viernes, 29 de mayo de 2020

Lo que pasa en Colombia: un desastre agravado

El presente artículo, firmado por Javier Morales C., apareció el pasado 22 de mayo en la revista Cerosetenta, de la Universidad de Los Andes, Colombia. En él se da cuenta de la situación generada por la Cámara Colombiana del Libro a partir de los despidos de varios integrantes de la dirección cultural de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), la reacción de varios editores independientes y la crisis que atraviesa la industria editorial colombiana, ahora agravada por la pandemia. Como en el caso de la Argentina, México y Chile, se trata de un desastre de impredecibles consecuencias.

El gremio editorial no es inmune a la pandemia

El viernes 15 de mayo, cinco editoriales independientes renunciaron a hacer parte de la Cámara Colombiana del Libro –el gremio nacional que agrupa a las editoriales y libreros–. Los editores de Laguna Libros, Babel, Cataplum, La Diligencia y Tragaluz escribieron, en una carta dirigida a Enrique González Villa, presidente ejecutivo de la Cámara, que “La mayoría de editoriales independientes del país no están afiliadas a la Cámara Colombiana del Libro y las pocas que sí, no están representadas por un gremio que privilegia los intereses comerciales […] sobre los contenidos culturales”.

Las editoriales tomaron esta determinación después de que la Cámara Colombiana del Libro anunciara el despido (y tal vez la eliminación de los cargos) de la directora cultural de la feria y de la coordinadora de programación infantil y juvenil. Estos miembros del equipo son quienes están encargados de organizar y promover eventos culturales que acerquen a la gente al libro, y que habían logrado una buena gestión al organizar una programación virtual que reemplazó a la Feria presencial debido a la pandemia.

La carta de renuncia cuestiona que la Cámara promueva una campaña de microfinanciación a librerías mientras despide empleados. También, enumera otras alternativas que pudieron considerar antes de tomar esa decisión: “renegociación de salarios, vacaciones anticipadas, entre otras alternativas que sugiere el Ministerio de Trabajo y que nosotros mismos estamos poniendo en práctica en nuestras empresas”. Y recalcan: “No es un buen ejemplo el que le está dando la Cámara al sector”.

Las razones de esta división dentro del gremio vienen de tiempo atrás y quedaron al descubierto ante la imposibilidad de hacer una Feria del Libro presencial, según contó a Cerosetenta Felipe González, editor y fundador de Laguna Libros:

“De todas maneras había cosas que venían mal pero el hecho de que la FILBo funcionara, juntaba a todo el mundo y estaba por encima de las diferencias que ya existían”, dice. “Sí había muchos desencuentros y era muy recurrente la sensación de que desde el equipo directivo de la Cámara no había una comprensión del sector independiente”.

La FILBo imposible
Todo comenzó el 12 de marzo. Una semana después de que se reportó el primer caso positivo de COVID-19 en el país, la Cámara del Libro anunció que aplazaba la Feria ante la decisión de la Alcaldía de Bogotá de prohibir eventos con más de 500 personas para prevenir posibles contagios. La FILBo era un imposible; solo el año pasado reunió más de 605 mil asistentes en Corferias.

Ese mismo día, en una entrevista en Blu Radio, Enrique González Villa, presidente de la Cámara del Libro, reveló que la Feria ya andaba coja: escritores invitados de los países nórdicos (invitados de honor en esta edición) habían cancelado su asistencia porque tenían restricciones para salir de sus países. La suspensión entonces parecía razonable aunque significara dejar en duda un evento que iba a reunir más de 160 mil títulos, por lo menos 500 expositores y unos 180 escritores confirmados.

El 24 de marzo entró a regir el decreto de aislamiento preventivo obligatorio en todo el territorio nacional. Las librerías y bibliotecas cerraron y los lectores se quedaron en sus casas. Por eso, optaron por lanzar la FILBo en Casa para que, a pesar de las circunstancias, el 2020 no quedara sin la feria de literatura más grande e importante del país.

Una vez terminada la FILBo en Casa, la Cámara aseguró que hubo un total de 133 actividades realizadas a través de distintas plataformas en las que participaron cerca de 2 millones de personas. Además, y según el reporte, habría contado con la participación de 200 escritores en actividades culturales que alcanzaron a unas 53 mil personas. Y destacaron, por ejemplo, la lectura en cadena de Historia oficial del amor de Ricardo Silva Romero, que se extendió hasta el pasado 20 de mayo a través de Instagram.

Entre las otras actividades estuvieron los Clubes de Lectura, un espacio en donde autores, editores y libreros acompañaron en varias sesiones la lectura de un libro, y que hasta el 6 de mayo contó con más de 1.800 participantes; asimismo el lanzamiento de la campaña de microfinanciación Adopta una Librería, que a través de la plataforma Vaki recauda fondos para las librerías.

Resultados virtuales
 “La FILBo en Casa fue una decisión que se tomó en medio de la pandemia pensando en ayudar a activar la venta de libros a domicilio y a través de una vitrina virtual”, contó a Cerosetenta Olga Naranjo, exdirectora Cultural de la FILBo. “El interés era no dejar de apoyar al gremio en términos de la misionalidad de la Feria, que es apoyar la cultura y vender libros”.

Para algunas editoriales esa meta se cumplió. “Sentimos que los resultados son mucho más positivos que negativos. Nuestra gran bandera es trabajar en red y juntos por la misma causa que es la circulación del libro en Colombia”, le dijo a Cerosetenta María Elvira Jaramillo, directora de comunicaciones de la editorial Siglo del Hombre que este año ganó el concurso para ser la Librería Nórdica, es decir, la librería oficial del pabellón del país invitado de honor para esta edición de la Feria y que, por la pandemia, tuvo que ser virtual.

Para el momento en que se anunció la suspensión de la Feria, Siglo del Hombre tenía ya unas 20 toneladas de libros destinados a esa librería, según Jaramillo. Con la FILBo en Casa no tuvieron la vitrina que ofrece el pabellón principal de la feria, in situ, visitado por unas 50 mil personas que, sin embargo, continuaron trabajando en estrategias que les permitieron tener visibilidad durante la coyuntura: actualmente siguen siendo la Librería Nórdica y trabajan con estrategias en redes sociales en conjunto con las embajadas de los países nórdicos para posicionar a los autores, con cuyos títulos llevaron a cabo el Club de Lectura Tierras Nórdicas.

“Esos son nuestros eventos, de los que nos sentimos muy orgullosos de haber trabajado con la Cámara y que han tenido un impacto positivo en nuestros lectores”, dijo Jaramillo.

A otras editoriales independientes, en cambio, no les fue tan bien con las iniciativas que promovió la FILBo en Casa. Particularmente con la Vitrina Virtual, un catálogo en línea de la Feria que permite a los lectores entrar en contacto con las editoriales para hacer compras y que estará disponible hasta mediados de junio. Según la Cámara, por lo menos 115 expositores subieron sus catálogos, lo que sumó más de 2 mil títulos disponibles. Sin embargo, algunos expositores se quejaron de que la herramienta no les ayudó a facilitar ese proceso de vender sus libros.

“Lo que hicieron fue coger una plataforma que tenía Corferias, que yo creo que es la misma que utilizan para vender maquinaria pesada, o cabezas de ganado o artesanías”, dice Felipe González, editor y fundador de Laguna Libros. “Cada expositor podía subir veinte títulos, que desde ahí ya es una ridiculez. Ni siquiera había los campos para meter título y autor, entonces si alguien busca un autor lo más probable es que no le aparezca”.

Ante esta queja, la Cámara aclaró a Cerosetenta que esta plataforma no es transaccional ni una tienda en línea, sino un canal de intermediación a través del cual se pueden hacer las compras contactando a los expositores.

Sin embargo, son notorias las dificultades para hacer búsquedas efectivas en la Vitrina Virtual. Este punto llama la atención cuando hace parte de un intenso debate mundial sobre cómo la industria editorial y las librerías van a repensarse en lo digital, no solo luego de la pandemia sino con la sombra constante de grandes superficies como Amazon que de a poco va haciendo entrada a nuestro continente.

“¿Hasta cuándo seguiremos pensando con esa noción de que el libro digital canibaliza al libro de papel o que la librería e-commerce canibaliza al libro físico y a la librería de venta tradicional?”, pregunta en una charla en su canal de YouTube el argentino Daniel Benchimol, especialista en publicaciones y director del Proyecto451, una empresa que asesora editoriales en la transformación hacia los nuevos soportes y las nuevas tecnologías en el mercado editorial. La respuesta que da es contundente: dejemos que el lector decida. […] En definitiva, lo que necesitamos son lectores”.

“Yo no era tan amigo de abrir la tienda en línea a través de La Diligencia Libros, pero en esta coyuntura [de la pandemia] tener esa tienda ha sido para nosotros una bendición y sigue siendo una plataforma de diálogo con los libreros, porque por ahí hacen sus pedidos y facilita los procesos”, cuenta Felipe González. “El gran hueco que tenemos nosotros en este momento es el de la FILBo, porque gracias a nuestra tienda [en línea] no hemos dejado de vender y más o menos nos hemos mantenido, incluso puede que, sin contar la Feria, hayamos crecido”.

González cree que la situación pudo haber sido peor. “Nosotros teníamos 8 novedades para feria, una coedición y 8 reimpresiones. Afortunadamente no habíamos mandado nada a imprenta porque también habría sido muy duro que nos hubieran alcanzado a facturar”, dice.

Por eso, en últimas, este critica la decisión de la Cámara del Libro de mantener las fechas de la FILBo “solo por un asunto simbólico”, en lugar de hacer un evento virtual mucho más robusto y mejor organizado en términos de catalogación y venta de libros en línea en cualquier otro momento. “La FILBo en Casa fue una decisión innecesaria”, remata.

El factor fundamental: los despidos
En medio de una coyuntura global, la Cámara Colombiana del Libro tomó una decisión que terminó por alterar los nervios de las editoriales independientes. El 30 de abril, a través de una llamada telefónica y sin que hubiera finalizado la Feria, la dirección de la Cámara despidió a Juana Silva, coordinadora de Contenido Infantil y Juvenil, y a Olga Naranjo, directora Cultural de la FILBo. A ambos cargos les compete la parte misional de la Cámara, dedicada a generar convenios con otras entidades pero también de establecer esa valiosa interacción entre los libros y sus lectores, a través de eventos culturales. Y esto en cuanto a altos cargos porque el total de despidos en el equipo ronda las 8 personas.

Fueron “medidas para enfrentar la crisis”, explicó en una entrevista Enrique González, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro. “La cancelación de la Feria Internacional del Libro de Bogotá en 2020 ocasionó un déficit presupuestal en la Cámara Colombiana del Libro, que obligó a sus directivas a tomar decisiones de carácter administrativo para solventar los gastos propios de la entidad”. Y agregó que estos despidos: “le permitirán a la entidad continuar adelante en este segundo semestre, entretanto se definen las fechas de la próxima feria y otras actividades”. Cerosetenta buscó una declaración oficial de la Cámara y su presidente, Enrique González Villa, sobre estos despidos y las renuncias de las editoriales pero al momento de publicar esta nota no obtuvimos respuesta.

Olga Naranjo reconoce la crisis económica por la que atraviesa la Cámara: “buena parte de lo que recoge la Cámara viene de la Feria”, dice. “Entonces ellos empiezan a anunciar una crisis económica al no poder hacer la FILBo y ante la evidencia de que la FILBo presencial no se hace este año ni tampoco se sabe en qué época del año entrante se pueda hacer”.

“El problema es que se toma una decisión de prescindir de empleados en ciertos cargos para disminuir la pérdida que pueda tener la Cámara”, agrega. “Yo no entiendo por qué la Cámara decide ahorrar gastos en lo que es su parte misional más importante, que son los contenidos culturales. Es una decisión tremendamente equivocada de la Cámara, de su parte misional y de lo que le está diciendo al sector”.

Un cuestionamiento que encuentra respaldo y explicación en el primer párrafo de la carta de renuncia de las editoriales independientes: “Si algo puede hacer la Cámara por el gremio en estos momentos es desde el trabajo en el área de contenidos. Sin FILBo y sin área de contenidos, solo queda un cascarón vacío”.

La decisión también aviva serias preocupaciones en quienes han hecho parte de anteriores procesos de gestión cultural dentro de la Cámara en años pasados porque el área de contenidos culturales de la Cámara es el puente entre editores y el público que asiste a la feria.

“Si se elimina la Dirección Cultural y solo queda una Coordinación lo que se termina haciendo es que los contenidos de la Feria van a depender enteramente de las editoriales y a cada editorial lo que le interesa es promocionar sus propios libros; es decir, se pierde la idea de diálogos que proponía la Feria”, dice Giuseppe Caputo, escritor y quien ocupó el cargo de director Cultural de la FILBo entre 2015 y 2018. Y agrega: “La decisión me parece doblemente equivocada porque justamente la programación cultural también trae recursos [a la Feria]”.

Cultura recortada en la pandemia
No es nuevo que la cultura sea la primera cabeza que rueda cuando hay una crisis económica en un grupo editorial. Cuando Publicaciones Semana, por ejemplo, decidió reducir costos apenas se asomaba la pandemia, lo primero que hizo fue despedir al equipo de su revista cultural Arcadia.

“Las transformaciones que está viviendo el mundo editorial son muy complejas y vienen desde hace décadas, no son de ahora”, dice Germán Rey, periodista, docente y experto en industrias culturales.

En un informe del CERLALC, se exponen algunas cifras contundentes sobre el mercado editorial en Colombia en la última década, como que había retrocedido en un 19%, que entre el 2008 y el 2016 la caída real del mercado fue del 4,3% y que “el mercado colombiano permanece estable, a pesar del crecimiento económico del país”. Es decir, no importa cuánto crezca la economía del país, la industria editorial no logra crecer a la par.

Según Rey, en estos últimos años la industria se ha visto impactada por la aparición de nuevas tecnologías “que han remodelado el paisaje de lo que conocíamos como la industria editorial”. No obstante, resalta que el sector cuenta con una cadena productiva y de valor bien establecida que va desde el creador hasta los intermediarios en la venta de los libros.

Pero el contexto de la pandemia puso a prueba esa cadena productiva, como lo está haciendo con otros muchos sectores de la economía. Resulta paradójico que la gente en estas circunstancias quiera leer más pero que las cadenas de distribución de libros independientes no alcancen a estar a la altura de esa demanda.

“Cuando sucede que la vida normal se retira como si fueran las olas del mar– empieza uno a ver un tipo de vida que de otro modo no podría haber visto”, reflexiona Rey. “Yo me he sorprendido de cómo es de frágil la economía mundial, cómo un mes hace deslizar el aparato económico de un planeta, y entonces se habla de que hay que ‘reactivar la economía’. En ese sentido yo me he opuesto a que se hable de ‘reactivación cultural’, la cultura no necesita reactivarse, necesita apoyarse, necesita mecenazgos, necesita buenas políticas, necesita personas entrenadas en el manejo de la gestión cultural; pero la cultura siempre está viva. Puede tener riesgos y en efecto los tiene, pero la cultura es mucho más rica y activa que la propia economía”.

Resulta desconcertante entonces que la cultura se mantenga en la primera línea de sacrificio cuando las circunstancias son desfavorables en lo económico. Una pregunta que queda abierta para la Cámara y, de paso, para todo el sector de la cultura en el país.

“A mí me pareció que el director de la Cámara y otras personas reaccionaron muy bien y muy rápidamente a un fenómeno que nadie había previsto”, opina el profesor Rey. “Sin embargo, toda situación que afecte a aquellas personas que se han comprometido con una tarea cultural es una situación que debe mirarse con el mayor cuidado y, por supuesto, es una tragedia para la dinámica cultural de este país”.

Esta situación es, en general, un mal síntoma para un gremio que suele ser reconocido como el más unido en la industria cultural del país. Es también un golpe para la Cámara, cuya misión es “representar y defender los intereses de editores, libreros y distribuidores”, en este caso, de uno de los sectores igualmente más golpeados por la crisis económica desatada por la pandemia.

jueves, 28 de mayo de 2020

Lo que está pasando con el libro chileno


Paula Valles y Andrés Gómez Bravo publicaron el pasado 3 de abril, en La Tercera, de Chile, un informe sobre el estado de la industria editorial trasandina. La bajada sintetiza los alcances de la catástrofe, en un país donde el libro es todavía un artículo suntuario: “Con librerías cerradas y lanzamientos cancelados, la industria editorial enfrenta un escenario de pérdidas. Mientras reducen su plan de publicaciones, se vuelcan a la edición digital. El gremio pedirá ayuda al Estado” Si bien la noticia es anterior a las que publicamos en días previos sobre México, hoy, en Chile, las cosas están peor que a principios de abril. 
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El mundo del libro en estado de emergencia
A fines de marzo, la Estación Mapocho sería sede de una nueva feria del libro. Una vinculada a la contingencia y que esperaba convocar a los interesados en el debate constitucional, la primera Feria Constituyente. La muestra reuniría venta y presentaciones de libros, conferencias y mesas redondas en torno al plebiscito. Pero la epidemia que golpea al mundo en estos días obligó a cancelar la feria.

Con más de un millón de personas en cuarentena en el país, la lectura se presenta como una de las actividades más favorecidas por el aislamiento social. Pero para la industria editorial local, que depende casi exclusivamente de la venta de libros físicos, la epidemia ha significado una emergencia.

Con librerías y canales de distribución cerrados, el sector se enfrenta a un escenario con rasgos de crisis. “Al igual que para cualquier sector, la emergencia ha sido un impacto tremendo para nosotros”, dice Josefina Alemparte, del grupo Planeta. “Efectivamente, se habla mucho de que el confinamiento es un espacio para la lectura y sin duda lo es, pero, paralelamente, con la mayoría de las librerías cerradas y la gente en sus casas, la operación comercial se ha visto tremendamente perjudicada”.

El diagnóstico es ampliamente compartido en el sector, si bien aún no cuentan con cifras al respecto. La preocupación se acrecienta por lo imprevisible del escenario. “En relación con la industria, naturalmente que sufrirá -como todo negocio- en los meses venideros. Esperamos poder retomar con fuerza en junio o julio, si las condiciones lo permiten”, dice Melanie Josch, directora editorial del grupo Penguin Random House.

“El cierre de la casi totalidad de las librerías genera un impacto inmediato en la circulación del libro”, subraya Silvia Aguilera, de editorial Lom, “así también todos los otros circuitos de ventas se vieron afectados y las ventas radicalmente disminuidas. El sector está detenido”. como un mes que podría levantar las cifras y los ánimos en el gremio. El estallido de octubre afectó las ventas, cambió la agenda y presionó para suspender actividades, entre ellas la Feria del Libro de Santiago.

El mes pasado las librerías alcanzaron a funcionar dos semanas cuando el virus llegó al país. Presentaciones y charlas comenzaron a ser canceladas, entre ellas la visita del escritor americano Teju Cole, invitado al ciclo La Ciudad y las Palabras de la UC. Ya con cuarentena declarada, el escenario se volvió más complejo: novedades en torno al estallido como Sobre la marcha, de Patricio Fernández, o La casa de todos y todas, de Patricio Zapata, y novelas como El amante indeciso, de Ernesto Ayala, y Gente en las sombras, de Jaime Collyer, tuvieron una vida breve en vitrinas.

“Tuvimos un año 2019 de muy bajas ventas, con un fin de año complejo, con librerías cerradas y horarios cortados”, recuerda Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro. “Empezamos a soñar con este año y se nos vino esta pandemia. Vamos a tener consecuencias económicas durísimas. Es difícil dimensionar hoy cuál será el impacto final, porque aún no se ve la luz al final del túnel. Puede significar cierres de microempresas, pérdidas de puestos de trabajo, todo el ecosistema del libro se ve afectado”, agrega. 

Cambio de planes
Si el coronavirus ha remecido el comercio en el mundo, también desdibujó los planes de las editoriales. Para enfrentar la emergencia, muchas de ellas alterarán el ritmo de sus publicaciones. “Los lanzamientos están suspendidos y el plan editorial del año se ha movido a fechas tan inciertas como el tiempo de superación de la pandemia”, dice Arturo Infante, director del sello Catalonia.
En Random House ya decidieron introducir cambios: “Por esta razón tendremos que posponer planes y reducir la oferta de novedades durante estos meses”, cuenta Melanie Josch.

En Planeta, ajustaron el plan editorial en un 20%. “Muchos libros los hemos retrasado para el 2021, dado que asumimos que abril y mayo serán meses difíciles en los que tendremos que evaluar el lanzamiento de novedades. En España se han postergado muchas de las apuestas que teníamos programadas para el primer semestre, por lo que las importaciones también se retrasarán”.
Como dice Galo Gigliotto, de ediciones Usach, “el foco de atención se desplazó totalmente a un tema que nadie tenía considerado y que es la crisis sanitaria”. La editorial estaba organizando la Feria Constituyente y disponía de varios libros en torno al movimiento social. Por lo pronto, decidió publicar La Constitución Comentada, donde 32 autores comentan la Carta de 1980, solo en digital.

En la situación actual, acota Infante, “la única estrategia posible es potenciar el comercio electrónico y el formato digital”.

E.Books
La redes sociales, la web y las plataformas para clientes son hoy el principal canal de comunicación de las editoriales. Del mismo modo, prestan apoyo a las librerías que hacen venta online y están fortaleciendo la venta de ebooks y audiolibros. En Random lanzaron la campaña #YoMeQuedoEnCasaLeyendo (www.yomequedoencasaleyendo.cl), en la que participan 25 autores, a través de conversaciones por streaming. Esta semana inauguró el ciclo el escritor Pablo Simonetti. A su vez, en Planeta ofrecen presentaciones, talleres y charlas para acompañar a los lectores, y promueven el ebook.

Si bien la venta de publicaciones digitales nunca ha sido significativa en el país, los editores creen que ahora podría incrementarse.

En el caso de sellos de menor envergadura, la epidemia puede sentirse con más fuerza. Por ejemplo, puede frustrar las aspiraciones de un editor emergente, como Guido Arroyo, de Alquimia: “Este era nuestro año más ambicioso. Íbamos a publicar 19 títulos, más dos reimpresiones, distribuyendo en Chile y Argentina. Y el primer costalazo es que obviamente se retrasaron nuestras novedades y las pospusimos”.

En ediciones Overol editaron ¿Qué nos ha dado con Kafka?, un volumen de artículos de Enrique Lihn, pero no lograron distribuirlo.

Todos estiman que las ventas decaerán irremediablemente. “La estructura de la industria del libro en Chile no está en condiciones de sostener una paralización de meses; lamentablemente tendremos pérdidas significativas en la cadena, las librerías son el hilo más delgado y seguramente ahí veremos las pérdidas más irreversibles”, dice Arturo Infante.

En vista de ello, la Cámara Chilena del Libro prepara una solicitud que presentarán al Ministerio de Cultura. “Estamos trabajando en una propuesta de apoyo para el sector, que apunta a conseguir ayuda con inyecciones de recursos directas, porque creemos que el sector del libro debe ser apoyado de manera específica para no retroceder en lo que hemos logrado”, afirma Eduardo Castillo.

“Si no hay medidas concretas para el sector en general, y para el libro en particular, esto se tornará extremadamente difícil. La resistencia tendrá que ser colectiva”, concluye Silvia Aguilera.


miércoles, 27 de mayo de 2020

Más sobre la situación del libro mexicano


El mismo 11 de mayo, Juan Luis Ramos firma una nota en El Sol de México, reproducida en El Sol de San Luis, de San Luis Potosí, donde también se ocupa de la crisis del sector. La bajada, que vincula el problema con el cierre de las librerías, señala que “Hasta antes del brote de la pandemia y el confinamiento social en México, 96 por ciento de las ventas de la industria se realizaba en librerías”.

Entre 60 y 70 sellos editoriales, en riesgo de quiebra

El cierre de establecimientos y la crisis económica causada por la pandemia del coronavirus Covid-19 agravan la difícil situación que ya enfrentaba la industria editorial, lo que pone en riesgo de quiebra a entre 60 y 70 sellos.

Se trata de empresas de todos tamaños, desde pequeñas, medianas e incluso grandes, dijo a El Sol de México el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), Juan Luis Arzoz.

“Hay varias en riesgo de desaparecer al no tener ventas y ser frágiles en sus finanzas. Incluso las editoriales no tan pequeñas la están pasando mal”, señaló el directivo en entrevista telefónica.

Arzoz comentó que el principal problema al que se enfrenta la industria es el cierre de librerías, cuya actividad no se considera como actividad esencial.

Hasta antes del brote de la pandemia y el confinamiento social en México, 96 por ciento de las ventas de la industria se realizaba en librerías.

Según datos de la Caniem, en la semana 17 del año (la penúltima de abril) las ventas de libros se desplomaron 50 por ciento a tasa anual, mientras que en comparación con la primera semana de 2020 la caída fue de alrededor de 20 por ciento.

“La caída es dramática. Entre enero, febrero y principios de marzo había un crecimiento de cinco por ciento en las ventas de libros, lo cual es bueno para un mercado estable como el de México. Pero a mediados de marzo se dio el golpe”, comentó Arzoz.

En el acumulado de los cuatro primeros meses del año, la comercialización de libros había disminuido 11 por ciento respecto al mismo periodo de 2019, según datos de Nielsen Bookscan México.

De acuerdo con datos de la compañía de medición de ventas de libros, que registra las operaciones en más de mil 700 puntos en México, a partir del cierre de las tiendas se han dejado de comercializar 200 mil ejemplares cada semana.

La crisis ha provocado que editoriales como Penguin Random House cancelen la publicación de novedades.

Roberto Banchik, director general del sello para México y Centroamérica, comentó que de un promedio de 60 a 70 novedades que se publicaban al mes pasaron a cero en abril y mayo.

El directivo apuntó que la preocupación principal de la mayoría de las editoriales ha sido proteger el empleo y el salario de sus colaboradores.

“Para algunos es más complicado que para otros, y no depende del tamaño de la editorial sino del flujo de efectivo que tenían en caja antes de la crisis”, explicó.

Ese elemento, el efectivo en caja, dijo, será la diferencia entre las editoriales que sobrevivan y las que vayan a la quiebra a causa de la pandemia.

Tal como sucede en otras industrias, la gran mayoría de las 260 editoriales afiliadas a la Caniem son empresas pequeñas y medianas.

Eduardo Rabasa, miembro del Consejo Editorial de Sexto Piso, contó que para esta empresa ha sido complicado “hacer malabares” para mantener los puestos de trabajo y salarios de su nómina.

La cancelación de ferias y eventos literarios planeados para estos meses ha provocado que los ingresos de la editorial se corten de tajo entre 80 y 90 por ciento.

Además, subrayó el riesgo de que con la contracción de la economía y la pérdida de millones de empleos que se espera para este año, la venta de libros continúe a la baja al menos este año y se precarice aún más la economía del sector.

“El libro no es un bien de primera necesidad. Como todo bien cultural no es algo que la gente va a correr a comprar. Las editoriales medianas y pequeñas vivimos al día (…) Nos las estamos viendo negras porque no tenemos ahorros, es muy difícil pensar en una cultura de ahorros en esta industria”, comentó.

En el caso de Sexto Piso se han pospuesto al menos entre ocho y 10 lanzamientos que tenían previstos para estos meses, pero la cifra se puede ampliar si la contingencia se extiende.

Sin embargo, Rabasa destacó la comprensión por parte de algunos proveedores y de autores que han comprendido el retraso en pagos y en publicaciones.

martes, 26 de mayo de 2020

La situación del libro independiente en México


Publicada por Jesús Alejo Santiago el pasado 11 de mayo, en el diario mexicano Milenio, la siguiente nota da cuenta de la situación de las editoriales independientes de México durante la pandemia.

Crisis permamente de las editoriales independientes

Ante el llamado público de los sellos Era, Almadía y Sexto Piso para recibir donaciones que les permitan sobrevivir en tiempos de contingencia sanitaria, algunas otras editoriales independientes llamaron a establecer un diálogo más unido, en el que todos estén representados y, en especial, se reconozcan los problemas cotidianos que enfrenta el sector.

Después de reconocer las dificultades de vivir de la edición en este país, “porque hay muy pocas librerías”, Diego Rabasa, de Sexto Piso, aseguró que las editoriales que se unieron alrededor de la donadora se dedican al trabajo editorial al 100 por ciento y “no es tan fácil ponerlas a hibernar”.

Cuando es un proyecto alternativo, afirma, “lo que puede pasar es que retrases una publicación, pero en este caso, no, porque tenemos estructuras administrativas, costos operativos y deudas de producción que provienen de la exigencia de mantener un flujo corriente”.

Ricardo Sánchez, director de Textofilia Ediciones, aseguró que la ventaja que tienen los independientes es que están acostumbrados a vivir en la crisis constante. “Todo el tiempo nos estamos enfrentando a diferentes retos para estar presentes en el mercado y sobrevivir como empresa”.

Editor de Cuadrivio, Héctor Baca llamó a que cualquier tipo de iniciativa termine por ser inclusiva, por involucrar al mayor número de sellos editoriales, a fin de lograr una incidencia en las decisiones que se puedan tomar al respecto.

“Cada editorial es libre de hacer lo que mejor le convenga. Creo que el solicitar ayuda siempre tiene un arma de dos filos: es bueno que los lectores se involucren con las editoriales, pero cuando se hace pensando en tres de las editoriales y se excluya al resto me parece algo de mal gusto, pareciera que sólo ellos existen en el mapa de la literatura independiente”.

Al respecto, Diego Rabasa adelantó que una segunda etapa del programa de colaboración entre Era, Sexto Piso y Almadía busca incorporar otros sellos para las iniciativas que ya se empiezan a plantear, “pero necesitábamos desarrollar un ejercicio sustancial, de reacción rápida, porque las cosas estaban muy dramáticas”.

Para Jacobo Zanella y Mauricio Sánchez, editores de Gris Tormenta, resulta muy llamativo que las entidades estatales no hayan presentado un plan de ayuda a las editoriales, a pesar del reconocimiento de que la producción literaria y editorial “ejerce un poder vital en el mundo y lo vemos ahora más que nunca”.

Situación cultural de urgencia

Jacobo Zanella y Mauricio Sánchez afirman que “los gobiernos rescatan empresas o bancos en situaciones menos alarmantes que esta. Es increíble que en un momento así de grave las editoriales literarias tengan que hacer todo lo posible por salvarse a sí mismas del naufragio que se vislumbra. Realmente nos habla de una situación cultural de urgencia, de una inestabilidad extrema”.

lunes, 25 de mayo de 2020

Borges en francés, para festejar el 25 de Mayo




En 1983, Jorge Luis Borges estuvo en París y, en el marco de ese viaje, dio una conferencia en francés sobre la poesía, en el College de France, invitado por el poeta Yves Bonnefoy.

La charla, a la que asistieron grandes personajes de la cultura francesa (como Henri Michaux o Raymond Aron, entre muchos otros), finalizó con una ronda de preguntas del público, que Borges contestó con gracia y su característica velocidad, a pesar de que entonces tenía casi 84 años.


Todo fue filmado por Alain Jaubert y Francois Luxereau para la Videoteca del CNRS (el equivalente de nuestro CONICET).


Ese video de 48 minutos, estrenado en 1995, comenzó a circular por las redes y puede consultarse en 
https://videotheque.cnrs.fr/doc=619?fbclid=IwAR0WrsPAkNioLyFrAYmRNkTtympqapUcBIFOTloxuyM0nlC97Z9fc92SMIg

Lamentablemente está en francés y sin subtitular, de modo que no todo el mundo podrá disfrutarlo. Para aquéllos que sí, buen provecho.

viernes, 22 de mayo de 2020

Terminamos la semana con una buena noticia


Nos alegra poder comunicarles que el martes 19 de mayo se resolvió finalmente la situación conflictiva en la que se encontraba el Seminario junto con los demás proyectos institucionales y una parte de las cátedras de los traductorados y profesorados del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”.

Tras un mes y medio de gestiones de las autoridades del Lenguas Vivas y una semana de fuerte presión por parte de la comunidad académica, desde el GCBA se comunicó la autorización de las altas correspondientes a los proyectos institucionales y a las cátedras que habían quedado vacantes por renuncia, jubilación o licencia.

Queremos agradecer a todxs lxs que nos manifestaron su solidaridad de diversas maneras, con sus mensajes y sus firmas de apoyo al reclamo de docentes y estudiantes. Todo sumó para que los funcionarios del GCBA desistieran de sus medidas arbitrarias.

En breve recibirán la invitación a la sesión 130, la primera del año.
Un saludo cordial

Griselda Mársico y Uwe Schoor

jueves, 21 de mayo de 2020

Más especialistas y otras soluciones; o sea, etc.

El pasado 18 de mayo, Silvina Friera publicó, en el diario Página 12, una entrevista con la investigadora del CONICET Daniela Szpilbarg (foto), sobre lo que ocurre con la industria editorial argentina en la actualidad.

La industria editorial, entre la crisis y los desafíos

La covid-19 paralizó al mundo y la industria editorial argentina, golpeada por la caída del consumo en los últimos cuatro años, vive el impacto de la cuarentena como una “catástrofe para el sector”. El 71 por ciento de las editoriales confirmó que durante abril las ventas cayeron más del 60 por ciento. En el mundo previo a la pandemia solo un 23 por ciento comercializaba su catálogo o parte de él en ebook. El 14.9 por ciento tiene el 60 por ciento o más del catálogo en formato ebook, mientras que la mayoría, un 50.78 por ciento, no tiene ningún título disponible para venta en formato digital. Los editores señalan que entre las medidas que debería tomar el Estado las más importantes son los préstamos y créditos a tasa cero para editoriales (77,5 por ciento); campañas de lectura (70,5 por ciento); compras masivas a librerías por parte del Estado para instituciones sociales y educativas (60,5 por ciento) e impedir la suba de alquileres de librerías (56.6 por ciento). Como las editoriales pequeñas publican mayoritariamente en papel, consideran que es necesario controlar el precio del papel; que el Estado lo subsidie o bien crear un banco de papel estatal. Estos son algunos de los resultados que presentará Daniela Szpilbarg, investigadora del Conicet, sobre una encuesta que realizó entre el 30 de abril y el 12 de mayo. La presentación será en la Feria del Libro en Casa a las 18, a través de zoom, junto con el docente e investigador Daniel Badenes Schaposnik.

“Me sorprendió la verificación de la fuerte caída de las ventas (más del 60 por ciento) en el 70 por ciento de las editoriales al no haber librerías ni ferias abiertas; un dato compatible con el hecho de que el 75 por ciento de las editoriales no tenía disponible su catálogo digital previo a la cuarentena”, explica Szpilbarg a Página/12. “También me sorprendió la percepción de editores y editoras de encontrarse ‘desprevenidos’ ante esta situación excepcional e inédita. Finalmente, otro dato sorprendente es la rápida reacción de editores y editoras para agruparse en colectivos e idear proyectos y estrategias conjuntas para capear el temporal. Un buen ejemplo es la experiencia de las editoriales cordobesas, que realizaron una suerte de censo y una carta a las autoridades provinciales y municipales con el fin de reclamar soluciones”, agrega la investigadora del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Tres de Febrero, autora de Cartografía Argentina de la edición mundializada. Modos de hacer y pensar el libro en el siglo XXI, editado por Tren en movimiento.

“El bajo grado de digitalización existía previamente a la situación de cuarentena. En este mes y medio estamos en un proceso incipiente de transformación: se observa una motivación, interés y necesidad en adaptar los fondos y las novedades a formato electrónico con el fin no solo de comercializarlo sino de difundirlo; pero la historia del libro y la significación del libro en papel no se modificará por dos o tres meses”, advierte Szpilbarg y precisa que el dinamismo de la situación social y sanitaria genera constantes paradojas. “Aunque las librerías físicas se encuentran abiertas, los lectores en los grandes conglomerados siguen en sus casas en aislamiento preventivo. Lo que se transforma entonces es el tránsito por la librería y por ende el modo de acceder al libro ¿Cómo se reemplazará en el corto y mediano plazo la espontaneidad de la visita a la librería, la conversación con el librero o librera, mirar tapas y contratapas, leer algunas páginas, asistir a una presentación o amucharse y perderse en los pasillos de una feria? Es probable que (aunque irremplazables) algunas de esas prácticas sean virtualizadas en recorridos del ebook (la ‘muestra gratuita’ que uno puede experimentar en las plataformas de venta). Conocer y recorrer el libro ocurren (al menos en este tiempo) en la web”, reflexiona la investigadora del Conicet.

Szpilbarg subraya que este es “un momento bisagra” en el que muchas editoras y editores consideran que potenciar los canales digitales es una adaptación necesaria “en una época que plantea formas mixtas de abordar los libros”. “Las editoriales tienen el desafío de pensarse como creadoras de contenidos, y tienen también una posibilidad para exponer libros del fondo que en muchos casos, no tienen posibilidad de visibilizarse en una librería. No obstante, y esto se ve también, hasta ahora, los ingresos de las editoriales provienen muy marginalmente de la venta de ebooks, por lo que es necesario pensar también en estrategias de rescate del sector porque las editoriales, al menos en el mediano plazo, no podrán compensar sus pérdidas con la venta de ebooks, a lo que se suma la brecha digital y la falta de hábito lector en eReaders. El libro en papel seguirá teniendo su valor simbólico, pero se complementará y progresivamente convivirá en mayor proporción con otros soportes”.

¿Cuáles son las medidas más urgentes que debería adoptar el Estado? “Las políticas públicas, para ser exitosas, deberán involucrar actores públicos y privados. Más allá de las compras de la CONABIP, que fue una medida muy significativa, las demandas centrales del sector se dirigen a la necesidad de contar con créditos blandos para editoriales y librerías; realizar fuertes campañas de lectura; regular y subsidiar el costo del papel y optimizar la logística del correo o fletes para disminuir los costos de envío de libros, facilitando la circulación federal de los libros –sugiere Szpilbarg–. Por la aceleración de la conversión de los catálogos o parte de ellos a formato electrónico, algunas medidas importantes podrían ser capacitar a editores y editoras; financiación de equipamiento para la digitalización de fondos editoriales y para la generación de tiendas digitales y finalmente realizar compras estatales, provinciales y/o municipales de libros electrónicos, coordinando acciones con bibliotecas, o crear desde el Estado una marca o portal de acceso a contenidos digitales. Otra opción es utilizar recursos de logística, software y comunicación del Estado para generar ferias virtuales con un acceso interactivo a los stands y con intercambio sincrónico entre editores y lectores”.