Se revela invisibilización de la mujer en trabajos para traducir y editar
La invisibilización de las mujeres en la historia se solapa con la de las prácticas de traducción y edición que, como labores intelectuales de mediación, han sido reveladas muchas veces como espacios supuestamente neutros de conexión entre lugares, señaló Lucia Campanella Casas, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya, España.
Un traductor lleva un texto de una lengua a la otra pero no es un autor, mientras que un editor pone en contacto a los autores con los lectores. Y aunque esos espacios de “puente” muchas veces han estado ocupados por mujeres, es difícil encontrarlas.
La utilización de herramientas de las humanidades digitales nos ha permitido comenzar a reparar un poco algunas de esas invisibilizaciones, dijo Campanella Casas en la Sala Interactiva de la Hemeroteca Nacional de México.
Al ofrecer la charla “Las mujeres mediadoras: editoras y traductoras. Una mirada desde las humanidades digitales y la historia de la traducción”, añadió que esa invisibilización también se produce cuando se habla de ellas desde un espacio de ignorancia.
La experta mencionó que se especializa en el mundo intelectual y cultural de un movimiento político radical como el anarquismo. “Me identifico con estas dos realidades: la del territorio del trabajo y la de la protesta, en un mundo que se está volviendo muy peligroso”.
Los datos, una vez analizados y puestos en relación, permiten educar sobre el papel de las mujeres en prácticas culturales esenciales, como son la traducción y la edición, consideró.
La especialista presentó casos “en donde he podido trabajar con humanidades digitales, con traducción y con edición”. Uno de ellos lleva por título 150 años de traducción literaria en imprentas editoriales de Uruguay, en colaboración con académicas de la Universidad de la República, de aquella nación sudamericana.
En el proyecto se propuso el uso de las humanidades digitales en la medida posible, ya que “apropiarnos de ciertas herramientas nos ha costado y estamos todavía en un proceso de aprendizaje” para hacer un relevamiento bibliométrico de las obras literarias traducidas y publicadas en aquel país en un periodo largo: 1871-2021.
“Partimos de la base de la historia digital de la traducción”, y para hacer esa tarea se contó con un grupo interdisciplinario que incluyó un analista programador y un desarrollador web. “Trabajamos con los datos catalográficos, algunos de 150 años de existencia, para poner ‘el foco’ en quién tradujo”.
Campanella precisó que el proyecto, desde el principio, estuvo pensado a partir de las humanidades públicas: “Nos interesaba cuál iba a ser el contacto con el usuario o persona interesada, que no necesariamente fuera a trabajar con una base de datos, por más simple que fuera. Por eso se creó una aplicación web que tiene una serie de informaciones acerca de los hallazgos de la investigación y un buscador”. Se incluyeron mil 424 registros de traducciones de 29 lenguas y 629 autoras y autores.
Entre los hallazgos se encontró que la primera traducción literaria realizada por una mujer en el catálogo es, en realidad, una traducción colectiva. En este tema “aún hay mucho trabajo por hacer, pero hemos avanzado bastante”.
Otro proyecto presentado fue el del análisis a gran escala de las traducciones literarias publicadas en la prensa anarquista de ciudades portuarias entre 1890 y 1910. “Una de las características de ese movimiento a nivel mundial fue que tempranamente incluyó a las mujeres”.
Al final “logré una transcripción automática más o menos viable de un corpus muy grande, en un estado de conservación diverso (páginas manchadas, rotas, etcétera); y con ayuda de científicos de datos, apliqué un sistema de reconocimiento de entidades”.
También “intenté replicar automáticamente un proceso que hacía manualmente: leo un periódico buscando traducciones literarias, pero muy difícilmente aparecen. De ese modo trato de encontrar nombres propios para luego filtrarlos y encontrar autores literarios”.
En 94 traducciones recuperadas de tres periódicos, sólo hubo una mujer autora, y de traductores, “la nada, porque la mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales y, de ellos, los que pude investigar son todos hombres”. Donde sí hay mujeres es en el ámbito de la edición, finalizó.
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