martes, 30 de junio de 2015

Lo que le faltaba a Trotsky


Alejandro González repuso lo que le faltaba a Literatura y Revoluciòn, de León Trotsky y su ediciòn es la más completa de la lengua castellana. Incluye además un estudio preliminar de Eduardo Sartelli y Rosana López Rodrìguez, además de una nota preliminar y notas del traductor


Presentación de "Literatura y Revolución",
de León Trotsky
   
Ediciones ryr presenta la única edición castellana completa del clásico, en un panel con especialistas destacados:
  • Horacio González: Director de la Biblioteca Nacional, sociólogo y ensayista.
  • Miguel Vedda: Dr. en Letras, especialista en literatura alemana y teoría literaria marxista.
  • Alejandro Ariel González: traductor, especialista en lengua y literatura rusa y sociólogo.
  • Eduardo Sartelli: Dr. en Historia, Director del CEICS, Ediciones ryr.
  • Rosana López Rodríguez: Lic. en Letras, miembro del CEICS y Ediciones ryr.

Miércoles 8/7, 19 hs. Agüero 2502, Biblioteca Nacional, Sala Jorge Luis Borges.

lunes, 29 de junio de 2015

¿Se trata de buscar el rigor?

Se reproduce a continuación una nota aparecida en Vozpópuli sobre Madame Bovary y sus traducciones, que probablemente contenga elementos ya publicados en este blog. La firma  Karina Sainz Borgo y se publicó el 25 de junio pasado. Nótese la burrada con que termina la nota, cortesía del editor Luis Magrinyà.

Madame, señora o adúltera: diez formas 
distintasde leer a la Bovary de Flaubert

Es uno de los personajes más contemporáneos de la literatura europea y eso que ya tiene casi dos siglos desde que Gustave Flaubert la creó. Escribiéndola, Flaubert nos abocetó a todos. Su compulsión y aparente frivolidad nos anticipa y explica. Se trata de Madame Bovary, esa joven de provincias, encarnación perfecta de la insatisfacción que todo lo arrasa. Justamente por eso, porque el drama de Emma Bovary no prescribe, desde hace ya algunos años distintos sellos han ofrecido relecturas, traducciones y versiones revisadas del clásico.

De las más grandes novelas que sobre el vacío se hayan escrito jamás, este drama local cuenta la historia de Emma Bovary, mejor dicho, de Emma Rouault, una joven de un pequeño pueblo normando quien tras casarse con Charles Bovary, joven médico que recién enviuda tras un esperpéntico matrimonio, lleva una vida aparentemente tranquila. Emma no tiene obligaciones que atender. Se le va el tiempo leyendo folletines con los que alimenta una serie de ensoñaciones, las mismas de sus héroes literarios. Comienza así una especie de enloquecimiento cervantino. Ella, como Alonso Quijano con las novelas de caballería, se entrega a la insistente ensoñación sobre la vida en la ciudad, ese laberinto de pasiones tan lejano de su vida de provincias.

De no haberse casado con un medicucho sin futuro, piensa Emma, viviría de baile en baile y de arrebato en arrebato. Ella, que se siente llamada a ser amante de vizcondes y a desatar pasiones desenfrenadas, comienza a encadenar una serie de experiencias que hacen de sucedáneos. Y así, en su deseo perpetuo, todo lo confunde: “Las sensualidades lujosas, con los goces del corazón, y las galanterías, con los sentimientos delicados”, escribe Flaubert en lo que puede parecer el retrato de una necia, una mentecata, la misma que todavía nos fascina justamente por su candidez y brutalidad. El filósofo francés Jules Gaultier llamó bovarysmo al hábito de evadirse de una realidad insatisfactoria, y Mario Vargas Llosa se confesó en las páginas de La orgía perpetua un enamorado de tan singular dama, dueña de esa cabeza llena de fantasmagorías de la que él ha sido casi siempre el eterno prologuista. Pero volviendo al tema. En el caso de Emma Bovary, el asunto no está en desear, sino en lo que ese deseo hace con todo cuanto consigue a su paso.

Según el escritor Andrés Ibáñez, la primera traducción de Madame Bovary al español ocurrió a fines del siglo XIX, y estuvo a cargo del músico y médico Amancio Peratoner (seudónimo de Gerardo Blanco). Cabe destacar que se tomó algunas libertades, la más lesiva de ellas el título, que pasó de Madame Bovary a ¡Adúltera! A esa siguieron la de Pedro Vances para Espasa Calpe y la de José Pablo Rivas para Calleja. También están las ediciones que hicieron Plaza & Janés, con traducción de Juan Rius (Plaza & Janés), la de Consuelo Bergés –traductora también de Stendhal y Proust para Alianza Editorial, sin duda una de las más leídas; la de Julio C. Acerete (Bruguera), la de Carmen Martín Gaite (recuperada por Tusquets en 1993) y la de Juan Bravo Castillo, que sustituyó a la anterior traducción de Espasa Calpe.

A esta lista habría que agregar tres nuevas versiones editadas en los últimos años. Dos de ellas se publicaron en 2014: Madame Bovary. Costumbres de provincia, con traducción, introducción y notas de Jorge Fondebrider y la versión traducida por Mauro Armiño, con prólogo de Mario Vargas Llosa, publicada también el verano pasado por Siruela. La Bovary de Fondebrider, publicada por el sello Eterna Cadencia, está acompañada de notas que permiten una mejor comprensión de la historia, de la cultura y de la sociedad francesa de la época, justamente por su especificidad. En ellas se incluyen, por ejemplo, las notas que se nutren de la experiencia de traductores anteriores, así como de las reflexiones de los escritores que se interesaron en la novela, entre ellos Nabokov y Vargas Llosa. La segunda, de Siruela, tiene un plus: los tres fragmentos hasta ahora inéditos, y en los que Flaubert se revela como un autor meticuloso y exigente con su prosa. No son definitivos para la comprensión total de la obra, pero sí revelan algunas estampas y prejuicios de la época, como ocurre con el pasaje Una discusión sobre libros. En este fragmento el prejuicio de la lectura femenina arroja luz y dota de sentido muchas oscuridades sobre la concepción femenina del lector, visto a través de Madame Bovary como ser influenciable y débil.

Por último, y no por una cuestión de valoración sino por lo polémico e interesante del volumen, toca citar La señora Bovary, una traducción de María Teresa Gallego Urrutia publicada por Alba Editorial hace ya dos años. “Al principio no me atrevía a cambiar los títulos, pero está superado. Se trata de buscar el rigor”, dijo en su momento Luis Magrinyà, director de la colección de clásicos de la editorial, ante el reclamo de muchos lectores, que se sintieron despistados. Todavía mejor fue la respuesta de Gallego Urrutia: “Yo traduje Juicio y sentimiento de Jane Austen y todos los años hay señoras en la Feria del Libro que dicen ‘ay, este no lo tengo’, a lo que les respondo: ¿tienen Sentido y sensibilidad? Pues es el mismo, pero bien traducido”.


viernes, 26 de junio de 2015

Hoy que en Mumbai llueve

Vallejo en Niza, en 1929
La noticia, distribuida por la agencia EFE y recogida aquí de El Universal, de México, del 2 de junio pasado, no deja de ser exótica: César Vallejo acaba de ser traducido al hindi y al bengalí. “Una recopilación de poesías, crónicas y entrevistas del autor peruano –dice la bajada– fue presentada por el Instituto Cervantes en la India”.


Traducen a César Vallejo al hindi y en bengalí

La primera antología del escritor peruano César Vallejo en hindi y en bengalí, dos de las lenguas vernáculas principales de la India, fue presentada hoy en Nueva Delhi con una recopilación de poesías, crónicas y entrevistas del autor.

La obra fue presentada en el Instituto Cervantes de Nueva Delhi y ofrece, por primera vez, la difusión del trabajo de Vallejo en las lenguas de la India "a este nivel", según declaró el director del Instituto Cervantes en Nueva Delhi, Carlos Varona,

La intención de este proyecto, encabezado por S. P. Ganguli, profesor del departamento de estudios latinos e hispanos de la Jawaharlal Nehru University (JNU), era ofrecer una traducción de calidad para el público indio.

"Se hace desde el español para no perder la autenticidad de la belleza poética del escritor", indicó el embajador de Perú en la India, Javier Paulinich, durante el acto, en el que estuvo acompañado por representantes diplomáticos de otros países latinoamericanos.

Ganguli, promotor y compilador de la publicación, remarcó la necesidad de hacer un traducción "de calidad, por lo que era necesario disponer de los mejores traductores para traer a César Vallejo a la india".

Durante el acto se ha destacado la dificultad que implicaba el estilo del escritor peruano a la hora de llevar a cabo los cambios a los otros dos idiomas debido a su forma de redactar a través de numerosas metáforas.

"El reto es conseguir el mismo efecto en las traducciones que con el original", dijo el antes profesor de la JNU.

La naturaleza de un autor vinculado al catolicismo y posteriormente ligado a las ideas marxistas de principios del siglo XX "puede parecer antagónico en Occidente", explicó Varona.

"El paralelismo con la India puede estar en la relación entre la connotación religiosa del autor y su posterior deriva marxista", agregó.

En sus intervenciones, los traductores Meenakshi Sundriyal y Prabhati Nautiyal, encargados de la edición en hindi, y Ashesh Ray, responsable del apartado en Bengalí, remarcaron que su idea era trasladar la confusión para que el público de la India piense en ello.

Paulinich explicó que con este proyecto "culmina un esfuerzo de exponer al público indio la obra de uno de los autores más importantes de Perú", a la vez que se mostró satisfecho de presentar la antología como último evento en su cargo.


jueves, 25 de junio de 2015

Un retorno al habla común

El poeta y traductor mexicano Francisco Segovia tiene, desde hace ya varios años, una columna en el Periódico de Poesía, que edita Pedro Serrano para la UNAM.  Se llama “Atanor. Notas de poesía”, y ésta que sigue es un fragmento de la que apareció en el número 80 de la publicación, en junio de 2015.

Pound lector, traductor, adaptador

(Cuernavaca, 16/04/2004) ~ Podría decirse que Pound pone al día la cultura de su tiempo. Lo dice él mismo: “No vendrán más/ los viejos de encantadores modales” y “La época exigía una imagen/ de su acelerada mueca,/ algo para la escena actual,/ no gracia ática”... Para Pound, poner al día su cultura significaba informarla sobre cosas del pasado que esa misma cultura pasaba por alto o despreciaba. Pero esta información no se contentaba con ser la obra de un erudito, de un académico, sino que reclamaba para sí las credenciales del creador. Así pasan a formar parte de la obra de Pound algunos poemas ajenos (de Safo, Propercio, Li Po, Arnaut Daniel, Cavalcanti, Heine, Gourmont, etc.). Esta empresa es típicamente moderna: promueve la humilde tarea del traductor a obra plena de creación... con todo y derechos de autor. 

Así, la traducción se vuelve experimentación en el cuerpo de la obra del poeta. De las libertades que se toma con los originales (que ahora pasan por “licencias poéticas”) proviene el prurito de llamarversiones a esas traducciones (por ejemplo, Octavio Paz). Pero Pound las consideraba obras legítimas suyas, y las incluía en sus libros. Tal vez ello se debiera un poco a la encomienda que le hizo la viuda de Fenollosa. Al poner en manos de Pound las notas inéditas de su marido, le pidió que las tratara como literatura, no como filología. Se trataba de una empresa cortada a la medida para Pound, que no sólo halló en los poemas de Li Po (o Rihaku, como era conocido en Japón) un buen ejemplo de imaginismo poético sino que se sintió impulsado a desarrollar una teoría poética de la escritura ideográfica. 

Los ideogramas, en efecto, tienen su lugar en los Cantares de Pound, por lo que puede decirse que Cathay es el justo medio entre el imaginismo de Personae y el vorticismo de los Cantares.Cathay ha tenido una gran influencia sobre la poesía anglosajona del siglo XX, pero también la ha tenido sobre la labor de muchos sinólogos en cuanto traductores de poesía, y no es disparatado afirmar que ha legitimado las traducciones que otros poetas han hecho de lenguas que no conocen (como las que hizo Paz de poetas chinos, japoneses, húngaros, etc., reproducidas en Versiones y diversiones). Con todo, el libro tiene un afán hasta cierto punto didáctico, como se ve en la nota que Pound añade al “Lamento de la escalera de gemas”, de Rihaku. Transcribo el poema: 

Lamento de la escalera de gemas
Los peldaños enjoyados casi blancos están por el rocío, 
es tan tarde que el rocío empapa mis medias de gasa, 
bajo la cortina de cristal 
y observo la luna a través del límpido otoño.

Sigue ahora la “Nota” de Pound: 

"Escalera de gemas, por tanto un palacio. Lamento, por tanto hay algo de qué quejarse.  Medias de gasa, por tanto una dama de la corte y no una sirvienta quien se queja. Límpido otoño, por tanto él no tiene excusa debido al tiempo. También ella ha llegado temprano, porque el rocío no sólo ha blanqueado los peldaños, sino que ha empapado sus medias. El   poema es especialmente apreciado porque ella no profiere ningún reproche directo."

¿Por qué Pound dice que “también ella ha llegado temprano”, cuando el poema deja claro que “es tan tarde que el rocío empapa mis medias de seda”? Quizá es ella quien ha llegado tarde, al amanecer, y por eso “no profiere ningún reproche”... Pero Pound sabe más... En cualquier caso, Pound aprovecha este poema para aleccionar a sus contemporáneos sobre la economía de la poesía china y japonesa, como Tablada aprovechó el haikú para hacer lo mismo entre nosotros. Pero, en este sentido, su revolución no es una verdadera innovación sino una vuelta a la salud de los orígenes. Tal vez sea siempre así. También Eliot veía las revoluciones como un regreso a los orígenes (cosa que más tarde repetirían Paz y un montón de poetas e historiadores mexicanos). Eliot lo dice así en “La música de la poesía”: “Toda revolución en poesía tiende a ser, y a veces se anuncia como, un retorno al habla común”.


miércoles, 24 de junio de 2015

Jorge Aulicino, traductor de la Divina Comedia, señala: "La estructura explica todo"

Jorge Aulicino es, además de uno de los más importantes poetas argentinos, un gran periodista cultural que, durante años y hasta su retiro, dirigió la mejor época de la revista Ñ, haciendo todo el trabajo que el editor nominal de la publicación no hacía. El  sábado 13 de junio pasado, el escritor y periodista Diego Erlan publicó en ese medio una entrevista con Aulicino a propósito de la reciente aparición de la versión de  La Divina Comedia, que este último firma

Invitados a atravesar juntos el Infierno

Esta noche, en su departamento de Balvanera, Jorge Aulicino se sienta en su sillón, enciende una de sus pipas y, mientras escucha el crepitar del tabaco, recuerda que tenía catorce cuando intentó leer por primera vez la La divina comedia en una vieja edición de Tor. Estaba en la biblioteca de su padre, traducida por Bartolomé Mitre. No entendió nada. Ni le gustó. El libro permaneció en los estantes de la casa familiar como suelen permanecer los clásicos: envueltos con un halo de inquietud y misterio. Años después, a los treinta, las lecturas del poeta hicieron que volviera al libro desde afuera, a través del interés que le despertaban las citas de los ensayos dantescos de Borges y los poemas de T. S. Eliot. En particular un detalle: el del Canto VIII del “Infierno”, cuando Dante sube a la barca de Flegias después de Virgilio y la barca se hunde. ¿Por qué menciona Dante que se hunde? Aulicino enseguida entendió: porque es el único cuerpo vivo. A partir de esa revelación, empezó a sumergirse en el libro.

A pesar de que su padre nunca supo italiano, Aulicino siente que el lejano origen influyó al decidir enfrentarse a este monumento de la cultura de Occidente. Como suele decir el escritor y crítico de cine Angel Faretta, los hijos y hasta los nietos de italianos “estábamos destinados a otra lengua”. “Es un fantasma que tarde o temprano nos ronda”, reconoce Aulicino. “Sería como decir que la inmigración alteró un curso previsible de las vidas de mucha gente, vidas que deberían haber ocurrido en sus pueblos, en su país y ocurrieron aquí, donde olvidaron su idioma.” La lengua como fantasma. Traducir una obra de setecientos años, escrita por Dante no en latín, como solían escribirse las obras de la época, sino en tosco (toscano) es, para Aulicino, una decisión política. Y por eso en su trabajo decidió, políticamente, por la estructura mental, sociohistórica y política del castellano local. No moderno ni necesariamente coloquial. Y aunque mantiene ciertos arcaísmos, acepta las invenciones de la lengua que propone Dante con irreverencia y decide, a su vez, inventar algunas palabras para sostener ese espíritu. “Traducir se trata de tomar una decisión entre todas las posibilidades que existen. No sólo es elegir una palabra por otra, ‘feroz’ por ‘terrible’, por ejemplo, sino la opción del sentido total”, dice Aulicino. Una buena traducción, entendió el ensayista George Steiner, es aquella en la que la dialéctica de lo impenetrable y lo penetrable, el sentimiento de una extrañeza huraña y de un “sentirse en casa”, se despliega sin resolverse pero a la vez sin dejar de ser expresiva. De algún modo, con esta traducción, Aulicino vuelve a sentirse en casa, en la lengua de sus antepasados.

–¿Cuál fue la decisión más riesgosa en este trabajo?
–La más riesgosa, o la que puede dar lugar a la mayor cantidad de críticas, es que no respeté ni la métrica ni la rima. Hay que tener en cuenta el papel que juega el terceto encadenado en la obra. Es una especie de ritmo muy extraño. Los tercetos de la Comedia riman el primero con el tercero y el segundo va a rimar con el primero del siguiente. Es decir, al leer el primer terceto te queda una rima suelta. Si te quedás ahí hay un verso sin rima. Esto, musicalmente hablando, produce un efecto especial: como una rima anticipada. Eso es irreproducible. Por eso, los que eligen traducirla con rima, como Mitre o Crespo, generalmente eligen rimas que no tienen nada que ver con el original. Mantienen una idea general, no traicionan el sentido final, pero cambian términos en busca de otros términos que rimen. Ese es el problema de la rima.

–¿Y la métrica se puede respetar?
–Se puede mantener un poco más. No es tan difícil. Se puede mantener sin complicar demasiado el sentido. Si es cierto aquello de que la traducción es traición, con la rima y con la métrica regular, el grado de traición se acentúa. Porque la métrica también te obliga a tomar soluciones gramaticales, sintácticas distintas. Tenés que poner las cosas de otra manera para que las once sílabas te den. Y la verdad es que yo no le veo mucho sentido. Por eso no lo hice con la Comedia ; la traduje en verso libre. A mí me parece que lo fundamental es tratar de seguir lo más rigurosamente posible, la sintaxis de Dante y los términos. Pero claro, con setecientos años de diferencia, los términos son una cosa relativa. Battistessa y Mitre trataron de hacer una Comedia más bonita. O sea que les sonara más fina, digamos. Más elevada.

–¿Por qué la quiso hacer moderna?
–Yo la quise hacer moderna, pero está llena de arcaísmos que son conscientes. En eso estoy de acuerdo con Mitre, pero es una cuestión dentro de un contexto. Lo que pasa es que el lenguaje de Mitre es el lenguaje común del siglo XIX, donde se entendía que lo literario era lo elevado. Se maneja siempre en un nivel del lenguaje alto. Está bien, se puede hacer. Incluso la versión de Mitre no me parece tan mala. Ahora, si en un contexto en donde la sintaxis y el vocabulario en general son actuales o por lo menos neutros, el arcaísmo juega de otra manera. Te das cuenta de que el tipo lo puso a propósito. Lo que por lo general no se respeta es que Dante muchas veces inventa palabras, verbos, por ejemplo, y los conjuga, y ellos lo traducen a un verbo existente en castellano. Cuando en realidad él está inventando. En parte porque a veces tiene una idea de lo que quiere decir que va más allá de cualquier verbo conocido. Por ejemplo al decir “cuando te enmíes”. No suena igual que “cuando te metas en mí”. Lo usa porque le hace falta por la métrica, lo usa conscientemente. Quiso inventar un verbo que hablara más de la intimidad.

–¿Hay algo que falla en Dante?
–Si yo fuera un editor hoy, el libro del “Paraíso” lo cortaría a la mitad. Pero él tenía que recorrer todos los cielos, o sea que necesitaba más extensión y después tenía que corresponderse con la estructura que había pensado que eran 33 cantos por libro menos el primero, que tiene 34.

–¿Qué hace universal a la Comedia?
–Hay una estructura que la hace trascendente. La estructura explica todo. Después, vos cambiás los nombres y esa sociedad se parece mucho a la de hoy. Y es que más o menos las cosas siempre se dieron así. Digo en lo que respecta a lo político, a lo moral. La corrupción no es un invento de hoy. Ni la traición. Ni el adulterio. Esas cosas han pasado a lo largo de toda la historia de la humanidad.

–¿Qué necesita un traductor para enfrentarse a la Comedia?
–Una mente abierta. No necesariamente tiene que ser un poeta. Puede ser un narrador que tenga una mente poética. Digo en cuanto a captar la poesía de todo el conjunto, no sólo de cada verso y de cada terceto. Ahí me parece que sí se necesita una mente poética. Como la que tenía él. Quizá no a la misma altura, pero ese tipo de estructura mental que permite concebir las cosas como él las pensó. En fin, como es tan arrasadora la lectura de Dante, te cambia la cabeza aunque no la tengas predispuesta a eso. Se impone solo.

–¿De qué modo le cambió la cabeza?
–Me llevó a ver toda la historia de la poesía de otra manera. Cuando tenía veinte años, estas obras, para mí, no estaban dentro de la historia de la poesía sino dentro de la historia de la literatura. Hablo de la Eneida, de la Ilíada, de la Comedia. Con el tiempo me di cuenta de que no sólo forman parte de la historia de la literatura sino que son la base de la historia de la poesía. Por ejemplo, el aspecto narrativo de la Comedia es una cosa que los lectores líricos tienden a olvidar. Dicen que esto no se puede traducir porque líricamente produce determinado efecto en italiano y no suena igual en castellano aunque lo traduzcas parecido. Que suena mucho mejor o más poético dicho en italiano, pero eso no puede extraviarnos del total. Porque la obra tiene un discurrir. Dante está contando algo. De alguna manera es una novela de peripecias.

–¿Cómo influye la formación poética, política e ideológica del traductor?
–Uno toma decisiones políticas tal como las tomó el autor. Si yo traduzco así es porque pienso que Dante quiso hacer eso: una obra que se pudiera leer. Y en ese sentido lo hice lo más fluida que me salió. La idea de fluidez tiene que ver mucho con el lenguaje y la pertenencia de ese lenguaje a una época. Esta cuestión del lirismo es una de las cuestiones que más me preocupó porque realmente ahí hay una gran mistificación, que parte del siglo XIX, del romanticismo y del posromanticismo que se resume en lo de Mitre. Esta es una obra elevada, se dice, entonces tiene que tener elevación, y si no lo tiene el original, no me importa, tiene que tener elevación y la elevación se relaciona con lo lírico, pero realmente la Comedia en el idioma original no tiene un trabajo con el sonido, desde el punto de vista de Edgar Allan Poe, por ejemplo. No es El cuervo . No es como cuando Poe escribe: “Never more ”, que no lo podés traducir. Porque suena “more” y uno pone “nunca más” y el “más” suena mucho más chato mientras que el “more” tiene una resonancia mucho más grave. Hay pocos problemas así en la Comedia , en los que el sonido mismo sea muy sugestivo. Lo que hay es un canto, una cadencia, que tiene mucho que ver con el terceto encadenado.

–¿Se puede encontrar una dinámica propia entonces?
–Hay una dinámica distinta. Salvo que traduzcas con rima y con métrica y ganes eso pero pierdas un montón de otras cosas que para mí son fundamentales. Porque ahí perdés el sentido. No es que el infierno se vaya a transformar en un paraíso pero en el discurrir, en lo que es específicamente literario, creo que se pierden un montón de cosas.

–Incluso en ciertas texturas de las palabras.
–Llamo literario a esa textura. Además de que se pierde el significado real, porque a veces se cambian palabras por otras que no traicionan el sentido, pero no tienen nada que ver con el original. Te privás de jugar con una posibilidad del lenguaje al estar esclavizado por la rima.

–Al final de su obra reunida, Estación Finlandia, dedica una sección al “Infierno”. ¿Qué lo llevó a escribirla?
–La presencia que empezó a tener Dante en mí. Uno de los poemas está escrito sobre la idea de que el infierno está acá, que todo eso que pasa es lo que pasamos acá todos los días. Atravesamos el infierno de la misma manera que lo atraviesa Dante. O peor. Porque la mayoría de las veces somos parte de los que están condenados.


martes, 23 de junio de 2015

Y, de algo tenían que hablar


En ADN del viernes 19 de junio pasado, Daniel Gigena publicó una breve nota sobre un libro dedicado a editores argentinos. Lo publicaron Luis Quevedo y Leandro De Sagastizábal en el sello de la Editorial Unversitaria de Buenos Aries (EUDEBA), de la cual uno es gerente y otro ex director, respectivamente.


Editores argentinos hablan de su oficio

Desde 2011, los autores de Optimistas seriales. Conversaciones con editores conducen en Radio UBA Leer por leer, un programa semanal sobre el quehacer editorial. Quevedo, gerente de Eudeba, y De Sagastizábal, maestro de editores y docente universitario, convirtieron el archivo oral de esa emisión en un libro de entrevistas con varias figuras de la edición local que, como apuntan, no suelen dejar testimonios escritos. El tamaño de las editoriales, la promoción de la lectura, la importancia del catálogo, los vínculos del editor con el exterior y con los escritores, los mercados del libro y el mundo digital son algunos de los temas que los veintiún entrevistados abordan.

Entre ellos aparecen protagonistas indiscutibles, sin los cuales la historia del libro local hubiera sido diferente, como Gloria López Llovet de Rodrigué, Víctor Landman o Daniel Divinsky (que explica por qué el esnobismo es un fenómeno cultural positivo); jóvenes profesionales con perfil propio, como Leonora Djament o Fernando Esteves, algunos casos interesantes de empresarios-editores y otros emblemáticos, como el del editor de Libros del Zorzal, Leopoldo Kulesz. La directora de El Ateneo, Luz Henríquez, comenta: "Ahora se sabe más sobre el trabajo del editor, porque ha surgido toda una generación de editores jóvenes más mediáticos, antes éramos muy silenciosos. [...] Siempre digo que los editores somos jugadores, porque apostamos. Cada vez que publicamos un libro es una apuesta". En la introducción, De Sagastizábal y Quevedo prometen un segundo volumen.

lunes, 22 de junio de 2015

La próxima reunión del SPET

En el próximo encuentro, que tendrá lugar el jueves 2 de julio a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), nuestra invitada Alejandrina Falcón se ocupará de los libros La condición traductora y Una historia del libro judío.


Martín Gaspar, La condición traductora. Sobre los nuevos protagonistas de la literatura latinoamericana, Rosario, Beatriz Viterbo, 2014.


Alejandro Dujovne, Una historia del libro judío: La cultura judía argentina a través de sus editores, libreros, traductores, imprentas y bibliotecas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2014.

Alejandrina Falcón es doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Investiga en el área de la historia de la traducción en América Latina y de la historia cultural del exilio. Es profesora de la materia Estudios de Traducción y del Seminario curricular de Estudios de Traducción en el Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas “J.R. Fernández”. Desde 2014 coordina el proyecto “Traducción y dictadura: el caso argentino (1976-1983)” en el marco del Programa de Investigación de esa institución. Desde 2003 se desempeña como traductora editorial de ciencias sociales y humanidades.

Lecturas sugeridas

Martín Gaspar: “Genealogía de la traducción en América Latina”, en La condición traductora. Sobre los nuevos protagonistas de la literatura latinoamericana, Rosario, Beatriz Viterbo, 2014, pp. 21-79.

Martín Gaspar: “Apéndice: Un traductor menor para la clase media: Julio Vacarezza en la Colección Robin Hood”, en La condición traductora..., pp. 221-230.

Alejandro Dujovne: “‘Los libros que no deben faltar en ningún hogar judío’. La traducción como política cultural, 1919-1938”, en Una historia del libro judío: La cultura judía argentina a través de sus editores, libreros, traductores, imprentas y bibliotecas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2014, pp. 121-157.

A quienes confirmen su asistencia se les enviará el material por correo electrónico.

Para obtener certificados de asistencia, enviar un mail a  spet.llvv@gmail.com.