Ley de Defensa de la Actividad Librera: cámaras y editores se oponen a su eliminación
La ley de precio único del libro estimula la bibliodiversidad. Es lo que sostienen las cámaras del libro, los editores y los libreros, que se oponen al plan del gobierno de Javier Milei de derogar la Ley 25.542, de protección a la actividad librera, la cual asimila condiciones de venta entre pequeñas y grandes librerías fijando un precio único en el país: derogarla impactaría negativamente en locales independientes en favor de grandes plataformas, que podrían vender libros a precios mucho más bajos. Sin la ley, el mercado saldría beneficiado.
“En favor de la Ley de Defensa de la Actividad Librera, la CAL se opone a su derogación”, es el título del comunicado de la Cámara Argentina del Libro (CAL), integrada por 500 editoriales pequeñas y medianas de todo el país. Allí se explica que “la Ley 25.542 impulsa el precio único del libro; no para intervenir en el mercado, sino para garantizar que el mercado no limite el acceso a la cultura. Su objetivo es que haya más librerías, más editoriales, más autores y, en definitiva, que los lectores tengan más libros entre los cuales elegir”.
La Ley 25.542 de Precio Uniforme de Venta al Público de Libros es “una herramienta fundamental de política pública para promover el acceso al libro y a la lectura, fortalecer la producción editorial nacional y preservar una red federal de librerías que garantice a la ciudadanía una oferta amplia, diversa y plural”, dicen en la CAL. Sancionada en 2001, la ley dice que el editor fija el precio de venta de cada libro y que debe ser respetado en todos los canales de comercialización: librerías, cadenas, supermercados o plataformas de venta online.
Según la CAL “este sistema reconoce la naturaleza dual del libro, como un bien económico, pero sobre todo como un bien cultural cuya circulación resulta esencial para el ejercicio del derecho a la educación, el acceso al conocimiento, la libertad de expresión y la diversidad cultural”. ¿El precio uniforme elimina la competencia? Al contrario, dicen desde la CAL: “La orienta hacia la calidad del servicio, el asesoramiento, la amplitud del catálogo y la promoción de nuevos autores, lo que evita que la competencia se reduzca exclusivamente a la capacidad financiera para ofrecer un precio menor”.
Así, la Ley de Defensa de la Actividad Librera permite que librerías, cadenas y plataformas compitan en condiciones más equilibradas, “lo que favorece la existencia de una red diversa de puntos de venta en todo el país”. La eliminación del precio único “permitiría que grandes actores y plataformas utilizaran políticas agresivas de descuentos para desplazar a las librerías, especialmente en ciudades del interior y en los barrios, provocando el progresivo cierre de estos comercios y reduciendo la competencia real”. Con la concentración disminuiría la diversidad de títulos y se debilitaría el acceso de los lectores a una oferta plural.
Voces a favor de la ley
Desde Barcelona, el entrañable editor y agente literario Guillermo Schavelzon, de 80 años, analiza el plan de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, de eliminar la Ley 25.542: “Me resulta tan incomprensible que este ministro ocupado en grandes transformaciones se meta con una actividad de bajísimo valor económico y que a ninguno de los participantes del sector del libro le conviene. Me pregunto para qué estará utilizando un tema que trae mucha repercusión”.
Acentúa Schavelzon: “Lo explícito es absurdo. No lo quieren ni las multinacionales, ni los independientes, ni los autores, ni les conviene a los lectores. Hay un solo operador que podría salir ganando, que es Mercado Libre, ya que podría ofrecer todos los libros existentes con un 20 por ciento de descuento y se llevaría a una mayoría de clientes, obligando a cerrar a las librerías de barrio y poniendo en riesgo a las grandes cadenas. Pero esa venta, que sería mucho para la industria editorial, para Mercado Libre -como para Amazon en el resto del mundo- es muy poco significativa”.
La ley 25.542 “obliga a que la competencia sea por calidad, por selección de la oferta, por servicio, pero no por el precio -dice Schavelzon-. Si alguna gran compañía se impone en el mercado bajando mucho los precios, obviamente se centrará en los libros de mayor venta, dejando de lado a la gran mayoría de los títulos, que se venden poco pero aportan a la diversidad cultural. Al poco tiempo, no sólo cerrarán librerías y editoriales, sino que caerá aún más el nivel educativo de la población”. La experiencia en los países donde no hay precio fijo “es dramática: en poco tiempo el precio de los libros sube en lugar de bajar”.
Del jueves 6 al domingo 9 de agosto, transcurrirá en el C Art Media (Av. Corrientes 6271) la 15° Feria de Editores (FED), para potenciar el encuentro entre lectores y editoriales. La FED es un multitudinario espacio de confluencia en pos de la bibliodiversidad y por eso uno de sus directores, el editor Víctor Malumián, explica el peso de la ley 25.542: “La normativa no es que impide que baje el precio de los libros, porque de hecho permite que se hagan promociones. La ley dice que se tiene que vender el mismo precio del libro en cualquier canal de venta”.
Amplía Malumián: “La importancia que tiene esta ley es que permite que todos puedan jugar en igualdad de condiciones y no que los más grandes se apropien de toda la torta. Uno de los grandes malentendidos que estamos teniendo en esta discusión, en gran parte porque la gente que la está llevando adelante, del lado del Estado, no tiene ningún tipo de formación en el rubro y no conoce cómo funcionan estas cosas, es que el que está a favor parece que es kuka y el que está en contra es libertario, sin escuchar ningún tipo de argumentos”.
Las principales potencias del mundo editorial “tienen una ley como la nuestra: Alemania, Francia, España, Portugal, Japón, Corea del Sur y Austria, que están muy lejos de ser kirchneristas o libertarios, o de querer que la población pague caros los libros -dice Malumián-. ¿Qué pasó en los países donde tuvieron esta ley y luego se derogó? Como el caso inglés o el caso griego, los libros no bajaron de precio a mediano y largo plazo, y lo que se dio fue una destrucción de las librerías independientes. En Inglaterra también cerró una cadena y unas quinientas librerías”.
¿Qué propone Malumián? “Si lo que se quiere es bajar el precio de los libros, lo que hay que hacer es derogar el IVA que se le cobra al papel. El que se usa para imprimir libros es menos del 10 por ciento de la producción total del papel que hay en Argentina, además de que hay pocas productoras para el tipo de papel que usan los libros. Eso impactaría en el precio de venta al público”. El gran problema es que “esta discusión se está dando con gente que no entiende cómo funcionan estas cosas y los argumentos son bastante tristes y pobres -sigue Malumián-, pero querer que la gente lea más es un deseo que tenemos todos”.
Entonces “es un problema más complejo, y reducirlo a que hay un monopolio que no quiere que los libros bajen es un conflicto, porque nos saca del foco de todos los grandes problemas que tenemos”, analiza Malumián. “Para mí el tema no sólo hace a la protección del ecosistema de librerías independientes, sino también a la construcción de un ecosistema crítico: que haya una variedad de libros y disponibilidad. Entonces, si la intención es que los libros bajen de precio, la desregulación no es el camino”.
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