miércoles, 2 de septiembre de 2015

"El milagro de reírse en dos lenguas distintas de una misma cosa"

Publicada el 15 de julio pasado en el diario ABC, en la sección Provincias correspondiente a Sevilla, la brevísima entrevista a la crítica y traductora Yolanda Morató es una perfecta muestra de cómo, incluso en muy poco lugar, se puede decir mucho.

Una buena obra mal traducida deja de serlo

La profesora de Filología Moderna de la Universidad de León, Yolanda Morató ha realizado una reivindicación del papel del traductor literario en su intervención en los cursos de verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona.

Según explica se trata de una figura no siempre reconocida en el mundo editorial, pero de gran importancia, ya que «una buena obra con una mala traducción deja de serlo para un sector importante: sus lectores en lengua extranjera» y añade que «curiosamente, nadie dice nada cuando sucede a la inversa».

A juicio de Morató, las editoriales sobre todo, pero también las revistas, los suplementos literarios y sus críticos, son «decisivas a la hora de visibilizar la figura del traductor». Ella misma afirma recordar haber leído muchas reseñas en las que «se alaba el fino sentido del humor del escritor, pero no se decía nada del verdadero artífice de ese milagro que consiste en que dos culturas diferentes consigan reírse en dos lenguas distintas de una misma cosa».

El panorama de la traducción en España indica que la literatura norteamericana es la más traducida desde hace décadas, si bien cada vez se traduce a autores de otras literaturas, algo en lo que suele tener mucho que ver la concesión del Nobel a personas de otras lenguas. Es el caso de lo ocurrido en los últimos tiempos con las literaturas sueca o polaca, explica Morató.

En cuanto a la realidad del mercado de la traducción literaria en España, la profesora de la Universidad de León considera que hay editoriales «que no tratan bien a quienes hacen que la obra hable la lengua del lector». Entre los problemas a los que se enfrentan los profesionales del sector encuentra prácticas como, «que un sello o un corrector modifiquen en un minuto lo que el traductor ha tardado un par de días en formular». Y junto a ello, la tardanza en el cobro, los plazos de entrega, las bajas tarifas, la constante disponibilidad o las jornadas «interminables», algo que Morató define como «la deshumanización de los oficios».


martes, 1 de septiembre de 2015

"Por ser de donde soy siempre me ponen problemas. La figura del rumano está muy estigmatizada"

El 11 de junio de este año Catalina Gayá publicó la siguiente entrevista con la traductora rumana Ioana Cornea, en El Periódico, de España.

"Migrar es traducir, y traducir es una forma de comunicar"

La encuentro en el Born, en Barcelona, y, sin conocernos de nada, me saluda como mexicana, de abrazo.

–Estoy entre maletas, escogiendo qué vestidos me llevo. He estado siete años en Barcelona y el siete significa cambio, perfección.

–¿Adónde se va?
–El 28 de junio me voy a México. Decidí irme a otro país, y a otro continente, cuando tuve uso del español, que es hace 15 años.

–Vamos por partes. ¿Cómo llega el castellano a una niña en Rumanía?
–Vengo de una ciudad de 10.000 habitantes del oeste de Rumanía, cerca de Timisoara. Nací en 1985 y en los años 90 se abrió un poco el país.

–¿En qué sentido?
–A mediados de los 90 llega la televisión por cable. ¡Y no había ni subtítulos ni doblajes! Por las telenovelas nace mi pasión por las lenguas extranjeras.

–¿Aprendió castellano viendo telenovelas?
–¡Telenovelas mexicanas! Hubo una cadena que se especializó en telenovelas de Televisa y yo las veía durante horas solo por aprender el castellano. Corazón salvaje me marcó y me acercó a Veracruz. A los 12 años empecé a hablar el castellano.

–¿Por qué a los 12 años?
–Durante un partido entre el Barça y el Madrid empecé a traducir al comentarista y mis padres dijeron: «La niña habla otra lengua». A los 14 o 15 años le dije a mi padre que quería estudiar castellano y encontró un libro de gramática española y a una profesora. En un mes estuve al nivel de esa profesora. Entonces ya soñaba con ir a México. Imagínese que hasta entraba en las agencias de viajes para pedir el precio de los boletos de avión.

–Desde Rumanía.
–Era muy difícil juntar tanto dinero. Por eso me dije: «Vamos paso a paso». Hice la carrera de lenguas modernas aplicadas en Rumanía y solicité una beca Erasmus a Barcelona. España está en el medio.

–Viene por un Erasmus y se va con un doctorado.
–Tras el Erasmus acabé la carrera en Rumanía y vine a la UPF para poder estudiar terminología. Hice una maestría en traducción.

–¿Y el doctorado?
–En el 2011 voy por primera vez a México y visito Xalapa y Veracruz. Cuando llegué al país tuve muchos problemas para entrar porque sé mucho de México y también porque soy rumana. Me llevaron al cuartito de migración y no se podían creer que hablara mexicano, que supiera tanto de México. Hay mucha trata de mujeres. Es ahí cuando decido hacer mi tesis.

–Entre policías...
–Por ser de donde soy, siempre me ponen problemas. La figura del rumano está muy estigmatizada, así que decidí hacer una tesis doctoral que sea una propuesta sobre un diccionario bilingüe español–rumano sobre el derecho de extranjería.

–Nace de una de una necesidad personal.
–Como rumana, en España también tuve muchos problemas: negación de la tarjeta sanitaria, no tenía derechos a nada… Cuando llegué, Rumanía ya estaba en la Unión Europea, pero había la moratoria del Estado español.

–¿Qué hará en México?
–Perfeccionarme como persona y como profesional. Estudiaré un posdoctorado en el centro de enseñanzas de las lenguas extranjeras, en la UNAM. Y seguiré desarrollando un diccionario jurídico sobre migración: migrar es traducir y traducir es comunicar al fin y al cabo.


lunes, 31 de agosto de 2015

¡Viva Mandelstam! ¡Metete a Tolstoi en el culo!

Los lectores perdonarán al Administrador por salirse de tema, pero la noticia, aunque vieja –se publicó el 29 de enero de 2014 en el diario catalán La Vanguardia– es demasiado increíble como para resistirse a colgarla en el blog.

Mata a su amigo tras una discusión literaria
entre prosa y poesía

Moscú, (EUROPA PRESS) Un exprofesor ha sido detenido en la región de los Urales en Rusia como sospechoso de haber matado a puñaladas a un amigo durante una disputa sobre los géneros literarios, según ha informado la agencia de noticias RIA Novosti.

La víctima del apuñalamiento, un hombre de 67 años, insistió en una discusión con su amigo en que la "única literatura verdadera es la prosa", según ha relatado la delegación de la región de Sverdlovsk del Comité de Investigación ruso (la Policía federal).La declaración de la víctima provocó un enorme enfado a su amigo, de 53 años de edad y apasionado de la poesía, hasta el punto que le apuñaló y acabó con su vida. Los dos hombres se encontraban ebrios en el momento de los hechos.

El incidente tuvo lugar la semana pasada pero el principal sospechoso se dio a la fuga y no fue encontrado hasta esta semana. El individuo, cuya identidad no se ha facilitado, ha sido arrestado con cargos de asesinato, por lo que podría pasar hasta quince años en prisión. RIA Novosti ha recordado que no es la primera vez que se da un incidente de este tipo en Rusia, después de que en septiembre en la zona de Rostov del Don un hombre recibiera un disparo tras haber discutido con otro individuo sobre el filósofo Inmanuel Kant.

viernes, 28 de agosto de 2015

"Una labor crítica de iure y ex officio"

José Aníbal Campos nació en La Habana en 1965. Es germanista, traductor y ensayista. Ha traducido a Peter Stamm, Gregor von Rezzori, Stefan Zweig, Hermann Hesse, entre muchos otros. El siguiente ensayo se publicó recientemente en hermanocerdo.com

Cuando los escritores se equivocan

El «genio» en la era Facebook

A pesar del masivo acceso a la cultura y a los medios de comunicación del que disponemos en la actualidad (al menos en países con cierto nivel tecnológico y educacional), vivimos en una época en la que acarreamos aún –como lleva consigo un viejo arrastrero la red cargada de plateados y nutritivos peces, pero también de toda suerte de material de desecho— la idea heredada del autor como «genio», como una criatura iluminada, capaz de ver lo que los demás «mortales» jamás estarían en condiciones siquiera de intuir.

Ese rezago trae consigo, a su vez, situaciones que no por curiosas –y hasta cómicas— dejan de entrañar un peligro para el necesario cambio de mentalidad de nuestras sociedades desde la perspectiva de un renovado y más humilde humanismo. Se da por sentado demasiadas veces que quien ha publicado un libro (o dos, o veinte) recibe por ello el derecho a un palco permanente en el superpoblado parnaso de los «genios». Alguna vez me he visto ante el tono altanero de un autor de libros que a sus –digamos— cuarenta años, se vanagloria de tener ya 45 libros publicados (lo que, a razón de libro por año, nos deja un resto de cinco libros escritos y publicados antes de su nacimiento). ¡Cuarenta y cinco libros! Siendo absolutamente sincero –teniendo en cuenta, además, el evidente exceso de pésimos libros—, una exclamación como ésta, antes que un motivo de orgullo, sería para mí un motivo de rubor, o por lo menos un pretexto para sumirme en una larga, larguísima «jornada de reflexión» propia (por no hablar ya del reposo urgente de la pluma o del teclado).

Entre las muchas caras amables que muestra ese libro de caras llamado Facebook, hay una de enorme utilidad para el curioso ávido de indagar un poco en las vanidades de ciertos autores muy prolíficos. (Yo mismo, durante más de un año, he participado con mayor o menor recato en la actividad devoradora de ese monstruo de vanidades humanas.) En Facebook te encuentras literalmente de todo: está ahí el autor ya talludito que, junto con cada actividad pública en la que participa, te detalla las comidas compartidas con su tía más querida, filosofa sobre la marca de cigarrillo que fuma y no pierde oportunidad de, como carta legitimadora, colgar cualquier foto suya al lado de alguna celebridad del mundillo cultural. Te encuentras también con el escritor en ciernes que, en una mini-campaña de marketing (no por ridícula menos eficaz en lo que concierne a la auto-atribución de cierta «autoridad»), cuelga fotos de todos sus «amigos» repartidos por el mundo mostrando, con una sonrisa, el último librito salido de su cabecita inquieta. Ves, asimismo, a la parejita de escritores (ambos con varios libros publicados) que cada dos o tres días pone sus «diez sentidos» al servicio de un conmovedordramolette de elogios mutuos: «¡Eres el más grande poeta vivo en lengua tal!» «No, no, tú. ¡Tú escribes la poesía más inteligente en el continente más cual!». Y así sucesivamente durante un día o dos, con toda la ristra de comentarios amables que eso implica: «amigos» (feisbuqueanos) ansiosos por llevarse una migajilla de la orgía alimenticia de los tortolitos, que no cesan de ponerse trocitos de pan en sus piquitos recíprocamente lustrados (e ilustrados).

Traducir: editar

Todo esto sería, sin más, gracioso, si no fuera por otras implicaciones que afectan a la dinámica cultural en una época de transición en la que, según creo, a los traductores nos corresponde jugar un papel, al menos, sustancial.

A pesar de todo lo que se ha logrado en materia de reconocimiento a la labor de los traductores, seguimos ocupando una especie de escaño último en los «parlamentos» de la literatura. La alabanza pública a los traductores sigue siendo aún, en muchos casos, más una expresión de political correctness que la convicción arraigada sobre su indispensable (e insustituible) papel.

Creo por eso que, aparte de todo lo que se haga a nivel institucional por destacar la importancia de este oficio y dignificar a quienes lo practican, nos corresponde también a los traductores, a título individual, contribuir de un modo más directo a ese urgente reconocimiento. Y una de las formas de lograrlo es ejerciendo la crítica literaria y cultural y/o participando en la divulgación pública de autores que conocemos bien.

Traducir literatura es en su esencia –por así decir— una labor crítica de iure y ex officio. Es algo que viene ya en el paquete, junto con el libro que la editorial nos envía a vuelta de correo.

¿Qué traductor no se ha visto exasperar alguna vez ante una frase, un pasaje, una selección de palabras, una anécdota –incluso en el magnífico libro de algún autor genial— que estropean la armonía del conjunto, oscurecen el enunciado e introducen un ruido innecesario en un párrafo que hasta ese momento fluía por los cauces que el propio autor había trazado? Y es que muchos autores carecen de algo que a cualquier traductor debería sobrarle: contención. Mientras el autor da rienda suelta a su mundo interior (el cual no tiene por qué ser apasionante para todos), al traductor se lo entrena para controlar su universo personal de ideas, criterios y pasiones y poner sus conocimientos sobre literatura en función de un texto ajeno.

Sobre estilos y gustos, claro está, se puede discrepar. Y en ningún caso el traductor está autorizado a cambiar el pasaje de una novela porque le parezca que éste no responde al conjunto o está fuera de lugar (lo cual es un enorme motivo de satisfacción cuando el autor no nos cae bien como persona, y constituye, a su vez, una de las paradojas de esta labor a veces tan extraña: los traductores, en cierta medida –y en el caso de autores mediocres— contribuyen (o podrían contribuir), sin violar su ética profesional, al avance de un autor hacia el abismo del ridículo público. Y es que ningún traductor rompe su código deontológico cuando decide llevar a la lengua meta, en todo su esplendor, la mediocridad de un escritor traducido. Es más: está obligado a hacerlo.

Errar de autores es

¿Qué pasa, sin embargo, cuando el autor comete errores palpables y concretos, errores, simplemente, objetivos? Hace unos años, un autor de fama internacional recibió con sorpresa, de uno de sus traductores, un mail en el que este último, con socarrona humildad, le preguntaba cómo era posible que la pareja protagonista de su novela alabara, hacia 1980 (la fecha aproximada y no mencionada en la novela en la que se desarrollaba un pasaje de la obra), las labores de rehabilitación de un edificio histórico que, en realidad, no había sido restaurado hasta bien entrada la década de 1990.

Un hecho como éste incita siempre a una pregunta: ¿comete el traductor una falta ético-profesional si pasa por alto ese error flagrante del autor y lo reproduce tal cual en la lengua meta?

La respuesta más concisa a esa pregunta la tienen los alemanes: Jein! (Sí y no). Yo mismo suelo responder a ella, a modo de broma, con un galleguísimo ¡Depende! (Depende de si el autor me cae bien o no.) Pero, hablando en serio, hay que decir que, desde el punto de vista estrictamente técnico-profesional, no tendría por qué considerarse un error; ahora bien, desde una perspectiva ética, sí que lo es.

Subsanar tales incongruencias en un texto narrativo sería, en efecto, labor del editor del libro en su versión original. Pero, aunque ningún contrato lo refleje explícitamente (y, por lo mismo, tampoco se refleja en el pago de los honorarios), un traductor literario asume también una labor de editor en la sombra. Los traductores no son unos aparatitos antropomorfos destinados únicamente a llevar el texto de una lengua a la otra, sino que están obligados a participar desde el principio en todo el proceso de publicación de ese texto. Desde el momento en que se acepta la traducción de una novela, se asume una larga ristra de responsabilidades que quedan fuera de las delimitaciones legales generalmente admitidas para la categoría «traductor de libros».

El recelo como principio profesional

Y una de ellas es rastrear las posibles pifias del autor. Dudar, recelar siempre, sería una actitud a recomendar a cualquier traductor en ciernes. Como microbiólogos de la palabra, los traductores están obligados a examinar con lupa cualquier pasaje de un texto, aun los textos de autores «geniales».

Veamos un breve pasaje en la novela más importante de Gregor von Rezzori, La muerte de mi hermano Abel:

...und ich spiele technisch und taktisch meisterhaft: Posipal zu Spundflasche, Spundflasche zu Stuhlfauth – Stuhlfauth schieβt TOOOR!!

Rezzori recurre aquí al fútbol como metáfora de una relación matrimonial complicada («…mi juego era técnica y tácticamente magistral»). Y, de pronto, pasa a narrar brevemente una jugada: «Posipal para Spundflasche, Spundflasche para Stuhlfauth… ¡GOOOL de Stuhlfauth!»

Hasta ahí todo parece estar claro. ¿Seguro que lo está? Los nombres, aunque raros, son reales. Josef Posipal y Heinz Spundflasche fueron ambos jugadores del club Hamburger SV en los años 50. En ese sentido, el primer pase narrado por Rezzori es posible. Pero el asunto se complica cuando el balón es pasado al goleador Stuhlfauth. Heinrich Stuhlfauth fue, en efecto, un futbolista alemán. Solo que nació en 1896, jugaba en el FC Nürmberg, se retiró del deporte activo en 1933 y… ¡era portero! De manera que, por varias razones, nunca habría podido ser el receptor del pase de Heinz Spundflasche. ¡Ni siquiera –como en este caso—, en una obra de ficción! (Porque no se trata de la narración de un sueño o de un juego imaginario, sino de una parábola –sin demasiada importancia dentro del texto— que apela fugazmente al conocimiento colectivo de los alemanes –aun a los no versados en fútbol—, sobre figuras sumamente mediáticas en su momento.) Como si un narrador catalán de hoy, para conseguir el mismo efecto en una novela, se remitiese a un partido del FC Barcelona un par de años atrás y reconstruyese un pase de Andrés Iniesta a Cesc Fàbregas. Solo que ese narrador hipotético se encajaría una especie de imposible gol literario en propia puerta si el pase final goleador lo hace llegar a las piernas de Andoni Zubizarreta.

Claro que en ese pasaje a Rezzori –siempre tan atento a los aspectos risible de la lengua, la cultura o la mentalidad alemanas—, lo que le interesaba sobre todo era aprovecharse de la sonoridad extraña y algo ridícula de los nombres de los jugadores, por lo que ni se detuvo un instante a conformar una oncena creíble para su jugada imaginaria. Como a efectos de la traducción española la mención de los nombres alemanes no tenía sentido alguno, creí que lo más importante era jugar con una sonoridad que fuera más o menos alemana y que, por reiteración, transmitiera al lector de habla española algo de esa comicidad, poniéndolo, a su vez, ante un partido de fútbol imaginario como alusión metafórica a lo que desea realmente ilustrar el autor: un matrimonio en el que la rivalidad, la lucha de los sexos, prima sobre el amor. Este es el precario resultado:

…y mi juego es magistral tanto técnica como tácticamente (pase de Müller a Möller, de Möller a Mühler… ¡Goooool de Mühler!...)

Pero veamos otro pasaje erróneo en esa misma novela con implicaciones mucho mayores y cuya solución me tomó al menos cuatro días de búsqueda infructuosa (y no pagada, claro).

Uno de los Leitmotive de la novela lo conforma una familia alemana media que el narrador ve comiendo desaforadamente en el restaurante de un área de servicio de autovía: el símbolo de una clase media consumista y mentalmente hipotecada (uno de los temas que esta obra aborda obsesivamente y de forma magistral). La imagen de esos hòrlas (como los denomina el narrador, en homenaje al célebre relato de Maupassant) no podrá ya borrarse de su mente. Dice el pasaje:

…und die hat mein offenbar recht eigenmächtig funktionierendes Gedächtnis fotografiert. [...] Ich weiβ nur: ich trage das Bild dieser fressenden Anthropoiden in mir wie den Zadir.

y fue a ellos a quienes fotografió esta memoria mía que, por lo visto, funciona de manera autónoma. [...] solo sé que aún llevo conmigo la imagen de esos antropoides comiendo, como un Zadir.

Aquí el problema lo tenemos en la palabra «Zadir», que reproduzco ahora tal y como aparecía en mi primera versión de ese pasaje. (Nombre que asumí en un primer momento acríticamente, confiando en que Rezzori supiera de qué estaba hablando.) Pero, recordemos mi consejo anterior: dudar, recelar… Así que, en una segunda revisión, dudé.

Una primera búsqueda del significado de la palabra «Zadir» solo arrojó un par de nombres propios y un personaje cinematográfico interpretado por Calogero Lorenzo Palmintieri, más conocido por su nombre artístico de Chazz Palmintieri. Una segunda pesquisa, algo más minuciosa, arrojó más de lo mismo. Consulté entonces las otras tres traducciones disponibles de La muerte de mi hermano Abel: la francesa, la inglesa y la italiana. Todas asumían, sin más, el término usado por Rezzori: Zadir. Aquello debió hacerme desistir definitivamente de mi búsqueda agotadora, tediosa y no remunerada. Pero seguí recelando. (En traducción, al menos, una disposición obsesiva del carácter sirve para algo.) Y de pronto, una noche, leyendo antes de dormir una selección de poemas de Borges traducidos al alemán, recordé vagamente su cuento «El Zahir», del libro El Aleph.

Zadir o Zahir

¿Qué pasaría si algo fuera realmente inolvidable? Es esa la pregunta que ronda la invención de El Zahir borgesiano. En una prefiguración de lo que hoy conocemos como mockumentary, Borges, hacia los años 40, elucubra una narración-ensayo sobre una moneda común que hace que quien la vea una vez no ya pueda olvidarla, convirtiéndose, para siempre, en una obsesión («construido de tal suerte que quien lo miraba una vez no pensaba en otra cosa»). El personaje del relato es un hombre afligido por la muerte reciente de una mujer a la que ha amado. En su aflicción, intenta preservar la imagen de la difunta mediante la escritura. Pero la persistente visión de El Zahir se lo impide. El Zahir borgesiano puede ser, además de una moneda, cualquier cosa: un tigre, un ciego, un astrolabio, una veta en el mármol. Una abstracción (como abstracción es, en definitiva, todo dinero) que nos permite adquirir nuevos mundos y abrirnos a ellos.

No de otra cosa trata la novela de Rezzori: Aristides Subicz, su protagonista, vive obsesionado con idea de escribir su libro. Es un aspirante a narrador obsesivamente pendiente de las abstracciones que palían nuestra impotencia ante la realidad, y angustiado con la imposibilidad de narrar la historia de una vida, la suya, desde una estructura lineal, consciente de que un hombre es una ínfima partícula que encierra todo un universo de recuerdos, vivencias, miedos, alegrías (En el cuento de Borges, se dice: «Los cabalistas entendieron que el hombre es un microcosmos, un simbólico espejo del universo; toio, según Tennyson, lo sería. Todo, hasta el intolerable Zahir»).

Como se ve, la cita intertextual de Rezzori (cita errónea en el original, recuérdese) tiene implicaciones de peso para comprender el sentido más profundo de una novela que tiene una estructura, de por sí, caótica. Me atrevo a decir que la simple mención del Zahir borgesiano contiene la clave para acceder a la concepción estético-filosófica de Rezzori en este libro que es, sin duda, su obra más «filosófica».

A pesar de las horas «desperdiciadas», de la precaria remuneración por esta pesquisa casi policial, la inicial reacción de recelo por parte de este traductor ha tenido un resultado palpable. A tal punto valió la pena, que La muerte de mi hermano Abel, en su versión en español, gozará de un raro privilegio: ser la única versión de la novela (incluido el original) en el que tal pasaje ha quedado definitivamente expresado según las intenciones de un autor que, como cualquier ser humano, se equivoca, sobre todo cuando, como sucede a menudo en Rezzori, se cita de memoria, sin verificar ni consultar de nuevo lo citado.

Volvamos ahora a la pregunta de antes: ¿habría sido, desde el punto de vista meramente técnico, un error dejarme guiar por el autor, e incluso por la decisión de otros traductores sin duda mucho más experimentados y sabios que yo? ¿Habría sido ético pensar en términos más pragmáticos, considerar las horas no remuneradas que me estaba costando aquella búsqueda y dejar el pasaje tal y como el propio autor lo había concebido, escamoteándole al lector esa simple frase clave para la comprensión de la novela? El lector podrá sacar sus propias conclusiones.


jueves, 27 de agosto de 2015

Para muchos "coger" ha sido siempre un problema

Raúl Ávila
“El lingüista mexicano Raúl Ávila trabaja desde hace dieciocho años en una obra basada en el uso mayoritario y «no en el poder económico y la herencia de la conquista»”, dice la bajada de la noticia publicada el 22 de julio pasado en las páginas de cultura del diario ABC.es, de Madrid.

Latinoamérica quiere un diccionario donde las palabras
más usadas se impongan a los españolismos

La mayoría de los casi 500 millones de hablantes del español son latinoamericanos, pero su habla apenas está reflejada en losdiccionarios. Si la región no se siente representada entre tantos «españolismos», ¿por qué no diseñar un «diccionario universal» en el que prevalezcan las palabras más usadas?

Basándose en esta idea, el lingüista mexicano Raúl Ávila lleva dieciocho años trabajando desde el Colegio de México en un gran proyecto en el que colaboran 26 universidades de 20 países. «Los diccionarios actuales, con quizás tres o cuatro excepciones, son de base castellana. Eso supone un sesgo ideológico formidable», denuncia este académico, de 78 años. «¿Quién, en América Latina, usa mechero, baremo o repostar?», se pregunta con picardía, y continúa: «En España no se tiene conciencia de los españolismos, es el problema del lingüicentrismo español».

El objetivo del bautizado como diccionario VALIDE, que podría ver la luz en noviembre, es que la comunidad hispanoamericana tenga un tesauro que indexe regionalismos de todos los países y sugiera cuál es la palabra más indicada para un texto de vocación internacional, que pretenda ser entendido por el máximo número de hablantes posible. Con base en una fórmula interna, el programa seleccionará la palabra que más personas y países usen.

«Se trata de que no gane un país porque tenga más hablantes, porque entonces ganaría siempre México, sino de que gane la voz que tiene más hablantes y más países: frecuencia y dispersión», explica Ávila. Según este criterio, por ejemplo, el VALIDE sugeriría usar «computador» en vez del «ordenador» español o la «computadora» mexicana; «fósforo» en vez de «cerilla» o «cerillo»; o «agarrar» en vez del «coger» de España, que en algunos países de América Latina se usa como sinónimo de copular.

Quizás «coger» es la palabra que más bromas genera entre los hispanohablantes, aunque para Ávila, sin duda, la más controvertida y confusa es «cancelar»: en Venezuela o El Salvador se usa como sinónimo de «pagar» mientras que en la mayoría de países significa «anular». El lingüista, que disfruta como un niño con los juegos de palabras, recuerda cómo hace unos años vivió toda una confusión en un hotel de El Salvador por esta palabra.

Mayor riqueza lingüística

Aunque estudios comparativos hechos sobre medios de comunicación o doblajes de películas demuestran que los hispanohablantes usan un español común entre un 98% y un 99% del tiempo, es en el «universo de las cosas» donde se da principalmente el debate. Banano-plátano-cambur-banana, placa-chapa-matrícula, maní-cacahuete-cacahuate, carro-coche-auto-máquina, cerveza-chela-cheve-birra. «En abstracto no hay problema, pero tan pronto entramos a las cosas mismas, ahí entramos en problemas. Es en el mercado donde está complicado», ironiza Ávila.

Pero su «diccionario universal» no quiere quitarle riqueza o diversidad lingüística al español, la segunda lengua con más hablantes nativos del mundo y la tercera más hablada, después del inglés y el chino. Con el VALIDE «no se empobrece nada, sino que se da una opción. Mi idea justamente es enriquecer el lenguaje», argumenta.

¿Y para qué puede servir el diccionario? Como referencia para medios de comunicación que se dirijan a un público internacional, para traducciones de libros, subtítulos de películas, señalizaciones de seguridad en espacios públicos como aeropuertos, prospectos farmacéuticos, etc. Para el lingüista, tiene un propósito similar a la literatura del llamado «boom latinoamericano»: «Usar un español más internacional para tener más lectores».

Además, Ávila no esconde sus discrepancias con instituciones como elInstituto Cervantes o la Real Academia Española (RAE), molesto con la dominación de España por herencia de la conquista y su poder económico, pero insiste en que «desde América, estamos proponiendo una toma de conciencia lingüística en la cual decimos: o jugamos parejo o no jugamos».


miércoles, 26 de agosto de 2015

Una nueva traducción de Eliot al castellano

El narrador y periodista español Sergio del Molino (1979) publicó en su blog de El Heraldo de Aragón, del 27 de enero de este año, una columna a propósito de la nueva versión peninsular de La tierra baldía, de T.S. Eliot., en traducción de Andreu Jaume. Aquí se reproduce.

La tierra baldía

Uno de los libros-regalo más apetecibles (o que a mí más me gustaría regalar y que supongo que regalaré) ha salido en la cuesta de enero, cuando ya no hay crédito en las tarjetas para gastar (permítanme un inciso: si les gusta mucho un autor o un libro y quieren contribuir a que se conozca y se disfrute, no se limiten a comprarlo, eso lo doy por descontado: regálenlo, esparzan un poco de felicidad y hagan feliz a quien a usted le ha hecho feliz. Fin del inciso). No es una novedad, pues su autor lleva muerto cincuenta años. Es La tierra baldía, el poema que T. S. Eliot publicó en 1922, revolucionando la poesía y la literatura. Se trata de una nueva edición en castellano (en la editorial Lumen), al cuidado del crítico y editor Andreu Jaume, que ha traducido de nuevo el texto y lo ofrece en versión bilingüe y con un interesante y detallado prólogo.

Jaume insiste mucho en la actualidad del poema y, más allá del oportunismo comercial que pueda haber tras esas palabras, yo también lo creo. Eliot escribió La tierra baldía como reacción al mundo perdido tras la Primera Guerra mundial, al final de una Europa, de una cultura, de una civilización. El ‘baldía’ del título en castellano es una licencia del primer traductor argentino que se ha impuesto y respetado, pero no da la medida de la dimensión de la obra. ‘La tierra devastada’ o ‘La tierra agostada’ serían más apropiados, ya que hablarían de un paisaje que fue algo y ya no es nada porque alguien lo ha destruido. Eliot lamenta la acción humana, no se limita a contemplar el paisaje. Por eso es actual, porque hay muchos paralelismos entre el mundo que vivió el poeta americano y el que vivimos nosotros. Como él, nos alzamos sobre un paisaje desolado. Creo de verdad que volver a leer ‘La tierra baldía’ puede ayudarnos a movernos por el mundo inestable y blando de hoy. Y si no a movernos, a mirarlo mejor, con menos miedo. O con más, pero un miedo consciente. No es una lectura fácil. Eliot recurre a la mitología, construye imágenes muy elaboradas y usa un simbolismo críptico sobre el que discuten muchos eruditos, pero no importa no entender del todo lo que dice, porque su efecto es tan poderoso sobre la conciencia y la sensibilidad, que uno tiene la sensación de estar cayendo en un hechizo.

Eliot nos ha hechizado a muchos. Lleva casi un siglo embrujándonos con sus imágenes y sus instantes llenos de calma y nervio, en los que pasa todo sin que pase nada. Ha inspirado cientos de novelas y decenas de canciones. Si buscan en Google cualquier verso del poema, seguro que les salen varias novelas tituladas con ellos. Yo no he escapado. Mi libro más duro lleva una imagen de Eliot como título. Es irresistible.

Tenemos suerte de que alguien con la erudición, el buen gusto y el talento de Andreu Jaume haya decidido actualizarla en nuestro castellano. Hay muchas traducciones de ‘La tierra baldía’, y eso significa que sigue vivo, que seguimos necesitándolo, que persiste en sus páginas un enigma que aún no hemos resuelto. Algo que nos hace mucha falta.

martes, 25 de agosto de 2015

Vete tú a saber

Natalia Navarro Díaz
El 13 de noviembre del año pasado, en el blog El arte literario, administrado por Natalia Navarro Díaz –quien se define como “traductora, correctora y lectora editorial”, y se declara “devoradora de libros. Amante de los animales y soñadora sin remedio. Mis dos palabras favoritas son tolerancia y libertad”–, se publicó la siguiente entrada que reproducimos, junto con algunos de los 51 comentarios que generó, por su pertinencia. Se trata de una excelente demostración, brindada por lectores que se adivina muy jóvenes, de que es posible mantener una polémica sobre un tema complejo en los mejores términos, con educación y respeto por el otro.

Quien desee leer más puede hacerlo en

Traducción al español...
¿de España o de América latina?

Buenos días! Hoy os quiero hablar de un tema que lleva unos días en mi cabeza por los comentarios de los lectores acerca de una de las novedades editoriales más recientes. Estoy hablando del libro Ángeles caídos, de Susan Ee, editado por la editorial Océano. Llevo varios días observando que la gente se queja (como ya se quejaba con El lado oscuro, otra publicación de la misma editorial) de que la traducción de este libro no está hecha hacia el español de España. Como sabéis, la editorial Océano es una editorial mexicana que ha decidido crear un sello joven, Gran travesía, para publicar sus libros en España. Al parecer, sus traductores son mexicanos y la traducción está hecha hacia español de ellos. Lo más normal, y lo que piden todos los lectores españoles, es que la editorial hiciera una de estas dos cosas: hacer una nueva traducción hacia el español de España o adaptar la traducción ya hecha al español de España. No obstante, yo me pregunto (y os pregunto) una cosa: ¿lo creéis de verdad?

Estamos muy acostumbrados a leer en nuestra lengua y en nuestra variedad del español, tanto que cuando vemos un par de expresiones que no son nuestras ya nos quejamos. ¿Os habéis parado a pensar que la gente que está al otro lado del charco también se extraña con expresiones típicas del español de España al leer una novela? No estoy segura, pero imagino que muchas novelas llegarán allí sin sufrir ninguna modificación la traducción y, por lo tanto, ellos leen nuestra variedad del español. En una ocasión leí en facebook un comentario de alguien (lo siento, no recuerdo de quién) que se quejaba de que Bajo la misma estrella tiene demasiadas expresiones coloquiales del español de España, que deberían haberlo neutralizado. ¿Estáis de acuerdo? (Imagino que los de este lado del charco, no; los del otro, sí). 

Mi opinión es que si se intenta neutralizar la traducción de una novela, sobre todo del género juvenil, y con ello omitir toda la jerga coloquial se pierde mucho, muchísimo; no es lo mismo decir "es muy guapo" que "está cañón". Lo cierto es que la novela juvenil suele abusar bastante del registro coloquial. También me pongo en la piel de la gente que no es de España y de lo raro y frustrante que tiene que ser leer en una lengua que no es al cien por cien la tuya. Pero ellos lo hacen y no suelen quejarse mucho, y para una vez que a nosotros nos traen novelas que no están traducidas a nuestra variedad lingüística incendiamos las redes sociales. No lo estoy defendiendo, simplemente quiero saber si os habéis parado a pensarlo.

En cuanto a las traducciones al español neutro sé de una editorial que lo hace, Libros de seda. ¿Alguien ha leído sus libros y se ha sentido extraño? ¿Ha notado que la historia está un poco forzada? Sé de gente a la que le ha pasado. En los libros de esta editorial no os encontraréis ni un "coger", "chica", "coche", etc. ¿Os habéis dado cuenta? ¿Consideráis esta opción buena? A mí, sinceramente, no me gusta, porque en este caso la lectura resulta forzada para todos. No he leído aún ningún libro de la editorial, así que no puedo opinar con fundamento, pero espero hacerlo pronto y ver si realmente entorpece la lectura.

Estamos ante un tema delicado, ¿no pensáis? Por supuesto la solución ideal es hacer dos traducciones o currarse la corrección/adaptación, pero lo cierto es que no siempre se hace y esto supone un gasto doble para las editoriales. ¿Qué os voy a decir? A mí no me gusta encontrarme con una traducción que no está en español de España, porque me entorpece la lectura, porque incluso puede hacer que pierda el interés. No obstante, también pienso en toda esa gente que lee en nuestra variedad lingüística y no se queja, y en la gente que lee una expresión mexicana y pone el grito en el cielo.

¿Qué opináis vosotros? Me encantaría saber lo que piensa la gente de España y la gente de América Latina, sobre todo estos últimos; aprovechad y desahogaros, reivindicad. Y... ¿por qué no? Me encantaría conocer también la opinión de gente que se dedica a la edición si es que alguien lee mi blog; Gran travesía, Libros de seda... ¿qué opináis?


Algunos comentarios
Puff es un tema complicado. Opino como tú respecto que a ellos les llegan las traducciones que han realizado destinadas a un público que lee español de España y, sinceramente, si fuera ellos me sentiría molesta al no entender al 100% algunas expresiones, palabras o referencias.

He leído algunos libros de autores latinoamericanos (no recuerdo de qué países eran) y los entendí bien aunque no terminé de meterme en la historia porque muchas palabras, aunque las conocía, me resultaban raras. 

Creo que, aunque sea más costoso, deberían hacen traducciones tanto para unos como para otros porque no es justo que ellos se tengan que amoldar a nosotros y viceversa.

Acabo de leer todo tu post y, ciertamente, no comprendo esa actitud por parte de tus conacionales (no todos, tengo muchos amigos españoles) que llegan incluso al punto de denigrar la diversidad lingüística de nuestra lengua: como, acertadamente, mencionaste en este lado "del charco", debemos consumir mucho producto que no se adapta y NI se adaptara, es algo habitual. Incluso, si no vamos a los números, la proporción de hablantes europeos del español es ridícula (1/10 aproximadamente), si la comparamos con la del resto del mundo, la mayoría en américa, por lo tanto no debería existir esta discriminación (de ninguno de los lados). Si bien es cierto, ustedes tienen un mejor acceso a la Internet que los demás (quizás sea el motivo principal de que no distingan la disparidad y por el cual se atreven hacer esta clase de declaraciones); al final, la elección de disfrutar de un buen viaje a través de la lectura que nos permita conocer otras culturas, y con la GRAN ventaja de que este nuestra misma lengua (poco o NADA importa el sabor dialectal) esta en cada quien. Un gran regalo que otro no tienen.

Sinceramente, si una novela ha sido escrita en Español latino, porque su autor escribe así, no me supone ninguna pega leerla tal cual, pero cuando se trata de una traducción la cosa cambia y mucho. La cuestión es, si leo traducido, es porque no puedo (o quiero) leerlo en la lengua original, pero, ¿qué sentido tiene leer traducido para seguir leyendo una lengua que no es la mía, que yo no utilizo? En cualquier caso, lo que sí veo ridículo es utilizar un español neutro que no guste ni a unos ni a otros. Que cada editorial decida en qué dialecto traducir, y valore a qué público quiere agradar, pero las soluciones intermedias acaban por decepcionar a todos.

Has dejado caer una bomba jajaja
Lo primero que tengo que decir es que a mi no me molestaría que los latinos se quejaran de las traducciones que les llegan porque están en su derecho, pero quizá no lo hacen porque sencillamente, no tiene problemas para entender el libro o ya están acostumbrados. O vete tu a saber.
La cosa es que siempre se dice que no se quejan pero yo ya he leido muchas opiniones en debates como este en el que si lo hacen. Asi que aguantarse sin más, no se aguantan.
Dicho esto, reconozco que no he leido muchas ediciones que no sean en Español de aqui, de España. Pero por ejemplo, he leido RELP de Melisa S.Ramonda, que no es española y que intenta usar un lenguaje bastante neutro para que todos lo entendamos. Y si, hay palabras o expresiones que pueden sonarme mal, pero que en el contexto se entienden perfectamente.
Ahora bien, antes solia leer traducciones de foros de libros que no salían en español ninguno, y curiosamente la mayoría de traductores eran latinos, y la verdad, daba mucho por saco leer esos libros porque no se entendía ni la mitad.
Entonces, ¿una solución? Que los libros que tengan la misma traducción aquí y allí sean más neutros. Y tampoco vendría mal que para las expresiones más complicadas nos pusieran una nota al pie explicándolas, que eso no cuesta tanto, ¿no?

Yo tengo amigas tanto mexicanas como Argentinas como de la República Dominicana y la verdad esque ultimamente me he acostumbrado a sus expresiones y casi que también suelto alguna casi sin darme cuenta, o la pienso, luego recuerdo con quien estoy y me callo para que no me miren raro pero si jajaja
Antes para mi era raro leer en español latinoamerica y dejaba el libro si era así, pero ahora realmente creo que no me molestaría. Y mientras no este super exagerado, no me molesta ver alguna que otra palabra de allí, pues ya casi las conozco todas...
¡Besos!

¡Hola!
Soy traductora y este es un tema con el que me siento aludida. Además del puesto de traductor existe otro menos conocido llamado "localizador" y su trabajo consiste precisamente en "adaptar" un libro al mercado al que va dirigido. No es correcto decir que en Latinoamerica hay "dialectos" del español (como he leído en un comentario más arriba) ya que es la misma lengua y sólo se trata de Variantes (tuve una asignatura de la carrera precisamente dedicado a elo). No tengo ningún problema en leerme a García Márquez o a Isabel Allende sin este tipo de adaptaciones puesto que esas expresiones precisamente lo hacen más auténtico, pero si me estoy leyendo una traducción prefiero que esté adaptada a mi forma de hablar. Y me da rabia que las editoriales opten por omitir la figura del localizador teniendo en cuenta lo que cuesta cada libro (18€ para un libro juvenil es bastante más caro que cualquier libro juvenil en el resto de Europa). Es algo similar a encontrar errores en un libro por la falta de una labor de corrección previa a la publicación. Tampoco me parece bien que la gente se queje porque hay algunas expresiones que no entiende pero entiende que tienen derecho a pedir una traducción adaptada a su forma de hablar (en ambos continentos).
Buen post, me parece un debate bastante actual debido a los libros de Océano.
Besos!

Hola pues yo soy de México y puedo decirte que se me hace una exageración todas esas quejas, o sea, llevo toda mi vida leyendo las traducciones de España y créeme, hay muchas expresiones que he tenido que investigar, por eso no entiendo sus quejas. Son sólo algunos libros, imagina con lo que tenemos que lidiar nosotros con el 80% de los libros traducidos en España.
Yo estoy muy orgullosa de Océano porque es de las pocas que nos traduce en nuestro español.

Sencillamente están exagerando todo. Por una vez les toca vivir lo que "sufrimos" en México todo el tiempo con una traducción y pegan el grito en el cielo.
Aquí estamos muy orgullosos de este nuevo sello de Editorial Océano.
En México de tanto libro español que leemos ya hasta decimos sus frases o palabras como "coño". Deberían ver esta como una oportunidad para ampliar su vocabulario en lugar de quejarse.

Supongo que ese tema da para más de lo que pensé. En un principio cuando vi la entrada me pareció ridículo tanto dramatismo por algo que a mí me parece tan insignificante. Pero ya veo que para los demás no es así, al parecer se toman esto de las traducciones muy enserio. Y supongo que tienen razón. Pero es que si así vamos, pues todos aquí tenemos razón. Porque estamos hablando de si nos sentimos cómodos o no. Todo esto es muy subjetivo :/
En mi caso, yo soy mexicana. Y jamás me había detenido a pensar en si me incomodaban o no las traducciones al español de España. Y la verdad es que no lo hacen, estoy acostumbrada a ello. No sólo por la literatura sino también porque estoy acostumbrada a leer blogs hispanos de todas partes del mundo, y pues quieras o no, te terminas familiarizando con las diferentes variaciones. Actualmente la única variación que me hace dar un saltito mental de cuando en cuando, es la argentina, jájaja.
No sé, por escrito no me parecen taaaan remarcables las diferencias. Hablado ya es harina de otro costal. Pero bueno, no es el caso.
Leyendo el comentario de arriba de Victalian Granger, me da otra perspectiva del asunto. Y es que es cierto que pagamos cantidades exorbitantes como para que un producto ni siquiera esté trabajado correctamente. Por ese lado, entonces sí, me gustaría recibir un libro con una traducción debidamente trabajada y revisada. Además eso de los localizadores me pareció interesantísimo.
Pero vamos, tampoco es que me moleste el aprender expresiones y coloquialismos nuevos. Que yo eso lo disfruto como enana. Y sinceramente, no es que hablásemos un idioma diferente.
En conclusión: interesante conocer puntos de vista tan variados. Pero al final me sigue pareciendo exagerado.


Tampoco es que esté de acuerdo con el tono un poco agresivo de mis paisanitos aquí arriba. Es que vamos, nadie aquí está "sufriendo" nada en absoluto. En fin.

Soy de México y estoy totalmente de acuerdo con Centinela, creo que lo único que podría agregar es que en México y en general en toda hispanoamérica tenemos la capacidad de adaptarnos, en especial teniendo en cuenta que solo en nuestro país dependiendo del estado e incluso de la ciudad hay una variedad enorme de modismos, variaciones lingüísticas y acentos. Solo para decir que algo te gusta o es agradable dices "que curado", "que padre", "que botana"; para referirte a un joven dices "chico", "chavo", "muchacho", "morro"; a un vehículo "carro", "coche", "auto", etc; y eso por poner 3 ejemplos, porque para variaciones lingüísticas en México se puede escribir un libro de varios tomos XD.
A lo que quiero llegar es que el "español" de España es para nosotros una variación mas; lo leemos sin problemas, si hay palabras que nos gustan las usamos en nuestro vocabulario (yo tiendo a usar mucho vale) y otras pues no dejan de parecernos graciosas (suelto una carcajada cada vez que leo gilipollas). Pero decir que no entienden un libro solo porque los modismos sean diferentes es una exageración, es el mismo idioma, así que como dicen en mi rancho: "póngale menos crema a sus tacos".
Sin intención de ofender (luego se lo toman personal) pero no encuentro otra expresión, me he dado cuenta que a los españoles les gusta todo masticado y en la boca. Alboroto similar hacen cuando una película no esta doblada a "su" español y solo sale con subtitulos, para ustedes es inaceptable leer los subtítulos. La verdad es que este tipo de discusiones es equivalente a hacer una tormenta en un vaso de agua. Mi consejo es adáptense, véanlo por el lado bueno y van a enriquecer su vocabulario.

ETC.