El 25 de diciembre de 2025, Sara Polo publicó la siguiente semblanza de Will Evans, traductor estadounidense y fundador de una editorial que es una rara avis en el paisaje de su país. Lo hizo en elmundo.es, de España.
El hípster de Texas que se convirtió en el mayor traductor literario de la historia de EEUU: "Leer algo escrito fuera de tu país es una buena vacuna contra el populismo. No existimos solos"
«Es un tipo fascinante, muy peculiar, una metralleta verbal». Está mal robar palabras al último Premio Nacional de Narrativa, pero es imposible describir mejor al personaje bigotudo y tatuado que ilustra esta página. Paco Cerdà desembarcó en EEUU el pasado septiembre para presentar la edición en inglés de El peón, y terminó faltando a su evangelio como valenciano en un restaurante español de Dallas intentando seguir como podía el verbo ágil, por no decir hiperactivo, de Will Evans, su editor al otro lado del océano, ese tipo fascinante cuyo empeño personal lo ha convertido en apenas 10 años en el mayor traductor de literatura extranjera de la historia de EEUU.
«Se empeñó en que cenáramos paella, porque le encanta, y yo no sabía cómo decirle que aquello era una turistada inaceptable para mí. Terminé aceptando -al fin y al cabo, era mi editor- y estaba muy buena, la verdad, pero cuando terminamos no pude evitar decirle: 'Will, esto no se hace. Es como pedir a un italiano que se tome un capuchino antes de ir a dormir'. Nos reímos mucho», recuerda. Paco Cerdà escribió su libro sobre ajedrez sin imaginar siquiera que los fans estadounidenses de Bobby Fisher pudieran jamás tener acceso a sus páginas. Hasta que una minúscula editorial con base en Texas se puso en contacto con su propia casa editora logroñesa, Pepitas de Calabaza, que se define a sí misma como «con menos proyección que un cinexin», y se obró el milagro. «Sólo desde la pasión se puede entender el proyecto de Will Evans. En Europa, la literatura traducida nos parece una evidencia; en EEUU, es una heroicidad», sentencia.
Pasional es, de hecho, otro gran adjetivo para el busto gesticulante que asoma al otro lado de la pantalla presto a desgranar a lo largo de una hora de conversación apabullante los pormenores de una vida entregada a los libros. A los libros que otros desprecian por poco comerciales, por estar escritos por minorías o, sobre todo, porque vienen de fuera. «EEUU tiene desde siempre un problema de aislamiento del mundo, ha sido así en sus casi 250 años de historia. Este país se fundó sobre principios fascinantes pero también sobre el miedo al forastero, así que traducir literatura extranjera es aquí toda una declaración política», expone. Will Evans fundó Deep Vellum en 2013 y la bautizó a partir de un juego de palabras entre el barrio hípster en el que recaló al llegar a la ciudad, Deep Ellum, y la vitela (en inglés, vellum), el pergamino elaborado a partir de piel tratada de animal en el que se imprimió, por ejemplo, la Biblia de Gutenberg. La combinación da una buena idea de su idea de fondo: conectar con lo global desde lo hiperlocal.
Todo empezó en el instituto con un libro que le cambió la vida, La vida de un hombre inútil, de Máximo Gorki. «No es uno de los clásicos de la literatura rusa, pero fue el que me impactó. Me hizo darme cuenta de que era un ser diminuto que no sabía nada del mundo, me dejó alucinado», rememora. «Si estoy hoy aquí hablando contigo es por aquello. Cualquier libro puede cambiar tu vida y yo quiero poner a tu disposición el catálogo más amplio posible para que puedas encontrarlo». Gorki despertó en el joven Will una fascinación por la literatura rusa que lo acompañó hasta la escuela de posgrado, donde en la solicitud para entrar en el programa de doctorado escribió: «Me encanta Dostoievski, quizá sólo lea a Dostoievski el resto de mi vida». Le aceptaron, pero renunció. El programa le parecía aburridísimo.
Así que se fue de gira con su grupo de rock del instituto, He Is Legend, que tras prescindir amablemente de sus servicios como cantante para fichar a uno mejor lograron triunfar y girar por todo EEUU. «Es normal, ellos son buenísimos y yo sólo gritaba al micrófono», asume. Aquella experiencia como tour manager se alargó cinco años y despertó en él una ambición que sigue guiando sus días: «Me obsesioné con conectar el entretenimiento con la alta cultura. Me impactó mucho salir al mundo real y ver lo poco que a la gente le importaba la literatura. Incluso los grandes lectores leían siempre lo mismo y se aburrían. Yo también», cuenta. «En la industria musical conocí a gente tremendamente emprendedora que demostraba que si quieres ver un cambio en el mundo tienes que remangarte y hacerlo, y cuando volví, cursé finalmente un posgrado en Literatura Rusa pero con la cabeza ya puesta en revolucionar el mundo editorial con algo tan aparentemente simple como complejo en la ejecución: poner al lector en el centro».
En poco más de una década, Deep Vellum ha publicado más de 1.200 libros escritos originalmente en 15 idiomas y originarios de 100 países de seis continentes. Sólo se le ha resistido la Antártida. «Cuando veo todas esas historias, todos esos narradores, esas culturas ahora disponibles en inglés para que la gente pueda descubrirlos, joder, es genial», reconoce. «El lugar de EEUU en el mundo es realmente desconcertante y nuestro objetivo es generar una conversación global. La cultura es política, la literatura es política, y cuando el diálogo se produce es cuando ves la verdadera humanidad de las personas frente al odio. Ser parte del cambio es impactante. Hacerlo desde una ciudad como Dallas, nacida como lugar de encuentro entre culturas, tiene todo el sentido». «Lo suyo no es un catálogo, es una obra», resume Paco Cerdà.
La encrucijada fronteriza texana propició, además, otro cruce de caminos totalmente inesperado que dio en una gran amistad y en un proyecto compartido que ha cambiado el paisaje cultural de la novena urbe de EEUU. El ingeniero de caminos riojano Javier García del Moral desembarcó en Dallas a principios de la década pasada a lomos de una gran multinacional española. Coincidió allí con un compañero, Paco Vique, con el que compartía dos grandes pasiones: los libros y las cañas. Con sus ahorros fundaron la primera librería-bar de la ciudad que sería, en realidad, también la primera librería independiente en un paisaje monopolizado por las grandes cadenas. La llamaron The Wild Detectives en homenaje a Roberto Bolaño. ¿Recuerda aquello de crear conversación que movió a Will Evans a crear Deep Vellum? Pues ahora ya tenía un espacio físico en el que desarrollar esas charlas. Fue en The Wild Detectives donde Paco Cerdà presentó The Pawn, por ejemplo. Fue también, por cierto, García del Moral quien aconsejó a Evans traducir una novela española de ajedrez buenísima que acababa de leer.
«Queríamos crear un espacio en el que poder hablar de literatura, invitar a autores, recuperar esa idea de la librería como punto de encuentro de la comunidad que se había perdido, primero, a causa de las grandes cadenas y, después, por culpa de Amazon», describe el ingeniero aquel proyecto que hoy es su medio de vida. No era su intención convertir The Wild Detectives en una librería española; de hecho, el 95% de los títulos que vende son en inglés, pero sí reconoce que la literatura latinoamericana traducida es la que más llena sus estanterías. Traducida por su amigo Will, claro. El 40% de la población de Dallas es de origen latino. «Se da una paradoja interesante: en México, el español es un idioma muy asociado al Estado frente a la marginación de las lenguas indígenas. Conduces 400 kilómetros, cruzas la frontera y el español se convierte en idioma de resistencia, en una declaración política», afirma el ingeniero. «Eso es precisamente lo que hace la literatura: explicar cómo el contexto cambia completamente los significados y demostrar que los términos absolutos, en general, no valen para nada».
Corren malos tiempos en la tierra de la libertad para los discursos aperturistas. No en vano, una de las primeras órdenes ejecutivas que dictó Donald Trump poco después de regresar a la Casa Blanca fue declarar el inglés como única lengua oficial de EEUU por primera vez en su historia, en lo que constituyó la primera piedra de una persecución al latino que saltó de la lengua a la calle. «Si hace 15 años propones una serie con lo que está pasando hoy aquí, te la tiran por inverosímil», asegura García del Moral. «Hay mucha gente que no sale de su casa por miedo a las redadas, muchísimos niños que no van al colegio por si los separan de sus padres, y también hay una cierta autocensura, no tanto por el aparato de Gobierno como por las hordas de bots y de cenutrios que sólo buscan hacer ruido. En las librerías, que son espacios en los que saben que se administra un contenido contrario a sus ideas, es habitual que traten de intimidarnos».
Sabe bien de lo que habla el librero. Hace algunas semanas, con motivo del Hay Festival que The Wild Detectives acoge en Dallas, una mujer irrumpió en un encuentro con el reportero y autor de cómics maltés Joe Sacco, autor de varios libros críticos con la actuación israelí en Palestina, y empezó a grabar los rostros de los trabajadores del local entre gritos de «terroristas». «Al final, para evitar esas situaciones desagradables, a veces te ves a ti mismo colocando algún libro más atrás, menos visible, o evitando ciertos temas espinosos», reconoce el español. Para él, el intercambio de ideas en torno a una cerveza genera un vínculo que va mucho más allá del simple entretenimiento: «Es el germen de la empatía, y ese es, a su vez, el germen del cambio».
La identificación con el otro empapa también el discurso político de Will Evans. «Está científicamente demostrado que leer ficción genera empatía, que te hace mejor persona. Conozco a mucha gente inteligente que no lee ficción, son analfabetos emocionales funcionales. Saben leer pero no interactúan con el mundo de las ideas que la literatura representa», acusa. «Hay libros que son portales que te hacen ver el mundo de otra manera, y en ese sentido, leer literatura creada fuera de tu país, de tu cultura, es una buena vacuna contra el populismo. ¿Te va a proteger un libro extranjero de los movimientos internacionales de extrema derecha? No necesariamente. Pero forma parte de la solución entender que no existimos solos».
En su cruzada por dar voz a quienes otros rechazan, Deep Vellum nació con un discurso que apelaba a publicar a los escritores infrarrepresentados. Lo abandonaron después de que algún autor europeo se ofendiera. «Puedes ser el escritor más vendido de tu país, pero en EEUU no vales nada», tuvo que explicar el editor a alguno de ellos. Para hacernos una idea, su editorial fue la casa norteamericana del noruego Jon Fosse antes de que ganara el Nobel de Literatura en 2023, y también cuenta en su catálogo con el rumano Mircea Crtrescu y la turca Leylâ Erbil.
Evans acaba de regresar de Nueva York, donde ha acompañado a Ethan Rutherford en el National Book Award, del que era finalista. «La nuestra era la única editorial en aquella mesa que no tenía sede en Manhattan. Estábamos sentados junto a empresas que tienen un presupuesto un millón de veces mayor que el nuestro y, aun así, nuestro autor era del mismo nivel. Y es ahí donde quiero que estemos, donde quiero llevar a mis autores aunque me haga un agujero en el presupuesto. Merecemos estar en esa mesa», argumenta el editor. Deep Vellum es una organización sin ánimo de lucro por principios, pero también por necesidad. EEUU tiene una larga tradición de editoriales independientes que eligen ese régimen para llenar los huecos que deja la voracidad del mundo corporativo.
«El principal problema de la industria editorial en EEUU es que todos los libros son iguales: todos están escritos por las mismas personas, de la misma clase social, del mismo nivel económico y educativo. El 96% de los libros que se publican son de autores blancos, menos del 3% son traducidos y sólo un 0,1% traducen novedades. Todo forma parte de la misma mentalidad cerrada contra la que luchamos», resume Evans. «Las ventas no pueden ser nuestro indicador de éxito porque nuestro principal desafío es el acceso al mercado. ¿Cómo puede una editorial pequeña imprimir los suficientes ejemplares de un libro para triunfar, incluso si se vende lo suficientemente bien?», se pregunta.
Y sin embargo, la pasión que le atribuía Cerdà no decae cuando mira al futuro: «Estamos haciendo lo que nadie más hace y vamos a seguir haciéndolo. Aunque parezca una locura, algunos creemos en esto. Y 12 años después, aquí seguimos. Es un milagro».
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