martes, 24 de octubre de 2017

Pilar Álvarez Sierra decide "beber a morro" en lugar de "beber directamente de la botella"

En el día de ayer, un comentario firmado por el Administrador de este blog, motivó la reacción de Pilar Álvarez Sierra (foto), la editora de la colección Noema, de la editorial española Turner. Ante la crítica que se le hacía a Víctor Vicente Úbeda Fernández por una de sus traducciones para el sello, en la que sobreabundan los giros castizos, lo defendió con el siguiente argumento: “En el caso de Yeah! Yeah!..., por no hablar en general, yo defiendo que tener a un traductor como Víctor Úbeda, que no sólo sabe de música casi tanto como los autores a los que ha traducido para nosotros, sino que escribe con extraordinario fluidez y expresividad, compensa las posibles desviaciones ‘personalistas’ de su prosa”.

La primera pregunta se cae de madura: si Víctor Úbeda sabe tanto como los autores que traduce, ¿por qué no escribe él mismo los libros que publica Turner? Estarían así directamente escritos en su castellano y no tendría que darle cuenta a nadie por sus elecciones prosódicas o léxicas. 

Pero si Pilar Álvarez Sierra se contenta con tenerlo como traductor, habría que preguntarles a ambos unas cuantas cosas sobre las razones por las que eligen una expresión exclusiva de un ámbito mínimo de la lengua y no otra más abarcativa, en los casos en que esto es posible.

Entre los ejemplos de traducción excesivamente localizada planteados en el día de ayer, figuraba éste: “Beber Jack Daniel’s a morro”.

Cuando se busca el significado de la expresión española –no hispanoamericana– “beber a morro” los resultados pueden ser desconcertantes. Según varios diccionarios –incluido el engendro de la RAE– podría definirse como “beber sin vaso, aplicando los labios directamente al chorro de líquido o al recipiente que lo contiene”. Muchos traductores optan entonces por usar ese giro como si fuera común a toda la lengua, cosa que de ninguna manera se corrobora en la práctica. De hecho, en el foro del Word Reference.com, uno de los tantos foros activos para consultas de índole lingüística, se puede leer una larga discusión al respecto.

¿A morro o de la botella?
Así, ante la pregunta por el significado de la expresión, realizada desde España por un tal Belano75, Lady Jeckill, de Madrid, dice que cuando se encuentra por el campo con alguna fuente, literalmente “bebe del chorro”, advirtiendo la necesidad de que se les diga a los niños que no deben beber del grifo directamente, sino del chorro. 

Alexacohen, de Santiago de Compostela, comenta que “diría beber a morro siempre que no se sirva la bebida en un vaso, no importa si es del caño, de la bota o del botijo”. Y para aclarar, agrega: “La cosa está en aplicar los morros al chorro de líquido, con o sin contacto físico con el surtidor”.


Pilucona, de Andalucía, dice, algo desconcertada: “Aquí se entiende que beber a morro es llevar la botella a la boca y beber a chorro es llevar la boca al chorro (¿se entiende? o me he liado)”.

 Pejeman, mexicano de los Estados Unidos, se suma y aclara: “En México usamos más ‘tomar’ que ‘beber’. Hacerlo directamente de la botella es ‘a pico’”.

Belano75 se resigna entonces y escribe: “Veo que no hay un consenso claro”, y lo interesante es que, si se exceptúa al participante mexicano, todos los que discutieron hasta aquí son españoles de distintas regiones de España, algo que advierte Chics, de Francia, cuando escribe: “Fíjate que depende de la zona en la que viven unas y otras”.

Y hete ahí que aparece un tal Yukia, que pregunta: “¿Alguien sabe si existe una expresión más elegante para decir ‘beber a morro’? Tampoco hace falta que sea algo refinado, pero sí algo que no chirríe si aparece en una narración escrita en un registro culto. A lo mejor no existe ninguna otra opción…”. 


Y Namarne, de Barcelona, dice con criterio: “No se me ocurre ninguna expresión, como no sea ‘beber de la botella’ o ‘beber directamente de la botella’ (o de la lata, etc.)”. 



Pero el debate sigue y ManPaisa, de Colombia –que, por lo de “paisa”, debe ser de Medellín– agrega: “Por aquí se dice ‘tomar a pico de botella’ (el término ‘beber’ se reserva casi exclusivamente para las bebidas alcohólicas)”.

Por supuesto que el intercambio continuó, pero hay elementos que resultaron comunes a todos los participantes: uno esla palabra “beber” (con la variante “tomar”) y otro la expresión “de la botella”, quedando rezagado “a morro” para apenas algunas regiones de España, no todas.

Acá sí: el cerdo bebe a morro
Hay más: “morro”, para toda la lengua, significa "hocico de los animales". Su empleo se registra fundamentalmente… en expresiones españolas, no americanas. Corominas, de hecho, registra que en 1734 ya se usaba para definir en la Península la “saliente que forman los labios abultados”.

Consultados el Diccionario de habla de los argentinos, de la Academia Argentina de Letras, así como el Diccionario etimológico del Lunfardo, de Oscar Conde, no hay entrada para la palabra y mucho menos para la expresión. Lo mismo sucede con otros diccionarios regionales en los que buscó el Administrador.  

La pregunta entonces pasa por la decisión que ante todas esas opciones va a tomar el traductor; vale decir, por saber si va a utilizar una variante regional o si va a dejar de lado usos y costumbres arraigados en su terruño en pos de un significado más abarcativo y, por lo tanto, más acorde con las particularidades de una lengua hablada por casi quinientos millones de personas. Dicho de otro modo, dado que ni en la misma España hay un consenso sobre el caso, ¿resulta tan complicado imaginar “beber de la botella” en lugar de “beber a morro”? 

Para la editora de este libro en cuestión, finalmente responsable de las decisiones editoriales, parece que sí, que las expresiones castizas del traductor son la mar de expresivas y que poseen un gracejo que ni Raphael.

Todo indica que habría que despachar las botellas de las diferentes bebidas producidas en Hispanoamérica del correspondiente folleto explicativo para que los lectores españoles comprendan qué significa "beber de la botella". 

lunes, 23 de octubre de 2017

Un libro excelente para no comprar en la traducción de Turner

Turner es una editorial española que, según su presentación institucional busca "el enriquecimiento intelectual, propio y ajeno, a través de la búsqueda incansable de información y nuevos enfoques, que finalmente plasmamos en formatos atractivos e innovadores", etc. Si todo se redujera entonces a la mala redacción que busca y busca, el problema no sería grave. Sin embargo, hay más.

El catálogo de Turner es excelente. No obstante, las traducciones de sus libros (que son la mayoría de su catálogo) parecen hechas a propósito para que se lean en dos barrios de Madrid y no en todo el ámbito de la lengua castellana, donde se exportan, a precios escandalosamente altos, sin que haya la menor consideración por los lectores de otras latitudes.

A modo de ejemplo, baste Yeah! Yeah! Yeah! The Story of Pop Music from Bill Haley to Beyoncé, de Bob Stanley, traducido por Víctor Vicente Úbeda Fernández como Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno. Se trata de un libro francamente espléndido, exhaustivo por donde se lo mire y, por cierto, muy ameno, que en su versión "española" hace uso y abuso de un léxico rústico y sólo comprensible en una película de Almodovar. Algunos ejemplos:

1) Hablando del cambio en la música que representaron Buddy Holly, Little Richard y Elvis Presley, se lee: "De repente, el ruido y el frenesí dejaron de ser señales de mala calidad y se convirtieron en valores deseables. Fue visto y no visto: apenas mediaron dos años entre la explosión inicial y la autoparadoia: Flaco favor harían a estos pioneros las generaciones siguientes al acuñar la expresión 'estilo de vida roquero' para refirse a actividades como vestir chupas de cuero negro, destrozar televisores, beber Jack Daniel's a morro y colocarse con heroína". (pág. 29).

2) Refiriéndose a los títulos ambiguos de Louis Jordan, anota: "Jordan había aderezado su versión simplificada del swing con maneras de humorista procas y títulos subidos de tono ('You Run Your Mouth and I'll Run My Buisenss" [Si te  vas de la lengua, te daré tu merecido], "I Like'Em Fat Like That"[Me gustan así de  gordas], "That Chick's Too Young to Fry" [Esa polluela es muy joven para freirla"] )." (pág. 30)

3) Refiriéndose a "Rock around the Clock", de Bill Halley, dice: "Pocas introducciones hay en el canon del pop capaces de provocar un subidón de adrenalida al escaso segundo (literalmente) de empezar a sonar." (pág. 36)

4)  Y también: "La cuestión de la edad podría no haber sido una desgracia tan terrible. Pero es que Haley ni siquiera era el tío Bill, ese pariente enrollado que te ponía sus discos de gramófono de Wynonie Harris y te servía una cerveza de tapadillo cuando tu madre no miraba; el tipo que te hacía sentir parte de una sociedad secreta, superior a los patanes del colegio. No: Haley era el 'otro' tío Bill, el que en las bodas sudaba a chorros y hablaba a voces, lucía rodales en los sobacos de la camisa y soltaba chascarrillos picantes y resentidos sobre su exmujer". (pág. 37)

5) Más adelante, cuando el autor se ocupa de tres rockeros británicos, el traductor le hace decir que "iban sobrados de voz, garbo y presencia..." (pág. 81)

En síntesis, todo el libro está traducido de esa manera, lo que, por cierto, incomoda a los lectores no españoles e impide una lectura fluida. Y lo curioso es que no puede argüirse que todo el libro esté originalmente escrito en slang o en alguna otra forma de argot. En muchos casos es evidente que ante la posibilidad de elegir un término común a toda la lengua, el traductor prefirió mantenerse en los dos barrios de Madrid que conoce, lo cual, es un error en el que ya había incurrido cuando tradujo, para la misma editorial  The Jazz Standards: A Guide to the Repertoire de Ted Gioia, que por alguna extraña razón pasó a llamarse El canon del jazz. Los 250 temas imprescindibles.

Ahora bien, antes de cargar toda la culpa sobre Úbeda Fernández, habría que considerar qué tipo de directiva editorial recibió de parte de los editores, si es que los tuvo. Suponiendo que no esté en el ADN del traductor imaginar que va a ser leído en otras latitudes de la lengua (algo que, a esta altura de la velada, no se lo cree ni Rajoy), eso debería considerarlo el editor y actuar consecuentemente. Sobre todo, teniendo en cuenta que buena parte del catálogo de Turner está coeditado con el Fondo de Cultura Económica de México, que tampoco parece haber realizado esfuerzo alguno para que esos libros, que cunden en sus librerías y que van a llegar desde El Paso a Tierra del Fuego, estén escritos en una lengua que entendamos los hispanoamericanos.

Y no hay excusa. De hecho, quien escribe estas líneas, hace ya muchos años tradujo para esta editorial un libro de John Goldman sobre arte abstracto. Por alguna razón del todo inexplicable, luego de que la traducción, meticulosamente pensada, pasara por el corrector de estilo, aparecieron en ella lindezas del tipo "ir a por" en lugar de "ir en busqueda de" y "cara" por "rostro", y "rostro" por "cara", sin que mediara explicación alguna ya que los editores ni siquiera tuvieron la delicadeza de enviar las galeras al traductor para que pudiera al menos defender sus propias elecciones.

Insisto: el catálogo de Turner es excelente, pero la manera en que están traducidos muchos de sus libros, cuyos originales son decididamente buenos, invita a que, al menos en Latinoamérica, uno no los compre. De hecho, si así fuera, tal vez los editores españoles de Turner pensarían dos veces en el léxico que emplean sus traductores antes de aprobar el libro para la imprenta.

Jorge Fondebrider 







viernes, 20 de octubre de 2017

Juan Arabia habló de Rimbaud y de Pound en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

“La traducción como experiencia dialógica” fue el título elegido por el poeta y traductor Juan Arabia para su charla en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, que tuvo lugar exactamente ayer. Previamente, él había planteado una serie de preguntas que fue contestando durante la velada; entre otras,  ¿por qué Rimbaud hablaba tanto de las flores? ¿Qué aportan a la lectura de Ezra Pound los trabajos de Ruthven, Stock o Sieburth? ¿De qué manera un texto arroja luz sobre otro texto? ¿Cómo funciona todo esto en el terreno de la traducción? 

A lo largo de casi una hora y media, nuestro invitado se refirió a estas cuestiones y a muchas otras que podrán verse y oírse en  video, siguiendo este vínculo:
https://www.youtube.com/watch?v=SSD5fPJr-UY.


Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) es poeta, traductor y crítico literario, egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y actual director del sello editorial y revista Buenos Aires Poetry. Ha publicado los libros: John Fante. Entre la niebla y el polvo (Buenos Aires, El fin de la noche, 2011); PosData a la Generación Beat (Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2014); El Enemigo de los Thirties (Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2015); John Fante: Camino de los sueños diurnos(Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2016); El Enemigo de los Thirties (Ril Valley / Chile – Los Leones, 2017), Il Nemico dei Thirties (Collana Scilla - Fana, Italia, Samuele Editore 2017).

jueves, 19 de octubre de 2017

En octubre, Julia Zaparart diserta en el SPET

En el próximo encuentro, que tendrá lugar el jueves 26 de octubre a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), nuestra invitada Julia Zaparart disertará sobre ”Políticas editoriales en traducción literaria: los casos de Patrick Modiano y Michel Houellebecq”

Se trata de la tercera exposición en el marco del Ciclo II/2017: Programa Sur, carnaval, políticas editoriales y 1968: Cuatro investigaciones en torno al objeto traducción.

Julia Zaparart es Traductora de francés y Profesora en Letras (UNLP) y Magíster en Traducción Literaria (París 8). Actualmente realiza un Doctorado en Letras en la UNLP. Se desempeña como profesora titular de la cátedra de Literatura francesa contemporánea (UNLP) y Traducción Literaria II (IESLV Juan Ramón Fernández).

Lectura sugerida:
-Julia Zaparart: “Patrick Modiano en español: el caso de Rue des  boutiques obscures”, en El taco en la brea, núm. 5 (2017), pp. 359-370, disponible en línea.

Quienes tengan previsto solicitar un certificado de asistencia, por favor no olviden firmar después de la reunión en la lista disponible en Cooperadora.

miércoles, 18 de octubre de 2017

¡Marche una fainá para Spregelburd!

En su columna del diario Perfil, del 13 de octubre pasado, Rafael Spregelburd reflexiona brevemente sobre los dialectos y usa a Génova y a la fainá como excusa. O al revés. 

Como en casa

Uno de los factores que contribuyen a que Italia sea infinita radica en la riqueza de sus dialectos. Siempre ocurren dos cosas simultáneas: la lengua oficial y la otra, la de la trampa, la travesura. Sabemos cómo se dice pero elegimos decirlo de otro modo. Las instituciones utilizan una sola lengua para todos, pero la vida por afuera se expresa en otros sonidos y está hecha de otra cosa.

El genovés está curado en la sal del destino de los puertos. Como nos pasa a los porteños de todo el mundo. No sólo es evidente la influencia de la vecina Francia o de la otrora poderosísima España, esa a la que llegó Colombo a pedir ayuda en su empresita, sino que aquí llegaban además el árabe de Túnez o el inglés de los comerciantes y piratas: hay un dialecto técnico marítimo que usa mezcla de inglés con genovés. Del puerto, en plena Via Aurelia, se abrían las rutas montañosas para ingresar a la Europa del norte todos los productos. Pero la arquitectura debió lidiar por siglos con la estrecha franja de planicie que quiso ofrecerle la Liguria. Aun más que en Venecia, donde el plan fue directamente descabellado, aquí el diseño urbano es demoníaco. Pero en eso radica el encanto poco difundido de Génova, la ciudad desfachatada sobre el mar en la que el mar no se ve, la villa hecha de escaleras, de calles a alturas impensadas, de autopistas caraqueñas, la urbe construida bajo tierra. No es inusual descubrir que bajo las calles, bajo alcantarillas enrejadas, se ve una ciudad sumergida, una Atlántida inundable de columnas altísimas, desagües como camas marineras, o teatros que se escarbaron tierra adentro en lo más duro de la roca porque sí.

Sólo aquí, aquí y en Buenos Aires, se puede comer la farinata, delicia pobre hecha de harina de garbanzos que en dialecto genovés se dice fainá y que no se consigue por Italia. Sólo aquí, como en Buenos Aires, los pescadores venden su pesca sin comerla. Los demás italianos sostienen que es porque el genovés es agarrado y prefiere vender el pescado (que es más caro) y cocinar con los productos de la tierra, más baratos. Yo –en cambio–, que filmé una vez una película entre pescadores marplatenses, sé que la pesca es una cosa horrible y maloliente que quita toda gana de comer. En el barco en el que yo filmaba había parrilla para el asado en altamar y el pescado se almacenaba en hielo en la bodega, allí donde no hubiera que olerlo para nada.

Me enamoré de Génova desde el avión. Y no nos une el fainá, sino el espanto.

martes, 17 de octubre de 2017

Homenaje a Wenceslao Roces, traductor de Marx


En el diario La Jornada, de México, el pasado 19 de septiembre, Reyes Martínez Torrijos publicó un breve artículo en el que comenta el homenaje que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le realizara al historiador Wenceslao Roces, traductor de Karl Marx.


Recuerdan en UNAM al historiador Wenceslao Roces

En el coloquio Karl Marx: El capital, crítica de la economía política. Libro I, el proceso de producción del capital, 1867-2017, dedicado también a la memoria de Bolívar Echeverría, se hizo hincapié en la importancia de Roces por ser difusor de la cultura internacional en México.

Al inicio, David Moreno Soto, editor de Itaca, destacó que el jurista e integrante del exilio español fue el responsable de “la primera traducción científica completa al español de El capital, junto con muchas otras obras de Marx y Federico Engels. Y que recientemente, en 2014, se publicó una nueva versión que él hizo del primer tomo de ese texto. En estos días está por salir el tomo 2”.

Después, el investigador Andrés Barreda mencionó que Wencesleo Roces fue un “precoz erudito y excepcional jurista crítico; protector del acervo artístico del Museo del Prado durante los bombardeos de Madrid; y su trabajo docente por más de 50 años en la Facutlad de Filosofía y Letras; y como un comprometido militante comunista”, entre otras tareas asumidas.

En el acto, participaron también Jorge Linares Salgado, director de la FFyL, y los antiguos colaboradores del intelectual jurista e historiador asturiano Ricardo Campa y Ernesto A. Schettino.

lunes, 16 de octubre de 2017

Traducir la imaginación: V Taller sobre traducción y edicion de literatura infantil y juvenil



Encuentro intensivo del 22 al 25 de noviembre de 2017 en Buenos Aires, Argentina

Convocatoria abierta hasta el 23 de octubre de 2017

La Fundación TyPA y Looren América Latina convocan a traductores, editores y especialistas de literatura infantil y juvenil a reunirse en un nuevo encuentro intensivo en torno a la traducción. El espacio contará con la participación de profesionales invitados del país y del extranjero, y se realizará en cooperación con FILBITA, el festival de literatura infantil de Buenos Aires organizado por Fundación Filba. 

Para esta quinta edición aniversario llega especialmente a la Argentina la canadiense Patricia Aldana. Figura de larga trayectoria internacional en el terreno de la literatura infantil y juvenil, activa promotora de la lectura y de la traducción, Patricia Aldana preside actualmente el jurado del premio Hans Christian Andersen, el mayor galardón internacional en este campo, otorgado por IBBY (International Board on Books for Young People). Estarán presentes además la traductora francesa Anne Cohen-Beucher y en algunos módulos de trabajo autores invitados a FILBITA, como la dupla suiza de Germano Zullo y Albertine, que llegan a Buenos Aires con apoyo de la fundación suiza para la cultura Pro Helvetia.  

La participación es gratuita con selección previa. 


viernes, 13 de octubre de 2017

Planeta se fue de Barcelona. Las otras analizan...

Xavi Ayén, Josep Massot y Sergio Vila-San Juán firman la siguiente nota publicada en el día de ayer por La Vanguardia, de Barcelona. En ella se habla de las consecuencias de la incertidumbre política y se pronostica un terremoto en la industria del libro español.

La capitalidad editorial de Barcelona se tambalea

Barcelona vio tambalearse el martes, pocos minutos después del discurso de Carles Puigdemont, su capitalidad editorial en lengua castellana. Y con ella, el liderazgo de la primera industria cultural española, que representa el 1,3% del PIB. El grupo Planeta había anunciado que si la independencia de Catalunya era declarada en cualquier forma, trasladaría su domicilio social a Madrid. Y cumplió con ello.

La capitalidad editorial se mide por varios baremos, unos objetivos, otros de prestigio. El primer concepto clave es el de la facturación, y desde hace varios lustros la del Gremi d’Editors de Catalunya –muy mayoritariamente barceloneses– era superior a la del madrileño. Por no mucha diferencia, pero lo era. Según datos del Ministerio de Cultura del 2017, Catalunya representaba el 49,5 por ciento frente al 43,4 por ciento de los editores de Madrid.

El grupo Planeta constituye el principal conglomerado editorial hispanoamericano, con una facturación de 3.300 millones de euros anuales, de los que 1.815 corresponden a las divisiones de libros. Representa en torno a un 18% del mercado. Si su producción pasara del registro de editores barceloneses al de los madrileños, la facturación de estos superaría el 60% del total español, mientras que la de los catalanes descendería en torno al 30%. No está claro que esto ocurra. De momento, Planeta sólo traslada la sede social del grupo, pero las editoriales y los trabajadores siguen en Barcelona. Un destacado editor barcelonés señala, sin embargo, que “a la larga o a medio plazo un traslado de la sede fiscal acaba implicando traslados operativos o presencia de nuevos trabajadores”. Fuentes del sector explican que “se trata de una decisión más meditada de lo que se ha dicho, no sólo por una declaración concreta. Ellos llevan años pensándolo y prevén que la inestabilidad política va para largo”. Todas las fuentes consultadas coinciden en que cuando se toman decisiones de este calibre, “resulta difícil que las empresas vuelvan”.

Un segundo criterio es el del prestigio y la influencia. El grupo Planeta, propiedad de la familia Lara, cuenta con 47 editoriales (más las 13 del Grup 62 y una en Portugal), varias de inequívoca raigambre barcelonesa. Ahora, sellos como Seix Barral que proyectó al mundo Carlos Barral y lanzó el boom sudamericano; la editorial Destino –que con Josep Vergés al frente lanzó los premios Nadal y publicó la obra completa de Pla– o la propia Planeta, que creada por José Manuel Lara Hernández consiguió su primer best seller en 1953 con Los cipreses creen en Dios del catalán José María Gironella, pasan a tener su razón social en la calle Josefa Valcárcel de la capital del Estado. Allí se reunirá el consejo; las grandes decisiones de fondo sobre todos estos sellos pasan ya a tomarse en Madrid.

En el grupo Planeta se remiten a la rueda de prensa del próximo sábado con su presidente Josep Creuheras para aclaraciones ulteriores de su postura e implicaciones prácticas de la decisión. Junto a Planeta, el otro principal gran grupo que tiene su sede en Barcelona es Penguin Random House (PRH), que agrupa a 37 editoriales. PRH está participado en un 75% por la multinacional alemana Bertelsmann y en un 25% por la británica Pearson. En un comunicado el grupo aseguraba diplomáticamente que “seguimos de cerca la situación” y que “en caso de que haya cambios, evaluaremos la situación en consecuencia y tomaremos entonces todas las medidas necesarias para defender los intereses de autores, lectores y empleados”. Observadores del mundo editorial apuntan que en Gutersloh, donde tiene su sede central Bertelsmann, se han preparado para cualquier eventualidad, de modo “que si se produce un cambio de ­marco jurídico, marcharían rápidamente”.

Los responsables de Salamandra, la editorial de Harry Potter, uno de los sellos medianos españoles con más peso y amplia difusión al otro lado del Atlántico, afirman: “La base de nuestro negocio es la compra de derechos de traducción, que se otorgan en función del idioma oficial del lugar donde se editan los libros. En caso de independencia real, Salamandra se vería obligada a trasladar su actividad a otra ciudad fuera de Catalunya. Por el momento, estamos a la expec­tativa.”

Anagrama, por su parte, “no ha puesto sobre la mesa” la eventualidad de marcharse de Barcelona. Daniel Fernández, de Edhasa, dice: “Quiero continuar viviendo en Barcelona. Si no cambian las cosas dramáticamente, seguiremos”.

Patrici Tixis, presidente del Gremi d’Editors de Catalunya, señala que “las empresas lo que buscamos siempre es seguridad jurídica y que nuestros procesos de trabajo puedan desarrollarse con garantías. La situación actual genera incertidumbre y no es buena para nadie”.

Las consecuencias de una eventual independencia de Catalunya casi no afectarían a la venta de derechos, pues muy mayoritariamente se realizan por áreas lingüísticas (español, francés, etcétera). Los editores temen, en cambio, la doble imposición fiscal, es decir, los impuestos de más que pagaría un país de fuera de la Unión Europea para cualquier operación. Si Malcolm Otero (Malpaso) ve “terrorífico” salir de la UE, Luis Solano, de Libros del Asteroide, dice que “si se produjera, cosa imposible, es evidente que nosotros, al igual que la mayor parte de las empresas que tienen su negocio fuera de Catalunya (en mi caso, el resto de España y Latinoamérica supone el 80% de las ventas), deberemos tener la sede en un lugar en que se pueda operar con euros y exportar a Latinoamérica. Se hacen una tirada para todos los mercados y, lógicamente, no vas a hacerla en un país que tiene aranceles”.

Las agencias literarias –otro factor clave en la hegemonía catalana en el mundo del libro– también estudian la situación. Algunas están buscando oficina en Madrid, por si acaso. Otras, como Antonia Kerrigan, dicen: “No nos planteamos salir, aunque a lo mejor dentro de quince días tengo que responder otra cosa. El problema sería que, fuera de la UE, habría que negociar con cada país nuevos acuerdos de impuestos, de lo contrario a cada autor le descontarían cantidades enormes por sus ventas en el extranjero”.

En el caso de las editoriales en catalán no hay lugar a dudas. El Grup 62, pese a pertenecer a Planeta, se man­tiene en Catalunya. Albert Pèlach, director general del Grup Enciclopèdìa Catalana, dice: “Somos una empresa catalana y defenderemos la república catalana allá donde sea”. Respecto a su acuerdo con Planeta, Pèlach comenta: “Tenemos una empresa participada en común y respetamos lo que hace cada uno en su casa”. Montse Ayats, presidenta de la Associació d’Editors en Llengua Catalana, se muestra prudente. “Hasta el sábado no sabremos el detalle de la decisión de Planeta y las consecuencias del cambio de sede. Lo fundamental es que se conservan los puestos de trabajo directos e indirectos, es decir, diseñadores, maquetistas...”.

La edición en catalán se ha visto favorecida por las ventajas que les da contar con un rico tejido industrial. Otra cosa es si una huida masiva de editoriales en castellano pudiera dar un vuelco y la cultura editorial dominante pasara a ser entonces la catalana y primara sobre la castellana.

Un riesgo que no pasa inadvertido a los responsables de editoriales con colecciones en catalán es la reacción de los escritores independentistas que podrían plantearse cambiar de editorial.

 

jueves, 12 de octubre de 2017

"Mercado Libre no es, como Amazon, un depredador”

Publicado el 27 de septiembre pasado en el diario La Nación, el siguiente artículo de Daniel Gigena da cuenta del funcionamiento de la célebre plataforma de ventas argentina. Según la bajada, “En un escenario de caída de las ventas, libreros y editores aumentaron su facturación gracias a la plataforma; las diferencias con Amazon”.

Mercado Libre, un aliado estratégico  para las librerías en tiempos de crisis

Consagrada desde hace años como una herramienta de venta y difusión para el ecosistema del libro en la Argentina, Mercado Libre es hasta ahora un aliado de librerías y editoriales. El mes pasado, en la sede de la Cámara Argentina del Libro (CAL), representantes de esa empresa de comercio electrónico se reunieron con más de ciento veinte editores y libreros para sumar catálogos a la base de datos de Mercado Libre. “Cada vez son más las personas que confían en el comercio electrónico para comprar sus libros –dice Hernán Pérez Stoisa, director de Marketplace de Mercado Libre Argentina–. Los consumidores valoran las herramientas que les ofrece nuestro canal a la hora de buscar, comprar y pagar sus productos en cualquier momento del día y desde cualquier lugar del país.” Destaca además la amplia oferta de la categoría Libros, Revistas y Cómics de Mercado Libre, que aumenta sin parar. “Tanto es así que durante los primeros meses de 2017, el volumen de facturación creció un 60% y la cantidad de publicaciones, un 120% comparado con el mismo período de 2016.” Aun durante un prolongado lapso de caída en ventas en librerías, como ocurrió durante todo 2016 y varios meses de este año y que rozó el 35%, las compras por Mercado Libre se mantuvieron constantes.

“La integración con Mercado Libre permite que altas y bajas de títulos se reflejen en la base de datos”, comenta Ecequiel Leder Kremer, responsable de la librería Hernández. En el último tiempo, Mercado Libre ha incorporado como “tiendas oficiales” a grandes librerías y editoriales referentes de la industria, como Tematika, Cúspide, Distal Libros y Grupo Planeta. A cambio de una comisión del 11% por cada transacción, ofrece a libreros y editores una visibilidad importante de los libros, además de facilidades para que realicen envíos por Correo Argentino. La logística encarece las compras. Si un cliente adquiere un libro de 300 pesos, deberá añadir un gasto de envío no menor a otros 100. “Si el costo de logística no fuera tan elevado, las ventas serían mucho más altas”, indican varios editores.
“La mayoría de libreros y editores dice que aumentó sus ventas gracias a Mercado Libre”, indica Diana Segovia, gerenta de la CAL. Esa plataforma de comercio electrónico es una referencia para los nuevos consumidores, que optan por efectuar transacciones online. En Hernández, las ventas por medio de ese canal representan el 6% del total. Segovia y Leder Kremer coinciden en que Mercado Libre acerca a las librerías un universo de clientes que no suelen frecuentar esos espacios. “Vemos cada vez con mayor frecuencia editoriales que eligen Mercado Libre como un socio estratégico para publicar y vender a través del e–commerce a todo el país –apunta Pérez Stoisa–. Las librerías y editoriales incorporan este nuevo canal que complementa su estrategia de ventas y, al mismo tiempo, brinda a los clientes los beneficios del ecosistema de Mercado Libre.”

Socios contra la piratería
¿Cuál es entonces el riesgo ante un panorama tan grato? “El que señaló Roger Chartier hace varios años: que las librerías se conviertan en depósitos de libros”, responde Leder Kremer. Por ahora, la realidad parece contradecir al intelectual francés, debido a que muchos de los clientes que pasan a retirar los libros por los puntos de venta aprovechan la visita para recorrer las librerías y elegir algún otro título para llevarse a casa.

Pero si un día la empresa decidiera aumentar el costo por cada transacción (que no es bajo) o vender libros en forma directa, como hace Amazon, la convivencia entre partes dejaría quizá de ser idílica. Desde la empresa aportan cifras: “Según el relevamiento de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, en la primera mitad del año los sitios de comercio electrónico recibieron 1407 millones de visitas, un 14% más que el mismo período de 2016 y un 55% del total del año pasado. Hay una gran oportunidad para las librerías y editoriales de sumarse a esta tendencia que día tras día se hace más evidente”.

“Aunque no me gustan las concentraciones de poder, Mercado Libre no es, como Amazon, un depredador”, dice Leder Kremer. La empresa argentina creada en 1999 no sólo respeta la ley del precio fijo del libro, sino que además, en colaboración con la CAL, da pelea contra la venta ilegal de libros digitales. “Por un convenio con la CAL, en 48 horas Mercado Libre da de baja libros digitalizados de manera ilegal”, destaca Segovia. Casi el 80% de los libros digitales que se ofrecen en esa plataforma son ilegales e infringen derechos de autor. Una vez que las editoriales realizan la denuncia, Mercado Libre los retira de la plataforma y califica negativamente al vendedor.

Como se sabe, la “bibliodiversidad” atiende en especial en ciudades como Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba y Tucumán. En muchas regiones del país, las librerías son casi inexistentes. Allí es donde entra en acción Mercado Libre, que provee a los lectores de un catálogo de catálogos. Darío del Río, de la librería porteña Tres Deseos, que vende libros usados, no titubea. “Mercado Libre no es un enemigo de las librerías, de hecho es un gran amigo”.

“Con el objetivo de democratizar el comercio electrónico y colaborar con los emprendedores argentinos, apoyamos a las librerías que, si bien antes podían abastecer la demanda en la zona donde se encontraba su comercio, ahora pueden llegar a un público mayor en todo el territorio nacional”, dice Pérez Stoisa. Del Río también reconoce que los gastos de envío de libros a las provincias encarecen el precio final de la compra. Ese costo lo pagan los lectores.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Roland Barthes traducido por Matías Battistón

La editorial Godot, de Buenos Aires, acaba de publicar, en traducción de Matías Battistón, Un mensaje sin código, recopilación de los textos completos de Roland Barthes, en la revista Communications.

El volumen incluye cinco artículos hasta ahora inéditos en castellano: J. Marcus Steiff, Les Études de motivation (reseña, 1961); La civilización de la imagen (reseña, 1961); La vedette: ¿encuestas al público? (1963); La civiltà dell’immagine (reseña, 1964) y Presentación (1964)

Como se señala en el sitio de Godot, “Roland Barthes nació el 12 de noviembre de 1915 en Cherburgo, Francia. Un año después, su padre falleció en un combate naval. En Roland Barthes por Roland Barthes define su infancia: “Ni padre que matar, ni familia que odiar, ni medio que rechazar: ¡gran frustración edipiana!”. El pequeño Barthes recibió una pensión por parte del Estado para costear sus estudios. En 1939, se licenció en Letras Clásicas y cuatro años después en Gramática y Filología. A los 19 años sufrió un primer ataque tuberculoso. Obligado a descansar, se recluyó en los Pirineos. La tuberculosis lo acecharía el resto de su vida.A los 45 años fue nombrado Jefe de trabajos de la sexta sección de la Escuela Práctica de Altos Estudios en Ciencias Económicas y Sociales. Tan solo dos años después asumió como director de estudios de Sociología de los signos, los símbolos y las representaciones. Durante dieciocho años llevó adelante su cargo hasta ser electo por el Collège de France para presidir la cátedra de Semiología Literaria. Murió en la primavera de 1980, a los 64 años, luego de ser atropellado por una camioneta de lavandería en la calle les Écoles, frente al Collège de France, donde dictaba clases”.



martes, 10 de octubre de 2017

La James Joyce Foundation y Looren asociados

Florence Widmer, de la Uebersetzerhaus Looren nos envía la siguiente información que atañe, fundamentalmente, a los traductores de la obra de James Joyce.

Joyce Scholarship and Looren Residency 2018

Dear translators and association members,

The Zurich James Joyce Foundation and Translation House Looren would like to inform you that the application deadline for a Joyce Scholarship and Looren Residency 2018 has been extended to October 30th, 2017. Translators with an ongoing translation of a Joyce text are invited to apply, all target languages are eligible. The Scholarship/Residency includes a one-month stay at Looren to work at the Zurich James Joyce Foundation.

For more information and details, please refer to the call for applications attached to this email, or visit our websites 
www.looren.net and www.joycefoundation.ch.

with best regards,

Florence Widmer
Translation House Looren
CH-8342 Wernetshausen
+41 (0)43 843 12 43

Call for applications:

lunes, 9 de octubre de 2017

Ay, la grandísima cultura

El 29 de septiembre pasado, en su columna del diario Perfil, Rafael Spregelburd se refirió a una pieza teatral que vio en Francia y que, en muchos aspectos, se toca con la traducción. Es, entonces, una buena manera de empezar una nueva semana.

Mirar como loco

Sólo puedo alegar en mi favor que el espectáculo es raro. Pero todo era un poco raro, incluso antes. El jet lag, el idioma, el vuelo, la despedida previa, la búsqueda infame de wi-fi, el tranvía normando que se paga sólo con tarjeta y que por algún motivo no acepta la mía, en fin, estoy a expensas de todo. Así que cuando comienza la obra no me doy cuenta de que la espectadora que se sienta al lado mío está loca de atar.

Los actores nos reparten vino, la obra empieza así. Algunos lo beben. A mí no me gusta el vino y no sé para qué sirve. Primer gran error de la noche. La espectadora insiste, con una persistencia molesta, en que comparta su copa. Yo me niego en francés de alguna manera que juzgo educada pero a lo mejor le dije: “El orto trina aquí por Baco”, ya que el francés está hecho de pedacitos irreconocibles de otras palabras que quieren decir cualquier cosa, siempre diferente de lo que uno dice, y “decente” y “descenso” suenan 95% idénticas y –si bien deben provenir de una misma raíz que las ata para siempre– ahora ya deberían estar desatadas y el francés bien podría desplegar alguna técnica cartesiana para diferenciar las cosas simples. Pero no.

Así que si bien no bebo, ella insiste en que me quede con su copa medio llena. Y cada diez minutos me dice algo en francés o en un inglés selenita que ella cree que yo entenderé mejor. Es evidente que es parte de la obra. Yo me hago el que me concentro; actúo de espectador. Pero me sale pésimo. No entiendo a los actores en francés y a los italianos y portugueses apenas a gatas. Luego me enteraré –ya muy tarde– de que el texto ha sido construido por los pícaros directores de Transquinquennal como un espeso cadáver exquisito intercultural. Como la experiencia de L’Ecole des Maîtres es diferente cada año, el colectivo belga (al que conozco bien y quiero con locura) ha decidido experimentar con el fracaso: hacen todo lo que está destinado a fracasar en el teatro. La pseudoceremonia religiosa para el escándalo del devoto (que va poco al teatro), el desnudo artístico o no (la diferencia ya no existe), la violencia entre actores (para ver si el público los frena), la aceptación del desacuerdo (el público es interpelado). La propuesta es inquietante porque se matiza con noticias “reales” (entre ellas, una fiesta millonaria de Macron en Las Vegas para financiar su campaña entre empresarios) y yo celebro que en vez de presentar “energía joven” los directores hayan preferido presentar “joven intelecto”, pero las cosas se tornarán aún más inquietantes porque mi nueva amiga, la del vino, alza la mano para hablar. Les dice a los actores cosas lindas, por ejemplo, que le gustaría poder llorar, acompañarlos en la melancolía, pero que no puede porque lo que hacen es demasiado abstracto. Lo dice en un francés que es de otra parte y, negra como la noche, es tan extranjera como yo, o muchísimo más; sospecho que bajó de la alta luna nueva hace media hora. Todo lo que les dice es tan cierto que doy por descontado que se trata de una actriz mezclada entre el público. Es otro de los clichés del viejo nuevo teatro. Así que decido no obstaculizar nada y la miro en silencio cuando me habla. Los espectadores nos miran. Ella me pregunta si vine en auto. Muevo la cabeza de un lado al otro; en todos los planetas eso es no. Ah, qué bueno, porque quiere saber qué tranvía la devolverá a su casa. Yo no lo sé y mi tranvía no acepta tarjeta argentina. Ella no entiende cuál de todos los idiomas hablo. Yo tampoco. Me habla sin parar y me pregunta si ya terminó a cada rato. Cuando al fin ocurre, espero que salude junto a sus colegas. Su actuación me pareció obvia, exagerada. Pero no sube al escenario.  Recupera la copa de mi mano y sus dedos, nigérrimos, tocan los míos y la copa. Me dice un nombre que no entiendo, me agradece con un apretón de manos por haberla acompañado en el teatro. No está ni triste ni contenta. Ha ido a ver una obra y ahora toca volver a alguna parte.

El mundo se destruye. No era teatro. No había plan. Sus textos no habían sido escritos. Y allí estaba yo, presente, para no entender nada.

Nuestra capacidad de mirar está formada y deformada por la grandísima cultura.


viernes, 6 de octubre de 2017

Las editoriales Independientes llegan a Mendoza

Raúl Andrés Cuello un joven y emprendedor poeta mendocino (que es también enólogo/biotecnólogo) ha tenido la buena idea de organizar el encuentro que se detalla a continuación.

Feria de Editoriales Independientes y Autogestivas

En el marco de la Feria del Libro de Mendoza, se llevará a cabo la feria de Editoriales Independientes y Autogestivas. La misma cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la provincia y tiene como objetivo acercar al público al fenómeno creciente de las editoriales independientes, sellos que están sabiendo leer los signos del presente, con propuestas rupturistas y con libros de gran calidad material y de contenido.

Se ha propuesto para dicho evento un ciclo de charlas-debate con referentes del sector en las jornadas que van del viernes 6 al domingo 8 de Octubre.

La primera jornada, cuyo leitmotiv es “La traducción en el marco de las editoriales independientes”, contará con la participación del escritor y traductor Jorge Fondebrider.

En la jornada del sábado se dialogará acerca de los errores más comunes al momento de abordar un proyecto editorial y contará con la participación de Víctor Malumián, uno de los editores de la editorial Godot.

Por último y para cerrar el círculo, el día domingo Emilio García de El Cuenco de Plata, disertará sobre aspectos asociados a la comercialización y distribución de las editoriales independientes en el panorama de edición actual.

La entrada es libre y gratuita y el horario de cita es a las 20hs para las tres jornadas.

Asimismo y en simultáneo tendremos en el Stand 6 a Julia Enríquez (Danke), Daiana Henderson (Neutrinos), Juan Crasci (Añosluz) y Nicolás Ruíz (Kala), editores de diversos puntos del país que van a estar presentando sus libros.

¡Los esperamos a todos!

jueves, 5 de octubre de 2017

Dylan Thomas en castellano: "Una empresa temeraria. Acosada de peligros"

Ingrid Pelicori es una de las más sólidas e inteligentes actrices argentinas de la actualidad. No sólo elige bien sus proyectos, sino que lo hace sin permitirse concesiones. Por lo tanto, no es de extrañarse que haya participado en la ambiciosa puesta de Under Milk Wood (Bajo el bosque de leche), pieza para voces que el poeta galés Dylan Thomas estrenó personalmente el 14 de mayo de 1953, a pocos meses de su muerte, en 1953. Desde entonces, la pieza tuvo varias resurrecciones radofónicas, hasta llegar a la adaptación cinematográfica de Andrew Sinclair, de 1972, con un lujoso elenco encabezado por Peter O’Toole, Richard Burton y Elizabeth Taylor. En la Argentina, la pieza –juzgada como “intraducible”, como buena parte de la obra de Thomas– fue traducida por Victoria Ocampo y Féliz Della Paolera y publicada por la editorial Sur en 1959 (hay una versión española titulada Bajo el bosque lácteo que la editorial Fontamara, de Barcelona, publicó en 1979 y que difunta DVD, volvió a publicar en 1999, en traducción introducción y notas de Ramón Andrés). Llevada varias veces al teatro, hay ahora una nueva versión, actualmente en artel, debia a Pelicori. Consciente de la dificultad del texto, ella escribió las siguientes líneas para la revsita del Teatro Municipal "General San Martín". Las reproducimos con su autorización. 

Traducir a Dylan Thomas

Traducir a Dylan Thomas es una empresa temeraria, y condenada en buena medida al fracaso. Si alguna dosis de éxito es posible, esta deriva de la capacidad de decidir con buen tino qué sacrificar. Y qué no.

Para mí, lo primero que no se podía resignar era la comprensión. Por supuesto que intentando no reducir la complejidad de la obra, ni su carácter poético. Dylan Thomas escribió alguna vez: “me gustan las cosas que son difíciles de escribir y difíciles de comprender, me gusta redimir los contrarios con imágenes secretas”. Pero también, cuando en ocasiones fue tildado de “oscuro e incomprensible”, negó los cargos y afirmó que “cada línea pretende ser comprendida”.

En este trabajo de traducción de Under Milk Wood, tuve siempre presente que se trataba de una versión para la oralidad, para ser dicha en un espectáculo teatral a representarse hoy y acá, frente a un espectador que se sienta en su butaca y escucha el texto una sola vez. Entonces, ningún juego de la lengua, ningún intento de asimilar procedimientos podía hacerse a expensas de lo inteligible. Desde ya es imposible traducirlo literalmente: los juegos de palabras, las torsiones sintácticas, las asociaciones basadas en los sonidos, la formación de palabras, los dobles y triples sentidos, además de las referencias culturales galesas, resultarían incomprensibles. Ser fiel, en el sentido de ser literal, iría contra el mismo sentido.

De modo que el primer objetivo fue que la traducción resultara comprensible. Pero también que el lenguaje no sonara envejecido. Y que pudiera “entrar” en la boca del actor, y resonar en su cuerpo y en su afectividad. Por estas razones no podíamos tomar traducciones anteriores. El traductor no tiene más remedio que traducir con su propio lenguaje y su propio criterio de belleza, que indefectiblemente se transforma con el tiempo. Se ha dicho ya que las traducciones suelen envejecer. (Walter Benjamin escribió: “La mejor traducción está destinada a diluirse una y otra vez en el desarrollo de su propia lengua y a perecer como consecuencia de esta evolución). Podría ocurrir que la traducción exacta de ciertas palabras o frases hoy nos sonara arcaica.  Y no se haría justicia a un poeta tan innovador - que significó una ruptura en la manera de escribir poesía- con una traducción que tuviera un sabor anticuado.

Dylan Thomas ha dicho “Quería escribir poesía porque me había enamorado de las palabras”. Por cierto un amor correspondido y feliz. Con las palabras él crea mundos, hace música, juega irónicamente, dispara múltiples sentidos, penetra en los corazones. En Under Milk Wood, un trabajo de madurez amasado durante diez años, el lenguaje es riquísimo, muy sonoro, con asociaciones e imágenes sumamente originales, y con una fuerte unión del significado y la sonoridad. Él dijo en su manifiesto poético: “No son las palabras las que expresan lo que quiero expresar: las palabras son las únicas que encuentro que se acercan para expresar solo la mitad”. En su obra, el ritmo y la musicalidad de las palabras, son parte del sentido, del contenido. Hay algo más que se dice en esas sonoridades. Algo queda palpitando allí. Algo misterioso a veces. Algo gracioso en otros casos. Una mirada irónica. O un tono sentimental. Algo que acompaña y termina de construir el sentido. La peculiar mirada de Dylan Thomas también se cuenta en ese impulso, esa música, esa respiración, esos ritmos. En aquello que es más que comunicación.

El desafío de la traducción fue intentar encontrar o crear alguna equivalencia de esos procedimientos en nuestra lengua. A pérdida, desde ya. En primer término por la grandeza incomparable del poeta. Se ha dicho que traducir es decir de otro modo. Y la genialidad de Dylan Thomas consiste en decir a su modo. Por otra parte, el idioma castellano carece de la flexibilidad y la liviandad del inglés. Las palabras en nuestra lengua son largas, pesadas, con muchas vocales, de modo que los efectos rítmicos se vuelven demasiado evidentes, las rimas son más previsibles, más duras, los juegos de palabras resultan más forzados, y los neologismos suenan afectados.

Entonces, lo que me propuse fue imaginar el efecto que se buscaba en el original a partir de estos procedimientos, y procurar generar algo semejante. Oír la intención. (Meschonnic ha dicho: “Más que lo que dice un texto es lo que hace lo que hay que traducir”).

En este sentido me pareció fundamental atender en la versión castellana al tratamiento sonoro, es decir producir cierta musicalidad, a partir de ritmos, de rimas y aliteraciones, pero de un modo sutil, para que no perdiera la liviandad que tienen en inglés esos procedimientos. Aunque sin resignar el tratamiento lúdico de los sonidos. En esta musicalidad se despliega el hálito poético de la obra. Pero también el humor, que tiene un rol muy importante, y que se juega no solo en el contenido, sino también en la composición de los sonidos.

Diría entonces que lo que quise no sacrificar fue el carácter poético, la musicalidad, el procedimiento lúdico y el humor.  Procurando que el lenguaje contribuyera a crear los sucesivos climas y tonos tan cambiantes de la obra, desde el lirismo a la ironía, desde el humor más desenfadado a la más delicada sensibilidad, desde el fondo sexual que atraviesa toda la obra, a la sutil y profunda emoción existencial.

El método de trabajo incluyó por supuesto leer otras traducciones, trabajar con el diccionario, pedir ayuda para las zonas más oscuras y, sobre todo, leer los otros textos de Dylan Thomas para poder captar su particular visión del mundo. Y luego intentar ser fiel a la actitud que impregna su obra.

Sí, traducir a Dylan Thomas es una empresa temeraria. Acosada de peligros. Pero también llena de la felicidad de sumergirse una y otra vez en sus palabras, dejarse atravesar por sus imágenes, sus sonidos, y convivir con esa profundísima belleza. Para después intentar despertar algún eco, retener algo de su ley y, en el mejor de los casos, poder compartir su secreto.