La siguiente nota de Martine Thompson salió en The New York Times del 10 de octubre pasado. Fue reproducida el 19 de octubre por InfoBAE con otro título.
La respuesta es sí. Kristi Westberg, directora interina de preservación y conservación de la Biblioteca, Museo de Arte y Jardines Botánicos Huntington, en San Marino, California, confirma que la congelación es una manera eficaz de combatir los insectos en los libros.
Solemos pensar que cuidar un libro es sencillo: leerlo, colocarlo en un estante y evitar derramar una bebida sobre él. Pero hay mucho más que saber para mantener los libros en buen estado.
Congelar un libro exige más que dejarlo junto al heladoLos libros deben colocarse en una bolsa sellada antes de congelarlos. Esto mantiene a los insectos alejados de los alimentos y evita que se forme condensación sobre el libro cuando se descongela.
Westberg recomienda dejar los libros en el congelador durante al menos tres días y hasta seis días como medida adicional de precaución. En el caso de infestaciones graves, puede valer la pena repetir la congelación, ya que los huevos de ciertos insectos pueden sobrevivir a la primera sesión y eclosionar después.
Pero congelar los libros resuelve solo una parte del problema. «La congelación elimina las plagas, pero si no se corrige el origen del problema, podrían regresar», afirmó Westberg.
No guardes los libros en el garajeLa humedad es una preocupación particular porque puede favorecer la aparición de moho; a su vez, el moho y los hongos pueden servir de alimento para los piojos de los libros.
El consejo de Westberg es simple: evita almacenar libros en áticos, sótanos o garajes, donde la temperatura y la humedad pueden variar. En cambio, procura un ambiente estable, de aproximadamente 16 a 25 °C (60 a 77 °F) y con una humedad relativa de entre el 40 y el 60 %.
Para los libros especialmente importantes o valiosos, da un paso adicional: guárdalos en una caja. Enfundar un libro en una caja es una manera sencilla de prolongar su vida útil, señaló el restaurador de libros Jeff Peachey, dueño de Peachey Conservation en Nueva York.
«Puedes enviar las medidas de tu libro y, básicamente, te mandan una caja de cartón plana, de calidad archivística y hecha a medida, como para una pizza», explicó Peachey. Las cajas se pueden plegar y no requieren adhesivo.
“Es una muy buena forma de aislar los libros de la luz, atenuar algunos cambios ambientales y brindarles protección física, todo a la vez”, afirmó. “Una gran opción son las cubiertas protectoras”.
Antes de comprar un libro usado, huéleloEn la Librería Housing Works, en el centro de Nueva York, donde las ventas de libros de segunda mano ayudan a financiar los servicios de la organización sin fines de lucro, el gerente de calidad e innovación Mike Savage supervisa a los voluntarios que evalúan cada libro donado.
Los libros con daños evidentes por agua o moho —como decoloración, hinchazón o páginas pegadas— se reciclan en lugar de ponerse a la venta, explicó Savage. Sin embargo, distingue con cuidado los libros dañados por el moho de aquellos que presentan decoloración por el sol o desprenden el olor característico de un libro antiguo.
Para quienes quieran distinguirlos por su cuenta, conviene prestar atención a un olor a humedad o moho, en particular si se acompaña de manchas visibles o indicios de daños por agua. El olor por sí solo no es una prueba concluyente, pero puede indicar exposición a la humedad. Si un libro usado huele claramente a humedad, sepáralo de los demás.
No todos los hallazgos de segunda mano esconden un problema. Pero, cuando lo hacen, la solución está tan cerca como la cocina.

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