viernes, 14 de agosto de 2020

"Más que de dificultades hablaría de desafíos"

La siguiente entrevista fue realizada por la agencia TELAM y se distribuyó sin mencionar el nombre del periodista, el pasado 11 de agosto. En su copete se lee: “El poeta y narrador Aldo Giacometti encaró el reto de traducir al español las historias en las que el escritor británico Lee Child despliega su raid de ilícitos que desatan las célebres luchas cuerpo a cuerpo que le encanta narrar y que el traductor argentino ha logrado capturar desde su idioma original con una pericia que le valió los elogios del autor de El inductor, Tiempo pasado y la reciente Mañana no estás”.

"La prosa de Child es veloz y dinámica"

Giacometti (Buenos Aires, 1978), autor de Qué no hacer, La guitarra sin cuerdas y Criatura de dios, dialogó con Télam acerca de las complejidades de la traducción y de su trabajo con Child, del que lleva traducidos cinco libros.

¿Cuáles son los aportes que la lengua rioplatense le da a una traducción de Child?

–Dado que Blatt&Ríos y Eterna Cadencia cuentan con los derechos para publicar los títulos contratados en todos los países de habla hispana, el proyecto de traducción no tiene el acento puesto en explotar al máximo las características de la variante rioplatense del castellano. La idea es más bien dar con una lengua lo más abarcadora posible también de otras variantes del idioma. Claro que como mi castellano es el rioplatense tampoco me alejo tanto de los usos y costumbres del idioma que yo manejo. Estimo que el principal aporte puede estar en la velocidad y el dinamismo y la energía. La prosa de Child es enérgica, veloz y dinámica, características con las que el castellano rioplatense de Buenos Aires se entiende bien.

¿Y cuáles son las mayores dificultades a las que se confronta un traductor cuando encara la traducción de una novela con una acción que no da respiro como en esta saga?

–Más que de dificultades hablaría de desafíos. Uno de los mayores es sostener esa sensación de "no dar respiro", sostener el ritmo todo a lo largo de la traducción de la misma manera que se sostiene ese ritmo en el original. Otro de los desafíos es hacer todo lo posible pare respetar al máximo el sistema de repeticiones léxicas, idiomáticas, sintácticas, que el autor concibe dentro de las novelas y también de una novela a otra.

Las novelas de Child tienen descripciones muy minuciosas de escenas de acción que incluso se despliegan a través de varios capítulos y que incluyen un relato pormenorizado de las secuelas de una pelea o una muerte violenta como en el episodio inicial de Mañana no estás.

¿La traducción de esos tramos incluye alguna tarea de investigación sobre anatomía o manejo de armas para dar con el tono exacto para trasmitir aquello que el autor intenta en el original?

–Hago todas las consultas y averiguaciones posibles para que en la traducción los lectores se encuentren con todos los condimentos que el autor usa para preparar sus novelas. A lo largo de los cinco libros traducidos he consultado, además de a personal de las fuerzas de seguridad a músicos, arquitectos, abogados... Incluso para una escena de un cuento de Sin segundo nombre consulté a un fabricante de zapatos. Y en el caso de Mañana no estás llegué a estar en contacto, para la descripción del subfusil MP5SD, con su fabricante, Heckler&Koch.

La relación entre autor y traductor se construye con el tiempo. ¿Ahora que va por la quinta traducción de Child se siente más afianzado en su estilo de escritura?

–Creo que el hecho de que un mismo traductor tenga la posibilidad de traducir varias obras de un mismo autor es una manera muy especial de cuidar al público lector del autor. La mayoría de los escritores crean universos nuevos o paralelos o así, y es menos dificultoso reconstruir ese universo en otra lengua si uno tiene la chance de ir familiarizándose en el tiempo con la obra del autor con el que uno trabaja. Especialmente en el caso de un autor como Lee Child, que trabaja de manera excluyente con un único protagonista y va expandiendo ese universo de una entrega de la saga a la siguiente.

Además de traductor también es narrador y poeta ¿La experiencia propia con el proceso de escritura ayuda a captar mejor las atmósferas y los móviles del libro del otro?

–Traducir es una forma más de leer y escribir. En el ámbito de la poesía es muy corriente practicar la traducción como un acercamiento más a la escritura, independientemente de si esas traducciones después terminan publicadas o no. Traduciendo se incorporan cosas que transforman la manera de leer y escribir. Después de internarse en el trabajo de otra persona uno vuelve al trabajo propio con una experiencia y una mirada nueva o distinta. Tener la práctica de la escritura puede ayudar a la práctica de la traducción. Pero no es garantía de nada. Hay excelentes escritores que son pésimos traductores y traductores excelentes a los que jamás se les ocurriría escribir.

jueves, 13 de agosto de 2020

Gente que está al pedo y aconseja (mal)

De tanto en tanto la demagogia lleva a políticos e intelectuales a condescender al error para ponerse a nivel del pueblo, como cuando el aristocrático Publio Claudio Pulcher cambio su nombre a Clodio, para imitar la pronunciación popular, congraciándose así con la plebe. Otro tanto puede decirse de la desaparición del pretérito imperfecto del subjuntivo en francés, que los revolucionarios burgueses permitieron durante la Revolución para ponerse al nivel del pueblo. Y también de la enorme estupidez llevada a cabo hace diez años por la Real Academia Española que, en una emulación de chiste gallegos, suprimió el acento de “sólo” en función de adverbio y lo equiparó a “solo” en función de adjetivo, para que la gente no tuviera faltas de ortografía. Muchos editores, sobre todo argentinos, adoptaron el criterio, sumándose a la burrada peninsular. De esto se ocupa la nota publicada por el diario Clarín, de Buenos Aires, que salió el 11 de agosto, con firma de Patricia Kolesnicov.


Solo o sólo: la Real Academia la quiso hace más fácil pero el cambio no convence

A ver... Las reglas que la RAE dicta no siempre las cumplen todos.

Parecía una simple regla ortográfica, una cuestión de académicos, pero fue una bomba. “A partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas de la tilde incluso en casos de doble interpretación”, escribió la Real Academia Española en 2010. Se trataba de un adverbio, simplemente: ”sólo”, el que significa ”solamente”. ¿Era realmente necesario acentuarlo? ¿Había que diferenciarlo de ese otro “solo” que quiere decir algo como “sin compañía”?

La Academia creyó que no. Que no hacía falta y que nunca había hecho falta. Que era un error.

En ese momento llovieron ejemplos en contrario. Uno gracioso: “Fidel Castro​ habló solo cuatro horas” versus “Fidel Castro habló sólo cuatro horas”. Los ejemplos pretendían probar que la sustracción de la tilde nos dejaba a la intemperie, en la ignorancia. Sin embargo, en la escritura cotidiana era habitual la confusión: ¿va o no va?

Los argumentos de la RAE fueron técnicos, por supuesto. Según las reglas de acentuación, no hay motivo para acentuar “solo” (repaso: palabra grave terminada en vocal).

Una académica recordó un ejemplo que les suelen citar como ejemplo de confusión: ”Tuve sexo solo una hora”

Y si les hablaban de diferenciar significado, bueno, decían: “Las posibles ambigüedades son resueltas casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas”. O sea: lo que la oración confunde lo arreglará un guiño de ojos, lo que se venía diciendo, lo que es obvio que el otro quiere decir. Porque no hablamos con oraciones sueltas en el vacío: no hablamos en tuits (salvo en Twitter​).

Sin embargo hay, admiten, ocasiones en las que no hay manera, no se entiende pero, dice la Ortografía 2010, “son raros y rebuscados”. Y en todo caso el que habla podrá gambetear la confusión usando otra palabra, qué tanto. La RAE propone “solamente” o “únicamente” en vez de “sólo”, o agregar algún elemento que ayude. ¿No era más fácil con una humilde tilde?

En una entrevista con Verne, un sitio web ligado al diario El País, una académica recordó un caso que les suelen citar: “Tuve sexo solo una hora. Una frase, dos significados. Pero eso no la asusta: “Es lo mismo que si dices: ‘Esta noche tengo sexo seguro’”, contesta. Otro caso donde hay más de un significado para una palabra.

Pasaron diez años desde la publicación de esa Ortografía y –además de seguir generando discusión al interior de la Academia– la nueva regla no parece haberse acomodado tanto al uso. Todavía se ven vacilaciones, todavía la tilde tiene sus defensores apasionados.

Según cuenta el diario El País, Mario Vargas Llosa exigió que le dejaran la tilde de sólo donde estaba en su libro Tiempos recios. Y lo mismo hizo Arturo Pérez Reverte en Sidi.

En la Argentina, varios editores consultados concordaron en que los autores ya aceptaron la nueva norma. Y a algunos –editores– les gusta, incluso.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Rafael Spregelburd y la poesía como traducción


Nuevamente, Rafael Spegelburd da muestas de su genio en su columna del 7 de agosto pasado en el diario Perfil. Aquí establece una relación entre ser sordomudo, traducción y poesía francamente interesante.

La sordera en la poesía

¿Qué es todo lo que realmente pasa en ausencia de lengua hablada? Escribiendo un espectáculo con traductores me topé con un hilo en Twitter de Verónica Sukaczer, escritora hipoacúsica devenida sorda, que cuenta por qué a los niños sordomudos les es más difícil el aprendizaje de la gramática: al no escuchar nada, su memoria no retiene las repeticiones circundantes y, por tanto, hay que proporcionarles un sistema equis para que armen las oraciones de su cabeza y las traduzcan a lenguaje de señas. El orden en la LSA es desquiciado, bah, tanto como cualquier lengua extranjera: tiempo, lugar, sujeto, pronombre posesivo, adjetivos, verbos y negación (si la hubiere). “Mi familia y yo no iremos mañana a casa de mi abuela” se armaría en su cabeza (en su realidad) como: “Mañana, casa abuela mía, familia mía, yo, vamos, no”.

¿Qué es entonces la lectura (y la literatura) para ellos? ¿Es cosa de Satán, es de extranjeros? ¿Por qué aparece lo escrito en un orden distinto de aquel con el que el cerebro ha aprendido a armonizar el mundo? Toda lectura ocurre en una lengua extranjera aunque aprendible. Pero sin LSA, sin matriz, el sujeto carecería por completo de lenguaje. No puede adquirir ninguna lengua natural y directamente de lo escrito, ya que es obvio que para leer hay que ir voluntariamente a las letras, jeroglíficos, mientras que en la escucha, las cosas vienen solitas a nosotros. Oímos a padres, hermanos, verduleros, Anamá Ferreyra y repetimos, repetimos, repetimos, nos acostumbramos hasta que toda esa improbable cacería de fonemas se nos hace muy normal.

Y bien: quienes no somos sordomudos, ¿no traducimos también cuando creemos que simplemente hablamos? Traducimos impulsos, miedos, intuiciones, matices en palabras y estructuras que copiamos del entorno. Si ese entorno fuera silencioso, entonces deberíamos –como los sordos– armarlo de modo artificial.

Cada sordomudo habla en solitario un ideolecto. Y se expresa en otra cosa. Así también cada poeta.

martes, 11 de agosto de 2020

Aviso a los lectores de este blog

Por alguna razón que no queda clara, Blogger, la empresa que adminstra este blog (así como miles de otros) ha decidido cambiar su tradicional diseño, que era fácil y amable, por otro incómodo e inhóspito, que ha eliminado recursos prácticos, añadiendo otros del todo inútiles. 

En consecuencia, hasta entender un poco más cómo hay que manejarse con los nuevos defectos introducidos de manera inconsulta por las afiebradas mentes que manejan esta cosa, el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires presentará todo tipo de anomalías no deseadas. Ojalá los lectores puedan comprender. lo que nosotros, sinceramente, no entendemos.

lunes, 10 de agosto de 2020

Edición mexicana de la obra de Seamus Heaney

En 2015, la editorial Trilce, de México, publicó un volumen con varios de los libros del poeta y ensayista irlandés Seamus Heaney (foto izquierda), traducidos por la poeta y traductora mexicana Pura López Colomé (foto derecha). Este blog dio noticia de ello en su entrada del 16 de febrero de 2016. El libro, por ese entonces, no circulaba en la Argentina. Ahora, distribuido por Big Sur, puede encontrarse en varias librerías porteñas. Por eso, acaba de ser reseñado por el poeta y traductor argentino Juan Arabia, en la revista Ñ de la semana pasada. A continuación, la reseña.

Seamus Heaney : Obra Reunida 

El presente volumen reúne seis trabajos íntegros y característicos de la obra del poeta de Irlanda del Norte y Premio Nobel de Literatura, Seamus Heaney (1939-2013): Islas de las Estaciones (1984), Viendo Visiones (1991), El Nivel (1996), La Luz de las Hojas (1999), Sonetos (2010) y Cadena Humana (2011). 

La poesía de Heaney es singular en muchos aspectos. Podría decirse que su trabajo contiene a las dos más grandes figuras de la poesía irlandesa, sintetizando por un lado lo mejor de la lengua inglesa literaria y tradicional presente en William Butler Yeats, y por otro, absorbiendo el lenguaje autóctono y natural de Patrick Kavanagh.

Aunque probablemente ningún escritor irlandés resulte posible luego del paso ganado de James Joyce, un autor que sin deberle nada a Yeats y mucho menos a la poesía isabelina trascendió la historia literaria local y se convirtió en uno de los más grandes escritores mundiales del siglo XX. Esto es algo que aparece en el extenso poema de Heaney “Isla de las Estaciones”, una pieza claramente autobiográfica y autorreferencial, representativa de todo su trabajo, donde rinde homenaje al autor de Retrato del artista adolescente: “Fue como si hubiera puesto pie libre en el espacio, / solo, y a mi alrededor, nada que no conociera ya. / Gotas de lluvia me golpeaban el rostro / cuando volví en mí. Viejo padre, hijo de su madre, / hay un momento en el diario de Stephen, / con fecha del 13 de abril, una revelación / puesta entre mis astros: ese párrafo precisamente / ha resultado una contraseña en mis oídos, / los elementos de una nueva epifanía”.

La poesía de Seamus Heaney genera un lector activo, participante en la producción de sentido. Otros podrían hablar de imaginación. Pero lo cierto es que el discurso lírico no busca significar sino ser, y la textura lingüística y los sonidos permanecen por encima del sentido: “My father is a barefoot boy with news / running at eye-level with weeds and stooks” (Mi padre es un niño descalzo con un mensaje, / Que corre a la altura del ojo entre hierba y paja”).

Esta decisión estética, ya presente en la poesía germánica (innovaciones prosódicas, rimas oblicuas y disimuladas), contiene además un fuerte elemento político. Porque si algo representan los dialectos periféricos, tanto en Irlanda, Gales y Escocia, es la lucha contra un centro de dominio lingüístico. Y esta lucha se da muchas veces no por un reemplazo de léxico, sino rítmico, melódico, quizás inaudible para algunos de nosotros, pero que para el poeta vale como una música interior, “un pasaporte para hacer frente a los peligros de hablas espurias”.

Así las cosas, para Heaney debido a sus orígenes culturales y por haber nacido en una parte de Irlanda en la que la cultura oficial estaba bajo el control del Reino Unido la musa puede convertirse en la voz que rompe las barreras del discurso social: “La lengua inglesa / nos pertenece. Se trata de cenizas, brasas apagadas, / una soberana pérdida de tiempo para alguien de tu edad (…). / Guarda tu distancia. / Cuando el círculo se amplíe, será hora de salir a flote / sólo y tu alma, / llenando la materia / de huellas de tu propio andar, / ecos, búsquedas, indagaciones, alicientes, / brillos de anguila en la oscuridad del mar”.

En lo que concierne a la actividad traslaticia, y las versiones aquí presentadas, la traductora y prologuista Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952) tuvo la fortuna de conocer y trabajar con Heaney en su proceso.

De acuerdo con el poeta irlandés, traductor a la vez de obras monumentales como Beowulf y La locura de Sweeney, hay dos formas de avanzar en la zona minada de la traducción. La primera es por “allanamiento”, incursión, irrupción, sin saber bien las lenguas originales, interpretando de más. La segunda consiste en la “colonización”, es decir, donde el traductor “entra, coloniza, pero permanece ahí; cambia el sitio y el sitio lo cambia a uno”.

 Pura López Colomé comprendió, y este trabajo es resultado de un homólogo proceso, que ambas instancias son indispensables. Y ejemplo de ello son los Sonetos, donde aparecen dos versiones: una privilegiando el sentido y otra representando la forma original de versificación.

Podría decirse que la belleza de la poesía de Heaney no sólo aumenta en la medida que transporta a los lectores a varios mundos y sentidos posibles. Hay escenarios y visiones que sólo ocurren y ocurrirán en Irlanda, como el condado de Derry y el condado de Clare, Anahorish, El Burren o Wicklow. Lugares donde el viento y la luz tratan de zafarse el uno del otro y que ahora son una parte ineludible del idioma inglés y de la poesía, junto a sus acentos, ritmos y personas.


viernes, 7 de agosto de 2020

Carta abierta del Comité Internacional de Editores Independientes a los autores y los intelectuales

El Comité Internacional de Editores Independientes (https://www.alliance-editeurs.org/el-comite-internacional-de,643?lang=fr) nos ha hecho llegar la siguiente carta abierta, suscrita por los abajo firmantes, en representación de unas 750 editoriales independientes correspondientes a 55 países del mundo. La ocasión de la Feria de Editores que hoy comienza en Buenos Aires, es una excelente oportunidad para referescarles la memoria a sus participantes, sobre algunas de las razones por las que han decidido agruparse con independencia de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y, a la vez, un recordatorio de algunas buenas prácticas editoriales que tienden a olvidarse.

Carta abierta de las y los editores independeitnes a los autores, autoras e intelectuales comprometidos con un mundo más justo

Julio de 2020

Vivimos tiempos en los que son más evidentes los impactos destructores de la acción humana sobre la naturaleza, las comunidades y la propia humanidad. La liberalización y la desregulación, el consumismo, la privatización y el fundamentalismo del mercado han transformado nuestro mundo, acrecentado la concentración de la riqueza y los recursos a escala planetaria en los más diversos ámbitos e implementado su lógica avasalladora y depredadora contra la naturaleza, los servicios públicos, la salud, el comercio, la industria, etc. Esta lógica se manifiesta en la política, en el mundo de las ideas y del pensamiento, en particular mediante el control de los medios de comunicación por parte de grandes grupos empresariales. La democracia misma se ha visto fuertemente debilitada por ello. Se impone entonces con urgencia el desafío de cambiar el modelo para salvaguardar la vida en el planeta y la dignidad de sus habitantes.

En el campo de la cultura, se ha incrementado fuertemente la concentración de la producción cultural, caracterizándola como “industria del entretenimiento” o “industrias creativas”, impulsando empresas transnacionales con negocios globalizados que van desde la publicación de libros, la producción musical, la producción o comercialización audiovisual, el control de todo tipo de medios de comunicación y los canales de acceso a Internet. Las redes de influencias y poder que posibilitan la “industria de la información y el conocimiento” son únicas. No es una mera casualidad que grandes grupos de la edición sean parte de gigantes de las comunicaciones y tengan, o hayan tenido, vínculos con la industria armamentista, la gestión de las aguas, el “negocio de la educación” e Internet.

Si bien todo proyecto editorial debe conjugar dimensiones de carácter cultural y comercial, en el campo editorial se expresa fuertemente la tensión cultura-comercio: por una parte, tenemos un polo en el que prima un vínculo con la escritura y la lectura como una práctica cultural liberadora, con toda la gama de grises; y por otra, un polo en el que prevalece el carácter comercial del libro, que remarca su condición mercantil y excluye y destruye contenidos y títulos que no generan suficientes utilidades en un plazo determinado.

La edición independiente, con su amplia y rica diversidad, así como con sus debilidades, es un movimiento que surge como resistencia a la concentración y la mercantilización a ultranza en el ámbito del libro y la cultura y, en buena medida, encarna el polo cultural de este quehacer.

 Las editoriales independientes entienden el libro principalmente como un bien cultural y social; por el contrario, la mayoría de las prácticas propiciadas por las multinacionales del libro y los gigantes del Internet vienen a representar el extremo del polo comercial y las lógicas del gran capital.

Entrados ya en el siglo XXI, es difícil desvincular fines y medios: qué se dice y dónde se dice. Vemos así que muchas de las ideas y los escritos que buscan impulsar el debate, la creación y el pensamiento crítico, la justicia y la igualdad se publican en editoriales de grandes conglomerados con múltiples sellos editoriales. ¿Acaso los sentidos transformadores de dichas obras no tienden a anularse al entrar en el engranaje de la industria del entretenimiento? Como nos demuestran los hechos, las empresas transnacionales en sus distintos ámbitos de acción son la expresión misma del sistema que nos domina. Publicar con ellas, ¿no es acaso entregar, de una u otra manera, el mundo de las ideas transformadoras a quienes sientan las bases del modelo que criticamos? ¿No es acaso reforzar el control del gran capital sobre la palabra y nuestro cotidiano? Además, ¿es que podemos evitar preguntarnos cuáles son las inversiones entrecruzadas de los grupos empresariales que son propietarios de los sellos editoriales? ¿Son inocuos esos cruces?

Por otra parte, el voraz apetito de mayores ganancias imprime un ritmo de aceleración continua al sector, que contradice el sentido y el tiempo que requieren la creación, el saber y el conocimiento para ser potencias transformadoras, reduciéndolo todo a meras mercancías y simples actos de consumo.

En los países del Sur, estos grandes grupos son además una expresión del colonialismo cultural que sigue marginalizando la creación, la traducción y la producción local. Su quehacer limita la autonomía de los espacios locales del libro y la cultura, atentando así contra la bibliodiversidad y, a través de sus medios de comunicación y de la cooptación de los mediadores culturales, fortalecen las políticas que privatizan el espacio público y las expresiones culturales mismas. En tal sentido, creemos necesario reforzar la consistencia y coherencia entre texto y contexto.

Es claro que las editoriales independientes y las universitarias no logran el mismo impacto en difusión, circulación, ventas y generación de derechos de autor que las multinacionales. Son parte de un ecosistema bastante frágil, que también incluye la librería independiente, y su vocación no es ser dominante ni gigantista sino respetuosa de lo “glocal”, a escala humana y bibliodiversa. Como existen y sobreviven en un medio económico donde la cultura no está entre los derechos sociales garantizados por el Estado, no solo deben lidiar con los obstáculos que impone el modelo imperante con sus códigos y políticas instalados como “sentido común” –el reducido espacio en los medios de comunicación para el libro se concentra en los bestsellers y las publicaciones de los grandes grupos, así como sucede en las vitrinas y mesas de las librerías de cadena–, sino que también, ven limitado su desarrollo, ya que muchos de los autores que logran ventas significativas terminan migrando a las multinacionales del libro, tentados por los anticipos, la figuración pública y el “prestigio”. No es fácil resistir a esas tentaciones. Lo comprendemos. Pero es un hecho que esta situación dificulta el sostenimiento de catálogos ricos y diversos que requieren por parte del editor independiente de un necesario equilibrio entre las obras que se venden menos con otras de mayor circulación y venta.

Si permitimos que el mundo del libro sea dominado por el criterio de los rankings, de quien paga más y de la fórmula de las multinacionales en la que cada libro debe ser un negocio en sí mismo terminaremos limitando o anulando la reflexión crítica y la diversidad como posibilidad de cambio.

Estamos convencidos de que sólo actuando juntos y solidariamente –autores, traductores, editores, libreros, bibliotecarios, periodistas, críticos, lectores– podremos cambiar el estado de las cosas, revirtiendo el círculo vicioso que vivimos, dando “sentido y razón” de manera íntegra al libro como un potencial instrumento que contribuya a generar una humanidad más justa, atenta y amable con su entorno. Contribuir en la omisión con esta dinámica de concentración y dominio de unos sobre otros puede significar, a la larga, hipotecar la fuerza transformadora de nuestro trabajo y fortalecer el sistema imperante. Se hace urgente entonces poner en cuestión esta realidad –considerando el papel que juega cada uno en el afán anulador y devorador del otro– y comprometerse por el cambio en todos los ámbitos de nuestro quehacer, resistiéndonos al dominio de una lógica extractivista en el ámbito del pensamiento.

Por todo ello, apelamos a los autores y autoras, académicos e intelectuales a trabajar con proyectos que busquen transformar el orden de las cosas y no a consolidarlo; a publicar con editoriales independientes de sus países y optar por estas en otras latitudes y/o lenguas, para impedir que sus obras sigan reforzando la dominación del gran capital y la concentración de los grupos corporativos y las transnacionales. Para salvaguardar el mundo y la dignidad humana, es necesario enfrentar las lógicas depredadoras y de insaciable acumulación en todos los campos como un ethos de estos tiempos. El libro, la creación, el pensamiento y la palabra son factores fundamentales en ese camino.

 

El Comité internacional de editores independientes, representando a las 750 editoriales de 55 países en el mundo miembras de la Alianza internacional de editores independientes

 

Samar Haddad, Siria (Atlas Publishing), coordinadora de la red lingüística arabófona

Müge Sokmen Gursoy, Turquía (Metis Publishers),coordinadora de la red lingüística anglófona

Colleen Higgs, África del Sur (Modjaji Books),vice-coordinadora de la red lingüística anglófona

Aliou Sow, Guinea Conakry (Ganndal),coordinador de la red lingüística francófona

Paulin Assem, Togo (AGO Média),vice-coordinador de la red lingüística francófona

Élisabeth Daldoul, Túnez (elyzad),vice-coordinadora de la red lingüística francófona

Paulo Slachevsky, Chile (Lom Ediciones),coordinador de la red lingüística hispanohablante

Mariana Warth, Brasil (Pallas Editora),

Carla Oliveira, Portugal (Orfeu Negro),coordinadoras de la red lingüística lusófona

Tinouche Nazmjou, France/Irán (Naakojaa),coordinador de la red lingüística persa

Anahita Mehdipour, Alemana/Irán (Forough Verlag),

vice-coordinadora de la red lingüística persa


Las y los representantes del Consejo y del equipo

de la Alianza internacional de editores independientes

Laura Aufrère, presidenta

Luc Pinhas, vice-présidente

Thierry Quinqueton, vice-présidente

Laurence Hugues, directora


jueves, 6 de agosto de 2020

Noticia de la muerte de Edith Aron, "La Maga"

El siguiente obituario apareció en el diario británico The Guardian, el 17 de junio pasado. Fue escrito por Joanna Bergin a propósito de la muerte de su madre, la escritora y traductora Edith Aron (foto), inspiradora del personaje de “La Maga”, en Rayuela, de Julio Cortázar.

Edith Aron

Mi madre, Edith Aron, que murió a los 96 años, fue una escritora, traductora y profesora alemana, que tuvo importantes vínculos con la literatura sudamericana.

Nació en Hamburgo, en Saarland, fue la hija de Sigmund Aron, un hombre de negocios, y de su esposa, Elizabeth (nacida Wolf), una enfermera. En 1934, cuando sus padres se separaron, su madre se la llevó a Buenos Aires, donde tenía familia, y allí pasó el resto de su niñez como alumna del colegio Pestalozzi.

Después de la guerra, llegó una carta de su padre, en la que le anunciaba que había sobrevivido en Francia; Edith volvió a Europa para visitarlo en 1950. Luego se mudó a París, donde estudio Historia de la Música en el Conservatorio de París, con Alexis Roland-Manuel, y se hizo amiga del poeta Paul Celan, del novelista Günter Grass, del artista Sergio de Castro y del escritor Julio Cortázar, quien le dijo a su editor que Edith había sido la inspiración para La Maga, el personaje de su celebrada novela Rayuela.

En París, Edith tradujo al alemán novelas, cuentos y poemas de otros amigos –Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Silvina Ocampo–, presentando por primera vez la literatura sudamericana al público alemán.

A fines de los años cincuenta, se mudó a Berlín, estudió literatura alemana en la Freie Universitat, y siguió trabajando como traductora para estaciones de radio, particularmente  RIAS Berlin. En 1965, su madre se enfermó de cáncer y volvió a la Argentina para estar con ella.

Durante una visita al Reino Unido, Edith conoció al artista inglés John Bergin. Él la siguió a París, donde vivieron juntos, y luego a Buenos Aires. Se casaron en 1968 y yo nací ese mismo año.

A Edith le pareció bien que yo creciera en Europa, y la familia se mudó a St. John’s Wood, en el norte de Londres.

Publicó Die Zeit in den Koffern (1989), un volume de cuentos en alemán. Hay una traducción de éstos que apareció en 2007 bajo el título 55 Rayuelas. , Die Falschen Haüser (1999), otro volumen en alemán, se publicó en 2017 en inglés como The False Houses.

En Londres, Edith se separó de John y me crió sola. Enseñaba alemán en el Goethe Institute y a estudiantes de ciencias en el Imperial College, y trabajó como profesora privada. Mientras tanto, siguió escribiendo cuentos.

Sus amigos y yo la valoramos por su carácter singularmente ardiente e indomable, con una perspectiva e ingenio maravillosamente positivos.