” en el que muchas editoras y editores consideran que potenciar los canales digitales es una adaptación necesaria “en una época que plantea formas mixtas de abordar los libros”. “Las editoriales tienen el desafío de pensarse como creadoras de contenidos, y tienen también una posibilidad para exponer libros del fondo que en muchos casos, no tienen posibilidad de visibilizarse en una librería. No obstante, y esto se ve también, hasta ahora, los ingresos de las editoriales provienen muy marginalmente de la venta de ebooks, por lo que es necesario pensar también en estrategias de rescate del sector porque las editoriales, al menos en el mediano plazo, no podrán compensar sus pérdidas con la venta de ebooks, a lo que se suma la brecha digital y la falta de hábito lector en eReaders. El libro en papel seguirá teniendo su valor simbólico, pero se complementará y progresivamente convivirá en mayor proporción con otros soportes”.

¿Cuáles son las medidas más urgentes que debería adoptar el Estado? “Las políticas públicas, para ser exitosas, deberán involucrar actores públicos y privados. Más allá de las compras de la CONABIP, que fue una medida muy significativa, las demandas centrales del sector se dirigen a la necesidad de contar con créditos blandos para editoriales y librerías; realizar fuertes campañas de lectura; regular y subsidiar el costo del papel y optimizar la logística del correo o fletes para disminuir los costos de envío de libros, facilitando la circulación federal de los libros –sugiere Szpilbarg–. Por la aceleración de la conversión de los catálogos o parte de ellos a formato electrónico, algunas medidas importantes podrían ser capacitar a editores y editoras; financiación de equipamiento para la digitalización de fondos editoriales y para la generación de tiendas digitales y finalmente realizar compras estatales, provinciales y/o municipales de libros electrónicos, coordinando acciones con bibliotecas, o crear desde el Estado una marca o portal de acceso a contenidos digitales. Otra opción es utilizar recursos de logística, software y comunicación del Estado para generar ferias virtuales con un acceso interactivo a los stands y con intercambio sincrónico entre editores y lectores”.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Futurología: qué va a pasar con los libros, ¿eh?

El pasado 16 de mayo, Luciano Sáliche publicó el siguiente artículo, donde se habla de lo que puede llegar a pasar con la industria editorial y las librerías una vez que haya terminado la pandemia. La bajada de la nota dice: “Editores, libreros y profesionales del libro hablaron con Infobae Cultura sobre lo que está ocurriendo en el mercado del libro durante el parate económico y la crisis sanitaria. La consolidación del delivery, la interminable caída de la producción, el fin de los eventos como centros ordenadores y el ebook como apuesta necesaria son algunas de las cosas que están ocurriendo. ¿Qué futuro asoma en el horizonte del mundo del libro?

9 cambios que está viviendo la industria editorial
en tiempos de incertidumbre

¿Cuántos libros necesitarán en el futuro para comprender los desastres de esta pandemia? En Estados Unidos dicen que el escenario que se acerca es similar al de 1929. En Argentina tenemos una experiencia mucho más cercana: el 2001. El congelamiento económico azota a todos los mercados, pero más a los que ya venían haciendo malabares en el abismo. Uno de ellos es el editorial que, además, está sufriendo cambios que trafican la idea de otra era. Para los optimistas, se viene una transformación necesaria y redentora. Para los realistas –Mario Benedetti decía que un pesimista es un optimista bien informado–, todo puede ser peor. Pero más allá del pulgar arriba o el pulgar abajo, ¿qué futuro asoma en el horizonte del mercado del libro y cómo se ha trastocado su ecosistema?

1-Mayor caída de la producción
La repercusión más inmediata del congelamiento de las actividades fue productiva. Si los últimos cuatro años fueron decadentes –no hubo políticas públicas en la gestión Cambiemos que pudieran revertir la caída–, en cuarentena todo adquiere un tono apocalíptico. Estamos frente al peor momento de la industria editorial. Según un reciente informe de la Cámara Argentina del Libro realizado a partir del ISBN, en abril de este año se publicaron 1258 novedades, un número que, si se lo compara con el mes anterior cayó un 37%, pero si se lo pone en relación a abril de 2019 la caída es del 50%. Aunque el número que verdaderamente sorprende no es el de títulos sino el de ejemplares. En abril se produjeron alrededor de medio millón de libros, mientras que en marzo 1,9 millones. Cayó un 74%. Sin embargo, la caída brusca se da al comparar los libros producidos en abril del año pasado (5,8 millones) porque el porcentaje es de -91%.

“Es una catástrofe”, dice Guido Indij, editor de Interzona, La Marca y Asunto Impreso. “Nosotros tenemos una cierta estructura que se nos vuelve muy pesada. Lo único bueno que puede salir, o al menos que me gustaría que salga, es que le cambiemos un poco el ritmo a los planes de ediciones. Este año nos vimos obligados a pasar de 65 libros a 25. Tendría lógica que estuviésemos editando 30 libros y no el ritmo loco con el que estamos editando todos los editores. Espero que el hecho de tener tantos libros en stock nos permita cubrir algunos costos o reducir las pérdidas del mes pasado, de este mes, del próximo y del siguiente”, agrega.

2-Retoques en la cadena
Muchas librerías, las que son enormes cadenas, no están pagando. Eso cuentan algunos editores. Lo que ya se traducía en cobros devaluados –cheques a 30, 60 y hasta 90 días–, hoy se llena de incertidumbre al no saber cuándo retornará la actividad a su normalidad. Allí, en esas librerías, es que se rompe la cadena de pagos que termina en los escritores. Algunas cumplen con lo pactado económicamente, otras patean la pelota hacia adelante y se dedican a especular. “A nosotros, el 60% o más de lo que nos entra es por librería”, cuenta Santiago Kahn, editor de La Parte Maldita, y agrega: “El parate nos corta todo el funcionamiento”. Esto habilita un viraje a las librerías más pequeñas, que tienen un trato más personalizado con los clientes y una confianza mayor.

“En la cadena del libro viene todo un poco atrasado. Las librerías no vendieron el mes pasado, eso repercute en las editoriales este mes y en los autores en julio. Lo cierto es que todos nos vamos a sentir afectados”, asegura Guido Indij y agrega: “Nosotros también tenemos una oficina en España y estamos abriendo otras operaciones en Colombia y en México. Se nos cayó todo en todos lados”. Sin embargo, en el desastre se vislumbran otras posibilidades, como la que plantea Víctor Malumián: “Una de las cosas más interesantes que va a dejar la pandemia es que muchos eslabones de la cadena están haciendo alianzas; muchos libreros se juntan para hacer cuestiones en conjunto, también distribuidores y autores. No sería nada raro que de acá a un tiempo relativamente corto empecemos a ver proyectos que sean fruto de eso”.

3-Delivery de libros
Son tiempos de delivery. Incluso antes de la cuarentena. El crecimiento de las aplicaciones que permiten comprar desde tu casa y recibir el producto ha crecido mucho en los últimos años. Podría decirse que incluso estábamos preparados, como lectores, para un confinamiento así. Las librerías ya trabajan con esta modalidad pero con la cuarentena se convirtió en el único canal de venta posible. Los editores de Godot venían charlando con varios libreros y sabían que las medidas de aislamiento eran inminentes. Por eso empezaron a trabajar en un micrositio que aglutina las librerías que hacen delivery. Cuando salió el DNU presidencial lo largaron. “Esto está moviendo algo las ventas, que si no sería un cero absoluto”, cuenta Víctor Malumián, uno de los que armaron esta movida que en 48 horas tuvo más de 17 mil visitas. "Hoy los libreros nos agradecen. Nos llenó de alegría porque fue un laburazo”.

Mariana D’Erasmo de Banana Libros, librería virtual, cuenta que “al principio fue un poco un shock, pero como siempre me manejé de manera online me resultó muy fácil amoldarme. Los clientes ya están acostumbrados a comprarme así. En este tiempo aumentaron bastante las ventas, un poco porque la gente en cuarentena quizás quiere leer más y otro poco, calculo, porque como no puede ir a una librería personalmente le resulta cómodo que se lo mande a su casa”. La Vecina es una pequeña librería online que, durante la cuarentena, también vendió más de lo habitual. “Ya tenía stock en mi casa así que pude trabajar siempre con entregas”, cuenta Natalia Rozenblum, su librera. “Las primeras semanas hubo más ventas. Ahora que todo se fue abriendo un poco volvió a la normalidad, que en mi caso son ventas bajas, digamos”, agrega.

Asunto Impreso es una librería que ya ofrecía delivery. Sin embargo, ante este escenario, decidieron no abrir “para proteger un poco a nuestro personal. Me parece que no están dadas las condiciones. Abrimos también un servicio de take away: si comprás por la página y querés ir a retirarlo al local podés hacerlo. Es un servicio a puerta semi cerrada”, cuenta Guido Indij, uno de sus dueños. Céspedes está en una situación similar. Trabajan con un tablón en la puerta y atienden, pero no se puede ingresar porque su local es pequeño.

“Los primeros días post cuarentena fueron mega intensos –cuenta Cecilia Fanti, librera de Céspedes–, porque tuvimos que trabajar con WhatsApp, una modalidad a la que no estamos habituados, y en delivery. Por lo tanto, necesitábamos encontrar una solución logística que fuera económica para los clientes y para nosotros. Los primeros días la gente salió sacada a comprar libros. Alguien que quizás se llevaba dos libros por mes, nos escribía por WhatsApp y se llevó cinco. También porque no sabía qué iba a pasar. Así como hubo acopio de productos, también hubo acopio de libros, lo cual fue muy beneficioso para las librerías, que veníamos de estar cerradas. El empujón de los quince días de abril de poder trabajar con delivery nos ayudó a cubrir gastos, alquiler, sueldos”.

En Chivilcoy, a 160 kilómetros de la capital, está Macondo, una librería que, debido a la normativa municipal, atiende medio día. De 9 a 13 horas está abierta, y hasta las 18 hace delivery. “Tengo la suerte de haber tenido bastante movimiento en el Whatsapp, Instagram y Facebook de la librería antes de la cuarentena, entonces por ahí pude mantener el contacto con los clientes y tener una cantidad de envíos por día que me sirvió para cubrir gastos por lo menos”, cuenta Maxi Gesualdi Castaño, librero de Macondo. Los libros que más le piden son los infantiles, “como alternativa de entretenimiento dentro de la casa y sacar a los chicos un poco de las pantallas”.

Para Fanti, “es una modalidad que llegó para quedarse. La gente va a pagar o por transferencia o por Mercado Pago y pidiéndonos que le mandemos la moto o pasando a buscar el paquete por acá. Es lo que nosotros le sugerimos que hagan: lo mejor es que nos hagan el pedido y luego o lo vienen a buscar o se lo mandamos”. Otro componente importante de este panorama es que la cuarentena llegó en el momento de inicio de clases. Para muchas librerías, sobre todo en el interior, en las cuales gran parte de la venta está en los libros de texto, son los meses en que más se factura. “En otra época marzo era para reinvertir o ampliar. Hace unos años que es para tapar los huecos nada más. Asi que este año va a estar complicado para el sector”, agrega Gesualdi Castaño, de Macondo.

4-Agenda del coronavirus
Nada escapa a las modas. El coronavirus, con su pánico y su incertidumbre, se ha convertido en el tema que, desde hace casi dos meses, se filtra en cada conversación. Y aún sigue. No importa si son fake news, datos trascendentes o insípidas apreciaciones personales. El coronavirus está ahí, en todos nosotros, y también en la industria editorial. Ya hay unos cuantos libros escritos al calor de esta coyuntura. El formato diario es el que prolifera en las redes y, de a poco, empieza a meterse en las librerías. Sin embargo, a diferencia de otros temas universales que se vuelven moda con una rapidez descomunal, lo que hace el coronavirus es interrogarnos a nosotros mismos. No parece ser casualidad que los libros sobre la pandemia que más se están leyendo –al menos por ahora– sean ensayos. Libros que se mueven por la web haciendo de esta moda algo incómodo: reflexionar. Tal vez sea algo positivo. Tal vez.

5-El valor de las librerías de barrio
Luego de cuatro semanas de estar cerradas, las librerías volvieron a abrir. La situación es diferente. Hay que respetar medidas muy concretas de seguridad. Algunas son prácticamente imposibles. El distanciamiento social de dos metros, por ejemplo. Hay librerías que son muy pequeñas. Hacer cola en la vereda para ingresar en este tipo de negocios no es una opción, básicamente porque cuando uno ingresa lo hace, también, para despuntar el arte de hojear libros. Es una costumbre por la que, hasta que las medidas no cesen –todo indica que el distanciamiento va a durar un buen tiempo– el rol de las librerías se tendrá que resignificar. Ya está sucediendo.

Por estos días, Céspedes funciona con un tablón en la puerta. Nadie puede entrar. Desde la vereda atienden, recomiendan, charlan. “Por mucho que nos duela, entendemos que no es momento de andar curioseando libros”, cuenta Cecilia Fanti. Paradójicamente es una manera de sacar la literatura a la calle. “Las librerías independientes estamos cumpliendo un rol fundamental. La tendencia de comprar en el negocio de tu barrio empieza a representar algo para los grandes grupos. Con las editoriales independientes tenemos un diálogo fluido, algo que se acrecentó en la cuarentena. Creo que por primera vez nos pusimos a conversar todos en serio”, dice y agrega: “El trabajo de hormiga de las librerías independientes se empieza a visibilizar en un momento en que los árboles no tapan el bosque”.

“Es indispensable el librero o librera como baqueano que te muestra el camino”, dice Santiago Kahn. En ese sentido, la recomendación y orientación de los libreros se está realizando por redes sociales y WhatsApp. En esa proximidad se está palpando un cambio generacional. Es el “trabajo de hormiga” del que habla Fanti en las librerías más chicas, de barrio, independientes. “Ahora noto que incluso gente que no nos conocía nos elige. Pero creo que eso corresponde con un trabajo anterior que hicimos”, cuenta Cecilia Di Gioia, librera de Kokoro, que sigue cerrada. Sin embargo trabajan por delivery. “La relación con el cliente se corrió. Ahora es por redes sociales y por WhatsApp, más que antes, y es un muy intensa. Les enviamos gratis a les vecines y en otros casos subsidiamos el valor del envío y por pedidos grandes son sin cargo“, agrega.

“Es difícil tratar discernir la profundidad del cambio porque estamos atravesando algo que ha trastocado todo el sistema. Es difícil ver cuánto de esto es estructural, cuánto de esto va a permanecer en el tiempo”, sostiene Alejandro Dujovne, investigador y especialista en la industria del libro. Y agrega: “La demanda de este tiempo se vio canalizada en estas librerías. Las grandes cadenas lo que hacen es recoger una gran cantidad de público que son más bien lectores ocasionales o lectores de bestsellers. Habría que estudiarlo con datos, pero esos lectores suelen reemplazar la lectura con otros consumos culturales. En cambio el vínculo estrecho entre libreros y lectores pareciera que se ha intensificado. En las grandes cadenas no ocurre porque hay cierta distancia”.

Por otro lado, las cadenas, las que tienen varias sucursales por todo el país, han priorizado la apertura de los puntos que más venden. Al menos en las semanas pasadas. Finalmente el 12 de mayo, el Gobierno de la Ciudad habilitó que empiecen a subir las persianas. El horario permitido es de 11 a 21. Esto es un problema para la literatura infantil, uno de los materiales que más se venden. Los niños pueden salir acompañados de un adulto los fines de semana, cuando las librerías no están habilitadas.

6-Descentralización de eventos
El mapa anual de la literatura tiene su centro en la Feria del Libro de Buenos Aires, el shopping editorial al que en cada edición asisten más de un millón de personas. “La Feria del Libro funciona como gran evento ordenador del mundo del libro. Que este año no se haga deja un hueco irremplazable”, explica Santiago Kahn. Luego está la Feria de Editores, que dura pocos días y que reúne un público menor pero que es muy lector. Su escala es mucho menor al megaevento que se hace en La Rural pero tiene su importancia. Luego, hay decenas y decenas de ferias editoriales que se realizan en el resto del país. Todo esto, al menos por ahora, está cancelado. El aislamiento obligatorio es ley.

Empezó como un gran dominó: una a una las instituciones culturales fueron anunciando su cierre y los eventos masivos, su postergación o cancelación. La Feria del Libro también, dejando a la industria, al menos en cuestión de eventos, acéfala. “La Feria del Libro, y también la Feria de Editores que no sabemos si se va a hacer a fin de año o directamente el año que viene, son eventos que mueven bastante. No es que la editorial viva de ese tipo de eventos, pero son importantes”, cuenta Kahn y explica que en, en su caso, “los primeros títulos del año eran pensados para salir en la Feria del Libro, pero hay que decir que antes se habían frenado las imprentas y nos quedaron libros en el proceso de producción. Ahora habilitaron la venta de libros de lo ya producido. Nosotros veníamos con títulos piolas el año pasado. Este era un año que habíamos hecho muchas apuestas, calculábamos que iba a ser de gran crecimiento, y ahora tenemos que ver qué pasa”.

“Es un vacío económico porque no se vende, pero también cultural porque esa oferta intensa desaparece”, dice Alejandro Dujovne y agrega: “También hay algo que se pierde de vista que son las Jornadas Profesionales que se hacen en la Feria del Libro. Eso también es un problema porque los actores se profesionalizan y es uno de los jalones de internacionalización del libro. No hay muchos otros momentos de esta clase. Es la pérdida de una instancia clave para un sector que lo necesita. Además Argentina ha tenido un declive sostenido en la exportación de libros. Necesita volver a eso”.

¿Cómo se reordena el mapa editorial con esta descentralización de eventos? Aún queda la posibilidad de que la Feria de Editores se haga, pero ¿qué ocurrirá si deciden pasarla directamente para el año que viene? Es un panorama incierto. Para contrarrestar esta situación, se están realizando ferias virtuales. “Son experiencias distintas”, aseguran todos, pero nadie las desestima. Dos ejemplos son Finde, una iniciativa del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica del Gobierno de la provincia de Buenos Aires en alianza con el Banco Provincia, y Feria del libro en Casa, una apuesta de algunas editoriales independientes con descuentos y charlas en vivo.

7-Piratería y derechos de autor
En general, las crisis son los mejores momentos para discutir asuntos estructurales. Desde la comodidad del progreso es más difícil. Días atrás, se armó un interesante debate sobre los derechos autor y la piratería. Una página de Facebook que suele publicar de forma ilegal –esto es: gratuita– libros digitales subió entre otros libros una novela reciente de Gabriela Cabezón Cámara. La autora les escribió de forma pública para que bajen ese material. Recibió muchos insultos en nombre de una supuesta libertad de circulación. Muchos argumentaban que, sobre todo en cuarentena, era necesario democratizar el acceso.

“Esa es la forma más fácil de esquivar el problema de fondo –asegura Alejandro Dujovne–: la estructura del mercado editorial. Necesitamos transformar ese mercado para que tenga más calidad y sea más democrático. Pero esa democracia es una salida falsa, porque se habla de gratuidad cuando hay un montón de trabajo en ese producto final que es el libro que no es gratis. Hay que discutir el problema de fondo”. “No creo que la proporción sea que un PDF que circula es un libro menos, pero sí creo que hay algo que tiene que ver con un consumo responsable. No llamemos democratización o solidaridad a la piratería”, sostiene Cecilia Fanti.

“No hay ninguna estadística que diga que la descarga gratuita de libros atenta contra la compra del libro en papel”, comenta Santiago Kahn de La Parte Maldita y establece algunas diferencias: “Hay un par de títulos que los tenemos disponibles libres y que tiene que ver con el tipo de contenido. Ya sea porque son útiles para investigadores o porque están pensados en clave militante. Código rosa. Relatos sobre abortos siempre estuvo libre a la par del papel e hizo que el libro en papel se vendiera más y más porque mucha gente que lo veía por internet lo quería tener para poder leerlo en el libro físico”.

8-El momento del e-book
Ni bien comenzó la cuarentena, muchas editoriales que ya venían trabajando con ebooks decidieron ponerle un freno a los libros en papel y apostar, al menos en un aislamiento que se creía más corto, a los textos digitales. Por aquel entonces, la pregunta sonaba fuerte: ¿llegó el momento del ebook, el despegue definitivo? Hay quienes dicen que sí, que ya se empezó a instalar como hábito de lectura, pero también están los que dicen que, al menos por ahora, Argentina tiene un público que prefiere el papel.

“Acá hay un hecho, una coyuntura, que nos obligó a cambiar muchas cosas, entre esas la forma de vincularnos con los bienes culturales. Por ejemplo, no podemos ir al cine. Eso no significa necesariamente un cambio profundo de hábitos. En cuanto a los libros hay un vínculo con la materialidad. Pasar al ebook lleva más tiempo”, sostiene Alejandro Dujovne.

En el informe de la Cámara Argentina del Libro, la producción de títulos en formato digital, al compararla con el año pasado, se duplicó. En cuanto a la cuarentena, el registro de libros electrónicos es prácticamente el mismo en febrero, marzo y abril. ¿Es una cuestión de gustos y de tradición? Hay otro problema, tal vez más elemental: los dispositivos son caros.

“Los, las, les que leemos no dejamos nunca de leer”, sostiene Santiago Kahn. “Releés algo o agarrás algo de lo que tenés pendiente en la biblioteca. Por eso el público de la librería es bastante fiel. Es el mismo público que va al teatro o al cine, y no se va a ir al teatro o al cine por un buen tiempo. En algún punto somos la alternativa. Porque el libro no compite con Netflix. Es una experiencia distinta”. Este editor es docente y por estos días, cuenta, pasa muchas horas dando clases virtuales frente a la computadora. “Les pasa a muchos en estos días de encierro: cuando terminás de trabajar no querés ir a leer a una pantalla. Necesitás el libro físico”, cuenta.

“Siempre fui una defensora de los ebooks porque el lector aprecia tener su libro tanto en papel como en digital para continuar la experiencia de lectura. Pero entiendo que es un paso prioritario”, dice Marcela Luza, directora de la editorial El Ateneo. Empezó a trabajar hace un año, cuando el sello no tenía libros electrónicos. Con la cuarentena, se transformó en uno de los grandes desafíos. “Estamos digitalizando el fondo”, cuenta. “En general, hasta el coronavirus la proporción era diez físicos, uno digital. Ahora está aumentando el digital”.

Hoy salí a comprar algo y trataba de imaginar la experiencia de compra de libros físicos. Eso va a cambiar mucho con este virus: tocar los libros, olerlos... va a ser imposible. El libro digital va a cobrar un nuevo protagonismo”, vaticina Luza. Por su parte, Dujovne cree que lo que falta es “invertir en estrategias comunicacionales” y exigirle al Estado que se fomente la lectura. Libros en general. Ebook o papel, eso se verá después.

8-El contacto vía streaming
“Te voy a decir algo antipático: las presentaciones de libros no es algo que yo extrañe”, dice Santiago Kahn y se ríe. “Funciona si sos una editorial muy pequeña que tira, por ejemplo, doscientos ejemplares y ese día vende cincuenta. Pero si trabajás con un sistema de 1500 ejemplares y ese día vendiste cincuenta, no sé. Moviste un montón y quizás fueron solamente los amigos y familiares del autor. Que es válido. Es una presentación”. Pero, al menos por un buen rato, ya no existen ese tipo de encuentros. Ahora migraron a las pantallas. Empezaron a asomar las ferias virtuales y se potenciaron las lecturas en vivo por redes sociales. También las entrevistas vía streaming. Es gratis y no hace falta cambiarte y salir de tu casa para ver a tu autor favorito. Desde el siglo pasado, cuando pensaban en el futuro, se imaginaban algo así. Está sucediendo y tiene el sabor de una nueva era. Nadie sabe si es mejor que la anterior, algunos sospechan o temen que no.


martes, 19 de mayo de 2020

Un blog dedicado a la literatura griega traducida

Letras de Grecia (http://pedrovicuna.blogspot.com/) es el blog dedicado a la traducción de poesía griega que lleva adelante el poeta y traductor chileno Pedro Ignacio Vicuña.

Allí, quien desee hacerlo, podrá encontrar impecables versiones, que van de Homero hasta los poetas griegos actuales, pasando por Constatino Cavafis, Odyseas Elytis, Miltos Sachtouris y muchos otros autores.   


lunes, 18 de mayo de 2020

Empezamos la semana con una mala noticia.


Situación del Seminario

El Seminario Permanente de Estudios de Traducción (SPET) lamenta tener que comunicar que ha interrumpido sus actividades y que peligra su continuidad.

La interrupción se debe a una medida solicitada al Rectorado por el Consejo Directivo del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” y es consecuencia directa de la decisión tomada por el ministerio de Educación del GCBA de rechazar el alta de las horas institucionales con las que se financia, entre otros, el trabajo del Seminario, aunque la Dirección de Escuelas Normales y Superiores (DENS) ya había firmado la autorización a mediados de abril.

En la misma situación se encuentran tanto lxs compañerxs que trabajan en otros proyectos institucionales –Programa de Investigación, revista Lenguas V;vas, Escuela de Otoño de Traducción Literaria (EOTL), Centro de Estudios Francófonos (CEF), Fondo Documental y Coro del Lenguas Vivas– como lxs docentes que se hicieron cargo este cuatrimestre de suplencias e interinatos, cuyas altas también han sido rechazadas. Ante la falta de respuesta del GCBA a los reclamos de la institución, el Consejo Directivo solicitó la inmediata interrupción de las actividades de todxs lxs docentes involucradxs, que en algunos casos estamos trabajando desde mediados de marzo sin cobrar nuestros haberes. Nos solidarizamos con nuestrxs colegas y con todxs lxs alumnxs que han sido afectadxs en su derecho a estudiar por los recortes decididos desde el GCBA.

Desde el SPET deseamos aclarar que esta decisión del GCBA implica exclusivamente la pérdida de salarios y de ninguna manera supone el ahorro de otras erogaciones. Todos los proyectos y las horas de planta estaban previstos en el presupuesto y los gastos adicionales que originan los proyectos son absorbidos por la infraestructura de la institución o solventados por la Asociación Cooperadora. En un momento en el que desde el Estado nacional se hace todo tipo de esfuerzos económicos para evitar la pérdida de fuentes de trabajo, desde la Ciudad de Buenos Aires se implementan medidas que van en sentido contrario.

En un contexto institucional en el que todavía no se ha dirimido por completo el conflicto entre los terciarios y el GCBA por la creación de la UniCABA, no podemos dejar de expresar nuestra profunda preocupación por estas medidas que no solo entorpecen el cursado de materias que han quedado vacantes por licencias, renuncias y jubilaciones, sino que además despojan al Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” de uno de los pocos espacios en los que la institución puede seguir ejerciendo su autonomía académica: el de los proyectos institucionales.

El SPET tenía confirmadas sus sesiones de mayo y junio por videoconferencia y estaba organizando la sesión de julio, además de otras tareas habituales, como la difusión de información y la digitalización y organización de material bibliográfico para el área de Traductología de los traductorados y grupos de investigación.

Griselda Mársico
Uwe Schoor

viernes, 15 de mayo de 2020

Cuestiones de derechos de autor (10)

Andrés Ehrenhaus
La discusión inicial sobre los derechos del autor sobre su trabajo y la liberación de contenidos en las redes produjo numerosas reacciones a favor y en contra. Para cerrar momentáneamente la serie comenzada hace ya dos semanas, hoy es el turno del narrador y traductor Andrés Ehrenhaus, quien posee una amplia experiencia en la materia. En España, como vicepresidente de ACEtt, trabajó durante su gestión en la defensa de los derechos de los traductores. Luego, fue uno de sus principales impulsores y fogoneros durante el fallido intento de crear una ley que defendiese los derechos de los traductores en la Argentina. En consecuencia, sus reflexiones desde Barcelona merecen ser consideradas. Pueden leerse a continuación.

Humo de mayo

En cierto modo entiendo, pero no comparto en absoluto, el estupor ante la repentina falta de libertad, tanto individual como social, que suele manifestarse estos días. No hablo del estupor de la derecha chillona e histérica, esa derecha que cada vez responde menos a su mandos naturales y más a su pérdida de función simbólica. Hablo del estupor de quienes no ejercen ninguna clase de poder ni tienen la menor gana de hacerlo. Hablo de quienes se sorprenden honestamente de que ya no seamos libres. Y me pregunto: ¿en serio hemos perdido libertad durante este encierro o acaso el encierro nos hizo caer brutalmente en la cuenta de que no éramos libres desde hace rato? No puedo dejar de sentir que hay cierto infantilismo en la súbita percepción de que de pronto no podemos salir a defender nuestros derechos como antes. ¿Como antes de qué? Será antes de Cristo, porque hace mucho que no salíamos a defender nada. Al menos nada real.

En Catalunya, donde vivo, venimos de un pasado reciente de manifestacionismo paroxístico, una hiperinflación del ejercicio de gritarle al viento las convicciones del alma o las entrañas. Llevamos años de grandes concentraciones masivas de entrañismo. Durante esos años, que siguen vigentes, la prensa casi solo hablaba de “eso”. Ahora casi sólo habla de “esto”. Voy a ser castizo: me cago en la diferencia. Antes o durante esa borrachera de libertad de expresión del deseo (pero no de libertad del deseo ni, mucho menos, del goce) que, además, resultaba menos catártica que placébica, el poder real se dedicó a recortar paciente y sistemáticamente todas las concesiones arrancadas a pecho y los privilegios sociales cedidos a regañadientes en épocas de debilidad histórica relativa, despojando a tirios y troyanos de derechos laborales e individuales, de herramientas de lucha, de mecanismos de subsistencia, de memoria crítica, de razones políticas y, por último, de razón.

La libertad la empezamos a perder al principio del camino, quizás mientras estábamos cumpliendo con los requisitos para poder conectarnos al culo autófago del mago de Oz, que se traga todos nuestros datos a cambio de “mantenernos en red”. Durante un congreso universitario de traducción, hace bastantes años ya, sostuve una pelea dialéctica tensa y sangrante con un alumno en torno al tema de la propiedad intelectual y los derechos autorales; él me (“nos”) recriminaba desde la tribuna que no estuviéramos claramente comprometidos con la nueva “ola de libertad virtual” que configurará el mañana, que no entendiéramos que la “cultura” es de “todos”, que nos aferráramos a la vieja tradición precapitalista de la posesión de las cosas, incluso de aquellas que se producen “con la mente”. Y yo le dije ok, si yo comparto contigo mis contenidos, es decir, el fruto de mi trabajo, eso que genera un valor que el sistema se traga y con suerte me regurgita una pizquita para permitir que siga generando valor, etc., es decir, lo que me da mínimamente de comer, ¿tú compartirías conmigo tu heladera, tu laptop, tu conexión a internet? Él me contestó: no, porque todo eso lo he pagado y es mío, pero la cultura que tú produces ya no es tuya, es de todos. Es como el viejo chiste de Moris, pensé. O sea que esto es lo que viene, lo que ya está aquí: la necedad disfrazada de libre circulación del producto de nuestro trabajo.

Ni siquiera cuando nos regalan las computadoras, la conexión telefónica, el software, el chip, la vacuna, la mascarilla, la medicación o la comida envasada nos están regalando nada que no hayamos pagado, estemos pagando o vayamos a pagar, porque lo que nos extraen mientras le expresamos nuestros deseos al algoritmo devorador es mucho más de lo que nos tiran como alpiste y nuestra renuncia a la libertad de lucha es mucho más significante que cualquier indignación mediatizada. Nada de lo que estamos descubriendo hoy con la pandemia y el bicho era algo que ignoráramos antes, avestruces: se muere mucha más gente, niños en concreto, de malaria en la mayor parte del mundo año tras año que la que mata esta peste; el hambre mata millones (¡hasta Mopi Caparrós lo dice en un libro!), la línea de pobreza es cada vez más aberrante; hay enfermedades endémicas que no solo no se erradican sino que se arrinconan donde más conviene; el mundo se calienta, los polos se derriten; la polución ambiental es letal; generamos más basura (y no hablemos de la radiactiva) de la que podemos gestionar o imaginar siquiera; estamos llenando la atmósfera de detritos tecnológicos que orbitan como camalotes en el gran río que fluye; hay gobiernos muy poderosos en manos de orangutanes lobotomizados; la violencia del hombre contra la mujer es tan pandémica que casi se ha naturalizado; estamos tan atravesados por la desazón y la entrega al determinismo que antes que salir a pelearla preferimos ver una serie en Netflix donde unos desesperados sufren la privación de su libertad de mil modos diferentes y con actuaciones de un nivel excepcional (la fotografía es excelente); en fin, hace mucho tiempo que, en términos de política real, hablamos por hablar.

Así que no comparto el estupor. No me sorprende que no seamos libres. No me sumo al pataleo. Necesito pensar.