martes, 15 de agosto de 2023

Hablan cuatro traductores literarios

El pasado 11 de agosto, en el diario barcelonés La Vanguardia, Alex García publicó una nota con la argentina Celia Filipetto y a los españoles Rosa Martínez Alfaro, Joaquín Fernández-Valdés y Victoria Alonso, quienes hablan de sus recientes desafíos.

Artífices de una nueva vida literaria

Reescriben, recrean obras de arte en un idioma nuevo, interpretan, transmiten el sentimiento y la musicalidad de los originales. Lo hacen con un gran conocimiento, con algo de imaginación, otro poco de intuición, bastante sabiduría y mucha sensibilidad. Son los traductores literarios, artífices de nuevas vidas para los libros y el conducto para que la literatura pueda traspasar barreras idiomáticas y llegar a casi todos los rincones del mundo.

Joaquín Fernández-Valdés, Celia Filipetto, Victoria Alonso y Rosa Martínez-Alfaro son cuatro de los traductores al español más prestigiosos. Tiene en común un amor por las letras y las lenguas que les viene de muy lejos. Fernández-Valdés tenía claro desde que empezó sus estudios de Filología Eslava que “quería traducir a los grandes escritores de la literatura rusa”. “Por algún motivo el imaginario literario ruso me resultaba muy cercano y mi sueño era trasladar ese mundo a mi idioma”, explica a La Vanguardia .

Ahora, ese sueño se ha cumplido aunque con grandes dosis de esfuerzo y tiempo. León Tolstói tardó seis años en escribir Guerra y Paz. Fernández-Valdés ha dedicado “cuatro años de trabajo incesante” a traducirla al español para la editorial Alba. “Es una obra que plantea grandes dificultades: por la extensión, 1.700 páginas, por la ingente cantidad de personajes, más de 550, y de escenarios.

Y por el estilo de Tolstói que contiene gran variedad de registros lingüísticos, desde el ruso afrancesado de la nobleza hasta el lenguaje críptico y lleno de proverbios del pueblo, la abundancia de vocabulario específico de la Europa del siglo XIX (armamento, grados militares, uniformes...), y por todo el plano histórico y filosófico, que constituye una parte fundamental de la novela”, explica Fernández-Valdés, que domina cuatro idiomas, y que también está orgulloso de trabajos como la traducción de El pájaro de fuego y otros cuentos rusos de Aleksandr Afánasiev (Libros del Zorro Rojo).

Precariedad e Inteligencia Artificial
La traducción literaria es muy vocacional, pero como cualquier oficio, aunque se ejerza con deleite, tiene también sus dificultades. Estos profesionales afrontan el problema de la precariedad económica al que ahora se ha sumado la amenaza de la Inteligencia Artificial (IA). “Tengo la sensación de que nos encargan trajes de Armani a precios de Zara”, señala Filipetto y es que “tal y como están las tarifas, estancadas desde 2008, es imposible vivir exclusivamente de la traducción de libros. Llevamos cobrando lo mismo desde hace ¡15 años!”, lamenta Alonso. Son algo más optimistas respecto a la IA porque aún no es capaz de “transmitir emociones, sutilezas y connotaciones culturales como nosotros”, indica Martínez-Alfaro y porque “hay un plano imaginativo, intuitivo y vital, incluso cierta imperfección humana, que una máquina no podrá producir hasta que no tenga alma”, concluye Fernández-Valdés.

Cuando aún estaba en secundaria, Celia Filipetto ya empezó a traducir. Domina castellano, catalán, inglés, italiano y el dialecto véneto de sus padres. Arrancó con textos de “todo tipo” para diversas empresas y una “evolución natural” le llevó al sector editorial. Fueron los cuentos de Dorothy Parker, que tradujo para la desaparecida editorial Versal, los que le abrieron la puerta. Ahora, gracias al trabajo de Filipetto los libros súper ventas de Elena Ferrante, que edita Lumen, han llegado a los lectores españoles.

“Le debo mucho a Ferrante. He conocido a otros traductores de esta autora y coincidimos en que al no estar ella presente, los traductores hemos obtenido un mayor protagonismo. La prosa de Ferrante está al servicio de contar la historia, incluso en detrimento de la belleza de la frase, lo importante es que no da tregua al lector para que siga leyendo. Es uno de los rasgos que procuré mantener en la traducción”, señala Filipetto.

Victoria Alonso fue siempre una gran lectora y en la adolescencia tuvo un flechazo con la lengua inglesa lo que le llevó al inevitable camino de la traducción. Dice Alonso que “chapurrea unos cuantos idiomas” y domina el inglés y el castellano lo que la ha convertido en la traductora de estrellas de la literatura como Arthur Miller o Margaret Atwood.

La escritora canadiense “es una narradora con un humor endiablado y un estilo ágil, muy rico léxicamente, que combina cultismos y coloquialismos a partes iguales”, dice Alonso, para quien “reflejar su ritmo y su ironía con naturalidad obliga a ir por la calle y por la lectura aguzando mucho la vista y el oído para captar esos giros y expresiones más cercanos a la oralidad que a lo escrito”.

Miller es harina de otro costal, porque “traducir a los clásicos siempre conlleva cierto temor al aparato crítico y académico” y porque “las acotaciones teatrales no siempre aclaran sus tonos y sus silencios lo que obliga a dar más rienda suelta a la libre interpretación, que a veces es fuente de inseguridad”.

Sostiene Rosa Martínez Alfaro que “un traductor debe tener un buen conocimiento de la lengua que traduce y de la de llegada, muchas vivencias y emociones que solo se sienten si se experimentan”. Ella, que domina castellano, catalán, portugués y francés, ha vivido en Mozambique y traduce al angoleño José Eduardo Agualusa y al mozambiqueño Mia Couto con sobrado conocimiento sobre África.

Pero pese a ese saber también se enfrenta a retos porque “intentar reflejar un mundo geográfica y culturalmente lejano requiere la domesticación del texto pero sin borrar su especificidad” y porque hay que intentar “no caer en laexotización , evitando escribir términos como ‘poblado’ o ‘tribu’”.

“La traducción de la obra de Mia Couto precisa de un enfoque cuidadoso, una sensibilidad cultural y una creatividad lingüística para capturar la esencia poética, las sutilezas y la riqueza cultural de sus obras”, señala. Y agrega que el desafío de la literatura de Agualusa pasa por “el humor y los juegos de palabras que a menudo dependen de la sonoridad, el doble sentido y las asociaciones culturales específicas”.

lunes, 14 de agosto de 2023

"Un equilibrio paradójico respira detrás de toda hoja en blanco"

Rafael Spregelburd, dramaturgo, director teatral, actor y traductor, escribe, en su columna del diario Perfil, de Buenos Aires, del pasado 11 de agosto, una reflexión sobre la máquina de escribir. Lo hace, luego de haber participado en una mesa, convocada por la editorial Ampersand, a propósito de su reciente libro El siglo de la máquina de escribir, firmado por Martin Lyons.

Máquinas de escribir

De un tiempo a esta parte, las alarmas acerca de todo lo que las inteligencias artificiales le harán o no al mundo del trabajo humano, y al humano en general, no paran de sonar. No puedo dejar de imaginar lo que habrán sido los albores de la revolución industrial, donde máquinas malignas y vaporosas iban a dejar sin empleo a millones de tejedoras y ensambladores de autos. Y aquí estamos, muchas décadas después, dejando alegremente algunos de esos laburos de mierda a máquinas sin sindicatos y tratando de usar el capital humano en algo que sea menos fatigoso, menos cruel o simplemente más creativo.

Hace unos días, Diego Erlan, en nombre de la editorial Ampersand, me invitó a reunirme con Mercedes Halfon y Laura Wittner para presentar en dispar trío el libro El siglo de la máquina de escribir. Es una audacia rigurosa del australiano Martyn Lyons, en la traducción de Sofía Odello, que reseña la relación del hombre (la mujer) con la máquina que escribe. Un tecnología mínima para ritualizar un acto máximo.

Pese a la diversidad de escrituras que nos convocó (periodismo, crítica, ensayo, poesía, traducción, dramaturgia, guion) los tres coincidimos involuntaria y profundamente en rendirnos ante la evidencia de que la vieja máquina de escribir fue un eslabón entrañable en la rara cadena de eventos que en cada una de nuestras biografías nos condujeron a la escritura.

Lo fascinante –creo ahora– fue ir descubriendo (confesando) que siempre parece haber una parte en el acto de la escritura que es fuertemente maquínica. Mis primeros textos a máquina datan de cuando tenía tres o cuatro años. De todas las máquinas de la casa era evidente que esta era capaz de una magia que las otras no. La escritura a máquina legalizaba las más frágiles cosas de la niñez y las establecía en letras de molde rojas o negras que escondían provisoriamente que el autor podía ser un niño. Unificaban en un formato globalizado unas condiciones mínimas de presentación de lo pensado, de lo escrito, que hacía aparecer a la cursiva como una serpiente amateur no preparada para sobrevivir en el mundo de las letras. Una ilusión poderosa, duradera, que me obligaba a pasar laboriosamente mis poesías y cositas al molde de la máquina y, después, a imaginarlas directamente allí. ¡Con qué inocencia sucumbí sin tapujos a los caprichos del robot aquel!

Por ejemplo, si un texto iba a necesitar una hoja adicional porque me sobraba una línea, hacía lo posible por no dejar viudas y huérfanas, recortando lo pensado para encajar en los moldes de un espacio que no era el del pensamiento sino el de la hoja, el de los márgenes. Esa búsqueda infantil del equilibrio en el espacio diseñado por la máquina persiste en mí. En todos. Un equilibrio paradójico respira detrás de toda hoja en blanco; se puede romper, es claro, pero eso se nota. Tanto como lo escrito.

Estaba también el sonido; cada tecla, una suave afirmación o un martillazo. El ruido a máquina obligaba al pensamiento a adecuarse a una música sin notas. Un código secreto, una performance que ocurre en el momento de la escritura. La máquina eléctrica eliminó esa ilusión: no traspasaba el impulso y la fuerza (incluyendo la dolorosa “a”, hecha con el débil meñique izquierdo) como una singularidad, sino que las unificaba aun más en un pulso regular, limando todo exabrupto, lo mismo que la computadora. La máquina eléctrica fue solo un eslabón perdido, un invento provisorio destinado a desaparecer en menos de dos lustros.

De estos asuntos habla Martyn Lyons en este rescate de las historias de amor de algunos escritores como Mark Twain, Henry James, Jack Kerouac o Agatha Christie y sus máquinas de escribir. Objetos personales que se trasladaban como muebles en aviones, trenes o barcos a expensas de otros equipajes. Era como viajar portando un piano; una extraña dependencia de la máquina para poder escribir lo humano.

Entiendo que hay máquinas y máquinas. La diferencia puede estar en el paso de lo analógico a lo digital, que a veces es difícil de definir, de conjeturar. Lo mismo pienso de las inteligencias artificiales, que hasta ahora solo han servido para que Leo Maslíah haga unos videos hilarantes en los que habla con ellas, haciendo uso de toda su razón, hasta dejarlas mudas.

Despiértenme cuando se invente una inteligencia artificial que sea analógica y no digital.

Acá espero.

viernes, 11 de agosto de 2023

La Editorial Municipal de Rosario, Beatriz Viterbo y Homo Sapiens: tres editoriales rosarinas



Como es de dominio público, en estos días está transcurriendo la Feria Internacional del Libro de Rosario. En ese contexto, el periodista marplatense Carlos Daniel Aletto, realizó la siguiente nota con tres referentes de las editoriales rosarinas. La nota fue subida el pasado 9 de agosto al portal de la Agencia Telam. En su bajada se lee: "Los editores Oscar Taborda, de la Editorial Municipal de Rosario; Carolina Rolle, de Beatriz Viterbo; y José "Perico" Pérez, de Homo Sapiens, compartieron con Télam la pasión por producir contenido literario y su compromiso con la promoción cultural."

Editores de Rosario comparten sus desafíos y logros

En la Feria Internacional del Libro de Rosario se puede ver por estos días el esfuerzo de los editores de la ciudad por seguir en la superficie de un mercado difícil, en el que sellos locales como Homo Sapiens, Beatriz Viterbo y la Editorial Municipal son solo ejemplos visibles de esta labor en el mundo de la cultura rosarina.

Los editores Oscar Taborda, de la Editorial Municipal de Rosario; Carolina Rolle, de Beatriz Viterbo; y José "Perico" Pérez, de Homo Sapiens, compartieron con Télam la pasión por producir contenido literario y su compromiso con la promoción cultural, más allá de trayectorias y enfoques, muy diversos entre sí.

"Siempre he considerado que tener una editorial, en este caso en Rosario -nuestro caso, siendo miembro de la Cámara Argentina del Libro desde hace muchos años- presenta desafíos y oportunidades similares -señala Pérez-, en referencia a "la exhibición en librerías" y "la distribución" desde un centro editor que no es el hegemónico.

"El problema de la distribución se agrava por los costos de flete -indica Pérez-. Desde Buenos Aires el flete a cualquier parte del país es más asequible y versátil que desde Rosario, a menudo debemos hacer el trayecto Rosario-Buenos Aires antes de enviar los libros a su destino final, lo que encarece el proceso".

Esa realidad común resuena en la Editorial Municipal de Rosario, creada para contribuir con la promoción, difusión y circulación de la producción literaria local y regional, un sello que "hubiera sido solo una declaración de buenas intenciones si no fuera por la intervención de la Secretaría de Cultura", la cual "proporcionó los recursos y equipos necesarios para operar de manera adecuada a lo largo del tiempo", dice Taborda.

Entre las mayores dificultades a las que hoy se enfrenta el campo editorial, están "el costo del papel, la obtención de insumos y la distribución", amplía el editor del sello que funciona mayoritariamente a través de concursos y convocatorias públicas para dar forma a sus catálogos de poesía, narrativa, literatura infantil, fotografía e historieta.

Esos catálogos guardan como seña identitaria, asimismo, cuidadas antologías y libros que funcionan como rescates de autores que forman la memoria literaria de la ciudad, entre otras y otros Irma Peirano, Beatriz Vallejos, María Teresa Gramuglio, Aldo Oliva, Roger Pla, Adolfo Prieto, Francisco Gandolfo, Arturo Fruttero y Facundo Marull.

Proyectos como la Editorial Municipal de Rosario, que ya superó los 400 títulos y en la Feria del Libro de Rosario se presenta además como Librería Municipal, suman a sus desafíos particularidades como "ser una institución estatal", agrega Taborda: el sello "ha logrado mantenerse gracias a la consistencia de diferentes administraciones municipales, convencidas de que la existencia de esta editorial es fundamental en la política cultural del Estado".

A los desafíos compartidos por fuera de la centralidad porteña del mercado editorial se refirió Rolle, editora de Beatriz Viterbo, legendario sello rosarino fundado en 1991 por las estudiantes de Letras Adriana Astutti, Marcela Zanin y Sandra Contreras, enfocadas en estudios culturales y críticos latinoamericanos y pioneras en estudios de género a partir de autores como Nora Domínguez.

"Aunque imprimimos en Buenos Aires, nuestra edición y producción de conocimiento ocurre desde Rosario -subraya Rolle-: sostenemos esta editorial hace 32 años impulsadas por la producción de contenido, la edición y la corrección en diálogo constante con nuestras y nuestros autores, estableciendo lazos afectivos sólidos y sostenidas por la participación en ferias así como por la distribución".

Ocurre que muchas publicaciones de la editorial Beatriz Viterbo llegan a las bibliotecas universitarias de Estados Unidos y Europa, debido a que "muchos de sus títulos forman parte de las currículas de literatura hispanoamericana", con autores como Gabriel Giorgi y Daniel Balderston.

Al tiempo que Waldhuter distribuye sus títulos por toda la Argentina, en tanto que el propio sello es el que hace llegar sus títulos a Chile, México, Ecuador, Uruguay, España y Alemania.

Pérez insiste con que "el desafío primordial para una editorial radicada en Rosario es asegurar una visibilidad adecuada. Gracias a la disposición de nuestras obras en mesas que exhiben una amplia gama de títulos logramos ventas significativas. En ocasiones, el sello Homo Sapiens se ubica en el cuarto o quinto puesto de ventas", detrás de grandes conglomerados, como "Random House y Planeta", destaca.

Esa visibilidad trasciende las librerías. Las ferias son otro punto estratégico de exhibición. Tanto en la Feria del Libro de Buenos Aires como en la de Rosario, por ejemplo, Viterbo forma parte de "Los Siete Logos", un stand colectivo de sellos independientes que ya es un clásico en ese encuentro internacional, uno de los mayores de Latinoamérica, y en el evento regional rosarino.

Es en ese contexto que el stand en la Feria del Libro de Rosario de Homo Sapiens -sello dedicado a la educación que tiene una fuerte presencia en hispanoamérica- cuenta con un espacio destacado llamado "Autores rosarinos".

"El proceso de edición y producción de un libro implica un trabajo en equipo que involucra a escritores, editores, diseñadores y otros profesionales. La relación entre la editorial y los autores es fundamental para garantizar la calidad del contenido y su relevancia para el público", apunta Pérez.

A lo largo de 43 años, Homo sapiens dejó una huella significativa en el mundo editorial Latinoamericano, con su enfoque de la formación docente, de la literatura infantil y juvenil y de las ciencias sociales. Su historia se remonta a sus inicios como libreros en Rosario cuando, con una profunda pasión por la literatura y la educación, decidieron expandir su influencia mediante la creación de una editorial. Una decisión que fue un hito, porque pasaron de ser vendedores de libros a ser creadores y promotores de contenido educativo y literario.

Reconociendo la importancia de los educadores en la sociedad, "la editorial desarrolló materiales didácticos y recursos pedagógicos para apoyar a los profesores en su labor, materiales innovadores que abordan las necesidades cambiantes del entorno educativo", marcados por los avances tecnológicos" explica Pérez, para quien, "si bien la tecnología ofrece nuevas oportunidades, la experiencia de leer un libro físico sigue siendo única y significativa, la sensación táctil y la conexión emocional que puede generar siguen siendo aspectos importantes para los lectores".

Comprimida por las elecciones del domingo próximo, la Feria del libro de Rosario terminará este sábado. Mientras tanto, en los stands, en los auditorios y en los pasillos, los visitantes y compradores provocan la ilusión de que la literatura vive en Rosario.

jueves, 10 de agosto de 2023

El tipo de noticia que le podría interesar a Macri si supiera leer

Con un título sensacionalista que no impresiona a nadie, pero que resulta especialmente efectista, El País, de Madrid, publicó una nota de María Antonia Sánchez-Vallejo, donde se habla de una transacción comercial. La bajada añade una historia que ya no interesa: "La operación se produce después de que la justicia bloquease la fusión con Penguin Random House para impedir un monopolio".

Cataclismo en el sector editorial: Paramount vende la centenaria editorial Simon & Schuster por US$1620 millones

Cataclismo en el sector editorial estadounidense. KKR & Co, un fondo de inversión y capital riesgo, comprará Simon & Schuster, la rama editorial de Paramount Global, por 1.620 millones de dólares en efectivo. Tras el cierre de la adquisición, la empresa funcionará como un negocio independiente y su consejero delegado, Jonathan Karp, continuará en el cargo, según ha informado Paramount este lunes. La operación está sujeta a la aprobación de los organismos reguladores.

La empresa de medios de comunicación y entretenimiento controlada por la familia Redstone planea utilizar los ingresos de la venta para amortizar la millonaria deuda del grupo mientras pilota una transición desde las redes de televisión tradicionales como CBS y MTV a las online, como su servicio de streaming Paramount+.

También estaban interesados en comprar Simon & Schuster HarperCollins, perteneciente al grupo de medios de Rupert Murdoch News Corporation, y el inversor Richard Hurowitz, respaldado por un fondo de inversión de Abu Dabi. Simon & Schuster es una de las cinco grandes editoriales neoyorquinas, junto con Penguin Random House de Bertelsmann, HarperCollins Publishing, Hachette Book Group y Macmillan.

La venta de Simon & Schuster no es solo una operación comercial multimillonaria; es un símbolo que cambia de manos. Empresa centenaria, publica la obra de autores como el superventas Stephen King o el periodista del caso Watergate Bob Woodward, entre unos 2.000 títulos al año. Paramount firmó en noviembre de 2020 un acuerdo por 2.180 millones de dólares para vender la empresa a la división Penguin Random House de Bertelsmann, lo que habría convertido la compañía resultante en el grupo editorial más potente de EE UU. Pero el Departamento de Justicia bloqueó la venta en virtud de la legislación antimonopolio (la Administración del presidente Joe Biden ha adoptado una línea dura en la defensa de la competencia, a diferencia de otros Gobiernos anteriores). Después de un juicio de tres semanas el verano pasado, en el que el propio King declaró en contra de la fusión, la juez de distrito Florence Pan falló en octubre a favor del Gobierno y tumbó la fusión al considerar que el Departamento de Justicia había presentado “un caso convincente que pronostica un daño sustancial a la competencia”. Bertelsmann aceptó pagar 200 millones de dólares por la ruptura del contrato.

En un sector maniatado por el gigante de la distribución Amazon, y donde escasean las historias de éxito -sólo cabe reseñar la formidable expansión de la cadena de librerías Barnes & Nobles-, la venta de Simon & Schuster ha sido acogida con cautela, tanto por el temor a la pérdida del capital cultural que atesora como por la lejanía del mundo de la cultura de su nuevo propietario. El acuerdo con KKR fue adelantado este domingo por algunos medios locales.

“Estamos encantados de haber llegado a un acuerdo sobre una transacción que devuelve un excelente valor a nuestros accionistas al tiempo que posiciona a Simon & Schuster con KKR para su próxima fase de crecimiento”, ha comentado Bob Kakish, consejero delegado de Paramount, en un comunicado.

Jonathan Karp, responsable de la editorial, señaló en el mismo mismo comunicado que “con el apoyo de KKR, esperamos colaborar en nuevas estrategias que mejorarán nuestra capacidad de ofrecer a los lectores una amplia variedad de libros y ofrecer a los autores la mejor publicación que se merecen”. Karp señaló “la profundidad del interés de KKR en nuestro negocio y su compromiso de ayudarnos a crecer, prosperar y convertirnos en una empresa aún más fuerte”.

Simon & Schuster celebrará el año próximo su centenario. La empresa, fundada por Richard Simon y Max Schuster, ha cambiado de propietario varias veces desde que Gulf+Western la compró en 1975.


miércoles, 9 de agosto de 2023

"Libros chinos, libreros argentinos": charla de hoy, en el Centro Cultural Paco Urondo

"Una publicación especial de la revista DangDai presenta a varios autores de la provincia de Yunnan, la mayoría desconocidos para los lectores argentinos. Guillermo Bravo, creador de la primera librería sobre literatura latinoamericana en China, y Juan Manuel Grande, de la librería La Oriental, debatirán sobre libros y vinculos culturales entre ambos países." Eso dice la bajada de la nota publicada sin firma, el pasado 7 de agosto, por la agencia TELAM.

China y Argentina entrelazan sus literaturas en una publicación especial

La relación literaria entre China y Argentina tiene un nuevo capítulo con la presentación de un número especial que dedica la revista DangDai a escritores chinos, a partir de un conversatorio con especialistas sobre el tema que se realizará en el Centro Cultural Paco Urondo este miércoles con la presencia del escritor y editor Guillermo Bravo y Juan Manuel Grande, quienes serán entrevistados por Chenxi Luo, de la Universidad del Suroeste de China.

"Libros chinos, libreros argentinos" en el hombre de la mesa que se presentará el miércoles a las 18.30 en el Centro Cultural Paco Urondo (25 de Mayo 201, CABA), con entrada gratuita, como parte del trabajo de difusión que viene realizando la publicación de intercambio entre ambos países.

La propuesta se inscribe en el marco de la publicación especial que presenta una "antología exclusiva en español de la pujante literatura de la capital de la sureña provincia china de Yunnan", con cuentos de Cheng Peng, Ma Ke, Bao Zhuo y Ruan Wangchun y poemas de Yang Rui, Zhu Ligen, Ma Bingli y Hu Xingshang.

Es una selección de la nueva literatura china proveniente de una provincia que se caracteriza por su "diversidad étnica y paisajística" y que tiene eje en Kunming, "la ciudad de eterna primavera".

Además, la ciudad es la principal sede china de la traducción y publicación del boom literario latinoamericano en el siglo pasado.

En la presentación participarán el escritor y editor Guillermo Bravo, creador de la primera librería dedicada a la literatura latinoamericana en China, Mil Gotas (Beijing), y Juan Manuel Grande, dueño de la librería La Oriental de Buenos Aires especializada en libros de Asia.

Ambos editores serán entrevistados por la directora del Centro de Estudio de los Países Emergentes de América Latina de la Universidad del Suroeste de China, Chenxi Luo, y la actividad será introducida por el director periodístico de la revista, Gustavo Ng.

"Los escritores de la, para nosotros remota, antipódica, ciudad de Kunming, en la provincia de Yunnan, China, tuvieron la ocurrencia de compartir sus cuentos y poemas con los argentinos, la gente que tienen más lejos en el planeta Tierra", dice Ng, director periodístico de la revista DangDai que desde hace más de 10 años se dedica a difundir el intercambio cultural entre Argentina y China y es publicada por Ediciones Universidad de Congreso.
Es por ello, afirma el escritor y periodista galardonado recientemente con el premio Special Book Award que otorga la República Popular China y autor del libro "10.134 kilómetros a través de China" publicado en español y chino en el país asiático en 2021 por Blossom Press, entre otros, que la revista DangDai ofreció "su soporte y su público" para una edición especial.

Se trata de "un libro de poemas y cuentos inéditos en español, traducidos especialmente para esta publicación en un proyecto coordinado por ese gigante del intercambio cultural que es Sun Xintang", refiere Ng.

Guillermo Bravo hablará sobre las librerías en China, los hábitos de lectura de los chinos y el ecosistema editorial chino, y contará la experiencia de Mil Gotas como librería de libros en español, una agencia literaria dedicada al vínculo entre China y los países de habla hispana y editorial, informan desde el medio periodístico.

En cambio, Juan Manuel Grande anticipó que "pensaremos quiénes son los y las lectoras de China, y qué están buscando", además se referirá sobre "el rol de la librería como espacio de una visión del universo cultural chino".

Durante la presentación del número 39 de DangDai, se ofrecerá el acceso gratuito a la edición especial de la literatura de Kunming.

DangDai, la "primera revista de intercambio cultural argentino-china" es una publicación trimestral que fue fundada en 2011 por los periodistas Gustavo Ng, Néstor Restivo y Camilo Sánchez, este último editor de El Bien del Sauce.

martes, 8 de agosto de 2023

"No hay lectura más inmersiva que la del traductor"

El poeta y traductor mexicano Julio Trujillo (1969)  ha ocupado importantes cargos en el mundo editorial de su país. Esta columna, apareció en el diario La Razón, de México, el pasado 7 de agosto.

Elogio de la traducción

En los últimos meses, he estado enfrascado (es decir: metido en una espesura, no en un frasco) en la traducción de una novela y de un largo poema. Aquélla fue trabajo profesional para ganar dinero, y éste fue trabajo personal para ganar… la mayor cercanía posible con el poema, y tal vez lectores, pero no para mí sino para ese texto que no existía en español.

Pues no hay lectura más inmersiva que la lectura del traductor, quien termina por entender, idealmente, no sólo los mecanismos del texto traducido, su oculta vida interior, sino la psicología literaria del autor, su, digamos, estilo, que además de decir lo que dice hacia afuera, dice muchas cosas hacia adentro, esa “espesura” que yo entiendo como un tercer idioma, un “lenguaje puro”, en palabras de Benjamin, confinado en el idioma extranjero y que el traductor debe rescatar para el idioma propio.

Debo confesar que con la novela sufrí, recordándome constantemente que frente a ese texto yo no tenía ningún derecho, sólo obligaciones. Quería atribuirme el derecho de dialogar con el autor (ya muerto) y sugerirle cambios aquí y allá, giros que agilizarían no la historia sino su ritmo narrativo, pero la fidelidad del traductor con el original debe ser perruna (alguien dijo, no recuerdo quién, que si el novelista es el mono de Dios, entonces el traductor es el mono del novelista), incluso si el autor vive, y en esa especie de resignación creativa hay mucho que aprender, como, en mi caso, que la función del ritmo semilento impuesto por el autor a su prosa, y su proclividad a la repetición cansina de ciertas fórmulas sintácticas, era reflejar la vida morosa y cíclica de un pequeño pueblo en Estados Unidos. Me descubrí, al verter esa prosa al español, inmerso en la espesura de un martes cualquiera en dicho pueblo gringo, sintiendo el peso opresivo del tiempo, tal y como lo proyectó el autor. Habiendo entendido y respetado su lógica, terminó siendo una traducción rápida de un texto lento y me trajo la satisfacción de haberme puesto la prosa de alguien más, a la manera de un guante.

El poema largo, de John Berryman, no me produjo sufrimiento, pero sí constantes desafíos para conseguir producir (así define clásicamente Valéry a la traducción), con medios diferentes, efectos análogos a los originales. Me instalé en el poema, me mudé mentalmente a ese pequeño territorio con sus propias leyes y resonancias, quise entender esa voz única que, aunque terriblemente parecida a la de Berryman, no es la suya, sino la del poema mismo que se ha emancipado de la persona que lo escribió. Cyril Connolly dijo que es una destreza tomar un fragmento en griego y traducirlo al inglés “sin derramar una gota”. Imposible, se derraman gotas, pero nace un texto nuevo que busca ser, en el mejor de los casos, análogo al poema original. Moviéndose en dirección inversa, de regreso de lo escrito, el traductor “no tiene más remedio que inventar el poema que imita”, como lo dijo Octavio Paz. Toda una lección y un honor inmenso seguir las huellas de Berryman en la redacción de su poderoso texto que he intentado imitar, sin más remedio que inventarlo.

En realidad, lo que he querido hacer es rendirle un homenaje a la traducción misma, pues sin ella, nos recuerda George Steiner, “habitaríamos provincias lindantes con el silencio”.

lunes, 7 de agosto de 2023

"La gran mayoría de los escritores no alcanzan, de manera material, a sostener el valor de lo que producen con lo que obtienen al vender su fuerza de trabajo a las editoriales"

"El desarrollo de la Feria de Editores, pequeño gran acontecimiento del mercado del libro en Argentina, invita a reflexionar sobre la situación general de los autores y su base de sustentación económica." Eso dice la bajada de la nota firmada por Diego Rojas en InfoBAE Cultura, el pasado 5 de agosto, donde, en cierta forma, se continúa con el argumento planteado en la entrada del viernes 4 pasado.


Dilemas del escritor como trabajador

La Feria de Editores (FED) se encuentra en pleno desarrollo mientras estas líneas son publicadas. El evento anual ya se convirtió en un clásico. Las editoriales “independientes” convocan multitudes ávidas de encontrar libros de todos los géneros, con los que alimentar a sus bibliotecas y espíritus. La definición de “independiente” se realiza mediante una principal oposición: no son las grandes empresas multinacionales de la industria del libro. De allí en adelante, pequeñas, medianas, relativamente grandes, nacionales, extranjeras (sobre todo españolas y mexicanas) se dan cita para promocionar el producto del esfuerzo y la vocación de publicar. Un oficio que en Argentina ha tenido grandes maestros e hitos del libro en español, y que hoy se manifiesta en un legado profuso y entusiasta. Tanto como hay lectores ansiosos por adentrarse en el entusiasmo propio de aquellos que ejercen el oficio de escribir.

La FED, que se desarrolla en el Complejo Art Media, se diferencia de la tradicional Feria del Libro, por ejemplo, por la cercanía entre el libro y los lectores. Cada stand es atendido por los mismos editores o por libreros (o ready made libreros) y con la presencia de muchos de los escritores, argentinos al menos (que también recorren la feria en tanto lectores ellos mismos). Además hay charlas, mesas debate y actividades para los más chicos.

En fin, es una buena costumbre en épocas en que el objeto libro es un bien suntuario para la mayoría de la población, crisis económica mediante; con una industria golpeada por los años de pandemia, que no recibe beneficios como sojeros, mineras, siderúrgicas y entidades financieras (todo excedente económico general va a parar a manos del FMI, dicho sea de paso). Por otro lado, justo al iniciarse la FED, la Unión de Escritoras y Escritores, una de las entidades que se proponen como gremio de quienes ejercen el oficio de escribir (las otras son la decorativa SADE y la SEA), publicó en sus redes el siguiente texto:

“Llega agosto y con él, la comunicación de las editoriales informándote las regalías correspondientes a los libros vendidos en el semestre. En el mail suele leerse: ‘Los pagos locales se realizarán entre el 28 de agosto y el 8 de septiembre, pudiéndose demorar otras 48 hs’. Es decir, un pago semestral que sucede recién a los ocho meses, con suerte”.

Sumémosle a esta ecuación que quienes somos escritores recibimos apenas el 10% de cada libro vendido. Ahora sumémosle un contexto inflacionario anual del 142, 4 %.

Volvamos al mail inicial: “si una editorial te explica hoy que lo que vendiste en los primeros seis meses lo vas a cobrar en agosto o septiembre, en un país tomado por la inflación, alguien sale perjudicado y alguien se beneficia, ¿no?”.

El eslabón más débil de la cadena de la industria editorial es el escritor. Y surge como siempre la discusión acerca del escritor como trabajador. Un tema difícil.

El escritor produce. He allí una obra, un trabajo. Examinemos la teoría económica para decidir si corresponde la categoría “trabajador”. Para Karl Marx (ojo, no se lo cita caprichosamente, sino porque es el pensador que con mayor eficiencia teórica y perspectiva histórica definió las relaciones que se materializan en torno al trabajo humano y a la sociedad de clases que se cristaliza mediante la apropiación –por parte de unos pocos– de la riqueza que la fuerza de trabajo produce), el trabajo es una actividad específica de un individuo mediante la cual puede expresar su humanidad. Esta materialización del “ser humano” mediante el trabajo, cobra vida en un producto que es externo al individuo. Es creado por él y al mismo tiempo el propio hombre creador sufre modificaciones en su constitución. Hasta ahí, tout va bien.

Ese trabajo es producido por la fuerza de trabajo, en este caso, del escritor. Según El capital de Marx , la fuerza de trabajo es “el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole”. En ese marco, el salario es el valor para producir esa fuerza de trabajo. El plusvalor es la parte de excedencia que la fuerza de trabajo produce y que el capitalista se apropia en el marco de las actuales condiciones del sistema de producción.

Ahora, la definición es clara respecto a la pertinencia de nombrar como trabajador al escritor. Más difusa se pone la cuestión al analizar cómo los capitalistas, es decir, las editoriales (pequeñas, medianas, grandes, megaeditoriales) pagan por la mercancía, fuerza de trabajo del escritor. Es que, como señala el texto de la Unión de Escritoras y Escritores, el pago de regalías a los escritores se realiza cada seis meses. Por lo general, al escritor le corresponde el 10% del precio de venta al público de cada ejemplar vendido.

Si consideramos que en la Argentina de 2023 el precio de un libro es de alrededor de 5.000 pesos, al escritor le corresponden 500 pesos por cada libro vendido. Las tiradas de la mayoría de los libros editados rondan los 1.000 ejemplares. Si se vendiera toda la tirada, un éxito, corresponderían 500.000 pesos que, divididos, por los 6 meses del semestre, resultarían en 83.000 pesos por mes. Una cifra muy inferior al salario mínimo, que ya se encuentra por debajo de la línea de pobreza.

Perdón el enmarañamiento de cálculos en esta columna, pero la intención es señalar que la gran mayoría de los escritores no alcanzan, de manera material, a sostener el valor de lo que producen con lo que obtienen al vender su fuerza de trabajo a las editoriales. Se pueden contar con los dedos de las manos los escritores argentinos que viven de las regalías de sus textos. El resto no se dedica puramente a escribir, sino que realiza trabajos relacionados con la literatura (talleres, docencia, periodismo, etcétera) o directamente otro tipo de trabajos relacionados con cualquier otra rama de la producción. O son magnates y escriben por el puro placer de escribir, que parecen ser un mito. Pero que los hay, los hay.

En la Argentina el Estado, a través del Fondo Nacional de las Artes, otorga algunas becas a proyectos concretos en el área de Literatura u otorga premios a obras presentadas a concursos. Es otra forma de estímulo pero que se realiza una sola vez –es decir, el monto del premio o la beca debería ser dividido por el tiempo que insume la creación de una obra o la reproducción de la fuerza de trabajo que la creó–.

Es complicado ser escritor, en tanto trabajador.

¿Podría ser diferente? Señalemos la experiencia mexicana. Todos los años la Secretaría de Cultura, a través del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales convoca al ingreso al Sistema Nacional de Creadores de Arte (para creadores –en distintas disciplinas pero la mayoritaria se centra en los creadores literarios– mayores de 35 años con una trayectoria artística comprobable, aunque también existe otra línea para jóvenes con o sin obra publicada) que otorga, a los ingresantes elegidos por sus pares y en concurso, un estímulo mensual, por tres años, de 32.173 pesos mexicanos (esto equivale a 1.884 dólares por mes).

Debe haber otras opciones a imitar, pero sería tiempo de pensar que el Estado reconozca a los escritores como tales y les otorgue un salario, así sea por un tiempo limitado, para poder usar su fuerza de trabajo en una nueva realización que llegará a manos de los lectores, probablemente, en una FED que cobra vida como la que se realiza actualmente en Buenos Aires.