martes, 21 de julio de 2020

El patético señor Santiago Muñoz Machado apela a la estética para decir pavadas en los diarios


Como ya ha demostrado la investigadora periodística española Raquel Ejerique (ver la entrada del 7 de febrero de 2020, en este blog), la Real Academia Española es una empresa privada al servicio del Estado español, que busca, a través del engaña pichanga del “panhispanismo”, ejercer un control sobre los hablantes del castellano en todo el mundo para seguir haciendo negocios. La mayoría de las academias de la lengua de Hispanoamérica, siempre desesperadas por fondos, transigen en que muchas de las grotescas reformas de la RAE se conviertan en ley de la lengua. Pero, por fuera de esas instituciones generalmente vetustas, está el habla de la gente y uno de los más difíciles problemas que ahora mismo deben enfrentar los guardianes de la hispanidad es el empleo del lenguaje inclusivo. En el último round, ocurrido hace apenas unos pocos días, Santiago Muñoz Machado, un abogado de barba y corbata que preside la RAE, salió a criticar retrospectivamente a Carmen Calvo, vicepresidente de España, que insistió para que se revisara el uso de un castellano sexista en la Constitución de su país (ver entrada del 30 de julio de 2018 en este mismo blog). La patética excusa del coso éste –incluida en un artículo de Claudia Peiró, publicado por el diario argentino InfoBAE– ahora se basa en razones estéticas. ¿Hasta cuándo se le va a prestar atención a esta gente ridícula?

El director de la RAE sobre el lenguaje 
inclusivo: “El desdoblamiento altera
 la economía del idioma y estropea una lengua hermosa”

Recientemente hubo polémica en la Argentina cuando se escuchó al presidente Alberto Fernández, decir “todes”. Pero el comentario del director de la RAE no iba dirigido al mandatario argentino. No especialmente en todo caso.

El jurista que preside actualmente la Real Academia Española concedió una larga entrevista al diario El País en la cual, entre otros temas, evoca la polémica por el lenguaje inclusivo y las conclusiones que el tradicional organismo elevó al Gobierno.

“Tenemos una lengua hermosa y precisa. ¿Por qué estropearla con el lenguaje inclusivo?”, preguntó Santiago Muñoz Machado, director de la RAE desde 2018.

“¿Contarán el momento en que le entregaron el informe sobre lenguaje inclusivo a Carmen Calvo, vicepresidente del Gobierno, que se lo encargó?”, le preguntaron a Muñoz Machado.

“Ella se disgustó. Le pareció que no quedaba acorde con lo que pretendía”, fue la respuesta.

Las cosas ocurrieron de este modo: en julio de 2018, con la llegada del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) al gobierno, Carmen Calvo, una de las vicepresidentes de la nueva administración, denunció el lenguaje “machista” de la Constitución española y anunció su intención de encargar un peritaje a la Real Academia Española sobre la posibilidad de corregir ese texto siguiendo criterios supuestamente inclusivos.

La respuesta de la RAE fue que no había nada, desde el punto de vista lingüístico, que en la Constitución necesitara ser corregido. En opinión de los académicos, el lenguaje de 1977 seguía siendo correcto y comprensible en 2019, cuando presentó su informe. Y hasta se permitían una cierta chicana, al agregar que, si el Gobierno quería traducir la Constitución al lenguaje inclusivo, debía fundamentarlo en razones políticas y no lingüísticas.

Párrafo aparte merecería la pretensión de cambiar el idioma por decreto. En todo caso, a la militante feminista que es Calvo la respuesta no la conformó. “Hizo declaraciones sosteniendo que dijéramos lo que dijéramos, esa manera de hablar se iba a imponer, que resultaba irresistible porque concernía a la igualdad de la mujer”, recuerda el director de la RAE. Una igualdad que debería pasar más por lo real que por lo formal. No existe por otra parte una correlación entre las declinaciones de los adjetivos en los idiomas y la situación jurídica de las mujeres.

“La posición de la RAE es clara -insistió Muñoz Machado-. El desdoblamiento altera la economía del idioma. Y yo añado: y la belleza. Este tipo de variantes la estropean. Es una lengua hermosa y precisa. ¿Por qué tiene que venir usted a estropearla?”

Los promotores del lenguaje inclusivo tienen como caballito de batalla el antojadizo argumento de la “invisibilización” de la mujer en el idioma. Suponen que, durante siglos, las mujeres no estuvieron incluidas o no se sintieron convocadas, por ejemplo, por el “¡Trabajadores del mundo uníos!”, por citar un clásico.

Además de engorroso, el desdoblamiento alarga innecesariamente discursos y textos. Un caso típico es la Constitución bolivariana de la Venezuela chavista que, escrita en castellano, insumiría muchas menos páginas. Y menos papel. Por ejemplo: “Los venezolanos y venezolanas por nacimiento no podrán ser privados o privadas de su nacionalidad”. Se olvidaron el “las”, dicho sea de paso. Es que el lenguaje inclusivo es errático y caprichoso.

Otro artículo: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional.”

Leerlo da vértigo. Sobran 28 de las 120 palabras de este párrafo. Y eso que el legislador cometió el imperdonable error de no desdoblan los artículos.

La moda inclusiva no respeta los neutros. Por ejemplo, ¿es necesario declinar concejal? No debería ser necesario, sin embargo no faltan los que usan el horrible e innecesario concejala; absurdo además porque entonces los varones deberían ser concejalos. Como vemos en el ejemplo extraído de la Constitución bolivariana, “fiscal” escapó a la regla, afortunadamente, pero vaya uno a saber por qué.

Estudiantes también es neutro, debería salvarse del desdoblamiento, pero no siempre es el caso, como “bonaerenses”, gentilicio que fue desdoblado en un feo “bonaerensas”, por el Gobernador idem.

En otro orden, Muñoz Machado rescata de la época reciente de la RAE la cooperación con los demás países hispanohablantes: “Los últimos años son los que inauguran una nueva época alrededor del panhispanismo, son decisivos: es una disciplina de trabajo basada en la convicción de que el español no es una lengua exclusiva de nuestro país, sino de cada una de las naciones que lo hablan. Un ideal y un método al tiempo. Trabajamos en las obras de manera colaborativa y lo que se conocía como Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) pasa a ser el Diccionario de la lengua española. Es algo muy simbólico. Nuestra obra emblemática se realiza en conjunto.”

Esto respondió a la necesidad de adaptar la institución a la realidad independiente de América: “Las nuevas naciones no querían en parte seguir dependiendo culturalmente de España cuando habían roto políticamente con ella. Muchos deseaban establecer sus propias lenguas”.

Para evitar una ruptura mayor, la RAE debió adaptarse: ceder poder para no perder autoridad.

Entre las polémicas que persisten, Muñoz Machado dice que “queda un remanente de disconformidad sobre las tildes, en la palabra solo o en los demostrativos”. Se refiere al uso de la tilde para diferenciar el solo adjetivo del sólo adverbio. O el aun sinónimo de inclusive del aún sinónimo de todavía.

No hay consenso en eso en el interior de la institución y es por ello que la RAE en ese caso sólo “recomienda”.

“Nosotros no inventamos la lengua, ni la imponemos. Es una retroalimentación. Lo único que hacemos es elegir entre diversas opciones dadas por los hispanohablantes. Al dar la respuesta, volcamos hacia la gente lo que hemos recogido de ella. Y nos hacen caso”, concluye.

Santiago Muñoz Machado es autor de más de 40 ensayos sobre una variada temática que va desde el lenguaje hasta la historia de España. Además es coordinador del Diccionario panhispánico del español jurídico.

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