jueves, 13 de enero de 2011

César Aira en los Estados Unidos


La noticia es vieja, pero eso, en este blog, no tiene la menor importancia. Fue publicada por P. H. R. en Público.es, el 10 de octubre de 2010. En ella se habla del posible "descubrimiento" del narrador argentino César Aira (foto: Daniel Mordzinski) por parte de los estadounidenses.

Estados Unidos ya tiene a su nuevo Bolaño

En el último Fráncfort, la editorial norteamericana New Directions buscaba con tanto ahínco al nuevo Roberto Bolaño como el resto de editoriales mundiales un nuevo escritor escandinavo. Hasta que se dio cuenta de que lo tenía en su propia casa. Ya habían editado a César Aira (Argentina, 1949) pero este año declararon consumarle como el próximo pelotazo latinoamericano en tierras estadounidenses, y eso que tienen en catálogo al propio Bolaño, Bioy Casares, Julio Cortázar, Borges, Pablo Neruda o Javier Marías.

Al autor de El error (Mondadori), (...)  le cuesta mucho ver a un lector norteamericano con un libro suyo entra las manos. "Fíjate que durante toda mi vida fui traductor, 40 años. Me especialicé en esos best seller, que ellos llaman Comercial Fiction. De alguna manera descubrí el secreto de esos libros, ten en cuenta que el traductor es un lector con microscopio que analiza palabra por palabra. Al entender cómo estaban hechas estas novelas, pude hacer todo lo contrario", explica Aira con un particular sentido del humor.

"Estaría muy agradecido por el dinero, al que nunca le digo no. Sí, soy un gran admirador de la plata, pero no haré nada por tener más", vuelve a reírse al reflexionar sobre las consecuencias de su lanzamiento en Norteamérica si la gran editorial logra su objetivo.

De momento, los lectores estadounidenses tendrán que enfrentarse a la idea clave de la obra de César Aira: el error es todo un éxito. Sus novelas no son fruto de la literatura impecable que asume el argumento como fin último. Él trabaja con el devenir, con el vaivén, con la improvisación de una historia que empieza pero puede desaparecer cuando menos se espera. "Esta imperfección es lo que ando buscando siempre. La imperfección es más fecunda, permite seguir adelante, mientras que lo perfecto y acabado se cierra sobre sí mismo", asegura.

César Aira nunca fue uno de los mejores secretos de la literatura argentina, porque se conoció su maestría desde su primera novela (Moreira, 1975). Con casi 30 novelas y una amnesia que le impide recordar las tramas de sus novelas (produce dos libros por año), llega a la cita dispuesto a hablar de la última. "Bueno, la idea del libro aparece con ese flash en el que el protagonista sale por una puerta en la hay un cartel que dice "error". Me gustó esa idea y me puse a escribir. Es, como muchas ideas mías, oscura pero sugerente. Eso es lo que trato de hacer cuando empiezo una novela: no tener un plano claro, para vagar e improvisar", resume.

Se interesa y deja de interesarse por las historias que comienza y va caminado de lado a lado según se le ocurre. Ni sabe ni le importa por qué ocurren las cosas, como que parte de la acción de El error suceda en El Salvador. Resume su técnica novelística como la admisión del error y la imperfección "para tratar de justificarlo con lo que venga por delante". De ahí que parezcan las suyas, novelas escritas por miles de manos que avanzan a impulsos.

"Para mí la literatura siempre fue el camino de la libertad", cuenta y aclara que por eso no se sintió tan cómodo con el ensayo, "porque cuando uno escribe uno tiene que sostener esas cosas, mientras que con la novela puedo disparar cualquier disparate". Insiste: "No tengo pasta de filósofo. Lo mío es la invención, no dar opiniones. Esto confirma que nunca me transformaré en un opinólogo de televisión y que nunca me darán uno de esos premios importantes, porque son para opinólogos y no para escritores".

miércoles, 12 de enero de 2011

Literatura japonesa: lo que ya existe en castellano y lo que queda por traducir

Hija de madre japonesa y de padre estadounidense, descendiente de alemanes, Anna-Kazumi Stahl (1963)  ha vivido en Estados Unidos, Alemania y Argentina, donde actualmente trabaja como profesora universitaria, encargada de literatura y redacción, y realiza colaboraciones para algunos medios. El 25 de septiembre de 2010, en ADN, la revista cultural del diario La Nación, de la Argentina, publicó su informe a propósito de la literatura japonesa, con especial mención a los títulos traducidos al castellano. Se reproduce a continuación. 

Japón por escrito

Una estadística reciente me alarmó: un 60% de la literatura japonesa que se lee en castellano es obra de dos autores, Yasunari Kawabata y Haruki Murakami. Como confío en los libreros ante este tipo de preocupaciones, fue a ellos a quienes recurrí. Al preguntarles qué más había de literatura japonesa, recibí la temida confirmación de un mercado eclipsado por pocos gigantes, pero también verifiqué que hay otros títulos. Esta nota busca retransmitir estos datos como apuntes (acaso sean invitaciones) sobre una literatura japonesa menos conocida en castellano, que está a mano pero que hemos perdido de vista.

Por supuesto que se accede a más de dos autores japoneses en lengua española. De hecho, más de un argentino ha contribuido a difundir voces niponas de todas las épocas: desde El libro de la almohada , del siglo XI (traducido por la argentina Amalia Sato y publicado por Adriana Hidalgo en 2001), y el precioso Libro de haiku. que produjo el profesor, también argentino, Alberto Silva (edición bilingüe, Bajo la Luna, 2005), hasta una selección amplia de escritores modernos, como Mori Ogai, Ryunosuke Akutagawa, Natsume Soseki, Junichiro Tanizaki, Osamu Dazai, Yukio Mishima y Kenzaburo Oe, además de los más actuales, como la popular Banana Yoshimoto y una autora experimental, Minae Mizumura.
Sin embargo, se trata de la punta del iceberg. Intentaré agrandar aquella lista, demasiado corta, de lecturas japonesas disponibles en español.

A veces las traducciones más accesibles traen a la vista nombres y títulos por explorar. Por ejemplo, en el best seller de Haruki Murakami Tokio Blues (1987, en español 2005), el protagonista vive a contracorriente de sus pares: va a la universidad con menos vocación académica que ganas de independizarse y no logra sintonía alguna con el ya masivo movimiento antiestablishment de los estudiantes en la década del 60 en Japón. Toru observa con los brazos cruzados mientras los demás manifiestan su descontento, ocupan la facultad y citan a Marx y a Kazumi Takahashi. El guiño, con un mensaje que se da por sobreentendido, tiene que resultar curioso para el lector forastero. ¿Existió un Kazumi Takahashi -uno podría preguntarse- o es pura ficción? (Haruki Murakami sería capaz...) Pero no se trata de un truco. Aunque no lo encontraremos en castellano, ni en inglés, francés o alemán, Kazumi Takahashi (1925-1971) existió, fue un novelista de culto y un joven profesor que desde su cátedra apoyó a los manifestantes. Aunque falleció temprano, su producción fue prodigiosa y audaz, de un lenguaje tan complejo y exigente que no habrá parecido emprendimiento prometedor para los traductores. Takahashi cultivó una ficción metafísica que lindaba con lo fantástico a la vez que militaba por la responsabilidad político-social de los artistas e intelectuales. Quizá como un Thomas Pynchon politizado, o una mezcla de Sartre y Aldous Huxley en clave japonesa. Su mayor novela, Hi no utsuwa de 1962 (Crisol de tristezas) disecciona la caída en desgracia de un rector de universidad egocéntrico. Otros escritos suyos sondean la cultura del suicidio en Japón. Yutsu naru Toha (Una facción melancólica), de 1965, y Jashumon (La fe herética), de 1966, reflejan el Zeitgeist de duda cáustica y de un escepticismo casi existencialista. Quizá se pueda decir que el impasible Toru de Murakami nos ha dejado una asignatura pendiente.

Hay otros guiños suyos sobre un terreno literario japonés que perdemos por límites lingüísticos. El protagonista de Kafka en la orilla lee a Soseki y Akinari Ueda. Soseki fue de los primeros en cimentar el lenguaje nuevo en la novela japonesa moderna. Akinari Ueda, dos siglos antes que Akutagawa y casi tres antes que el mismísimo Murakami, ya innovaba con elementos fantásticos. Y si no fuera por sus riñas con el establishment literario japonés (por lo menos, hasta publicar Crónica del pájaro que da cuerda al mundo ,1995; en español, 2001), jamás podríamos haber sabido de la existencia de una autora: Takako Takahashi, la viuda de Kazumi Takahashi. Ella marcó un hito en la escritura femenina de la posguerra: si bien acompañó al marido en espíritu, y dejó todo para estar a su lado cuando se enfermó, quiso vivir sola, manteniendo más de un empleo y resistiendo críticas sociales. Como una versión japonesa de la escritora desafiada en el ensayo de Virginia Woolf, ella necesitaba su cuarto propio para desplegar su imaginación. De los cuentos y novelas que produjo, sólo ha sido traducido un delgado volumen en Occidente (la profesora Maryellan Toman Mori hizo una versión en inglés de Mujer solitaria en 2004, 30 años después del original). Takahashi fue una mujer singular. Durante los años 80 exploró el catolicismo y estuvo a punto de tomar los votos de los carmelitas. Tal vez en parte sea por ella que nos llega hoy la producción de las narradoras jóvenes, una literatura audaz y transgresora del Japón actual.

Antes de eso, sin embargo, queda bastante de lo "menos conocido" por explorar, y quizás ayude un esquema cronológico para hacer la travesía.

Período antiguo
Últimamente, uno disfruta de reediciones en castellano de obras maestras como La historia de Genji (Atalanta 2005) y Heike monogatari (Del Nuevo Extremo, 2009). Además de este tipo de novelas antiguas, aquella época también produjo un género singularmente japonés pero que resuena con la narrativa posmoderna actual. Se trata del zuihistu o lo que se escribe "al correr del pincel" para transmitir lo vivido en el momento con una espontaneidad fluida y una mezcla de formas, desde listas hasta poemas.

El libro de la almohada dio inicio al género. Para los interesados en la escritura femenina: Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian (Atalanta) y Diarios de damas de la corte Heian (Destino). El género del diario o de zuihitsu no es exclusivo de las mujeres; también hay obras magistrales como Tsurezuregusa: ocurrencias de un ocioso ,escrito en 1330 por Kenko Yoshida (Hiperión, 1996) y Hojoki, canto a la vida desde una choza , de Kamo-no-Chomei, un aristócrata del siglo XIII que se hizo monje (Emecé, 2009, traducido por Masateru Ito, con prólogo de María Kodama).

Del creador de la ópera clásica japonesa noh , que se remonta al siglo XIV, quedan varios escritos, todos exquisitos. Zeami Motokiyo (1364-1444) formuló los criterios para actores de su época, y explica la estética del noh en Fushikaden: tratado sobre la práctica del teatro Noh (Trotta, 1999). Zeami lo escribió en el siglo XV para el shõgun .

Estos conocimientos pasaban de maestro a discípulos, de generación en generación, en un círculo cerrado y, de esa manera, protegido. Tanto es así que 200 años más tarde se decidió publicar otros de los tratados de Zeami. Y en 1909 salió a la luz un conjunto de enseñanzas verdaderamente secretas, transmitidas con compromiso de no difundirlas fuera del círculo de actores noh ; luego de décadas invertidas en comprobar su autenticidad, estos últimos secretos de Zeami fueron publicados en 1960.

Aquella primera publicación, Fushikaden , está disponible en español y, más allá de lo específicamente actoral, se presta a una reflexión más amplia, tal como El libro de té y otros tratados sobre prácticas culturales ,que se basa, en parte, en la espiritualidad japonesa. La edición española contiene además cuatro piezas teatrales traducidas, seleccionadas para testimoniar la diversidad del repertorio noh. Es un repertorio fijo desde el siglo XV, pero más de un autor moderno ha producido versiones actualizadas u obras originales en estilo noh , entre ellos Yukio Mishima. Él reinterpretó el drama Dojoji , cuya versión original habría revisado el propio Zeami.

Período premoderno (feudal)
Desde el siglo XVII hasta casi el siglo XX, Japón pasó por un período de aislamiento, que concentró las prácticas culturales. El país se mantenía cerrado al exterior e incluso las migraciones interiores se limitaban. Dos fenómenos literarios se destacan: la forma haiku, emblemática de la literatura japonesa, y la literatura (además de la pintura) de ukiyo-e , o "el mundo flotante".

El poeta máximo de haikus, Matsuo Basho (1644-1694), aprovechó la costumbre de peregrinajes permitidos a los monjes y otros devotos; hizo varios viajes a pie de Edo (hoy Tokio) al interior del país. El resultado literario de aquellas excursiones se condensa en un género específico, el haibun . Mucho más que una crónica de viaje, es una mezcla de prosa con haiku. De los cinco libros haibun que produjo Basho sobre sus peregrinajes, sólo uno ha sido traducido al castellano. De hecho hay varias versiones, pero una cuenta con una colaboración de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya: Sendas de Oku (Seix Barral, 1981). Los otros cuatro fueron traducidos al inglés, como también el diario personal de Basho, Saga Nikki .

Quizá se pueda permitir aquí un pequeño chisme: en Sendas de Oku uno advierte que Basho fue acompañado por un discípulo, el poeta Sora Kawai (1649-1710). El diario del viaje de Sora sólo se publicó a mediados del siglo XX y produjo un efecto desmitificador al revelar el "detrás de bastidores" de la cotidianidad del maestro. Por primera vez entonces, casi 300 años más tarde, uno se hace a la idea de que el poeta no sólo creó sus versos sino también, de alguna manera, a sí mismo como figura de la fama pública. El "mundo flotante" de este período podría tomarse como la contracara de la austeridad severa del "camino del guerrero" (el estilo de vida abnegado y disciplinado del samurái).

En los siglos XVII y XVIII florecen aquellos ambientes de entretenimientos fugaces, las casas de geishas , una nueva forma teatral que toma como objeto no sólo la vida de los jerárquicos sino también las vivencias de los plebeyos. En la narrativa, tenemos los cuentos fantásticos del ya mencionado Akinari Ueda ( Cuentos de la lluvia y de la luna , publicado en México, 1968, y en España, 2002). El mismo autor produjo otra colección, Cuentos de lluvia primaveral , que queda sin traducir, además de otros escritos que retratan de modo costumbrista el mundo flotante, como Personajes de mujeres mundanas y Apuntes .

Quien inicia la prosa ukiyo-zoshi (narrativa del mundo flotante) es Ihara Saikaku (1642-1693), cuya escritura ácida, indiscreta y reveladora explora las vicisitudes de la vida erótica, indagando en transgresiones entre las clases y entre personas del mismo sexo. Una de sus colecciones fue publicada en la Argentina: El gran espejo de amor entre los hombres (Interzona, 2003). Hay dos versiones españolas de su primer libro: Hombre lascivo y sin linaje , traducido por Antonio Cabezas García (Hiperión, 1982), y Amores de un vividor ,en la traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo (Alfaguara, 2003). También se consiguen Cinco amantes apasionadas (Hiperión, 1992) e Historias de amor entre samuráis (Laertes, 1985).

Del mismo período se destaca la gran fuerza innovadora del dramaturgo Chikamatsu Monzaemon (1653-1725) ("el Shakespeare de Japón"), de cuya vasta obra -110 obras de teatro para marionetas, bunraku , y 30 para teatro kabuki- sólo una pieza se encuentra traducida al castellano: Los amantes suicidas de Amijima (1703, publicado por Trotta en 2001). En inglés, se consiguen quince más.

El período Meiji
A partir de 1868, Japón vive un vertiginoso proceso de modernización y llega lo que algunos califican como una inundación de información desde el extranjero, sobre todo desde Occidente. Eso ocasiona una brusca ruptura del aislamiento. Los escritores se vuelcan a hacer pruebas con las corrientes de narrativa europea que llegan: el naturalismo y, especialmente, la novela psicológica o "literatura del yo".

De esta etapa iniciática, una narrativa moderna con énfasis en la interioridad y la evolución del personaje, tenemos muchos representantes traducidos, aunque lo producido por mujeres llegó más al inglés y francés que al castellano. Aun así, hay notorios ejemplos para destacar: de Chiyo Uno (1897-1996) se pueden leer Confesiones de amor (1935, publicado por Mondadori en 1991) e Historia de una mujer soltera (que escribió de grande, en 1972, y que editó Lumen en 1996).

El caso más incomprensible de una autora de esa generación que faltó traducir al castellano es el de Fumiko Hayashi. De sus 25 novelas, más de 20 libros de cuentos, fábulas juveniles y poesía, sólo un cuento se encuentra disponible en castellano. "Barrios bajos" salió en 1957 en Sur (N° 249), traducido por Miguel Alfredo Olivera. Después, en 1976, fue traducido por Oscar Montes para una revista mexicana, Estudios de África y Asia . Rosa Montero incluyó el cuento en una antología, La cita y otros cuentos de mujeres infieles (Alfaguara, 2003), con lo que Fumiko Hayashi pudo ganar más lectores.

La obra de Hayashi cautivó al público en Estados Unidos y en Francia. También fue una inspiración para un cineasta clave de los años 50, Mikio Naruse. La vida de Hayashi resulta impactante: de orígenes pobres, tuvo que arreglárselas por sí sola a partir de la adolescencia; pudo terminar la primaria sólo mintiendo sobre su edad y expandió su educación como autodidacta. Forjó un estilo propio, audaz e incisivo. La literatura de Fumiko Hayashi exhibe un Japón no siempre retratado: el Japón colonialista en Indonesia, la militarización fervorosa y la posterior ocupación estadounidense. Su autobiografía Horoki: Apuntes de una vagabunda y varios de sus cuentos fueron llevados al cine. En 2009, algunos de estos films se proyectaron en el Teatro San Martín, en Buenos Aires, pero los libros siguen siendo desconocidos.

Período de posguerra
De esta época, a mediados del siglo XX, también hay bastante traducido, pero vale la pena indicar una compilación en lengua española: Antología de la narrativa japonesa de posguerra , realizada por Tanabe Atsuko y publicada por Tlahuapan, en México, en 1989. Y habría que recordar las novelas del singular Kobo Abe (1924-1993), como su obra maestra, La mujer de la arena , escrita en 1962 (Siruela, reedición de 2008) que inspiró el film homónimo de Hiroshi Teshigahara, además de novelas que relatan con agudeza la lucha del hombre común en conflicto con la sociedad, como El rostro ajeno (1964, en español por Siruela, 2007).

Kobo Abe fue un dramaturgo importante; estableció su propia compañía de teatro en Tokio. Para ella escribió obras todavía famosas, como Vosotros también sois culpables (1964) y Amigos (1967).
Este período es también el de una incursión importante en los estudios culturales en Japón: de Michitaro Tada (crítico literario y antropólogo cultural, 1924-2007) ya contamos con dos obras disponibles en castellano ( Gestualidad japonesa y Karada , ambas publicadas por Adriana Hidalgo). Lo importante es que, a diferencia de otros libros que buscan explicar lo japonés para un público ajeno, Tada escribe sobre lo japonés para los japoneses. Los libros son parte de una meditación ensimismada y privada, acaso una autocrítica...

En este sentido también merece mención otro caso enigmático de no traducción: el de Takeo Doi. Como psiquiatra, Doi se entrenó en la práctica de psicoanálisis freudiano en Occidente, con la idea de aplicarlo en Japón al regresar. Cuando vio que era inviable aquel modelo para la cultura nipona, comenzó el verdadero trabajo de Doi. Sus libros esclarecen aspectos anteriormente poco articulados pero íntimos, fundamentales para la idiosincrasia japonesa: The Anatomy of Dependency (La anatomía de la dependencia) y The Anatomy of Self (La anatomía del yo) están disponibles sólo en inglés, por ahora.

Período actual
De la literatura actual, se destacan varias mujeres que incursionan en áreas nuevas como el multiculturalismo y la globalización, que produjeron nuevos experimentos con el lenguaje literario japonés. La novela monumental de Minae Mizumura, Una novela real (Adriana Hidalgo, 2008), es un buen ejemplo: la forma yuxtapone la ficción y la no ficción, mientras explora los cambios en la jerarquía social surgidos luego de la guerra. En otras obras, aún sin traducir, Mizumura juega con la mezcla de japonés e inglés, y analiza críticamente las carencias en el uso actual de la lengua japonesa.

Yoko Tawada también ejemplifica lo multicultural: nacida en 1960, a los 20 años se trasladó a Alemania desde donde escribe en japonés y a veces en alemán. Su novela Inu muku iri (El novio de la boda era un perro, 1998) fue muy bien recibida en Japón aunque Tawada no la escribió allí, y con Yogisha no yako ressha (Sospechoso en el tren nocturno, 2003) ganó el premio Tanizaki. Como dramaturga ha sido traducida al castellano: el grupo teatral Lasenkan ha realizado, en España, tres de sus piezas: Sancho Panza , El punto herido del alfabeto e Hikon, el alma voladora .

Menos experimental en técnica que las anteriores, Yoko Ogawa (1962) ha producido una narrativa singular que conjuga la literatura y las matemáticas. La autora nombra como influencias a un dúo inesperado: Kenzaburo Oe y Anna Frank. Tres de sus novelas fueron publicadas en España por Funambulista: La formula preferida del profesor , Perfume de hielo y El embarazo de mi hermana .

Otra corriente nueva actualiza la novela noir. Con frecuencia extremas, hasta surreales, estas renovaciones japonesas tienden a flirtear con la perversión y la violencia en un marco argumental detectivesco que sin embargo todavía permite cierta noción redentora. Es el caso de las novelas de Ryu Murakami, el escritor que ha inspirado al cineasta Takashi Miike, referente del nuevo cine de terror japonés. Dos novelas de Ryu Murakami están traducidos: Azul casi transparente (Anagrama, 1997) y Sopa Miso (Seix Barral, 2005). La más temprana, Coin-Locker Babies , sigue sin traducir aunque hizo furor entre jóvenes urbanos de un Japón "pos-burbuja", o sea, posterior a la afluencia y el consumismo de los años 80. Narra las historias de dos hombres que fueron abandonados de bebés en una estación de tren; uno de ellos planea un ataque químico contra la capital, apuntando a vengarse de (¿todas?) las madres, del punto de origen en sí.

Notoriamente, ha surgido una corriente nueva de thrillers femeninos que se destaca no sólo por el ingenio argumental, sino también por un audaz "realismo sucio" que rompe con tabúes: las amas de casa son a la vez obreras de fábrica en la periferia, los japoneses que emigraron regresan de Perú y de Brasil con consecuencias inesperadas, y estalla la violencia doméstica, tanto masculina como femenina. Una autora ejemplar sería Natsuo Kirino (1951) cuya novela Out fue nominada al premio Poe. Out salió hace poco en castellano (Emecé, 2009), y podremos esperar alguna de las doce que tiene escritas hasta ahora.
La famosa "bananamanía" que experimentó el público occidental tuvo su versión nipona también. Se puede identificar como "herederas de Banana Yoshimoto" a quienes han profundizado la exploración (y revalorización) de la figura liminar que revolucionó Yoshimoto en Kitchen : aquella figura de la niña-mujer o shojo , especie de semiadulta en un delicado limbo entre depender del padre y depender del marido, ya transformada en la década de 1980 en el símbolo de cierta oportunidad para una autodeterminación inesperada. Una expresión surge desde la literatura joven "extrema" que sorprendió cuando dos representantes aun adolescentes obtuvieron el más prestigioso premio para la nueva narrativa en Japón. La escritura de Risa Wataya en Keritai Senaka (La espalda que quisiera patear) y la de Hitomi Kanehara en Hebi ni Piasu (Serpientes y piercings) son ejemplos de una corriente de escritura intrépida de la mano de mujeres muy jóvenes, transgresoras, de poderosa imaginación y franqueza personal: la novela de Kanehara salió en castellano (Emecé, 2004). En esta línea estarían también Vibrador, de Mari Akasaka (1964; Emecé, 2006).

Respecto de estas nuevas voces adolescentes surge también una cuestión de técnica y de tecnología que afecta la circulación de su obra y tal vez también, una se pregunta, la conceptualización: de las diez novelas más vendidas en Japón últimamente, la mitad fue escrita en teléfonos celulares y son leídas del mismo modo, o sea en "el celu". En Japón el mercado de la "novela móvil" ya cuenta con tres millones de lectores. Y en este caso también tal vez sorprenda que se trate de una producción capaz de conquistar los premios del establishment . Mieko Kawakami ganó el premio Akutagawa (2007) por una novela "móvil" (aunque premiada recién luego de ser impresa): Chichi to ran (Acerca de pechos y huevos) es una novela ágil y veloz. Narrada en primera persona, dispara posibles redefiniciones de lo femenino a través de un grupo de amigas adolescentes. Si una vez puede ser suerte, dos veces ya merece otro respeto: Kawakami volvió a tener tremendo éxito con su novela Hebun (El cielo) durante la etapa de señal electrónica, y al cobrar una existencia en papel conquistó un reconocimiento que en algún punto suena paradójico, no por falta de destreza literaria, sino por una cuestión de técnicas, de preconceptos o expectativas que tenemos acerca de lo que se escribe y cómo. El cielo de Kawakami es la ganadora del premio Murasaki Shikibu del 2010, el galardón máximo para la nueva escritura femenina, que lleva el nombre de la autora de La historia de Genji , escrito hace mil años y por supuesto sobre papel. Y uno se queda pensando? si Murasaki renaciera, ¿cómo escribiría hoy?

martes, 11 de enero de 2011

Buenas noticias: los traductores ganan poco, pero en una de ésas se salvan del Alzheimer

El 8 de enero pasado, el diario El País, de España, publicó una noticia proveniente de la agencia EFE, donde se leía que el bilingüismo ofrece algunas ventajas hasta ahora no consideradas. Tal es el resultado de una serie de experiencias realizadas con personas bilingües y traductores por los profesores Teresa Bajo Molina y Pedro Macizo Soria, en la Universidad de Granada.

El bilingüismo mejora la atención y la memoria

Un proyecto desarrollado en la Universidad de Granada ha demostrado que el bilingüismo mejora las capacidades de atención y entrena la memoria, de ahí que saber dos idiomas tenga ventajas más allá de la evidente facilidad para comunicarse. El proyecto Procesos de Atención y memoria en la selección de idiomas en bilingües y traductores, del que ha informado Innova Press de la Junta de Andalucía, ha sido coordinado por los profesores Teresa Bajo Molina y Pedro Macizo Soria.

Bajo Molina y su equipo han llegado a esta conclusión a través de una serie de experimentos realizados con personas bilingües en español e inglés, considerando por bilingüismo el conocimiento alto de dos idiomas y su uso frecuente. Diferentes grupos de bilingües de entre 16 y 24 personas han participado en los experimentos y han realizado una serie de pruebas en que se mide el tiempo de respuesta y la actividad eléctrica cerebral. Sus resultados muestran que una persona bilingüe "activa" los dos idiomas a la vez incluso en situaciones en que necesita solo uno, una activación que unas veces supone una ventaja y otras una dificultad.

Para resolver el conflicto entre los dos idiomas que se activan y que la persona pueda seleccionar el que es apropiado es necesaria la actuación de un mecanismo atencional que implica la parte prefrontal del cerebro y que inhibe aquel término que en el contexto no es apropiado, demostrando que se puede ignorar información interna. Tras las pruebas llevadas a cabo, los investigadores han demostrado que el cerebro puede responder de forma diferente con entrenamiento y que el aprendizaje de otro idioma es, de algún modo, un entrenamiento.

lunes, 10 de enero de 2011

Una afortunada consecuencia del exilio de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez en Cuba


El 24 de septiembre de 2010, la investigadora, ensayista y traductora cubana Lourdes Arencibia publicó el siguiente artículo en Cuba Literaria. Aquí se habla de una imprenta y editorial española, dirigida por Manuel Altolaguirre y su primera esposa, la poeta Concha Méndez (ambos en la foto), y de su capítulo cubano.

La Imprenta “La Verónica” y sus traductores

Quienquiera que se anime a accionar la moviola de la historia con la intención de iluminar la trayectoria de la edición en Cuba de libros y de revistas culturales, marcará con piedra blanca no pocos hitos a lo largo y ancho de la Isla desde la temprana introducción de la imprenta, y con ello marcará también el tesón industrioso, la puntería de los dardos y la decidida vocación de sus hombres de plancha y tinta.

Sin ir tan atrás, en un recordatorio que está a la espera de algo más enjundioso que un  mero pase de lista en un siempre acotado espacio, involuntariamente excluyente, evoquemos los nombres de Úcar García, el Avisador Comercial, la Imp. Siglo XX, la Moderna, Alfa, Oliva, Las niñas huérfanas, Ed. Trópico, Ed. Cárdenas, Ed. Lex,  Quirós y Estrada (Matanzas), la Universidad Central  de Las Villas, Miguel de Villa eds., Carlos Habre tip, puesto que  son éstos algunos botones de muestra, detrás de los cuales hubo hombres, y hasta alguna mujer, que pasaron muchas horas prácticamente “fundidos” en  una sola pieza a la maquinilla de ruedas, en muchos casos trascendiendo con creces la labor de un editor al uso, para poner en manos del lector y del bibliófilo criollo miles de páginas —hoy amarillas por el tiempo o achicharradas por el clima implacable— en serio peligro de desintegración o sencillamente títulos inencontrables.

Para no descuidar entonces el valor didáctico de lo que Lezama calificara de “rasguño en la piedra”,  debo señalar que son muy pocos los autores cubanos —incluidos los más reconocidos—, cuyos trabajos destinados a la estampa en el patio se acompañan —cuando lo hacen— de una bibliografía correctamente constituida, en cuyas entradas suele omitirse el dato de la editorial, lo que dificulta la localización de la consulta y suscita en el investigador ulterior serias dudas sobre el real manejo de las obras citadas, amén de que contribuye  a ir borrando, poco a poco, e injustamente, la huella de estos anónimos hacedores de nuestra cultura. ¡Y ni hablemos de los traductores! No sólo se excluyen sus nombres, privándoseles de identidad, sino que con frecuencia, ni siquiera se indica que se trata de una traducción. ¡Como si el proceso de internacionalización de la creación de una obra producida en un ámbito lingüístico acotado pudiera realizarse por arte de magia, como quien saca un conejo de un bombín!

Todos aquellos empeños fundacionales que históricamente han luchado en nuestro país con dificultades de variado calibre mantuvieron muy en alto el listón de la edición, tanto en la capital como en provincias, y allanaron los saltos del  camino a la labor ulterior de la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Consejo Nacional de Cultura, la Moderna Poesía, el Ministerio de Educación, la Casa de las Américas, la UNEAC y por supuesto a lo que hoy lleva a nivel del país, de manera directa o sesgada, el toque editorial del Instituto Cubano del Libro.

Y por aquí la indagación, vista con la perspectiva que da el tiempo, llegamos al español Manuel Altolaguirre (poeta, impresor, conferencista, traductor y guionista de cine: Málaga, 1905-Burgos, 1959),  a su primera esposa la poeta Concha Méndez, al latinista  Bernardo Clariana y… a la Imprenta “La Verónica” con sus traductores. Corre el año de 1939 y se abre una historia de cuatro (Marzo del 39 a marzo del 43)…

Desde que contrajeron matrimonio en España (1932), Concha y Manolo habían decidido asociarse en una empresa editorial. Altolaguirre ya tenía experiencia en el oficio, pues asociado con Emilo Prados había fundado en Málaga la imprenta “Sur” que todavía hoy funciona con el nombre de “Dardos”, e impreso allí importantes revistas como Litoral, Caracola, o Caballo griego para la poesía. Ella compró una maquinita —cuenta Gonzalo Santonja— y ambos se estrenaron  con la revista Héroe:

Ataviada con ese inevitable y precursor mono azul que tanto admirara Juan Ramón Jiménez (“su mono añil puede ser de cajista de imprenta, enrolada de buque, fogonera de tren, polizón de zepelín, todo por la Poesía delantera que huye en cruz de horizonte ante las cuatro máquinas”) único en el tenso Madrid prebélico, Concha Méndez preside el trabajo de los tres obreros maquinistas…

Manolo, entretanto, combina tipos y alterna colores para iluminar los versos de toda una época”. [1] “Se vivía al pie de la letra” —decía Manuel de la Fuente. Pero estalla la guerra y el único camino posible fue el exilio, así el poeta-editor decide trasladarse a Méjico “(…) ligero de equipaje, pero eso sí, con la imprenta a cuestas.1

Las etapas del exilio político de los Altolaguirre, que por azares de la vida transcurrieron en Cuba, se deben a una súbita enfermedad infecciosa de la pequeña Paloma, que les obliga a hacer escala forzosa en la Isla e interrumpir la travesía y los planes que les llevaban de Europa a la patria de Juárez, en donde pensaban realmente instalarse.

Altolaguirre se estableció entonces en La Habana, con su mujer y su hija, merced al respaldo y la generosidad de algunos amigos, como los poetas Emilio Ballagas, Eugenio Florit, Nicolás Guillén, el pintor Mario Carreño y el escritor Alejo Carpentier, quienes:

(...) entre unos y otros, pulsando distintas teclas, lograron organizar, casi sobre la marcha, una serie de conferencias sobre poesía y poetas españoles, clásicos y contemporáneos, que, retribuidas con cierta generosidad, aliviaron su penuria y le servirían de puente para incorporarse a la vida cultural de la Isla (…) y dedicarse por completo al quehacer tipográfico y editorial.

Así se inició el primer capítulo habanero de la imprenta “La Verónica”, instalada en la sala de una modesta casa interior del Vedado, en el fondo de una farmacia que todavía existe en la calle 17 entre J e I.  La Verónica, realmente había nacido años atrás, en 1935, en la calle Viriato 73, de Madrid. Su nombre es reconocimiento y homenaje a la primera impresión que recogió en un lienzo las facciones cruzadas por el dolor del hombre del Viacrucis.

La semblanza que nos hace el poeta español Ángel Lázaro, de aquellos momentos iniciáticos nos ha parecido más veraz  que cualquier otra descripción:

(...) allí mismo, en el zaguanete, instaló su primera máquina de impresor (pequeñita, manual) —luego vendrían otras—,  y dándole él mismo al pedal de la máquina con gracia de afilador campesino se puso a editar alegremente (…), el primer volumen de una primorosa colección cuyo nombre toma de los Versos Sencillos de José Martí,  justo el título que escoge, no por azar, para inaugurar esa rúbrica y que dice: “mi verso es un ciervo herido/que busca en el monte amparo.

Llegaban los amigos, las visitas… Había trabajo para todos. Uno ayudaba a plegar, el otro —la otra en este caso— ayudaba a coser, se charlaba de arte y de poesía, y, al mismo tiempo, se laboraba. Manolo Altolaguirre, con las manos hermosamente manchadas de plomo, ajustaba galeradas, manejaba el componedor, distribuía ante el chivalete con dedos de sembrador esa semilla milagrosa que es la letra de molde. Un día llegó la gran máquina, una Kelly, señora respetable, que hizo su entrada en la casa con toda solemnidad. Aquello marchaba. ¿Cómo se pagaría tanto hierro? ¡Ah! Dios proveerá. En Cuba, el milagro se produce casi siempre. Se vive sin saber cómo.2

Y así, prácticamente sin recursos,  protagonizó una de las experiencias más hermosas y singulares en la historia de la edición en la Isla: la Imprenta “La Verónica”. Bajo ese sello —nos recuerda actualmente James Valender, el suegro de Paloma— inició entonces dos colecciones de pequeño formato: El ciervo herido, y la otra, de tamaño más grande, la colección Héroe, que daba continuidad a la serie homónima que Concha y Manuel habían lanzado en Madrid en los meses anteriores a la guerra (…). Ahora en su etapa habanera se estrenaba con la publicación de “Momento español”, de Juan Marinello, un título que ya había aparecido en Valencia en septiembre del 37, por la Colección Héroe de la tipografía Moderna, calzando las actividades revolucionarias de Marinello.

La imagen más exacta de La Verónica no es, sin embargo, la que se deduciría de este tipo de obras, de autores contemporáneos y temática comprometida (…) Manuel Altolagruirre y Concha Méndez situaron sus colecciones, en el ámbito inactual –por ser siempre de los más vivos, de los clásicos de la poesía (desde José Martí, hasta Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, Antonio Machado y Federico García Lorca.3  No tardaron en aparecer  nuevos títulos de autores cubanos como Emilio Ballagas, Regino Pedroso, Nicolás Guillén, Ángel Gaztelu, Lydia Cabrera, Pablo de la Torriente Brau, Jorge Mañach, Alberto Rubiera. Y una cuidadosa selección de autores extranjeros a quienes  hubo,  por supuesto, que traducir. Ahora son joyas bibliográficas, pero entonces les resultaba muy difícil vender uno a uno aquellos ejemplares. Concha recuerda que los libros de La Verónica costaban un peso (…). Cuando el dinero escaseó, lanzaron el suplemento “La Pesada”,  una hoja doblada en cuatro que por el peso daba derecho a un libro (…) Transcurría la Segunda Guerra Mundial y era muy caro el papel. Por eso el formato de esas ediciones era diminuto.4

Las portadas —que se procuraron al menor costo— eran, sin embargo, muy sobrias y elegantes, siempre con el mismo diseño de cubierta, que rápidamente se convirtió en el distintivo de la imprenta, en color beige muy claro, casi blanco hueso, con recuadros en rojo y negro.

Por supuesto que, tanto Altolaguirre como Concha, no sólo eran conscientes de los valores de la profesión de traductor que personalmente ejercieron, como buenos editores sabían que cuando se aspira a conquistar un espacio en la oferta mundial de la edición no se puede hablar de aciertos en la difusión de la cultura universal a través de un sello editorial, o de una publicación seriada, si no se da cabida a obras que irán  a parar, una vez traducidas, a manos de un público de filiación cultural y lingüística  diferentes de aquellas que las gestaron.

Dicha convicción está implícita cuando Manolo funda y dirige  las revistas literarias Atentamente (1940) y La Verónica (1942); y colabora en Espuela de Plata, Nueva España, Tiempo, Universidad de La Habana y Orígenes.

De suerte que el malagueño da a la estampa un centenar de títulos sin soslayar obras de poetas franceses, americanos, ingleses y alemanes, muchos de los cuales tradujo personalmente. Solía desempeñarse como traductor en equipo: con Bernardo Clariana realizó una versión de La canción de Juan sin tierra, del poeta suizo Iván Goll, a la sazón de su visita en La Habana, estrenada por cierto en el teatro Auditorium, hoy Amadeo Roldán, en diciembre de 1939, con arreglo musical de Alejo Carpentier y dirección escénica del dramaturgo español José Rubia Barcia. Con O. Savich, tradujo El convidado de piedra y Festín durante la peste, de Alexander Serguei Pushkin, y de la colaboración que realizó con Antonio Castro Leal, salió nada más y nada menos que el Adonais, de Shelley en varias versiones, una de ellas publicada en La Verónica, en 1941.

Refiriéndonos a los trabajos de Pushkin antes citados, que pertenecen al grupo de obras que se conocen en la bibliografía del creador de la literatura rusa moderna con el titulo de Pequeñas Tragedias, y que La Verónica da a la estampa en la Habana en 1939, en su colección El ciervo herido, me ha parecido interesante destacar que precisamente acaban de ser reeditados para la colección El Manantial Oculto, que dirige el distinguido intelectual y traductor peruano Ricardo Silva Santiesteban, por cortesía de Paloma Altolaguirre e intermedio de James Valender, en el marco de las celebraciones que se organizaron en todo el mundo para marcar un aniversario más del nacimiento de Pushkin.5
Como dato curioso cabe señalar que el trabajo de Altolaguirre y Savich es propiamente de retraducción, toda vez que el Festín durante la peste de Pushkin no es ciento por ciento de su autoría, sino una versión o adaptación, con múltiples supresiones y ampliaciones que el ruso hace, a su vez, de la escena IV del primer acto de la tragedia del inglés John Wilson titulada The City of Plague (1816), práctica por demás muy frecuente en los autores de siglos pasados.  

Según Martinez Nadal,6 hay ya testimonios de otras traducciones del malagueño hechas en equipo en Londres, donde estuvo becado para estudiar las imprentas inglesas (1933), junto con una anglo-brasilera nombrada Mary Allison, quien residía en un piso de la casa que alquilaba el matrimonio Altolaguirre en la capital británica. La Allison hacía la traducción literal del original, y luego se la leía a Manolo para que el poeta captara los ritmos internos de las obras, que eran nada menos que los fragmentos del Adonais de Shelley y The Journey of the Mag de T.S. Eliot.  El método era muy similar al que puso en práctica la célebre pareja de Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia Camprubi, y sin ir más allá el que han seguido en nuestro país los conocidos dúos y tríos de Jesús David Curbelo y Susana Haug; de Curbelo, con Ángela Morales  y Rubén Casado; de esta servidora con Keith Ellis para las traducciones de poesía antillana en lengua inglesa, que  forman parte de la Antología de la poesía del Caribe anglófono dada a la estampa por la editorial El perro y la rana de Venezuela; de Omar Pérez y Verónica Spasskaia, tan acertadamente descritos por ésta última en el número reciente de la nueva época de la revista Unión; de la propia Verónica con el traductor matancero Juan Luis Hernández Milián, dos veces premio de traducción “José Rodríguez Feo”; de Jorge Yglesias y Alla Llorens, ganadores por el resultado de su colaboración, del premio Internacional que la UNESCO convocó para reconocer la mejor traducción que se hiciera mundialmente de un poema de Pushkin en conmemoración a la efemérides del clásico ruso.

A juzgar por los propios testimonios de Altolaguirre en su correspondencia, el traductor-editor colaboró también con Stanley Richardson en las traducciones de Thomas Hardy y G-K.Chesterton, que el Instituto Cervantes reporta como perdidas, pero que otros investigadores han identificado en las páginas de la emblemática revista 1916 de la etapa londinense de Altolaguirre, cuyo emblema rinde homenaje al año de la muerte de Cervantes y de Shakespeare y en el que reconocemos la aspiración de Altolagruirre de aproximar la cultura de los dos países. Por demás, el grupo de poetas y traductores españoles de la generación del 27, que contaba entre sus miembros más destacados a Altolaguirre, tiene en su haber una singular tarea de grupo similar a la que se integró en su momento en Buenos Aires,  liderada por Virgilio Piñera, para producir una versión española del Ferdydurke del polaco Witold Gombrowitz, pero con  Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Mariano Brull, para Bosque sin horas de Jules Supervielle, que editó Plutaro en Madrid  en 1932

En la Bibliografía de Altolaguirre publicada por el Instituto Cervantes, con la entrada Traducciones y completada con los datos de las que figuran en el libro de la investigadora francesa Laurence Breysse -Chanet7, aparecen las siguientes versiones:
  • Atala, René y el último abencerraje de François René vizconde de Chateaubriand, Madrid, Espasa–Calpe, 1932,1979 .
  • La canción de Juan sin tierra de Iván Goll. Trad de Manuel Altolaguirre y Bernardo Clariana, La Habana, 1941.
  • Los trabajadores del mar de Víctor Hugo, Madrid, Espasa Calpe, 1932.
  • El convidado de piedra y Festín durante la peste, de Alexander Serguei Pushkin. Trad. de Manuel Altolaguirre y O. Savich, Barcelona, A.E.R.C.U. 1938. Trad de Manuel Altolaguirre y Antonio Castro  Leal, México, Polius, 1938.
  • Adonais de Percy B. Shelley (fragmentos). Trad. de Manuel Altolagruirre, Madrid: imp Concha Méndez y Manuel Altolaguirre, ed. Héroe, 1936.
  • Adonais de Percy B. Shelley. Trad. de Manuel Altolagruirre y Antonio Castro Leal, La Habana, La Verónica, 1941.
  • Adonais de Percy B. Shelley Shelley. Trad. de Manuel Altolaguirre y Antonio Castro Leal, en: 1916, Nos 5 a 7, Londres, 1935. Recogido también en: Poesías Completas, ed. Luis Cernuda, México, Fondo de Cultura Económica, 1960, pp. 213-236.
  • A la luna de Percy B. Shelley. Trad. de Manuel Altolaguirre, en: 1616, no. 1, Londres, 1934.
  • El ciclo de la creación de Luigi Sturzo. Trad de Manuel Altolaguirre, y B. Pritchard, Buenos Aires, Tiempos Nuevos, 1940.
  • Bosque sin horas de Jules Supervielle. Trad del francés por Manuel Altolaguirre,  Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Mariano Brull, Madrid, Plutaro, 1932. Poema, por  Jules Supervielle, París, Manuel Altolaguirre imp. 1931.8
  • Poemas  de A.E. Housman, S. Richardson, T.S.Eliot y H. Wolfe. En: 1616, Nos. 3, 8 y 9, Londres, 1935.
  • Los emigrantes de Guy de Maupassant, guión de cine con un grupo de estudiantes de ese país.
Según Paloma Altolaguirre, en cuatro años se tradujeron en la Imprenta “La Verónica” unos doscientos  libros, cada uno impreso y encuadernado a mano por el equipo que encabezaron Manolo y Concha. También se sabe que ayudaron  a conformar la primera agrupación teatral universitaria de La Habana, una experiencia que llevó a la puesta en escena las dos obras de Pushkin traducidas por Altolaguirre. Luego de abandonar permanentemente la Isla, el malagueño regresó no obstante varias veces a La Habana, entre octubre de 1953 y principios de 1955, volcado más bien en tareas de guionista y productor de cine, junto a María Luisa Gómez Mena.

¿Qué otros traductores colaboraron entonces en “La Verónica”?
Bueno, para terminar este recuento a vuelapluma, huelga decir que ha sido toda una proeza sacar prácticamente del “baúl de San Jerónimo” 9 con ayuda del detective Mario Conde, de Padura, que por suerte se nos ha vuelto bibliófilo en una de sus más recientes novelas,10 algunas de las fichas bibliográficas que dan fe del trabajo más o menos integral de esa imprenta —insuficientes, aunque relativamente representativas—  de esta, sin embargo, importantísima contribución a la cultura cubana con particular interés en aquellas donde figuren menciones a los traductores. Presumo no obstante,   que no fueron muchos más que nuestros ya conocidos personajes, seguramente imposibilitados  de asumir la remuneración a otros mediadores, por modesta que fuera.  Les dejo pues, con mi agradecimiento por vuestra condescendiente atención, con algunas de las fichas que he podido rescatar tomadas de los propios títulos que se conservan de “La Verónica”. 

1. Los Espitalamios de Catulo / trad. en verso, pról. y notas de Bernardo Clariana. —ed. bilingüe—. La Habana: Publicaciones de la Revista de la Universidad de La Habana, 1941. 98 p.
Libro dedicado a Simone Thalamas.
Imprenta de Manuel Altolaguirre. 21 de julio de 1941.

2. Gaztelu, Ángel (pbro). Poemas. / Ángel Gaztelu; nota explicativa y trad. del latín de Ángel Gaztelu.-- Cuadernos “Espuela de Plata”: La Habana, 1940.
11 p.; 213 /  271 mms
Ejemplar encuadernado.
Libro dedicado a J. Lezama Lima.
Imprenta de Manuel Altolaguirre. 23 de Julio de 1941.

3. Goll, Iván. La canción de Juan sin Tierra. / Iván Goll; trad. de Manuel Altolaguirre y Bernardo Clariana. --La Habana: La Verónica, 1941.
79 p.--(Colección “El ciervo herido”)
Imprenta de Manuel Altolaguirre. 23 de Julio de 1941.

4. Pushkin, Alexandr Sergueievich, (1799-1837).  Festín durante la peste. El convidado de piedra / Alexandr Sergueievich Pushkin; tr. de O. Savich y Manuel Altolaguirre; introd. de Antonio Machado —La Habana: La Verónica, 1939.
76 p.-- (Colección “El ciervo herido)
El ejemplar consultado tiene en la página de separación de ambas obras, dedicatoria autógrafa a la “Biblioteca Nacional” por la imprenta “La Verónica”.
Imprenta de Manuel Altolaguirre. 17 de Noviembre de 1939.

5. Shelley, Percy Bysshe, (1792-1822).  Adonais/ Percy B. Shelley; nota introd. de los editores Concha Méndez y Manuel Altolaguirre. --ed. bilingüe.-- La Habana: La Verónica, 1941.
65 p.: ilus. -- (Ediciones “1616”. English and Spanish poetry)
Ilustraciones de Mario Carreño.
Texto inglés con la versión castellana hecha por Antonio Castro Leal y Manuel Altolaguirre.
El ejemplar consultado tiene exlibris de Don Fernando Ortiz.
Imprenta de Concha Méndez y Manuel Altolaguirre. 29 de Agosto de 1941.

6. Calderón de la Barca, Pedro, (1600-1681). Life is a dream: A play in three Acts / Pedro Calderón de la Barca; tr. by William F. Stirling; pról. de Manuel Altolaguirre.-- La Habana: La Verónica, 1942.
259 p.-- (Ediciones “1616”. English and Spanish poetry) : ilus.
Ilustración de Mario Carreño.
Ejemplar no leído.
Imprenta de Manuel Altolaguirre. 21 de Julio de 1942.

Notas:
1. G-Santonja: El poeta español en Cuba: sueños y realidades del primer impresor del exilio, Círculo de lectores, Barcelona, 1994.
2. “Testimonio de Ángel Lázaro”, en: Rosa María Elizalde, op.cit., pp. 25-26.
3. Véase: Miguel Iturria Savón: Españoles en la cultura cubana, Social Science, 2004.
4. Intervención de James Valender en ocasión del Centenario de Manuel Altolaguirre (nov-dic, 2005), en: Rosa Miriam Elizalde. Encuentro en La Habana, Centro Cultural Dulce María Loynaz, La Habana, otoño de 2007, p. 23.
5. Véase Alexandr Pushkin: Pequeñas Tragedias, Pontificia Universidad Católica del Perú, No. 78, El Manantial Oculto, Colección dirigida por Ricardo Silva Santiesteban, Lima, 2010, pp. 71-135. 
6. Martínez Nadal, Rafael: “Manolo Altolaguirre en Londres: Apuntes para unas viñetas”, en: Insula, 475 (1986), p.11.
7. Véase  la Bibliografía en: Laurence Breysse -Chanet. En la memoria del aire. Poesía y poética de Manuel Altolaguirre. Estudios Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga , 2005, p.255.
8. Tomado de la Bibliografía de Manuel Altolaguirre. Traducciones, Instituto Cervantes, Departamento de Bibliotecas y Documentación, p.2.
9. Santo patrón de los traductores.
10. Alusión a la magnífica novela En la neblina del ayer de Leonardo Padura, Ed. Unión, La Habana.

domingo, 9 de enero de 2011

Una convocatoria para un residencia para traductores literarios en México

Centro Internacional de Traducción Literaria de Banff (CITLB)

Directores: Katherine Silver y Hugh Hazelton

Del 6 al 25 de junio de 2011
Inicio: 5 de junio de 2011
Término: 26 de junio de 2011
Plazo de entrega de solicitudes: hasta el 15 de febrero de 2011

Inspirado en la red de centros internacionales de traducción literaria de Europa, el Centro Internacional de Traducción Literaria de Banff (CITLB) es el primero en su tipo en Norteamérica. El objetivo principal del programa de residencias es brindar a traductores literarios la oportunidad de trabajar en un proyecto en curso por un período ininterrumpido de tres semanas dentro del marco de una comunidad internacional de traductores. Los traductores pueden solicitar una residencia conjunta (de hasta una semana) con el escritor, lo que les permitirá consultar directamente con el autor y profundizar sus conocimientos del contenido y el contexto de la obra que traducen. También podrán gozar de este sitio de intercambio internacional para consultar y estrechar vínculos con colegas traductores y autores. Los participantes se reunirán tres o cuatro veces por semana para participar en las conferencias de los escritores invitados y en las presentaciones informales de los asesores, o simplemente para intercambiar información y conversar acerca de los avances del trabajo.

El programa está a disposición de traductores literarios de Canadá, México y Estados Unidos que traducen de cualquier idioma, y de traductores de cualquier parte del mundo que estén trabajando en literatura de los continentes americanos. En los nueve últimos años, el CITLB ha recibido a traductores de veintiséis países, quienes están desarrollando proyectos que involucran treinta y seis idiomas. Se ha invitado a escritores de Canadá, Estados Unidos, México y otros países para que dialoguen con sus traductores durante una semana.

Se invita a los traductores literarios a que soliciten residencias independientes en los Leighton Studios del Centro Banff durante todo el año.

Admisión
La residencia está abierta a traductores literarios con experiencia que hayan publicado por lo menos un libro o su equivalente. Se aceptará proyectos de traducción de obras de ficción, ensayos, poesía, literatura infantil, drama y tradición oral.

Selección
El consejo consultivo del CITLB se encarga de la selección de los participantes tomando como base sus solicitudes. El consejo está conformado por los directores del programa y los traductores literarios que participan en representación de Canadá, México y Estados Unidos.

Solicitudes

Todos los solicitantes deberán presentar lo siguiente:
• Un honorario no reembolsable para la tramitación de la solicitud y un formulario de solicitud con toda la información correspondiente.

Formulario llenado de la • “Lista de preguntas y datos”, que se debe enviar por fax a la
Office of the Registrar. (403.762.6345)

• Tres copias de los materiales de apoyo, que incluyen:

curriculum vitae del traductor y del autor de la obra que está traduciendo. una descripción del proyecto de traducción (por ejemplo: novela, selección de poemas, ensayos, etc.), la fecha proyectada de publicación si corresponde, una explicación de lo que el traductor quiere lograr durante la residencia y, si desea, una solicitud para trabajar en forma conjunta con el autor. una muestra de 5 a 10 páginas de la traducción, acompañada por el correspondiente extracto del original. autorización por parte del autor para llevar a
cabo la traducción.

• Nota: los materiales que se entreguen deben estar impresos en forma clara, a doble espacio, en papel de buena calidad tamaño carta y sin encuadernar. No se aceptará copias en papel perforado con tres agujeros o encuadernados con espiral tipo “cerlox”. Se ruega no engrapar el expediente ya que los documentos deberán ser fotocopiados para el consejo consultivo. Los materiales presentados no serán devueltos. Las solicitudes que no cumplan con los requisitos mencionados podrán ser descalificadas.

Entregas electrónicas: Junto con el formulario de solicitud básico que puede enviarse electrónicamente, también se puede mandar por correo electrónico todo el material de apoyo requerido en forma de archivo a la siguiente dirección: arts_info@banffcentre.ca. Estos materiales también deberán recibirse antes de culminar el plazo de entrega.

Los archivos deben enviarse en un formato reconocido, de preferencia en Microsoft Word.
En caso de no contar con Microsoft Word, también se acepta el formato Rich Text
Format (RTF). Se debe indicar claramente que los documentos sustentatorios acompañan la solicitud para la residencia en el CITLB.

Dichos documentos, aparte de la muestra traducida y del extracto de la obra original y de la autorización del autor, deben ser presentados en inglés, francés o español.

Todos los participantes pueden contar con una ayuda financiera de alrededor de $3 000 CAD, que cubre el costo del programa, el alojamiento y el plan de comida durante la residencia. El Fondo para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Relaciones Exteriores cubrirán el pasaje aéreo y el seguro de gastos médicos de los traductores mexicanos seleccionados.


Premio de Traducción Linda Gaboriau

El Premio de Traducción Linda Gaboriau se otorga cada año a un traductor de América del Norte (Canadá, Estados Unidos o México) desde candidaturas propuestas por turnos por autoridades de dichos países, que traduzca a autores contemporáneos nacionales o internacionales y que haya contribuido de manera especial al arte de la traducción y la literatura. El premio consiste en $2 000 CAD en efectivo y una residencia de dos semanas (incluyendo el pasaje) en el Centro Banff durante el programa anual CITLB que se realiza en junio. El Centro de Banff está encantado de reconocer las contribuciones que pudieran hacer los traductores norteamericanos a la literatura mundial y, en particular, de reconocer a través de la nominación de este premio las contribuciones hechas por Linda Gaboriau, traductora galardonada, fundadora del CITLB y directora del programa durante los primeros años de formación de su existencia.

Ganadores

2009 : Rainer Schulte
2010 : Pura López Colomé

sábado, 8 de enero de 2011

William Shakesperare en castellano, antes de Luis Astrana Marín

Como ya hemos indicado en este blog oportunamente, 1611 es una excelente revista virtual de historia de la traducción, que se publica en el seno de la Universidad Autónoma de Barcelona y que dirigen nuestros amigos y colaboradores Marietta Gargatagli y Juan Gabriel López Guix.

Con cuatro números en la web, poco a poco se ha ido constituyendo una referencia insoslayable en la materia. Y para demostrarlo una vez más, basta con leer "Plagio y autoría en las obras de Shakespeare traducidas por R. Martínez Lafuente", un flamante artículo firmado Inmaculada Serón Ordóñez, del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide.

Aquí ofrecemos el correspondiente link : http://www.traduccionliteraria.org/1611/art/seron.htm

viernes, 7 de enero de 2011

Ayer hablábamos de la estupidez de ciertas instituciones españolas, hoy la corroboramos a través del canon digital y de la Ley Sinde


La siguiente opinión, debida Jesús Mosterín –profesor de Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España– y publicada por el díario El País del 5 de diciembre pasado, tiene lo suyo y ha provocado una avalancha de opiniones en el periódico. Pero lo primero es explicar de quiénes hablamos para que en las otras provincias de la lengua se entienda. Entonces, según su página institucional, la "SGAE, Sociedad General de Autores y Editores, es una entidad de gestión colectiva dedicada a la defensa y gestión de los derechos de propiedad intelectual de sus más de 95.000 socios, creadores y editores musicales de todo el mundo. Su misión fundamental es la protección y reparto de la remuneración de los autores por la utilización de sus obras (reproducción, distribución, comunicación pública, transformación y copia privada). Se trata de una Sociedad privada constituida hace más de cien años y que, en la actualidad, administra un repertorio que supera los cinco millones de obras musicales, dramáticas, coreográficas y audiovisuales. Los creadores registran en nuestra entidad sus obras, y éstas pasan a formar parte de nuestro repertorio protegido y gestionado, constituyendo su verdadero capital intelectual, tanto en el ámbito nacional como internacional. Contamos con doce Sedes distribuidas por todo el territorio español, mientras que las seis Delegaciones Internacionales poseen oficinas en Nueva York, México D.F., La Habana, Río de Janeiro, Buenos Aires y Shangai; cubriendo muchas de ellas la gestión sobre varios países. Además, en algún caso, esta red se complementa con los servicios no exclusivos ofrecidos por un representante en el extranjero, como ocurre en Japón.  Asimismo, SGAE tiene suscritos más de 200 acuerdos de reciprocidad con otras Sociedades de Autor extranjeras, garantizando así la protección de las obras de sus socios en multitud de países. Y es que para conseguir una mejor defensa de los derechos de nuestros asociados en todo el mundo, hemos suscrito diversos convenios bilaterales de representación recíproca con entidades similares de otros países, por los que nuestra Sociedad se compromete a defender a nivel nacional los intereses de los autores y editores adheridos a esas otras entidades y, a su vez, éstas hacen lo mismo en sus respectivos países con nuestros asociados. La responsabilidad de la Sociedad con quienes la integran se traduce en un servicio que persigue la excelencia de una gestión que ha sido homologada en 2008 por el modelo European Foundation Quality Management (EFQM), y en la renovación de los certificados de calidad y seguridad de AENOR bajo los referenciales ISO 9001: 2000 e ISO 27001: 2005, que ratifican la apuesta por la transparencia, la calidad y las buenas prácticas. Además, SGAE es mucho más que una entidad de gestión de derechos y, a través de múltiples iniciativas, potencia su firme compromiso de promover la continua formación de sus socios, además de promocionar su talento y distribuirlo más allá de nuestras fronteras".

A favor de Internet

Lo más revolucionario que le ha pasado a la cultura humana en los últimos tiempos ha sido el desarrollo de Internet. Su despliegue no ha hecho más que empezar, pero ya escuchamos los primeros crujidos que anuncian el resquebrajamiento de gran parte de las superestructuras políticas y económicas tradicionales. El pánico del Gobierno chino lo lleva a dedicar miles de censores a filtrar la Red y eliminar los contenidos que disgustan a la cúpula dirigente en un fatuo intento de poner puertas al campo. Pero Internet, la más poderosa herramienta de emancipación cultural, fue diseñada desde el principio para escapar a cualquier control y no se deja domeñar fácilmente por Estados, Iglesias, corporaciones ni grupos de presión, ofreciéndose prístina, libre y completa a cualquier ciudadano en cualquier rincón del planeta con acceso a ella.

La clase política, acostumbrada desde siempre a mangonear y mantener en la penumbra sus manejos, ve con inquietud creciente la transparencia y libertad que Internet aporta. Todos los Estados han mantenido caros y secretísimos servicios de espionaje, como la CIA americana y la rusa SVR (antes, KGB). Uno de sus máximos objetivos consistía en localizar y fotografiar las instalaciones de los otros Estados. En 1983, un avión coreano que hacía la ruta de Nueva York a Seúl por Alaska y que se había desviado ligeramente y quizás había penetrado el espacio aéreo soviético fue derribado por aviones de combate ante la sospecha de los jefes militares rusos de que pudiera tratarse de un avión espía que pretendiese sacar fotos aéreas de la isla de Sajalín. Los 269 pasajeros y tripulación a bordo murieron en el incidente. Actualmente, esas fotos las puede descargar cualquiera de Google Earth, que ha hecho obsoletos gran parte de los servicios de espionaje.

Varias de las noticias más sonadas de 2010 han sido protagonizadas por Wikileaks, una ONG sin ánimo de lucro dedicada a incrementar la transparencia mediante la publicación de documentos secretos que voluntarios de todo el mundo le hacen llegar. En los últimos meses ha dado a conocer numerosos papeles sobre la actividad militar norteamericana y cables secretos enviados por diplomáticos estadounidenses al Departamento de Estado. De hecho, gran parte de la información contenida en los cables ya se conocía por otras fuentes. Además, la diplomacia americana sale relativamente bien parada de la filtración, pues los diplomáticos aparecen como generalmente bien informados, sensatos y realistas en sus apreciaciones; quedan mejor, desde luego, que en sus acartonadas declaraciones oficiales. En casos muy específicos, sobre todo relacionados con la delincuencia y el terrorismo, es necesario mantener el secreto durante la preparación de operaciones puntuales. En los cables y documentos oficiales, sin embargo, el secretismo está fuera de lugar. Las iniciativas de Wikileaks contribuyen sin duda a crear un mundo más transparente, libre y seguro para todos.

En España, dos asuntos relacionados con Internet han removido los ánimos en el año recién transcurrido: el canon digital y la llamada ley Sinde. El canon digital es un disparate jurídico: una multa que se impone a todos los compradores de un soporte con el que se podría delinquir, aunque no se delinca. La excusa de esta tasa sobre los materiales de reproducción digital es que los compradores podrían usarlos para copiar contenidos de propiedad ajena. Es como si se dijera que todo comprador de un cuchillo de cocina debe pasar una semana en la cárcel, pues algunos usan los cuchillos para acuchillar al vecino y la policía no siempre puede encontrar a los culpables. Ya en febrero, la plataforma de internautas presentó tres millones de firmas para pedir la eliminación del canon digital. En octubre, la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que el canon es un abuso y no cumple la directiva comunitaria y que, en cualquier caso, solo podría cobrarse a los particulares, pero no a personas jurídicas, como empresas y Administraciones, pues no emplean sus discos y aparatos para copiar. Yo tampoco empleo mis discos y aparatos para copiar y tampoco veo razón alguna para pagar el canon. Por otro lado, en 2009 se recaudaron 90 millones de euros por este concepto. En teoría, esos dineros se distribuirían entre los autores a través de intermediarios como la SGAE. Con 30 libros a cuestas, supongo que soy uno de los autores. Sin embargo, nunca he recibido un céntimo de la SGAE.

La ministra González-Sinde, no contenta con haber introducido el canon ahora tumbado, se ha pasado el año tratando de meter con calzador y sin debate previo alguno una ley contra las descargas en Internet que convertiría el cierre de un sitio web en una mera decisión administrativa. Trató de colar su propuesta de estraperlo y sin que se notase, como mera disposición adicional de la Ley de Economía Sostenible, con la que obviamente no tenía nada que ver. Al final su maniobra le ha salido mal y su proyecto de ley ha sido merecidamente derrotado en el Congreso en diciembre.

Lo que necesitamos es un debate abierto, racional, sereno y sin prejuicios. Internet está aquí para quedarse, afortunadamente, pues es la mejor esperanza que tenemos de un mundo sin censuras, controles ni fronteras, donde cada ser humano tenga acceso a toda la cultura sin límites ni restricciones y decida libremente en cada momento qué hacer y cómo hacerlo y en qué lengua hacerlo y por qué ideas interesarse y con quién hablar y comerciar y ligar.

No hay que demonizar las descargas en Internet. No es lo mismo copiar que robar. El ladrón priva al dueño de la posesión y usufructo de su propiedad, pero no así el copión, que se la deja entera. No es lo mismo robar un cuadro en un museo que reproducir su fotografía (que, hecha sin flash, no perjudica para nada al cuadro mismo). Los típicos objetos de robo son entidades compuestas de materia y forma, como los coches. Quien me roba el coche me deja sin coche. Los objetos de copia son formas puras, como la información, que no desaparecen por el hecho de ser reproducidas. Quien copia un texto mío no me priva del texto ni de las ideas que expresa, aunque a veces redunde en un lucro cesante. En realidad, aunque me irrita mucho que me roben la cartera, más bien me halaga que alguien se interese tanto por mis escritos como para fotocopiarlos o colgarlos en su blog.

Hay que proteger la propiedad intelectual, pero también hay que desempolvar las convenciones a menudo obsoletas que la regulan. Las patentes industriales son los productos sometidos a propiedad intelectual más relevantes económicamente; a pesar de ello, tienen una validez de 20 años, tras la cual pasan al dominio público y cualquiera puede usar lo patentado. En su actual regulación, la propiedad intelectual de autores y artistas no solo dura toda la vida del autor (con lo cual es fácil estar de acuerdo), sino que además, tras su muerte, todavía se extiende nada menos que 70 años a sus herederos y a los herederos de sus herederos, que nada han tenido que ver con su creación. Como ha escrito en este diario Josep Ramoneda, "habrá que encontrar fórmulas para que los herederos de un artista no vivan 70 años del cuento".

Todas estas cosas requieren una consideración pausada. Los intereses del grupo corporativo que tanto defiende la ministra (y que en parte son también los míos) son respetables, desde luego, pero no menos respetables son las ansias de libertad y autonomía de la comunidad creciente de los internautas, que incluye a la mayor y mejor parte de la juventud española (y mundial). Hay que buscar fórmulas nuevas e imaginativas de combinar rentabilidad y libertad, como hizo, por ejemplo, Google con su idea de combinar su envidiable rentabilidad empresarial con la libertad y la gratuidad de sus servicios a los consumidores, atrayendo y cobrando la publicidad.