domingo, 7 de agosto de 2011
Bernard Noel en Buenos Aires
El poeta francés Bernard Noel estará en Buenos Aires del 16 al 29 agosto. Su visita tiene como marco la exposición del fotografo François Rouan que será presentada en la Fundación Pasaje 865, en San Telmo, a partir del 19 de agosto. Entre sus actividades se destaca la presentación de Este jardín de tinta (Ce jardin d’encre), que tendrá lugar el sábado 20 de agosto, a las 19 hs., en la librería Crack up, (Costa Rica 4767). Allí tendrá habrá una lectura bilingüe y un diálogo entre el poeta y Sara Cohen, su traductora al castellano.
sábado, 6 de agosto de 2011
Los nombres de pila de los escritores
Publicada en la edición de Ñ del 5 de febrero de 2011, esta columna del periodista Ezequiel Martínez plantea nuevamente el problema que aqueja a todo aquel que tenga más de tres libros. Como se verá, las respuesta a la vieja cuestión del orden son tantas que incluyen aun lo que podría resultar inverosímil.
Bibliotecas: una cuestión de (des)orden
Hace unos días conocí a un personaje cuya biblioteca me desorientó. He sabido de gente que ordena los libros por el color de sus lomos y de otra que los clasifica por tamaño, en una herejía decorativa que difícilmente los califique como lectores. Algunos más excéntricos, como el escritor francés Jacques Bonnet, los separa mediante un subjetivo sistema de afinidades, según cuenta en su libro Bibliotecas llenas de fantasmas. Algo parecido a lo que ya había hecho el alemán Aby Warburg, cuya colección de 60 mil volúmenes fue enviada a Gran Bretaña durante el nazismo para salvarla de un probable saqueo o destrucción. La Biblioteca Warburg está organizada de acuerdo con criterios sutiles y completamente heterodoxos, que hasta hoy no han sido enteramente dilucidados, según nos cuenta Rafael Argullol en un artículo que publicó la semana pasada en el diario El País, de Madrid.
La excentricidad del amigo que mencioné al principio consiste en catalogar los libros por el nombre de pila de su autor. Así, Arlt está en la R, pero Pessoa puede alojarse en la F o en cualquier parte del abecedario donde hayan caído sus heterónimos. Me costó descifrar la maraña de ese desorden establecido. Cuando le pregunté la razón, dijo: “Lo hago para retener sus nombres de pila. Por ejemplo, ¿cuánta gente sabe el nombre de Fogwill, eh?”
Fue precisamente en Fogwill donde me pareció encontrar un motivo más perverso del sistema elegido por mi amigo. Se trataba sin duda de una estratagema para complicar el préstamo o robo premeditado de algún volumen que le deparara un destino infeliz. En Urbana, Fogwill escribe: “la gente los lleva excitada por un entusiasmo de momento y la mayoría de las veces olvida leerlos, de modo que el libro queda por ahí, perdido como la memoria de ese préstamo”.
Esa excitación es un rasgo común a todos los bibliomaníacos. El orden elegido, en cambio, revela algún rasgo particular de la personalidad de su dueño. Después de todo, una biblioteca funciona también como una autobiografía.
Etiquetas:
Ezequiel Martínez,
Libros y librerías
viernes, 5 de agosto de 2011
La Real Academia enseña cómo ganar amigos
Publicado el 31 de julio pasado por El Mundo, de España, sobre una nota de la agencia EFE firmada por Ana Mendoza, el presente artículo demuestra cómo los académicos –a esta altura "irreales"– mantienen posiciones machistas, racistas, homófobas y nacionalistas católicas (bah, franquistas) y, de paso cañazo, consiguen que otros hagan el trabajo por el que les pagan. Parece cosa de Manolito. O eso piensa la mayoría de los 34 lectores españoles que a los académicos implicados les dijeron, menos lindos, de todo en los comentarios que pueden leerse en http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/31/cultura/1312104785.html
En la foto de la derecha, Darío Villanueva Prieto (1950), académico y Secretario General de la Real Academia Española.
En la foto de la izquierda, Pedro Álvarez de Miranda de la Gándara (1953), catedrático de Lengua española en la Universidad Autónoma de Madrid y responsable de la versión en preparación del DRAE.
La RAE recibe con frecuencia quejas sobre algunas definiciones que los hablantes consideran inadecuadas. Así ha sucedido recientemente con el término "rural" que, en su segunda acepción, se define como "inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas". La Academia había suprimido en 2008 esa acepción, "pero llegó tarde a la última modificación del diccionario en línea", que comprendía las decisiones acordadas hasta 2007.
En la foto de la derecha, Darío Villanueva Prieto (1950), académico y Secretario General de la Real Academia Española.
En la foto de la izquierda, Pedro Álvarez de Miranda de la Gándara (1953), catedrático de Lengua española en la Universidad Autónoma de Madrid y responsable de la versión en preparación del DRAE.
Critique el diccionario de la RAE...
pero no pida que sea políticamente correcto
"El Diccionario no puede ser políticamente correcto porque la lengua sirve para amar pero también para insultar. No podemos suprimir las palabras que usamos cuando nos enfadamos o cuando somos injustos, arbitrarios o canallas", afirma en una entrevista el secretario de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva.
Esa unidad, cuya dirección de correo electrónico es unidrae@rae.es, es interactiva y tendrá un lugar específico en el nuevo portal que abrirá en los próximos meses la Academia. Mientras tanto, se atenderán las propuestas que vayan llegando para mejorar el Diccionario.
"Cualquier hablante es una autoridad para nosotros, en el sentido de que puede apreciar que en el DRAE faltan cosas o sobran otras", señala el secretario, quien pone como ejemplo las críticas enviadas por "una colombiana que vive en Australia" sobre la palabra "champú", definida como "loción, cuando realmente es un jabón".
"Esa señora tenía toda la razón del mundo, y hemos aprovechado para revisar las palabras conexas, como jabón, loción o gel". La definición de champú se modificará en la 23ª edición del Diccionario, que se publicará en otoño de 2014, como broche final de la celebración del tricentenario de la Real Academia Española.
El académico Pedro Álvarez de Miranda ha sido nombrado director de esa edición, que, como la anterior, de 2001, se prepara en estrecha colaboración con las veintiuna Academias de la Lengua Española restantes.
Todas ellas le han dado el visto bueno a las numerosas novedades que se han ido incorporando en estos años a la edición digital del Diccionario, que recibe un millón de visitas diarias. Entre las últimas figuran la expresión "libro electrónico" y voces como abducir, antiespañol, cultureta, muslamen o "jet lag".
La 23ª edición contará con nuevos términos procedentes del campo de la informática, como el de "tableta", que la Academia ha decidido oficializar para el "tablet", esa pantalla táctil multiservicio con millones de usuarios en el mundo. Esa incorporación está pendiente de la aprobación de las Academias americanas.
De haber mantenido el anglicismo puro y duro, el plural hubiera sido "tablets", que, según Darío Villanueva, "es contrario a la prosodia del español". La solución fue "tableta", una palabra que viene del latín y entre cuyas acepciones está la del rico chocolate.
Quejas frecuentes
También ha habido problemas con la comunidad judía porque "judiada" está en el Diccionario, o con Galicia porque el término "gallego" en algunos países de América equivale a "tonto", y así se recogía en el Diccionario aunque en la próxima edición ya no figurará esa acepción. Darío Villanueva es gallego y asegura que él no se siente "ofendido por eso, porque hay que contextualizar las cosas".
"El Diccionario no puede ser políticamente correcto. En él se incluyen palabras que sirven para amar o para insultar porque en la vida se ama y se insulta, y el idioma va acompañando a la vida. No podemos hacer un Diccionario sesgado", subraya, antes de añadir: "corrección política en absoluto".
El idioma "es un ecosistema y no se puede alterar alegremente porque se produce un descalabro" y cualquier decisión que se tome tiene muchas repercusiones", asegura Villanueva, quien pone como ejemplo "el asunto de 'miembra'", ese femenino que a la exministra Bibiana Aído le hubiera gustado que se aceptara.
"Si eso llegara a imponerse habría que revisarlo todo. La identificación absurda del morfema 'o' como signo masculino y del 'a' como femenino llevaría a la contradicción de que a Nadal habría que decirle tenisto y a Steffi Graf tenista. Habría pianistos y pianistas, colegos y colegas, etc".
Las Academias se dan un tiempo antes de introducir nuevas voces en el Diccionario, porque a veces "son flor de un día". Así ha pasado con la palabra "pagafantas", que se puso de moda hace unos años e incluso hubo una película llamada así, pero hoy día "ya no la utiliza nadie".
jueves, 4 de agosto de 2011
Simposio de traducción literaria en Cuba
XI Simposio de Traducción Literaria
25 a 27 de noviembre de 2011
La Sección de Traducción Literaria de la Asociación de Escritores de la UNEAC* y la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes (ACTI) convocan al Simposio Internacional de Traducción Literaria que se realiza en Ciudad de La Habana.
El evento que por oncena ocasión a un destacado grupo de especialistas, profesores y alumnos nacionales y extranjeros dedicados a la Traducción Literaria en todos sus vertientes sesiona para debatir ponencias, proyectos, intercambiar experiencias, posiciones y enfoques que aborden esta labor desde perspectivas muy distintas, a saber: la teoría, la práctica, la enseñanza, el tratamiento editorial , el acercamiento conceptual y ético de la traducción al original y facetas; las relaciones entre autor , traductor y editor y los espacios del traductor literario en la historia de esa disciplina.
Además de las sesiones de debates se realizan actividades colaterales que incluyen conferencias magistrales, presentaciones de libros y multimedias. Al evento asisten traductores de diferentes continentes
El evento que por oncena ocasión a un destacado grupo de especialistas, profesores y alumnos nacionales y extranjeros dedicados a la Traducción Literaria en todos sus vertientes sesiona para debatir ponencias, proyectos, intercambiar experiencias, posiciones y enfoques que aborden esta labor desde perspectivas muy distintas, a saber: la teoría, la práctica, la enseñanza, el tratamiento editorial , el acercamiento conceptual y ético de la traducción al original y facetas; las relaciones entre autor , traductor y editor y los espacios del traductor literario en la historia de esa disciplina.
Además de las sesiones de debates se realizan actividades colaterales que incluyen conferencias magistrales, presentaciones de libros y multimedias. Al evento asisten traductores de diferentes continentes
*La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) es una organización social con fines culturales y artísticos, con Status Consultivo II en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, con personalidad jurídica propia y plena capacidad legal, que agrupa en su seno, con carácter voluntario y siguiendo el principio de selectividad, (sobre la base de su currículum artístico) a los escritores y artistas cubanos.
Fue fundada el 22 de Agosto del año 1961 por nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén,, con el objetivo de preservar el proyecto de justicia social e independencia nacional, en el que han empeñado sus sueños y esfuerzos tantas generaciones de cubanos. Desde su creación ha estado representada por artistas de reconocido prestigio en todos los ámbitos de las artes estéticas y filosóficas. Entre las figuras que han estado en su dirección se encuentran: Alejo Carpentier, José Lezama Lima y René Portocarrero.
Fue fundada el 22 de Agosto del año 1961 por nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén,, con el objetivo de preservar el proyecto de justicia social e independencia nacional, en el que han empeñado sus sueños y esfuerzos tantas generaciones de cubanos. Desde su creación ha estado representada por artistas de reconocido prestigio en todos los ámbitos de las artes estéticas y filosóficas. Entre las figuras que han estado en su dirección se encuentran: Alejo Carpentier, José Lezama Lima y René Portocarrero.
Otras informaciones en http://www.uneac.org.cu/index.php?module=eventos&act=show_details&id=206
Etiquetas:
Servicios para el traductor,
Traductores cubanos
miércoles, 3 de agosto de 2011
Por qué una palabra o concepto definen una cosa
La nota se subió a Ñ digital el 27 de julio pasado, con firma de Ivanna Soto. Trata sobre la reciente publicación de Historia de las palabras del argentino Daniel Balmaceda, quien explica las razones de su libro y de su amor por las palabras.
Ciertas palabras encierran una magia,
y son la que se establecen
¿Cuántas palabras tiene nuestro vocabulario? Nada más inasible. Todos los días, entre intercambios mínimos, debates, chistes y declamaciones acudimos a nuestro acervo de palabras cuyo origen –en su mayoría– desconocemos. Como si el mundo hubiera nacido con ellas. En Historia de las palabras (Sudamericana), el escritor e investigador Daniel Balmaceda se propuso meterse de lleno en la vida, desarrollo e incluso la muerte de muchas de ellas, principalmente las que tienen en su origen una anécdota.
“Mi interés por las palabras viene de chico. Siempre me daba curiosidad tratar de entender por qué una palabra o un concepto definía una cosa”, señaló Balmaceda, que aclaró que no se trata de un libro de etimologías sino uno que encuentra la tragedia, el romance o la comedia que hay detrás de cada término. Tantas palabras como historias se cuentan en breves capítulos. Algunas que adquirieron peso por quienes las pronunciaron o las inventaron; otras surgidas de una lengua hablada por pocos que, sin embargo, trascendieron su ámbito y su tiempo.
En algunos casos, el ejercicio es muy simple, como en “persiana” –que proviene de Persia; “armario” –por el lugar donde se guardaban las armas; “desayuno” –salir del ayuno; “secretario” –el que guardaba los secretos del Rey; o “compañero” –quien comparte el pan. En otros casos, su origen se puede rastrear en acontecimientos aparentemente casuales, como los productos que llevan el nombre de su inventor, que transformó su apellido en marca y luego se convirtió en sustantivo: la famosa maquinita de afeitar que se llama “Gillette” por el apellido de su creador, King Camp Gillette; o el contendor de comida “Tupper”, por Earl Silas Tupper; o el combustible “Diesel”, por su inventor Rudolph Christian Karl Diesel; el “jacuzzi”, bañera de lujo famosa en los hoteles de categoría, que se llama así por el apellido de su inventor, quien adaptó su bañera con motores para el tratamiento médico de su hijo.
Sin embargo, “que trascienda una palabra es casi un hecho fortuito”, explicó Balmaceda. Un caso paradigmático es el de Charles Cunningham Boycott, la persona que fue castigada por sus vecinos y derivó en la palabra “boicot”; o el verbo “linchar”, proveniente del deseo de hacer justicia por mano propia de William Lynch. “Son palabras que pudieron haber cambiado a otras y, sin embrago, la forma en que suenan y se emplean hace que se extienda a grandes grupos y termine arraigándose”, sostuvo. De este tipo de términos también hay un ejemplo argentino nacido en 1870 en el Delta de Tigre donde Floro Madero, después de comer un bol de batatas no pudo dar un discurso porque, como dijo, se sentía completamente “abatatado”. Esto sucedió en un grupo de 20 personas, pero fue tan festejado y la anécdota se esparció tan rápidamente que el término sigue utilizándose.
Pero no todas las palabras se extienden por igual. “Eso forma parte de un sentido de propiedad que tiene cada grupo. El emplearlas y el ser exclusivas de ese grupo les da un sentido de pertenencia y por eso se emplean de esa manera”, sentenció.
Dada la dinámica del habla, constantemente la lengua se renueva y da lugar a nuevos términos, algunos sobreviven y otros perecen. “El español, sobre todo, ha tenido un fuerte arraigo a partir de 700 años de dominación árabe en España, además del gran aporte de todas las lenguas americanas. Eso hace que la lengua tenga vida, porque si dejara de nutrirse de otras lenguas caería en desuso”, explicó Balmaceda.
¿Cómo saber cuál es el verdadero origen de una palabra? “Puede haber respuestas muy variadas para la resolución del origen de una palabra”, admitió el autor. “Lo más importante es utilizar el sentido común para entender que a veces a determinadas palabras se les asignan contextos anacrónicos: una palabra nacida en el siglo XIX no puede haber sido originada por un hecho ocurrido en el SXX. Son clásicas deformaciones y desvíos”.
Balmaceda comenzó a escribir sobre la historia de las palabras años atrás en la revista Ideomanía, en especial acerca de términos de origen quechua, náhuatl, maya y de la cultura taína que los colonizadores españoles tomaron del continente americano, como “tiburón”, “huracán”, “chocolate”, “tomate”, “canoa” o “hamaca”, que aportaron hallazgos que modificaron las condiciones de vida de los tripulantes. Además de éstas, entre sus palabras preferidas el autor destacó “sinceridad”, originada de cuando se quitaba la cera de la miel, al retirarla del panal, se dejaba la miel pura, sin cera. Y también aquellas que comienzan con el prefijo des: “desastre” –sin astro; “destino” –sin capacidad de acertar; “despabilar” –quitar el pabilo de la vela; y las más simples: “descorchar”, “desvalijar”, “desviar”, “despistar”, “descubrir”, “describir”, “desarrollar”, “desenvolver”, etc.
El libro también abarca frases o palabras que nacieron en Europa y llegaron a nuestro país de la manera más insólita, como la frase popular en el ámbito teatral “mucha merde”. Con cierta lógica, la acumulación de bosta de caballos en la puerta de un teatro significaba mucha asistencia. Y aunque afortunadamente hoy esto ya no sucede, la frase se sigue utilizando.
Y también el autor puso el ojo sobre aquellas palabras que provienen de onomatopeyas. “Enchufar” (chuf), “traqueteo” (trac-trac), “burbuja” (burb), “zumbido” (zumb), “bombo” (bom-bom), y “tocar” (toc-toc). Pero esto no sólo se da en el español, sino en todos los idiomas. “Para nosotros, un golpe de puerta, se parece más a un “toc”, en cambio, para los ingleses, el ruido de la puerta se traduce como “knock”. La genética de un idioma es la que nos permite escuchar sonidos de determinadas maneras distintas a los de otros idiomas y por eso les damos distintos nombres”.
"Hay que utilizar las palabras a conciencia”, recomendó este fanático de los detalles, que abre un mundo a una historia que, por ser de nuestras palabras, es también de nuestra propia idiosincrasia.
martes, 2 de agosto de 2011
La exposición de los niños a las distintas especies del castellano les permite familiarizarse con la diversidad que caracteriza a su propia lengua
Publicado en Clarín, el domingo 31 de agosto pasado, con firma de María Sol Oliver, el siguiente artículo plantea una tendencia que todos los padres argentinos –y suponemos latinoamericanos en general– conocen. A continuación del cuerpo de la nota, la columna de Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, que acompañaba el artículo central.
Hazme un pastel… pasteleerooo”. Bautista Umbert (tres años y medio) repite la frase que dice su perrito de peluche cada vez que lo aprieta. Le fascina mirar a “Dora la exploradora” en la tele y, con ella, ya aprendió que el “púrpura” –más conocido como violeta– es uno de sus colores preferidos. El hijo de Inés Frapiccini tiene 7 años y se llama Santiago. Cada tanto pide permiso a sus papás para comer “goma de mascar” (no chicle) o para invitar algún amiguito a jugar al “balón”.Casos como estos, en que los nenes hablan con términos “extraños” para los adultos, resultan cotidianos y –con mayor o menor frecuencia– se repiten en muchos hogares, jardines de infantes o primeros grados de la escuela.
Los especialistas hablan de “generación malvavisco”, en alusión a las clásicas golosinas del Norte. Para los padres suele ser llamativa esta aprehensión de expresiones propias del “español neutro” que los chicos escuchan y “copian” de personajes de la tele.
Aunque defensores del lenguaje, como la psicopedagoga Andrea Kejek, consideran que esta situación “aporta y suma a lo largo del aprendizaje de la primera infancia y de toda la vida”.
“El hecho de que los niños estén expuestos a distintas variedades del español es beneficioso porque, de este modo, amplían su competencia lingüística, enriquecen su vocabulario, aprenden las diferencias tónicas, fonéticas, morfosintácticas y todo esto les permite familiarizarse con la diversidad que caracteriza a su propia lengua”, opina Guiomar Elena Ciapuscio, profesora titular de Lingüística enla Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Y agrega: “Lo que llamamos español ‘neutro’, fruto de los doblajes en los medios de comunicación, es del todo discutible”. La catedrática sostiene que esa neutralidad es imposible de lograr en un sentido estricto. “La lengua de los dibujitos animados exhibe gran variedad de rasgos. Gran parte de los que consumen nuestros chicos son doblajes de México”, agrega.
Así, expresiones como “atrapar un resfriado”, “tenía picazón por conocerte”. Decir “tienda” en vez de “carpa” o elegir el “tuteo” en lugar del “voceo”–según Ciapuscio– son elecciones no neutras. El español es una lengua pluricéntrica, lo que significa que hay distintas normas regionales, es decir, diferentes focos (por ejemplo, México, Buenos Aires, Madrid, Lima). Cada lugar determina ciertos usos estándares de la lengua que son percibidos por los hablantes como adecuados y correctos.
Esta situación, lejos de interferir en la formación de la identidad regional de los niños, la fortalece. “Así aprenden que una misma cosa puede ser nombrada de diferentes maneras. Lo importante es que tengan, como respaldo, una explicación de adultos y maestros”, apunta Kijek.
Ciapuscio está convencida de que “las diferencias lingüísticas deben aprovecharse para trabajar en la escuela, para fortalecer la identidad del niño con su propia variedad (en nuestro caso, la lengua rioplatense), mostrándoles los contrastes y haciéndolos conscientes de la riqueza del español y de las peculiaridades de su variedad frente a otras lenguas”. Que los niños “amplíen su competencia lingüística y adquieran el sentido de diversidad del español repercutirá en su sensibilidad y flexibilidad para aprender otras lenguas”, concluye la lingüista.
La lengua hablada de los dibujos animados es cuestión disputada; y no es menor, dada su innegable influencia de penetración auditiva (el oído no tiene párpado) en los niños de inicial y primaria que pasan cada vez más tiempo frente al televisor. La audición de dibujitos doblados al castellano se enmarca en un problema mayor. Se habla de “cultura global”, que es una criatura inexistente. De lo que realmente se trata es de una “cultura globalizada” (la norteamericana). Se comprende en ella el idioma, la música, las comidas rápidas, las series televisivas, los géneros de cine, la ropa deportiva y un largo etcétera. Con los doblajes ocurre lo mismo. Quien ocupa el espacio de Norteamérica en los doblajes de dibujitos es México.
Si atendemos a nuestra propia producción de dibujos animados (Hijitus, Anteojito, Patoruzú, Clemente, Petete, y demás) advertimos que en su texto oral se acusan con firmeza rasgos de nuestra habla: la modalidad cajetilla de Isidoro Cañones y las formas rurales de Patoruzú; se vosea en ellos, el yeísmo es firme. Largirucho incluye voces y expresiones lunfardas, maneja con frecuencia el “sánguche” (“no lo vi venir, no lo vi”) y Antifaz se desliza hacia lo canyengue. Se distancian de ellos, Hijitus y el Dr. Neurus, que hablan una lengua más general, con presencia espaciada de argentinismos léxicos. La proyección diaria que de esta tira hace Canal 13 es más que oportuna. Hay una identificación total entre lo que el chico escucha de boca de los personajes y en la calle. El pibe se encuentra en su propio espacio natural. En cambio, cuando se enfrenta con doblajes hechos en México o en Puerto Rico, el niño se ve frente a la afirmación del español neutro, un avance hacia un “español global”, digamos, que hace que el chico termine usando “ándale”, “cacahuete”, “barbacoa”, “mamasita” o “mi vecindad” con naturalidad porque la insistencia es pedagógica. Quiero decir, el chico es una esponja, pero sin ser Bob.
La generación malvavisco: cuando los chicos
hablan como escuchan en la tele
Hazme un pastel… pasteleerooo”. Bautista Umbert (tres años y medio) repite la frase que dice su perrito de peluche cada vez que lo aprieta. Le fascina mirar a “Dora la exploradora” en la tele y, con ella, ya aprendió que el “púrpura” –más conocido como violeta– es uno de sus colores preferidos. El hijo de Inés Frapiccini tiene 7 años y se llama Santiago. Cada tanto pide permiso a sus papás para comer “goma de mascar” (no chicle) o para invitar algún amiguito a jugar al “balón”.Casos como estos, en que los nenes hablan con términos “extraños” para los adultos, resultan cotidianos y –con mayor o menor frecuencia– se repiten en muchos hogares, jardines de infantes o primeros grados de la escuela.
Los especialistas hablan de “generación malvavisco”, en alusión a las clásicas golosinas del Norte. Para los padres suele ser llamativa esta aprehensión de expresiones propias del “español neutro” que los chicos escuchan y “copian” de personajes de la tele.
Aunque defensores del lenguaje, como la psicopedagoga Andrea Kejek, consideran que esta situación “aporta y suma a lo largo del aprendizaje de la primera infancia y de toda la vida”.
“El hecho de que los niños estén expuestos a distintas variedades del español es beneficioso porque, de este modo, amplían su competencia lingüística, enriquecen su vocabulario, aprenden las diferencias tónicas, fonéticas, morfosintácticas y todo esto les permite familiarizarse con la diversidad que caracteriza a su propia lengua”, opina Guiomar Elena Ciapuscio, profesora titular de Lingüística en
Y agrega: “Lo que llamamos español ‘neutro’, fruto de los doblajes en los medios de comunicación, es del todo discutible”. La catedrática sostiene que esa neutralidad es imposible de lograr en un sentido estricto. “La lengua de los dibujitos animados exhibe gran variedad de rasgos. Gran parte de los que consumen nuestros chicos son doblajes de México”, agrega.
Así, expresiones como “atrapar un resfriado”, “tenía picazón por conocerte”. Decir “tienda” en vez de “carpa” o elegir el “tuteo” en lugar del “voceo”–según Ciapuscio– son elecciones no neutras. El español es una lengua pluricéntrica, lo que significa que hay distintas normas regionales, es decir, diferentes focos (por ejemplo, México, Buenos Aires, Madrid, Lima). Cada lugar determina ciertos usos estándares de la lengua que son percibidos por los hablantes como adecuados y correctos.
Esta situación, lejos de interferir en la formación de la identidad regional de los niños, la fortalece. “Así aprenden que una misma cosa puede ser nombrada de diferentes maneras. Lo importante es que tengan, como respaldo, una explicación de adultos y maestros”, apunta Kijek.
Ciapuscio está convencida de que “las diferencias lingüísticas deben aprovecharse para trabajar en la escuela, para fortalecer la identidad del niño con su propia variedad (en nuestro caso, la lengua rioplatense), mostrándoles los contrastes y haciéndolos conscientes de la riqueza del español y de las peculiaridades de su variedad frente a otras lenguas”. Que los niños “amplíen su competencia lingüística y adquieran el sentido de diversidad del español repercutirá en su sensibilidad y flexibilidad para aprender otras lenguas”, concluye la lingüista.
Son esponjas sin ser Bob
por Pedro Luis Barcia
Si atendemos a nuestra propia producción de dibujos animados (Hijitus, Anteojito, Patoruzú, Clemente, Petete, y demás) advertimos que en su texto oral se acusan con firmeza rasgos de nuestra habla: la modalidad cajetilla de Isidoro Cañones y las formas rurales de Patoruzú; se vosea en ellos, el yeísmo es firme. Largirucho incluye voces y expresiones lunfardas, maneja con frecuencia el “sánguche” (“no lo vi venir, no lo vi”) y Antifaz se desliza hacia lo canyengue. Se distancian de ellos, Hijitus y el Dr. Neurus, que hablan una lengua más general, con presencia espaciada de argentinismos léxicos. La proyección diaria que de esta tira hace Canal 13 es más que oportuna. Hay una identificación total entre lo que el chico escucha de boca de los personajes y en la calle. El pibe se encuentra en su propio espacio natural. En cambio, cuando se enfrenta con doblajes hechos en México o en Puerto Rico, el niño se ve frente a la afirmación del español neutro, un avance hacia un “español global”, digamos, que hace que el chico termine usando “ándale”, “cacahuete”, “barbacoa”, “mamasita” o “mi vecindad” con naturalidad porque la insistencia es pedagógica. Quiero decir, el chico es una esponja, pero sin ser Bob.
lunes, 1 de agosto de 2011
Una versión rioplatense de Aimé Césaire
La editorial argentina El 8vo. loco anuncia la publicación de Una tempestad, del poeta martiniqueño Aimé Césaire, reversión a su vez de La tempestad de William Shakespeare, en traducción de Ana Ojeda y prólogo de Rocco Carbone y Leonardo Eiff. Sinceras felicitaciones desde el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.
Quienes deseen ver el catálogo de la editorial pueden hacerlo en http://www.el8voloco.com.ar/ o comunicándose con el8vo.loco@gmail.com
Quienes deseen ver el catálogo de la editorial pueden hacerlo en http://www.el8voloco.com.ar/ o comunicándose con el8vo.loco@gmail.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









