martes, 1 de diciembre de 2020

La distribución de las ganancias en la cadena del libro: ¿no será hora de volver a discutir las cifras?

Durante la parte más dura de la cuarentena, cuando las editoriales no producían libros y las librerías permanecían cerradas, hubo muchos artículos en los que se hablaba de que, en razón del desastre económico que ello significaba, unas y otras eran la parte más débil de la cadena. Pocos se acordaron en ese entonces de autores y traductores, sin los cuales, como si hiciera falta aclararlo, no hay libros. 

En una entrada anterior de este blog, dedicada a comentar cómo se determinaba el precio de los libros –14 de julio de 2020– se explicaba que el 100% de la eventual ganancia que produce un libro se reparte entre librerías y distribuidoras (alrededor de un 65%) y editoriales (alrededor de un 25%), quedando para el autor, con suerte, entre un 10% y un 8% (en oportunidades deducido del 25% con que se queda el editor, cuyo margen de ganancia oscila así entre el 15%y el 13% real) y, en el caso de ser obras traducidas, para el traductor entre un 4% y un 1%. 

No leí en ningún artículo que esos porcentajes fueran cuestionados, aunque, hablando con editores y libreros amigos, me explicaron que las editoriales y las librerías tenían alquileres, impuestos y servicios que pagar (como si los escritores y traductores no tuvieran que hacer lo mismo) y empleados a los que mantener (acaso la única diferencia notable), por lo que los porcentajes de las ganancias eran realmente bajos. En síntesis, parece ser que los libros no son un negocio para nadie, salvo para aquéllos que manejen un volumen lo suficientemente grande (los grupos multinacionales, como Penguin Random House o Planeta), que publican, pero con otros fines, entre los cuales debe mencionarse la desgravación impositiva de otras empresas que forman parte de los mencionados grupos). 

No satisfecho con las respuestas obtenidas, opuse que los “gastos empresariales” de las editoriales, distribuidoras y librerías no contemplaban lo que podríamos llamar “gastos existenciales” de los autores y traductores, que además de comer y dar de comer a sus hijos, costear su educación, etc., están obligados a investigar, seguir formándose y mantenerse con vida. Eso nos lleva a considerar que una empresa sin ingresos quiebra, pero una persona sin ingresos se muere de hambre.

También les señalé a los amigos editores y libreros que un libro a veces se escribe o se traduce a lo largo de varios años y, con suerte, sólo se cobra un anticipo inicial, mientras que librerías y editoriales pueden vender sostenidamente a través del tiempo. Se me retrucó entonces que un libro exitoso supera el anticipo. Eso sí: se cobra según liquidaciones que se hacen entre una y dos veces al año, que se pagan 90 días después de informadas, lo cual, en países con una inflación como la argentina, resulta en cifras tan devaluadas que la “ganancia” se convierte en un chiste. 

Qué son los libros 
Ahora bien, ¿de qué hablamos cuándo hablamos de libros? Está claro que se trata de objetos que incluyen palabras que traducen cosas Y esas otras cosas, ¿son todas importantes? Tal vez aquí convenga desligar la idea de los libros en general de la de los libros de las bellas letras, la filosofía o la historia, y limitarnos a pensarlos como cosas que se venden en un mercado. Y cuando aparece esta última palabra, todo cambia y la discusión deja de ser elegante. Como me dijo una vez una amiga librera: por más que sea más agradable vender libros que papas, la lógica es más o menos la misma. 

Quien lo dude, puede recurrir a los múltiples ejemplos que ofrece la realidad. Algunos son más claros que otros. Por caso, todo esto se puso de manifiesto una vez más a partir de la cobertura mundial producida por la curiosa manera en que Louise Glück, por intermedio de su agente Andrew Wylie, les “agradeció” a sus editores españoles de la editorial Pre-Textos el apoyo sostenido en la difusión de su obra en castellano. El escándalo puso en evidencia, entre muchas otras cosas, lo poco que saben autores, traductores, editores y, fundamentalmente, periodistas culturales sobre las distintas alternativas de la llamada “cadena del libro” que, por cierto, involucra a muchos intervinientes. 

Asimismo, a esos datos habría que sumar otros, muy mentados, pero raramente definidos, que suelen denominarse “malas prácticas”. ¿Qué es una mala práctica editorial? ¿Qué es una mala práctica por parte de un agente, de una distribuidora, de una librería? Antes de discutir esta última cuestión –que quedará para otra entrada–, vale la pena especificar quiénes son los protagonistas de la llamada “cadena del libro”. 

Acá hay que hablar de los editores (palabra poco específica en castellano), del resto del personal de las editoriales, eventualmente de los traductores, de los agentes literarios, de los scouts literarios, de las distribuidoras y de las librerías. Cada cual cumple una función específica y recibe una parte desproporcionadamente grande de lo producido por escritores y traductores. Cabe entonces preguntarse si hay realmente una justificación para que así sea. 

Los editores 
Uno de los problemas que presenta la palabra “editor” en castellano es que en ella confluyen al menos dos términos propios del inglés: publisher y editor. El primero suele ser el dueño de la empresa editorial y no necesariamente se ocupa de la gestión de derechos ni del trabajo con los autores, mientras que el segundo se relaciona con una multitud de funciones a las que la consultora editorial Mariana Eguaras les ha dedicado todo un artículo Copiamos los párrafos más pertinentes: “El título de ‘editor’ es amplio y más aún en la traducción del inglés al castellano. En inglés podemos encontrar denominaciones como acquiring editor, commissioning editor, copy editor, line editor, managing editor, production editor, project editor y el más genérico book editor”. En consecuencia, “distinguir entre los distintos tipos de editores de libros no suele ser sencillo, ya que no existen límites nítidos que determinen dónde comienza y dónde acaba la labor de cada uno de ellos”. 

Puesta a precisar, Eguaras señala que el acquiring editor (también llamado acquisitions editor) es el editor principal; vale decir, el director editorial, el editor sénior. “La función principal de este editor es contratar o ‘comprar’ derechos de obras y obtener contratos editoriales firmados por parte de los autores o de sus agentes editoriales”. Y continúa: “Es quien investiga y busca posibles obras para ser publicadas por la editorial para la que trabaja. Es quien negocia, quien visita las ferias de libros, quien se reúne con agentes literarios, contacta autores e idea libros por encargo. También es el editor con un perfil más ejecutivo y empresarial, con mucha libertad de acción dentro de la empresa editorial. De su criterio empresarial, su sagacidad en detectar autores que vendan libros y su capacidad de negociación depende el funcionamiento de la editorial”. 

Luego viene el copy editor, al que en castellano se llama editor de mesa y quien está a cargo de trabajar con el texto de un autor. “Es –aclara Eguaras– quien realiza el editing de un manuscrito antes de ser publicado”. Y añade: “Es frecuente que esta labor se combine con la corrección de estilo. A veces, incluso, se lo confunde con el corrector ortotipográfico o con el corrector de pruebas o (proofreader)”. 

Está también el coordinador editorial que es “quien supervisa todas las etapas de producción de un libro y se asegura que los procesos sean cumplimentados en tiempo y forma”. Eguaras amplía: “Es el tipo de editor que trata a diario con el autor, el que solicita presupuestos a los posibles colaboradores que intervienen en la edición de la publicación y a las imprentas. También es el perfil de editor que se encarga de que cada uno de los procesos se realice en el tiempo y la forma pactados. Este tipo de editor, aunque no realice algunos de los servicios editoriales que coordina, debe conocerlos lo suficiente para velar por la calidad de estos. Debe tener suficiente formación para saber que los servicios que realizan otros profesionales están ejecutados de manera adecuada”.

Como en cualquier actividad, hay de todo: desde los editores que acompañan a sus autores en los mejores términos posibles, a aquéllos que (como solía repetir un director editorial que incluso hoy pone su nombre en la página de créditos), consideran que los autores son apenas la argamasa con la que ellos trabajan para lograr un producto. También están los tarambanas que se creen Maxwell Perkins y se sienten obligados a reescribir y a adulterar lo que escriben sus editados (todavía se recuerda el caso de Juan Forn, a quien Rodolfo Fogwill puso en vereda, obligando a la editorial Planeta a pagar avisos disculpándose por las enmiendas innecesarias e inconsultas a las que habían sometido al autor de Los pichiciegos).

Pero dejando de lado estas fealdades, resulta imprescindible aclarar que en las editoriales independientes, pequeñas y medianas, menos personas se ocupan de más cosas, por lo que muchas veces el director editorial es también editor de mesa y coordinador editorial a la vez. En consecuencia, la multiplicidad de funciones lleva a desplazamientos notables que hacen que la misma persona que se ocupa de buscar autores deba a su vez editar los textos, negociar con la imprenta, comprar el papel y discutir con los distribuidores, sin olvidar la promoción ante los libreros y la prensa. Se da incluso el caso de que algunos editores son también tapistas… 

Los otros integrantes de la editorial 
Ya se trate de que la editorial cuente con ese personal o que lo contrate de manera externa, deben considerarse el diseñador del libro, el tapista, el eventual corrector (de estilo, de ortografía, o a veces de las dos cosas a la vez), alguien que se ocupe de la prensa y las redes sociales, alguien que lleve la contabilidad, alguien que atienda el depósito y el transporte, con suerte alguien que ejerza de secretario o secretaria, aunque más no sea para atender el teléfono, etc. También a los “lectores”, personal externo que lee las obras antes que los editores y que realiza informes sobre la conveniencia o no de su edición. Y todo eso, esté o no a cargo de personal propio o contratado, o incluso de los mismos editores –cuando se trata de una editorial mínima– forma parte de los gastos que sirven para ponerle precio al libro. 

Los traductores 
No forman parte de las editoriales, aunque, de tanto en tanto, por su reincidencia, empiezan a ser percibidos como parte de las mismas. Trabajan por tarifas exiguas (ya se mencionaron arriba los porcentajes, cuadro que país por país puede ser comprobado en la entrada de este blog correspondiente al 17 de julio de 2020), pero deben manejar un gran número de saberes (en algunos casos francamente complejos) y, por supuesto, la lengua de origen y su propia lengua. Las editoriales suelen sacar partido de la ignorancia que los traductores demuestran respecto de las leyes vigentes en sus países de origen, la falta de asociaciones competentes que los defiendan y lo solitario del oficio, que los lleva a considerar que lo que les dicen es algo así como la ley, aunque no sea cierto. Con todo, sin ellos no hay libros traducidos. Por lo que, considerando que el porcentaje de lo que se traduce al castellano equivale a un tercio de todo lo que se publica, son personajes indispensables. Más aún, cuando consideramos que las cifras que generan los best sellers internacionales suelen elevarse por encima de la de lo que se vende en la propia lengua. 

Los agentes literarios 
Son quienes representan a los escritores tanto ante las editoriales como ante otros posibles interesados en su obra (por ejemplo, el cine, la radio, la televisión, etc.). Sus funciones son múltiples. Por supuesto, conseguir, ya sea a nivel local o internacional, el mejor contrato posible para su representado (lo que, según el agente Guillermo Schavelzon, no siempre tiene que ver con el dinero, sino con la ubicación de la “mejor editorial para cada escritor y para cada obra”, lo que implica “ofrecer un conjunto de alternativas que se deben evaluar en forma integral”). Pero también revisar los contratos y velar para que estos se cumplan, haciendo que se respeten los pagos de los derechos de autor. A su vez, debe considerarse que las ganancias del agente literario corresponden a un porcentaje del valor del contrato, que va del 15% al 60% y, como señalan algunos editores que pidieron no ser nombrados, puede llegar a incluir una participación en las regalías que genere la obra.

Scouts literarios 
Suelen ser ex editores, críticos literarios o periodistas cuya labor consiste en detectar, antes que nadie, los libros o tendencias que puedan llegar a interesarles a mercados específicos. En Europa y los Estados Unidos reciben su paga de las editoriales que contratan sus servicios o a las que se les ofrecen los materiales. En Latinoamérica esa especie es menos frecuente y la mayor parte de las veces la cumplen gratuitamente los traductores literarios quienes, entusiasmados por algún autor en particular, lo presentan a los editores con quienes trabajan, logrando a veces convencerlos de la compra de derechos y, claro, de la posterior traducción, única ganancia material derivada de sus recomendaciones. 

Distribuidoras
Son las intermediarias entre las editoriales y las librerías. Existen muchas clases de distribución: algunas responden a modelos tradicionales y otras a modelos artesanales. 

Juanma Torrijos, Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas y Máster en Narrativa, comenta en su blog Tu Coach Literario, que “La distribución ‘tradicional’ es el modelo clásico, en el que un intermediario, el distribuidor, llega a un acuerdo con el editor para utilizar sus sistemas de logística y encargarse de ‘colocar y suministrar’ sus libros a las librerías”. Puesto a explicar el funcionamiento, Torrijos señala que “el distribuidor, lógicamente, no hace su trabajo gratis, se lleva un porcentaje del precio del libro”. Éste oscila entre el 25% y el 35% de PVP (precio de venta al público). Luego, Torrijos explica: “Si a esto le sumas que el punto de venta (la librería en cuestión) se suele quedar entre el 30% y el 35% (y, en según que casos, he llegado a ver el 40% en grandes cadenas), el porcentaje que le queda a la editorial suele rondar entre el 50% y el 40% del PVP. De ese 50%-40% tiene que abonar las regalías del autor, el coste de impresión y otros costes asociados al libro. Como veis, con este primer dato ya se denota que la distribución clásica, para una editorial pequeña, no es rentable”. Existen otras posibilidades: tiradas más chicas o sobre demanda, pero lo exiguo del número de ejemplares hace que, por un lado, el título sea exhibido en menos puntos de venta y, por otro, resulte menos interesante al distribuidor. Torrijos entonces explica: “En principio podríamos pensar que el distribuidor y el librero no deberían tener ninguna objeción por distribuir y comercializar el libro, ya se han aceptado los márgenes que pedían y se han impreso los ejemplares necesarios para ello ¿dónde está entonces el problema? Pues el problema es que tanto el distribuidor como la librería son negocios, y como negocios que son, les interesa vender, generar beneficios. El distribuidor cobra por ejemplar vendido, por lo que no le interesará ofrecerle al librero (salvo en casos contados) el libro de una pequeña editorial y/o un autor desconocido que sabe que, de primeras, no va a ser demandado por un público amplio. Lo que quiere el distribuidor es que el librero se quede con los libros que venden, los de autores conocidos, los últimos lanzamientos de grandes editoriales que tienen mucho invertido en promoción y marketing, etc…”. Y concluye: “El librero, por su parte, quiere que el distribuidor le facilite los títulos que sabe que se van a vender. Su escaparate y sus estanterías son herramientas de venta, y no las quiere ‘ocupadas’ por libros que no van a tener ‘rotación’, es decir, que se van a mantener en esa misma estantería bastante tiempo antes de que alguien se anime a comprarlo, o que él decida devolverlo al distribuidor”. 

Quedan por considerar los modelos artesanales de distribución. Son parte de las estrategias que adoptan las pequeñas y medianas editoriales para maximizar sus productos. Así, quedan en manos de las pequeñas distribuidoras, que en lugar de distribuir en todas las librerías posibles lo hacen en aquéllas que, se sabe, pueden tener más y mejores clientes. Otro tanto ocurre para las muy pequeñas editoriales que optan por hacer su propia distribución. Por caso, todo el mundo sabe en Buenos Aires que la Librería Norte ofrece un espacio más amplio dedicado a la poesía que otras librerías. En consecuencia, cualquier editor de poesía entiende que ése es uno de los puntos obligados para distribuir sus libros porque allí encontrará un público que, entre otras cosas, frecuenta la librería porque ésta satisface ese interés particular. El problema, en todo caso, es que esas distribuidoras de escala pequeña suelen tener menos espacio para negociar con los libreros, lo cual, muchas veces, se traduce en demoras en los pagos. 

Las librerías 
Las librerías no son santuarios sagrados, sino negocios donde se exhiben libros para su venta, En algunos casos uno bien puede considerarlas como santuarios, pero es una cuestión de fe y de ningún modo una verdad absoluta. Existen en relación con el nivel de educación de cada lugar y en razón de la necesidad o costumbre que tiene el público de leer. Así, existen países con muchos habitantes y pocas librerías, países con pocos habitantes y muchas librerías, y todas las variantes posibles. Hay asimismo países que comprenden que es necesario ayudar a los libreros subsidiando sus negocios (Francia es acaso el ejemplo por excelencia) y otros donde no existen los subsidios ni para las librerías, ni para las editoriales, ni para la promoción y traducción de libros. Es posible que cuantas más librerías tenga un país, mayores posibilidades de pensamiento crítico puedan desarrollar sus habitantes. Pero, insisto, aun a riesgo de repetirme, las librerías no son templos sino el lugar donde se venden los libros. 

Las hay de todos los tamaños y especies: cadenas que responden a una marca y que, sin ocuparse de otra cosa más que de las novedades, son algo así como supermercados; librerías generales que venden de todo; librerías especializadas que apuestan a los catálogos; librerías de barrio, librerías a las que se accede con visita previa, librerías de libros escritos en otras lenguas, librerías virtuales, librerías de viejo, etc. 

Como fue dicho, la mayoría de ellas se queda con el 35% al 40% del PVP, salvo en el caso de las grandes cadenas, cuya tajada en razón de las bocas de expendio pueden ser (y suelen ser) incluso mayores. Luego, las librerías de usados desarrollan una ganancia mayor porque compran por poco y venden por mucho. 

La cara visible de las librerías la constituyen los libreros, una especie en franco peligro de extinción, reemplazada por jovencitos adictos a la computadora como único medio de saber si un libro existe o no y si efectivamente lo tienen en la librería. A estos empleados les pagan mal y raramente se ponen la camiseta de la empresa porque saben que son desechables. En otros casos, los dueños o los encargados de la librería poseen la cultura suficiente como para poder responder los requerimientos de los clientes sin muletas mentales ni otras ortopedias. Lo mismo puede decirse de muchos empleados que, además, son lectores. 

A modo de coda 
Los distintos componentes de la cadena del libro deberían ser aliados y colaborar entre sí, cuidando y protegiendo a los autores y traductores que les dan de comer. Pero acá no hay otro remedio que volver al principio: toda esta gente se queda con el 90% de lo que genera la obra de un autor. ¿No será hora de volver a discutir esas cifras? Y lo pregunto sin ánimo de pelea. Más bien como una alternativa para que un trabajo que se realiza conjuntamente ofrezca un nivel de satisfacción más adecuado a las necesidades de todos los participantes y no sólo de algunos. ¿Quién se anima a dar el primer paso?

lunes, 30 de noviembre de 2020

Lo que pasa cuando la poesía le interesa al mercado

El escritor mexicano José María Espinasa, además de ser poeta, crítico y ensayista, es el dueño de Ediciones Sin Nombre, una de las principales editoriales independientes de su país. Coordinador de producción editorial en El Colegio de México y, por un breve tiempo, director de la filial mexicana de Ediciones Akal, en la actualidad se desempeña como Director de la Red de Museos de la Ciudad de México. Periodista de larga experiencia, ayer publicó el siguiente artículo en La Jornada Semanal. Allí va más allá de la reciente polémica planteada por la actitud de Louise Glück ante sus editores españoles después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura y remite la cuestión al ámbito correspondiente: el mercado. En la bajada se lee: “El reciente Premio Nobel de Literatura otorgado a una poeta, Louise Glück, sirve de eje para esta reflexión sobre la apuesta de algunas editoriales que se arriesgan a publicar poesía y sobre el mercado y la industria de los libros. Ante el impulso generado por el premio y la consecuente competencia por los derechos, es necesaria, se afirma aquí, una mutua fidelidad: de la editorial con el autor pero también del autor con la editorial”.

La poesía y el mercado editorial 

El reciente Premio Nobel de Literatura concedido a Louise Glück, la notable poeta estadunidense, ha vuelto visible en español el conflicto del mercado con los géneros de menor venta, como la poesía. La escritora no era desconocida en español. Había varios libros circulando en la editorial Pre-Textos, que seguramente al enterarse del premio celebró con entusiasmo. Sin embargo… 

En España, desde hace más de cuarenta años, la editorial Pre-Textos es un modelo a seguir para otras editoriales literarias: extraordinario catálogo, buen gusto editorial, cuidado en las traducciones e incluso cierta atención a autores latinoamericanos. Es cierto que en México sus precios son muy altos y bastante deficiente su distribución pero, aun así, se trata de un sello modelo. Esa editorial tuvo, desde hace ya varios años, la inteligencia –el olfato, diríamos en plan romántico– de publicar a la ahora Premio Nobel. Pero se ha encontrado ahora con que, en razón del premio, los agentes de la escritora ofrecen al mejor postor los derechos, rompiendo un pacto de fidelidad a quien corrió el riesgo de publicarla cuando era poco o nada conocida. Es triste y, en cierta manera inevitable; así funciona el mercado, aunque así no funcione la poesía. 

Lo que muestra, sin embargo, es una problemática mayor: el ánimo mercantil permea hacia abajo el universo del libro. Me ha tocado constatar que editoriales modelo, como Anagrama (la de Herralde), era e incluso Pre-Textos, han tenido que defender sus derechos, a veces con una violencia innecesaria. Puede resultar incómodo, pero es lógico. Hasta la más pequeña editorial tiene que ver con el mercado. Y hasta el mercado más insignificante desde el punto de vista económico tiene malas prácticas. Incluso, se sabe, hay traductores que invierten en comprar derechos para tener la exclusividad de ser ellos los que vierten a nuestra lengua este o aquel escritor, a veces con resultados bastante malos. O viudas que manejan los derechos como acciones en casa de bolsa. Por no hablar de las tarifas leoninas que la agencia de la finada Carmen Balcells se dejaba pedir. 

Hay, por otro lado, ejemplos magníficos de comportamiento generoso. Alguna vez solicité derechos de Paul Gadenne a Actes Sud, y su respuesta fue: se los damos, cuando los publique nos manda cinco ejemplares en pago. E, insisto, la consecuencia natural del Premio Nobel es esa: un cero o dos más en los derechos del autor. 

Me interesa aquí más hablar desde el punto de vista del olfato editorial que del mercado. Gracias a Jorge Fonderbriden sabemos un poco de la historia de cómo la flamante Premio Nobel llegó al catálogo de Pre-Textos. Una recomendación personal, un interés real por esa recomendación y un editor que lee y ejerce su gusto –Manuel Borras, fundador de Pre-Textos– y decide apostar por él y llevarlo hasta el resultado concreto: un libro impreso (bueno, siete en el caso de Louise Glück). Esa cadena intuitiva tiene –necesita– resultados concretos desde el punto de vista económico. No puede ser a fondo perdido, si bien no haga ricos a sus editores. El sistema de equilibrio es muy sutil, y tiene que ver con la formación de un catálogo. Un solo libro publicado de Glück en la editorial podía ser un capricho, siete son una apuesta ante el lector. Y todo apostador sabe que no siempre se gana. Lo que aquí molesta e incomoda es que, aunque gane, termina siendo una pérdida, o –por lo menos– un sentimiento de pérdida. 

La única perspectiva real respecto a eso es contar con el apoyo del autor. Suele ser un trato bastante más comprensivo, aunque no tan constante como debiera, pero no es lo mismo un narrador joven que busca hacer una carrera que una escritora en la cumbre de su fama y ya madura. Glück nació en 1943, tiene sesenta y siete años. Si las ventas suben, los que disfrutarán las regalías serán los intermediarios y si acaso los familiares. Pero es una mala apuesta, al menos en español, pues la contradicción es que al aumentar sus derechos las editoriales grandes, que los pueden pagar, no se interesan en hacerlo, y cuando lo hacen es por un breve tiempo, lo que dura el impulso del premio para ponerlo en mesa de novedades algunos días, pues los márgenes de ganancias de la poesía nunca satisfacen sus expectativas. Se suele decir que el editor debe cuidar a sus autores, pero también es cierto que el autor debe cuidar a sus editores. 

Lo que sí resulta escandaloso y fuera de toda medida es que el agente –supongo que no la autora– haya pedido a Pre-Textos que destruyera los ejemplares que tuviera en bodega. Líneas arriba mencioné el sutil equilibrio que los editores tienen que guardar, pues grandes o pequeños, están siempre en la cuerda floja. Un emporio se puede derrumbar en un día y un editor pequeño durar un siglo, pero ninguno, ni siquiera los diamantes, son eternos (y vaya un mínimo homenaje a Sean Connery). 

Una última cosa con mi constante insistencia: las protestas contra esta alevosa falta de tacto de los agentes de la escritora han venido de los propios poetas, que defienden a la editorial y la buena fe, eso tan poco frecuente, y ojalá se extienda a los lectores, quienes también deben proteger a sus editoriales, porque hay editoriales que consiguen pasar del “las” abstracto, al “sus” afectivo, casi posesivo. 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Uno de los traductores de Louis Glück da su punto de vista sobre lo que exige la Wylie Agencie


Publicada en ProDavinci, el pasado 19 de noviembre, esta columna, firmada por el poeta y traductor venezolano Adalber Salas Hernández, uno de los traductores de Louise Glück para la editorial Pre-Textos, toca uno de los puntos más específicos de toda la polémica desarrollada en las últimas dos semanas: qué pasa con las traducciones cuando un autor cambia de editorial. 

Quemar libros 

Vale la pena recordar por qué estamos en esto. Por qué hacemos lo que hacemos. Qué pequeña conjura de circunstancias nos ha impulsado a vivir por y para los libros. 

Cuando me pregunto por qué hago lo que hago, por qué leo del modo en que leo, por qué traduzco con voracidad, por qué escribo como si se me acabara el tiempo, lo primero que me viene a la cabeza es un recuerdo de infancia. Las enciclopedias de la casa en que crecí, hileras de libros de lomos negros, monjes especialistas en recoger el polvo. Sentía genuina fascinación recorriendo sus páginas, enterándome de los hechos más diversos, de una constelación de datos como pequeñas joyas sin valor alguno para nadie más. Es difícil comunicar el significado de aquellas tardes vivas, repletas de anacondas y submarinos y sistemas solares y travesías por el desierto. Baste decir que entonces di con algo, una certeza que me ha acompañado toda la vida –aunque apenas ahora pueda formularla–: un libro es una máquina de producir asombros. 

Al asombro ante los libros no tardó en sumarse otro, uno que refractaba y reproducía el anterior: el asombro ante las lenguas. Descubrí, con el arrojo propio de una vida pequeña, que había otras lenguas en las que se podía decir nunca exactamente lo mismo. Entendí –aunque apenas ahora pueda formularlo– que una palabra es un horizonte que cabe en la mano, en la boca, en el bolsillo. Que siguiendo el rastro de las asociaciones, el juego interminable de la connotación, un vocablo recién aprendido podía llevar a travesías interminables. Y así ha sido. La pluralidad de las lenguas también es una celebración lujosa, interminable. No tuve que esperar a que la física me hablara de universos paralelos; ya había aprendido que el mundo se desdoblaba constantemente, en cada una de sus lenguas. 

Más o menos al mismo tiempo me percaté del poder de las traducciones. Más concretamente, de su poder destructivo. Por aquella época –a los 12 o 13 años– intenté leer Hamlet. No sabía de qué se trataba; sin embargo, ese nombre circulaba con cierto aire de respetabilidad, ese olor a santidad que suele rodear a los clásicos. Digo que lo intenté porque no fui capaz de pasar de las pocas páginas: se trataba de una lectura indigesta. Pero a ella le debo mi amor por la traducción. Ese pésimo traductor, sea quien sea, me hizo un regalo de valor incalculable. El fantasma de su Hamlet, de lenguaje maltrecho, me acompaña siempre. 

La traducción le suma al libro vidas insólitas. Multiplica las sombras que es capaz de proyectar. Es decir, amplifica su capacidad de asombro. Quien traduce, hace oficio de la multiplicidad. 

Cuando los editores de Pre-Textos me propusieron traducir A Village Life, de Louise Glück, acepté de inmediato. Glück se hallaba entre las poetas que más me habían impactado. Recuerdo que, al leer Averno y The Wild Iris, pasé varios días rumiando los libros, volviendo sobre mis pasajes favoritos, sin querer empezar otra lectura. A Village Life me deparó una fascinación similar. Traducirlo fue, de cierto modo, devolver lo que me había sido dado: valerme de mi voz para darle un nuevo cuerpo sonoro a otra, admirada, que me había acompañado por años. Un gesto de gratitud, si se quiere. Traducir también puede ser una manera de dar las gracias. 

No obstante, sin que Una vida de pueblo –así titulé el volumen– haya cumplido siquiera un año de haber sido publicado, veo mi trabajo en peligro de extinción. Y no sólo el mío, sino el de todos los otros traductores que me precedieron. En esta labor soy apenas el último; antes estuvieron –y están: allí siguen sus libros, respirando– Eduardo Chirinos, Mirta Rosenberg, Beverly Pérez Rego, Andrés Catalán, Abraham Gragera, Ruth Miguel Franco, Mariano Peyrou. Incluso Luis Harss publicó algunas traducciones en la mítica revista Escandalar –dato que le debo a Johan Gotera y Aleisa Ribalta Guzmán. Soy el menor en este linaje: se trata de personas que admiro hondamente. Todos ellos constituyen una fecunda variedad de registros. 

En peligro de extinción, he dicho: víctima de la rapacidad. La agencia que se encarga de los derechos de Glück ha escogido no renovar sus contratos con Pre-Textos. Y lo ha hecho con doblez: mientras les daba largas, sin responder apenas a sus correos, buscaba secretamente mejores postores. Muy rápido se supo lo que estaba sucediendo y varias de las editoriales contactadas se negaron a participar de este asunto sórdido. Pero, al final, la agencia escogió entregar los derechos a otra editorial, sin permitirle a Pre-Textos derecho a contraoferta o a simple réplica. La magnífica diversidad de acentos en la que vivía la obra de Louise Glück en español está a punto de ser deforestada y aplanada por una voz única. 

A este juego desleal hay que sumar algo más. La agencia exige que Pre-Textos destruya hasta el último ejemplar que no haya vendido. 

¿Y cómo se destruyen los libros? 

Quemándolos. La agencia demanda que se quemen los libros de su autora. 

Digámoslo una vez más, en voz alta: piden que los libros de Louise Glück sean quemados. 

¿No les deja un regusto amargo en la boca? ¿Qué recuerdos vienen a la mente cuando hablamos de quemar libros? ¿Manifestaciones fascistas, hogueras, purgas? La agencia querría hacer pasar este gesto depredador, grotesco, por una simple transacción. La consecuencia de un intercambio aséptico. Pero no lo olvidemos: ninguna transacción es neutral. Lo mercantil está siempre atravesado por lo ético. 

Quieren eliminar estos libros, quieren expurgar el nombre de Louise Glück del catálogo de Pre-Textos –que la ha publicado por casi 15 años– para hacer lugar a la nueva traducción. Como quien despeja a fuego un trozo de selva, eliminando ciegamente cualquier profusión vital que pueda albergar. Requieren, además, pruebas: que alguien más certifique que la destrucción ha ocurrido. Un tercero independiente de la editorial, capaz de confirmar que la purga ha ocurrido. Entonces estarán satisfechos, habiendo servido del único modo que saben a la autora que representan. Una caja de ceniza entregada por correo: así me imagino la prueba que tanto ansían. 

Y la ceniza es exactamente lo contrario del asombro.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Louise Glück es la verdadera responsable de las acciones de Andrew Wylie y su silencio la condena


Louise Glück
no es una damisela en problemas a la que su agente Andrew Wylie acude raudo a salvar de las garras de Manuel Borrás y sus secuaces, sino una señora que después de haber ganado premios como el Pulitzer y el Nobel, que la hicieron rica, traiciona la confianza de sus editores españoles, los mismos que la hicieron conocida en el mundo de la lengua castellana, apostando por ella, cuando su nombre no significaba nada. Guillermo Piro, en su columna del 22 de noviembre pasado del diario Perfil, de Argentina, así lo demuestra, recurriendo a otros representados por la agencia del Chacal, que dejan en claro cómo son las cosas. 

Ms Glück y su agente desalmado 

Hace algunos años, Abelardo Castillo me confesaba las razones que lo llevaban a tener una agente literaria como Carmen Balcells, quien nunca había movido un dedo por conseguirle un contrato que valiera la pena, pero que aún así seguía siendo su agente. Castillo usaba el nombre de la española con fines extorsivos: cuando negociaba las cifras de un contrato y su requerimiento provocaba dilaciones, Castilo soltaba: “Entonces van a tener que hablar con Balcells”, frase que hacía que instantáneamente el camino se allanara y sus deseos fueran satisfechos: tener que lidiar con ella significaba un dolor de cabeza y un retroceso en cualquier conversación contractual, porque siempre se terminaba haciendo lo que ella quería. 

Balcells murió en 2015 y quien heredó su inflexibilidad es Andrew Wylie, un agente estadounidense muy parecido a Stan Laurel, considerado el más poderoso e influyente del mercado. En un punto de recuerda al Hans Landa de Bastardos sin gloria. No por sus inclinaciones nazis, que no las tiene, sino porque se siente orgulloso del apodo que se ha ganado: “el Chacal”. Entre la lista de sus representados se encuentra la crema de la literatura universal, desde Borges a Baricco, pasando por Sontag, Kundera y Nabokov. La lista es enorme. Su nombre empezó a pronunciarse en voz alta la semana pasada a raíz de un hecho triste: Wylie, representante de Louise Glück, poeta estadounidense recientemente galardonada el pasado 10 de octubre con el Nobel de Literatura, se habría puesto a tantear editores españoles que quisieran publicar su obra. Mejor dicho re-publicar, porque hasta esa fecha la editorial por defecto de los libros de Glück en español era Pre-Textos, con sede en Valencia, a cargo de Manuel Borrás. 

No importan los siete libros publicados por Pre-Textos en los últimos quince años, cuando la autora era aún más desconocida que ahora: Wylie salió a la caza de otro sello, y como si eso no bastara requiriendo que Pre-Textos se deshiciera del remanente de las viejas ediciones, que habían empezado a venderse con aceitada facilidad recién a partir del otorganiento del Nobel. Lanzar libros al fuego es desagradable, y naturalmente los dedos índices apuntaban a Wylie, el desalmado. Pero de pronto los acusadores empezaron a considerar que tal vez Ms Glück fue quien dio la orden a Wylie de que emprendiera la búsqueda de otro sello.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

"Tan prepotentes que son estos señores y están siendo de una torpeza absoluta"


“48 horas después de la concesión del Nobel a Louise Glück su agente, Andrew Wylie, retiró por sorpresa los derechos a Pre-Textos, su editorial española durante quince años”. Esto dice la bajada de la nota de Paula Corroto, publicada en El Confidencial, el pasado 18 de noviembre. Allí, el editor Manuel Borrás explica cuál era la situación de su editorial respecto de las exigencias de la autora y de su agente. Hoy, sin embargo, todo esto parece historia antigua: Glück y Wylie arreglaron con Chus Visor, un nuevo contrato con la editorial Visor Libros, que ya tiene en su catálogo a Joaquín Sabina, Elvira Sastre y Mario Benedetti entre otros destacados autores.

El editor que tocó el cielo del Nobel y ahora debe destruir todos los libros: "Es indigno" 

Es el gran escándalo cultural: 48 horas después de la concesión del Nobel a la poeta estadounidense Louise Glück el pasado 8 de octubre, su agente, Andrew Wylie, al que llaman 'El chacal' -por algo- ya estaba intentando vender los derechos de esta autora minoritaria que tenía hasta la fecha la editorial valenciana Pre-Textos, especializada en autores con mucho riesgo comercial. Ni un aviso, nada. Ni siquiera poder disfrutar algo de una autora que, como desde la propia editorial dicen, les había hecho perder dinero. Ahora, con el gran premio de las letras, era el momento de resarcirse tras quince años de apuesta y siete libros publicados. Pero así funciona el mercado, se lamenta el editor Manuel Borrás en esta conversación con El Confidencial. Está muy triste, dolido y enfadado. También porque le obligan a destruir todos los ejemplares de cualquier libro que tengan de Glück. Como si fuera una pira de libros. Eso ya sabemos a qué suena. 

–Esto empezó justo después de que se conociera la noticia del Nobel a Louise Glück. 
–Antes del Nobel no había ningún conflicto. De hecho, los siete libros que hemos contratado han sido con la misma agencia. El problema comienza cuando a ella le dan el Nobel. Pasamos de ser los editores ideales para Louise Glück a ser una especie de villanos, que no hemos cumplido… Es que es tan irrisorio. Nuestros asesores jurídicos están que no dan crédito. Tan prepotentes que son estos señores y están siendo de una torpeza absoluta. Aducen que en una ocasión unos adelantos no se pagaron en su día. Bueno, nos retrasaríamos, pero, ¿por qué aceptaron el dinero? Y segundo, que en el último libro no le consultamos a la autora la cubierta… ¿Tú crees que son argumentos? Es que es de risa. Las cubiertas que le han hecho en EEUU son pavorosas. 

–¿Hay alguna manera de blindar los contratos que tenéis con ella? 
–No, no hay ninguna forma porque son contratos firmados con una fecha de caducidad, Nos dicen que sí…, pero sería meternos en un pleito. A nosotros los juristas nos están diciendo que tenemos incluso un derecho adquirido por haber sido durante catorce años editores de esa señora. ¿Cómo es posible que catorce años de lealtad editorial, perdiendo dinero…? Porque hemos perdido dinero publicando a la Glück. Y siento dar este dato porque a mí no me gusta…, pero ya que hablan de economía pues vamos a hablar de economía. Y a ver dónde Pre-Textos se ha beneficiado con esta señora. Porque no nos hemos beneficiado de nada, todo lo contrario. Cuando íbamos a empezar a resarcirnos, que evidentemente es después del premio Nobel, es cuando estos señores nos dicen, corten y que tenemos que destruir incluso los stocks y que de mutuo acuerdo con la autora nos vamos a otro editor. 

–Que un autor cambie de editorial pasa a menudo, pero lo sorprendente es que os obliguen a destruir los ejemplares que tenéis de todos los libros. Eso significa que estas tiradas, después de que haya ganado el Nobel, no las podéis vender. 
–Evidentemente. Es que es una actitud que conculca cualquier principio ético. Yo comprendo que haya otros editores que nos puedan tomar el relevo, pero que dejen que nos resarzamos de lo que tenemos. Si no quieren que reeditemos no vamos a reeditar, pero ¿que quememos nuestros libros? Y aparte con testigo ajeno a la editorial. Yo les he dicho que llamaremos a toda la prensa para que seáis testigos de una agresión ecológica. Porque ya no es quemar un libro de la Glück o deshacerlo en pasta de papel, sino que es un disparate. 

–Te referías a Glück como “esa señora”. Tampoco se ha puesto en contacto con vosotros con todo este tema. Imagino que no estáis contentos. ¿Hay resquemor? 
–Ninguno, no, no. También a esta señora le pueden estar contando historias para no dormir de nosotros. Vete tú a saber. Yo creo que sus agentes lo que están haciendo es defender unos intereses. Yo ni siquiera les tengo inquina a los agentes, lo que pasa es que hay modos y maneras. Que se dirijan a nosotros con un poco de respeto. Porque a ver, ¿esto es porque somos de Valencia? ¿porque somos hispanos? ¿europeos? Se nos dirigen con una prepotencia e intimidación… Es que es muy fuerte. Además dicen que si yo estoy mintiendo. Pero mintiendo de qué. ¿Dónde están esos catorce años de fidelidad? ¿Dónde están esos siete libros publicados de once? Es que no hay parangón en Europa. No ha habido ninguna editorial que desde hace quince años haya apoyado a esa autora como lo hemos hecho nosotros. Cuando digo ‘señora’ lo digo con respeto, no con distancia. Pero si a mí ella me acaba decepcionando personalmente yo no me tomaría un te al bar de la esquina de mi calle con ella, pero seguiría considerándola la misma poeta que la he considerado antes de este incidente. La calidad de la poesía de Louise Glück está por encima de todo. Ahora, si me defrauda… Y sobre todo una señora que se ha distinguido por ponderar la importancia del comportamiento cívico, las buenas prácticas… pues en el medio en el que nos encontramos sería por su parte poco consecuencia no darse cuenta de que se está cometiendo con nosotros una flagrante injusticia. 

–Pero han pasado unos días desde que saltó este asunto. Es un poco raro que no haya dado señales de vida. 
–Es muy extraño sí. Si quieres que te sea honrado, me ha empezado a deprimir. No es que hubiéramos esperado una contestación inmediata porque la carta que le envié advirtiéndole… porque es que nos enteramos de todo esto 48 horas después de que le dieran el premio. Es decir, 48 horas después estaban ofreciendo a nuestras espaldas a esa premio Nobel al mejor postor. Que yo me entero por la desafección con la agencia de uno de mis colegas que me llama y me cuenta la canallada. 

–También es curioso que esto haya pasado con una poeta. Con novelistas que, de repente, venden muchísimo, lo hemos visto muchas veces. El mercado funciona así. Pero ¿con la poesía? 
–Es muy raro. Nos tiene alucinados. Porque además si hubiera sido una poeta de una venta espectacular… pero por desgracia no lo ha sido. Tu sorpresa es la nuestra. Porque aqui, qué se están dirimiendo, ¡cifras de tres ceros! Es que ni siquiera de cuatro. Y si se dirimen cifras de cuatro ceros yo no sé qué editor va a suicidarse pagando unas cantidades astronómicas que no va a recuperar nunca a no ser que tenga otros fines la compra de eso. 

–Por eso te lo preguntaba. Chirría porque no es alguien que vaya a romper el mercado. 
–No, no, no estamos hablando de eso. Yo al agente no le recrimino nada porque él está defendiendo una postura y, yo creo que mal, los derechos de su representada. Pero lo que recriminamos es que cómo después de catorce años de lealtad editorial a una autora con la que no ha habido un solo problema hasta que le dieron el premio Nobel, ni siquiera nos han dado la posibilidad del tanteo. Yo hubiera entendido que nos dijeran: de acuerdo con la autora hemos vendido los derechos a otra editorial, pero nos van a pagar 10.000 dólares. ¿Están ustedes en condiciones de pagarlos? Pues dices, sí o no, y te retiras, dolido, pero… 

–Pero ese es el juego, está claro. 
–Sí, pero es que a nosotros no nos han permitido eso. Han ido a hechos consumados. Y lo más grave es que mientras nos estaban distrayendo pidiéndonos los ejemplares porque nosotros queriamos actualizarlo todo e incluso contratar la edición de la obra reunida, los libros de ensayo… pero, claro, ellos no soltaban prenda porque estaban vendiéndolo a nuestras espaldas. Y no una semana después o ante la presencia, a lo mejor para ellos, de nuestras irrisorias cantidades que ofrecíamos. ¡Es que lo estaban haciendo 48 horas después de hacerse público el Nobel! 

–¿Era una autora cara? 
–No, para nada. Si hubiera sido cara nosotros no hubiéramos estado en disposición… Pero ha habido autoras del ámbito anglosjaón con el mismo éxito que la Glück, que cuando las hemos querido volver a publicar nos han pedido más dinero, sin haber amortizado, Pero [en el caso de Glück] ellos pedían unas cantidades a mi juicio razonables. De cara, nada. 

–Por tanto, la estrategia se entiende poco porque no parece que se vaya a colocar en otro sitio y que empiece a vender, más allá de este impulso del Nobel. 
–No, no. Además yo deseo toda la suerte a la difusión de la obra de Glück después de Pre-Textos, pero no le arriendo la ganancia a quien ahora publique a Louise Glück. Lo que más me duele es que la gente empieza a decirme: se me han quitado las ganas de leerla. Eso no me gusta, porque se nos pueden quitar las ganas de tomar un te con ella, pero no de leerla, porque es una gran poeta. 

–En la editorial publicáis a otros premios Nobel. Y nunca os ha ocurrido esto. 
–No, no, jamás ocurrió. Y seguimos reeditando a los Nobel anteriores. El Nobel de Elias Canetti, que tenemos Voces de Marrakech desde justo antes de que le dieran el Nobel. Y nunca nos han quitado nada. Y creo que han ganado mucho dinero con nosotros porque les hemos estado liquidando….es decir, como corresponde. Esto es el primer problema que se nos presenta en una situacion inexplicable y muy triste. 

–¿Os han dado algún plazo para dejar de vender a Glück? 
–No, no. Nos han dado un plazo para que yo deje de hablar. Y de –que yo, es decir, la editorial, tenía que retractarse de todo… Pero es que la editorial no tiene nada de qué retractarse porque estamos diciendo la verdad. Lo que estamos pidiendo es justicia poética, pero como la justicia poética es imposible en la cabeza de esta gente pues… Nosotros damos por perdida la batalla, pero que nos dejen resarcirnos de los pocos libros que tenemos y no hacer una pira. Solo pensar en eso me saltan… Si ya me costó un disgusto cuando nos tuvimos que deshacer de existencias porque no cabían y me tuve que ir dos días de la editorial porque no podía ver que sacaran libros en los que yo creía y me gustaban. ¡Cómo no me va a indignar esto! ¡Cómo no me va a doler! Además, por una poeta por la que has estado apostando quince años y perdiendo dinero. 





martes, 24 de noviembre de 2020

Wylie sigue calumniando a Pre-Textos y, de ese modo, muestra su técnica: embarrar la cancha


Ferrán Bono publicó la siguiente entrevista en el diario El País, de Madrid, el pasado 22 de noviembre. Según la bajada: “El Chacal rechaza haber roto la lealtad con Pre-Textos, sello español que ha editado siete de los 11 libros de la poeta antes del Nobel. ‘Ha habido promesas incumplidas’, dice el agente”. 

“Llevamos tiempo buscando un nuevo hogar para Louise Glück” 

Andrew Wylie (foto), el agente más importante del ámbito literario internacional, sale al paso de la polémica generada por la no renovación a la editorial española Pre-Textos de los derechos de traducción y publicación en castellano de la nueva premio Nobel de Literatura, Louise Glück. Con esa decisión, el agente al que se conoce como El Chacal en el mundo literario por su manera de negociar rompe con la lealtad demostrada por el sello valenciano, que ha publicado siete de los libros de la autora a lo largo de 14 años antes de que ganara el galardón, cuando era prácticamente una desconocida fuera de EE UU. Wylie asegura en una entrevista por correo electrónico con EL PAÍS que “lamentablemente, Pre-Textos no ha sido fiel a “Su primer ningún acuerdo contrato por la obra de Louise Glück expiró en 2015 y no pagaron el anticipo pactado para la firma del segundo. Por supuesto, les hemos escrito repetidamente, durante un período de años, más recientemente esta primavera, invitándolos a reparar esta situación, pero dejaron nuestros mensajes sin respuesta. Cuando publicaron Meadowlands [Praderas] en 2017 y A Village Life [Una vida de pueblo] en 2020, no solo fue sin pago sino sin ningún tipo de consulta sobre la traducción o la portada. Ni siquiera enviaron a Louise Glück una copia de sus propios libros”, señala el agente de escritores como Jorge Luis Borges, Vladimir Nabokov, Roberto Bolaño o Emmanuel Carrère. 

Pre-Textos, una pequeña editorial independiente, se ha granjeado la simpatía y solidaridad de parte de los lectores y de los profesionales del sector por la decisión de la agencia de no renovar los derechos de traducción y publicación en castellano (para España y Latinoamérica). El sello no había dejado de apostar por la poeta de 78 años a pesar de no amortizar el coste de la publicación de sus libros, debido a su escasa venta. La concesión del premio Nobel el pasado mes de octubre cambió la relación. La agencia de Wylie, con sedes en Nueva York y Londres, ofreció entonces a varias editoriales españolas los derechos de Glück, “a espaldas de Pre-Textos”, según Manuel Borrás, editor del sello, que fue advertido de la operación por sus colegas. 

Wylie sostiene, sin embargo, que solo “después del anuncio” [de la concesión del galardón] volvieron “a tener noticias de Pre-Textos”. “Los premios son ciertamente importantes, pero nuestra posición permanece como siempre: nuestro objetivo es trabajar con editoriales que tratan bien a los libros y a los autores. Llevamos tiempo buscando un nuevo hogar para Glück en lengua española”, asegura El Chacal, que acaba de cumplir 40 años al frente de su agencia. 

¿Es ingenuo pensar que, en el caso de una poeta poco comercial debería quedarse fuera del mercado del mejor postor, como ha sucedido? Wylie responde: “Recientemente, hemos rechazado una oferta de renovación de Pre-Textos debido a sus anteriores promesas incumplidas y a la falta de comunicación, no por el bien de una subasta. Pero, en general, creo que los escritores deben colocar sus libros en las ediciones adecuadas y se les debe pagar por su trabajo, y los editores merecen ser retribuidos por las copias que venden”. 

¿Y cómo se puede sacar provecho de una poeta tan elogiada por la crítica y poco conocida por el lector fuera de los círculos literarios estadounidenses? Responde Wylie: “Representamos a los poetas por la misma razón que representamos a los escritores serios en todos sus géneros. Si su trabajo es bueno, entonces debería ser defendido. Louise Glück tiene un público establecido en todo el mundo”. ¿Pero estaba la poeta descontenta con el trabajo de Pre-Textos? “No creo que nadie pueda estar contento con esta historia”, zanja. 

Solidaridad 
La no renovación de los derechos a Pre-Textos ha despertado una ola de solidaridad en escritores y profesionales que han firmado una carta lamentando que la agencia comenzara a “ofrecerla a espaldas de la editorial al mejor postor, ignorando de esa manera el esfuerzo realizado por sus editores españoles”. Wylie mantiene su posición: “Estoy seguro de que fue firmado de buena fe por personas que creen, como yo, en la importancia de la publicación literaria independiente. La obra de Louise Glück seguirá siendo publicada, como antes del Nobel, por Carcanet en el Reino Unido, por Rámus en Suecia, por Opus en la República Checa, por Edicions del Buc en catalán y por otros sellos independientes alrededor del mundo. Pero es lamentable que las personas que firmaron esta carta no pudieran conocer los desafortunados detalles del caso”. 

Pau Sanchis, uno de los cuatro socios que conforman Edicions del Buc, sello que posee el único libro traducido al catalán de la Nobel, Nit fidel i virtuosa, asegura que no han tenido “ningún problema con la agencia Andrew Wylie”. “Las relaciones han sido siempre las correctas: hemos negociado lo que teníamos que negociar sin más contratiempos”. Sanchis declina comentar los problemas que Pre-Textos mantiene con el agente —”somos dos editoriales de la misma ciudad y tenemos buenas relaciones”–y se remite a que, en su caso, tenían contrato en vigor y les “quedaban dos años de vigencia”, si bien con “una cláusula vinculada a un número de ejemplares: como con el premio agotamos la edición, ahora lo hemos renovado y podremos volver a distribuir libros la semana próxima”, concreta. Edicions del Buc admite que están negociando “editar algún libro más” de Glück, informa Carles Geli. Eso haría replantearse la decisión de abandonar el proyecto editorial, como barajaban poco antes del galardón. “Poder mantener a una Nobel en el catálogo tiene peso para seguir en este oficio”, añade. 

Las muestras de solidaridad hacia Pre-Textos –incluso del presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig– han sido numerosas, pero también hay profesionales que critican que la situación ha llegado a un extremo en que si una editorial decide ahora publicar en castellano a Glück parecerá una traición. “Los movimientos entre autores y editoriales son habituales en el sector y mucho más cuando los derechos de traducción y publicación ya han expirado y una autora acaba de ganar el Nobel. A mí me ha pasado otras veces”, señala una fuente editorial. 


Borrás: "No hemos venido a litigar"
Los editores de Pre-Textos insisten en que han “pagado todo, con retraso en la última factura, sí”, apunta Silvia Pratdesaba. Aseguran que en mayo, la agencia de Andrew Wylie les propuso renovar contratos y otro nuevo libro de Glück. “No respondimos porque estábamos en el confinamiento, hicimos un ERTE y volvimos a la oficina en septiembre”, dice. La editora reconoce que se les olvidó enviar la traducción y la portada de los dos últimos libros, una exigencia poco habitual. “No hubo ninguna mala fe, y todo tiene solución”, agrega. El también editor Manuel Borrás afirma: “No hemos venido a este mundo a litigar, sino a editar sin alharacas, pero es triste que la ética sea sometida al imperio del mercado. Me puede haber decepcionado Glück con su actitud pasiva [no ha respondido a una carta de la editorial] , pero sigo diciendo que es una estupenda poeta y hay que leerla”.  






lunes, 23 de noviembre de 2020

Segunda ampliación de la carta abierta a Andrew Wylie y Louise Glück

Reiteramos que la iniciativa de llevar adelante esta carta abierta proviene de Latinoamérica. Además del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires y la revista Buenos Aires Poetry (dirigida por Juan Arabia), han participado activamente los escritores Darío Jaramillo (Colombia), Gustavo Valle (Venezuela), Pedro Serrano y Eduardo Langagne (México), Mariana Di Ció (Argentina) y Richard Gwyn (Gales), a quienes corresponde sumar a Paulo Slachevsky y Silvia Aguilera (directores de la editorial chilena LOM, quienes han acercado las firmas de los editores del mundo entero, que conforman la Alianza Internacional de Editores Independientes). Cada uno de los nombrados ha aportado sus propios contactos, creado importantes cadenas con escritores, traductores y editores de muy diversa procedencia, a los que se han sumado los amigos españoles de Pre-Textos. 

Sin embargo, los diarios españoles no lo han consignado y sólo han recogido los nombres de unos pocos firmantes españoles. A pesar de ese detalle, tal vez esta carta sea la mejor prueba del cariño despertado en todo el mundo por la editorial Pre-Textos, acaso la única casa española que habría podido recibir el apoyo y la gratitud de los lectores de todas las provincias de la lengua y más allá, en virtud de su amplitud, honradez, ecumenismo y buen gusto. 

Dado el inmenso número de mensajes y mails recibidos, es posible que se nos haya pasado alguno o que hayamos cometidos errores de atribución de nacionalidad, por lo que rogamos a los perjudicados sepan disculpar las erratas y omisiones 

Y ahora, nuevamente la carta, con el agregado de más firmas. 

Se resalta en rojo el nombre de las editoriales que adhieren. 


Durante catorce años la editorial Pre-Textos publicó a la poeta estadounidense Louise Glück –exactamente, siete libros traducidos por poetas traductores de distintas provincias de la lengua castellana–, apostando empecinadamente por ella cuando prácticamente nadie fuera del mundo de habla inglesa la conocía. 

Son libros que, pese a las pérdidas económicas que representaron, se sucedieron uno tras otro, abonando un extenso territorio, en el que lectores que, antes de la existencia de esas traducciones, nada sabían de Glück fueran paulatinamente “colonizados” por la autora, gracias al esfuerzo de Manuel Borrás, Manolo Ramírez y Silvia Pratdesaba. 

Esa fidelidad, aparentemente, concluye con el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura 2020. Mientras Pre-Textos intentaba renovar los derechos de algunos esos títulos, la Wylie Agency que representa Glück, comenzó a ofrecerla a espaldas de la editorial al mejor postor, ignorando de esa manera el esfuerzo realizado por sus editores españoles. 

Por ello, y porque creemos que editores y autores deben ser aliados en las buenas y en las malas, los escritores, traductores, editores y periodistas que firmamos esta carta abierta queremos dejar sentado nuestro descontento por una práctica cada vez más frecuente que denigra la confianza, conspira contra la lealtad y condena a la literatura a ser un producto más del mercado, relativizando los valores humanos de los que se supone debería ser portadora. 

La siguiente carta abierta, que se publica tanto en el blog del Club de Traductores Literarios como en la revista Buenos Aires Poetry, además del Facebook de la Editorial Pre-Textos, se renovará semanalmente con nuevas firmas. 


A

José Manuel Abad, periodista (España)

Raquel Abend van Dalen, escritora (Venezuela)

Nouri Abid, Med Ali Éditions (Túnez)

Juan Carlos Abril, escritor (España)

Carlo Acevedo, poeta y profesor universitario (Colombia)

Juan Carlos Acevedo, poeta (Colombia)

Rafael Accorinti, traductor (Argentina)

Lorena Acosta Iglesias, investigadora en Filosofía UCM y poeta (España).

Sulaiman Adebowale, Éditions Amalion (Sénégal)

David Aeberhard Guijosa, traductor y escritor. (Suecia)

Estela Maris Aganchul, editora, correctora (Venezuela)

Silvia Aguilera, directora editorial y dueña de LOM (Chile)

Osvaldo Aguirre, poeta, narrador y periodista (Argentina)

Betty Aguirre-Maier, docente, editora y traductora (Estados Unidos / Ecuador)

Marta Agudo Ramírez, poeta y doctora en Filología (España)

Ronny Agustinus, editor de Marjin Kiri (Indonesia)

Carlos Aimeur, escritor y periodista (España)

Antonio Alcalde, poeta y escritor (España)

Antonio Alcázar, artista plástico (España)

Fernando Alfón, ensayista y traductor (Argentina)

Joselyn M. Almeida, poeta, docente, traductora (Estados Unidos /Uruguay)

María Carmen Almudéver Fort, correctora y psicóloga (España)

Kris Alvar, poeta y artista plástica (España)

Elizabeth Alvarado, codirectora de Ediciones Arlequín (México)

José Luis Álvarez Escontrela, escritor y editor (Venezuela)

Nieves Alvarez Martín, escritora, poeta y artista plástica (España)

Marie Agathe Amoikon Fauquembergue, Éditions Éburnie (Costa de Marfil)

Almudena Amador Viqueira, librera (España)

Pablo Anadón, poeta, ensayista y traductor (Argentina)

María Teresa Andruetto, poeta y narradora (Argentina)

Dimitris Angelís, poeta, director de la revista Frear (Grecia)

Mariano Antolín Rato, novelista y traductor (España)

Juan Arabia, poeta, traductor y editor (Argentina)

Manuel Arango Pérez, músico (Colombia)

Sandra Araya, editora de Doble Rostro Editores (Ecuador)

Diego Aristizabal, escritor (Colombia)

Edda Armas, poeta y editora / Dcir Ediciones (Venezuela)

María Montserrat Armas, traductora (España)

Luis Armenta Malpica, editor de Manrus Editores (México)

Juan Arnau, filósofo, astrofísico y ensayista (España)

Manuel Arranz Lázaro, traductor (España)

Belkys Arredondo Olivo, poeta (Venezuela)

Rodrigo Arriagada Zubieta, poeta y crítico literario (Chile)

Diego Arroyo Gil, escritor, Venezuela

Jorge Arroyo Moreno, editor de Lápix Editores (Perú) 

Roxana Artal, poeta, editora, gestora cultural. (Argentina)

Luis Artigue, escritor (España)

Jorge Aulicino, poeta, traductor y periodista (Argentina) 

Michael Augustin, poeta, traductor, editor (Alemania)

Ibrahima Aya, Éditions Tombouctou (Mali)


B

Francisco Baena, director del Centro José Guerrero y narrador (España) 

Frank Báez, poeta (República Dominicana)

Luis Bagué Quílez, poeta y crítico literario (España)

Miriam Balaguer Armiñana, artista visual y profesora universitaria (España)

Zhivka Baltadzhieva, poeta y traductora, (Bulgaria / España)

José Balza, escritor (Venezuela)

Reme Ballesteros, maquetadora de libros (España)

Adriana Bañares, poeta y editora de Aloha Editorial (España)

Lilia Barajas, directora de arte y dueña del sello Nitro/Press (México) 

Alejandro Barahona Miranda, director general de Panoplia de Libros (España)

José Barocio, poeta, narrador y lector (México)

Christián Barragán, poeta y editor (México)

Alejandro Barrón, escritor (México / España)

Kimrey Anna Batts, traductora literaria (Estados Unidos)

Annette Beger, editor en Kommode Verlag (Suiza)

Alberto Bejarano, poeta (Colombia)

Gustavo Bell Lemus, ensayista e investigador (Colombia)

Bichr Bennani, Tarik Éditions (Marruecos)

Susana Benet, poeta (España

Julia Benseñor, traductora literaria y científico técnica (Argentina)

Diego Bentivegna, poeta y traductor (Argentina)

Julián Berenguel, escritor, periodista y docente (Argentina)

Timo Berger, poeta y traductor (Alemania)

Guillermo Martín Bermejo, dibujante (España)

Ricardo Bermejo Álvarez, poeta (España) 

Nena Bernal Romero, jubilada y lectora (España)

Juan Antonio Bernier, poeta (España)

Eduardo Berti, narrador y traductor (Argentina)

Barbara Bertoni, traductora (Italia)

Dominique Bertolotti Thiodat, traductora (México)

Nadine Besnard, Cauris Livres (Mali)

Maliyel Beverido Duhalt, poeta y traductora (México)

Soledad Bianchi, escritora y crítica (Chile)

Azriel Bibliowicz, narrador y sociólogo (Colombia)

Karen Elizabeth Bishop, profesora, poeta, traductora (EEUU/Reino Unido)

Sergio Bizzio, escritor (Argentina)

María Elena Blanco, poeta, ensayista y traductora (Cuba)

Marisa Blanco, periodista cultural (España)

Juan Bonilla, narrador y poeta (España)

Piedad Bonnet, poeta y narradora (Colombia)

Pat Boran, poeta y editor de Dedalus Press (Irlanda)

Agnès Borel, arquitecta de interiores (Francia)

Javier Bozalongo, poeta y editor (España)

Coral Bracho, poeta (México)

Heide Braun, librera (España)

Guillermo Bravo, escritor, editor y librero (Argentina / China)

Lidia Bravo, poeta (España)

Luis Alberto Bravo, escritor (Ecuador)

Hernán Bravo Varela, poeta y director del Periódico de Poesía de la U.N.A.M. (México)

María Paulina Briones, editora de Cadáver Exquisito Ediciones (Ecuador)

Constanza Brunet, directora editorial de Marea Editorial (Argentina)

Rómulo Bustos Aguirre, poeta y profesor universitario (Colombia)

Mikel Buldain, editor de Editorial Txalaparta ((País vasco – Euskal Herria / España)

James Byrne, poeta y crítico literario (Inglaterra, Reino Unido)


C

Claudia Cabrera, traductora literaria (México)

Roberto A. Cabrera, escritor y fotógrafo (España)

Rafael Cadenas, poeta (Venezuela)

Daniel Calabrese, director de publicaciones RIL editores Chile y RIL editores España (Chile)

Celia Calcaño, periodista venezolana

Isabel Calderón, periodista (Colombia)

Leandro Calle, poeta (Argentina)

Silvia Camerotto, poeta y traductora (Argentina)

Magdalena Cámpora, profesora, investigadora del CONICET y titular de Literatura Francesa en la Universidad Católica Argentina (Argentina)

Lorea Canales, narradora y traductora (México)

Moya Cannon, poeta (Irlanda)

Ricardo Cano Gaviria, escritor (España)

Daniel Canty, escritor y traductor (Canadá)

Cristina Cañas, filóloga y editora (España)

Jorge Carrasco, poeta, diseñador gráfico y editor (España)

Homero Carvalho, escritor (Bolivia)

Ana G. Carvajal, lectora (España)

Macarena Carvajal Lloréns, profesora de Historia (España)

León Cartagena, poeta y editor (México)

Daniel Casado, gestor cultural y poeta (España)

Ignacio G. Casanovas, historiador y gestor cultural (España)

Patricia Casanueva Riquelme, escritora y editora de Editorial Cafuné (Chile)

Yolanda Castaño, poeta y crítica literaria (España)

Nieves Castrillo Fernández, profesora de lengua y literatura del IES Río Verde de Marbella (España)

Juan Cristóbal Castro, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Chile)

Heidi Cazes, traductora e intérprete (Estados Unidos)

Gonzalo Celorio, escritor (México)

Patricia Cerda, escritora (Chile)

Juan Ceyles Domínguez, escritor (España)

Marta Eloy Cichocka, poeta, profesora universitaria y traductora (Polonia

Indira Chandrasekhar, editor en Tulika Books (India)

Layla B. Chaouni, Éditions le Fennec (Marruecos)

Franco Chiaravalloti escritor y profesor de narrativa (Italia / Argentina)

Karim Chikh, Apic éditions (Argelia)

Nieves Chillón, poeta y docente (España)

Micaela Chirif, poeta y narradora (Perú)

Luis Chitarroni, narrador y editor de La Bestia Equilátera (Argentina) 

Federico Luis Clauss Kamp, profesor de bachillerato (España)

Silvia Cobelo, escritora, traductora y académica (Argentina / Brasil)

Amanda Crocker, directora editorial de Between the Lines (Canada)

Alena Collar, escritora y crítica literaria (España)

Gilles Colleu, EdicionesVents d’ailleurs (Francia)

Élodie Comtois, Éditions Écosociété, (Québec, Canada)


Cristina Conradi Castilla, filóloga inglesa y profesora de inglés de Escuela Oficial de Idiomas (España)

Leidy Jhoana Córdoba Moreno, maestra y escritora (Colombia)

Juan David Correa, escritor y editor (Colombia)

Isla Correyera, poeta (España)

Jean Gabriel Cosculluela, poeta, ensayista y traductor (España y Francia).

Ramón Cote, poeta e historiador del arte (Colombia)

Edgardo Cozarinsky, escritor (Argentina)

Pedro Crenes Castro, escritor (Panamá)

Marta E. Crespo, psicóloga (Argentina)

Jenniffer Croft, escritora y traductora (Estados Unidos)

Alejandro Crotto, poeta (Argentina)

Anna Crowe, traductora (Escocia, Reino Unido)

Francisco José Cruz, poeta y director de la revista de poesía Palimpsesto (España)

Carlos Manuel Cruz Meza, escritor, periodista y criminólogo (México) 

Héctor Cuestas Venegas, poeta, fotógrafo, docente (Colombia)

Mónica Cumar, editora y traductora de Ediciones Columba (Chile)

Lucia Cupertino, poeta, traductora, antropóloga cultural (Italia)

Ginés S. Cutillas, escritor y director de Quimera (España)


D

Élisabeth Daldoul, Éditions Elyzad, (Túnez)

Claudia Daventry, escritora y lingüista (Escocia, Reino Unido)

Pierre-Marc de Biasi, escritor Director de Investigaciones en el CNRS (Francia)

Jacobo de Camps, doctorando en literatura comparada por la universidad de Óxford (España).

Jan de Jager, poeta y traductor (Argentina / Holanda)

Israel de la Rosa, novelista (España)

Julia De la Rúa, editora de Araña editorial, escritora y artista plástica (España)

Sandra De la Torre Guarderas, poeta y guionista (Ecuador) 

Keila Vall de la Ville, antropóloga, narradora, poeta y ensayista (Venezuela / Estados Unidos) 

Charo de Pablo, librera (España)

Álvaro de Soto, analista y escritor (España)

Mario del Valle, poeta, pintor y director de Ediciones Papeles Privados (México)

Josefina Delgado, escritora (Argentina)

Samir Delgado, poeta y crítico de arte (España)

Consuelo Gallego Desdentado, documentalista y bibliotecaria (España)

Isabelle Dessomes, lectora y correctora editorial (Francia)

Rafael-José Díaz, escritor y traductor (España)

José Francisco Díaz Alonso, crítico literario (España)

Jesús Díaz Armas, traductor (España)

Elisa Díaz Castelo, escritora y traductora (México)

Francisco Díaz de Castro, poeta (España)

Federico Díaz Granados, poeta. editor y gestor cultural (Colombia)

Jorge Díaz Martínez, poeta, profesor y crítico literario (España)

Juan Díaz Victoria, poeta y traductor (México)

Mariana Di Ció, ensayista y profesora de la Sorbonne Nouvelle (Argentina)

Ariel Dilon, escritor, traductor, editor y periodista cultural (Argentina)

Héctor E. Dinsmann, escritor y dueño de Libros de la Araucaria S.A. (Argentina)


Nacho Di Tullio, poeta y traductor (Argentina)

Jordi Doce, poeta, ensayista y traductor (España)

Gustavo Domínguez, editor (España)

Santos Domínguez, crítico literario y poeta (España)

Cecilia Domínguez Luis, escritora (España)

Astrid Donoso Henriquez, periodista (Chile)

Alejandro Duque Amusco, poeta y editor de poesía (España)

Renata Durán, escritora y poeta (Colombia)


E


Raúl Eguizábal, escritor y profesor universitario (España)

Andrés Ehrenhaus, narrador y traductor (Argentina/España)

Tchotcho Christiane Ekue, Éditions Graines de Pensées (Togo)

Irma Emilozzi, escritora e investigadora (Argentina)

Anna Enrich, profesora de lengua y literatura (España)

Diego Erlan, narrador y editor (Argentina)

Nadia Essalmi,Yomad Éditions (Marruecos)

Gonzalo Escarpa, escritor y gestor cultural (España)

David Escobar Arango, periodista, director de CONFAMA (Colombia)

Sergi Escribano, fotógrafo (España)

Rhina Espaillat, poeta y traductora (Estados Unidos)

Felipe Espín, docente de literatura (Ecuador)

Santiago Espinosa, escritor (Colombia)

José María Espinasa, poeta, ensayista y dueño de Ediciones Sin Nombre (México)

Rafael Espejo, poeta (España)

Jorge Esquinca, escritor (México)

Diego Esteras, editor de Caja Negra Editora (Argentina)

Berta Lucía Estrada Estrada, poeta, escritora, ensayista, dramaturga, crítica de literatura y de arte (Colombia)

Nacho Etchegaray, bibliotecario (España)

Camila Evia, poeta, traductora y diseñadora gráfica (Argentina)


F

Jerry Fabiano, ingeniero mecánico (Estados Unidos)

Geneviève Fabry, profesora de la Université Catholique de Louvain (Bélgica)

Familia Pampin, Ediciones Corregidor (Argentina)


Ezequiel Fanego, editor de Caja Negra Editora (Argentina)

Belén Feduchi, filóloga (España)

Pere Fernández, lector y ex-librero (España) 

Inés Fernández Moreno, escritora (Argentina)

Patricio Ferrari, poeta, traductor y profesor de la Universidad Rutgers (Argentina/Estados Unidos)

Carlos Ferreyra, escritor (Colombia)

Raúl Figueroa Sarti, editor de F&G Editores (Guatemala)

Diego Firmiano, crítico literario (Colombia)

Diego Fischerman, escritor y periodista cultural (Argentina) 

Corinne Fleury, Atelier des Nomades (Isla Mauricio)

María Antonieta Flores, poeta y ensayista (Venezuela)

Franky Flores Apaza, director editorial de Editorial Baluarte (Perú) 

Séfou Fofana, Éditions Donniya (Malí)

Kurt Folch, poeta y traductor (Chile)

Jack Foley, poeta (Estados Unidos)

Jorge Fondebrider, poeta, ensayista y traductor (Argentina)

Rafael Fontán Barreiro, profesor y traductor de latín (España)

Ana Franco, poeta (México)

Marie Frankland, traductora (Canadá)

Luis Guillermo Franquiz, narrador y cronista (Venezuela)

Silvana Franzetti, poeta y traductora (Argentina)

Andrés G. Freijomil, historiador y traductor (Argentina)

Silvina Friera, periodista cultural (Argentina)

María José Furió, narradora y traductora (España)

Rafael Fuster Bernal, pintor y escultor (España)


G

Germán Gacio Baquiola, editor y librero (Argentina / Ecuador)

Julio César Galán, profesor y escritor (España)

Trinidad Gan, poeta, España

T. Bérénice Gangbo, Éditions Ruisseaux d’Afrique, Bénin

Francisco Garamona, poeta y editor de Editorial Mansalva (Argentina)

Melibea Garavito Carranza, escritora (Colombia)

Ariadna G. García, escritora (España)

Aurea García, profesora de secundaria (España)

Estefanía García, docente y lectora (España)

Idiel García, poeta, narrador y editor (Cuba)

Jesús Rodrigo García, editor de Shangrila Textos (España)


Marcos García, editor y traductor (España)

Antonio García Ángel, escritor y editor (Colombia)

Gustavo Mauricio García Arenas, director general de Icono Editorial/Códice Producciones (Colombia)

María García Fernández, catédrática de Literatura (España)

Bernardo García González, profesor de ética (México)

Beatriz García Huidobro, narradora, editora, escritora y periodista (Chile)

María García-Lliberós, escritora (España)

Luz de Lourdes García Ortiz, editora de Taller Ditoria (México)

Juan Andrés García Román, poeta y crítico (España)

Francesca Gargallo Celentani, narradora, filósofa y traductora (México)

Anna Gargatagli, escritora e investigadora (Argentina)

Inés Garland, narradora y traductora (Argentina)

Ileana Garma, escritora y artista visual (México)

Raquel Garzón, poeta y periodista cultural (Argentina)

Rocío del Pilar Garzón Vargas, historiadora y docente (Colombia)

Guillermo Gasió, historiador (Argentina)

Marina Gasparini Lagrange, ensayista (Venezuela)

Olga Gayón, periodista y narradora (Colombia)

Jesús Ge, poeta y mediador de lectura (España)

Analía Gerbaudo, investigadora, ensayista y profesora de la Universidad del Litoral (Argentina)

Pablo Gianera, escritor, periodista y traductor (Argentina) 

Mario Martín Gijón, escritor y crítico (España)

Violeta Gil, escritora y directora de escena (España) 

Michelle Gil Montero, poeta, traductor, editora (Estados Unidos)

Celso Giménez, creador escénico (España)

Dana Gioia, poeta (Estados Unidos)

Luz Mary Giraldo, escritora (Colombia)

Esteban Giraldo González, actual director de la editorial de la Universidad Santo Tomás en Bogotá (Colombia)

Margo Glantz, escritora (México)

Osvaldo Angel Godoi, escritor y editor GS Libros (Chile)

José María Goicoechea, periodista (España)

Giancarlo Gomero Correa, editor de Esto no es Berlín y gestor cultural 

Miguel Gomes, escritor y profesor en University of Connecticut (Estados Unidos)

Mikaël Gómez Guthart, escritor y traductor (Francia)

María Gómez Lara, poeta (Colombia)

José Luis Gómez Toré, escritor y profesor (España)

Alejandro González, traductor y profesor de la Universidad de San Martìn (Argentina)

Horacio González, ensayista, ex director de la Biblioteca Nacional Argentina (Argentina)

Jonio González, poeta y traductor (Argentina / España)

Simón González, periodista (Venezuela)

Mónica González Dillon, directora editorial de Editorial Dragón Rojo (México)


David González Lago, profesor y poeta. (España)

Juan Antonio González Iglesias, poeta y profesor de la Universidad de Salamanca (España)

Laura Irene González Mendoza, traductora literaria y correctora (México)

Catalina González Restrepo, poeta y editora de Luna Libros (Colombia)

Juan Manuel González Zapatero, poeta (España) 

Tatiana Goransky, escritora y cantante de jazz (Argentina)

Teresa Gottlieb, traductora y editora de la Editorial Maitri (Chile)

Juan Gracia Armendáriz, escritor y periodista (España)

Abraham Gragera, poeta y traductor (España)

Pedro Granados, escritor (Perú)

Maximiliano Graneros, estudiante de biología (Argentina)

Antonio Jesús Gras Mentado, escritor y cocinero (España)

André Gstettenhofer, editor en Elster & Salis (Suiza)

Roberto Guareschi, escritor y periodista (Argentina)

Daniel Guebel, narrador (Argentina)

Mercedes Güiraldes, editoria (Argentina)

Geraldine Gutiérrez-Wienken, poeta, editora y traductora (Alemania)

Teresa Guzmán, poeta y profesora. (España)

Richard Gwyn, poeta, narrador, ensayista y profesor de la Universidad de Cardiff (Gales, Reino Unido)


H

Samar Haddad, editor de Atlas Publishing House (Siria)

Sofiane Hadjadj, Éditions Barzakh (Argelia)


Ariana Harwicz, narradora y dramaturga (Argentina)

Susan Hawthorne, directora editorial en Spinifex Press (Australia)

Hugh Hazelton, escritor y traductor, ex co-director del BILTC (Banff International Literary Translation Centre) (Canadá) 

Katherine M. Hedeen, traductora y profesora en Kenyon University (Estados Unidos)

Selma Hellal, Éditions Barzakh (Argelia)

Jutta Hepke, Éditions Vents d’ailleurs (Francia)

Guty Hermida Iglesias, filóloga (España)

Paulo Henriques Britto, poeta y traductor (Brasil)

Juan Hernández, escritor, librero y director editorial de Encino Ediciones (Costa Rica)


Ernesto Hernández Busto, escritor y traductor (Cuba / España)

Iliana Hernández Partida, escritora y traductora (México)

Itziar Hernández Rodilla, traductora y redactora (España)

Ricardo H. Herrera, escritor (Argentina)

Colleen Higgs, directora editorial de Modjaji Books (Sudáfrica)

Rowena Hill, poeta y traductora (Venezuela)

Michael Hofmann, poeta y traductor, professor en la Universidad de Florida (Alemania)

Catalina Holguín, editora (Colombia)

Déborah Holtz, directora editorial y dueña de la Editorial Trilce (Mèxico)

Laurence Holvoet, traductora (Francia)

Ruhuan Huarca Llamoca, escritor y editor de Aletheya Editorial (Perú)

Laura Huerga, editora de Rayo Verde (España)


I


Roberto Ibáñez Ricóuz, poeta. (Chile)

Jesús Ramón Ibarra, poeta (México)

Núria Iceta, presidenta de Llegir en Català (España)

Amalia Iglesias, filóloga, poeta y periodista cultural (España)

Bridget Impey, Jacana Media (Sudáfrica)

Guido Indij, editor y dueño de La Marca Editora, Asunto Impreso e Interzona (Argentina)

Alexandru Iosif, poeta y doctor en matemáticas (Rumania)

Francisco Javier Irazoki, poeta y crítico literario (Francia)

Iñaki Irijoa Lema, poeta (España)

Yasmîn Issaka-Coubageat, Graines de Pensées (Togo)

Luis Miguel Isava, profesor, escritor y traductor (Venezuela)


J

Darío Jaramillo, poeta, ensayista y narrador (Colombia)

Rubén Jarazo Álvarez, director del Departamento de Filología Española, Moderna y Clásica de la Universitat de les Illes Balears (España)

Federico Jeanmaire, narrador y ensayista(Argentina)

Miraceti Jiménez, editora e impresora (México)

Karine Joseph, Éditions du Sirocco (Marruecos)

Nuno Judice, poeta, ensayista, narrador y traductor (Portugal)


K

Tamara Kamenszain, poeta y ensayista (Argentina)

Alejandro Kandora, editor y dueño de Ediciones Tajamar (Chile) 

Jesse Lee Kercheval, poeta, traductora y profesora, Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos)

Gwen Kirkpatrick, ensayista y profesora de la Universidad de Washington (Estados Unidos)

Renate Klein, autora, académica y editora en Spinifex Press (Australia)


Antoinette Koleva, KX –CRITIQUE & HUMANISM Publishing House (Bulgaria)


Kadiatou Konaré, Cauris Livres (Mali)


Hamidou Konaté, Éditions Jamana (Mali)

Serge D. Kouam, Presses Universitaires d’Afrique (Camerún)

Adan Kovacsics, traductor (Chile / España)

Peter Kultzen, traductor (Alemania)


L

Hugo Labravo, traductor (México)

Antonio Lafarque, editor literario (España)

Eduardo Langagne, poeta y director de la Fundación Para las Letras Mexicanas (México)

Eduardo Laporte, periodista y escritor (España)

Lola Larumbe, librería (España)

Mirko Lauer, poeta y traductor (Perú)

Christian Law Palacín, poeta y traductor literario (España)

Juan Lebrun, traductor, poeta, músico y estudiante (Venezuela)

Rosa Lentini, poeta y editora (España)

Alejandra Lerma, poeta (Colombia)

Jonatan Lépiz Vega, editor y director de Ediciones Espiral (Costa Rica)

Céline Leroy, traductora (Francia)

Gerardo Lewin, poeta y traductor (Argentina)

María Rosa Lojo, escritora (Argentina)

Martín Lombardo, narrador y profesor de la Universidad de Chambery (Argentina)

Carlos López Beltrán, poeta, ensayista y profesor de la U.N.A.M (México)

Susana López del Toro, periodista (España)

Carolina López Jiménez, escritora y artista (Colombia)

Regina López Muñoz, traductora (España)

Antonio López Ortega, narrador, editor y promotor cultural (Venezuela)

Esperanza López Parada, poeta e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid (España)

Sandra Lorenzano, escritora (Argentina / México)

Leandro Lorrio, compositor y editor musical (España) 

Olivia Lott, traductora y crítica literaria (Estados Unidos) 

María Gabriela Lovera Montero, periodista y poeta (Venezuela)

Carolina Lozada, escritora (Venezuela)

Julien Lucchini, Éditions de l’Atelier (Francia)

José Manuel Lucía Megias, poeta y profesor de la UCM (España)

Ernesto Lumbreras, poeta (México)

Sandro Luna, poeta y profesor (España)

Claudia Luna Fuentes, poeta (México)

Léonce Lupete, poeta y traductor (Alemania)


LL

Carlos Llasa, poeta y crítico literario (Perú)

Maria Llopis Freixas, traductora (España)


M

Janet McAdams, poeta (Estados Unidos)

Patrick McGuinness, escritor y profesor de Literatura Francesa en la Oxford University (Gales, Reino Unido)

Nubia Macías Navarro, gestora cultural (México)

María Verónica Machado Penso, arquitecta (Venezuela)

Chantal Maillard, escritora (España)

Anna Carolina Maier, periodista (Venezuela)

Francisco Magaña, editor de Ediciones Monte Carmelo (México)


Sonya Malaborza, escritora y traductora literaria (Canadá)

Julián Malatesta, poeta, narrador y ensayista (Colombia)

José Malavé Méndez, escritor y profesor (Venezuela)

Juan Malpartida, escritor (España)

Antonio Manilla, poeta (España)

Jorge Mara, galerista (Uruguay)

Óscar Marcano, narrador (Venezuela).

Lucas Margarit, poeta, traductor, profesor-investigador (Argentina)

David Marín-Hincapié, poeta (Colombia)

Luba Markovskaia, traductora literaria (Canadá)

Thérèse Maset, profesora (España)

Juan Miguel Marthans, editor y director de la Escuela de Edición de Lima (Perú)

Rubén Martín, poeta y traductor (España)

Pilar Martín Gila, escritora. España.

Érika Martínez, poeta (España)

Ezequiel Martínez, periodista (Argentina)

Alfonso Martínez Galilea, poeta, editor, traductor y librero (España)

Ana María Martínez García, lectora (España)

Olivia Martínez Giménez de León, poeta (España).

Marisa Martínez Pérsico, poeta, docente universitaria, traductora (Argentina).

María Martoccia, narradora y traductora (Argentina)

Lola Mascarell, escritora y profesora (España)

Carolina Massola, poeta y traductora (Argentina)

Manuel Mata, escritor, doctor en arte contemporáneo y artista multidisciplinar (España)

Fran G. Matute, crítico y gestor cultural (España)

David Mayor, poeta (España).

Juan Diego Mejía, escritor (Colombia)

Pablo Melgar Salas, escritor (España)

Gladys Mendía, escritora, editora y traductora (LP5 Editora) (Venezuela)

Carlos Mendoza, poeta (Perú)

Élmer Mendoza, escritor y académico de El Colegio de Sinaloa (México)

Erbey Mendoza, profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Chihuahua (México)

Ritu Menon, Women Unlimited (India)


Isabel Mercadé, ensayista, poeta y profesora (España)

Lina Meruane, narradora y ensayista (Chile)

Ruth Miguel Franco, profesora de la Universitat de les Illes Balears (España)

Eduardo Milán, poeta y ensayista (Uruguay)

Kuki Miller, directora editorial y dueña de Ediciones de la Flor (Argentina)

Eduardo Moga, escritor (España)

Jaime Monsalvé, jefe de contenidos culturales de Radio Nacional de Colombia (Colombia)

Mario Montalbetti, poeta, ensayista y lingüista (Perú)

Antonio Montes, narrador, poeta y economista (España)

Susana Montesinos Tubee, escritora (Perú)

Jesús Montoya, poeta y traductor (Venezuela / Brasil)

Albeiro Montoya Guiral, poeta y crítico literario (Colombia)
Vicente Luis Mora, escritor (España)

Yolanda Morató, traductora y profesora titular de la Universidad de Sevilla (España)

Luz Elena Moreno, escritora y lectora (Colombia)

Miriam Moreno Aguirre, ensayista (España)

Ricardo Moreno Botello, editor de Ediciones de Educación y Cultura (México)

José Manuel Moreno Cidoncha, editor de Editorial Océano / Batiscafo Libros (España)

Silvia Moreno Parrado, traductora (España)

David Moreno Soto, editor de Ediciones Itaca (México)

Myriam Moscona, poeta (México) 

Pablo Moya, editor y dueño de Ediciones El Milagro (México)

Luis Muñoz, poeta (España)

José Muñoz Millanes, catedrático Emérito del Graduate Center de la City University of New York (España /Estados Unidos)


N

Jean-Claude Naba, Sankofa et Gurli Éditions (Burkina Faso)

Josep Nadal Suau, crítico (España)

Fabián Narvaja, editor de Ediciones Colihue (Argentina)

Ada Naval, estudiante de doctorado (España) 

Andrés Navarro, poeta (España) 

Paz Navarro, editora del Grupo Editorial Sargantana (España)

Clara Navarro Maicas, profesora (España)

Seydou Nourou Ndiaye, Éditions Papyrus Afrique (Sénégal )


Jacques Neefs,  profesor emérito de París VII y la Johns Hopkins University, Miembro de la American Academy of Arts and Scientes (Francia)  

Ángelo Néstore, poeta (España) 

Agnès Noguera, empresaria (España / Francia)

Alejandro Noguera, director de la Fundación Libertas 7 y de l’Iber, Museo de los soldaditos de plomo de Valencia (España)

Pablo Noguera, artista plástico (España)

Carmen Nozal, escritora (España / México)

Ricardo Nudelman, editor y librero (Argentina)

Guillermo Núñez, escritor y artista visual (Chile)


O

Michael O’Laughlin, poeta (Irlanda) 

Ignacio Oliden. Cineasta, escritor y traductor. Editor en La Piccioletta Barca (Argentina / UK)

Lorenzo Oliván, profesor, poeta y traductor (España)

Juan Carlos Olivas, poeta (Costa Rica)

Alejandro Oliveros, poeta, ensayista y traductor, profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela

Quique Olmos, editor del Grupo Editorial Sargantana (España)

Philippe Ollé-Laprune, editor, promotor cultural y escritor (Francia / México)

Lucía Orellana Damacela, poeta, escritora (Ecuador, Estados Unidos) 

Lucrecia Orensanz, traductora (México) 

Julio Orione, periodista especializado en ciencia y tecnología (Argentina) 

Itzel Orozco Miranda, encargada de relaciones públicas (México) 

Antonio Ortega, bibliotecario y crítico literario (España)

Esperanza Ortega, escritora (España)

Julio Ortega, crítico y profesor universitario (Perú / Estados Unidos)

Efrén Ortiz, escritor y profesor de la Universidad de Veracruz (México)

Julia Ortiz, editora de Criatura Editora (Uruguay)

Daniel Osca, editor de Sajalín Ediciones (España)

Amparo Osorio, poeta (Colombia)

Rafael Felipe Oteriño, poeta y ensayista (Argentina)

Jorge Oyarzún Sardi, escritor (Chile)


P


María Fernanda Palacios, escritora, Venezuela

José María Pallaoro, poeta, editor (Argentina)

Agustín Pániker, editor (España)

Yolanda Pantín, poeta y narradora (Venezuela)

Mario Panyagua, escritor (México)

Carlos Pardo, escritor (España)

Julio Paredes, escritor, traductor y editor (Colombia)

María Paredes, periodista (España)

Antonio Parreño Bernal, periodista (España)

Carmen Peinador, editora y propietaria de Ediciones Escondidas (España)

Carmen Peire, escritora (España)

José Vicente Peiró, crítico literario y de Artes Escénicas (España)

Eduardo Pelaez Vallejo, escritor (Colombia)

Rolando Peña, artista plástico-multimedias (Venezuela)

Estela Peña Molatore, traductora (México)

Braulio Peralta, escritor (México)

Jorge Alberto Pérez, escritor, traductor y periodista (México)

Julia Pérez Amigo, investigadora y escritora (España)

Agustín Pérez Leal, poeta (España).

María Ángeles Pérez López, poeta y profesora de la Universidad de Salamanca (España)

José Alfonso Pérez Martínez, poeta, cuentista y corrector (España)

Luis Pérez-Oramas, escritor (Venezuela / Estados Unidos)

José Luis Pérez Pont, director del Centre del Carme Cultura Contemporània y gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (España)

Carlos José Pérez Sámano, autor (México)

Juan Antonio Pérez Sobrado profesor en las Facultades de Derecho y Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (México)

Wilson Pérez Uribe, maestro, poeta y ensayista (Colombia) 

Marco Perilli, escritor y editor (Italia / México)

Dieulermesson Petit Frere, Legs Édition (Haití)


Laura Petrecca, poeta (Argentina)

Miguel Ángel Petrecca, poeta, traductor, editor y librero (Argentina)

Mariano Peyrou, escritor y traductor (Argentina / España)

Pablo Piceno, poeta (México)

Julia Piera Abad, escritora y directora residente del Colby College in Spain (España)

Carlos Piera Gil, poeta, ensayista y profesor jubilado

Mirline Pierre, Legs Édition (Haití)

María Pilar Puig. profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y editora (Venezuela)

Alfredo Piquer Garzón, poeta, historiador, profesor de la Universidad Complutense de Madrid (España)

Juan Vicente Piqueras, poeta (España)

Silvia Piranesi, bibliotecóloga y escritora (Costa Rica)

Radina Plamenova Dimitrova, traductora de literatura china (Bulgaria / México)

Felipe Ponce, codirector de Ediciones Arlequín (México)

Marta Porpetta, editora de Ediciones Torremozas (España)


Antonio Porteña Lola, poeta y profesor de la Universidad de Burgos. (España)

Antonio Potela Lopa, poeta y profesor de Lengua Española en la Universidad de Burgos (España)

María Fernanda Poveda Cardona, editora literaria (Colombia)

Begonya Pozo, profesora (España)

Corina Preciado, responsable de prensa freelance (España)

Ángel L. Prieto de Paula, ensayista y profesor de la Universidad de Alicante (España)

Luis Puig, profesor Emérito de la Universitat de València Estudi General (España)


Q

Ednodio Quintero, escritor (Venezuela)

Robinson Quintero Ossa, poeta (Colombia)

Ester Quirós, traductora y correctora (España)

Dulce María Quiroz Bustamante, profesora de la UNAM (México)

Roberta Ann Quance, ensayista y traductora de poesía (Estados Unidos)


R

Marie Michèle Razafintsalama, Éditions Jeunes Malgaches (Madagascar)

Alejandra Ramírez Olvera, traductora (México)

Patricia Real Pérez, poeta (España).

Víctor Redondo, poeta y editor de poesía (Argentina)

Eleonora Requena, escritora y docente (Venezuela)

Ricardo Reques, biólogo y escritor (España).

Yolanda Reyes, narradora, ensayista y librera (Colombia)

Isabel Rezmo, poeta, gestor cultural, crítico, articulista (España)

Eduardo Rezzano, escritor y músico (Argentina)

Luciana Ricciutelli, Inanna Publications & Education Inc. (Canada)

Brenda Ríos, escritora (México)

Consuelo Rivera-Fuentes,Victorina Press (Inglaterra / Reino Unido)

Antonio Rivero Taravillo, poeta, ensayista y traductor (España)

Josep M. Rodríguez, poeta y crítico (España)

Armando Roa, poeta y traductor (Chile)

Natalia Roa Vial, psicoanalista (Chile)

Juan Felipe Restrepo David, ensayista y editor (Colombia)

Jean Richard, Éditions d’en bas (Suiza)

Manuel Rico, escritor y crítico literario (España)

Renata Riebeling, traductora (México)

Begoña Riesgo, profesora de la ENS de Lyon (Francia)

Gabriel Rimachi Sialer, editor en Editorial Casatomada (Perú)


Jazmín Rincón, historiadora del Arte (México)

Federico Gallego Ripoll, poeta (España)

Juan Felipe Robledo, poeta y profesor (Colombia)

Luis Daniel Rocca Lynn, Taller de Edición Rocca, (Colombia)


Camilo Rodríguez, traductor escritor (Colombia / México)

Darío Rodríguez, escritor y editor (Colombia)

Merche Rodríguez Calzado, periodisa (España)

Vìctor Rodríguez Núñez, poeta (Cuba)

Juan Manuel Rodríguez Tobal, poeta y traductor (España)

Alexis Romero, profesor universitario (Venezuela)

Arantxa Romero, escritora e historiadora del arte (España)

Manel JM Romero, Secretari tècnic Associació d’Editors del País Valencià (España)

Martha Lucía Romero-Affre, escritora (Francia / Colombia)

Juan Romero Vinueza, poeta y traductor (Ecuador)

Fernando J. Rosenberg, profesor universitario (Argentina / Estados Unidos)

Isabel Rubio Aguilera, interiorista (España)

Roberto Rueda Monreal, coordinador de medios de la Asociación Mexicana de Traductores (México)

Carlos Rugerio Valerio, traductor y profesor universitario (México)

José Carlos Rosales, escritor y poeta (España)

Lucas Ruiz, escritor y profesor (España / Dinamarca)

Alfredo Ruiz Chinchay, editor de Amotape Libros (Perú)

Miguel Ruiz Effio, editor de Campo Letrado Editores (Perú)


Alberto Ruiz Sánchez, escritor (México)

Eduardo Ruiz Tagle, editor de Rapanui Press (Chile)



S


Guillermo Saavedra, poeta (Argentina)

José Saborit Viguer, escritor, pintor, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia (España)

Guillermo Saccomanno, escritor (Argentina)

Mélanie Sadler, narradora y profesora universitaria (Francia)

Juan Carlos Sáez C., director gerente de JC Sáez Editor (Chile)

Rodney Saint-Éloi, Éditions Mémoire d'encrier (Québec, Canada)

Lori Saint-Martin, narradora y traductora (Québec, Canadá)

Consuelo Sáizar de la Fuente, socióloga y editora (México)

Adalber Salas Hernández, traductor y escritor (Venezuela)

Daniel Samoilovich, poeta (Argentina)

Daniel Samper Pizano, escritor (Colombia)

Asdrúbal Sánchez, editor de Editorial Laboratorio Educativo (Venezuela)

Basilio Sánchez, poeta (España)

Blanca Sánchez, editora de Juan Pablos Editor (México)

Manuel Sánchez-Campillo, escritor y profesor (España)

Nayeli Sánchez G., co-editora de la Cartonera Editorial (México)


Isabel Sánchez Fernández, bibliotecaria (España)

Ruth Sancho Huerga, escritora y docente (España)

Jaime Sanmartín Celedon, policía (España)

Mayra Santos-Febres, escritora (Puerto Rico)

Eloy Sánchez Rosillo, poeta (España)

Fedosy Santaella, escritor (Venezuela)

Beatriz Sarlo, escritora y periodista (Argentina)

Vivian Scheinsohn, arqueóloga (Argentina)

Uwe Schoor, profesor de literatura (Alemania)

Edgardo Scott, escritor, traductor y psicoanalista (Argentina)

Kenza Sefrioui, En toutes lettres (Marruecos)

Anthony Seidman, poeta y traductor (Estados Unidos)

Irene Selser, periodista, editora y traductora (Argentina / México)

Xavier Seoane, poeta (España)

Magali Sequera, docente y traductora (Francia)

Jessica Sequeira, narradora, traductora y periodista (Estados Unidos)

Fernando Seral Giravent, traductor (España)

Angela Serna, poeta (España)

Alfonso Serrano, editor de La Oveja Roja (Argentina)

Marina Serrano, poeta (Argentina)

Pedro Serrano, poeta, ensayista y profesor de la U.N.A.M (Mèxico)

Carlos Serrano Tirado, periodista (España)

Melissa Serrato Ramírez, periodista cultural (Colombia)

Lorna Shaughnessy, poeta y traductora (Irlanda)

Ana María Shua, narradora (Argentina)

Jaime Siles, poeta, ensayista y profesor de la Universidad de Valencia (España)

Alberto Silva Castro, escritor y traductor (Argentina / España)

Katherine Silver, traductora literaria (Estados Unidos)

Marcelo Siarini, escritor y docente (Argentina)

Peter Sirr, poeta, ensayista y traductor (Irlanda)

Paulo Slachevsky, director editorial y dueño de LOM (Chile)

Gerard Smyth, poeta y ex director de la sección cultura del Irish Times (Irlanda)

Luis Solano, editor (España)

Rafael Soler, poeta y narrador (España)

Jorge Solís, poeta (España)

Gustavo Solórzano-Alfaro, escritor (Costa Rica)

Manuel Sollo Fernández, periodista de la Radio Nacional de España (España)

Fernando Sorrentino, cuentista y docente (Argentina)

Aliou Sow, Éditions Ganndal, Guinea

Blanca Strepponi, escritora y editora. (Venezuela / Argentina)

Carmen Cecilia Suárez, editora de Editorial La Serpiente Emplumada (Colombia)


Katiuska Suárez, editora (Venezuela)

Mauricio Suárez, filósofo (España)

Guillermo Sucre, poeta (Venezuela)


T

Miguel Tapia, escritor y profesor de la Université Paris-Est Créteil (México)

Marcelo Teixeira, editor de Parsifal (Portugal)

Carmen Tejeda Valladares, editora de la editorial Bracamoros y promotora cultural (Perú)

Maribel Tena García, filóloga y profesora.(España)

Arturo Tendero, poeta y crítico (España)

César Tinoco, traductor (México)

Santiago Tobón, director de la editorial Sexto Piso España (Colombia)

Víctor Toledo, poeta y crítico literario (México)

Francisco Benedito Torres, librero (España)

Andrés Trapiello, poeta (España)

Iván Trejo, editor de Ediciones Atrasalante (México)

Carlos Treviño, poeta (México)

Nuri Trigo Boix, traductora (México / España)


U

Marcelo Uribe, editor de ERA (México)

Sandra Uribe Pérez, escritora (Colombia)

Sabina Urraca, escritora (España)


V

Carmen Valcárcel, catedrática de Universidad, España

Margarita Valencia, escritora, traductora, docente e investigadora de la Maestría en Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo (Colombia)

Jose Valiño Taboada, ferretero (España)

Álvaro Valverde, crítico y poeta (España) 

Fernando Valverde, poeta (España / Estados Unidos)

Gustavo Valle, poeta y narrador (Venezuela) 

Pedro Valle, poeta (El Salvador). 

Raúl Vallejo, escritor y docente (Ecuador) 

Alexandra Van de Camp, poeta y directora de Gemini Ink, Centro de Artes de Escritura, San Antonio (Estados Unidos)

Fabrice D. Vanden Broeck Gueritot, director de arte de Editorial Dragón Rojo (México)

Javier Vásconez, escritor (Ecuador)

Simón Vázquez, editor de Tigre de Paper, Països Catalans y Bellaterra Edicions (España)

Mharía Vázquez Benarroch, poeta y traductora (Venezuela)

Arturo Vázquez Barrón, traductor y profesor (México)

Luis Vea, poeta (España)

Carlos Vela, Editorial Pesopluma (Perú)

Fátima Vélez, escritora (Colombia)

Marisol Vera, editora y dueña de la editorial Cuarto Propio (Chile)

Isabel Vericat, traductora (México)

Sonia Verjovsky, traductora (México)

Miguel Veyrat, periodista y escritor (España)

Javier Vicedo Alós, poeta y dramaturgo (España)

Eduardo Vicente, director de ventas de la Librería y Editorial Ricaaventura (Chile)

Pedro Ignacio Vicuña, poeta y traductor (Chile)

José Vidal Valicourt, escritor (España)

Guillermo Velásquez Forero, editorial y periodista poeta, narrador de minificciones (Colombia)

Rosa María Vilarroig, poeta y escritora (España)

Efraín Villacís, escritor y editor (Ecuador)

Jorge Villalobos, poeta y jurista (España)

Luis Moreno Villamediana, escritor (Venezuela)

Miguel Vitagliano, narrador y docente (Argentina)

Carlos Vitale, poeta y traductor (Argentina / España)

Damián Blas Vives, editor y director de gestión y políticas culturales de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno” (Argentina)


W

Miguel Wald, traductor (Argentina).

Enrique Winter, poeta y traductor (Chile)

Joseph Woods, poeta (Irlanda) 




Fernando Yubero, profesor de literatura española y escritor (España)


Z

Horacio Zabaljáuregui, poeta y docente universitario (Argentina)

Rossana Zaera Clausell, artista plática, aprendiz de poeta (España)

Manuel Andrés Zaldívar, lector de poesía. (México) 

Miguel Ángel Zapata, poeta (Perú / Estados Unidos)

Fernando Zapata López, editor, especialista en derechos de autor (Colombia)

Pedro Nicolás Zaragoza, profesor de universidad (España)

Enrique D. Zattara, crítico y escritor argentino, director de El Ojo de la Cultura Hispanoamericana (Argentina)

Lila Zemborain, poeta (Argentina / Estados Unidos)

Samia Zennadi, Apic Éditions (Argelia)

Verónica Zondek, poeta y traductora (Chile)

Maixa Zugasti Muñoa, escritora y profesora (España)

Martín Zuñiga Chávez, poeta y gestor de Urbanotopia (Perú)