viernes, 9 de diciembre de 2016

La semana de González (5)

Quinta y última entrega de la serie de cinco que Alejandro González, traductor del ruso, publicó en El Trujamán.

Originales que no son tales (5)

En el trujamán anterior nos detuvimos en un pasaje de Los hermanos Karamázov para ilustrar las divergencias entre el ruso anterior a la reforma de 1918 y aquel surgido de ella. Vimos que motivaciones ideológicas dictaban escribir las palabras religiosas con letra minúscula. (A no engañarnos: no son menos ideológicas las que dictan escribirlas con mayúscula).

Algo muy sugerente ocurrió con la puntuación. Hasta que no se fijaron normas claras, hasta que no se creó un estándar, los escritores rusos utilizaron en mayor o menor medida las convenciones impuestas por el uso. Para un traductor, esto en ocasiones constituye un desafío, ya que las ediciones publicadas después de 1918 intervinieron los textos en función de las nuevas reglas y no siempre es fácil acceder a ejemplares del siglo xix y principios del xx. Convengamos que, en la abrumadora mayoría de los casos, una coma de más o de menos, un punto y coma que aparece o desaparece no altera el sentido general de una obra. Pero a veces es bueno conocer las diferencias.

Dostoievski hacía un uso singular de los signos de puntuación. En los últimos veinticinco años, varios especialistas rusos han vuelto a consultar los manuscritos del autor con el mayor rigor textológico y han hablado del carácter entonacional de su puntuación. Ha quedado documentado el ardor con que Dostoievski defendía su puntuación de las correcciones que le realizaban; alguna vez llegó a decir a un editor: «Cada autor tiene su propio estilo, y por tanto su gramática… ¡A mí no me incumben en absoluto reglas ajenas! ¡Pongo una coma antes de que allí donde me hace falta, y allí donde siento que antes de que no hay que poner una coma, no quiero que me la pongan!». Y a un compaginador: «Tenga en cuenta que en mis textos no hay una sola coma de más, solo las necesarias; le pido que no me las añada ni me las quite».

Tomemos un pasaje de Memorias del subsuelo para entrever el asunto. Escribió Dostoievski:

Я упражняюсь въ мышленiи, а слѣдственно у меня всякая первоначальная причина тотчасъ-же тащитъ за собою другую еще первоначальнѣе и такъ далѣе въ безконечность. Такова именно сущность всякаго сознанiя и мышленiя. Это уже опять стало-быть законы природы. Что-же наконецъ въ результатѣ? Да тоже самое. Вспомните: давеча вотъ я говорилъ о мщенiи. (Вы вѣрно не вникли). Сказано: человѣкъ мститъ, потому что находитъ въ этомъ справедливость. Значитъ онъ первоначальную причину нашелъ, основанiе нашелъ, а именно: справедливость. Стало-быть онъ со всѣхъ сторонъ успокоенъ, а слѣдственно и отмщаетъ спокойно и успѣшно, будучи убѣжденъ, что дѣлаетъ честное и справедливое дѣло. А вѣдь я справедливости тутъ не вижу, добродѣтели тоже никакой не нахожу, а слѣдственно если стану мстить, то развѣ только изъ злости. Злость конечно могла-бы все пересилить, всѣ мои сомнѣнiя, и стало-быть могла-бы совершенно успѣшно послужить вмѣсто первоначальной причины, именно потому что она не причина. Но что же дѣлать если у меня и злости нѣтъ (я давеча вѣдь съ этого и началъ).

La traducción sería:

Yo ejerzo el pensamiento, por consiguiente cada una de las causas primarias arrastra consigo de inmediato otra aún más primaria y así hasta el infinito. Tal es precisamente la esencia de toda conciencia y de todo pensar. Se trata de nuevo entonces de las leyes de la naturaleza. ¿Cuál es finalmente el resultado? Pues el mismo. Recuerden lo que decía recién sobre la venganza. (Ustedes seguramente no lo han analizado). Dije que el hombre se venga porque encuentra eso justo. Significa que ha encontrado una causa primaria, un fundamento, más concretamente: la justicia. Así pues queda tranquilo por los cuatro costados y en consecuencia se vengará tranquila y exitosamente con la convicción de que realiza una acción honrada y justa. Pero yo ahí no veo ninguna justicia ni encuentro virtud alguna, y por lo tanto si me vengo quizás sólo sea por maldad. La maldad desde luego podría vencer todo, todas mis dudas, y entonces podría ocupar con éxito el lugar de causa primaria justamente porque no es una causa. Pero ¿qué hacer si no tengo maldad? (y por ahí fue donde empecé hace poco).

Sin embargo, en cualquier edición soviética y de hoy (en rigor, en cualquier edición rusa) leemos:

Я упражняюсь в мышлении, а следственно, у меня всякая первоначальная причина тотчас же тащит за собою другую, еще первоначальнее, и так далее в бесконечность. Такова именно сущность всякого сознания и мышления. Это уже опять, стало быть, законы природы. Что же наконец в результате? Да то же самое. Вспомните: давеча вот я говорил о мщении. (Вы, верно, не вникли). Сказано: человек мстит, потому что находит в этом справедливость. Значит, он первоначальную причину нашел, основание нашел, а именно: справедливость. Стало быть, он со всех сторон успокоен, а следственно, и отмщает спокойно и успешно, будучи убежден, что делает честное и справедливое дело. А ведь я справедливости тут не вижу, добродетели тоже никакой не нахожу, а следственно, если стану мстить, то разве только из злости. Злость, конечно, могла бы все пересилить, все мои сомнения, и, стало быть, могла бы совершенно успешно послужить вместо первоначальной причины именно потому, что она не причина. Но что же делать, если у меня и злости нет (я давеча ведь с этого и начал).

Traducción:

Yo ejerzo el pensamiento, por consiguiente, cada una de las causas primarias arrastra consigo de inmediato otra, aún más primaria, y así hasta el infinito. Tal es precisamente la esencia de toda conciencia y de todo pensar. Se trata de nuevo, entonces, de las leyes de la naturaleza. ¿Cuál es finalmente el resultado? Pues el mismo. Recuerden lo que decía recién sobre la venganza. (Ustedes, seguramente, no lo han analizado). Dije que el hombre se venga porque encuentra eso justo. Significa que ha encontrado una causa primaria, un fundamento, más concretamente: la justicia. Así pues, queda tranquilo por los cuatro costados, y en consecuencia, se vengará tranquila y exitosamente, con la convicción de que realiza una acción honrada y justa. Pero yo ahí no veo ninguna justicia ni encuentro virtud alguna, y por lo tanto, si me vengo,quizás sólo sea por maldad. La maldad, desde luego, podría vencer todo, todas mis dudas, y, entonces, podría ocupar con éxito el lugar de causa primaria, justamente porque no es una causa. Pero ¿qué hacer, si no tengo maldad? (y por ahí fue donde empecé hace poco).

Hemos puesto en negrita las comas agregadas (adviértase que una fue suprimida). El lector podrá percibir el diferente aliento que tiene la prosa en uno y otro caso. Recordemos que el hombre del subsuelo ha estado años en silencio y, de golpe, rompe a hablar. ¿Es lógico creer que observará fríamente las normas de la lengua escrita (recuérdese que se trata de una confesión)? ¿No está la puntuación, en el primer caso, al servicio del estado emocional del protagonista? ¿Qué variante registra mayor oralidad?

Y de nuevo: ¿a qué «original» debe atenerse el traductor?

jueves, 8 de diciembre de 2016

La semana de González (4)

Cuarta entrega de la serie de cinco que Alejandro González, traductor del ruso, publicó en El Trujamán.

Originales que no son tales (4)

En 1918 el idioma ruso conoció una significativa reforma. Quiso el destino que la obra quedara en manos de los bolcheviques, ya que desde el siglo xix se venía insistiendo en la necesidad de unificar ciertos criterios, de establecer un marco normativo. En 1918 se suprimieron algunas letras del alfabeto, se fijaron y actualizaron reglas de ortografía y puntuación. No fue esa la primera ni la última reforma, por cierto, pero sí la más modernizadora y relevante. Anteriormente, los escritores se guiaban, claro, por el uso predominante y por un conjunto a veces intrincado de reglas que hundía sus raíces en la escritura eclesiástica. La reforma de 1918, como no podía ser de otro modo, resultó polémica, halló sus partidarios y sus detractores. Anatoli Lunacharski fue uno de sus promotores; Leonid Andréiev prefirió no firmar un ventajoso contrato antes que publicar sus obras con la nueva ortografía, Iván Bunin (primer Premio Nobel de Literatura de Rusia) la rechazó tan furiosa e ideológicamente que se negó a utilizar el ruso moderno y siguió escribiendo a la antigua hasta el último de sus días, en 1953. Lo ideológico no era un mero prurito de Bunin: durante el período soviético, en efecto, rigió un criterio particular de escritura de palabras religiosas que hoy aún pervive en ediciones no revisadas. Veamos con un ejemplo (¡y qué ejemplo!) los dilemas que esto crea a la hora de traducir y de seleccionar el texto fuente, el «original».

La edición «canónica» de las Obras completas de Dostoievski en treinta tomos, aquella que, hasta la fecha, está obligado a citar cualquier especialista en Dostoievski que se precie de tal, reproduce como sigue este pasaje del célebre capítulo «El gran Inquisidor», de Los hermanos Karamázov:

То, что имею сказать тебе, всё тебе уже известно, я читаю это в глазах твоих. И я ли скрою от тебя тайну нашу? Может быть, ты именно хочешь услышать ее из уст моих, слушай же: мы не с тобой, а с ним, вот наша тайна! Мы давно уже не с тобою, а с ним, уже восемь веков. Ровно восемь веков назад как мы взяли от него то, что ты с негодованием отверг, тот последний дар, который он предлагал тебе, показав тебе все царства земные: мы взяли от него Рим и меч кесаря и объявили лишь себя царями земными, царями едиными, хотя и доныне не успели еще привести наше дело к полному окончанию. Но кто виноват?

Todo lo que tengo para decirte ya lo sabes, lo leo en tus ojos. ¿Y acaso te ocultaré nuestro secreto? Puede que tú precisamente quieras oírlo de mis labios, así que escucha: nosotros no estamos contigo, sino con él, ¡ese es nuestro secreto! Hace mucho ya que no estamos contigo, sino con él, hace ya ocho siglos. Ocho siglos justos hace que tomamos de él aquello que tú rechazaste indignado, aquel último don que él te ofrecía al mostrarte todos los reinos de la tierra: nosotros tomamos de él Roma y la espada del césar y nos declaramos los solos reyes de la tierra, los únicos reyes, aunque hasta ahora no hayamos logrado aún llevar nuestra obra a su cabal cumplimiento. Pero ¿quién tiene la culpa?

Ahora bien, cuando se consulta otra edición rusa postsoviética encontramos ese pasaje así:

То что имею сказать Тебе, всё Тебе уже известно, я читаю это в глазах Твоих. И я ли скрою от Тебя тайну нашу? Может быть Ты именно хочешь услышать ее из уст моих, слушай же: Mы не с Тобой, а с ним, вот наша тайна! Мы давно уже не с Тобою, а с ним, уже восемь веков. Ровно восемь веков назад как мы взяли от него то что Ты с негодованием отверг, тот последний дар который он предлагал Тебе показав Тебе все царства земные: мы взяли от него Рим и меч Кесаря и объявили лишь себя царями земными, царями едиными, хотя и доныне не успели еще привести наше дело к полному окончанию. Но кто виноват?

Todo lo que tengo para decirte ya lo sabes, lo leo en Tus ojos. ¿Y acaso Te ocultaré nuestro secreto? Puede que Tú precisamente quieras oírlo de mis labios, así que escucha: nosotros no estamos contigo, sino con él, ¡ese es nuestro secreto! Hace mucho ya que no estamos contigo, sino con él, hace ya ocho siglos. Ocho siglos justos hace que tomamos de él aquello que Tú rechazaste indignado, aquel último don que él Te ofrecía al mostrarte todos los reinos de la tierra: nosotros tomamos de él Roma y la espada del césar y nos declaramos los solos reyes de la tierra, los únicos reyes, aunque hasta ahora no hayamos logrado aún llevar nuestra obra a su cabal cumplimiento. Pero ¿quién tiene la culpa?

No es posible volcar al castellano todas las (pocas) diferencias de puntuación que existen entre ambos pasajes en ruso (abordaremos la cuestión de la puntuación en el próximo trujamán); sí puede advertirse, en cambio, lo que ocurre con las mayúsculas: tú/Tú, tus/Tus, te/Te, césar/César. Durante el período soviético la palabra «dios» se escribía así, con minúscula. Y de ahí para abajo: santos, fiestas religiosas, libros y lugares sagrados, etc.

Otra vez: ¿hay «original» sin intervención, sin indagación del traductor? ¿Puede un traductor de ruso confiar en el primer texto fuente que encuentra?

¿Cuántas variantes habrá en castellano de este pasaje? Por caso, y como cierre, reproduzcamos la versión de Cansinos Assens:

Cuanto me atrevo a decirte, todo lo sabes Tú ya; leo en tus ojos. Pero es que yo te oculto nuestro secreto. Puede que Tú, precisamente, quieras oírlo de mis labios, pues escucha: nosotros no estamos contigo, sino con Él, ya va para ocho siglos. Ocho siglos justos hace que aceptamos de Él lo que Tú, con indignación, desairaste, ese último don que te ofreció al mostrarte el imperio terrenal; nosotros le aceptamos Roma y la espada del César y nos declaramos solamente emperadores de la Tierra, únicos señores, aunque, hasta ahora, no hayamos podido dar cumplido remate a nuestra empresa. Pero ¿quién tiene de ello la culpa?

miércoles, 7 de diciembre de 2016

La semana de González (3)

Tercera entrada de la serie de cinco que Alejandro González, traductor del ruso, publicó en El Trujamán.

Originales que no son tales (3)

Cuando un traductor de ruso recibe un encargo, lo primero que hace, claro, es procurarse un ejemplar del texto fuente. Esto, que —uno supone— no representa mayor inconveniente en el caso de textos escritos en lenguas más cercanas, suele ser una piedra de toque en su trabajo.

La dificultad, por cierto, no estriba en la distancia espacial ni tampoco en la temporal (ediciones muy antiguas, agotadas, de segunda mano, etc.). La cuestión, por desgracia, es mucho más profunda: ¿cómo confiar en el texto ruso que uno ha conseguido?
No es preciso ser especialista en la historia de Rusia para saber que en ese país la censura ha desempeñado un papel importante en la creación y circulación de obras, en épocas del zarismo y luego durante la Unión Soviética. Desde la autocensura, pasando por el censor con su lápiz rojo, hasta la política central de edición y distribución y los márgenes de negociación de las distintas editoriales, los textos han debido sortear numerosos obstáculos. Así, dar con el «original» ruso supone una búsqueda que, en muchos casos, implica ni más ni menos que una reconstrucción de la fuente. Esta circunstancia afecta tanto a las ciencias sociales como a la literatura.

El esquema suele ser el siguiente: el autor X publica el libro Y en 1919; el autor X es posteriormente tildado de contrarrevolucionario, espía, revisionista o demás calamidades; sus libros pasan a formar parte de la «lista negra», son prohibidos, retirados de los puntos de venta e incluso de las bibliotecas, no vuelven a editarse; el autor X es ejecutado en algún campo de concentración en los años treinta; el autor X es rehabilitado luego de la muerte de Stalin; el libro Y vuelve a ser publicado en 1959, pero con cortes: todavía subsisten nombres, ideas, obras que no conviene mencionar; el libro Y es reeditado de esa forma (o con otros cortes) en 1965, 1973 y 1982; el libro Y, en su versión de 1959, es tomado como fuente por algún traductor al inglés; el libro es publicado en inglés en 1961; esta edición inglesa sirve de fuente para las traducciones a otros idiomas; otra editorial traduce al italiano de la versión rusa de 1973, que difiere de la versión rusa de 1959; esta edición italiana también es vertida al castellano; luego, una editorial del mundo hispanohablante traduce, por fin, directamente del ruso, de la versión de 1982, que es igual a la de 1973, es decir, diferente a la de 1959, la cual, a su vez, y como ya sabemos, es distinta a la primera, de 1919, de la que nadie hasta ahora ha traducido; tenemos en castellano tres ediciones: una primera traducida del inglés, una segunda traducida del italiano, una tercera traducida del ruso; serán, claro, tres ediciones diferentes: distinta cantidad de páginas, distinto contenido, distinto ordenamiento, distinta bibliografía; en el caso de las ciencias sociales, también, distintas traducciones de idénticos conceptos y, por tanto, como demuestra la historia, distintas las tradiciones científicas en las que el texto se inserta.

Básicamente, este esquema es el que ha seguido el ya clásico Pensamiento y habla, de Lev Vigotski. Interesante: ya la sola referencia al libro es problemática: en Occidente su nombre prácticamente se ha canonizado como Pensamiento y lenguaje, que fue como lo tradujeron al inglés (Thought and language) en 1962 en Estados Unidos, acaso bajo el influjo de posiciones estructuralistas (y no acaso, sino seguro, macartistas). Suerte similar ha seguido el también clásico Literatura y revolución, de Lev Trotski, cuya versión completa no existe aún siquiera en inglés y francés, y a la que los hispanohablantes hemos accedido recién en 2015.

El traductor de ruso se ve así compelido a detenerse en la mediación (múltiples ediciones y traducciones, historia de recepción en diversos países) y a dudar del concepto mismo de «original»; es más, muchas veces verá que el «original» no existiría sin su intervención (por ejemplo, cuando hay dos o más versiones de un texto en vida del autor, con agregados, supresiones, modificaciones). Dicho de otro modo, el traductor de ruso, a menudo, traduce no tanto del «original» como desde la historia de creación y recepción de un texto. De ahí a comprender que el texto es precisamente esa historia no hay más que un paso.

martes, 6 de diciembre de 2016

La semana de González (2)

Segunda entrada de la serie de cinco que Alejandro González publicó en El Trujamán.

Originales que no son tales (2)

Dostoiewsky, Dostoiewski, Dostoievski, Dostoiewskij, Dostoyewski, Dostoyewsky, Dostoyevski, Dostoievsky, Dostoevsky, Dostoevskii, Dostoyevsky, Dostoiévskiy, Dostoïevsky, Dostojevsky, Dostoïevski, Dostojewski.

Dieciséis modos distintos de escribir un apellido en castellano.

Podríamos proponer al lector el siguiente juego: «Encuentre la variante correcta». También este otro: «¿Cuál es la variante que más encuentra en su biblioteca? Vaya y cuente». O, por qué no (para los avezados): «Ordene estas variantes cronológicamente», y ofrecer la solución al final. Sin embargo, el juego más interesante, creemos, sería: «Identifique las lenguas a través de las cuales el autor de Crimen y castigo ha llegado al mundo hispanohablante». Y ya que venimos juguetones: «Pregúntese cuánto del Dosto*** que conocemos nos ha llegado a través de otras lenguas y culturas. Pregúntese si un traductor de ruso no debe problematizar este derrotero y ponerlo en el contexto mayor de las siempre conflictivas relaciones entre Rusia y Occidente».

Vayamos más allá de Dostoievski (así les gusta a mis ojos) y extendamos esto a la totalidad de los textos rusos. Haremos entonces una primera observación: hasta hace relativamente poco tiempo, la literatura y el pensamiento rusos los hemos visto con el prisma de los países centrales (Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos); esa mediación, a no dudarlo, ya es parte fundamental de nuestra percepción de Rusia. Una segunda observación, insoslayable, es que el traductor de ruso, como señalábamos en el primer trujamán, debe tomar conciencia de que su labor se insertará en ese flujo y que sus traducciones llegarán a lectores (es decir, a culturas de recepción) que ya disponen de una representación más o menos estable acerca de qué son los escritores rusos y qué cabe esperar de ellos; la literatura rusa no volverá a ser descubierta una segunda vez. Una tercera observación, ya de índole preceptiva, si se quiere, es que el traductor de ruso, por lo dicho anteriormente, debe asumir una actitud crítica capaz de relativizar esas otras miradas, de dialogar con ellas y de iluminar aspectos novedosos (abandonada ya la ingenua pretensión de «restituir» un «original» no mediado).

De este modo, la traducción de textos rusos ofrecerá la posibilidad de plantearse, primero, y poner en cuestionamiento, después, ciertos estereotipos bastante instalados. Es cierto que en la literatura rusa abundan búsquedas últimas, desgarradas, extremas; tan cierto como que en ella abundan novelas pasatistas, convencionales, «divertidas» al decir de hoy. Es verdad que la literatura rusa está poblada de personajes que se preguntan por el sentido último de la vida, por la existencia de Dios y por cómo relacionarse con el prójimo; también es verdad que en ella habitan verdaderos sinvergüenzas, taimados, materialistas y lascivos. Hay en las letras rusas numerosos intentos de ofrecer un tipo «ideal» de mujer; hay asimismo en ella mujeres viles, manipuladoras, felonas y felinas. Es claro que los escritores rusos han brindado textos densos, sesudos, complejos, que invitan a la meditación; es prístino además que han engendrado comedias desopilantes, sátiras impiadosas, personajes estrambóticos y graciosos.

Es fundamental no dejarse llevar por estas ideas preconcebidas en el curso del trabajo, saber identificar el humor, la ligereza y la ironía allí donde uno se tope con ellos y otorgarles el estatuto que se merecen; no siempre un personaje dostoievskiano se flagela a sí mismo, ni sus obras carecen de cuadros líricos y —ante todo— humorísticos (recordemos que Vladímir Nabókov encontraba en el humor casi la única virtud de Fiódor Mijáilovich); no siempre es preciso inclinarse por el sinónimo más sombrío de la paleta semántica.

Comparar lo hecho en distintos idiomas por los traductores que nos precedieron, ser capaces de periodizar los diferentes enfoques de la traducción enriquecerá ostensiblemente nuestra labor, nos abrirá el horizonte de sentido en el que vamos a inscribir nuestro esfuerzo y echará luz sobre los prejuicios que inevitablemente arrastramos con nosotros.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La semana de González (1)

El argentino Alejandro González, traductor del ruso, entre el 2 de septiembre y el 17 de noviembre pasados,  publicó una serie de columnas en El Trujamán que iremos subiendo a lo largo de la próxima semana. Ésta es la primera.

Originales que no son tales (1)

Acaso, uno de los modos más expeditivos de romper con aquella concepción —tan enraizada en nuestra civilización de libro sagrado— que concede a un texto estatuto ontológico («original»), mientras que a otro se lo niega («copia») o escatima («traducción»), es traducir obras escritas en ruso.

Petición de principio I: a la hora de traducir, nada hay en la lengua rusa que no lo haya en otras; cada lengua tiene sus especificidades, plantea dificultades propias, y la rusa es una entre tantas. No es desde un enfoque lingüístico, por tanto, como lograremos cuestionar la idea de un «original». En cambio, si nos concentramos en los modos en que un texto circula, en sus condiciones de creación y recepción, transitaremos el camino correcto.

Petición de principio II: siguiendo el concepto gadameriano de «historia efectual», acordemos que un texto no es sino los efectos que produce. Cuando un colega recibe el encargo de traducir, por caso, Hamlet, ¿puede abstraerse de los 400 años de historia de recepción, circulación, adaptación, traducción y edición (historia que, además, lo ha constituido a él mismo como lector)? Responder afirmativamente significaría creer que existe un «original» —puro— al que siempre puede volverse, sea el manuscrito del autor o la fuente más autorizada. Responder negativamente, otra vez, nos indica el rumbo adecuado. (Por cierto, envidiemos a los músicos: usan la palabra «versión» y no «traducción», no creen que la Sinfonía n.º 40 de Mozart sea la partitura que está —si es que— conservada en cierto sitio, ni tampoco sostienen un primoroso direttore traditore).

La historia de la literatura rusa en castellano no es, en términos relativos, tan antigua: en 1838, en una revista católica de Barcelona, se publicó Oda al Ser Supremo de Gavriil Derzhavin. Esa primera traducción, sin duda inspirada en el deseo de acercar las producciones artísticas del gigante oriental a los lectores españoles, presentaba a la vez un rasgo que se volvería característico en los siguientes noventa años: estaba hecha del francés, vale decir, por lengua interpósita. Esto es, desde el principio mismo nos hallamos ante el problema de la mediación. ¿Cómo han llegado hasta nosotros los textos rusos? ¿Qué obras y qué autores han circulado más? ¿En qué momento Occidente dio cabida, y cómo, a los escritores y pensadores rusos? Y cuando decimos “Occidente”, ¿a qué países en concreto, a qué tradiciones literarias y filosóficas nos estamos refiriendo? ¿Por quién, dónde, cómo, cuándo, qué, para qué lector, con qué fin, en qué editorial, a partir de qué fuente se tradujo una determinada obra? ¿A través de qué idiomas, traducciones y lecturas han llegado los rusos al mundo hispanohablante? ¿Qué hemos buscado y qué buscamos en la cultura rusa? Estas preguntas acompañarán al traductor del ruso al castellano a lo largo de todo el viaje, y, siempre que este entienda su labor como intervención crítica, no tardará en tomar conciencia del lugar que las obras rusas ocupan en el imaginario de la comunidad a la que pertenece. Eso, con el tiempo, lo llevará a conocer las múltiples voces que han formado parte de ese diálogo de siglos entre Rusia y Occidente.

En los siguientes trujamanes me detendré en algunas experiencias y ejemplos que nos permitirán entrever lo fructífero que resulta desprenderse de un acercamiento (poco) ingenuo a la traducción (sacralización acrítica del texto fuente) y conocer en profundidad el texto, entendido este no como conjunto-inmutable-de-signos-siempre-susceptible-de-decodificación, sino como devenir, como historia abierta de creación, circulación y recepción.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Semana treinta y dos del repudio al convenio entre la U.B.A.,la UNAM, la Universidad de Salamanca, el Instituto Cervantes y Telefónica de España

El éxito de la convocatoria para repudiar el convenio que le otorga valor universal al Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española, propuesto por el Instituto Cervantes y un consorcio de universidades de España y Latinoamérica, demuestra que la movilización de la comunidad intelectual de la lengua castellana está lejos de haberse agotado. Esta semana, la número treinta y dos desde que empezamos, actualizamos la lista de firmantes ya que,  diariamente siguen llegando adhesiones de todo el espectro de la lengua. Por lo tanto, seguirá abierta la recolección de firmas de todos aquéllos interesados en dejar sentado en este blog su repudio ante un pacto realizado de espaldas a la sociedad. 


Como ya se ha explicado, no sólo han firmado la nota que se reproduce a continuación escritores, traductores, correctores, editores, intelectuales en general (historiadores, sociólogos, antropólogos, arqueólogos y periodistas, además de directores teatrales y actores), sino también un gran número de profesores de Literatura Española e Hispanoamericana, lingüistas, filólogos y lexicógrafos, que desempeñan sus tareas en  universidades argentinas y extranjeras. Acaso ellos están mejor capacitados para entender el problema que los contadores, veterinarios y dentistas que votaron positivamente el acuerdo en una sesión del Consejo Superior de la UBA…  quince días posterior al anuncio oficial del Instituto Cervantes en el Congreso de la Lengua de Puerto Rico.

La solicitada y la lista estarán disponibles para quien desee consultaras y, eventualmente, sumarse. Para hacerlo sólo tiene que enviar un mail a clubdetraductoresliterarios@gmail.com


Solicitada

Los abajo firmantes, escritores, intelectuales, docentes, investigadores y artistas del universo de la lengua castellana, queremos manifestar nuestro absoluto repudio al Memorándum de Entendimiento, un conjunto breve de artículos, con el cual la UBA se integra al convenio firmado entre el Instituto Cervantes, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Salamanca, que pretende otorgarle al Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE) valor universal y hegemónico. Consideramos que se trata de  una grave intromisión en la independencia lingüística de Latinoamérica, así como de un perjuicio a los intereses políticos y comerciales de la región.


A
Martín Abadía, Cecilia Abdo-Ferez, Enrique O. Abeya-Gilardon, Eleonora Acosta, Mónica Acosta, Gabriela Adamo, Lucas Adur, Silvia Aguilera (Chile), Cecilia Aguirre (Brasil), Claudia Aguirre, Osvaldo Aguirre, Abel Ahumada, Laura Alcoba (Francia), Diego Alfaro Palma (Chile), Fernando Alfón, Javier Almeida, Mariano Altamirano, Matías Allende Contador (Chile), Adriana Amante, Susana Anaine, Jotaele Andrade, Maria Teresa Andruetto, Daniela Ansa, Angelika Antonio Rubin, María Amelia Arancet Ruda, Graciela Aráoz, Fernanda Aren, Teresa Arijón, Elvira Arnoux, Jaime Arrambide, Alessio F. Arredondo,  Adriana Astutti, Alejandra Atadía, Jorge Aulicino, Florencia Ávalos, Márgara N. Averbach,
B
Claudia Bacci, Cecilia Bajour, Miguel Balaguer, Alejandro Balazote, Lidia M. T. Rádis Baptista (Brasil), Florencia Baranger-Bedel, Magnolia Brasil Barbosa do Nascimento (Brasil), Pablo Bardauil, Julina Barembuem (Francia), Ian Barnett, Carolina Bartalini, Alcira Bas, Carlos Battilana, Matías Battiston, Gustavo Beade, Eric Beaumatin (Francia), Roberto Bein, Natalia Belenguer, Sonia Bello, Bárbara Belloc, Asher Benatar, Laura Benítez, Julia Benseñor, Daniela Bentancur, Diego Bentivegna, Gladys Berisso, Angel Berlanga, Emilio Bernini, Eduardo Berti, Concepción Bertone, Pablo Betesh, María de los Ángeles Bianchi, Ana Lia Biderman, Sonia Bierbrauer, Mónica Billoni, César Bisso, Sonia Blank, Andrea Bohrn, Elisa Boland, Karina Bonifatti, Piedad Bonnet (Colombia), Juan Bonilla (España), María Angélica Bonilla, Manuel Borrás (España), Claudia Borzi, Pablo Braun, Jorge Brega, Matías Bruera, Jorge Bustamante García (México/Colombia), 
C
Marcelo José Cabarcas Ortega (Colombia), Gabriela Cabezón Cámara, Rubén Faustino Cabrera, Susana Cabuchi, Javier Calvo, Silvia Camerotto, Silvana Campanini, Magdalena Cámpora, Marco Antonio Campos (México), Sibila Camps, Martín Caparrós, Anália Capdevila, María Ester Capurro, Pablo Caramelo, Marina Cardelli, Sandra Carli, Sandra Carrazzoni, Penélope Cartelet, Elizabeth Casals,Fabián Casas, Fernanda Castelano Rodrigues (Brasil), Alejandro Castro, Nora Catelli, Maite Celada (Brasil), Marcelino Cereijido (Argentina/México), Rocío Cerón (México), Valeria Cervero, Gabriela Cetinas, Sergio Chejfec, Matías Chiappe (Japón), Ricardo Chiesa, Micaela Chirif (Perú), Luis Chitarroni, Federico Ciamberlini, Ángela Ciocca, Susana Civitillo, Oliverio Coelho, Marcelo Cohen, Monona Cohen, Sara Cohen, Andrea Cofán, Javier Cófreces, Vanina Colagiovanni, Nicolás Coletto, María del Carmen Colombo, Gabriela Comte, Germán Conde, Oscar Conde, Carlos Roberto Conde Romero (México) Estela Consigli, Jorge Consiglio, Sandra Contreras, Lucila Cordone, Luciana Cordo Russo, Claudina Corel (Francia), Silvio Cornú, Juan David Correa (Colombia), Sylvia Costa, Beatrice Couteau, Flor Cresta, Américo Cristófalo, Claudio Crivelli, Marcela Croce, Adriana Cristina Crolla, Graciela Cros, Esther Cross, Anna Crowe (Escocia),
D
Julián D'Alessandro, Paola D’Angelo, Guillermo David, Jan de Jager (Argentina/Holanda), Santiago de Miguel, Pablo De Santis, Juan de Sola (España), Juan José Delaney, Claudia Del Blanco, Silvia Delfino, Laura Demaría (EE.UU.), Valentín Díaz, Mariana Di Cío (Francia), Ariel Dilon, María Teresa D'Meza (Cuba), Mariana Dimópulos, María di Stefano, Ignacio Di Tulio, Ángela Lucía Di Tullio, Leonora Djament, Jordi Doce (España), Nora Domínguez Rubio, Leandro Donoso, José Arlindo Dos Santos (Brasil), Elsa Drucaroff,
E
Víctor Ego Ducrot, Andrés Ehrenhaus, Laszlo Elderyi (Uruguay), Neide Elias (Brasil), Alejandra Elichabe, Verónica Engler, José María Espinasa (México), Carolina Esses, Juan José Estévez,
F
Geneviève Fabry (Bélgica), Sylvia Falchuk, Adrián Fanjul, Ángel Faretta, Cristina Farías, Adriana Fernández, Nancy Fernández, Zulema Fernández, Álvaro Fernández Bravo, Javier Fernández Miguez, Inés Fernández Moreno, Martina Fernández Polcuch, Gustavo Fernández Walker, Alex Ferrara, Santiago M. Ferro, Horacio Fiebelkorn, Tamara Figueroa, Judith Filc (Estados Unidos), Diego Fischerman, Graciela Foglia (Brasil), Laura Fólica, Jorge Fondebrider, Diego Forte, Larisa Fostinone Locoselli (Brasil), Ana Franco (México), Silvana Franzetti, Daniel Freidemberg, Silvina Friera, Leonardo Funes, Alejandra Furfaro,
G
Pablo Gaiano, Carlos Gamerro, Lélia Gándara, Flavia García (Canadá), Alicia García Bergúa (México), Inés García Botana, Antonia García Castro, Gabriela García Cedro, María Blanca García Gandolfo, Emilio García Wehbi, Marietta Gargatagli, Inés Garland, Florencia Garramuño, Teresa Garufi, Miguel Gaya, Jorge Geffner,  Francisco Gelman Constantin, Nicolás Gelormini, Alicia Genovese, Analía Gerbaudo, Mabel Giammatteo, Pablo Gianera, Federico Gianotti, Daniel Gigena, Sol Gil, Abel Gilbert, Paula Giménez Zapiola, Gabriel Giorgi, Mónica Girón, Andrea Giunta, Marisa Godoy, Myriam Leonor Godoy Arroyo, Graciela Goldchluk, Víctor Goldstein, Alejandro González, Betina González, Horacio González, Jonio González, Neide Maia González (Brasil), Rafael Goñi, Nathalie Greff-Santamaria, Inés Grimland, Ezequiel Grimson, Lucía Grodsinsky, Paula Grosman, Irene Gruss, Roberto Guareschi, Leila Guerriero, Richard Gwyn (Gales),
H
Fabián Haim, Claudia Hartfiel, Liliana Hayat, Liliana Heer, Dolores Hernández, Itziar Hernández (España), Patricia Hernández, Frida Herz, Alejandro Horowicz, Luis Francisco Houlin Dintrans, Claudia Hortas,
I
Ricardo Ibarlucía, Carla Imbrogno, Pablo Imen, Pablo Ingberg, José Insúa, Fabián Osvaldo Iriarte, Pola Iriarte (Chile), Jorge Isaías,
J
Carlos H. Jacobo, David Jacobson, Natalia Jakubecki, Alexandra Jamieson Barreiro, Ana María Jaramillo (Colombia/México), Darío Jaramillo Agudelo (Colombia), Noé Jitrik, Silvia Jurovietzky,Mario Jursich (Colombia),  
K
Tamara Kamenszain, Laura Kaplan, Alejandra Patricia Karamanian, Alejandro Kaufman, Edna Inés Kelly, Sergio Kiernan, Guillermo Korn, Alberto Kornblihtt, Laura Malena Kornfeld, Eduardo Kragelund, Paula Krajnc, Christian Kupchik,
L
Juan Manuel Lacalle, Nora Laffont, Mónica Lago, Patricia Lálage del Vall, María Lanese, Gabriela Lapalma, Alicia Laplace, Cecilia Lasa, Alejandra Laurencich, Daniela Lauria, Denise León, Mara Faye Lethem (Estados Unidos),  Mauro Libertella, Daniel Link, Jorge Locane (Alemania), María Rosa Lojo, María Pía López, Eugenio López Arriazu, Carlos López Beltrán (México), Pura López Colomé (México), María López García, Ana María Lorandi, Diego Lorenzo, Carolina Lozada (Venezuela), Gabriel Lozano, Marcela Lucero,
M
Bruna Macedo de Oliveira (Brasil), Ariel Magnus, Silvia Maldonado, Alejandro Manara, Adriana Carolina Manes, Laura Mangold, Héctor Manni, Elena Marengo, Lucas Margarit, Marilú Marini, Leticia Martí, Daniel Martínez, Uriel Martínez Venegas (México), Claudia Masín, Carlos Masotta, Cecilia Mata, Ana Silvia Mazía, Mirtha Paula Mazzocchi, Ana Mazzoni, Víctor Manuel Mendiola (México), Ricardo Mendoza Rademacher (Chile), Andrea Menegotto, Haydée Noemí Menna, Tununa Mercado, Mercedes Merino, Silvana Meta, Alejandra Mierez Revilla, Eduardo Milán (Uruguay), Gabriela Minsky, Ignacio Miret, Federico Mirré, Javier Mocarquer (Estados Unidos), Macarena Mohamad, Cristian Molina, Oscar Luis Molina Sierralta (Chile), Rodrigo Molina-Zavalía, Sylvia Molloy, Fabián Mónaco, Rafael Mondragón (México), Mario Montalbetti (Perú), Graciela Montaldo, Jorge Monteleone, René Montero Montano (México), Miguel Ángel Montezanti, Virginia Monti, Fabio Morábito (México), Miguel Ángel Morelli, Yolanda Morató (España), María Moreno, Juan Carlos Moreno Cabrera (España), Graciela Morgade, Julieta Mortati, José Luis Moure, Vicente Muleiro, Fabricio Müller, Debi Mundani, Hugo Murno,
N
Adelaide Navarret, Juana Nicolaou, Gustavo Nielsen, Michel Nieva, Daniela Nigro, Valentina Noblia, Alicia Noceti, Alejandro de Nuñez,
O
Julieta Obedman, Alejandra Obermeier, Elena Luján Odriozola,  Gladys Ojea, Ana Ojeda, Leonardo Oksman, Sebastián Olaso, Alejandro Olazabal, Mercedes Olcese, Lucrecia Orensanz (México), Diana M. Ortega, María Gabriela Ortiz, Pablo Ortiz (Estados Unidos), Alexandra Ortiz Wallner (Alemania), Elsa Osorio, Araceli Otamendi, Sonia Otamendi, Rafael Felipe Oteriño,
P
Melisa Palferro, Cecilia Palmeiro, Lucas Panaia, Tamara Padrón Abreu, Andrea Palet (Chile), Marcia Paraquett (Brasil), Aldo Parfeniuk, María Teresa Pascual, Sandra Pasquini, Hilda Paz, Joana Peaguda, Karina Pelech, Ingrid Pelicori, Diego Peller, Marina Inés Pepe, Graciela Périssé, Claudia Pérez, Cecilia Pérez de Micou, Paula Pérez Alonso, Romina Eva Pérez Escorihuela, Graciela Perosio, Lucas Petersen, Miguel Ángel Petrecca, Maria Pibernus, Gabriela Clara Pignataro, María Cristina Pinto, Claudia Piñeiro, Nancy Viviana Piñeiro, Dagmar Ploech (Alemania), Silvina Poch, Judith Podlubne, José Maria Poirier, Antonio José Ponte (Cuba/España), Ángela Pradelli, Graciela Progano, Marita Propato, Ana Pruis, Agnieszka Julia Ptak,  Mercedes Pujalte, María Lucía Puppo,
Q
 Juan Carlos Quintero-Herencia (Puerto Rico),
R
Alejandro Raiter, María Laura Ramos, Graciela Rapaport, Olga Regueira, María Cristina Renard, Fernando Rendón (Colombia), Jorge Revsin, Alicia Silvia Rey, Esteban Javier Rico, Cynthia Rimsky (Chile), María Florencia Rizzo, Armando Roa Vial (Chile), Daniela Rodríguez Gesualdi, Victoria Rodríguez Lacrouts, Blanca Alberta Rodríguez Vázquez (México), Alejandra Rogante, Waldo Rojas (Chile), Luis A. Rojas Herrera (Chile), Marta Rojzman, Mariana Romo Carmona (Estados Unidos), Gonzalo Roncedo, Hernán Ronsino, Mirta Rosenberg, Cecilia Rossi (Gran Bretaña/Argentina), Silvina Rotemberg, Fernando Rouaux, Gabriela Alina Roveda Peluffo, Cora Rozwadower-Grätzer (Francia), Julio Patricio Rovelli López, Mario Rucavado Rojas, Silvia Adriana Rucci, Natalia Ruhl, Facundo Ruiz, Pablo Martín Ruiz (Estados Unidos), Ricardo Ruiz, Andrea Russo, 
S
Guillermo Saavedra, Julia Sabena, Lori Saint-Martin (Canadá), Ina Salazar (Perú/Francia), Amalia Sato, Alejandro Schmidt, Scott Sadowsky (Chile), Julia Saltzmann, Elisa Salzmann, Daniel Samoilovich, Cristina Santoro, Beatriz Sarlo, Vivian Scheinsohn, María Jimena Schere, Gabriela Schon, Federico Schuster, Ana Sebastián, Francisco Segovia (México), Pablo Seijas (Argentina/Francia), Gabriel Seisdedos, Gabriel Senanes, Silvia Senz Bueno (España), Jessica Sequeira (Estados Unidos), Matías Serra Bradford, Marina Serrano, Pedro Serrano (México), Nora Sforza, Lorna Shaugnessy (Irlanda), Ana María Shua, Luciana Sierra, Alberto Silva Castro, Gastón Sironi, Paulo Slachevsky (Chile), Perla Sneh, Ricardo Soca, Ada Solari, Margarita Solli, Marcial Souto, Mikel Soto Nolasco(País Vasco), Rafael Spregelburd, Eduardo Stupía, Julieta Sueldo Boedo (Brasil), Jorgelina Sureda, Maristella Svampa, Mariano Sverdloff, Santiago Sylvester, Alberto Szpunberg, Mónica Szumurk,
T
Sergio Tanoni, Alejandro Tantanian, Carles Tàvec, María Tellechea, Federico E. Testoni, Diana Theocharidis, María Emilia Tijoux, Mario Tomé, Sandra Toro, Jorge Torres Zavaleta, Diego Trelles Paz (Perú), Silvina Trica-Flores (Estados Unidos), Roxana Trucco, Lilia Tubia,
U
Lidia Unger, Pablo Usabiaga, Teresa Usandivaras, Alejandra Uslenghi (Estados Unidos), Leandro Uteda,
V
Luisa Valenzuela, Gustavo Valle (Venezuela), Daniel Varacalli Costas, María Esther Vázquez,  Graciana Vázquez Villanueva, Diana Vega, Ana Vellegal, Luciana Velloso, Santiago Venturini, Carmen Verlichak, Pedro Ignacio Vicuña (Chile), Gabriela Villalba, Inés Villanueva, Claudio Villarreal, José Javier Villareal (México), Minerva Margarita Villareal (México), Silvia Villegas, Juan Villoro (México), Elena Vinelli  Marcela Visconti, Miguel Vitagliano, Carlos Vitale, Martín Vitton, Nadia C. Volonté,
W
Miguel Wald, David Wapner, Gerardo Wehinger, Astrid Wenzel, Guadalupe Wernicke, Tamara R. Williams (México / Estados Unidos),  Laura Wittner, Leandro Wolfson, Marcela Woods,
Y
Daniel Yagolkowsky, Débora Yánover, Jorge Hernán Yerro (Brasil), 
Z
Horacio Zabaljáuregui, Graciela Zanini, Paula G. Zarza, Enrique Zattara Hernández, Amelia Zerrillo, Pablo Zdrojewski, Katharina Zinsmeister, Verónica Zondek (Chile), Ana Zone, Paula Zucherelli,  Julia Zullo, Patricio Zunini. Gabriela Mariel Zunino.


Universidades e instituciones educativas a las que pertenecen los firmantes

Universidad Autónoma de Entre Ríos (Argentina)
Universidad Católica Argentina (Argentina)
Universidad de Belgrano (Argentina)
Universidad de Buenos Aires (Argentina)
Universidad de San Andrés (Argentina)
Universidad del Salvador (Argentina)
Universidad Nacional Arturo Jauretche (Argentina)
Universidad Nacional de Córdoba (Córdoba, Argentina)
Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Argentina)
Universidad Nacional de Lanús (Argentina)
Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)
Universidad Nacional de Rosario (Rosario, Argentina)
Universidad Nacional de San Luis (San Luis, Argentina)
Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina)
ENSLV "Sofía E. Broquen de Spangenberg" (Argentina)
IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández" (Argentina)
Instituto Cultural Argentino de Lenguas Vivas (Tucumán, Argentina)
Instituto Superior de Formación Docente 3 (San Martín de los Andes, Argentina)
Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N°83  (Solano-Quilmes)
Instituto Superior de Profesorado n.° 8 "Alte. Guillermo Brown" (Santa Fe, Argentina)
Universidade Federal da Bahia (Brasil)
Universidade Federal da Integraçao Latino-Americana (Brasil) 
Universidade Federal Fluminense (Brasil)
Universidade Federal de São Paulo (Brasil)
Universidad Católica de Chile (Chile)
Universidad de Chile (Chile)
Universidad Jorge Tadeo Lozano, sede Caribe. Cartagena (Colombia)
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
UNAM (México)
Universidad de Montevideo (Uruguay)
Universidad de la República (Uruguay)
New York University (Estados Unidos)
Providence College (Estados Unidos)
UC Davis (Estados Unidos)
University of Maryland (Estados Unidos)
Tufts University (Estados Unidos)
Ministère de l'Immigration, de la Diversité et de l'Inclusion de Québec (Canadá)
Université du Québec á Montreal (Canadá)
Humboldt-Universität zu Berlin (Alemania)
Universidad Libre de Berlín (Alemania)
Universidad Autónoma de Madrid (España)
Universitat Pompeu Fabra (Barcelona / España)
Université de Caen-Normandie (Francia)
Université de Lille 3 (Francia)
Université Sorbonne Nouvelle Paris III (Francia)
Université Catholique de Louvain (Bélgica)
Tokyo University (Japón)

Adhesiones Institucionales

Centro PEN Argentina
Sociedad de Escritores y Escritoras de Argentina (SEA)
Fundación Victoria Ocampo
Programa de Estudios Latinoamericanos Contemporáneos y Comparados
Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española(http://untref.edu.ar/diccionario/)
Archivos del Sur

viernes, 2 de diciembre de 2016

Ayer se dio a conocer el último Premio Cervantes

A los efectos de su historia, el Premio Cervantes fue instituido en 1974 con el propósito de honrar una obra literaria completa, aunque su primera edición tuvo lugar de modo efectivo al año siguiente. Los candidatos son presentados por el pleno de la Real Academia Española y por las Academias de los países hispanos y los premiados en años anteriores. El jurado se halla presidido por el ministro de Cultura y Educación de España y desde 1980, en evitación de coincidencias, esta dignidad sólo puede concederse a uno de los candidatos. La ceremonia de entrega del galardón se celebra el 23 de Abril de cada año.

Eduardo Mendoza
Se acaba de anunciar que este año lo ganó Eduardo Mendoza, un muy buen escritor español y un verdadero caballero (lo que, por caso, no podría decirse ni de Pérez Reverte ni de tantos otros), a quien tal vez, de este lado del Atlántico, habría que prestarle mucha más atención.


El premio Cervantes se otorgó, hasta la fecha, en cuarenta ocasiones, de las cuales 22 correspondieron a escritores españoles, 6 a escritores mexicanos, 4 a escritores argentinos, 3 a escritores cubanos, 3 a escritores chilenos, 1 a un escritor uruguayo, 1 a un escritor paraguayo, 1 a un escritor peruano. .


1976 Jorge Guillén (España, 1893-1984) poeta 
1977 Alejo Carpentier (Cuba, 1904-1980) novelista
1978 Dámaso Alonso (España, 1898-1990) poeta
1979 Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986) poeta
     Gerardo Diego (España, 1896-1987) poeta
1980 Juan Carlos Onetti (Uruguay, 1909-1994) novelista
1981 Octavio Paz (México, 1914-1998) poeta
1982 Luis Rosales (España, 1910-1992) poeta
1983 Rafael Alberti (España, 1902-1999) poeta 

1984 Ernesto Sábato (Argentina, 1911-2011) novelista
1985 Gonzalo Torrente Ballester (España, 1910-1999) novelista
1986 Antonio Buero Vallejo (España, 1916-2000) dramatugo
1987 Carlos Fuentes (México, 1928-2012) novelista
1988 María Zambrano (España, 1904-1991) filósofa
1989 Augusto Roa Bastos (Paraguay, 1917-2005) novelista
1990 Adolfo Bioy Casares (Argentina, 1914-1999) novelista
1991 Francisco Ayala (España, 1906-2009) novelista
1992 Dulce María Loynaz (Cuba, 1903-1997) poeta
1993 Miguel Delibes (España, 1920-2010) novelista
1994 Mario Vargas Llosa (Perú, 1936) novelista
1995 Camilo José Cela (España, 1916-2002) novelista
1996 José García Nieto (España, 1914-2001) poeta
1997 Guillermo Cabrera Infante (Cuba, 1929-2005) novelista
1998 José Hierro (España, 1922-2002) poeta
1999 Jorge Edwards (Chile, 1931) novelista
2000 Francisco Umbral (España, 1932-2007) novelista
2001 Alvaro Mutis (Colombia, 1923-2013) poeta y novelista
2002 José Jiménez Lozano (España, 1930) novelista
2003 Gonzalo Rojas (Chile, 1917-2011) poeta
2004 Rafael Sánchez Ferlosio (España, 1927) novelista
2005 Sergio Pitol (México, 1933) novelista
2006 Antonio Gamoneda (España, 1931) poeta
2007 Juan Gelman (Argentina, 1930-2014) poeta
2008 Juan Marsé (España, 1933) novelista
2009 José Emilio Pacheco (México, 1939-2014) poeta
2010 Ana María Matute (España, 1925-2014) novelista
2011 Nicanor Parra (Chile, 1914) poeta
2012 José Manuel Caballero Bonald (España, 1926) poeta y novelista
2013 Elena Poniatowska (México, 1932) novelista
2014 Juan Goytisolo (España, 1931) novelista
2015 Fernando del Paso (México, 1935) novelista
2016 Eduardo Mendoza (España, 1943 ) novelista

Hay quien supone que el Premio Cervantes es el Premio Nobel de las letras hispánicas, como si el Nobel importara y como si el Cervantes idem. Tal vez valga la pena decir que se trata de un premio español, que, una de cada dos veces, condesciende a premiar a algún latinoamericano, creando la curiosa ilusión de que la literatura española actual es más importante que la que se escribe en América. Por eso no está de más insistir: EL CERVANTES ES UN PREMIO EXCLUSIVAMENTE ESPAÑOL, OTORGADO POR ESPAÑOLES EN ESPAÑA. Quien lo dude puede recurrir a la curiosa idea de la justicia que tienen quienes lo otorgan: en 1979, por única vez, fue compartido, privilegio le tocó a Jorge Luis Borges, en la ocasión acompañado del muy influyente y mundialmente famoso Gerardo Diego

¿Por qué aceptarlo? La respuesta es simple y no vale la pena hacerse ilusiones: son 125 mil euros que no le vienen mal a nadie, claro. O sea, unos cuantos apretones de manos insustanciales, palo y a la bolsa. ¿Qué agregar?