lunes, 21 de junio de 2010

Del papel al blog

El poeta y traductor Pablo Anadón anuncia que la revista Fénix –que se publica en la provincia de Córdoba, Argentina– ya tiene su blog, donde por el momento se puede leer una selección de textos del último número publicado (24): una polémica sobre la traducción de poesía, poemas de Beatriz Vignoli y Claudia Masin, un ensayo de Nicolás Magaril sobre "El gran teatro del mundo" y una nota de Alejandro Bekes sobre la melancolía en la lírica occidental, como introducción a versiones suyas de poemas de Petrarca, Shakespeare, Keats, Leopardi, Nerval, Verlaine, Mallarmé, Rilke...

En próximas entradas, figurarán los datos editoriales, libros recibidos, selecciones de números anteriores, anticipos de próximos números, muestras de libros de la Colección "Fénix", etc.

Para aquellos interesados, dirigirse a http://fenixpoesiaycritica.blogspot.com/

domingo, 20 de junio de 2010

Una encuesta para escritores: repercusión en la prensa escrita


A pesar de que ya hubo una reflexión sobre la encuesta para escritores realizada en este blog (cfr. Conclusiones sobre una encuesta para escritores, a cargo de Juan Gabriel López Guix, 26 de abril de 2010), vale la pena leer el artículo de la poeta y periodista cultural Carolina Esses publicado en la revista Ñ en su número de ayer.

El complejo ejercicio de traducir

“Recuerdo un ejemplo extremo de Ved Metha (Lahore, India, 1934) sobre un virtuoso de la traducción simultánea. En las Naciones Unidas, un ministro norteamericano citó a Shakespeare. La “traducción” perfecta fue encontrar de inmediato una cita de Pushkin que decía lo mismo. Ninguna versión rusa de Shakespeare hubiera causado ese efecto.” La evocación es del mexicano Juan Villoro, uno de los 29 escritores de diferentes regiones de habla hispana convocados por el blog del Club de traductores literarios de Buenos Aires (clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com), administrado por el poeta, ensayista y traductor Jorge Fondebrider, para responder a tres preguntas en relación a la traducción.

Ejercicio complejo que pone en funcionamiento no sólo el diccionario interno del traductor sino sobre todo su capacidad de lectura, la traducción ha sido definida a través del tiempo y según el cristal teórico con el que se la mire como copia, reescritura, recodificación, pasaje, traslación, interpretación, remisión al origen e incluso, como se sabe, traición. ¿Cómo la piensa una narradora mexicana, como Margo Glantz y cómo un dramaturgo argentino como Mauricio Kartun? ¿Cuántos se inclinan por una idea compartible del idioma y cuántos prefieren encontrarse con lo más local de cada variante del español? ¿Qué pasa con la poesía?

1. ¿Cómo definiría una buena traducción?
En principio, cualquier lector podría coincidir con Villoro: “traducir es decir lo mismo en otro idioma” y hojear sin mayor preocupación su ejemplar en castellano de, por ejemplo, Los hombres que no amaban a las mujeres, del sueco Stieg Larsson. Pero los corolarios de esta afirmación se disparan rápidamente a través de las páginas virtuales del blog inquietando incluso al lector más ingenuo. El propio Villoro dice que si se encuentra el ritmo esencial, la servidumbre a las palabras importa menos. ¿Qué sería entonces, decir lo mismo? ¿Y qué sería hacerlo bien?

Aquí las aguas se dividen. De los 29 autores, algunos, como Federico Jeanmaire (Baradero, Pcia de Buenos Aires, 1957) o Eduardo Chirinos (Lima, 1960) prefieren leer sin la sensación de estar frente a una traducción; mientras que otros no quieren perder de vista que es un grado más en el artificio literario. Un traductor invisible en el primer caso y uno mucho más presente en el otro. “Un traductor es como un jardinero que trasplanta un ficus de un cantero a otro. Nadie se preguntará por el jardinero mientras vea al ficus saludable”, explica Gustavo Valle (Caracas, 1967). Desde el extremo opuesto José Antonio Millán (Madrid, 1954), propone pensar la traducción como una capa más de las tantas que componen la ficción de un texto: “uno lee la traducción de una obra en la que un autor que escribió originalmente en inglés narra una historia que ocurre en una aldea china. Tiene que aceptar que los habitantes del pueblito hablen castellano (los lectores originales aceptan que hablen inglés, al fin y al cabo), ¡pero es que también acepta que el narrador omnisciente conozca los pensamientos que pasan por la cabeza de Xiuxiu!”, dice. Y el argentino residente en Barcelona Andrés Enhenraus remata: “¿Alguien le pide transparencia o invisibilidad al ingeniero constructor? Yo tampoco al traductor. La traducción es la transformación de una obra original en otra (¡no menos original!)”

En concreto, sobre todo en aquellos casos en los que el desconocimiento de la lengua de origen impide que el lector coteje sutilezas de sentido –porque está claro que ninguno de estos escritores le pide a la traducción que diga algo diferente de lo que dice el original- para la mayoría, una marca de calidad la da el ritmo de la prosa, la fluidez del lenguaje que no entorpece la lectura, la capacidad del traductor de escuchar la respiración del texto. Lo que claramente no es deseable, y aquí coinciden los escritores, es adecuar el original, naturalizarlo quitándole esas asperezas que, probablemente, sean marcas –buenas o malas- de su singularidad.

También surgen discrepancias a la hora de pensar cuán cerca del texto original deberá estar la traducción. Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975) admite: “prefiero la literalidad, al menos como utopía.” Sin embargo, otros autores, como Rafael Spregelburd (Buenos Aires, 1970) o el argentino Elvio Gandolfo encuentran lo más vital de la lengua y del texto a traducir más allá de la palabra escrita. Para el primero “lo que está en juego es la vida de los matices que hacen que las obras puedan ser traducidas como verdaderas experiencias ambiguas, ricas en sugestión”. Gandolfo por su parte propone pensar la traducción como un diálogo de constelaciones, observando aquello que de tridimensional hay en cada lengua. Así, una buena traducción “puede tener algún error de sentido, o comerse alguna línea, o cualquier cosa por el estilo. Pero suena tridimensionalmente como un conjunto o constelación parecido al original: tiene núcleos de gravedad en sitios más o menos semejantes, y tironean fuerzas del mismo tipo.” En esta línea reflexiona Jorge Aguilar Mora (Chihuahua, México, 1946) porque ¿cómo hablar de literalidad si los sistemas de cada lengua son, simplemente, incompatibles? Mejor focalizarse en el mundo conceptual del texto extranjero y bucear en las palabras sabiendo que en ese plano sólo se logrará “una adaptación, una aproximación de equivalencias, nunca una traslación fiel”, según explica.

2 ¿Le molesta leer un libro traducido a otras especies del castellano? Entre el sí rotundo de Roberto Echevarren (Montevideo 1944) –“no reconozco allí mi idioma”- y el no de Ehrenhaus o Diana Bellessi (Zavalla, Pcia de Santa Fé, 1946) la pregunta plantea una cuestión vital: ¿qué variante del idioma debería emplearse en las traducciones? ¿Es posible –o, incluso, deseable- imaginar un español carente de localismos, de marcas singulares? Bellessi responde con otra pregunta: “¿Cuál sería el castellano originario?, ¿El que se habla en Castilla?, ¿El que alguna vez se habló en Castilla?” Hay consenso en que un castellano neutro, universal, además de imposible no es lo esperable pero tampoco cierto “abuso del traductor”, como señala Magnus o un “exceso de confianza del traductor con su español nativo” según dice el mexicano Fabio Morábito. El uso del voseo, por ejemplo, y la acentuación verbal que lo acompaña, es difícil de leer para lectores de otras regiones (“Le confieso que me los leo en mi idioma, o me los “traduzco a mi idioma”, dice el colombiano Ramón Cote Baraibar). Sin embargo, la mayoría de los escritores acepta con más ganas una traducción que responda a algún uso latinoamericano de la lengua, que aquellas españolísimas en las que más que una preocupación por llegar a una “lengua compartible” (como pide Villoro) pareciera estar la mirada inquisitoria del Diccionario de la Real Academia. Margo Glantz (México), Piedad Bonnet (Colombia), y los argentinos Carlos Gamerro, Tamara Kamenzsain, Rafael Spregelburd, Osvaldo Aguirre, Ariel Magnus e Inés Garland plantean esta cuestión. Gamerro lo explica así: “Para los traductores españoles eso que arrojan sobre la página no es su dialecto, es la lengua, así sin más –dialecto es lo que hablan los otros, nosotros.” Pero, a la hora de hablar de países que suelen importar traducciones, es interesante el ejercicio de apertura al que se refiere el venezolano Gustavo Valle: “Honestamente me molestan por igual las traducciones con estúpida jerga innecesaria y voces del ombligo barrial del traductor, como también las jeremiadas y lloriqueos de algunos lectores que parecen ver el diablo con sólo leer palabras como “gilipollas”. Como soy de un país no tradicionalmente productor de traducciones, me he entrenado durante años en el difícil arte de tragar argot español, porteño o mexicano (por nombrar tres importantes) Lo bueno de haberme formado en una periferia cultural es que no tengo el más mínimo deseo de ocupar un centro lingüístico, que de paso no existe.”

Pero la cuestión no se agota. Porque, ¿qué hacer con esos textos en los que la búsqueda del autor, pasa por lo conversacional? ¿Qué hacer cuando la marca de oralidad –eso que María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Pcia. De Córdoba, 1954) define como lo más “vivo, lo más particular, íntimo e inestable de una lengua”-es lo que predomina? Para ella, en esos casos, lo más atinado es la traducción a un español argentino. ¿Y cuando se trata de argot, de slang local? Aquí se detiene en su respuesta Jorge Aulicino (Bs. As, 1949) a través de este ejemplo: “los yanquis solían rematar sus frases con un “man”: en apariencia, es el mismo “hombre” que usan o usaban los españoles. Pero no es el mismo. El español es antiquísimo, el yanqui suena mucho más callejero y moderno. Ahora: ¿cómo traducir ese man al castellano rioplatense? ¿Vamos a usar el “loco” que aún se usa aquí? Esto desfigura de inmediato el sentido. Los personajes se trasladan ipso pucho a una calle de Buenos Aires. Eso sí me fastidia. Con lo coloquial sucede como con la música: el equivalente no existe.” ¿Límites de la traducción? Probablemente.

Traducir poesía y teatro
A diferencia de la narrativa, cuya traducción suele hacerse a pedido de grandes o medianas editoriales, la traducción de poesía es siempre fruto del enamoramiento del traductor con un texto o un autor: “una tarea refinada, un acto de amor hecho con tiempo, sutileza y paciencia”, como dice Andruetto. Aquí también hay diferentes posturas: ¿traducir poniendo el acento en la musicalidad del verso, perseguir las rimas o volcarse por algo más literal? Lo primero, a veces, conlleva un riesgo: “rimas forzadas, sintaxis trastocadas buscando unas equivalencias rítmicas que nunca se van a encontrar”, dice la colombiana Piedad Bonnett. Pero también lo opuesto puede ser lamentable. Osvaldo Aguirre recuerda así su lectura de Francois Villon a través de la versión del argentino Rubén Reches: “No lo sentía más cerca por el hecho de que Reches fuera argentino y Suárez y Alvar (los otros traductores) españoles, sino porque estaba leyendo poesía y no textos desprovistos de todo arte”. Se trata, quizás, como dice Álvaro Salvador (Granada, 1950) de conocer los mecanismos del poema como para poder reproducirlos en la nueva lengua; por eso suelen ser poetas quienes traducen a otros poetas.

Tamara Kamenzsain -más optimista ahora que antes cuando pensaba que traducir poesía era, decididamente imposible- dice: “no hay que tenerle tanto miedo a las “traducciones malas” porque evidentemente algo “pasa” (en el sentido de pasaje, trasmisión) y de eso se trata. Por ser la poesía un acto de vida –que le hace algo a la lengua- me parece que no es tan fácil matarla”. Y cita un ejemplo de Haroldo de Campos: a la hora de traducir el verso de Octavio Paz “leona en el circo de las llamas” el autor brasilero traduce: “leoa no circulo das llamas” Kamenzsain aclara: “Podría haber puesto “leoa do circo das llamas” pero como él mismo lo explica, no solo el oído le pedía las nueve sílabas sino que, además entre circo y círculo, más allá de la relación etimológica hay una relación sinecdóquica”. Una síntesis de las decisiones implícitas a la hora de traducir poesía.

“Creo que, a diferencia de buena parte de la narrativa, el teatro se escribe con la oreja. Requiere entonces de traductor afinado. O chirría.” Así explica el dramaturgo Mauricio Kartun la labor de un buen traductor de teatro. ¿En qué consistiría esa afinación? En poder dar cuenta de la composición polifónica que es en sí misma toda obra de teatro. “Más allá del sentido, de la letra, el teatro ha hecho formas con la palabra en tanto sonido: ha hecho música, digamos. Aun en la más cruda prosa. Y en un acto más complejo al dotar a distintos personajes de su propio lenguaje y su propio ritmo ha hecho composición”, explica. Rafael Spregelburd se detiene en otra particularidad del teatro: el factor tiempo. “Si bien uno accede a largos pensamientos cuando están escritos en prosa y se tiene el tiempo infinito de volver a leerlos para ver qué dicen y cómo lo dicen, en teatro el factor tiempo es prisionero de la física entrópica, de la dispersión de la atención. Así es que la traducción teatral al castellano siempre es local: una obra traducida maravillosamente en Chile o en España debe forzosamente traducirse al argentino si queremos ponerla en boca de actores argentinos y en oídos de públicos argentinos. De lo contrario el idioma pasará a una zona confusa, donde sólo connotará extranjería.”

Lejos de cualquier utopía de lenguaje, dejando de lado la esgrima del ego –“olfato y humildad”, le pide Morábito al traductor–, la traducción es un interesante ejercicio de diálogo. Una manera de ser menos sordos, como dice Diana Bellessi, de reconocer un tono y una manera. Las respuestas que recogió el blog del club de traductores son una buena muestra de las operaciones que hay detrás de un texto traducido. Como para empezar a mirar con más atención el nombre del traductor en la solapa del libro.

sábado, 19 de junio de 2010

Haroldo de Campos, vuelto a visitar


Publicado en la revista Letras libres, correspondiente al número de septiembre de 2003, este artículo del cubano Ernesto Hernández Busto recorre el perfil del poeta y traductor brasileño Haroldo de Campos, poco después de su muerte.

Epitafio de Haroldo, El Traductor

En uno de sus numerosos ensayos sobre la traducción, Octavio Paz nos recuerda a un monje tibetano, Marpa, maestro de Milarepa, que ostentó en vida y con orgullo el significativo sobrenombre de El Traductor. ¿Cuántos de nuestros intelectuales modernos, se pregunta Paz, soportarían que se le llamase así: Sartre el Traductor, Beckett el Traductor, Neruda el Traductor? La muerte de Haroldo de Campos el pasado 16 de agosto, tres días antes de cumplir 74 años, deja sin candidato vivo una posible respuesta a esas líneas.

No soy un conocedor de su obra, y lo más justo sería dejar lugar a viejos lectores suyos como Rodolfo Mata, Víctor Sosa, Horácio Costa o Eduardo Milán. Yo lo encontré ya tarde, cuando ayudé a Hugo Gola a editar hace cuatro años un volumen titulado Galaxia Concreta, que, como suele suceder en esos casos, pasó sin pena ni gloria por las librerías defeñas. El compilador y ferviente impulsor de aquel libro fue un amigo argentino, Gonzalo Aguilar, al que le agradezco también dos cajas de fotocopias con casi todas las traducciones de Haroldo y los ensayos que las escoltaban, escolios casi medievales, larguísimas notas al pie que serían de difícil lectura si no estuvieran en el mismo cuerpo de letra que el poema.

Se ha dicho mil veces que para Haroldo la traducción era mucho más que un acto traslaticio, pero me temo que buena parte de su propia teoría sobre la mentada "transcreación" quedó, al final, empequeñecida por el resultado. Cuyas innegables virtudes no son, aventuro, el resultado de ninguna teoría, sino del increíble oído poético de alguien capaz de atreverse a traducir a Maiakovski con sólo tres meses de estudio de la lengua rusa y salir vencedor en la empresa. A pesar de las constantes proclamas concretas sobre las virtudes de lo "verbi-voco-visual", fue el oído lo que, en definitiva, ayudó a los poetas concretos a diferenciar entre tradiciones vivas y exhaustas.

Como si no bastara con Homero, la Biblia, Dante y Goethe, Haroldo también se atrevió a traducir a los dos Modernos por excelencia: Joyce y Pound. Tras tanto voluntarismo no cuesta adivinar su deseo de refundar una tradición lastrada por anteojeras académicas. El paideuma poundiano, o lo que la crítica ha llamado la construcción de un linaje, resultó, en su caso, uno de los esfuerzos críticos más notables que hayan tenido lugar en la literatura contemporánea. Todos sus ensayos sobre literatura brasileña, desde el Barroco a Machado de Assis, desde Sousândrade a Cabral de Melo Neto, intentan demoler la socorrida idea de que una literatura es la cristalización de un espíritu nacional, una lección que todavía necesitan aprender varias literaturas latinoamericanas, incluso aquellas que, como la mexicana, consiguieron resumir en una figura como Paz el impulso vanguardista de Haroldo y la sofrosine histórica de un Antonio Cándido, por ejemplo. Lo que aquí me interesa es su trabajo de traductor en todas las lenguas, y la manera en la que llegó a ser, como en Pound, una maquinaria casi perfecta, un engranaje incansable del paideuma. Con riesgo de parecer herético, creo que es justamente ese oficio de Traductor ("transcreador" me sigue sonando pedante) la vertiente fundamental de su trabajo, la que no sólo resume sus mejores dotes poéticas sino también sus más interesantes actitudes críticas. (Desde este punto de vista, es posible leer un ensayo fundacional como O sequestro do barroco na formação da literatura brasileira: o caso Gregório de Matos como el esfuerzo por traducir la literatura brasileña al español barroco del Siglo de Oro, librándola de la antigua obsesión filológica por "rescatar" figuras marginales u olvidadas dentro del canon.)

A partir de la edición que antes comentaba, he empezado a sospechar que fueron los concretos el momento más interesante de la vanguardia continental, precisamente porque desde su "plano piloto" se prolongaron en secreto los vericuetos del llamado "alto modernismo brasileño" y se logró corregir el impulso iconoclasta de las vanguardias llamadas "históricas". Lo cual también podría ser dicho de otra manera: los concretos en general, y Haroldo en particular, dotaron al discurso de la vanguardia de una verdadera teoría de la traducción, la obligaron a reactivar la confianza en lo universal justamente a partir de la confusión babélica.

Esta paradoja adquiere visos de koan budista (la sombra de Marpa, supongo) cuando rastreamos el término con el cual se dio a conocer el movimiento. El título de su revista programática fue Noigandres, un término supuestamente tomado del poeta provenzal Arnaut Daniel, que también alude a su escolio moderno: el pasaje del Canto XX en que Pound pregunta al filólogo alemán Emil Lévy por el sentido del término, sólo para que éste le responda: "Noigandres, NOIgrandres, / hace seis meses ya, / todas las noches, cuando me voy a dormir, / que digo para mí: / Noigandres, eh, noigandres, / ¡qué diablos significará eso!" La casi incontestable autoridad de Hugh Kenner (The Pound Era, p. 116) considera "noigandres" una errata y llega a afirmar que "tal vez esa palabra no exista en absoluto [en el texto de A. Daniel]; los manuscritos se enzarzan en una babel inconexa: nuo gaindres, nul grandes, notz grandes". Babel y la Errata son, ya se sabe, la Escila y Caribdis de cualquier traducción. Un oficio que, como decía el difunto Haroldo, no tiene otro sentido que ahuyentar el tedio. Aunque en eso, por cierto, también coincide con la Literatura. ~

viernes, 18 de junio de 2010

Una acusación de fraude contra la RAE que viene de la misma España

Nuevamente Addenda et Corrigenda, el magnífico blog que inteligentemente administra Silvia Senz, publica un artículo firmado por ella y Montse Alberte a propósito de los errores que presenta la Nueva gramática de la lengua española cuando de Hispanoamérica se trata.

La nueva RAE, un espejismo
de representatividad, neutralidad ideológica,
laboriosidad y modernidad, 13:
nueva edición de la NGLE (2013)
o cómo tomar el pelo al usuario

No contentos con haber publicado la primera versión de la Nueva gramática de la lengua española sin estar aún completa, sin versión en línea, en campaña de Navidad y a precio de oro (120 €), y de haberlo hecho meses antes de publicar la versión compendiada de los dos primeros volúmenes, mucho más asequible (24,90 €), a fin de asegurar multimillonarias ventas de la primera (también en EE.UU.), ahora su principal ponente, Ignacio Bosque, nos anuncia que la NGLE va a reeditarse en el año 2013.

No son ajenos a esta decisión los clamorosos errores detectados en el campo del voseo (los voseantes de todas las zonas de voseo los verán enseguida), advertidos en primer lugar por miembros de la Academia Costarricense de la Lengua, que han llevado a su representante a exponer públicamente esos fallos atribuyéndolos al proceso de edición, para así exculparse ante los hablantes ticos:

El voseo costarricense en la ’Nueva gramática’

"Columnista huésped
13 de Junio 2010
Por Miguel Ángel Quesada Pacheco - miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua - miguel.quesada@if.uib.no

La Nueva gramática de la lengua española (dos tomos, Madrid 2009; en adelante NGRALE), producto de muchos años de intensa labor conjunta por parte de todas las Academias de la lengua española, es hoy la fuente más extensa de datos sobre la estructura gramatical del español.

No obstante, sobre el voseo vienen unos datos que no calzan con la realidad costarricense: en el cuadro que figura en página 211 del primer tomo, se incluye, como variante, la forma diptongada para Costa Rica; además, en la página 215 de dicho tomo se afirma que el voseo del sur de Costa Rica se inflexiona como el panameño; esto es, en sus formas diptongadas (-áis, -éis).

A todas luces, lo que ocurrió fue un yerro que escapa de las manos de la Academia Costarricense de la Lengua, como aclaro en las siguientes líneas. En primer lugar, porque yo, como responsable de la revisión de los textos originales, más un asistente que tuve para tal fin, habríamos detectado el gazapo inmediatamente. En segundo lugar, porque no se han registrado formas diptongadas en la región sur de nuestro país.

Las primeras manifestaciones documentales del voseo en Costa Rica muestran uno diptongado (vos verás lo que debéis hacer, se lee en un manuscrito cartaginés de 1723), el cual debió haberse extinguido hacia la época independiente. Obviamente, este hecho histórico nada tiene que ver con el reciente dato de la NGRALE.

En un mensaje electrónico del 26 de noviembre de 2004, se envió a la Academia Costarricense de la Lengua el capítulo referente al Pronombre personal (I), que es la versión original del §16.17 de la actual NGRALE. De este envío se extraen las siguientes líneas:

g) La variante cantás/ tenés/ salís, procedente de la evolución de las formas en -áis/ -éis, es la más extendida de las que conoce el voseo flexivo. Esta pauta es general en la Argentina, salvo en la zona de Tierra de Fuego, en la que hasta hace poco no se voseaba. Es también la habitual en el Uruguay, en frecuente alternancia con las variantes del tipo (2). La misma pauta corresponde a las regiones voseantes de Centroamérica, la zona andina de Colombia, norte y este de Bolivia y otros territorios. La pauta cantáis/ tenís/ partís se ha documentado en Chile, la sierra ecuatoriana, Perú y algunos departamentos bolivianos, a menudo en alternancia con la anterior. El tipo cantás/ tenís/ partís corresponde a Chile, salvo a las regiones meridionales. Se ha documentado asimismo en el oeste de Bolivia, en la provincia ecuatoriana de Loja, en algunas zonas del Perú meridional, y en regiones argentinas de Rivadavia, Río Negro y Córdoba. El voseo de tipo (2) se desdobla a veces, aunque menos frecuentemente, en estas mismas variantes flexivas. La flexión verbal mayoritaria en el tipo (2) de voseo es (tú) cantás/ tenés/ salís. No obstante, el esquema (tú) cantáis (o cantái)/ tenís/ salís es frecuente en el español popular chileno. Pueden verse los paradigmas completos en el §’ FLEXIÓN VERBAL.

En otro mensaje, con fecha 7 de mayo de 2008, la RAE nos envió el capítulo referente a la Conjugación verbal, donde venía el cuadro que dio origen al actual del tomo I, página 211. En ese cuadro no venía el error que ahora sale publicado respecto del voseo costarricense, razón por la cual no hubo menester corregir nada; la única enmienda importante de fondo que se propuso fue:

f) Cuadro pág. 35. Agregar en la casilla correspondiente a Costa Rica/ Pret. simple: cantaste(s), comiste(s), viviste(s), y en el futuro: cantarás, comerás, vivirás.

Además, en ninguna parte del capítulo original mencionado venía una descripción del voseo por países, la cual se aprecia en la actual NGRALE (tomo I, páginas 211-216).

En suma, en estos capítulos, que son, como queda dicho, la versión original de los actuales § 4.7 y § 16.17 del tomo I de la NGRALE, en ningún lugar figuraba lo que ahora se apunta en páginas 211 y 215.

A todas luces, los datos erróneos se agregaron después. Desgraciadamente, la Real Academia no nos pidió revisar la última versión; es decir, la que iría a imprenta, con lo cual el error publicado escapa a nuestro conocimiento.

En razón de lo anterior, escribí a don Ignacio Bosque, director de la Nueva gramática, quien inmediatamente se puso en contacto con doña Edita Gutiérrez, responsable de la impresión, la cual, en mensaje enviado el 21 de mayo pasado, me contestó lo siguiente:

*Me ha pedido Don Ignacio Bosque que averigüe qué ha ocurrido con la información sobre las formas de presente de subjuntivo del voseo costarricense, que aparecen en la tabla "Distribución de las formas del voseo verbal" del capítulo 4 de la NGRALE (§ 4.7i). Estas formas, como usted señalaba, no son correctas y no coinciden con el contenido desarrollado en el capítulo.

Tras rastrear en diferentes documentos, he descubierto que no se trata en realidad de un error, sino de una errata que se ha producido durante la maquetación de las últimas pruebas de imprenta. Como consecuencia, se ha descolocado toda la información de la columna del presente de subjuntivo".

Ya dijimos que esta gramática, como toda obra panhispánica, tenía forzosamente que presentar errores e inconsistencias. Si no es fácil poner de acuerdo a los académicos de una sola academia, imaginen lo que supone concordar a los representantes de 22 academias y coordinarlos sin que hayan contradicciones doctrinales, errores o lapsus en el proceso. Ya lo vimos aquí, al tratar de los debates interacadémicos en torno a la nueva ortografía, en proceso de renovación también para corregir errores de la edición vigente.

Pero si bien eso es comprensible y esperable, lo que no es de recibo es que nos hagan pasar por caja a cada poco, siendo que otras gramáticas normativas de academias españolas (del catalán, del gallego y del valenciano) están en la red, siendo que a la RAE y a sus asociadas (también a ellas) va a parar un pellizco importante de nuestros impuestos y siendo que no está el horno económico para bollos, menos aún en el caso de traductores, correctores, redactores y periodistas. Lo que procede en este caso es justo lo que pedía Miguel Ángel Quesada: publicar una necesaria fe de erratas, que bien podría subirse a la red, como debería subirse algún día la bibliografía de las fuentes consultadas para la NGLE. En lugar de eso, Ignacio Bosque ya habla de una reedición para el 2013 que, sin duda, corregirá esos errores y otros. Si eso no es fraude al lector, que baje Menéndez Pidal y lo vea.

Lo más vergonzoso, sin embargo, es que justamente desde los sectores de profesionales a los que se dirige esa gramática no se eleven quejas públicas por este trato. Aún es hora que se oiga alguna de parte de las asociaciones y gremios. Pareciera que, hoy, a nadie le convenga enemistarse con la RAE, sus caballeros y sus patronos.

Las voces de esa columna en la página 211 de la Gramática se han desplazado una posición hacia arriba. Por ello, en la casilla de Costa Rica aparecen las formas de Panamá, y en Venezuela, las de Guatemala. En el resto de los países no se ha producido el desajuste porque las formas coincidían. Esta es la causa de que la información del texto no coincida con la que se ofrece en la tabla.

Lamentamos profundamente el problema que ha suscitado esta errata, en especial por el trabajo de todas las Academias, que revisaron cuidadosamente las sucesivas versiones de este capítulo y contribuyeron de manera esencial a mejorar el texto definitivo.

Le agradecemos mucho la notificación de este error, que no teníamos localizado y que trataremos de subsanar lo más rápidamente posible.* Hechas las aclaraciones del caso, se entiende -aunque no se justifica- cómo sucedieron los errores que figuran en las descripciones que se hacen del voseo en cada uno de los países hispanoamericanos, y que siguen al cuadro de las erratas.

Esperamos que los responsables de la NGRALE publiquen una fe de erratas, y que en la próxima edición vengan enmendados los errores que, con toda razón, han dejado a todos los interesados, y particularmente a los costarricenses, en una situación de inquietud.


N. del E.: Quien desee complementar esta información con otras anteriores que van en el mismo sentido puede hacerlo en http://addendaetcorrigenda.blogia.com/

jueves, 17 de junio de 2010

Alí Babá habla de más y los 40 ladrones les lloran a los traductores lágrimas de cocodrilo


Sonia Efei, lectora de este blog, tuvo la amabilidad de enviar las siguientes reflexiones, motivadas por la lectura de un artículo en el diario El País, de Madrid a propósito de la plataforma Libranda (cfr. en este blog Alí Babá y sus secuaces, del 14 de mayo de 2010). Las mismas se apoyan en unas interesantes declaraciones efectuadas por un ejecutivo de la editorial Planeta que, con lo que dice, contradice la información que a diario reciben los traductores peninsulares.

¿Una inversión altísima con un resultado dudoso
o una inversión dudosa con un resultado altísimo?

La industria editorial española ha sumado fuerzas para lanzar al mercado una plataforma que se ocupará de comercializar el libro en formato digital. El 9 de junio de 2010 se presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid Libranda, proyecto en el que participan el grupo Random House Mondadori, Planeta, Santillana, Roca Editorial, Grup 62, SM y Wolters Kluwer.

El 15 de julio próximo se lanza la primera fase con 2.000 títulos de 10 grupos editoriales. El 15 de septiembre se pondrá en marcha la segunda fase, con 15 grupos editoriales y 21 tiendas. Se puede consultar la noticia detallada en este enlace:
http://www.elpais.com/articulo/cultura/julio/explosion/digital/controlada/elpepucul/20100609elpepucul_7/Tes

Los editores españoles procuran de este modo evitar la piratería por falta de contenidos digitales y se apresuran a ponerlos a disposición del público a un precio que será entre un 20% y un 30% más barato que el libro de papel.

Llama la atención el dato que aparece en la última parte del artículo. Según declaraciones del señor Jesús Badenes, representante del grupo Planeta, el costo de digitalización de un libro en papel está entre 300 y 400 euros. Ese costo se recupera con la venta de 50 descargas.

No es éste el mensaje que reciben los traductores de libros en sus contactos con los editores para tratar de la cesión de los derechos de traducción de sus obras para el ámbito digital. En esos contactos, el mensaje es que el editor debe hacer frente a una inversión altísima, con un resultado dudoso.

No es menos dudosa la inversión para los traductores a quienes algunos editores proponen la cesión para el ámbito digital de los derechos de explotación de sus traducciones en los siguientes términos:

1. Acaparamiento de todos los formatos de explotación digital, con independencia de que el editor vaya a explotarlos efectivamente.

2. Cambio de la base de cálculo aplicada al libro en papel (porcentaje de regalías sobre P.V.P. –precio de venta al público– del libro sin I.V.A.) por la nueva fórmula: ingresos netos del editor menos gastos calculados en función del P.V.P. sin I.V.A. del libro digital. No se especifican cuáles van a ser esos gastos.

3. No se ofrece a los traductores adelanto alguno por la cesión de los derechos digitales de sus traducciones. Los editores consideran que el negocio digital forma parte del negocio en papel.

4. No queda claro en muchos contratos de cesión de derechos digitales que el cobro de regalías por los traductores vaya a ser desde la primera descarga.

5. Pese a que en los contratos de traducción los traductores firman una cláusula en la que manifiestan conocer el sistema de distribución y explotación del editor, dicho sistema no deja de ser un arcano.

Estos son algunos de los aspectos del pastel digital para los traductores de libros. Las consecuencias negativas para ellos son las siguientes:

1. Si los editores acaparan todos los formatos de explotación digital para comercializar las traducciones, los traductores pueden encontrarse en las siguientes situaciones:

a) que el editor explote sólo uno (o ninguno) de esos formatos, con el consiguiente perjuicio para los traductores, porque sus traducciones no podrán explotarse más que en los formatos que el editor considere oportuno

b) que un tercero se interese por alguno de los formatos que el editor no explota, solicite que se lo ceda y no lleguen a un acuerdo por los motivos que fuere; en ese caso, los traductores tampoco podrán beneficiarse de esta operación ni tendrán la posibilidad de ceder sus obras, pues el editor se ha reservado en exclusiva absolutamente todos los formatos de absolutamente todos los derechos digitales.

2. El cambio de la base de cálculo es una puerta abierta para que las cuentas cuadren a gusto del consumidor. Nada impide a los editores imputar al concepto general de «gastos» las partidas que más les convengan para hermosear sus cuentas de explotación, ni imputar a la cuenta de explotación de determinado título digital las pérdidas del mismo título en papel. O cualquier otra combinación.

3. Los traductores no reciben adelanto alguno por ceder los derechos digitales de sus traducciones pero no siempre tienen asegurado el cobro de regalías desde la primera descarga.

4. Desconocer el sistema de explotación del editor en el ámbito digital supone dejarle total libertad para que explote las traducciones en paquetes compuestos por varios títulos a cambio de un precio que se desconoce, incluso con formas de remuneración que toman como base de cálculo otros elementos que no sean las propias obras, por ejemplo, un porcentaje sobre la venta del aparato lector de contenidos digitales.

Otro dato económico del artículo comentado es que los socios de Libranda aportaron dos millones de euros para la operación de salida. Dada la envergadura de los grupos editoriales que integran la plataforma digital no parece una inversión imposible de asumir. Sobre todo si tenemos en cuenta que incluye un buen pellizco en concepto de derechos de autor por la explotación de las traducciones en el ámbito digital que, de momento, muchos traductores han cedido sin cobrar nada en metálico, simplemente a cambio de unas condiciones como las arriba expuestas que, por su avidez, hacen temer lo peor.

Se habla mucho de que la aparición del libro electrónico revolucionará el mercado editorial y que exige a las partes implicadas un esfuerzo de imaginación en la búsqueda de soluciones. Resulta muy difícil hacer un esfuerzo de imaginación cuando el interlocutor no sólo tiene la sartén por el mango y el mango también sino que es un espécimen del perro del hortelano tan mejorado, que parece salido del laboratorio de experimentos genéticos de una obra de ciencia ficción (en formato digital, faltaba más).

miércoles, 16 de junio de 2010

El mejor castellano y otras avivadas similares

Nacído en Madrid en 1967, Victoriano Colodrón Denis es licenciado en filología románica y desde 1991 trabaja en el sector del libro, en España. Según él mismo informa, su blog "Cuaderno de lengua: crónicas personales del idioma español" consiste en una serie de artículos escritos entre mediados del 2001 y finales del 2005, algunos de ellos, a partir de una noticia encontrada en la prensa, la lectura de un libro, una anécdota o una experiencia personal. Con esos artículos se pretende presentan comentarios y reflexiones sobre la actualidad del español, sobre su situación en el mundo, sus instituciones clave, su enseñanza, sus protagonistas o sus problemas. De allí proviene el siguiente artículo, que también puede consultarse en http://cuadernodelengua.com/cuaderno30.htm
.
¿De quién es la lengua española?
(y ¿quién tiene más derecho a sacar partido de ella?) 

¿Son los idiomas propiedades cuya titularidad cabe reconocerle a alguien? Pero... ¿a quién? ¿Tal vez a las regiones o las comarcas en que se utilizaron por primera vez? ¿Y por qué no a los países con más hablantes o a aquellos en donde supuestamente se hablan mejor? ¿La lengua española tiene dueño, tiene un dueño?

Sería difícil determinar cuál de estas preguntas tiene menos sentido. A bote pronto respondería uno que no, que una lengua no tiene propietario conocido, o que lo son todos sus hablantes. El problema se complica cuando entran en juego intereses materiales, cuando se intenta fundamentar en supuestos títulos de propiedad sobre un idioma el derecho a explotarlo económicamente. Como si sólo pudieran intentar obtener beneficios de él quienes justificaran tal aspiración con inequívocas credenciales de pureza idiomática, de abolengo lingüístico o, lo que puede ser peor, de identidad colectiva relacionada con la forma de hablar...

Pero son argumentos como estos los que, a principios del verano, en España, han empleado varias Comunidades Autónomas para sustentar sus proyectos de aprovechamiento económico del español. Argumentos que por una parte podrían considerarse innecesarios y que por otra parte, llevados al extremo en un razonamiento lógico, no producirían sino resultados perversos y absurdos. Repasemos la secuencia de hechos y declaraciones.

El 22 de junio (de 2004), Miguel Ángel Revilla, presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria, en la reunión que mantuvo con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, obtuvo de éste un compromiso de "completo apoyo" al proyecto de creación de una "Universidad del Castellano" en la antigua Universidad Pontificia de Comillas. Se trataría de instalar allí, en la que durante muchos años fue sede de un gran seminario jesuita, un centro de enseñanza del español para extranjeros que se convirtiera en "referente mundial" de esta actividad y en un "centro emblemático" del idioma. Para ello sería necesario, entre otras cosas, rehabilitar los tres edificios de la Universidad -rodeada de verdes prados en lo alto de una colina, frente al mar- o al menos el más antiguo, de finales del siglo XIX. La inversión inicial del proyecto ascendería, según los primeros cálculos de Cantabria, a 120 millones de euros.

Se supo entonces que entre los argumentos que habían empleado los mandatarios autonómicos para "venderle" a Rodríguez Zapatero el plan, justificando el hecho de que se llevara a cabo en Cantabria, se encontraba el de que en esta región fue donde "nació el castellano hablado", donde "se balbucieron sus primeras palabras". Dejando de lado las gastadas y equívocas metáforas del "nacimiento" de una lengua o de los "balbuceos" de sus "primeros" hablantes, mediante esa justificación histórica Cantabria venía a marcar la diferencia con La Rioja y su monasterio de San Millán de la Cogolla, reconocida "cuna" del castellano escrito gracias a sus famosas glosas en temprano romance.

Y, claro, el gobierno autonómico de La Rioja no tardó en reaccionar: según su director general de Cultura, el proyecto Comillas intentaba "desviar el centro de atención sobre el origen del idioma castellano", por lo que podía considerarse "una aberración" y el "robo de un referente regional". La prensa echó más candela a ese fuego al afirmar que el plan cántabro constituía una "amenaza" para "los intereses riojanos" al estar basado en una de "sus señas de identidad": Zapatero y Revilla no se daban cuenta de que tal vez estuvieran "robando identidad a otra región". Otras voces se referían al español como "emblema de la Riojanidad", y tildaban la iniciativa de Cantabria de "injerencia oportunista".

Hubo también quien acusó a las autoridades de Cantabria de plantear la idea sólo como "excusa para rehabilitar el magnífico edificio de la universidad de Comillas", y no faltaron las interpretaciones en clave política del apoyo de Rodríguez Zapatero al gobierno cántabro: en él está presente el PSOE gracias a los votos del Partido Regionalista (el partido de Revilla), mientras que en La Rioja, en cambio, gobierna el Partido Popular. Pero lo más interesante fue el cruce de razonamientos pseudofilológicos entre gobernantes regionales. Así, el consejero de Cultura de La Rioja afirmó: "Cualquiera que quiera beber en la fuente del español tendrá que venir al manantial de la lengua española, que está en San Millán de la Cogolla". A lo que el presidente de Cantabria, sin poner en duda que los primeros manuscritos en castellano se encuentren en La Rioja, declaró creer "personalmente" que la forma hablada de este idioma surgió en su Comunidad: "Allá por el setecientos y pico", aseguró con deliciosa e imprecisa precisión, "en las montañas de los Picos de Europa se empezó a hablar castellano" [1].

Para terminar, el mismo día de finales de julio en el que Rodríguez Zapatero, en su ronda de reuniones con los presidentes autonómicos, recibía al de La Rioja, Pedro Sanz (quien le pidió apoyo para un nuevo "Centro de Investigación de la Lengua Española" en San Millán de la Cogolla), un alto mandatario de otra Comunidad, la de Castilla y León, realizó un anuncio interesante: se pondría en marcha un plan, dijo, con el objetivo de potenciar la imagen de su región "como lugar idóneo para el aprendizaje del mejor castellano, a semejanza del prestigio que gozan en la enseñanza del inglés las ciudades británicas de Oxford o Cambridge". Poco después, desde la prensa vallisoletana se pedía que la Real Academia Española abandonara su sede en Madrid para trasladarse a Castilla, por ostentar esta región -las cursivas son mías- "la titularidad de origen del castellano" y hallarse "por naturaleza habilitada para guiar el uso correcto de este idioma" [2].

El español, condominio de usufructo general (de Mendoza a Mazatlán, y más allá)
Volvamos ahora a las preguntas del comienzo, reformuladas a la luz de la historia que acabamos de relatar. ¿Una lengua internacional, hablada en más de veinte países por decenas de millones de personas, puede decirse que pertenece más a las regiones donde se supone que se utilizó antes o a los pueblos que se jactan de hablarlo mejor? ¿Tiene sentido erigir el español en seña de identidad colectiva? ¿Cabe hablar de "robo" en cuestiones de lengua? ¿Hay ciudades, regiones o países hispanohablantes con más derecho que otros a intentar sacar partido económico del español?

Si tenemos que plantearnos ahora estas preguntas, al hilo de lo ocurrido este verano en España, diría uno que se debe a que en los últimos años, y de manera cada vez más acelerada, ha ido creciendo la conciencia sobre el valor económico de la lengua española. Políticos de diferentes regiones de España se han ido dando cuenta de que el español es un recurso económico de primer orden, situado en el corazón de muchas actividades que reportan grandes beneficios, un recurso que sirve, por ejemplo, para fomentar un tipo de turismo diferente del que sólo consume sol y playa... Una materia prima "abundante, limpia, barata, atractiva para nuestros vecinos y [que] previsiblemente, tardará mucho tiempo en agotarse", como escribió el 19 de julio en El País el lingüista Juan Ramón Lodares [3]. Además, en muchos sitios está cada vez mejor visto todo lo que tiene que ver con la lengua común, por lo que los proyectos relacionados con ella pueden aportarle un buen prestigio de tipo cultural a la administración o institución pública que decida emprenderlos.

Pero aunque el mercado del español es un mercado en expansión, con mucho crecimiento por delante, la concurrencia en él de iniciativas oficiales -que en principio es positiva y saludable- quizá no pueda dejar de generar actitudes y sentimientos de competencia, en lugar de un más deseable espíritu de cooperación. Por otra parte, desde un punto de vista mercadotécnico resulta comprensible que los políticos de una región quieran apuntalar sus proyectos de aprovechamiento económico de la lengua con argumentos directos, sencillos y de atractivo contundente, pero no deberían olvidar que esos argumentos no son necesarios en realidad para justificar la puesta en marcha de tales proyectos ni bastan para impedir que los políticos de otras regiones emprendan los suyos propios.

Por decirlo claro: en lo que toca a la explotación económica de la lengua española, ¿qué más da dónde "naciera"? Y si fuera posible identificar el lugar con precisión, ¿por qué sus moradores o sus autoridades actuales habrían de estar más legitimados que el resto de los hispanohablantes para beneficiarse de su potencialidad como recurso económico? Tampoco los sitios en que se habla un español de supuesta mayor calidad cuentan por ello con más razones para promocionarse como destinos de turismo lingüístico. Porque estamos aquí ante uno de los más extendidos tópicos en torno a la lengua: el de que en ciertas ciudades o países es mejor. Pero si se descartan los lugares comunes (Valladolid, Bogotá...) y se evitan los pujos de purismo y casticismo, lo más sensato es pensar que el mejor español -como también el peor- se encuentra... por todas partes: depende, para empezar, de quién lo hable o lo escriba (y con quién, para qué, en que situación...), y también de la vara de medir que se elija.

En suma, que no hace falta presumir de buen castellano, pretenderse cuna del español o exhibir este idioma como seña de identidad regional o nacional, para justificar intereses pecuniarios o de desarrollo económico basados en la lengua. Porque en este asunto, aunque suene contradictorio, no valen las palabras, es decir, no valen los pavoneos históricos, las reclamaciones de derechos, la ostentación de supuestos títulos de propiedad o de no menos supuestas ejecutorias de hidalguía lingüística. Valen sólo los hechos, la voluntad de actuar -voluntad política, tratándose de organismos oficiales- y la capacidad de hacerlo. Como el español, al igual que el resto de los idiomas, no está protegido por el Derecho de Autor, no hay que pedir autorización a nadie para tratar de utilizarlo con fines de lucro. Cualquiera puede intentarlo, incluso quienes no lo tienen como lengua materna, de modo que no hay nada que objetar cuando lo hacen empresas o instituciones de países no hispanohablantes. Nada que objetar, aunque sí tal vez que emular, y jugando con la ventaja de conocer mejor el meollo del negocio.

Por otra parte, ante la polémica en torno a la lengua surgida este verano en España, no puede uno dejar de preguntarse cómo se percibiría, si se tuviera noticia de ella, en México, en Argentina, en Colombia, en Chile, en Cuba... ¿No les parecería un poco... ridícula? Porque atendiendo a un criterio demolingüístico, no cabe duda de que el peso del español está en América y de que su valor económico se debe al número de hispanohablantes americanos. De modo que lo mejor que pueden hacer las ciudades o las Comunidades Autónomas españolas que quieran poner en marcha iniciativas relacionadas con el español es incluir en ellas de manera destacada la dimensión americana del idioma. Y no olvidarse de la posibilidad de desarrollarlas mediante la cooperación con otras regiones y otros países hispanos. Como han hecho, por ejemplo, el Instituto Cervantes y la Universidad Nacional Autónoma de México con la creación de un certificado panhispánico del español para estudiantes extranjeros, presentado en Madrid al principio de este verano [4].

Porque si hay que pensar en el español como en una propiedad, la forma que ésta tendría sería la de un condominio, la de un patrimonio que pertenece por igual a todos sus hablantes (pero cuyo usufructo, como hemos visto, no se puede negar a quienes no lo son). Así, la lengua española es tan de Temuco, en Chile, como de Bucaramanga, en la Colombia santandereana, o de la capital del Chiriquí panameño, David; tan de Culebra, en Venezuela, como de Isla Culebra, en Puerto Rico, y de la Sierra de la Culebra, en Zamora, España; tan de Mendoza como de Manila, Manzanillo, Malabo, Miami, Mondoñedo, Matagalpa o Mazatlán; tan de Uruguay como de El Salvador, tan de la República Dominicana como de Bolivia, tan de Estados Unidos como del Perú, tan de...

¡... de Andalucía también, sí!, aunque este verano un político catalán haya asegurado, junto con otra porción de cosas más o menos graciosas, que Andalucía "no tiene lengua propia" [5]. ¡No la va a tener! Es el español, por supuesto, pero no por ser la lengua natural de esa región (esto carece de sentido), sino porque sus habitantes la hablan mayoritariamente, y por tanto constituye -siguiendo con la metáfora- una propiedad suya. Claro que lo que el político quería decir (y lo expresaba mal) es que Andalucía no cuenta con una lengua "distinta de la común española". Y así venía a revelar su peculiar concepción de "lo propio": algo así como "lo que es mío y de nadie más" o "lo que es mío y diferente de lo de los demás".

Sin entrar ahora en el hecho de que el catalán, respecto a Cataluña, tampoco encajaría en esa definición, lo que está claro es que la lengua española no deja de ser propia de todos los que la poseen por el hecho de que la compartan: no por constituir un patrimonio de muchas personas de pueblos y países distintos, deja de pertenecerle a cada uno de ellos. Y por esto mismo, no tiene sentido que ninguno se arrogue su posesión exclusiva o preferente y se sienta con más derecho que los demás a emplearla, promocionarla e incluso explotarla como mejor le parezca.

Notas
[1] Las declaraciones citadas proceden de:
- "La Rioja no reacciona por ahora al 'proyecto Comillas' pese a considerarlo una amenaza", en larioja.com, 25 de junio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040625/prensa/noticias/Sociedad/200406/25/RIO-SOC-098.html

- "Del Río afirma que 'San Millán es indiscutible e indiscutido como cuna de la lengua castellana", en larioja.com, 25 de junio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040625/actualidad/sociedad/200406/25/castellano.html

- "Las Academias de la Lengua piden serenidad 'ante la idea peregrina' del centro del español en Comillas", en larioja.com, 26 de junio de 2004,
http://servicios.larioja.com/pg040625/actualidad/sociedad/200406/25/castellano.html

- "El presidente de Cantabria afirma que el proyecto de Comillas 'es imparable'", en larioja.com, 30 de junio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040630/prensa/noticias/Cultura/200406/30/RIO-CUL-084.html

- "El presidente replica a La Rioja que el 'proyecto Comillas' es 'irreversible'", en El Diario Montañés, 30 de junio de 2004, http://servicios.eldiariomontanes.es/pg040630/prensa/noticias/Cantabria/200406/30/DMO-REG-032.html

- José Lumbreras Pino, "San Millán y el 'proyecto Comillas'", en larioja.com, 12 de julio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040712/prensa/noticias/Tribuna/200407/12/RIO-OPI-083.html

- José Lumbreras Pino, "San Millán y los 'oportunismos foráneos'", en larioja.com, 14 de julio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040714/prensa/noticias/Tribuna/200407/14/RIO-OPI-088.html

- José Lumbreras Pino, "Vacíos propicios en San Millán", en larioja.com, 17 de julio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040717/prensa/noticias/Tribuna/200407/17/RIO-OPI-093.html

- "Rodríguez Zapatero apoya en La Rioja un centro sobre el español como el de Comillas", El Diario Montañés, 28 de julio de 2004,
http://servicios.eldiariomontanes.es/pg040728/prensa/noticias/Portada/200407/28/DMO-ACT-268.html

Otros artículos interesantes sobre el proyecto y el encontronazo entre Cantabria y La Rioja por la lengua español:

- Félix Cariñanos, "Comillas y puntillos", en en larioja.com, 26 de junio de 2004,
http://servicios.larioja.com/pg040626/prensa/noticias/Tribuna/200406/26/RIO-OPI-098.html

- Javier Domenech, "Comillas, comas y puntos suspensivos", en larioja.com, 7 de julio de 2004, http://servicios.larioja.com/pg040707/prensa/noticias/Tribuna/200407/07/RIO-OPI-128.html

[2]"Rodríguez Zapatero muestra su 'pleno apoyo' para la creación de un Centro de Investigación de la Lengua Española en La Rioja", en larioja.com, 27 de julio de 2004,
http://servicios.larioja.com/pg040727/actualidad/region/200407/27/lengua.html

Aurelio Alonso Cortés-Concejo, "Traer la RAE a Castilla", en El Norte de Castilla, 31 de julio de 2004
http://servicios.nortecastilla.es/pg040731/prensa/noticias/Articulos_Opinion/200407/31/VAL-OPI-203.html

[3] Juan Ramón Lodares, "Español, SA", en El País, 19 de julio de 2004, p. 14.

[4] "El español como segundo idioma ya tiene un título de referencia: el Cervantes y la Universidad Autónoma de México lanzan un certificado conjunto", en El País, 27 de junio de 2004, p. 32.

[5] El político en cuestión es Pasqual Maragall. Ver el texto de su intervención, este verano, en un curso universitario, titulada por un diario, con frase extraída del discurso, "Soplan en los pueblos de España vientos de cambio". El País, 8 de agosto de 2004.

martes, 15 de junio de 2010

Las notas de Mastronardi

El poeta, traductor de Paul Valéry y crítico argentino Carlos Mastronardi (1901-1976) apareció por primera vez en este blog en la entrada del 4 de junio de 2009. Allí se copiaba un fragmento sobre la traducción, proveniente de Cuadernos de vivir y pensar (1930-1970), anotaciones dispersas compiladas en cuadernos y editadas en forma conjunta en 1984 por el crítico Juan Carlos Ghiano para la Academia Argentina de Letras. Por supuesto que no todas las entradas se refieren a la traducción. De alguna manera, las que se reproducen a continuación, tal vez sí. O no, pero valen la pena igual.

De la entrada 1948-1950

Las letras clásicas nos muestran que el tiempo atenúa los rasgos diferenciales y convierte los matices en rasgos genéricos. En cierto modo, traduce los textos de la más diversa procedencia a un lenguaje común, a un idioma que no corresponde a país alguno porque sólo se desarrolla a lo largo de siglos. De ello resulta un libro grandioso y siempre pasible de nuevas adiciones. (Creo que Hegel imaginó ese libro sin fin.) En defintivia, quiero decir que lo particular se disuelve en cosa genérica a medida que pasan los años.

***

Allí donde los ingleses perciben hechos, los alemanes encuentran símbolos. Los primeros disocian; los segundos, asocian.

***

Toda página concisa gana en fuerza cuanto pierde en claridad. He aquí un inmemorial conflicto cuyos oponentes son el vigor expresivo y la comprensión insípida.


De la entrada 1971

En América –en su extremo sur– la calandria funciona bien en el plano del realismo; el ruiseñor, de aquí ausente, en el plano del símbolo, pues el símbolo prospera a favor de la lejanía. El cóndor, tan nuestro, sólo es celebrado por la gente de la llanura (Andrade), que apenas lo ha visto, no por el andino Joaquín V. González, que lo vio destripar ovejas postradas, es decir, todavía vivas. Lo simbólico pide lejanía espacial o temporal. A mayor irrealidad, mayor prestigio simbólico. Algún benreficio, pues, podemos extrar de lo inverificable y borroso.