lunes, 25 de marzo de 2019

El otro congreso de la lengua

Como señala la volanta del artículo publicado por Silvina Friera en el diario Página 12 del 22 de marzo pasado, “el martes (o sea, mañana) empieza un encuentro alternativo al Congreso de la Lengua”. Se realiza también en Córdoba, convocado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) junto al colectivo de artistas “Malas lenguas”.

Un espacio para abrir el debate y la crítica

 La heterogeneidad del español peligra cuando determinados Estados o instituciones, como el Instituto Cervantes y la Real Academia Española (RAE), “buscan entronizar una lengua (o variedad de lengua) con un estatus simbólico superior, política que genera la creencia naturalizada en su superioridad (o carácter hegemónico), y cuyo efecto inmediato es el desplazamiento de otras lenguas y variedades al nivel de lo dependiente, lo ilegítimo, lo desautorizado”, se lee en el Manifiesto del I Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos, organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) junto al colectivo de artistas “Malas lenguas”, que abre el debate a la par que se posiciona como un espacio crítico y de disidencia al VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE). La apertura de este primer Encuentro será el próximo martes 26, en el pabellón Venezuela de la Ciudad Universitaria, con Juan Pablo Abratte, decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, una conferencia de la doctora en Lingüística Elvira Narvaja de Arnoux (Universidad de Buenos Aires); y un homenaje a Osvaldo Bayer, en el que participarán María Teresa Andrueto, Flavia Dezzutto y Diego Tatián.

El I Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos, en el que también estarán Daniel Link, Horacio González, María Moreno, Mempo Giardinelli, Graciela Bialet, Florencia Garramuño, Américo Cristófalo y Liliana Herrero, entre otros,  propone “una reflexión y una práctica que registren la heterogeneidad, las tensiones, los conflictos, los sometimientos de lenguas y formas de hablar disidentes o minoritarias, y a la vez invita a un desborde inventivo de la manera en la que hablamos mayoritariamente”, cuenta el filósofo Diego Tatián a PáginaI12. “El cuidado del castellano no es ortodoxia ni purismo sino un diálogo con la tradición que libera la imaginación y las prácticas de los vivientes que hablamos en esa lengua. Como dice el Manifiesto del Encuentro, se asume un posicionamiento contra toda celebración del multilingüismo y el multiculturalismo que obture la comprensión de las violencias y las desigualdades que están en su base; contra una celebración de la alteridad funcionalizada a mecanismos que en realidad afectan derechos y empobrecen los mundos lingüísticos”, agrega el autor de La cautela del salvaje, La conjura de los justos y Lo impropio, entre otros libros.

–Este año es el año internacional de las lenguas indígenas. ¿Qué espacio ocuparán estas lenguas en el debate? 
–Efectivamente, las lenguas originarias están en el centro de la discusión que propone el Encuentro; también el lenguaje de los sordos, las lenguas contaminadas de los migrantes, para pensar y promover formas efectivas de bilingüismo y generar una hospitalidad universitaria a las diversas estrategias de resistencia indígena contra la glotofagia y los genocidios lingüísticos. Fueron invitados especialmente  representantes de esas comunidades para pensar en interlocución viva, cultural y política, el destino de lenguas como el guaraní, el quechua, el mapudungún, el wichí. 

–¿Cómo impacta la revolución de las mujeres en la lengua? ¿Hasta qué punto el lenguaje inclusivo llegó para quedarse o es una moda pasajera?
–Las intervenciones contra el sexismo de la lengua –oral y escrita– condenadas por la RAE han producido sin duda una contribución muy importante, un estado de reflexión y de discusión imprescindible. Pero su destino, en mi opinión, es aún incierto. No disponemos –no enteramente, al menos– del modo en el que las lenguas habrán de transformarse, y nunca podemos estar seguros de cuáles revoluciones persistirán en el porvenir y cuáles caerán en el desvanecimiento. Sin embargo, el castellano actualmente “salido de quicio” es afectado por luchas políticas concretas que, lejos de cerrarlo, lo abre y produce pensamiento.

–Hay un discurso aparentemente “democrático” y “plural” de las instituciones de la lengua que organizan el CILE, como el Instituto Cervantes y la RAE. Sin embargo, la impresión es que la proclamada pluralidad no tiene sustento material y concreto en las normas lingüísticas de una lengua que sigue siendo “gobernada” como si España fuera un imperio. ¿Qué consecuencias tienen estos discursos de corrección política que no se verifican en las políticas lingüísticas?
–El centralismo español en la decisión de la normativa y las políticas de la lengua castellana es muy grande y afectado de una cierta obsolescencia. La perspectiva no es “democrática” ni “pluralista” sino globalizadora: una lengua para el mercado regulada de manera monárquica. Puede reconocerse una clara política lingüística por parte de la Corona Española, la RAE y el Instituto Cervantes que, junto a empresas multinacionales de capitales españoles –Banco Santander, Telefónica, Iberia, BBVA, Repsol, RTV, Agencia EFE, CNN en español–, promueven la ampliación del capital simbólico del español académico y mediático, comola horrible pretensión de un “castellano neutro” como facilidad comunicativa. Eso no está exento de violencia en la vida lingüística del mundo hablante en castellano ni ajeno a un aprovechamiento de la lengua como oportunidad de negocios: la propagación de institutos de enseñanza de la lengua española, con su amplio mercado editorial y venta de títulos habilitantes por parte de una institución monopólica como el Instituto Cervantes. Los países de América latina debemos intervenir en la discusión de cómo el castellano es enseñado en todo el mundo, por ejemplo a través de la creación de institutos latinoamericanos de enseñanza del castellano.

–¿Qué tensiones y conflictos plantea la enorme diversidad en el habla de los países de América latina?
–En América latina habita el 90 por ciento de los hablantes del castellano, un total de casi 500 millones de personas. La saludable insubordinación de la “marca” España que es necesario producir debe evitar caer en una cultura del resentimiento, y activar en cambio una potencia cultural inventiva política y culturalmente, capaz de contribuir a una diversidad real, conflictiva, no chauvinista, capaz de pensar el mundo de otro modo. La enorme riqueza de lenguas que atesora América latina establece una encrucijada de invención y memoria que aloja una promesa para la humanidad: una promesa de descolonización idiomática, impulsora de un habla diversa, originaria, experimental, inventiva, disidente, vital, popular, poética y política. Una promesa capaz de recuperarla de las finanzas trasnacionales, de las corporaciones comunicativas, de la destrucción cultural macrista, del capitalismo cognitivo, del neoliberalismo académico, de los mandarinatos, de las realezas.

viernes, 22 de marzo de 2019

"¡Andá a freír mondongo!"

El pasado 19 de marzo, Débora Campos publicó en el diario Clarín el siguiente artículo. La utilización de muchas de las palabras y frases que constan en él pueden llegar a ser un dolor de cabeza no sólo para traductores, sino también para lectores extranjeros.

Quince frases que escuchabas
 en la infancia y que los chicos de hoy no entienden

Si algo salía bien o la persona se sentía contenta, te decían que estaba un kilo y dos pancitos. Cuando algo causaba gracia, era ¡un plato! Si se disparaba un conflicto, ¡se armó la Gorda! Y las madres avisaban del frío con el clásico: "¡Hace un tornillo!"Las frases que acompañaron las infancias de los años 70 y 80 hoy no tienen sentido porque el lenguaje evoluciona de la mano de modas, de la tecnología, y de la juventud. Dos expertos analizan la vida útil de aquellas expresiones que todos decían y explican por qué desaparecen.

“Uno recibe de su comunidad lingüística o de varias y habla en ellas. Tenemos una capacidad de adquirir lo que nuestra comunidad habla. Esto no quiere decir que no podamos ser creadores, pero somos creadores desde lo que ya está”, puntualiza Alejandro Raiter, profesor titular de Sociolingüística en la facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en un correo a Clarín.

El académico, que forma parte de un equipo de especialistas que buscan desentrañar los secretos del uso que hacemos del idioma, explica que los hablantes no son todos iguales “en el sentido de la influencia: por ejemplo, los medios o aquellos lugares de saber, de poder o de prestigio. Así se impone, por ejemplo CEO para hablar de patrón, gerente o mandamás”, pone por caso. De este modo, “el dialecto o las formas lingüísticas propias de una comunidad son conformadas por los hablantes. La variación y el cambio lingüístico son permanentes, mal que le pese a la RAE o la Academia Argentina de la Lengua o lo que sea”, agrega.

Del mismo modo, aquello de ¡me caigo y me levanto! como sinónimo de sorpresa y desazón salió del libro de Julio Cortázar La vuelta al día en ochenta mundos.

Por su parte, gastar algo ¡a rolete!, es decir, demasiado, dicen que viene del francés roullette que viene de rueda recuperando la imagen de algo que gira y gira sin fin.

Rollinga no es wachiturro
La semióloga Claudia López Barros es docente e investigadora en la UBA y dice sobre estas frases de ayer pero no de siempre: “Cuando los individuos hablamos ponemos en juego las competencias culturales que cada quien posee. Esas competencias son variables de acuerdo a la formación, la región en que se vive, el estilo al que se adscribe y el estilo de época. No existe un habla homogénea, no habla igual un santiagueño que un rosarino, ni un rollinga que un hipster o un wachiturro.

López Barros se desempeña, además, en el ámbito de la consultoría comunicacional en opinión pública y opina por correo a Clarín que no existe el lenguaje sin adornos: “No podemos escapar de las figuras retóricas que utilizamos cada día, como metáforas, metonimias, hipérbole (exageración) y otras. El éxito de ciertas frases o palabras, quizás, puede vincularse con un "efecto de verdad" que rompe con el verosímil, con el estereotipo”, explica.

Un kilo y dos pancitos, en un periquete
Lo de “un kilo y dos pancitos” viene del tiempo en el cualquier familia compraba a diario un kilo de pan, de manera que esos “dos pancitos” eran un plus, algo que hablaba de una mejora.

Por otro lado, hacer algo “en un periquete”, según un antiguo documento de la Real Academia Española, viene de repiquete, ese sonido rápido e intenso de las campanitas por ejemplo.

De tal manera, que si no sale en un periquete, bien se puede decir al demorado: "¡Andá a freír mondongo!", que aunque no sea un insulto, tiene toda la intención de mandar a esa persona a... bueno, usted ya sabe.

A la especialista en análisis del discurso López Barros, le parece que algunas de esas palabras o frases muestran una faceta lúdica “que puede reforzarse en la reiteración y que hay un cierto goce en su uso”, dice. Y anota: “Algunas de ellas son más globales, como los universales de aprobación y desaprobación, que tenemos en el uso diario de las redes sociales”.

Y hablando de redes sociales, el académico Alejandro Raiter aporta un dato relevante: El grupo innovador más importante en la Argentina es el que forman los jóvenes de entre 15 y 22 años. Luego, le sigue el universo vinculado a la computación y las tecnologías: te lo uasapeomensajeome clavás el vistodale print bolú”, ejemplifica.

Monzón, pipí cucú
Para hablar algo refinado se decía que era pipí cucú y la historia de esta expresión no tiene desperdicio: eran los primeros años 70 y el campeón mundial de box Carlos Monzón recibía homenajes por todas partes. Uno de sus celebradores fue el alcalde de París Valery Giscard d´Estaing que con los años sería presidente de Francia. El mandatario galo tenía preparada otra plaqueta para saludar al púgil argentino y el representante de Monzón, Tito Lectoure, le había pedido que simplemente dijera "muchas gracias" en francés: "merci beaucoup" (pronunciado  mergsí bocú). Según publicó Clarín hace tres años, el periodista Ernesto Cherquis Bialo recordaba que Monzón, aterrorizado por tener que hablar un idioma que desconocía, hizo su mejor esfuerzo pero el agradecimiento pasó de "merci beaucoup" a "pipí cucú". "El galicismo acriollado a las trompadas no le pasó inadvertido al actor Alberto Olmedo, que comenzó a calificar de pipí cucú a personas, objetos o situaciones dignos de elogio", decía el periodista.

–¿Por qué aparecen frases nuevas todo el tiempo, Raiter?
–En general, porque una forma lingüística previa ya no expresa lo que expresaba. Lo que marcan los diccionarios sobre el uso real y el figurado es una boludez. En una comunidad, la distinción literal-figurado no existe, es un problema de los lingüistas. La forma actual ponele varió junto con la forma supongamosdale que sí y otras. Cuando estas dejan de expresar ese significado de "esto no es cierto o no lo acepto pero igual sigo argumentando o exponiendo", aparece otra que recupera esos significados perdidos.
Se armó la Gorda y no quieren más Lola

Cuando alguien “no quiere más Lola”, abandona y ese irse puede ser en sentido figurado o literal: morirse. La frase toma el nombre de una galleta sin sal creada por la empresa Bagley en 1875 que formaba parte de la dieta hospitalaria en aquellos inicios del siglo XX, de manera que alguien que se moría, “no quiere más Lola”. En cambio, si ¡se armó la Gorda! hay flor de lío y la expresión viene de la Revolución Española de 1868 en Sevilla, en contra del Reinado de Isabel II, con el fin de instaurar una república. La revuelta fue conocida como “La gorda”.

Si fueron tan útiles y expresivas hace años, ¿por qué desaparecieron? López Barros tiene una hipótesis y la comparte con Clarín: “Una de las razones de la vigencia o la muerte de algunas frases tiene que ver con las maneras de pensar que van variando en el tiempo y aquellas que se mantienen. También hay expresiones que provienen de los medios, que son retomadas en el lenguaje coloquial, que hoy transitan una y mil veces las distintas redes sociales. 

En ese mismo sentido, el profesor Raiter trae un caso actual: el boludo. “Como el uso del vos se ha extendido frente al usted, ¿cómo marcamos la familiaridad? En general, con el boluda/boludo. Hace cuarenta años, podía ser un insulto, pero ahora es un vocativo para indicar confianza”.

El académico rescata de su infancia las frases el buey solo bien se lame (cuando una mina te dejaba), a papá mono con bananas de plástico (cuando querían engañarte)” y deja una invitación: “Leete ahora Rayuela, publicada en los 60, como ejemplo del español de Buenos Aires y contáme...”.

Por su parte, López Barros confiesa que no se acuerda demasiadas “tal vez porque cuando las digo en casa, me las perdonan...”, pero consultó con sus hijos adolescentes y estas dos no las acertaron: Chau Pinela ¡a la marosca! Mientras tanto, ustedes lector y lectora, repasen la lista con las nuevas generaciones y, si no lo entienden, no “armen ningún Tole Tole".





jueves, 21 de marzo de 2019

"El rey no decora, es bastante lastre"


El 18 de marzo pasado, Verónica Abdala publicó en el diario Clarín una entrevista con Martín Caparrós, uno de los participantes del inminente Congreso de la Lengua. La bajada de la nota dice: "Está a favor del lenguaje inclusivo, cree en el idioma como algo vivo y considera innecesaria la presencia del rey español".

"Si Tinelli se postula a algú ncargo
yo vuelvo al país sólo para poder exiliarme"

Algunos la llaman “la cláusula Caparrós” y está escrita en varios de sus contratos: el escritor pide que cuando una editorial le manda por primera vez ejemplares de un nuevo libro suyo, acompañe el envío con “una caja de buen vino”, con un doble propósito. Por un lado, dice, eso compensa la frecuente frustración personal que, asegura, supone ver que la dedicación de meses o años a un tema, termina reducido a “una pequeña pila de papeles impresos”. Por otro, para medir lo que las editoriales consideran un buen vino. “Me he llevado sorpresas, no llegan al tetra brick, pero a veces se acercan peligrosamente”, asegura frente a una taza de café, haciendo gala de ese filoso sentido del humor que acompaña muchas sus apariciones públicas y a veces lo salva de la corrección política.

Martín Caparrós –uno de los más reconocidos periodistas y cronistas argentinos de la actualidad, y que vive en España desde 2013– está en Buenos Aires para participar del Congreso de la Lengua (CILE) que se realizará en Córdoba entre el 27 y el 30 de este mes, y también para dar forma a una crónica sobre la capital argentina, que integrará una serie que compone para el diario El País, sobre las grandes ciudades latinoamericanas. “El intento por sintetizar una ciudad en sí mismo supone una pretensión disparatada” define. De todos modos, ya hizo dos –Caracas y Bogotá– con las que está satisfecho, y Buenos Aires es la que mejor conoce, aunque mantiene con ella, como con el país, una relación ambivalente, signada por el amor y el espanto.

“Desde que me fui, en materia política no ha cambiado nada: seguimos viendo a los mismos actores –Cristina, Macri–, que ya han probado su habilidad para el fracaso”, dice. La “brutalidad mayor”, sin embargo, le parece una posible candidatura de Tinelli: “Si se postulara a algo yo volvería al país solo para poder exiliarme –dispara. Lo único que ha hecho este hombre es contar chistes malos y mostrar culos y uno hubiera creído que había cierta reacción ante este tipo de conductas. Que pueda aspirar a algún puesto importante (NdeR: baraja su candidatura como gobernador de la Provincia de Buenos Aires) y alguien crea que pueda conducirnos a algún lado, desmiente totalmente lo que creemos que somos, cosa que a mí me cansa un poco”, dice cruzado de brazos, mientras desvía su mirada hacia la ventana. “Por eso estoy más enfocado en entender un poco mejor qué es América latina, un concepto que para nosotros es escurridizo: no está claro qué significa ser latinoamericano y quiero indagar en este territorio, en el que la mayoría de la población habita grandes urbes, pese al mito de que habitamos campos y selvas.”

–¿Creés que, en términos históricos, los argentinos vivimos como una contradicción esa pertenencia continental?
–Durante buena parte del siglo XX la negamos. Nuestra estructura política y económica era muy distinta de la de los demás países de la región, teníamos una vasta clase media y un Estado que proveía salud, educación y cierta justicia social, trenes, periódicos y editoriales infinitamente más ricas que en otros sitios, y además siempre nos creímos mejores que el resto. Pero eso empezó a quebrarse con la guerra de Malvinas, cuando nuestros estúpidos generales, que habían creído que Estados Unidos nos apoyaría, cayeron en la cuenta de que no tendríamos ese apoyo ni el de nadie más que el de un puñado de países latinoamericanos. Ahí empezó a forjarse en términos colectivos esa idea de pertenencia, que se consolidó cuando la situación de la clase media argentina se derrumbó, el Estado proveedor decayó en sus funciones y los valores económicos nos acercaron a la ruina. Hoy estamos todos más cerca e identificados con nuestros vecinos del continente.

El CILE, que organizan el Instituto Cervantes, la Real Academia Española (RAE) y el gobierno de Argentina como país anfitrión –y de cuyo acto de apertura participarán los reyes Felipe y Leticia junto al presidente Mauricio Macri– reunirá a casi doscientos cincuenta escritores y académicos de 32 países que debatirán en torno al lema "América y el futuro del español". El encuentro aspira a convertirse en un espacio de diálogo, pero ya tiene su propia grieta. Al programa oficial –del que participan el Nobel peruano Mario Vargas Llosa, Joaquín Sabina, Elvira Sastre, Juan Villoro, Jorge Volpi, Jorge Edwards, Sergio Ramírez y Juan Luis Cebrián, entre otros– otro colectivo de editores y autores opone una solicitada en redes, avalada por unas 500 firmas, que resiste el evento con presencia monárquica, mientras desde Filosofía de la Universidad de Córdoba se opone un "contracongreso" que ya suma 80 ponencias.

El argentino promedio tiene una facilidad notable para la intolerancia y el insulto y para subestimar al otro, lo que nos impide un intercambio más interesante o profundo –opina Caparrós–. Me parece de una pobreza absoluta, y lamentablemente es la forma que ha tomado la conversación en la Argentina de los últimos años.

–¿Y eso por qué? 
–Porque tenemos un pensamiento paranoide: en esta solicitada unos hablan de que otros quieren imponer o consolidar el idioma peninsular sobre los otros, de que el Congreso allana el camino al empresariado español…me parece una pérdida de pólvora en chimangos. Creo que lo que debería primar la tolerancia. 

–¿Y la presencia del rey, es decorativa?
–El rey no decora, es bastante lastre, y hace mucho tiempo que decidimos que no queremos tener reyes, así que quizás esté de más esa presencia. Eso puedo entenderlo, pero de ahí a pensar que esto se hace para reconfirmar el carácter hegemónico del español peninsular y allanar el camino al empresariado español, como dice el documento, me parece innecesario.

–¿El idioma puede pensarse como una variante de la patria? 
–Si pensamos la lengua como patria la sometemos a cierto corsé, porque la patria es una noción estática: la suposición de algo que somos a priori, a la que creemos que deberíamos aferrarnos. Pero la lengua es otra cosa, es algo movible, cambiante, y allí reside parte de su atractivo. Yo he vivido muchos años con colombianas y he adoptado palabras, vivo en España y también adopté modismos, del francés también heredé expresiones. Puedo escribir en otros idiomas. Me gusta esa vivacidad y creo que esto mutable.

–¿El idioma inclusivo, al que la RAE se ha opuesto de manera reiterada es válido o forzado, en términos de esa mutación?
–Es válido. A priori no me gusta el resultado todes pero me parece que la lengua es algo dinámico y estoy a favor de la apertura. Prefiero, igual, que me digan 'estamos todas contentas' aunque haya varones a que me digan contentes. Pero avanti, está muy bien, que los más chicos se apropien de la lengua y la usen.

–Los escritores y cronistas latinoamericanos gozan hoy un reconocimiento mayor. ¿Qué es lo más interesante que a tu juicio se está haciendo en este momento?
–Me entusiasma la búsqueda de formas de narrar que utilicen un poco más la multiplicidad de medios técnicos que existen para contar historias, me refiero a la posibilidad de filmar, grabar, poner en escena; una serie de posibilidades que empiezan a explorarse. 

–¿Será ese el futuro de la crónica? 
–Debería serlo, sin dejar de lado los viejos relatos. Que haya videos interesantísimos no implica que haya gente que deje de pintar. Me entusiasma la confluencia de estos elementos.

–Cuando surgieron las redes se impuso un supuesto saber aceptado que sostenía que en Internet había que escribir corto, sin embargo estás planteando que también se amplían los formatos para narrar…
–El argumento del formato corto cayó definitivamente, hoy por suerte hay espacios donde se publican largos relatos y está aceptado que los lectores leen en el subte, o en su celular por la calle, pero no por eso esperan leer cosas más cortas o peores, al contrario; vivimos un momento de auge de la crónica y en plataformas online, porque los lectores agradecen los buenos relatos, como ocurrió siempre. Y se abren nuevas puntas: otra vez, hay que moverse, hay que explorar. Los nuevos desafíos y lo que surja a futuro quizás pasen por poder hacer bien eso.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Guido Cavalcanti abre el año, traducido por Jorge Aulicino y editado por Juan Arabia

Retomando las actividades públicas del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, el onceavo año de existencia comienza con la presentación de la edición bilingüe de las Rimas, del poeta Guido Cavalcanti (1255-1300), publicadas por la editorial Buenos Aires Poetry, en traducción de Jorge Aulicino (también traductor de la Divina Comedia, de Dante Alighieri).

Durante la reunión, matizada con mucho humor, se habló de que el interés de los poetas contemporáneos por Guido Cavalcanti se debe principalmente a Ezra Pound quien ha sido algo así como una puerta de acceso para acceder a la compleja obra del más virtuoso representante del llamado dolce stil nuovo,denominación dada a un grupo de poetas italianos de la segunda mitad del siglo XIII, integrado por Guido Guinizelli, Lapo Gianni, Cino da Pistoia, Dino Frescobaldi, Guianni Alfani y los nombrados Dante y Cavalcanti, acaso los más importantes. Sobre éstas y otras cuestiones conversaron ayer en la presentación Juan Arabia, director editorial de Buenos Aires Poetry, y Jorge Aulicino, poeta, poeta y traductor.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), publicó los libros de poemas Vuelo bajoPoeta antiguoLa caída de los cuerpos,Paisaje con autorMagnificat, Hombres en un restaurante,Almas en movimientoLa línea del coyoteLas VegasLa luz checoslovacaLa nadaHostias,Máquina de faroCierta dureza en la sintaxisLibro del engaño y del desengañoEl camino imperial, Corredores en el parquey Mar de Chukotka. Último Premio Nacional de Poesía en la Argentina, periodista cultural y, por varios años, director de la revista Ñ, es también traductor. Entre sus últimos trabajos deben mencionarse una nueva versión de la Divina Comedia, de Dante Alighieri y sendas antologías de los poetas italianos Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini y Antonella Annedda.

Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) es poeta, traductor y crítico literario, egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y actual director del sello editorial y revista Buenos Aires Poetry. Ha publicado los libros: John Fante. Entre la niebla y el polvo (Buenos Aires, El fin de la noche, 2011);PosData a la Generación Beat(Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2014); El Enemigo de los Thirties (Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2015); John Fante: Camino de los sueños diurnos(Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2016); El Enemigo de los Thirties (Ril Valley / Chile – Los Leones, 2017), Il Nemico dei Thirties (Collana Scilla - Fana, Italia, Samuele Editore 2017).

lunes, 18 de marzo de 2019

Políticas de la lengua y negocios españoles


La proximidad del Congreso de la Lengua en Córdoba hace que los medios, generalmente desinformados, repitan como loros las gacetillas que les llegan de los interesados en promocionar esa verbena, cuyo programa, si se lee en detalle, es un derroche de estupidez (Ej. Ese tipo Sabina y la “puetisa” Sastre, en la mesa de poesía: hay que tener estómago). Así, el poeta y traductor Jorge Aulicino –que, no olvidemos, fue periodista durante más cuarenta años–, un tanto harto, opina sobre lo que significa ese congreso y devela sus móviles en la siguiente columna, publicada el 16 de marzo pasado en su Facebook.

No existe más el imperio donde 
"no se pone el sol", ¿te enteras?

Vamos a ver: soy argentino y hablo en argentino. Es un matiz, por ahora, del antiguo dialecto de Castilla que se convirtió en idioma oficial de la España monárquica unificada. ¿Es tan difícil ver que la política actual de España frente al idioma es precisamente política? Tiene razones económicas también, desde luego. Mínimas y legítimas, si se quiere. Pero básicamente es una política de Estado, de sobrevivencia. Se habla ahora de la necesidad –en la revista Ñ sin ir más lejos– de superar las "históricas disyuntivas" entre América latina y España y avanzar hacia una lengua franca. Una nueva lengua de los negocios. ¿Puede estar más claro? Frente a esta política, el lugar de sumisión de las academias americanas respecto de la RAE resulta para mí intolerable. Una Academia, la española que, por lo demás, lleva en su hombre la pertenencia a la monarquía. Estas naciones, Madrid, nacieron como repúblicas, ¿te enteras? Las fundaron masones, muchos de ellos católicos, pero casi todos anti-monárquicos. Hablan el español de otro modo, hacen reclamo de su soberanía hasta hoy. Y sin embargo sus instituciones lingüísticas aceptan someterse al papel de satélites o sucursales de la RAE Les organizan incluso congresos de la lengua (¿de cuál lengua?) a la RAE y al rey. ¿Es necesario en el mundo global sostener una lengua franca alternativa, que no sea el chino, como cada vez más parece?. Bien, eso se dará o no se dará en la medida en que el uso de las variantes del castellano de España crezca en número de hablantes y haya cada vez más mexicanos o argentinos o venezolanos o chilenos en el mundo de los negocios, de la industria del espectáculo, de la ciencia y de la tecnología. El español chapuceado que se hablará en esos ámbitos como alternativa al inglés, se convertirá en "lengua franca" 2 si Dios quiere, y ojalá Dios lo quiera. Esos procesos ocurren. Y no se diga que ocurren porque un hada madrina desciende de un país que fue central para unificar la lengua. Tengo entendido que el Renacimiento sucedió cuando el latín había hecho big bang. Y en el mundo económico y tecnológico hacía rato que no se hablaba un solo idioma cuando se produjo la Revolución Industrial. De modo que fue necesaria una "lengua franca" nueva y distinta. Un inglés estandarizado. No el mismo que se habla en Texas, distinto al de Nueva York, al de Londres, al de Canberra o al de Toronto, por no mencionar Jamaica. Si el castellano de España tiene ese destino nada puede hacer la RAE para acelerar el proceso. En cambio, puede intentar que lleve lo que se llama hoy "marca España"

viernes, 15 de marzo de 2019

Una más y, por un tiempo, no jodemos más

El pasado 8 de marzo, como una manera de acompañar el “Día de la Mujer”, el Consejo Nacional de Investigadores Científicos (CONICET) publicó en su página web el siguiente texto de Natalia Behar Sosa sobre la conveniencia o inconveniencia del lenguaje inclusivo. En su bajada, se lee: “La Dra. en Sociología, María Sol Torres Minoldo y el Dr. en Filosofía, José María Gil exponen motivos a favor y en contra del uso de la letra ‘e’ como alternativa de género”.

Dos investigadores del CONICET,
dos enfoques sobre el “lenguaje inclusivo”

“El problema está en confundir la gramática con el machismo”, expresó públicamente el director de la Real Academia Española (RAE) Darío Villanueva en una entrevista realizada en julio del 2018. En paralelo, en el marco del debate feminista y la lucha por los derechos de la igualdad entre el hombre y la mujer, el lenguaje inclusivo aumenta su nivel de aceptación, con repercusión en medios de comunicación y redes sociales. Al calor de las reivindicaciones de género, la iniciativa intenta romper con el binarismo “hombre/mujer” y evitar expresiones sexista del lenguaje.

En medio del debate y tras innumerables consultas con relación a su uso, en junio de 2018, la RAE amplió a través de su cuenta de Twitter: “#RAEconsultas El uso de la @ o de las letras «e» y «x» como supuestas marcas de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género”. En paralelo, quienes promueven el uso del “lenguaje inclusivo” ponen en la mira el uso del “genérico masculino” para denominar a ambos sexos, en expresiones como reunión de “padres”.

Para entender cómo se analiza hoy el lenguaje inclusivo es importante saber primero que se trata de un fenómeno social originado en los años setenta, con una fuerte influencia del movimiento Lésbico-Gay-Trans-Bisexual (LGTB). Desde entonces, la diversidad de las múltiples identidades de género comienza a ser nombrada. Se opta por el uso de la letra “x”, “, la “@”, la “e” y en algunos países la letra “i” (las últimas dos en la búsqueda por variables pronunciables) para designar género indistinto.

La RAE expresó también a través de su cuenta de Twitter: “#RAEconsultas No es esperable que la morfología del español integre la letra «e» como marca de género inclusivo, entre otras cosas porque el cambio lingüístico, a nivel gramatical, no se produce nunca por decisión o imposición de ningún colectivo de hablantes”.

El debate, lejos de estar cerrado, sigue replicándose en diversos ámbitos. Un ejemplo de ello es que, el 11 y 12 de abril próximo, la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata será sede del Primer Congreso de Lenguaje Inclusivo.

¿Qué opinan con relación al lenguaje inclusivo dos científicos pertenecientes al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)?

La Dra. en Sociología María Sol Torres Minoldo, Investigadora Asistente en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS), a favor de su uso, co-escribe en el artículo “La Lengua Degenerada”: “Lo que diga la RAE sobre este tema nos tiene sin cuidado. Con todo respeto. Muy lindo el diccionario”.

Por otro lado, el Dr. en Filosofía José María Gil, Investigador Independiente en el Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMD), cuestiona la naturaleza paradójica de este proyecto de cambio lingüístico que, a pesar de que es motivado por un justo reclamo a favor de la igualdad de género, incurre en prejuicios que pueden alimentar hipótesis clasistas y aun racistas.

A FAVOR
Por María Sol Minoldo, Investigadora Asistente en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS)

Si bien no existen evidencias contundentes acerca del efecto que tiene el lenguaje sexista sobre la reproducción de las relaciones de género, sí existen experimentos que respaldan la capacidad del lenguaje para condicionar nuestra mirada del mundo en diferentes aspectos, y el peso del género gramatical para atribuir carga semántica incluso a conceptos asexuados. Por ello, aunque nada garantiza que la transformación del lenguaje debilite, en efecto, la reproducción de relaciones de género injustas, la propuesta del lenguaje inclusivo sí aparece como, al menos, un ámbito válido de disputa política

Lo cierto es que la crítica a los ‘falsos genéricos’ y a la predominancia del género gramatical masculino en el habla no tiene tanto que ver con una dificultad de comunicación. Lo que se pone en cuestión es que estas estructuras lingüísticas no solo reflejan, sino que además reproducen, categorías de organización y comprensión de los géneros. Y lo hacen en función de un esquema no sólo asimétrico, sino además estrictamente binario. Y cuando sólo existen dos categorías posibles, femenina y masculina, la diversidad no puede ser siquiera nombrada.

Por otra parte, desde el punto de vista de Bourdieu, podríamos decir que el propio efecto disruptivo que el lenguaje inclusivo produce en la comunicación, tiene potencial para debilitar la violencia simbólica que contribuye a reproducir las relaciones de poder (incluidas las de género, por supuesto). Al producir incomodidad allí donde quedaba invisible una relación social opresiva, permite poner en entredicho la aparente ‘naturalidad’ de dicha relación. Esto quiere decir que el lenguaje inclusivo puede funcionar como una estrategia más para dar visibilidad a las relaciones de género como un producto socio histórico, y habilitar su discusión.

Desde un punto de vista lingüístico, de hecho, proponer una transformación del lenguaje que lleve a desambiguar el genérico que coincide con la forma específica del género masculino, no sólo no resulta inaplicable, sino que, de hecho, puede resultar enriquecedor. A la vez, apostar a la transformación del habla es perfectamente compatible con su carácter histórico, ya que la lengua no constituye en absoluto un producto inmutable, sino que se encuentra “viva”, transformándose constantemente debido a los cambios que la comunidad de hablantes introduce en su uso.

Cierto es que la propuesta específica de crear un genérico neutro tiene complejidades mayores que la sustitución de unos términos por otros, puesto que supone que se introduzca un nuevo género gramatical que, para integrarse a la gramática de nuestra lengua, deberá cumplir algunas reglas. Pero que su adquisición tenga dificultades mayores, bien podría ser compensado por el impulso que le proporciona el interés político que despiertan estas propuestas.

EN CONTRA
Por José María Gil, Investigador Independiente en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP)

El así llamado “lenguaje inclusivo” es la planificación de un cambio morfológico que visibiliza de forma creativa el justo reclamo de la igualdad de género. Sin embargo, la planificación de ese cambio pasa por alto la evidencia lingüística e incurre en prejuicios que no sólo son incompatibles con dicha evidencia, sino que además pueden alimentar hipótesis clasistas o aun racistas. En lo referido a la evidencia lingüística, carece de fundamento la idea de que un cambio en la morfología (el uso de “e” para evocar “género indistinto”) pueda promover un cambio conceptual. Además, el uso de este cambio morfológico se circunscribe a hablantes altamente escolarizados, razón por la cual el “lenguaje inclusivo” termina siendo paradójicamente elitista. En relación con los prejuicios que alimenta, el “lenguaje inclusivo” cae en la falsa y peligrosa hipótesis del determinismo lingüístico, según la cual el léxico y la gramática de la lengua que hablamos crea una trama de hierro para los pensamientos que elaboramos.

Desde luego, a lo largo de la historia ha habido una gran cantidad de casos de planificación lingüística, desde la adopción de una lengua nacional hasta cambios ortográficos muy puntuales. Con todo, la justa idea de reivindicar grupos oprimidos o estigmatizados por lo general se encuadra en proyectos amplios que tienen en cuenta a la comunidad de habla en su conjunto. Por ejemplo, la modernización léxica del quechua trata de evitar los préstamos del castellano o el inglés. Entonces, se crean palabras nuevas a partir de la morfología quechua, lo cual permite valorar la identidad lingüística y cultural de sus hablantes.

Es muy comprensible que el debate en torno al “lenguaje inclusivo” se dé en este momento histórico particular porque hay un reclamo mayoritario y legítimo a favor no sólo de la igualdad de género, sino también a favor de la igualdad y de la libertad individual como valores supremos.

Me animo a creer que este debate es una de las tantas expresiones de una sociedad que se va haciendo cada vez más plural y más libre, hasta que ya no haga falta escudarse en un cambio morfológico para promover valores igualitarios y democráticos. La promoción de esos valores requiere cambios en el pensamiento de las personas, los cuales son mucho más complejos y vastos que un cambio premeditado en la morfología nominal.