martes, 10 de diciembre de 2024

"La pérdida de adherencia a la realidad"

En su columna semanal del diario Perfil, de Buenos Aires, Guillermo Piro se ocupa esta semana de cómo las variaciones del clima afectan a la poesía tradicional japonesa. Leer para creer.

Los haikus y el cambio climático

El haiku es un tipo de poesía inevitable: pocos se resisten a la tentación de vérselas con su concisión, con su extremo ahorro de palabras, con su, cuando se alcanza, certeza. El haiku está tradicionalmente compuesto por diecisiete sílabas (más precisamente diecisiete moras), cinco en el primer verso, siete en el segundo y cinco en el tercero. Muchos escritores en determinado momento decidieron lidiar con ese ejercicio, porque es difícil, porque es encantador y porque sí. Recuerdo los haikus de Mario Benedetti, los de Andrew Vachss y más recientemente los de Ana María Shua, quien para evitar desde el vamos la crítica habitual tituló a su libro No son haikus. Y es que no hace falta solamente la limitación de la rima: en teoría, todo haiku que se precie debe contener un kigo, esto es, una palabra que evoque una estación del año, cosa que a menudo expresa también un estado de ánimo. Por ejemplo, en japonés fuyu significa invierno, pero transmite también una sensación de desolación e introspección; yamanemuru se puede traducir como “montaña que duerme”, pero en los haikus remite a un sentimiento de inmovilidad y paz. Lo que ocurre ahora es que las estaciones están sufriendo alteraciones debido al cambio climático, y eso hace que en Japón muchos kigo estén cayendo en desuso, perdiendo en parte su fuerza comunicativa, o que directamente ya no tengan sentido.

Por ejemplo, en Japón, el verano de 2024 fue el más caluroso registrado jamás durante segundo año consecutivo: las altas temperaturas empezaron en primavera y prosiguieron hasta bien entrado el otoño. La contemplación de las cerezas, un lugar común en los haikus, remite históricamente al mes de abril, que en el calendario japonés corresponde a finales de la primavera. Pero resulta que ahora las cerezas aparecen en la segunda mitad de marzo. Contemplar las cerezas en abril aparece representado por la palabra hanami, un kigo que ya no se corresponde con la realidad.

Lo mismo ocurre con otros haikus que describían momentos del año, hasta hace poco tiempo actuales y reconocibles, están perdiendo significado. Justin McCurry escribió un artículo en The Guardian ofreciendo ejemplos históricos de haikus que merecerían un breve cuerpo de notas en una publicación en su lengua original: cuando Matsuo Basho en un haiku hace referencia al “viento de otoño”, asociándolo a la atmósfera melancólica del paso a la estación otoñal, Basho tenía frío; hoy la temperatura en la misma época es mucho más alta, el viento de otoño se asocia más al calor sofocante, a la agonía, a la muerte tal vez. La capacidad del kigo de comprimir tres o cuatro meses de una estación en una sola palabra se está perdiendo.

En su artículo, McCurry entrevista a David McMurray, quien da cursos de haiku en la Universidad de Kagoshima, al sureste de Japón. Murray ofrece el ejemplo de la palabra “mosquito”, que en japonés siempre funcionó como el motor evocador de imágenes veraniegas. Pero hoy los mosquitos aparecen también en otoño, incluso en el norte de Japón, y por lo tanto la referencia estacional se debilitó. Los saijiki, es decir las extensas listas de palabras kigo que el poeta puede utilizar para evocar una estación, dice McMurray que corren el riesgo de volverse solamente documentos históricos.

Esa es la razón por lo que los propios japoneses están comenzando a sufrir algo que hasta hace poco era propio de los escritores de haikus occidentales: la pérdida de adherencia a la realidad, su mutación de tipo. Si somos un poco pesimistas podríamos hablar de la probable extinción del haiku. Es raro presenciar la extinción de un tipo de poesía, pero podría suceder. O tal vez los haikus muten: lo han hecho muchas especies animales para sobrevivir, muchas lenguas. Tal vez los poemas que Ana María Shua recopiló en No son haikus sean los haikus del futuro, en cuyo caso un día habrá que cambiarle el título y llamarlo: Antes no eran haikus, pero ahora sí.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Más de lo mismo y cada vez peor: tanto joder, tanto joder y ahora les llegó el turno a los editores

El pasado 5 de diciembre, Daniel Gigena publicó en La Nación, de Buenos Aires, una inquietante noticia acerca del rumbo que están tomando las autoediciones de libros que emplean Inteligencia Artificial. En la bajada se lee: "Editores y escritores de Estados Unidos y Gran Bretaña se quejaron por esta iniciativa que cobra a los autores entre 1500 y cinco mil dólares, y les otorga el 100% de las regalías por las ventas, sin contratos ni cesión de derechos".

Una empresa tecnológica lanzará miles de libros “editados” por IA y el mercado en inglés reacciona con estupor

Después del anuncio hecho por la empresa tecnológica Spines, con sede en Miami, de que en 2025 podrían publicar ocho mil libros “editados” por programas de inteligencia artificial (IA), que reemplazarían por completo el trabajo de editores de carne y hueso, un aluvión de escritores y editores estadounidenses y británicos protestaron por la iniciativa. Según afirmaron los responsables de la startup de origen israelí con sede en Miami, con la IA el trabajo de edición de un libro -que suele demandar entre seis y dieciocho meses- podría llevar tan solo dos o tres semanas.

Entre las tareas que Spines ofrece a los autores hartos de ser rechazados por editoriales comerciales se incluye la edición del original, con sugerencias para corregirlo, diseñar la portada, maquetarlo y además distribuir el producto final en formato de libro electrónico o impresión bajo demanda. “Nuestra innovación está en el proceso de producción”, afirmó el director ejecutivo y cofundador de Spines, Yehuda Niv, al portal de noticias tecnológicas TechCrunch.

Spines cobraría a los autores entre 1500 y cinco mil dólares, y el ciento por ciento de las regalías por las ventas irían a los autores; estos tampoco tendrían que firmar contratos en los que ceden determinados derechos (a diferencia de lo que pasa con las editoriales comerciales).

Recientemente, la empresa tecnológica obtuvo 16 millones de dólares en una ronda de financiación. Desde su lanzamiento en 2021, ha publicado más de 1700 libros; en 2025, planea publicar más de ocho mil.

“Nuestro objetivo es empoderar a los autores”, dijo un representante de Spines al diario británico The Guardian. “El 99% de los autores son rechazados porque no son celebridades ni están relacionados con las personas adecuadas -agregó-. Esos autores decepcionados pueden pagar entre 10.000 y 50.000 dólares por publicar su libro u optar por la vía de la autopublicación, que requiere su experiencia en cada tarea, como diseñar la portada, promocionar el libro, etcétera. Este proceso puede llevar entre seis y dieciocho meses. Mediante el uso de la tecnología, Spines agiliza el proceso de publicación de un libro, lo que permite a los autores centrarse en lo que mejor saben hacer: escribir grandes historias”.

Desde Spines sostienen que estarían “nivelando el campo de juego” al darle la chance a cualquier persona que quiere convertirse en autor a publicar en menos de tres semanas y a un menor costo. “Nuestro objetivo es ayudar a un millón de autores a publicar sus libros utilizando la tecnología”, agregó.

En la Argentina, autopublicar un libro (con la asistencia de editores de carne y hueso) de más de doscientas páginas en una tirada reducida (de cien a trescientos ejemplares) puede costar entre $ 1.500.000 y tres millones de pesos.

“No estoy en contra de la autoedición -con determinadas condiciones-, lo que me parece mal es que se la promocione de forma poco transparente, ocultando los intereses en juego, los costos futuros, y quién está detrás de cada propuesta”, escribió en su blog el exeditor y agente literario Guillermo Schavelzon.

Muchos editores y escritores estadounidenses y británicos rechazaron la iniciativa en redes sociales como X y BlueSky, atribuyéndoles a los emprendedores de Spines ánimo lucrativo y desprecio por los libros.

“Queremos recomendar a los autores que piensen con mucho cuidado antes de comprometerse con cualquier contrato de colaboración con una empresa de autopublicación”, dijo Anna Ganley, directora ejecutiva de la Sociedad de Autores del Reino Unido.

“Es muy poco probable que se cumpla con lo que un autor espera lograr, es muy poco probable que sea su mejor camino hacia la publicación y, si también depende de sistemas de IA, sobran motivos para preocuparse por la falta de originalidad y calidad del servicio que se ofrece, incluso si hay garantías, que sospechamos que son poco probables, de que el sistema de IA en cuestión no se desarrolló utilizando contenido protegido por derechos de autor extraído ilegalmente”, agregó.

viernes, 6 de diciembre de 2024

El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires celebra el centenario del poeta y traductor José Luis Mangieri


Es el viernes que viene, en la librería El Jaúl, donde varios invitados van a recordar al factotum de La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme, de manera informal y amena, a partir de las 19 hs. La entrada es libre y gratuita. Los esperamos.

jueves, 5 de diciembre de 2024

Una mala cobertura periodística, probablemente mal traducida, de un proyecto interesante

La noticia data del 24 de abril de este año y fue publicada por El Abbas Tahri Joutey Hassani en Rue20 Español. Aquí se habla del trabajo del traductor marroquí Hassan Boutakka y su labor con el castellano de América y España.

"La traducción de la literatura es el mejor puente entre Marruecos, España y América Latina"

El profesor Hassan Boutakka, coordinador del Equipo de Traducción e Interculturalidad de la Universidad Hassan II de Casablanca, destacó el potencial de la traducción literaria para acercar culturas durante la presentación del libro Voces del Estrecho 2, ayer martes —23 de abril, Día Mundial del Libro—, en el Instituto Cervantes de Fez.

Boutakka, quien tiene una larga trayectoria traduciendo obras de la literatura española y latinoamericana al árabe, afirmó a Rue20 Español que «la poesía y la traducción de la literatura, en general, son el mejor puente entre Marruecos, España y América Latina».

Aludió a proyectos como la traducción de antologías de microrrelatos o libros de autores como José Hierro y Gonzalo Rojas, experiencias que «han permitido crear un diálogo con poetas de otros países».

Asimismo, el profesor señaló que estos trabajos de traducción literaria «tienen un impacto positivo en el desarrollo de las literaturas de los países y en el acercamiento entre intelectuales».

Destacó casos como jóvenes traductores que gracias a estos proyectos «se han colocado en la universidad» o trabajan ahora con editoriales.

Para Boutakka, pese a las voces críticas, «la traducción literaria es el mejor puente entre culturas y pueblos»; como demuestran sus propias experiencias al frente de diferentes iniciativas de acercamiento a través de la literatura hispánica, a cuya cabeza resalta Voces del Estrecho 2.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

"Sé que estoy poniendo menos esfuerzo en mis correos porque los programas están mejorando y hacen cada vez más lo que yo haría"

La siguiente es una entrevista publicada en El País, de Madrid, el 29 de noviembre pasado. En ella, Caio Ruvenal habla con la lingüista estadounidense Naomi Baron a propósito de la Inteligencia Artificial. En la bajada se lee:  "La investigadora de la American University lleva 40 años estudiando cómo cambia la comunicación humana, desde la llegada de los ordenadores hasta la irrupción de inteligencia artificial"


“Con la IA la forma de escribir será más simple y homogénea”

La lingüista Naomi Baron (Nueva York, 79 años) lleva cuatro décadas estudiando los cambios en la comunicación humana desde la aparición de los ordenadores. Nunca había estado tan alarmada como ahora, con el auge de los modelos de inteligencia artificial. A lo largo de 10 libros publicados y numerosos artículos científicos, ha documentado cómo las pantallas han transformado los hábitos de lectura, cómo los mensajes instantáneos han deformado el lenguaje y cómo el exceso de estímulos ha erosionado la capacidad de atención. Pero ahora cree que aquella tecnología que antes era un medio para alcanzar un objetivo se ha convertido, con su nueva capacidad de generación, en un fin en sí misma.

Profesora emérita de Lingüística en la American University y expresidenta de la Sociedad de Semióticos Americanos, Baron alerta en su último libro ¿Quién escribió esto? Cómo la inteligencia artificial y el atractivo de la eficiencia amenazan la escritura humana (2023) la manera en que las personas están cambiando sus expresiones a unas más directas, parecidas entre todos y que provocan mayor soledad. Poco después de participar una conferencia en la Casa del Lector del Matadero en Madrid, por el Festival Lecturalab 24, la académica reflexionó con EL PAÍS sobre estos desafíos.

–¿Cómo ha evolucionado la relación entre tecnología y comunicación en sus años de estudio?
–El primer cambio importante fue introducir la tecnología digital para leer y para buscar información que hasta ese momento se buscaba en la casa o en la librería. El cambio, tanto para niños como adultos, fue en el lugar donde leías. Es curioso que el número de periódicos impresos esté disminuyendo, pero los medios digitales siguen apareciendo. Algo similar pasa en el campo de la educación, solo se lee en digital, incluso los más pequeños, porque son libros más baratos.

–¿Existe alguna diferencia entre leer en digital o en papel?
–De acuerdo a varias investigaciones, incluida la mía, la lectura impresa tiene mejor comprensión que la digital, especialmente en textos más largos e informativos. Si le preguntas a la gente si se concentra, aprende o disfruta más leyendo en papel te dirán generalmente que sí, no todos, pero una gran mayoría. Incluso los estudiantes destacan las ventajas de lo impreso.

–¿Ha cambiado el panorama con la entrada de la inteligencia artificial?
–Lo que está pasando en el campo de la educación, al menos en los Estados Unidos, es que los estudiantes no hacen los deberes y usan ChatGPT u otros modelos extensos de lenguaje [tipo de inteligencia artificial que se entrena con enormes cantidades de texto para comprender y generar lenguaje humano]. Le hacen una o varias preguntas al ChatGPT y ya tienen un ensayo, tal vez lo editen un poco para que suene más a ellos o ponen algunos errores a propósito, porque los modelos extensos de lenguaje tienen muy buena gramática, mejor que la mayoría de nosotros.
Pero mi mayor preocupación, además de la escritura, es que estos modelos hacen buenas lecturas. Si quieres un resumen del Quijote, se lo pides, porque el texto de Cervantes está en su base de datos, te entrega un artículo y el estudiante ya no lee el libro. Además, puedes pedirle que lo compare con una obra de Shakespeare, que haga análisis o descripción de personajes, trabajos que pedimos que hagan los alumnos para que sean capaces de hacer eso por su cuenta, como lectores adultos. A medida que mejoren estas herramientas de inteligencia artificial, nuestro cerebro les delegará más trabajo.

–Además de al análisis y la lectura, ¿los modelos de lenguaje como ChatGPT pueden afectar a otras capacidades?
–La escritura. Y lo que más me inquieta es que ya se descuidaba antes de los modelos extensos de lenguaje. Demanda mucha energía revisar de forma profunda el trabajo de los alumnos, hacerles sugerencias, decirles lo que estaba bien y lo que no. Y a eso ahora le sumas que los alumnos se lo piden a ChatGPT. El problema es que si no pones en práctica tu escritura, al igual que los idiomas, decae.
El programa Grammarly, ya insertado en ChatGPT 4.0, te ofrece si quieres un texto más informal o académico y el Microsoft Editor te dice que puedes ser más conciso y decir la misma idea en menos palabras. Si estás seguro de lo que quieres decir, ignoras las recomendaciones, pero si eres alguien quien no tiene tanta confianza en su redacción, las aceptarás. Algunos dicen que es como un profesor de gramática que te hace amigables recomendaciones, pero siempre son las mismas. Nuestra forma de escribir se volverá más simple, menos interesante y más homogénea.

–¿Ese cambio ya está sucediendo o sucederá?
–Ya le está pasando a mi escritura. Empiezo a escribir un correo y la sugerencia de palabras y el autorrelleno me dicen cuáles serán mis próximas tres palabras. Cuando le estoy escribiendo a un amigo digo “no, tengo maneras más interesantes o personales de decir esto y porque es mi amigo, merece el tiempo que me tome para escribirle”. Sé que estoy poniendo menos esfuerzo en mis correos porque los programas están mejorando y hacen cada vez más lo que yo haría. Es preocupante porque gran parte de nuestra comunicación con la gente que nos importa ya se hace por escrito, y si ahora ni siquiera soy yo la que escribe, mis conexiones personales se deterioran. Una de las herramientas de Microsoft permite responder un correo electrónico sin que lo haya leído, porque la IA lo revisa y responde por mí, ya que tiene en su banco de datos todos los correos que envié.

–Su uso, sin embargo, está cada vez más normalizado en la literatura. ¿Puede reemplazar al campo más creativo y artístico?
–No está escribiendo libros tan buenos como lo haría un reconocido autor, los hace planos y simples. Y la razón por lo que algunos libros se siguen leyendo 200 años después es porque justamente hay algo muy personal, muy humano en ellos. Pero sí hay una gran cantidad de libros escritos por inteligencia artificial que se venden en Amazon, que, de hecho, está limitando el número de libros que se pueden publicar por día porque ¿quién puede escribir 10 títulos en un día? Las personas que se ganan la vida vendiendo libros de romance o ciencia ficción están utilizando cada vez más inteligencia artificial para escribirlos. No serán clásicos instantáneos, pero hay gente que hace dinero con ellos.
Es más evidente en otros campos, como en el periodismo. Algunos periódicos en Estados Unidos están empezando a colocar aclaraciones como “esto fue escrito por una inteligencia artificial” o “esto fue escrito con ayuda de la inteligencia artificial”. Y es muy difícil encontrar la diferencia con las otras piezas cortas escritas por periodistas humanos.

–¿Cómo debería el sistema educativo adaptarse a esta nueva realidad?
–Aún no lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí tenemos claro es que hay que evitar programas que den respuestas, que te ofrezcan hacer un resumen o un análisis crítico, como el Google NotebookLM. Con eso, el estudiante no está ni leyendo ni pensando. Ahora, ¿cómo evitamos que los alumnos las usen? No sabemos controlarlo, al igual que no podíamos controlar que los alumnos cambien sus nombres por el de sus compañeros en los exámenes. Tenemos que pensar más en dar tareas con un verdadero significado, qué encargarles para que realmente quieran leer, pensar y recibir comentarios.

martes, 3 de diciembre de 2024

Una entrevista con Barbara Epler, la directora editorial de la casa estadounidense New Directions

Andrea Calamari
entrevistó para la revista Jot Down a Barbara Epler, la presidente y directora editorial de la prestigiosa editorial estadounidense New Directions. En la charla aparece el tema de la traducción y se habla de los autores de lengua castellanada traducidos al inglés.

"Gran parte de lo que está mal con las grandes editoriales no es culpa de los editores, el departamento de marketing manda"

Desde hace más de ochenta años, la editorial New Directions está a la vanguardia en el mercado literario norteamericano con la publicación de poesía y ficción en inglés pero, ante todo, con las traducciones de la mejor literatura mundial.

Fundada en 1936 por el elegante y millonario poeta James Laughlin, amante de la literatura modernista y amigo de escritores de la talla de Ezra Pound, Gertrude Stein y Williams Carlos Williams, esta casa editorial cambió radicalmente el modo de leer en Estados Unidos. Jorge Luis Borges, W. G. Sebald, Elías Canetti, Robert Walser, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Roberto Bolaño, Clarice Lispector y cientos de autores de distintas partes del mundo llegaron a mediados del siglo pasado y desde entonces a los lectores angloparlantes gracias a la visión, el riesgo y la experimentación de James Laughlin (JL, como lo llama nuestra entrevistada).

Barbara Epler es la actual presidenta y directora editorial de la neoyorquina New Directions y estuvo en Marrakech para la entrega del Prix Formentor 2024 al escritor húngaro László Krasznahorkai, como su editora en inglés. Aprovechamos una pausa en el mediodía marroquí para conversar sobre libros, traducciones, gustos y riesgos del mundo editorial estadounidense y de las posibilidades de mantener el legado y la misión de un hombre que avanzó más allá de lo seguro y apostó por una literatura universalista.

Editar libros es un arte repleto de desafíos y cada fragmento de mundo aporta los propios. ¿Cómo se moldea un público lector? ¿Cómo se instalan autores cuyos nombres parecen impronunciables? ¿Cómo se atraviesa el umbral de la aldea cerrada hacia el vasto universo? Algunas de estas respuestas están en el catálogo de New Directions, una editorial relativamente pequeña centrada principalmente en literatura traducida, poesía y ficción no convencional.

–Me gustaría empezar a conversar acerca de tu historia y cómo has llegado al mundo de la edición. Estudiaste en Harvard, ¿verdad?
–Sí, estudié en Harvard. Hace mucho tiempo, ya.

–¿Cómo fue tu formación?
–Hice Historia de la literatura americana y británica del siglo XX porque soy muy mala con otros idiomas. Estudié francés cinco años durante la escuela secundaria pero yo era horrible. ¡Horrible! Así que es bastante gracioso que tenga este trabajo, es como una comedia. Nosotros, en New Directions, editamos mucha poesía en inglés y, también, algo de excelente ficción, no son solo traducciones. Pero claro, la ficción traducida es alrededor del ochenta por ciento de lo que publicamos.

–Ochenta por ciento, ¡es un montón!
–Sí, y es divertido.

–Cuando estabas en la universidad, ¿qué imaginabas hacer en el futuro?, ¿qué proyectabas para tu vida profesional?
–Mis padres enseñaban en la escuela secundaria, eran profesores y eso es lo que yo imaginaba ser. Iba a una de esas universidades que eran una especie de fiesta para los estudiantes; era divertida y no competías, al menos si estabas en humanidades, y todos te trataban con amabilidad o de forma muy sutil. Me imagino que si hubiera estudiado medicina o negocios, tal vez hubiera sido diferente, pero nada de eso era así entonces para mí. Y comencé a realizar cursos de posgrado porque pensé que eso era lo que iba a hacer: enseñar literatura. Esos cursos fueron grandes errores (risas). ¡Fueron realmente malos! Eran muy básicos y te daban una visión general de la historia de Estados Unidos… Aunque también es cierto que mis profesores eran muy dulces y querían reunirse conmigo para que me quedara, eran muy agradables, en particular David Herbert Donald, un sureño de edad avanzada, un hombre muy pequeño. Recuerdo que se paró en uno de esos grandes anfiteatros elegantes, miró hacia arriba y vio que todos eran, en su mayoría, de clase media, unos niños mimados. Nos miró a todos y nos dijo «siento lástima por todos ustedes». Fue genial y me gustó desde ese momento porque, a su manera, era una especie de comediante y también un hombre muy dulce. Así que nos dijo «lo siento por ustedes» (risas).

–Y después de aquello, ¿cómo fue que llegaste a New Directions?
–Yo quería quedarme a vivir allí y no regresar a Columbia con mis padres. Eran los primeros años de los ochenta —me gradué en el 84— y la ciudad era bastante peligrosa. Mis padres buscaban algo más seguro y estable, pero yo siempre había soñado con vivir en Nueva York, así que les dije: «voy a hacerlo». Sabía que nunca iba a volver y que se enojarían mucho, así que pensé que necesitaría un trabajo, algo como ser editora. No tenía idea de lo que implicaba, pero en la universidad leía una revista literaria y pensé que sería fácil. «Sí, es un trabajo sencillo», pensé, «¿qué dificultad puede haber para conseguir algo así?». Y en aquella época, no sé si los hombres pasaban por eso, pero las mujeres teníamos que saber escribir a máquina, y yo no tenía ni idea de cómo hacerlo (risas). En la escuela secundaria se ofrecían clases prácticas como economía doméstica o mecanografía, pero yo elegí otros talleres, y luego me encontré con que no podía conseguir trabajo, literalmente, porque no sabía mecanografiar. Así que, sin empleo, decidí escribir a mis editores favoritos, aquellos que publicaban los libros que yo leía. Envié cartas a varias editoriales, tanto grandes como pequeñas, pero ninguna me respondió. La única que lo hizo fue Griselda Ohannessian.

–¿Ella trabajaba en New Directions?
–Sí, era la directora. Así que, cuando le escribí, me respondió, y fue muy gracioso porque me envió una carta con una papelería de lo más anticuada. Era una página entera donde me decía que, como no tenía experiencia en edición, tendría que hacer un montón de tareas básicas, todo el trabajo de «cocina»…

–¿Trabajo de cocina?
–¡Sí! Y también: «tendrás que hacer fotocopias, ponerte muchos sombreros y contestar el teléfono». Así que leí esa carta larguísima y tan extraña, con su firma, Griselda Ohannessian —un nombre muy inusual en América, de origen armenio—, y pensé que debía de ser una broma. Dejé la carta de lado, pero luego hablé con mi madre, que me dijo que necesitaba el trabajo, así que, una semana después, llamé para preguntar si el puesto seguía disponible. Griselda me contestó: «¿Puedes venir esta tarde?». Yo vivía en el Lower East Side, y tuve que pedir prestada una blusa decente porque todo lo que tenía estaba sucio o no era presentable; en realidad, vivíamos como hippies. Fui y ella me recibió preguntando: «¿Qué te pareció mi carta?». «Horrible», le dije, y se echó a reír. Nos sentamos, conversamos, y todo resultó ser más sencillo de lo que parecía en su carta.
Pero aún faltaba la prueba de mecanografía, en una máquina eléctrica donde no podías equivocarte, y tenías quince minutos. Al rato, ella vino a ver y yo aún no había terminado; volvió diez minutos después y luego otra vez, pero la situación no mejoraba. Entonces, tomó el papel, lo dobló por la mitad y me dijo: «Está bien, ya hiciste la prueba. Vamos a conocer a todos». Me llevó a dar una vuelta por la oficina, luego me acompañó al ascensor, me explicó que estaban entrevistando a otros y que me llamaría la semana siguiente. Justo antes de que se cerrara la puerta, asomó la cabeza y dijo: «Tienes el trabajo». Esa no es la forma habitual de actuar de la gente; es que ella no era una persona común en absoluto, era una mujer excepcional.

–En ese momento ella era la editora pero también conociste a James Laughlin, el mítico dueño y fundador de la editorial. ¿Cómo era él?
–JL era un hombre excepcional, muy amable e increíblemente inteligente. Hay una historia sobre el día en que lo conocí. No todo el mundo lo sabía, aunque él era muy abierto al respecto: padecía una enfermedad mental, era bipolar, algo que se repetía mucho en su familia, donde hubo varios suicidios. Trabajó duramente, y es impresionante todo lo que logró. Como te decía, cuando lo conocí, él tomaba litio; era un hombre muy apuesto, alto, elegante, amable, pero algo distante. Luego cambió bastante. Tras tres años de trabajar allí, él ya era otro, muy diferente desde que descubrieron el Prozac. Empezó a tomarlo, y entonces era mucho más feliz; se convirtió en un hombre bromista.

–¿Él fue un jefe o una clase de mentor para ti?
–En realidad no era un jefe porque era Griselda quien llevaba las riendas. Él era el dueño y tomaba las decisiones finales.

–La historia de James Laughlin es muy interesante. Creó New Directions, también era poeta y amigo de grandes personalidades de la literatura, como Tennessee Williams.
–Sí, eran muy buenos amigos. Se conocieron antes de que Williams fuera famoso y luego su obra comenzó a ser publicada y sus libros se convirtieron en los más exitosos de nuestro catálogo.

–Incluso ahora, ¿no?
–Sí, prácticamente toda su obra. Bueno, todos los estudiantes de escuela secundaria en Estados Unidos tienen que leer en su último año Un tranvía llamado deseo, así que es el libro con el que podemos contar siempre porque se vende todo el tiempo. Se venden cientos de miles de ejemplares al año, así como de otros libros, Borges, por ejemplo, pero el que más se vende siempre es Tennessee Williams… Y hay otra cosa más sobre JL acerca de lo que me preguntabas sobre si era un mentor. Él murió cuando yo ya llevaba trece años en la editorial pero no lo veía todo el tiempo porque él no estaba mucho en Nueva York, lo que sí es cierto es que él tenía cierto instinto con lo que le gustaba, como por ejemplo cuando descubrió a W. G. Sebald.

–En The New Yorker hablan de New Directions como una casa editorial experimental. ¿Crees que es correcta esta caracterización? ¿Así la concibió Laughlin?
–Cuando JL era alumno en un internado, tuvo como mentor a Dudley Fitts, un profesor, crítico, poeta y traductor que estaba al tanto de la poesía moderna y conocía a figuras como Gertrude Stein y Ezra Pound. JL encontraba fascinante esta poesía. Luego fue a estudiar a Harvard, donde todo le pareció muy anticuado: no enseñaban a los poetas modernos, y así empezó a formarse en él la idea de que en Estados Unidos la literatura de vanguardia estaba desatendida. Finalmente dejó la universidad, viajó a Europa y estudió con Ezra Pound, lo que lo expuso a todo aquel mundo. Pound, al conocerlo, pensó: «Sí, es inteligente, pero no es un gran poeta» y le dijo algo como: «No se pueden hacer dos cosas útiles. Puedes asesinar al crítico del Saturday Post al que no le gustó tu trabajo, o puedes fundar una editorial con buenos escritores. Yo te conectaré con todos los nuevos». JL eligió la segunda opción y contaba con el dinero para hacerlo. Así, fundó su editorial con la misión de ser un foro para los experimentos literarios posibles en poesía y ficción.
En aquella época, Tennessee Williams era visto como radical —obras como El zoo de cristal o Un tranvía llamado deseo rompieron con el teatro rígido y esquemático de entonces. Arthur Miller, muy generoso, dijo sobre Tennessee: «Plantó la bandera de la belleza en las orillas del teatro comercial». Borges y Lorca eran considerados «freak shows» en su momento, pero ahora son parte del canon. JL quiso descubrir ese tipo de talento antes que nadie; admiró a Anne Carson desde muy temprano. Fue poco después de cambiar de medicación, cuando estaba particularmente entusiasmado por descubrir nuevos poetas. JL identificó a una nueva generación, imaginando lo que seguiría tras los poetas de ochenta o noventa años; lo vio antes que nadie.

–Has estado en New Directions durante cuarenta años y durante todo ese tiempo la editorial se puedo mantener cercana al espíritu independiente con el que fue creada. ¿Cómo has podido hacerlo?
–JL despreciaba las editoriales corporativas, pensaba que ese no era un lugar para escritores y redactó un testamento muy tempranamente, creo que en la década de 1970, en el que fijó las condiciones para la dirección editorial tras su muerte. Hizo un fideicomiso de propiedad cuyos términos eran nadar o hundirse: no podríamos comprarnos ni vendernos legalmente y estipuló que si fallábamos, si aún fallamos ahora, los empleados recibirían su salario por tres meses, las oficinas cerrarían y todos los derechos de autor serían devueltos a los autores. Él se aseguró de que seguiríamos con el espíritu inicial centrado en la experimentación y la novedad y lo seguimos haciendo. Es algo maravilloso aunque no sea exactamente igual. No siempre vamos a encontrar a un Borges pero aun así hay grandes escritores. ¡Están por todos lados! Pero son difíciles de encontrar, si puedes permitírtelo, y para eso tienes que ser rápido. Es difícil, pero es genial. Es divertido.

–Acerca de la literatura originalmente escrita es español, ustedes han publicado a Borges, Vila Matas, Javier Marías, García Lorca, Roberto Bolaño…
–Ya no. Bolaño ya no. El agente se ha ido.

–¿Por qué?
–Más dinero. Es así. Bueno, también tenemos a César Aira, a la poeta Alejandra Pizarnik, Fernando Vallejo, Fernanda Melchor, de México y Liliana Colanzi, de Bolivia… Son muchos y eso porque tenemos un poder secreto y es un gran traductor: Chris Andrews. Es un excelente traductor, muy inteligente, y ha realizado muchos estudios sobre traducción; ahora se ha retirado como profesor. Esto es genial porque siempre le estaba pidiendo que leyera cosas, y ahora recibe un pago trimestral, así que podemos enviarle tantos libros como queramos. Nos resulta muy útil, ya que recibimos muchos libros en español. El español es, después del inglés, el idioma más hablado en Estados Unidos, así que tenemos una gran audiencia de lectores. Nuestros traductores también leen y nos ayudan con recomendaciones de todas partes, y recibimos rutinariamente muestras de traducción, lo cual facilita el proceso. Sin embargo, hay que tener cuidado, ya que las traducciones de muestra no siempre son de buena calidad. Debes ser muy cuidadoso, pero también es un sistema excelente. Los agentes son muy activos, ¡son realmente audaces! A veces siento que me estoy perdiendo muchas oportunidades, ya que también necesitas un buen apoyo para gestionar las traducciones.

–Las traducciones son costosas. ¿Reciben apoyo?
–Recibimos apoyo de algunos gobiernos, y es necesario porque tenemos fines de lucro, también hay mucha gente hace muchas traducciones u otro modelo corporativo sin fines de lucro, pero nosotros no podemos. Necesitamos ganar dinero.

–¿Hay algún país latinoamericano con el que trabajan más cercanamente?
–Bueno, México. No tenemos autores venezolanos, por ejemplo, y trabajamos bien con Brasil. No es literatura en español pero trabajamos mucho con ellos porque hacemos todo lo de Clarice Lispector. Ella estuvo siempre en New Directions. Yo pensaba que nuestras traducciones eran buenas, pero hace unos diez o doce años, Benjamin Moser publicó una biografía sobre ella. Lo conocía como crítico, así que fui a la presentación de su libro, y él me invitó a tomar algo. Nos sentamos, y me dijo: «Tus traducciones de Clarice Lispector están todas mal, la simplifican; su escritura es radical y está realmente arruinada, puedo mostrártelo». En ese momento, me hizo una traducción del inicio de The Hour of the Star, mi libro favorito de ella, y me mostró la diferencia con las versiones que teníamos, hechas en los años setenta. Decidimos cambiar de traductor, y Clarice pasó de estar en el top 100 de nuestro catálogo al top 10. Ahora está en todas las librerías y ya no está limitada a ser leída solo en estudios universitarios.

–¿Cómo se conforma un público lector para un autor desconocido que no escribe en inglés?
–Con Clarice los lectores se emocionan con ella. (Susurra:) nuestra audiencia no es tan grande. Pero alguien como Clarice está en las ventas ahora entre las decenas de miles y no entre los cientos, entonces está llegando a todos estos lectores. Voy a decir una frase tonta, pero es verdad: muchos de nuestros escritores son escritores de escritores. Son personas con las que otros escritores se obsesionan y, por suerte, hablan mucho de lo que leen y eso va formando un público lector..

–¿Crees que New Directions ha contribuido a formar en Estados Unidos una comunidad de lectores de traducciones?
–Creo que somos simplemente una parte de algo más grande, que se ha ido desarrollando con el tiempo, en el sentido de que en el pasado había mucha menos traducción. Ahora hay muchas editoriales pequeñas y buenas que no existían en aquel entonces, cuando comenzó New Directions. Sí, las editoriales pequeñas son muy inteligentes y rápidas y las corporativas son lentas. En aquel primer momento fue única, en los años 40 y 50, era súper icónica y hasta había chistes al respecto: si quieres ligar con una chica seria, tienes que llevar contigo un libro de New Directions.

–¿Cómo ha cambiado el mundo de las traducciones desde que tú comenzaste hasta ahora?
–Muchísimo. Hay muchas más traducciones ahora, aunque la participación en el mercado no parece haber cambiado tanto. Según una especie de encuesta reciente, en Estados Unidos menos del 3% de los libros son traducidos, y, lamentablemente, ese porcentaje incluye manuales técnicos, libros que no son literatura, como manuales japoneses sobre cómo manejar computadoras japonesas o cosas similares, así que el porcentaje es muy bajo. Aun así, la aparición de pequeñas editoriales que hacen traducciones excelentes ha sido significativa, e incluso las grandes casas editoriales han empezado a notar que las traducciones pueden ser rentables. Gran parte de lo que falla en las editoriales grandes no es culpa de los editores; sé que en Estados Unidos hay editores muy inteligentes, pero el departamento de marketing manda y dice cosas como: «¿Cómo vamos a vender esto si ni siquiera podemos pronunciar el nombre del autor?». Es, literalmente, así. Sé que el cambio es real. Hace quince años, una compradora en Barnes & Noble llegó a decir públicamente: «No creo en la traducción», como si no tuvieras una Biblia en casa o nunca hubieras leído La guerra y la paz o Madame Bovary. Increíble. En todo caso, nuestros libros siempre han estado en los estantes: Borges estaba allí, Tennessee Williams estaba allí, Dylan Thomas estaba allí, y se vendían y se siguen vendiendo. Además, en distintas épocas, surgen tendencias, como la actual, que favorece a las escritoras japonesas.

–Te he escuchado decir en una entrevista que Estados Unidos tiende a ser parroquial y que por eso no se expande la literatura originalmente escrita en otros idiomas.
–Una parte importante del país, que es realmente importante, algo así como un diez por ciento de la gente, regularmente compra ficción. Sí, tal vez sea ese porcentaje y, de esa cantidad, una parte importante está interesada en aprender sobre el mundo. No hay muchos, pero son compradores habituales, compran muchos libros y están muy involucrados, incluso comprarán nuestros libros, ¡y tenemos tantos! Hay una estadística realmente espantosa, muy triste, y es la misma cantidad: el cincuenta por ciento de los estadounidenses no vota y el cincuenta por ciento de los estadounidenses no ha estado nunca en una librería. La mitad está fuera. Somos un país realmente jodido. Es muy triste, y que Trump sea considerado siquiera votable es increíble. Es como si me alegrara de que mi padres estuvieran muertos, morirían de nuevo si vieran así a su país. Eran verdaderos patriotas, demócratas, pero no eran de izquierdas ni nada por el estilo, simplemente creían en la Constitución. Es trágico, todo esto es trágico… De todos modos, aunque no es una gran cantidad de personas la que compra nuestros libros, es suficiente para que podamos seguir adelante. Es divertido y es algo que realmente funciona y ayuda.

–Hablando del arte y el oficio de editar libros, ¿cuál es la relación o el balance necesario entre los negocios y el gusto? Me refiero a tu gusto como editora.
–Nuestro gusto. Tanto el mío como el de mis colegas, que son increíbles y nos ha ido muy bien consiguiendo cazadores de trufas, yo los llamo así, o buscadores de conejos. Son personas jóvenes, tienen entre treinta y veinte años, que salen y algunos de ellos siempre traen a casa posibles conejos.

–¿Cuántas personas trabajan en la editorial?
–Ahora somos once personas y media, porque nuestro editor de poesía es un gran poeta lobo (solitario y autodidacta). Traduce y trabaja a partir de sus reseñas, pero vive en el mundo de la poesía y nos ayuda muchísimo. Amo a mis poetas. Aun así, tenemos que asegurarnos de que lo que queremos lo tengamos. No cavamos demasiados hoyos, pero tampoco queremos perder a nuestros autores, así que simplemente invertimos en ellos. Hay momentos en que queremos continuar con un autor, pero llega un punto en que sus libros dejan de venderse, y tenemos que decir: lo sentimos. No contamos con demasiados recursos, y por eso nunca, o casi nunca, publicamos a alguien que no sea realmente bueno. La teoría es que, si la mitad de los libros no pierden dinero, estamos bien, y hay una cierta cantidad de libros que no generarán pérdidas, pero son poetas. Creemos que debemos publicarlos porque es una oportunidad y estamos asumiendo el riesgo con un autor desconocido. Y luego está la otra mitad… Ahí es cuando empiezas a notar conexiones, como con Jenny Erpenbeck, que ganó el Booker; sus primeros libros con nosotros fueron hace veinte años, y vendieron apenas mil copias, pero ahora vende cuarenta mil. Lo mismo pasa con Yoko Tawada, que vende miles de copias.

–Ella es increíble. Escribe en japonés y alemán, dos traductores, ¿no?
–Tenemos al menos dos traductores. Es increíble ver casos como el de Fleur Jaeggy, que antes vendía poco y ahora es tan reconocida como Clarice Lispector. Solo necesitas una cierta cantidad de libros y, con algo de suerte, algunos comienzan a tener éxito gracias a los títulos que ya están en el catálogo. No es fácil; incluso tuve situaciones difíciles como durante el COVID, cuando dependimos de los préstamos sin intereses que ofreció el gobierno para poder mantener a los empleados. Mientras no despidieras a nadie, podías salir adelante. No sabía de dónde saldría el dinero, con el impacto que tuvo en las librerías, y fue aterrador; pero resultó que la gente leía más, y mis temores no se hicieron realidad. Había un libro japonés en nuestro catálogo —normalmente tenemos entre mil y mil doscientos títulos activos, que suelen vender unas quinientas copias al año— que se puso de moda en TikTok. Se trata de No Longer Human, de Osamu Dazai. ¡Me encantan los autores japoneses! Este libro se hizo popular entre los jóvenes en TikTok y llegamos a vender cuatrocientas cincuenta y cinco mil copias. Nunca habíamos vendido nada de esa magnitud, y es un título que JL publicó a principios de los años 50. Aunque ahora las ventas han bajado, tratamos de aprovechar ese dinero para generar más ingresos, realizar nuevos proyectos y evitar sacar dinero de la empresa; normalmente lo reinvertimos o lo destinamos a los empleados, buscando así reducir impuestos sobre ganancias.

–Es increíble cómo una moda en una red social puede influir tanto en el movimiento del mercado o producir cambios tan significativos en las cifras de ventas de una editorial. Y con respecto a Amazon, ¿es importante para ustedes?
–Amazon representa, de lejos, nuestra mayor cantidad de ventas. Para bien o para mal (risas).

–¿Los necesitan?
–Sí, totalmente. No sé si es la mitad de nuestras ventas, pero quizás sí un tercio… Entre un tercio y la mitad de lo que vendemos es a través de Amazon. No podríamos hacerlo sin eso.

–Pero las librerías son importantes también, ¿no?
–Las librerías independientes son nuestros mejores amigos. Pasamos el tiempo con ellos, nos gusta conocerlos porque tienen cosas muy importantes para la comunidad. La gente ama a sus librerías independientes, a las que sobrevivieron a la pandemia, claro. Son como nosotros.

–¿Suelen hacer presentaciones en las librerías norteamericanas con los autores extranjeros?
–Sí, cuando llegan al país, sí lo hacemos. Les pedimos que hagan una lectura pública, pero claro, eso hasta donde toleren los autores.

–Por último, ¿qué es lo próximo que editará New Directions de autores que escriben en español?
–Ahora tenemos The abyss, de Fernando Vallejo, algo nuevo de César Aira y de Gabriela Cabezón Cámara, su último libro (Las niñas del naranjel) es muy interesante sobre un personaje que comienza en un convento y su relación con los animales y la gente. También publicaremos a Ariana Harwicz y a una joven escritora muy interesante Malén Denis, es argentina, vive en Queens pero escribe en español. También está por salir algo de Alejandra Pizarnik y vamos a reeditar A certain Lucas de Julio Cortázar y estamos preparando Five by Aira, un quinteto de César Aira, un escritor que tanto amamos y nos llevará al punto de tener veintiún libros publicados de él: es como si estuviéramos reflejando el modo narrativo semi loco de su «huida hacia adelante». Espero no olvidar ningún nombre, esto es en lo que estamos trabajando ahora con la literatura en español.

lunes, 2 de diciembre de 2024

La querida Griselda Mársico en el SPET

En el próximo encuentro, séptima y última sesión de nuestro ciclo en celebración de los 20 años del SPET, conversaremos con Griselda Mársico, para seguir debatiendo sobre el tema: "Investigación en traducción y compromiso"

¿Qué hacemos cuando, además de investigar, traducimos, formamos traductorxs (e) investigadorxs, editamos, participamos de un colectivo artístico, político o cultural, gestionamos, escribimos, diseñamos políticas académicas? ¿Qué hacemos cuando nuestras investigaciones buscan o resultan en alguna forma de transformación o en un cambio de punto de vista respecto de la traducción y/o lxs traductorxs? ¿Qué reflexiones guían, o son guiadas por, estas prácticas?

Tras la exposición de nuestra invitada, realizaremos el cierre del ciclo.

La sesión se llevará a cabo el miércoles 4 de diciembre a las 18:30 (hora argentina), en el Laboratorio 1 del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” (Carlos Pellegrini 1515, CABA). También se podrá participar por videoconferencia, en el siguiente link: https://meet.google.com/xwx-qidp-wvg. Les agradecemos que confirmen asistencia.

Griselda Mársico
es doctora en Literatura (UBA), licenciada en Letras (UBA) y Profesora en Alemán (Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”). Ex docente del Lenguas Vivas, ex editora de la revista Lenguas V;vas y ex coordinadora del Seminario Permanente de Estudios de Traducción, es investigadora especializada en historia de la traducción argentina y de los intercambios intelectuales entre Argentina y Alemania durante el siglo XX. Traduce en el área de las CHS para diversas editoriales argentinas. Actualmente coordina el grupo que organiza el legado de la traductora María Lilia Mosconi en el marco del SPET.

Lecturas sugeridas
Mársico, Griselda (2021). “La colección de Estudios Alemanes: un hecho editorial muy citado pero poco estudiado. Aproximación descriptiva e histórica” y “Anexo 5”. En: Los Estudios Alemanes en las editoriales Sur y Sudamericana (1965-1974). Un dispositivo de importación de ideas e intervención intelectual. Tesis de doctorado, Universidad de Buenos Aires, pp. 85-139 y pp. 293-298 respectivamente. Disponible en: http://repositorio.filo.uba.ar/handle/filodigital/16187

Payàs, Gertrudis (2010). “Historia de la traducción: cuestiones disciplinares”. En: El revés del tapiz. Traducción y discurso de identidad en la Nueva España (1521-1821). Madrid: Vervuert/ Iberoamericana, pp. 43-52.

Pueden solicitarnos esta última lectura sugerida por mail.