jueves, 3 de abril de 2025

"El comercio electrónico del libro impulsó a libreros y editores"


El pasado 20 de marzo, sin firma, El Universal, de México, publicó un artículo a propósito del crecimiento de la venta electrónica de libros en ese país. 

El comercio electrónica transformó el mercado tras la pandemia

El mercado del libro en México superó pronto y muy bien la caída que sufrió en 2020 debido al confinamiento por la pandemia del Covid-19, incluso para 2023 y hasta el año pasado logró una constante aceleración como no había tenido en su historia.

La razón tiene que ver con la venta de libros mediante el comercio electrónico que transformó el mercado editorial mexicano y que llegó para quedarse, tal como lo asegura David Pemán, responsable de Nielsen BookScan en Latinoamérica, empresa de Reino Unido que mide el comercio de libro en 18 países del mundo y en México desde hace siete años.

"Pues sí, las cifras están superadas, y están superadas porque la pandemia trajo el e-commerce. Hizo que se desarrollasen el e-commerce, hizo que Amazon, MercadoLibre y BuscaLibre, que son las tiendas especializadas 100% en e-commerce, y por supuesto los e-commerce de las librerías tradicionales se desarrollasen. Y esto ha hecho crecer el mercado porque se han llevado los libros a más personas", asegura Pemán, quien reconoce que de 2019 al 8 de marzo de de este año, el crecimiento del mercado del libro en México es del 33%, según los datos que ellos registran en librerías físicas y electrónicas de venta de libros en formato impreso.

Hugo Setzer, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), coincide en que el sector del libro en México se ha recuperado pese a que como en varios sectores el impacto del confinamiento fue profundo. "En venta de ejemplares tuvimos durante la pandemia tuvimos una disminución muy importante de 20% sobre los números que traíamos; en 2019 habíamos vendido 123 millones de ejemplares y en 2020 y 2021 vendimos 99 millones, o sea, disminuyó 24 millones de ejemplares la venta de libros en México, pero para 2022, empezamos a recuperarnos de la pandemia

El líder del gremio de editores reconoce que el comercio electrónico del libro impulsó a libreros y editores y eso fue algo positivo que dejó la pandemia. "Lo bueno es que nos hemos acostumbrado a comprar en línea, pero nos hemos acostumbrado mucho, por eso creo que ahora lo malo es que se ha perdido salir de compras a las librerías; y volvemos a un punto crucial: la falta de una política pública integral de fomento del libro y la lectura. Nos hacen falta más librerías", afirma.

La recuperación de las librerías, incluidas las universitarias —que es otro eslabón de la cadena del libro, y quizás el más vulnerable—, también se ha dado, aunque quizás no parejo. Gerardo Jaramillo, presidente de la Asociación de Librerías de México (Almac), asegura que la recuperación está en marcha.

"Avanza, no es igual en todos los sectores, yo creo que las librerías es el eslabón más débil y se ha venido recuperando, pero con muchos tropiezos y con mucho trabajo, las librerías grandes, medianas y chicas. Algunas salimos de la pandemia con problemas estructurales fuertes, deudas, problemas de personal, en fin, y poco a poco se ha venido restableciendo una un comercio regular y se han venido haciendo los ajustes necesarios en todos los segmentos, unas con algunas decisiones empresariales de cierre de librerías, otras con cierres temporales y otras con cambios de lugar", señala Jaramillo.

miércoles, 2 de abril de 2025

Más de bibliotecas: la obra de Christian Jacob

El pasado 30 de marzo, Pablo Raimondi publicó un artículo en InfoBAE, donde comenta un libro recientemente publicado en Argentina, por Christian Jacob, a quien entrevista.  En la bajada, se lee: "El historiador francés, autor de De los mundos letrados a los lugares de saber, analiza la evolución de estos espacios. 'Tienen un poder generador de sueños, lenguaje y conocimiento', resumió".

De Alejandría a Wikipedia, Christian Jacob cuenta la fascinante historia de las bibliotecas

Si el lector ingresa a un laboratorio científico, un taller de imprenta, el studiolo (o gabinete de curiosidades) de un erudito renacentista o una biblioteca medieval, se planteará varios interrogantes. ¿Qué verá? ¿Cómo estarán organizados estos lugares? ¿Cuál sería su mobiliario? Y, con respecto a los actores involucrados: ¿Qué harían?

A partir de estas preguntas iniciales, el historiador francés Christian Jacob comenzó a bosquejar su obra De los mundos letrados a los lugares de saber (editado en Argentina, en octubre de 2024, por Ampersand) en donde consideró el espacio para cultivar conocimientos en diferentes escalas: el país, la ciudad, el distrito de esta urbe, un edificio, una sala de aquel espacio, una mesa allí ubicada, un libro, una página de ese ejemplar, etc.

Formado en la corriente de la antropología de los mundos antiguos, representada en Francia por los historiadores Jean-Pierre Vernant, Marcel Detienne y Pierre Vidal-Naquet, los primeros trabajos de Jacob se centraron en las representaciones y la construcción del espacio, en los geógrafos griegos, y más tarde en la historia de la cartografía y sus efectos intelectuales. “En mi trabajo como historiador de la Antigüedad, investigué, primero, la aparición y el desarrollo de bibliotecas en Grecia y Roma como por ejemplo las bibliotecas de las escuelas filosóficas, como el Liceo de Aristóteles; luego, bibliotecas reales en Alejandría y Pérgamo y, finalmente, bibliotecas públicas y grandes colecciones privadas en Roma”, respondió detalladamente vía e-mail, a Infobae Cultura, desde París.

Según él, en términos generales, las bibliotecas a lo largo de la historia siempre fueron algo más que la suma de los libros que contenían. “Materializan la tradición, el patrimonio, la identidad y la memoria; reúnen el tiempo en un orden espacial; construyen un orden intelectual y simbólico; y tienen un poder generador, de sueños, lenguaje y conocimiento”, resumió el académico francés.

Las fuentes del saber
Si se considera a la Historia Natural de Plinio el Viejo (siglo I d.C.) como la única gran enciclopedia que, realmente, nos llegó desde la Antigüedad clásica, el Hombre se halla frente a un dispositivo particular. “Es una obra individual, concebida con un plan general y un objetivo intelectual, filosófico y político particular, que reflejaba la personalidad y el proyecto de Plinio”, resumió Jacob.

Según él, en este tipo de trabajos individualistas, existe un “autor” claramente identificable, “que aparece a lo largo del texto”. Y así lo amplió: “Este ‘autor’ fue el responsable de la selección de fuentes e información, y de su distribución en el plan general de su enciclopedia, recopilando hechos de un vasto corpus de fuentes griegas, romanas, archivísticas, orales, antiguas y contemporáneas, y es la escritura enciclopédica la que asegura su coherencia y unidad”.

La literatura académica de la Antigüedad, según Jacob, se sitúa entre distintos modelos. Por un lado figura el conocimiento natural secularizado y racionalizado de los presocráticos, que abarca física, astronomía y cosmología. Luego, se encuentran las pretensiones enciclopédicas de los sofistas del siglo V a.C., desafiadas por Sócrates y Platón, quienes cuestionaron los mismos cimientos de todo conocimiento y el estatus de la verdad.

Y, por último, surgiría el proyecto intelectual de Aristóteles y sus discípulos. “Ellos tenían el fin de investigar los mundos físicos, animales y humanos, y de situar estos tratados especializados dentro de una estructura general, que puede describirse como enciclopédica, tanto por su finalidad globalizadora como por sus marcos epistemológicos”, explicó el autor.

Continuando con el universo griego, Jacob explicó que “la canonización de ciertos textos adoptó otras formas, como las representaciones de los cantores”, su lugar en los planes de estudio de las escuelas elementales, pero también su omnipresencia en las artes figurativas, tal es el caso, por supuesto, de la épica homérica: la Ilíada y la Odisea. “El dominio de los autores clásicos, la capacidad de citarlos de memoria, y la habilidad de leer libros en voz alta, eran todas señas de la paideia, una cultura compartida que, también, era signo de pertenencia social y educación”, argumentó Jacob.

Vale recordar que, en cualquier sociedad de aquel entonces, la literatura cumplía una función de identidad, pero sin olvidar que, dicho poder no se limitaba solo a los escritos. “Las culturas puramente orales también contaban con tradiciones poéticas y narrativas, el ejemplo de Grecia es interesante, en la medida en que una literatura escrita y una cultura lectora emergerán de representaciones orales y colectivas”, afirmó el historiador.

En el caso del extinto Museo de Alejandría (Museion, el templo de las musas), Jacob comentó que los gramáticos jugaron un papel importante en la edición y el comentario de los poemas antiguos, así como de secciones enteras de la literatura griega, estableciendo los cánones de poesía, elocuencia, tragedia y comedia. Por ello, el académico francés destacó la transición entre la difusión de la literatura -mediante representaciones, canciones y rituales- y el surgimiento de una literatura para lectores y amantes de los libros.

La “lección de Alejandría”
Christian Jacob orientó su trabajo académico en dirección a la antigua ciudad portuaria de Alejandría, Egipto, a partir del siglo III antes de Cristo (apoyado en los inmensos fondos de la biblioteca museística de aquel entonces) enfocado en la producción de múltiples tratados, compilaciones y léxicos que generaron nuevos campos de conocimiento.

En contexto, la antigua Biblioteca de Alejandría tenía como objetivo reunir todos los libros del mundo, campos del conocimiento y géneros literarios. “Fue un arma de poder blando, un proyecto político centralizado, inscrito en el palacio real de la dinastía ptolemaica. Los literatos, gramáticos y eruditos que trabajaban allí debían transformar la acumulación exponencial de rollos de papiro en un espacio ordenado, regido por la clasificación, destacando la cartografía de las obras y su datación”, resaltó Jacob.

Alejandría fue también, según el especialista, el lugar donde la biblioteca se convirtió en un “horizonte intelectual polígrafo“, que reunió todo lo confiado a la palabra escrita del mundo griego. Bastaba solo pensar que los eruditos, que trabajaron allí, tenían a su disposición el archivo escrito completo de toda una civilización, desde las grandes obras literarias hasta los tratados más especializados.

Por ello, “la lección de Alejandría”, tal cual lo resume el historiador francés fue, en su opinión, el espacio que dio lugar a las primeras bibliografías universales, como las Tablas de Calímaco (nacido en Cirene, actual Libia, y responsable del Pinakes, uno de los primeros catálogos de libros) que, más allá de aquella región egipcia, jugó un rol fundamental como inventario de referencia, algo similar -acá en el tiempo- al catálogo general de la Biblioteca Nacional. “Eso sí, los textos griegos que nos han llegado, no provienen de las colecciones de la Biblioteca de Alejandría que fue destruida por el fuego, no por Julio César, sino durante la guerra del emperador Aureliano contra la reina Zenobia de Palmira, por el año 273”, completó el erudito.

Por último, la Biblioteca de Alejandría ocupó un “sitio de crítica sobre la autenticidad de los textos y su atribución”. Por ende, fue el momento en que el corpus de autores importantes, como los oradores áticos, fue depurado de textos que les habían sido falsamente atribuidos. “Para identificar un libro, los catálogos indicaban el número de rollos y, a veces, el incipit del texto”, agregó Jacob acerca del arcaico método de catalogación.

El libro y los mojones en la comunicación
Ya sea hablando de tablillas de madera, con letras grabadas en cera, rollos de papiro que se despliegan sujetándolos con ambas manos -y recorriendo columnas paralelas de texto-, o los primeros códices, en forma de hojas de pergamino dobladas, encuadernadas o no, “el libro es un objeto material y la lectura es un proceso gestual, visual, mental y vocal”, reflexionó el especialista.

El soporte, según él, también determina cómo se inscribe el texto, su organización espacial, su disposición, su ritmo visual y su prosodia discursiva. “La historia del libro es una historia de las metamorfosis gráficas de los textos, no solo a través de los diferentes sistemas de escritura y sus convenciones, sino también a través del aparato de navegación que guía al lector: paginación, numeración de líneas y párrafos, títulos y subtítulos, notas al pie, índices, tablas de contenido, entre otros”, desglosó el historiador.

Jacob, además, reveló que si tuviera que destacar tres hitos históricos en materia comunicativa, el primero que resaltaría sería la publicación en 1985 del CD-ROM (sigla que significa Compact Disc Read-Only Memory). “Pertenecía al Thesaurus Linguae Graecae, desarrollado por la Universidad de Irvine y el Packard Humanities Institute. Toda la literatura griega antigua, desde Homero hasta la era bizantina, en un CD, con software de consulta y operadores booleanos. Fue una revolución”, escribió con entusiasmo

Para Jacob, el segundo avance comunicacional fue el desarrollo exponencial del correo electrónico e Internet. “Resultó una revolución en la comunicación, particularmente científica y académica, que abrió la puerta a listas de correos de dichos ámbitos y múltiples intercambios con colegas de todo el mundo. En cuanto a Internet, conocemos el impacto gigantesco de la web como fuente de información, archivo de conocimiento y herramienta de trabajo”, resumió.

Y, por último, destacó el desarrollo de revistas y libros electrónicos online. “Renovaron la publicación académica, los jóvenes investigadores de hoy ya no están atados al imperativo de construir bibliotecas materiales personales”.

Para él, esta “miniaturización y especialización de los tratados académicos” evade una visión sintética y estructurada. “Se debe recontextualizar datos tomados de libros anteriores, estas compilaciones anticiparon una de las reglas de Wikipedia, que es usar únicamente información con fuentes, ya que la forma del catálogo potencialmente se presta a adiciones continuas, del mismo modo que las páginas de Wikipedia se prestan a múltiples modificaciones, ´formas abiertas´, como decía Umberto Eco”, sumó

Y planteó una comparación ineludible respecto a la estructura arbórea de las fuentes que conducen a un registro enciclopédico, las estrategias de reescritura y la citación de declaraciones, en relación a la magnánima creación de los estadounidenses Jimmy Wales y Larry Sanger, allá por enero de 2001.

— ¿Qué opina de Wikipedia como lugar del saber?
— Permite una escritura y distribución descentralizadas y en constante evolución, así como el tejido de múltiples enlaces hipertextuales, no tiene centro ni periferia: es una red en perpetua expansión y reconfiguración.

— ¿Y acerca del e-book como plataforma de investigación?
— El texto digital contemporáneo recuerda ciertas características de los textos antiguos: en sus formas más libres y fluidas, puede deconstruirse, atomizarse en fragmentos combinables e, incluso, ser plagiado. Las tabletas de lectura, como el Kindle, a menudo sujetadas con una sola mano, recuerdan a las tablillas antiguas. Desplazar las páginas es una versión simplificada de la ergonomía del códice. En la pantalla, las ventanas de procesamiento de texto se basan en el principio de desplazamiento vertical en columnas, más que en la horizontalidad del volumen antiguo.

— ¿Cómo es el paso a paso para estudiar las formas de lectura en la Antigüedad?
— La Antigüedad Clásica es un mundo distante y, nuestro conocimiento sobre ella, está mediado por los restos arqueológicos, las obras de arte, las inscripciones y los textos que han llegado hasta nosotros. Para acceder a ella, primero es necesario dominar conocimiento técnico y especializado, no solo de las lenguas antiguas, sino también de la historia de la transmisión de textos, la codicología, la papirología, entre otros. Luego viene la etapa de interpretación. A partir de ahí, podemos aplicar los métodos de la antropología cultural a las fuentes griegas, sean materiales, iconográficas o textuales, buscando entender la lógica y el significado de los mitos, el funcionamiento de un panteón politeísta y la formalidad de los gestos rituales. Por ultimo, las ciencias sociales nos ayudan a deshacernos de este sentido de inmediatez, al proporcionarnos las herramientas intelectuales para entender la especificidad de las sociedades y culturas antiguas.

— En su libro abordó a la biblioteca como un espacio fundamental. ¿Qué significa ese lugar para usted?
— Las bibliotecas son lugares de memoria, instrumentos de trabajo, instituciones sociales y horizontes mentales. Son como interfaces que nos permiten alcanzar el pasado o lugares lejanos, o revivir la voz y el pensamiento de autores fallecidos. Aunque compartimos las mismas bibliotecas, cada uno de nosotros sigue itinerarios de lectura muy personales y únicos. En una vida humana, visitamos y habitamos múltiples bibliotecas, como describieron Jorge Luis Borges y Alberto Manguel. En mi caso, han sido la Biblioteca Nacional de Francia, bibliotecas universitarias y mi biblioteca personal de algunos cientos de libros.

— ¿Qué significa conceptualizar las bibliotecas antiguas como algo más que simples depósitos de libros?
— La colección de libros tuvo un impacto en las formas de pensar, en la relación con la tradición y el lenguaje, en la posibilidad de ampliar el conocimiento y la curiosidad humana. Esto va más allá de la percepción inmediata, ya sea para escribir el pasado, cartografiar la Tierra, organizar el mundo natural, formalizar la gramática o la retórica, y, por supuesto, construir el corpus de la literatura. Además, en la Antigüedad, las bibliotecas eran lugares e instrumentos de poder y prestigio, financiadas y mantenidas tanto por las dinastías reales como por los emperadores romanos.

martes, 1 de abril de 2025

La casa-biblioteca de Bernardo Gómez-Pimienta



El siguiente artículo, publicado en La Jornada Semanal, de México, del 24 de marzo pasado, con firma de Xavier Guzmán Urbiola, da cuenta de la casa-bioblioteca, construida por el arquitecto Bernardo Gómez-Pimienta, un verdadero especialista en la construcción de bibliotecas.

Una casa biblioteca (y viceversa)

El espacio de una biblioteca tiene un carácter especial que, acaso, proviene de la naturaleza de los libros que alberga y de su dueño y lector. Muchos arquitectos han desarrollado proyectos específicos para sus bibliotecas, como Luis Barragán o Pedro Ramírez Vázquez, por mencionar sólo a dos. Este artículo trata sobre la que construyó en su casa el arquitecto francomexicano Bernardo Gómez-Pimienta (Bélgica 1961), también autor de la Biblioteca de Antonio Castro Leal en La Ciudadela (2011-2012), entre otras obras.

Por lo general, los arquitectos no leen novelas, ensayo, historia o temas de ciencia. Ellos cultivan su cultura visual. Son ávidos consumidores de revistas que ven, pero no leen. Por supuesto han existido honrosas excepciones. Luis Barragán formó una biblioteca selecta y entrañable; Jesús Barba otra portentosa con las novelas que leyó; Pedro Ramírez Vázquez, una gigantesca que urgiría saber su destino; Carlos Chanfón, una con joyas bibliográficas; Luis Ortiz Macedo, una más que desbordaba hasta el baño de visitas, donde se “exhibían” dibujos de Manuel Tolsá. Todos las presumían orgullosos y, generosos, las ofrecían a sus amigos o estudiantes. A ese selecto grupo pertenece Bernardo Gómez-Pimienta (Bruselas, 1961). Él, por su enorme curiosidad, lee desde niño. Así inició su biblioteca hace cincuenta y siete años.

Gómez-Pimienta es el autor del Hotel Habita (2000), la Estación de Bomberos Ave Fénix levantada en el predio expropiado luego del incendio del bar Lobombo (2006), y la Biblioteca de Antonio Castro Leal en La Ciudadela (2011-2012), entre tantísimas obras más. Es miembro de número de la Academia Mexicana de Arquitectura (2003) y, como fue educado biculturalmente, su cercanía con Francia lo llevó a ser nombrado Caballero de la Legión de Honor (2007) e integrante de la Academia Francesa de Arquitectos (2018), donde es el único representante de Latinoamérica. Es un viajero incansable a quien, antes de vencer su pasaporte, en una ocasión debieron sustituírselo, pues ya no tenía espacio para recibir sello alguno. Cierto día, en una comida me mostró un diario de viaje con sus bellísimos dibujos en una libreta Moleskine de hojas en zigzag. Debe tener decenas que algún día deberán publicarse.

Él mismo en 2000 compró una casa en Ave María, Coyoacán. Dicho inmueble se encuentra dentro de la Zona Patrimonial de SEDUVI, y de la Zona de Monumentos Históricos del INAH. Aquella residencia, levantada por los arquitectos Óscar F. Roemer y Aaron Swirski en 1967, se hallaba urgida de un nuevo destino. Bernardo decidió levantar ahí su hogar y reconstruir su vida rodeado de lo que más quiere: su familia y sus libros. Su casa se transformó en biblioteca. Entre 2021 y 2022 cambió las instalaciones hidrosanitarias y eléctricas, los baños, la cocina, eliminó arcos, modificó espacios, movió muros para hacerla luminosa y, respetando su ubicación y desarrollo, rehízo la escalera eliminando su pretil, le dio un destino a la azotea, pero “dentro de la casa ¿qué mejor papel tapiz que los libreros?”

Desde niño, Gómez-Pimienta recuerda libros en su casa. Su padre viajaba mucho y se los traía como regalo, después él se los encargaba. Cuando empezó a estudiar arquitectura se suscribió a la revista au. Hasta la fecha la recibe y hoy ocupa más de siete metros lineales de un estante. Su biblioteca cuenta con 14 mil volúmenes. “Bernardo, ¿qué le aporta la lectura a tu trabajo como arquitecto?” “Las Cartas de relación de Hernán Cortés o el intríngulis que llevó al asesinato de León Trotsky no tienen una aplicación directa en el proyecto y la construcción, pero sacian mi curiosidad y enriquecen mi cultura general.”

Sin embargo, faltaba un espacio específico en su nueva casa para darle un domicilio a sus libros. En la colindancia norte de su patio interior pudo adaptarlo. Ahí quedaba una huella de 10 por 4 metros de una construcción anterior, por lo tanto miraría al sur que, no siendo la mejor orientación, combina lo que una biblioteca requiere: silencio, un contenedor a cubierto para su acervo, luz natural para las mesas de trabajo y, por supuesto, para la lectura. Se trata de un espacio con un librero de piso a techo de 7.50 metros de alto, dividido por una losa de concreto que deja en planta baja un estudio de 2.40 libres y, en la planta alta los restantes 4.80, si descontamos la losa. El librero, contra la colindancia, para resistir un considerable peso muerto, se estructura en un muro de concreto y mampostería, muestra las placa de acero de un cuarto de pulgada exentas, las cuales forman los estantes y con viguetas lo dividen a 2.50 con un pasillo volado y traslúcido de cristal doble templado de 9 mm. Esto último le da transparencia y desde abajo cualquier interesado, por el área y tema, puede ver el último de sus estantes y localizar un libro específico. El piso es de recinto negro de losetas perfectamente cortadas y colocadas a hueso. La ventanería es un alarde: se trata de cristales de una hoja con entrantes y salientes para que no se vean las costillas y trabajen como atiesadores, pero además poseen una serie de ventanas caladas sobre el cristal con su marco para darle ventilación y evitar un efecto de invernadero. Así el lugar es fresco y seco. La escalera interior es de pasos cuatrapeados y aprovecha los peraltes para libreros, como hiciera el arquitecto Carlo Scarpa en Castelveccio. La escalera exterior de concreto descansa en el piso y el muro poniente, pero no llega a tocar la losa del ingreso. La finura de ese tipo de detalles, que Gómez-Pimienta cultiva desde joven en sus obras (Felipe Leal ha escrito que es capaz de proyectar “de la taza a la casa”), está presente en la unión de dos o más materiales; para entender sus sistemas constructivos, a veces cambia las geometrías y/o explica cómo se modula un material. El pasamanos del pasillo de la casa de sus libros es una lección de este tema, pues se dobla virtuosamente con continuidad y sin perder su eje.

Sobre la azotea de su biblioteca, Gómez-Pimienta quiso colocar una serie de tambos para cítricos y un huerto húmedo. “¿Qué pasa con las bibliotecas después de que faltan quienes las forman?” “No lo sé. Prefiero concentrarme en mi enorme edificio que está levantándose ahora en Puebla, mismo que contendrá un auditorio definido por columnas inclinadas (2024-2025), y contestarte que la lectura ha enriquecido mi carácter con rasgos de humor, me hace viajar y me ha hecho optimista. Nosotros solucionamos necesidades a personas y en las novelas he aprendido mucho sobre el temperamento de mis clientes.”