lunes, 27 de diciembre de 2021

Los traductores y la hora de los buenos deseos

Las fiestas de fin de año son una buena oportunidad para hacerles hacerles llegar los buenos deseos a aquéllos que nos importan. También, para llevar a cabo una suerte de inventario de lo realizado durante el año que pasó.

Esto, bajado a la realidad del comercio, implica, enumerar los logros y anunciar los objetivos, lo que en el mundo editorial se traduce en hacer mención de los libros publicados en el período y anunciar los que vendrán. Hay incluso algunas editoriales que separan lo escrito en la  lengua nativa de las traducciones. 

Nombrar a los autores es obligatorio y, mal que les pese a los editores, su principal argumento de venta. 

Nadie, en esas publicidades disfrazadas de buenos deseos, nombra a los traductores. O sea, los libros traducidos se tradujeron solos. Y acá no se trata de reclamar dinero, sino del reconocimiento debido. Pero, el nombre del traductor, ese mismo que suelen olvidar los periodistas culturales, también lo olvida la gran mayoría de los editores, que, como todo el mundo sabe, son unos grandes humanistas.

Jorge Fondebrider


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