lunes, 25 de julio de 2016

Un título problemático (I)

Santiago Alcoba
Santiago Alcoba es catedrático de Lengua Española de Universidad Autónoma de Barcelona, y espontáneamente, ha enviado el siguiente artículo donde se retoman las cuestiones tratadas por Daniel Varacalli Costas en su entrada del 20 de junio pasado, quien a su vez retoma lo discutido oportunamente por Jorge Aulicino (29 de enero de 2010) y Fernando Sorrentino (30 de enero de 2010) a propósito del título de la célebre novela de J.D. Salinger. Por sus dimensiones, el artículo se ofrece en dos partes. He aquí la primera.

El saco de El cazador oculto
por El guardián entre el centeno (I)

Me advierte Andrés Ehrenhaus[1] (¡gracias!) de la reciente publicación en el sitio del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires de una entrada de Daniel Varacalli Costas[2] sobre la titulación en español de la obra de J. D. Salinger, The Catcher in the Rye, publicada como El cazador oculto en las versiones argentinas de Manuel Méndez de Andes, en 1961, y de Pedro B. Rey, en 1998; y publicada como El guardián entre el centeno en las versiones españolas de Carmen Criado para Alianza, en 1978, y en 2006, en edición revisada.

El motivo de estas páginas es el texto de Daniel Varacalli que desarrolla una argumentación que me hace pensar en Oona O’Neill, la bellísima hija de Eugene O’Neill, y en la conclusión, que comparto, del comentario que le dedica Jorge Aulicino[3]. Porque yo añadiría a Phoebe-Oona a la hipótesis de sueño de Aulicino. No entraré aquí en las consideraciones de Daniel Varacelli. Prefiero la hipótesis de Aulicino basada en la metáfora literaria del inglés ‘catcher’ y del español ‘cazador’:

«Si uno lee un poco en castellano, un poco en inglés, no tiene dudas de que HoldenCaulfield no está en la vida en general atrapando mariposas o escarabajos, y mucho menos, papando moscas. En ningún caso, además, está en posición de guardián. No vigila nada en lo absoluto.»[4]

Pero la hipótesis de la argumentación que voy a desarrollar me la sugirió Fernando Sorrentino[5] cuando considera un hallazgo el título argentino de El cazador oculto en la primera versión en español del texto de Salinger, de Méndez de Andes para Fabril, en 1961, con los argumentos, que yo comparto, de Rodolfo Rabanal, basados en el sentido de las funciones del cátcher (metafórico):

«El guardián es el arquero —como lo llamamos nosotros en el fútbol— o, para ser más claro, el jugador que en el béisbol corre para atrapar la pelota; si ese jugador se encuentra, de manera figurada, en un campo casi idéntico a un trigal, estará evidentemente oculto y fuera del alcance del bateador. En suma, «cazaría» la pelota desde una guarida y se comportaría como un cazador oculto. Ésa es la idea que inspiró el título de Salinger, sólo que en inglés, y en los Estados Unidos, bastaba con la literalidad para establecer la metáfora. Pero en la versión en español era preciso imaginar el propósito de Salinger y dar exactamente la idea que el autor buscaba. En efecto, eso se hizo, y de manera brillante en la traducción argentina.»[6]

Con estas consideraciones de Fernando Sorrentino, avisado por Andrés Ehrenhaus, pude desarrollar un largo epígrafe para un curso MOOC de la UAB para la plataforma COURSERA, Corrección, estilo y variaciones de la lengua española, donde se aducen algunos argumentos estrictamente lingüísticos, que reitero y amplío aquí, sobre la titulación de El cazador oculto de las versiones argentinas de la obra de Salinger.[7] En concreto, usaré algunos argumentos de autoridad, para cuyas citas, quizás algo largas, pero imprescindibles para que sean autosignificativas, pido la comprensión del lector. Como las referencias son fácilmente localizables en la red, con el buscador habitual, y como ni el sitio ni el texto exigen las condiciones de formato y rigor estrictamente académico, ahorro notas y referencias al pie, para más comodidad de lectura. Las citas y sus dueños están bien identificados con el procedimiento tipográfico habitual.

Condiciones previas. Antes de entrar en harina, daré por supuestas estas condiciones: 1º, argumentaré desde la lingüística y no desde la traductología; 2º, el título de una obra traducida lo sugiere el traductor, pero lo confirma e impone el editor, y más si estamos ante una retraducción («Mi experiencia es que nunca se me ha dejado elegir el título de ninguna novela que haya traducido, siempre me lo han dado traducido ya. Hay casos en los que el traductor puede opinar o dar opciones, pero siempre la decisión final la tiene el editor.» Dice la traductora Natalia Navarro[8]); 3º, en una retraducción, por aprovechamiento económico y de la difusión previa, parece lógico suponer que se confirme el título de la versión anterior; 4º, si se cambia el título de la retraducción, operación menos económica, se deberá a una corrección o a otros motivos, confesados o inconfesables, pero de gran peso para el editor.

La presa es El cazador oculto. De entrada, podemos ponernos de acuerdo en que el foco de la cuestión está en El cazador oculto, que salió primero, que interpreta la metáfora-metonimia del catcher con la metáfora-metonimia del cazador, y que, si no traduce el término catcher (Sorrentino), lo interpreta poéticamente (Aulicino) en parecidos ecos literarios. Por tanto, ceñiré mi razonamiento al cazador de Méndez de Andes y al fundamento de lengua, que justifica la elección, para demostrar que el término satisface con creces las condiciones de travesía literaria en la nueva lengua, sin necesidad de corrección o de suplantación por abordaje, no ya de la traductora de las versiones españolas, sino del editor de la capital, que hizo la encomienda.

El hilo discursivo será sencillo: después de fijar algunas suposiciones previas, voy a centrarme en el estudio de los cambios de título en las retraducciones, en español, y en la obra de Salinger que nos ocupa, con tantas versiones: cuatro en español, dos en francés, dos en italiano, dos en catalán, dos en portugués, una en la variante brasileña de la lengua portuguesa, y una en gallego; por no fijarnos más que en las lenguas de la familia. Desde esta mirada sobre el paisaje me centraré en las sanciones del diccionario y del uso, para poner de manifiesto el ingenioso hallazgo de interpretación y de creación literaria que supone la titulación con el término decazador,que satisface de la mejor manera, cumplida y ajustadamente en nuestra lengua, los ecos del ingléscatcher de Salinger.

Sobre los cambios de título dice Guillermo Schavelzon, y yo suscribo:

«Existen libros que circulan desde hace décadas en América Latina devenidos en clásicos, que cuando años después son publicados en España, aparecen con cambios en títulos que ya estaban muy establecidos. Cuando lo veo, siempre me pregunto ¿habrá razones filológicas fundamentales que aconsejen el cambio? ¿Se trata de diferenciarse, de una búsqueda de originalidad? ¿Es un proceso de españolización imprescindible, o hay cierto menoscabo por lo que se hizo “en la periferia” de la lengua?»[9]

Aquí aventuramos una respuesta para estas preguntas de Schavelzon. Porque el mismo autor añade: «Es cierto que con el paso del tiempo algunos libros necesitan nuevas traducciones, pero otra cosa es modificar títulos muy establecidos.» En el mismo sitio, como muestras de su razonamiento, Schavelzon examina de manera elocuente los casos de Allá lejos y hace tiempo vs. Allá lejos y tiempo atrás, que despacha con la autoridad de Alberto Manguel: «Allá lejos y hace tiempo está tan establecido como título como Caperucita roja (y no “El capuchón escarlata” u otras tonterías así).»

Augusto Monterroso se refiere a títulos consagrados como La importancia de llamarse Ernesto, La piel de nuestros dientes, Otra vuelta de tuerca, o El sonido y la furia, para argumentar con contundencia y autorización lingüística y lexicográfica diferentes problemas de interpretación, pero sin solución, una vez que la obra ya tiene un título asentado en español.[10]

Es distinto el caso de La metamorfosis, de raíz latina, que defiende su última traductora, Isabel Hernández, según el título asentado en la lengua, frente al título de La transformación, de raíz griega, que defiende Jordi Llovet, basándose en distintas referencias del texto, «aunque no llegue a cuajar nunca por culpa de Ortega y Gasset o de Fernando Vela», según concluye el mismo Jordi Llovet, editor de las Obras completas de Kafka. Un título asentado y con tradición no se cambia.[11]

Con el Ulises de James Joyce la intervención no está en el título, claro, está en las versiones, y como no soy del ramo, citaré la autoridad de Juan José Saer, porque cuando se refiere a los hechos del Ulises en las distintas versiones, argentina y españolas, da la impresión de estar refiriéndose a las versiones de Salinger que nos ocupan.

Del Ulises hay cuatro versiones y un saqueo ignominioso “producto de una vulgar operación comerciar”, dice J. J. Saer. La primera versión es la argentina de José Salas Subirat (Buenos Aires, Rueda, 1945); la segunda es la española de José María Valverde (Barcelona, Lumen, 1976); la tercera es la también española de María Luisa Benegas y Francisco García Tortosa (Madrid, Cátedra, 1999), y la cuarta es otra versión argentina de Marcelo Zabaloy (con la colaboración de Edgardo Russo, para El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2015). De las dos primeras dice J. J. Saer:

«Aunque el hecho de haber sido el primero en algo no debe darle a la hazaña realizada más mérito del que posee intrínsecamente, es cierto que quien la lleva a cabo se expone a dos peligros que a menudo son las caras de la misma moneda: la crítica prejuiciosa y el saqueo. Tal ha sido el destino —que algunos, hay que reconocerlo, se empeñan desde hace algún tiempo en corregir— del extraordinario trabajo de Salas Subirat. Sería inadmisible que quien se abocase a una segunda traducción de Ulises al castellano pretendiese ignorar que existe ya la primera y tal parece haber sido la actitud del profesor Valverde, quien en las 46 páginas de su prólogo, rinde un elogio (justificado) a la versión del Retrato por Dámaso Alonso, pero no dice una palabra de la traducción de Salas Subirat, aunque cuando se comparan las dos versiones se entiende a menudo que las opciones de Valverde tienen como único justificativo la obsesión de no parecerse a la traducción anterior.»[12]

Un profesor de prestigio hace una obra de referencia para una editorial prestigiosa, pero por la consideración de J. J. Saer en una actitud que la sabiduría popular enuncia con el dicho de que “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Esta operación con el Ulises recuerda sobremanera el caso de El guardián entre el centeno, de 1978, con la mejor traductora de la villa y una colección de referencia, pero, sin duda, en una operación de marrajo avispado que disimula inventado un nuevo título para El cazador oculto, con la misma “obsesión de no parecerse a la traducción anterior”, que diría J. J. Saer.

Por cierto, ¡qué parecidas condiciones! José Salas Subirat, “escritor autodidacta argentino, autor de dosnovelas, libros sobre seguros y de autoayuda” dice la enciclopedia de la red; y Manuel Méndez de Andes, empleado bancario y colaborador y traductor para la revista Para ti, según Carina Andrea Salice, sobrina nieta, y Silvia Colmenero de Méndez de Andes, por una pista de Fernando Sorrentino. El caso de Marcelo Zabaloy, ex jugador de rugby e instalador de redes, confirma esta manera de hacer: dedica diez años a traducir al castellano rioplatense la cuarta versión del Ulises a la que se refiere László Erdélyi en una entrevista: «La crítica la ha recibido bien en Uruguay y en Argentina; este cronista pudo comprobar que la versión fluye, de principio a fin, a diferencia de la versión de Valverde, llena del ibérico vosotros y mucho más académica. »[13]

Frente a la versión argentina de Méndez de Andes, la española es una magnífica versión de Carmen Criado en la variante peninsular de la lengua, que se pretende distinta desde el título hasta el imprimido.

Pero si  El cazador oculto no es un título con solera, sí que es muy atinado por distintos motivos que aduciremos a continuación. Por eso es crucial el asunto del título.

Como primer argumento externo de que el cambio de título en las versiones españolas respecto de las argentinas no es un asunto trivial, ni pretende corregir una interpretación, ni se propone corregir un error como los apuntados por Monterroso, ni es una cuestión exegética como la de La metamorfosis, veamos lo que ocurre en las sucesivas versiones de la obra de Salinger en las lenguas de la familia. Ordeno las referencias por orden de publicación de la primera versión en cada lengua.

En francés tenemos dos versiones con el mismo título, L’attrape-cœurs, la primera, de Jean Baptiste Rossi, más literaria, según los teóricos (París, Robert Lafont, 1953), y la segunda, de AnnieSaumont (Robert Lafont, 1986), más oral, según Isabelle Génin.[14]

En octubre de 1961 sale la primera versión en español de Argentina con el título de El cazador oculto, de Manuel Méndez de Andes (en Fabril). Le sigue la segunda versión, en español peninsular, que el editor titula El guardián entre el centeno, de Carmen Criado (en Alianza, 1978). Continúa la tercera versión, en cuidado español argentino de Pedro B. Rey, con el título original de El cazador oculto, encargada por Gigliola Zacchin de Duhalde (Sudamericana Joven, Buenos Aires, 1998). Por último, la cuarta versión, en cuidadísimo español peninsular y con algunas intervenciones lingüísticas que hacen más literaria la obra, se publica una versión revisada por la misma Carmen Criado, con el título, ya generalizado, de El guardián entre el centeno (Alianza, Madrid, 2006).

En noviembre de 1961 se publica la primera versión italiana con el título de Il Giovane Holden, de Adriana Motti, en Einaudi, que publica una segunda versión, con el mismo título, obra de Matteo Colombo, en 2014.

En catalán también tenemos dos versiones: la primera, temprana, en 1965, para Club Editor, se tituló L’ingenu seductor. Su autor, Xavier Benguerel, quizás conociera la versión de Méndez de Andes, pues recién regresaba del exilio chileno. El motivo de este título se apunta en la Nota de los editores (otra prueba de que son los responsables de la titulación), que explica la publicación: «En la impossibilitat de traduir literalment el títol original, que és un vers aïllat de Robert Burns (com s'explica a la mateixa novel·la) que en català no tindria sentit, ens hem decidit pel de L'ingenu seductor de la mateixa manera que el traductor francès decidí el de L'attrape-cœurs.» En la segunda versión en catalán, en 1990, de Ernest Riera y Josep M. Fonalleras, el editor, Empuries, calca el exitoso título de las versiones españolas, El vigilant en el camp de ségol, con una evidente intención de aprovechar el eco del título de Alianza (El guardián entre el centeno), que quizá se ofrezca en las librerías en la mesa de al lado.

De las ediciones en portugués, la primera versión, de 1967, en variante brasileña, debida a Álvaro Alencar, Antônio Rocha, Jório Dauster y Jorio Dauster, se publica, en edición de autor, con el título de O Apanhador no Campo de Centeio, con evidentes ecos interpretativos y sentido afín al del catcher de Salinger y el cazador de Méndez de Andes. Las otras dos versiones, portuguesas, eligen títulos ‘imaginativos’: Uma Agulha no Palheiro, de Joao Palma, en 1967; y À Espera no Centeio, de José Lima, en 2005.

La primera edición en gallego, de Xosé Ramón Fernández Rodríguez, aparece en 1999, pero la definitiva (actualizada a la normativa de 2003, según se advierte en los créditos) se publica en 2006 con el título de O vixia no centeo, que, como la segunda en catalán, se relaciona con el título español en la referencia de guardián, vigilant, vixia. Nada que ver con el cazador, apanhador o catcher, como veremos.

En resumen, en el cuadro adjunto se puede ver el panorama de las diferentes vesiones de TheCatcher in theRye en algunas lenguas de la familia:

LENGUA
AÑO
SALINGER, J. D., TheCatcher in theRye
Inglés
1951
Salinger, J. D., TheCatcher in theRye, Little, Brown and Co., Nueva York, 1951.
Español argentino
1961
El cazador oculto, trad. Manuel Méndez de Andes, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1961.
Español argentino
1998
El cazador oculto, trad. Pedro B. Rey, Sudamericana Joven, Buenos Aires, 1998.
Español peninsular
1978
El guardián entre el centeno, trad. Carmen Criado, Alianza, Madrid, 1978
Español peninsular
2006
El guardián entre el centeno, trad. rev. Carmen Criado, Alianza, Madrid, 2006. 
Francés
1953
L’attrape-cœurs, trad. Jean-BaptisteRossi, Robert Lafont, París, 1953.
Francés
1986
L’attrape-cœurs, trad. AnnieSaumont, Robert Laffont, París, 1986.
Catalán
1965
L’ingenu seductor, trad. Xavier Benguerel, Club Editor, Barcelona, 1965
Catalán
1990
El vigilant en el camp de sègol, trad. Ernest Riera y Josep Maria Fonalleras, Ampúries, Barcelona, 1990.
Gallego
1999
O vixia no centeno, trad. X. R. Fernández, Xerais, Vigo, 1999.
Italiano
1961
IlGiovaneHolden, trad. Adriana Motti, Einaudi
italiano
2014
IlGiovaneHolden, trad. Matteo Colombo, Einaudi
Portugués brasileño
1967
O Apanhador no Campo de Centeio, trad. Álvaro Alencar, Antônio Rocha, JórioDauster y JorioDauster, en edición de autor, 4ª ed. 1967
Portugués
1967
UmaAgulha no Palheiro, trad. João Palma-Ferreira, Lisboa: Edição Livros do Brasil, 1967
Portugués
2005
À Espera no Centeio, trad. José Lima Algés, Portugal: Difel, 2005

De la relación anterior de diferentes títulos de las versiones de Salinger en las lenguas de la familia, entre otras consideraciones, se puede apreciar, primero, la fuerza de El guardián entre el centeno, que se impone a las versiones de sus vecinas peninsulares El vigilant en el camp de segol, en la segunda versión del catalán en 1990, y O vixía no centeo, en la versión en gallego de 1999-2006; y segundo, la resistencia numantina de Gigliola Zecchin, que publica en 1998 una magnífica versión de Pedro B. Rey con el título original deEl cazadoroculto, más argentina, más oral, como corresponde a la lengua del protagonista HoldenCaulfield en el original.

Lo interesante de este último acto de resistencia por parte de GigliolaZecchin es que provoca la reacción del bajel de Alianza, que publica en 2006 una segunda versión de la variante peninsular, con magníficas invenciones, más literaria, donde la lengua de HoldenCaulfield, entre otros aspectos, se hace menos reiterativa, menos oral, lejos de la oralidad del original, con propuesta de versión definitiva, que impone el título de El guardián entre el centeno para todos los lectores de habla hispana, y que, entre otras aportaciones, que justifican sobradamente la revisión, sustituye el sistemático y monocorde “uno” de sentido “cualquiera” impersonal, reiterativo en el original y en las tres versiones anteriores, por las variaciones del “tú”, “te”, segunda persona del verbo, etc., más variado, que enriquece la expresión, sin la agobiante reiteración de la lengua de Holden Caulfield en el original, que se torna más variada, más literaria, menos de joven adolescente rebelde del Nueva York de los años 40, y de familia bien.

Sin entrar en las condiciones de la traducción, que yo no puedo hacer, hay que reconocer la extraordinaria labor lingüística y de creación en la segunda versión de Carmen Criado, de 2006, que, a pesar de que el resultado literario sea opinable, ha hecho que a partir de 1978 no hubiera más ediciones de El cazador oculto. Así, la versión de Pedro B. Rey de 1998 no se explica más que como un breve acto de resistencia heroica que, desde los anaqueles de las librerías de lance, se ha convertido en una magnífica fuente de datos para el estudio y argumentación empírica de algunos aspectos sobresalientes de la variante argentina de la lengua: una mina de datos, una joya de Pedro B. Rey a cuya libertad expresiva y de creación lingüística debió contribuir el encargo y el respaldo de Gigliola Zecchin. En este sentido, quizás se le puedan aplicar las palabras de J. J. Saer cuando se refiere a la versión del Ulises de J. Salas Subirats, para Rueda, en 1945: «el río turbulento de la prosa joyceana, al ser traducido al castellano por un hombre de Buenos Aires, arrastraba consigo la materia viviente del habla que ningún otro autor -aparte quizá de Roberto Arlt- había sido capaz de utilizar con tanta inventiva, exactitud y libertad. » Los especialistas dirán.

(continúa mañana)




[12]Saer, J.J.: http://elpais.com/diario/2004/06/12/babelia/1086997822_850215.html
[13]LászlóErdélyi, en http://www.elpais.com.uy/cultural/instalador-que-tradujo-ulises-marcelo-zabaloy.htmlrecoge de Marcelo Zabaloy el largo proceso de traducción y las discusiones con el editor Edgardo Russo y otras muchas colaboraciones e intervenciones de Pablo Hernández, y de Eugenio Conchez, Teresa Arijón y AnneGastchet, especialistas en la obra. “Para enero de 2015 Conchez había encontrado más de 150 páginas donde había cosas para mejorar y corregir”, resume LászlóErdélyi.
[14] GÉNIN, Isabelle, «TheCatcher in theRye et L’attrape-cœurs: oralité, cohérence et incohérence», Palimpsestes, 23 (2010), pp. 87-110; http://palimpsestes.revues.org/478, consultado el 18 de marzo de 2015.

1 comentario:

  1. estudie a traves del curso pero aparte en mi tiempo fuera del curso todavia estoy pensando en la variacion la manera de hablar comparando los estilos segun el tiempo en cada traduccion del original

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