lunes, 15 de noviembre de 2021

No hay nada malo en un libro autopublicado, que es tan libro como el que publica una multinacional.


El pasado 13 de noviembre, Gabriela Mayer publicó la siguiente nota sobre los autores que se autopublican. En su bajada se lee: “Según la Agencia de ISBN, el 33% de los libros editados en el último año responden a esta categoría. No es una práctica nueva: Borges, Marcel Proust, Margo Glantz y Margaret Atwood, entre otros, se iniciaron costeando sus obras. Infobae Cultura dialogó con escritores y expertos en el tema”.

Autopublicación: auge de un viejo fenómeno y claves del pico histórico de los libros editados por los propios autores


Antes de convertirse en nombres consagrados, diversos escritores y escritoras se decidieron por ediciones de autor para concretar el sueño del libro propio. Como Pablo De Santis, quien considera “completamente legítimo querer ver lo que uno escribió en forma de libro. A pesar de que se puede difundir literatura de otra manera, el libro sigue teniendo un fuerte poder simbólico”.

 

“Parte de su encanto consiste en su carácter inmodificable: cada libro queda así, con sus aciertos y errores, y eso define su naturaleza”, apunta a Infobae Cultura el autor de El calígrafo de Voltaire y La hija del criptógrafo, que lleva publicadas entretanto más de 30 obras y fue traducido a una veintena de lenguas.

 

Su colega Ricardo Romero se muestra convencido de que “lo importante son los textos. Hay muchas novelas y libros de cuentos que han salido de la autoedición y son grandes libros, y hay muchos libros que han sido publicados con todo el recorrido editorial profesional, en sellos reconocidos, y son libros apurados y ansiosos”.

 

El autor de Big Rip puntualiza a Infobae Cultura: “Más allá de eso, creo que el rol de editor siempre es importante. Una mirada externa, que al mismo tiempo pueda pensar en la naturaleza del texto y tenga una mirada panorámica del mundo en que ese texto se va a insertar”.

 

Actualmente la autoedición convoca principalmente a un amplio abanico de autores y autoras que, lejos de un afán económico o de reconocimiento masivo, aspiran a poder mostrar sus libros plasmados en papel. Justamente el nicho de este sector son las tiradas chicas, con un promedio de entre 300 y 500 ejemplares.

 

El fenómeno de la autopublicación continúa en crecimiento, “llegando a su pico histórico de 33% de los registros realizados en la Agencia de ISBN”, según indicaba el informe anual de producción del libro argentino 2020 en su capítulo dedicado a la autoedición y a las empresas de servicios editoriales.

 

ara profundizar en el fenómeno de la autopublicación en nuestro país, Infobae habló también con los creadores de los sellos líderes Dunken y De Los Cuatro Vientos, Guillermo De Urquiza y Pablo Albornoz, y con el presidente de la Cámara Argentina del Libro, Martín Gremmelspacher.

 

Autoedición, ¿bajo el mando del estigma o del prejuicio?

No se trata de un fenómeno reciente: las editoriales siempre rechazaron incontables manuscritos. Entonces, cuando los autores y autoras se cansan de golpear estas puertas, ¿resulta una buena alternativa apostar a la autoedición? ¿La autopublicación carga con un estigma o más bien se ve envuelta en un manto de prejuicios?

 

Romero, quien asimismo se desempeñó como editor en Gárgola Ediciones, responde sin dudar: “No lo considero un estigma”. Y agrega: “Muchos empezamos así, puede haber a quien no le guste contarlo. Por mi parte, creo que lo único que verdaderamente importa son los textos y el compromiso que uno tiene con la escritura”.

 

Por su parte, De Santis tampoco lo considera un estigma. “No, en absoluto. Me parece muy bien que los autores editen sus propios libros, mientras esperan otra oportunidad. Lo importante es que los libros estén cuidados, que se los corrija, que la ilustración de portada haya sido elegida con algún criterio gráfico, que tengan un título decente, que el texto de contratapa esté escrito con alguna sensatez”.

 

De Santis –con nueva novela por estos días, Academia Belladonna– cuenta cómo fue su propia incursión en el rubro: “En 1985, cuando tenía 22 años, publiqué un libro de pocas páginas que llevaba este título impreciso: Espacio puro de tormenta. Eran cuentos muy breves. No fue a librerías, sólo a amigos y a la familia. Salió con el sello Ediciones de la Serpiente, vinculado a la revista Último reino”.

 

El miembro de número de la Academia Argentina de Letras rememora que Pablo Alabarces y el poeta Víctor Redondo se ocupaban de este sello. “Cuando fui a buscar los ejemplares de mi librito a un local del centro, estaba allí Emeterio Cerro, que también había ido a buscar sus libros (una edición lindísima, en formato grande), y conversamos un poco. Creo que fueron los dos únicos libros de Ediciones de la Serpiente”.

 

Romero publicó su novela debut, Ninguna parte, a través de De Los Cuatro Vientos. “Fiel a esos tiempos post 2001, lo pagué con especias: empecé a trabajar para la editorial corrigiendo otros libros. No hacía mucho que había llegado a Buenos Aires, no conocía mucha gente, y fue una buena manera de empezar”.

 

Actualmente el escritor nacido en Paraná, Entre Ríos, recuerda que “todavía no había tantas editoriales independientes publicando autores y autoras contemporáneos como hay hoy, las posibilidades eran más reducidas. Y fue una muy buena experiencia”.

 

Tanto De Santis como Romero se detienen a mencionar gestos por parte de colegas en esa época. “Sergio Chejfec, a quien yo no conocía, hizo una crítica generosa y compasiva de Espacio puro de tormenta en Punto de vista”, destaca el ganador del Premio Planeta-Casa de América 2007 por El enigma de París.

 

“Hubo mucha gente generosa como Tom Lupo y Pablo Ramos, que leyeron la novela y me dieron una mano para moverla”, evoca Romero, traducido a cinco lenguas y autor entre otros de Historia de Roque Rey, La habitación del Presidente y El conserje y la eternidad.

 

Romero asegura que su desdoblamiento como escritor y editor le resultó enriquecedor. “Con la edición, pensando en textos ajenos, aprendí mucho sobre mi propia escritura. Y creo que mi propia escritura, al mismo tiempo, me entrenó para entender la delicada diferencia entre respetar y potenciar la naturaleza de un texto y forzarla a ser otra cosa”.

La aventura de mostrarse, la hazaña del gran salto

 

¿Pero… es posible dar el gran salto? En algún momento, probablemente esta pregunta atraviese a muchos de los que se deciden a publicar su libro por cuenta propia. ¿Podría ser este apenas el comienzo de un recorrido más largo? ¿O se trata de una verdadera hazaña reservada para unos pocos?

 

“Hay autores a los que les ha ido muy bien, que han publicado en ediciones independientes” y después fueron fichados por las editoriales tradicionales, señala De Urquiza, que acota que sin embargo en ficción cuesta más, “porque el nombre del autor es lo que más pesa. Es más fácil en humanidades”.

 

Albornoz, quien asimismo lleva adelante Gárgola Ediciones, con un catálogo de autores argentinos reconocidos, complementa: “A veces nos pasa esto de que hace un segundo paso la obra y eso es lo más lindo”.

 

Gremmelspacher, por su parte, sostiene que la autoedición, facilitada por las nuevas tecnologías, puede ser “el cultivo o el inicio de la creación de algún futuro autor que sí pueda dar el salto y entrar al sector comercial”.

 

“La realidad es que también en estos años ha habido muchos clubes de lectura o talleres literarios, lo que genera la necesidad en el autor de escribir”, manifiesta el presidente de la CAL. Y, como para los escritores a veces resulta difícil entrar a las editoriales, “este es un primer camino para mostrarse”.

 

De Urquiza cree que “la edición independiente es una expresión de lo que hoy es el futuro. La gente decide qué quiere mostrar, la comunicación lo permite, los costos de impresión son más bajos, y lo que hace es poner en marcha algo. De última el lector es el que decide si le interesa o no le interesa lo que publica”.

 

Y explica la modalidad de trabajo de Dunken, con más de 23.000 títulos publicados desde su creación en 1995: “Miramos todo el material que nos mandan, lo canalizamos, no hacemos un juicio de valor de lo que se publica. No solo es ficción, cuento, poesía, novela, sino que también es humanidades”.

 

Para Albornoz, con más de 20 años de experiencia en el sector, autoeditarse “es la manera de dar el puntapié, de empezar, de tener la obra para mostrarla a los mismos amigos, parientes, conocidos, sacarla a la luz, a la calle. Si no hacés el libro, no tenés nada. Tenés hojas impresas registradas en Derecho de Autor. ¿Cómo iniciás esa aventura si no lo publicás?”

 

De Los Cuatro Vientos lleva editados unos 3.000 títulos. “Hemos rechazado libros también, que no queremos por distintas razones. Puede ser el tema, que no nos interesó mucho, o si en la parte literaria no dejan tocarlo ni corregirlo. Tratamos de no bastardear la marca por más que sea autoedición. Hay un cuidado suave, menor, pero lo hay”, aclara.

 

Y Albornoz trae a colación una anécdota familiar para graficar el abaratamiento de los costos: su mamá escribe poesía y, antes, para poder publicar un libro, no le quedaba más opción que vender su auto. “Salía mucha plata. El mundo va cambiando. Hoy no sale esa plata hacer un libro”.

 

“Publish or perish”

Jorge Luis Borges publicó su primer poemario, Fervor de Buenos Aires, en una edición de autor, con páginas sin numerar y un grabado de su hermana Norah en tapa. “En aquellos tiempos publicar un libro era una especie de aventura privada. Nunca pensé en mandar ejemplares a los libreros ni a los críticos”, recordaba el autor que, además, innovó en los métodos de distribución.

 

Porque Borges había notado que muchos de los que iban a las oficinas de la prestigiosa revista literaria Nosotros colgaban sus sobretodos en el guardarropa, y le llevó unos 50 ejemplares a uno de sus directores, Alfredo Bianchi. “Me miró asombrado y dijo: ‘¿Esperás que te venda todos esos libros?’ ‘No –le respondí–. Aunque escribí este libro, no estoy loco. Pensé que podía pedirle que los metiera en los bolsillos de esos sobretodos que están allí colgados’. Generosamente, Bianchi lo hizo”, señalaba Borges en su Autobiografía, para mencionar que así se ganó “una modesta reputación de poeta”.

 

Una obra cumbre de la literatura universal, En busca del tiempo perdido, también se gestó de esta manera. El novelista francés Marcel Proust costeó en 1913 la edición del primer volumen, Por el camino de Swann. Los seis tomos siguientes fueron publicados por Gallimard.

 

“Publish or perish” (publica o muere) solía citar Juan Filloy este refrán inglés para explicar su interés por ver sus textos plasmados en el papel. Porque el escritor y juez cordobés se inició autopublicando sus crónicas de viaje Periplo, al igual que lo haría con otras obras que siguieron, como ¡Estafen!, Op Oloop y Caterva.

 

La mexicana Margo Glantz, en tanto, se costeó sus dos primeros títulos, Las mil y una calorías, novela dietéticaDoscientas ballenas azules. En entrevista este año con Infobae Cultura, recordó el periplo con su libro debut: “Lo llevaba de editorial en editorial y nadie me lo quiso publicar. Hasta que decidí publicarlo por mi cuenta, hacer una subasta, y acabé pagando la edición. El segundo libro que escribí de ficción se llamó Doscientas ballenas azules y lo publiqué también a cuenta de autor en una editorial muy pequeña que se llamaba La máquina de escribir. Y luego ya empezaron a considerarme como que podía funcionar como escritora de ficción”.

 

Asimismo siguieron este camino, entre otras autoras, tanto la argentina Aurora Venturini como la uruguaya Marosa di Giorgio, quienes se encargaron de publicar en ediciones de autor sus primeros poemarios: Versos al recuerdo, en la ciudad de La Plata, y Poemas, en Salto.

 

Y Margaret Atwood autoeditó su primer libro, el poemario Doble Perséfone. Ya hace años, la escritora canadiense defendió la plataforma de autopublicaciones Wattpad, mientras recordaba los escasos recursos con los que contaba su propia generación: “Hacíamos pequeños cuadernillos con nuestros textos –escritos a mano– para un público lector de dos personas: nuestros padres”.

 

El universo actual de la autoedición

Actualmente una de las características del universo de la autoedición es la diversificación. A la vez, privilegia ampliamente el libro impreso sobre el e-book. Pero, ¿logran los autores recuperar el dinero invertido? ¿Y a través de qué canales se realizan las ventas?

 

Según indica el informe anual de la CAL, el papel sigue siendo el soporte de preferencia, aunque el electrónico tuvo un crecimiento de 19 puntos porcentuales entre los autores que editan sus propias obras y de ocho puntos entre las empresas que les brindan este servicio.

 

De acuerdo con el director de De Los Cuatros Vientos, las autoediciones apuntan principalmente al libro físico y el e-book resulta útil para evitar los elevados costos de enviar un libro al exterior. También Dunken produce e-books, pero solamente de textos que tuvieron previamente una versión impresa. Y De Urquiza agrega que “el autor independiente necesita el libro, que tiene otra mística que el e-book”.

 

¿Cómo se desarrollan las ventas? “El éxito del autor que hace autoedición es lograr recuperar el costo de lo que le salió imprimir el libro, para satisfacción propia y para recupero de capital. Y muchos reinvierten, hacen otra obra distinta, y así tienen cuatro o cinco libros publicados”, afirma Albornoz.

 

De Urquiza recalca: “Algo muy interesante para destacar es que los autores en general no quieren vender libros, quieren ser leídos y compartir lo que hacen. No es su mayor interés vender o tener grandes ventas, sino la lectura de su libro”.

 

Asimismo, el reporte de la CAL destacó en su momento que las publicaciones de autor y las empresas de servicios editoriales (ESE) tienen tiradas cortas, cuyo principal canal de distribución es la venta directa del autor al público. “Y, si bien la producción de las ESE comienza a observar un muy leve crecimento en el canal librero, el corazón de su negocio continúa siendo la venta directa”, analiza.

 

“Está sumamente diversificado, no hay una gran concentración”, apunta Gremmelspacher. “Lo que hay son empresas que se dedican a hacer la autoedición, que a veces se confunden con una editorial, pero claramente esto es más un trabajo artesanal que industrial”.

 

El presidente de la CAL no observa una competencia entre el campo editorial convencional y el rubro de autoedición, porque, según analiza, los libros del primero van al sector comercial y los del segundo, no. “Diría que estamos en lugares distintos y puede ser que creen nuevas tendencias estos libros de autoedición y que después el sector editorial los tome, como el de autoedición toma segmentos editoriales”.

 

Albornoz evoca los inicios del sector de las autopublicaciones en el país, cuando solo estaba activa Dunken, y los años siguientes, cuando se sumaron unas pocas editoriales, entre ellas De Los Cuatro Vientos. “Ahora hay veinte, gente que está en la casa, pero labura. Veo libros y están bien hechos, bien trabajados”. Pero, advierte, esas pequeñas iniciativas no están en condiciones de ofrecer una distribución adecuada.

 

De Urquiza, por su parte, destaca entre los servicios que prestan la calidad de la impresión, con libro cosido a hilo y tinta gráfica, así como la comercialización. “El libro lo mandamos a librerías y tenemos llegada a las cadenas como para poder ubicar determinados temas. No todos los libros se pueden ubicar, pero una gran parte de ellos sí, y hoy las librerías están mucho más permeables y más colaborativas con el autor independiente”.

 

El futuro de las ediciones de autor

Gremmelspacher se muestra convencido de que la autoedición tiene mucho futuro. “Porque las nuevas tecnologías permiten esto: hacer pequeñas tiradas, y eso es lo que favorece que el autor quiera hacer su libro con una tirada de 50, 100 ejemplares, cosa que hace diez años no se podía”.

 

El presidente de la CAL destaca que la autopublicación también fomenta la lectura. “En algún punto los públicos se mezclan y el que lee un libro, lee el otro. Y lo importante es que la lectura se siga propagando y que estos libros lleguen a mayor cantidad de consumidores. Eso va a hacer que la torta se agrande y haya más lectores”.

 

Por su parte, De Urquiza opina que el rubro hace algunos años “estaba un poco bastardeado y hoy es todo autopublicación. La gente se autogestiona en los medios. Cambió toda la manera de comunicar, es muy interesante, es una evolución cultural”.

 

“Para mí siempre va a existir, mientras haya gente que quiera escribir y mostrar lo que hace”, asegura Albornoz. Y compara a los autores con pintores: “algunos tienen que alquilar un lugar para meter las pinturas y otros tienen más suerte y consiguen un sponsor que les da un lugar gratis”.

 

De Fervor de Buenod Aires, Op Oloop y Por el camino de Swann a títulos que habitan bibliotecas de amistades y familiares… probablemente el abanico de la autoedición resulte gigantesco en su diversidad y verdaderamente inabarcable. Tal vez un denominador común sea la aspiración de que las páginas impresas se perpetúen en la memoria de quien las lea.

 

Como le ocurrió a De Santis: “Cuando tenía 15 años, una amiga de mi madre, médica como ella, María Elena Molina, le hizo llegar las pruebas de galera de su libro de poemas Autorretrato. Mi madre la ayudó a corregirlas. Era una edición de autor bajo el sello Colombo: poemas extraordinarios de una autora que ha permanecido desconocida”. Y el escritor agrega: “Cada vez que corrijo pruebas de galera me acuerdo de ese libro, que conservo”.

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario