martes, 19 de febrero de 2019

Una de intermediarios que se llaman a sí mismos interlocutores, aunque nada tengan que ver con la literatura y sólo les interese la plata

Máquina de polinizar

Daniel Gigena publicó la siguiente nota en La Nación, del 19 de enero pasado. En ella se habla de las eventuales ventajas que implica para los escritores tener un agente literario. Por suerte no son obligatorios, todavía. Por otra parte, en esta nota se habla de "literatura argentina", como si literatura fuera solamente la novela y eventualmente el cuento, como si fueron los únicos dos géneros que importan. Sería interesante saber cuántos de estos agentes "literarios" se ocupan de vender textos de poesía, dramaturgias y ensayos, especies que nadie menciona en el texto que sigue. ¿Será porque no reportan dinero?

Superagentes literarios:
los polinizadores de la literatura argentina

Negocian los contratos de los escritores, los asesoran legalmente, facilitan el “pase” de un autor de una editorial a otra e incluso consolidan el prestigio literario de sus representados con participaciones en concursos, festivales y giras internacionales. En especial, las agencias literarias se ocupan de vender derechos de obras de autores argentinos en el extranjero para expandir las fronteras de la ficción y la no ficción más allá del ámbito nacional. A su modo, y a cambio de un porcentaje en las ganancias, son gestores culturales. Si la literatura fuera un jardín, los agentes serían entonces vectores de polinización, al acercar a otras geografías las obras de narradores, poetas y ensayistas nacidos en el país.

Con sede en el primer mundo
Varias de las agencias que representan a gran número de escritores argentinos están en el hemisferio norte, sobre todo en Madrid y Barcelona, pero también en Nueva York y en Frankfurt. “Mi agente se llama Nicole Witt, era la mano derecha de Ray–Güde Mertin, que murió hace unos años –cuenta Ana María Shua a La Nación–. La agencia está en Frankfurt y se especializa en literatura latinoamericana”. Para la autora de Hija, un agente hace falta por muchas razones. “En la mayor parte de las editoriales del mundo un autor no puede presentarse directamente, necesita un intermediario. A veces ese papel lo hacen los traductores, pero solo en las editoriales chicas. No hay ningún mal ni desdoro en buscarse agente. Los agentes solo te buscan a vos si tenés éxito de ventas o un prestigio importante. Tampoco hay que esperar todo de ellos. Uno de mis refranes preferidos es 'Ayúdate, y tu agente te ayudará'“, concluye la escritora argentina.

“Hace veinte años que trabajo con Guillermo Schavelzon, en la agencia Schavelzon–Graham , que adopta un método distinto con cada autor. Entrego el libro y me olvido, dejo que ellos hagan las elecciones, y por supuesto me consulten a la hora de decidir. No soy particularmente ambicioso”, revela Leopoldo Brizuela, premio Alfaguara de Novela 2012 por Una misma noche. “Quiero un agente para que me sustituya en las cosas que no puedo hacer, por timidez e incapacidad para los negocios. Un buen agente defiende la obra ante los editores, sobre todo a la hora de firmar el contrato”, agrega. La lista de autores representados por la agencia Schavelzon–Graham, que tiene sede en Barcelona, sorprende: de Ricardo Piglia a Elsa Bornemann, pasando por Claudia Piñeiro, Sergio Chejfec y Alberto Manguel, por mencionar solo a autores argentinos.

Según Schavelzon, los autores eligen la agencia, y la agencia elige a sus autores. “Los principales referentes, para ambas partes, son otros autores de la agencia. Se requiere afinidad personal, responsabilidad y buenos resultados. Con el tiempo, la relación entre el autor y su agente se va haciendo más cercana en los terrenos creativos, administrativos y financieros”, detalla. “El escritor, cuyo trabajo es extremadamente aislado y aislante, necesita un interlocutor, alguien que lo pueda escuchar, y resuelva los aspectos de la gestión de su trabajo. El agente debe saber elegir la editorial más adecuada para cada autor, tanto en su país como en el resto del mundo, y obtener lo mejor para su representado”. Según este editor argentino devenido agente internacional, la editorial que más anticipo paga no es necesariamente la mejor opción. “Tiene que haber muchas otras afinidades entre el autor y el catálogo de la editorial, y sobre todo, tiene que haber un editor entusiasmado”.

Casanovas & Lynch fue fundada en 1981 por Mercedes Casanovas. “Era una agencia ya establecida y respetada en el ámbito español y en el internacional cuando llegué –dice María Lynch a La Nación–. Empecé muy joven, con veintidós años, por una combinación extraña de azar y vocación, y me asocié en 2010”. Pocos años atrás, Lynch asumió la dirección de la agencia. “Lo que más me gusta de mi trabajo es estar lo más cerca posible de la escritura, de la gestación y el desarrollo de un libro. Una de las cosas que aprecio es ver cómo una idea que sobrevuela un almuerzo va tomando forma y se convierte en una obra, poder seguirla en su trayectoria hasta que, no solo se publica, sino que a veces también se traduce a varias lenguas o se adapta al cine”.

Con casi cuarenta años de andadura, la agencia trabaja con sesenta autores, entre ellos las escritoras argentinas Pola Oloixarac, María Gainza y Betina González. “Se podría considerar una agencia boutique. Está enfocada en representar a voces españolas y latinoamericanas y siempre ha tenido la vista puesta en América. Nací en España pero soy hija de argentinos. Tengo gustos más bien literarios y eso se refleja en mi lista, pero es tan ecléctica como para integrar a autores que por un motivo u otro me han llamado la atención. Para mí es muy importante la calidad, tanto en lo literario como en lo comercial”, dice Lynch, que define la tarea del agente con una metáfora química. “Un agente literario es como un catalizador. Unas veces acelera una reacción que se daría de todas formas, aunque a menudo sin la enzima la reacción no se da”. Lynch admite que la circulación y difusión de libros de autores latinoamericanos en los países de lengua española no es tan sencilla como cabría esperar.

Una figura tan necesaria como polémica
En tiempos de crisis, los negocios no fluyen como en las épocas de abundancia. Algunos editores critican el trabajo de intermediación de los agentes. “Hay casos de agentes buenos, que te ayudan a pensar tu catálogo, que conocen las obras de sus autores y piensan una estrategia de largo plazo para sus carreras, pero en general abundan los que quieren forzar al límite el negocio de los editores”, dice a este diario un editor que prefirió mantener el anonimato. Son famosas las anécdotas de agentes cuya principal virtud es la intransigencia.

“El lugar del agente es el que el escritor le otorga –argumenta Schavelzon–. El libro no atraviesa su mejor momento en ningún país y la concentración en grandes grupos presiona al editor, exigiéndole rentabilidad más que descubrimientos literarios. El agente trata de obtener, para una misma obra, diversos ingresos, en otros países, medios y soportes”. Su agencia cobra un honorario del 15% de todo lo que obtiene para su cliente en lengua española, y un 20% de países de otros idiomas y contratos de cine y televisión (derechos subsidiarios), en el momento que el autor cobra. Los gastos, como pueden ser los viajes al exterior para promocionar un título, corren por cuenta de la agencia.

“En nuestro país, algunos autores contratan a un agente para que negocie los derechos de su obra en el extranjero y se quedan con la facultad de negociar en persona con los editores locales –dice Paola Lucantis, editora del sello Tusquets en la Argentina–. Ese modelo de trabajo mixto, que permite salir al mundo y a la vez mantener el vínculo con el editor, es un modelo más sano de relación personal y comercial”. Para Lucantis, la figura del agente literario es, como la de todo intermediario, tan polémica como necesaria. “Los agentes aparecen cuando la escala sobrepasa la posibilidad de la relación personal”, agrega. Pocas editoriales argentinas han desarrollado un área de ventas de derechos en el exterior. En el caso de las editoriales independientes, son los propios editores los que viajan a ferias o encuentros en el exterior para establecer contacto con sus colegas extranjeros.

“Tengo muy claro que la figura es de intermediario y que lo importante son los dos extremos que participan –dice Lynch, desde Barcelona–. Los agentes tienen que estar para facilitar, no lo contrario, aunque evidentemente siempre defenderé los intereses de un autor por encima de todo. El agente es un cómplice incondicional del autor, que conoce bien su obra, pero también del editor, al circular información entre ambos. Esa faceta de vocero es muy importante cuando se trata de difundir una obra en el extranjero, ponerla en contexto y facilitar su publicación en otros países”. Por otro lado, la agencia asegura que los contratos sean legalmente aceptables para los autores, y que los pagos y las liquidaciones se hagan a tiempo. “Es una tarea nada despreciable, por cierto”, acota.

La primera agencia en suelo argentino
Las agencias literarias cumplen un papel cada vez más notable en el ecosistema editorial local. La creación, a fines de 2016, de la primera agencia literaria con sede en el país confirma esa evidencia. Pampa Agency, con base en la ciudad de Villa María, coordina su tarea con la editorial de la Universidad Nacional de Villa María, Eduvim. “Con Carlos Gazzera, vimos la necesidad de aportar un grado de profesionalización al campo literario argentino y, a la vez, de poner en valor el rol del agente como un mediador especializado en la circulación de obras, tanto a nivel internacional como multimedial, es decir, la transformación a otros formatos de la obra”, dice Luis Seia.

Al momento de la fundación de la agencia, se hizo una selección de autores del catálogo de Eduvim. Obras de Javier Chiabrando, Andrea Rabih, Clementina Quenel, Sergio Gaiteri, Adrián Savino formaron parte de Pampa desde el inicio. “Luego sumamos a aquellos autores cercanos que considerábamos valiosos, como Osvaldo Aguirre, Andrés Rivera, Antonio Tello. Tuvimos muy buena recepción en las ferias de Frankfurt y de Guadalajara, dado que se trataba de una agencia de autores argentinos y latinoamericanos con sede en la Argentina y no en las capitales literarias españolas”, agrega Seia.

Con el correr del tiempo, las ferias y las relaciones, varios autores se acercaron a Pampa Agency. “Incorporamos las propuestas que consideramos de mayor calidad y que ocupaban segmentos de mercado que no teníamos, con autores como Paula Varsavsky, Gabriela Fleiss y David Wapner, así como también a ilustradores con potencial en el mercado internacional, como Javier Solar”. Asimismo, Pampa inició un trabajo de representación y asesoría en el scouting o adquisición de contenidos a editoriales como La Parte Maldita y de producción de audiolibros con Audioserial.

Salir del territorio
Desde Madrid, la argentina Claudia Bernaldo de Quirós, de la agencia internacional CBQ, cuenta que conoce bien las tareas del ambiente editorial. “Siempre me moví en ese mundo; he trabajando haciendo prensa para distintas editoriales, he sido correctora de estilo, he hecho informes de lectura, he sido editora dentro de un sello y también freelance”, destaca. Creó la agencia hace diez años. “Monté CBQ porque había visto en mi país las dificultades que tenían los autores para salir de su territorio, no solo para ser traducidos sino también para que al menos sus textos se conocieran fuera de su entorno más próximo. Siempre tengo en mente que los derechos de autor están contemplados en el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Entre otros autores, la agencia CBQ gestiona la obra de María Teresa Andruetto, Francisco Bitar, Iosi Havilio, Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara. Obras de los autores con los que trabaja ya fueron traducidas al inglés, el italiano y el francés.

Bernaldo de Quirós admite cierta preferencia por los escritores de América Latina. “Creemos que allí se produce la mejor literatura. Siempre hemos apostando por aquellos textos que anuncian la presencia de un autor con pensamiento y voz propia. Entiendo por eso alguien que tiene sus propias señas de identidad, un universo más allá de las modas y las corrientes literarias establecidas, alguien con una aguda mirada narrativa. Me atraen los textos más arriesgados y menos pasteurizados”. Para ella, la solidez de una agencia no se construye con uno o dos autores célebres sino con la suma de muchas voces.
“Pienso que la pregunta de si un autor tendría que buscarse a un agente o no depende estrechamente de qué tipo de escritor es, qué clase de literatura produce, qué expectativas tiene en relación con ella, etcétera –dice el rosarino Patricio Pron desde Madrid, ciudad donde reside desde hace varios años–. Mi propia experiencia con los agentes es buena, pero diría, resumiendo mucho, que, más que un agente, lo que un escritor necesita es un interlocutor, y este puede ser un agente, un editor que confíe en su trabajo, buenos amigos o cualquier otra figura”. Acaso también, sin saberlo, los lectores ejercemos ese rol de agentes vocacionales de la literatura que amamos.


lunes, 18 de febrero de 2019

Subsidios colombianos a la traducción literaria

El 25 de enero pasado, Lorenzo Herrero publicó la siguiente noticia en el sitio Publishnews, donde se da cuenta de que diez de las obras que integraban el catálogo Reading Colombia se traducirán a cinco idiomas distintos

El programa Reading Colombia repartió
12 bolsas de apoyo a la traducción

El proyecto Reading Colombia. A selection of contemporary colombian authors, finalizó el pasado 15 de enero cumpliendo sus objetivos y entregando las 12 bolsas de traducción que se ofrecían. El proyecto Reading Colombia del que pudimos conversar con Martín Gómez, promotor del catálogo, el pasado noviembre, ha sido la primera iniciativa para internacionalizar la literatura colombiana a través de bolsas de ayuda a la traducción y sigue la línea del trabajo que ya llevan a cabo las industrias editoriales de otros países. En esta primera edición de Reading Colombia los resultados son halagüeños, se traducirán 10 de las 28 obras que integran el catálogo a cinco idiomas distintos. 

En los meses que ha durado el proyecto, Martín Gómez, promotor del catálogo ha estado presente en las más importantes ferias internacionales del libro dando a conocer la literatura colombiana y llamando a las puertas de editoriales desde Dinamarca hasta los Emiratos Árabes para presentar las obras y autores que forman parte del Catálogo Reading Colombia 2018. Los resultados son claramente satisfactorios para el poco tiempo que ha durado la iniciativa, el catálogo se conformó a finales del mes de julio y en apenas 5 meses se ha despertado el interés de una docena de editoriales de 6 países diferentes. La Cámara Colombiana del libro, promotora del proyecto junto al Grupo de Emprendimiento del Ministerio de Cultura colombiano y la Biblioteca Nacional de Colombia, en un comunicado de prensa manifestaba su orgullo por formar parte de este proyecto y anunciaba su deseo de continuar con el mismo en años venideros. "Esperamos que este sea solo el inicio de un proyecto completo y robusto de internacionalización de la industria editorial en el país". La lista de obras del catálogo Reading Colombia que han sido adquiridas por editoriales extranjeras para su traducción las pueden consultar en la siguiente tabla:



viernes, 15 de febrero de 2019

El poeta Miguel Ángel Bustos traducido al inglés



A la izquierda, Miguel Ángel Bustos; 
a la derecha, su traductora  al inglés Lucina Schell
“La publicación de una edición bilingüe de Fragmentos fantásticos y Visión de los hijos del mal, reunidos en el volumen Vision of the Children of Evil, empieza a saldar una cuenta pendiente con el enorme poeta desaparecido por la dictadura.” Así dice la bajada de la nota, firmada por Silvina Friera, en el diario Página 12 del 21 de enero pasado.

“A través de su poesía, 
sus ideas perduran potentemente”

Los poemas de Miguel Ángel Bustos –el poeta que desapareció dos veces, cuando lo secuestraron, el 30 de mayo de 1976, principio de lo que sería luego la posterior desaparición simbólica de su obra– “tiemblan” por primera vez en inglés con la publicación completa de dos de sus libros: Fragmentos fantásticos (1965) y Visión de los hijos del mal (1967), reunidos en el volumen Vision of the Children of Evil, edición bilingüe traducida por Lucina Schell, publicada por una pequeña editorial independiente de Estados Unidos co•im•press, de la ciudad de Chicago. Antes de llegar a la 45° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Schell presentará el libro en Chicago y varias ciudades estadounidenses. “Quise que la edición sea bilingüe para que la obra de Bustos esté disponible en español para los muchos lectores hispanohablantes en los Estados Unidos, o para los lectores latinos cuyo nivel de castellano no es muy culto, entonces la traducción les permite acceso a los poemas de Bustos. Mi traducción es solo una interpretación que espero pueda facilitar la lectura de una obra incontenible”, plantea la traductora a Página 12

Vientre profeta sin tiempo
Schell llegó en 2010 a la Argentina para estudiar en Córdoba, dos años después de que Argonauta publicara la Poesía completa de Bustos (2008). “Tuve una pasantía en el Museo Emilio Caraffa de arte contemporáneo y una mañana cuando no tenía muchas tareas, vi el libro, que pertenecía a una de mis colegas, en la mesa, y lo empecé a leer. De inmediato me cautivó su voz a la vez inocente y profética. Supe que estaba ante la presencia de un verdadero poeta. Había ido a Argentina con el propósito de encontrar un poeta para traducir. Entonces, el proyecto comenzó con la traducción de una selección de 35 poemas y una introducción crítica a la obra de Bustos”, recuerda la traductora. Schell se contactó con Emiliano Bustos, también poeta y dibujante como su padre, y entabló un diálogo que se ha extendido en el tiempo. “Empecé a publicar algunos poemas en revistas literarias y luego a pensar en proponer un libro a una editorial. Como Bustos es poco conocido fuera de Argentina, algunos me aconsejaron proponer una antología, pero me resultó problemático seleccionar poemas dispersos de libros realmente narrativos, épicos. Ya había traducido muchos poemas de Fragmentos fantásticos, entonces me comprometí a completar el libro. Pero veo Visión de los hijos del mal como una extensión del mismo proyecto. Tienen las mismas estructuras, hay personajes e incluso frases que se reiteran. Emiliano estuvo de acuerdo y, por suerte, también estuvo de acuerdo el editor de co•im•press, Steve Halle”. 
¿Por qué la primera traducción de dos libros completos de Bustos (1932–1976) llega más de 50 años después de la publicación de Visión de los hijos del mal (1967)? “La demora para una traducción sistemática de la obra de mi padre está asociada a otras demoras”, aclara Emiliano. Tuvieron que pasar más de 20 años desde su secuestro y desaparición, en 1976, para que se reeditara su poesía con la antología Despedida de los ángeles (Libros de Tierra Firme, 1998), y más de 30 para la edición de Visión de los hijos del mal. Poesía completa de Miguel Ángel Bustos (Editorial Argonauta, 2008). Luego de esas ediciones comenzaron a publicarse algunos trabajos, como Miguel Ángel Bustos, en el filo de todo, de la investigadora María Amelia Arancet Ruda, o Miguel Ángel Bustos. Biografía de un poeta militante, de Jorge Hardmeier. En cuanto a los traducciones al inglés, en los 60 Bustos fue incluido en Contemporary Argentine Poetry, de William Shand, antología publicada por la Fundación Argentina para la Poesía (1969), y en la revista TriQuarterly (1968/ 69), de Northwestern University, en una muestra de poesía Argentina preparada por Patricio Morgan. Más de 30 años después, en 2002, la traductora Joan Lindgren realizó un trabajo de investigación y versionó algunos de sus poemas. Interesada en la poesía argentina, Lindgren había publicado Unthinkable Tenderness. Selected Poems (University of California Press, 1997), de Juan Gelman. Vision of the children of evil es la primera traducción íntegra de Fragmentos fantásticos (1965) y Visión de los hijos del mal (1967). “El trabajo de Schell es un punto de inflexión porque permite una lectura completa de todo un ciclo de la poesía de mi viejo, que vio interrumpida su vida y la trascendencia de su obra, víctima del terrorismo de Estado”, subraya Emiliano y agrega que a principios de los años 90, el músico Hans–Jürgen von Bose compuso Siete textos de Miguel Ángel Bustos (1991), pieza “para soprano, acordeón y violoncelo” a partir de algunos poemas traducidos al alemán y que en 2015 fue publicada en Francia la antología Archipel du tremblement, en traducción de Stéphane Chaumet.
El temblor de las voces
“Es difícil traducir a Bustos porque escribe en varias voces, estilos y formas –advierte la traductora–. Tuve que distinguir entre la voz de un conquistador español, la voz de un indígena, la voz de Bustos como profeta, como ángel caído, como hombre desconsolado. Hay ciertos rasgos muy comunes a la poesía de Bustos que desafían al traductor, por ejemplo emplea mucho hipérbaton sin puntuación en los poemas en prosa para que la frase se lea distintamente hacia adelante y al revés: ‘una vibrante rama de acero estará en las venas el amor que / hoy tengo un grito brutal olvidado muerto’. Este efecto proviene del fragmento, que no importa cuál largo o pequeño sea, siempre tiene este giro lingüístico en el centro que le da su fuerza”. Schell cuenta también que tuvo desafíos importantes como traductora en los poemas más experimentales como “Lomo y voz” de Fragmentos fantásticos o en las “Alucinaciones infantiles” de Visión de los hijos del mal, donde juega con el proceso de adquisición de lenguaje. “El título ‘El piano se muerde la cola’ no se traduce porque los pianos no tienen cola en inglés; entonces tuve que encontrar algo más o menos equivalente y me quedé con The Wind Chases Its Tail (el viento persigue su cola), que es un poco más existencial, pero cabe con el tono filosófico de Bustos”, explica la traductora. 
Schell pondera que Bustos era “un lector extremadamente prolífico en muchos idiomas francés, alemán, portugués, inglés…; era muy erudito, así que su poesía se nutre y toma inspiración de muchas tradiciones, de varios movimientos literarios”. “Para traducirlo, tuve que estudiar estas tradiciones para capturar sus ecos en la poesía de Bustos, sobre todo los poetas malditos franceses. Escribe en formas diversas poesía en prosa, fragmentos aforísticos –y yo soy muy fanática del aforismo–, verso libre e incluso muy experimental. Por eso también me interesó de inmediato la poesía de Bustos”, reconoce la traductora. Habría al menos tres vertientes decisivas en la poesía de Bustos: el surrealismo –y los autores franceses, Nerval y Baudelaire–, el romanticismo alemán –Novalis y Hölderlin– y la generación del 27 en España: Lorca, Cernuda, Alexaindre. “No creo que haya una voz parecida en la poesía contemporánea de lengua inglesa –admite Schell–. Para aproximar su voz en inglés, estudié las traducciones al inglés de los autores franceses y alemanes, también de Vallejo, que es otro referente como maldito de lengua castellana, los poetas del siglo de oro español y las crónicas de los conquistadores y aventureros españoles del siglo XVI. Pero es importante recordar que los malditos fueron influenciados por Edgar Allan Poe a través de las traducciones de Baudelaire. Bustos lo cita en uno de los epígrafes de Fragmentos fantásticos. William Blake es otra figura antecedente de la poesía inglesa por su voz profética y la relación entre su poesía y su arte plástico. Bustos intentó traducir su poema ‘The Tiger’ que figura entre su Prosa”. 
En cuanto a la influencia de la literatura anglosajona, Emiliano recuerda que su padre fue lector, entre los ingleses, de Milton, Keats, Coleridge, Wordsworth y Percy Bysshe Shelley. También de Carroll, a quien cita en El Himalaya o la moral de los pájaros. De Coleridge, Wordsworth y Shelley tenía ediciones en inglés, como también de Alicia en el país de las maravillas. “En la biblioteca que heredé de él pude ver un estudio sobre el romanticismo inglés, The romantic imagination (Oxford University Press, 1964), de Maurice Bowra, y la voluminosa biografía crítica de Keats (1967) de Walter Jackson Bate –precisa Emiliano–. A esos libros se suma Les romantiques anglais, una edición belga de 1955. Pero de los poetas ingleses, entiendo que su preferido era William Blake, de quien llegó a traducir su poema ‘El tigre’. De Blake admiraba, además, su obra gráfica. Por supuesto, Shakespeare, de quien tenía las obras completas. Entre los estadounidenses, leyó mucho a Poe, a quien cita en Fragmentos fantásticos. A Poe tal vez lo haya leído más en francés; tenía un ejemplar de las traducciones de Baudelaire y un estudio crítico de Marie Bonaparte, publicado en París en 1958. También lo leyó en castellano. Mi viejo conservaba una edición de Eureka publicada en los 40. Es interesante ver la influencia que pudo tener Poe en su poesía, particularmente en pasajes de Fragmentos fantásticos. También fue lector de Whitman, como muchos poetas de su generación, y consultó las traducciones de poetas estadounidenses hechas por Ernesto Cardenal. Desconozco si tuvo oportunidad de leer a Henry Thoreau y Herman Melville en su idioma original, pero tenía una preciosa edición de Walden (Emecé, 1945), traducido por Julio Molina y Vedia, y de Moby Dick, en versión de su amigo Enrique Pezzoni para la colección del Fondo Nacional de las Artes”. 
Emiliano –autor de Trizas al cielo (1972), Falada (2001), 56 poemas (2005), Cheetah 2007), Gotas de crítica común (2011) y Poemas hijos de Rosaura (2017)– revela que su padre acostumbraba firmar y fechar los libros que leía. “En alguna oportunidad el poeta y crítico Ricardo Herrera me ‘devolvió’ un libro que había comprado en una librería de viejo, con la firma de mi padre. Era una pequeña edición en italiano sobre la poesía de Safo. Por las fechas de las ediciones y las fechas en que firmó algunos de estos libros, entiendo que la lectura de los románticos ingleses, como también la de Poe, pudo ocupar parte de su juventud. Si bien fueron mayores para él las influencias de la poesía francesa y del romanticismo alemán, no podría decir que haya sido poco importante la lectura de algunos de estos autores. En cuanto al libro que me regaló Herrera, me hace pensar que las bibliotecas son construcciones, y también destrucciones; en ellas operan las opciones personales, el tiempo y la ausencia. No sé qué otros libros de mi padre pueden andar por ahí. Tal vez tradiciones enteras, como la lectura de Safo, que no tenemos, al menos por ahora, posibilidad de recuperar”. 
En “Vientre profeta sin tiempo”, uno de los poemas de Visión de los hijos del mal, el poeta propone una relación compleja con el tiempo: “Yo no soy de ningún siglo./ Vivo ausente del tiempo. Soy mi siglo como soy mi sexo y mi delirio./ Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra”. Schell destaca que Bustos es un poeta “fuera del tiempo”, “un poeta de todos los tiempos”. “Tiene una mirada histórica que reflexiona sobre el presente y hacia el futuro que ahora es nuestro presente. Pero era un hombre de su tiempo con un compromiso político ligado a los movimientos revolucionarios de los años sesenta y setenta. Estoy segura de que si no hubiera desaparecido habría seguido luchando por un mundo mejor. Y su poesía, aunque no parece concretamente política en la superficie, es lo más político de todos sus actos porque investiga en el nivel del lenguaje el proceso colonial y el papel de la Iglesia, un proceso que todavía no se ha completado, aunque hablamos de poscolonialismo. Sus ideas perduran de manera mucho más potente a través de su poesía, que ahora sale a conocer nuevos lectores en otras partes del mundo.” 

jueves, 14 de febrero de 2019

Mario Levrero bien traducido al francés por Robert Amutio y bien leído por Guillaume Contré


No estamos seguros de si Damián Tabarovsky fue el introductor de los comentarios bibliográficos mezclados con la propia biografía, pero, en todo caso, es uno de sus más destacados cultores. Acá, en esta columna, publicada como siempre por el diario Perfil, el pasado 12 de enero, se ocupa de una novela del uruguayo Mario Levrero, de su traductor al francés y de un escritor, traductor y crítico que la reseñó.

Dos novelas en Francia

Leí por primera vez El discurso vacío, de Mario Levrero, por recomendación de Fogwill, en la edición original en la editorial Trilce de Montevideo. Luego lo volví a leer en la  primera edición argentina, en la vieja Interzona. Si se examina el recorrido de la obra de Levrero hasta el reconocimiento en la crítica y el mercado del que goza hoy en día, hay que darle un lugar muy destacado a esa edición. Todo un lectorado que había leído (o no) a un primer Levrero más cercano al fantasy, a un mundo de toques kafkianos, o incluso también a la estética del cómic, descubrió con la edición de Interzona a uno de los más grandes escritores contemporáneos. El discurso vacío, extraordinario en sí mismo, funcionaba también como introducción, como preparación para lectura de La novela luminosa, para muchos su obra maestra (aunque para mí ambos libros están a la misma altura). Por lo que sé del tema (muy poco), una vez que terminó el contrato con Interzona, la novela se habría vuelto a publicar en una de esas multinacionales del entretenimiento que tiene billetera y no mucho más (una vez vi una edición –tal vez sea ésa, no estoy muy seguro– que tenía un perro en la tapa. Pensé que era un libro de veterinaria, pero no, era la novela de Levrero. Curioso). Ahora acaba de publicarse en Francia bajo el título de Le discours vide, en la buena editorial Notabilia, traducido por Robert Amutio. Acabo de leer esa versión: es extraordinaria. Amutio es, discretamente, uno de los mejores –sino el mejor– traductor de literatura hispanoamericana al francés. Borges decía que muchas veces las traducciones mejoran el original. Pues Amutio lo hizo con las traducciones de Bolaño para la editorial Christian Bourgois (no es un gran mérito escribir mejor que Bolaño, pero mejorarlo en la traducción, sí). Publicada en octubre del año pasado, la edición francesa de El discurso vacío comienza a tener buena recepción crítica. Entre ellas, la buena reseña que Guillaume Contré escribió en la revista Le matricule des anges.

No es casual. Contré, además de crítico y traductor, es también escritor y acaba de publicar una muy buena novela: Discernement (Editions Louise Bottu, 2018). Por lo que leo en la contratapa, el libro fue escrito originalmente en castellano, luego traducido por él mismo al francés, publicado entonces en esa lengua, mientras espera la edición en español en la editorial Pre-Textos. Y si no es casualidad que a Contré le interese Levrero es porque Discernement es una novela que coloca a los pensamientos, al acto de pensar, a la novela mental, en el centro de la narración. Como el motor del texto. Escrito sin puntos aparte, de semejante recurso podríamos esperar lo peor (¡Thomas Bernhard!), pero por suerte no. Al contrario. El arte de Contré consiste en que los pensamientos del protagonista (un tal Fréderic, nombre sin atributos si los hay) se vuelven por momentos etéreos, suaves, delicados, pero nunca débiles. Bajo el modo de la repetición y el absurdo, aquí también encontramos una veta kafkiana, aunque expresada de un modo diferente a la de Levrero. Mientras en Levrero todo es concentración, encierro, e ironía asfixiante, en Contré es asunto de caminatas, vagabundeos, derivas urbanas, el recorrido por la ciudad como un paseo que no conduce a ninguna parte. Solo al texto, escenario final de todo Discernement.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Una librería montevideana que, a diferencia de El Ateneo-Grand Splendid, además de linda es buena


De acuerdo con los datos que de él se dan en el sitio Publishnews, “Omar de Souza es periodista y editor brasileño. A sus espaldas pasan años trabajando en los principales periódicos de Brasil y en las más importantes casas editoriales del país como el Jornal do Brasil, el Grupo Record y Harper Collins Brasil, entre otros”. Su columna de opinión se publicó el pasado 14 de enero.

La librería de los sueños de Montevideo

Cualquiera que aprecie los libros considera la librería El Ateneo Grand Splendid un encanto, y con razón. Inaugurada en el año 2002 en el mismo lugar donde antes funcionaba el Teatro Grand Splendid, en Buenos Aires, fue considerada por el diario The Guardian una de las más bellas librerías del mundo. Es la joya de la corona de la ciudad que posee el mayor número de librerías por habitante: 25 para cada grupo de cien mil porteños. 

Pero en el área histórica de Montevideo, muy cerca de la Plaza de la Independencia y del Teatro Solís, hay una librería menor, pero igualmente encantadora, llamada Más Puro Verso. Además de una obra arquitectónica estupenda de art nouveau, preservada en su casi totalidad, mantiene un acervo fantástico. Entre los mármoles italianos de la escalera, las maderas de ley de las estanterías y el amplio vitral al fondo de la tienda, el lector encuentra desde obras clásicas y de referencia a best sellers y novelas gráficas. 

El edificio fue construido hace más de un siglo, y durante la mayor parte de su historia abrigó a una distribuidora de equipos médicos y de precisión, que cerró las puertas en 1999. Nueve años después, fue restaurado y reabierto como librería, y de ahí en adelante se convirtió en una referencia no sólo para los habitantes de Montevideo, sino también para los turistas. Algunas empresas y sitios especializados en paseos por la ciudad, también pródiga en librerías, pasaron a incluir la Más Puro Verso en su tours. 

Las amplias vitrinas que bordean la puerta dan una idea de la diversidad de títulos, autores y géneros que el lector va a encontrar. Los estudios de Filosofía, los libros de arte, las novelas en estilo chick-lit, Goethe, Marx, Alighieri, Atwood: todos están allí, como si invitaran al visitante a una velada en el acogedor café del segundo piso. El trato atento de los empleados sólo refuerza la buena impresión.

No muy lejos, en una esquina de la bulliciosa avenida 18 de julio, la librería Puro Verso no tiene aires vintage como la hermana mayor, pero también es fascinante a su manera rústica. En ambas, la clave es la singularidad que ni siquiera los algoritmos de Amazon consiguen replicar, y que garantiza la larga vida de las librerías independientes: tratamiento con un toque de curaduría.

martes, 12 de febrero de 2019

"Si veía sonrisas, sabia, que estaba en lo correcto"


El pasado 10 de enero, Lorenzo Herrero, en el sitio Publishnews, publicó con su firma la siguiente noticia.

Mafalda llega a Armenia

La argentina más célebre, Mafalda, la hija de Quino llega a Armenia de la mano de la editorial Antares. Con la publicación del libro Mafalda y sus amigos (Antares, 2018), el título escogido en armenio para 10 años con Mafalda (Ediciones de la Flor, 1974), las historietas de Mafalda, Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad ya han sido traducidas a 28 lenguas. El proyecto ha salido adelante a través del Programa Sur de la Dirección General de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto  argentino, que desde 2009 tradujo y editó más de 1.000 obras a 43 idiomas diferentes, 

La traducción, ha corrido a cargo de la periodista y traductora Alice Ter Ghevondian. Ter Ghevondian es autora de un manual sobre los verbos español-armenio y un ensayo La cinta de Moebius y los cuentos de Julio Cortázar. Tradujo al armenio Rayuela de Cortázar, así como la compilación de cuentos de Diego Tatian, los poemas de Ana Arzoumanian y Mario Sampaolesi y la serie de "Microbac" de FUNCEI. Además ha realizado diversas traducciones de la literatura y poesía moderna armenia al español.

Alice Ter Ghevondian, en declaraciones a Diario Armenia reconocía que Mafalda es universal, sin embargo, ha encontrado dificultades a la hora de traducir que van más allá de los juegos de palabras propios del español de argentina “En la narrativa uno tiene lugar para maniobrar, en los casos más difíciles el traductor se salva con las notas de pie, pero no es el caso de las tiras, donde el juego de las palabras llega a su extremo en un texto re corto. Además, las palabras de armenio son largas, y había que hacerlas entrar en los globito sin sacrificio de la claridad visual. Durante la traducción trataba de adivinar la reacción de los lectores sobre las tiras ya pasadas al armenio, y si veía sonrisas, sabia, que estaba en lo correcto”.

lunes, 11 de febrero de 2019

El gobierno iletrado de Buenos Aires removió a los libreros del Parque Rivadavia para abrir una calle


La noticia fue publicada por todos los diarios argentinos el pasado 10 de enero y permite entender cómo el actual Gobierno de la Ciudad, en sintonía con el actual gobierno del país, realiza todo tipo de negocios invocando la calidad de vida de los ciudadanos, pero a estos no los escucha, a pesar del maquillaje republicano. Así, según señala la bajada de la nota publicada por Nicolás Romero en el diario Página 12, “el gobierno porteño empezó el traslado de los puestos de libros del Parque Rivadavia para abrir la continuación de la calle Beauchef. Los libreros fueron forzados a un acuerdo. Desde la escuela lindante cuestionan no haber sido consultados”.

Menos plaza, más asfalto

A pesar de la oposición de las asociaciones de vecinos de la comuna Caballito y de los libreros de la feria del Parque Rivadavia, el gobierno porteño avanzó con la apertura de la calle Beauchef entre Rosario y avenida Rivadavia, que atravesará el parque que funciona como pulmón verde de la comuna 6. Al desprolijo operativo de desmantelamiento y traslado de los puesteros se sumó el reclamo de la comunidad educativa del Normal N°4 y el Liceo N°2, que comparten un edificio adyacente a la obra, porque no fue consultada sobre la nueva vía vehicular que pasará frente al sector de salida de los estudiantes.

La obra para abrir la calle, habilitada por el nuevo Código Urbanístico aprobado en diciembre, comenzó el jueves pasado, cuando operarios municipales empezaron a remover árboles en el corredor donde desde hace años funciona la feria de libros. El lunes avanzaron con el traslado de los puestos de libros a la vereda sobre la avenida Rivadavia. En ese sector funcionarán mientras duren los trabajos de apertura de la calle, que recortará 600 metros cuadrados al parque para “mejorar la accesibilidad”, según sostuvo el Ministerio de Ambiente y Espacio Público a cargo de la obra. Una vez finalizada la nueva calle, los puesteros volverían al lugar original. Ese es el forzado acuerdo al que llegaron los cien libreros con las autoridades durante las rondas de diálogo que mantuvieron, y que Fabián Torres, uno de los delegados de los libreros de la feria del parque, espera que se respete.

Fue bastante desprolijo porque iban a empezar con los puestos del lado de Rivadavia y al segundo día movieron a los que estaban sobre Rosario. Hubo gente que se quedó a dormir en la feria porque no nos dieron tiempo.” “Las obras van a durar unos seis meses. El problema ahora es que no tenemos suministro eléctrico. Y la gente de Ferias y Mercados nos dice que no vamos a tener luz durante todo ese tiempo. Hablamos con dos comuneros para ver si podemos lograr que nos conecten algún medidor de los que se utilizan para las ferias o cuando se hacen eventos dentro del parque. Pero, paradójicamente, Fernanda Moro, de Cambiemos, nos dijo que eso lo tiene que resolver Espacio Público, que es el ministerio encargado de la obra, que ya nos cortó la luz. Y la necesitamos porque a las seis de la tarde dentro de los puestos no se ve nada y, además, el gobierno exige que tengamos posnets, y no todos tienen un inalámbrico”, contó el delegado que hace 29 años trabaja en la feria.

“La verdad, es una tristeza absoluta. Venimos peleando hace mucho tiempo porque no está bueno que se pierda espacio público para abrir una calle. Fuimos a la Legislatura, hablamos en la Comisión de Patrimonio y juntamos más de cinco mil firmas en solo dos meses, y la calle la terminan abriendo por un pedido que hace el ministro de Ambiente, (Eduardo) Macchiavelli, tras una encuesta online en la que votaron 111 vecinos pidiendo la apertura.” 

“Caballito tiene un metro y medio de espacio verde por habitante y la Organización Mundial de la Salud recomienda 15 metros. Y por otra parte,  objetivamente, no va a servir. Beauchef termina en la calle Rosario, después tenés el trayecto del parque hasta Rivadavia. Cruzás y empieza Ambrosetti que a los 400 metros se hace contramano. Es decir, trasladás el problema cuatro cuadras. Encima, donde se hace contramano y se va a complicar el tránsito está el plan de emergencia del Hospital Durand que tiene todo sincronizado para el ingreso a guardia.”

Por otra parte, hacia la nueva calle tiene la salida el edificio que alberga el Normal 4 y el Liceo 2.

La presidenta de la cooperadora del Normal 4, Carla Martínez, dijo a este diario que “nunca nos comunicaron nada. El viernes pasado vino Edesur y cortó la luz a los puestos y el lunes empezaron a trasladarlos para abrir la calle que llaman de ‘convivencia’ donde los autos deberían circular a un máximo de 20 kilómetros. Pero a nosotros como institución nadie nos informó, y la escuela es perjudicada. El ingreso es por Rosario, pero la salida es por el parque. Y estamos hablando de una comunidad educativa muy grande. La escuela tiene cinco niveles: jardín de infantes, con sala de 2 a 5, primario, secundario y terciario. Por eso estamos viendo la posibilidad de presentar un amparo”.