viernes, 16 de febrero de 2018

Cuando los clásicos huelen a estafa

En la cadena de  Yenny-El Ateneo y en la cadena Cúspide, del Grupo Clarín –que son a las librerías lo que MacDonalds a los restaurantes– pueden verse los libros que ilustran esta entrada.

Se trata de obras escogidas de autores clásicos, todos muertos hace más de setenta años, por lo que para publicarlos no hay que pagar derechos de autor. Son de Edimat Libros, casa española, fundada en 1991, "como continuación del negocio familiar que don Augusto Mateos López inició hace más de cincuenta años en la calle General Álvarez de Castro, 14, sita en Madrid, España", según se lee en la presentación que la editorial hace de sí misma en su sitio web (http://www.edimat.es/sobre_nosotros.php).

Siempre según la publicidad, "en estos casi veinticinco años, Edimat Libros ha publicado más de cuatro millones de ejemplares de un fondo de aproximadamente tres mil títulos, estando presentes tanto en España como en todos los países de Latinoamérica y en Estados Unidos. Para ello cuenta con una activa red de distribuidores nacionales en los diferentes países o bien mediante relación directa desde la central de Madrid, España, con los clientes finales (librerías, grandes cadenas, etc.)".

No es todo. El texto continúa así: "Desde su inicio, la meta que Edimat Libros se propuso fue crear colecciones populares en las que tuviesen cabida los temas más variados: los clásicos universales de la literatura, donde la narrativa, el teatro, la poesía, la filosofía y el ensayo nos acerquen  a sus autores. En ellos podemos encontrar desde los clásicos Homero y Virgilio hasta autores de nuestros días como Federico García Lorca. Los libros ilustrados de las más diversas materias: enciclopedias de automóviles, barcos, motocicletas, pistolas, de animales, todos ellos con magníficas ilustraciones y fotografías a todo color". 

Si el lector no vomitó hasta ahora, puede hacerlo cuando, después de hojear la página de los créditos de las obras traducidas que publica Edimat Libros se tope con la siguiente leyenda sobre la traducción: "Realizada o adquirida por equipo editorial". 


El detalle en cuestión es que en ninguna parte se menciona quiénes forman parte del "equipo editorial", lo que permite sospechar que se trata de una traducción "fusilada"; vale decir,  copiada de una fuente que se nos oculta deliberadamente, o levemente adaptada a partir de otras traducciones  que existen en el mercado, cuidando de cambiar aquí o allá alguna palabra para evitar demandas judiciales. La práctica no es nueva, pero sí deshonesta, y condena a los traductores al más absoluto anonimato... para no decir que es una manera de publicar el trabajo ajeno sin pagarlo.

Lo que sí consta es el nombre de Francisco Caudet Yarza (foto), pintoresco autor de la introducción de las antologías de Flaubert, Jack London, Lewis Carroll, Tolstoi y todos los demás.

Puesto a buscar en Internet, uno descubre que Francisco Caudet Yarza (Barcelona, 1939) "ya en la infancia manifiesta su inclinación hacia la literatura y se apasiona con la lectura de clásicos franceses y rusos (Dumas, Tolstoi, Verne), autores que simultánea con los españoles de la novela de kiosco como Mallorquí, Donald Curtins, Mark Halloran y otros, en especial Guillermo López Hipkiss con el que se identifica de tal modo que, pasado el tiempo y siendo ya un profesional de la novela popular, reconoce que él ha sido el auténtico detonante de su vocación literaria". 

Cuando uno piensa que ya leyó mucho disparate todo junto se sorprende al enterarse de que hay más: Caudet Yarza "debuta en 1965 en el mundo de los 'bolsilibros' con la madrileña Editorial Rollán que le publica su primer original en la legendaria serie FBI, con el título de Enigma. Dos años después, la barcelonesa Bruguera le ofrece un contrato de colaboración en exclusiva para novelas de bolsillo, empresa que comercializa durante años sus originales que  rozan los cuatrocientos títulos y que firma con el más conocido de sus seudónimos: Frank Caudett. Con el devenir del tiempo incursiona en otros ámbitos literarios y publica con diferentes editoras, entre ellas Edimat, Libsa, Planeta, Ediciones Obelisco, etc. Algunas de sus obras más significadas son Al correr del tiempo..., Generaciones castradas, Historia Política de Cataluña 1880-1936, Las profecías de Nostradamus, Franco: resumen biográfico y es autor, junto con su esposa, la documentalista María José Llorens, del primero libro sobre la Ouija que se publica en la España de la transición. Desde varios años colabora con un holding editorial sudamericano". 

Para quien desee enterarse, Caudet Yarza, alias Frank Caudett, es también Frankie Cauyarz, Kyle Brown, Michael Bannister, Montana Blake, Ariel Sinclair y Winston McNeil. En una de ésas, en sus ratos libres también puede que sea Mariano Rajoy.

Ahora bien, todo esto sería simplemente grotesco si no contribuyera a la deshonestidad de los responsables de estos engendros. En todo el mundo existen ejemplos de ediciones populares honestas, prologadas por especialistas y con el debido crédito dado sus traductores. Pero aquí todo suena a estafa: libros prologados por una misma persona que tanto puede ocuparse de Flaubert como de Nostradamus y Franco (para no hablar de los "galanes míticos del cine", de "los mejores refranes", de las "leyendas de Japón", etc., etc., etc.), en ediciones en las que no se consigna traductor ni el nombre del "equipo editorial", expuestas en los supermercados de libros como ristras de chorizos a precios falsamente bajos porque, de hecho, comprar una buena traducción no cuesta mucho más que los A$R 349 (unos € 17) que valen en las cadenas .

En síntesis, una porquería por donde se lo vea. Y ojalá todo esto no perturbe la ilustre memoria de don Augusto Mateo López, que en paz descanse ya sea que esté vivo o muerto.



1 comentario:

  1. Suscribo todo lo que se dice en el artículo, y apunto que existen en España cantidad de editoriales que llenan las "ferias del libro" populares (de las playas, y eso, libros a saldo) con traducciones ilegibles. Pero debo reconocer también que el recurso de la "sinonimia" (que es el que se refiere Fonderbrider en la nota) no es patrimonio sólo de editoriales de ese calibre. De hecho, tengo que decir que fui autor de numerosas "traducciones" de todo tipo de autores para Centro Editor de América Latina en tiempos de Boris Spivacow (incluidas presuntas "traducciones" del checo), sin saber ni siquiera inglés. No obstante, no puedo dejar de reconocer la trascendencia que tuvo esa editorial en la cultura de nuestras generaciones. E incluso creo que en algún caso, si se me perdona la jocunda inmodestia, mejoré bastante la traducciòn original.

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