jueves, 18 de julio de 2019

"El amor por la lectura es una pasión que llega a adquirir visos religiosos"


Guillermo Piro, en su columna del diario Perfil, del 14 de julio pasado, se dedicó al tema de la lectura y lo hizo invocando el tránsito de la lectura en voz alta al de la lectura en voz baja y la vuelta a la primera, sirviéndose de un ejemplo personal.


Deberíamos volver a leer en voz alta

Es muy conocida la anécdota narrada por San Agustín en sus Confesiones, cuando describe con qué sorpresa en aquella época (estamos a fines del siglo IV) fue recibida la lectura silenciosa de San Ambrosio, obispo de Milán. “Cuando leía sus ojos recorrían las páginas y su corazón entendía su mensaje, pero su voz y su lengua quedaban quietas”. Muchos siglos después, la sorpresa está invertida: resulta extraño ver (y oír) a alguien leyendo en voz alta, recorriendo las páginas y moviendo la lengua. En lo personal, la lectura en voz alta está ligada a un mecanismo de comprensión que no consigo dilucidar, tal que cuando una frase en cualquier idioma no me resulta comprensible, basta que la lea en voz alta para que súbitamente se ilumine: los signos de puntuación van a su lugar justo, las palabras dicen lo que deben y la frase cobra vida.

Leer es una actividad antinatural, onerosa desde el punto de vista tanto físico (no estamos diseñados para permanecer mucho tiempo focalizando una página o una pantalla) como mental. Decodificar una línea de texto involucra a varias áreas cerebrales en complicados reconocimientos de signos, conversiones de esos signos en sonidos, recuerdos de las palabras a los que corresponden esos sonidos, interpretación del conjunto.

A pesar del objetivo esfuerzo que implica leer, muchas personas, incluido quien escribe, no entienden cómo se puede, de manera voluntaria, renunciar al placer y a la aventura de leer, y siguen firmemente (diría religiosamente) convencidas de que la lectura es una actividad indispensable y muy gratificante. Pero hay muchas personas que no opinan así. Hay mucha gente que apenas consigue leer un libro al año.

Entre los que no son lectores se cuentan las personas escolarizadas, es decir, aquellas que técnicamente “saben” leer pero que nunca experimentaron (o que lo experimentaron una vez y luego lo olvidaron) el placer de leer. El hecho es que creo que el placer de la lectura comienza solo cuando termina no el esfuerzo de leer, sino la percepción de dicho esfuerzo. Resumiendo: el placer nace cuando el complejo mecanismo de la lectura se vuelve tan automático y fluido que nos parece natural, aunque no lo sea. Pero esto solo sucede cuando leemos mucho.

Decía antes que el amor por la lectura es una pasión que llega a adquirir visos religiosos. Y los adeptos creen que esa pasión puede transmitirse de manera, justamente, religiosa: es algo que debe hacerse porque a mí me hace bien y entonces debería hacerle bien a todo el mundo. Pero si se quiere obtener algún resultado se debería pensar y proponer la cosa de un modo, digamos, más laico y pragmático.

Decirle a un adulto no lector que debería leer porque leer es bueno es una paradoja: sus recuerdos de lectura escolar dicen otra cosa. La solución consistiría en lograr anteponer el placer de la lectura al esfuerzo de leer. Bien, un modo de hacerlo es, justamente, con la subestimada lectura en voz alta.

Sobran experiencias. En los 90 frecuentaba mucho los recitales de poesía. Eran lecturas que se hacían en absoluto silencio, en algunos casos con un auditorio capturado, en éxtasis. Recuerdo una lectura de Fogwill en La Giralda: los tonos, las pausas, los acentos, los colores de su voz les daban a sus propios poemas no solo comprensibilidad, indicando lo que “querían decir”, sino también cierto atractivo, cierta verdad, vigor, pasión y encanto. Nunca escuché leer con mayor entusiasmo. Si hoy releo los poemas de Fogwill, a treinta años de distancia, sigo oyendo su voz.

miércoles, 17 de julio de 2019

Convocatoria para traductores latinoamericanos


Becas Looren & COINCIDENCIA 2020 

Becas de residencia en Suiza para traductoras y traductores literarios latinoamericanos.

Convocatoria abierta hasta el 12 de agosto de 2019 para residencias del 30 de enero al 29 de febrero de 2020.

La Casa de Traductores Looren, en el marco de su programa Looren América Latina, y la fundación suiza para la cultura Pro Helvetia, en el marco de su programa para América del Sur COINCIDENCIA, convocan a la sexta edición de las Becas Looren para traductores literarios latinoamericanos.

Las becas se dirigen a traductoras y traductores literarios que estén traduciendo una obra literaria de cualquier idioma al español o al portugués y que cuenten con un contrato editorial para la traducción. Se prestará especial atención a las candidaturas de traductores literarios que expresen interés en establecer vínculos profesionales con colegas de la región y en explorar formatos transdisciplinarios de transmisión de literatura traducida o los vínculos de la traducción con otras artes. A su vez, se prestará atención a proyectos de traducción relacionados en sentido amplio con los temas propuestos por el programa COINCIDENCIA, a saber: memoria, construcción del territorio, conflicto y post-conflicto, narrativas no modernas.         
            
Cada beca contempla una estadía de un mes en la Casa de Traductores Looren (del 30 de enero al 29 de febrero de 2020), un subsidio de 1.500 francos suizos y el reintegro de los gastos de viaje.


Con el auspicio de las Embajadas de Suiza en México, Chile, Colombia, Brasil y Argentina.

(Atención: traductoras y traductores literarios argentinos ver/solicitar convocatoria específica para Argentina realizada en conjunto con Becar Cultura, programa de cooperación para la formación, la investigación y la creación artística).

martes, 16 de julio de 2019

"Di suatu tempat di La Mancha, tempat yang namanya tak kupedulikan"


La noticia fue publicada sin firma en el diario mexicano Excelsior, el pasado 11 de julio: Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, fue traducido al indonesio por la traductora Apsanti Djokosujatno.

El Quijote y Sancho cabalgan en Indonesia

Di suatu tempat di La Mancha, tempat yang namanya tak kupedulikan”, así comienza Miguel de Cervantes su novela más célebre en indonesio, lengua hablada por más de 265 millones de personas y a la que fue traducida íntegramente por primera vez.

Se llena así el mayor vacío lingüístico que existía en la expansión del libro español más traducido de la historia, al ser vertido al fin al único idioma del mundo hablado por tal cantidad de personas que no contaba con una traducción íntegra.

La encargada de realizar la titánica tarea fue la traductora Apsanti Djokosujatno, que trabajó cerca de un año y medio en hacer la obra magna de Cervantes legible para los indonesios. Para ello contó con la ayuda de las versiones francesa e inglesa, ya que se trataba de la primera obra que traducía del español, según reveló en conversación telefónica la especialista indonesia, de 78 años, y doctora por la Universidad Nueva Sorbona de París.

Apsanti asegura que la traducción fue muy difícil, pues hay muchas palabras del castellano antiguo que no tienen un “sustituto satisfactorio” en el indonesio moderno, una lengua hermana del malayo, que se habla en Malasia y otros países del sudeste asiático.

La reconocida académica ha traducido sobre todo a autores franceses como Julio Verne o Albert Camus, pero asumió la responsabilidad de traducir el Quijote por la importancia del libro, que ella considera capaz de llegar “a todo tipo de lectores”.

El Quijote se ha traducido de manera íntegra o parcial a más de 140 lenguas y variedades lingüísticas diferentes, entre las que se encuentran el inglés, hindi, chino, árabe, bengalí, francés, alemán, portugués o ruso, según el Instituto Cervantes.

Sin embargo, muy pocos jóvenes indonesios tienen referencias españolas más allá de los equipos de futbol, mientras que el Quijote, que ya fue adaptado en una versión reducida a mediados de los años 50, es conocido principalmente en círculos intelectuales.

lunes, 15 de julio de 2019

Por qué no hay que usar el Diccionario de la Real Academia, prejuicioso, racista y mal redactado (7)


Una de las imputaciones más frecuentes a las definiciones contenidas en el DRAE es su mala redacción y su falta de lógica. Y a tal punto, que incluso a la hora del ocio los académicos suelen ser engorrosos y rebuscados, por no decir totalmente incoherentes. Veamos tres ejemplos de malas definiciones e incoherencias manifiestas:

cortometraje
Del fr. court-métrage.
1. m. Película de corta e imprecisa duración.

largometraje
1.m. Película cuya duración sobrepasa los 60 min.

mediometraje
1. m. Cinem. Película con una duración aproximada de 60 min, intermedia entre la del corto y la del largometraje.


De acuerdo con la definición de la RAE, el “cortometraje”, término que como se indica proviene del francés, es un film breve, pero no se precisa su duración. O sea, puede durar 1 minuto o 90 minutos, suponiendo que este último lapso se ajuste a la "imprecisa duración" a la que se alude. En síntesis, el cortometraje, ¿es corto respecto de qué?

Ahora bien, no se señala cuál es el origen de la palabra “largometraje” que, por oposición, suponemos debe también ser traducción del francés, pero no se aclara. Tampoco se dice si 60 minutos son muchos o pocos, pero todo haría pensar que son más que los que les toca en suerte al cortometraje.

En cuanto al mediometraje –del que precediendo la definición dice “Cinem.” , cosa que no ocurre con las otras especies cinematográficas–, ahí sí que estamos jodidos porque su duración “aproximada” es de 60 minutos o menos; vale decir, de acuerdo con la curiosa forma de definir de la RAE, podría ser 59 o 61, con lo cual, siempre de acuerdo a la lógica académica, sería un largometraje o un cortometraje en razón de una medición temporal fluida.

En síntesis, salvo que se proyecte primero un corto, luego un largo y, por descarte, un mediometraje que no se adecue a las dimensiones correspondientes a los dos primeros, por la deficiente lógica académica no hay manera de saber qué tipo de película se está viendo.

Por el bien de sus esposas, esperemos que no midan el largo de las cosas con los mismos criterios con que miden las películas. 

sábado, 13 de julio de 2019

La explicación más sencilla suele ser la más probable


Marietta Gargatagli termina su serie de tres entradas consecutivas con una reflexión en forma de lista aplicada al término “iberoamericano” y apela al fraile franciscano y filósofo inglés Guillermo de Ockham (1290-1349).  

Ockham descubre América

En 1958, Borges se reía con Bioy de que alguien usara la expresión “literatura iberoamericana” como si esa literatura existiera. Ahora el nombre se aplica a todo: premios, secretarías, observatorios, redes, agencias, cumbres. Sin duda, un triunfo del nominalismo. Guillermo de Ockham aplaude desde el siglo XIV. La navaja de Ockham también. La explicación más sencilla suele ser la más probable.

/Becas Jóvenes Líderes Iberoamericanos de la Fundación Carolina/ Campus Internacional para jóvenes iberoamericanos/Carta Cultural Iberoamericana/ Centro Iberoamericano de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas, CIAPAT/ Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano, CIDEU/ Cine iberoamericano/ Comité de Dirección Estratégica de los Organismos Iberoamericanos, CoDEI/ Comunidad iberoamericana. Organismo internacional al servicio de Iberoamérica dependiente de la Secretaria General Iberamericana (Madrid)/ Conferencia de Directores Iberoamericanos del Agua, CODIA/ Conferencia de Ministras y Ministros de Trabajo de Iberoamérica sobre el futuro del Trabajo/ Conferencia de ministros de Justicia de los países iberoamericanos/ Conferencia Iberoamericana de Ministros de AdministraciónPública y Reforma del Estado/ Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura/ Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación/ Conferencia Iberoamericana de Ministros de Justicia (Asamblea Plenaria Ordinaria, COMJIB/ Conferencia Iberoamericana de Ministros de Juventud/ Conferencia Iberoamericana de Ministros de Medio Ambiente/ Conferencia Iberoamericana de Ministros y Altas Autoridades de Cultura/ Congreso Iberoamericano de Fútbol/ Congreso de Prevención de Riesgos Laborales en Iberoamérica, Prevencia 2019/ Congresos Iberoamericanos de Cultura/ Consejo Iberoamericano del Deporte, CID/ Convenio Multilateral Iberoamericano de la Seguridad Social/ Cuarto Sector en Iberoamérica/ Cuentes satélites en Iberoamérica/ Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno/ El “faro” de la literatura iberoamericana que durante décadas iluminó la cultura en español “se ha apagado”/ Espacio audiovisual iberoamericano/ Espacio Cultural Iberoamericano, ECI/ Espacio Iberoamericano del Conocimiento/Estudio sobre la perspectiva de género en los sistemas de Seguridad Social en Iberoamérica/ Feria Internacional del Libro 2019 anfitrión de la literatura Iberoamericana/ Festival Iberoamericano de Teatro/ Fondo de Ayudas para las Artes Escénicas Iberoamericanas/ Foro Iberoamericano de Mecanismos de Implementación Nacional de la Agenda 2030/ Icex. España exportaciones e inversiones. Licitaciones públicas en Iberoamérica/ Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana/ Miami será la capital gastronómica iberoamericana en 2019/ Observatorio Iberoamericano de la Comunicación/ Observatorio iberoamericano de cultura/ Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica/ Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, OEI/ Organización Iberoamericana de la Juventud, OIJ/ Organización Iberoamericana de Seguridad Social/ Premio Enrique V. Iglesias al Desarrollo del Espacio Empresarial Iberoamericano/ Premio Iberoamericano de Educación en Derechos Humanos Oscar Arnulfo Romero/ Premios Platino del Cine Iberoamericano/ Primer Encuentro Iberoamericano de Cineastas Emergentes 2019/ Premio Iberoamericano de la Calidad-Excelencia en la Gestión/ Programa de Apoyo al Desarrollo de los Archivos Iberoamericanos/ Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, Cyted/ Programa Iberoamericano de Seguridad Vial/ Programa Iberoamericano sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad/ Red de Archivos Diplomáticos Iberoamericanos/ Red de Oficinas Económicas de España en Iberoamérica: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paragua, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay, Venezuela/ Red Iberoamericana de CooperaciónJurídica Internacional/ Red Iberoamericana de Oficinas de Cambio Climático, RIOCC 2019/ Red iberoamericana de Reservas Marinas/ Redes públicas, relaciones editoriales. Hacia una historia cultural de la edición iberoamericana/ Reunión de Ministros y Altas Autoridades Iberoamericanas de Ciencia, Tecnología e Innovación/ Revista Iberoamericana de Educación, RIE/ Secretaría General Iberoamericana, SEGIB/ Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica y el Caribe, SECIPIC/ Secretaría Pro Témpore de la Conferencia Iberoamericana/ Sistema Iberoamericano de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, SIACES/ Sistema Iberoamericano Intergubernamental/ Teatro iberoamericano/ Treinta y siete películas iberoamericanas en la Bernilane 2019/ Trofeo EFE de fútbol iberoamericano/ Turismo y gastronomía en Iberoamérica/Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, UCCI… ETCÉTERA.

viernes, 12 de julio de 2019

"Plantearnos dilemas que ni remotamente tenemos"


Otra serie de reflexiones de Marietta Gargatagli, con sus respectivas e inocultables fuentes, abona nuevamente la cuestión que trata en su artículo de ayer. Se amplia entonces la discusión con razones políticas y económicas que, seguramente, harán las delicias de los gramáticos y lexicógrafos.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Se lee. “Las máquinas que hablan español ya superan a las personas: 700 millones contra 470 millones de humanos que lo tienen como lengua materna. Con esta llamativa afirmación, el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, intervino en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (Córdoba) […] “Como las máquinas aprenden por sí solas, comienzan a pensar e incluso incorporan inteligencia emocional, su interacción con los humanos y con otras máquinas puede acabar destruyendo la normativa unitaria que el castellano posee […]. Para evitar el desastre es preciso ponerse a trabajar a fin de establecer algún tipo de código que las máquinas acepten […]”. Santiago Muñoz Machado, director de la RAE tranquilizó: “Las academias trabajarán por la unificación y normativización de la lengua de las máquinas”. [i]

Una de las astucias del storytelling empresarial es plantearnos dilemas que ni remotamente tenemos. El contacto con estos discursos nos coloca en una situación incómoda, de falta, de inferioridad, de que el mundo avanza sin nosotros, de qué debemos hacer algo o de que alguien tiene que hacer algo. ¿Vendrán androides y hablarán castellano mal? ¿Máquinas que serán como seres humanos y transformarán el lenguaje con cada enunciado? ¿Máquinas que tendrán que aprender a respetar el negocio?

Vivimos tiempos de un management que abandonó el estilo napoleónico para crear mensajes tolstoianos en los que reverbera la complejidad de la vida y múltiples conexiones entre cosas que no tenemos ni idea de lo que son. En verdad, y podríamos hablar en nombre de toda la humanidad, no nos interesan las máquinas ni su lenguaje. Ni siquiera “la gallega”[ii] despierta prolongado interés.

¿Qué dice este relato distópico? Nada original. Cada congreso de la lengua es una ceremonia de marketing y los argumentos cambian. Sin embargo, hay algo inquietante en la ficción misma: ¿y si no fueran las máquinas del futuro, sino los hablantes del presente los que contemplan esta “lengua española” como una inmensa rareza?


La lengua única y el imperio

La “unidad de la lengua” es una antigua idea que pasó de comentario general entre los lingüistas americanos del siglo XIX (Bello, Caro, Cuervo) a convertirse en imposición en el presente y en una de las “fortalezas” con las que las élites españolas se presentan al mundo. Dicen poseer una lengua con 577 millones de hablantes y los reúne el deseo de tener la misma gramática, diccionario y ortografía. Bastaría el agradable párrafo que copio abajo para comprender que no poseen nada. Ninguna lengua está contenida en un diccionario, una gramática y un libro de ortografía que sólo tienen en común la editorial.

“Por eso mismito, La Cuarta aprovechó el vuelito y vía cuernófono nos pegamos flor de charla con el engeladocrá del Bayer Leverkusen, que estaba concentrado con su teampa’ la próxima mocha en la liga chucrut, pero que en su mollera aún tenía el final de esa novena carrera que aún le tiene la pluma entera parada.”[iii]

Al crearse las Naciones Unidas (1945) la inclusión del castellano como lengua oficial (1946) y lengua de trabajo (1948) tuvo relación exclusiva con América Latina. La España franquista no fue aceptada por la ONU hasta 1955. La incorporación a la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea) también fue tardía: el español de España tuvo rango de lengua oficial aunque, a diferencia del inglés, francés y alemán, nunca ha sido una lengua de trabajo. [Véase el estado de la cuestión [iv]]

El español ibérico tiene menos hablantes que el ruso, inglés, alemán, francés y está cerca del polaco y no muy lejos de neerlandés. Las variaciones dependen de si se consideran todos los habitantes (46.733.038) o sólo los de las zonas monolingües (28.219.566) donde no se habla catalán, aranés (occitano), gallego, euskera. Sin olvidar idiomas minoritarios (el caló o romaní o el erromintxela, el romaní del País Vasco) y las numerosas formas dialectales. 

La diplomacia económica española mantiene viva una academia de la lengua en Filipinas donde el idioma se perdió y, desde 2016, existe otra institución semejante en Guinea Ecuatorial donde el español es lengua oficial (junto con el francés y el portugués) aunque los guineanos hablan sus propios idiomas. Hasta ahí llega el español no americano.

En España, el tardío Estado liberal de muy lenta y frágil gestación (de 1833 a 1875), la desigual revolución industrial dependiente de las remesas coloniales, la interminable hegemonía de la derecha, la segregación de las clases populares que tan bien ilustraron la novela picaresca, Baroja, Valle Inclán o Galdós, produjeron la supervivencia de una élite social y económica que fue atravesando los regímenes políticos sin solución de continuidad hasta el presente. Pareció guiarla la frase de Lorenzo Valla que Antonio de Nebrija repitió en la dedicatoria de su gramática de la lengua castellana a Isabel la Católica: “la lengua es el instrumento del imperio”. 


Del Consejo de la Hispanidad de Franco 
a la AECID

El sueño despótico de Franco imaginó una institución llamada Consejo de la Hispanidad (1940) “para asegurar la continuidad y eficacia de la idea y obras del genio español”. Organización, en 1945, bautizada como Instituto de Cultura Hispánica; en 1979, como Instituto de Cooperación Iberoamericana, y en 1989, como Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), para “fomentar, coordinar y ejecutar programas y proyectos de cooperación para el desarrollo en el campo económico, cultural, científico y técnico.” No se abominó de los centros ideológicos del fascismo después de la muerte del dictador. Edificios, funcionarios y fines se readaptaron a los nuevos tiempos. No fue el único caso.

Como en la conquista de los mercados americanos del libro, la Argentina estuvo en el principio. En 1988 se creó el primer Centro Cultural de España, el de la calle Florida de Buenos Aires; en 1990 empezaron a llegar las primeras empresas españolas, entre ellas Telefónica; en 1991 la Argentina participó de la primera Cumbre Iberoamericana en México; en 1992 la AECID construyó el segundo Centro Cultural de España, en Rosario; en 1995 se creó en Buenos Aires la Fundación Ortega y Gasset donde hoy se dan cursos de español para extranjeros y se toman los exámenes del Instituto Cervantes; en 1998, la AECID contribuyó a la creación del tercer Centro Cultural de España en Córdoba; en 1999, un ministro menemista [v], mencionado en casos de corrupción y tráfico de influencias, firmó un acuerdo de colaboración con el Instituto Cervantes creado en 1991.

En la década de los noventa se hicieron en América Latina siete “cumbres iberoamericanas” y la aplicación continental del Consenso de Washington facilitó la instalación de las empresas españolas: Iberdrola, Repsol, Gas Natural, Endesa, Banco Santander, Banco BVBA, Ferrovial, ACS, Mapfre, etcétera. Además de embajadas y consulados, existen oficinas comerciales de España en todas las capitales del continente; centros culturales (además de los tres de Argentina) en Asunción, La Paz, Lima. Montevideo, México DF, San José de Costa Rica, San Salvador, Santiago de Chile, Santo Domingo, Panamá, Tegucigalpa, Managua. En Brasil existen sedes del Instituto Cervantes en Sao Paulo, Río de Janeiro, Brasilia, Curitiba, Porto Alegre y Salvador, Recife y Belo Horizonte. En Estados Unidos en Albuquerque, Boston, Chicago, Nueva York y Seattle.


El teatro de las sombras

Cada cierto tiempo, las Cumbres Iberoamericanas o los Congresos de la Lengua diseminan sobre los ciudadanos latinoamericanos una dosis anual o bianual de pertenencia ficticia a una ficticia Comunidad Iberoamericana de Naciones donde, como dijo Quevedo de los sueños, las élites españolas son el teatro, el auditorio, los actores, el argumento y la boletería. Más del 40 % de las ganancias de las empresas del IBEX 35 (índice bursátil de las empresas españolas con más liquidez) lo aporta América Latina.

La red de secretarías de Estado, subsecretarias, oficinas diversas, casa de América en Madrid y Barcelona, fundaciones, becas, conciertos económicos y convenios variadísimos, instituciones de la lengua, de la cultura, multinacionales y vínculos políticos forman una trama interminable de describir pero que reconoce todo lector de los documentos de la historia de América: es pura literatura virreinal. Otra vez.

El “capitalismo emocional”, que convierte las emociones en mercancías, a veces captura personas que prestan su oreja, incluso hay funcionarios que firman cosas, que las aprueban, que no reflexionan ni un minuto sobre la violencia simbólica, la destrucción: imaginar a los latinoamericanos como máquinas que pueden hablar de modo más rentable, nada menos. Imaginarlos como números. Imaginar su experiencia como perpetuo sometimiento.




[ii]No sé si “la gallega” todavía existe.

[iii] Este fragmento lo escribió Pablo González Amado, (Chile, 2010) y lo reproduce Mario Pérez Oliva (espero que no le moleste la cita), médico veterinario en ejercicio, profesor y académico. http://caballosyopinion.com

[v]Manuel García Solá (1953), empresario agrario y exiguo ministro de Educación de la Nación (de abril a diciembre de 1999) fue denunciado por la Oficina Anticorrupción (2000) y mencionado en un escándalo de tráfico de influencias (2010).   


Referencias [Se mencionan sólo textos utilizados para la redacción de estas notas]




Salmon, Christian: Storytelling, Paris, La Découverte, 2001. 

Morán, Gregorio: El cura y los mandarines (Historia no oficial del Bosque de los Letrados): Cultura y política en España, 1962-1996, Akal, 2014.



[2]No sé si “la gallega” todavía existe.

[3] Este fragmento lo escribió Pablo González Amado, (Chile, 2010) y lo reproduce Mario Pérez Oliva (espero que no le moleste la cita), médico veterinario en ejercicio, profesor y académico. http://caballosyopinion.com


jueves, 11 de julio de 2019

Tres al hilo para una polémica que nunca existió

Académico español pensando

Después de un largo silencio, nos  complace publicar el siguiente artículo de Marietta Gargatagli, donde se retoma el guante de la denominación de la lengua que hablamos. Como se recordará, buena parte del impresentable establishment cultural oficial de España y los medios de comunicación que se hacen eco de sus dichos, pusieron el grito en el cielo cuando durante el VIII Congreso de la Lengua varios participantes argentinos señalaron la inconveniencia de llamar “español” a lo que acá se llama “castellano”. Lo interesante, como se verá en el artículo de Gargatagli, es que allá también se llama “castellano” lo que ahora pretenden hacernos pasar por “español”, término más ligado a la extranjería que a la lengua misma. De modo que el tiro les habrá salido por la culata. Y si no, que refuten lo que sigue, a ver cómo se las arreglan.

Castellano o español

Plaudite, amici, comedia finita est.

En los medios de comunicación, en los debates, en los programas electorales, en los juzgados, en las conversaciones corrientes, no existe ninguna duda de que en España existe un idioma que se llama “castellano” y no “español”.

Sorprende, por tanto, que sorprenda que en Argentina se diga castellano[1].

Algunos ejemplos.

“¿Está el castellano discriminado en España? Más del 40% de la población española vive en territorios con lenguas cooficiales. El PP y Ciudadanos creen que hay un problema con la lengua en nuestro país.”[Título y subtítulo de una noticia,El País. 19 de marzo de 2019].

“Poner en marcha una Casa de la Traducción, articulada en torno a tres ejes: la traducción al castellano de obras escritas en otras lenguas, la traducción a otras lenguas de obras escritas en castellano y la traducción al castellano de obras de las diversas lenguas del Estado.” Programa electoral del 2019 del Partido Socialista Obrero Español[2]

“Desarrollaremos el artículo 3 de la Constitución a través de una Ley Orgánica de uso del castellano como lengua oficial del Estado (…). Solo tendrán carácter oficial aquellos actos administrativos que se realicen, al menos, en castellano. Las señales, paneles y placas, urbanas e interurbanas, utilizarán siempre, al menos, el castellano. Nadie podrá ser multado o sancionado por utilizar el castellano.” Programa electoral del 2019 del Partido Popular.
“Usted va a contestar en castellano. Si no quiere contestar en castellano, se levanta, asume las consecuencias legales de su negativa a contestar y hemos terminado”[3]. Manuel Marchena. Juez del Tribunal Supremo. Juicio al proceso independentista catalán. Martes, 14 de mayo del 2019.
Castellano/catalán. Opciones que ofrece la página online del ISBN (International Standard Book Number) de España.
Castellano, català, galego, euskara, valencià, english. Opciones que ofrece la página online del Palacio de la Moncloa, sede del gobierno español.
Etcétera.

Castellano, lengua oficial de España
Los legisladores españoles (en las dos últimas constituciones —1931 y 1978— el idioma se llama “castellano”), los escritores españoles y hasta las autoridades de la RAE en entrevistas diversas dicen, con la máxima naturalidad y en este orden, que el “castellano” es la lengua oficial de España, que escriben en “castellano” o que se ocupan del “castellano”.

La oposición entre “castellano” y “español”, conviene dilucidarlo, pertenece a la historia de la lengua. El idioma mirado desde el interior, desde la familiaridad de los hablantes, se  llama “castellano”. Visto desde afuera puede llamarse español, como si spanish, spagnolo, spanisch, испанский, iσπανικά, tiraran del primer “espaignol”, palabra también llegada del exterior, lo que revela la terminación en “ol”, propia de la lengua occitana o provenzal.

En la tradición del idioma siempre se reservó la palabra “español”, sin los énfasis imperiales que la rodean ahora, para llamar a la lengua con su nombre extranjero, respetando o acomodándose a la mirada del otro, y seres con sensibilidad tan precisa para los matices, como Borges, usaron “español” sin ningún problema hablando de traducciones. 

Las sutilezas históricas no importan en el juego político. A la gente común les resulta tan ajena como el petiso orejudo y los únicos sorprendidos con la cotidiana comprobación de que los españoles hablen más bien en “castellano” deberían ser las autoridades del Diccionario Panhispánico de Dudas que escribieron sin fundamento, entonces y ahora, que se trataba de “una polémica hoy superada”. 

Otro asunto es el manejo internacional del idioma. La razón es de lo más sencilla:alguien piensa que por ahí andan dando vuelta unos doblones que les pertenecen.


La definición engordada

En 1925, el diccionario general de la RAE dejó de denominarse de la “lengua castellana” para llamarse Diccionario de la lengua española. En la entrada “español”se eliminó una acepción escueta: lengua española, para introducir la innovadora aclaración: “lengua española, originada principalmente en Castilla, y hablada también en casi todas las repúblicas americanas, en Filipinas y en muchas comunidades judías de Oriente y del Norte de África.”

La dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), cierto crecimiento económico producido por la neutralidad de la Gran Guerra más las últimas remesas coloniales y el naciente fascismo que inyectó esperanza en las élites españolas, crearon el nacionalismo español que hizo de la diplomacia económica su más original devenir. Eso explica el cambio de nombre.

En el frenesí de las tres primeras décadas del siglo pasado se imaginaron instituciones, se investigó sobre el terreno, se buscaron aliados, se redactaron miles de informes y se tomaron las iniciativas necesarias para la conquista de los mercados americanos, conquista que comenzó con los libros. En 1922 se instaló Calpe en Buenos Aires y su propietario, Nicolás de Urgoiti, fue recibido con banquetes y la máxima cordialidad;en 1923 ya soñaba con que la gendarmería argentina patrullara el Río de la Plata para impedir que desde Uruguay, que no había firmado el tratado de propiedad intelectual con España, se enviaran ediciones piratas “para buscar el más extenso mercado de la Argentina”; en 1928, el gerente de Calpe, otro Urgoiti, aparecía como uno más de los editores argentinos en la primera Exposición Nacional del Libro (sorprendente como la fotografía de Jack Nicolson en El resplandor); en 1933, este mismo Urgoiti influía secretamente entre los diputados argentinos para que la Ley Nº 11723 de Propiedad Intelectualbeneficiara a los intereses españoles. Etcétera.

En esa résilience écologique imperial, el español se llamó español. Como decía Bill Clinton: es la economía, estúpido.




[2] La Casa del Traductor. Centro Hispánico de Traducción Literaria, Tarazona (Aragón) existe desde 1988. También existen, hace varias décadas, las ayudas a la traducción. La única diferencia es que las ayudas a la traducción fueron siempre a todas las lenguas de España. Quizás sea otra Casa del traductor, otras ayudas, una especie de España a través del espejo.