lunes, 24 de abril de 2017

Libros envueltos en papel madera.


Guillermo Piro publicó la siguiente columna en el diario Perfil, pero no nos queda en claro cuándo. Más allá de ese detalle, vale la pena leerla.



Cita a ciegas con un libro

No hace mucho, aquí mismo hablamos de uno de los tantos lugares comunes referidos a los libros, aquel que dice “no juzgues un libro por su tapa”. Explicitamos y fundamentamos que aquellos que juzgan los libros por su tapa rara vez se equivocan, pero por suerte en Australia no nos leen, o nos leen poco. En Newtown, un suburbio de Sydney, en una sucursal de la cadena de librerías Elizabeth’s Bookshop, hay un área donde se exponen los libros envueltos en papel madera. De este modo los clientes no pueden conocer el título, el autor, ni mirar la tapa. En el envoltorio están escritas algunas palabras clave, frases breves y adjetivos que intentan describir el libro y despertar la curiosidad de los lectores. El proyecto tiene nombre: “Blind date with a book” (“Cita a ciegas con un libro”).

Melanie Prosser, la directora de la librería, fue entrevistada por el diario australiano Daily Telegraph y dijo que el proyecto había nacido con el fin de “alentar a las personas a que salieran de la propia comfort zone literaria” y dejaran de juzgar y elegir un libro por su tapa. Naturalmente no le creo a Melanie una palabra (la experiencia me enseñó a no creerle nunca nada a alguien que se llame Melanie), pero como estrategia de venta me parece asombrosa. Según Prosser (no puedo ni volver a escribir el nombre Melanie), elegir un libro a ciegas “es un regalo hermosísimo que te libera de cualquier responsabilidad”. El experimento resultó positivo, y hoy todas las librerías de la cadena Elizabeth’s Bookshop tienen un estante con libros envueltos. Hay un sitio web, un blog en Tumblr, un perfil en Instagram y una página en Facebook donde es posible examinar (superficialmente, claro) y comprar (naturalmente)  los libros empaquetados.

Los libros que terminarán envueltos son elegidos por el personal de la librería. La revista online australiana Colosoul cuenta que uno de esos libros venía descripto como “novela prima multipremiada, protestas políticas en Medio Oriente, mayor de edad, violencia desbordante”, y que resultó ser Cometas en el cielo, del estadounidense de origen afgano Khaled Hosseini. Otro libro, descripto como “heroína sensible, amor, clásico, muchacha adoptada que se rebela” resultó ser Mansfield Park, de Jane Austen. Al parecer, por lo que pude averiguar, la iniciativa fue recreada en Italia y en Panamá –ignoro con qué resultados.

Una vez, en una de las librerías en las que trabajé, en 1983, una cañería rota nos obligó a desalojar de libros toda una estantería. Como nos parecía que en medio de la librería un espacio tan grande sin libros podía llamar demasiado la atención decidimos poner un cartel que decía “Libros prohibidos”. Contra lo que era nuestra intención, los clientes no pescaban la ironía. Nos preguntaban cómo podía ser que todavía hubiera libros prohibidos si estábamos en democracia, y cuando les decíamos que era un chiste se nos quedaban mirando como se mira cuando no se entiende un chiste, con una cara que está entre la idiotez y la imbecilidad. De modo que desconozco el efecto que tendría un proyecto similar al australiano en las librerías argentinas, aunque puedo hacer suposiciones. Como en la Argentina nadie quiere seguir las reglas del juego, me imagino a los clientes rompiendo el papel madera y volviendo a la librería a cambiar el libro –si se trata de una persona pacífica–, o amenazando con abrir una demanda judicial porque la descripción del libro no se ajusta a la realidad de la ficción –si se trata de una persona absolutamente normal.

En cualquier caso tiro la idea para que los libreros argentinos se diviertan un poco estafando al prójimo y al mismo tiempo puedan sacarse de encima esos clavos que compraron hace años pensando que iban a venderse como pan caliente. Es ahora o nunca.

sábado, 22 de abril de 2017

Semana cincuenta y uno del repudio al convenio entre la U.B.A.,la UNAM, la Universidad de Salamanca, el Instituto Cervantes y Telefónica de España

El éxito de la convocatoria para repudiar el convenio que le otorga valor universal al Servicio Internacional de Evaluación de  la Lengua Española, propuesto por el Instituto Cervantes y un consorcio de universidades de España y Latinoamérica, demuestra que la movilización de la comunidad intelectual de la lengua castellana está lejos de haberse agotado. Esta semana, la número cincuenta y uno desde que empezamos, actualizamos la lista de firmantes ya que,  diariamente siguen llegando adhesiones de todo el espectro de la lengua. Por lo tanto, seguirá abierta la recolección de firmas de todos aquéllos interesados en dejar sentado en este blog su repudio ante un pacto realizado de espaldas a la sociedad. 


Como ya se ha explicado, no sólo han firmado la nota que se reproduce a continuación escritores, traductores, correctores, editores, intelectuales en general (historiadores, sociólogos, antropólogos, arqueólogos y periodistas, además de directores teatrales y actores), sino también un gran número de profesores de Literatura Española e Hispanoamericana, lingüistas, filólogos y lexicógrafos, que desempeñan sus tareas en  universidades argentinas y extranjeras. Acaso ellos están mejor capacitados para entender el problema que los contadores, veterinarios y dentistas que votaron positivamente el acuerdo en una sesión del Consejo Superior de la UBA…  quince días posterior al anuncio oficial del Instituto Cervantes en el Congreso de la Lengua de Puerto Rico.

La solicitada y la lista estarán disponibles para quien desee consultaras y, eventualmente, sumarse. Para hacerlo sólo tiene que enviar un mail a clubdetraductoresliterarios@gmail.com


Solicitada

Los abajo firmantes, escritores, intelectuales, docentes, investigadores y artistas del universo de la lengua castellana, queremos manifestar nuestro absoluto repudio al Memorándum de Entendimiento, un conjunto breve de artículos, con el cual la UBA se integra al convenio firmado entre el Instituto Cervantes, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Salamanca, que pretende otorgarle al Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE) valor universal y hegemónico. Consideramos que se trata de  una grave intromisión en la independencia lingüística de Latinoamérica, así como de un perjuicio a los intereses políticos y comerciales de la región.
A
Martín Abadía, Cecilia Abdo-Ferez, Enrique O. Abeya-Gilardon, Eleonora Acosta, Mónica Acosta, Gabriela Adamo, Lucas Adur, Silvia Aguilera (Chile), Cecilia Aguirre (Brasil), Claudia Aguirre, Osvaldo Aguirre, Abel Ahumada, Laura Alcoba (Francia), Diego Alfaro Palma (Chile), Fernando Alfón, Javier Almeida, Mariano Altamirano, Matías Allende Contador (Chile), Adriana Amante, Susana Anaine, Jotaele Andrade, Maria Teresa Andruetto, Daniela Ansa, Angelika Antonio Rubin, María Amelia Arancet Ruda, Graciela Aráoz, Sol Aréchiga (México), Fernanda Aren, Teresa Arijón, Elvira Arnoux, Jaime Arrambide, Alessio F. Arredondo,  Adriana Astutti, Alejandra Atadía, Jorge Aulicino, Florencia Ávalos, Márgara N. Averbach,
B
Claudia Bacci, Cecilia Bajour, Miguel Balaguer, Alejandro Balazote, Lidia M. T. Rádis Baptista (Brasil), Florencia Baranger-Bedel, Magnolia Brasil Barbosa do Nascimento (Brasil), Pablo Bardauil, Julina Barembuem (Francia), Ian Barnett, Carolina Bartalini, Alcira Bas, Carlos Battilana, Matías Battiston, Gustavo Beade, Eric Beaumatin (Francia), Roberto Bein, Natalia Belenguer, Sonia Bello, Bárbara Belloc, Asher Benatar, Laura Benítez, Julia Benseñor, Daniela Bentancur, Diego Bentivegna, Gladys Berisso, Angel Berlanga, Emilio Bernini, Eduardo Berti, Concepción Bertone, Pablo Betesh, María de los Ángeles Bianchi, Ana Lia Biderman, Sonia Bierbrauer, Mónica Billoni, César Bisso, Sonia Blank, Andrea Bohrn, Elisa Boland, Karina Bonifatti, Piedad Bonnet (Colombia), Juan Bonilla (España), María Angélica Bonilla, Manuel Borrás (España), Claudia Borzi, Pablo Braun, Jorge Brega, Matías Bruera, Jorge Bustamante García (México/Colombia), 
C
Marcelo José Cabarcas Ortega (Colombia), Gabriela Cabezón Cámara, Rubén Faustino Cabrera, Susana Cabuchi, Javier Calvo, Caterina Camastra (México), Silvia Camerotto, Silvana Campanini, Magdalena Cámpora, José Aníbal Campos (Cuba), Marco Antonio Campos (México), Sibila Camps, Martín Caparrós, Anália Capdevila, María Ester Capurro, Pablo Caramelo, Marina Cardelli, Sandra Carli, Sandra Carrazzoni, Penélope Cartelet, Elizabeth Casals,Fabián Casas, Fernanda Castelano Rodrigues (Brasil), Alejandro Castro, Nora Catelli, Maite Celada (Brasil), Marcelino Cereijido (Argentina/México), Rocío Cerón (México), Valeria Cervero, Gabriela Cetinas, Sergio Chejfec, Matías Chiappe (Japón), Ricardo Chiesa, Micaela Chirif (Perú), Luis Chitarroni, Federico Ciamberlini, Ángela Ciocca, Susana Civitillo, Oliverio Coelho, Marcelo Cohen, Monona Cohen, Sara Cohen, Andrea Cofán, Javier Cófreces, Vanina Colagiovanni, Nicolás Coletto, María del Carmen Colombo, Gabriela Comte, Germán Conde, Oscar Conde, Carlos Roberto Conde Romero (México) Estela Consigli, Jorge Consiglio, Sandra Contreras, Lucila Cordone, Luciana Cordo Russo, Claudina Corel (Francia), Silvio Cornú, Juan David Correa (Colombia), Sylvia Costa, Beatrice Couteau, Flor Cresta, Américo Cristófalo, Claudio Crivelli, Marcela Croce, Adriana Cristina Crolla, Graciela Cros, Esther Cross, Anna Crowe (Escocia),
D
Julián D'Alessandro, Paola D’Angelo, Guillermo David, Jan de Jager (Argentina/Holanda), Santiago de Miguel, Pablo De Santis, Juan de Sola (España), Juan José Delaney, Claudia Del Blanco, Silvia Delfino, Laura Demaría (EE.UU.), Valentín Díaz, Mariana Di Cío (Francia), Ariel Dilon, María Teresa D'Meza (Cuba), Mariana Dimópulos, María di Stefano, Ignacio Di Tulio, Ángela Lucía Di Tullio, Leonora Djament, Jordi Doce (España), Nora Domínguez Rubio, Leandro Donoso, José Arlindo Dos Santos (Brasil), Elsa Drucaroff,
E
Víctor Ego Ducrot, Andrés Ehrenhaus, Laszlo Elderyi (Uruguay), Neide Elias (Brasil), Alejandra Elichabe, Verónica Engler, José María Espinasa (México), Carolina Esses, Juan José Estévez, Víctor Everest (México), 
F
Geneviève Fabry (Bélgica), Sylvia Falchuk, Adrián Fanjul, Ángel Faretta, Cristina Farías, Adriana Fernández, Nancy Fernández, Zulema Fernández, Álvaro Fernández Bravo, Javier Fernández Miguez, Inés Fernández Moreno, Martina Fernández Polcuch, Gustavo Fernández Walker, Alex Ferrara, Santiago M. Ferro, Horacio Fiebelkorn, Tamara Figueroa, Judith Filc (Estados Unidos), Diego Fischerman, Graciela Foglia (Brasil), Laura Fólica, Jorge Fondebrider, Diego Forte, Larisa Fostinone Locoselli (Brasil), Ana Franco (México), Silvana Franzetti, Daniel Freidemberg, Silvina Friera, Leonardo Funes, Alejandra Furfaro,
G
Pablo Gaiano, Carlos Gamerro, Lélia Gándara, Flavia García (Canadá), Alicia García Bergúa (México), Inés García Botana, Antonia García Castro, Gabriela García Cedro, María Blanca García Gandolfo, Emilio García Wehbi, Marietta Gargatagli, Inés Garland, Florencia Garramuño, Teresa Garufi, Miguel Gaya, Jorge Geffner,  Francisco Gelman Constantin, Nicolás Gelormini, Alicia Genovese, Analía Gerbaudo, Mabel Giammatteo, Pablo Gianera, Federico Gianotti, Daniel Gigena, Sol Gil, María del Carmen Gilardón, Abel Gilbert, Paula Giménez Zapiola, Gabriel Giorgi, Mónica Girón, Andrea Giunta, Marisa Godoy, Myriam Leonor Godoy Arroyo, Graciela Goldchluk, Víctor Goldstein, Alejandro González, Betina González, Horacio González, Jonio González, Neide Maia González (Brasil), Rafael Goñi, Nathalie Greff-Santamaria, Inés Grimland, Ezequiel Grimson, Lucía Grodsinsky, Paula Grosman, Irene Gruss, Roberto Guareschi, Leila Guerriero, Richard Gwyn (Gales),
H
Fabián Haim, Claudia Hartfiel, Liliana Hayat, Liliana Heer, Dolores Hernández, Itziar Hernández (España), Patricia Hernández, Frida Herz, Alejandro Horowicz, Luis Francisco Houlin Dintrans, Claudia Hortas,
I
Ricardo Ibarlucía, Carla Imbrogno, Pablo Imen, Pablo Ingberg, José Insúa, Fabián Osvaldo Iriarte, Pola Iriarte (Chile), Jorge Isaías,
J
Carlos H. Jacobo, David Jacobson, Natalia Jakubecki, Alexandra Jamieson Barreiro, Ana María Jaramillo (Colombia/México), Darío Jaramillo Agudelo (Colombia), Noé Jitrik, Silvia Jurovietzky,Mario Jursich (Colombia),  
K
Tamara Kamenszain, Laura Kaplan, Alejandra Patricia Karamanian, Alejandro Kaufman, Edna Inés Kelly, Sergio Kiernan, Guillermo Korn, Alberto Kornblihtt, Laura Malena Kornfeld, Eduardo Kragelund, Paula Krajnc, Christian Kupchik,
L
Juan Manuel Lacalle, Nora Laffont, Mónica Lago, Patricia Lálage del Vall, María Lanese, Gabriela Lapalma, Alicia Laplace, Cecilia Lasa, Alejandra Laurencich, Daniela Lauria, Denise León, Mara Faye Lethem (Estados Unidos),  Mauro Libertella, Daniel Link, Jorge Locane (Alemania), María Rosa Lojo, María Pía López, Hugo López Araiza Bravo (México), Eugenio López Arriazu, Carlos López Beltrán (México), Pura López Colomé (México), María López García, Ana María Lorandi, Diego Lorenzo, Carolina Lozada (Venezuela), Gabriel Lozano, Marcela Lucero,
M
Bruna Macedo de Oliveira (Brasil), Ariel Magnus, Silvia Maldonado, Alejandro Manara, Adriana Carolina Manes, Laura Mangold, Héctor Manni, Elena Marengo, Lucas Margarit, Marilú Marini, Leticia Martí, Daniel Martínez, Uriel Martínez Venegas (México), Claudia Masín, Carlos Masotta, Cecilia Mata, Ana Silvia Mazía, Mirtha Paula Mazzocchi, Ana Mazzoni, Carolina Melgarejo Torres, Víctor Manuel Mendiola (México), Ricardo Mendoza Rademacher (Chile), Andrea Menegotto, Haydée Noemí Menna, Tununa Mercado, Mercedes Merino, Silvana Meta, Alejandra Mierez Revilla, Eduardo Milán (Uruguay), Gabriela Minsky, Laura Miñones, Ignacio Miret, Federico Mirré, Javier Mocarquer (Estados Unidos), Macarena Mohamad, Cristian Molina, Oscar Luis Molina Sierralta (Chile), Rodrigo Molina-Zavalía, Sylvia Molloy, Fabián Mónaco, Rafael Mondragón (México), Mario Montalbetti (Perú), Graciela Montaldo, Jorge Monteleone, René Montero Montano (México), Miguel Ángel Montezanti, Virginia Monti, Fabio Morábito (México), Miguel Ángel Morelli, Yolanda Morató (España), María Moreno, Juan Carlos Moreno Cabrera (España), Graciela Morgade, Julieta Mortati, José Luis Moure, Vicente Muleiro, Fabricio Müller, Debi Mundani, Hugo Murno,
N
Adelaide Navarret, Juana Nicolaou, Gustavo Nielsen, Michel Nieva, Daniela Nigro, Valentina Noblia, Alicia Noceti, Alejandro de Nuñez,
O
Julieta Obedman, Alejandra Obermeier, Elena Luján Odriozola,  Gladys Ojea, Ana Ojeda, Leonardo Oksman, Sebastián Olaso, Alejandro Olazabal, Mercedes Olcese, Lucrecia Orensanz (México), Diana M. Ortega, María Gabriela Ortiz, Pablo Ortiz (Estados Unidos), Alexandra Ortiz Wallner (Alemania), Elsa Osorio, Araceli Otamendi, Sonia Otamendi, Rafael Felipe Oteriño,
P
Melisa Palferro, Cecilia Palmeiro, Lucas Panaia, Tamara Padrón Abreu, Andrea Palet (Chile), Marcia Paraquett (Brasil), Aldo Parfeniuk, María Teresa Pascual, Sandra Pasquini, Hilda Paz, Joana Peaguda, Karina Pelech, Ingrid Pelicori, Diego Peller, Marina Inés Pepe, Graciela Périssé, Claudia Pérez, Cecilia Pérez de Micou, Paula Pérez Alonso, Romina Eva Pérez Escorihuela, Graciela Perosio, Lucas Petersen, Miguel Ángel Petrecca, Maria Pibernus, Gabriela Clara Pignataro, María Cristina Pinto, Claudia Piñeiro, Nancy Viviana Piñeiro, Dagmar Ploech (Alemania), Silvina Poch, Judith Podlubne, José Maria Poirier, Antonio José Ponte (Cuba/España), Ángela Pradelli, Graciela Progano, Marita Propato, Ana Pruis, Agnieszka Julia Ptak,  Mercedes Pujalte, María Lucía Puppo,
Q
 Juan Carlos Quintero-Herencia (Puerto Rico),
R
Alejandro Raiter, María Laura Ramos, Graciela Rapaport, Olga Regueira, María Cristina Renard, Fernando Rendón (Colombia), Jorge Revsin, Alicia Silvia Rey, Esteban Javier Rico, Cynthia Rimsky (Chile), María Florencia Rizzo, Armando Roa Vial (Chile), Maricarmen Rodríguez, Daniela Rodríguez Gesualdi, Victoria Rodríguez Lacrouts, Blanca Alberta Rodríguez Vázquez (México), Alejandra Rogante, Waldo Rojas (Chile), Luis A. Rojas Herrera (Chile), Marta Rojzman, Mariana Romo Carmona (Estados Unidos), Gonzalo Roncedo, Hernán Ronsino, Mirta Rosenberg, Cecilia Rossi (Gran Bretaña/Argentina), Silvina Rotemberg, Fernando Rouaux, Gabriela Alina Roveda Peluffo, Cora Rozwadower-Grätzer (Francia), Julio Patricio Rovelli López, Mario Rucavado Rojas, Silvia Adriana Rucci, Natalia Ruhl, Facundo Ruiz, Pablo Martín Ruiz (Estados Unidos), Ricardo Ruiz, Andrea Russo, 
S
Guillermo Saavedra, Julia Sabena, Lori Saint-Martin (Canadá), Ina Salazar (Perú/Francia), Amalia Sato, Alejandro Schmidt, Scott Sadowsky (Chile), Julia Saltzmann, Elisa Salzmann, Daniel Samoilovich, Orestes Sandoval Lopez (Cuba), Cristina Santoro, Beatriz Sarlo, Vivian Scheinsohn, María Jimena Schere, Gabriela Schon, Federico Schuster, Ana Sebastián, Francisco Segovia (México), María R. Segura, Pablo Seijas (Argentina/Francia), Gabriel Seisdedos, Gabriel Senanes, Silvia Senz Bueno (España), Jessica Sequeira (Estados Unidos), Matías Serra Bradford, Marina Serrano, Pedro Serrano (México), Nora Sforza, Lorna Shaugnessy (Irlanda), Ana María Shua, Luciana Sierra, Alberto Silva Castro, Gastón Sironi, Paulo Slachevsky (Chile), Perla Sneh, Ricardo Soca, Ada Solari, Margarita Solli, Marcial Souto, Mikel Soto Nolasco(País Vasco), Rafael Spregelburd, Eduardo Stupía, Julieta Sueldo Boedo (Brasil), Jorgelina Sureda, Maristella Svampa, Mariano Sverdloff, Santiago Sylvester, Alberto Szpunberg, Mónica Szumurk,
T
Sergio Tanoni, Alejandro Tantanian, Carles Tàvec, María Tellechea, Federico E. Testoni, Diana Theocharidis, María Emilia Tijoux, Mario Tomé, Sandra Toro, Jorge Torres Zavaleta, Diego Trelles Paz (Perú), Silvina Trica-Flores (Estados Unidos), Roxana Trucco, Lilia Tubia,
U
Lidia Unger, Ariel Urquiza, Pablo Usabiaga, Teresa Usandivaras, Alejandra Uslenghi (Estados Unidos), Leandro Uteda,
V
Luisa Valenzuela, Gustavo Valle (Venezuela), Daniel Varacalli Costas, María Esther Vázquez,  Graciana Vázquez Villanueva, Diana Vega, Ana Vellegal, Luciana Velloso, Santiago Venturini, Isabel Vericat (México), Carmen Verlichak, Pedro Ignacio Vicuña (Chile), Gabriela Villalba, Inés Villanueva, Claudio Villarreal, José Javier Villareal (México), Minerva Margarita Villareal (México), Silvia Villegas, Juan Villoro (México), Elena Vinelli  Marcela Visconti, Miguel Vitagliano, Carlos Vitale, Martín Vitton, Nadia C. Volonté,
W
Miguel Wald, David Wapner, Gerardo Wehinger, Astrid Wenzel, Guadalupe Wernicke, Tamara R. Williams (México / Estados Unidos),  Laura Wittner, Leandro Wolfson, Marcela Woods,
Y
Daniel Yagolkowsky, Débora Yánover, Jorge Hernán Yerro (Brasil), 
Z
Horacio Zabaljáuregui, Graciela Zanini, Paula G. Zarza, Enrique Zattara Hernández, Amelia Zerrillo, Pablo Zdrojewski, Katharina Zinsmeister, Verónica Zondek (Chile), Ana Zone, Paula Zucherelli,  Julia Zullo, Patricio Zunini. Gabriela Mariel Zunino.

Universidades e instituciones educativas a las que pertenecen los firmantes
Universidad Autónoma de Entre Ríos (Argentina)
Universidad Católica Argentina (Argentina)
Universidad de Belgrano (Argentina)
Universidad de Buenos Aires (Argentina)
Universidad de San Andrés (Argentina)
Universidad del Salvador (Argentina)
Universidad Nacional Arturo Jauretche (Argentina)
Universidad Nacional de Córdoba (Córdoba, Argentina)
Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Argentina)
Universidad Nacional de Lanús (Argentina)
Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)
Universidad Nacional de Rosario (Rosario, Argentina)
Universidad Nacional de San Luis (San Luis, Argentina)
Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina)
ENSLV "Sofía E. Broquen de Spangenberg" (Argentina)
IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández" (Argentina)
Instituto Cultural Argentino de Lenguas Vivas (Tucumán, Argentina)
Instituto Superior de Formación Docente 3 (San Martín de los Andes, Argentina)
Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N°83  (Solano-Quilmes)
Instituto Superior de Profesorado n.° 8 "Alte. Guillermo Brown" (Santa Fe, Argentina)
Universidade Federal da Bahia (Brasil)
Universidade Federal da Integraçao Latino-Americana (Brasil) 
Universidade Federal Fluminense (Brasil)
Universidade Federal de São Paulo (Brasil)
Universidad Católica de Chile (Chile)
Universidad de Chile (Chile)
Universidad Jorge Tadeo Lozano, sede Caribe. Cartagena (Colombia)
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
UNAM (México)
El Colegio de México 
Universidad de Montevideo (Uruguay)
Universidad de la República (Uruguay)
Harvard University (Estados Unidos)
New York University (Estados Unidos)
Providence College (Estados Unidos)
UC Davis (Estados Unidos)
University of Maryland (Estados Unidos)
Tufts University (Estados Unidos)
Ministère de l'Immigration, de la Diversité et de l'Inclusion de Québec (Canadá)
Université du Québec á Montreal (Canadá)
Humboldt-Universität zu Berlin (Alemania)
Universidad Libre de Berlín (Alemania)
Universidad Autónoma de Madrid (España)
Universitat Pompeu Fabra (Barcelona / España)
Université de Caen-Normandie (Francia)
Université de Lille 3 (Francia)
Université Sorbonne Nouvelle Paris III (Francia)
Université Catholique de Louvain (Bélgica)
Tokyo University (Japón)

Adhesiones Institucionales
Centro PEN Argentina
Sociedad de Escritores y Escritoras de Argentina (SEA)
Fundación Victoria Ocampo
Programa de Estudios Latinoamericanos Contemporáneos y Comparados
Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española(http://untref.edu.ar/diccionario/)
Archivos del Sur

viernes, 21 de abril de 2017

Otra prueba de la incoherencia de la AATI

Traductores titulados en camino a una mesa redonda de la AATI

Como suele ocurrir desde hace algunos años, la AATI nuevamente organiza con el marco de las jornadas profesionales en la Feria del Libro de Buenos Aires una serie de mesas que tienen por objeto la discusión de temas ligados a la traducción literaria. Es, entre otras cosas, su manera de presentarse socialmente, aunque menos del 25% de los traductores asociados a la institución sean literarios. Pero la literatura siempre es más sexy que la traducción científico técnica o que la interpretación; sobre todo en la Feria del Libro.

Considerando que entre sus socios tiene algunos que son de primera categoría y otros que son de segunda, básicamente por no tener un título que los habilite como traductores, queremos alertar a aquellos que efectivamente sí tienen algún tipo de diploma que acredite sus estudios que en las mesas van a participar como expositores traductores no titulados y, por lo tanto, sospechosos de mala praxis, enfermedades contagiosas y mal aliento. 

Dicho de otro modo, la asistencia de los traductores titulados a esas reuniones va por cuenta y riesgo de cada cual, ya que la falta de titulación puede ser contagiosa. 

De hecho, la Organización Mundial de la Salud ha comprobado que muchos leprosarios están llenos de traductores no titulados, lo cual constituye una prueba flagrante para sostener esta advertencia. 

La AATI, a este respecto, vuelve a ser incoherente respecto de sus propios estatutos. Que cada quien lleve el carnet de su prepaga y tenga el número del SAME a mano. Quedan todos avisados. 


Jorge Fondebrider

jueves, 20 de abril de 2017

Che, a ver si alguien lo orienta a González


El jueves 6 de abril pasado, el traductor argentino Alejandro González publicó la siguiente columna en la que se pregunta “cuál es el sujeto de la traducción”. La reproducimos a continuación.

¿Quién traduce?

En conversaciones mantenidas con colegas hemos llegado a la inevitable conclusión de que, ante dos frases igualmente irreprochables y bellas en cuanto a estilo, ritmo, elección léxica, sonoridad y musicalidad, no sabemos, en última instancia, por qué preferimos una a la otra. Arrojamos, claro, hipótesis de todo tipo, como eso de que «la lengua nos habla» o «somos hablados por la lengua», de que hay un «fondo común» lingüístico, del oído entrenado, del peso de la tradición y demás.

En lo personal, tal circunstancia, unida al hecho de que me dedico a la traducción y debo crear cientos de frases a diario, me ha hecho sentir a menudo que, a fin de cuentas, no soy yo quien traduce, sino que hay una voz (interior o exterior, o ambas cosas a la vez, o quizás sean muchas voces) que tiene la última palabra. Así he llegado casi espontáneamente a plantearme una pregunta que, hasta donde sé, no suele merodear tanto los estudios sobre traducción: ¿quién traduce? O, mejor dicho, ¿cuál es el sujeto de la traducción?

La primera respuesta u observación que acude a la mente es que, desde luego, en el proceso de traducción de un libro intervienen varios actores (vamos a llamarlos así): el editor (solo o en equipo), el director de una serie, el traductor, el corrector, el propio autor —si está vivo y es accesible—; en ocasiones, el fondo que subsidia una determinada traducción, cuya decisión —sujeta, a su vez, a los criterios que sigue un jurado competente, al cumplimiento de los trámites administrativos y al monto solicitado— de colaborar o no económicamente suele ser lo que facilita o impide el proyecto; asimismo, la incidencia del agente literario o del poseedor de los derechos autorales —cuando la obra no está aún en dominio público— desempeña un papel no menor. Esta sería la primera «cadena» del proceso, la más fácilmente distinguible; diríamos, la condición de posibilidad para que un libro traducido esté en las mesas de las librerías (omito aquí el resto de la cadena de edición y distribución).

En un siguiente círculo concéntrico encontraríamos el mercado y lo que sabemos o esperamos de él; básicamente: qué libro o autor conviene traducir, cuál promocionar, cuál dejar en la sombra. El posicionamiento de la editorial y el prestigio de que goza entre los lectores es, por su parte, una instancia insoslayable.

En un tercer círculo, el conocimiento (más o menos intuitivo) de la cultura de recepción, de los hábitos de lectura, de las modas intelectuales, del gusto predominante. No es lo mismo traducir sabiendo que X libro formará parte de una serie juvenil o que engrosará una colección de clásicos dirigida a un público con formación universitaria. Cada traductor sabrá —con mayor o menor grado de conciencia— cuántas notas al pie debe hacer, qué conocimientos puede dar por sentados en quien lea el libro, qué cabe explicitar (el editor o el director de la serie también tomarán cartas en el asunto).

Más lejos llegamos ya a un terreno que nos excede, y en el que avanzamos a tientas: ¿por qué ciertos hábitos lingüísticos nos resultan más admisibles que otros? ¿Hasta dónde nos influye —ayudando y obstruyendo— la tradición literaria de nuestra comunidad? ¿Cuánto nos ha marcado nuestra propia historia como lectores? ¿Cuánto nos atraviesa la «agenda política» de nuestra comunidad en un momento histórico dado, por ejemplo, cuando hay fervores nacionalistas, independentistas, reivindicatorios de minorías, etc.? ¿Cuánto incide nuestro origen social, nuestra historia familiar, nuestro lugar de nacimiento, nuestro círculo de pertenencia? Multipliquemos estas preguntas por cada uno de los —dijimos— actores que intervienen en el proceso. Por lo visto, que prefiramos el adjetivo «bonito» a «lindo», «atractivo» o «guapo» (póngase en el orden que se desee) esconde una larga historia, de la que dudo podamos dar acabada cuenta.

Acerca de qué es traducir y cómo debe traducirse (mirada filosófica), qué se traduce (mirada histórica), cómo se traduce (traductología), cómo circulan las traducciones y qué efectos generan (mirada sociológica) hay océanos de bibliografía.

Aquí simplemente quería compartir la pregunta por quién traduce, por el sujeto —agente— de la traducción. Al parecer, la respuesta no es sencilla.

miércoles, 19 de abril de 2017

Mensaje de Mateo Schapire sobre el llamado para las becas del Centre National du Livre de este año



Estimados traductores,

El Centre National du Livre de Francia (CNL) propone becas de estadía destinadas a traductores experimentados en literatura o ciencias humanas y sociales, para realizar proyectos de traducción de obras francesas.


Para la convocatoria a la sesión de junio, las personas interesadas tendrán que dejar su dossier completo (formulario adjunto más documentos solicitados) antes del 29 de mayo en el Institut Français d’Argentine (Basavilbaso 1253), a mi nombre. Nosotros se lo transmitiremos al CNL.

Quedo a su disposición para cualquier información suplementaria.

Saludos cordiales,

Mateo SchapireAdjunto para la promoción y difusión del libro francés
Basavilbaso 1253
(C1006AAA) Buenos Aires
T + 54 11 4515 6913

martes, 18 de abril de 2017

El SPET en abril relee a Antoine Berman


En el próximo encuentro del año, que tendrá lugar el jueves 20 de abril a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), nuestras invitadas Martina Fernández Polcuch y María Tellechea se dedicarán a la primera de las “Lecturas pendientes” previstas en el Ciclo I/2017: Comentario y (re)traducción: Antoine Berman, La era de la traducción

María G. Tellechea es traductora literaria y docente de alemán. Da clases en el Laboratorio de Idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en la cátedra de alemán del Departamento de Lenguas Modernas de la misma facultad. Cursa la Maestría en Literaturas en Lenguas Extranjeras y Literaturas Comparadas y participa de varios talleres de traducción.

Martina Fernández Polcuch es Licenciada en Letras por la UBA y se formó como traductora e intérprete de alemán en el Instituto Goethe. Se desempeña como intérprete y traductora y es docente de literatura y traducción literaria en el IES en Lenguas Vivas “J.R. Fernández”. Coordina los cursos de Alemán-Lectocomprensión en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

Han traducido en tándem la Correspondencia entre Th. W. Adorno y G. Scholem, publicada por Eterna Cadencia en 2016.

 Lecturas sugeridas

-Antoine Berman, La era de la traducción: la tarea del traductor de Walter Benjamin, un comentario, trad. de E. López Arriazu. Buenos Aires: Dedalus, 2015 (Cuaderno 2, pp. 57-81).

-Walter Benjamin, “La tarea del traductor”, trad. de H. A. Murena. En Angelus Novus. Barcelona: Edhasa, 1971, pp. 127-143.

La parte elegida del texto de Berman estará disponible en la fotocopiadora del IES en Lenguas Vivas (sótano) a partir de martes 11/4, 17.30. El mismo día se depositará el ejemplar del libro donado por Dédalus Editores en la Biblioteca del SPET (consultas en la Biblioteca del Dpto. de Alemán, IES en Lenguas Vivas, A 35).

A quienes confirmen su asistencia se les enviará el texto de Benjamin por correo electrónico. Si tenés previsto solicitar un certificado de asistencia, por favor no te olvides de firmar después de la reunión en la lista disponible en Cooperadora.


lunes, 17 de abril de 2017

La AATI y sus incongruencias


El 23 de marzo pasado, el Administrador de este blog subió y firmó a título personal una entrada a propósito de la AATI, institución que núclea a traductores e intérpretes y que, ante la ausencia de alguna otra instancia similar, evidentemente aspira a representar a unos y a otros. Retomamos ahora el tema, señalando una incongruencia mayúscula que le resta seriedad a los buenos propósitos que la AATI dice tener.

Una institución incoherente

De acuerdo con lo informado por sus autoridades, sólo el 25% de los traductores asociados a la AATI son literarios y, de ellos, sólo una parte trabaja en el mundo de la industria editorial. La gran mayoría de los socios de la AATI la constituyen los traductores científico-técnicos y los intérpretes. Con todo criterio, Marita Propato, la actual presidente de la institución, señala que tiene que representar los intereses de todos los traductores y no sólo de un sector. El objetivo es loable. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el sector mayoritario se opone a que la minoría goce de los mismos derechos que la mayoría? ¿No estaría entonces la AATI mimando el mismo gesto antipático que el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, que cerrilmente niega incluso el derecho de los traductores no diplomados a llamarse "traductores"? Luego, considerando que se acerca una nueva Feria del Libro, ¿por qué los traductores literarios no titulados deberían interesarse en las actividades literarias que promueve la AATI, cuando la institución, al no otorgarle derechos plenos, los considera de segunda clase?

La cuestión podría ir más allá. Como es sabido, durante las muchas reuniones vinculadas a la creación de una nueva ley de derechos para el traductor, surgió la cuestión de qué es un traductor. La posición un tanto obtusa de muchos miembros del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires a propósito de la necesidad de un título habilitante, se tradujo en diversas discusiones y en una indignación generalizada por parte de los traductores literarios. Entre otros, algunos representantes de AATI que, con muy buena fe, consideraron otros criterios para reconocer qué es un traductor. Lo paradójico es que, ya en términos institucionales, la AATI se comporta exactamente igual que el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

Cabe entonces preguntarse, ¿con qué fundamento ético una asociación como la AATI, que distingue en sus estatutos entre traductores titulados y no titulados, de manera que los primeros son socios de pleno derecho (voz, voto, participación en órganos directivos) y los segundos, socios adherentes (voz, no voto, no participación en órganos directivos), puede apoyar explícitamente un proyecto de ley de derechos de los traductores profesionales que trabajan para la industria editorial que, en sus fundamentos, invierte por completo la lógica de esa distinción? Para la ley en cuestión, “traductor es la persona física que realiza la traducción de obras literarias, de ciencias sociales y humanas, científicas y técnicas sujetas a propiedad intelectual, cualquiera sea su formación profesional”. O sea que, a los efectos de esa ley que AATI dice apoyar, traductor profesional es quien traduce, independientemente de si ha estudiado y tiene un título oficial de traductor. Es indudable que entre la ley y los estatutos de la asociación existe una contradicción flagrante; pero la pregunta inicial no iba dirigida a subrayar esa contradicción, sino a indagar en la oportunidad y propiedad de un apoyo cuando menos contradictorio.

Se pueden aventurar varias respuestas.

La más optimista y proactiva de todas es suponer que la comisión directiva de AATI (o los sectores más progresistas y proactivos de esa comisión) han utilizado el apoyo a los mentados proyectos de ley como una cuña para forzar la modificación de esos estatutos contradictorios, de manera que una vez puesto el techo de la casa los cimientos no puedan postergarse mucho más.Al anticiparse políticamente al cambio efectivo, la revisión de las dos categorías sería un hecho consumado y los estatutos tendrían que atenerse a la nueva situación generada. Ojalá así sea. Aunque, convengamos, es un criterio arquitectónico un tanto extraño.

También podría ser, sin embargo, que el cambio de estatutos fuera una meta lejana y, por diversos motivos, azarosa, y que apoyar un proyecto de ley que los contradice sirviera de paraguas y excusa, como si se quisiera demostrar la voluntad de poner el techo pero, a la vez, la imposibilidad de sostenerlo sin cimientos ni pilares. así, mientras el proceso de redefinición de estatutos se eterniza, la comisión directiva creería contar con una coartada perfecta: nosotros queremos pero la realidad no nos deja.

Existe también la posibilidad de que nadie se plantee de verdad un cambio efectivo de estatutos y que la AATI jamás vaya a aceptar del todo la libertad de formación como circunstancia real de la profesión. Ésta sería la opción más necia y regresista, y daría cuenta de una voluntad de aprovechar, mediante un apoyo descomprometido al proyecto de ley mencionado, el pequeño filón culturoide de la traducción literaria para dar lustre a una asociación que, de hecho, descree y reniega de los traductores no titulados que se dedican a esa rama de la profesión.

Cabe aún una cuarta opción: que en la AATI no exista un consenso claro ni en una dirección ni en otra, ni una clara noción de la percepción que tiene el socio respecto de estos temas, y que el apoyo a los proyectos de ley de traducción sea reflejo de la postura de determinados sectores pero no de la totalidad de la asociación ni de su comisión directiva, y que esa discusión interna esté retrasando la renovación de los estatutos. Si así fuera, esos sectores están librando una lucha desigual (recuérdese el rechazo explícito de los colegios de traductores públicos y de algunos sectores docentes a los proyectos) y merecen tanto el reconocimiento como el apoyo de quienes entendemos que el cambio de estatutos es condición sine qua non para la democratización de la AATI.

Sea como sea, la ley de derechos de los traductores no puede estar al servicio de ninguna asociación, sino todo lo contrario. Al grueso de traductores que trabajan en la industria editorial los beneficia mucho más contar con un marco legal que los ampare y regule de manera justa y equitativa que contar con una asociación privada que simpatice con sus intereses. Bienvenida la democratización de la AATI si eso contribuye un poco más a que la ley que los traductores necesitamos sea una realidad y no una mera expresión de deseos frustrados a priori.

Para concluir (e inquietarse), actualmente, la AATI conversa con ACEtt, la cuestionada asociación de escritores y traductores de España, seguramente para intercambiar experiencias y crear vínculos. La ACEtt trabaja exclusivamente para los traductores literarios, quedando afuera de esa institución todos los demás, que, de hecho, tienen sus propias instituciones. ¿Qué dirá el 75% no literario de AATI cuando se entere?  ¿Dónde está la coherencia de todo esto?

A modo de aclaración, y por si hiciera falta decirlo una vez más, los actuales miembros de la Comisión Directiva de AATI son personas honestas y muy trabajadoras, que no sacan ningún beneficio personal por su trabajo en la institución. De hecho, se cargan de tareas que emprenden de manera enteramente altruista. Esas claras cualidades se ven opacadas por su falta de operatividad a la hora de realizar la transformación real que todos esperamos. 

Jorge Fondebrider