miércoles, 14 de abril de 2021

Textos canónicos de la traducción en Chile

La traducción en Chile, durante el siglo XIX e inicios del XX, tuvo entre sus propósitos la difusión cultural por intermedio de libros, folletos y, también, a través de periódicos y revistas, en los que traductoras y traductores hicieron de intermediarios entre las ideas y saberes extranjeros, principalmente europeos, y los diversos grupos de lectores, intelectuales, estudiantes y docentes.” Así se abre el artículo de presentación de los libros que se tradujeron en Chile en los dos últimos siglos del espléndido sitio Memoria Chilena, que alberga el patrimonio virtual de la Biblioteca Nacional de Chile. Para acceder a esos libros, basta con hacer clic en este vínculo:

http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-598669.html#documentos

Traducción en Chile 1812-1924

La traducción en Chile durante el siglo XIX se concretó en un amplio abanico de producciones; versiones más o menos literales de obras principalmente francesas e inglesas; literarias y científicas; adaptaciones de textos de instrucción para el contexto educativo, publicadas en libros o folletos; además de reescrituras e imitaciones, publicadas en revistas y periódicos.

En este panorama, la Universidad de Chile (1842-) jugó un papel fundamental como entidad supervisora de las escuelas primarias, pues se ocupó de encargar y visar las traducciones realizadas con fines educativos. Entre estas, se promovieron obras como las versiones adaptadas para la lectura y aprendizaje gradual de niños de primaria llevadas a cabo por Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) y Fanor Velasco Salamó (1843-1907); o aquellas destinadas a la formación de profesores, como Manual de preceptores (1845), en versión de Rafael Minvielle (1800-1887), o Curso de pedagogía y metodología (1915), traducido por Brígida Walker (1863-).

En cuanto a esa especial forma de traducción conocida como "imitación", que consistía en la versión libre o reescritura del estilo de un autor o de una obra en particular, esta característica se indicaba usualmente en los títulos de los poemas o en el índice del medio en el que aparecían. Entre los intelectuales que llevaron a cabo esta práctica, en periódicos y diarios como El Crepúsculo (1843-1844), Revista de Santiago (1848-1855) y El Progreso (1842-1853), se hallan Jacinto Chacón (1820-1898), Hermógenes de Irisarri (1819-1886) y Andrés Bello López (1781-1865).

Sobre las imitaciones de Andrés Bello se han realizado varios estudios que han puesto el foco en sus reescrituras de Victor Hugo (1802-1885). Llevadas a cabo entre los años 1842 y 1843, estas han sido leídas, por un lado, como creaciones que pueden ser consideradas parte integrante del corpus literario del principal redactor del Código civil chileno y, por otro, como obras que se enmarcaban en las controversias político-estéticas de creación de un lenguaje propio que se fraguaron durante esa década en el Cono Sur.

Derivadas de estas discusiones sobre una literatura y una lengua americanas que se vivieron en Chile en la década de 1840, se propusieron a mediados del siglo XIX, instancias en las que se impulsó la creación de una ortografía nacional, acorde con el uso del español americano, que fueron lideradas inicialmente por el mismo Andrés Bello y que luego continuó Domingo Faustino Sarmiento.

Estas ideas fueron promovidas con mayor fuerza por el grupo de los néografos chilenos, quienes postularon la necesidad de una reforma radical de la ortografía, basada solo en el criterio de pronunciación de las palabras. Esta nueva ortografía, por supuesto, se extendió también a las traducciones y demás publicaciones que realizaron. Un ejemplo de ello es la reproducción de la traducción de Juan Antonio Pérez Bonalde de "The Raven" de Edgar Allan Poe (1809-1849), la que reescribieron completamente utilizando su propuesta ortográfica bajo el título de "El Kuerbo" (Payàs, Gertrudis. "La Biblioteca chilena de traductores o el sentido de una colección". Medina, Toribio. Biblioteca chilena de traductores: ordenada por José Toribio Medina. Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 2007, p. 53-54).

En el ámbito de los estudios de las lenguas clásicas y la traducción literaria, en el año 1902, el sacerdote chileno de origen alemán, Guillermo Jünemann (1856-1938), publicó en la ciudad de Concepción una versión directa desde el griego de La Ilíada de Homero, traducción que constituye el más temprano antecedente de una versión castellana del clásico homérico en el contexto latinoamericano.

Gran parte de esta producción realizada durante el siglo XIX y comienzos del XX fue catastrada por José Toribio Medina (1852-1930), quien en 1924 publicó Biblioteca chilena de traductores. Este catálogo reunió referencias de las traducciones llevadas a cabo en Chile en formato libro o folleto entre los años 1820 y 1924. La mayoría de estas obras fueron originalmente publicadas en francés, aunque también se registraron otras traducidas del inglés, el italiano, el alemán, el portugués, el catalán, el latín y el griego.

Entre los traductores que registró Toribio Medina se hallan los nombres, principalmente, de intelectuales que ejercieron este rol como un trabajo complementario al resto de sus obras, entre los cuales anotó a Andrés Bello, Diego Barros Arana (1830-1907), Guillermo Matta (1829-1899), Zorobabel Rodríguez (1839-1901), Nicolasa Montt Barros (1857-1924), Eduardo de la Barra (1839-1900), José Antonio Torres (1828-1864), Fanor Velasco, Hermógenes de Irisarri, Valentín Letelier (1852-1919), Ernestina Pérez Barahona (1865-1951), Delfina María Hidalgo (1862-1940) y Brígida Walker.

Este registro, no obstante, no incluyó traducciones publicadas en medios periódicos, por lo que no aparecieron todos los traductores que con su trabajo aportaron a la difusión de ideas. Entre las más notorias elisiones, se encuentra el caso de Martina Barros Borgoño (1850-1944), considerada la primera intelectual chilena y una de las precursoras de los feminismos en Chile, quien, entre 1872 y 1873, publicó por entregas en la Revista de Santiago (1872-1873) su traducción de The Subjection of Women de John Stuart Mill (1806-1873), bajo el título La esclavitud de la mujer. Este texto fue recibido con elogio por parte de los intelectuales de la época, pero también fue leído como una amenaza a la idea de familia y hogar del periodo.

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