jueves, 20 de enero de 2011

¿Se acuerdan de Franco, el generalísimo?

Martín Gómez se dedica, entre otras cosas, a analizar las tendencias del mercado editorial. Trabaja en Barcelona como free lance para empresas del sector del libro en el ámbito analógico y digital, y administra el blog El ojo fisgón, donde publica textos como el que se transcribe a continuación, originariamente subido el 3 de febrero de 2007 y amablemente rescatado por nuestra irremplazable Marietta Gargatagli.

Para los interesados, (http://www.elojofisgon.com/)

La foto que ilustra esta entrada muestra al caudillo Francisco Franco (a la derecha) con amigos.

La censura y la traducción

Entre las herramientas represivas que utilizó el régimen franquista para ejercer el control social necesario para garantizar su supervivencia durante 36 años, la censura parece haber jugado un papel fundamental. Así lo demuestran el extenso listado de artistas e intelectuales españoles que terminaron exiliados principalmente en Francia y México, el hecho de que mientras duró la dictadura en el campo del cine hecho en España no haya habido figuras y obras que hayan marcado hitos en la historia de la cinematografía y los controles ejercidos por el régimen sobre la publicación de libros.

En su libro Confesiones de una editora poco mentirosa, Esther Tusquets se refiere a la intervención de la censura sobre las traducciones. Dice Tusquets que “los libros se enviaban entonces obligatoriamente a la llamada ‘censura previa’, a Madrid. Te los devolvían aprobados, rechazados, o, lo que en el caso de las novelas era muy frecuente, más o menos mutilados (…)

Tal vez no fuera muy honesto ofrecer al público obras incompletas y alteradas, pero, de no hacerlo así, la mitad de la literatura que se publicaba en el mundo hubiera quedado inédita en castellano o, nos hubiera llegado clandestinamente, como ocurría con frecuencia, de América Latina. Así pues, a menos que las supresiones fueran brutales, nos doblegábamos a la más o menos caprichosa decisión del censor de turno”.

Continúa Tusquets diciendo que era necesario “atenuar miserablemente los textos. Llegaba a hacerse de modo automático. Casi todas las palabras relacionadas con el sexo estaban prohibidas (polla, coño, joder, orgasmo, clítoris, eran sistemáticamente eliminadas, pero me llamaba la atención que no colara tampoco ni en una sola ocasión algo tan inocente como ‘pezones’). De modo que, si el protagonista tenía una erección, quedaba en que ‘la deseaba apasionadamente’; si la penetraba, en ‘la estrechaba con fuerza entre sus brazos’; si le lamía el sexo o le chupaba los nefandos pezones, podías arriesgarte a ‘le acariciaba la espalda’ o, como mucho, ‘los senos’. Todo descafeinado y en clave de novela rosa. Y muchos párrafos eliminados por entero (…) El franquismo nos arrastró a todos —escritores, periodistas, editores— a la sórdida perversión de autocensurarnos”.

Como consecuencia de la censura, las primeras traducciones de lo que se estaba publicando en otras lenguas en esa época las hicieron las editoriales argentinas y mexicanas como Emecé, Sudamericana, Minotauro, Losada o el Fondo de Cultura Económica. Estas traducciones, como lo dice Tusquets, llegaban ilegalmente a España, donde lo poco que se traducía venía o cortado o amañado a los intereses del régimen después de pasar por la censura.

Leyendo lo que dice Tusquets me acordé de que en un curso de novela inglesa del siglo XVIII que tomé en la universidad teníamos que leer Pamela, de Samuel Richardson. Como en las librerías de Bogotá no se conseguía ningún ejemplar de ninguna de las traducciones de la novela, tuvimos que sacar un ejemplar de una biblioteca y fotocopiarlo. El método de la profesora consistía en leer en voz alta los fragmentos que eran más importantes desde el punto de vista narrativo para luego analizarlos. Al cabo de un rato las personas que estaban leyendo la novela en versión original empezaron a quejarse de que cuando la profesora leía se saltaba párrafos enteros del texto. Cuando se lo dijeron ella respondió que estaba leyendo todo lo que estaba en la traducción.

En ese momento nos dimos cuenta de que la traducción estaba lejos de corresponder al texto original porque todos los pasajes que aludían al flirteo y a escenas eróticas habían sido omitidos, por lo cual decidimos dejar de leer la novela y pasar a una traducción más reciente de Joseph Andrews, de Henry Fielding, editada por Alfaguara. De ahí en adelante siempre que los profesores pudieron escoger prefirieron las traducciones hechas en Argentina, como la del Ulises de Joyce que hizo José Salas Subirats.

Seguramente la intimidación que supuso el ejercicio de la censura durante el franquismo explican por qué hasta finales de los setenta las traducciones hechas en España no gozaban del mismo prestigio que las que se hacían en otros países europeos como Alemania, Francia y el Reino Unido o en México y Argentina.

miércoles, 19 de enero de 2011

El futuro es digital

El español Javier Celaya (foto) es el editor del portal cultural Dosdoce.com. A través del mismo, ha publicado los siguientes estudios: “El papel de la comunicación en la promoción del libro” (2005); “El uso de las tecnologías Web 2.0 en entidades culturales” (2006); “Los retos de las editoriales independientes” (2006) y “Tendencias Web 2.0 en el sector editorial” (2007). El artículo que se ofrece a continuación –cortesía de Celia Filipetto– fue publicado el 17 de enero pasado y trata sobre la mala utilización de las nuevas tecnologías. Así, al menos se desprende, de acuerdo con el autor, de la lectura de tres libros distintos de Nicholas Carr, Jaron Lanier y Douglas Rushkoff. Con todo, lo peor pasa por otro lado y en eso se concentra Celaya, con inteligencia y claridad. 

¿Nos hace la web 2.0 más ignorantes?

Las nuevas tecnologías 2.0 (blogosfera, Wikipedia, Facebook, Twitter, buscadores sociales, etc.)  no nos hacen por sí mismas ni más inteligentes ni más estúpidos, pero un uso indebido de las mismas puede hacernos más ignorantes. Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden de tres libros que he leído recientemente y cuya lectura recomiendo: The Shallows, de Nicholas Carr ; You are not a gadget, de Jaron Lanier; y Program or Be Programmed, de Douglas Rushkoff.

Estos tres libros aportarán a los lectores una mirada crítica sobre el impacto que está teniendo Internet y las nuevas tecnologías sociales en la manera en que accedemos a la información y gestionamos el conocimiento. Creo que es muy necesario incorporar un pensamiento más crítico en el debate sobre la incorporación de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de nuestras vidas (personal, educativo y profesional) puesto que estamos en pleno proceso de definición de la sociedad digital del siglo XXI.

Ya sabemos todos los defectos que tiene nuestro actual sistema educativo y cultural: los bajos niveles de lectura existentes en nuestro país, la limitada red de bibliotecas escolares, los obsoletos procesos de aprendizaje de nuestras escuelas,  la sobreproducción de libros en papel que obstruye el canal de ventas, la abrumadora desaparición de librerías y kioscos de prensa y revistas de nuestros barrios, la excesiva concentración del interés de los lectores alrededor de 2 ó 3  libros al año –el resto de los autores es casi invisible–, lo poco que la mayoría de los escritores gana por la cesión de sus derechos de autor, la opacidad de las sociedades que gestionan estos derechos, el supuesto escaso interés de las nuevas generaciones por todo lo relacionado con la lectura... y así un largo sinfín de quejas con más o menos fundamento que reflejan el precario estado del sector cultural y educativo. Pero por muy deficiente que para muchos sea este estado, debemos garantizar que la futura sociedad digital que hoy en día estamos construyendo sea mejor que la analógica.

Tras llevar cerca de 12 años analizando el impacto de las nuevas tecnologías en las empresas y en la sociedad, estoy llegando a la triste conclusión de que en varios aspectos en vez de progresar estamos retrocediendo. Si observamos con un espíritu crítico el impacto que está teniendo la irrupción de las tecnologías sociales (blogs,  wikis, podcasts, vídeos, redes sociales, etc.) en los hábitos de lectura y escritura de los ciudadanos, en la forma en que acceden a la información en Internet y en cómo gestionan el conocimiento,  podemos deducir que la sociedad que estamos construyendo no sólo no mejora las deficiencias del anterior mundo analógico sino que en algunos aspectos incluso las empeora.

Creo que a lo largo de la primera década de este nuevo siglo hemos vivido un exceso de entusiasmo en relación con las bondades derivadas de la incorporación de las tecnologías de la información (TIC) en la sociedad sin analizar detenidamente las contraprestaciones que pagaremos a medio largo plazo. Entre estas contrapartidas debemos señalar la escasa creación de contenidos originales por parte de los usuarios de la Red (tan sólo el 5% de los internautas los crea), los riesgos sociales que conlleva la posición dominante de un solo buscador como puerta global de acceso a la información, la escasa diversidad de fuentes de información divergentes, la interesada escuela de la gratuidad, el nulo respeto por los derechos de propiedad intelectual en Internet, la gradual desaparición de derechos adquiridos como ciudadanos y consumidores en la era analógica y que no se traspasan por motivos económicos a la era digital, la cuestionable vinculación entre el aumento del uso de las TIC en el aula y un mayor rendimiento académico, etc. 

Desmontando la Teoría de la Multitarea
En la misma línea de pensamiento de los tres mencionados autores, varios neurólogos de reconocido prestigio, como Maryanne Wolf y Gary Small, entre otros, han demostrado en sus estudios que el cerebro humano está sufriendo un gran impacto debido a la agresión diaria que conlleva el uso de las nuevas tecnologías. Según estos expertos, nuestro cerebro no está aún capacitado para asumir el ritmo constante y la intensidad de estímulos cerebrales que comporta el consumo de cualquier tipo de contenidos culturales a través de los diferentes tipos de pantallas.

Hace varias décadas, el cerebro humano recibió una agresión similar con la aparición de la televisión, pero la intensidad de utilización no es comparable. Así como varios estudios señalan que los ciudadanos consumen hasta 3 y 4 horas diarias de televisión, el consumo de tecnologías sociales (acceso a buscadores, lectura de blogs, seguimiento de Twitter, actualización del muro de Facebook, etc.) se eleva a cerca de 8 horas en muchos segmentos de la sociedad dado que se utiliza tanto para fines personales como profesionales. La mayoría de los neurólogos afirma que el cerebro tardará al menos un par de generaciones en adaptarse plenamente a este nuevo medio.

El uso indebido y la aplicación errónea de las nuevas tecnologías sociales en los proceso de aprendizaje y acceso a la información están destruyendo habilidades cognitivas de gran valor para la construcción del pensamiento propio, como la concentración, la profundización en textos o la asimilación de datos. Los tres libros anteriormente mencionados señalan que la realización de varias tareas de forma simultánea -uno de los supuestos principales atributos de las nuevas generaciones de nativos digitales- resulta perjudicial puesto que limita la capacidad de atención y concentración en los contenidos que se están consumiendo en pantalla.

Analfabetos digitales
Al igual que en la práctica no es cierto ese dicho de que nacemos con un pan bajo el brazo, tampoco es cierto que los nativos digitales nazcan con un ADN digital. Sin lugar a dudas, las nuevas generaciones se sienten muy cómodas con el uso de las herramientas 2.0, pero la mayoría son absolutos analfabetos digitales al desconocer los intereses comerciales, ideológicos y sociales que hay detrás de cada una de estas herramientas. Todas las tecnologías tienen sesgo, incluida el papel -se nos olvida que no es más que una tecnología al llevar más de 500 años entre nosotros. Los inmigrantes digitales debemos enseñar a los nativos a descifrar los códigos e intereses que hay detrás de cada texto, vídeo o imagen publicada en Internet.

Como evangelista empedernido de la Web 2.0, esta proclamación por un pensamiento más crítico sobre el impacto de Internet no significa que reste importancia ni valor a los beneficios derivados de la incorporación de las TIC en las aulas o a las posibilidades que brinda la digitalización de todo tipo de contenidos culturales; tan sólo aspiro a abrir un debate para reflexionar sobre si el futuro que estamos creando es mejor que el precario presente. 

Que quede claro, no hay marcha atrás: el futuro es digital. Los usuarios de Internet deben entender que lo verdaderamente importante de este debate es el modelo de sociedad que queremos construir. Cómo y a qué precio (sí, sí, precio: nada es gratis) incorporemos la tecnología en nuestras vidas determinará si somos capaces de crear una sociedad digital culta y multialfabetizada en lugar de una sociedad ignorante

martes, 18 de enero de 2011

Un servicio para los traductores de teatro

Gracias a nuestro amigo Ian Barnett nos llega la siguiente información, a propósito de In Translation un sitio dedicado a la traducción de teatro.

http://intranslation.com.ar/sec/home.php?lang=es

Base de datos central para traducciones
de teatro del español

In Translation se creó con el objetivo de proporcionar una base de datos central para traducciones de teatro del español, y otros idiomas relacionados, al inglés, mediante la recopilación de datos dispersos y a menudo difíciles de encontrar acerca de los traductores y sus traducciones. El sitio ofrece varias obras en traducción que se pueden bajar en su totalidad, además de información sobre cómo conseguir otras obras traducidas. In Translation también contiene un listado de traductores literarios que se especializan en teatro, además de una página de Recursos y sitios relacionados.

In Translation surgió del Primer Encuentro de Traductores organizado por la Casa de América y realizado en Madrid en octubre del 2002. Allí se propuso la necesidad que tiene el teatro escrito en español de un lugar de encuentro para servir a los traductores, autores de teatro, agentes, teatros, editoriales, y demás interesados en teatro, para así cultivar la comunicación intercultural y facilitar proyectos conjuntos que puedan traer obras nuevas y diversas al público de habla inglesa.


Traducciones es una base de datos de obras traducidas del español, y otros idiomas relacionados, al inglés. Se puede realizar búsquedas de la base de datos con el nombre del autor o traductor, el título original, o el título traducido. El listado se actualiza a medida que se encuentran traducciones existentes o se disponen de traducciones nuevas. Algunas obras, señaladas con ícono verde, se pueden bajar directamente del sitio sin costo alguno. Actualmente, este base de datos se expande para incluir una sinopsis y descripción del elenco para cada obra del listado, disponibles al hacer clic en el ícono azul.

Traductores es un listado en orden alfabético de los traductores literarios quienes se dedican al teatro. Se incluye información breve acerca de las obras traducidas, los áreas de interés dentro de la traducción teatral y cómo comunicarse con el traductor.

Recursos incluye una selección de “links” a sitios relacionados, donde se encuentra información acerca de montajes, conferencias, talleres, becas y otros apoyos a la traducción de teatro, además de publicaciones y teatros que a menudo proporcionan un espacio para las traducciones o que pueden ser útiles para los traductores.

Contáctenos sirve para enviar comentarios o preguntas sobre el sitio y materiales relacionados.

La Directora General de In Translation y responsable de este sitio es la traductora Heather McKay.

lunes, 17 de enero de 2011

Lo que aparece en letras de molde, ¿ya es sagrado? Para muchos, sí; pero para Borges, no.

El Borges, de Adolfo Bioy Casares es una fantástica caja de sorpresas con forma de caja de zapatos. A lo largo de sus ¡1663! páginas hay de todo y para todos los gustos. Por supuesto, eso incluye muchas reflexiones sobre la traducción. Por ejemplo, el párrafo que se edita a continuación en esta entrada, correspondiente a la página 888 de la edición de Emecé, trata sobre las licencias que les son dadas a los traductores pero de las que, con la ominosa presencia de un original ya publicado, no todos se animan a servirse. Quien las propone, claro, no es otro que Jorge Luis Borges.

Nadie lee

Cuando traduje para Victoria (Ocampo) unos versitos, muy sentimentales, de Gide, suprimí algunas repeticiones completamente idiotas. Victoria dijo: "No, no se debe hacer eso, el espíritu de Gide se pierde". Lo que pasa es que una vez que algo aparece en letras de molde, en un libro, ¡ah!, ya es sagrado, no se puede tocar, solamente puede ser como es... Como si lo que escribimos no fuera resultado de vacilaciones, resueltas a veces de cualquier modo. Como decíamos las otras noches de esos imaginarios probables traductores de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que se esforzaron y no pudieron dar el sabor y la fluidez del original. En el original no hay fluidez ni sabor ni nada; está todo a la vista de cualquiera que estire la mano y lo lea; pero no importa, porque nadie lee.

domingo, 16 de enero de 2011

El ecuatoriano Leonardo Valencia en una antología de Gallimard

También anónima es la noticia publicada el 24 de octubre de 2010, en El Comercio, de Ecuador, a propósito de la traducción al francés de varios textos de Leonardo Valencia, autor ecuatoriano residente en Barcelona.








Valencia en una antología francesa

La palabra escrita del autor guayaquileño Leonardo Valencia (1969), quien actualmente reside en Barcelona, España, llega a los lectores francoparlantes.

Su relato "Belphégor", que forma parte de su libro La luna nómada, ha sido incluido en Les bonnes nouvelles de l’Amérique latine (‘Las buenas noticias de América Latina’) (sic), una antología de escritores latinoamericanos contemporáneos. La traducción estuvo a cargo de Vincent Raynaud.

La publicación cuenta con el sello de la editorial Gallimard. Junto al cuento de Valencia, la compilación incluye textos de Andrés Neuman, Rodrigo Fresán, Rodrigo Hasbún, Ignacio Padilla, Alberto Fuguet y Jorge Eduardo Benavides, entre otros. El prólogo fue realizado por Mario Vargas Llosa, escritor recientemente galardonado con el Premio Nobel.

Además, la editorial parisina, Éditions Attila, tiene en proceso de traducción al francés, la novela de Valencia, titulada El libro flotante de Caytran Dölphin, publicada en Ecuador por Paradiso Editores (2006). Su puesta en circulación en Francia está prevista para fines del próximo año.

Asimismo, el escritor ecuatoriano participó en la Semana de las Letras de París, organizada por el Instituto Cervantes, en el marco de un encuentro sobre creación literaria, violencia y nuevas tecnologías.

sábado, 15 de enero de 2011

Alan Pauls: "en una época, traductor"


En su edición del 10 de octubre de 2010, El Universal, de Caracas, publicó una entrevista anónima con el narrador argentino Alan Pauls, que giró alrededor de la traducción y donde se elogio el proyecto de ayuda a la traducción del gobierno argentino.

Los traductores son los contrabandistas de la cultura

La traducción literaria como "contrabando". El escritor argentino Alan Pauls aprovechó la Feria del Libro de Fráncfort para reivindicar con esta singular metáfora la labor del traductor, un oficio que no goza a menudo de gran atención en el mundo de los eventos culturales.

El proceso de difusión de las literaturas no pasa esencialmente por el "mundo social, la mundanidad, las ferias como la de Fráncfort", comentó el ganador del premio Herralde 2003. Este tipo de difusión opera en un proceso "muy lento, muy homeopático, casi como de contrabandismo", destacó.

"Por eso los traductores son tan importantes. Los traductores son contrabandistas del mundo contemporáneo en el mundo de la cultura. Son los únicos que pueden leer en otros idiomas. Los editores hoy ya no saben hacerlo, o sea que esto descansa necesariamente en el traductor", señaló el autor de El Pasado.

Coincidiendo con escritores, editores y agentes del mundo cultural de Argentina, invitada de honor en la edición 2010 de Fráncfort, Pauls recalcó que "lo más importante en relación con la difusión de la literatura argentina es el programa SUR de traducción". En la feria de Fráncfort, la principal del sector en el mundo, se busca impulsar la difusión de obras literarias regionales en el mercado internacional, precisó DPA.

Son "ese tipo de operaciones político-culturales las que tienen verdadera eficacia en la difusión de la literatura nacional. La eficacia que va a tener ese programa en el exterior es incomparable con cualquier otra cosa que uno pueda hacer", dijo refiriéndose al programa lanzado por el gobierno para fomentar la edición de obras argentinas en otros idiomas.

La producción del propio Pauls fue muy elogiada en los medios de Alemania tras la publicación de El Pasado e Historia del llanto en alemán.

Pauls fue "en una época" traductor. Su interés por esta tarea se ve reflejada en Rímini, protagonista de El Pasado que, recuperando "cierta experiencia personal" siente adicción por traducir.

"Escribir es algo que puedo suspender perfectamente y retomar al día siguiente. Pero si la traducción no está terminada hay algo que me está faltando", dice al comentar que a veces traduce como "una manera de entrar en intimidad con un texto que por alguna razón se (le) está resistiendo".

"Traducir es como leer muy pegado, es como una lectura de miope. Y muchas veces siento esa necesidad", dijo el autor.

Además, señaló que le interesa ver cómo se tradujeron sus textos cuando conoce la lengua, lo que sucede con "el francés, el inglés, un poco con el portugués, con el italiano". En el caso del alemán, lengua que no lee, el escritor mostró plena confianza en su traductor, Christian Hansen, premiado por su traducción de 2666 de Roberto Bolaño.

Pero más allá del idioma al que se traduce, a Pauls le gusta "ver que los libros se van reproduciendo como conejos en distintas lenguas. Para mí las traducciones son como buenas noticias, como si te llegaran buenas noticias desde la patria en la que viven los libros una vez que uno los publica, un lugar en cierto sentido muy lejano".

El programa SUR ya ha otorgado subsidios para más de 200 obras que fueron traducidas a distintos idiomas. Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, al francés; Zama, de Antonio Di Benedetto, al hebreo, o la obras de César Aira vertidas al alemán son algunos ejemplos.

Al referirse a la presentación de Argentina en la actual Feria de Fráncfort, Pauls señaló que fue "lo suficientemente rica y plural" como para dar en pocos días una impresión de la producción literaria nacional. Y destacó la elevada cantidad de escritores (60) presentes en la feria.

"Es una locura. Si hubiera un comando de escritores argentinos de 20 años 'Al Qaida' y quisieran renovar la literatura argentina del día a la mañana, pondrían una bomba en el (hotel) Continental y se acabó la literatura argentina, tendría que empezar todo de cero", dijo irónicamente.

viernes, 14 de enero de 2011

Fernando Denis: de Bogotá a Bombay y Calcuta


La noticia se publicó en El Espectador, de Bogotá, el 2 de diciembre de 2010, con firma de Angélica Gallón Salazar. En ella se habla de la traducción al inglés, firmada por poeta y traductor colombiano Nicolás Suescún, de un libro del poeta colombiano Fernando Denis (foto: David Campuzano) y de la presentación de éste en la India.

Los periplos de un vagabundo

Hace apenas cuatro años, Fernando Denis arrastraba su existencia por las calles, mientras la embriaguez le daba a veces tregua para dejar en papeles sueltos su poesía. El año pasado, precisamente por los días de diciembre,  gracias a la edición que realizó la Editorial Norma de una antología de sus poemas bautizada La geometría del agua, Denis se convirtió en el autor del mejor libro del año, según la revista Arcadia, y en un poeta que parecía estar haciendo una hazaña: un libro de versos se vendía bien en las librerías nacionales, siempre tan escasas de clientes que prefieran la poesía a la novela.

Hoy Denis, lejos de las calles, pero aún viviendo en la habitación de una casona en el barrio La Soledad, tiene una maleta lista para irse a India. Su periplo esta vez —que ya no es vagabundo y callejero, sino todo un escritor  que va en primera clase—, es para presentar la versión en inglés de La geometría del agua, obra traducida por el maestro Nicolás Suescún, que será publicada en la lejana tierra de grandes poetas.

El camino que ha llevado a este escritor cienaguero que siempre luce algo destartalado hasta aquí ha sido largo y turbulento, por eso los asuntos de conseguir una visa, hacer escala en París, o enfrentar un tedioso policía de inmigración, parecen nimios. En realidad, nada de eso perturba a Denis. Quizá toda su vida, sus tardes hambrientas en las que distraía la dureza de la vida leyendo los clásicos en la Luis Ángel Arango, sus noches siendo testigo del cielo  acostado en la banca de un parque se justifiquen por la oportunidad que va a tener de ver de primera mano y en la vida real a los pintores prerrafaelistas y los paisajes de William Turner que por tantos años han habitado y alentado sus poemas.

“Un día una mujer muy adinerada, que conoció mi libro y se conmovió con mi poesía, me propuso un contrato y me dijo que hiciéramos todas las vueltas para que Nicolás Suescún lo tradujera. El libro traducido, que contenía más de 60 poemas, llegó por alguna razón a las manos del embajador de Colombia en India, Juan Alfredo Pinto, y fue así que luego recibí una invitación a almorzar con él. En el almuerzo me propuso que publicáramos el libro allá y que fuera a Calcuta y Bombay a presentarlo”, comenta Denis  emocionado. Ansioso.

Pocos poetas colombianos han sido traducidos. Quizás en eso —más allá del encuentro de Denis con los grandes de la pintura o de sus ganas de traerse un computador “con pantalla gigante”— radique realmente la importancia de este viaje.

“Nunca se tradujo a Porfirio Barba Jacob, por ejemplo. Y si pensamos en un libro completo de poesía colombiana traducido sólo podríamos referir unos poemas escondidos de León de Greiff; a José Asunción Silva, que lo tradujo Margaret Randall por un encargo, y por supuesto la obra de Mutis”, comenta Nicolás Suescún, el traductor que parece haberse convertido en el paciente amigo de Denis, en su compañero de almuerzo y el proveedor incansable de bolsitas de té.

“La traducción a otras lenguas es sinónimo de universalidad, hay muchos escritores que no salen de sus países y eso ha pasado en general con toda la literatura  colombiana”, añade Suescún, que como muchos otros autores respetados en el mundo de la literatura sólo tiene halagos para  La geometría del agua. “Es una obra rica, llena de imágenes bellísimas, original, que no se parece a nada y que retrata una forma de ver el mundo muy particular. ¡Increíble!, cuando uno lo ve a él”.

Denis no luce propiamente como un poeta, pero como él mismo sentencia con gracia, “¿acaso uno debe parecerse a lo que escribe?”. En realidad, su poesía ha logrado cosas que quizás una buena pinta nunca hubiera podido. Por estos días dos mujeres, una en Alemania y otra en Rusia, están trabajando en la traducción de su libro. Su poesía también ha conquistado a los más duros críticos literarios: “Recibí un día la llamada de Antonio Caballero, que nunca me había llamado al celular y me dijo que la versión de La geometría del agua en inglés era tan buena que ya tenía ganas de traducirla”.