jueves, 15 de septiembre de 2022

SPET: Ana Eugenia Vázquez habla de literatura argentina traducida en Francia, en el siglo XIX

En el próximo encuentro, que tendrá lugar el martes 20 de septiembre a las 18:30 en el aula 400 del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”, Carlos Pellegrini 1515 (edificio nuevo), nuestra invitada Ana Eugenia Vázquez expondrá sobre “Civilización y barbarie en francés. Las primeras traducciones de la literatura argentina en el París del siglo XIX”

Ana Eugenia Vázquez es licenciada y profesora en Letras (UBA) y traductora en Francés (IESLV JRF). Es becaria doctoral del CONICET con una tesis sobre la traducción y circulación de literatura francesa durante el romanticismo argentino. Enseña Estudios de Traducción en el Lenguas Vivas y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Lecturas sugeridas

--Batticuore, Graciela. “Intérpretes, traductores y censores. Eduarda y Lucio Mansilla: miradas desde/sobre la pampa”. En: Estudios. Revista de investigaciones literarias y culturales, 24 (2004), pp. 133-155.

--Casanova, Pascale. “Consécration et accumulation de capital littéraire”. En: Actes de la recherche en sciences sociales, 144 (2002), pp. 7-20 [trad. esp.: “Consagración y acumulación de capital literario”, traducción de Rut Spivak, 2006, mimeo].

--Pagni, Andrea. “Llamando a las puertas de Europa: Facundo en la Revue des Deux Mondes, París 1846”. En: Forum for inter-american research, 5.3 (2012). Disponible en: http://www.interamerica.de/volume-5-3/pagni/

Aviso:
La sesión será presencial (les pedimos que confirmen la asistencia).
Quienes quieran asistir virtualmente pueden enviarnos un mail con el asunto SPET 149 hasta el 20/09 a las 13.00. La dirección de mail será utilizada para hacerles llegar el código de acceso.

 

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Una entrevista con Roger Chartier por su nuevo libro, publicado por Ampersand

El pasado 10 de septiembre, Carlos Daniel Aletto publicó, en el sitio de la agencia TELAM, una entrevista con Roger Chartier, a propósito de la aparición de El pequeño Chartier ilustrado, volumen publicado por la editorial Ampersand.



“Es un error creer que un libro se reduce a su contenido semántico”

El pequeño Chartier ilustrado es, como lo señala su subtítulo, un “Breve diccionario del libro, la lectura y la cultura escrita” que nace de la oralidad y la memoria del reconocido historiador francés Roger Chartier durante su estadía en la ciudad chilena de Valdivia en 2016 y aborda la “cultura escrita” desde múltiples entradas propuestas por el investigador que van desde “Apropiación”, “Biblioteca” y “Borges” hasta “Xilografía”, “Yo (literaturas de)” y “Zoología”, tejiendo un apasionante léxico que dialoga con imágenes.

El libro, publicado por la editorial Ampersand, cuenta con una cuidada edición que resalta la travesura lingüística de incluir nuevamente la letra Ch de “Chile” y de “Chartier”. Las imágenes que aparecen desde los primeros momentos de la escritura a los actuales emoticones de nuestras comunicaciones dialogan durante el recorrido de las entradas del diccionario.

Chartier, en charla con Télam, señala que los emoticones de nuestro mundo digital “son una forma contemporánea de la búsqueda de lenguajes no verbales capaces de expresar sentimientos, afectos o ideas” y explica, con su capacidad de recuperar la historia de la escritura, que “en el siglo XVIII, fue el caso con la lengua de los sordos y mudos o con el 'ballet d'action' de Noverre. En 1672 un libro intitulado Leer sin libro publicado por Diego Enríquez de Villegas, proponía una lectura simbólica de los árboles y plantas. Las 'primeras representaciones gráficas' tal como los jeroglíficos son diferentes porque no eran solo pictográficas sino también fonéticas”.

–¿La aparición de imágenes en diálogo con la semiótica de la palabra en la escritura actual genera mayor ambigüedad en la decodificación?
–No lo pienso así. La relación entre las imágenes y los textos se desplazó desde la concepción de los siglos XVI y XVII, que las consideraba como equivalentes para establecer comunicación, conocimiento y memoria, hasta la concepción que piensa la imagen como un suplemento del discurso escrito. En la primera perspectiva, que es la de Cervantes, las imágenes pueden narrar y los textos pueden pintar: “pintor o escritor, todo es uno” (Don Quijote, Segunda Parte, Capítulo LXXI). En la segunda, las imágenes pueden mostrar lo que el discurso no puede, por ejemplo, la simultaneidad entre diferentes acciones u operaciones. Cuando las imágenes son investidas con un suplemento de sentido ausente en que ilustran o que las inspiró, puede establecerse el diálogo entra ambas formas de expresión. Es lo que se debe enseñar a los usuarios del mundo digital.

–¿Cuál es el mayor cambio en el soporte de lectura desde las arcillas de los sumerios a los e-books?
–El mundo digital instaura más que un “cambio”. Por primera vez en la historia de la cultura escrita el soporte de la inscripción y transmisión de lo escrito (o de las imágenes) no se encuentra asociado con un contenido particular: una obra o una serie de textos. La pantalla no es un libro, la pantalla no es una página sino un muro o nuestra mirada cambiante de un muro (como escribió Antonio Rodríguez de las Heras), y el universo digital es mucho más que una colección de e-books. Es un error creer que un libro se reduce a su contenido semántico. En el libro definido como objeto y como discurso, la materialidad del texto (el formato, la disposición, la encuadernación) son elementos no verbales que contribuyen a la construcción del sentido y hacen visible el libro como una arquitectura textual en la cual cada elemento (una parte, un párrafo, una sentencia) ocupa un lugar propio y desempeña un papel articulador en la narración o la demostración. La forma digital borra estos dispositivos. Favorece la autonomía del fragmento, somete los libros como discurso a las prácticas de lectura plasmadas por las redes sociales e ignora la estructura material del libro impreso que da cuerpo a las obras y puede abarcar en una misma unidad material varios libros.

–¿Y cuál es la diferencia central entre e libro y el e-book?
–La diferencia entre el libro y el e-book ilustra la diferencia fundamental entre lógica digital, que es una lógica temática, jerárquica, algorítmica y que permite encontrar rápidamente lo que se busca, y la lógica de lo impreso, que es una lógica de los lugares y del viaje y que permite encontrar lo inesperado, lo desconocido. Los lectores de libros perciben consciente o inconscientemente esta diferencia, ya que prefieren todavía comprar y leer libros impresos: en todos los países del mundo salvo Estados Unidos los libros electrónicos representan menos de 10% del comercio del libro. Pero, en el mundo digital, la mayoría de los lectores no son lectores de libros…

–¿La escritura digital de alguna forma condiciona a la lectura de distintas lenguas?
–Las formas gráficas propias de tal o tal lengua (acentos, tildes, etc.) son partes de su identidad y en el mundo de la escritura digital muchas veces se ignoran o borran. Los teclados y escritos sin acentos o tildes son la primera manifestación del imperialismo lingüístico que caracteriza el mundo globalizado.

–¿Qué característica le imprimió la exclusividad durante siglos de la Iglesia Católica a la escritura de Occidente?
– “Exclusividad” es una palabra demasiada fuerte. Si es verdad que duraderamente la Iglesia controló la enseñanza, desde las universidades hasta las escuelas primarias, y que una parte importante de la producción impresa se dedicó a la publicación de escritos religiosos, es verdad también que desde la Edad Media la escritura fue también política, administrativa, notarial, literaria y cotidiana. Es lo que muestran a claras los historiadores de la cultura escrita tal como Armando Petrucci o Michael Clanchy. Es lo que indica también el desplazamiento de la noción de repertorio canónico desde su primera definición religiosa, aplicada a los libros de la Biblia y a los Padres o Doctores de la Iglesia, hasta la constitución de listas de obras expresando las literaturas nacionales o recopilando los materiales escolares.

–¿Es por lo antes dicho que el objeto libro tiene un prestigio per se, sin importar el contenido?
–Tal vez porque en su definición tradicional el libro no es solamente un discurso sino también un objeto material, un opus mechanicum como decía Kant, que identifica un texto cuyo estatuto es diferente de los textos desprovisto de la misma importancia, dignidad o poder. Es lo que explica también el uso mágico. Este poder se lee en el texto bíblico, con la doble mención del libro comido, como aparece en Ezequiel III, 3, “Y el Señor me dijo: Hijo del Hombre, tu vientre se alimentará de este libro que te doy, y tus entrañas serán colmadas. Yo me comí ese libro, se volvió dulce en mi boca como la miel”. Y se repite en el Apocalipsis de san Juan, X, 10: “Tomé el libro de la mano del ángel y lo devoré, y estaba dulce en mi boca como la miel; pero apenas lo engullí, me supo amargo”.
El Libro dado por Dios es a la vez amargo, como lo es el conocimiento del pecado, y dulce porque es promesa de redención. La Biblia, que contiene este “Libro de la Revelación”, es ella misma un libro poderoso, que protege y conjura, aparta las desgracias y aleja los maleficios. En toda la cristiandad, el libro sagrado ha sido objeto de usos propiciatorios y protectores, que no suponían necesariamente la lectura de su texto, sino su presencia material en la cabecera del enfermo o de la mujer que está pariendo. En toda la cristiandad, igualmente, el libro de magia se encuentra investido por esta carga de sacralidad, que otorga saber y poder a quien lo lee.

–¿Hay alguna posibilidad en la que el receptor no haga una “apropiación” del mensaje emitido? ¿Existe la decodificación perfecta?
–Por definición, la lectura es una practica inventiva, creadora, que se apodera del texto leído para producir nuevos textos, sea en la mente y la imaginación del lector o bien en la escritura de nuevos textos. Una “descodificación perfecta”, sin ninguna diferencia entre la intención del autor y la recepción del lector me parece imposible y, tal vez, empobrecedora.

–¿Es decir por lo tanto que la capacidad creativa del lector es ilimitada?
–Este debate tiene sus raíces en el libro de Michel de Certeau La Invención de lo cotidiano, y concretamente en el capítulo donde se refiere a la lectura como caza furtiva. En ese libro, Michel de Certeau no se interesa por perspectivas históricas o sociológicas, lo que enfatiza –en contraposición a la idea de la supuesta alienación que producen los medios de comunicación masivos– es la capacidad que tiene cada lector de cazar furtivamente en el territorio del otro, de construir para sí mismo un significado que difiere de las intenciones del texto. Su análisis permitió “sacar” al lector del texto y reivindicar (en contraposición a los modelos y enfoques estrictamente semióticos, estructuralistas y lingüísticos) que el significado no solo lo crea una maquinaria textual, sino más bien la relación entre esta maquinaria y las capacidades y habilidades de los lectores. Las apropiaciones singulares de los lectores deben estar siempre situadas en el conjunto de normas, intereses y prácticas que caracterizan las distintas maneras de leer, las distintas formas de relacionarse con la cultura escrita, las distintas percepciones y representaciones del mundo social que comparten individuos quienes tuvieron las mismas trayectorias y experiencias y que constituyen una misma comunidad de lectura. Esta perspectiva no diluye el significado de los textos o géneros en un sinnúmero de respuestas individuales carente de principio organizativo. Al contrario, intenta ubicar las preferencias y gestos de la lectura dentro de los códigos y costumbres que ha impuesto una identidad social. También intenta inscribir la construcción del significado en las limitaciones que se derivan de las formas materiales y textuales de la palabra escrita. En este sentido la lectura está ubicada en la tensión entre libertades restringidas y coacciones transgredidas.

–Antes para buscar un dato, había que ir a una biblioteca, buscar en ficheros, luego dentro del libro, hoy solo se hace con un metabuscador ¿La facilidad de la búsqueda en libros y en bibliotecas completas digitales en que condiciona la lectura?
–Encontrar rápidamente lo que se busca es una de las posibilidades nuevas del mundo digital. Lo que se pierde es el viaje. La lógica de lo impreso es una lógica de los lugares. Permite encontrar lo inesperado, lo desconocido. Es esta lógica la que rige los espacios de la librería, las estanterías de la biblioteca, las partes que componen la arquitectura del libro, los diferentes artículos o crónicas impresas sobre la misma página del diario. La percepción de esta diferencia fundamental puede o debe inspirar nuestras prácticas, que no pueden reducirse a la lectura frente a las pantallas, y nuestros comportamientos, que deben preservar el viaje en contra del algoritmo, la librería en contra de Amazon, la biblioteca en contra de la red, el objeto escrito en contra de su reproducción digital.
En una entrevista dada en 2019, Antonio de las Heras expresaba su preocupación por “la crisis de los lugares” suscitada por el nuevo mundo digital. El “encapsulamiento” de los individuos en el espacio digital hace correr el riesgo que se borren los cuerpos. Un año antes de la pandemia, hacia hincapié, de manera premonitoria, en la necesidad de recuperar los lugares y los objetos que encarnan la corporalidad, que hacen que los cuerpos puedan compartir en el mismo tiempo un mismo lugar. El reto era transformar la alfabetización digital, que se ha vuelto casi universal, en una verdadera cultura digital capaz de establecer una relación crítica con el ruido y la confusión producidos por una “sobreinformación” indomable, excesiva, incontrolable. Paradójicamente, la repuesta formulada por este sabio cuya imaginación en cuánto a las extraordinarias posibilidades del mundo digital fue sin límite, era enfatizar la necesidad de la presencia, de los cuerpos en nuestro mundo cada día más virtual. Como lo quería el léxico del Siglo de Oro, el libro impreso es uno de estos “cuerpos” que desaparecen en la reproductibilidad digital.

–La B del diccionario Chartier tiene a Borges, ¿cómo ve usted su figura en el universo de la cultura escrita?
–Borges escribe en un prólogo a Macbeth: “Art happens (el arte ocurre), declaró Whistler, pero la conciencia de que no acabaremos nunca de descifrar el misterio estético no se opone al examen de los hechos que lo hicieron posible”. Si Borges tiene razón, cada uno puede y debe participar en el examen de estos “hechos” que dan a ciertos textos, y no a todos, la fuerza del encantamiento. Sus ficciones han acompañado, en cada una de sus etapas, mi trabajo dedicado a la historia de la cultura escrita y, en particular, una de ellas: “El espejo y la máscara”.
Como en una modelización implacable, pero inspirada por la gracia, Borges hace variar aquí todos los elementos que rigen la escritura y la recepción de un mismo texto. Tres veces el poeta Ollan regresa ante su rey victorioso para ofrecerle una oda de alabanza. Y tres veces cambian la composición del auditorio (el pueblo, los doctos, el soberano solo), el modo de publicación del poema (leído en voz alta, recitado, salmodiado), la estética de su creación (imitación, invención, inspiración) y la relación entre las palabras y las cosas, entre los versos del poeta y las hazañas del rey, inscripta sucesivamente en el régimen de la representación, de la ekphrasis y de lo sagrado. Con el tercer poema, que consiste en un único verso, murmurado y misterioso, el poeta y su rey conocen la belleza. Deben expiar este favor prohibido a los hombres. El poeta había recibido un espejo por su primera oda, que reflejaba toda la literatura de Irlanda; luego una máscara para la segunda, que tenía la fuerza de la ilusión teatral. Con la daga, que es el último presente de su rey, se da muerte. En cuanto al soberano, éste se condena a errar por las tierras que antaño fueron las de su reino. Al invertir los papeles, Borges es el ciego que nos hace ver, en el fulgor poético de la fábula, que siempre las magias de la ficción dependen de las normas y de las prácticas de lo escrito que las habitan, se apoderan de ellas y las transmiten.

martes, 13 de septiembre de 2022

La RAE abandonó el franquismo: ahora sugiere y no condena

Mucha gente no lo sabe, pero los miembros de la Real Academia nunca están ociosos; vale decir, siempre están pensando boludeces, algunas de las cuales tiene sentido recordar para no pensar que son unos vagos de mierda (dicho esto con todo respeto). La siguiente nota, fechada el pasado 6 de septiembre, se refiere a una determinación tomada por la susodicha institución en 1994, incorporada a la Edición de Ortografía de la RAE en 2014, y proviene de un sitio de la televisión mexicana.

La RAE elimina la “ch” y “ll” del abecedario y define un sólo nombre para las letras ‘y’, ‘v’ y ‘w’

La Real Academia Española (RAE) excluyó del abecedario los signos “ch” y “ll”, pues no las considera letras, sino dígrafos, éstos son secuencias de dos letras que representa un sólo sonido; además, definió un sólo nombre para las letras ‘y’, ‘v’ y ‘w’.

Tras la de decisión de eliminar la “ch” y “ll”, el abecedario del español queda reducido a las 27 letras siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z. Por otro lado, la “rr”, que también es un dígrafo, nunca ha tenido la consideración de letra.

En una nota publicada en la página web oficial de la RAE, la eliminación de los dígrafos no quiere decir que desaparezcan del sistema gráfico del español; es decir, estos signos dobles seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras. Por ejemplo, en “chico” y “calle”.

Y afirmó que el español se asimila con estos cambios al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que sólo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque reconoce que en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.

La institución cultural dedicada a la regularización lingüística entre el mundo hispanohablante aseguró, en su nota, que al tratarse de combinaciones de dos letras, las palabras que comienzan por estos dígrafos o que los contienen “no se alfabetizan aparte, sino en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente”.

Y recuerdó que la decisión de adoptar el orden alfabético latino universal se tomó en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, y viene aplicándose desde entonces en todas las obras académicas.

La Real Academia Española también decidió definir sólo un nombre para algunas letras. Así, la “Y griega” se llamará “Ye”. En el caso de la “B”, se llamará “be” y la “V”, “uve”. Dejarán de usarse las expresiones “be alta”, “be larga”, “ve baja” y “ve corta”. Mientras que la “W”, se nominará “doble uve”.

En cuanto a la tilde, la RAE mencionó que dejará de usarse en la palabra “solo”, incluso en casos de posible ambigüedad, como “Voy solo al cine”, pero tampoco se condenará si alguien quiere usarla.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Una nueva iniciativa de Looren América Latina



Entre el 26 y el 28 de septiembre de 2022, tendrá lugar un foro internacional online de “Traducción expandida: activismo y prácticas de co-creación literaria”, organizado por Looren América Latina, con el apoyo de Pro Helvetia Sudamérica y del Coloquio Literario de Berlín, en la antesala del Festival Internacional de Literatura Filba.

El foro se plantea como un espacio de vinculación y debate que reunirá por primera vez a grupos literarios de América Latina, Suiza y Alemania para dialogar entre sí y con el público interesado sobre prácticas de activismo y el potencial transformador de los procesos de creación colectiva.

Los invitados son AJAR collectif littéraire (Suiza), Frank Ocean (Chile), Literatur für das, was passiert (Suiza/Alemania), Medusa (Argentina), Red de Creación Intercultural “Mingas de la Imagen” (Colombia, Panamá, Ecuador, Estados Unidos, Uruguay, México, Italia), Orden de traslado (Argentina), Pecora Loca (Brasil), Ruge el bosque (Latinoamérica), Snichimal Vayuchil (México), Sycorax (Brasil) y Villa of One’s Own (Alemania).

Contará con traducción simultánea dentro de la plataforma de Zoom y se transmitirá en vivo en español por el canal de Youtube de la Casa de Traductores Looren. La participación es gratuita, con inscripción previa. Los links para la inscripción por jornada se encuentran en el programa debajo de cada fecha.

Martina Fernández Polcuch (coordinación)
Catalina Labarca Rivas (producción)
Carla Imbrogno (coordinación Looren América Latina)

viernes, 9 de septiembre de 2022

Perla Ediciones hace su debut en Argentina

El pasado 2 de septiembre, Valeria Tentoni publicó, en el blog de Eterna Cadencia, una entrevista con la traductora Wendolín Perla, a propósito de la distribución de su sello en nuestro país. En la bajada se lee: “ ‘Yo no aspiro a que sea masivo, aspiro a que haya fidelidad. Y por eso se trata de que los libros conversen’. La editora mexicana, al frente de Perla Ediciones, comparte la historia de su sello, que llega a Sudamérica vía Big Sur con una catálogo maravilloso y milenario.”

“Lo más importante en un catálogo es que sea congruente”

De oficio traductora, la mexicana Wendolín Perla acababa de renunciar a un puesto en una editorial transnacional cuando le ofrecieron traducir Rey Mono, un clásico chino milenario del que jamás había oído hablar. Ella ya estaba traduciendo, por su cuenta, La hija del rey del país de los elfos, novela de Lord Dunsany, con la idea de ofrecerlo en algún sello, pero cuando se las vio a solas con la obra maestra de Wu Ch’êng-ên en versión de Arthur Waley lo supo: era hora de comenzar su propio catálogo y convertirse en editora.

Con estos dos títulos se abrió paso Ediciones Perla, que ahora alcanza estas tierras vía Big Sur. Es un sello con especial interés en el género fantástico, en la mitología, el folklore, la historia oral, las leyendas, los cuentos de hadas y el horror sobrenatural: "Todo cuanto derribe prejuicios y haga volar la imaginación". Edith Hamilton y sus relatos atemporales de dioses y héroes griegos, latinos y nórdicos, Robert Louis Stevenson presentado por Jorge Luis Borges o Alfred Hitchcock y los mejores relatos de crimen y suspenso, son sólo algunos de los títulos que allí se hacen lugar.

–¿Cómo comenzó la editorial?
–La historia de Perla Ediciones es simpática. Yo estuve durante quince años en Penguin y renuncié en agosto de 2018. No tenía idea de qué iba a hacer. Yo soy traductora y comencé a hacer mucho freelance y a aceptar trabajo de edición y asesoría. Y me puse a traducir un libro, La hija del rey del país de los elfos, porque lo adoro y estoy obsesionada con él, además a mí la fantasía me vuela los sesos. Ya tenía idea de a qué editor ofrecerle me compre la traducción. Mientras estaba en eso, me encomendaron la traducción del Rey Mono, que yo no conocía. Andrés Ramírez, en Penguin, me dijo que había un libro muy importante para él y para su padre, José Agustín, y para mí su propuesta fue un honor. En un punto estuve trabajando en la traducción de ambos libros a la vez, y eso me voló los sesos. Me encariñé demasiado con el Rey Mono y me pregunté: ¿por qué no lo saco yo? Con qué recursos: creo. Con qué infraestructura: ninguna. ¿Cómo? No sabía. Pero sabía que tenía que publicar esos libros. Sobre la marcha me asocié financieramente con dos amigas y montamos la editorial. Yo tengo un trabajo de tiempo completo, sigo traduciendo y además estoy en la editorial. Es bastante heavy, pero en Penguin trabajaba el triple y no me daba la satisfacción ni la alegría.

–¿Y cómo llegaste a Penguin?¿Cómo llegaste al mundo editorial?
–Como secretaria. Yo estudié periodismo. De niña tenía la fijación con Alfaguara, porque es de lo que abrevas mientras te vas formando. Fui a tocar las puertas de Alfaguara para que me dejaran hacer allí mis prácticas y estuve un año trabajando como practicante en el departamento de prensa. Yo siempre supe que quería ser editora, y allí no había espacio para mí, sólo me podía quedar en prensa después. Se abrió una vacante como secretaria del director editorial de Penguin, que en aquel entonces se llamaba Random House Mondadori. Me pagaban muy poco, pero yo me decía que era el precio que tenía que pagar por aprender y crecer. Y mi jefe muy pronto me permitió crecer, y cuando renuncié era la directora literaria de Bolsillo, Lumen, Grijalbo, Ediciones B, de una parte de Santillana. Llevaba ya muchos libros cuando yo renuncié, después de unos catorce años.

–¿Cómo supiste que querías ser editora?
–Yo no fui una niña lectora y no crecí rodeada de libros. Nunca hubo libros en mi casa. Yo ya tenía unos dieciséis años cuando tuve esta epifanía, y cayeron en mis manos los cuentos de Edgar Allan Poe en la traducción de Julio Cortázar. No podía concebir que hubiese alguien en el mundo que prefiriese hacer cualquier otra cosa en vez de leer eso. Ese fue el momento. Estudié periodismo porque era la carrera en la que más iba a poder leer entre todas las que podía elegir con beca. Solamente quería leer y leer, porque a mí me interesan los libros de los otros, no es que yo escriba nada ni aspire a hacerlo. Finalmente hice una maestría en Cracovia. Hice una tesis sobre la ley del precio fijo y los mecanismos gubernamentales para apoyar a la edición.

–El catálogo de Perla es particularísimo y muy sólido en su búsqueda, hace sistema, e imagino eso permite que los libros se acompañen entre sí y se puedan publicar libros tan raros, ¿no?
–Lo más importante en un catálogo es que sea congruente. Yo no aspiro a que sea masivo, aspiro a que haya fidelidad. Y por eso se trata de que los libros conversen, que exista esta alquimia del catálogo, como decía Calasso. Nos pasa mucho que la gente llega por un libro y luego vuelve a las librerías a buscar lo nuevo de Perla, vuelven a completar su colección. Para mí, una de las grandes satisfacciones de este proyecto es que muy pronto ha logrado lo que toma muchísimo tiempo: que el lector que se familiariza con uno o dos libros de pronto llega a la librería y cree en la legitimidad del sello, lo busca. Que el catálogo sea lo suficientemente sólido como para que el lector confíe en nosotros a ciegas, aunque no conozca al autor, cuantimás hablando de autores muertos. Esto no es coyuntural, esto no es noticia para nadie, nunca. La verdades que muchos de los libros son obsesiones mías, como siempre pasa, y puedo hablar de tres pilares que a mí me convirtieron en este tipo de lectora: por principio, lo que más me apasiona de la fantasía y de todo cuanto se cobija a la sombra de lo sobrenatural y de lo que es mágico es esa capacidad que tiene este dispositivo donde desde la fantasía logras desarticular y criticar la realidad. Ciencia ficción en el fondo es... El realismo no alcanza para estas cosas. Pero quien a mí me enseñó a amar la fantasía, en primer lugar, fue la labor como crítico y ensayista de Borges, con su biblioteca personal pero, sobre todo, la Biblioteca de Babel. He pagado millones por esos ejemplares, los busco por todas partes. Y luego la labor de Lovecraft como crítico, porque a mí como autor no me encanta pero el horror sobrenatural en la literatura y el ojo que tenía para hablar de estos autores, él me los descubrió y él puso el dedo en la llaga y llamó mi atención con Dunsany. Y el otro es un contemporáneo mexicano, Guillermo del Toro, que prologó la colección Penguin Horror Clasics, hace una selección de siete libros clásicos del terror, un recorrido sobre su percepción del horror, los libros que le cambiaron la vida. Todo este combo me influyó, estas tres fuentes que yo, de forma azarosa, consumí. Hay más... Hoy me encantaría publicar a Mariana Enriquez, o a Angélica Gorodischer, pero hay muchas figuras femeninas hoy que digo wow, sería increíble.

–Hay una apuesta fuerte por la imaginación.
–Sí. No todo es fantasía en el catálogo, es todo cuanto haga volar la imaginación, todo cuanto rete las posibilidades de lo que concibes como posible. Todo aquello que cambie el paradigma de la cotidianidad, que te ponga contra la pared y que te fuerce a hacerte cuestionamientos. No que sea pretencioso, pero sí que plantee interrogantes, sí que te fuerce a un ejercicio crítico incluso de tu propia vida. ¿Esto es lo que quiero para mi vida? ¿Así es como quiero vivir? Y estas reflexiones que funcionan como epifanías, para mí siempre han venido de los libros. También me encanta el goce de la lectura, el puro goce, como con los cuentos de Hitchcock. El placer hedonista por el puro placer, y que ese placer venga de los libros me parece alucinante.

–Un libro como Rey Mono es un clásico popular chino, muy sofisticado pero un libro muy muy leído. ¿Cómo te parás frente a lo popular?
–Yo odio el snobismo. Aspiro a crear con Perla Ediciones una invitación a la lectura sobre todo para quien no se ha dado nunca la oportunidad de leer. Yo quiero que mis libros los veas y te den ganas de levantarlos, que llamen la atención, que la gente se de la oportunidad de experimentar la felicidad que deriva de una lectura. Por eso trabajamos las portadas tan vistosas. Queremos que les llamen la atención. Es un catálogo que, en términos generales, es una invitación a leer. Yo digo que hay dos tipos de lectores de nuestra editorial: los avezados, los que conocen estos nombres pero nunca los habían leído, nunca habían encontrado una traducción; y la otra parte son todos los lectores que o ya son lectores y no han incursionado en el género fantástico o aquellas que quieren ser lectoras. Y como yo fui una lectora de verdad muy tardía, estoy segura de que se puede agarrar el hábito de la lectura a la edad y en el momento en que uno lo decida. Basta con que el libro adecuado caiga en tus manos.

jueves, 8 de septiembre de 2022

¡Ay! ¡La RAE siempre educando al soberano!


Si uno hiciera una historia de la estupidez, no cabrían todas las respuestas de la RAE a preguntas igualmente idiotas que, hay que decirlo, exigen mucho de la imaginación. Aquí va otra, según el curioso artículo publicado por InfoBAE el 6 de septiembre pasado.

¿Qué hora es? o ¿qué horas son?: RAE indica cómo se debe preguntar

 Preguntar la hora es una de las situaciones más comunes en las calles, en el trabajo, en el hogar o en el centro de estudios. Aunque la puntualidad no es una cualidad general del peruano, estar atento a la hora exacta del día siempre está presente y la pregunta sale hasta de forma inconsciente. Sin embargo, ¿cuál es la forma correcta de preguntar por la hora?

 

Es muy común escuchar dos formas de preguntar en este contexto: “¿Qué hora es? y “¿Qué horas son?”, aunque la forma recomendada de expresarse, por la Real Academia Española, es la primera. Además, es la que debes usar en el lenguaje escrito y en los contextos que requieran un léxico culto y profesional, como en las reuniones con tu jefe, trabajos universitarios o escolares, conferencias o redacciones, etc.

 

Por otra lado, la forma de preguntar “¿Qué horas son?” es admisible, pero no recomendable. RAE indica que se da con cierta frecuencia en algunos países de América Latina, especialmente en el nivel popular. Esto quiere decir que se acepta en contextos informales, como en una conversación con los amigos, en los que no necesariamente usas tu mejor vocabulario. Sin embargo, no es aconsejable. Esta forma se debe evitar el lenguaje escrito y en las situaciones que exijan tu mejor comportamiento.

 

¿Cómo se responde cuando te preguntan la hora del día?

Si bien la forma correcta de preguntar la hora es “¿Qué hora es?”, en singular, la respuesta a esta pregunta casi siempre irá en plural. De acuerdo al diccionario de la RAE, la única excepción en la cual debemos responder en singular es cuando el reloj da la 1:00 (madrugada o tarde).


Ejemplos:

Respuesta plural

- ¿Qué hora es? Son las cuatro y veintidós de la tarde.


Respuesta singular

- ¿Qué hora es? Es la una y media de la madrugada

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Literatura infantil latinoamericana en inglés

Yael Bernstein, fundadora de Tapioca Stories

“La ‘rica literatura’ infantil que se produce en toda Latinoamérica es casi desconocida en Estados Unidos, y por ello una editorial neoyorquina quiere darla a conocer traducida del español y el portugués al inglés, pero respetando las ilustraciones originales.” Eso dice la bajada de la nota publicada sin firma en el sitio de la radio HJCK, de Colombia, el pasado 3 de agosto.

Editorial trae a EEUU la rica literatura latina infantil traducida al inglés

Su objetivo: mostrar la diversidad al tiempo que los puntos en común entre las personas. La editorial Tapioca Stories ya ha publicado cinco libros desde 2002, que han sido distribuidos a librerías a través del país, comentó a Efe su fundadora, Yael Bernstein, que nació en Chile, creció en Brasil y estudió en Israel, donde conoció a su esposo argentino.

“Siempre he estado fascinada por los libros ilustrados”, afirma a Efe Bernstein, quien con un doctorado en Matemáticas Aplicadas trabajaba como científica en un laboratorio de genética, pero acabó dejando ese empleo para seguir su pasión: la literatura.

Bernstein apunta que todo comenzó cuando quiso comprar libros en español para leerle a sus hijos o hacer un regalo pero se encontró con que “hay muy poco” de Latinoamérica a pesar de que “es una literatura muy rica” desde hace mucho tiempo y actualmente hay “abundancia” de libros infantiles de calidad.

Ella y su esposo compraban entonces libros en inglés que traducían simultáneamente al portugués y al español cuando los leían a sus hijos.

“Me di cuenta de que todos esos libros (en español) que creía estaban acá (en EE.UU.) porque son clásicos, que todos conocían en Latinoamérica, no lo estaban y comencé a investigar por qué, mientras seguía trabajando en el laboratorio de genética, pero pensando en eso”, comentó.

Su interés llevó a Bernstein a una feria de libros organizada por la American Booksellers Association en Nueva York, donde asistió a charlas en las que aprendió cómo entrar a un mundo que le fascinaba pero hasta entonces desconocía y a hacer contacto con editoriales en Latinoamérica.

Poco tiempo después, en 2019, dejó su trabajo y fundó Tapioca, nombre que surge por la nostalgia de Bernstein de su infancia en un país tropical y los alimentos que en Brasil se preparan con tapioca, en otros lugares llamada yuca o mandioca.

Aunque no tenía experiencia en publicaciones, Bernstein contó con el asesoramiento de su amigo Uriel Kon, editor de Nine Lives Press en Tel Aviv.

“Fundé la compañía para traer esos libros con sabor latinoamericano. Son historias universales con las que cualquiera se puede identificar pero tienen un tono distinto, esos pequeños matices de la manera en cómo nos comunicamos, el humor es distinto”, comenta con entusiasmo Bernstein, que cuenta con Baker & Taylor para distribuir los libros en EE.UU. y Canadá.

Tapioca ya ha traducido y publicado libros para niños de autores premiados: El ascensor (The Elevator), de la argentina Yael Frankel, y El invisible (The Invisible), de los brasileños Alcides Villaça y Andrés Sandoval.

También AaaHHH!, del brasileño Guilherme Karsten; La playa (The Beach), de la arquitecta e ilustradora chilena Sol Undurraga, y Nadadores (Swimmers), de la también chilena María José Ferrada.

De Ferrada, autora que en junio pasado recibió el Premio Cervantes Chico Iberoamericano, publicará además este año Mi vecindario (My Neighborhood).

Los libros infantiles, que son cortos y cuentan con detalles de la cultura del autor, son elegidos por Bernstein y dice que los lee primero a sus propios hijos para saber su reacción.

En estos libros traducidos se destacan las ilustraciones con que fueron publicados originalmente en español.

“Creemos que exponer a los niños a nuevas perspectivas desde el principio puede alentarlos a convertirse en adultos más empáticos, perceptivos y reflexivos”, indica Tapioca Stories en su página, en la que señala además que los libros que eligen “intensifican las emociones, fomentan la curiosidad y hacen volar la imaginación de los niños”.