lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Alguien esperaba algo distinto de esto?


Publicada en el cuerpo central del diario Clarín, el 15 de septiembre pasado, la siguiente nota de Patricia Kolesnicov incluye esta bajada: “En lo que va del año se editaron menos ejemplares, cerraron librerías y crecieron las importaciones”.

El parate llegó a los libros:
caen la producción y la exportación

En la industria editorial era un secreto a voces: las ventas de libros están en problemas.“El peor junio de la historia”, decían hace unas semanas en una de las editoriales más grandes de Argentina (y del mundo). “La caída se siente sobre todo en kioscos y supermercados, las librerías tienen menos variaciones”, decía el gerente de otra gran empresa. Pero las librerías hablaron con un lenguaje más cruento: en lo que va del año –dice Ecequiel Leder Kremer, vicepresidente de la cámara que las agrupa– cerraron ocho y una se convirtió en cooperativa. El librero señala la caída del consumo, la suba de alquileres y el auge de las series.

De esto habló hoy la Cámara Argentina del Libro, la entidad que agrupa, sobre todo, a las editoriales pequeñas y medianas. En su informe semestral, muestran que la cantidad de libros que se produjo entre enero y julio de 2016 fue menor a la de 2015: 47.847.085 el año pasado, 41.711.467 este año. Es decir, casi un 15 por ciento menos. ¿Veníamos de un año excepcional? Para nada: en el total de 2015 los ejemplares editados habían sido 82,5 millones, frente a los 129 millones de 2014. “Hay una merma de entre 5 y 6 millones de ejemplares”, detalló Luis Quevedo, vicepresidente segundo de la CAL.

La caída es más pronunciada si se excluyen los libros autoeditados, institucionales o producidos por universidades para consumo interno y se consideran sólo aquellos producidos para ser vendidos en canales tradicionales: en ese caso se pasó de casi 15.2 millones de ejemplares a casi 11.9. La caída en ese caso toca el 22 por ciento.

Esta cifra no da cuenta de la cantidad de títulos que se produjeron sino del volumen de ejemplares editados. El número de novedades se mantuvo estable: 15.861 de 2015 contra 15.787 de 2016. Es decir: no se escriben menos libros, se achicaron las tiradas. La baja de la producción, dicen en la Cámara, coincide con la caída de las ventas.

También se redujo el número de editoriales que estuvieron activas este año: si en 2015 los libros nuevos habían salido de 301 editoriales, ahora lo hicieron de 255.

En cuanto a las temáticas, lo que más bajó es la literatura: del 30 al 26 por ciento de lo publicado. Subieron –no es sorpresa, viven un boom– los títulos infantiles y juveniles (del 14 al 16 por ciento), las Ciencias Sociales (del 15 al 16), los de religión (del 3 al 4) y los de Derecho (del 5 al 6 por ciento).

La caída de la cantidad de ejemplares no se explica en el aumento del libro electrónico: en la Argentina, aunque una buena parte de los libros está ofrecido también en ese formato (este semestre, el 18% ), sus ventas no llegan al 1%.

Lo que creció son las importaciones. Pasaron de 40,26 a 42,83 millones de dólares. Sin embargo, parte de este número no corresponde a libros editados afuera sino a libros producidos acá que se imprimen en China, en Uruguay e incluso en España, donde los servicios gráficos son más baratos. Esto se combina con una baja de las exportaciones que venían cayendo desde 2013 y ahora, con 15,7 millones, tocaron su piso desde que se hace la medición, en 2002.

Los editores hablaban este mediodía de una multiplicidad de causas para esta caída. Una es el alto costo de producción argentina, que incluye el precio del papel, la inflación, la devaluación en países latinoamericanos, que son clientes, y una carga impositiva que afecta incluso a los autores: desde los 90 quienes escriben pagan ganancias a partir de 10.000 pesos de derechos de autor. Entonces eso equivalía a 10.000 dólares. Hoy siguen pagando a partir de la misma cifra. Los editores piden exenciones impositivas que, dicen, le restarían a las arcas del Estado unos 10 millones de dólares por año: es una industria chica.

Por otro lado, el sector siente la suspensión de las compras del ministerio de Educación, que llegó hasta los 8,3 millones de ejemplares en el gobierno anterior. La Cámara –explicó su presidenta, Graciela Rosenberg– está en contacto con Educación. Para 2017, les informaron, comprarán libros de texto. Literatura, no.


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