miércoles, 13 de junio de 2012

¡Calla, merluzo!

El diario La Nación, de Buenos Aires, el 10 de junio pasado publicó el siguiente artículo de la escritora y traductora Mori Ponsowy a propósito de ciertas traducciones españolas que publica la muy hispánica Anagrama. Se trata de un ejemplo perfecto del tipo de problema que suelen presentar ciertos textos que, traducidos, viajan mal de una parte del Atlántico a la otra. Si no, vean la reacción de Raymond Carver en la foto.

Es hora de que empecemos a exigir
   
 Raymond Carver fue uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX. Nacido en el seno de una familia de pocos recursos, empezó a escribir a los veinte años cuando se anotó en un seminario de escritura creativa dictado por John Gardner. Dedicó los siguientes diez años de su vida a escribir y a emborracharse, mientras se ganaba la vida cosechando rabanitos, barriendo pisos en los hospitales y serruchando madera. Su primer libro de cuentos le trajo fama casi instantáneamente, y los que le siguieron no hicieron sino acrecentarla. Su estilo preciso y despojado marcó toda una época. Su obra ha sido traducida a veintidós idiomas y ha recibido el reconocimiento de los lectores a lo largo y ancho del planeta.

Hace poco, preparando un curso sobre Carver, se me ocurrió revisar la traducción al castellano de los cuentos que íbamos a comentar. Aquellos de mis alumnos que sabían inglés iban a leerlos en su idioma original, mientras que los otros lo harían en una traducción publicada por la prestigiosa editorial Anagrama. Cuando empecé a leer el primer cuento en castellano no podía creer lo que veía. Es común que los lectores de América latina nos quejemos de que muchas de las traducciones que vienen de España estén plagadas de localismos que incomodan en la lectura. Leer a Carver y toparse con que un personaje del medio oeste norteamericano dice ¡hala!, ¡merluzo! o ¡jolines! es como para ponerse de mal humor. Pero lo que yo veía ahí era muchísimo peor que trastabillar con esas expresiones castizas. Lo que estaba viendo era, simple y llanamente, una violación al autor. El traductor había decidido modificar a Carver: cambiarle el estilo, poner adjetivos donde Carver no había puesto ninguno, exclamaciones donde Carver había elegido puntos, sonrisas donde Carver había preferido caras de póquer.

El estilo minimalista de Carver se caracteriza por una gran economía en el lenguaje: pocos adjetivos y adverbios, descripciones escuetas y escasas, una prosa precisa, despojada de ornamentos, presencia nula del autor y precisión y frialdad de cirujano. Pero por lo visto a ese traductor el minimalismo no le gusta y se le antojó hacerlo menos mínimo. Uno de los cuentos más famosos de Carver se llama “De qué hablamos cuando hablamos de amor”. Dos parejas (Mel y Terri, Nick y Laura) pasan la tarde en una cocina, tomando ginebra y hablando sobre el amor. El cuento es prácticamente puro diálogo, de principio a fin, y cada vez que uno de los personajes dice algo, Carver escribe: "Mel dijo" o "Laura dijo". Nunca describe de qué manera se expresó el personaje, qué gesto puso al hablar, sino que simplemente dice dijo una y otra vez. Y, bien, se ve que al traductor eso no le pareció correcto y decidió agregarle emociones a los personajes, aclarando de qué manera hablaba cada quien. Así, donde Carver escribió "dijo Terri", él tradujo "protestó Terri"; donde Carver escribió "dijo Mel", él tradujo "saltó Mel" y, así sucesivamente, inundando ese cuento despojado con miles de "sonrió Terri", "regañó Terri", "saltó Laura", "redondeó Mel", "corrigió Terri", "exclamó Mel".

Anonadada por semejante falta de escrúpulos por parte del traductor, busqué su nombre en Internet y me enteré de que también es el traductor de Truman Capote, Richard Ford, Ian McEwan y Graham Swift. Me quedé estupefacta. ¿Es que en la editorial nadie coteja las traducciones con el original? ¿Es que a los traductores no se les pide respetar el estilo original del autor? Seguí buscando en Internet y me topé con el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, en donde ese mismo traductor había participado en una discusión. Me bastó leer su comentario para entender cuál es su filosofía a la hora de traducir. Lo cito y les juro que uso sus palabras textuales: "Yo sí soy de Bilbao, y, por tanto, cuando pongo en boca palabras a personajes de autores norteamericanos e ingleses, les pongo las palabras que se me salen de los cojones."

La jerarquía de fidelidades establecida por cada traductor es su filosofía a la hora de trabajar. Hay quienes priorizan el significado literal de las palabras, su poder evocativo, o su música. Nunca se me ocurrió que habría quien priorizara sus cojones. ¡Qué poco respeto al autor! ¡Qué poco amor a la verdad! Es una lástima que ese señor sea traductor. Pero, con esa filosofía, menos mal que no fue cirujano, por ejemplo. O político. Aunque, pensándolo bien, siempre sobran políticos fieles a ese estilo. Uno los elige por lo que prometen. Y después hacen lo que se les antoja. Quizá las editoriales y, sobre todo, las naciones, deberían tener mecanismos de supervisión para evitar que pasen esas cosas. En democracia eso se llama separación de poderes y acceso a la información pública. Lectores y ciudadanos haríamos bien si empezamos a exigirlos.

17 comentarios:

  1. Curiosamente, hace pocos días terminé la novela de Carver "De qué hablamos cuando hablamos de amor", publicada por Anagrama España. Y tres novelas del gran Ian McEwan, "Expiación", "El placer del viajero" y "Solar". Me impresionó lo bien traducida que estaba "Expiación", (por Jaime Zulaika). "El placer del viajero", publicada años atrás, en la época en que no se citaba el copyright del traductor, me pareció que dejaba en cambio mucho que desear en su traducción. "Solar", también traducida por Zulaika, me pareció excelente. Son novelas muchísimo más difíciles de traducir que las de Carver, por los campos del saber y vocabulario que abarcan. Aunque también sea difícil, como propones, traducir lo sucinto, lo conciso, los diálogos mínimos de Carver.
    "De qué hablamos..." de Carver espero releerla en inglés, muy pronto, y entonces podré comentar. En principio no me "rechinó" la traducción, y aprecié lo que me habían comentado de la escritura minimalista del autor...

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  2. Estimada Amparo:
    Los problemas que aparentemente tienen lugar con las traducciones de uno u otro lado del Atlántico tienen al menos tres instancias. La primera es comercial y poco tiene que ver con cuestiones intrínsecas de la lengua: los derechos se compran para todo el castellano (es la lógica que imponen las editoriales) o para territorios en particular (es la lógica que imponen los agentes para obtener una ganancia mayor). Eso hace que si Anagrama compra los derechos de un autor, exija toda la lengua y, por lo tanto, ni en Buenos Aires, el D.F. o Santiago de Chile podamos publicarlo y hacerlo traducir según nuestras propias variantes lingüísticas.
    Y aquí entramos entonces en los otros dos problemas. Uno, el vocabulario, es menor. Leemos acá traducciones de Mëxico, de Colombia, de Chile, etc. y nadie se inmuta porque la lengua sigue siendo la misma. Leemos traducciones españolas y hay problemas. Y acá llegamos al punto central de la cuestión: la prosodia allá y acá no es la misma, lo que entra naturalmente por una oreja madrileña hace ruido en una porteña, chilanga o bogotana; mucho más cuando se pretende imitar el habla coloquial de un original que ocurre, por caso, en Chicago o California. Entonces, si alguien traduce y pone "merluzo" (que para nosotros no significa nada) en la página se enciende un cartel de neón cuya luz no deja ya ver otra cosa. Pero si a eso sumamos ciertas caídas de la frase, la manera de presentar la sintaxis y etc., uno queda definitivamente distraído del texto, agregándole al original algo que el original no tiene. ¿Me explico? (sigue en el próximo comentario)

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  3. Por lo dicho en la entrada inmediatamente anterior, lo que acá puede sonar bien, muchas veces allá suena mal, y viceversa. Este problema, que no siempre está presente –ya que traductores conscientes de esto hay en ambas márgenes del Atlántico–, no sucedería si los editores españoles fueran sensibles a la existencia de un mercado mucho más amplio que el que se admite (por caso, Anagrama está en toda Latinoamérica y tiendo a pensar que sus ventas en nuestros países superan a las que hacen en España –si no, no editarían localmente como lo hacen en la Argentina y México), exigiéndoles a los traductores soluciones más ecuménicas, o si cada cual pudiera hacer sus propias traducciones, terminando con el monopolio de los autores "para la lengua". Mientras estas cosas no ocurran, es probable que sigamos peleándonos y unos traduzcan como le dictan los cojones (Zulaika dixit) y otros planteen un castellano menos sujetos a las nefritis de riñón y a las bravatas urológicas.

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  4. ojo al gol: hay dos zulaikas, jaime y jesús, hermanos ellos y ambos buenos y en ocasiones excelentes traductores... españoles. no tienen ninguna culpa de serlo y entiendo que la declaración escrotal de uno de ellos (cuál?) tiene que ver más con una afirmación de su propia variante lingüística que con el desprecio por otras; antes al contrario, afirmando la propia se da por sentado que cada cual tiene todo el derecho a hacer lo mismo con la suya.

    el problema está en que llueve sobre mojado, porque esa declaración viene soportada por el sustrato comisarial y prepotente que, como explica jorge, ha perfundido la política editorial española durante las últimas décadas. al parecer, soplan vientos de cambio y algunas tortillas empiezan a darse vuelta, de modo que seguramente asistiremos en los próximos años a una significativa corriente de reafirmación inversa.

    más grave encuentro, a decir verdad, lo que se señala en el artículo: que la prosa X de un autor se convierta, traducción mediante, en la prosa Y del traductor y no, en todo caso, en la prosa Xy del autor. cuestión de cromosomas, como se ve. sea cual sea la variante del español utilizada, un texto de carver tiene que sonar a carver, no a fulano.

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  5. Para no repetir lo ya dicho, hubo, en la entrada correspondiente al 28 de mayo de 2010, una polémica entre Juan Gabriel López Guix, Jesús Zulaika (el traductor del Carver de Anagrama en cuestión), Jorge Aulicino y quien firma. Allí se discutió, justamente, la posibilidad de establecer traducciones un tanto más ecuménicas que la que en ese momento se criticaba fundamentalmente por el léxico. En la ocasión, como bien apunta Mori Ponsowy en su artículo y como reitera ahora Andrés Ehrenhaus en su comentario, la discusión es otra y tiene que ver con el cambio de estilo de una traducción respecto de un original. La crítica, entonces, es otra. Si bien en lo que a mí respecta sigue presente la observación hecha sobre el plano prosódico, conviene dejar así apuntada la cuestión para no caer en el plano de lo geográfico-nacional.

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  6. Ahhh.... Jesús y Jaime Zulaika, creo que Jaime Zulaika, el autor de excelentes traducciones de Ian McEwan, no hubiera suscrito la frase de los cojones, que realmente rechina por su arrogancia... Entiendo, además, por lo que me cuenta otro traductor, que la situación ha cambiado repentinamente, debido a una nueva normativa que se aplica ya en Argentina, por la cual las editoriales españolas, si desean exportar libros a Argentina, tendrán que compensar esta transacción con otras de importación... en fin, que se ha acabado ya o está acabando, por estos motivos, el monopolio de los traductores españoles, al menos en Argentina.

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  7. Nada más que corroborar, sobre la traducción de la otra novela corta de McEwan que mencioné en mi mensaje anterior, The comfort of strangers, (El placer del viajero) que la traducción no la han hecho ni Jesús ni Jaime Zulaika. Hace poco han reeditado (Anagrama) la primera versión de 1991. Y creo que fue un error, que hubiera sido mejor encomendar una nueva traducción a Jaime Zulaika.

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  8. He leído varios libros traducidos por Jaime Zulaika y,líneas generales, me parece un malísimo traductor para obras literarias. Además de transcribir el texto, debería tener en cuenta que las rimas y repeticiones no deseadas empobrecen (y mucho) el texto.

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  9. Jaime Zulaika es PÉSIMO.Ya en el segundo renglón de La ley del menor, de mcewan, se manda una falta tan grave que corrí a buscar el original porque sospeché que el inglés no podía haber dicho la barbaridad traducida por zulaika. Y en efecto, ME no dice climate cuando se dice weather, pero zulaika...

    Y encima le pagan, y seguro que muy bien. Vergonzoso.

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  10. Me regalaron "Falsa Identidad" de Sarah Waters (Fingersmith, Sarah Waters), Anagrama, traducido por Jaime Zulaika. La traducción es malísima, malísima, malísima. De tan mala calidad, que quisiera que el traductor o la editorial devuelvan el dinero. Por ejemplo, "swear" es traducido como jurar. Los ejemplos abundan.
    Dear Sarah Waters, your excellent book Fingersmith has been completely ruined in the Spanish translation by Zulaika 2003. Shame on you, Anagrama Editorial.

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    1. Hola:
      Quisiera añadir que, aunque estoy completamente de acuerdo con la opinión sobre la incompetencia de Jaime Zulaika como traductor (habría que ver también las condiciones impuestas por la editorial), la palabra jurar, en español de España por lo menos, se utiliza muchísimo para decir "swear", es decir, blasfemar, maldecir. Hay dos expresiones muy conocidas, "Jurar en hebreo" y "Jurar en arameo" y eso se dice cuando una o uno suelta una retahíla de insultos, malas palabras, blasfemias, "juramentos"... Por eso, a pesar de coincidir en la opinión sobre la traducción, creo que el ejemplo no es el más apropiado.

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  11. Se recuerda al valiente Anónimo que firma el comentario precedente que este blog no acepta anónimos. Vale decir, o pone su nombre y da la cara o este comentario no permanece más de 24 hs.

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  12. Estimado Jorge Fondebrider, hombre valiente, no soy "anónimo", soy "anónima". El blog me permite comentar como anónima: ¿por qué censurarme el comentario? Si no desea recibir comentarios anónimos, le sugiero que cambie la configuración del blog: es muy sencillo.Por otra parte, no tengo ninguno de los perfiles que tienen habilitado en este blog.

    Más me preocupa aclarar lo siguiente: que cuando arriba mencioné "swear" como "jurar", la traducción se da en un contexto donde el personaje está claramente maldiciendo y no "dando su palabra".
    Atte, Ma.Elena Smith.

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    1. Estimada María Elena Smith: Si mira con atención, verá que en el costado superior derecho hay un anuncio a propósito de la política con que se publican los comentarios en este blog. Si acepta esa regla, por cierto, muy simple, puede usted participar diciendo lo que quiera. Si no la acepta, absténgase. Éstas son las reglas del juego, por cierto iguales para todo el mundo.

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  13. Estimado Jorge Fondebrider, hombre valiente, este blog acepta comentarios anónimos in situ, pero los niega res externa. No importa: en América Latina estamos acostumbrados a la mágica realidad de la dualidad de reglas.

    El texto en cuestión, Fingersmith Anagrama 2003 (Zulaika), en las primeras páginas utiliza construcciones gramaticales que cualquier escolar de América Latina reconocería como erróneas. Considere que el traductor yuxtapone partículas elementales, de la forma "a por" o "por a" no recuerdo, como "Va a por el vino." Puede que esto en el contexto lingüístico de Toledo/Cataluña/Barceloneta/Madrid, sea correcto, usado, usual.

    ¿Cual es su opinión personal sobre tales construcciones gramaticales en estas traducciones?

    A mi me parece que el problema es que estos libros los están enviando al gran mercado de lectores de América Latina, donde no solo NO se habla así, sino que se considera formalmente no gramatical.

    Mi propuesta a tales editoriales españolas es que traduzcan como quieran, pero que pongan una ADVERTENCIA, en la primera página: "traducido al español provincial de españa", o algo por el estilo. MS.

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  14. Estimada María Elena Smith:
    Vivimos reclamando lo que usted reclama y nos hemos quejado por esas mismas cosas desde el comienzo mismo de este blog. Le recomiendo, amablemente claro, que lea las muchas entradas sobre Políticas de la lengua y verá que en más de una oportunidad hablamos de eso. La última, en mi intervención en un festival en el Instituto Cervantes de Dublín, hace un par de semanas.
    Anagrama no tiene cura. Lo más lógico sería que en Latinoamérica dejáramos de comprar los libros de esa editorial. Ahí se vería que el humanista Jorge Herralde, empieza a prestar atención a nuestros reclamos. Lisa y llanamente, dejar de comprar libros de Anagrama.
    Saludos cordiales.

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  15. Estimado Jorge Fondebrider, aquí cada libro nuevo de Anagrama cuesta *mínimo* USD18. USD18!! Esto es casi el doble de lo que cuestan en inglés (formato paperback, internet, y con varios años de publicación). Por tan mala calidad, es un descaro, por no decir otra cosa.

    Y sin embargo, alguna que otra librería local poderosa se rasga las vestiduras anunciando sus últimas adquisiciones de Anagrama. Incomprensible. ¿Será posible que los dueños de las librerías nunca hayan leído una página, una sola que fuera, de estas traducciones?

    Imagino que ni siquiera el mismísimo Zafón podría leer esta traducción sin experimentar algún tipo de irritación a nivel del cólon.

    Mientras tanto, merluzo anuncia (2016) con bombos y platillos (https://www.facebook.com/notes/editorial-anagrama/sobre-las-traducciones-de-anagrama/1079561965416033/) que sus traducciones son excelentes, digan lo que digan los lectores de América Latina, quienes de paso no saben nada del verdadero español, RAE dixit!

    Estuve viendo los videos que tienen en YT-Centro Goethe y me parecen muy interesantes sus actividades, ms

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