jueves, 2 de agosto de 2018

H.D. (Hilda Doolittle) en nueva traducción chilena


Amiga de Ezra Pound y paciente de Sigmund Freud, H.D. (Hilda Doolittle), una de las voces más importantes y, tal vez, menos conocidas de la vanguardia poética anglosajona, poco a poco ha ido abriéndose camino en castellano. Traducida en Argentina, España y México (un magnífica antología de Pura López Colomé), en los últimos años ha recibido nuevas versiones; una de ellas, la publicada por Libros Magenta, una editorial mexicana fundada por Ana Rosa González Matute y Gabriel Bernal Grandados en 2006. Allí, con traducción de González Matute, se publicó en castellano la primera versión de Definición hermética. A ésta le sigue la de Juan Pablo Pereira, publicada por Overal, de Chile. Sobre esta última, Luc Gutierrez ha escrito el 5 de junio pasado, en eldesconcierto.cl: “No sé si puedo decir algo mejor de un libro o de una traducción: cuando leerlos se hace experiencia, todo lo que escribo acá arriba me parece vapor de vapores que sí sirve de algo, espero: sirve para contar que Definición hermética es un libro maravilloso y que la traducción de Juan Pablo Pereira también lo es” 

 

 “Definición hermética” de H.D. 

(traducción de Juan Pablo Pereira):

Todo es vapor


Definición hermética es un libro póstumo constituido por tres poemas: el del título y dos más (Sagesse y Amor de invierno), todos a su vez divididos en poemas más breves. Y “Definición hermética” es —además de título de este poema póstumo, además de un juego con las iniciales de la autora, Hilda Doolittle, más famosa como H.D. que por su nombre real. Además, claro, es una propuesta bastante buena para decir qué es un poema —en especial, un poema místico. Como en muchos otros sentidos, la traducción de Juan Pablo Pereira juega con ese juego: lo mantiene como alusión, invierte su orden, opera sobre su sonoridad y su sentido, y lo acompaña en un recorrido difícil de un discurso que no se quiebra, que se empecina en lo que dice y, al mismo tiempo, que fracasa en decirlo: que hace de ese fracasar en decir, su discurso mismo.

Cuando escribo esto se me hace un poco impostado: es lugar común decir que el poema es sobre su imposibilidad, tanto como que el discurso místico es sobre su propia imposibilidad. Y Definición hermética son poemas y son místicos —o es poema místico.

Pero que se me haga impostado o incómodo no importa, si es un hecho que, además, estos poemas se llaman “Definición hermética”, o sea, se nombran en su renuencia a tener sentido fácilmente accesible. Significan, pero desde algo cerrado y reiterado que se ve ya en la diagramación de Overol. Más importante es que esa incomodidad no me pertenece a mí solo, lector: está en estos textos, y más importante es que es única. O sea, aunque todo poema sea sobre su propia imposibilidad, aunque toda traducción lo sea, aunque todo texto sea hermético al menos en parte, cada uno lo es de su propia manera, y ese modo particular, ese ser en el mundo de ellos y de su lenguaje es lo que cruje en Definición hermética. El poema místico triunfa cuando fracasa, pero también, sobre todo, cuando lo hace de manera única e irrepetible, y quiero hablar ahora de cómo este poema místico fracasa bien aquí.

Hay una especie de gemido suave en Definición hermética. Se resta al grito y en ese no dramatismo se vuelve cosas inesperadas, sorprendentes: canción de cuna, arrullo, titubeo en nombrar, desdoblamiento, enumeración de nombres bíblicos, clásicos, místicos o íntimos, canción de amor o de amistad, fallo de ambos afectos, infancia y ultratumba. Hay un trabajo maravilloso de escala que varía de lo grandioso de lo sobrehumano a lo diminuto del secreto. Tanto los dioses como los niños hablan en códigos. Dioses y niños crean lenguajes que solo ellos reconocen, y así, forman comunidad tanto como vetan el acceso a ella con una sílaba, con un nombre, con una alusión. Eso lo sabe H.D. y lo sabe Juan Pablo Pereira. Formar un lenguaje que diga y que no diga es, además de una pelea donde se deja la vida, una forma de intimidad. Esto de pelea donde uno se deja la vida puede verse como metáfora si hablamos de un momento del poema, sobre todo del poema místico, pero literalmente si hablamos de una vida dedicada a la poesía, como la que se acabó antes de terminar de producir este texto. Dejar la vida es literal, también, si hablamos de lo que hace el traductor, que deja su propia vida de lado para sumergirse en el discurso de otro.

Uno se excluye cuando reconoce la intimidad, incluso la propia: no sé si sea el designar la intimidad lo que la excluye a uno de ella, como designar cualquier cosa. Uno se muere de ya no habitar, de pena y de celos, se muere por ser dios y por no ser dios, se canta a gritos, es luz y poderío, y se pone chico, niño, impreciso, se restriega los ojos debajo de sábanas con o sin autitos Se hace más grande que el universo y no sabe amarrarse los zapatos, en una misma operación. Cito: “Hubo una Helena desde antes que hubiera una guerra” ; “y es ayer y el viento marino llena mi vela, / y mis hermanos están lado a lado, / y mi hermana entreteje las flores para mi pelo (…) / Odiseo se ha ido y mi hermana iba a casarse o se había casado con Agamenón, / y “no tiene importancia”, me confía, / “solo risas, risas” / y Menelao en el altar, susurrando” (“Amor de invierno”, [22]).

Todo lo que se escribe viene del deseo y del amor. Todo lo que se escribe viene desde, o trasvasijado por, o domado y no por el cedazo de algún tipo de deseo, de alguna forma de amor. El poema místico es su impulso, su cedazo, su trasvasije, su poca adecuación a cualquiera de estas imágenes y de la materia del colador particular, de la jarra particular, del movimiento preciso. El Cantar de los Cantares dice algo que ha traducido por siglos como “todo es vanidad”, pero que en el original hebreo dice “todo es vapor”. Hay inanidad, pero también más que eso, a diferencia de su contraparte cristiana. Sobre todo hay cambio imperceptible a veces, imposible de detectar. Hay a la vez falta de certeza y absoluta continuidad, al mismo tiempo. Si en Definición hermética todo es vanidad, si la muerte está desde Menelao y la hermana que se casó más tarde o más temprano con Agamenón, si hay muerte en el lenguaje secreto de los dioses y los niños, en las cartas perdidas, en los apodos íntimos y en los nombres de los 72 ángeles, esa vanidad y esa muerte también son vapor: se nos escapan y vuelven a nosotros.

No sé qué le tuvo que pasar a H.D. para escribir estos poemas (aunque le tocó ser amiga de Pound, que no es poca inspiración ni poco peso). No sé qué le tuvo que pasar, por qué tuvo que pasar Juan Pablo Pereira para traducirlos, pero sí veo esa tensión entre lo ritual y lo cotidiano, esta transformación del vapor que desaparece y regresa, en casi todos los poemas: “Suya es la 24a década de la esfera, / suyo es el ángel Senciner, el tiempo de invocación // o de oración es de 3.40 a 4 — ¿qué hacemos? / despejamos la mesa, apilamos libros en una silla // nos deslizamos de nuestras pantuflas / agarramos ansiosamente nuestros zapatos, / abrimos una ventana al aire de invierno, la cerramos de nuevo // pasamos un cepillo por nuestro pelo; Germain es crítico;/ ¿por qué debiera importarnos? Debemos presentar otro yo, una cáscara, // estamos demasiado tensos, demasiado quebradizos; miedosos rezamos por entereza / Oh Senciner, tú que cuidaste a nuestro Edipo, nuestro padre // haznos resistir, haznos olvidar la ansiedad y el terror / por una breve fracción de la década de tu esfera.” (“Sagesse”, [11])

Uno relee los clásicos a su propio riesgo. Puede discutirse si Definición hermética es clásico, pero no que es una relectura que propone la pregunta: ¿es póstumo siempre el clásico? ¿Y su versión, su intertexto? ¿Hay necesariamente un desajuste en medio en ese pedacito de tela o de papel que se superpone al mármol de milenios, el óleo de cientos de años? Pregunta retórica: claro que hay desajuste. En esta traducción, veo ese vapor temblar entre lenguajes. Sin embargo, y este es un pero importante, no hay descalce estilístico. Es decir, esa superposición consigue hacerse (y de forma visible, llamando la atención sobre sí misma), pero la torpeza a la que aludo muchas veces más arriba aparece siempre como deliberada, y cuando no como deliberada, como exitosa, y cuando ninguna de estas cosas, aparece como torpe, pero no es torpe. No hay contradicción aquí. Estos poemas fracasan y son torpes (como los niños, como los dioses) pero nunca son malos: no es esa su torpeza ni su forma de fracasar. Como los poemas místicos que son, titubean y farfullan y fracasan, pero no hay ripio, aunque el cedazo nos arda en las manos con el paso del vapor, aunque las formas del vapor no dibujen exactitud. Todo el poema puede ser una queja sobre su propio fracaso, pero no deja al lector deseando el triunfo.

(Yo, lector, no deseé el triunfo del poema místico ni calculé la exactitud de su fracaso, hasta que tuve que dejar de leer para apretarme el corazón).

Estos poemas no prometen el éxtasis ni nos llevan, por tanto, a la traición de esa promesa. Pero entregan el éxtasis que no prometen en instantes, casi simultáneo a la traición de ese éxtasis. Ejecutan tan bien ese movimiento simultáneo de fracaso, de experiencia infantil, lenguaje divino, referencias clásicas, carta de amor o amistad, que dejan al lector en una revelación de esas que tocan el corazón y lo transforman en otra cosa. Lo único disruptivo en este libro no está en su texto, en su traducción ni en su edición, sino en información externa: el sello que nos indica que es parte de un Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, el ISBN para que sepamos clasificarlo en una biblioteca o citarlo en un texto académico. Personalmente, agradezco esa disrupción. Fue necesaria para que leer este libro no me hiciera volverme loco. Me hizo pensar: hasta los poetas publican. Hasta los lectores necesitan encontrar un libro en la biblioteca. Hasta los traductores, que conocen al menos dos idiomas, tienen nombre propio, susceptible de imprimirse y de ser citado, en alguno de esos idiomas. Eso no me salvó de la experiencia de leer este libro: tuve ganas furiosas de salir afuera, de quedarme de pie afuera tocándome el pecho con las dos manos, de que se pusiera a llover fuerte, con truenos, y no moverme de esa lluvia. Me dieron ganas de viajar, de salir en ese momento al aeropuerto y tomar cualquier avión —en realidad, tuve ganas terribles, feroces, de irme. Me dieron muchas ganas de ponerme a escribir en el mismo tono de estos poemas: de compartir su lenguaje. No sé si puedo decir algo mejor de un libro o de una traducción: cuando leerlos se hace experiencia, todo lo que escribo acá arriba me parece vapor de vapores que sí sirve de algo, espero: sirve para contar que Definición hermética es un libro maravilloso y que la traducción de Juan Pablo Pereira también lo es.


miércoles, 1 de agosto de 2018

Un volumen que reúne los consejos de Wislawa Szymborska para los jóvenes escritores


El 25 de marzo pasado, el diario La Prensa, de Buenos Aires, publicó sin firma el siguiente comentario sobre la publicación  Correo literario, un volumen de cartas de la poeta polaca Wislawa Szymborska , en respuesta a los requerimientos de jóvenes escritores, traducido por  Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz.

Publican el consultorio literario
de W. Szymborska

El volumen recopila las cartas con las que la premio Nobel polaca respondía a las inquietudes de jóvenes aspirantes a escritores. Sus recomendaciones combinaban ironía y generosidad y una firme defensa de la lectura. 

Durante varias décadas la poeta y premio Nobel polaca Wislawa Szymborska mantuvo una especie de “consultorio de escritores” en la revista Vida Literaria, unas cartas en las que con fina ironía contestaba a jóvenes aprendices de escritores. Ahora un libro reúne por primera vez en español lo mejor de esa correspondencia.

Editado por Nórdica, con traducción de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz, Correo literario se publicó por primera vez en el año 2000 en Polonia y 18 años después llega a nuestro idioma.

Y es que sólo a partir del Nobel de Literatura que recibió en 1996 pudo conocerse la poesía de Szymborska (Kórnuk, Polonia, 1923-Cracovia, 2012), que desde entonces fue fascinando a todo el mundo por su manera sencilla e irónica de captar el misterio de lo cotidiano.

Tras publicarse también su prosa y algunas entrevistas, este libro aporta mucho para saber cuáles eran las ideas que tenía la escritora sobre la literatura y la vida.

Así lo ponen de manifiesto los traductores al castellano en la introducción. “Sí, es muy posible que junto a las reseñas de “Lecturas no obligatorias”, “Otras lecturas no obligatorias” y “Más lecturas no obligatorias”, publicadas en Malpaso en un solo volumen con el título de Prosas reunidas, en Correo literario nos encontremos ante la mayor fuente de información sobre el concepto de literatura de Szymborska”.

El libro se abre con la entrevista que Teresa Walas, gran amiga de Szymborska, catedrática de Literatura Polaca en la Universidad Jaguellónica de Cracovia, le hizo a la poeta, una mujer que atravesó las grandes tragedias del siglo XX, y que se caracterizó también por su compromiso cívico, sin ruidos ni estridencias.

Este correo literario en el que la poeta aconseja a los jóvenes escritores sirve además para conocer la realidad de la época de Polonia y su vida cotidiana –se aprecia la escasez de productos de primera necesidad– que también chocaba con la dimensión intelectual y espiritual de su tiempo, como recuerdan los traductores.

“De quién fue la idea del Correo literario, pregunta Walas a la poeta. Y ella responde: “No fue necesario inventar nada. Es una vieja tradición de las revistas literarias. Siempre ha sido necesario responder a algunos autores, sobre todo principiantes, sin escribirles cartas directamente a ellos. Por regla general, se resolvía con un breve “no se entiende” o “recomendamos trabajar un poco más el texto”

Y continuaba: “Yo intentaba que entendieran cosas elementales, los instaba a que reflexionaran sobre el texto recién escrito, a que fueran mínimamente críticos consigo mismos. Y lo más importante, los exhortaba a leer libros. Igual soy una ilusa, pero espero que algunos de ellos hayan conservado esa maravillosa costumbre toda la vida”.

Pero Szymborska también les sugería a los escritores con firmeza: ”Si, por caso, no aprecia usted nada digno de ser anotado –ninguna observación, ningún pensamiento, ninguna impresión– la conclusión solo podrá ser una: no tiene usted madera de escritor. Lo animamos a que haga el intento”.

Szymborska, irónica y humorista, suelta en estas páginas mandobles con gran sutileza, como por ejemplo el que destina a la joven Baska, que le pregunta: “Mi novio dice que soy demasiado guapa para escribir.

¿Qué piensa de los poemas que adjunto? Y ella responde: “Creemos que es usted, efectivamente, una chica muy guapa”.

Y es que la autora de Aquí o Instante, una poeta considerada muy difícil de traducir “por los matices cargados de significados que hay guardados bajo la aparente simplicidad”, trabajó la ironía y el humor siempre en toda su obra, que fue una pura reflexión sobre el mundo.

martes, 31 de julio de 2018

"María es necesaria para que la trinidad exista"


Sonia Abián (Posadas, 1966) es una artista plástica argentina. El siguiente texto, que incluyó en su blog, debe leerse en el contexto de la entrada publicada en este blog el día de ayer. Se refiere a la polémica surgida en España entre el idiota de Arturo Pérez Reverte y Carmen Calvo, vicepresidente del Gobierno español, a propósito de la posibilidad de modificar la Constitución española para  dejar de lado el masculino universal en favor de un lenguaje más inclusivo. Luego de que Calvo pidiera su opinión a la Real Academia, Pérez Reverte reaccionó airadamente, amenazando con renunciar a la institución (información que puede ampliarse en la entrada de este blog correspondiente al 16 de julio pasado). 

Mire el cuadro y diga: “en el nombre del padre,
del hijo, del espíritu santo amén” ¿Quién quedó sin nombrar?

El Sr. Pérez Reverte, escritor y periodista, opina que el lenguaje inclusivo atenta contra el principio de economía del lenguaje, y por ende contra la Real Academia Española, institución que es una y trina como ya sabemos y de la cual es miembro. O miembra.  Considera que decir niños y niñas, en vez de solo niños, es una”duplicación” del sustantivo innecesaria. Ha dado en el clavo. Porque la propuesta presentada por la vicepresidenta del Gobierno para adecuar la Constitución a un lenguaje inclusivo va de eso, de cambiar el principio de economía que rige el lenguaje… y que tiene raíces teológicas.

Así lo demuestra un cuadro colonial anónimo del siglo XVIII, pintado en lo que fue el Virreinato del Perú. Representa una santísima trinidad dos veces. Una de forma figurativa y otra de forma abstracta. ¿Será una duplicación innecesaria? No. En este caso se trata de machar el mensaje para que quede bien claro. El hombre con tres rostros vendría a ser dios. Sostiene ante sí un esquema donde sus tres caras hallan correspondencia lingüística: las palabras “padre”, “hijo”, “espíritu santo”, “dios” unidos por un verbo. El gráfico muestra además la imagen de María, de pie sobre “dios”, pero excluida de su rostro y también de sus nombres. Su ausencia en el lenguaje resume el principio de economía trinitaria por el cual se rige la RAE: la exclusión inclusiva de las mujeres. Por un lado, María es necesaria para que la trinidad exista, y por otro no tiene poder porque está excluida de ella. Llegó la hora de acabar con esta lógica y cortar esta vieja trenza. En palabras de Carmen Calvo: “No hemos llegado hasta aquí para hacer política de mujeres y para mujeres; estamos aquí para darle un giro a la democracia”.

lunes, 30 de julio de 2018

"Evaluar el lenguaje de la Constitución en términos democráticos"

El 18 de julio pasado, el diario español ABC dio cuenta de la polémica que se están dando en la Península a propósito de la necesidad de adecuar la Constitución a un lenguaje inclusivo. Por un lado, la vicepresidente Carmen Calvo (foto) impulsa esa transformación. Por otro, la RAE la niega.

Carmen Calvo dice que la adecuación 
de la Constitución al lenguaje inclusivo 
se hará con o sin la RAE

La vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, Carmen Calvo, ha asegurado que el proceso de «adecuación» de la Constitución española a un lenguaje «inclusivo» se hará haya o no asesoramiento de la RAE.

«El masculino universal no engloba al femenino, hay que ir cambiando cosas. Hay una parte de esta polémica que se me escapa. He pedido por carta a la RAE que nos asesore. Si no hay asesoramiento de la RAE, evidentemente continuaré con el proceso», ha señalado Calvo en una entrevista recogida por Europa Press a la Cadena Ser.

Así, la vicepresidenta ha explicado que la petición del informe le pareció «una deferencia obligada» a la RAE. «Se trata de evaluar el lenguaje de la Constitución en términos democráticos. Luego cada cual hace lo que quiere con sus declaraciones. Todos los grupos lo entendieron y consideré que la RAE era suficientemente importante para respetarla y pedirle asesoramiento», ha añadido.

En este sentido, ha reiterado que es «el momento» de que la Constitución española tenga un lenguaje «respetuoso a ambos géneros». «Solo tiene un lenguaje masculino y eso no se corresponde con una democracia desarrollada. Las mujeres no tenemos por qué reconocernos en el masculino, que además es absoluto en la Constitución», ha apuntado.

Así, Calvo ha defendido que el masculino «universal no engloba» al femenino, por lo que entiende que «hay que ir cambiando cosas». Además, la vicepresidenta ha resaltado, respecto al proceso que podría conllevar el cambio del texto, que «no afecta al contenido» de la Constitución. «Eso se planteará cuando se planteé», ha concluido.


viernes, 27 de julio de 2018

Enrique Winter escribe sobre Charles Bernstein


El poeta y traductor chileno Enrique Winter envía desde Bogotá su columna para el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. Trata sobre algunos de los problemas que le planteó la traducción de Charles Bernstein (foto; 1950), poeta, ensayista, editor y académico estadounidense.

¿Todo esto parece muy cerebral para la poesía?

La crítica Marjorie Perloff señala, a propósito del poema “Disrafia” de Charles Bernstein, que este explota alegremente figuras retóricas tales como los juegos de palabras, las anáforas, epístrofes, metátesis, epigramas, anagramas y neologismos para crear una red continua de palabras reconstituidas. No es una exageración extender esta observación a buena parte de la obra del estadounidense y, por cierto, a mi traducción, que intenta reproducirlas. El ejercicio consistió en trasvasar un idioma nuevo a uno viejo para que también se volviera nuevo. Además, y a diferencia del castellano, en el inglés es natural que los verbos actúen como sustantivos y viceversa sin cambiar una sola letra, incluso como adjetivos, licencia que Bernstein utiliza habitualmente. Hubo, por esto, algunos juegos que se perdieron, y confío en que la responsabilidad sea a lo menos compartida entre los límites de nuestro idioma y los míos.

Bernstein recurre a términos polisémicos desde los que se aventuran interpretaciones ambiguas al multiplicarse con los demás términos que los rodean. Intenté mantener la amplitud de probabilidades, incluso agregando algunas cuando me pareció pertinente. La primera vez que le pregunté al autor si quería decir una cosa u otra en un verso fue para “hankeringafterfrozen (prose) ambiance / (ambivalence)”. Me respondió que ambas y encima me dio dos más, y a las cuatro lecturas posibles que ofrecía conscientemente, agregó un par de definiciones y su interés por mantener determinadas aliteraciones, errores forzados y una opción que yo le había dado, distinta de las que él había previsto. Por supuesto, nunca más le pregunté un detalle, hasta que terminé una versión íntegra del libro; pero me quedó entonces claro que las variables en juego eran muchas más, y con engaños, de las que había previsto.

Bernstein presenta situaciones polisémicas no solo en base a cada palabra escrita, sino a las que no lo están y tienden a leerse de corrido. En algunos casos debí alterar levemente el sentido para mantener esta intención de los poetas del lenguaje. Así sucede, por ejemplo, en la extraña sintaxis de “When in tentsorfamilies in comparative” –verso que en “La niña torte” es parte de una serie de fingidas faltas de sentido o al menos de conectores, efecto que deseo reproducir en castellano– en que “in tents” significa literalmente “en carpas”, pero se lee como “intents” (propósitos), que está fuera de su campo semántico. En su traducción “Cuando en tiendas o familias en comparada”, si bien se leen las literales tiendas de campaña, el desplazamiento hacia la posible imagen de tiendas comerciales me parece justificado para mantener la doble lectura en que lo que no está ahí, “entiendas”, sea lo que se lea, por costumbre. Un deber político de la poesía es notarla, denotarla y, caso a caso, desplazarla. Lamentablemente hubo casos en que no fue posible, como con “commonfork” (tenedor común) que en inglés evoca de inmediato al tópico “common folk” (gente común) y –dado que el poema original se llama “Social pork”– a “commonpork”, es decir, a “puerco común”, que habría remitido exitosamente a “pueblo común”, pero que nada tiene que ver con el tenedor que de veras está escrito ahí.

De todos modos, fueron contadas las excepciones en que tuve que optar por uno u otro sentido, por ejemplo, entre los cinco que aceptaba el contexto de “draft” en “Materias de regulación”, ninguno de los cuales es ambiguo en castellano, o en “Realidad virtual”, donde traduje “testiness / (testimony)” por “testarudez / (testimonio)”, consciente de que lo primero significa (Bernstein jamás usaría esa palabra para esto, diría tal vez “produce”) más precisamente “irritabilidad”, pero que debido al ligero cambio de sentido mantiene un efecto más relevante: la relación intuitiva de “testarudez” con “testimonio”, por su asimilación sonora o, también en términos de Bernstein, su adyacencia. El universo de hastío sobre el absurdo de las vacaciones familiares se transmite con ambos conceptos, en tanto que las palabras dan cuenta de un universo propio, ajeno a sus referentes, como prefiere el autor. De sumo interés resulta comparar las estrategias de este poema con las de “Al mar” de Philip Larkin, para abarcar una misma sensación temática.

Considero que fueron menos los casos en que los modismos y las frases hechas no hallaron un cauce literal o figurado en castellano, como “No / pudiste escapar de donde / las papas queman” para “You / couldn’tfindyourway / out of a blanchedpotato”. La preferencia en tales situaciones fue conservar la imagen y el concepto, para que este último no perdiera materialidad, como en “Nutshells”, que traduje como “Resúmenes, cáscaras de nuez”. Debido a que Bernstein trabaja con los lugares comunes del lenguaje del poder y este es ejercido mundialmente desde su lengua, país y hasta ciudad, no sorprende que en la traducción nos encontremos con discursos que ya hemos escuchado en castellano de parte de los gobernantes, empresarios y medios de prensa de nuestros países.

Bernstein también inventa palabras, escribe a veces por fuera de las fronteras del idioma. Rara vez las palabras que usa significan aquello para lo que normalmente las usamos. Las dobla, las hace hacer. Repliqué el uso de neologismos y esa posibilidad más extendida en su lengua y en otras germánicas de unir palabras, además de asimetrías tales como adjetivar plurales en singular. De igual modo mantuve las erratas deliberadas y omití los artículos y preposiciones que el autor omitió, pero solo en los casos en que el inglés lo obligaba a usarlos. En síntesis, lo que es raro en el original lo es también en la versión en castellano.

Por otra parte, en los poemas en que el autor usó los pies clásicos del inglés repliqué el gesto con el metro castellano. Pero Bernstein también aquí juega en varios planos y, una vez descubierto el soneto sin estrofas ni rima, se esconde de nuevo al modificar verso a verso los pies a medida que uno se acostumbra a ellos. Es decir, cambia los acentos internos, generando disonancias que incluso en un plano solamente rítmico nos llama a sacarnos las telarañas de lo que creemos que es poesía en el territorio devaluado del verso clásico. Pretendo que en la versión en castellano se produzca un efecto equivalente. Así, por ejemplo, en “El horno está apagado”, traducido en eneasílabos y endecasílabos, opté por un comienzo en falso como los de Bernstein, acentuando los primeros cuatro versos en la quinta sílaba –lo que les da un ritmo coherente solo a ellos– que sumo al de la octava en los tres siguientes hasta que el oído esté ya entregado al territorio más conocido del verso clásico, en que traduje el resto del poema salvo la palabra que lo “frena”. El quiebre se produce, como en el inglés, con el sintagma “En suma”. ¿Es esto forzado? No, responde a ciertas maneras naturales de decir lo que el original evoca.

En otros poemas de formalidad compositiva, del estilo de “En un mundo agitado como este”, Bernstein favorece distintos aspectos del lenguaje sin alterar ni el patrón rítmico ni la presentación, ampliación y reflexión que quiebra lo expuesto hacia una conclusión emotiva, propias de cada estrofa del soneto. En ellos fui fiel a que los cinco pies yámbicos con que lo adoptó la tradición anglosajona se convirtieran con comodidad en los endecasílabos acentuados en cuarta y octava sílabas o en sexta, con que el castellano lo hizo suyo desde el siglo XV hasta nuestros días.

Por supuesto que hay poemas traducidos en verso libre, empezando por aquellos que ni tienen versos y por los de respiración suelta, que a través de las variaciones se vuelve sostenida, en algunos poemas largos como “Materias de regulación”. En estos casos el referente seguido fue el de la oralidad en sus archivos de audio. Lo anterior no implica descuidar los cambios de velocidades de poemas también extensos como “Blanco inmóvil”, que traduje primeramente en metro, el cual luego acumula material a la manera de un aluvión hacia el verso libre, y “Abuso de sustancias”, que, aunque varía sus acentuaciones internas de acuerdo con la misma respiración, traduje de forma íntegra en metro, lo que creo favorece su tono personal.

En general, allí donde hay rima, aliteración o cacofonía en el original, la hay en la traducción, con leves adaptaciones del contenido, porque cuando Bernstein las usa hace esta misma adaptación, propia de la relación de la rima con el inconsciente. Aquella, como los demás factores mencionados, fue considerada en tanto principio, y por ello sopesada con los demás, caso a caso, sin que ninguno tuviera un peso absoluto. En “shellackedreminisces, sheets of firmness, straightgrapefruit&mocks&splits, pity, mercy” de “Mi vida de mónada”, por ejemplo, las aliteraciones van generando un sentido aparte del enunciado, de modo que las “sheets” pueden sentirse retroactivamente en “shellacked”, que es una antigua unión entre esa palabra y “lacked”. En castellano no tenemos esa juntura ni ese sonido, que pareciera llamarnos al silencio, pero se puede representar otra aliteración, y con ella el efecto retroactivo, por vía sonora, con “láminas” y “lacadas”, y haciendo rimar “reminiscencias” con “firmeza”. La enumeración en apariencia arbitraria que le sigue –con un ritmo marcado por monosílabos que en castellano requieren varios sonidos más– puede atarse de otro modo, en este caso, por las aliteraciones que permiten algunas de sus opciones de traducción literales, y que, sin estar en el original, son aquellas por las que opté: “pomelo & parodias & partes, pena, piedad”. Mecanismos similares de desplazamiento entre figuras poéticas de cada idioma con el objetivo de replicar los efectos sonoros y semánticos del original, incluidas sus metáforas extendidas, pueden encontrarse en muchas de estas versiones. En la mayoría de los casos no fue necesario cambiar de figura, sino solo de sonido madre, como en el caso de la aliteración y rima presentes en “Trina, topa, troca” respecto del verso “Swish, swash, swap”, y en buena parte del poema “Disrafia”, que consagra, según los críticos, la adyacencia sonora en el proyecto de Bernstein.

¿Todo esto parece muy cerebral para la poesía? Sí, parece. Luego Bernstein hace reír y también emociona. De sobra. Me preocupé de que eso sucediera en castellano. Me imagino que consciente de estas dificultades, quizás cómplices de la demora de la disponibilidad de su poesía en nuestra lengua, el autor me escribió que usara sus poemas solo como trampolín para mis propias versiones. No le hice caso, como el perro al que le sacan la correa y vuelve solito a casa. A una cada vez más amplia.

jueves, 26 de julio de 2018

A través del CNL, información sobre candidaturas para la École de Traduction Littéraire

En el último Newsletter del Centre Nationale du Livre, se informa que acaba de lanzarse el llamado a candidaturas para la promoción 2019 (a partir del 12 de enero de 2019) de la ETL (École de Traduction Littéraire), que dirige Olivier Mannoni. 

Para informarse qué es la ETL, cuáles son las condiciones para acceder a ella, qué exigen a los postulantes y cuáles pueden ser los obstáculos en el oficio de traductor, se recomienda leer la entrevista con el director que se encuentra en el site du CNL
    Fecha límite para la entrega de candidaturas: 1ero. de octubre de 2018.






    miércoles, 25 de julio de 2018

    La editorial Ampersand visita el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

    Surgida hace 12 años para publicar libros sobre la historia de los libros y la lectura, Ampersand es una idea que tuvo Ana Mosqueda, su directora, y que ahora comparte Diego Erlan, su editor en jefe. De eso y de un montón de otras cosas hablaron ambos en su visita al Club de Traductores Literarios de Buenso Aires del día de ayer. Y de paso, los asistentes tuvieron a oportunidad de enterarse sobre el muy puntilloso sistema de elección de traductores que trabajan para la editorial y de la manera en que ésta les ofrece un marco y un código editorial, como en las antiguas editoriales, antes de que las manejaran administradores de empresas y peritos en marketing.

    El video del encuentro puede verse en el siguiente vínculo:
    https://www.youtube.com/watch?v=mfjuTs7eLEE


    Ana Mosqueda es doctora en Historia de la Cultura Escrita por la Universidad de Alcalá de Henares (España). Editora y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires (Argentina); y docente de la carrera de Edición por la Facultad de Filosofía y letras, Universidad de Buenos Aires. Es la directora editorial de Ampersand, ha publicado artículos y reseñas en distintas revistas académicas y es coautora del libro colectivo Cruces y perspectivas de la cultura escrita en la Argentina. Historia de la edición, el libro y la lectura (Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, 2013).

    Diego Erlan (San Miguel de Tucumán, 1979) es escritor, periodista y editor. Ha publicado las novelas El amor nos destrozará (2012) y La disolución (2016). Fue editor en la revista Ñ del diario Clarín, escribió sobre arte y literatura en La Nación, en la Revista de la Universidad de México y en Los Inrockuptibles. Actualmente se desempeña como editor en el sello independiente Ampersand. En 2017 formó parte de la lista Bogotá39 con la que el Hay Festival seleccionó a los jóvenes escritores latinoamericanos más destacados de la literatura actual.