miércoles, 8 de abril de 2026

Un carancho sobrevuela Buenos Aires

En la entrada de este blog, correspondiente al pasado 27 de marzo pasado, nos ocupamos brevemente de Antonio J. Rodríguez, un joven petimetre (nació en Oviedo, España, en 1987), que se apresta a visitar Buenos Aires para ver qué partido puede sacarle al turismo.

Rodríguez tuvo su breve momento estelar en España cuando el muy llorado editor Claudio López, desde Mondadori y luego desde Penguin Random House, le dieron una oportunidad. Así, publicó Exhumación (con Luna Miguel, autora con la que estaba ligado sentimentalmente, hija de los dueños de El Gaviero, una pequeña editorial especializada de Almería y también protegida de Rodríguez; 2010), El principio de incompetencia (novela que se sospecha autobiográfica; 2013) y Candidato ( 2018), además de los ensayos  La nueva masculinidad de siempre (2020) y El dios celoso (2024). 

Según su CV, durante un tiempo, con Luna Miguel, dirigió el sello editorial Caballo de Troya, un subsello de Penguin Random House, dedicado a publicar a jóvenes, aparentemente por el mero hecho de ser jóvenes. Lo que no se dice es que fue apenas por dos años y en el marco de una renovación constante de editores. De acuerdo con la presentación que hace PRH, el subsello fue creado en 2004 para la publicación de "autores españoles o latinoamericanos como Mercedes Cebrián, Elvira Navarro, Fernando San Basilio, Óscar Aibar, Natalia Carrero, Iosi Havilio, Alberto Lema, Javier Pascual, Pelayo Cardelús, Damián Tabarovsky, Lolita Bosch, Milo J. Krmpotic, Teresa Aranguren, Miguel Ángel Ortiz o Marcelo Lillo". Estos, "encontraron en su catálogo la hospitalidad necesaria para sus propuestas, el apoyo necesario para el afianzamiento de sus trayectorias o un primer impulso. En junio de 2014, Constantino Bértolo, alma del proyecto desde su fundación, se jubiló y se anunció un nuevo modo de trabajar: cada año un autor sería invitado a participar en el sello como editor y así poder ahondar en la idea esencial de Caballo de Troya como plataforma editorial para nuevas voces literarias hispánicas y caldo de cultivo de nuevas voces literarias. Así, desde 2015, los editores invitados que se han ido sucediendo al cargo de la selección del catálogo para cada ejercicio han ido siendo Elvira Navarro, Alberto Olmos (2016), Lara Moreno (2017), Mercedes Cebrián (2018), Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez (2019 y 2020), y en 2021, Jonás Trueba".

Luego, en 2025, Rodríguez lanzó Alighiera, una empresa de servicios a editoriales donde, entre muchas otras lindezas, propone la Inteligencia Artificial para mejorar la productividad. Dicho en criollo, se caga olímpicamente en los traductores literarios, una práctica ya instalada en España. Así, luego de someter textos en las más diversas lenguas a algún motor de IA, relega a los traductores al nivel de editores especializados en corrección, con una paga muy inferior a la que les correspondería si fueran contratados para traducir.

En una reciente entrevista con Juan Carlos Saloz Barcelona, de La Vanguardia, respondió una serie de preguntas. Entre otras:

"¿Qué es Alighieria?
Es un software de procesos editoriales. A finales del año pasado, me obsesioné con la IA generativa y busqué cómo podía coger esta ola para integrarla en industrias que conozco de primera mano: medios de comunicación, agencias o editoriales. Pero pronto me di cuenta, al hablar con editores, que lo más interesante de la IA no era tanto el contenido que podía generar como sus procesos de automatización. Y nos pusimos a ello.

¿Cómo funciona exactamente?
Su interfaz se divide en dos áreas clave: una biblioteca de usuario (donde se pueden subir textos, audios o vídeos) y un conjunto de funciones automatizadas que abordan tareas fundamentales del mundo editorial; desde generar sinopsis o informes de lectura hasta detectar errores o inconsistencias narrativas.

¿En qué se diferencia de ChatGPT u otros modelos de lenguaje directos?
Sinceramente, esto que estamos haciendo ahora no lo está haciendo nadie. Alighieria es una herramienta hecha para trabajar con grandes cantidades de texto. Después de hablar con muchas editoriales, vimos que había una falta en este sentido, así que la desarrollamos —y nos divertimos mucho haciéndola—. No solo funciona a nivel ortotipográfico. Te pongo un ejemplo rápido de lo que puede hacer. En la página setecientos y pico de una novela, los personajes hacen algo que no es históricamente coherente: están en la Barcelona del siglo XIV, y esa costumbre no aparece hasta el siglo XVI. Pues el sistema te lo marca con una alerta y te clasifica la gravedad del problema como baja o moderada.

Es decir, te marca incoherencias... y ya decides tú qué hacer con ellas.
Claro, este es un punto interesante de la herramienta, porque lo que queremos es que sea de ayuda al editor o al profesional, no que lo sustituya. Las correcciones, de hecho… quedan al criterio del editor o del autor. Porque en todo escrito hay errores graves, evidentes, pero la mayoría son sutiles. Una de sus funciones permite es que sirve para detectar contradicciones dentro del propio texto. Cosas que un personaje hace en la página 20, que luego se contradicen en la 200, y después otra vez en la 552. Yo lo he probado con novelas mías y me han salido inconsistencias que no había visto, incluso después de muchas correcciones."

Dicho de otro modo, no sólo los traductores pueden ser relegados por esta herramienta. También, los editores. Dicho lo cual, piensen muy bien qué propone y quién es este carancho cuando se presente en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.

Jorge Fondebrider








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