miércoles, 24 de mayo de 2017

Por qué vale la pena liberarse de Cécile Vilvandre de Sousa, experta en relaciones internacionales

Cuando hablaba de José Ortega y Gasset, Borges siempre acotaba: “que entre los tres no hacen uno”. Es hora entonces de referirnos a la simpática Cécile Vilvandre de Sousa (foto), que ídem. Este personaje, que suponemos estudió en la Universidad de Castilla-La Mancha y que en la actualidad se desempeña como coordinadora de Relaciones Internacionales del Campus de Ciudad Real, con el sello de esa casa de estudios, publicó en 2006 un libro cuyo título es La recepción en España del teatro de Eugene Ionesco.

Dado que previamente publicó una tesis titulada “La recepción en España del teatro de Eugene Ionesco (1955-1997)”, es de suponer que, como suele ocurrir, ese trabajo previo en algún momento se estiró y consiguió sus alas de mariposa para convertirse en un libro de esos que sólo leen los especialistas y que, con la supuesta dignidad del caso, abultan una bibliografía de autor más bien anodina.

Todo esto no tendría la menor importancia, salvo, claro, para Cécile, que habrá festejado la aparición del volumen con la familia y algún colega. Pero súbitamente, cuando al buscar un dato, uno se encuentra con otro, la Cécile en cuestión pasa deja de ser una académica más bien aburrida para convertirse en algo acaso peor.

La cosa es así: en el apartado “La traducción de Luis Echávarri en editorial Losada (Buenos Aires, 1961)”, Cécile dice: “Habrá que esperar a 1961 para que La Cantante calva se publique por primera vez en castellano, y lo hará en la editorial argentina Losada (8), en el tomo I del Teatro de Ionesco”.

Acá el lector encontrará que después del nombre de la editorial Losada hay un 8 que en el original está volado, indicando que se trata de una nota, y que aquí presentamos entre paréntesis. Veamos entonces el contenido de la nota: 

(8) “Utilizamos la segunda edición (1964).” Sigue luego una disquisición técnica sobre la traducción y el texto concluye así: “En suma, al autor se le ha reservado el mismo lugar y tratamiento que si de una edición en lengua original se tratara, y la traducción se ajusta sistemáticamente al original. En ningún momento el traductor [Luis Echávarri] pretende superar el estadio de la simple traducción: busca la literalidad y trata de conservar la orientación lingüística del original. Liberada de los regionalismos argentinos enmendados en la edición castellana de Alianza, resultó ser una buena base para la mayoría de las versiones y adaptaciones de la obra en España”.

Buscando en Internet, uno puede comprobar que el tema de Cécile es el teatro. Ahora bien, ¿nadie le dijo que el teatro debe traducirse distinto que el resto de la literatura porque, de hecho, está escrito para ser dicho y no leído en silencio? ¿No sabe que en cada país de la lengua castellana el teatro se dice distinto, justamente porque en cada uno se habla distinto? En consecuencia, si una traducción dramática se realiza en la Argentina, ¿por qué debería tener en cuenta el habla española? Luego, ¿no sería lícito imaginarse que si no hubo traducción española anterior a la argentina es precisamente porque el país de Cécile estaba infectado hasta los tuétanos por el franquismo que poco quería saber de Ionesco? Por último, ¿es ese mismo franquismo el que lleva a la Cécile en cuestión a considerar que una traducción “fusilada” –que así se dice acá cuando se roba una traducción– está “liberada” al eliminarse de ella las marcas –“regionalismos” los llama la bruta– que permiten reconocer su procedencia? Y, ¿por qué uso la palabra “enmendar” –que, según el diccionario significa “corregir o arreglar los errores o defectos de una cosa o una persona” – en lugar de “españolizar”, que es lo que se suelen hacer muchas editoriales españolas cuando “fusilan” traducciones provenientes de Latinoamérica para no tener que pagarle a los traductores?

En síntesis, todo muy feo. Esta señora, dueña de una sonrisa encantadora (volver a ver la foto), al no releer lo que escribe, o es una cínica o una completa descerebrada. Y lo peor es pensar que enseña y que seguramente pondrá en la bibliografía de sus cursos su propio libro que, hay que saberlo, vale 24.04€ (23.12€ sin IVA). ¿O acaso ésta sea una estrategia de la Universidad de Castilla-La Mancha para manejar sus relaciones internacionales y no nos dimos cuenta? 

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