lunes, 26 de octubre de 2020

Un premio ruso para Alejandro Ariel González


El pasado 15 de octubre, el traductor argentino Alejandro Ariel González fue premiado por el Foro Eslavo de las Artes, que le concedió el Zolotói Vitiaz (“Guerrero de Oro”) 2020. En principio, el galardón fue creado en 1992 como un premio cinematográfico, pero, a partir de 2010, reúne cine, teatro, música, literatura y artes plásticas. Quien lo organiza es el Foro Eslavo de las Artes, presidido por el actor Nikolái Petróvich Burliáiev, figura muy destacada de la cultura rusa: 

https://es.wikipedia.org/wiki/Nikol%C3%A1i_Burli%C3%A1yev.

En su edición de 2020, el Foro Literario recibió 188 obras y candidaturas provenientes de diversos países del mundo: Rusia, Argentina, Armenia, Bielorrusia, Bulgaria, Italia, China, Polonia, Estados Unidos, Ucrania, etc. De esa cantidad, 91 fueron admitidas y 52 quedaron seleccionadas como finalistas, distribuidas en 8 categorías: poesía, prosa, divulgación, historia de los países eslavos, literatura infantil y juvenil, estudios literarios, guiones cinematográficos y traducción literaria (esta última categoría es la primera vez que se incluye en el certamen). 

El día 15 de octubre, en la sala de conferencias de la Casa del Cine de Moscú, se dieron a conocer los ganadores. Alejandro González recibió el primer premio por “su aporte a la difusión de la literatura rusa clásica en el mundo hispanohablante”. 

Ese mismo día, González escribió en su Facebook: “Si a comienzos de la década del '90, cuando descubría el cine de Andréi Tarkovski, alguien me hubiera dicho que el actor que protagonizaba La infancia de Iván y desempeñaba un papel crucial en Andréi Rubliov me entregaría 30 años después, en la Casa del Cine de Moscú, un premio por mi labor de difusión de la literatura y el pensamiento rusos, yo habría inexorablemente tildado ese augurio de fantástico. 

Sin embargo, la vida tiene esos giros cortazarianos y aquí estoy escribiendo estas líneas. La pandemia impidió el encuentro personal, de modo que grabé un mensaje que fue proyectado en la sala de ceremonias. En él le comento a Nikolái Burliáiev –creador y organizador del premio– lo que escribí en el párrafo anterior. Por ahora, los dos nos vemos y conocemos a través de la pantalla”. 

Para mayores datos sobre Alejandro González (Buenos Aires, 1973), es especialista en lengua y literatura rusa y en la obra de Fiódor Mijáilovich Dostoievski, además de traductor de textos literarios y filosóficos en lengua rusa. Fundó y preside la Sociedad Argentina Dostoievski. Es coordinador regional por Argentina de la International Dostoevsky Society. Es editor de la revista Eslavia, especializada en estudios eslavos, y coeditor de la revista Estudios Dostoievski. Miembro de la Unión de Traductores de Rusia y del Consejo de Redacción de las revistas Dostoevsky Studies, Cuadernos de rusística española y Mundo Eslavo es colaborador de la revista virtual El trujamán del Instituto Cervantes. Coordina Interpres, programa de práctica y estudio de la traducción (Universidad Nacional de San Martín). Ha ganado el premio Read Russia 2014 por su traducción de El doble, de Fiódor Dostoievski. Finalista del mismo premio en 2012 por su traducción de TarásBulba, de Nikolái Gógol. Premio Mayor “Teatros del Mundo” 2015 por su traducción del Teatro Completo de Iván Turguéniev. En 2018 recibió la Orden Epifani Premudri (Consejo Editorial de la Iglesia Ortodoxa Rusa) por “su gran aporte en la divulgación y promoción de la literatura rusa en el mundo hispanohablante”. Ha traducido más de 60 libros de autores rusos en Argentina, España, Chile y Colombia. Ha publicado más de 20 artículos en Argentina, Rusia, Brasil, México y España sobre traducción y teoría social. Lic. en Sociología por la UBA. realizó estudios de posgrado en la Universidad Estatal de Petrozavodsk, Rusia.


viernes, 23 de octubre de 2020

"Una figura simbólica que Dante admira y rechaza"

Que, a esta altura de los acontecimientos, a ninguna editorial se le haya ocurrido reunir los textos que el poeta y traductor Jorge Aulicino viene escribiendo a modo de explicación –o problemas– de la Divina Comedia es poco menos que escandaloso: los viene escribiendo prácticamente desde que tradujo ese libro, publicado por la editorial chilena LOM, y muchos de ellos fueron presentados en charlas o están disponibles en su Facebook. La circunstancia revela, tal vez, el desinterés y la poca cultura de la mayoría de los editores argentinos, siempre pendientes de la última novelita suburbana. Para muestra, este breve texto que Aulicino nos ha hecho llegar.

Guarda que son griegos

Hay en el canto 26 del Infierno un episodio que me llamó la atención, no porque sea maravilloso o propiamente dantesco sino porque parece encubrir un problema vinculado con la traducción. En principio, y al imaginarlo como una conversación común en argentino contemporáneo, me hizo reír a solas. Dante y Virgilio ven que una misma llama envuelve a Odiseo –llamado por su nombre en latín, Ulises, por Dante– y Diomedes. Virgilio le explica por qué están ellos envueltos en ese fuego y le dice: “Dejame hablar a mí. A lo mejor no quieren hablar con vos, porque son griegos”. Parecería que esto alude a una soberbia por parte de los personajes. Virgilio parece creer que a él lo escucharán porque es el autor de la Eneida que, aunque fue escrita en latín, cuenta la caída de Troya. Sin embargo, creo que hay también un problema con la lengua, sin que esto quite la soberbia que Virgilio parece presumir en Ulises y Diomedes.

Cuando mencioné que quizá hubo cierta inquina de Dante por Ulises, en la publicación del primer libro de la Comedia por la editorial Gog y Magog, basándome en que Dante no nombra entre los ilustres visitantes del Infierno al notorio Ulises, José Burucúa, de paso por la redacción de la revista Ñ, me dijo: “Atenti que Dante no leía en griego, y no conocía toda la Odisea”. Esto me dejó pensando. Las fuentes de Dante respecto de la mitología y la épica griegas eran, en efecto, dispersas: Ovidio; la Tebaida, de Estacio, y desde luego el propio Virgilio. Después de la muerte de Dante, Giovanni Boccaccio y Francesco Petrarca hicieron traducir la Ilíada y la Odisea completas por primera vez al latín. Se la encargaron al monje calabrés Leoncio Pilato, que se hacía pasar por griego, y fue –pese a su impostura– gran promotor de la traducción de obras literarias griegas. Así pues es posible que Dante no supiese que en la Odisea el protagonista baja al Hades. Pero siendo un episodio tan comentado y atrayente de la obra, me parece difícil que nunca hubiese escuchado sobre él, o leído algo al pasar. De manera que, aún con la advertencia de Burucúa, siento un ausencia resonante cuando Dante le explica a Virgilio sus dudas para iniciar la catábasis, en el canto 2:

 Pero yo, ¿por qué iré? ¿Quién lo concede?

 Yo no soy Eneas, y Pablo no soy.

Tenemos esto, y que en el canto 26 aparece el omitido.

Y no solo que Virgilio cree oportuno ser él quien les hable a Ulises y Diomedes, sino que la respuesta de Ulises es el relato abreviado de su viaje, tan abreviado que figura en él Circe, pero no el Hades. Y este relato terminará con su muerte, sin regreso a Itaca, aunque Dante sabía de Penélope, a quien menciona. Todo esto, ¿es fruto de la ignorancia de Dante sobre el texto entero de la Odisea? Esto es, ¿provenía de su desconocimiento del griego, idioma en el que –de haberlo comprendido– podría haber leído el libro en los conventos franciscano y dominico en los que forjó su erudición? ¿Es producto de la misma desinformación el hecho de que pudiera ver el viaje de Ulises como pecado de soberbia, en este caso bajo la forma de voluntad de conocimiento, por encima del permitido por Dios? Ulises, en la Comedia, muere, arrebatado por una ola gigantesca, en las costas de una isla del Atlántico, más allá del Ecuador, luego de haber incitado a sus hombres a viajar pues “no fueron hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y sapiencia”. Es decir, en un mar ignoto para entonces. ¿Rechazaba Dante en Ulises a aquellos que desafían a los dioses? ¿Era Ulises, para él, otra versión del soberbio Capaneo, unos de los sitiadores de Tebas, al que puso en el Infierno por haber dicho que “ni Zeus” impediría que trepara esas murallas?

Estoy haciendo conjeturas sobre una imagen arquetípica de la Comedia, teniendo en cuenta datos externos al texto. La ambigüedad de los sentimientos de Dante por Ulises está, me parece, en la letra. Es una figura simbólica que Dante admira y rechaza, como al feroz Capaneo. Su propia ambigüedad frente al “pecado de conocimiento” quizá está puesta allí. Pero que los griegos pudieran serle “esquivos” (schivi), como presume Virgilio, forma parte también –creo– de una carencia en su propio bagaje cultural, que tal vez no se perdonaba. 

jueves, 22 de octubre de 2020

Juan Carlos Ghiano puso el dedo en la llaga

En el mundo literario, donde las reputaciones raramente son examinadas con el detalle que merecen, nadie quiere sacar los pies del plato, justamente porque nunca se sabe. Sin embargo, hubo épocas en que escritores, críticos y periodistas se animaban a decir algo más que lo que actualmente dicen. Así, el 22 de junio de 1969, el muy prestigioso crítico argentino Juan Carlos Ghiano firmó un artículo en el diario La Nación, donde se dedicaba a escrutar extensamente una antología de literatura latinoamericana publicada por la revista estadounidense Tri Quarterly, de la Northwestern University, de Evanstown, Ilinois.

Se trataba, claro, de un punto de vista muy crítico que, ya desde el título "Una versión distorsionada", daba una idea de lo que el lector del número correspondiente al Otoño/Invierno 1968/69 de la revista en cuestión iba a leer. Más allá de la crítica a los criterios de selección y a los seleccionados –algo que, ya de por sí, en nuestro pequeño presente constituiría una manera de cerrarse puertas de universidades estadounidenses–, importa aquí transcribir el párrafo dedicado a los traductores, entre los que se contaban algunos de los más célebrados profesionales estadounidenses, hoy devenidos monstruos sagrados:

"La mayoría de los traductores –Gregory Rabassa, John Hollander, Norman Thomas di Giovanni, John C. Murchison, Stuart Gross, Lysander Kemp, etc.– son de formación y actuación universitarias; esto garantiza la fidelidad literal, e impone las limitaciones de quienes no interpretan las búsquedas verbales en que hoy se ahonda la actitud creadora de narradores y poetas de nuestra América: voluntades diversas que se apoyan en los rasgos locales, y aun limitadamente localizados de un idioma cercano a las instancias orales con sus complejos matices de sintaxis y vocabulario. Esas diferencias son sutiles, y exigen un atento estudio de los textos, el único capaz de dar apoyo a la 'recreación' que deben alcanzar los traductores. Las modalidades personales –y cubanas, o chilenas, o argentinas– de los escritores deben encontrar sus equivalentes en el inglés norteamericano, no una solución que esquive la personalidad estilística de cada texto. Los mayores corresponden a Eshleman, Ben Bellit, de Neruda ambos: ambos, poetas".

Tómese el caso de Gregory Rabassa (1922-2016), traductor del castellano y del portugués al inglés. Entre otros, tradujo al español Juan Benet, al argentino Julio Cortázar, al colombiano Gabriel García Márquez, al cubano José Lezama Lima, al peruano Mario Vargas Llosa, al portugués José Maria de Eça de Queirós, a la brasileña Clarice Lispector, etc. Más allá del trabajo estrictamente profesional (y, en cierta medida, alimenticio), ¿qué implica traducir a autores de distintas variedades de dos lenguas, con enormes variaciones y estilísticas? En cierta forma, Ghiano lo anticipa con su pregunta. Ahora bien, ¿cuántos críticos se animarían hoy en día a objetar una traducción mencionando la naturaleza académica de sus traductores o las dificultades que presenta la diversidad lingüística de los traducidos?

miércoles, 21 de octubre de 2020

Un premio a la traducción de poesía italiana que se otorga en México , como aperitivo, una mesa redonda sobre traducción de poesía

 

El Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México tiene el gusto de invitarlos a la ceremonia de premiación via ZOOM de la III edición de “M’illuminod’immenso. Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español” que será precedida por un diálogo entre tres poetas traductores

Jueves 22 de octubre de 2020. A las 12:00 (hora de la Ciudad de México), 14 (hora de Buenos Aires), 19:00 (hora de Roma).

Participan: Hernán Bravo Varela, Jorge Fondebrider y Fabio Morábito

Modera: Barbara Bertoni

En el marco de la vigésima semana de la lengua italiana en el mundo, Hernán Bravo Varela, Jorge Fondebrider y Fabio Morábito, poetas y traductores con larga trayectoria, entablarán vía ZOOM un diálogo sobre poesía y traducción.

Al finalizar, tendrá lugar la ceremonia de premiación de la tercera edición de “M’illuminod’immenso. Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español”, un concurso pensado con el fin de fomentar la traducción y la difusión tanto de la poesía italiana como de la poesía suizo-italiana en los países de habla hispana. El premio es organizado por los poetas Vanni Bianconi (Suiza) y Fabio Morábito (México), y por la traductora Barbara Bertoni (Italia), directora del Laboratorio Trādūxit, gracias al apoyo del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México y de la Embajada de Suiza en México, y bajo el patrocinio de Biblioteche di Roma.

En este premio de traducción italo-suizo, los concursantes deben traducir un poema de un autor italiano y otro de un autor suizo de lengua italiana; en esta ocasión se trató de los poemas “Gliireosgialli” de Luciano Erba (Italia) y “La carta dellearance” de Pietro De Marchi (Suiza). 

En esta tercera edición hubo 183 concursantes de 18 nacionalidades residentes en 21 países distintos (Alemania, Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia, México, Panamá, Perú, Reino Unido, Suecia, Suiza, Uruguay y Venezuela).El jurado eligió como merecedora del premio Teresa Lanero Ladrón de Guevara (España) y concedió una mención honorífica a Jorge Yglesias García (Cuba).

En la ceremonia de premiación intervendrán también el poeta suizo Pietro De Marchi y Teresa Lanero (España), la traductora que ganó este año.

Para participar sólo es necesario enviar un correo electrónico a: iicmessico@esteri.it a más tardar a las 11 hrs. del día del evento.El evento se transmitirá también en vivo en la página de Facebook del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México (facebook.com/iicmessico).

LOS POETAS INVITADOS A DIALOGAR SOBRE TRADUCCIÓN Y POESÍA

Hernán Bravo Varela nació en la Ciudad de México yes autor de seis libros de poemas y tres de ensayo literario. Ha traducido al español y publicado diversos títulos de Emily Dickinson, Christina Rossetti, Gerard Manley Hopkins, Oscar Wilde, T. S. Eliot, Seamus Heaney y Leonard Michaels, entre otros autores. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino en 1999 y el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2010, en el área de ensayo literario. Actualmente es Asesor Cultural de la Casa del Poeta "Ramón López Velarde", editor del Periódico de Poesía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Jorge Fondebrider nació en Buenos Aires y es poeta, ensayista, traductor y periodista cultural. Ha publicado varios libros de poemas, una gran cantidad de ensayos y ha sido compilador de 4 antologías de poesía argentina, 1 de poesía francesa posterior a la década de 1940 y una antología de poesía irlandesa contemporánea. Ha traducido a los poetas Henri Deluy, Yves Di Manno, Peter Sirr, Richard Gwyn, Moya Cannon y Tom Pow, entre otros. Asimismo, a Gustave Flaubert (Madame Bovary y Tres cuentos, ambas ediciones anotadas), Georges Perec, Bernard-Marie Koltès, Morris West, Paul Virilio, Claire Keegan, Anthony Cronin, Patricia Highsmith, Owen Martell, Jack London, Joseph Conrad y Patrick MacGuinness.


LOS ORGANIZADORES DEL PREMIO “M’ILLUMINO D’IMMENSO” - ESPAÑOL”

Barbara Bertoni (Génova, Italia)

Ha traducido más de cincuenta volúmenes de narrativa del español, inglés, francés, portugués y catalán al italiano. Desde 2015 coordina el Laboratorio Trādūxit, laboratorio de traducción literaria colectiva del italiano al español en el Instituto Italiano de Cultura Ciudad de México con participantes presenciales y a distancia. Los objetivos del Laboratorio Trādūxit son formar traductores literarios del italiano al español y difundir la literatura en lengua italiana en los países de habla hispana. 

Vanni Bianconi (Locarno, Suiza)

Es poeta y traductor. Sus poemas han sido traducidos al inglés, ruso, polaco, árabe, español, francés, alemán, húngaro y croata. Algunos de suslibros son Ora prima. Sei poesie lunghe (Casagrande, 2008), Il passo dell’uomo (Casagrande, 2012), Londonas a Second Language (Humboldt Books, 2016) y Sono due le parole che rimano in ore (Casagrande, 2017). Es el director artístico de Babel, festival de literatura y traducción, y uno de los animadores de Specimen, revista en línea de traducción.

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto)

Transcurrió su infancia en Milán y a los quince años se trasladó a México, donde vive desde entonces. A pesar de que su lengua materna sea el italiano, ha escrito toda su obra en español. Es autor de varios libros de poesía, cuento, ensayo y dos novelas. Tradujo la poesía completa de Eugenio Montale y Aminta de Torquato Tasso. Ha residido largas temporadas en el extranjero y varios de sus libros han sido traducidos al alemán, inglés, francés, portugués e italiano.

martes, 20 de octubre de 2020

Enrique Pezzoni analiza la labor de Alberto Girri como poeta / traductor de poesía

Poner orden en los viejos papeles que uno va juntando con los años tiene sus ventajas. Una de ellas es encontrar cosas que se habían olvidado por completo. Así, en los próximos días, el Administrador irá subiendo, junto con artículos más cercanos en el tiempo, otros, de mucho valor, perdidos en las páginas de diarios y revistas, y nunca incluidos en libro. Y paa empezar, éste, publicado por
Enrique Pezzoni (foto de la derecha), el 19 de febrero de 1989, en La Gaceta, de San Miguel de Tucumán.

Para poner en contexto al lector no familiarizado con estos nombres, la editorial Fraterna, de Buenos Aires, acababa de publicar La tierra yerma, con versión y notas de Alberto Girri (foto de la izquierda). Éste y Pezzoni, anteriormente habían traducido una antología de poemas de T. S. Eliot para la editorial argentina Corregidor. Ambos habían sido frecuentes colaboradores de la revista Sur, de Victoria Ocampo, además de amigos.

"The Waste Land" en español

Hay un doble gesto que se reitera en muchos de los libros de Alberto Girri. Consiste en incluir junto a sus propios poemas, traducciones de poetas anglosajones. La lista es larga. Girri suele cerrar sus libros con versiones de G. M. Hopkins, W. B. Yeats, Wallace Stevens, Robert Graves, T. S. Eliot, Peale Bishop y también otros autores menos festejados por la popularidad, siquiera académica, entre nosotros: W. D. Snowdgrass, William Bay Smith. El doble gesto de reunir textos propios con textos de otros pero apropiados a través de la traducción señala dos proyecciones aparentemente divergentes, dos rumbos que en realidad coinciden. Son el movimiento mismo de ir hacia el poema, el propio, el de otro. Creo que hay en verdad un rasgo característico, se no definitorio, de la práctica poética de Alberto Girri. Ese rasgo en la tensión permanente de partir hacia un texto que se exhibe como indagación de sí mismo. Los poemas de Girri se presentan como una imagen del mundo que consiste en una interrogación constante: no sólo un preguntarse acerca del mundo, sino también acerca del movimiento que lleva a una imagen orecida como un hallazgo nunca definitivo. Cada poema de Girri es a la vez lectura del mundo y de sí mismo. Una poética severa, rigurosa, que declara la afinidad entrañable entre lo hecho, el poema, y los modos, las posturas , las estrategias de ese hacer. El poema como práctica y también como indagación de esa práctica. "El poema como idea de la poesía": títuo de un  texto contenido en El motivo es el poema (1976), en el cual Girri reflexiona sobre su propio proceder: "que el poema/ se conduzca en la mente como un/ experimento en una ciencia natural,/ y que la aptitud/ combinatoria de la mente sea/ la única inspiración reconocible."

Los poemas de Girri se leen a sí mismos. No se interpretan, no se regalan sentidos contundentes. En todo caso, se explican: se despliegan, se exhiben como la búsqueda en que consisten. Las traducciones de Girrison otro modo de ir hacia el poema desplegándolo sin caer en la trampa de la interpretación. Si en sus propios textos Girri se lee, en sus versiones lee a otro poeta. Actividad insaciable de lector: no sólo leer sentidos, sino también y por sobre todo leer las actitudes y las formas asumidas por la práctica poética. Poeta y traductor: ambos términos son en Girri sinónimos de lector. Lector contumaz, autoconsciente, obsesionado por mostrar los textos en el proceso de hacerse. Tal es para Girri la tarea del poema y también del traductor.

"La tarea del traductor" (1), título del memorable ensay de Walter Benjamin. Con la sinuosa complejidad de su pensamiento, Benjamin define a través de afirmaciones y negaciones la paradójica misión del traductor, posible e imposible a la vez, reveladora y al mismo tiempo encubridora del texto original. "La traducción es, ante todo una forma. Para comprenderla de este modo es preciso volver al original, ya que en él está contenida su ley, así como la posibilidad de la traducción. ¿Qué garantiza esa posibilidad? ¿Cómo definir la traductibilidad de un texto? ¿Acaso hay obras que en su esencia no sólo consienten, sino más aún, exigen en la traducción un acuerdo con la significación de la forma? Sin duda la respuesta no está en el hecho trivial de que una obra haya encontrado a su traductor adecuado. En todo caso, la tarea del traductor consistiría en descubrir que su versión brota del original mismo y en tener presente que no son las traducciones las que prestan un servicio a la obra, sino más bien que deben a la obra su existencia. Las buenas traducciones, las que no consisten en meras comunicaciones o informaciones acerca de los sentidos del original, son aquellas a través de las cuales la obra original sobrevive y alcanza de ese modo su expresión póstuma más vasta y siempre renovada. Por otro lado, la traducción destaca la íntima relación que tienen los idiomas entre sí: y en este sentido, el pensamiento místico de Walter Benjamin lo impulsa a decir que esa relación se basa en el ser lingüístico común a todas las cosas, antes de que se produzca la diversificación en lenguajes diferentes. Paradójicamente, la traducción también revela la diferencia radical entre los idiomas. Una diferencia que no anula la afinidad entre ellos. Cada idioma es para Walter Benjamin parte de un todo, y en esa complementariedad puede percibirse "la pura lengua de la armonía de todos esos modos de significar".  Situado en el cora´zon mismo de la dialécticta entre lo singular y los total, el traductor goza del arduo privilegio de encarnar esa suerte de desgarramiento, única fidelidad a la que se siente sujeto. El traductor es así un lector a ultranza: percibe en el original la profusión de sentidos a que está ligada su forma, y al mismo tiempo reduce esa pluralidad al elegir entre los sentidos aquellos que pueden transmitir en su versión a un idioma determinado. Traductor/lector crítico, autoconsciente de la paradoja que enfrente la percepción de una efervescencia de sentidos y la imposibilidad de reiterarla totalmente en su versión, puesto que para ser inteligible, debe reducir la multitud de significaciones originales y reducirla al sentido que recorta y elige. El traductor, lector crítico. Al definirse a sí mismo en relación Friederich Schlegel y el romanticismo alemán, Walter Benjamin afirma esta similaridad entre la lectura crítica y la traducción. La una y la otra participan de ese gesto que Benjamin llama irónico: un gesto que deshace la movilidad del original dándole una forma canónica en la traducción. El original nunca es definitivo, puesto que puede o exige ser traducido. Es imposible, en cambio traducir una traducción. La traducción congela y por eso mismo muestra la vertiginosa movilidad del original: su inestabilidad. La lectura crítica del traductor es, así, contradictoria: revela que el original no puede reproducirse ni imitarse, pone en movmiento la multiplicidad de sus sentidos, aleja la posibilidad de canonizarlo, pero canoniza su propia versión. 

Tal es la tarea que Alberto Girri asume en su doble gesto de ir hacia el poema propio y hacia el de otro. Como el traductor descrito por Walter Benjamin, Girri se entrega a una tarea posible a la vez que imposible. Se propone versiones transparentes que lleven al original sin reproducirlo: mostrándolo como la forma desde la cual brota toda versión. Transparencia ilusoria. El ideal del traductor/lector Alberto Girri consiste en desaparecer, ofrecer sus versiones casi como decisiones espontáneas del original; la empresa es admirable por el aliento que impulsa: regresar a una lengua primera, original y origen, una lengua que rebase ahora el inglés y el español y que sea la lengua trascendente a cada idioma particular.

La traducción de The Waste Land que nos propone Alberto Girri hace desestimar los árdiso debates en torno a fidelidad versus libertad. Para Girri no hay otra fidelidad que la que liga al traductor a ese potencial de traductibilidad que es la ley del original. No la servidumbre a cada palabra, a cada giro; el apego a cada palabra aislada en The Waste Land nunca logrará aprehender los sentidos del texto: en él, la significación no está únicamente en lo pensado ni en la palabra aislada, sino precisamente en la proporción en que lo pensado está unido a la manera de pensarlo lingüísticamente. Frente a The Waste Land, La tierra yerma de Alberto Girri se muestra como un procedimiento transitorio, provisional, para descubrir lo que cada lengua tiene de original. Y a la vez es el ademán que señala la totalidad ante la cual se fascina Walter Benjamin. La traducción al español del texto de T.S. Eliot es sobre todo su forma: es decir, es una parte de la constelación que integra con el texto inglés de Eliot: "La verdadera traducción es transparente: no cubre el original, no le hace sombra, sino que deja caer en toda su plenitud sobre éste el lenguaje puro, como fortalecido por su mediación" (Walter Benjamin). Es la forma de libertad que elige Girri: la de ir ás allá de la antinomia entre fidelidad y libertad. Su libertad es la de optar por la desaparción como traductor: no interponerse, permitir que se contemplen mutuamente The Waste Land y La tierra yerma. Desaparición, transparencia imposibles salvo como ideal de conducta: empeño condenado a un maravilloso fracaso. Libertad constreñida por la forzosidad de elegir entre la irradiación de snetidos que The Waste Land. Libertad impetuosa, pero sin desenfreno, consciente de su capacidad –necesidad– de optar en cada instante. Traductor/lector crítico, Girri lleva hasta el extremo la virtud de percibir la ebullición de la significancia. En su versión procura dejar la huella de esa lectura abarcadora, pero a la vez se resigna a la singularidad del sentido que es dominante en el momento provisional de la traducción. E ltexto de T. S. Eliot y la versión de Albereto Girri se contemplan sin hostilidad. Precisamene porque el traductor/lector se resigna a la mediación: la tarea es encontrar en la lengua a la cual traduce un eco del original. Tarea afín a la del poeta que, en cada uno de sus textos, percibe la interacción constante que es la lengua poética: "una estructura/de palbras, mosaicos de palabras/ en que cada voz irradia su eficacia/ hacia la derecha, hacia la izqueirda/y sobre la totalidad, el conjunto".  ("Nunca un poema es lo que su autor creyó", en El motivo es el poema).

Como el traductor, el poeta contempla el poema propio. Se quiere transparente, espectador de lo que aststigua. Pero sabe que la contemplación está mediada por él mismo, poeta/lector, traductor/lector crítico. Observemos las sutiles elecciones con que Alberto Girri deja su huella en su versión de The Waste Land. Algunos ejemplos:

En el comienzo de "El entierro de los muertos", el primer canto de La tierra yerma, Eliot enhebra una serie de morosos gerundios: "April is the cruellest months, breeding/ Lilacs out of the dead land, mixing/ Memory and desire, stirring/ Dull roots with spring rain./ Winter kept us warm, covering/ Earth in forgetful snow, feeding/ A little life with dried tubers".

La versión de Girri puntualiza los trs primeros gerundios transformándolos en verbos en presente, antes de regresar al aspecto durativo en los dos gerundios que siguen:

"Abril es el mes más cruel, engendra/ lilas de la tierra muerte, mezcla/ recuerdo y deseo, despierta/ con lluvia primaveral inertes raíces./ El invierno nos mantuvo al calor, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ un algo de vida con tubérculos secos".

En algún momento, la versión prolonga la polisemia del original eligiendo un térmion que suspende al lector entre la posibilidad de percibir sentidos superpuestos. Así, el verso 54 del primer canto de La tierra yerma, en el cual la quiromátncia Maame Sosostris echa las cartas del Tarot y dice al consultante: "...rI do not find/ The Hanged Man. Fear Death by water". 

La sutil complejidad del texto inglés, que suspende el Fear entre el imperativo de "temer" y el sustantivo Fear "miedo, se prolonga en la versión de Girri mediante la casi perversa oscilación entre otods dos sentidos: "...no encuentro/Al Colgado. Tema la muerte por agua". 

En esta línea, tema es la exhoratación verbal ("tema (usted") y es además el fantasma de un sustantivo que se proyecta en la idea de tema como argumento central. Doble entonación, doble sintaxis: "Tema (usted) la muerte por agua" y "Tema: la muerte por agua": el argumento central de La tierra yerma.

En el segundo canto, "Una partida de ajedrez", surge el verso shakespereano con su simetría espectacular y perferta: "Those are pearls tha were his eyes". La versión de Girri mantiene la doble simetría sintáctica y semántica, y la intensifica al proponer un rotundo endecasílabo de resonancia barroca: "Perlas son éstas que fueron sus ojos". 

Cierro esta breve lista con la mención de un caso risueño. En los versos 140-1 de "Una partida de ajedrez", los parroquianos de una taberna se despiden entre sí exhibiendo su acento cockney: "Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight Ta ta. Goonigth. Goonight. Goonigth". 

Girri traspone, no ya al español, sino al porteño ese acento cockney usando una forma que despierta todo u neco popular y aún radiofónico: "asnoches Bill.. asnoches Lou. Asnoches May... as noches. Gracias gracias... asnoches ...asnoches... asnoches". 

Como todo texto poético, The Wast Land de T. S. Eliot es la forma, la constelación de sentidos que Walter Benjamin sabía discernir. La versión de Girri es una forma en la cual, más allá de la transparencia a que aspira, circunscribe, recorta, canoniza algunos de esos sentidos y a la vez los prolonga:los abre hacia la sombra de otras significaciones posibles que de pronto saltan al primer plano. Transparencia y a la vez presencia del traductor/lector crítico, Alberto Girri, lector a ultranza, poeta/ traductor que se lee y slee fascinado ante lo que atestigua en sí y en otros. Los desplazamientos temáticos, la superposición de imágenes, de mundos remotos entre sí, pero también implacablemente inmediatos, el deslizamiento de uno a otro entre diferentes niveles de lengua que vuelve irrisoria la distinción entre lengua coloquial y lengua poética: esos rasgos de The Waste Land se trasladan persuasivamente en La tierra yerma vertida por Girri. Girri dialoga con Eliot, consigo mismo. Con los poemas propios –lectura de sí, indagación de la práctica que lleva a la imagen del mundo ofrecida–, con los cantos de The Waste Land. Diálogo terso pero apasionado entre singularidades y en el interior mismo de la totalidad poética a que ascendía la lectura de Walter Benjamin.


Nota: 

(1) Walter Benjamin, en Ensayos escogidos, traducción de H.A. Murena, Buenos Aires, Editorial Sur, 1967, págs. 77-88.




lunes, 19 de octubre de 2020

Sarmiento llega a China gracias a Shi Wei


La siguiente nota, sin firma, se publicó en el diario Tiempo Argentino del pasado 12 de octubre. Trata sobre la pronta publicación de Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento, en mandarín. De acuerdo con la bajada, “La traducción se la encomendó Foreign Language Teaching and Research Press a Shi Wei (foto), quien relata el difícil proceso de pasar a ese idioma un texto tan complejo”. 

Facundo en mandarín: la obra de Sarmiento saldrá en China en 2021 

Una de las obras clásicas y más célebres de la Argentina, considerada por muchos el mejor libro del siglo XIX, Facundo o Civilización y barbarie en las pampas argentinas, de Domingo Faustino Sarmiento, será traducido al chino. La noticia la dio la revista especializada en relaciones argentino-chinas DangDai, en su número de primavera 2020, el 29, que acaba de salir. 

La traducción al mandarín se la encomendó Foreign Language Teaching and Research Press (FLTRP), una muy conocido editorial nacional con sede en Beijing y especializada en lenguas extranjeras, a la experta en literatura hispánica Shi Wei, o Marisol para sus amigos hispanos, decana del Departamento de Español y directora del Centro de Estudios de América Latina en la Universidad de Sichuan. 

En la entrevista de DangDai a Shi Wei, hecha por la periodista y escritora Marcela Fernández Vidal, la traductora cuenta el difícil proceso de pasar al mandarín un texto tan complejo y, a la vez, el deseo de China de conocer más las bases culturales de los pueblos con los que entabla relaciones. 

Facundo, como se sabe, desde su publicación por entregas en un periódico chileno, en 1845, no ha cesado de dividir aguas entre críticos y devotos. “Me presentó la obra y alentó en la tarea Guo Cunhai, quien dirige el área de Argentina en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales”, dijo Shi Wei, acerca de su primer contacto con la obra, de la cual no existía bibliografía en China. 

Agregó que “fue gracias a ese contacto que recibí un tomo de las obras del ex presidente argentino cuando vino a Beijing la encargada del Museo Sarmiento de Argentina. En noviembre de 2017, la obra sobre el caudillo riojano Juan Facundo Quiroga fue elegida por el Ministerio de Cultura chino para integrar la lista de los diez libros del Proyecto de traducciones de obras ideológicas y culturales entre China y América Latina”. 

La traducción mantendrá el título original completo, que en mandarín es 法昆多——文明与野蛮 (fǎ kūn duō—— wén míng yǔ yě mán). 

Nacida en 1979, en Taiyuan, Shanxi, con una licenciatura y una maestría en Filología y literatura hispánica de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai (SISU) y doctorado en Literatura Comparativa en la de Sichuan, donde actualmente tiene altos cargos, fue designada como la traductora de Facundo. 

“Desde que empecé la tarea, en 2016, varias veces tuve el impulso de abandonarla, pues me llevó a una monumental labor de investigación que implicó consultar diccionarios, adquirir material informativo y estudiar mucho de historia, cultura, sociología, incluso geografía, para poder entender el contenido: es un texto cuya característica es combinar todos estos conocimientos”, dijo a la revista argentina. 

“Fue un verdadero proceso de aprendizaje. Además, es mi primera traducción de una obra argentina y ha sido como el primer amor, pero he sentido también odio debido a sus dificultades. Cada traductor tiene su forma de encarar el trabajo; en mi caso, superar los obstáculos representó un éxito personal y culminar su traducción será como cerrar un círculo virtuoso”, añade. 

Para la edición, planificada para 2021, se eligió la –versión que tiene prólogo de Carlos Altamirano, publicada por EUDEBA en 2015. La fidelidad al texto es una propuesta de máxima, aunque como el libro presenta abundantes notas aclaratorias en cada página, se ha decidido publicarlas como un capítulo aparte, al final de libro. 

–¿Cuáles fueron las principales dificultades con las que te enfrentaste? 
–El vocabulario, que no se encuentra en los diccionarios y la profusión de nombres de personajes, historias y detalles sobre costumbres o geografía. 

–Ya desde el título mismo hay un gran desafío. ¿Cómo afrontaste, por ejemplo, los términos civilización y barbarie en tu idioma, en tu cultura? 
En chino, la civilización es 文明(wén míng)y la barbarie es 野蛮 (yěmán). En la antigua China, existía la teoría de civilización y barbarie. Se llamaba la distinción Hua-yi (华夷之辨 huáyízhībiàn), donde 华 (huá) significaba China central y se refería a la civilización, y 夷 (yí), que se usaba para llamar a los pueblos que vivían fuera del centro, y se refería a la barbarie. En ciertas condiciones, se transformaban y se influían mutuamente. Los chinos creemos que la historia de la humanidad es un proceso de esfuerzos de lograr avances de cultura, modo de vida, comportamiento, sistema social, etc. La civilización y la barbarie son dos formas diferentes de la sociedad. Son interdependientes y se apoyan mutuamente. 

–Te llevó un largo recorrido introductorio encarar la tarea… 
–¡Claro! Al año siguiente a tomar el trabajo logré, en 2017, acceder a muchos trabajos bibliográficos en el extranjero. Hubo muchos profesores que me ayudaron. De Argentina, país que no conozco todavía, me gustaría mencionar a Ignacio Villagrán, de la UBA; Guillermo Bravo, editor y dueño de la librería Mil Gotas, y Salvador Marinaro, de la Universidad de Fudan. Cuando encuentro dudas y dificultades, siempre les escribo para que den sugerencias preciosas. Y tengo un sueño, ir a Argentina con Facundo traducido y publicado para entregar un ejemplar al Museo de Sarmiento. 

Cuando Marisol Shi Wei volvió a China tras capacitarse en el extranjero, cuenta que compró por plataformas de comercio electrónico “unos treinta libros sobre Sarmiento y Facundo en inglés y en español”. A esta altura, si bien tiene en claro la presencia descollante de Sarmiento en el mundo hispanoamericano, reconoce estar lejos de haber captado toda la dimensión polémica de quien describió a Facundo -en el marco de la disputa entre unitarios y federales y con una postura muy clara del autor- como el “gaucho malo”, con sus “ojos negros llenos de fuego” y de “instintos feroces y sanguinarios”. Pero la traductora no duda en expresar admiración por los ideales educativos del sanjuanino: los considera vanguardistas.

viernes, 16 de octubre de 2020