viernes, 29 de julio de 2016

" Darse a conocer, instalar su nombre, su catálogo"


El martes 19 de julio pasado, La Gaceta de Tucumán, de Argentina, publicó sin firma la siguiente entrevista con Damián Tabarovsky, editor de Mardulce. En ella habla de las pequeñas editoriales que nacieron después de la crisis de 2001.



“La gran novedad son las editoriales independientes”

La situación actual de la industria editorial en Argentina no es la mejor; sin embargo, hay gente que apuesta por mantener el ritmo de producción y por el crecimiento de las publicaciones.Damián Tabarovsky es escritor, traductor y director editorial de Mardulce y antes fue el de Interzona. Un hombre que, además de haber publicado 10 libros, sabe de lo que habla cuando se le consulta por el escenario actual. “En los últimos seis meses cambió por completo el escenario. Antes no era una panacea, pero en situaciones de ajuste lo primero que se corta es el rubro esparcimiento –asegura Tabarovsky–, como ir al cine y todo lo que tiene que ver con lo cultural, por eso las ventas bajaron, las cadenas de pago se demoran, veremos cómo continúa todo”, advierte. 

El autor se graduó en la Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales de París, donde vivió hasta 1995, cuando regresó a Buenos Aires. Es uno de los invitados a la segunda edición del Festival Internacional de Literatura Tucumán (FILT), que se abrirá el viernes en el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán. “Estoy muy entusiasmado por llegar a Tucumán. En Mardulce, que es la editorial que me toca dirigir, le damos cabida a los escritores del interior –afirma– y este festival literario me parece muy interesante”.

Tabarovsky asegura que para una editorial independiente, pequeña, con cuatro o cinco años de vida, lo primero es darse a conocer, instalar su nombre, su catálogo y, lo segundo, es consolidarse con buenas publicaciones. “En Mardulce estamos en el segundo paso”, resalta.

En comunicación telefónica con LA GACETA, el escritor admite que no conoce Tucumán y que cuando recibió la invitación respondió en menos de cinco minutos para sumarse a la segunda edición del FILT. “Mi esposa siempre me habla de Tucumán, porque ella conoce y ahora creo que llega mi turno”, dice entusiasmado.

Sin políticas
Respecto de la crisis que afecta a las editoriales, Tabarovsky reconoce que el costo del papel está fuera de escala. “No hubo en el gobierno ninguna política en materia del papel. No hay diferencia entre kirchnerismo y macrismo. Se fijan los precios de manera exorbitante y no hubo ninguna política al respecto. El kirchnerismo ponía retenciones a la soja, pero no al papel. El papel tiene precio dólar”, explica con un tono de impotencia y bronca. “Hace 10 años, el precio del papel, en el costo total del libro, no ocupaba el porcentaje que ocupa hoy”, se lamenta. 

“El amo bueno” es su más reciente novela. “Siendo editor no es fácil encontrar tiempo para escribir, pero me gusta publicar en Mardulce; para mí es una actitud de compromiso”, señala.

“Concentración editorial y edición independiente” es el título de la disertación de Tabarovsky prevista para el viernes, a las 18.30. “Editoriales independientes es el gran tema de los últimos 10 años. No estoy seguro de que haya habido una nueva literatura. La novedad es la nueva edición argentina. La mayoría son editoriales surgidas después de 2001, que están trabajando y traduciendo autores importantes. Me parece que hay una novedad cultural que vale la pena rescatarla y contarla –afirma–. Históricamente han tenido buenos catálogos. Los libros están bien hechos, los autores cobran, es una dimensión profesional bastante novedosa. Al mismo tiempo –advierte– hay una concentración editorial en un conglomerado que representa el 70% del mercado. Todo eso es una cosa dual”.


jueves, 28 de julio de 2016

"La escuela filológica española se ha caracterizado por la escasez de gestos reflexivos y autocríticos"

José del Valle,
El 25 de julio pasado,  Héctor G. Barnés publicó en El Confidencial, de España, la siguiente entrevista a con el lingüista español José del Valle, autor de un nuevo libro sobre la historia política de la lengua castellana. En la bajada se lee: “Es uno de los idiomas más hablados del mundo, lo que lo convierte en un atractivo objeto de disputa. Un nuevo libro intenta entender un cómo se inventó políticamente el español”.

La invención del español:
"La RAE está al servicio del poder blando nacional"

Durante muchos siglos, el español se entendió un poco como la propia España: como una idea pura, indivisible y sin posibilidad de ser revisada. Una visión tremendamente ingenua y presuntamente científica. No era algo propio de nuestro idioma (la gramática histórica proporcionó durante mucho tiempo el marco para entender las lenguas), pero sus particularidades históricas y sociales la convertían en un caso aún más especial. Con el ánimo de poner un poco de orden en dicho asunto se ha editado Historia política del español. La creación de una lengua. (Aluvión Editorial), un volumen que recoge diversas perspectivas sobre la construcción política del español, sobre todo en un momento en el que, con sus 400 millones de hablantes, se ha convertido en un importante valor de marca... y ha suscitado suculentos intereses económicos. Hablamos con el editor del volumen, José del Valle, catedrático de Lingüística Hispánica en el Graduate Center de CUNY (Nueva York).

Todas las lenguas tienen un sustrato ideológico, son producto de su historia y de su coyuntura. Sin embargo, da la sensación de que en el caso del español, quizá por su larga historia vinculada a un imperio colonial, esta vertiente se ha olvidado en favor de una mayor idealización. ¿Tiende el español más aún que otras lenguas a obviar su lado más político?
La imagen pública de la lengua española (qué es, qué representa y quién está autorizado a gestionarla) ha sido forjada principalmente por la escuela filológica española. Esta escuela deriva de la obra intelectual emprendida por Ramón Menéndez Pidal a finales del siglo diecinueve y es, en muchos sentidos, extraordinaria: compuesta por eruditos filólogos, muchos de ellos lúcidos e imaginativos (Amado Alonso, Américo Castro o Rafael Lapesa, por ejemplo). Fue una escuela compleja, con tensiones internas tanto intelectuales como políticas, que sin embargo produjo casi sin fisuras el gran relato de unidad lingüística y cultural sobre el que aún hoy se apoyan el nacionalismo español y el panhispanismo, esa idea de unidad esencial materializada en la lengua común a todos los pueblos de España y de la América hispanohablante. Es un relato que naturaliza el devenir histórico del idioma al minimizar, cuando no elidir, las tensiones resueltas en su condición de lengua dominante, nacional e imperial. Se escamotean las condiciones históricas conflictivas que dan lugar a su cristalización como lengua altamente codificada y a su extensión territorial. En definitiva, se la presenta como "lengua de todos". Pero, en contraste con esta representación, el archivo histórico nos permite también relatarla como lengua que es objeto y efecto de disputas, localizada en encrucijadas de lucha entre intereses de clase, regionales y étnicos.
Aunque no me atrevo a afirmar tajantemente que en España se elida la condición política de la lengua más que en otros países (en EEUU, donde vivo y trabajo, este tipo de borramiento es también escandaloso), sí que pienso que la escuela filológica española se ha caracterizado por la escasez de gestos reflexivos y autocríticos y se ha mostrado refractaria a una comunicación dialéctica con, por ejemplo, teorías de la cultura, del texto, del archivo, de la historia, del lenguaje mismo que han ido apareciendo en otras disciplinas. No se ha fomentado (al contrario) la emergencia y desarrollo de una lingüística crítica, sino que se ha insistido en la preservación de una práctica filológica y lingüística que, por un lado, se pretendía técnica, objetiva e ideológicamente aséptica y, por otro, fortalecía el relato de unidad cultural.

¿No es el menosprecio por parte del hablante español al hablante de Latinoamérica una de las expresiones más evidentes hoy en día de ese sustrato ideológico de la lengua?
El prejuicio lingüístico es una de las manifestaciones de la discriminación; desde el clasismo hasta el racismo pasando por el sexismo operan lingüísticamente. Cuando una autoridad lingüística inscribe un orden social en una configuración gramatical o léxica, contribuye a invisibilizar su contingencia, pues aquellas diferencias sociales (que son producto de condiciones históricas concretas) parecen, en su materialización lingüística, naturales e inevitables. Ese gran relato lingüístico al que me refería en la respuesta a tu pregunta anterior presenta una lengua española estratificada social y geográficamente. Formas "vulgares", "coloquiales" o "cultas" corresponden a posiciones sociales, y "español peninsular centro-norteño" o "español de América" a identidades regionales. Estas taxonomías nada significan por sí solas, sino que funcionan socialmente al entrar en contacto con sistemas de valores asociados a prácticas culturales, nociones de progreso y desarrollo, formas de organización económica, etcétera. Si los prejuicios contra la forma de hablar de "catetos" y "pueblerinos" son una herramienta del clasismo, quien se hace eco de prejuicios contra variedades americanas del español está reproduciendo jerarquías culturales coloniales.

España ha vivido un acelerado proceso de cambio desde los años 70, en el que aún surgen polémicas casi diarias sobre aspectos muy distintos de la convivencia. Uno de ellos son las políticas lingüísticas, gran punto de desacuerdo. ¿Es una cuestión de tiempo que desaparezca la controversia, o siempre habrá una guerra entre las distintas lenguas oficiales del país?
En España hay un conflicto lingüístico que tiene su origen en la coexistencia a lo largo de la historia moderna y contemporánea de proyectos incompatibles de construcción nacional. En la gestión política de esta tensión constitutiva, el nacionalismo español (da igual que sea liberal o conservador, fascista o socialista) se ha llevado el gato al agua: por un lado, se ha naturalizado, al despolitizarla, la presencia del castellano en la totalidad del territorio; y por otro, se ha utilizado el hecho de que la lengua se conozca y se use habitualmente en toda la geografía española para justificar la articulación política del país como nación única e indivisible. Esta operación ideológica ha sido muy eficaz: la histórica jerárquización de las lenguas de España se confirmó como ley con la Constitución del 78 y ha hecho sumamente difícil la formulación y adopción de políticas lingüísticas orientadas a la oficialización e implantación social de lenguas tales como el gallego, el euskera y el catalán. Los intentos de establecer esas lenguas en ciertos espacios institucionales y sociales (la educación o los medios de comunicación, por ejemplo) se han tenido que enfrentar a la fuerte oposición del gobierno central y la opinión pública española, e incluso de ciertos sectores de las propias sociedades gallega, vasca o catalana.
Mientras persista la tensión entre proyectos nacionales enfrentados, persistirá también este conflicto. Para el nacionalismo español (en sus configuraciones actuales), una nación española en la que Galicia, Euskadi o Cataluña gestionen su vida lingüística desde la igualdad entre las lenguas está afuera de lo posible (y de la legalidad constitucional).
Por otro lado, el desafío para las organizaciones que aspiran a la constitución de Galicia, Euskadi o Cataluña como unidades políticas con derecho a decidir su destino y su relación con el estado español pasa por no reproducir relatos de unidad cultural análogos a los del nacionalismo español y por no quedarse afuera de la historia reivindicando políticas lingüísticas de construcción nacional más propias del siglo diecinueve que de principios del veintiuno. Es evidente que las lealtades ciudadanas se forjan por medio de lenguas, paisajes y rituales compartidos, pero también por los proyectos de país a que se asocian, por las formas de ejercicio de la ciudadanía que proponen y por los valores de convivencia que abrazan.

El español ha adquirido un importante atractivo comercial: ¿de qué manera instituciones como la RAE o el Instituto Cervantes, entre otros, están situándose estratégicamente como faros del idioma, promoviendo además la comercialización del español en su favor?
Es cierto que ha aumentado considerablemente el número de personas en el mundo que quieren aprender español. Y la fase en que nos encontramos del desarrollo del capitalismo ha propiciado que ese hecho dé lugar a la mercantilización extrema de la lengua, a que se piense como producto que se valora al alza en los mercados lingüísticos internacionales. La participación en una industria que se desarrolla en torno a la enseñanza del español es una de las funciones del Instituto Cervantes desde su fundación en 1991 (además de promover la marca España y cooperar con la promoción internacional de empresas y artistas españoles). Abren y gestionan centros de enseñanza de español por el mundo, producen materiales didácticos, ofrecen programas de formación de profesores y promueven un sistema único de certificación de conocimientos de español.
Este último proyecto es quizás el que ha encontrado mayor resistencia, sobre todo en Latinoamérica. Si bien son bastantes las instituciones universitarias latinoamericanas que han firmado acuerdos con el Cervantes (entre ellas la UNAM de México y la Universidad de Buenos Aires), hay importantes sectores entre los lingüistas y profesionales de la enseñanza del español de estas instituciones que consideran la decisión de sus rectores una claudicación y un gesto de sumisión poscolonial. Yo estoy completamente de acuerdo con estos colectivos críticos. Que el Cervantes abrace un concepto primordialmente instrumental de la lengua, que se proponga vendérsela al mejor postor en los mercados lingüísticos internacionales y que pretenda monopolizar ese mercado no me sorprende: es consistente con los modelos dominantes de cultura y acciones de política cultural de la España setentayochista (me refiero en términos generales al dispositivo que Guillem Martínez ha llamado CT o Cultura de la Transición). Pero de instituciones universitarias cabría esperar la adopción de modelos de educación lingüística más sofisticados, más ligados al ejercicio de una ciudadanía libre y crítica, más abiertos al plurilingüismo y la comunicación translingüe. En fin, cabría esperar una enseñanza de idiomas ligada a la formación ciudadana y a la sensibilización ante la diferencia cultural, y no orientada a las necesidades inmediatas del turista y del gerente de empresa.
La RAE ha jugado un papel complementario, pero distinto. Desde los noventa, asumió como objetivo la consolidación de la ideología panhispanista que ya te mencioné antes. En un momento en que empresas españolas, por medio de alianzas estratégicas con empresarios y políticos latinoamericanos, se proyectaban sobre mercados que coincidían con los antiguos territorios del imperio, la RAE se propuso como misión central construir una imagen de la lengua española como base y vínculo inalienable de la comunidad panhispánica, de una arcadia comunicativa y convivencial. En mi lectura, la RAE decidió convertirse en una pieza clave de la diplomacia española y ponerse al servicio de la extensión del poder blando de España. Curiosamente, esto (el deseo de controlar el valor simbólico de la lengua panhispánica) los obligó a emprender una gestión más abierta y tolerante de la matriz gramatical del idioma, a definir el español, por ejemplo, como una lengua pluricéntrica y a avanzar una y otra vez lugares comunes tales como que el peso de la lengua española está en América o que España es apenas una provincia de la lengua española.

Usted vive en Estados Unidos, un país donde el español ha crecido sustancialmente de mano de la población latina. ¿Es una locura imaginar a Estados Unidos como el motor del español a nivel internacional, arrebatando a la propia España un puesto que ha ocupado durante siglos?
En EEUU está el corazón del monstruo. La lógica del capitalismo se despliega casi sin matices y cualquier cosa o idea es susceptible de ser convertida en mercancía sin el menor reparo y con todas las consecuencias. Y la lengua española no es una excepción. Su enseñanza dentro del país está totalmente controlada por actores económicos e institucionales internos: se enseña principalmente en las escuelas y universidades, y son empresas multinacionales de base anglo-norteamericana las que controlan el lucrativo mercado de los materiales didácticos (los precios de los libros de texto pueden llegar a ser, desde un punto de vista ético, criminales). En este contexto, la contribución del Instituto Cervantes a la presencia de español en EEUU es microscópica. Como lo es (todo hay que decirlo) la de quienes defendemos la implantación de modelos pedagógicos críticos desde las escuelas y la universidad.
No es impensable que estas empresas anglo-norteamericanas decidan que quieren participar de la venta del español en zonas de los mercados lingüísticos internacionales tan valiosas como Brasil o China (es posible incluso que se esté dando y yo no lo sepa). Pero la clave, desde mi perspectiva, no está en oponerse a tal expansión exclusivamente en base a criterios nacionalistas y de reivindicación de soberanía. La clave está en que esa reivindicación del derecho a la gestión soberana de una actividad tal como la enseñanza del español sea también la reivindicación de un modelo de lengua y ciudadanía alternativo.

También hay en marcha una guerra contra los barbarismos y a favor de la pureza (incluso una infravaloración del español de Sudamérica, por estar "contaminado"). ¿A qué se debe esa pervivencia de la pureza del lenguaje respecto al español?
En toda sociedad existen prácticas de higiene verbal, denuncias de usos del lenguaje que se consideran improcedentes y que incluso, en ocasiones, avanzan propuestas para evitarlos. Por ejemplo, no son infrecuentes (y en España han proliferado desde el 15-M) las denuncias de los efectos de la neolengua, o uso políticamente manipulador del lenguaje. A nadie se le escapan tampoco las propuestas de uso no sexista del lenguaje realizadas por colectivos feministas e incorporadas por algunas instituciones. Estos son dos tipos de discurso de higiene verbal por los que yo, por ejemplo, siento gran simpatía y con los que incluso me identifico. Ambos están directamente relacionados con procesos políticos emancipatorios, de resistencia al ocultamiento de la explotación económica y a la discriminación de la mujer respectivamente.
El purismo lingüístico es otro tipo de higiene verbal que se preocupa por la preservación de la lengua en un estado de pureza que supuestamente habría alcanzado en algún periodo áureo de su pasado. En su estructura discursiva, el purismo refleja la ansiedad del intelectual letrado que habiendo tenido la fortuna (o privilegio) de dominar esa forma exquisita del idioma percibe que al espacio de la letra acceden actores sociales históricamente excluidos. El purismo es una raya en la arena (que, por tanto, borrará la marea inexorablemente) que pretende distinguir a un nosotros de un ellos y que, aunque en superficie se moviliza en nombre del idioma (y de su purísima concepción), responde siempre a ansiedades sociales contingentes que trascienden lo lingüístico.

¿Veremos una España en la que todas las lenguas cooficiales forman parte de los planes de estudios nacionales? ¿Qué circunstancias tendrían que darse?
Lo veo muy poco probable. No es infrecuente oír o leer el dislate de que el español peligra en España; en Cataluña en particular (evidentemente, quienes esto creen no se han dado un paseo por Barcelona). Este tipo de tergiversaciones de la compleja vida lingüística catalana sirven para alimentar el fuego de un contencioso histórico entre los nacionalismos español y catalán que ya está tan cocinado que no se puede comer. Yo creo que tendría que darse una refundación del país necesariamente atravesada por el reconocimiento previo del derecho de Galicia, Euskadi y Cataluña a la autodeterminación. Si estos países decidieran hacer uso de tal derecho, veríamos por qué modelo de relación con el estado español optarían. Y, a partir de ahí, sabríamos qué visión de su futuro lingüístico adoptarían. El hecho de que lo que acabo de decirte suene a ciencia-ficción habla por sí solo de la probabilidad de una España en la que el plurilingüismo sea una realidad democrática.
Sin embargo, a pesar de la persistencia y hostilidad del nacionalismo español a las que me vengo referiendo y de las pulsiones puristas y esencialistas de ciertos sectores de los nacionalismos gallego, vasco y catalán, creo que los pocos espacios creados por la Constitución del 78 se han aprovechado (mejor o peor, pero se han aprovechado) para constituir sistemas culturales robustos y autónomos anclados, respectivamente, en el gallego, euskera y catalán. Y esto es bueno. Bueno para la activación de la cultura en general y para la promoción de una cultura democrática en particular. Que las lógicas de producción cultural puedan discutirse y desplegarse autónomamente en distintos lugares, que los espacios de diálogo y negociación estén más cerca de la gente, que las condiciones históricas propias del desarrollo de cada comunidad den lugar a modulaciones distintas de lo cultural no puede sino ser promisorio. Lo otro (un orden cultural piramidal disfrazado de cosmopolitismo) ya sabemos adónde nos ha conducido.
En relación con la inserción de la lengua en los planes de estudios en España quisiera señalar un asunto que encuentro tan importante o más que la gestión del plurilingüismo. ¿En qué debe consistir la educación lingüística escolar? El hecho es que, si la educación lingüística de niñas y niños consiste sólo en enseñarles la forma gramatical y uso apropiado de una lengua altamente codificada para que luego se inserten dócilmente en la vida de un país políticamente castrado, francamente me da igual que esa lengua se llame gallego, español, inglés o quechua. Lo que sería ilusionante sería ver políticas de educación lingüística de la ciudadanía que contribuyan a prepararla para su plena participación en una sociedad compleja, deliberante, crítica y solidaria.











miércoles, 27 de julio de 2016

No sólo de raclette y chocolate viven los traductores

Julia Ann Stüssi

La noticia apareció el 20 de junio pasado en el diario Excelsior, de México, con firma de Andrea Meraz. Según la bajada del artículo, Suiza busca sellos editoriales que ayuden a consolidar su proyecto de traducciones.

Suiza será hispánica, a través de plan editorial

Suiza quiere que sus escritores contemporáneos cautiven al público de habla hispana. Por ello, a través de su embajada en México busca traductores y editoriales que contribuyan a consolidar este proyecto.

En entrevista con Excélsior, la agregada cultural de dicha representación diplomática, Julia Ann Stüssi, detalló que son doce los textos a traducir de diferentes lenguas como alemán, francés, italiano y romanche.

“Pueden ser novelas, poesía, o cualquier tipo de literatura. Son libros escritos en diferentes idiomas pueden ser en cuatro idiomas porque los tenemos como oficiales”, dijo.

Mañana, en una dinámica lúdica, los autores elegidos por la Fundación Suiza ProHelvetia para ser promovidos en el extranjero serán traducidos por 12 personas durante cinco minutos en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia. En el acto participarán tres traductoras mexicanas.

“Se trata de un instrumento de promoción que hace esta fundación cada año para que la gente pueda enterarse de lo que hay actualmente; solamente es una inspiración, un servicio de información que damos”, explicó.

Los autores son Martin R. Dean, Michael Fehr, Katharina Geiser, Massimo Gezzi, Dagny Gioulami, Dana Grigorcea, Max Lobe, Dunia Miralles, Antoinette Rychner, Ruth Schweikert, Monique Schwitter y Ulrike Ulrich.

Además de los 12 libros suizos recomendados para su traducción, se hablará de las oportunidades que brinda el país helvético para obtener becas; incluso, editoriales y traductores, sin importar la cantidad, podrán colaborar traduciendo diferentes libros no sólo de literatura contemporánea sino también clásica.

“Vamos a hablar de las posibilidades para editoriales y traductores mexicanos de obtener dinero de Suiza. Significa que hay becas. Hay una beca para quienes desean traducir la literatura por razones de promoción”, mencionó.

Para estas becas el traductor sólo debe tener un contrato con una editorial, es la única condición. Y en el caso de la editorial tienen un proceso para saber si el trabajo será profesional.

“Ahora que se tiene un enfoque para Latinoamérica, se eligen cuatro traductores latinoamericanos cada año para estas becas”, manifestó.

En opinión de Julia Ann Stüssi, en la relación cultural entre México y Suiza hay bastantes mecanismos de cooperación. Recalcó que el primer país no europeo de tener coproducciones en el cine es precisamente el nuestro.

“También en el ámbito de las películas tenemos un acuerdo de coproducción que se está haciendo ahora mismo y se va a firmar. Es algo muy especial, porque Suiza tenía coproducción en el cine con países de Europa”, comentó.


martes, 26 de julio de 2016

Un título problemático (II)

J. D. Salinger

Segunda parte del artículo de Santiago Alcoba, comenzado a publicar en el día de ayer.





El saco de El cazador oculto por El guardián entre el centeno (II)

Lo interesante de este último acto de resistencia por parte de Gigliola Zecchin es que provoca la reacción del bajel de Alianza, que publica en 2006 una segunda versión de la variante peninsular, con magníficas invenciones, más literaria, donde la lengua de HoldenCaulfield, entre otros aspectos, se hace menos reiterativa, menos oral, lejos de la oralidad del original, con propuesta de versión definitiva, que impone el título de El guardián entre el centeno para todos los lectores de habla hispana, y que, entre otras aportaciones, que justifican sobradamente la revisión, sustituye el sistemático y monocorde “uno” de sentido “cualquiera” impersonal, reiterativo en el original y en las tres versiones anteriores, por las variaciones del “tú”, “te”, segunda persona del verbo, etc., más variado, que enriquece la expresión, sin la agobiante reiteración de la lengua de Holden Caulfield en el original, que se torna más variada, más literaria, menos de joven adolescente rebelde del Nueva York de los años 40, y de familia bien.

Sin entrar en las condiciones de la traducción, que yo no puedo hacer, hay que reconocer la extraordinaria labor lingüística y de creación en la segunda versión de Carmen Criado, de 2006, que, a pesar de que el resultado literario sea opinable, ha hecho que a partir de 1978 no hubiera más ediciones de El cazador oculto. Así, la versión de Pedro B. Rey de 1998 no se explica más que como un breve acto de resistencia heroica que, desde los anaqueles de las librerías de lance, se ha convertido en una magnífica fuente de datos para el estudio y argumentación empírica de algunos aspectos sobresalientes de la variante argentina de la lengua: una mina de datos, una joya de Pedro B. Rey a cuya libertad expresiva y de creación lingüística debió contribuir el encargo y el respaldo de Gigliola Zecchin. En este sentido, quizás se le puedan aplicar las palabras de J. J. Saer cuando se refiere a la versión del Ulises de J. Salas Subirats, para Rueda, en 1945: «el río turbulento de la prosa joyceana, al ser traducido al castellano por un hombre de Buenos Aires, arrastraba consigo la materia viviente del habla que ningún otro autor -aparte quizá de Roberto Arlt- había sido capaz de utilizar con tanta inventiva, exactitud y libertad. » Los especialistas dirán.

Hasta aquí los títulos en sí mismos; pero un primer fundamento lingüístico de cada título se puede deducir del motivo textual de la titulación. Los especialistas en teoría literaria y la crítica están de acuerdo en que la titulación original de la obra se desprende por topicalización desde un determinado segmento, al final del capítulo 22, de la obra de Salinger, según destaca Fernando Sorrentino, dirigiendo el foco con precisión:

J. D. Salinger, 1951, The catcher in the Rye: «What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff--I mean if they're running and they don't look where they're going I have to come out from somewhere and catch them. That's all I'd do all day. I'd just be the catcher in the rye and all. »

Independientemente de la evocación del viejo poema de Robert Burns, que da letra a una antigua canción infantil popular escocesa, en este evidente motivo del título se responde al ¿qué seré?, desde la función, desde la respuesta a ¿qué haré? Está claro que la metáfora-metonimia que alude al ser de Holden Caulfield, I’d just be the catcher in the rye, se desprende de la ocupación soñada ¿a qué me voy a dedicar? «What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff».

Esto parece ser así, como la coherencia del citado pasaje de la obra original induce a suponer, de la manera más sencilla y literal, a modo de mera glosa, alejada de cualquier propuesta más o menos especulativa. Si esto es así, como parece en la obra original, veamos cómo es en las distintas versiones de la familia: una cita larga (disculpen) pero crucial para explicar la absoluta conveniencia de Manuel Méndez de Andes cuando titula su versión (personalmente, porque es la primera edición) como El cazador oculto, sostenido, contra viento y marea, contra la fuerza del bajel de Alianza, en 1998, por Pedro B. Rey y Gigliola Zecchin.

Ordeno las citas en la secuencia que antes usamos para presentar los distintos títulos de las diferentes versiones donde se destacan un par de frases para fijar la atención: en el primer destacado se responde al ¿qué haré?, y en el segundo, al ¿qué seré?

(1). Jean-Baptiste Rossi, 1953, L'attrape-coeurs, francés, «Ce qu'il faut que je fasse, il faut que j'attrape tous ceux qui risquent de tomber du haut de la falaise. Je veux dire, s'ils courent et ne voient pas ou ils vont, il faut que je sorte de quelque endroit et que je les attrape. C'est tout ce que j'aurais à faire tout la journée. Je serais s seulement celui quiattrape dans les seigleset tout.»

(2). Annie Saumont, 1986, L'attrape-coeurs, francés, «Ce que j’ai à faire c’est attraper les mômes s’ils approchent trop près du bord. Je veux dire s’ils courent sans regarder où ils vont, moi je rapplique et je les attrape. C’est ce que je ferais toute la journée. Je serais juste l’attrape-cœurs et tout.»

(3). Manuel Méndez de Andes, 1961, Oct., El cazador oculto, español argentino, «Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno

(4). Carmen Criado, 1978, El guardián entre el centeno, español peninsular, «Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo seríael guardián entre el centeno
(5). Pedro B. Rey, 1998, El cazador oculto, español argentino, «Yo estoy parado cerca de un precipicio de locos y mi única tarea consiste en atrapar a todos los que se acercan demasiado al borde. Si corren sin mirar para qué lado van, tengo que salir de la nada y agarrarlos. Es lo único que tendría que hacer durante todo el día. Solamente sería el guardián entre el centeno

(6). Carmen Criado, 2006, El guardián entre el centeno, español peninsular, «Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso

(7). Adriana Motti, 1961, Nov., IlGiovaneHolden, italiano, «E non devo fare altro che prendere al volo tutti quelli che stanno per cadere dal dirupo, voglio dire, se corrono senza guardare dove vanno, io devo saltar fuori da qualche posto e acchiapparli

(8). Matteo Colombo, 2014, Il Giovane Holden, italiano, «II mio compito è acchiapparli al volo se si avvicinano troppo, nel senso che se loro si mettono a correre senza guardare dove vanno, io a un certo punto devo saltar fuori e acchiapparli. Non farei altro tutto il giorno. Sarei l’acchiappabambini del campo di segale
(9). Xavier Benguerel, 1965, L'ingenuseductor, catalán, « Tot el que em toca de fer, és de pescar a qui sigui que s'acosti massa a l'espadat -- vull dir· que si posant-se a córrer, no se n'adonen d'on han anat a parar, jo he de sortir d'alguna banda i obligar-me a pescar-los. És això el que he de fer durant tot el dia. Ser aquell que els atrapa en el sègol i tot plegat

(10). Ernest Riera y Josep M. Fonalleras, 1990, El vigilant en el camp de segol, catalán, «El que haig de fer és agafar tothom que estigui a punt de caure pel precipici... vull dir que si algú corre i no mira cap on va, haig de sortir d'algun lloc i agafar-lo. No faria res més en tot el dia. Seria el vigilant en el camp de sègol

(11). Álvaro Alencar, Antônio Rocha e Jório Dauster, 1967, O Apanhador no Campo de Centeio, brasileiro, «Sabe o quê que eu tenho de fazer?Tenho que agarrar todo mundo que vai cair no abismo. Quer dizer, se um deles começar a correr sem olhar onde está indo, eu tenho que aparecer de algum canto e agarrar o garoto. Só isso que eu ia fazer o dia todo. Ia ser só o apanhador no campo de centeio e tudo

(12). João Palma-Ferreira,2003, Uma Agulha no Palheiro, portugués, «O que tenho a fazer é agarrar os miúdos que estão já na beira do precipício, isto é, quando estão distraídos e andam a correr por ali. É nessa altura que eu apareço para os salvar. Gostava de fazer isso o dia inteiro. Seria apenas o vigia do campo de centeio

(13). José Lima Algés,2005, À Espera no Centeio, portugués, «E o que eu tenho de fazer é ficar à espera no centeio e apanhar todos os que desatarem a correr para o abismo... Quer dizer, se vão a correr e não veem para onde vão eu tenho de saltar de um lado qualquer e de os apanhar. Era só isso que fazia o dia inteiro. Só estar ali à espera, a apanhar os miúdos no centeio e tal

(14). Xosé R. Fernández Rodríguez, 2006, O vixía no centeo, gallego, «Eu estou ao borde dunha barranqueira e o que teño que facer é coller calquera neno que poida caer por alí abaixo, quero dicir que se están correndo e non miran por onde van eu teño que vir e collelos. E iso é o que faría todo o día. Sería o vixía no centeo

Si nos fijamos en las citas anteriores de (1) a (14), la frase que responde al ¿qué seré?, el catcher de Salinger, se interpreta en 8 casos con términos de sentido afín: francés, celui quiattrape, attraper; italiano,acchiappabambini; catalán, aquell que els atrapa en el sègol; portugués, apanhador no campo de centeio; y, según Méndez de Andes, el encargado de agarrar a los niños.

A la pregunta del ¿qué haré?, I haveto catch everybody, el verbo de las diferentes versiones es de interpretación unánime en todas ellas: francés, il faut que j'attrape tous ceux qui risquent de tomber du haut de la falaise; español, agarrar, atrapar; catalán, pescar a quisigui que s'acostimassa a l'espadat, agafar tothom que estigui a punt de caure pel precipici; portugués, agarrar os miúdos que estão já nabeira do precipício; gallego, coller calqueraneno que poida caer; italiano, en 1961, prendere al volotutti quelli che stanno per cadere daldirupo; y en 2014, acchiapparli al volo se si avvicinano troppo, [...] saltar fuori e acchiapparli. De estas versiones unánimes se aparta la primera versión española de (12), para diferenciarse de la versión anterior de Méndez de Andes, evitar que los niños caigan.

He dejado la solución del italiano para el final porque es la confirmación de la argumentación lexicográfica de El cazador oculto, que presento ahora, desarrollando una sugerencia apuntada por Rodolfo Rabanal y Fernando Sorrentino.

Para referirnos a los dos títulos en español de la obra de Salinger, se puede partir de consideraciones, que aceptamos por suposición, según propuestas generalizadas de la crítica y de los estudios sobre su obra, que reitero desde un epígrafe de los apuntes del curso MOOC citado anteriormente. El título de la obra surge de los párrafos de (1) a (14) como se demuestra por el extremado cuidado de fijar la propuesta de lo que quiere ser Holden Caulfield anterior correspondiente. Podría decirse que el título reitera el enunciado destacado: I'd just be the catcher in the rye. El término catcher [adaptado como receptor en Venezuela, donde alterna con cátcher, más crudo] es un uso literario y traslaticio del correspondiente catcher del béisbol.Así, catcher, en Salinger, recogería, insistimos, con sentido figurado y metafórico, el sentido del cátcher del béisbol.Por tanto, el sentido genuino del cátcher inglés y venezolano del beisbol constituye el fundamento justificativo del sentido literario y metafórico del catcher de Salinger.

El jugador también conocido por el anglicismo cátcher (del inglés catch, atrapar, cachar [según el DRAE, 1. tr. Am. Cen., Bol. y Col. En algunos juegos, agarrar al vuelo (sic.) una pelota que un jugador lanza a otro.], atajar).»

Desde las consideraciones y supuestos anteriores, también es comprensible que Méndez de Andes, con su versión del enunciado anterior, Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno, prefiere un título sin este anclaje literal. Así, Manuel Méndez de Andes propone un título con sentido metafórico y parecida función literaria del original, El cazador oculto.

Parece que, para su título El cazador oculto, en vez del párrafo y el enunciado destacados en (3), prefiere guiarse, con libertad, por el título de Salinger, The catcher in the rye, con el sentido metafórico de la situación: El cazador oculto [entre el centeno], que tiene la misión de agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio.

Desde estos supuestos, veamos en qué se funda nuestra advertencia de que la metáfora de cazador es más próxima a catcher, y tiene un cierto fundamento de lengua, frente a la metáfora de guardián, que se aleja con más violencia del original catcher: para disimular la operación de expolio, el saco de El cazador oculto por parte de El guardián entre el centeno.

Frente a la metáfora de guardián, fundada en una interpretación evidente de la situación narrada en la versión de 1978 de Alianza, evitar que los niños caigan en el precipicio, la metáfora de cazador se funda, por un lado, en las funciones del catcher: agarrar a cada niño que vaya a caer, atrapar a todos los que se acercan demasiado; y, según Adriana Motti (en (7), prendere al volo tutti quelli che stanno per cadere dal dirupo, o bien acchiapparli al volo se si avvicinano troppo, para Matteo Colombo en (8), con el sentido del español “cazar al vuelo” y otras expresiones afines en catalán de (9) y (10) o en brasileño-portugués de (11) a (13).

Son evidentes los fundamentos lingüísticos en español para la metáfora de ‘cazador’ en expresiones como ‘cazarlas al vuelo’ que acabamos de apuntar, y que sanciona el diccionario, con el sentido recto de la acepción 1 o con el sentido traslaticio y figurado, de la acepción 2 del Diccionario de uso de María Moliner, en la entrada de vuelo:

cazar[las] al vuelo. 1 Refiriéndose a la manera de cazar o coger algo, o de disparar, estando volando la cosa de que se trata: cazar una mosca al vuelo. 2(Cazar[las], Coger[las], Pescar[las], Pillar[las]) Entender las cosas o percatarse de las cosas con una indicación o señal, por muy ligera que sea; ser muy listo.

Ambos sentidos, rectos y figurados, de cazarlas al vuelo se encuentran en ejemplos como estos, compilados en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA):

«- ¿Explicarle una escena? -se escandalizó mi tía-. ¿Y no has encontrado otro momento más oportuno? - Es que si no, se me olvida. Estas cosas hay que cazarlas al vuelo.» (1985, Fernán Gómez, Fernando, El viaje a ninguna parte)

«No habló de los asesinatos ni se refirió a Bárbara, pero todo cuadraba. Villamuera las cazaba al vuelo y era un endiablado interrogador.» (CREA)

«Pedía informes, formulaba interrogaciones de todas clases, cazaba al vuelo los ademanes, los gestos, las sonrisas, las muecas, las miradas de Cornúa, para constatar en tales reflejos la verdad de sus palabras.» (1938, Serpa, Enrique, Contrabando. CUBA, Néstor A. Moreno, Ediciones Universal (Miami), 1973, CORDE)

«El dirigente, mal llamado liberal, JörgHaider, es frecuentemente calificado de radical, neofascista, xenófobo y oportunista. Las calificaciones que mejor le calzan serían la primera, pues tiene más de Marco Panella que de Jean Marie Le Pen, y la última, porque caza al vuelo las oportunidades: con el "Contrato con Austria", Haider no tuvo inconveniente en copiar una fórmula que ha sido empleada desde los EE.UU. hasta Rumanía.» (CORDE: 1997, PRENSA, ABC Electrónico, 21/10/1997)

«Chalo me explicó, con lujo de detalles, el origen de la expresión. Bizancio, los cardenales cebados como pavos de navidad, el sexo de los ángeles y los turcos saqueando la ciudad. Chalo era mi proveedor de palabras. Tenía una habilidad extraordinaria para atraparlas, las cazaba al vuelo.» (CORDE: 1991, Quintero, Ednodio, La danza del jaguar, VENEZUELA)

En fin, no hace falta extenderse más para entender las diferencias de referente entre ambos títulos El cazador oculto y El guardián entre el centeno, por un lado, y la extremada sutileza y belleza literaria del primero, de Manuel Méndez de Andes, por su fundamento lingüístico.

Por tanto, parece incuestionable que el diccionario y el uso de cazar al vuelo en español, como la función del cátcher del beisbol, explican sobradamente la metáfora de El cazador oculto, que attrape (francés), que agarra, que atrapa, que pesca (catalán), que agafa (catalán), que apanha (portugués), que solo hace prendere al volo (italiano) o acchiappar al volo (italiano), a todo niño que vaya a caer el precipicio. Es así de sencillo el fundamento del título original El cazador oculto. Y es la explicación preferible porque es la más sencilla.

Epílogo. Para más inri, como para justificar la ‘mala conciencia’ de alguien, si esto es posible en una gesta corsaria como la argumentada aquí, alguien se encargó de intoxicar al autor, que sanciona el título de las versiones españolas y repudia el de las argentinas. Según J. Aulicino, «Salinger, informado sobre la cuestión de los títulos de su novela, zanjó el litigio en favor de El guardián entre el centeno

Y más aún, para no dejar cabos sueltos,se ha conseguido que el traductor de Google proponga para the catcher in therye la traducción de el guardián entre el centeno.

Con toda modestia, en defensa del idioma común y del viejo galeón de Fabril Editora y de su piloto Manuel Méndez de Andes, se puede responder a la invitación del mismo traductor de Google y sugerir un cambio para mejorar su traducción haciendo un ‘enviar’ masivo y concertado de la corrección el cazador oculto como “contribución para mejorar la calidad de la traducción”, para devolver el botín a su propietario intelectual, y porque es mejor y preferible, según se ha demostrado aquí.

Aunque el Ulises no es El cazador oculto, yo creo que, si no tanto como José Salas Subirat, las aportaciones de Manuel Méndez de Andes y Pedro B. Rey bien merecen algún reconocimiento.

Post scriptum. ¿No hay nadie, entre los asiduos de este sitio, que pueda conseguir una entrevista con Pedro B. Rey? Sobre el objeto de esta entrada, pero también sobre un puñado de asuntos colaterales significativos.Alguien que sepa arrancarle algunas ‘notas’, para que deje de ser un ‘arpa olvidada’. Algo así como la conversación de László Erdélyi con Marcelo Zabaloy, a propósito de la última versión argentina del Ulises, “una mañana helada de domingo, pleno julio, en un café de Agüero y Santa Fe”.

lunes, 25 de julio de 2016

Un título problemático (I)

Santiago Alcoba
Santiago Alcoba es catedrático de Lengua Española de Universidad Autónoma de Barcelona, y espontáneamente, ha enviado el siguiente artículo donde se retoman las cuestiones tratadas por Daniel Varacalli Costas en su entrada del 20 de junio pasado, quien a su vez retoma lo discutido oportunamente por Jorge Aulicino (29 de enero de 2010) y Fernando Sorrentino (30 de enero de 2010) a propósito del título de la célebre novela de J.D. Salinger. Por sus dimensiones, el artículo se ofrece en dos partes. He aquí la primera.

El saco de El cazador oculto
por El guardián entre el centeno (I)

Me advierte Andrés Ehrenhaus[1] (¡gracias!) de la reciente publicación en el sitio del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires de una entrada de Daniel Varacalli Costas[2] sobre la titulación en español de la obra de J. D. Salinger, The Catcher in the Rye, publicada como El cazador oculto en las versiones argentinas de Manuel Méndez de Andes, en 1961, y de Pedro B. Rey, en 1998; y publicada como El guardián entre el centeno en las versiones españolas de Carmen Criado para Alianza, en 1978, y en 2006, en edición revisada.

El motivo de estas páginas es el texto de Daniel Varacalli que desarrolla una argumentación que me hace pensar en Oona O’Neill, la bellísima hija de Eugene O’Neill, y en la conclusión, que comparto, del comentario que le dedica Jorge Aulicino[3]. Porque yo añadiría a Phoebe-Oona a la hipótesis de sueño de Aulicino. No entraré aquí en las consideraciones de Daniel Varacelli. Prefiero la hipótesis de Aulicino basada en la metáfora literaria del inglés ‘catcher’ y del español ‘cazador’:

«Si uno lee un poco en castellano, un poco en inglés, no tiene dudas de que HoldenCaulfield no está en la vida en general atrapando mariposas o escarabajos, y mucho menos, papando moscas. En ningún caso, además, está en posición de guardián. No vigila nada en lo absoluto.»[4]

Pero la hipótesis de la argumentación que voy a desarrollar me la sugirió Fernando Sorrentino[5] cuando considera un hallazgo el título argentino de El cazador oculto en la primera versión en español del texto de Salinger, de Méndez de Andes para Fabril, en 1961, con los argumentos, que yo comparto, de Rodolfo Rabanal, basados en el sentido de las funciones del cátcher (metafórico):

«El guardián es el arquero —como lo llamamos nosotros en el fútbol— o, para ser más claro, el jugador que en el béisbol corre para atrapar la pelota; si ese jugador se encuentra, de manera figurada, en un campo casi idéntico a un trigal, estará evidentemente oculto y fuera del alcance del bateador. En suma, «cazaría» la pelota desde una guarida y se comportaría como un cazador oculto. Ésa es la idea que inspiró el título de Salinger, sólo que en inglés, y en los Estados Unidos, bastaba con la literalidad para establecer la metáfora. Pero en la versión en español era preciso imaginar el propósito de Salinger y dar exactamente la idea que el autor buscaba. En efecto, eso se hizo, y de manera brillante en la traducción argentina.»[6]

Con estas consideraciones de Fernando Sorrentino, avisado por Andrés Ehrenhaus, pude desarrollar un largo epígrafe para un curso MOOC de la UAB para la plataforma COURSERA, Corrección, estilo y variaciones de la lengua española, donde se aducen algunos argumentos estrictamente lingüísticos, que reitero y amplío aquí, sobre la titulación de El cazador oculto de las versiones argentinas de la obra de Salinger.[7] En concreto, usaré algunos argumentos de autoridad, para cuyas citas, quizás algo largas, pero imprescindibles para que sean autosignificativas, pido la comprensión del lector. Como las referencias son fácilmente localizables en la red, con el buscador habitual, y como ni el sitio ni el texto exigen las condiciones de formato y rigor estrictamente académico, ahorro notas y referencias al pie, para más comodidad de lectura. Las citas y sus dueños están bien identificados con el procedimiento tipográfico habitual.

Condiciones previas. Antes de entrar en harina, daré por supuestas estas condiciones: 1º, argumentaré desde la lingüística y no desde la traductología; 2º, el título de una obra traducida lo sugiere el traductor, pero lo confirma e impone el editor, y más si estamos ante una retraducción («Mi experiencia es que nunca se me ha dejado elegir el título de ninguna novela que haya traducido, siempre me lo han dado traducido ya. Hay casos en los que el traductor puede opinar o dar opciones, pero siempre la decisión final la tiene el editor.» Dice la traductora Natalia Navarro[8]); 3º, en una retraducción, por aprovechamiento económico y de la difusión previa, parece lógico suponer que se confirme el título de la versión anterior; 4º, si se cambia el título de la retraducción, operación menos económica, se deberá a una corrección o a otros motivos, confesados o inconfesables, pero de gran peso para el editor.

La presa es El cazador oculto. De entrada, podemos ponernos de acuerdo en que el foco de la cuestión está en El cazador oculto, que salió primero, que interpreta la metáfora-metonimia del catcher con la metáfora-metonimia del cazador, y que, si no traduce el término catcher (Sorrentino), lo interpreta poéticamente (Aulicino) en parecidos ecos literarios. Por tanto, ceñiré mi razonamiento al cazador de Méndez de Andes y al fundamento de lengua, que justifica la elección, para demostrar que el término satisface con creces las condiciones de travesía literaria en la nueva lengua, sin necesidad de corrección o de suplantación por abordaje, no ya de la traductora de las versiones españolas, sino del editor de la capital, que hizo la encomienda.

El hilo discursivo será sencillo: después de fijar algunas suposiciones previas, voy a centrarme en el estudio de los cambios de título en las retraducciones, en español, y en la obra de Salinger que nos ocupa, con tantas versiones: cuatro en español, dos en francés, dos en italiano, dos en catalán, dos en portugués, una en la variante brasileña de la lengua portuguesa, y una en gallego; por no fijarnos más que en las lenguas de la familia. Desde esta mirada sobre el paisaje me centraré en las sanciones del diccionario y del uso, para poner de manifiesto el ingenioso hallazgo de interpretación y de creación literaria que supone la titulación con el término decazador,que satisface de la mejor manera, cumplida y ajustadamente en nuestra lengua, los ecos del ingléscatcher de Salinger.

Sobre los cambios de título dice Guillermo Schavelzon, y yo suscribo:

«Existen libros que circulan desde hace décadas en América Latina devenidos en clásicos, que cuando años después son publicados en España, aparecen con cambios en títulos que ya estaban muy establecidos. Cuando lo veo, siempre me pregunto ¿habrá razones filológicas fundamentales que aconsejen el cambio? ¿Se trata de diferenciarse, de una búsqueda de originalidad? ¿Es un proceso de españolización imprescindible, o hay cierto menoscabo por lo que se hizo “en la periferia” de la lengua?»[9]

Aquí aventuramos una respuesta para estas preguntas de Schavelzon. Porque el mismo autor añade: «Es cierto que con el paso del tiempo algunos libros necesitan nuevas traducciones, pero otra cosa es modificar títulos muy establecidos.» En el mismo sitio, como muestras de su razonamiento, Schavelzon examina de manera elocuente los casos de Allá lejos y hace tiempo vs. Allá lejos y tiempo atrás, que despacha con la autoridad de Alberto Manguel: «Allá lejos y hace tiempo está tan establecido como título como Caperucita roja (y no “El capuchón escarlata” u otras tonterías así).»

Augusto Monterroso se refiere a títulos consagrados como La importancia de llamarse Ernesto, La piel de nuestros dientes, Otra vuelta de tuerca, o El sonido y la furia, para argumentar con contundencia y autorización lingüística y lexicográfica diferentes problemas de interpretación, pero sin solución, una vez que la obra ya tiene un título asentado en español.[10]

Es distinto el caso de La metamorfosis, de raíz latina, que defiende su última traductora, Isabel Hernández, según el título asentado en la lengua, frente al título de La transformación, de raíz griega, que defiende Jordi Llovet, basándose en distintas referencias del texto, «aunque no llegue a cuajar nunca por culpa de Ortega y Gasset o de Fernando Vela», según concluye el mismo Jordi Llovet, editor de las Obras completas de Kafka. Un título asentado y con tradición no se cambia.[11]

Con el Ulises de James Joyce la intervención no está en el título, claro, está en las versiones, y como no soy del ramo, citaré la autoridad de Juan José Saer, porque cuando se refiere a los hechos del Ulises en las distintas versiones, argentina y españolas, da la impresión de estar refiriéndose a las versiones de Salinger que nos ocupan.

Del Ulises hay cuatro versiones y un saqueo ignominioso “producto de una vulgar operación comerciar”, dice J. J. Saer. La primera versión es la argentina de José Salas Subirat (Buenos Aires, Rueda, 1945); la segunda es la española de José María Valverde (Barcelona, Lumen, 1976); la tercera es la también española de María Luisa Benegas y Francisco García Tortosa (Madrid, Cátedra, 1999), y la cuarta es otra versión argentina de Marcelo Zabaloy (con la colaboración de Edgardo Russo, para El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2015). De las dos primeras dice J. J. Saer:

«Aunque el hecho de haber sido el primero en algo no debe darle a la hazaña realizada más mérito del que posee intrínsecamente, es cierto que quien la lleva a cabo se expone a dos peligros que a menudo son las caras de la misma moneda: la crítica prejuiciosa y el saqueo. Tal ha sido el destino —que algunos, hay que reconocerlo, se empeñan desde hace algún tiempo en corregir— del extraordinario trabajo de Salas Subirat. Sería inadmisible que quien se abocase a una segunda traducción de Ulises al castellano pretendiese ignorar que existe ya la primera y tal parece haber sido la actitud del profesor Valverde, quien en las 46 páginas de su prólogo, rinde un elogio (justificado) a la versión del Retrato por Dámaso Alonso, pero no dice una palabra de la traducción de Salas Subirat, aunque cuando se comparan las dos versiones se entiende a menudo que las opciones de Valverde tienen como único justificativo la obsesión de no parecerse a la traducción anterior.»[12]

Un profesor de prestigio hace una obra de referencia para una editorial prestigiosa, pero por la consideración de J. J. Saer en una actitud que la sabiduría popular enuncia con el dicho de que “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Esta operación con el Ulises recuerda sobremanera el caso de El guardián entre el centeno, de 1978, con la mejor traductora de la villa y una colección de referencia, pero, sin duda, en una operación de marrajo avispado que disimula inventado un nuevo título para El cazador oculto, con la misma “obsesión de no parecerse a la traducción anterior”, que diría J. J. Saer.

Por cierto, ¡qué parecidas condiciones! José Salas Subirat, “escritor autodidacta argentino, autor de dosnovelas, libros sobre seguros y de autoayuda” dice la enciclopedia de la red; y Manuel Méndez de Andes, empleado bancario y colaborador y traductor para la revista Para ti, según Carina Andrea Salice, sobrina nieta, y Silvia Colmenero de Méndez de Andes, por una pista de Fernando Sorrentino. El caso de Marcelo Zabaloy, ex jugador de rugby e instalador de redes, confirma esta manera de hacer: dedica diez años a traducir al castellano rioplatense la cuarta versión del Ulises a la que se refiere László Erdélyi en una entrevista: «La crítica la ha recibido bien en Uruguay y en Argentina; este cronista pudo comprobar que la versión fluye, de principio a fin, a diferencia de la versión de Valverde, llena del ibérico vosotros y mucho más académica. »[13]

Frente a la versión argentina de Méndez de Andes, la española es una magnífica versión de Carmen Criado en la variante peninsular de la lengua, que se pretende distinta desde el título hasta el imprimido.

Pero si  El cazador oculto no es un título con solera, sí que es muy atinado por distintos motivos que aduciremos a continuación. Por eso es crucial el asunto del título.

Como primer argumento externo de que el cambio de título en las versiones españolas respecto de las argentinas no es un asunto trivial, ni pretende corregir una interpretación, ni se propone corregir un error como los apuntados por Monterroso, ni es una cuestión exegética como la de La metamorfosis, veamos lo que ocurre en las sucesivas versiones de la obra de Salinger en las lenguas de la familia. Ordeno las referencias por orden de publicación de la primera versión en cada lengua.

En francés tenemos dos versiones con el mismo título, L’attrape-cœurs, la primera, de Jean Baptiste Rossi, más literaria, según los teóricos (París, Robert Lafont, 1953), y la segunda, de AnnieSaumont (Robert Lafont, 1986), más oral, según Isabelle Génin.[14]

En octubre de 1961 sale la primera versión en español de Argentina con el título de El cazador oculto, de Manuel Méndez de Andes (en Fabril). Le sigue la segunda versión, en español peninsular, que el editor titula El guardián entre el centeno, de Carmen Criado (en Alianza, 1978). Continúa la tercera versión, en cuidado español argentino de Pedro B. Rey, con el título original de El cazador oculto, encargada por Gigliola Zacchin de Duhalde (Sudamericana Joven, Buenos Aires, 1998). Por último, la cuarta versión, en cuidadísimo español peninsular y con algunas intervenciones lingüísticas que hacen más literaria la obra, se publica una versión revisada por la misma Carmen Criado, con el título, ya generalizado, de El guardián entre el centeno (Alianza, Madrid, 2006).

En noviembre de 1961 se publica la primera versión italiana con el título de Il Giovane Holden, de Adriana Motti, en Einaudi, que publica una segunda versión, con el mismo título, obra de Matteo Colombo, en 2014.

En catalán también tenemos dos versiones: la primera, temprana, en 1965, para Club Editor, se tituló L’ingenu seductor. Su autor, Xavier Benguerel, quizás conociera la versión de Méndez de Andes, pues recién regresaba del exilio chileno. El motivo de este título se apunta en la Nota de los editores (otra prueba de que son los responsables de la titulación), que explica la publicación: «En la impossibilitat de traduir literalment el títol original, que és un vers aïllat de Robert Burns (com s'explica a la mateixa novel·la) que en català no tindria sentit, ens hem decidit pel de L'ingenu seductor de la mateixa manera que el traductor francès decidí el de L'attrape-cœurs.» En la segunda versión en catalán, en 1990, de Ernest Riera y Josep M. Fonalleras, el editor, Empuries, calca el exitoso título de las versiones españolas, El vigilant en el camp de ségol, con una evidente intención de aprovechar el eco del título de Alianza (El guardián entre el centeno), que quizá se ofrezca en las librerías en la mesa de al lado.

De las ediciones en portugués, la primera versión, de 1967, en variante brasileña, debida a Álvaro Alencar, Antônio Rocha, Jório Dauster y Jorio Dauster, se publica, en edición de autor, con el título de O Apanhador no Campo de Centeio, con evidentes ecos interpretativos y sentido afín al del catcher de Salinger y el cazador de Méndez de Andes. Las otras dos versiones, portuguesas, eligen títulos ‘imaginativos’: Uma Agulha no Palheiro, de Joao Palma, en 1967; y À Espera no Centeio, de José Lima, en 2005.

La primera edición en gallego, de Xosé Ramón Fernández Rodríguez, aparece en 1999, pero la definitiva (actualizada a la normativa de 2003, según se advierte en los créditos) se publica en 2006 con el título de O vixia no centeo, que, como la segunda en catalán, se relaciona con el título español en la referencia de guardián, vigilant, vixia. Nada que ver con el cazador, apanhador o catcher, como veremos.

En resumen, en el cuadro adjunto se puede ver el panorama de las diferentes vesiones de TheCatcher in theRye en algunas lenguas de la familia:

LENGUA
AÑO
SALINGER, J. D., TheCatcher in theRye
Inglés
1951
Salinger, J. D., TheCatcher in theRye, Little, Brown and Co., Nueva York, 1951.
Español argentino
1961
El cazador oculto, trad. Manuel Méndez de Andes, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1961.
Español argentino
1998
El cazador oculto, trad. Pedro B. Rey, Sudamericana Joven, Buenos Aires, 1998.
Español peninsular
1978
El guardián entre el centeno, trad. Carmen Criado, Alianza, Madrid, 1978
Español peninsular
2006
El guardián entre el centeno, trad. rev. Carmen Criado, Alianza, Madrid, 2006. 
Francés
1953
L’attrape-cœurs, trad. Jean-BaptisteRossi, Robert Lafont, París, 1953.
Francés
1986
L’attrape-cœurs, trad. AnnieSaumont, Robert Laffont, París, 1986.
Catalán
1965
L’ingenu seductor, trad. Xavier Benguerel, Club Editor, Barcelona, 1965
Catalán
1990
El vigilant en el camp de sègol, trad. Ernest Riera y Josep Maria Fonalleras, Ampúries, Barcelona, 1990.
Gallego
1999
O vixia no centeno, trad. X. R. Fernández, Xerais, Vigo, 1999.
Italiano
1961
IlGiovaneHolden, trad. Adriana Motti, Einaudi
italiano
2014
IlGiovaneHolden, trad. Matteo Colombo, Einaudi
Portugués brasileño
1967
O Apanhador no Campo de Centeio, trad. Álvaro Alencar, Antônio Rocha, JórioDauster y JorioDauster, en edición de autor, 4ª ed. 1967
Portugués
1967
UmaAgulha no Palheiro, trad. João Palma-Ferreira, Lisboa: Edição Livros do Brasil, 1967
Portugués
2005
À Espera no Centeio, trad. José Lima Algés, Portugal: Difel, 2005

De la relación anterior de diferentes títulos de las versiones de Salinger en las lenguas de la familia, entre otras consideraciones, se puede apreciar, primero, la fuerza de El guardián entre el centeno, que se impone a las versiones de sus vecinas peninsulares El vigilant en el camp de segol, en la segunda versión del catalán en 1990, y O vixía no centeo, en la versión en gallego de 1999-2006; y segundo, la resistencia numantina de Gigliola Zecchin, que publica en 1998 una magnífica versión de Pedro B. Rey con el título original deEl cazadoroculto, más argentina, más oral, como corresponde a la lengua del protagonista HoldenCaulfield en el original.

Lo interesante de este último acto de resistencia por parte de GigliolaZecchin es que provoca la reacción del bajel de Alianza, que publica en 2006 una segunda versión de la variante peninsular, con magníficas invenciones, más literaria, donde la lengua de HoldenCaulfield, entre otros aspectos, se hace menos reiterativa, menos oral, lejos de la oralidad del original, con propuesta de versión definitiva, que impone el título de El guardián entre el centeno para todos los lectores de habla hispana, y que, entre otras aportaciones, que justifican sobradamente la revisión, sustituye el sistemático y monocorde “uno” de sentido “cualquiera” impersonal, reiterativo en el original y en las tres versiones anteriores, por las variaciones del “tú”, “te”, segunda persona del verbo, etc., más variado, que enriquece la expresión, sin la agobiante reiteración de la lengua de Holden Caulfield en el original, que se torna más variada, más literaria, menos de joven adolescente rebelde del Nueva York de los años 40, y de familia bien.

Sin entrar en las condiciones de la traducción, que yo no puedo hacer, hay que reconocer la extraordinaria labor lingüística y de creación en la segunda versión de Carmen Criado, de 2006, que, a pesar de que el resultado literario sea opinable, ha hecho que a partir de 1978 no hubiera más ediciones de El cazador oculto. Así, la versión de Pedro B. Rey de 1998 no se explica más que como un breve acto de resistencia heroica que, desde los anaqueles de las librerías de lance, se ha convertido en una magnífica fuente de datos para el estudio y argumentación empírica de algunos aspectos sobresalientes de la variante argentina de la lengua: una mina de datos, una joya de Pedro B. Rey a cuya libertad expresiva y de creación lingüística debió contribuir el encargo y el respaldo de Gigliola Zecchin. En este sentido, quizás se le puedan aplicar las palabras de J. J. Saer cuando se refiere a la versión del Ulises de J. Salas Subirats, para Rueda, en 1945: «el río turbulento de la prosa joyceana, al ser traducido al castellano por un hombre de Buenos Aires, arrastraba consigo la materia viviente del habla que ningún otro autor -aparte quizá de Roberto Arlt- había sido capaz de utilizar con tanta inventiva, exactitud y libertad. » Los especialistas dirán.

(continúa mañana)




[12]Saer, J.J.: http://elpais.com/diario/2004/06/12/babelia/1086997822_850215.html
[13]LászlóErdélyi, en http://www.elpais.com.uy/cultural/instalador-que-tradujo-ulises-marcelo-zabaloy.htmlrecoge de Marcelo Zabaloy el largo proceso de traducción y las discusiones con el editor Edgardo Russo y otras muchas colaboraciones e intervenciones de Pablo Hernández, y de Eugenio Conchez, Teresa Arijón y AnneGastchet, especialistas en la obra. “Para enero de 2015 Conchez había encontrado más de 150 páginas donde había cosas para mejorar y corregir”, resume LászlóErdélyi.
[14] GÉNIN, Isabelle, «TheCatcher in theRye et L’attrape-cœurs: oralité, cohérence et incohérence», Palimpsestes, 23 (2010), pp. 87-110; http://palimpsestes.revues.org/478, consultado el 18 de marzo de 2015.