jueves, 16 de agosto de 2018

"El discurso de que se habla mucho español en Estados Unidos es falso"


Con firma de March Mazzei, el 12 de agosto pasado apareció en Clarín la siguiente entrevista con el escritor puertorriqueño Eduardo Lalo, que enfrentó al rey de España en el Congreso de la Lengua de Puerto Rico (ver asimismo en este blog, la entrada correspondiente al 29 de marzo de 2016).

Eduardo Lalo, el vengador del idioma castellano

El hombre sale corriendo, arrancándose la corbata. En el camino se encuentra a un amigo y le dice que no puede creer lo que acaba de oír y que debe irse. Sube al auto, es el mediodía, atraviesa la ciudad a toda velocidad, llega a su casa y no abre una ventana, no alimenta al perro, se sienta a la mesa a escribir. El texto se publica al día siguiente en el diario más importante de Puerto Rico y cambia el rumbo del VII Congreso Internacional de la Lengua Española organizado en San Juan de Puerto Rico en 2016.

El hombre convulsionado es Eduardo Lalo, ganador en 2013 del Premio Rómulo Gallegos y lo que escuchó fueron dos cosas. Primero, al entonces Director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, decir en la inauguración que por primera vez el congreso se realizaba fuera de Hispanoamérica. Y en el discurso que le seguía, al Rey Felipe VI encantado de haber regresado a los Estados Unidos. “Puerto Rico no es parte de Estados Unidos sino un territorio invadido”, respondió en el artículo Actos de barbarieLa columna dio vuelta al mundo y está publicada en Intervenciones (Corregidor), el nuevo libro de Lalo, que fue uno de los invitados centrales a la 7ª Feria de Editores, que se realizó el fin de semana en Centro Cultural Konex. El sábado a la tarde, Lalo participó de una entrevista pública junto a Claudia Piñero. Además de esta recopilación de conferencias, cartas abiertas y alegatos producidos en los últimos años, Lalo presentó en Buenos Aires su nueva novela: Historia de Yuké, donde imagina la reacción de los pobladores americanos a la llegada de los conquistadores. Con formas diferentes y una elocuencia inusitada, Lalo aborda lo que él llama "la cuestión caribeña". Una herida fundacional que sigue sangrando en toda América. “La Conquista no termina nunca”, sostiene.

–¿Qué efectos reales tuvo aquel artículo?
–Alteró la estructura del Congreso, porque al final cambió el lenguaje y hubo una petición de disculpas. Porque Puerto Rico es una tierra conquistada, una colonia. Pero aún en el caso improbable de que Puerto Rico fuera un estado de Estados Unidos sería una provincia latinoamericana.

–A la distancia, ¿qué cree que motivó a los españoles?
​–Hay una agenda, política y económica. Es una actividad para, como dirían ellos, publicitar la marca España en el mundo. Vieron la oportunidad de multiplicar los institutos Cervantes y entrar al mercado estadounidense. “Mira, lo estamos haciendo aquí”. Pero eso no va a pasar. El discurso de que se habla mucho español en Estados Unidos es falso. Porque es un español de inmigrantes de primera generación que ni saben inglés. Y sus hijos si van a la escuela no saben escribir en español, no lo leen y muchos no lo hablan.

–¿Y qué hay de los hispanos?
–No hay quienes se asuman como hispanos. Son naciones inexistentes. Es una identidad construida desde la perspectiva de Estados Unidos para decir "tú eres un otro". Hispanic no es una traducción de hispano, se referían a la primera gran masa de inmigrantes que hablaban español. Es tal la ignorancia que no pueden ubicar un país de América, entonces hacen un cesto donde ponen todo. El español no se va a preservar. Esa gente no va a ir en su vida a un Instituto Cervantes porque haya inmigrantes. Hoy el interés está en la cultura latinoamericana. En los programas de grandes universidades no se enseña literatura española sino latinoamericana. Y eso se debe a que la literatura española moderna tiene muy poca trascendencia.

–Habla de Puerto Rico como una colonia y en Historia de Yuké retoma esa idea recurrente. ¿Cuál es la forma que toma?
–Es un libro que puede desorientar a los lectores porque es otro tono, como inesperado. Está dedicado a mis hijos, que siempre me pedían historias. Una, la del Capitán Frío, les impactó mucho y me pidieron que la escribiera. Pero al divorciarme perdí el manuscrito. Ellos siguieron insistiendo y hace tres años redacté la primera oración: “El bosque de El Yunque es muy antiguo, mucho más de lo imaginado”. Entonces me propuse hacer historia de la montaña, desde el origen hasta la Conquista. Como todo caos de improvisación, esperando algo que aparece.

–¿Hizo una investigación en busca de realismo?
–Ninguna investigación, ya había leído mucho. No quería reproducir lo que ya se conoce sino quería ficcionalizar lo que debió haber sido. Era como una especie de antropólogo amateur. Pretendo contar la Conquista pero desde el punto de vista de la memoria que no registró la historia. Tuve que inventar su perspectiva, porque, ¿qué era un español para un un originario de esas tierras? Claro, "español" no significa nada. No tiene referente. Para él estaba su pueblo, su región, su tribu, y viene de tierra adentro, lo capturan, lo llevan a la costa, lo meten en un barco, aparece en otro sitio. Él no vio adonde fue, cuando era libre vivía en una cultura civilizada incluso. Por eso el grado de estupor, de incomunicación que debe haber vivido es lo que trato de rescatar.

–Todo tiene un grado de brutalidad...
–También es una reivindicación a esos pueblos que son los que más han sufrido. Siempre digo que el Caribe fue el laboratorio de América. Cuando llegaron Cortés y Pizarro ya sabían lo que tenían que hacer. Estuvieron treinta años ensayando con las enfermedades, la intimidación. Esto que hace el Capitán Frío, que le corta la nariz y las orejas a alguien y lo deja en la playa es lo que hacían los conquistadores. Ni falta que hizo que te dijeran "¿quieres ser mi esclavo?". Es el acto de violencia de entrada, para preparar el terreno.

–¿Se ven hoy marcas de esta violencia?
–Yo creo que la conquista no termina nunca. Que claramente se cristaliza de generación en generación. Sobre el debate del aborto en la Argentina, decía que el aborto no es legal porque la Conquista ubicó a la mujer en un lugar en que no tienen derecho sobre su cuerpo. Eso es producto de la Conquista, eso es esclavitud, es la servidumbre. Es otro aspecto de una política sobre los cuerpos.

–¿Puede revertir algo la llamada revolución de las mujeres, aunque sea por inesperada?
–Es una señal muy positiva. Estuve en la Plaza del Congreso el miércoles y ver a mujeres gritando, coreando sus consignas feministas... eso es nunca visto. Están tomando el protagonismo, y hay varones dándole ese protagonismo a la mujer. Ahora, tendría que ser la liberación o la revolución de muchísimas otras cosas. Una sociedad como la argentina, ¿qué lugar les da a los indígenas?, ¿dónde los ha metido? Aquí cualquiera te va a hablar de que en la Argentina no hay negros. Y están ahí. ¿Dónde ves a las sexualidades alternas y a los pobres?, ¿cómo los haces también a ellos protagonistas del país?


miércoles, 15 de agosto de 2018

Paulo Slachevsky dice cuatro verdades sobre la actitud de la Corporación del Libro y la Lectura de Chile y sus manejos ante la Feria Internacional del Libro de Santiago


Paulo Slachevsky, director y cofundador con Silvia Aguilera de Lom Ediciones, de Chile, publicó el 7 de agosto pasado, en eldesconcierto.cl el siguiente texto, referido a la situación generada por la Corporación del Libro y la Lectura , que afecta la realización de la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA).

Para que los lectores no chilenos comprendan los términos de la nota, la Cámara Chilena del Libro es una asociación gremial compuesta por 79 socios (a marzo de 2016) provenientes de empresas editoriales, distribuidoras de libros y librerías (ver lista completa en: https://camaradellibro.cl/socios/listado-de-socios/).

Por su parte, la Corporación del Libro y la Lectura, separada de la anterior en 2015, constituye un grupo de casas editoriales –fundamentalmente multinacionales españolas y cadenas de librerías– que, por su poderío económico y su fuerza de lobby, hasta ahora hizo lo que quiso en desmedro de la producción local. La lista de sus socios puede consultarse aquí: https://libroylectura.cl/socios/

Finalmente, el resto de los editores chilenos se nuclean en dos importantes grupos: por un lado, Editores de Chile, una asociación gremial que reúne a editoriales independientes, universitarias y autónomas (ver lista en http://editoresdechile.cl/editoriales-asociadas/); por otro, en la Cooperativa de Editores de la Furia (sus miembros son: http://editoresdelafuria.cl/content/4-nosotros). Unos y otros constituyen, por lejos, lo mejor que sucede del otro lado de la cordillera términos de edición.
 
FILSA, las cartas sobre la mesa

A través de una carta dirigida al presidente de la Cámara Chilena del Libro y a la ministra de Cultura, la Corporación del Libro y la Lectura informó que sus socios no participarán este año en la Feria Internacional del Libro de Santiago, Filsa. Desde entonces se han multiplicado los artículos y opiniones en la prensa, que atizan las antiguas y siempre nuevas tensiones en el sector del libro. La declaración que hace detonar el conflicto expresa las buenas intenciones de sus actores en favor del libro, la lectura y la igualdad: “Una muestra anual y mayor del libro debe representar a todos quienes la componen, a los cuatro referentes gremiales del libro existentes hoy en Chile, y en igualdad de condiciones. Que esta debe ser una fiesta cultural atrayente, que ponga la atención de los ciudadanos en la importancia del libro y la lectura, sin limitaciones de acceso, sin fines de lucro…”, señala la misiva de la Corporación, fechada el 1 de agosto. Nadie puede negar que son bonitas las palabras que motivan la renuncia, sin embargo más de algo no funciona en esta composición: lo primero, es que a menos de tres meses de la inauguración del certamen ellos tomen tal decisión… Cuesta creer en tan pulcras intenciones.

Cabe recordar que quienes conforman hoy la Corporación del Libro son los que por décadas hicieron parte y dirigieron la Cámara del Libro junto a los que aún permanecen en dicha asociación, organizadora de la Filsa. Son los mismos que instalaron y naturalizaron, repitiendo hasta la saciedad, un modelo de Filsa tipo mall, sustentado en el privilegio de unos pocos y el lucro, como primer fin, que se expresaba en: un alto costo de la entrada para el público; una programación cultural tipo matinal de TV; el elevado cobro por stand que se ha configurado en una real barrera de entrada para los editores medianos y pequeños; la distribución del espacio tipo apartheid, donde las multinacionales dominaron toda la nave central, relegando a la edición local e independiente a los márgenes; así como la venta de saldos de bodegas acumulados por estos últimos grupos. A la luz de estos hechos, tanta manifestación de altruismo es algo que a simple vista no deja de despertar sospechas.

El lucido sociólogo francés Pierre Bourdieu estableció un interesante instrumento de análisis del mundo del libro al instalar el concepto del campo editorial, el que, al igual que el campo artístico en general, se estructura en base a «la oposición entre el arte y el dinero, nacida en el siglo XIX cuando se autonomiza el campo intelectual». En su artículo del año 1999, Una revolución conservadora en la edición, señala: «Como el libro es un objeto con doble cara, económica y simbólica, mercancía y significación a la vez, el editor es también un personaje doble, que debe saber conciliar el arte y el dinero, inclinándose hacia uno u otro polo, realizando una combinación más o menos lograda de estos dos elementos tan irreconciliables, sociológicamente, como el agua y el fuego, el amor por el arte y el amor mercenario del dinero». El análisis de Bourdieu sobre el campo editorial francés da cuenta de cómo a través del tiempo se ha acrecentado la influencia de las presiones económicas y del polo comercial, imponiendo una revolución conservadora en el sector: el triunfo de un «universal comercial que se opone diametralmente, tanto por su génesis social como por su calidad literaria, al universal literario».

Aplicar este modelo de análisis a nuestra realidad ayuda a poner las cartas sobre la mesa y a entender qué está en juego. Los cuatro referentes gremiales expresan claramente los polos del campo editorial chileno. El polo comercial está dominando por la Corporación del Libro, el de las “grandes editoriales” como lo denomina la prensa, que representan fundamentalmente al gran capital editorial: un par de grupos transnacionales que se han concentrado fagocitándose entre sí, junto a algunos actores locales que siempre se han sentido más cómodos a su lado. Le sigue en ese polo la Cámara Chilena del Libro, donde permanecen algunas editoriales de diferente tipo junto a distribuidores y algunas librerías, organización que está bastante debilitada y desacreditada, producto de la falta de iniciativa y de sus propias prácticas. Del otro lado está gran parte de la edición chilena, conformada por editoriales independientes y universitarias: Editores de Chile, Asociación Gremial de Editores Independientes y Universitarios; y la Cooperativa de Editores de la Furia; ambas reúnen a más de cien editoriales. Este sería el polo de la cultura, la clara expresión de la bibliodiversidad, que asume y defiende la Convención Internacional para la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales de Unesco en el ámbito del libro.

Es entendible que hoy la Corporación no soporte haber dejado de ser el amo y señor de la principal feria del libro en Chile. Por su naturaleza misma, estos conglomerados buscan dominar, dirigir y copar el mercado. No ser parte, o más bien dueños, del negocio de la feria atenta contra su naturaleza. A ello se suman las clásicas enemistades y rencillas personales entre quienes por largos años fueron socios en el quehacer de la Cámara. El intento por parte de la Corporación de apropiarse de la marca Filsa fue una clara expresión de la disputa, que los llevó incluso a enfrentarse en tribunales, desde donde no salieron muy bien parados luego del frustrado y poco digno empeño. También está presente el clasismo, tan propio de nuestra sociedad chilena. Que libreros y distribuidores, entre ellos los de San Diego, formen parte de la organización de Filsa, les debe ser algo incómodo, o mejor, intolerable: “los lectores y el país no se merecen una feria internacional del libro desmedrada e improvisada, menos si en su organización están excluidos los editores”. ¡Qué falta de clase, por favor!

Por último, y no menos importante, es cómo se ha leído y valorado esta sustracción a participar, o ausencia de la Corporación en Filsa, que nos devuelve un buen reflejo de nuestro “malinchismo” inherente. En el mundo del libro, este apego a lo extranjero, menospreciando la producción propia, es pan de cada día, porque ha colonizado las mediaciones públicas del libro: desde la valoración que hacen buena parte de los periodistas y editores de prensa en los esmirriados artículos y críticas literarias, hasta quienes deciden los libros que se compran para bibliotecas escolares del Ministerio de Educación, donde año tras año se denigra la edición local. Por supuesto, esta colonización también ha tocado a muchos autores, quienes ven una consagración el ser editados por una transnacional: luce como una brillantina de éxito globalizado. Por lo demás, claro está, les asegura prensa express, vitrinas en librerías, mayores ventas y entrada al establishment literario y cultural del país. Así las cosas, y por las alarmantes reacciones que se leen en la prensa, pareciera que sin la presencia de estos grandes grupos se hiciera la noche en el mundo editorial chileno y no fuera posible la existencia de una Filsa con otra cultura organizacional. Pero como podemos ver, razones no faltan para intentar comprender este quiebre, más allá de las bellas pero poco consistentes palabras de sus detractores.

Podemos pensar en esta crisis como una oportunidad para abordar de una vez por todas, de manera seria y responsable, qué queremos hacer del mayor evento del libro de Chile. Claro está que nos falta mucho para que Filsa sea una verdadera fiesta de la cultura y del libro –como lo son, en formato y aspiraciones más modestas, la Furia del Libro y la Primavera del Libro–; el modelo que hemos conocido, y que se reproduce a sí mismo cada año, lleva tiempo mostrando signos de franco deterioro. Hace años también que se han presentado propuestas, y claro está que hoy se hacen urgentes los cambios de forma y fondo, por lo que es hora de que el protocolo de acuerdo entre las cuatro asociaciones firmado en años anteriores logre dar pasos sustantivos en la construcción de un modelo diferente de gestión participativa, donde Filsa deje de ser fundamentalmente un negocio para sus organizadores.

Bienvenidos los que desean sumarse a la construcción de espacios diversos, inclusivos y participativos, poniendo el interés colectivo como horizonte. En tiempos de luchas feministas hay mucho que aprender; entre otras cosas, que a veces hay que saber callar, lo que significa volver al silencio para reflexionar y desprenderse de las lógicas del dominador. Este ejercicio nos ayudará también a enfrentar de manera diferente los múltiples desafíos del mundo del libro, que van más allá de Filsa, y donde es necesaria la participación de todos para avanzar en la construcción de un ecosistema diverso, con equilibrios básicos, para que el libro recupere su base cultural, educativa y liberadora por sobre el carácter comercial. Chile necesita potenciarse como país creador y productor a nivel intelectual, para no seguir condenados a una economía desigual y de exportador primario: a ello aspira la Política Nacional de la Lectura y el Libro.

martes, 14 de agosto de 2018

"¿Cuántas editoriales independientes sacan el equivalente a un sueldo para quienes trabajan en ellas?"

El 9 de agosto pasado, en la página diaria de cultura del diario Clarín, la escritora y periodista Patricia Kolesnikov se preguntaba si alcanza la buena voluntad para sostener una literatura. Lo hacía en vísperas de la Feria de Editores, que tuvo lugar durante el 10, 11 y 12 de este mes. Lo que siguen son su reflexiones.

¿Cuántos libros tiene que vender 
un escritor argentino?

Si algo amamos amar, en nuestra cultura argentina, es la existencia de una constelación de editoriales independientes, cada cual con brillo propio. Y cómo no: surgidas al calor de la crisis de 2001 ese calor de gomas quemadas en las esquinas–, estas editoriales que van de medianas a mínimas (pueden estar formadas por un par de personas con un buen capital o por cinco amigas entusiastas) movieron mucho de lo más interesante de la literatura argentina de los últimos 20 años.

Oh, 20 años ya. Las independientes se consolidaron, entraron a la Feria del Libro, lanzaron autores que tuvieron buena acogida y, como siempre pasa, se les fueron con las editoriales grandes, que tienen mejor distribución y, generalmente, pagan mejores adelantos. Y hasta inventaron una Feria del Libro propia, la Feria de Editores, que se fue llenando de gente. Este fin de semana –de viernes a domingo– se hace la séptima edición en el Centro Cultural Konex. Nadie duda de su éxito.

Del editor al lector en serio, atendidas por sus propios dueños en serio, las editoriales ofrecen a los lectores ese viejo y buen uno a uno y la disposición para hablar de literatura. No habrá grandes "banners" ni empleados uniformados con frases marketineras. Un alivio.

Pero el lado B del entusiasmo independiente es, quizás, igual a su virtud: los libros –muchas veces distribuidos a pulmón por los propios editores, que también serán correctores, traductores y lo que haga falta– no siempre se encuentran en muchas librerías. Los autores no siempre cobran algo por su trabajoPero los editores tampoco: una cadena de producción cultural literalmente por amor al arte.

¿Cuántas editoriales independientes sacan el equivalente a un sueldo para quienes trabajan en ellas? Dos o tres, calcula un editor que pide discreción.  Como muchas, su editorial publica entre dos y cuatro libros por año. Y transita esos meses como un equilibrista: tiene que vender unos 1.000 ejemplares de un título para no caerse de la cuerda. Este año la pegó con uno –que resultó a la vez de calidad y atractivo para un público más amplio– y eso le da aire para seguir editando. Así la vida. Y tiene uno, dos trabajos más: eso sostiene la pasión editora.

En general, aporta otro editor, se hacen tiradas chicas, dirigidas a un público específico, un fenómeno heredero del que protagonizó la poesía en los años 90. Conocen a sus lectores, hacen los ejemplares necesarios, sobreviven. Y más de una vez traen exquisiteces no gratas al paladar del gran público y cuyos números no son aptos para una editorial grande.

 “Publicar hoy es barato”, repiten todos. La tecnología hace que no sea necesario imprimir los 3.000 ejemplares de rigor décadas atrás. Y permite hacer la experiencia.

¿Cuántos libros vende un autor argentino? Desde una editorial trasnacional hacen una cuenta rápida: un tanque, 80.000 ejemplares, un libro bien comercial, 50.000; autores más “literarios” pero con nombres conocidos, entre 15.000 y 30.000. Los demás, por bien que escriban, de 1.500 para abajo. Son números optimistas: en empresas equivalentes, otros estiman que un autor argentino “del montón” no vende más de 1.000 ejemplares. No paga ni los costos de los que hablaba el editor independiente...

Quizás las independientes –recordemos otra vez el calor de su nacimiento– respondan al lugar que va tomando la literatura en la época: una experiencia a la que cada vez menos gente le dedica cada vez menos tiempo –así lo indica, de manera contundente, la última encuesta de consumos culturales del Ministerio de Cultura de la Nación, que muestra que en 2013 el 57% de la población leyó por lo menos un libro y en 2017 sólo el 44: más de la mitad de los argentinos no agarraron un libro en todo el año.

En la década del 80 la ensayista Beatriz Sarlo pronosticaba que, en el futuro, los lectores seríamos bichos raros encerrados en grutas. Sin llegar a tanto, damos lugar a un fenómeno en que “gourmet” también significa “poquitos”. ¿Cuánto se sostiene una literatura hecha a expensas del tiempo libro o la herencia? Esas dudas aparecen junto al florecimiento de las editoriales independientes, que merecen, por supuesto, todos los honores.

lunes, 13 de agosto de 2018

Una escritora de verdad al frente al frente del FCE, la prestigiosa editorial estatal mexicana



El pasado 8 de agosto, llegó a Buenos Aires la noticia de que la escritora Margo Glantz fue designada como la nueva directora del Fondo de Cultura Económica, de México. Se trata de un hecho trascendente que la mayor parte de la prensa argentina reflejó con alguna desinformación. Daniel Gigena, en el diario La Nación del 9 de agosto, fue el único periodista que se preocupó por investigar y no decir que se trataba de la primera mujer que ocupaba ese puesto. Lo que sigue es su texto. 

La nueva directora del Fondo de Cultura Económica 

A partir del 1 de diciembre, cuando Andrés Manuel López Obrador asuma como presidente de México, la escritora Margo Glantz será la directora general del Fondo de Cultura Económica (FCE), una de las editoriales latinoamericanas más importantes de Iberoamérica. Margarita "Margo" Glantz Shapiro nació en 1930 en Ciudad de México y su obra, que aborda cuestiones como el erotismo, la inmigración y la memoria, fue adquiriendo con el tiempo un carácter fragmentario. Es autora de notables ensayos sobre sor Juana Inés de la Cruz y la historia de su país. Recibió varios premios, entre otros el que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2004, y el Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, en 2015, que este año ganó un compatriota suyo, Juan Villoro.

Fundado en 1934 por el economista, historiador y político mexicano Daniel Cosío Villegas con el propósito de publicar materiales didácticos para los estudiantes de la Escuela Nacional de Economía, el FCE es un símbolo de gestión editorial. Si bien el adjetivo "económica" proviene del origen que tuvo la editorial y no hace referencia a los precios de los libros publicados por el FCE, estos no son excesivamente costosos y la editorial sostiene colecciones al alcance de las clases populares.

A pocos años de su creación, la labor del FCE se expandió a la literatura, los libros de ciencia y tecnología para niños y jóvenes, las ciencias sociales, la pedagogía y el arte. En su larga historia, publicó más de quince mil títulos en diversas colecciones al cuidado de científicos, narradores y poetas. Hoy, un tercio de esa cantidad se mantiene disponible para los lectores. En su catálogo, se encuentran libros firmados por autores como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges, Juan Gelman, María Zambrano, Mario Montalbetti y Elena Poniatowska.

El FCE fue una de las primeras editoriales en lengua española en impulsar en simultáneo la apertura de librerías en ciudades mexicanas para difundir su catálogo. Luego, cuando se fundaron filiales en otros países, ocurrió lo mismo en las capitales de la Argentina, Colombia y Perú. Actualmente, el Fondo tiene ocho filiales en el extranjero. En 2016, la editorial inauguró una gran librería en Costa Rica 4568.

Hasta hoy, solo una mujer había dirigido la editorial mexicana. Fue la socióloga Roxana Consuelo Sáizar Guerrero, entre 2002 y 2009. Al tratarse de una empresa estatal sin fines de lucro, los directores suelen cambiar con el traspaso de gobierno. Entre los más destacados directores del FCE figuran el escritor y químico argentino Arnaldo Orfila Reynal (cuya gestión duró casi veinte años), el editor Salvador Azuela y el poeta y ensayista Gonzalo Celorio. Una vez que concluya la presidencia de Enrique Peña Nieto, el actual director del FCE, el abogado, académico y periodista José Carreño Carlón, cederá su puesto a la escritora y profesora Margo Glantz.

Glantz se enteró de su nombramiento en el extranjero. Vía Twitter, agradeció las felicitaciones que recibió luego del anuncio hecho por el futuro secretario de Educación Pública de México, Esteban Moctezuma Barragán. Destacados intelectuales mexicanos, como Jorge Volpi, Enrique Krauze, el propio Carreño Carlón y Alberto Ruy Sánchez, felicitaron a la autora de Las genealogías y Saña. Glantz es profesora emérita de la Universidad Nacional Autónoma de México, periodista, ensayista, traductora y miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1995. Sus dos obras más recientes son Por breve herida (de 2017) y el flamante Y por mirarlo todo, nada veía, esta última presentada en mayo pasado. Ambas fueron editadas por Sexto Piso. En el sello que dirigirá a partir de diciembre de este año se encuentra publicada su obra reunida en tres tomos. El primero agrupa sus ensayos sobre literatura colonial; el segundo, la narrativa, y el tercero, textos sobre la literatura popular mexicana del siglo XIX.

viernes, 10 de agosto de 2018

La columna de Jorge Aulicino sobre el lenguaje inclusivo


La reflexión sobre el lenguaje inclusivo suma otro punto de vista, esta vez a través de la columna que el poeta y traductor Jorge Aulicino escribe especialmente para el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.

“El uso del idioma 
no hace consideraciones filológicas”

Los romanos nunca hablaron en griego. Los italianos dejaron de hablar latín. Los españoles también, los franceses, etc. Por el hecho de que el latín quedó confinado a la Iglesia, se lo consideró "muerto" durante unos siglos. Con el tiempo, algunos se pusieron a considerar de qué modo vive. Y eso sigue.

Pero el uso del idioma no hace consideraciones filológicas y en los países de habla hispana logra penetrar, a lo largo de años, siglos, por grietas, chimeneas y canalones en los severos claustros de la Real Academia Española (RAE), que ya hasta se avergüenza de las tres realizaciones que se auto-festejaba:  "limpia, fija y da esplendor". Ahora, o hace poco, su misión es solo tentativa: "tratar de que no se quiebre la esencial unidad que mantiene [el idioma]  en todo el ámbito hispánico" (José Manuel Blecua, El País, Madrid, 24 de marzo de 2007). Es la hegemonía cultural, lejana del buen trato cultural que hace un siglo o más existe entre España y sus ex colonias. En el caso de la Argentina, el vínculo es también afectivo, por la inmensa inmigración española de entre 1880 y 1950, de la que somos hijos y nietos, muchos, aquí.

Cuando el gobierno socialista español intenta ahora un cambio de adecuación de la Constitución española para que ésta se adapte al lenguaje "inclusivo", la RAE tiembla, entra en crisis, un escritor que es bestseller mundial amenaza con dejar su silla académica si la demanda del gobierno es aceptada por la RAE, etc.

El gobierno socialista español se ha puesto a la par de la RAE. Promueve un cambio institucional de la lengua. Intenta retomar la consigna de decidir qué es lo mejor para los hablantes de la lengua española en España, y si lo consigue con la RAE a favor, mejor, pues la RAE aún intenta "fijar" el idioma en todos los países que hablan un castellano de raíz española y latina.. Con los siglos, esto último será tan absurdo como que los habitantes del Lacio reclamen cómo se debe hablar en todos los países en los que se hablan lenguas romances. 

En base a principios loables, el progresismo se convierte en su enemigo. Es la experiencia de socialismo radical en todo el mundo (del que la socialdemocracia es sombra que ahora cobra vigor guerrero). Yo espero sinceramente que la deriva del socialismo (real) no sea la experiencia fatal del feminismo.


jueves, 9 de agosto de 2018

"Mucha gente 'no central' va incorporando palabras sueltas"


Publicada en Cultura InfoBAE el pasado 4 de agosto, con firma de Maximiliano Fernandez, la siguiente entrevista con Karina Galperín,  doctora en Letras por la Universidad de Harvard, profesora y directora de la maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato Di Tella, se centra en la actual discusión sobre el lenguaje inclusivo en la Argentina.

“La sobreactuación contra el lenguaje inclusivo
es esperable porque es una disputa entre generaciones”

“Chiques” en vez de chicos. “Todes” en vez de todos. “Amigues” en vez de amigos. Usar la “e” en lugar del género masculino como neutro. El lenguaje inclusivo explotó en las tomas de colegios que se hicieron durante la vigilia a la sanción del aborto legal en Diputados. El fenómeno, aún incipiente, encuentra cierta aceptación, pero, sobre todo, despierta intolerancia de parte de sus detractores.

Karina Galperín, doctora en Letras por la Universidad de Harvard, profesora y directora de la maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato Di Tella, es una de las voces que se alzó a favor del fenómeno o, al menos, optó por una postura más comprensiva.

En diálogo con InfoBAE, expresó: “Estamos ante un fenómeno inédito porque nunca ocurrió de esta manera que se toquen los principios de la lengua. Siempre los cambios fueron de un modo más inconsciente. No en torno a problemas – sociales o reivindicaciones. Eso se conjuga con que estamos en una época donde la circulación de la palabra escrita y oral tiene una amplitud y velocidad también sin precedentes”.

–Más allá de que se gesta a partir de una demanda colectiva, ¿cuál fue el puntapié inicial?
–No lo conozco y no sé si alguien lo conoce. De hecho, todas las descripciones del fenómeno son bastante vagas sobre sus orígenes. Se suele escuchar de sus detractores que es algo impulsado por el movimiento feminista, pero nadie especifica cómo, quién, cuándo. Yo creo que hace casi 20 años que comenzaron aisladamente en distintos lugares a surgir iniciativas sobre el lenguaje. En Argentina, en torno a la nueva Constitución surgieron ciertas alternativas.

–¿El movimiento feminista no potenció el fenómeno?
–Probablemente no nos hubiéramos fijado si el movimiento feminista no nos hubiera llamado la atención. Hay un nuevo foco que involucra al lenguaje, pero no creo que sea una iniciativa avanzada en forma orgánica por las mujeres. Me parece que es algo muy espontáneo, que tuvo un impulso dentro de la militancia y eso explica por qué tuvo atractivo en algunos círculos. Lo que sí, eso no explica por qué es un fenómeno lingüístico que atrae a otros sectores.

–¿Los cambios se producen porque el español es machista?
–Los lenguajes no son machistas o feministas. Las lenguas expresan relaciones y registran el mundo tal como existe. En este momento estamos viendo ciertas maneras para designar las composiciones de grupos con el que no estamos del todo satisfechos. Sobre todo la cuestión que el género masculino se use tanto para lo masculino como para la especie en su conjunto. Hoy, por la realidad nuestra, que cambió mucho en términos de posición de los grupos relevantes en la sociedad, dejó de ser preciso. Le estamos pidiendo a la lengua una precisión que incluya la distinción.

–O sea que hay otra ventaja más allá de la inclusión que se pregona…
–Es una cuestión de ser más precisos. No se puede obviar que existe una relación con el feminismo, pero esa relación abarcaría solo un uso lingüístico de nicho. Si estamos hablando de un fenómeno más amplio, es porque salió de esos círculos y le ofrece un atractivo a otra gente que simplemente quiere ser más precisa al expresarse.

–¿Creés que traspasó los colegios más ideologizados de Capital?
–Eso sin dudas porque es una lectura muy parroquial. No estamos hablando de un fenómeno argentino. Es un fenómeno dentro de la lengua española que existe en muchos otros países. Por ejemplo, en España hay una polémica muy álgida, pero también hay una discusión casi calcada a esta en otras lenguas. Lo que hizo el discurso de los colegios fue visibilizar algo que la mayoría no tenía idea de que existía, pero que en realidad existía hace más de 20 años.

–¿Qué debería hacer la escuela a partir de la explosión del lenguaje inclusivo?
–Me parece un error, en este momento de proceso de cambio, implicarse en más que informar, utilizar la lengua de manera natural. Estamos todavía en un mundo cuya norma es la norma antigua. Por lo tanto no dejaría de enseñar la norma. Tampoco enseñaría la novedad a no ser que los chicos lo pidan. Si los chicos lo utilizan, hay un buen tema de discusión.

–La RAE ya sentó posición y dijo que el género neutro es el de siempre.
–La gente que le pide algo a la RAE le está pidiendo algo muy prematuro. La RAE es como un escribano. En el momento en que este cambio sea consolidado deberá expedirse. Pero no es un cambio seguro. Estamos viendo una percepción de problema y ahí una solución que se está imponiendo: la del tercer género en “e”. Quizás la academia debería agregar que ven cierto diagnóstico de problema de parte de los hablantes, pero que ninguna alternativa se estableció como dominante.

–¿Esos otros casos en el mundo prosperaron o están en un estado embrionario como acá?
–En Francia, la academia y el gobierno fueron lapidarios en contra de los cambios, diciendo que eran una aberración que ponía a la lengua francesa en un peligro mortal. Esa reacción tan visceral también te habla de que hay una presión por ese uso muy fuerte.  En Alemania se ha avanzado en distintas instancias. En otras lenguas como el portugués, el hebreo, incluso el inglés en el que no hay género en sustantivos y adjetivos hay discusiones en torno a los pronombres. Claramente es un fenómeno bastante extendido, por no decir global. Ante una sociedad que cambió muchísimo, se está preguntando si la manera en que nombra las cosas la lengua está en la línea de las necesidades.

–¿Por qué creés que genera tanta indignación?
–Cualquier cambio en el lenguaje, que es una de las cosas más afectivamente arraigadas en nosotros, genera ese tipo de reacción. Los cambios son difíciles en general y en la lengua mucho más. Pero yo distingo dos tipos de reacciones: la reacción de “me resulta inutilizable”, “no estoy acostumbrado”, “no creo que me sirva”, pero que lo comprenden. Del otro lado, la reacción que yo no entiendo es la de “me resulta espantoso y ridículo” porque eso es cerrarse a entender algo que me parece muy interesante.

–¿Se exagera en la reacción?
–Es una sobreactuación esperable. Es una reacción que siempre ocurre ante los cambios. Sobre todo porque esto tiene un componente generacional: de enfrentamiento entre jóvenes y viejos, que siempre son ríspidos y arduos.

–¿Cuál sería el siguiente paso? ¿Una sistematización?
Lo que está pasando es que mucha gente “no central” va incorporando palabras sueltas, pero no todo el sistema. Hay gente que sigue hablando como siempre, pero dice “todes” o “amigues”. Vamos a ir muy despacio. No sé cómo. Es imposible de predecir. Falta muchísimo para que esto se establezca si es que finalmente se establece.

–¿De acá a cuántos años le ves posibilidad de instalarse?
–No tengo idea. Yo diría siglos. Como cambio completo me parece muy lejano. Yo desdramatizaría porque cuando ocurren estos cambios y dicen “me van a imponer”. En la lengua felizmente nadie –o casi nadie– le impone algo a alguien. Por lo tanto, relajémonos. Que los que no se quieran plegar, sigan hablando como siempre. Y los que quieran incorporar los cambios, también lo harán. Un paso adelante que ya se dio es que pasamos del ridículo a la risa cuando usamos lenguaje inclusivo.

–¿No estigmatiza eso a los chicos?
–Pero hay algo que puntualizar. Tanto los chicos como los grandes somos usuarios competentes de nuestra lengua. No hablamos de la misma manera en cualquier ámbito. Los chicos son perfectamente dúctiles como para hablar de esta manera con sus pares y traducirse a la lengua tradicional cuando hablan con los mayores.

miércoles, 8 de agosto de 2018

"Esta es nuestra fiesta, el gran acontecimiento anual de la edición independiente"


En sintonía con la nota de ayer, la de hoy, firmada en el diario Clarín, del 6 de agosto pasado, por Verónica Abdalá, ofrece mayores precisiones para los interesados en asistir a la Feria de Editores, que se desarrollará el Viernes 10, el sábado 11 y el domingo 12 de agosto en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131), de 14 a 21, con entrada libre y gratuita. (No se suspende por lluvia)

Con crisis y todo, la feria de los editores independientes crece

El de las editoriales independientes en la Argentina fue uno de los fenómenos culturales más explosivos e interesantes de la última década: el surgimiento y la proliferación de sellos pequeños y medianos sigue creciendo, al calor de una movida de público ávido de nuevas propuestas, que acompaña la ola.

Munidas de catálogos de calidad que no se rigen exclusivamente por los caprichos del mercado, y capaces de moldear en el tiempo una identidad propia, las independientes ganan espacios y reconocimiento en un contexto de crisis para el sector: los costos de fabricación crecen y los libros terminan siendo un producto suntuario para el consumidor. La clave parece estar en en el vínculo directo con  las comunidades de lectores.

Y si los lectores celebran que se diversifique la oferta, los autores agradecen estas nuevas dinámicas y circuitos para publicar, además de la posibilidad de intervenir en ediciones que suelen hacerse en colaboración con los mismos editores. Un fenómeno que explica que escritores consagrados –como Hebe Uhart, que publica en Blatt & Ríos; Sergio Bizzio, que lo hace en Interzona y en Mansalva-; Marcelo Cohen, en Sigilo y Entropía; o Sergio Chejfec, en Entropía- hayan ido volcándose al nuevo circuito. 

Acompañando el suceso, y en simultáneo con este despliegue editorial, la Feria de Editores (FED), que esta semana concreta su 7ª edición, fue ampliándose a lo largo de estos años. ¿Qué tiene esta Feria que no tenga la grande? Tal vez que promueve el encuentro con los lectores como uno de sus objetivos centrales y que recuerda la relación de confianza que antaño establecían los compradores con sus libreros de cabecera. Es que aquí no se trata sólo de comprar libros, sino, también, de charlar sobre los autores, asistir a debates sobre temas de actualidad editorial y cultural y disfrutar de  esa pasión compartida, del mismo modo en que el enólogo y el catador pueden regodearse degustando vinos.

La cita es este viernes, sábado y domingo en la Ciudad Cultural Konex, con entrada libre y gratuita. El evento contará con la participación de más de 30 editoriales del exterior, provenientes de Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, México y España.

Son tres las visitas que llegan desde el exterior y también lo harán editoriales de las distintas provincias y ciudades argentinas, como Córdoba, Santa Fe, Rosario, La Plata, Jujuy, Salta, Santa Cruz, entre otras. Este año, el evento sumará unos 250 stands.   

Será la oportunidad de descubrir novedades en narrativa contemporánea y clásica, poesía, música, cine, ensayo, ciencias sociales, periodismo, traducciones, libros álbum, diseño, cocina, historia, entre otros. Entre los sellos que participan, se encuentran Ediciones Godot, Fiordo, Entropía, Sigilo, Musaraña, Mil botellas, Blatt & Ríos, Interzona, Pequeño Editor, Limonero, Ediciones del Zorro Rojo, Adriana Hidalgo y Pípala, Gourmet Musical, Caja negra, Marea Editorial, Beatriz Viterbo, Periplo, Mardulce, La Bestia Equilátera, Eterna Cadencia y Alto Pogo.

También habrá una mesa especial que integrarán los mejores autores de ficción de América Latina menores de 40 años, distinguidos por el Hay Festival Bogotá39. Libros de quince de ellos fueron editados por sellos que participan en la feria: a partir de estos autores se realizó una antología publicada por editoriales de doce países, de las cuales cuatro estarán presentes: Sigilo (Argentina), Estruendomudo (Perú), Estuario (Uruguay) y Laurel (Chile).

Como en años anteriores, la Feria ofrecerá además distintas charlas en las que se reunirán autores en torno a distintas temáticas: en esta edición, una de las principales figuras invitadas es la filósofa eslovena Renata Salecl -filósofa, socióloga y teórica jurídica, que se desempeña como investigadora en el Instituto de Criminología de la Facultad de Derecho de la Universidad de Ljubljana, en su país y cuyos libros han sido traducidos a 15 idiomas-, que presentará su nuevo libro, Angustia.   

En su libro, la autora  la cuestión del rol del discurso político y mediático en relación a las angustias existenciales de los seres humanos contemporáneas, y de qué manera, en tiempos del capitalismo post industrial, los ciudadanos conviven con una ideología que, por un lado, alienta constantemente la toma de riesgos y los hace responsables de su propio bienestar, mientras por otro frustra las expectativas y los deseos de millones de personas. Su hipótesis apunta a plantear que, por desgracia, el aumento de la angustia contribuye al statu quo, porque quienes están constantemente preocupados por su propio bienestar no suelen desafiar los mecanismos del poder. 

También llega desde el extranjero el escritor mexicano y responsable de la editorial Sexto Piso, Eduardo Rabasa, considerado un referente de la edición independiente en habla hispana (quien además tiene una distribuidora que hace llegar a México  los libros de Caja Negra, Godot, Fiordo, La Bestia Equilátera, Adriana Hidalgo, entre otras). Así como el autor portorriqueño Eduardo Lalo (ganador del Premio Rómulo gallegos 2013 y que en la argentina publica Corregidor).

Programación

Viernes
 A las 15: “Conurbano disruptivo”. Charlan sobre poesía Silvina Giaganti y Patricia González López. Moderra Walter Lezcano. 16.30: “Historietas y Novelas Gráficas, de las redes a las librerías”, con Diego Agrimbau, Paula Sosa Holt y Dante Ginevra. 18: “Literatura y deuda”. Paula Tomassoni, María Pía López, Omar Chauvié y Carlos Ríos exploran los cruces entre economía y lenguaje. 19.30: “Los talleres del Río de La plata”. Charlan Liliana Villanueva y Antonio Santa Ana.

Sábado
A las 15: “Maternidades y paternidades desbordadas: entre la realidad y el deber ser”. Charlan: Ariana Harwicz, Melina Pogorelsky, Virginia Cosin. Modera: Daniela Pasik. 16.30: Presentación de “Bogotá 39”. Charlan Luciana Sousa, Mauro Libertella y Eduardo Rabasa. Modera: Maru Drozd. Invitan: Hay Festival, La gente anda leyendo y Sigilo. 18: “La agustia de la sociedad moderna”. Flavia Daniela Pittella entrevistará a Renata Salecl.

Domingo
A las 15: “Aborto y poder, entre el cisexismo, la corporación médica y el heterocentrismo”. Con Mabela Bellucci, Tom Máscolo y Maria Alicia Gutiérrez. Modera: Maria Luisa Peralta. 16.30: “Latinoamérica como pulso vital”. Una escritora y tres editoras de Argentina, Brasil y Colombia rastrean el panorama literario contemporáneo. Con Catalina González Restrepo (Colombia), María Fernanda Pampín (Argentina), Cecilia Arbolave (Brasil). Modera: Valentina Vidal. 18: “Es la política, estupidxs! Kirchnerismo, macrismo… y ¿después?”. Con Alejandro Grimson, Maristella Svampa, Alejandro Bercovich. 19.30: “Contraconquista cultural y literatura Latinoamericana”. Claudia Piñeiro entrevista a Eduardo Lalo. 

 

Las diferencias con la Feria grande

“La Feria de los Editores tiene algunas características que la hacen de especial interés para las editoriales de pequeño y mediano tamaño. Es distinta de la que se organiza en la Rural, más allá que son muchas las editoriales que participamos de ambas ferias. Entendemos que son dinámicas distintas. En la FED solo hay mesas y no stands, el objeto que más se luce es el libro. Las editoriales, sin importar su poder económico, están en igualdad de condiciones, lo cual conlleva una baja inversión al momento de participar. En la FED solo atienden los editores -ideal para charlar sobre los detalles de la confección del libro-, es por eso solo dura tres días.” Víctor Malumián, Ediciones Godot

"Las editoriales independientes garantizan la bibliodiversidad, muchas se dirigen a nichos de mercado desatendidos por los grandes grupos editoriales, o publican títulos poco rentables a corto plazo que de otra manera no tendrían canal de difusión. Trabajan con el catálogo de fondo y no con novedades, que es la manera en que se mueven las grandes. Así, en la FED es posible no sólo encontrarse con las novedades editoriales sino también con ricos y variados fondos. Creo que el público que llenó la FED en ediciones anteriores lo comprende y sabe que, luego de visitarla, se enriquecerá su biblioteca con títulos que valen la pena. Y de yapa, charla con los editores y se lleva recomendaciones para seguir comprando durante el año en las librerías."​ Constanza Brunet, Marea Editorial 

“Esta es nuestra fiesta, es el gran acontecimiento anual de la edición independiente de Buenos Aires. Lo que quizás más distinga a esta de la Feria del Libro es la afinidad absoluta que hay entre las editoriales que participamos y los lectores que concurren, que por otra parte son más año a año. Por eso disfrutamos tanto de la FED: tenemos la oportunidad de estar muy cerca de nuestros lectores (los que ya tenemos y los potenciales) y los libros que hemos publicado a lo largo del año se convierten más que nunca en un hecho palpable y vivo, pleno de sentido.” Maximiliano Papandrea, Sigilo