miércoles, 23 de abril de 2014

La Semana del Editor en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

Por quinta vez consecutiva, los editores y traductores invitados por la Fundación TyPA para su Semana del Editor visitan el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. En la ocasión, son de la partida Alexandrine Duhin (Francia), Bill Swainson (Gran Bretaña) y Kate Marshall (Estados Unidos), quienes van a referirse a la situación de la traducción y de los traductores en sus respectivos países, contestando además a las peguntas del pùblico.

Quien desee ver y oír la sesión puede hacerlo en este link: http://www.ustream.tv/recorded/46550722

ALEXANDRINE DUHIN
Fayard, Francia

La historia de Fayard empieza en 1857. Un siglo y medio después de su creación, la editorial cuenta con distintas colecciones y 6500 títulos. Publicó considerables ensayos sobre ciencias humanas, filosofía, historia y musicología. Entre los autores traducidos que figuran en su catálogo están Sergio Álvarez (35 muertos) y Andrés Neuman (El Viajero del Siglo). Alexandrine Duhin es responsable editorial. En el marco de la Petite Collection (libros de bolsillo) - departamento de Mille et une nuits- publica textos inéditos de no ficción.

BILL SWAINSON
Bloomsbury, UK
Eminente editorial independiente fundada en 1986, Bloomsbury tiene sedes en Londres, New York, Sydney y Delhi. La editorial incluye cuatro sellos: Bloomsbury Academic and Professional Division, especializado en humanidades y ciencias sociales;Bloomsbury Information, Bloomsbury Adult Publishing yBloomsbury Children's Publishing.Bill Swainson empezó a trabajar en Bloomsbury en el año 2000 y actualmente es su responsable editorial. Publicó obras de Javier Cercas, Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martínez y Juan Gabriel Vásquez, entre otros. Fue asesor del British Centre for Literary Translation, miembro delArts Council Translation Advisory Group y delWriters in Translation Committee.También es miembro de The Poetry Translation Centre y asesor de Santa Maddalena Foundation (Italia).

KATE MARSHALL
University of California Press, EE.UU.
Fundada en 1893, University of California Press es una de las más prestigiosas editoriales académicas de los EEUU Cada año publica alrededor de 200 libros y 40 revistas sobre humanidades, ciencias sociales y ciencias naturales. Su catálogo incluye destacados autores latinoamericanos, entre ellos Carlos Fuentes y Pablo Neruda. Antes de ser editora, Kate Marshall estudió historia y antropología latinoamericanas enla Universidad de Berkeley. Realizó varios proyectos de investigación en Ecuador, Cuba, España y Argentina. Actualmente, es responsable del departamento académico dedicado a los estudios sobre Latinoamérica, enfocado en sociología y antropología.  

martes, 22 de abril de 2014

Una forma innata del nacionalismo

Actualmente radicado en París, donde perfecciona sus conocimientos, Miguel Ángel Petrecca, además de muy buen poeta, es traductor del chino. Fruto de alguno de esos viajes que cada tanto hace por el extremo oriente es una entrevista que le hizo al poeta Yu Jian, de la cual ofrecemos un fragmento, sacado del blog Como una mosca de zancas largas (http://comounamoscadelargaszancas.blogspot.com.ar/)

Pound y los ideogramas chinos, según Yu Jian

La primera vez que leí a Pound fue en unos poemas suyos traducidos al chino. En ese momento yo no tenía idea de su relación con la poesía china, simplemente me gustaban algunos de sus poemas cortos. De manera muy directa, describía un cuadro, un poco como lo que decía Su Dongpo, un poeta de la dinastía Song: que en el cuadro hay un poema y en el poema hay un cuadro. La comprensión que tenía Pound de la poesía china antigua era muy limitada, pero basándose en su intuición poética logró dominar con precisión varias cosas de esa poesía. Algunos poemas de Pound se parecen a los poemas de ciertos poetas chinos contemporáneos que escriben una poesía en baihua (chino moderno) pero con imaginería antigua.

El chino, hablando ya del idioma, no sólo tiene el sentido del sonido, sino que también está la escritura, los ideogramas (hanzi). Los ideogramas definen a qué sentido corresponde tal sonido, y esto es sumamente importante. Es la existencia de los ideogramas lo que explica que el chino puede aceptar tanta cantidad de homófonos, sin caer en la confusión. Los ideogramas son una fusión entre la vista y el oído, a veces el oído no alcanza y hay que mirar para ver de qué ideograma se trata, ver el origen de este ideograma. Los ideogramas están siempre misteriosamente unidos con su origen. De hecho, los poetas chinos todavía estamos usando los mismos ideogramas que hace 7 mil años para escribir. En los ideogramas, la vista es incluso más importante que el oído. Eso asegura que las personas se puedan entender mutuamente al leerse, aún si no siempre pueden entenderse mutuamente al hablar. La metáfora está por todos lados en los ideogramas, porque cada uno de estos es un signo con varias capas de sentido. El ideograma es significante a la vez que significado, y siempre el significado es mucho más amplio que el significante, no están al mismo nivel. Esta desigualdad conduce a una ambigüedad en la interpretación espacial del ideograma: el significante no alcanza para entender su significado, también hay que ver su lugar en la oración. El significado varía con la posición que tiene el ideograma en la frase, aún si el significante permanece igual. Creo que Pound no podía entender del todo esto. El percibía la relación espacial entre los ideogramas, la existencia de la metáfora, pero esta relación espacial está fundada sobre una vasta red social, un transfondo cultural común, experiencias y costumbres. Esta percepción del espacio está fundada sobre un antiquísimo saber local. Pienso que los ideogramas son una forma innata de nacionalismo.

lunes, 21 de abril de 2014

Salon du Livre de París (5)

Curiosa ilustración de lo que es el tango, según el imaginario francés

Jorge Aulicino, además de ser uno de los principales poetas argentinos y un gran traductor de poesía italiana, es periodista cultural. De hecho, hasta su reciente retiro, fue director de la revista Ñ, del diario Clarín, en su período de mayor esplendor. Precisamente en los años 2011 y 2012 le tocó viajar a París para realizar la cobertura de las actividades que se llevaron a cabo en el stand de la ciudad de Buenos Aires, y en 2013, cuando la ciudad decidió dedicarse ese año a homenajear a la poesía argentina integró la delegación oficial en carácter de invitado. Escribe entonces con conocimiento de causa sobre lo que representa esa feria para los escritores argentinos.

¿La literatura argentina 
tiene alguna chance más en París?


Mi impresión general sobre la presencia de la Argentina en el Salón del Libro de París es que se ha gastado demasiado dinero en una operación de promoción política que, por añadidura, produjo mayores efectos en la vidriera local que en la francesa y europea en general. Que el Gobierno apareciera asociado al apoyo de la literatura en el exterior sólo se logró, en el mejor de los casos, en el mercado político argentino. Está bien, sería legítimo como meta si la operación realmente se hubiera apoyado en un acto de presencia externa proporcional al beneficio. Pero para lograr la más que moderada repercusión de prensa habida en París, así como para atraer el interés del lector ocasional que visita el Salón, no hacía falta tanto: tres o cuatro mesas redondas, diez escritores en lugar de más de 40 habrían logrado efectos parecidos. No creo que los lectores franceses se hayan sentido particularmente impresionados por el tamaño de la delegación argentina ni por el tamaño del stand. Tampoco los editores. Por otra parte, el Salón del Libro no es una feria de negocios editoriales, es una feria para el público parisino, mucho más breve en el tiempo, y más chica en espacio, que la de Buenos Aires. Y por lo demás, con muchísimo menos impacto en los medios. No creo que la presencia de la presidente de un país latinoamericano mueva la aguja del interés francés por la literatura de ese país ni un milímetro. ¿Tienen ahora mayores chances de ser traducidos al francés los escritores que viajaron? En general, ¿la literatura argentina tiene alguna chance más en París? Responderán los interesados. A mí me parece que todo ha sido desproporcionado. No digamos faraónico, más bien estilo Emiratos, para estar más a tono con la época. Se logró sí que algunos medios franceses importantes reflejaran un pasajero y banal conflicto interno del medio literario argentino acerca de quiénes integraban la lista de escritores invitados. Pero ese costo tampoco hacía falta pagarlo: el despliegue tal vez haya sido contraproducente en el orden local. La fastuosidad siempre es sospechosa de rastacuerismo. Por suerte nadie se llevó una vaca atada a la butaca del avión rumbo a aquel "faro de la cultura" que fue París.

sábado, 19 de abril de 2014

Salon du Livre de Paris (4)

La colombiana Fabiola Rodríguez López es la encargada de colecciones de literatura latinoamericana hispanohablante en la Bibliothêque Nationale de Francia. Como tal, estuvo a cargo de algunos de los programas que, en paralelo al desarrollo del Salon du Livre, se llevaron a cabo en esos días en París. Lo que sigue es su testimonio de esas jornadas.

Un resumen

Hubo una jornada organizada por La Joe par les Livres, que es una institución dedicada a estimular el acceso de los niños al libro, a la lectura y a la cultura. Como tareas conexas, se ocupan de descubrir lo mejor de la producción editorial, promover una literatura infanto-juvenil de calidad, proponer a los profesionales del libro la información y la formación necesarias a través de publicaciones, de análisis críticos, jornadas de estudio y reflexión sobre la literatura juvenil, estimular el desarrollo de las bibliotecas para la juventud, tanto en Francia como en el mundo, incluyendo especialmente a los países más pobres.

El jueves 20 de marzo hubo una jornada en la que participaron Denis Bruckman (Director General Adjunto y Director de Colecciones de la Bibliothêque Nationale de Francia) y Horacio González (Director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina). Hubo luego una introducción a la literatura infanto-juvenil de la Argentina, a cargo de Viviana Quiñones, y posteriormente una mesa con Ana María Shua y Perla Suez. Después, un encuentro con Liliana Bodoc, al que siguió un diálogo entre Inés Garland y su traductora al francés Sophie Hofnung. Siguió una presentación de Clara Huffman, responsable de libros infantiles para la editorial Adriana Hidalgo y una charla de  Mempo Giardinelli. A la tarde, la actividad prosiguió con la presentación del Programa de promoción del libro y la lectura de la Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Daniela Allerbon, y de las actividades propuestas a los niños en el Museo del Libro y la Lengua, a cargo de María Pía López, directora de la institución. Esa primera mesa redonda de la tarde, sin comentarios : no se entendió ni de qué hablaban ni para dónde iban... Al final, la antropóloga Michèle Petir, comentó sus impresiones luego de los encuentros que tuvo con los profesionales del libro de la Argentina. Como cierre Jean-Pierre Mercier habló de Mafalda, Manolito y los otros personajes de la historieta de Quino.

Por la noche, el día de la inauguración, supimos que la Presidente estaba pero creo que se quedó en el stand de la Argentina únicamente. El Primer Ministro y la Ministra de Cultura pasaron solos por el sitio de la BnF, como es de costumbre, pero la señora Presidente no estaba con ellos. Nos extraño que no visitara el Salon.

El sábado por la mañana asistí a la presentación del libro de Inés Garland. La clase de chicos con su profesora de español llegó un poco tarde porque había mucha gente haciendo cola para entrar. La actividad fue corta pero hubo participación de los alumnos. Luego los vi correr a comprar el libro para que Inés se los dedicara y se agotó rápidamente.

El domingo estuve primero en el stand de la Argentina para oír a las tres poetisas Silvia Baron Supervielle, Luisa Futoransky y Diana Bellessi. Había bastante gente. Contaron un poquito sus vidas, muy discretas y señoras, y leyeron sus poesías. Una hora se pasa volando.

Enseguida estuve en la mesa redonda, en el espacio del CNL, sobre “Novela y memoria”, con Mempo Giardinelli, Lucia Puenzo, Tununa Mercado, Elsa Osorio y dos franceses: Colombe Schneck y Alexis Jenni. No me gustó: la presentadora francesa poco interesante; después, no fue una buena idea combinar dos franceses con los argentinos, con la consecuente traducción del castellan o al francés y del francés al  español vuelve pesado el diálogo: demasiado para tampoco tiempo (1 hora). Por otra parte, este auditorio era abierto y se combinaba el ruido del salón que a las 14h estaba al tope,. Mi crítica positiva: muchísima gente interesada y varias preguntas de los asistentes. Cada escritor explicó su cuento, y eso estuvo bien. Sinceramente había mucho interés por la literatura argentina.

El lunes solamante asistí a un concierto precioso de Raúl Barboza. Mucha gente.

En la prensa nacional francesa, Argentina estaba "à la Une"; en la radio, igualmente. Oigo con frecuencia el programa de Katleen Evin en France Inter a las 20h. Entre las entrevistadas estuvo Selva Almada (puede oríse en http://www.franceinter.fr/emission-lhumeur-vagabonde-selva-almada). También, Laura Alcoba, quien se ha vuelto muy famosa.

En otro orden, L'Express le dedicó 3 páginas a la Argentina. El cotidiano católico La Croix, sacó varios artículos. Le Monde del jueves dedicó todo el suplemento de libros a Argentina, Libération, también. ActuaLitté, les univers de livres, otro tanto. .

Sé que hubo mesas redondas en otros lugares pero no pude asistir, en el Instituto Cervantes, en el Instituto de América Latina, en la Maison de l'Amérique latine, que tiene por cierto en este momento una exposición sobre Victoria Ocampo et La France...
El I. Cervantes creo en su sitio internet una ruta Rayuela y otra Cortázar. Esta mañana estuvimos recorriendo el París de Cortazar: rue Martel, galerie Vivienne, le Louvre, Pont Neuf... 3 horas de caminata.


Diego Lorenzo es uno de los más activos colaboradores de Magdalena Faillace, la responsable del Programa Sur, dedicado a fomentar la traducción de libros de autores argentinos en otras lenguas. Lo que sigue es su crónica de los días parisinos.

Presentaciones en París

El PROSUR realizó presentaciones de sus objetivos, características y resultados en tres ocasiones durante el Salón del Libro de París.

La primera, durante un Encuentro entre editores franceses y argentinos organizado por el BIEF (Bureau Internacional de la Edición Francesa) en la sede del Centro Nacional de Libro, estuvo dirigida a compradores y vendedores de derechos de editoriales francesas. Se comenzó con un video institucional del PROSUR, donde escritores y editores argentinos cuentan su experiencia con PROSUR así como su opinión sobre esta política de internacionalización del libro argentino, y luego concluyó con una exposición de la Embajadora Magdalena Faillace. Se aprovechó la ocasión para invitar al panel a los responsables de los programas de ayuda a la traducción de Francia para reforzar lazos comunes y debatir diferencias y alcances de cada uno de los programas. Esto fue el día 19 de marzo, un día antes de la inauguración del Salón.

La segunda presentación específica tuvo lugar en el Maison de l'Amerique Latine, donde pequeñas editoriales de poesía de Francia, que han recibido subsidios del PROSUR, realizaron presentaciones de los libros editados y lecturas de poesía ante un público mayormente lector, y ante algunos traductores y editores de poesía invitados. Se vendieron los libros publicados a varios de los invitados en una mesa dispuesta afuera del salón y se armó un panel entre los editores franceses, los traductores y la Embajadora Faillace sobre la importancia de este tipo de subsidios para la publicación de poesía en Francia. Para el PROSUR fue una oportunidad para acercarse a pequeñas editoriales francesas que aún no han trabajado con nosotros y ampliar el mapa de potenciales traducciones de autores/poetas argentinos. Ya han llegado pedidos de nuevas editoriales tales como L'Inventaire, Espaces&Signes y L'atelier du tilde.  Esta actividad se realizó el 21 de marzo.

La tercera actividad específica tuvo lugar en el stand del Institute Francais en el Salón del Libro el 24 de marzo, día destinado únicamente a profesionales. Esta vez se compartió el panel con el director del Programa Victoria Ocampo de la Embajada francesa y con una investigadora francesa que habló sobre el tráfico de publicaciones académicas entre Argentina y Francia. Los asistentes fueron mayormente traductores y estudiantes de Edición de Universidades francesas. 

Además, el sábado 22 se realizaron mesas redondas con autores argentinos sobre el PROSUR (Claudia Piñeiro, Ana M. Shua, Divinsky y Noé Jitrik) y sobre Cortázar (Sacheri, Neuman y Luisa Valenzuela, estos tres invitados por Cancillería directamente). Además, un actor francés, Vincent Berger, leyó fragmentos del El Perseguidor y se cerró con dos espectáculos musicales a sala repleta en la Grand Scene: el trio de jazz Astarita y Susana Rinaldi. 

En cuanto a resultados, si bien es un poco pronto, sí se puede decir que debido al interés que produjo Argentina País Invitado, en 2013 se pidieron 26 traducciones al francés por parte de editores que querían publicar sus libros para venderlos en el Salon. De ese modo, el francés fue el segundo idioma más solicitado en 2013 detrás del italiano con 33 pedidos. En total, el PROSUR ha subsidiado 81 obras al francés, 75 en Francia y 6 en Canadá, lo que lo coloca como el tercer idioma más pedido luego del italiano (124) y el alemán (100). 


viernes, 18 de abril de 2014

El Salon du Livre de París 2014 (3)

Jorge Consiglio, poeta y narrador, fue uno de los integrantes de la delegación oficial enviada al Salon du Livre de París. Se le pidió una suerte de balance de la experiencia para este blog.

El Salón del libro tuvo aciertos 
y oportunidades de mejora

Empiezo por lo bueno: 1) Los integrantes de las mesas, por lo general, representaban estéticas diferentes, en muchos casos opuestas. Este hecho favoreció el contrapunto de opiniones y permitió abordajes poliédricos de los temas en cuestión. 2) La asistencia de público a las mesas fue masiva en todos los casos. El auditorio (en su mayoría franceses, pero también muchos argentinos residentes en Francia) se mostró activo y curioso. 3) Las traductoras simultáneas fueron muy efectivas. Ofrecieron al auditorio una síntesis precisa –y muy fidedigna− de las exposiciones de los panelistas. 4) El stand de Argentina (que tenía la forma de una síntesis de Moebius) fue muy funcional. Tenía dos zonas de cortesía, un gran salón de exposición con buena cantidad de libros y un salón auditorio de excelente capacidad y acústica para lo que es una feria. Es para destacar también el mural de Rep sobre Cortázar y las fotos de Sara Facio. Además, el stand ocupaba un lugar central en el salón y contó con muy buena circulación de público durante todo el evento.  

Las oportunidades de mejora: 1) En las mesas (fue mi experiencia), no hubo demasiado tiempo para el debate. Cada panelista exponía su punto de acuerdo a la pregunta disparadora, pero no había demasiado tiempo para el intercambio de opiniones. 2) Fue muy pobre el intercambio con los escritores franceses. Si bien estuvieron presentes en las mesas, creo que no hubo un verdadero cruce. 3) No hubo ninguna actividad dedicada al teatro. El foco estuvo puesto en la narrativa y muy lateralmente en la poesía. 4) Las actividades fueron muchas y, en algunos casos, se superpusieron. Hubiera sido interesante, tener algún tipo de reporte (a cargo de un periodista especializado) que relevara las charlas y ofreciera una síntesis de los hechos.


Por su parte, Miguel Petrecca, poeta, periodista y traductor argentino residente en París, prefirió destacar una actividad realizada en el stand de Gallimard, planteada por fuera de los intereses de la delegación oficial. En ella, participaron Marie-Claude Char y Marta Aguirre, respectivamente viudas de los poetas René Char y Raúl Gustavo Aguirre, quienes, conjuntamente con Magdalena Cámpora y Gustavo Guerrero (este último director del la sección de autores de lengua castellana de Gallimard) presentaron la correspondencia entre ambos poetas, recientemente publicada en Francia.

Una mesa de poetas
 Prefiero no hablar en general, porque tampoco vi tanto, sino destacar específicamente una actividad: la presentación de la correspondencia entre René Char y Raúl Gustavo Aguirre, recientemente editada por Gallimard. En la mesa estaban las viudas de ambos poetas (Marta Aguirre y Marie-Claude Char), Magadelana Cámpora (que fue quien propició el encuentro), una especialista en la revista Poesía Buenos Aires y Gustavo Guerrero de Gallimard. Fue muy lindo escuchar a Marta Aguirre recordar su primera visita a Europa junto con su marido, que venía carteándose con René Char desde hacía ya algunos años, sin que nadie lo supiera. Marta contó emocionada que había sido una de las mejores experiencias de su vida y recordó cómo René Char le regaló una rosa que sacó de su jardín (rosa que todavía conserva, según agregó). Después recitó de memoria un poema de su esposo. 


Finalmente, Inés Garland, otra de las invitadas al Salon du Livre,.brinda, a pedido de este blog sus impresiones de lo que vivió y de lo que vio durante esos días.

Las vidrieras de las librerías decoradas con libros  Argentinos

¿Quién más, en el avión esperaba preguntas difíciles en las entrevistas que habría en París? Las semanas previas hacían pensar en la necesidad de tomar posturas o inventar discursos evasivos, inteligentes –porque no es cuestión de ir al Salón de París a  hacer papelones, y en la imaginación los jueces son implacables. La circulación por los pasillos del avión no daba la sensación de conflicto, pero los diarios habían dicho, ¿no habían dicho los diarios? No sé si habrá habido tensiones, posiciones, cuchicheos en las mesas de desayuno del Hotel Bedford o en los pasillos de la feria. Yo lo que sí sé es que París tenía las vidrieras de las librerías decoradas con libros argentinos, títulos en francés con los nombres de mis vecinos en vidrieras míticas del otro lado del océano. Y que en un mismo espacio andábamos nosotros con Victor Hugo, Dumas y Proust por nombrar algunos de los monstruos sagrados. La editora de L’École des Loisirs (la editorial que publicó Pierre contre Cisseaux, o sea Piedra, papel o tijera, o sea mi novela) fabricó una foto: Proust, Victor Hugo, Dumas, Garland en el mismo estante. Ya sé que podría haberla armado yo en una librería en Buenos Aires, pero convengamos en que no es lo mismo. No fue así nomás para mí estar en la vidriera de L’Écume de Pages, trae ecos de importancia. Está bien cada tanto sentirse importante. El cachetazo de la mortalidad y esas otras vivencias llega igual, y soñar un rato por estar caminando las mismas calles que la legión romana y todos los que vinieron después no es para nada despreciable. También está la experiencia de comer en el As de Falafel, recomendación de Fondebrider que me toma examen a ver si hice los deberes, si caminé los recorridos minuciosos que me dictó, si miré las vidrieras de las librerías que me recomendó y, sí, fui al museo de Cluny a visitar a  la dama del  Unicornio y estuve frente a la ruina medieval y me senté en las sillitas alrededor de la fuente con Claudia Piñeyro y Eduardo Saccheri y tomé té de menta en la mezquita de París con Liliana Bodoc y otra vez Claudia, los gorriones volaban  bajo el techo abovedado. Y dejé que se me fugara la vista por las perspectivas larguísimas, por el Sena con las barcazas. También fui a la Biblioteca Nacional de París, la nueva que parece haber llegado desde el futuro con sus explanadas de madera y sus esquinas de edificios que imitan cuatro libros abiertos.

En la Feria nos topábamos los unos con los otros por los pasillos. En el stand argentino estaba el mural de Rep con su homenaje a Cortázar, y Rep andaba subido a escaleras con los pinceles pintándole los ojos de celeste a Julio que él dibujó con esos ojos celestes, separados, enormes; Cortázar atado al cordón umbilical de su madre flotando por primera vez en el espacio del mundo, de guayabera y sandalias en Cuba, fumando de traje, las fechas, los hitos de su vida que inspiraron los dibujos. Bajo el mural nos agolpamos para saludar a la presidenta, bajo el mural hubo entrevistas varias de a ratos y de a ratos gente que se cansaba de caminar y se sentaba en el living blanco a descansar. Mucha gente en el Salón, mucha gente en las charlas en el stand Argentino y en los otros espacios dedicados a las mesas redondas.

Nunca se vendieron tantos libros de un país visitante, dijo la FNAC. Toda esa gente que visitaba el Salón parecía muy consciente de que la Argentina era el país invitado. Más consciente que los que de este lado del océano se quedaron con la sensación de conflicto que se instaló en los primeros tiempos. ¿O seré yo? Estuvimos en L’Express, en las radios, en las vidrieras, como dije. Era para alegrarse. Yo me alegré.

París es ella y las imágenes de ella misma, los ojos que la miraron antes, las palabras que la describieron, los cuadros que la pintaron, los artistas de todos los tiempos que la vivieron, la sufrieron, la amaron. Es imposible sustraerse de ese vértigo de asociaciones. En París podemos ser generosos y acercarnos los unos a los otros, los escritores salidos de sus cuevas para jugar. Debe haber habido varios Paris entre nosotros. Había ¿o me pareció a mí? una tregua en las cosas  para disfrutar del regalo de estar ahí.

En París la primavera recién empezaba. Los cerezos en flor y los brotes nuevos brillaban al sol. En París, una ciudad habitualmente gris, esa semana hubo cielo azul. Si me pongo muy Argentina, capaz que me creo que fuimos nosotros los que les llevamos a los franceses el cielo de nuestro país.  Le quedaba muy lindo nuestro sol a París.

jueves, 17 de abril de 2014

El Salon du Livre de París 2014 (2)

Paula Klein
El 25 de marzo pasado, Paula Klein, investigadora asociada a la Bibliothèque Nationale de Francia, publicó una crónica desde París, en el blog de la librería y editorial Eterna Cadencia. Allí cuenta lo que pasó en las mesas “Literatura emergente” y “Los escritores argentinos en la coyuntura internacional” en las que participaron los escritores Miguel Vitagliano, Selva Almada, Lucía Puenzo, Pía López, Martín Kohan, Samantha Schweblin y Leandro Ávalos Blacha.

Literatura argentina anti for export


Entre el 21 y el 24 de marzo las letras argentinas recibieron todos los honores en el Salón del libro de París. Una Babel de lectores ávidos de entender por qué esta literatura está hoy en el centro de la escena literaria internacional inundó el stand de la Argentina ubicado en el inmenso predio de la Porte de Versailles. Las actividades previstas por el centenario de Cortázar, los homenajes y mesas de discusión en torno a la obra de Gelman, Borges y Saer atrajeron, como era de esperarse, una cantidad considerable de lectores. Pero también resultó significativo el interés que la literatura que los franceses llaman “del extremo contemporáneo”, suscitó entre los visitantes del Salón. Varias mesas redondas se propusieron reflexionar acerca de las causas de la creciente proyección internacional de las letras argentinas.

Los escritores invitados al Salón recordaron, en varias ocasiones, la crisis que atravesó la industria editorial argentina en los años 90 como una de las paradójicas causas de la riqueza y la variedad que se refleja en los catálogos de las pequeñas y medianas editoriales argentinas.

Samanta Schweblin (Premio Juan Rulfo por La pesada valija de Benavides, 2010) describió así la particular configuración que dio lugar al boom de editoriales independientes tras la crisis de 2001. De una parte –afirmaba Schweblin– “había una demanda creciente de parte de los lectores por el encarecimiento de los libros importados”, prácticamente inaccesibles después de la devaluación. La crisis veía nacer, por otra parte, la primera camada de flamantes egresados de la carrera de edición. Verdes, quizás. Pero voluntariosos.

La aparición de unas 150 editoriales independientes forma hoy parte del saldo positivo de la crisis. Adriana Hidalgo, Eterna Cadencia, Caja Negra, Mar Dulce, Eloísa Cartonera, Entropía, Pánico el Pánico, son sólo algunas de las incontables editoriales que eligen publicar autores que los grupos más grandes rechazan.

Al mismo tiempo, el diálogo entre escritores, editores y lectores dejó en claro que el auge de las editoriales argentinas independientes (“¿independientes de qué?” preguntaba, con ánimo discutidor, un asistente a la mesa sobre los escritores argentinos en la coyuntura internacional) durante los últimos 15 años no es una excepción local. Las crisis económicas parecen generar, al menos en Francia, un caldo de cultivo particularmente favorable para el surgimiento de pequeñas editoriales.

En una entrevista reciente, Leonora Djament, editora de Eterna Cadencia, mencionaba un cierto desaliento al constatar que, hasta hace apenas unos años, las editoriales extranjeras buscaban un canon o una literatura for export, imaginándose cierto exotismo argentino o latinoamericano muy alejado de la literatura que publican las editoriales independientes. La situación empezó a cambiar en los últimos años, en parte gracias a ciertas editoriales extranjeras que se interesan por una literatura con un imaginario menos estereotipado de lo que sería la Argentina.

En Francia, es el caso de Stock, L. Levi o Ed. Métailié, sólo algunas de las numerosas y jóvenes editoriales que privilegian la publicación de autores nóveles y, al mismo tiempo, proponen nutridos catálogos con traducciones de literatura hispanoamericana contemporánea.

Ni tan jóvenes ni tan emergentes
Abriendo el debate de la mesa sobre “Literatura Emergente”, Miguel Vitagliano -autor de Tratado sobre las manos (2013) y profesor de teoría literaria-, invitaba a cuestionar ciertas ideas preconcebidas en torno a la categoría de lo “emergente”. Sin estar necesariamente ligado a una tendencia literaria ni a un corte generacional (alguien mencionaba, para el caso, la literatura de Aurora Venturini), el fenómeno debía plantearse -según el autor- en términos de ciertos “cortes temporales, de ciertos momentos en los que los autores adoptan una determinada posición”. Una posición que provoca una ruptura respecto de la tradición o de las corrientes literarias dominantes.

Luego de un repaso de ciertas tendencias en alza en la narrativa argentina contemporánea, algunas líneas dominantes comenzaron a esbozarse en el horizonte parisino. Se discutió, por ejemplo, el caso de cierta literatura que apuesta por topografías alejadas del costumbrismo urbano: novelas de countries (Claudia Piñeiro), textos que plantean recorridos por los barrios porteños (Daniel Link) o por el conurbano (Leandro Ávalos, Washigton Cucurto, Gabriela Cabezón Cámara, Leonardo Oyola), relatos que transcurren en pueblos y ciudades del interior (Selva Almada, Hernán Ronsino, Federico Falco) y que apuestan a darle una vuelta de tuerca a la tradición de la literatura rural.

Se habló igualmente de la gran experimentación con los géneros: del policial, pasando por los géneros íntimos hasta las novelas de zombies, de escrituras que apuestan a la experimentación lingüística y a la búsqueda de fuentes orales (María Pía López), de una literatura que se propone una revisión crítica de la tradición literaria y de los mitos nacionales. Respecto del relato fantástico, se destacó la irrupción en un plano más realista de la narración del elemento fantástico bajo la forma de lo extraño cotidiano o de lo siniestro (Sergio Bizzio, Samanta Schweblin, Lucía Puenzo).

Las llamadas “narrativas de la memoria”, estuvieron también presentes en los debates. Se discutió, entre otros procedimientos, la articulación entre documentación y pura invención a la hora de dar cuenta de hechos de nuestro pasado reciente. Pienso, por ejemplo, en la discusión en torno al tratamiento literario de hechos históricos a partir de ciertos “mitos” que pueblan nuestro imaginario nacional –tema que surgió a partir de una de las preguntas formuladas por Annick Louis, especialista en literatura argentina, en torno al tratamiento del “mito del tesoro” de los exiliados nazis en la Patagonia, tal como éste aparece en Wakolda (2011) de Lucía Puenzo.

Otro de los casos mencionados fue la utilización por parte del escritor de ciertos motivos que forman parte de nuestro imaginario nacional y que pueden funcionar como disparadores de una reflexión histórica “en clave” por parte de los lectores. Así, por ejemplo, caracterizaba Martín Kohan la referencia al combate Firpo-Dempsey que aparece en su novela Bahía Blanca (2012), cifrando el mito de aquel glorioso destino nacional que se ve continuamente frustrado por fuerzas misteriosas y omnipotentes.

La Internacional Argentina
Interrogados, finalmente, sobre las dificultades de lectura que puede experimentar un lector extranjero no familiarizado con el universo referencial de las novelas, los escritores coincidían en que la pertenencia a una determinada tradición literaria, histórica o política no hace sino contribuir a la diversidad de las lecturas.

Ciertamente, un lector del Facundo traducido al árabe no leerá el mismo texto que nosotros pero acaso su lectura capte algo que al lector local se le escapa.

Hacia el final de la mesa en la que se abordaban estas cuestiones, un lector francés arremetió contra el título de la última novela de Kohan: “¿Por qué decidió ponerle Bahía Blanca? Ningún extranjero va a entender”. Con humor, el autor le responde que, posiblemente, ese malentendido inicial haga de él un mejor lector de la novela de lo que podría ser un lector oriundo de Bahía Blanca. Es más –agrega-, “posiblemente el de Bahía Blanca sea el peor lector, estafado como podrá sentirse al descubrir que la ciudad de Bahia Blanca no se parece en nada a su ciudad real”. En un brote de infinita sabiduría, la mujer sentada al lado del impertinente lector francés (y que casualmente era de Bahía Blanca) se limitó a señalar que a ella le había gustado la novela.

miércoles, 16 de abril de 2014

El Salon du Livre de París 2014 (I)


Durante el mes de marzo pasado, la Argentina fue el país invitado al cada vez más alicaído Salon du Livre de París. Éste, que hace algunos años se extendía por dos semanas, se fue encogiendo y pasó, primero, a diez días y, después, a cinco, con la consiguiente merma de público. Digamos que, pese a sus 34 años de existencia, es una manifestación más de las tantas que celebran al libro en Francia, acaso uno de los países más lectores de la tierra, de la literatura propia y extranjera.

Esta última mención no es menor. Las cifras encuestadas por  el Observatoire de l’économie du livre du Service du livre et de la lecture de la DGMIC para los años 2011-2012 (que pueden ser leídas aquí: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Chiffres-cles_Livre_2011-2012%20(1).pdf ), hablan a las claras de la cantidad de títulos que se publican en Francia cada año  70.109 títulos en 2011 (o sea, +4,2% respecto de 2010) y 72.139 títulos en 2012 (vale decir, +2,9% respecto de 2011), en ambos casos, con tiradas promedio de 7.630 ejemplares.

Corresponde asimismo señalar que, del total de libros vendidos, en 2011 hubo un 15,9% (equivalentes a 10.226 novedades traducidas) y, en 2012, un 17,3% (que se corresponden con 11.313 nuevas traducciones). De acuerdo con las estadísticas del año 2012, estos son los títulos y porcentajes sobre el número total de traducciones:

1) inglés: 6.653 títulos, o sea un 58,8% del total),
2) japonés: 1.191 títulos (10,5%),
3) alemán: 5.754 títulos (6,7%),
4) italiano: 5.554 títulos (4,9%),
5) castellano: 5.403 títulos (3,6%),
6) lenguas escandinavas : 5.242 títulos (2,1%),
7) ruso: 5.117 títulos (1,0%),
8) neerlandés: 5.102 títulos (0,9%),
9) árabe 5.191 títulos (0,8%),
10) coreano 5.187 títulos (0,8%).

De todos estos números vale la pena retener que los 5.403 títulos publicados en 2012 corresponden a todos los países de lengua castellana, lo cual constituye una cifra ínfima respecto del total. Y no es que Francia no haya hecho bien las cosas. De hecho, el Administrador de este blog, realizó en 1985 una investigación sobre libros de autores argentinos traducidos en Francia entre 1890 y 1984. La lista, que se apoyaba en investigaciones previas (como la tesis de doctorado de Sylvia Molloy, por ejemplo), se completó con una serie de entrevistas con Héctor Bianciotti (a la sazón, responsable de la parte de castellano de Gallimard), Severo Sarduy (con igual puesto, pero en Le Seuil), Laure Bataillon (una de las más activas traductoras del castellano en Francia), etc. El resultado no pasaba los 250 títulos.

Esas mismas estadísticas fueron reforzadas algunos años más tarde, cuando Jean-Yves Merian creó Les Belles Etrangères, una manifestación que consistía en invitar a Francia a un grupo considerable de escritores de un país determinado (sin la mediación de las secretarías o ministerios culturales de los países en cuestión, lo que aseguraba una mayor transparencia) para que los autores elegidos se presentaran en toda Francia, impulsándose de ese modo la política de traducciones al francés. Toda Latinoamérica y España fueron invitadas a lo largo de varios años, y el número de libros traducidos efectivamente creció.

Luego, se acabó la imaginación y sólo quedaron las ferias del libro, entre ellas, el tan cacareado Salon que, con más pasado que presente, se convirtió en una suerte de mínima vitrina si se lo compara con, por ejemplo, las grandes ferias como Frankfurt, Guadalajara o Londres, acaso las tres más importantes de Occidente.

Ahora bien, a no engañarse: las ferias del libro no son la fuerza que impulsa la literatura, sino apenas un negocio. Principalmente, para quienes las organizan. Cualquier país que disponga de dos, tres o cuatro millones de euros –las tarifas varían de feria en feria– puede ser invitado y disfrazar la inversión de homenaje ajeno, aunque sea uno mismo el que lo paga. A decir verdad, se trata de un  curioso auto-homenaje donde todo está pautado, desde el precio del metro de stand, al valor de las pantallas o teléfonos que en él se instalen, los traductores (si fueran necesarios), los botellones de agua, los vasitos, y así sucesivamente hasta llegar a los clips (eso sí, el papel higiénico corre por cuenta del Salon du Livre).

En 2011, el Salon, que ese año “homenajeaba” a Escandinavia, decidió agregar a su celebración, y por lo tanto a sus arcas, una ciudad. Y fue el turno de Buenos Aires. Hubo una nutrida delegación de escritores y, al menos, desde el punto de vista del público, fue un gran éxito. De hecho, hubo colas de hasta una cuadra para esperar el autógrafo de Quino, charlas de éste con Hermenegildo Sabat, una extraordinaria mesa redonda sobre novela y política con Andrés Neuman, Oliverio Coelho, Hernán Ronsino y Martín Kohan, intervenciones de Alan Pauls, Damián Tabarovsky, etc.

Un año después, Lombardi decidió repetir, esta vez poniendo el énfasis en los humoristas e historietistas, y también hubo una buena acogida a los argentinos. Y en 2013, con el acento puesto en los 30 años de democracia en la Argentina y en la poesía nacional, hubo nuevamente una muy buena recepción. Fue justamente ese año, en que el presidente François Hollande y el ex Ministro de Cultura Jacques Lang pasaron por el stand porteño a saludar a Lombardi, cuando se vio a Jorge Coscia, Secretario de Cultura de la Nación, deambulando por los pasillos del Salon con la foto que se había sacado con la Ministra de Cultura francesa, sellando el compromiso de la invitación al Salon en 2014. Dicho de otro modo, todo parecía ser cuestión de tener una foto y que esa foto rebotara en la prensa local, aunque la suma que se fuera a invertir superara enormemente lo que había gastado en todos los años anteriores juntos el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. En una y otro caso, aclaramos que se trata de dinero público; vale decir, el recaudado con nuestros impuestos.

Para muchos de los editores franceses, éste Salon fue una operación más que conveniente: la Argentina pagó para que los escritores que ellos ya habían publicado se hicieran presentes en Francia y participaran en lanzamientos, mesas redondas y demás manifestaciones públicas, sin tener que invertir prácticamente nada. En otros casos, se trataba de tentar a hipotéticos editores para que, acaso deslumbrados por algún autor que no conocían, fueran a publicarlo. Pero, una de dos: el deslumbramiento se produce porque existió una lectura previa (puede tratarse de un informe de lectura, por ejemplo), o porque el autor, dominando perfectamente el francés, fue capaz de una performance extraordinaria que despertó curiosidad sobre lo que escribía. Y no se discute aquí sobre quién fue y quién debió ir (ese capítulo, aún no cerrado, ya tuvo suficiente eco en la prensa internacional), sino sobre la correcta evaluación de lo que le significa para el erario público esta curiosa aventura un tanto provinciana, cuyo reflejo parece fundamentalmente destinado a deslumbrar más a los argentinos que, en este caso, a los franceses.

Si bien es más que comprensible que quienes se beneficiaron con el viaje estén contentos y así lo digan (al fin y al cabo, Salon o no Salon, París es una ciudad deslumbrante), lo que hay que preguntarse es si como política pública tuvo sentido. Porque, al fin y al cabo, el hecho de que los libros de autores argentinos se exhiban en las vidrieras de las librerías (algo que, más discretamente, pasa todo el año) o que algunos de los invitados hayan pasado por la radio, no cambia nada. Más bien entra en las generales de la ley hasta que, para la semana siguiente, los diarios y revistas comenten la megaexposición de bonsai venida desde Japón, o el encuentro de coleccionistas de estribos mongoles, o la presentación del Ramayama con subtítulos en francés. Ésa es la dinámica, no otra.

Sin embargo, como contrapartida, el Programa Sur de ayuda a la traducción, surgido en el seno del mismo gobierno que propició la cruzada –pero no en el marco de la Secretaría de Cultura, sino de la Dirección de Cultura de la Cancillería– con muchos menos recursos y mucha más inteligencia sigue abonando la publicación de autores argentinos en el exterior. Dicho de otro modo, su presencia en foros internacionales tiene un valor inestimable, aunque no precisa viajar con más de cuarenta personas.

Finalmente, dado que la cobertura mediática publicada en los diarios argentinos dio cuenta de un número limitado de actos, este blog le ha solicitado a una serie de participantes y testigos de lo ocurrido en París que comentaran sus impresiones para completar la imagen. Es eso lo que se publicará en los próximos días.

Jorge Fondebrider