martes, 11 de abril de 2023

Qué brutos que son estos tipos, pero qué brutos.

Salvador Gutíerrez
El pasado 29 de marzo, Mario Las Heras escribió en el diario español El Debate, el artículo que se reproduce a continuación. En su bajada se lee: "Entre las nuevas palabras del Diccionario Panhispánico de Dudas también están «baipás» por «baypass» o «bótox» con tilde". No hay caso: el nivel de pelotudez de estos tipos es cada vez más inalcanzable. 

La RAE te deja escribir «jol» por «hall» y «balé» por «ballet»

Nadie puede negar que la RAE está de moda. Quizá lo peor de las modas es que se habla tan bien como mal de ellas: «Que hablen de uno, aunque sea mal», la contracción de la frase de Oscar Wilde: «Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti». Una máxima a la que parece haberse aplicado con denuedo en los últimos tiempos la Real Academia.

Primero fue la crisis por la guerra de la tilde del «solo» en el seno de la institución y con Arturo Pérez-Reverte como paladín del apóstrofe, del que todavía se producen escaramuzas. El Congreso Internacional de la Lengua en Cádiz le ha dado un nuevo impulso como protagonista principal en el gran simposio del español que parece dirigido a la polémica (además de a el debate) en la que tan bien se mueve últimamente el organismo dirigido por Santiago Muñoz Machado.

Uno de sus miembros más destacados en esta época es el responsable del Español al Día, del que depende el Diccionario Panhispánico de Dudas, Salvador Gutiérrez, quien volvía el martes a sacar el «solo» a pasear, afirmando que lo mejor sería no utilizar la tilde como norma. Pero no fue el adverbio la estrella de la nueva edición del Diccionario a su cargo, sino los extranjerismos. Ahora se podrá escribir «jol» por «hall» y «balé» por «ballet» como ya antes se podía escribir «güisqui» o «wiski» por «whisky».

También se va a poder escribir «baipás» por «baypass» y «báner» por «banner». Dice Gutiérrez que el suyo es un trabajo arriesgado «porque va a haber opiniones para todos los gustos», pero la RAE parece cómoda en este movimiento que le da una relevancia nueva mientras prepara un nuevo Diccionario de la Lengua Española, que llegará en 2026, y presenta nuevos trabajos como el Corpus del Español del Siglo XXI, una colección de textos, desde novelas a artículos periodísticos, que permite conocer, por ejemplo, cuántos verbos hay en español: 13.307.



lunes, 10 de abril de 2023

En el Congreso de la Lengua, de Cádiz, Villoro y Caparrós le escupieron la sopa a lo gallegos


Hace cuatro año, en la ciudad de Córdoba, en una mesa del VIII Congreso de la Lengua, el Administrador de este blog puso en duda la legitimidad de llamar “español” a la lengua que hablan unos quinientos millones de personas, según las estadísticas del Instituto Cervantes (ver, en este blog, la entrada correspondiente al 3 de mayo de 2019, donde se puede consultar el video completo). Las repercusiones no se hicieron esperar. Tampoco las descalificaciones: los diarios españoles levantaron la cuestión diciendo que había sido saldada y que la polémica sobre la utilización de la palabra “castellano” para nombrar al “español” era cosa del pasado. Sin embargo, en otra mesa del IX Congreso de la Lengua, que se desarrolló en Cádiz, en los últimos días de marzo de este año, Martín Caparrós y Juan Villoro, dos pesos pesados, dijeron más o menos lo mismo, pero con otras palabras, posiblemente para disgusto de los académicos. Según la bajada del artículo que publicó Isabel Laguna en InfoBAE, el pasado 28 de marzo, “En la mesa ‘El español, lengua común: Mestizaje e interculturalidad en la comunidad hispanohablante’ se reflexionó sobre si es válido seguir llamando así a una lengua que es hablada por más de veinte países.”


Congreso de la Lengua: Martín Caparrós propuso un nIuevo nombre para el idioma español


¿Debería el español, un idioma que se habla en veinte países, buscar otro nombre? El escritor argentino Martín Caparrós pidió este martes en el IX Congreso Internacional de la Lengua abrir este debate y propuso “ñamericano” como nuevo nombre de esta lengua.

 

El escritor mexicano Juan Villoro también consideró necesario este debate, porque, en su opinión, llamar español a un idioma en el que la quinta parte de sus hablantes son mexicanos es “un arcaísmo”. Para él, el idioma, “en rigor”, debería llamarse “hispanoamericano”.

 

Ambos escritores hicieron estas propuestas en la mesa “El español, lengua común: Mestizaje e interculturalidad en la comunidad hispanohablante”, donde participaron junto con el escritor peruano Alonso Cueto, la española Carme Riera y el ensayista español Ángel López García.

 

Para Martín Caparrós, “es hora de buscar un nombre común” a este idioma, para que no sea el de uno de los veinte países en los que se habla. “Vale la pena buscarle el nombre a esto que hablamos”, dijo, y se le ocurre “ñamericano”, que preserva la originalidad de la virgulilla de la ñ, resultado, explicó, de la “pereza” de los monjes por escribir dos veces la n.

 

El autor del ensayo Ñamérica cree que la palabra “español”, que cuando la inventaron los fenicios significaba “tierra de conejos”, es “sin duda peliaguda”. España es hoy un país “colmado de españoles que quieren, o no, serlo”, afirmó.

 

El concepto de “español” está “en liza” especialmente en el campo de la lengua, señaló el autor argentino, para recordar cómo siempre pensó que lo que hablaba él o lo que escribía Lope de Vega era “castellano”.

 

“Decir español nos habría sonado al producto de un país llamado España”, dijo, y consideró que “sería lógico que 450 millones no quieran pensar que hablan la lengua de otro”.

 

Según Martín Caparros, buscar otro nombre sería enriquecer una lengua que se ha formado “con la respiración de muchas lenguas y que no se atribuye a ningún reino”.

 

Para Juan Villoro, el mestizaje de la lengua española avanzó tanto que dejó atrás épocas en las que pareciera que el español “solo se hablaba de una manera” y en las que el conserje de un hotel de Madrid no entendía cuando un cliente peruano le llamaba para decir “disculpe, el caño de la tina se ha malogrado: necesito un plomero”.


O que, como recordó Alonso Cueto, en el doblaje de las películas se escuchara a John Wayne, en una cantina en un “western”, pidiendo al camarero, “Chato, dame un corto”.

 

El tráfico de las palabras

Alonso Cueto celebró que ahora el “tráfico de palabras” entre uno y otro lado del Atlántico es “más nutrido que nunca”, gracias “al camino” que marcaron editores como Carlos Barral, que publicaron en España novelas de escritores como Mario Vargas Llosa o Juan Rulfo. La “polinización” de la lengua se extendió también a través del turismo, el comercio, la inmigración o la televisión.

 

“La idea de la pureza de la lengua es inútil y anacrónica”, sostuvo el escritor, para quien palabras inglesas como ‘chip’ se quedarán en la lengua como antes se quedaron términos árabes como ‘acequia’.

 

“Seremos siempre orgullosamente impuros”, añadió, tras afirmar que el español es “un organismo vivo” que tiene “la sala de máquinas” de su renovación en el habla coloquial”

No obstante, consideró “terrible” constatar que “hemos perdido riqueza” en un mundo en el que un emoticono sustituye a palabras como “te felicito o te quiero”.

 

Lengua mestiza

Esta pérdida de riqueza se produce en un idioma que se usa en países como México, donde hoy solo se habla el 6,6% de las lenguas indígenas que se hablaban cuando obtuvo la independencia de España, o en Perú, donde desaparecieron 37 lenguas originarias y hay 21 en peligro inminente de destrucción, y donde el quechua resiste en diez millones de habitantes.

 

López García recordó cómo el español es una lengua mestiza mucho antes de la colonización de América, cuando ya antes del siglo X el latín se cruzó en el Camino de Santiago con voces gallegas o catalanas.

 

Y, al igual que Carme Riera, explicó que en la época de la conquista “no hubo ningún interés en difundir el español”. Se favorecieron lenguas indígenas seguramente “en una actitud egoísta” para evitar la competencia a la hora de optar a puestos en la administración.

Fue con la independencia de los países cuando “todas reclamaron como lengua nacional el español”, idioma sobre el que se debate estos días en la ciudad española de Cádiz.

viernes, 7 de abril de 2023

La escritora catalana Júlia Bacardit tiene sus razones para no querer que la traduzcan al castellano

Los escritores de lengua catalana la tienen difícil: su única posibilidad de ser considerados españoles es cuando los traducen al castellano. Pero eso no les garantiza gran cosa, ya que para las editoriales peninsulares son algo así como el último orejón del tarro. Por otra parte, raramente se los ve integrar delegaciones “españolas” en ferias y salones del libro y tampoco se ocupa mucho de ellos el Instituto Cervantes. Por esas razones, el Instituto Ramón Llull comenzó a realizar acciones que permitan que los autores catalanes puedan ser traducidos en otras variantes del castellano que no sean estrictamente las peninsulares. Sin embargo, en los últimos días todos los diarios españoles cubrieron alarmados la decisión de la escritora Júlia Bacardit de prohibir por contrato la publicación de su libro Dietari sentimental al castellano. Eso puede leerse, por ejemplo, en los artículos de La Vanguardia (del 23 de marzo pasado, sin firma) y de El Español (del 25 de marzo pasado, con firma de Alberto G. Palomo), que reproducimos a continuación y en ese orden.

Júlia Bacardit prohibe por contrato traducir su libro de catalán a castellano

Barcelona, 23 mar (EFE).- La escritora y periodista Júlia Bacardit ha prohibido por contrato la traducción de su libro, Dietari sentimental, al castellano porque no quiere "contribuir a la bilingüización" de la literatura catalana.

Así lo ha indicado en una entrevista en el digital El Nacional, en la que también señala que, en cambio, su anterior título "El preu de ser mare", que era más periodístico, sí se pudo leer en castellano y, de hecho, vendió más ejemplares que en catalán.

Sin embargo, ahora este libro de la pequeña editorial andorrana Medusa, que también publica títulos en español, no será traducido ante el retroceso "clarísimo del catalán" y porque cree que así puede contribuir en favor de esta lengua.

Asimismo, cree que es una manera de que sus amigas castellanohablantes la lean en catalán en vez de traducida. "Y no es por superioridad moral -indica en la entrevista- es porque para mi esto es muy importante, es personal y me duele de verdad. Y ya no hablemos de cuando la traducción sale a la vez que el libro original".

Júlia Bacardit, que en los últimos años ha trabajado en los departamentos de prensa y comunicación de la editorial Edicions de 1984, no es la primera escritora que no quiere traducciones del catalán al castellano, puesto que el mallorquín Miquel Bauçà (1940-2005) tampoco lo quiso.
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“No quiero que se lea más en español": Julia Bacardit insiste en que no traducirá su libro del catalán”

Júlia Bacardit ha pasado de publicar un libro con una tirada modesta a estar en la diana mediática. Los dardos le han llegado después de una entrevista en un periódico autonómico. Esta autora, nacida en Barcelona en 1991, presenta estos días Un dietari sentimental que, como adelanta el título, se compone de pasajes de vida, reseñas de lecturas o reflexiones en torno a asuntos emocionales con una extensión variable y encabezados por una fecha concreta entre 2018 y 2021. Lo ha editado con el sello Medusa en catalán, su lengua materna, y su intención es que se lea en ese idioma.

“He prohibido la traducción al castellano del libro. Por contrato. No quiero contribuir a la bilingüización de la literatura catalana”, expresaba en esa charla del diario digital ElNacional.cat. Esa afirmación estaba inmersa entre otros apuntes sobre compartir piso, escribir desde el privilegio o lo justo e injusto de reflejar el nombre y apellido de sus amantes. Y era una respuesta a una de las frases que recoge el libro: “La lengua y este deseo de preservarla y este miedo de perderla y miedo de quererlo demasiado, el miedo de tener tanto miedo de extinguirme, todo eso me preocupa”.

A partir de ahí, Bacardit defendía el componente sentimental de esta postura, indicaba cómo su libro anterior sí se había traducido al castellano –El precio de ser madre (Apostroph, 2020)- e incluso había vendido más en esa lengua, o confesaba el dolor de perder un idioma. “Esta decisión, esta negativa, es una cosita pequeña que los escritores podemos hacer por nuestra lengua”, remarcaba, “la única aportación que puedo hacer, la única pequeña victoria, es que mis amigas castellanohablantes me lean en catalán, en vez de leerme traducida”. No lo hace, sentencia, por “superioridad moral”, sino por la importancia que tiene para ella: “Es personal y me hace daño de verdad”.

Bacardit, que trabaja como periodista y editora, se quejaba del retroceso de la lengua catalana e incidía en no traducirlo, y mucho menos a la vez que la publicación original. Estas palabras se han replicado en un puñado de artículos y se han dispuesto como un reguero de pólvora para las llamas de redes sociales. En unas horas, a la barcelonesa le han bombardeado con críticas e insultos: de “tonta indepe” a “complejo cateto”, pasando por “oportunista” o “patética”. Ella, que no ha sido consultada por esas declaraciones, se ha limitado a contestar gráfica y sonoramente: ha expuesto varios titulares que le han dedicado y ha colgado la canción ‘Cowards’ (cobardes, en inglés) del grupo punk Perkele. “Nada de eso me importa. A los autores catalanes que me han escarnecido, en cambio, les dedico este tema”, anotaba.

Una discusión que no esperaba y que ha alterado sus últimas jornadas. Le ha pillado justo a punto de hacer la presentación en su ciudad natal y reconoce en conversación telefónica con El Español que “tiene un poco de miedito”. “Creo que no va a pasar nada, que esto es algo que se queda en las redes y ya, pero he pensado, ¿y si se le ocurre a alguno venir?”, se plantea Bacardit, que se mantiene firme en su elección. “Por desgracia, es un ejercicio de activismo. Y me gustaría no tener que ser activista”, explica. Según sostiene, todo este embrollo de ser o no traducida al castellano tiene una razón afectiva, no política.

“Mi relación con el catalán es familiar. De hecho, aprendí a hablar el castellano bastante tarde, lo que no es tan común en Cataluña”, concede. Bacardit aclara que lo entendía, pero que no lo empezó a hablar “con fluidez” hasta que tuvo amigas que solo podían usar el español. Esa raíz tan sentimental es la que le ha llevado a hacer un “voluntariado por la lengua”. Consiste en enseñar el catalán para así conservarlo y propagarlo. “Mi ‘pareja’ de lengua es Juan, un físico maravilloso de Guadalajara, y eso es lo que hago para luchar contra mi depresión lingüística”, aduce. Además, Bacardit lo usa en sus diversos empleos. Aunque le apasiona la crítica literaria, estudió periodismo. Sus textos suelen tirar más hacia lo narrativo, tanto en los reportajes como en artículos que redacta para cabeceras nacionales o para la revista Branca, de la que es cofundadora.

Su faceta de reporterismo suele enfocarse en las minorías. Ha entrevistado a mujeres africanas en Barcelona, ha ilustrado los desafíos de un país como Líbano en la intrahistoria de personajes anónimos o ha analizado asuntos internacionales como el hiyab o el feminismo en distintas sociedades. Poco a poco ha ido relegando esta labor para enfrascarse en contenidos más literarios o llevar la comunicación de empresas como Edicions de 1984. También tiene el podcast mensual ‘Les golfes’, donde se dialoga (en catalán) sobre actualidad internacional, los problemas inmobiliarios de Barcelona, las novedades editoriales o el poder. No suele tratar la política, un ámbito del que prefiere alejarse.

“El partidismo ha hecho mucho daño a la causa catalana. Dan mucha pereza. Estamos muy hartas, o al menos yo, que nunca he militado en ninguno porque soy más bien anarquista”, remarca Bacardit, a la que le gusta más rodearse de películas, fancines o discos que de discursos encorbatados. “Solo defiendo el catalán porque es mi lengua materna, la de mi familia y porque es una lengua pequeña. Mi deseo sería no tener que ser una activista lingüística”, incide, dejando de lado otras esferas de la realidad catalana y centrándose en el episodio que la tiene alborotada.

“Yo, lejos de negarme, siempre pensaba que estaba mejor ser traducida”, argumenta Bacardit, conocedora del mundo editorial, “hay un deseo de estar en más idiomas, claro, pero en este caso es algo que tiene que ver con que cada vez se habla menos catalán, es una pequeña lucha”. La autora tiene claro que ella no va a ser salvadora de nada, pero lamenta que los jóvenes ya no lo hablen y se pierda. Por eso quiere que, en el caso de su libro, se anteponga el catalán. “En castellano ya nos entendemos todos, y hay casos en los que estando en estos dos idiomas, se lee más en español. Es lo que no quiero”, señala.

Para Júlia Bacardit, que también realiza proyectos audiovisuales o sonoros, como el podcast ‘Les golfes’, mantener el libro en catalán es darle una oportunidad a esta lengua y engrosar de cierta manera la “literatura catalana”. Porque así es como se cimenta el acervo de un lugar. “Y con lo que ha ocurrido se demuestra que hay una herida. En cuanto se ha mencionado, han salido las opiniones en contra. Y si vinieran de fuera, del grupo de siempre, no importaría, pero es que el interés se ha generado cuando lo han criticado los propios catalanes”, arguye.

Tildarla de “supremacista” es una de las reacciones que más ha suscitado. Bacardit niega ese calificativo, aunque defiende que “igual no tener un ejército propio te hace ser supremacista cultural”. La periodista, de hecho, no se cierra a una eventual traducción. Y vuelve al ejemplo con su libro anterior, que trataba los métodos de gestación y tenía una línea mucho más periodística. “Lo que no quiero es que salgan a la vez las dos ediciones y la del catalán se quede atrás”, añade. No descarta que, más adelante y si hay oportunidad, salga en castellano. Así ampliaría la difusión y la obra -que en su círculo más íntimo describen como “buenísima”- podría llegar a más público. “De hecho, con El precio de ser madre sí que tuve quien me escribió de otros lugares porque lo había leído y quería contarme su experiencia”, recuerda.

La autora cita casos parecidos. Menciona a Irene Solà y su Canto yo y la montaña baila. Este relato, inspirado por leyendas narradas en los Pirineos, ganó el premio Anagrama de Novela en catalán de 2019 y esta editorial lo sacó en ambos idiomas simultáneamente, con notable éxito de ventas y crítica y con, alega Bacardit, perjuicio para la lengua original. En el lado opuesto está Juan Marsé. El creador de personajes como El Pijoaparte de Últimas tardes con Teresa, un charnego pícaro que recorría en moto las calles del barrio de El Carmelo, escribió toda su obra en español, a pesar de que usaba habitualmente el catalán. Ahora, desliza la autora, hay alguna que quiere traducirle al catalán, hacer su camino inverso.

En último lugar está el fenómeno de Noruega, de Rafa Lahuerta. Esta ficción enmarcada en las calles de Valencia y narrada en valenciano fue publicada en 2020 por Drassana. El boca a oreja hizo que sumara cada vez más lectores y consiguió no solo el premio Lletraferit (galardones a obra en esta lengua) de aquel año, sino que vendió 15.000 ejemplares. Su popularidad propició que se haya traducido al español. Una opción que Bacardit valoraría para Un dietari sentimental: ve positivo que tenga una trayectoria su idioma y luego ya se expanda al castellano.

Viene a colación la controversia parecida de Amanda Gorman. Esta poetisa tuvo una fama global cuando recitó uno de sus versos en la ceremonia de investidura de Joe Biden. Al lado de Barack Obama y con el pelo recogido en trenzas, la joven afroamericana entonó ‘La colina que ascendemos’ ante la multitud y multiplicó sus seguidores. Cayeron ofertas desde decenas de países para comprar derechos y publicarla. El problema llegó cuando ‘Mi nombre es nosotros’, el poemario que contenía aquellas estrofas, iba a ser traducido al neerlandés. El elegido para esta labor, Marieke Lukas Rijneveld, era un hombre blanco y rubio. Entonces, la escritora protestó en redes, enfatizando que esta función debería hacerla una mujer negra, y el encargado se retiró del proyecto. ¿Se podría comparar? “No sé”, dice Bacardit, “el debate es muy duro y emocional”.

Lo que más le preocupa a esta barcelonesa es que nadie de su entorno se vea afectado. No quiere ni que sus compañeras de oficio lo pasen mal por ella, ni que se ceben con Medusa, la editorial. Por correo electrónico, los responsables del sello lo atajan rápido: “No tenemos nada que añadir a sus declaraciones. Nosotros simplemente firmamos un contrato para sus derechos en catalán”. Esta reacción, de hecho, puede beneficiarles. Algunos incluso lo han tachado de estrategia publicitaria. “¿Márquetin?”, se pregunta Bacardit, “pero si hemos sacado 500 unidades y ahora se imprimirán otras 800”. “A ver, la conclusión es que yo nunca voy a vivir de esto ni pienso que se va a leer mucho, como me han dicho algunos, acusándose de presuntuosa. Simplemente es una forma pequeña de pelear por la cultura catalana. Además, ya hay muchos libros en español: nadie se va a perder nada porque no esté el mío”, concluye.

jueves, 6 de abril de 2023

Las capacidades especiales del Instituto Cervantes

“El Instituto Cervantes hizo una investigación para identificar a los autores de la lengua hispana más traducidos a otros idiomas.” Eso dice la bajada de la nota publicada en El Colombiano, el pasado 26 de marzo.




García Márquez es el segundo autor de lengua española más traducido, después de Cervantes, y el primero del siglo XXI


Entre 2000 y 2021, Gabriel García Márquez, el premio Nobel de Literatura colombiano, se ha convertido en el autor de habla hispana más traducido a otros idiomas, más que Miguel de Cervantes Saavedra, que es el más desde 1967, reveló el El País de España en una publicación titulada García Márquez desbanca a Cervantes como autor más traducido del español en el siglo XXI, tras haber tenido acceso al primer Mapa de la Traducción Mundial del Instituto Cervantes.


Todo empezó en 1967 después de que provocara con Cien años de soledad lo que algunos críticos han calificado como una onda expansiva en el quehacer literario, explicó el diario español.


La entidad literaria, a través de un rastreo a las obras y los autores en español que han sido publicados entre 1950 hasta 2021 —siete décadas—, buscó cuáles son los más traducidos a otros idiomas, encontrando que Miguel de Cervantes es quien ocupa el primer lugar, con 1.386 traducciones.


Le siguen en la lista Gabriel García Márquez con 1.270, Isabel Allende con 861, Jorge Luis Borges con 768, Mario Vargas Llosa con 785, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ruiz Zafón, quienes ocupan los diez primeros puestos.


Tras el rastreo, el Instituto Cervantes dijo haber encontrado, según el diario español, un importante liderazgo de la literatura latinoamericana, pues si bien García Márquez está en la delantera, va acompañado de Allende, Borges, Vargas Llosa, Luis Sepúlveda y Roberto Bolaño. En la cuota española, además de Cervantes, están Ruiz Zafón, Pérez-Reverte y Javier Marías.


“El Mapa de la Traducción contó con la participación del Laboratorio de Innovación en Humanidades Digitales de la UNED y la colaboración de la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, del Ministerio de Cultura, y será presentado el 29 de marzo en el IX Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), que se celebra en Cádiz desde este lunes y hasta el 30 de marzo”, escribió el autor del artículo Manuel Morales.


Después, él mismo explicó que a esa cita acuden cada año miembros de las 23 academias más importantes del español a nivel mundial, junto a filólogos, escritores y artistas, pues quienes convocan son las más grandes autoridades en el tema: el Instituto Cervantes, la Real Academia Española (RAE) y el ayuntamiento (que es lo en Colombia se conoce como alcaldía) de Cádiz.


Primeros datos

Aunque la traducción e investigación no han sido presentadas en público, y solo ha llegado hasta las manos de un grupo muy selecto, han aparecido importantes comentarios sobre lo que esta significaría para la literatura hispana.


“Este informe es una forma de descubrir la biblioteca de las comunidades interesadas por la cultura en español en todo el mundo”, le dijo la directora de Cultura del Cervantes, Raquel Caleya, a El País, y añadió que “podría consolidarse como una herramienta de utilidad para escritores, traductores, editores, libreros, lectores porque van a contar con una información que hasta la fecha no se tenía y que permitirá tomar decisiones más eficientes, bien desde el ámbito público, bien desde el privado”.


Esta investigación, que será publicada en un portal web, abarcó idiomas como el inglés, francés, alemán, italiano, portugués, sueco, ruso, árabe, japonés y chino, y espera en un futuro agregar otros para ampliar el panorama.

miércoles, 5 de abril de 2023

Los Estados Unidos cada vez más cerca del fascismo

El integrismo en los Estados Unidos crece a pasos agigantados. En este blog ya se han dado numerosos ejemplos de la censura que pretenden ejercer instituciones del todo antidiluvianas, pero poderosas a la hora de captar la voluntad política de los gobernantes. Aquí, varios ejemplos, en una nota de la agencia AP.

Los pedidos para censurar libros rompen récords en las bibliotecas de EEUU

Los intentos de prohibir y restringir libros en escuelas y bibliotecas públicas siguen creciendo y batieron un récord en 2022, según un nuevo reporte de la Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA, por sus siglas en inglés) que se publicaba el jueves. La asociación registró más de 1.200 reclamaciones en 2022, casi el doble que el récord anterior de 2021 y de lejos la cifra más alta desde que la ALA empezó a recopilar los datos hace 20 años.

 

“Nunca había visto algo así”, dijo Deborah Caldwell-Stone, que dirige la Oficina por la Libertad Intelectual de la ALA. “Los dos últimos años han sido agotadores, aterradores, indignantes”.


El reporte del jueves no documentaba sólo el creciente número de reclamaciones, sino también su naturaleza cambiante. Hace unos pocos años, las quejas solían proceder de padres y otros miembros de la comunidad y se referían a un libro concreto. Ahora, las peticiones a menudo piden retirar varios títulos y están organizadas por grupos nacionales como el conservador Madres por la Libertad, que dice tener una misión de “unificar, educar y empoderar a los padres para defender sus derechos parentales en todos los niveles del gobierno”.


El año pasado se presentaron objeciones contra más de 2.500 libros, en comparación con los 1.858 de 2021 y apenas 566 en 2019. En muchos casos se impugnaron cientos de libros en una sola queja. La ALA basa sus datos en reportes en medios y notificaciones voluntarias de bibliotecas, y admite que las cifras reales podrían ser mucho mayores.


Bibliotecarios de todo el país han referido acoso y amenazas de violencia o acciones legales. “Cada día, bibliotecarios profesionales se sientan con padres para determinar cuidadosamente qué material de lectura es más adecuado para las necesidades de sus hijos”, dijo en un comunicado la presidenta de ALA, Lessa Kanani’opua Pelayo-Lozada. “Ahora, muchos trabajadores de bibliotecas enfrentan amenazas a su empleo, su seguridad personal y, en algunos casos, amenazas de cargos legales por proporcionar libros a jóvenes que ellos y sus padres quieren leer”.


Algunos libros han sido impugnados por personas progresistas debido a lenguaje racista -en especial Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain-, pero la inmensa mayoría de las reclamaciones eran de conservadores e iban dirigidas a obras con temas raciales o LGBTIQA+, dijo Caldwell-Stone. Entre ellos están Gender Queer, de Maia Kobabe; Lawn Boy, de Jonathan Evison; The Hate U Give, de Angie Thomas, y una edición en libro del 1619 Project, un reporte ganador del Pulitzer publicado por The New York Times sobre el legado de la esclavitud en Estados Unidos.


Se han propuesto o aprobado leyes que facilitan la restricciones de libros en Arizona, Iowa, Texas, Missouri y Oklahoma, entre otros estados. En Florida, donde el gobernador, Ron DeSantis, ha aprobado leyes para revisar los materiales de lectura y limitar las conversaciones en escuelas sobre identidad de género y libros sobre raza, se retiraron de forma temporal o indefinida títulos como Looking for Alaska, de John Green; Hopeless, de Colleen Hoover, la novela distópica de Margaret Atwood The Handmaid’s Tale y el libro ilustrado de Grace Lin Dim Sum for Everyone!


Más recientemente, el distrito escolar del condado Martin de Florida retiró docenas de libros de sus escuelas primarias e intermedias, incluidas numerosas obras de la novelista Jodi Picoult y los libros de suspenso Beloved de la ganadora de un Pulitzer Toni Morrison y Maximum Ride, de James Patterson, una decisión que el autor superventas tachó en Twitter de “arbitraria y que raya el absurdo”.


DeSantis ha descrito los reportes de prohibiciones masivas como un “bulo” y en un comunicado publicado este mes afirmó que las acusaciones revelan que “algunos intentan utilizar nuestras escuelas para adoctrinar”.


Algunos libros consiguen regresar. Las autoridades del distrito escolar del condado Duval, en Florida, fueron muy criticados por retirar Roberto Clemente: The Pride of the Pittsburgh Pirates, una biografía para niños del fallecido astro puertorriqueño del béisbol. En febrero anunciaron que el libro volvería a las estanterías y explicaron que habían tenido que revisarlo y comprobar que no incumplía ninguna ley estatal.

martes, 4 de abril de 2023

El yeite de la "bibliodiversidad" y los mercaderes

Según una definición hoy clásica, "la bibliodiversidad es la diversidad cultural aplicada al mundo del libro". El término no se limita a la cantidad de libros publicados o distribuidos, sino a la variedad de expresiones culturales que incluya. También (y esto es clave) a que la población tenga libre acceso a la información sobre las obras y a las obras en sí, lo que implica una amplia presencia de títulos en los medios de comunicación, en las bibliortecas y en las librerías. Respecto de estas últimas, las instituciones que defienden la bibliodiversidad ponen especial énfasis en que los libros deben tener precios accesibles, porque la censura, dicen, puede ser política, ideológica, religiosa o de mercado.

A este respecto, en el artículo correspondiente de Wikipedia, bajo el título "Desafíos actuales" se lee: "La bibliodiversidad está amenazada por la concentración del sector editorial, de la distribución y de los medios de comunicación, que favorece la dominación de ciertos grandes grupos económicos dedicados a la búsqueda permanente de rentabilidad ignorando que los libros no deben tratarse como si sólo tuviesen un valor comercial".

Hay otras cuestiones que también atentan contra la bibliodiversidad. Por ejemplo, la compra de derechos para toda la lengua, que hace que a muchos autores sólo se los pueda leer en la versión del castellano de un único país, sin oportunidad de que el título en cuestión pueda ser traducido a otras variedades, acaso más cómodas para el lector. Y aquí también entra a tallar el precio de venta.

Es interesante comprobar que los importadores argentinos, así como los dueños de cadenas de librerías, apelan al término "bibliodiversidad" cada vez que el Estado, de manera acertada o no, establece alguna medida de control que obstaculiza la circulación de los libros importados. Pero nadie menciona la bibliodiversidad cuando los libros importados resultan claramente prohibitivos en razón de sus precios. Y si bien está claro que no son los importadores los que fijan el valor del dólar con que se opera en el mercado local, sí son los responsables de cargar el precio resultante con los gastos que implica el transporte y la distribución, a los que se agrega la pretendida ganancia.

En consecuencia, tengo la impresión que la bibliodiversidad es un comodín que se usa para embarrar la cancha: a veces importa y a veces, no.

Jorge Fondebrider


Quien desee profundizar en el concepto, puede consultar el artículo extendido en el sitio de la Alliance Internationale des Éditeurs Indépendents:
https://www.alliance-editeurs.org/bibliodiversidad,215?lang=fr#:~:text=La%20bibliodiversidad%20es%20la%20diversidad,a%20disposici%C3%B3n%20de%20los%20lectores.

lunes, 3 de abril de 2023

¡Pobres importadores que no pueden traer libros!

Es un clásico: cada dos por tres, las distribuidoras que importan libros desde España denuncian demoras en los trámites para hacer entrar los libros al país. A veces apelan a una curiosa idea de censura, a veces simplemente se quejan del ataque a la bibliodiversidad. Raramente piensan que el precio de los libros que les fijan a los libros importados es una forma de censura y un ataque a la bibliodiversidad del cual son responsables. Por su parte, el Estado invoca razones estrafalarias, que incluyen la cantidad de plomo presente en la tinta con que se imprimen los libros y otras cuestiones tan fantásticas como ésas. Lo cierto es que se trata de un problema recurrente. Es lo que se lee en la nota que Luciano Saliche publicó en InfoBAE Cultura, del 23 de marzo pasado. En su bajada se lee: “Las distribuidoras denuncian que los trámites que antes tardaban diez días, ahora llevan meses. A poco más de un mes del inicio de la Feria del Libro, los ejemplares permanecen guardados en el puerto de Buenos Aires”

Importaciones demoradas, burocracia y desconcierto: por qué hay miles de libros retenidos en la Aduana

“No te lo puedo explicar porque no sé lo que es”. Del otro lado del teléfono, Jorge Waldhuter se rasca la cabeza. Después se ríe. Está, como varias distribuidoras de libros, atrapado en los tentáculos de la burocracia. Quienes quieran traer libros del exterior deben salir ilesos del tramiterío: formulario 453/685, facturas o proformas de los proveedores, caratula del SIRA (Sistema de importaciones de la República Argentina) e Inscripción al Registro Único de la Matriz Productiva (RUMP). Pero además, y esto es lo que desde hace semanas inquieta a la industria, es el control de tintas. ¿De qué se trata?

 

Para importar más de 500 ejemplares por título hay que hacer un trámite especial: un laboratorio debe analizar muestras para determinar que no haya plomo en la tinta. Para importar menos de 500 ejemplares por título eso no es necesario; basta con la “Declaración Jurada de Excepción al Régimen de Seguridad de Tintas y Papel”, que en la jerga se llama control de tintas. Lo que hoy está fallando es ese trámite. Entonces los embarques que llegan al puerto quedan retenidos en la Aduana porque aún no se ha aprobado esa declaración. Miles y miles de libros, ya en suelo argentino, quedan ahí, esperando.

 

“A partir de un determinado día te cobran el estacionamiento de esa mercancía. Otro costo más que tenemos que afrontar nosotros”, dice el gerente de la Distribuidora Waldhuter quien ahora, en este momento, tiene 7000 libros en tono de espera. Son entre 200 y 300 títulos, ninguno supera los cien ejemplares. Provienen de España, de ocho sellos diferentes: mucha narrativa y algo de ensayo. El trámite se inició en enero, el barco llegó el 9 de marzo. Desde entonces, esperan que le aprueben el control de tintas para que la cadena del libro siga girando y concluya en las manos de los lectores.

 

“El tema es que, al no superar los 500 ejemplares por título, no se requiere que analicen el libro físico. No se entiende por qué demoran tanto”, se pregunta. Esta normativa fue emitida por la Dirección Nacional de Reglamentos Técnicos, que depende de la Secretaria de Comercio. “Son libros que traemos para la Feria del Libro”, cuenta Waldhuter sobre el megaevento que empieza 27 de abril y recuerda que este contexto, que parece novedoso, no lo es tanto: “El año pasado había problemas con el SIRA. Este año también: al segundo embarque que pedimos no le aprobaron el SIRA. Y ahora se suma el control de tintas”.

 

Felipe Martínez, gerente de Riverside, tiene todo anotado y detallado. El 11 de enero presentaron la Declaración Jurada. Hasta ahora no tuvieran respuesta. “Si el trámite no se encuentra aprobado, a pesar de tener la SIRA aprobada, la empresa no puede retirar el contenedor de aduana. Esto implica afrontar gastos de pérdida de ‘forzoso’ (700 dólares aproximadamente más impuestos), de almacenaje por contendor en terminal (cien por día aproximadamente más impuestos), de devolución de contenedor (180 dólares por día) y una multa que, pasados los 16 días hábiles, equivale al 1% de la base imponible”, explica Martínez.

 

Para Tomás Lambré de Del Nuevo Extremo, el trámite es “ridículo”: “Imaginate que ni España ni Estados Unidos van a imprimir con tintas tóxicas. Es algo que no se hace desde años”. Del Nuevo Extremo hizo dos pedidos a principios de enero. Son cómics. “Nos respondieron hace una semana y media. La Afip te dice que tenés tal problema, pero lo tenés que deducir. Quizás hay un error en una letra, lo corregís y no pasa. Ahora hay una persona que está mirando ítem por ítem. Un error puede ser la palabra año, porque en Estados Unidos no hay ñ entonces dice ano en vez de año. Estamos a ese nivel de detalle”.

 

No todas las importadoras tienen embarques retenidos, pero saben que les puede pasar. Por ejemplo, los libros que pidió Del Naranjo están en viaje. Aún no llegaron a la Argentina, pero tampoco tienen la aprobación. “El trámite está demorado pero pocos días. Nuestra situación no es grave. Nos preocupa como sector”, dice Alejo Ávila y agrega que “además del perjuicio económico está la cuestión de que tenés los libros en el país y no los podés vender”. “Estamos hablando de pequeñas cantidades, mucha variedad de título, bibliodiversidad. Por lo general, cada uno de nosotros importa libros que otros no traen”.

 

“Antes, tardaba entre siete y diez días. Desde hace tres meses tarda de treinta a sesenta días”. La que habla es Silvina Fernández de Distribuidora Grupal. “La última importación que hicimos demoró 29 días. Empezamos a mandar correos e inmediatamente se activó. Ahora tenemos una carga que me está llegando el 25 de abril. Si me demora sesenta días no voy a tenerla para la Feria del Libro. Todo este proceso tiene una lentitud enorme. Además, a veces un buque te cambia de puerto y te tarda más. Lo que pedimos a finales de diciembre lo estamos recibiendo en abril, si es que se alinean los planetas”, explica.

 

En el fuero interno el problema está en la escasez de papel. Ahora, en las fronteras, se suma esto que no parece ser tan nuevo. En ambos casos, el Estado no ofrece respuestas y la industria del libro se resquebraja. “El problema es que todos estos gastos, lamentablemente, los tenemos que trasladar al precio del libro”, dice Fernández y concluye con una pregunta: “¿Por qué Coldplay tiene un dólar preferencial, por qué hay beneficios para un montón de sectores y a nosotros no, que somos cultura, que apostamos a la bibliodiversidad, que tenemos ahora un evento multitudinario?”