martes, 14 de febrero de 2017

Léase con atención: un traductor es acusado de traidor



Ilya Troyanov
Pocas veces el  refrán que iguala a los traductores con los traidores, tan útil para locutores y periodistas de pocas luces, estuvo tan cerca de la terrible realidad como en el texto que sigue y que, hasta que dé una explicación plausible, pone al influyente traductor búlgaro Liubomir Iliev en el centro del huracán. 

Para contextualizar lo que se va a leer, conviene saber que Ilya Troyanov (Sofia, 1965) es un escritor búlgaro que, en 1971, huyó de su país con su familia  y se instaló en Alemania. Una de sus obras más recientes es la novela Poder y resistencia, escrita en alemán y publicada en 2015. Por sus dichos, la novela en cuestión fue desvirtuada por razones que él supone políticas al ser traducida a su lengua natal. El traductor es uno de los más respetados traductores de Bulgaria y una figura realmente poderosa en el ámbito de la traducción  en Alemania, ya que es uno de los miembros del comité del Europäischen Übersetzer-Kollegium de Straelen.

El artículo de Troyanov hasta la fecha no fue desmentido por Iliev. Lo que hubo fue un silencio atronador tanto en la prensa alemana como en el ámbito de los colegas de ese país. Hay quien supone que Troyanov le esta cobrando a través de Iliev algo a los servicios secretos de su país natal. Y hay quien supone que Iliev es efectivamente alguien vinculado a esos servicios secretos.  Se trata, como podrá leerse, de una cuestión más que delicada a la espera de una condena o una rotunda desmentida.
  
El texto fue publicado el 27 de enero pasado, por el influyente Frankfurter Allgemeine Zeitung, que es uno de los diarios alemanes más serios. Se ofrece a continuación en traducción del cubano Orestes Sandoval López, quien tuvo la gentileza de enviarnos el texto.  


Traición, ¿cuál es tu nombre?

Recientemente “traidor al pueblo” fue elegida como la palabra tabú del año 2016. La vocera del jurado declaró que la expresión es una “herencia de las dictaduras”. ¿Pero por qué no existe la expresión “traidor al ser humano”? ¿A pesar de que denomina de manera incomparablemente más precisa la perfidia interpersonal en la que se asienta el amplio sometimiento de la población?

Desde hace unos veinte años sostengo conversaciones en Bulgaria con hombres, ninguno de ellos joven, que estuvieron sometidos a represiones durante la época de la dictadura comunista: vigilancia, apresamiento, chantaje, coacción, tortura, trabajos forzados, aislamiento. Una y otra vez hablábamos sobre la relación con aquellos que, después de 1989, fueron desenmascarados como denunciantes y chivatos y, por ende, como traidores a una amistad o a una causa común. Una y otra vez me contaban que ninguno de aquellos que cargaban culpas consigo había buscado jamás la conversación clarificadora, conciliadora o, a instancias del traicionado, había hecho una confesión, y ni hablar de pedir una disculpa. Ninguno había intentado jamás establecer un debate. Esto es válido para todo el antiguo bloque socialista, salvo algunas pocas (conocidas) excepciones. También la literatura ha estado menos dispuesta a este atrevimiento de lo que cabe suponer. Hasta ahora el denunciante aparece más bien poco como figura a modo de ejemplo. Mi ocupación de décadas con estas cuestiones desembocó finalmente en la novela Poder y resistencia, en la que toco no solo el tema de la traición sino que lo entretejo en la estructura del texto como trauma individual y herida social abierta.

La traducción búlgara de la novela apareció en el verano de 2016. Aproximadamente al mismo tiempo apareció un libro de poemas del filólogo Plamen Doinov con el título La fiesta de los tiranos. Algunos de los poemas tienen títulos poco comunes: “Agente ‘Yuri’ traduce a Robert Bly” o “Agente ‘Kantscho’ traduce a William Faulkner”. Probablemente nunca habría oído hablar de esa publicación si en la página 41 no hubiese aparecido un poema titulado “Agente ‘Georgi’ traduce Poder y resistencia”. Para cuando me enteré, ya era invierno. Cuando me llamó un amigo para darme la noticia, estaba yo en ese momento en el mercado navideño de la KulturBrauerei de Berlín, bebiendo vino caliente con el editor Christoph Links, el cual, entre otros títulos, había publicado el Diccionario de la Seguridad del Estado. De pronto me sentí un personaje de mi propia novela.

Liubomir Iliev
Tan pronto como pude, llamé por teléfono a Plamen Doinov. Se mostró sumamente reservado; se comportó como si yo fuese un fiscal y él un acusado. Varias veces repitió que al teléfono no se podía hablar esas cosas. A la pregunta sobre qué lo había motivado a hacer ese poema, respondió que, en su condición de historiador literario, había accedido, con motivo de sus investigaciones, a los dossiers de la antigua Asociación de Escritores y Traductores. Que los expedientes que leyó hablaban un idioma claro. Y que por esa razón le parecía muy llamativo que precisamente esa persona tradujera Poder y resistencia. Que por lo demás no conocía al traductor Liubomir Iliev y que no había razones personales para su revelación. De manera convincente explicó cómo había identificado a las personas detrás de los nombres encubiertos gracias a la mención de pasada de los títulos de los libros que estos habían traducido o publicado.

El cuidado de Plamen Doinov tiene una razón muy sencilla: miedo a las sanciones estatales. La develación pública de los nombres encubiertos de los “colaboradores informales” es potestad única y exclusiva de la Comisión de los Expedientes de la Seguridad del Estado, y esta lo ha hecho hasta ahora solo en los casos de funcionarios públicos o profesores, periodistas y algunas otras personas de relevancia pública. Una persona privada que tenga acceso a su expediente personal (o a otros), está obligada a  no revelar los nombres de terceras personas (por lo regular tachados en negro) so pena de cárcel por varios años. Esto es válido también para la investigación científica. Con sus poemas Plamen Doinov solo encontró una refinada manera de cumplir con su deber ético sin por ello incurrir en delito. En no pocos países excomunistas, entre ellos Bulgaria, la protección de los sujetos del delito está por encima de los derechos e intereses de las antiguas víctimas.

La página en cuestión del libro de poemas, que me enviaron escaneada, revelaba una adenda inusual hasta ahora en la tradición lírica, un trozo del expediente de la Seguridad del Estado, un fragmento apenas comprensible, venido de las catacumbas del poder:

B) Agente “Georgi” – II para

- constatar las estrechas relaciones del objeto en círculos de autores y traductores, así como el tipo de relaciones entre ellos, también los puntos de encuentro…

- analizar actitudes artístico-intelectuales e informarnos al respecto…

Mientras leía una y otra vez el poema pensaba en los encuentros con mi traductor durante un colegio de traductores en Straelen, donde al final todos mis traductores leyeron en sus respectivos idiomas el inicio del segundo capítulo: “Traición, ¿cuál es tu nombre”? Recordé su conmovedor relato sobre su abuelo perseguido político, por lo cual la novela le hablaba tanto al corazón. Recodé sus reflexiones acerca de cuán importante era ese libro para romper con la amnesia en Bulgaria. Recordé las repetidas muestras de solidaridad y respeto mutuos. Me negaba a creer el reproche. Le escribí un  email cuidadosamente redactado, preguntándole sobre la veracidad de ese poema. Me respondió en alemán que no lo conocía, que era una calumnia, cuya autoría, no obstante, sospechaba; que tampoco él conocía que era el “agente Georgi”; que no conocía a Plamen Doinov; que estaba pensando en si iniciaba o no pasos legales contra este, pero que prefería hablar primero con un abogado. Me proponía archivar la historia por el momento, que la verdad pronto saldría a la luz; que en algún momento podríamos hablar entre nosotros sobre el tema, a pesar de que no tenía ninguna razón para justificarse.

Las paredes de mis ilusiones se derrumbaron. En el breve correo estaban ejemplarmente colocadas en fila todas las fases y frases de la autojustificación. La negación, la aseveración de una calumnia, el deseo de callarlo todo. La dialéctica del engaño – el manto  del silencio se encargará de que la verdad salga a la luz – me dejó perplejo. Una ulterior pregunta de mi parte quedó sin respuesta. Todo lo demás fue silencio. A pesar de que percibí ese correo como confesión de culpa, quedó un resto de tormentosa incertidumbre. Hasta que Plamen Doinov, en una conversación en privado con el periodista Germinal Civikov, un antiguo colaborador de la emisora Deutsche Welle, decidió salir al descubierto. El poeta declaró que los documentos a que tuvo acceso demuestran que el traductor Liubomir Iliev era un “denunciante de larga data, especialmente acucioso y malévolo”.

Precisamente cuando creía que las cosas no podían empeorar, recibí un correo de Germinal Civikov: “Ahora me explico algunas de las raras incongruencias en la traducción del libro.” No solo mi confianza había sido perjudicada, sino también la traducción. Hasta ese momento yo había considerado los errores como chapucerías o descuidos. Pero ahora gravitaba una espeluznante reserva sobre todo el texto. Un grave cambio ya me era conocido. En el centro de la novela se halla un atentado con bomba a la estatua de Stalin en Sofía. Los documentos demuestran cómo la Seguridad del Estado trata de difuminar los hechos hasta que al final no queda claro si el atentado ocurrió o no. Por eso el siguiente cambio de perspectiva es tremendamente importante. Konstantin, el luchador de la resistencia, describe desde su perspectiva: “Pero yo… me quedé esperando toda la noche para ver cómo caía la cabeza de Stalin al suelo. Solo cuando la vi caer de cara en medio del lodo, salí huyendo. Tenía que darme ese lujo. No solo para probar el efecto de nuestro ataque, sino también para atestiguar la belleza del hecho.”

Todo este párrafo aparece en subjuntivo en la traducción búlgara, como si Konstantin fantaseara, como si la Seguridad del Estado, que sembraba dudas por doquier, quizás sí tuviera razón a fin de cuentas. ¿Intención o descuido? ¿Se traduce en otro sitio la palabra “cómplices” sin mala intención como “simpatizantes”? Sin acceso a los expedientes de la Seguridad del Estado, sin una conversación abierta con el traductor no se pueden aclarar las cosas. Con cada intrusión en el texto que me hacen llegar (faltan párrafos enteros, por ejemplo uno importante sobre los campos de trabajo en Lovetsch y Skravena), me estremeció la terrible sospecha de que la hegemonía de la Seguridad del Estado se había volcado a posteriori sobre el texto. ¿Era yo paranoide o realista al suponer que el antiguo denunciante seguía cumpliendo tareas por encargo de sus antiguos señores? ¿Por qué había asumido voluntariamente ese encargo de traducción? Me hallaba desterrado a ese reino de suposiciones y sospechas que los testigos de época describen como realidad infame del antiguo sistema.

Por teléfono me dijo un antiguo prisionero político, uno de los modelos para el personaje de Konstantin, que había comenzado a leer la traducción palabra por palabra como si bebiera sorbos de té hirviendo, cada uno de los cuatro niveles textuales por separado, en busca de expresiones literarias de la traición. Yo había sostenido intensas y fructíferas conversaciones con él, pero solo ahora fui capaz de sentir directamente la repugnancia con la que él tuvo que vivir día y noche desde su juventud.

En el impresionante relato de Inga Wolfram “Traicionar – Seis amigos, un chivato, mi país y un sueño” la autora sostiene una conversación con el antiguo redactor jefe del periódico Junge Welt, Arnold Schölzel, que durante muchos años se dedicó a denunciar a los otros miembros de un grupo de discusión crítica en la RDA, grabando incluso sus conversaciones en secreto con una grabadora. A la pregunta: “¿Nunca tuviste mala conciencia?” responde: “No”. “¿Te arrepentiste alguna vez de tu trabajo para el Ministerio de Seguridad del Estado?” Respuesta: “No, arrepentimiento, expiación, pecado, traición, todas esas son categorías morales, todas son válidas para cada individuo en particular, pero yo pensaba y sigo pensando que ahí también se podrían abrir contrapartidas…”

No sé qué contrapartidas pueda haber abierto el traductor de Poder y resistencia. Él abusó de la confianza del autor. Fingió proximidad biográfica. Ha cargado culpa sobre sí (una culpa que está protegida por las leyes de su país) y nunca ha mostrado arrepentimiento. Hay que insistir: ¡Tenemos que despreciar la traición!





lunes, 13 de febrero de 2017

"Es un oficio que no se aprende nunca"


El 21 de diciembre pasado, Lucero Mercedes Cruz entrevistó a la traductora mexicana Selma Ancira para Diario Xalapa, de México. El resultado de esa charla puede leerse aquí abajo.


Traducción literaria, un oficio fascinante

En la historia de las grandes obras literarias, la traducción ha sido advertida como vital, moderadora y amplificadora de los alcances de sus virtudes. Al derribar fronteras idiomáticas y ser intermediarios en el traslado de términos profundamente ligados al contexto cultural e individual de los autores a espacios muchas veces lejanos, los traductores han asumido un oficio que —más allá de ejercer un traslado de formas lingüísticas— vierte valores que enriquecen el material del que parte su labor.

Desafortunadamente, esta disciplina aún no cuenta con una extensa tradición dentro de la academia mexicana, pues son pocos los traductores que han alcanzado reconocimiento internacional. En esta trinchera, Selma Ancira, especializada en la traducción de las literaturas rusa y griega, ha sido galardonada con múltiples preseas dedicadas a su trabajo con autores como Pushkin, Dostoievski, Seferis, Ritsos y Tsvietáieva, cuyos títulos ha acercado al público hispanohablante.

Como parte de su visita a Xalapa, organizada por la Universidad Veracruzana para presentar el libro Zorba el griego, del autor griego Nikos Kazantzakis, proyecto editorial del que fue responsable de la traducción al español, Selma Ancira compartió algunas reflexiones sobre su compleja profesión.

–¿Es necesario estudiar alguna especialidad para ser traductor?
–Creo que la traducción se aprende traduciendo; ésa es mi experiencia. Yo nunca fui a una escuela de traducción, estudié filología rusa y después filología griega. La única escuela que he tenido para traducir es leer español mañana, tarde y noche… pero buen español, del Siglo de Oro, el gran español del siglo XIX, porque como el carpintero tiene el martillo y los clavos, los traductores tenemos las palabras; el diccionario no es suficiente, necesitas tener a la mano tus elementos de trabajo que son las palabras. Y leer, leer, leer.

–¿Es un oficio que se estudia a diario?
 –Es un oficio que no se aprende nunca, que estudias diario y tratas de perfeccionarlo. Es un oficio fascinante, que te absorbe completamente; implica dedicarse y abordarlo de todas las maneras posibles. Creo que hay pocas carreras que te dan tanta satisfacción como la traducción literaria.

–¿Qué mensaje dirigiría a los universitarios que aspiran a convertirse en traductores?
–Que se dedique a la traducción aquella persona que no pueda evitar el deseo de ser traductor. La traducción, como oficio, exige una entrega de tiempo completo; por eso, solamente si reconoces que no puedes vivir sin traducir, vas a lograr hacer algo que valga la pena. Debe habitar en ti una necesidad irrefrenable de traducir. Esa motivación ha sido mi motor durante 35 años de carrera, cuando leo un texto y siento que lo debo traducir pronto. Quien sienta eso, quien tenga esa vocación, esa pasión, seguro que va a llegar a ser un gran traductor.

sábado, 11 de febrero de 2017

Semana cuarenta y dos del repudio al convenio entre la U.B.A.,la UNAM, la Universidad de Salamanca, el Instituto Cervantes y Telefónica de España

El éxito de la convocatoria para repudiar el convenio que le otorga valor universal al Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española, propuesto por el Instituto Cervantes y un consorcio de universidades de España y Latinoamérica, demuestra que la movilización de la comunidad intelectual de la lengua castellana está lejos de haberse agotado. Esta semana, la número cuarenta y dos desde que empezamos, actualizamos la lista de firmantes ya que,  diariamente siguen llegando adhesiones de todo el espectro de la lengua. Por lo tanto, seguirá abierta la recolección de firmas de todos aquéllos interesados en dejar sentado en este blog su repudio ante un pacto realizado de espaldas a la sociedad. 

Como ya se ha explicado, no sólo han firmado la nota que se reproduce a continuación escritores, traductores, correctores, editores, intelectuales en general (historiadores, sociólogos, antropólogos, arqueólogos y periodistas, además de directores teatrales y actores), sino también un gran número de profesores de Literatura Española e Hispanoamericana, lingüistas, filólogos y lexicógrafos, que desempeñan sus tareas en  universidades argentinas y extranjeras. Acaso ellos están mejor capacitados para entender el problema que los contadores, veterinarios y dentistas que votaron positivamente el acuerdo en una sesión del Consejo Superior de la UBA…  quince días posterior al anuncio oficial del Instituto Cervantes en el Congreso de la Lengua de Puerto Rico.
La solicitada y la lista estarán disponibles para quien desee consultaras y, eventualmente, sumarse. Para hacerlo sólo tiene que enviar un mail a clubdetraductoresliterarios@gmail.com

Solicitada

Los abajo firmantes, escritores, intelectuales, docentes, investigadores y artistas del universo de la lengua castellana, queremos manifestar nuestro absoluto repudio al Memorándum de Entendimiento, un conjunto breve de artículos, con el cual la UBA se integra al convenio firmado entre el Instituto Cervantes, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Salamanca, que pretende otorgarle al Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE) valor universal y hegemónico. Consideramos que se trata de  una grave intromisión en la independencia lingüística de Latinoamérica, así como de un perjuicio a los intereses políticos y comerciales de la región.
A
Martín Abadía, Cecilia Abdo-Ferez, Enrique O. Abeya-Gilardon, Eleonora Acosta, Mónica Acosta, Gabriela Adamo, Lucas Adur, Silvia Aguilera (Chile), Cecilia Aguirre (Brasil), Claudia Aguirre, Osvaldo Aguirre, Abel Ahumada, Laura Alcoba (Francia), Diego Alfaro Palma (Chile), Fernando Alfón, Javier Almeida, Mariano Altamirano, Matías Allende Contador (Chile), Adriana Amante, Susana Anaine, Jotaele Andrade, Maria Teresa Andruetto, Daniela Ansa, Angelika Antonio Rubin, María Amelia Arancet Ruda, Graciela Aráoz, Sol Aréchiga (México), Fernanda Aren, Teresa Arijón, Elvira Arnoux, Jaime Arrambide, Alessio F. Arredondo,  Adriana Astutti, Alejandra Atadía, Jorge Aulicino, Florencia Ávalos, Márgara N. Averbach,
B
Claudia Bacci, Cecilia Bajour, Miguel Balaguer, Alejandro Balazote, Lidia M. T. Rádis Baptista (Brasil), Florencia Baranger-Bedel, Magnolia Brasil Barbosa do Nascimento (Brasil), Pablo Bardauil, Julina Barembuem (Francia), Ian Barnett, Carolina Bartalini, Alcira Bas, Carlos Battilana, Matías Battiston, Gustavo Beade, Eric Beaumatin (Francia), Roberto Bein, Natalia Belenguer, Sonia Bello, Bárbara Belloc, Asher Benatar, Laura Benítez, Julia Benseñor, Daniela Bentancur, Diego Bentivegna, Gladys Berisso, Angel Berlanga, Emilio Bernini, Eduardo Berti, Concepción Bertone, Pablo Betesh, María de los Ángeles Bianchi, Ana Lia Biderman, Sonia Bierbrauer, Mónica Billoni, César Bisso, Sonia Blank, Andrea Bohrn, Elisa Boland, Karina Bonifatti, Piedad Bonnet (Colombia), Juan Bonilla (España), María Angélica Bonilla, Manuel Borrás (España), Claudia Borzi, Pablo Braun, Jorge Brega, Matías Bruera, Jorge Bustamante García (México/Colombia), 
C
Marcelo José Cabarcas Ortega (Colombia), Gabriela Cabezón Cámara, Rubén Faustino Cabrera, Susana Cabuchi, Javier Calvo, Caterina Camastra (México), Silvia Camerotto, Silvana Campanini, Magdalena Cámpora, José Aníbal Campos (Cuba), Marco Antonio Campos (México), Sibila Camps, Martín Caparrós, Anália Capdevila, María Ester Capurro, Pablo Caramelo, Marina Cardelli, Sandra Carli, Sandra Carrazzoni, Penélope Cartelet, Elizabeth Casals,Fabián Casas, Fernanda Castelano Rodrigues (Brasil), Alejandro Castro, Nora Catelli, Maite Celada (Brasil), Marcelino Cereijido (Argentina/México), Rocío Cerón (México), Valeria Cervero, Gabriela Cetinas, Sergio Chejfec, Matías Chiappe (Japón), Ricardo Chiesa, Micaela Chirif (Perú), Luis Chitarroni, Federico Ciamberlini, Ángela Ciocca, Susana Civitillo, Oliverio Coelho, Marcelo Cohen, Monona Cohen, Sara Cohen, Andrea Cofán, Javier Cófreces, Vanina Colagiovanni, Nicolás Coletto, María del Carmen Colombo, Gabriela Comte, Germán Conde, Oscar Conde, Carlos Roberto Conde Romero (México) Estela Consigli, Jorge Consiglio, Sandra Contreras, Lucila Cordone, Luciana Cordo Russo, Claudina Corel (Francia), Silvio Cornú, Juan David Correa (Colombia), Sylvia Costa, Beatrice Couteau, Flor Cresta, Américo Cristófalo, Claudio Crivelli, Marcela Croce, Adriana Cristina Crolla, Graciela Cros, Esther Cross, Anna Crowe (Escocia),
D
Julián D'Alessandro, Paola D’Angelo, Guillermo David, Jan de Jager (Argentina/Holanda), Santiago de Miguel, Pablo De Santis, Juan de Sola (España), Juan José Delaney, Claudia Del Blanco, Silvia Delfino, Laura Demaría (EE.UU.), Valentín Díaz, Mariana Di Cío (Francia), Ariel Dilon, María Teresa D'Meza (Cuba), Mariana Dimópulos, María di Stefano, Ignacio Di Tulio, Ángela Lucía Di Tullio, Leonora Djament, Jordi Doce (España), Nora Domínguez Rubio, Leandro Donoso, José Arlindo Dos Santos (Brasil), Elsa Drucaroff,
E
Víctor Ego Ducrot, Andrés Ehrenhaus, Laszlo Elderyi (Uruguay), Neide Elias (Brasil), Alejandra Elichabe, Verónica Engler, José María Espinasa (México), Carolina Esses, Juan José Estévez, Víctor Everest (México), 
F
Geneviève Fabry (Bélgica), Sylvia Falchuk, Adrián Fanjul, Ángel Faretta, Cristina Farías, Adriana Fernández, Nancy Fernández, Zulema Fernández, Álvaro Fernández Bravo, Javier Fernández Miguez, Inés Fernández Moreno, Martina Fernández Polcuch, Gustavo Fernández Walker, Alex Ferrara, Santiago M. Ferro, Horacio Fiebelkorn, Tamara Figueroa, Judith Filc (Estados Unidos), Diego Fischerman, Graciela Foglia (Brasil), Laura Fólica, Jorge Fondebrider, Diego Forte, Larisa Fostinone Locoselli (Brasil), Ana Franco (México), Silvana Franzetti, Daniel Freidemberg, Silvina Friera, Leonardo Funes, Alejandra Furfaro,
G
Pablo Gaiano, Carlos Gamerro, Lélia Gándara, Flavia García (Canadá), Alicia García Bergúa (México), Inés García Botana, Antonia García Castro, Gabriela García Cedro, María Blanca García Gandolfo, Emilio García Wehbi, Marietta Gargatagli, Inés Garland, Florencia Garramuño, Teresa Garufi, Miguel Gaya, Jorge Geffner,  Francisco Gelman Constantin, Nicolás Gelormini, Alicia Genovese, Analía Gerbaudo, Mabel Giammatteo, Pablo Gianera, Federico Gianotti, Daniel Gigena, Sol Gil, María del Carmen Gilardón, Abel Gilbert, Paula Giménez Zapiola, Gabriel Giorgi, Mónica Girón, Andrea Giunta, Marisa Godoy, Myriam Leonor Godoy Arroyo, Graciela Goldchluk, Víctor Goldstein, Alejandro González, Betina González, Horacio González, Jonio González, Neide Maia González (Brasil), Rafael Goñi, Nathalie Greff-Santamaria, Inés Grimland, Ezequiel Grimson, Lucía Grodsinsky, Paula Grosman, Irene Gruss, Roberto Guareschi, Leila Guerriero, Richard Gwyn (Gales),
H
Fabián Haim, Claudia Hartfiel, Liliana Hayat, Liliana Heer, Dolores Hernández, Itziar Hernández (España), Patricia Hernández, Frida Herz, Alejandro Horowicz, Luis Francisco Houlin Dintrans, Claudia Hortas,
I
Ricardo Ibarlucía, Carla Imbrogno, Pablo Imen, Pablo Ingberg, José Insúa, Fabián Osvaldo Iriarte, Pola Iriarte (Chile), Jorge Isaías,
J
Carlos H. Jacobo, David Jacobson, Natalia Jakubecki, Alexandra Jamieson Barreiro, Ana María Jaramillo (Colombia/México), Darío Jaramillo Agudelo (Colombia), Noé Jitrik, Silvia Jurovietzky,Mario Jursich (Colombia),  
K
Tamara Kamenszain, Laura Kaplan, Alejandra Patricia Karamanian, Alejandro Kaufman, Edna Inés Kelly, Sergio Kiernan, Guillermo Korn, Alberto Kornblihtt, Laura Malena Kornfeld, Eduardo Kragelund, Paula Krajnc, Christian Kupchik,
L
Juan Manuel Lacalle, Nora Laffont, Mónica Lago, Patricia Lálage del Vall, María Lanese, Gabriela Lapalma, Alicia Laplace, Cecilia Lasa, Alejandra Laurencich, Daniela Lauria, Denise León, Mara Faye Lethem (Estados Unidos),  Mauro Libertella, Daniel Link, Jorge Locane (Alemania), María Rosa Lojo, María Pía López, Hugo López Araiza Bravo (México), Eugenio López Arriazu, Carlos López Beltrán (México), Pura López Colomé (México), María López García, Ana María Lorandi, Diego Lorenzo, Carolina Lozada (Venezuela), Gabriel Lozano, Marcela Lucero,
M
Bruna Macedo de Oliveira (Brasil), Ariel Magnus, Silvia Maldonado, Alejandro Manara, Adriana Carolina Manes, Laura Mangold, Héctor Manni, Elena Marengo, Lucas Margarit, Marilú Marini, Leticia Martí, Daniel Martínez, Uriel Martínez Venegas (México), Claudia Masín, Carlos Masotta, Cecilia Mata, Ana Silvia Mazía, Mirtha Paula Mazzocchi, Ana Mazzoni, Carolina Melgarejo Torres, Víctor Manuel Mendiola (México), Ricardo Mendoza Rademacher (Chile), Andrea Menegotto, Haydée Noemí Menna, Tununa Mercado, Mercedes Merino, Silvana Meta, Alejandra Mierez Revilla, Eduardo Milán (Uruguay), Gabriela Minsky, Laura Miñones, Ignacio Miret, Federico Mirré, Javier Mocarquer (Estados Unidos), Macarena Mohamad, Cristian Molina, Oscar Luis Molina Sierralta (Chile), Rodrigo Molina-Zavalía, Sylvia Molloy, Fabián Mónaco, Rafael Mondragón (México), Mario Montalbetti (Perú), Graciela Montaldo, Jorge Monteleone, René Montero Montano (México), Miguel Ángel Montezanti, Virginia Monti, Fabio Morábito (México), Miguel Ángel Morelli, Yolanda Morató (España), María Moreno, Juan Carlos Moreno Cabrera (España), Graciela Morgade, Julieta Mortati, José Luis Moure, Vicente Muleiro, Fabricio Müller, Debi Mundani, Hugo Murno,
N
Adelaide Navarret, Juana Nicolaou, Gustavo Nielsen, Michel Nieva, Daniela Nigro, Valentina Noblia, Alicia Noceti, Alejandro de Nuñez,
O
Julieta Obedman, Alejandra Obermeier, Elena Luján Odriozola,  Gladys Ojea, Ana Ojeda, Leonardo Oksman, Sebastián Olaso, Alejandro Olazabal, Mercedes Olcese, Lucrecia Orensanz (México), Diana M. Ortega, María Gabriela Ortiz, Pablo Ortiz (Estados Unidos), Alexandra Ortiz Wallner (Alemania), Elsa Osorio, Araceli Otamendi, Sonia Otamendi, Rafael Felipe Oteriño,
P
Melisa Palferro, Cecilia Palmeiro, Lucas Panaia, Tamara Padrón Abreu, Andrea Palet (Chile), Marcia Paraquett (Brasil), Aldo Parfeniuk, María Teresa Pascual, Sandra Pasquini, Hilda Paz, Joana Peaguda, Karina Pelech, Ingrid Pelicori, Diego Peller, Marina Inés Pepe, Graciela Périssé, Claudia Pérez, Cecilia Pérez de Micou, Paula Pérez Alonso, Romina Eva Pérez Escorihuela, Graciela Perosio, Lucas Petersen, Miguel Ángel Petrecca, Maria Pibernus, Gabriela Clara Pignataro, María Cristina Pinto, Claudia Piñeiro, Nancy Viviana Piñeiro, Dagmar Ploech (Alemania), Silvina Poch, Judith Podlubne, José Maria Poirier, Antonio José Ponte (Cuba/España), Ángela Pradelli, Graciela Progano, Marita Propato, Ana Pruis, Agnieszka Julia Ptak,  Mercedes Pujalte, María Lucía Puppo,
Q
 Juan Carlos Quintero-Herencia (Puerto Rico),
R
Alejandro Raiter, María Laura Ramos, Graciela Rapaport, Olga Regueira, María Cristina Renard, Fernando Rendón (Colombia), Jorge Revsin, Alicia Silvia Rey, Esteban Javier Rico, Cynthia Rimsky (Chile), María Florencia Rizzo, Armando Roa Vial (Chile), Daniela Rodríguez Gesualdi, Victoria Rodríguez Lacrouts, Blanca Alberta Rodríguez Vázquez (México), Alejandra Rogante, Waldo Rojas (Chile), Luis A. Rojas Herrera (Chile), Marta Rojzman, Mariana Romo Carmona (Estados Unidos), Gonzalo Roncedo, Hernán Ronsino, Mirta Rosenberg, Cecilia Rossi (Gran Bretaña/Argentina), Silvina Rotemberg, Fernando Rouaux, Gabriela Alina Roveda Peluffo, Cora Rozwadower-Grätzer (Francia), Julio Patricio Rovelli López, Mario Rucavado Rojas, Silvia Adriana Rucci, Natalia Ruhl, Facundo Ruiz, Pablo Martín Ruiz (Estados Unidos), Ricardo Ruiz, Andrea Russo, 
S
Guillermo Saavedra, Julia Sabena, Lori Saint-Martin (Canadá), Ina Salazar (Perú/Francia), Amalia Sato, Alejandro Schmidt, Scott Sadowsky (Chile), Julia Saltzmann, Elisa Salzmann, Daniel Samoilovich, Cristina Santoro, Beatriz Sarlo, Vivian Scheinsohn, María Jimena Schere, Gabriela Schon, Federico Schuster, Ana Sebastián, Francisco Segovia (México), Pablo Seijas (Argentina/Francia), Gabriel Seisdedos, Gabriel Senanes, Silvia Senz Bueno (España), Jessica Sequeira (Estados Unidos), Matías Serra Bradford, Marina Serrano, Pedro Serrano (México), Nora Sforza, Lorna Shaugnessy (Irlanda), Ana María Shua, Luciana Sierra, Alberto Silva Castro, Gastón Sironi, Paulo Slachevsky (Chile), Perla Sneh, Ricardo Soca, Ada Solari, Margarita Solli, Marcial Souto, Mikel Soto Nolasco(País Vasco), Rafael Spregelburd, Eduardo Stupía, Julieta Sueldo Boedo (Brasil), Jorgelina Sureda, Maristella Svampa, Mariano Sverdloff, Santiago Sylvester, Alberto Szpunberg, Mónica Szumurk,
T
Sergio Tanoni, Alejandro Tantanian, Carles Tàvec, María Tellechea, Federico E. Testoni, Diana Theocharidis, María Emilia Tijoux, Mario Tomé, Sandra Toro, Jorge Torres Zavaleta, Diego Trelles Paz (Perú), Silvina Trica-Flores (Estados Unidos), Roxana Trucco, Lilia Tubia,
U
Lidia Unger, Ariel Urquiza, Pablo Usabiaga, Teresa Usandivaras, Alejandra Uslenghi (Estados Unidos), Leandro Uteda,
V
Luisa Valenzuela, Gustavo Valle (Venezuela), Daniel Varacalli Costas, María Esther Vázquez,  Graciana Vázquez Villanueva, Diana Vega, Ana Vellegal, Luciana Velloso, Santiago Venturini, Isabel Vericat (México), Carmen Verlichak, Pedro Ignacio Vicuña (Chile), Gabriela Villalba, Inés Villanueva, Claudio Villarreal, José Javier Villareal (México), Minerva Margarita Villareal (México), Silvia Villegas, Juan Villoro (México), Elena Vinelli  Marcela Visconti, Miguel Vitagliano, Carlos Vitale, Martín Vitton, Nadia C. Volonté,
W
Miguel Wald, David Wapner, Gerardo Wehinger, Astrid Wenzel, Guadalupe Wernicke, Tamara R. Williams (México / Estados Unidos),  Laura Wittner, Leandro Wolfson, Marcela Woods,
Y
Daniel Yagolkowsky, Débora Yánover, Jorge Hernán Yerro (Brasil), 
Z
Horacio Zabaljáuregui, Graciela Zanini, Paula G. Zarza, Enrique Zattara Hernández, Amelia Zerrillo, Pablo Zdrojewski, Katharina Zinsmeister, Verónica Zondek (Chile), Ana Zone, Paula Zucherelli,  Julia Zullo, Patricio Zunini. Gabriela Mariel Zunino.
 
Universidades e instituciones educativas a las que pertenecen los firmantes
Universidad Autónoma de Entre Ríos (Argentina)
Universidad Católica Argentina (Argentina)
Universidad de Belgrano (Argentina)
Universidad de Buenos Aires (Argentina)
Universidad de San Andrés (Argentina)
Universidad del Salvador (Argentina)
Universidad Nacional Arturo Jauretche (Argentina)
Universidad Nacional de Córdoba (Córdoba, Argentina)
Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Argentina)
Universidad Nacional de Lanús (Argentina)
Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)
Universidad Nacional de Rosario (Rosario, Argentina)
Universidad Nacional de San Luis (San Luis, Argentina)
Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina)
ENSLV "Sofía E. Broquen de Spangenberg" (Argentina)
IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández" (Argentina)
Instituto Cultural Argentino de Lenguas Vivas (Tucumán, Argentina)
Instituto Superior de Formación Docente 3 (San Martín de los Andes, Argentina)
Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N°83  (Solano-Quilmes)
Instituto Superior de Profesorado n.° 8 "Alte. Guillermo Brown" (Santa Fe, Argentina)
Universidade Federal da Bahia (Brasil)
Universidade Federal da Integraçao Latino-Americana (Brasil) 
Universidade Federal Fluminense (Brasil)
Universidade Federal de São Paulo (Brasil)
Universidad Católica de Chile (Chile)
Universidad de Chile (Chile)
Universidad Jorge Tadeo Lozano, sede Caribe. Cartagena (Colombia)
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
UNAM (México)
El Colegio de México
Universidad de Montevideo (Uruguay)
Universidad de la República (Uruguay)
Harvard University (Estados Unidos)
New York University (Estados Unidos)
Providence College (Estados Unidos)
UC Davis (Estados Unidos)
University of Maryland (Estados Unidos)
Tufts University (Estados Unidos)
Ministère de l'Immigration, de la Diversité et de l'Inclusion de Québec (Canadá)
Université du Québec á Montreal (Canadá)
Humboldt-Universität zu Berlin (Alemania)
Universidad Libre de Berlín (Alemania)
Universidad Autónoma de Madrid (España)
Universitat Pompeu Fabra (Barcelona / España)
Université de Caen-Normandie (Francia)
Université de Lille 3 (Francia)
Université Sorbonne Nouvelle Paris III (Francia)
Université Catholique de Louvain (Bélgica)
Tokyo University (Japón)
 
Adhesiones Institucionales
Centro PEN Argentina
Sociedad de Escritores y Escritoras de Argentina (SEA)
Fundación Victoria Ocampo
Programa de Estudios Latinoamericanos Contemporáneos y Comparados
Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española(http://untref.edu.ar/diccionario/)
Archivos del Sur

viernes, 10 de febrero de 2017

Ya era hora: contra Gombrowicz, polaco resentido

Durante muchos años se le recriminó a Victoria Ocampo el haber "importado" al Conde de Keyserling, a Waldo Frank o a Ortega y Gassett para que nos explicaran a los argentinos cómo éramos y cómo debíamos ser. Los mismos intelectuales que la criticaron nada dijeron, en cambio, de la curiosa prédica de Witold Gombrowicz, quien, despechado por la alta y pequeña burguesía local, que no le hizo caso (Borges y Bioy Casares se referían a él, no sin crueldad, como al "polaco pederasta": cfr. Borges, de Adolfo Bioy Casares), decidió discursear sobre el temperamento argentino, tanto en su célebre Diario argentino como en el volumen Peregrinaciones argentinas. Ocupó así en el suburbio el lugar que el Centro le dedicó a otros visitantes. Hoy, en la Argentina, algunos escritores y traductores lo idolatran, se publican sus obras completas, le dedican congresos, sesudos estudios y, para colmo, le creen. 

Este preámbulo viene a cuento de sendas notas escritas por Jorge Aulicino. La primera, en noviembre de 2008, en el blog El Estante Maldito, que tenía en la revista Ñ; la segunda, en una reciente publicación que realizó en su Facebook. Ambas están centradas en una de las mayores imbecilidades de Gombrowicz. Así también lo vio Pier Paolo Pasolini, a quien Aulicino cita.
El paladar de Gombrowicz

¿Cuánto hace que Witold Gombrowicz (Polonia, 1904 – Francia, 1969) escribió su célebre y celebrado ensayo “Contra la poesía”? Pues hace más de sesenta años, nos recuerda Germán García en el sitio de la Fundación Descartes. Buscando otra cosa, me encontré con ese dato. Del 47 es la conferencia con ese nombre y de 1951 el ensayo que retituló “Contra los poetas”. Recordé con qué dicha los narradores marginales celebraron al polaco, y especialmente esa conferencia. Hoy me resulta ingenua y pretenciosa (la provocación de Gombrowicz también hartaba a Pasolini, que también era un “contestatario”, si he de ampararme en alguna autoridad).

Este tipo de cosas escribía Gombrowicz:

“…cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano,tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama ‘poesía pura’ y, sobre todo, cuando aparece versificada. Me cansa el canto monótono de esos versos, siempre elevado, me adormecen el ritmo y la rima, me extraña dentro del vocabulario poético cierta ‘pobreza dentro de la nobleza’ (rosas, amor, noche, lirios), y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.

“¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar ‘puro’. El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado.”

Lo escribió en 1947, cuando las vanguardias ya casi eran viejas. Toda esa poesía de la que habla estaba en extinción. Los poetas antes que él habían aprendido que la poesía “pura”, sin mezcla de historia, de anécdota, de escenario, de imágenes, de cosas concretas, de elementos narrativos y de personajes, era empalagosa. Tardó con su crítica Gombrowicz. Vallejo ya había escrito Trilce, Eliot, La tierra baldía y Girondo las postales de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía ( los tres libros son de 1922), se había publicado el Manifiesto Surrealista (1924), Raúl González Tuñón había viajado por el país y Europa hilvanando imágenes en largos versos lírico-descriptivos, Cesare Pavese, en 1936 había publicado Trabajar cansa, un libro de poesía escrita como relatos… El fragmento, la glosa, el simple enunciado, la enumeración, el prosaísmo grave o festivo eran procedimientos comunes en la poesía de todo el mundo occidental. ¿Dónde vivía Gombrowicz?



Residencia en la tierra

Provocadora y marketineramente el Diario de Poesía pegó afiches, a mediados de los ochenta, con la consigna "basta de prosa". Me encuentra después de treinta años dispuesto a cumplirla.

"Os voy a contar todo lo que me pasa...":

Desde que Witold Gombrowicz, polaco aún reputado, publicó su tesis sobre la poesía en 1951 -de un infantilismo realmente estúpido-, la ignorancia de los "narradores y críticos" sobre el género fue penetrada por una especie de perversidad que jamás confesarán. Es como si lo hicieran a propósito. Como si se regocijaran en la orfandad de la poesía. Como aquel personaje de Arlt que le pegaba a la chancha. (Respondo a la consabida pregunta de Facebook, "en que estás pensando"; y de paso pienso que al menos la tradición inglesa ofrecía "dos peniques por tu pensamiento"). Cuando Witold Gombrowicz triunfa en Europa, y puede darse el lujo de recriminarle olvido al cubano Virgilio Piñera que encabezó el "comité" creado para traducir Ferdydurke --y cuando ya no necesita coquetear a Victoria Ocampo porque ha vuelto a ser europeo y se puede mofar de la pobre oligarca latinoamericana y de las palmeras de Piñera--, Pier Paolo Pasolini lee los Diarios de Gombrowicz y dice: "La imagen que sacamos del autor es la de un hombre fallido, no sólo poco culto, si no también poco inteligente: una especie de grotesco bufón sin corte que cree que es difícil comprender la verdad y sobre todo que es obligatorio decirla, que la inoportunidad puede ser programada, que ser desagradable es un elemento del genio, y que hacer muecas es una señal de superioridad. En cuanto a su fundamental banalidad, tiene consciencia de ella y trata de ennoblecerla, adoptando cierto verticalismo metafísico que ha tomado de aquellos mismos latinoamericanos que él ha provocado y despreciado". Rescata los capítulos en que describe a aquellos "changos" de Santiago del Estero, y, con todo, no comprende aun "de qué se ríe".

Todo esto para introducir un pequeño propósito que me he hecho, modesta, particular venganza: guerra interior, privada, a la prosa, sobre todo a la prosa actual argentina. Guerra que significa no leerla, salvo la de algunos amigos. Y por obligación, sí. 

Y todo esto, claro, después de ratificar frente a la encuesta de la revista Ñ sobre los libros del año que para "narradores y críticos" y aun para algún poeta, la poesía no forma parte de la literatura. De modo que esta vez sí, y en consideración "della morte che viene avanti, al tramonto della gioventù", basta de "ficción" (excepto la clásica). Basta de prosa, excepto el ensayo. Pero nunca bastante de buena prosa, esto es, la poesía.




jueves, 9 de febrero de 2017

"'Llegar a una conclusión práctica y actuar en consecuencia"


Primero fue un artículo de Fran G. Matute  y luego, la entrada de ayer en el blog del Club de Traductores  Literarios de Buenos Aires. Ambos artículos demuestran palmariamente que alguien, que no es Yolanda Morató, no ha hecho las cosas bien. Por eso no deja de sorprender la comunicación que Enrique Redel, director de Impedimenta, le envió a Morató y que deja entrever que la víctima es la editorial y no la traductora a la que se ninguneó olímpicamente, algo que, convengamos, no se ajusta a las buenas prácticas que Impedimenta se comprometió a tener con ACEtt. 

Para que los lectores juzguen, he aquí la comunicación pública de Redel y la respuesta también pública de Morató, quien ha tenido la gentileza de suministrarnos el siguiente diálogo.

Enrique Redel
1/ REDEL A MORATÓ

Querida Yolanda
ante las últimas entradas en diversas redes sociales, y varios mails cruzados sobre nuestra edición de "Me acuerdo", de Georges Perec, en traducción de Mercedes Cebrián, deseamos manifestarte, simplemente (como ya te he dicho en el Messenger, y como te he dejado esta mañana en el buzón de tu teléfono móvil), que, como es natural, nos ponernos a tu disposición para escuchar y estudiar cuidadosamente todas las dudas que ella nos puedas plantear, e intentar luego tomar una decisión al respecto.

Me gustaría que dieras por sentada nuestra labor honesta como editores (que creemos fuera de toda duda, y así ha sido durante toda una década de andadura en la que siempre hemos trabajado creando alianzas y ayudando a que el trabajo de todos, desde el autor, el traductor, el impresor, hasta el librero y el periodista, se reconozca), y como tal, te brindamos toda nuestra ayuda, para que nos comentes lo que estimes conveniente.

Sinceramente, el equipo editorial de Impedimenta, y yo como su director, nos sentimos un tanto abrumados por la situación que se ha generado, dado que todo el proceso, desde la contratación del título en cuestión hasta la publicación del mismo, se ha desarrollado según los parámetros habituales. Ahora lo importante es llegar a una conclusión práctica y actuar en consecuencia.

Creemos (sinceramente) que el cauce natural para solucionar este tipo de problemas es ponerse en contacto las partes directamente (si tú tienes un problema con un amigo, o con un vecino, o con un colaborador, o con un colega, llamas a su puerta y le comentas el problema que puedas tener: no sales al patio de luces a gritarlo a los cuatro vientos, sin haber hecho siquiera el intento de comentárselo a la otra persona implicada. Eso no mola: llámanos, nos cuentas, o nos escribes y nos comentas. Somos gente que siempre hemos respondido). Te animamos a ello, de verdad, y (reitero), desde el respeto que nunca te hemos faltado, ni en público ni en privado, te pedimos que nos cuentes.
Gracias.


Yolanda Morató
2/ MORATÓ A REDEL

Me alegra este cambio de actitud, sin duda provocado por la repercusión de los acontecimientos recientes, y que contrasta con sus exigencias en privado; por ejemplo, cuando me pidió que me retractara públicamente y eliminara mi propio mensaje de mi muro.

En cuanto al resto, comprenderá que no soy responsable de lo que otros compañeros de profesión publiquen. Puede ponerse en contacto con ellos para cualquier apreciación sobre los ejemplos que han aportado, de una claridad tan evidente que me reservaré los comentarios.

En cuanto al grito en el patio de luces, ha sido tan comedido en comparación con la magnitud del asunto que no merece explicación, salvo la sorpresa de que esté usted tan escandalizado cuando la escandalizada, por derecho propio, soy yo.

Habla usted de respeto al trabajo de otros, y ese es precisamente el respeto que ha faltado aquí.