martes, 24 de julio de 2018

"La lengua (en su morfología) no es fácil de cambiar"

Santiago Kalinowski (foto) es el director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras. En un reciente debate en el Canal de la Ciudad, expuso sus puntos de vista sobre el llamado “lenguaje inclusivo”. En su boletín, la AAL recogió sus palabras y, a la vez, ofreció el vínculo con la entrada de youtube de esa emisión. Todo se transcribe a continuación.


“Esto aún no es un fenómeno lingüístico”

El director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la AAL (DILyF), Santiago Kalinowski, fue parte de una reciente emisión del programa “Hoy Nos Toca a la Mañana”, que conducen Diego Morán, Jason Mayne y Mariana Merlo de lunes a viernes de 10 a 12 por el Canal de la Ciudad.

Junto a Lisa Kerner (foto), directora de la Casa Brandon, el Dr. Kalinowski fue invitado al estudio para hablar del lenguaje inclusivo y si es un fenómeno que llegó para quedarse. Dando a conocer que la Academia ha recibido últimamente muchas consultas acerca del tema de la comunidad en general y de los medios en particular, el director del DILyF dijo que “son fórmulas que buscan la intervención del discurso público en el contexto de una lucha política, con el objetivo de echar luz sobre una situación de desigualdad en la sociedad” y que provocan toma de conciencia en las personas.

Sobre el uso de la “e” para instalar el género neutro en palabras que, de acuerdo a la gramática española, llevan “o” y son de masculino genérico, Kalinowski afirmó que “son recursos discursivos extraordinariamente potentes que están al servicio de la corrección de una injusticia”. Aunque, advirtió, “está claro que esto todavía no es un fenómeno lingüístico (un cambio en el uso de la lengua que se da inconscientemente). Y lo ves en la vacilación: aparece una fórmula, después se cambia por otra. Lo que refleja que es un esfuerzo consciente de intervención del discurso público. Pertenece al ámbito de la retórica, porque busca un efecto en el auditorio y busca modificar la realidad […]. El ámbito de circulación del lenguaje inclusivo es la lengua en su estado público y en ámbitos sociales muy restringidos. Cuando uno está en la intimidad de la casa, vuelve a usar la gramática”.

Sobre la no pronunciación oficial de la Academia Argentina de Letras sobre el asunto, aclaró: “Es preferible lo que hizo la Academia Argentina de Letras, una institución que entiende en temas lingüísticos, de no pronunciarse por un tema que es esencialmente la formulación discursiva que asume una lucha política. Intervenir en esto, aunque sea con argumentos lingüísticos, sería intervenir políticamente”.

En un intento de alertar sobre lo difícil que será que esto se transforme en un cambio lingüístico real, Kalinowski dijo: “La lengua (en su morfología) no es fácil de cambiar. Desde el punto de vista de los cambios necesarios en la reestructuración del género gramatical, esto es de una dimensión que no tiene comparación. Significaría generar morfología, modificar toda la estructura de pronombres y tocar la semántica y reglas gramaticales que ya están instaladas mentalmente en todos los hablantes […]. Para que algo se interiorice y se codifique como gramática es el algo que tiene que ocurrir en el flujo de cambio y de adaptación de una lengua que tiene 500 millones de hablantes”.

El siguiente vínculo lleva al video del programa en cuestión:
https://www.youtube.com/watch?v=ZDbh32epMj4&t=0s&index=24&list=PLLCEZP5bI-uRkWwJ_N4bzf87K8uuCRWw2


lunes, 23 de julio de 2018

Franciso Moreno-Fernández piensa mejor que la institución a la que pertenece

El 23 de junio pasado, Franciso Moreno-Fernández, director ejecutivo del Observatorio de la lengua española del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard y catedrático de la Universidad de Alcalá, escribió el siguiente artículo en la edición del New York Times en castellano. Resulta interesante en él ver que quien firma el artículo forma parte del Instituto Cervantes y denuncia la idea decimonónica de igualar lengua y nación. ¿No es eso lo que hace España con el castellano cuando lo adscribe a la risible "marca España"? ¿Y no es ésa la política que defiende el Insituto Cervantes? 

La represión lingüística del español 
en Estados Unidos

CAMBRIDGE, Massachusetts. 
“Speak English. This is America”. Estas son las palabras con las que un abogado de Manhattan reclamó al dueño de un restaurante para que sus empleados hablaran en inglés, y no en español. Son palabras que condensan una idea arraigada en buena parte de los estadounidenses y que justificó las sospechas de un agente fronterizo, en Montana, para detener a dos mujeres que hablaban en español.

Es la misma idea que llevó a una maestra en Nueva Jersey a decirles a sus estudiantes, que hablaban español, que en Estados Unidos se luchaba por defender el derecho de hablar americano, porque nada hay más natural que darle a una lengua el nombre del país en que se habla.

Las actitudes intolerantes son contagiosas y estos sucesos –irreflexivos y hasta violentos– reflejan que estamos viviendo una escalada de racismo, quizás provocada por el discurso del presidente Donald Trump. En lo que se refiere al español, las ideas e intenciones de Trump quedaron claras desde el inicio de su mandato: con el falso pretexto de su reorganización estructural, se suprimió la versión en español de la página web de la Casa Blanca. Es inevitable ver la alineación de Trump con el movimiento de English Only, que busca el uso excluyente y exclusivo del inglés en Estados Unidos.

Pero la idea del inglés como única lengua de Estados Unidos y las discriminaciones subsecuentes no se iniciaron con el ascenso de Trump y su atrabiliaria política cultural. Los californianos ya las sufrieron hace siglo y medio, cuando la fiebre del oro llevó hacia el Oeste a miles de anglohablantes que utilizaron el idioma como fundamento para reclamar derechos sobre una tierra que no era suya. Y las sufrieron los novomexicanos y texanos a los que hace un siglo se humillaba por hablar mal.

Uno de los casos de represión del español más delirantes en la historia de Estados Unidos fue el promovido desde la escuela Blackwell, en el sur de Texas, a principios del siglo pasado. Los alumnos del instituto habitaban un territorio tradicionalmente hispanohablante, pero el gobierno local quiso que abandonaran totalmente su idioma materno, el español, en beneficio del inglés. Como parte de una estrategia represora, los alumnos se vieron obligados a escribir “We will not speak Spanish” en un papel que debía depositarse en una caja con forma de ataúd. Una vez lleno, se organizó un funeral para “Mr. Spanish” y se ofició un entierro en presencia de toda la escuela.

La historia universal ofrece un amplio muestrario de premeditada represión social sobre determinadas lenguas, de manipulación de su estatus, de prohibición de su uso. Las formas de represión lingüística son muy variadas en sutileza y abarcan desde la coerción cotidiana en las familias o los barrios, hasta la prohibición de enseñar en la escuela alguna lengua.

Puede hablarse de represión lingüística cuando se ordena quemar libros en un idioma, como hicieron las fuerzas soviéticas con obras escritas en estonio en la Universidad Tartu de Estonia en los años cuarenta; cuando se obliga a los niños a cargar piedras por hablar la lengua de su familia, como ocurrió en el País Vasco español durante el franquismo; cuando a los alumnos que no hacen un uso adecuado u oportuno de la lengua debida se les prohíbe ir al baño o se les pega con una regla, como ocurría en Las Cruces, Nuevo México en los años setenta.

Esto ocurre acaso por una idea que se desarrolló durante el romanticismo nacionalista del siglo XIX que iguala lengua y nación. Si en el mundo existen unas seis mil lenguas y unos doscientos países, basta un simple cálculo para entender la ubicuidad del bilingüismo. Por ello, la búsqueda de una correspondencia absoluta entre una nación con una sola lengua solo ha traído tribulaciones a la humanidad: no hay nada más natural en los pueblos del mundo que la coexistencia de lenguas.

Michael J. Sandel, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de este año, ha reflexionado sobre cómo los derechos individuales no pueden sacrificarse en nombre del bien común. El Estado no debería imponer un modo de vida preferible, sino dejar que los ciudadanos elijan sus valores y fines, sin perjuicio de la libertad de los demás. Y uno de los derechos individuales más arraigados es usar la lengua propia en la comunicación personal. Así lo demuestran los 50 millones de hispanohablantes en Estados Unidos.

Por su parte, el filósofo coreano Byung-Chul Han propone una imagen que bien puede aplicarse a la actual represión del español en ciertos sectores de Estados Unidos: la expulsión de lo distinto. Nuestras sociedades están exhibiendo una veneración tan intensa a lo igual que las lleva a considerar su plenitud solo en lo idéntico: cuando las conductas están unificadas, las ideas se parecen y las lenguas se asemejan. En caso contrario solo cabe una salida: la expulsión. De ahí que muchos de los estadounidenses que exigen el uso público y privado del inglés están reivindicando mucho más que la lengua de un país: están demandando el uso de “la lengua del mundo”, la lengua, por tanto, en la que “todos” deberíamos igualarnos, especialmente los inmigrantes, los otros, los distintos. Aunque se podría observar que los distintos en Estados Unidos tienen la segunda lengua materna más hablada del mundo por número de hablantes, después del mandarín.

No importa la rica y longeva historia hispana de Estados Unidos (en 2016, los hispanos eran el 18 por ciento de la población estadounidense); no importa ser distinto en un país fundado por distintos. En los Estados Unidos de Donald Trump la única consecuencia de la discordancia parece ser la expulsión. Pero el hecho es que la diversidad, especialmente la lingüística, es un factor de identidad que no obliga a la renuncia de proyectos comunes. Por eso la diversidad se tiene que defender en América, en el continente entero.

viernes, 20 de julio de 2018

"El Tiempo de la traducción es el Ahora"


Le llegó el turno a Andrés Ehrenhaus, quien nos envía desde Barcelona una columna para el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. Suma una opinión a la discusión sobre el lenguaje inclusivo.

Esperando la e

Primero me causó gracia. Como un chiste inesperado, que uno recibe con sorpresa y buen humor. Después me puse serio. O me pusieron. El tema es importante y yo comparto la preocupación y el fastidio por el sexismo en el lenguaje, soterrado o no, que resulta especialmente álgido en el caso del genérico masculino en castellano. Decidí saltar, por tanto, la barrera del chascarrillo e informarme acerca de la propuesta, sus fundamentos, su aplicación. El marco general lo conozco, así como otras iniciativas más o menos felices, más o menos consolidadas, más o menos ingeniosas, cuyo empleo empieza a extenderse con diversa suerte. Por ejemplo, el uso sistemático de ambos géneros en las apelaciones colectivas (todos y todas) o la femenización de voces masculinas o neutras (presidenta, miembra) y viceversa. En cambio, la idea de introducir una vocal casi virgen de sexualidad como la e ahí donde la o y la a resultan tajantes me agarró, como ya dije, desprevenido y con una sonrisita idiota en los labios. Pero salí del chiste. Me puse a leer. Atendí las argumentaciones. Que son variadas e interesantes. Y las empecé a discutir conmigo mismo.

En general, en todos los casos, incluso cuando se defiende el uso tradicional del genérico con mayor o menor conciencia culpógena, el argumento básico que esgrimen los defensores de las diversas propuestas (y a veces también los detractores) es el de la ingobernabilidad del habla. Los actores culturales afanosos y relativamente conscientes podemos probar mil torceduras con la lengua y tratar de que las formas impuestas se aproximen a nuestros deseos o fantasías, pero el uso cotidiano, popular, incesante, imperioso y radical que hacemos los hablantes en todas las direcciones posibles suele poner las cosas en su sitio o, cuando menos, en un sitio, no siempre halagüeño. Con esa vara de medir en la mano, tanto los prosélitos de la e como sus censuradores agitan el aire de los foros de lingüismo inclusivo o como se llame, llevándonos finalmente al corral común de la costumbre general: el Tiempo dirá. A ver cuál propuesta sucumbe, cuál permanece, y qué intereses (económicos, de clase, etc.) subyacen a cada una.
           
Todo bien con el Tiempo. Pero yo soy traductor. No puedo esperar a que pase el Tiempo para entregar mi trabajo; en primer lugar porque no sé a cuánto tiempo equivale el Tiempo; en segundo lugar porque el Tiempo de la traducción es el Ahora. El traductor traduce ahora, no en el futuro. Ese ahora puede retrasarse, incluso hasta tocar casi el ahora de la obra original, pero nunca adelantarse. Es una regla de oro de la traducción que, entre otras cosas, hace posible que exista. La tarea de adelantarse a su Ahora le corresponde, en todo caso, al autor. El traductor es autor de una obra derivada, ergo posterior, de otra. Y nunca al revés. De modo que yo, como todos los traductores, tenemos que saber a qué ahora lingüístico y gramatical atenernos, en qué ahora de la lengua nos embarcamos. Sobre todo porque las obras que traducimos llevan su ahora cosido como una etiqueta indeleble, pues pertenecen a un Tiempo que ya pasó; si nosotros las traducimos a un Tiempo que aún no existe, ¿de qué lengua nos hacemos responsables? ¿Y a qué lectores apelamos?

De acuerdo, como traductores podemos (¡y debemos!) tomar decisiones políticas. Podemos elegir nuestro ahora y decidir que, al menos en nuestras traducciones, nos ceñiremos a una de las tantas propuestas de desexualización genérica circulantes, se hayan consolidado o no (o sea, no). Podemos hacerlo, por qué no, siempre y cuando entendamos el alcance –literario en este caso– de nuestra decisión política, y entendamos también que estamos optando por una vía aún no consolidada ni en la lengua (gramáticas al uso, autoridades) ni en el habla (hoy en día nadie hace un uso cotidiano consuetudinario y rigurosamente estricto de las variantes, excepción hecha de algunos círculos que militan una puesta en práctica más bien endógena de, por ejemplo, el genérico femenino universal o la duplicación inclusiva). Es decir, podemos decantarnos por un ahora utópico que, en el mejor de los casos, trasladará todas sus dudas, incoherencias y soluciones intempestivas a un texto que a priori ni las tenía ni las prefigura benjaminianamente. Nuestra traducción será, en consecuencia, una obra derivada de otra que no existe del todo salvo en esa utopía lingüística que esperamos que el Tiempo confirme. Nuestra traducción sonará más o menos así:

«Te refugias en le prójime, al tratar de escapar de ti misme y pretender declarar este como une cualidad; sin embargo a mi no me engaña tu desprendimiento. Le 'tú' es le precursore de le 'yo'; le 'tu' está santificade, sin embargo no aún le 'yo'. De estemodelepersone va solícitamente hacia le prójime».

Es un fragmento del Zaratustra de Nietzsche tomado al azar, sin el menor ánimo de broma. Una obra escrita entre 1883 y 1885. Para no ponernos pesados ni ensañarnos con lo obvio, digamos que la propuesta de e-traducción no sólo no borra las marcas genéricas sino que las potencia mediante un elemento –la parodia– que el texto no contiene. En cierto modo, es como si Nietzsche se riera de lo que, 100 años después, Perecpodría hacerle a su texto. Y es justamente ese eco de cavernosas y fantasmagóricas carcajadas lo que desbarata nuestra concienzuda e-traducción. Sin mencionar ese otro eco aún más corrosivo, por inmediato y populachero, de las chirigotas en e, o en o, o en i…

De modo que, después de darle la vuelta, volví a la gracia. Por serio que me ponga, la variante de la e me sigue pareciendo un chiste, culterano o vulgar, da igual. Para quien vive en Catalunya, además, suena a como se habla en Lleida o el Levante. Y para el oído universal, una especie de esperanto perezoso. En lo que a mí respecta, la e-traducción está más que descartada.

Traducir es un asunto serio.

jueves, 19 de julio de 2018

"La primera argentina en ganar el premio estadounidense que honra el legado literario de Shirley Jackson"

Con fecha del día de ayer, Daniel Gigena publicó el siguiente artículo en el diario La Nación, de la Argentina, donde se habla de un nuevo premio para la escritora argentina Samanta Schweblin, esta vez por una traducción al inglés.

Samanta Schweblin fue premiada en Estados Unidos

Un nuevo reconocimiento internacional se suma a la obra de la escritora argentina residente en Berlín Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978). Su novela Distancia de rescate, publicada en 2014 en la Argentina, obtuvo el premio Shirley Jackson en la categoría de novela corta. Traducida al inglés por Megan McDowell, la novela de Schweblin fue rebautizada Fever Dream y cuenta la historia de una madre y sus hijos en un ambiente rural que se ha transformado en un escenario de "pesadilla agrotóxica", producto de la contaminación, aunque también la novela fue leída como una reformulación original de los cuentos de fantasmas. La autora es la primera argentina en ganar el premio estadounidense que honra el legado literario de Shirley Jackson.

Pero no es la primera vez que Fever Dream compitió por un premio internacional. El año pasado, integró la lista de los finalistas del Man Booker Prize International, que finalmente ganó el escritor israelí David Grossman. Este año, su novela se impuso a otras firmadas por Tade Thompson y Stephen Graham Jones, entre otros. La obra de Schweblin compartió el premio con The Lost Daughter Collective, de la escritora estadounidense Lindsey Drager.

Desde Alemania, donde vive desde hace seis años, la autora dijo a La Nación: "Hay algo todavía más especial que ganarse un premio literario, y eso es ganarse uno que lleva el nombre de una de mis autoras norteamericanas preferidas". Shirley Jackson (1916-1965) es una escritora de relatos de horror y ciencia ficción; en su obra, la extrañeza cubre la atmósfera de las historias de manera inadvertida. "Fue una alegría inmensa recibir esta noticia y se sintió como un mimo de la propia Jackson, o así me gusta pensarlo", dijo Schweblin. "Ahora tocan días de muchos nervios, de los nervios lindos, porque estoy cerrando un nuevo libro. Es una novela, y saldrá en los primeros días de octubre", anticipó.

miércoles, 18 de julio de 2018

Un volumen que reúne poesía y prosa de Allen Ginsberg, en traducción al castellano

De izquierda a derecha, el poeta
Michael McClure, Bob Dylan y Allen Ginsberg
Allen Ginsberg (1926-1997) fue, sin duda, uno de los poetas más célebres de la segunda mitad del siglo XX. Su fama no sólo tuvo que ver con la poesía que escribió, sino también con las muchas causas por las que abogó, que incluyen: la protesta contra la Guerra de Vietnam, la defensa de las víctimas de la guerra en Bangla Desh, la demistificación de las drogas, la defensa de los derechos de la comunidad homosexual, su cercanía con Bob Dylan, y otros íconos de la contracultura, su participación en sesiones de jazz y en conciertos de rock and roll,etc. 

Ícono de la Generación Beat, se trató de una figura pública y conocida por mucha gente, aunque no necesariamente leída: sus Collected Poems, editados por primera vez en sus Estados Unidos natales en 1988, en una edición de 10.000 ejemplares, tardaron una década en agotarse, en un país de más de 225 millones de habitantes, lo cual, de algún modo, estaría hablando, no tanto de Ginsberg, como del interés de sus compatriotas por la poesía. 

Traducido en todo el mundo a las más diversas lenguas, en castellano, desde mediados de la década de 1960 en adelante, abundaron sus ediciones a uno y otro lado del Atlántico. Poemas suyos como "Howl" o "Kaddish" forman parte ya del patrimonio de nuestra lengua, lo cual no implica que no sigan abundando nuevas versiones. 

Ginsberg esencial, recientemente distribuido en la Argentina por Riverside, es un volumen con edición e introducción del escritor, biógrafo y editor Michael Schumacher, publicado por la Editorial Anagrama. Se trata de una gran antología de 510 páginas que, además de algunos de los poemas principales, traducidos por el chileno Rodrigo Olavarría (Puerto Montt, 1979), incluye, de manera novedosa, una serie de ensayos, diarios, entrevistas, correspondencia y otros, traducidos por el narrador español Andrés Barba (Madrid, 1975). 




martes, 17 de julio de 2018

Si están bien traducidas y con crema, mejor

Ben Molar, fue el nombre artístico de Moisés Smolarchik Brenner (1915-2015),  un  productor musical y promotor artístico argentino, entre cuyos varios logros se suele mencionar la difusión de figuras como Maurice Chevalier, Los 5 Latinos y Las Trillizas de Oro (cuyo mérito principal fue ser trillizas idénticas, tener cabello rubio y, vestidas todas con idéntica ropa, hacerle los coros al malvado Julio Iglesias), además de numerosos otros artistas de diversos géneros.

Entre sus méritos también hay que mencionar que a él se le debe la instauración, todos los primeros de diciembre,  del Día Nacional del Tango. Y también que es su responsabilidad, en 1966, la grabación de 14 con el tango, un disco donde unió las palabras de Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Láinez, Leopoldo Marechal, Ernesto Sábato, etc. con la música de Astor Piazzolla, Aníbal Troilo, Atilio Stamponi, etc, y obras de los pintores Raquel Forner, Carlos Alonso y Raúl Soldi, etc.

Además de lo dicho, Ben Molar fue dueño de Fermata, un sello discográfico y también una editora musical para la cual, además de publicar sus propios tangos, boleros y otras canciones –escribió más de 1.000–, “tradujo” canciones de Neil Sedaka, Paul Anka, Bill Halley y, fundamentalmente, The Beatles.  

Entre los numerosos ejemplos de esta labor, se ofrece a continuación la “traducción”, de “Strawberry Fields Forever”, tema de John Lennon, editado en 1967, en un simple que, en la otra cara tenía la canción "Penny Lane".

El original es éste:

Let me take you down
'Cause I'm going to strawberry fields
Nothing is real
And nothing to get hung about
Strawberry fields forever

Living is easy with eyes closed
Misunderstanding all you see
It's getting hard to be someone
But it all works out
It doesn't matter much to me

Let me take you down
'Cause I'm going to strawberry fields.
Nothing is real
And nothing to get hung about
Strawberry fields forever

No one I think is in my tree
I mean, it must be high or low
That is, you can't, you know, tune in
But it's all right
That is, I think it's not too bad

Let me take you down
'Cause I'm going to strawberry fields
Nothing is real
And nothing to get hung about
Strawberry fields forever

Always, no sometimes, think it's me
But you know I know when it's a dream
I think I know I mean a yes
But it’s all wrong
That is I think disagree

Let me take you down
'Cause I'm going to strawberry fields
Nothing is real
And nothing to get hung about
Strawberry fields forever
Strawberry fields forever
Strawberry fields forever
 

Y ahora la version de Ben Molar, aclarándoles a los lectores no sudamericanos que en esta parte del mundo strawberry es frutilla, reservándose el término “fresa” para todo “instrumento de movimiento circular con una serie de cuchillas cortantes para abrir agujeros o labrar metales”, como, por ejemplo, la punta metálica que se emplea en los tornos industriales y en los de los dentistas.




lunes, 16 de julio de 2018

Aunque se ría, el plagiario Arturo Pérez Reverte es cada vez más una caricatura de sí mismo

No es Karlos Arguiñano
El 12 de julio pasado, sin firma, El País, de Madrid, publicó el siguiente artículo que ilustra una vez sobre la risible personalidad del plagiario Arturo Pérez-Reverte, un tipo prepotente y patético al que, por alguna curiosa razón, los malos diarios le siguen prestando atención.

Arturo Pérez-Reverte dejará la RAE si se cambia
la redacción de la Constitución por un lenguaje inclusivo

"Tiene usted mi palabra". Breve y directa ha sido la respuesta del escritor y académico Arturo Pérez-Reverte a los comentarios de un usuario de Twitter que aseguraba que dejaría la Real Academia Española (RAE) si se cambiaba el lenguaje de la Constitución por uno inclusivo. El creador del capitán Alatriste ocupa en la actualidad el sillón T de la institución.

"Es un intento de domesticar la RAE. Cederán los académicos, tras intentar suertes de esgrima desganada, algún bizantinismo apolillado. Solo Arturo Pérez-Reverte, el viejo león, marchará dando un sonoro portazo. País de cobardes", aseguraba el tuitero en este hilo. Contactado por este diario, Pérez-Reverte ha ratificado su posición y no ha querido hacer más comentarios, informa Juan Carlos Galindo.

La vicepresidenta Carmen Calvo ha pedido esta semana a los académicos de la lengua un informe que determine si la Constitución está redactada en un lenguaje que refleje por igual la realidad de hombres y mujeres y qué fórmulas podrían modificarlo en caso de que no sea así. 

Durante una comparecencia ante la Comisión de Igualdad en el Congreso de los Diputados el pasado martes, en la que ha explicado las líneas generales de su departamento, Calvo apuntó que "en cuanto" este informe esté terminado lo llevará ante dicha comisión y también a la comisión constitucional. Según ha manifestado, este estudio es "independiente" al análisis del contenido de la Carta Magna y de abordar una reforma constitucional. 

Calvo sostiene que la redacción de la Constitución en masculino "se corresponde" con una sociedad de "hace 40 años" y cree que "hablar en masculino" traslada al cerebro solamente "imágenes masculinas". En este sentido, ha recordado en la toma de posesión de los ministros y ministras del Gobierno de Pedro Sánchez a muchas de ellas les "costó trabajo prometer como ministros" precisamente porque son mujeres.