jueves, 27 de noviembre de 2014

"En la traducción lo que importa es el idioma que leen los lectores"

Ryukichi Terao
“Responsable de las versiones al japonés de Vargas Llosa, Sabato y Gelman, el traductor y académico presenta ahora en castellano una novela de Kobo Abe, clásico de su país”, dice la bajada de la entrevista con Ryukichi Terao, publicada por Fabiana Scherer en el diario La Nación, de Buenos Aries, del día 20 de noviembre pasado.  

Ryukichi Terao: "Del japonés al español
no existe traducción literal; es imposible"

Kobo Abe era un provocador, un atrevido capaz de alejarse del cliché banal del escritor japonés y no suicidarse a pesar de sus sombras siniestras. Murió de un infarto mientras hacía el amor con su amante en Tokio, la ciudad en que había nacido.

"Una oveja negra". Así lo define Ryukichi Terao, el académico nipón encargado de traducir al castellano directamente del japonés las obras Idéntico al ser humano, El hombre caja, Los cuentos siniestros, Historia de las pulgas que viajaron a la Luna (y otros cuentos de ficción científica) y la novela de reciente aparición Encuentros secretos (las tres últimas editadas por Eterna Cadencia).

Contemporáneo de Yukio Mishima y Kenzaburo Oé, Kobo Abe, nacido en 1924, vivió de niño y adolescente en Manchuria (región ubicada al noreste de China entonces dominada por el ejército japonés). Fue allí donde se alimentó de la literatura de Occidente, de las palabras y de los universos creados por Melville, Swift, Carroll, Poe y Kafka. "Su punto de partida como escritor fue el deseo de crear mundos extravagantes como los de Poe y claustrofóbicos y fantasmales como los de Kafka", destaca Terao la pasión de esta rara avis en la literatura nipona, cuya voz se hizo conocida de este lado del continente por sus novelas La mujer de arena (1962) y El rostro ajeno (1964).

El reconocimiento que Kenzaburo Oé hizo público al recibir el Premio Nobel en 1994 y señalar que el galardón debió haber sido para Kobo Abe (fallecido un año antes) despertó un interés renovado por la obra de este autor bautizado el Kafka japonés, cuyas narraciones revelan, según Terao, "las profundas crisis del individuo, la esencia y la existencia humana".

El carácter experimental y la audacia narrativa de su obra son sus máximos atractivos. "Sus textos no se detienen en los colores locales, no tratan de explotar lo que es propio de Japón. Siempre se consideró a sí mismo un escritor del globo terráqueo -comenta el académico de la Universidad Ferris de Yokohama, traductor, investigador y doctor en Estudios Latinoamericanos-. Una de las mayores riquezas de Kobo Abe son sus metáforas, ese mundo hipotético, tal como le gustaba definirlo, ese universo que existe en paralelo a nuestra realidad. Es un autor que procura contrastar a los lectores con los retos sociales, culturales y tecnológicos."

-¿Qué obstáculos ha tenido que superar para abordar sus textos?
-Kobo Abe es un autor que no tenía ningún dominio de un idioma extranjero, o sea que su pensamiento está muy arraigado al japonés, por lo que muchas frases resultan intraducibles al español, conceptos que resultan imposibles de trasladar a otro idioma. Hice un trabajo de reconstrucción.

-Borges solía decir que el traductor es capaz de crear un obra literaria nueva.
-Borges era capaz hasta de cambiar el final [risas], de hacer una reinterpretación de la pieza. En la traducción lo que importa es el idioma de salida, el idioma que leen los lectores. Del japonés al español no existe una traducción literal, es imposible, por lo que es necesario de alguna manera convertir esos objetos intraducibles en algo legible. En este sentido, me permito hacer traducciones bastantes acrobáticas, con cierta libertad que está ligada al conocimiento que tengo sobre este autor que siempre he admirado. Si no se consigue traducir esos símiles se pierde gran parte de la riqueza del mundo de Abe. Lo mismo ocurre con las traducciones que van del español al japonés (vertió a Ernesto Sabato, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Juan Gelman, Guillermo Cabrera Infante y José Donoso).

En la recientemente editada Encuentros cercanos (esta tarde, a las 19, se hará la presentación de la novela en la librería Eterna Cadencia), Kobo Abe vuelve a explorar sobre utopías fracasadas y la desolación de la vida moderna. "Y lo hace poniendo foco en lo pesadillesco del mundo de la medicina, un campo que conocía. Abe obtuvo su diploma de medicina con la condición de no ejercerla nunca. Y no lo hizo. El universo de los hospitales que conoció le sirvió para convertirlo en una metáfora de la sociedad. La novela se publicó en 1977 y aún mantiene esa vigencia en la que indaga sobre el conocimiento de uno mismo, los sistemas de vigilancia a los que estamos expuestos." "Una mañana de verano, llegó una ambulancia sin que la solicitaran y se llevó a la esposa del hombre", la frase sacude al lector al presentar la incansable búsqueda que llevará al protagonista de Encuentros secretos a adentrarse en una zona laberíntica y aparentemente sin sentido

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Última reunión del año con Omar Lobos y Alejandro González, traductores del ruso

"Oralidad, escritura y tradición en la recepción de la literatura rusa" fue el tema elegido por Omar Lobos y Alejandro González para cerrar nuestras actividades del año. La charla fue realmente excepcional y permitió ir más allá del tema convocante para adentrarnos en cuestiones como el respeto del traductor por el estilo del autor, los excesos de traducción y la milagrosa tarea de de encontrar en la propia prosodia las coincidencias con la prosodia ajena.

Quien desee ver la actividad puede hacerlo acá: http://www.ustream.tv/recorded/55826469


 Alejandro González nació en Buenos Aires en 1973. Luego de licenciarse en Sociología en la Universidad de Buenos Aires, realizó estudios de posgrado en Lengua y Literatura rusas, en la Facultad de Filología de la Universidad de Petrozavodsk, Rusia. Trabaja como investigador en filología rusa y como traductor literario y científico del ruso . Su extensa obra como traductor incluye buena parte de la obra de Anton Chéjov, varios títulos de Fiódor Dostoievski, Ivan Turguéniev, Vladimir Lenin, Lev Trostski, etc.

Omar Lobos nació en La Pampa en 1964. Es licenciado en Letras y docente de la cátedra de Literaturas Eslavas de la UBA. Ha traducido para Ediciones Colihue Crimen y castigo Los hermanos Karamázov, de Dostoievski, además de obras de Pushkin, Gógol, Maiakovski, Ajmátova y el teatro completo de Antón Chéjov.

martes, 25 de noviembre de 2014

"Ya está, me digo, me he vuelto loco"

La presente columna, que continúa la publicada en el día de ayer, fue escrita por el escritor y traductor español J. A. González Sainz (Soria 1956) para El Trujamán del 22 de noviembre pasado.

Una compañía sofocante

He tratado de exponer en la entrega precedente mi persuasión acerca de la esencial relación de extrañeidad que la tarea de la traducción guarda con la soledad. El traductor —vamos a seguir tirando del hilo— está a mi modo de ver y de sentir siempre acompañado en su trabajo, a veces bien acompañado y otras, que también puede ocurrir, menos bien o directamente mal; a veces poco acompañado y a veces mucho o incluso demasiado. La traducción puede ser también en ocasiones una compañía excesiva, sofocante.

Recuerdo que hace muchos años traduje Il silenzio del corpo de Guido Ceronetti durante un caluroso verano a poca distancia del mar. Ceronetti es escritor raro donde los haya, creador de una prosa abigarrada que, por mucho que uno se esfuerce, siempre se antoja mal traducida y en la que suele resonar una amplia gama de registros e incluirse toda suerte de elementos escatológicos, de detalles morbosos, plagas y purulencias y flagelos bíblicos y toda índole de los más variados y sabios rasgos del pesimismo europeo sobre el hombre, su planeta y su decaída y malparada humanidad. Pues bien, el sostenido ritmo de trabajo que me había impuesto, el intolerable grado de calenturienta humedad del mes de agosto junto al mar —decidí no volver a pasar ya un verano a menos de ochocientos metros de altitud— y la sofocante compañía de mi traducido llegaron a coaligarse hasta extremos que me costó sospechar, pero que ya nunca olvidaría en mi azacaneada vida traductora.

Una tarde, atosigado ya hasta más no poder por las úlceras de los cuerpos físicos y sociales que me encontraba traduciendo, por las calamidades y epidemias físicas y sociales pasadas y venideras y las nuevas plagas de Egipto que trae aparejada la nueva tecnología y los modernos hábitos de vida urbana, sin un adarme más de resistencia, sudoroso y asfixiado por el calor sofocante, dejo la traducción después de varias horas seguidas de labor, me sirvo un vaso de buen tinto, brindo por Gonzalo de Berceo y salgo con él —con el tinto— a la terraza. De repente, en la tarde bochornosa, no puedo dar crédito a lo que veo: caía ceniza sobre la superficie roja del vino. Incrédulo, levanto la cabeza y miro alarmado en derredor: estaba lloviendo ceniza. Minúsculas partículas de ceniza descendían lentamente por todas partes y yo extiendo el brazo, abro la palma de la mano y recojo algunos fragmentos. Es, efectivamente, ceniza. Ya está, me digo, me ha vuelto loco, Ceronetti me ha vuelto loco, con sus plagas y sus flagelos y purulencias Ceronetti me ha vuelto loco, su compañía sofocante en la sofocante tarde de verano ha podido conmigo y yo ya he dejado de ser el traductor para convertirme literalmente en lo traducido.

Recuerdo que entré, tiré el vaso de vino en el que flotaba a sus anchas la ceniza, lo enjuagué con un esmero desmesurado y me serví otro vaso que bebí al coleto. Después, sin dejar de mirar la lluvia que caía, corrí a llamar por teléfono a un amigo exterior a la traducción que vivía por allí cerca para tratar de hacer pie en el mundo anterior a ella. La traducción me ha trastornado, le dije, estoy viendo llover ceniza.

Se echó a reír. Se echó a reír y yo continuaba hundiéndome todavía más a cada segundo que pasaba. Pero la compañía sofocante de mi traducido —tuvo la caridad de informarme— no me había llevado a ese extremo: se había declarado un incendio en unos montes cercanos y el aire traía hacia allí las cenizas de los bosques calcinados. Por esa tarde dejé de traducir, necesitaba estar solo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

"La traducción es lo contrario a la soledad"

J. A. González Sainz (Soria 1956) es un escritor, ensayista, profesor y traductor español. En esta última actividad, ha traducido a Emmanuele Severino, Guido Ceronetti, Daniele Del Giudce, Giani Stuparich y, fundamentalmente, a Claudio Magris. La siguiente columna fue publicada por El Trujamán el 7 de noviembre pasado. Tienen una suerte de continuación que se ofrecerá en el día de mañana.

La soledad del traductor

Miguel Sáenz es uno de los traductores contemporáneos del alemán al español que más admiro. Admiro su trabajo y admiro también a la mayor parte de los escritores que ha traducido y de cuya versión tanto me ha sido dado beneficiarme. Sus traducciones de Thomas Bernhard sobre todo, de Sebald, o sus nuevas versiones de Kafka figuran entre las lecturas que de veras me han importado y aprovechado en los últimos decenios, y, como yo, una generación de lectores en español asocia las obras de esos autores, queriéndolo o no, al trabajo de traslación y escritura de Miguel Sáenz.

Fruto de esa labor, por si fuera poco el aprecio general y la gratitud de los lectores de esas obras que figuran entre lo más relevante y granado de la literatura contemporánea en lengua alemana (y la traducción de un autor o una obra de verdad relevante es ya de por sí un galardón), fue la concesión, de la que se le hizo objeto hace unos años, de un doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca. No creo equivocarme si escribo que fue el primer reconocimiento de tal género y calibre que una universidad española tributa a la labor de un traductor como tal traductor, y no por ejemplo como escritor y, también, traductor. Enhorabuena al traductor, que bien ganado se lo tenía, y enhorabuena asimismo a la institución universitaria por su apertura, que ya venía haciendo falta.

Pero en su discurso de agradecimiento, Miguel Sáenz habló entre otras cosas de «la soledad del traductor». Y ahí, mi verdaderamente apreciado colega, no puedo por menos que discrepar.

Frente a lo que pueda parecer, las verdaderas discordancias, o tal vez las más fecundas, nacen justamente del aprecio, y no al revés. Y en la discordancia de las cosas —y a lo mejor también al mismo tiempo en el aprecio— se cuece siempre buena parte de lo más enjundioso de nuestras cosas humanas. Heráclito desde el principio y para siempre.

Pues bien, no creo —o no percibo— que haya nada más diametralmente opuesto que la soledad y la traducción, que la soledad y el traductor. Antes al contrario, entiendo que el traductor no está nunca solo de veras y que, hasta a veces, esa falta de soledad es, como trataré de ejemplificar aquí abajo o en otra entrega, un auténtico engorro. Por mi experiencia diré que el traductor no sólo no está nunca solo cuando traduce sino que incluso está demasiado acompañado. El autor, las palabras del autor, su escritura, no le dejan nunca en paz, se le pegan, se le pegan como una estupenda compañía o bien como un verdadero fastidio, pero se le quedan pegados como alguien de quien uno no consigue desembarazarse ni a sol ni a sombra. Eso es, el traducido no le deja al traductor ni a sol ni a sombra. Que éste lo quiera o no, que le satisfaga o atosigue, en nada invalida la cuestión de fondo, por cuanto los problemas que plantea cada palabra de la obra que traduce, su ritmo —¡ah su ritmo!—, su tono, su atmósfera, la personalidad y presencia del autor… acompañan al traductor quieras que no a todas horas, de día y de noche, cuando traduce y cuando no traduce pero sin embargo también traduce porque no tiene más remedio que estar con su obra y su autor pegaditos a su oído.

Ya Kafka aludió al hecho de que nadie está verdaderamente solo cuando trata con las palabras, y es verdad o eso me parece. La verdadera soledad es la ausencia de palabras, es haberse quedado sin palabras, lo mismo tal vez que la verdadera huida de los dioses es asimismo la huida de las palabras. Nos quedamos sin palabras, y es que ya estamos solos. El más drástico y último abandono es el de las palabras. Y el traductor siempre tiene que ver con unas palabras previas, de base, siempre está acompañado de palabras, de palabras que vienen con problemas pero también con un ritmo, con un tono, una atmósfera, unos sentidos. La traducción, si me apuro, es lo contrario de la soledad; siempre hay en la traducción por lo menos dos, siempre hay una compañía, la compañía del autor, la compañía de la otra lengua, la de la tuya resonando, siempre hay dos atmósferas, la del mundo del que se traduce y la del mundo en el que se traduce o al que se traduce, dos tonos, y el esfuerzo por hacerlos uno. Uno el mundo ya creado y el mundo en construcción. Y quien anda pegado además a un esfuerzo, anda también ya en compañía.


viernes, 21 de noviembre de 2014

Última actividad pública del año

El martes 25 de noviembre despedimos el año con una última actividad pública, en la sede Florida del Centro Cultural de España en Buenos Aires.

Lo hacemos a las 19 hs., con una mesa en la que van a participar Alejandro González y Omar Lobos, ambos traductores de literatura rusa.

La mesa tratará sobre “Oralidad, escritura y  tradición en la recepción de la literatura rusa”, y promete ser una de las más interesantes de 2014. Así que, ya saben, están todos invitados.

(para mayores datos, ver Próximas actividades, en la columna de la derecha)

jueves, 20 de noviembre de 2014

El SPET despide el año psicoanalíticamente

En nuestra última reunión del año, que tendrá lugar el martes 25 de noviembre a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), la Prof. Sofía Ruiz se dedicará al tema Traducción en psicoanálisis, ¿traducción de psicoanálisis?”.

Una lectura de la revista LaPsus Calami (otoño 2014)

¿En qué consiste el interés del psicoanálisis por la traducción? ¿Desde qué lugares se la piensa? El grupo de trabajo “Perspectivas en psicoanálisis” (Convergencia, movimiento lacaniano por el psicoanálisis freudiano) dedicó el cuarto número de su revista LaPsus Calami a la traducción en psicoanálisis. A partir de la lectura de este número proponemos pensar algunos rasgos del discurso psicoanalítico sobre la traducción.

Sofía Ruiz es Profesora en Alemán (por el IES en Lenguas Vivas). Trabaja como docente en el nivel primario y medio y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (lectocomprensión). En el marco del Programa de investigación del Lenguas Vivas, participó del proyecto “La producción cultural de los países de habla alemana en traducciones argentinas” (2012-2013) con una investigación sobre la traducción de la obra de Sigmund Freud en Argentina. Su análisis de una traducción del ensayo de Freud “Los límites de la interpretabilidad” se publicará bajo el título “Nota al pie. Una traducción de Ramón Alcalde en los Cuadernos de la EFBA” (artículo aceptado por la revista Lenguas Vivas).

 Lecturas sugeridas

Arrojo, Rosemary. "Translation as an object of reflection in psychoanalysis", en: Kittel, Harald et al. (ed.): Übersetzung Translation Traduction (Part 1). Berlin: de Gruyter, 2004, pp. 171-175.

AAVV, LaPsus Calami. Revista de Psicoanálisis: La traducción en psicoanálisis. Nº4, otoño 2014.

“Entre dos lenguas… hay un cierto Aqueronte que atravesar. Conversación con Anabel Salafia sobre traducción”. Entrevistada por Verónica Cohen e Ilda Rodriguez (pp. 39-55).

“Conversación con Héctor Yanquelevich acerca de la actualidad de Lo imposible de traducir, diecisiete años después de su presentación”. Entrevistado por Ilda Rodriguez y Alejandra Ruíz (pp. 103-126).

“La traducción como política. Conversación con Ricardo Rodríguez Ponte”. Entrevistado por Adriana Bauab y Alejandra Ruíz (pp. 167-180).
  
A quienes confirmen su asistencia a través de nuestra casilla spet.llvv@gmail.com les enviaremos la lectura sugerida por correo electrónico. A los que quieran obtener un certificado de asistencia les pedimos que se acerquen a nosotros después de la reunión.

Por favor, no se olviden: Esta vez nos reuniremos un martes.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hasta The Guardian advierte sobre el racismo de la RAE


El Diccionario de la Real Academia sigue siendo motivo de dolores de cabeza para los sufridos académicos. El lector de este blog dirá “más de lo mismo”. Sólo que esta vez se trata de un escándalo internacional. O así al menos puede verse al leer la siguiente noticia, firmada por Ashifa Kassam (y traducida por Julia Benseñor), publicada por The Guardian, de Londres, el pasado 29 de octubre. Nótese al final que la justificación esgrimida es la misma que se usó previamente para seguir ofendiendo a negros, judíos, mujeres y un largo etcétera.

El diccionario más antiguo de España en la picota
por equiparar “gitano” a “engaño”

El diccionario de más larga data ―y la voz más autorizada― en España ha provocado reacciones furiosas por haber definido “gitano” como alguien que engaña.

Después de trece años dedicados a actualizar las entradas, la Academia Real Española dio a conocer su 23a edición del diccionario español en una sombría ceremonia presidida por el rey Felipe VI y la reina Letizia a principios del mes de octubre.

La nueva edición eliminó una definición anterior del sustantivo y adjetivo “gitano” que le asignaba el significado de “que estafa u obra con engaño”, pero incorporó una nueva acepción que coloca a la palabra como sinónimo de “trapacero”, que significa deshonesto o timador.

La Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad alega que la definición es obsoleta y no hace más que alimentar prejuicios, por lo que está impulsando acciones como convocar a los españoles a respaldar la petición de que se elimine esa definición mediante la estrategia de subir fotos personales con mensajes dirigidos a la Academia en la página de Facebook del grupo.

“No se le puede poner un rótulo semejante a toda una comunidad, una cultura, un pueblo”, expresó María José Jiménez Cortiñas. “La entrada del diccionario convalida los estereotipos. Estamos pidiendo que la Academia, por una vez, se ponga a la vanguardia de la sociedad y elimine definiciones que solo sirven para marginar a nuestra comunidad”.

El grupo también está organizando una protesta la semana próxima frente a la sede de la Academia en Madrid. “La lengua tiene consecuencias”,  dijo. “Se trata de una institución de renombre internacional, de mucho peso, y tienen que hacerse cargo de sus acciones”.

Los grupos de gitanos de toda España vienen luchando desde hace años para que el diccionario de la Academia cambie la definición después de que la edición de 2001 incluyó como acepción de gitano “aquel que estafa u obra con engaño”.

El año pasado hubo festejos cuando los medios españoles informaron que esas quejas habían logrado que los académicos que estaban trabajando en el diccionario prometieran revisar la definición en la nueva edición próxima a publicarse.

Si bien la última edición contiene 5000 palabras nuevas e introdujo cientos de miles de cambios a definiciones ya existentes, “no cambiaron la definición de ‘gitano’ ”, continuó Jiménez Cortiñas.

La Academia no respondió al pedido de entrevista realizado por The Guardian. Pero al presentar la nueva edición a principios de octubre, el director José Manuel Blecua les dijo a los periodistas que “el diccionario tiene que ser científicamente correcto, y, si es posible, políticamente correcto, pero sólo si es posible”.

La Academia fue aún más clara al fijar su posición en Twitter. Cuando un usuario preguntó sobre la nueva definición de “gitano”, respondieron que el diccionario “no autoriza ni impone el sentido con el que los hablantes usan o han usado las palabras; sólo lo refleja”.